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La estación de los proyectos: El último proyecto que fue realmente el primero.

13 Ene

Ya dicen que el refranero es sabio y realmente en esta ocasión el primer proyecto fue el último en realizarse y el último en aparecer fue el primero. Siguiendo con el refranero os diré que una de mis máximas por las que me rijo en la vida es “la improvisación al poder”. Tal vez porque con mis dos cachorritos y la vida que se me ha dado, tienda a tener un montón de situaciones en que las cosas no siempre funcionan como uno había planeado y la improvisación es un arte para sobrevivir.

En esta historia de este proyecto hay mucho de estos dos refranes. Nuestro relato empieza, si no recuerdo mal, allá por noviembre del año pasado. Era una tarde y hacía mucho sol. Tenía las ventanas de casa abiertas, me encanta que entre el sol en casa, me recarga las pilas. Tsunami estaba viendo la tele y Terremoto estaba en su tarde de ocio en una organización donde le habíamos apuntado a principios de verano. Es una salida a la falta de amigos que tiene, a lo que le cuesta hacer amistades. Porque… no nos engañemos, nuestros niños no siempre son recibidos por todos y el pobre Terremoto ha tenido muy mala suerte en ello. Así que antes de que empezara el verano nos pusimos en contacto con esta asociación para ver si haciendo actividades, salidas e incluso en una ocasión una acampada en una granja escuela, Terremoto desarrollaba más sus hábitos sociales y se sentía más integrado. Quien sabe… tal vez allí consiga hacer algún amigo. Pero no nos desviemos del tema. Estábamos mi peque y yo plácidamente en casa cuando el teléfono de mamá, o sea, el mío, sonó. Al cogerlo vi en la pantalla que era la monitora que está con Terremoto en esta asociación. Lo primero que pensé es que había pasado alguna hecatombe. No me pidáis porque pero siempre pienso que cuando alguien me llama por algo relacionado con Terremoto es porque hemos tenido una crisis o una hecatombe. Pero esta vez esta apocalíptica madre estaba completamente errada, se me llamaba para plantearme otra cosa muy distinta. La chica me dijo que todo iba de perlas y que me llamaba para otro asunto.

La semana pasada había encontrado en el buzón una carta de esa asociación en la que se me informaba que en unas semanas habría unas charlas para padres con niños especiales. Había dejado el tríptico en la cocina ya que por entonces esta que os escribe estaba enfrascada en un montón de proyectos y no pensaba ir a priori.

¿Haz visto lo del Congreso? –me preguntó la monitora.

Pues… hmmm…. Sinceramente… hmmm…. Verlo, verlo, lo he visto, pero poco, está por la cocina… Creo.

Esta falta de atención por la información enviada y mi apabullante sinceridad creo que la descolocó un poco, así que empezó a explicarme en que consistía ese “Congreso” anual y porque me llamaba. Resulta que una vez al año y por dos tardes, montan en un hotel una serie de charlas, cuatro cada tarde, sobre diversos temas de (confieso) bastante interés. Por lo visto el último día después del congreso te invitan a una cena fría y a un bailecito en una sala de fiestas si has asistido los dos días completos. Durante el congreso hay servicio de guardería para los peques y si el último día los progenitores se van de marcheta también tienen servicio de dormitorio para los nenes.

Bueno – me dijo- es que cuando he visto esta tarde a Terremoto he pensado enseguida en ti. Uno de los temas que tenemos que tratar es el de los padres separados o cuando el matrimonio se lleva mal. En ese caso la cuestión a tratar es si se pueden poner de acuerdo para educar y criar a su hijo. Tenemos unos cuantos casos de padres separados o divorciados y hay una chica que se ha prestado a exponer su situación como madre divorciada con un ex que pasa de todo e incluso les pone problemas. No encontrábamos a nadie para el otro punto de vista y al ver a tu hijo, pues he pensado que como caso contario, pues eso que ex y tú os lleváis muy bien. Este verano y estos días os he visto como veníais, todos juntos, vosotros, el hermano, tu pareja y lo cierto es que es algo no demasiado corriente y bastante que envidiar. Así que quería saber si no te importaría venir para exponernos tu caso.

