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Luis Bermejo, un gran amigo y un gran profesional nos ha dejado

13 Dic

Hace unos años, antes de que Tsunami naciera, conocí a un gran profesional del cómic. Fue de una forma extraña. Queríamos hacer una exposición sobre Tolkien, que al final no se realizó, y queríamos entrevistarle. Bermejo había ilustrado el único cómic autorizado que se ha publicado del Señor de los Anillos. Sabíamos que vivía en Mallorca, pero nunca creímos que sería tan fácil como llamarle por teléfono, presentarnos, explicarle que queríamos y que automáticamente nos dijera que estaba encantado de recibirnos en su casa.

Ese día fuimos tres personas a verle, un compañero nuestro, mi pareja y yo. Entramos en esa casa llenos de respeto. Uno no va cada día a ver una leyenda del cómic tan fácilmente. Pero lo cierto es que tanto Luís como su mujer nos abrieron su casa y nos trataron como si nos hubieran conocido de toda la vida. Hicimos una primera entrevista, y más adelante otra, y otra, y otra. Con el tiempo acabamos cultivando una pequeña amistad. Así que lo que al principio había empezado como unas visitas para realizar un artículo, se fue convirtiendo en una visita por el mero placer de verle. Entonces charlábamos sobre su vida, pero también hablábamos de nuestras familias, yo les contaba los problemas de Terremoto y poco después les anuncié el nacimiento de Tsunami. Recuerdo una vez que Luís nos llamó para ver una exposición de los originales de los cómics y también de sus pinturas. Luís era un gran dibujante de cómics, pero como pintor me atrevería a decir que era mejor. Sabía realizar unas obras magníficas y diversas. Ese día vi una pintura de un zoco árabe que me enamoró pero superaba mucho mi disponibilidad económica en ese momento. El cuadro se vendió, pero yo aún recuerdo esa pintura tan exquisita y sublime.

Sabía que Luís estaba pachucho, su mujer me lo había comentado las últimas veces que hablamos por teléfono. La última vez que lo vi fue para hacer unas gestiones y adquirir unas láminas suyas para una exposición sobre Tolkien que actualmente hay en Alicante. Eso fue el año pasado y se le veía muy atropellado, pero seguía conservando esa alegría y esa sonrisa que siempre había tenido y tenía cada vez que alguien iba a verle. Luís siempre fue un hombre sencillo, alegre, con mucho humor, enamorado de su familia, de su mujer, su gran compañera, de sus hijos y de sus nietos. Me hablaban de ellos, de lo orgullosos o preocupados que estaban por sus vidas. Por una de esas casualidades, conocí a una de sus hijas, trabajaba cerca de donde yo trabajo y durante unos años nos veíamos muy a menudo. Luego, ese sitio cerró y ya sólo sabía de ella cuando le preguntaba a sus padres.

Confieso que me está costando mucho escribir estas líneas y sé que no están ni de lejos a la altura que debería estar. Sé que Luís se merece mucho más, muchísimo más. Sé que ahora los suyos le están llorando, pero también muchas personas anónimas sienten su muerte. Hoy nos hemos enterado de su fallecimiento por el facebook. Inmediatamente he llamado a su casa y he hablado con su mujer. Sólo puedo deciros que Luís ha tenido la muerte que él quería, la muerte más bonita que puede tener alguien que se ha dedicado en cuerpo y alma a cultivar lo más importante en el mundo, la familia. Luís nos ha dejado estando en su casa rodeado por todos, por sus hijos que son muchos, sus nietos, que son más, pero sobre todo con ella. Ella que le robó el corazón hace años. Ella que le ha acompañado en lo bueno y en lo malo y ella que le ha estado cuidando toda la vida, hasta el último momento, hasta el último suspiro, hasta el último aliento.

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2 de abril, día mundial de concienciación del autismo… que pena que tengamos que tener un día mundial para pensar en algo

30 Mar

Sé que este año cae en mala fecha. ¡Cachins!. También sé que cuando se le dedica un día especial a algo es que ese algo no funciona del todo bien. ¡Cachins!. Esto último lo leí o lo oí no recuerdo bien donde, pero pensé que tenían toda la razón del mundo. Cuando uno dedica un día al planeta es que el planeta va renqueando. Cuando uno dedica un día al cáncer es que el cáncer aún no tiene solución y los investigadores están faltos de presupuesto para hacer todo lo que quisieran. Cuando uno le dedica un día especial al padre o a la madre es que estos suelen ir el resto del año mucho más estresados, es el único día en que quizás los niños te harán un vaso de leche chocolateada con galletas o magdalenas para merendar y puede que te dejan elegir lo que hará la familia ese día. Todos estos días son más o menos conocidos.

¿Quién no ha oído hablar del cambio climático y de las necesidades del planeta?… aunque luego nos importe un bledo si el coche no combustiona bien, si se destruyen bosques o si tiramos el paquete de clínex o el envoltorio de la caja de tabaco en el suelo porque nos da pereza caminar unos metros o guardarlo en el bolsillo hasta llegar a la próxima papelera.

¿Quién no ha oído hablar o ha tenido la desgracia de ver los efectos del cáncer en alguien conocido?….aunque luego hayas intentado esquivar a los de la hucha que piden ese día por el cáncer y al final has puesto algún dinerito en las huchas y a cambio te han dado una pegatina que procuras no quitarte en todo el día y que sea bien visible para que no vuelvan a acosarte.

