Archivo | septiembre, 2012

Papis, no os enfadéis, sólo estoy desarrollando habilidades

30 Sep

Hoy hacía un día muy chungo, de eso que lluevo, no lluevo, que parece que ahora no, pero al cabo de cinco minutos parece que sí… cuando tenemos un día así, lo mejor es no arriesgarse con una salida larga, y puesto que este fin de semana mi Terremoto estaba con su papá y sólo teníamos al Tsunami, le hemos preguntado que quería hacer. El peque nos ha dicho que le apetecía jugar al pilla-pilla, así que hemos ido a un parquecito relativamente cercano y que es muy tranquilo y tiene espacio para correr y jugar al pilla-pilla.

Hemos tenido un buen ratito de parque, normalito como todos los que tienen cualquier pareja que va con su peque al parque. Luego hemos decidido ir a comer algo a un sitio que hay justo al lado y que no está muy caro y lo que te dan está bastante bien. Este sitio tiene una terracita detrás, muy acogedora pero abarrotada de fumadores, y una zona interior, no tan chula, en la que nos habíamos refugiado todos los que teníamos niños, concretamente de diez mesas seis estaban ocupadas por parejas con uno o varios peques, el más mayorcito debía tener unos cinco años por allí. En la mesa de al lado tenía una pareja jovencita, iban muy modernos ellos con sus piercings en la oreja, sus tatuajes y demás, pero me he fijado en ellos porque, pese a lo jóvenes y lo modernos que iban, tenían unos rostros que me recordaban a las fotos antiguas, esas albúminas que en formato carta de visita, que nuestros abuelos o bisabuelos se hacían a finales del diecinueve. Tenían una bebita de pocos meses, muy simpática. Cuando  sonreía con  su diminuta boquita de piñón se veían cuatro dientecitos victoriosos. Tenía pómulos marcados y mofletudos, piel blanquísima y naricita pequeñita y respingona.

Era la única bebita de toda la sala que no estaba sentada en trona, desconozco si por voluntad de los papis o es que habíamos acabado con todas las existencias de tronas del local. Así que la peque ha estado todo el tiempo sentadita a ratos sobre papá y a ratos sobre mamá. Aparte de durante un buen rato que se ha dedicado a dar chillidos la menuda se ha portado de fábula, toda una señorita. Luego me he dado cuenta de que papi y mami se pasaban mucho tiempo agachándose cogiendo un tapón con el que jugaba la bebita. Ella lo cogía, miraba, en ocasiones chupeteaba y luego lo tiraba al suelo, miraba, reía y lo pedía.

Que levante la mano el papá o la mamá que no ha pasado por eso, jaja. Pero en un momento que papá se había levantado por tropecienta vez ha ido a la peque y la ha reñido. No lo ha hecho severamente, pero durante unos minutitos la menuda se ha quedado un poco seria, desconcertada, como si no supiera a que venía ese enfado de papá ahora. Luego se le ha pasado y ha vuelto con sus ejercicios taponiles.

Los niños a esa edad aprenden a tener consciencia de su cuerpo, lo descubren, no sólo descubren sus manos, sino que también descubren que pueden coger cosas, las exploran con la boca, que además de ir sacando dientes con los que les gusta morder, es un órgano muy sensorial para ellos. También están desarrollando la vista, aprenden a fijarse en los objetos y seguirlos. Combina estas habilidades con una bebita cerca de un tapón y tendremos una exploración chupetil, una manipulación del tapón y finalmente la gran proeza de soltarlo y ver como cae. Evidentemente, eso tiene que repetirse, es casi tan diver como lo será más adelante tirarse de un tobogán, yujuuuu.  El problema es que esta diversión acaba jorobando y nunca mejor dicho, porque acabas con la espalda hecha un churro de tanto coger y coger y coger tapones.

Lo de los chillidos también tiene una fácil explicación, la peque también descubre su voz y eso les encanta. Comprobar que ese sonido lo hacen ellos y tiene varios tonos, es como una diva de la ópera ensayando escalas y arpegios.

Hace unos días Cintia de tres trilli tigres comentaba que sus peques habían entrado en la etapa de las rabietas y que no sabía a que se debían. Es cierto que hay algunos peques que pueden tener una rabieta por motivos que a primera vista desconocemos. Cintia decía que cuando su peque le pedía la galleta y se la daba tenía pataleta y si se la quitaba teníamos otra y no entendía a que venia eso. Yo le comenté que cuando los peques tienen esa edad,  empiezan a desarrollar su personalidad y su autoestima, quieren empezar a experimentar y no que mamá les de las cosas hechas, pero por otro lado su lenguaje no está muchas veces perfeccionado del todo y no saben expresarse o no les acabamos de entender, bien porque desean algo y con los nervios no controlan, bien porque aún les falta madurar un poco, bien porque nosotros estamos con otra cosa y no les prestamos la atención necesaria y no lo entendemos.  Le comentaba como eso les puede crear pequeñas frustraciones que van reteniendo y que luego un día salen por cualquier tontería que no tiene nada que ver con lo anterior y los papis flipamos en colorines.