A estas alturas ya me había tumbado sobre mi cama y estaba localizando la charla en cuestión. Me pareció una proposición magnífica. Los que seguís este blog sabéis lo bien que nos llevamos con mi ex y que en otras entradas he reivindicado la necesidad de que por el bien de sus hijos los padres una vez separados intenten llevarse lo mejor posible. Por ese motivo me pareció una idea excelente y me dejé seducir. Quedamos pues para unos días más tarde hablar con la chica que moderaría la mesa.

Antes del congreso tuvimos dos reuniones, una en la que nos conocimos todos y otra en la que decidimos que expondríamos y como. Creo que en ocasiones debo ser un bicho raro porque eso de que vayas tranquilamente diciendo que no se preocupen, que no tienes miedo escénico y que ya improvisarás no suele ser recibido de la forma más tranquila posible. Creo que a la pobre moderadora y a la chica que se puso en contacto conmigo las debí dejar algo preocupadas hasta después de la charla. Cada vez que nos reunimos y cada vez que hablé con ellas por teléfono, que fueron muchas, les contaba un montón de cosas que siempre tenían que ver con el tema pero de puntos de vista diferentes. Es lo que tiene tener buena memoria y hablar de uno mismo, que no tienes que prepararte el tema, ya lo conoces.

La otra mamá que estaba conmigo era una chica muy maja, creo recordar que era enfermera, porque tenía unos horarios laborales muy raros. Había acabado mal con su ex y al final ella era la que se encargaba para todo de su peque de seis añitos. Tenía la suerte de vivir con sus padres y quieras no quieras eso ayuda un poco a la hora de encargarse de un niño sobre todo cuando además de los tuyos también hay horarios raros con psicólogas y terapias. Su historia me recordó en muchos sentidos a la que yo había tenido hacía diez años cuando Terremoto tenía la edad de ese chico. Es curioso, pero yo al principio no creía que me fuera necesario a estas alturas el ir a una reunión como la que se montó en ese congreso, pero reconozco que me ha ido muy bien.

Nosotros interveníamos el segundo día, pero fui a los dos. Al final conseguí hacer un poco de encaje de bolillos y conseguí que mis cachorrillos estuvieran con mi ex o con mi pareja. Como os he dicho, muchas de las historias que allí se contaron me eran conocidas. Cada uno cuenta un relato según su experiencia, pero en el fondo la gran mayoría de los padres y tutores que estábamos en esa sala habíamos pasado por unas experiencias muy comunes. También se contaron historias que aún no he vivido y que me quedan por vivir. Es posible que algunas formen parte de mi futuro y otras puede que nunca se den. En el fondo cada caso es especial y cada historia adquiere un rumbo dependiendo del trabajo que se haga con cada niño y de la capacidad de cada uno. Algunas de esas historias eran muy duras. Desengañémoslo. Todas las historias eran muy duras, pero cuando gran parte de tu vida se ha visto metida en una de ellas en ocasiones sólo las realmente desgarradoras te parecen excepcionales. Algunas experiencias de las que se narraron allí forman parte de esas pesadillas que sólo en los momentos más oscuros de mi existencia me pregunto si llegarán algún día. Por suerte o por desgracia, esa fue la experiencia que tuvieron algunos de esos padres. Nos contaron como llegaron a tocar fondo, como en muchas ocasiones tuvieron que llamar a la policía porque creían que su vida y la de su familia corrían peligro. También hubo historias tiernas, otras de aspectos más legales, pero todas intentaban acabar con una pequeña esperanza, una luz al final ya se le llame terapias, pisos tutelados, residencias… todo eso que algún día nuestros hijos tendrán que asumir porque en algún momento nosotros dejaremos de formar parte de sus vidas. Pese a mi corazón curtido y a mi autocontrol, esta que os escribe acabó llorando en más de una ocasión y en dos ocasiones a moco tendido. Suerte de las luces cerradas y de que debía haber mucho polvo en el ambiente porque a casi todos se nos metieron motitas de polvo en los ojos. Me admiró la fortaleza que tienen algunos de eso padres y acabé pensando que mi caso pese a sus momentos es una auténtica mariconada en comparación con otras historias.