¿Quién no ha hecho una manualidad o un dibujo para su padre o su madre y les ha llenado de besos ese día cuando éramos niños?… aunque luego al día siguiente volviésemos a las andadas y nuestros progenitores dejaran de ser los protagonistas y no volviéramos a preocuparnos nunca más por su desayuno hasta el año siguiente.

…Pero este año cae en una mala fecha. ¡Cachins!. El primer día de las vacaciones de Pascua no es una buena fecha para que alguien pueda pensar en ello. Normalmente quien más y quien menos están pensando en que va a poner en las maletas o se está dirigiendo al aeropuerto o al coche, si es que tienen la suerte de poder hacer algún viaje. Quien más y quien menos está pensando en que recursos va a disponer para tener todos estos días a los peques en casa y que no se aburran, si no es que ya está sacando la artillería y tiene la cocina embadurnada de harina y el horno en marcha. Quien más y quien menos prepara su casa para recibir la Pascua, eso cuando uno va muy retrasado y se le caen las cosas encima en el último momento. Y, algunos menos que más, se preparan para hacer de nazarenos o de capiruchos en la procesión de la tarde.

El dos de abril se van a hacer muchas cosas, se va a pensar en muchas cosas, pero por desgracia este año cae en mala fecha y dudo que haya muchas personas que se planteen que el primer día de vacaciones está dedicado a algo y mucho menos a la concienciación del autismo.

Quienes me leéis ya sabéis los problemas que tenemos en casa, nunca los he ocultado. Muchas veces he escrito sobre ellos y sinceramente creo que alguna vez he conseguido poner mi granito de arena en la concienciación del autismo y en la concienciación de las minusvalías en general. Es un tema delicado, muy delicado. Es un tema más o menos difícil de tratar, dependerá sobre todo de tu capacidad de aceptación y tu empeño en luchar por el bienestar de los tuyos. Es un tema que da muchas más lágrimas que sonrisas, aunque los que lloramos procuramos que no se note y que no nos vean derramarlas. Es un tema que como muchos temas que afectan a la salud y a la felicidad de nuestras familias, intervienen muchos sentimientos y muchas inquietudes. No somos personas especialmente fuertes. No son personas especialmente fuertes. Si somos personas luchadoras. Si son personas luchadoras. Somos personas. Son personas. Tanto los familiares como los mismos autistas se merecen un poco de comprensión. Pero también cualquier persona que pueda tener cualquier tipo de impedimento, complicación o dificultad en su vida lo merece.

No tenía especialmente pensado hacer este post. Los problemas de espectro autista de mi hijo no son los protagonistas de este blog, aunque si es cierto que nunca los he ocultado y muchas veces he escrito entradas referentes a ellos. Hoy no estoy aquí para contaros ningún desastre ni ningún logro de Terremoto. Hoy estoy aquí para comentar una situación que descubrí la semana pasada a través del blog de La princesa de las alas rosas. En ella cuenta del caso de una niña malagueña que ha recibido el boicot de los profesionales, los alumnos y los padres de una escuela por el simple hecho de ser autista. Me lo creo y puedo entenderlo. En su momento a Terremoto le ocurrió algo por el estilo, quizás no fue tan bestia pero esa fue una de las causas (por no decir La Causa) que nos obligó a tener que escolarizar a mi hijo en un colegio especializado y tener que renunciar a la inclusión o como mínimo a la integración.

Puedo entender y entiendo que alguien tenga miedo de algo distinto, algo que no entiende porque ocurre y no ve normal. No puedo entender ni entiendo que alguien intente hacer la vida imposible a todas aquellas personas inocentes que lo único que desean es intentar vivir lo mejor que puedan dentro de una sociedad que no acaban de entender del todo, que no les entiende y acaban en un bucle de crisis. El autismo como muchos otros trastornos o enfermedades que condicionan a los que la tienen es algo que no puedes prever. No existen pruebas de detección pre-natal. El autismo suele detectarse cuando el niño tiene al menos un año y medio y posiblemente se haga a eso de los tres. Al principio tú tienes un hijo estupendo, con un montón de ilusiones puestas en él. Luego empiezas a observar unas conductas que no te cuadran. Finalmente recibes un diagnostico que te deja hundido en la más profunda de las desesperaciones. Luego, poco a poco y como buenamente puedes vas asimilándolo y empiezas un interminable periplo de especialistas, de lecturas, de escuchar consejos, porque no nos engañemos, sigue siendo nuestro hijo, solo que con limitaciones que debemos ayudarle a enseñar como asumirlas. Estos niños que jamás se curaran y seguirán con sus problemas hasta el día que mueran, tendrán que hacer un esfuerzo titánico en comparación con los otros niños que hay a su alrededor. Pero ellos no eligieron ser así, igual que los niños que los rodean no han elegido ser así. Simplemente, unos tuvieron más suerte que otros. Los últimos estudios dicen que uno de cada cien nacimientos es el de un ser con algún problema de espectro autista si no es directamente un autista pleno o un asperger. Bien pensado, es un porcentaje muy alto como para ir por el mundo “jodiendo” a estos niños. En ocasiones me pregunto si esos niños que discriminan o esos padres que discriminan y enseñan a discriminar a sus hijos, en el futuro tuvieran otro hijo o algún nieto con esos problemas que es los que harían ¿lo repudiarían y desecharían? Que yo sepa en nuestras familias nadie ha tenido ningún problema de este tipo. Así que podríamos decir que el que te toque o no es una lotería. Bueno, realmente tienes muchísimas más posibilidades de encontrarte con alguien que tiene un problema así en casa que no encontrarte con alguien a quien realmente le haya tocado la lotería de verdad.