También le comenté que lo de las galletas era muy habitual, ellos nos la piden porque no llegan, pero lo que ellos quieren es cogerla ellos, no que se las demos. Por eso en ocasiones cuando se la das tenemos una pataleta montada y tú piensas, bueno, no la querrá y la escondes. Ellos piensan: ¡Jo!, mamá no sólo no me la deja coger sino que además luego me la quita. Así que segunda pataleta y esta vez más gorda. Consecuencia, mamá que no entiende nada y no sabe que hacer si dársela o no.

La solución cuando estamos en esta etapa de exploración-autoafirmación podría ser coger el bote o la bolsa, abrirlo a su altura y que ellos cojan la galleta, o bien tener siempre las galletas en un mueble a su altura y que ellos se sirvan. En este caso os recomiendo poner unas dosis pequeñas que no es cuestión de tener un cólico de galletas, o también lo que hace Cintia, que es lo que yo suelo hacer, dejarla en el borde de la mesa y cuando te pidan por ella, les dices que está allí para que la cojan, o discretamente el peque pasa por allí como si nada y la galleta desaparece tras su paso.

Como veis, hay muchos casos en la evolución de nuestros niños en que las reacciones que tienen los niños y que a nosotros nos pueden parecer extrañas, en el fondo están bastante justificadas. No estoy diciendo que no pueda haber niños “cabroncetes” pero la mayoría de esas acciones que a los padres nos disgusta, desquicia o supera son debidas a su evolución.

Sé que no siempre podremos saber cada cosa porque la hacen, pero el estar bien informados, pedir a otros papis muy experimentados, al pediatra si os ha tocado uno majo y enrollado que os pueda dar una orientación, o ir leyendo las evoluciones de los peques en cada momento y saber porque lo hace, nos puede ayudar a que al menos nos lo tomemos con otra filosofía. No es que el infante quiera jodernos, es que están creciendo.

Mi consejo es que si en ocasiones veis algo que no os cuadra, entonces investigad, pedid y planteadlo a los servicios médicos si fuera necesario, porque también sólo así podemos detectar si nuestros nenes pueden tener algún problema e intervenir a tiempo. Y lo que siempre he dicho, prefiero ser una madre preocupada y pesada que no pasota y luego lamentarlo. Así que desde aquí reivindico el derecho a ser padres preocupados por la evolución de nuestros peques. Que conste que digo preocupados, no hipocondriacos.

Besos a todas las mamis y papis y mucha paciencia, mucha paciencia.

La naturaleza también tiene prueba del algodón

29 Sep

Seguro que todos los que hayáis vivido en España os acordáis de la serie de anuncios del mayordomo y la prueba del algodón, ¿verdad? Para aquellos que no sepáis de que estamos hablando os comento de qué iba. Empieza el anuncio, una mujer, porque siempre era una mujer, que estaba acabando de fregar o de quitar el polvo, porque tenía la visita de su madre o  de su suegra, no recuerdo bien. Pero seguro que debía ser la suegra, porque estas tienen la fama de ser más quisquillosas y así el anuncio acojona más. Pues eso, que estaba dejando su casa florida y hermosa como los chorros del oro, cuando de golpe y de la nada se materializa en la pantalla un tipo de una cincuentena buena, vestido de típico mayordomo inglés y con una flema británica que ni los de Buckingham. La mujer acababa de tirarse un piropo a ella misma en toda regla diciéndose que lo había dejado limpísimo y entonces el encorsetado mayordomo se lo ponía en tela de juicio, automáticamente levantaba la mano en la que tenía un trozo de algodón en rama, que ya me gustaría saber a mí para que pasea un mayordomo inglés un trozo de algodón de los de farmacia, si fuera un enfermero o un practicante aún, pero ¿un mayordomo encorsetado, rancio y marisabidillo? ¿No se supone que esos se pasean con bandejas con tazas de té en finas porcelanas y pastas de mantequilla? Pues el motivo del algodón no era otro que el de humillar a la sufrida mujer que cuando veía lo sucio que tenía su inmaculado suelo tan pulcramente fregado para recibir a su suegra que seguro que debía estar ya en la puerta de la calle o peor aún, abriendo la puerta del ascensor, se quedaba pasmada porque no sabía como saldría de tal brete. El resto del anuncio era de prever. En un microsegundo porque estaba usando el producto que se publicitaba, la mujer vuelve a fregar, el mayordomo vuelve a aplicar la prueba del algodón al suelo y este queda mucho más limpio que cuando lo ha acercado al suelo. Evidentemente la suegra, que justo en ese momento acaba de abrir la puerta, está flipando por  tener una nuera tan apañaa y el mayordomo diciendo “el algodón no engaña y bla, bla, bla”. El bla, bla, bla, es el resto del anuncio que ensalzaba el producto, pero eso ahora no viene a cuento, así que lo dejaremos en bla, bla.