Así fue como acabó el primer día. A mi lado se había sentado un matrimonio más mayor que yo. Hablé en algunos momentos con ellos, era una pena que al día siguiente no pudieran acudir, porque realmente les hubiera ido muy bien oír nuestra charla. Era la pareja que tenían un hijo con problemas y una hija que no. La madre había asumido la situación, pero el padre seguía en la fase de negación pese a los años pasados. Tenían serios problemas con su hijo y con su hija, la cual había estudiado psicología y el padre cogía como terapeuta particular. El mayor inconveniente que tenía el hombre era que no aceptaba los consejos de la hija y cuando esta le decía algo que a él no le gustaba entonces se ponía en papel de padre autoritario en plan a mi no me dices eso y no me dices lo que tengo que hacer. Les comenté un buen rato lo que yo haría en los casos que me plantearon y a todo aquello que yo le contestaba la mujer siempre le decía “lo ves, es lo que la niña dice que tienes que hacer y tú no le haces caso”. Entonces mi consejo fue que buscara ayuda, pero que no fuera su hija. El pobre señor creo que deseaba que en algún momento cambiara mi opinión y estuvieron acompañándome hasta casi llegar al coche insistiendo en lo mismo. Mi respuesta siempre era la misma. Al final cogí un anuario que nos habían dado y un Boli y en letra bien grande escribí en la contraportada que estaba completamente en blanco el siguiente mensaje “necesitas urgentemente ayuda, pero esa ayuda no es tu hija, ella es eso, tu hija. Busca a alguien y pronto” La mujer estaba feliz, no tengo muy claro si eso era bueno o no. Era un matrimonio de esos curtidos que habían pasado mucho pero que en el fondo se querían con locura. Quiero pensar o me gustaría pensar que al final ese señor acabaría buscando algún psicólogo que no fuera su hija.

El viernes por la tarde era el día en que interveníamos. Me habían pedido una foto de Terremoto para ponerla al principio de todo. Había pensado en enviarles una foto de mi “familia extendida” pero al final envié una que le había hecho a Terremoto este verano en el Aquarium. La moderadora expuso el tema y la otra mamá nos contó su historia. Se había pasado todas las reuniones diciendo que le daba vergüenza contar su caso y al final acabó contando todo aquello que antes nos había dicho que no se atrevía a decir. Creo que después se sintió mejor. Es curioso como contar ciertas cosas puede resultar terapéutico. Luego me tocó a mí. Ante la sorpresa, o no, de la moderadora, dejé los papeles a un lado, me quité las gafas y miré a todos los que estaban allí sentados. Entonces empecé a contarles mi vida. Esa historia que muchos conocéis, que empieza como una historia cualquiera pero en un momento dado uno decide que tras nueve años y medio de estar dando segundas oportunidades, ha llegado la hora de darse una segunda oportunidad a sí mismo y a su hijo. Después decides que el padre de tú hijo tiene derecho a seguir ejerciendo de padre. Es más, no es que tenga derecho, es que tiene la obligación de hacerlo. Entonces empieza la cruzada para conseguirlo. Les relaté como me había costado que mi ex fuera tomando conciencia de ello y como habíamos llegado a la situación actual. Entre el público vi alguna cara interesada. Algunos sonreían. Otros asentían. Creo que muchos de ellos pensaron. Les plantee una vía especial, aquella en la que todos estamos unidos pero cada uno sigue su camino. Esa que no es tan habitual pero que tal vez debiera serlo. Después la monitora ilustró a los asistentes con algunas perlas que se encontraban ellos en los casos de padres divorciados y sobre todo con diferencias muy acusadas. ¿Cómo es posible que al intentar dar una ayuda a tu hijo tu mismo pongas tantos problemas en medio? Si. Realmente el tema dio que pensar. Al final nos aplaudieron y más tarde algunos me pararon para preguntarme alguna cosa. Al salir de allí fuimos a tomar la prometida cena fría y a bailar un rato. Fue divertido. Os contaré que acabé marcándome un rock and roll con un señor que iba en silla de ruedas. No es tan fácil como si uno fuera sin silla, pero es posible y muy divertido. Sólo tienes que intentarlo y ponerle imaginación e improvisar, lo demás lo hace la música.