Hoy no tenía pensado venir a concienciaros sobre el autismo, ni sobre cualquier otro impedimento. Por el mismo motivo que pienso que es absurdo tener un día especialmente para recordar el mal estado en que dejamos el planeta, para recordar que miles de personas sufren y mueren de cáncer o para recordar que pese a que cada día no nos traigan leche chocolateada y magdalenas, es bonito ser padre o ser madre. El dos de abril será un día como los demás. Bueno. El dos de abril será un día algo distinto a los demás, pero no por ser el día mundial de la concienciación del autismo, sino porque será el primer día de las vacaciones de Pascua. El dos de abril estaré con mis niños y posiblemente embadurnemos la cocina de harina y encendamos el horno. El dos de abril me compincharé con Terremoto para pensar donde le escondemos los huevos de Pascua a su hermano. El dos de abril no voy a poder ir a ver ninguna procesión porque mi hijo mayor se agobia dentro de una gran multitud y los temas de religión que implican actos de fe no los entiende, los considera ilógicos y le repelen. El dos de abril será un día como otro para mí familia, aunque de alguna forma yo sabré que ese es un día especial para nosotros y para Terremoto, pese a que sigo pensando que es una pena que haya un día especialmente dedicado a ello.

El miércoles de la semana pasada tuve que salir un poco antes del trabajo. Antes de las vacaciones de Pascua siempre tengo una cita con la profe de Terremoto para comentarnos como ha ido ese trimestre y para enseñarnos sus progresos o sus intentos de progreso. Ese día la profe nos dijo que estaba contentísima con Terremoto. Nos enseñó sus dibujos, pero sobre todo nos enseñó toda orgullosa sus trabajos y sus progresos. Cuando P. nos lo decía y enseñaba yo me sentía orgullosísima y contenta de mi hijo. Era todo un progreso y un esfuerzo titánico y lo estaba logrando. Al día siguiente, no sé muy bien porque ya que no suele hacerlo, mi jefe se me acercó y me pidió que tal la reunión. Normalmente sólo me suele pedir si todo ha ido bien, pero el jueves me pidió que tal la reunión. Yo estaba emocionadísima con los avances de Terremoto y debía tener la serotonina a niveles astronómicos, porque sin pensármelo dos veces le dije “Ha ido muy bien. Terremoto ya hace sumas con cuatro cifras y después de vacaciones le empezarán a enseñar la tabla del dos. Ha trabajado muy bien las sílabas trabadas y las invertidas…”… y fue ir diciendo estas cosas y pensar que mi hijo ya tiene dieciséis años y un hermano que dentro de nada estará a su nivel. Toda la serotonina se me vino abajo y me sonó ridículo decir eso de un niño de esa edad y volví a sentirme hundida. Mi jefe no decía nada, sólo paseaba y escuchaba. Mi jefe es un intelectual, un escritor, una persona que es un lujo poder tenerla cada día a tu lado, aunque no charléis mucho. Llevamos quince años juntos y ha vivido en primera persona todos mis momentos. Pero el jueves pasado mis palabras me sonaron idiotas, vacías. “Parece tonto que alguien te diga que su hijo con dieciséis años está ahora aprendiendo a sumar cuatro cifras y le enseñaran la tabla del dos, pero es lo que hay”. Entonces se paró y me miró. Estaba allí de pie con las manos en la espalda, como suele ponerlas cuando te escucha y camina. Entonces me dijo “No es ninguna tontería. Siempre te he dicho que tu hijo y tú tenéis un gran mérito y lo que está logrando no es ninguna tontería, quítate esto de la cabeza”. Se fue y me dejó con las lagrimitas a punto de escaparse por el rabillo del ojo.

Este año el dos de abril cae en una mala fecha, pero es nuestra fecha y no quería dejar de recordarla.

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“¡Cuando sea la hora de dejar de vivir, definitivamente la Muerte será mi elección número uno!”. Terry Pratchett, El País del Fin del Mundo.

16 Mar

Ha entrado en la habitación donde se guardan todos los relojes de arena. Es parte de sus labores diarias. Comprobar quien está a punto de acabar y a quien debe visitar ese día. Muerte observa el reloj. Si hubiera tenido cejas posiblemente las habría arqueado, pero sólo tiene dos agujeros con unos luminosos puntos azulados en su fondo. Hoy es un día importante. Muerte se arregla su túnica negra, se pone la capucha y coge su guadaña. Binky, su caballo negro, acude a él. El día lo merece. El difunto lo merece. Quizás muchísimo más que todos los reyes o brujas que han ido a recoger anteriormente. Hoy tendrá que realizar una de sus visitas menos deseadas y más dolorosas, incluso para la Muerte.

Tata Ogg se sube los faldones de su vestido corriendo desesperadamente con sus botines rojos sobre el camino, llega tarde. Ya falta poco para llegar a casa de Yaya. Abre la puerta y se encuentra a su amiga recogiendo la casa. Sentada en una silla Magrat Ajostiernos llora desconsoladamente, siempre ha sido demasiado sentimental para ser una bruja.