Coñas aparte, había una cosa realmente válida del anuncio. Hay personas, cosas, situaciones o lugares que nos pueden parecer perfectos, pero si se les aplica la prueba del algodón, nos damos cuenta de que no siempre ese algodón sale brillante y lustroso.

Ya sabéis mi cariño especial hacia el mar. No muy lejos de casa hay un lugar donde cuando yo era pequeña las aguas eran cristalinas, había muchos peces y aves, era una gozada nadar allí y mucho más cuando lo hacías con gafas de bucear. Pero con el tiempo empezó a venir mucho turismo y mucho dominguero, gente que sólo pasa por allí y no ama de verdad el lugar, empezaron a aparecer papeles, bolsas de patatillas vacías, colillas con sus cajas vacías, botellas de plástico y papel de aluminio en las rocas y la arena. En el agua algunos peces ya se escondían en latas vacías o en botellas. También empezaron a calar allí barquitos que no se habían visto nunca, eran los domingueros de lujo, que tampoco sentían gran amor por el sitio, ya que un día estaban en uno y al siguiente calaban en otro. Empezó a aparecer más basura de los barcos y algunos lamparones de los motores. También vino mucho turista tanto nacional como extranjero que como ese no era su casa, expoliaban el lugar de sus tesoros. Vi como algunos empezaban en un lado de la cala e iban arrasando de forma indiscriminada y lineal con todas las lapas de las rocas, tanto de las grandes como de las pequeñas, allí estaban con los pies en el agua riéndose y pasándoselo de fábula con  el cuchillo de punta redonda en una mano y un limón cortado en la otra, tomándose su merecido aperitivo y cuando se iban habían desaparecido todas las lapas de la costa, y habían dejado las colillas y las bolsas de la basura, pero todos se habían llevado  su cartera, su toalla, su bronceador siempre y cuando la botella no estuviera vacía,  su reloj, sus llaves del coche y sus cosas valiosas, esas no se las olvidaban ni les daba pereza subir con ellas. Total, tenían que coger el coche en la placeta donde había varios contenedores de basura, pero eso era un engorro. Y allí quedaban tiradas las diferentes conchas de las lapas, algunas aún encima de las rocas y otras eran arrastradas por el agua del mar que les daba una sepultura más digna. Los peces empezaron a escasear y los erizos de mar también sufrieron un gran espolio porque ciertos visitantes de lejanas tierras decían que esos animalitos eran una exquisitez en su tierra pero como allí había restricciones y aquí no… pues también se daban su banquete acuático y luego se irían a algún chiringuito de playa de la localidad vecina a tomarse una paella con sangría para rematarlo.

El agua seguía siendo más o menos aún transparente y a simple vista no desmerecía demasiado en comparación con los antiguos tiempos. Al menos para los que no la habían visto antes era un agua muy aceptable y apetecible. Pero sus tesoros naturales o bien desaparecieron o bien emigraron a otro lugar menos accesible para los bañistas. Luego, el Govern Balear hizo un decreto conforme ciertas zonas costeras y para la recuperación de la posidonia, tenían restricciones de pesca, fondeo y algunas normas así. Mis roquitas entraban en esa zona, estaban cerca del límite pero entraban. Pasaron los años, yo me casé, luego tuve al Terremoto, me divorcie, conocí a mi chico, nos juntamos, más tarde tuve al Tsunami y….

… y este verano cuando pensaba crear el blog fui a darme un paseo por las rocas para hacer alguna foto chula en la que se viera el cambio de azul a verde y poder ponerla en la cabecera del blog. En ese paseo hice muchas fotos y fui yendo por unos cuantos rinconcitos buscando aquella imagen que yo tenía en mi cabeza, pero que no lograba captar. Casi al principio, cuando estaba haciendo las primeras fotos, estaba en esa cala en la que años antes cuando buceaba había visto infinidad de peces, erizos de mar, cangrejos ermitaños, pepinos de mar, lapas y de tanto en tanto unos pájaros estilizados, muy aerodinámicos de plumaje oscuro llamados cormoranes, en mallorquín corb marí y que sólo están en las aguas limpias y sanas.

Pues como imagináis, estaba a la orilla de las rocas y enfocaba al fondo del agua cuando de repente algo grande y negro pasó como un rayo a través de la pantalla del objetivo. Me quedé sorprendida y mi reacción fue levantar la cabeza. Pude ver como un corb marí iba por debajo del agua y seguía. Entonces lo eche a la suerte, calculé donde podía ser que saliera según la trayectoria que llevaba, ya que al ser de tarde, con el sol de frente y con un fondo de rocas y algas el agua en esa zona era más azabache que la propia ave, hice un acercamiento y esperé. No tuve que esperar mucho, enfoqué rápidamente y disparé.