La historia de este proyecto que fue el último pero que acabó siendo el primero acabaría aquí si no fuera que hace unas cuantas semanas Terremoto fue a una competición de natación. Allí fuimos todos como siempre. Mientras estábamos animándole una señora me saludó. Tú no te acuerdas, es imposible –me dijo- pero yo soy una de esas personas que estábamos en la sala cuando distes la charla sobre las parejas separadas. Me gustó mucho vuestra historia, ojala hubiera más como vosotros. Entonces aproveché para presentarle a nuestra familia especial. Allí estaba en la piscina Terremoto. Junto a mí de pie estaba mi ex y yo animándole y sentados mi pareja y Tsunami que tras muchas horas dentro estaba jugando a una partidita con el móvil de papá. Nuestra extraña familia que acabó como cada vez que Terremoto tiene natación, yendo los cinco a comer en el sitio que elija él. Porque pese a todo lo que uno ha pasado, las estrellas siguen brillando en el momento de nuestro encuentro. La mujer nos miró, sonrió y aquí acaba el final de ese proyecto, uno de los que me separaron del blog estos últimos meses.

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Una salida del APA de Terremoto, si tú me dices ven y las pequeñas cosas.

2 Jun

Hace unos días tuvimos una actividad lúdica propuesta por el APA del cole de Terremoto. Por si hay alguien novel por este blog os diré que mi nene va a un colegio de niños especiales. Normalmente en nuestro mundo, estos chicos y estas personas en sí – porque tarde o temprano crecen y dejan de ser niños – están algo apartados, en ocasiones escondidos. Es como si se camuflaran o pasaran desapercibidos. Como mucho vemos alguno por la calle y pensamos “pobrecitos” o bien “pobres padres”. Terremoto no tiene ningún rasgo físico que le estigmatice, su problema es más bien de asimilación y comprensión de las normas sociales y del aprendizaje, pero en su caso no hay ningún aspecto físico que llame la atención, no tiene ningún retraso mental  y se desplaza sin necesidad de ningún aparato y puede comer perfectamente. Dentro del mundo de los ciegos, mi hijo es el tuerto, el privilegiado, es más, incluso podría ser el chico de las gafas gordas de concha negras, pero que ve perfectamente.

En este blog os he contado algunas excursiones y visitas que hemos hecho con los peques y podéis estar tranquilos que seguiremos comentándolas. Hoy os quiero comentar otro tipo de salida. Es esa actividad que difícilmente la gran mayoría de padres haremos y a la cual asistirán nuestros hijos. Es este post que algunos prefieren no leer y cerrar, no voy a ser desagradable y me encantaría que llegarais al final. No para fastidiar a nadie ni para dar pena, simplemente para que veáis una situación en la que se encuentran muchas familias y que tal vez desde la comprensión, la verdadera integración, esa que tendría que hacer la sociedad pero que pocas veces hace, sería más llevadera. Os voy a comentar unas cuantas pinceladas de una parte de nuestro mundo. Del mío como madre, del de mi pareja y mi ex y del de Tsunami como hermano que nos acompaña y que no ve nada raro cuando juega junto con estos niños. Pero sobre todo, es una parte muy importante del mundo de Terremoto, porque está en él cada día, de lunes a viernes durante ocho horas y media. No sé si será un mundo bonito, puede que para los que lo ven desde fuera no resulte bonito, pero tiene más ternura de la que muchos podrán experimentar en toda su vida. Lo que sí puedo aseguraros es que no es para nada un mundo fácil, ni para los niños ni para sus familias. Espero que si sois capaces de llegar al final nos podáis entender mejor.

Como os he dicho hace poco fuimos a una torrada en una granja que tiene el cole. Es un sitio bucólico de relax en medio del campo, con animalitos y mucho espacio para jugar y correr. Una pequeña piscina y una zona de huerta e invernadero. También tiene un horno de leña y una barbacoa de leña. Un gran edificio con zona de baños y una sala enorme a modo de comedor con una cocina. Lo cierto es que con el día tan estupendo que nos tocó no se necesitaba mucho más. En el horno, el tío de uno de los peques asó patatas y torró toda la carne en la parrilla, yo le eché una mano. Unas cuantas mamás se encargaron de ir colocando el resto. El aparcamiento de los coches estaba cerca de la entrada de la carretera y tenías que dar un pequeño paseíto hasta llegar a la casa. Tan sólo los coches que iban muy cargados podían entrar y luego salían al parking. Entre las actividades programadas hubo un taller de jardinería donde todos los nenes sin excepción se lo pasaron pipa haciéndonos macetitas de perejil que luego se regalaron. Un grupo de habaneras que nos amenizó los postres y una cuenta cuentos que nos hizo participar a todos haciendo las delicias de niños y no tan niños.