-Llegas tarde Tata – le increpa su amiga – Ya sabes que esta vez no podemos llegar tarde.

– Yo no llego tarde y lo sabes, la culpa ha sido de Grebbo. Se ha puesto algo mimoso con una gata nueva, justo cuando iba a salir y no ha habido forma de hacerle cambiar de opinión. Quería darle la bienvenida al barrio, es un gato muy dispuesto.

– Sí. Ya sabemos todos lo dispuesto que es. ¿Se puede saber porque te traes a Grebbo?

Tata iba a responder, pero entonces se abre la puerta y entra Tiffany Dolorido, es la más joven de las cuatro brujas, pero no por ello es menos sabia. Cuando entra a la vivienda, un montón de motitas azules con faldas escocesas se esconden, son los Nac Mac Feegle. Evidentemente, antes de volver a partir buscan un recoveco o un estante donde puede guardar la gran arpía tan seria algo de alcohol o como mínimo algo de linimento para ovejas.

Las cuatro brujas se miran. Es la hora de partir.

Lord Vetinari lee una misiva de uno de sus espías. Esta vez las noticias no son nada buenas y por desgracia sus conocimientos de “mediador” no pueden servirle de nada. Podría intentarlo, pero cree que la Muerte no se dejaría convencer ni tampoco hacer una excepción esta vez. Vetinari, abatido, envía un aviso a la guardia, el capitán Vimes y todos sus hombres, el sargento Colom, el cabo Nobbs, Zanahoria, Fundidordehierrroson, Detrittus, Guddy y por supuesto Angüa deben prepararse con sus mejores galas y los sables menos oxidados de que dispongan. Dentro de pronto se celebrará una gran despedida y Ankh-Morpork debe estar por una vez en su historia, preparada para brillar. Aunque todos sabemos que conseguir que la ciudad brille es algo tan difícil como conseguir que una reunión de magos se ponga de acuerdo cuando hablan de deidades. También envía misivas a todos los gremios. A los periodistas del Ankh-Morpork Times, mejor que les demos nosotros la noticia. Por una vez voy a contar toda la verdad sin tapujos ni dobles sentidos. Se lo piensa dos veces y decide que él mismo irá a ver a los magos de la Universidad Invisible, se merecen el ser informados personalmente, aunque le da mucha pereza tener que acudir a verlos. Uno nunca sabe que puede ocurrir cuando se entra en la Universidad Invisible, sobre todo si se va con malas noticias. Su secretario sale con todos los apuntes y misivas y empieza con los preparativos. En la sala Lord Vetinari, erguido y esbelto, observa por una ventana. El Patricio se gira y se concentra por unos instantes en la partida de ajedrez que hay sobre una mesa. Pronto llegará un nuevo clack, pero eso hoy puede esperar.

… El jueves pasado, día 12 de marzo de 2015, Sir Terry Pratchett nos dejaba. Ese día tenía una cita ineludible con la Muerte. Después de muchos años de lucha con el alzhéimer este encantador hombre, vestido casi siempre de negro, con su sombrero de ala ancha, su gran anillo y su inseparable bastón con el pomo de plata representando una calavera con una capucha, se dirigió a su última cita. No debía hacerla esperar, sobre todo porque se había convertido en su apoyo, literalmente hablando. El jueves pasado Terry Pratchett conoció en persona a la Muerte y se fue con ella…

-BUENOS DÍAS, LE ESTABA ESPERANDO SEÑOR.

-No tienes que llamarme señor, en realidad hace muchos años que nos conocemos, aunque creo que nunca habíamos tenido el gusto de hablar.

-NORMALMENTE LA GENTE NO OPINA QUE HABLAR CONMIGO LES PROPORCIONE MUCHO GUSTO. ES CURIOSO. PERO SI LO DESEA, PODEMOS CHARLAR MIENTRAS LE ACOMPAÑO POR EL CAMINO.

-¿Será muy largo?

-BIEN SABE QUE NO, COMO SI NO LO HUBIERA DESCRITO OTRAS VECES. HMM… ¿DESEA SABER ALGUNA COSA MÁS ANTES DE IRSE?

-No tengo muy claro si deseo saber lo que ocurre. No me gustaría enterarme que mis lectores y mis personajes estén llorando. Yo nunca he escrito para hacer llorar, siempre he escrito para alegrar, hacer pensar y reflexionar. Aunque evidentemente, la fantasía y el humor muchas veces venían incluidos en el paquete.

-SE SORPRENDERÍA QUIZAS DE LAS COSAS QUE ESTÁN OCURRIENDO. LA NOTICIA EVIDENTEMENTE HA SALIDO EN LA PRIMERA PÁGINA DEL ANKH-MORPORK TIMES, LORD VETINARI SE HA ENCARGADO DE ELLO PERSONALMENTE.

-¿Lord Vetinari dando una noticia sin tapujos? Eso es digno de ver. Que pena que me lo haya perdido.

-LOS MAGOS ESTÁN REVUELTOS, POR UNA VEZ HAN DEJADO DE LADO SUS DISCUSIONES SOBRE EL SEXO DE LA GRAN A’TUIN Y HAN DECIDIDO QUE ESTO PODÍA SER MÁS DESASTROSO PARA EL MUNDODISCO QUE UNA COPULACIÓN CÓSMICA CON OTRA TORTUGA VIAJERA. PERO TRATANDOSE DE MAGOS… QUIEN SABE.