Me sentí muy feliz al haber podido comprobar que después de tantos años, el algodón empieza a salir de nuevo limpio. Gracias corb mari por haberme alegrado esa tarde. El mar aún tiene un futuro y tú lo sabes, esperemos que los hombres también lo sepan y sean capaces de respetarlo.

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Permitidme que os presente mis estrellas

28 Sep

Hace unos días, pocos, leyendo una web de las que referenciáis en el borde, leí un post. No recuerdo ahora en que web fue y buscando un poco no lo he encontrado, así que os pido disculpas a todos por no indicarlo y a la autora del mismo por no citarlo.

Ese post, que encontré maravilloso, te narraba las cosas con las que se sentía feliz. Cosas sencillas que en el fondo no es difícil conseguir, nada del tipo tener un yate o ser miss universo. En ese post, que ahora no recuerdo, te comentaba como le gustaba tomarse su café calentito, con espumita. Cuando lo leí se me hacía la boca agua de pensar en un cafetito así y lo de la espumita es que me tiene perdida y que conste que no soy muy cafetera. También recuerdo que comentaba lo que le gustaba descansar por la noche en el sofá cuando los peques estaban acostados y sobre todo poderse quitar los calcetines, jeje. Lo del descanso del guerrero, en este caso la guerrera, es algo que comparto y desde hace tiempo cuando puedo, por la noche una se desploma y desperdiga generosamente toda su alma y todas sus mollas a lo largo del sofá y señores ¡Que bien que sienta eso! Lo de los calcetines, permitidme que una es una friolera y no se los quita bajo ninguna circunstancia que no sea ducha o cama, al menos en invierno.

Y ¿a qué viene todo esto? Pues sencillamente, este verano, cuando estaba rondando por mi cabeza el montar un blog, una noche hice una foto pensando ya en todos los que estáis ahora aquí. En verano, solemos ir a una casita que tiene mi padre fuera de la ciudad. Es una casita pequeñita, algo así como la casita de la ratita, donde las habitaciones son reducidas, los muebles minúsculos, buscados expresamente y prevaleciendo sobre todo la cinta métrica y la comodidad a la hora de escogerlos. No es nada lujoso ni ostentoso, es sencilla, pero tiene un jardincito y eso me encanta.

En Mallorca en verano hace calorcito, para la gente del norte mucho. Para un sevillano tan vez no tanto como en su ciudad, pero hace. Palma tiene un defecto, que es una ciudad y tiene calles, asfaltadas y muchas, y edificios altos, bastantes, y no demasiados parques y zonas despejadas, y muchos coches y no se porque siempre hay obras en las calles en verano y polvo y no puedes abrir… vamos, que es una ciudad y cuando el tiempo aprieta y hace calor y ocurre todo eso pues las ciudades se vuelven hornos. Une a eso unos peques, encerrados mucho tiempo en un piso y la visión de la casita de la ratita con jardín es como el palacio de Sheherezade o Versalles o el castillo de la Bella Durmiente.

En ese jardincito, que tampoco no es muy grande, da para que los peques jueguen, corran y vayan por un pasillo asfaltado en patinete. Hay un trocito donde ponemos una piscinita hinchable, segundo e importante motivo después del jardincito para fugarnos allí. La piscinita como habréis imaginado, es como la casa de la ratita, una de esas en las que hinchas el borde, la llenas de agua y las paredes van subiendo conforme se llena, tiene un filtro y lleva su trabajo el mantenerla. Tiene dos metros y medio de diámetro, ya sé que no es una piscina enorme donde nadar, pero para refrescarse, chapotear y jugar los peques es estupenda. También sé que para aquellos que no pueden escaparse de la ciudad y lo único que tienen es la ducha o la bañera y la piscina municipal, estos dos metros y medio son un paraíso.

La chica del post que comentaba que le gustaba sentarse en el sofá y quitarse los calcetines me recuerda en cierta forma a mí en verano. Desde hace unos años mi momento de relax veraniego es aprovechar unas cuantas noches de agosto, porque hasta que no tienes un día de esos que el calor aprieta y el agua se caliente en condiciones, el agua de la piscinita se enfría muy rápido cuando no le da el sol y te congelas. Pues eso, cuando los peques están acostados, el agua calentita y el cielo estrellado, aprovecho para meterme dentro, en ocasiones mi pareja se apunta, pero en otras prefiere ir cenando al lado de la piscinita y charlar tranquilos.