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Terremoto, como os conté hace unos días, presentó un postre en un concurso que hubo y se ganó su primera medalla culinaria. Luego cuando tocó la comparsa yo salí a bailar con el señor que había hecho la torrada y Tsunami se vino, nos pusimos a bailar los tres juntos con Tsunami en brazos. Las canciones estuvieron muy bien, algunas de esas de toda la vida que no se olvidan y otras más verbeneras. Entre las piezas interpretadas había una canción de Los Panchos muy conocida:

Si tú me dices ven

Estamos acostumbradas a nuestros hijos, ellos juegan y se divierten, ellos corren y saltan, pero hay otros niños. Niños como los que acudieron ese día que no pueden andar y van en silla de ruedas, que no pueden masticar o no saben tragar y tienen que comer siempre purés, que no pueden hablar y emiten extraños sonidos o gemidos. Son esos niños especiales que su nacimiento conlleva más lágrimas que alegrías, pero que con el tiempo son más queridos que muchos otros. Son esos niños que nos piden que nos acerquemos a ellos sin miedo. Son esos niños que nos dicen ven.

Si tu me dices ven, lo dejo todo
si tu me dices ven, será todo para ti
mis momentos más ocultos,
también te los daré,
mis secretos que son pocos,
serán tuyos también.

Cuando a uno le ha tocado tener a uno de esos niños como hijo conoce a muchas personas que nunca creería conocer, en sitios muy distintos, en las terapias, en actividades especiales, en el colegio. Una vez una mamá me contó que el ginecólogo les había ocultado lo que tenía su hijo hasta que sólo faltaba unas semanas para el parto porque él, el ginecólogo, era antiabortista y no quería que le pidieran que realizara un aborto terapéutico. El problema del niño era detectable con una simple ecografía y el médico lo ocultó. El padre casi mata al médico cuando salieron del quirófano. Su pequeño es más mayor que Terremoto y tiene la mentalidad y el comportamiento de un niño de dos años pero es más calmado, camina inestable tambaleándose y si te paras para hablar con alguien tienes que pararle porque él sigue hasta que alguien le vuelve a coger la mano y le paran. Les ha llevado tantísimo trabajo y quedaron tan traumatizados que jamás se atrevieron a tener más hijos. Otra amiga me contó que su hermana también había tenido un hijo especial y que a pesar de todo ella quería ser de nuevo madre, pero su marido se negó en redondo e incluso se operó para asegurarse de que no tendrían más descendencia. Son esas historias ocultas que muchas veces pasa por la cabeza de estos padres, ¿qué he hecho mal, en qué hemos fallado, qué ha ocurrido? En ocasiones son causas cromosomáticas, pero muchas veces no hay respuesta. No se sabe porque ocurre. Entonces vienen las sombras sobre todo a la hora de pensar en más hijos.

Cuando estábamos en esa actividad oí unas madres que hablaban entre sí y una de ellas había dicho que el miedo, la ansiedad y la angustia que había sentido durante todo su segundo embarazo por si le pasaba igual que al mayor era algo que ninguna embarazada podía imaginar ni en el peor de los embarazos. Yo la entendí porque a nosotros nos asaltaron las mismas dudas, pero en mi caso, la combinación genética era otra y lo que tiene Terremoto no es nada genético. La otra madre le decía que como el mayor había ido todo bien y la sorpresa se la encontraron tras el nacimiento de la pequeña su embarazo fue muy relajado y que no se podía comparar en nada a la angustia que la primera le describía. Entonces se juntaron a la conversación algunas madres más y comentaron el riesgo de que decidas volver a experimentar la maternidad y vuelva a repetirse la historia. Cuando Terremoto iba a terapia había una madre que llevaba sus dos hijos, los dos tenían lo mismo, le habían dicho al ir a buscar el segundo que no tenía porque pasar lo mismo, pero paso, y no se habían atrevido a tener más.