¡AH!, POR CIERTO. SE ME OLVIDABA. RINCEWIND PRESA DEL PÁNICO HA PREPARADO EL BAÚL DE VIAJE Y HA HUIDO DESPAVORIDO, AUNQUE NO TIENE MUY CLARO HACIA DONDE HUIR PARA PONERSE A SALVO. HA DECIDIDO BUSCAR REFUGIO EN EL DESPACHO DEL BIBLIOTECARIO. LUGAR QUE NO ACABA DE ENCONTRAR MUY A SU GUSTO YA QUE EVIDENTEMENTE, EL BIBLIOTECARIO HA PROTESTADO POR ELLO Y ADEMÁS DICE QUE ALLÍ DENTRO HUELE EXAGERADAMENTE A PLÁTANOS.

-Era de suponer, ¿Qué esperaba mi querido Rincewind metiéndose en el despacho de un orangután? ¿Qué oliera a espliego, lavanda y frambuesas varias?

-EL MUNDODISCO ANDA DESOLADO, REVUELTO PERO DESOLADO. LOS GREMIOS HAN SUSPENDIDO SUS LABORES, INCLUSO EL GREMIO DE ASESINOS HA RECIBIDO ORDENES DE NO EJECUTAR A NADIE DURANTE TODO EL DÍA PARA “LIBRARME” DE TRABAJOS INNECESARIOS QUE ME PUDIERAN ESTORBAR O NO PUDIERA DEDICARLE EL TIEMPO QUE SE MERECE. EN ESTO VETINARI HA SIDO MUY EXIGENTE Y CONVINCENTE. CREO QUE CUANDO LE DEJE A USTED ME PODRÉ TOMAR EL DÍA LIBRE, QUIZAS VAYA DE VISITA A VER A ISABEL Y A MORT, HACE TIEMPO QUE NO PASO POR SU CASA, SI TENGO SUERTE INCLUSO PODRÍA QUEDAR LUEGO CON SUSAN.

-¡¡¡Así que hoy no habrá asesinatos!!! Cuanto honor. Quien me lo habría dicho. Es curioso, muchos de los que recogerá mañana seguramente les hubiera gustado que yo fuera uno de sus dioses y mi vida fuera una continua reencarnación sin parar. Tal vez así la muerte de uno solo podría salvar a los demás. Pero dudo que el gremio de asesinos estuviera dispuesto a esperar tanto tiempo sin ingresos en caja y acabaran aburriéndose antes de que concluyeran todas las reencarnaciones.

La Muerte coge del brazo a su acompañante – CREO QUE CIERTAS PERSONAS HAN VENIDO A DESPEDIRSE DE USTED. NO ES MUY HABITUAL QUE ENTREN TAN DENTRO, PERO POR UNA VEZ LES HE DADO PERMISO PARA LLEGAR HASTA AQUÍ.

El hombre vestido de negro, con sombrero de ala ancha y un bastón coronado por un pomo en forma de calavera encapuchada, siente como algo se frota por sus piernas. Baja los ojos y se encuentra un gran gato gris al que le falta un ojo.

-Vaya, normalmente no hace amistades de una forma tan rápida con los desconocidos, aunque supongo querido Terry que tú nunca serás un desconocido.

El hombre llamado Terry levanta los ojos y ve cuatro figuras femeninas que se le acercan. Una de ellas muy dispuesta a llegar la primera, bambolea sus caderas de un lado a otro al andar y luce unos inusuales y llamativos botines rojos.

-Si creías que te ibas a ir sin que te hiciéramos el camino más llevadero aunque fuera durante un breve tramo es que no nos acabaste de conocer –dice la dueña del gato.

-Gytha Ogg, controla tus modales, que pensará de nosotras.

-Esme, ¿de qué va a escandalizarse si ya nos conoce? Que Sr. Pratchett, ¿hace una copichuela antes de seguir el camino? y luego dentro de un par de sorbos quizás le cante la canción del puercoespín para amenizar el paseo.

Terry se ríe. Yaya mira con desaprobación a Tata que ya está abriendo el petate. Un montón de hombrecitos azules salen de la nada.

-Gytha, ¿Qué va a decir la niña?

-La niña se ha criado en las Calizas, no se va a escandalizar por unas copichuelas. Por cierto, Sr. Pratchett ¿puede firmarme un autógrafo? Es para mí Jason, que es un fans suyo. Mire, me he traído una postalita para la ocasión, la he comprado mientas iba a casa de Esme

-¡Ajá! Así que toda la culpa no ha sido de Grebbo, ya sabía yo que te habías parado por el camino en algún sitio.

Las brujas empiezan a discutir sobre el concepto pararse por algo no estrictamente necesario. La niña no escucha. Tiffany Dolorido está mirando una figura que la observa desde la lejanía. Por un momento el aire se ha impregnado a Alegre Marinero.

La Muerte les observa perpleja, con esa cara que pondría una calavera cuando no quiere responsabilizarse de lo que ocurre a su alrededor.

Terry sonríe. Sabe que nadie podría tener una muerte tan agradable y tan divertida como la que le espera, aunque sólo sea durante un breve tramo.