Imaginaros y no es necesario ir a Hawái para ello. Es de noche. El cielo está estrellado, a cada momento se ven más estrellas ya que no hay mucha luz, ese no es un cielo de ciudad. Tú estás flotando en el agua, apoyas la cabeza en el borde hinchable cierras los ojos y te relajas. Te dejas llevar, respiras hondo. El agua es cálida y te gusta. Poco a poco vas moviéndote, despacio, lentamente extiendes y recoges las manos y oyes el ruido que hace el agua cuando choca con el borde de plástico. Es relajante. Unas casas más abajo hay un vecino que tiene unos eucaliptus enormes y cada vez que sopla la brisa nocturna oyes el ruido de las hojas que se mueven. Entonces, cuando has desconectado de todo el ajetreo del día. Entonces, esas contadas noches de agosto, vas abriendo poco a poco los ojos y lo que contemplas es todo el cielo. Entonces no hablas, sólo miras y asimilas todas estas sensaciones. Entonces sólo deseas que no se acabe ese momento, que esa sensación de bienestar te acompañe todo el año y entonces es cuando volvemos a almacenar un recuerdo en ese sitio del cerebro que yo digo que es para las sensaciones especiales que nos ayudarán a superar los momentos difíciles del resto del año. Deseas que no acabe pero en algún momento hay que salir y cuando lo haces piensas si mañana el agua estará igual de caliente, o si por el contrario será muy tarde y no podrás entrar y si esa será la última noche de este año. Entonces piensas que tu recuerdo está bien custodiado, respiras hondo. Sales dispuesta a comerte el mundo durante doce meses a sabiendas de que el año que viene, alguna noche, podrás repetir de nuevo tu momentito privado.

Este año quiero compartir con vosotros este momentito privado. Si habéis podido imaginaros que estabais en una piscinita y os habéis dejado llevar por las hojas de los eucaliptus, ya podéis abrir los ojos. Este es mi regalo. Mi cielo estrellado.

Pequeño susto matinal, la invasión de las avispas madrugadoras

27 Sep

¿Os acordáis hace unos días que os decía que si haces la rutina nocturna las mañanas son mucho más efectivas y rápidas?, bueno, pues os diré que esa rutina tiene una excepción… bueno dos. La primera es cuando se te ha quedado alguna miguita por algún sitio y tienes una invasión de hormigas, todas ellas en fila india cual aplicados infantes de guardería en una salida al CosmoCaixa y otra es la que nos ha tocado esta mañana.

Bueno, ya sabéis aquello de qur a las 6’30 suena el despertador y todo lo demás. Pues eso, que mientras estaba en uno de esos todo lo demás, concretamente en ir a colocar los platos de la cena en su sitio, me veo al lado de la puerta del escurridor una avispa en la pared.

En alguna ocasión hemos dejado alguna ventana para airear la casa de noche porque hasta ayer aún hacía calorcito, pero esta noche no había dejado ninguna, así que este descubrimiento me ha sorprendido bastante. Mi sorpresa no ha durado mucho, ya que un sospechoso sonido a zum zum zum zum ha hecho que desviara la mirada al fluorescente… y ¡Cielos! Nada menos que cinco avispas más dándose cebollones contra los tubos atraídos por la luz.

En ese momento papá estaba levantando al Tsunami y el Terremoto estaba haciendo su cama y aún no había aparecido por la cocina. Me voy a mi pareja que me comunica que el peque se ha despertado supercontento. Menos mal, porque tenemos una invasión en la cocina, no le entres. Así que hoy los niños y de una forma muy poco ortodoxa, han desayunado en la sala.

El Terremoto, para haber sido durante toda su infancia el terror de los gatos y de todo bicho en general, con los años se ha vuelto un miedica a los bichos que potencialmente puedan hacer algo (quien me lo hubiera dicho). Así que enterarse de semejante invasión ha sido como descolocarlo. El pobre parecía un papá a la espera de que la comadrona le diera noticias de parto de su hijo. Lo he tenido preocupado pasillo arriba, pasillo abajo a la espera de las noticias que aportara mamá cuando saliera de la cocina. Como era de esperar, el pobre Tsunami no ha visto eso muy normal, y menos que mamá se encerrara cual defensora de una fortaleza. Así que el pequeñín se ha puesto muy nervioso y triste y no se le ha pasado hasta que he salido y me ha vuelto a ver por allí.

Mi primer plan de ataque ha sido cerrar el fluorescente y abrir una luz que tengo delante de la lavadora y al lado de la ventana, para ver si iban a esa. Ese objetivo ha sido sencillo ya que ha sido abrir una, cerrar la otra y toda la troupe se ha trasladado cual cuadrilla de circo.

Mi segundo paso era abrir ventana. Hasta aquí correcto. Cerrar la luz y esperar a que salieran por la ventana al ver la luz de las farolas de abajo… Este paso ha tenido varios fallos. Primero que fuera llovía y eso no les gusta. Segundo, que la luz de la calle se ve muy poco desde la ventana de la cocina y para mí que ni se fijaban en ella. Tercero, que yo tampoco veía un carajo así que no sabía si habían salido. Se me pasó por la cabeza ir a buscar el kit de espía que la madrina le había regalado a Terremoto por su cumpleaños y que tiene algo así como gafas de visión nocturna en plan cutre bananero pero mucho mejor que nada, también podía ver si con la cámara de fotos había alguna opción de esa guisa, que lo dudo, pero en ambos casos eso suponía abrir la puerta y no me quería arriesgar a que se descontrolaran por el resto de la casa.