No hay nada seguro, pero cuando uno lo desea de verdad y oye esa voz que te pide ven, es capaz de lanzarse a los mayores riesgos por todo.

Si tu me dices ven, todo cambiará
si tu me dices ven, habrá felicidad,
si tu me dices ven, si tu me dices ven.

Cuando el primer momento ha pasado y hemos conseguido asimilar el duelo somos capaces de abrir los ojos y ver a este nuevo ser de otra forma distinta. Es una forma muy especial en que sólo lo verán sus padres y sus seres más queridos. Es aquel momento en que todo padre cuando su hijo recién nacido le coge con su mano fuertemente el dedo se siente indefenso y ya nos tiene atrapado de por vida.

Recuerdo que en la excursión había uno de esos pequeños cuyo cuerpo está medio contorsionado tambaleándose al andar y que muchas veces babea y tienes que ir con cuidado. Hubo un momento que uno de los asistentes le pidió a un señor más mayor que quien era él. Me llamó mucho la atención como le respondió. Este señor todo orgulloso, bien contento, sacando pecho y de forma enérgica contestó con un brillo en los ojos y una sonrisa en los labios “yo soy el abuelo de P”. Entonces, P. que estaba un poco más allá al oír su nombre y la voz del abuelo se giró lentamente, le miro y realizó una especie de mueca lo más parecido a una sonrisa para su orgulloso abuelo.

Por la tarde, mientras estábamos disfrutando de la cuentacuentos, me fijé en una pareja de hermanos, eran los peques de quienes había hablado por la mañana la mamá que dijo que su segundo embarazo fue muy tranquilo porque el problema les vino con la pequeña. Yo siempre he visto a esta nena sentada en las sillas de paseo adaptadas que tienen. Va vestida muy juvenil y alegre con lacitos y orquillas con muñequitos o florecitas en el pelo, como cualquier pequeña entre los cinco o seis años. Esa tarde, mientras estábamos al sol sentados en el suelo fue la primera vez que la vi moverse sin estar en su silla. Como muchos de ellos se tambaleaba y su hermano le extendió la mano para que se la cogiera. Luego la sentó sobre sus piernas que tenía cruzadas, la abrazó por la cintura y estuvo así con ella cuidándola durante todo el tiempo. En un momento dado uno de los gestos de la cuentacuentos la asustó y lloró un poco, pero allí estaba su hermano mayor para tranquilizarla, acariciar su adornado pelo negro y hacerla participar de nuevo como los demás.

No detengas el momento por las indecisiones,
para unir alma con alma, corazón con corazón,
reír contigo ante cualquier dolor,
llorar contigo, llorar contigo,
será mi salvación.

Si cuando los padres con niños pequeños salimos a algún sitio llevamos el coche repleto de cosas, cochecito, peluches, ropita de recambio… con estos niños la situación es muy parecida, sólo que su cochecito, su ropa y sus baberos son de mayor tamaño. También es normal que cuando los padres con niños pequeños van a algún sitio estén pendientes de sus nenes y que no se puedan caer o hacer daño. En el caso de estos padres tienen que ir con cuidado que no se puedan dañar sin necesidad de haber caído. Son situaciones a las que cuesta adaptarse, por mucho que sean situaciones similares, emocionalmente no tiene nada que ver. Tú sabes que tus hijos van a crecer y eso no es más que una etapa a lo sumo de unos cuantos años. En nuestro caso esta situación es para siempre y con los años en lugar de mejorar puede deteriorarse aún más. Muchos padres somos los que en diferentes medidas tenemos nuestras tiritas que nos ayudan a curar nuestro corazón. También muchos nos intentamos mantener siempre firmes, pero de vez en cuando las tiritas de nuestro corazón se despegan y las lágrimas son nuestra única medicina.