Mientras nadie mira, el gran gato gris ha encontrado algo con lo que jugar y tal vez entretener el apetito. Un pequeño montón de huesos con la cuenca de sus ojos también azulada, con una mini capucha y una mini guadaña con la que se defiende mientras grita desesperadamente por su existencia antes de que se lo traguen.

– IIIIIIIIIIIIIIIIIIIHHHHHHHHHHHH, IIIIIIIIIIIIIIHHHHHHHHHHH.

Nota: Esta pequeña improvisación, porque no ha sido más que una pequeña improvisación, es mi homenaje particular a un escritor que lleva años en mi vida. Lo descubrí el día que empecé un libro que alguien me regaló titulado Mort hace ya ufff… demasiados años, tantos que no sabría situarlo. Después vino Buenos Presagios, libro que coautoró con Neil Gaiman. Desde entonces no he parado ni me canso de leer sus libros. Sus diálogos son fantásticos, muchísimo más que sus historias. En cualquier rincón de la narración te puedes encontrar una sentencia que sin duda propondrías para esculpirla en letras bien grandes en mármol. El problemas sería donde guardar tantas sentencias, porque aunque uno fuera más modesto y se limitara apuntarlas en una libreta, harían falta demasiadas libretas y aún así siempre nos faltaría alguna. Pratchett ha sido una persona que ha cambiado mi vida muchas veces. Cuando he tenido algún bajón me he refugiado en las historias de la guardia, en las aventuras de las brujas que siempre fueron mis preferidas, o en cualquier narración que tuviera lugar en alguno de los lugares del Mundo Disco. En casa tenemos varios estantes llenos sólo de libros de Pratchett y siempre hay un hueco reservado para los futuros libros que entrarán. Algunos de esos libros son de mi pareja y están en su lengua original, el inglés. Hecho que no le perdono a R. porque luego he tenido que comprármelos de nuevo en algún idioma algo más inteligible para mí.

Los que leéis este blog sabéis que algunas veces he hecho unas cuantas citas de este autor. No voy a negarlo, soy una de esas tantas personas a las que su estilo, su humor mordaz y su ingenio han conquistado. Me he rendido ante su arte y no me avergüenza decir que le debo mucho al bueno de Terry. Somos muchos sus seguidores incondicionales y se que sentiremos mucho su desaparición, aunque nos ha dejado un inmenso legado literario que de una forma algo particular, nos ayuda a ser mejores personas y saber disfrutar de la vida.

LAS VIDAS DE LA GENTE PASAN DELANTE DE SUS OJOS ANTES DE MORIR. EL PROCESO SE LLAMA ‘VIDA’.
— Terry Pratchett, El País del Fin del Mundo.

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El bañador de Terremoto y las lágrimas de mamá

9 Mar

Es muy duro ser padre de un niño con minusvalía. Eso nadie me lo puede negar. Personalmente, creo que es posible que sea un poco más difícil ser padre de un niño que tenga una minusvalía y que esta no sea apreciable a simple vista. Si además, el niño es consciente de que algo pasa pero no sabe que pasa y sufre por ello eso afecta aún más a los padres. La vida del niño no es tan fácil como la de otros niños que viven en su propio mundo sin importarles estas reacciones de los terceros, como te miran o lo que comentan de ti cuando creen que tú no les oyes. En nuestro mundo hay lugares habilitados para personas en sillas de ruedas. También hay algunos lugares, aunque menos, habilitados para invidentes. El ser un minusválido físico es (con permiso) una gran putada, porque la sociedad no se diseña pensando en que parte de sus habitantes son diferentes a los otros. Pese a ello es cierto que poco a poco las leyes de barreras arquitectónicas o las ofertas de viajes para invidentes son algo digamos menos anecdótico pero no generalizado. Aunque aún queda mucho camino que andar.

La sociedad se diseña pesando en las personas normales. Cuando alguien es distinto y esa distinción puede ser percibida visualmente, la sociedad “intenta” adaptarse a ellos. Una persona con Down tiene unas características físicas que hace que a simple vista puedas reconocerlos. La sociedad ya sabe que es un down, es consciente de sus limitaciones y no suele ir por el mundo poniéndoles obstáculos, haciéndoles putadas o burlándose de ellos, si lo haces realmente es que tienen pocas luces o al menos no debería hacerlo. Estas personas tampoco lo tienen fácil, pero son más toleradas e incluso aceptadas que antiguamente. Aunque aún queda mucho camino que andar.

Terremoto es un niño aparentemente normal. No tiene ninguna característica física que le denote nada en su contra. Terremoto es un niño que no tiene ningún impedimento físico para andar, moverse, vestirse, hacer deporte o viajar. Terremoto es un niño… o tendría que decir ya un adolescente, que sufre de problemas de espectro autista. No es un autista profundo, sabe hablar perfectamente y tiene ideas propias, habilidades e inquietudes, pero su cerebro funciona de una forma un poco particular. Cuando vamos a un sitio, se acerca a alguien o nos paramos a comprar algo, la gente no ve más que un hermoso adolescente, alto, robusto, un poco regordete, pelo liso y oscuro, profundos ojos castaños y con una pequeña trenza en la nuca de la que se siente muy orgulloso. La gente, no ve los problemas que su cerebro tiene para sentirse cómodo con su entorno, para expresarse, para comunicar sus inquietudes ni para desenvolverse en la sociedad. Aún le queda mucho camino que andar. Aún nos queda mucho camino que andar.