Así que por narices el tercer paso ha tenido que ser abrir la luz para ver que había pasado, y ¡ooooohhhh! Las muy avispas se habían posado al lado de la luz cuando la he apagado y al encenderla hay vuelto a la carga. Ante esta situación y pese a que no me gusta hacerlo he tenido que recurrir a la artillería pesada, véase un chupinazo bestial tipo tiro de la Gran Berta en versión Zum, pero esta vez el insecticida, no el ruido de las intrusas.

Obvia decir que con lo fuerte que es el producto y el zambombazo que les he metido, han acabado por ir cayendo de una en una al suelo, momento que aprovechaba para acortar su agonía por el método del fulminante zapatillazo. Pues bueno, así han caído nada menos que diez avispas en la cocina. La sorpresa ha sido que luego me he encontrado otra en el baño, también sucumbida con la misma táctica, más otra que estaba fuera en el cristal, pero esa como no estaba dentro la he dejado, se ha ido y luego he abierto para airear.

Me he ido al trabajo un poco mosca, porque nunca me había pasado algo parecido. Esperando que en el ático de arriba que está a la venta no se haya visto victima de una colmena okupa porque lo íbamos a tener claro para quitarla.

Cuando hemos vuelto del trabajo hemos subido a la terraza de arriba del ático y sí, nuestras sospechas se han confirmado, en la fachada trasera de la finca, en un agujero de taladro para sujetar unas tuberías, había un montón de avispas entrando y saliendo. Por la tarde se lo he comunicado a los de la comunidad y uno de los vecinos me ha dicho que cuando vuelva del pueblo el lunes él lo quitará tapando el agujero con una madera… no es que no  me lo crea, pero lo cierto es que hasta que no lo vea no me lo creo, al menos tan fácil como él lo ve, ya veremos.

Por suerte yo no soy de esas personas que cuando ve un bichito polinizador lo suelte todo, incluso el bolso, y salgan corriendo, como le vi una vez hacer a la hermana de mi pareja, que sólo una foto del animalito ya la pone de mal yu-yu. Tengo incluso que confesaros que le tengo alergia a la picadura de estos bichos, así que he aprendido que lo mejor es no molestaros y ellos se van, o bien te vas tú pero en plan tranquilo sin sobresaltos.

Hoy no os voy a dejar una foto de las víctimas del encuentro, me parece de mal gusto regodearme con las derrotas del enemigo, así que para que veáis que no tengo nada en contra de las creaciones de la madre naturaleza, o dejo esta foto que tomamos este verano, cuando durante tres días, nos vino a la terraza donde desayunábamos una avispa a nutrirse del jamón de york del bocata de mamá. Así que todos los insecto fóbicos que pueda haber, cerrad los ojos y no miréis, o bien mirad y veréis como corta el jamoncito, si es que en el fondo son bastante majas cuando no se te meten de golpe diez en la cocina y sin invitación para desayunar.

Cocina mallorquina: higos con sobrasada

26 Sep

¿No os ha pasado nunca que pese a llevar toda la vida viviendo en un sitio aún hay muchas cosas que no conoces? A mí me pasó este fin de semana. Los sábados por la mañana siempre tengo una cita con el mercado de Pere Garau, es un mercado que lleva un porrón de años funcionando, cuando yo era pequeñaja ya existía. En este lugar los payeses van a vender su propia cosecha, generalmente recogida el día anterior y también algunas cositas adquiridas en Mercapalma. La calidad de los productos y su frescura justifica de sobras mi desplazamiento semanal allí. Por otra parte después de tantos años “els amos i ses madones” (los amos y las dueñas) de cada uno de los puestos ya son unos viejos conocidos y casi de la familia, jeje. A algunos de ellos empecé a comprarles cuando iba su madre y ahora son los hijos los que recogen y van a vender porque ahora la madre se encarga ya sólo de la casa, los nietos y sé de buena tinta que, de tanto en tanto, entran a trabajar en los sembrados porque hay cosas que nunca se pueden dejar del todo.

Siempre he pensado que la cocina española es muy rica y variada, y la cocina mallorquina no es una excepción. Este sábado estaba hablando con una de esas “madones” y su hijo. En concreto estos tienen una granja de gallinas en Lloret de Vista Alegre y además de los huevos más frescos que se puedan encontrar, traían unas buenas canastas de higos de su casa. Hace ya unas cuantas semanas que me llevaba algunas a casa, de hecho este verano una de mis mermeladas ha sido de higos de esa casa. Ella, “na Bel” (Isabel), es muy divertida y no es la primera vez que me ha invitado a mi, o a alguno de mis nenes cuando los llevo, a tomar alguna fruta.