Estábamos sentados junto a las flores, cerca de la casa, entonces entró un gran coche, uno de esos monovolúmenes enormes. Pensé en lo que debían llevar para entrar con un coche tan grande hasta al lado de la puerta. Entonces bajó una mamá, abrió la puerta de detrás y como en las ambulancias del centro de día para mayores que hay cerca del trabajo, pero en versión algo más reducida, bajo una rampa con un mando y luego bajó un peque que iba en una silla. Me llamó la atención porque normalmente en el cole cuando van los papas, tienen que coger a los peques en brazos y entrarlos dentro del coche y luego doblan la silla y la ponen en el maletero. Ver esa sofisticación era una novedad para mí. Entonces una chica que había cerca de mí y que era una monitora, comentó “este niño tiene mucha suerte, hay muy poco padres que se puedan permitir un coche así de preparado que los pueda llevar tan cómodamente a todos sitios”

Ese día había muchos pequeños con dificultades de psicomotricidad  aunque no todos iban en silla. Uno de esos peques iba de la mano de un papá. El nene que era más mayor que Terremoto, iba girando sobre sí mismo, en ocasiones tienden a caminar en círculo. Me fijé en que era de esos nenes que suele poner la mano girada hacia adentro, como si se quisieran tocar el interior de los brazos con los dedos. Mientras estaba girando se había acercado una mano a la boca y se estaba mordiendo. El papá no se había dado cuenta y le dije que el peque se autolesionaba, que se mordía la mano. Me contestó que era habitual que lo hiciera e intento ir quitándosela de la boca y que siguiera caminando.

Pero si tú me dices ven, lo dejo todo,
que no se te haga tarde
y te encuentres en la calle
perdida, sin rumbo y en el lodo
si tu me dices ven, lo dejo todo

Cuando llegamos nos recibió una de las mamás del APA, había preparado una sorpresa para todas las mamis. Llevaba una bolsa de papel y dentro un montón de broches en forma de tulipanes. Había tulipanes de todos los colores. Me dijo que eligiera el que más me gustara. El que me gustaba más era uno malva, pero sabía que Tsunami se interesaría por ello y su color favorito es el azul oscuro y ese fue el color que elegí.

Esta mamá es muy buena haciendo este tipo de manualidades. Mientras me ponía el broche le pregunté cómo era que tenía tiempo para tantas cosas.

Ella me contestó que no tiene demasiado tiempo libre y que algunas veces se lo tiene que quitar de cosas realmente importantes como su nene, pero que había pensado que sería un detalle y que además, todas las mamás que estaríamos ese día allí nos merecíamos una flor y mucho más.

Este post de hoy va dedicado a todos los peques y sus familiares que van a estas excursiones o finales de curso tan poco frecuentados. A todas las madres y padres coraje que cada día luchan por los derechos de sus hijos. A los hermanos que cuidan de sus hermanos. Pero sobre todo va dedicado a todos esos héroes, nuestros hijos especiales, que nos enseñan que pese a lo dura que es la vida ellos harán todo lo posible para disfrutarla y sonreírnos.

 Por eso, si tú me dices ven… lo dejo todo

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¿Truco o trato? Anda que Tsunami no aprende rápido

16 Oct

Hola a todos, hoy es martes, y los martes trabajo casi continuado de ocho a ocho, así que no tengo mucho tiempo para escribir un post de esos un poco trabajaditos y posiblemente será el día que elegiré para contaros alguna anécdota de las que inevitablemente pasan en las casa cuando tienes dos peques.

Hace unas dos semanas os comenté que habíamos ido a la Feria Dulce de Esporles y que allí el APA del cole del mayor tenía un puesto para sacarse sus dinerillos. Ya visteis que Tsunami se puso las botas con sus adornos para el árbol de Navidad, pero Terremoto se había llevado su cartera y aprovechó también para hacer unas compritas por su cuenta. Mientras intentábamos abarcar tanto muñeco de nieve y tanta estrella veo como Terremoto se pone a mirar los abalorios tan chulos que hace la mamá del APA, lo que nos sorprendió a todo fue que nos viene con una pulsera, chulísima por cierto, y nos dice que quiere comprar esto.

Salvo que Terremoto hubiera desarrollado en cuestión de segundos una predilección por el look de los setentas, yo no le veía con ese complemento del vestir, con unos guantes sí, con una bufanda también, incluso con algún pin y algún colgante, pero una pulsera de abalorios en plan cuentas y de vistosos colorines, pues como que era la primera vez que se interesaba por algo así. Le pedimos a que venía esa elección, porque si era por mero capricho de gastar y acumular cosas pues como que no, pero si estaba justificado pues vale.