Es pues habitual que muchas veces ante una intervención de Terremoto o ante una reacción inesperada, tenga que ir luego (o antes) y advertir a esa persona que Terremoto es un adolescente con problemas de espectro autista. Por ejemplo, hasta hace muy poco el oculista no le podría pasar la página con las “E” abiertas hacia arriba, abajo, izquierda, derecha o el de las letras, sencillamente porque no tenía muy claro estos conceptos ni identificaba del todo bien las letras. Tenía que pasarle el test de dibujitos que pasan a los niños pequeños. Por ejemplo, si entraba en una librería y pedía libros sobre el oeste, los egipcios, los mayas, Juana de Arco o Napoleón, tenías que pedir al empleado un libro sobre el tema que él quería pero presentado y explicado de una forma menos densa y a ser posible escrito con letra mayúscula. Una verdadera misión casi, casi imposible. Porque si no conseguías advertir al empleado ese le sacaba unos libros de ese tema pero pensados en alguien de su edad, densos y sin problemas de comprensión alguno. Si ibas de viaje y el niño colapsara por el cambio de rutina y te montaba un numerito en el taxi o en la recepción del hotel, tenías que justificarte para evitar que el personal creyera que estabas secuestrando a ese niño y acabaran llamando al 091 para denunciarte. En fin, que la vida de los padres no es tampoco ningún jardín de rosas ni un paseo por un parque. Nos sentimos a menudo incomprendido, solos, teniendo que disculparnos o teniendo que dar a menudo algunas explicaciones para evitar males mayores e intentando al mismo tiempo que estas circunstancias afecten lo menos posible a nuestros hijos. Aún me queda mucho camino que andar… Realmente. Aún nos queda mucho camino que andar.

Hola a todos. Hace una temporada que hablo poco de Terremoto. Aparte de que hemos estado muy liados, como os voy contando, también se ha debido a que esta adolescencia nos ha pillado algunas veces un poco descolocados. Tengo la impresión de que actualmente no estoy para contar nada de mi hijo mayor porque pienso que estamos en un momento de transición y quiero esperar a ver como acaba esta transición y tener una visión mejor de todo para saber explicarlo. De momento os diré que Terremoto ya ha cumplido los dieciséis años, que le hemos comprado un móvil porque quiere empezar a ir sólo por la calle y en bus, así que hemos tenido que poner facilidades para ello. Aunque eso os lo contaré otro día. Terremoto también se ha vuelto algo más irritable, más hormonal con los típicos momentos eufóricos y depresivos de la adolescencia. Su cuerpo ha empezado a cambiar y él se da cuenta de estos cambios, algunos los acepta, otros le han costado más aceptarlos y otros no los acaba de entender, lo que le trastorna y pone de mal humor. Mi hijo es un adolescente con problemas de autismo y eso es muy jodido tanto para él como para nosotros.

Hay una cuestión que hace tiempo intentamos controlarle a Terremoto, ya no sólo por un problema estético, sino más bien por un futuro problema de salud. Terremoto adora la comida. La comida es como un tótem para él. Terremoto no come para vivir, vive para comer. La comida le pierde, pero no la disfruta, la engulle. La traga. Es imposible que pueda disfrutar del sabor, la textura o el aroma de los platos a la velocidad que los devora, o eso creo yo. Engulle una ración más que razonable y algo generosa, pero evidentemente, pese a que cada día le repetimos el mismo mantra de “come despacio, mastica bien y disfruta de la comida”, nosotros no nos hemos acabado de sentar, coger la cuchara y probar un par de raciones y él ya ha devorado todo el plato y exige algo más. Es una lucha que llevo librando desde hace años y no logro controlar. Si sólo se tratara de una forma de comer no me preocuparía tanto, pero cuando los problemas de salud pueden intervenir es cuando esta preocupación se convierte en lucha y en problemas y conflictos. Terremoto tiene sobrepeso, eso no es un secreto. Además algunos de los medicamentos que toma tienen el problema de abrirle aún más el apetito. Eso hace que siempre te pida más, que siempre intente añadir algún plato más, que siempre te pida para ir a algún restaurante tipo self service para repetir y ponerse en el plato lo que él quiera, que muchas veces lo hayamos pillado robando comida de la despensa o con los envoltorios en la papelera de su cuarto, que cada día inspeccione bien escondido, bien descaradamente, todos los cajones y estantes de la cocina e incluso mi bolso por si pudiera tener algo de comida oculta dentro. Que alguna vez que hemos ido a algún evento y no le hemos controlado todo el tiempo, ha comido tanto que luego acaba vomitando del empacho que se ha pegado en nada. Si esta circunstancia no se trata a la larga puede acabar además de con problemas de obesidad mórbida, con problemas de tensión alta, colesterol, diabetes o problemas cardiacos y esta madre que escribe no está dispuesta a consentir esto ni mucho menos. No mientras pueda seguir haciendo cualquier cosa para evitarlo, que a cabezota no me gana mi hijo.