El sábado pasado me dice, me estoy merendando unos higos con sobrasada como los suelo tomar en casa debajo de la higuera a la fresca.

Yo sé bastantes platos con sobrasada, y sé bastantes también con higos, aunque no los cocine los he probado en más de una vez. Pero esa combinación en particular no la había probado nunca. Cuando vio mi cara de sorpresa exclamó divertida “estos ciudadanos que sólo toman pan blanco, no me digas que no has comido nunca higos con sobrasada”. No había acabado de pronunciar esto y ya me estaba ofreciendo un higo y un buen trozo de la sobrasada que hacen ellos en casa. Tengo que confesar que la combinación es espectacular, así que ha habido unos cuantos días en casa en los que, antes de que se acaben los higos, nos hemos regalado con este tradicional y a la vez nuevo plato de la gastronomía balear.

Para todos aquellos que por diversos motivos dietéticos-alérgicos-culturales-religiosos, no toman sobrasada, os diré que me comentó que si pones una almendra dentro del higo y te lo comes también está muy bueno. Aunque tengo que confesaros que a mí me gusta más la combinación que os he propuesto.

Antes de dejaros tengo que aclararos que aquí, la gente de pueblo llama “Ciutatans”  a los habitantes de Palma. (ciudadanos, puesto que en mallorquín a la ciudad de Palma, no se le dice Palma, se le dice simplemente Ciutat y en la Edad Media era conocida como Ciutat de Mallorca. A todas luces era una traducción literaria de la Madina Mayurqa musulmana).  Lo de pan blanco, llonguets o panecillos también es un pique por el que se nos denomina en alusión a que en Palma se encontraba el pan blanco y el moreno o payes, mientras que en los pueblos sólo solía haber pan moreno.

Espero que si podeis encontrar una buena sobrasada, que ya se que fuera de Mallorca cuesta pero alguna habrá digo yo, y la acompañais de higos, recordad que el descubrimiento de este plato se lo debeis a na Bel y a la buena cultura popular.

Truco nocturno para un desayuno más ágil y una cocina reluciente y recogida

25 Sep

Hoy pensaba tratar otro tema, pero como he estado trabajando hasta las 20’00 y no he llegado a casa hasta hace unos momentos, pues no me ha dado tiempo a desarrollar el tema como se merece y para sacar un churro prefiero improvisaros con un truquito nocturno.

Como visteis por la entrada de ayer, mis mañanas son un poco movidas, vamos la típica contrarreloj de toda madre trabajadora con peques estudiando.

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Cada mañana, de lunes a viernes, se preparan:

Para los papás, dos cafés con leche (bote con tapa naranja delante de la cafetera y las dos tazas); la medicina de mamá, con su vaso y cuchara ; el bocata matinero para mamá y las galletas para papá

Para el Terremoto uno de leche con Nesquik (bote del pato Dónald y cuchara); las tropecientas pastillas que le tocan (ese montón de cajas y el botecito de al lado amarillo para que no se caiga ninguna cuando las saco por la mañana ya que con los medicamentos no quiero dejarlos toda la noche sin control y fuera;  su vaso donde toma el agua y luego la leche y así nos ahorramos un cacharro para limpiar; luego su bocata matinero y el del cole.

Para el Tsunami, otro de leche con Nesquik Junior y cuchara; las galletas como papá o una magdalena o pan de leche.

… vamos, que haciendo el tonto, haciendo el tonto, cada mañana perdía unos preciosos minutos sacando cosas y preparándolo todo.  Una noche pensé que si el tiempo que lleno las botellas con agua (del grifo de la osmosis) aprovecho para llenar el termo con el agua fresca de la nevera e ir sacando cajas de pastillas, vasos, cubiertos, botes, galletas, café, tazas y todo lo que sea necesario para el día siguiente ya tendría todo eso ganado.

También lo que suelo hacer es dejar preparadas y revisadas las agendas y las mochilas, tan sólo será necesario poner los bocatas y el agua y dejo a mano las agendas por si surge algo improvisado que se haya de comunicar. Sólo falta poner meriendas y cerrar cremalleras.

Por la noche el perder estos minutos no me supone un esfuerzo muy grande, en ocasiones da pereza, lo reconozco, pero vale la pena dedicarlos. Por la mañana se van empleando y colocando en su sitio. Cuando alguien acaba con sus vasos los ponen en el fregadero y luego les doy una lavadita a todos y paso la bayeta por los sitios y si hay muchas migas una ligera barridita de la zona. El café de la cafetera, lo saco al balcón y lo vuelco en alguna plantita y así abonamos y veo que tiempo hace. De esta forma la cocina queda luego recogida en un santiamén y cuando vuelves del trabajo no da una depre encontrarte con todo amontonado.