Terremoto nos sorprendió a todos por segunda vez en menos de un minuto. Nuestro nene se hace mayor. Resulta que este año ha empezado en su cole una nena nueva que tiene dos años menos que él y que va a su clase. Nos dijo que era muy simpática y que en ocasiones solían jugar juntos. Terremoto nos dijo también que cuando él cambió de cole, al principio se sentía muy solo y le costó un poco adaptarse y como esa niña ha empezado nueva y es muy simpática quería hacerle un regalo de bienvenida para que se sintiera más acogida en la clase. Evidentemente, la pulsera se vino con nosotros a casa y la mamá del APA le hizo un envoltorio digno de una princesita.

Al día siguiente fue muy divertido, su papá, mi pareja y yo estábamos ansiosos de ver que nos había puesto la profe  en la agenda sobre la entrega del regalo. Por lo visto fue muy entrañable, Terremoto muy emocionado y nervioso. La niña no se lo podía creer y se puso contentísima. La profe nos dijo en broma que a ella le había gustado mucho que le regalaran cositas así su primer año de maestra. La profe también nos dijo que cuando llegó la mamá de la niña se lo había explicado todo y que no pasara pena, que la intención de Terremoto no va más allá que dar una bienvenida, no tiene ninguna intención de una futura petición de mano ni nada por el estilo. Imagino que la madre debía alucinar un poco porque yo también lo hubiera hecho.

Hasta aquí una anécdota que no hubiera quedado en nada más si no fuera que ayer Terremoto vino del cole con un regalito que le había llevado la niña como agradecimiento a su detalle. Ese regalito era una preciosa calabaza de tela con una tapa también de tela, pensada para la próxima fiesta de Halloween.  Lo cierto es que nosotros eso del truco o trato no lo hacemos, pero en el cole del mayor les hacen una fiestecita para que se disfracen y jueguen y les montan una merienda, un poco tipo americano pero más edulcorado, una forma de hacer algo diferente dentro de la rutina del cada día. Terremoto tiene una cesta de calabaza de plástico del año pasado, así que la sacó y le dio a Tsunami la de tela, que es algo más pequeña que la otra. Mi ex les empezó a explicar a los dos en que consistía eso del truco o trato. Si no recuerdo mal truco es un susto y trato unos dulces. Estuvieron un buen rato jugando a eso. Luego mi ex se fue.

Al cabo de un momento nos viene Tsunami con un petit suisse de chocolate que se había agenciado de la nevera el muy ladino. Nos lo pone al lado y se planta delante de nosotros, abre su calabaza y empieza ¿truco o trato?  Nosotros le hicimos unos cuantos trucos seguidos y él nos hacía el consiguiente buuuuuu, luego le tocó trato y le pusimos el petit suisse en la calabaza. No habría pasado nada si al cabo de un rato no se presenta con otro petit suisse. Unos minutos más tarde oigo ruido en la cocina y me lo encuentro abriendo el cajón del desayuno y cogiendo unas galletitas de esas con chispitas de chocolate que compramos hace poco. Cuando le decimos que ya se ha tomado sus petits suisses para merendar nos coge la calabaza que tenía sobre la mesa y vuelve con el truco o trato porfaaaa, sólo una. El sólo una se convirtió con otras tres visitas más de ponerte discretamente el paquete al lado y venir con la calabaza y un ya directamente truco o trato solo una más y ya está. Cuando pidió la quinta le dije que ya no más, que haciendo el tonto haciendo el tonto se había agenciado dos petits suisses y cuatro galletas y eso es mucho más de lo que suele merendar, cosa que no negó para nada pero según él tenía muuuuuuuuucha hambre.

Así que como el peque tiene más recursos que el McGiver pero mamá tiene mucho de diablo, le planté la cena a las siete y media para que no pasara hambre. Tengo que decir en su defensa que se acabó todo un plato bien colmadito de cus-cus con tropezones de york y queso. No se si el truco o trato aviva el hambre, pero desde luego la imaginación sí.

Por la noche cuando dormían les confisqué provisionalmente las calabazas durante estas dos próximas semanas, que yo no me fio del Tsunami y con estos recursos a saber que turbios usos es capaz de darle al objeto y la frase en cuestión.  Hay que ver como aprenden, y eso que sólo se le dio una explicación sencillita y por casa nunca había visto eso del truco o trato, que sino….

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