Madre estresada de niños inquietos busca mascota relajante, que no ocupe mucho espacio, no provoque alergias y sea fácil de mantener

24 Sep

Mujer de 46 años tirando ya más a los 47 y algo fondona desde el último parto. Madre de dos criaturas, el mayor, Terremoto, diagnosticado entre otras cosas de niño muy muy muy pero que muy hiperactivo (en la actualidad algo más relajado pero quien tuvo retuvo) y un Tsunami de tres con espíritu aventurero y que sólo está parado para dormir, en algunos casos para ver la tele y para comer.

El despertador suena cada día a las 6’30, despertar, desayunos, recoger casa, preparar mochilas, a las 8’00 dejar a Terremoto al cole (del Tsunami se ocupa papá). 8’20 entro a trabajar.

Salgo, llego a casa (eso si no tengo que pararme al super a comprar algo). Como a toda leche, en ocasiones (más de las que debería) no tengo nada preparado, he salido tan rápido por la mañana que otra vez me he olvidado de sacar algo del congelador. Estoy empezando a tener amnesia senil, lo cual ha llevado a la consecuencia de ser la reina de la improvisación.

Recoge, barre la casa, ventílala, limpia cacharros cocina, prepara la lavadora.

Sal a buscar al Tsunami e ir a casa.

Ponerle la tele el tiempo que acabas de poner la lavadora y le das la merienda. Llega el Terremoto y otra merienda. Hablar con mi ex de como ha ido el cole. Se ponen los tres a jugar y yo vigilando que no se maten.

Llega mi pareja justo cuando toca tender la ropa, o bien poner la secadora. Pedir que tal va el día.

Darte cuenta que no tenías nada preparado para cenar. Pensar que improvisamos. Empezar a improvisar, recoger la ropa, terminar de improvisar la cena mientras tu prole te pide desesperadamente que están hambrientos y empieza a ser de noche y los pobres están agotados y aburridos y hambriento (y vas tú y piensas que alguna vez te gustaría volver a recordar que se sentía cuando uno estaba aburrido). Estás enfrascado en todo ello y te entran los niños a la cocina, ambos dos compinchados y te dicen como quien no quiere la cosa y con cara de angelitos, que como están muy aburridos quieren que les compres una mascota. Tú toda inocente estás a punto de decirles “sí cariño” cuando de repente una luz se enciende en tu cerebro,  que por suerte muy senil aún no está. Suena una sirena uauauauau, pones el freno de mano y tiras el áncora a lo bestia por la borda. Paras.

Un momento, que es eso de una mascota. ¿Quién la va a cuidar, sacar, lavar, darle de comer, llevarla al veterinario?

– Pues tú que de eso sabes mucho. (eso me pasa por ser eficiente, la madre que los pario)

– Uhummm, oing. Que nanai del peluquín.

– Mamíiiii vengaaaaaa (digase con caida de ojitos incluida cual gato con botas de Srek… y el peque con principio de pucherito en el labio superior. No saben nada)

– Pero si ya tenéis la pecera con los peces (eso ya os lo contaré otro dia que ahora no quiero liaros)

– Síiiiii pero esos no los podemos coger, no nos dejas sacarlos, no los podemos llevar al cole y no pueden venir de vacaciones con nosotros (allí tienen razón los jodidos. Me han pillado)

– Bueno, si mamá encuentra una mascota tranquila, que no necesite correr mucho y no sea necesario sacarla a pasear y no sea muy complicado mantenerla ¿lo aceptareis?

Se miran los dos en plan cómplice y asienten. Vale si la podemos coger y llevarla al cole cuando hagan las Beneïdes de Sant Antoni. Hacemos un chócala y una promesa de meñique de que aceptaremos (eso lo vieron en no se que peli de dibujos y desde entonces una promesa de meñique y un chocala es equiparable a un documento notarial).

Chachaaannn, misteriosamente no pusieron objeción a la mascota elegida por mamá, incluso a Tsunami le hizo mucha gracia. De tanto en tanto me sueltan que se parecen a Perry el ornitorrinco, que realmente no hacen gran cosa. Yo creo que Terremoto ha soñado alguna vez con que fueran agentes secretos como Perry, pero no es tonto y realmente no dan el pego como agentes secretos aunque les pongas un sombrero, asi que va a ser que no.

Yo estoy casi segura de que están preparando un posible plan B y de tanto en tanto me insinúan lo del perro como quien no quiere la cosa. Por suerte para mí, tanto Terremoto como yo le tenemos alergia al pelo de perro y gato así que de momento ganan por goleada las mascotas de mamá.

Pequeños mios, lo siento, las madres estresdas, fondonas y maduritas tienen más imaginación y recursos que vosotros dos, aunque reconozco que vais por buen camino.

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