Este último año Terremoto se ha adelgazado un poco. Bueno, maticemos, adelgazar lo que se dice adelgazar no es que se haya adelgazado demasiado, sólo un poco. Intentamos ponerle a dieta y fue la causa de sus primeras y más sonadas crisis de adolescencia. Llegaron a tal altura que la misma neuropediatra que nos había pedido que lo pusiéramos a dieta nos dijo que nos olvidáramos y sólo intentásemos controlarlo para que no aumentara más. Lo que le ha pasado a Terremoto ha sido que ha dado un estirón. El peso más o menos lo ha mantenido, con muchas dificultades y mucho machaque por nuestra parte e incomprensiones por la suya. La jugada nos ha favorecido al haber crecido unos diez centímetros en un año, lo que ha compensado su silueta. No nos tenemos que dormir en los laureles, porque él cada día hace todo lo posible por meter alimentos en su cuerpo y volver a desequilibrar el posible equilibrio conseguido y esto sigue siendo una lucha diaria. Terremoto también tiene un defecto, aunque sea hiperactivo es un vago redomado en muchas cosas. Se que eso parece una incongruencia, pero es así. Le cuesta mucho animarle a hacer ejercicio y cuando lo hace no es que se mate demasiado, vamos que su señora madre que está más tocada de la columna, con hernias varias y más cerca de los cincuenta que no de sus dieciséis, tiene más aguante y me muevo mucho más que mi primogénito. Es cierto que en el cole hacen un día a la semana gimnasia, es cierto que le gusta jugar a básquet (yo nunca he visto un partido suyo, pero cuando ha jugado conmigo tampoco se despeina mucho). También un día a la semana hacen natación y es cierto que alguna vez va a entrenar para alguna competición, pero cuando uno lo ve en los entrenos y en las competiciones, no acaba de entender porque le han puesto allí, porque en comparación con los otros chicos, tiene el contorno de un manatí y el estilo de un cuadrúpedo. Incluso su madre que en eso de nadar no tiene mucho estilo, lo hace mejor, con más soltura y rapidez, que en mi caso ya es.

Hace unas semanas, acudí al cole de Terremoto porque la enfermera me había llamado para verme. Cuando Terremoto tuvo sus crisis, enfocó parte de sus nervios escarbándose las uñas de los pies. No nos había dicho nada e iba aguantando, hasta que un día nos lo enseñó. Tenía unos uñeros en ambos dedos pulgares de los pies que le sangraban y que llevamos desde entonces intentando curarlos. En algún momento hemos conseguido sanarlos. Conseguimos que la uña vuelva a crecer y no le moleste. Pero luego si se vuelve a poner nervios, por la noche, se escarba y a la que nos damos cuenta volvemos a estar como al principio. La doctora dice que si no se le cura tendremos que operar y quitar las uñas o al menos una parte y eso me suena muy jodido. Así que la enfermera del cole me citó para darme una serie de explicaciones de cómo tenía que hacerle esas curas cuando me encontraba con dicha masacre en sus carnes. Mientras hacíamos la visita, la enfermera le pesó y le midió y empezamos a plantearle entre las dos la necesidad de hacer algo más de ejercicio por su bien y también para que sus pobres pies no tuvieran que aguantar tanto peso y se le curaran mejor los dedos. Miren ustedes por donde, en ocasiones te pasas toda la vida diciendo una cosa y un día otra persona te dice lo mismo y ese día cuela, o bien estuvo más concienciado o vayan ustedes a saber que pasó en ese momento por su cabeza que Terremoto dijo que estaba de acuerdo y aceptaba. No perdí ni un momento y llamé a la asociación donde le dan ocio. Lo apuntamos los lunes por la tarde a ping-pong y luego algo de básquet y los sábados por la mañana a natación.

Hace dos semanas le hicieron una prueba para ver a que nivel de natación estaba. Al acabar la clase, nos dijeron que el bañador que llevaba no era el más adecuado y que debía comprarle otro más ajustado y más cómodo para nadar con algo de velocidad. Así que salimos de allí y nos fuimos directos al Decathlon.

Lo de probar bañadores es un suplicio, le aburre, se cansa de ponerse y quitarse prendas, posa de mala gana, se lo coloca mal. Al final una acaba embutida dentro del probador tirada por los suelos y mirándole como le queda cada uno. Me decanté por un modelo, pero al ir a pagar vi que no era del material que me habían pedido y lo dejé. Encargué a su padre que mirara en otras tiendas que hay cerca de su casa y yo haría lo mismo en unas de deporte cerca del trabajo. Yo no encontré nada, al menos de su talla. El viernes siguiente no hubo clase. Mi ex se quedó en casa de canguro con los dos peques. Me llamó un poco antes de salir yo del trabajo y me dijo que se había olvidado comentarme que al lado de su casa no había encontrado nada y que fuera de nuevo al Decathlon a buscar el que le habíamos probado que siempre le iría mejor que el que tiene. Así que el viernes pasado cuando salí del trabajo me acerqué en coche y fui directamente al pasillo en cuestión. El susodicho bañador estaba muy alto y yo, que soy más bien versión taponcito, no alcanzaba ni poniéndome de puntillas. Le pedí a una empleada si me podía dejar un taburete. La chica me cogió el bañador y yo me quedé pensativa, porque me había dado la impresión de que cuando se lo había probado le venía algo ancho, aunque vistas las facilidades que daba en el probador y que se había quejado de la talla inferior pues habíamos decidido que este era el mejor. Me acerqué a la chica y empecé a hacerle preguntas sobre el tipo de tejido, si le serviría, que consideraba ella de la talla, porque se lo había probado la vez anterior… no es que ella me preguntara porque no volvía con Terremoto, pero me pareció que ir de esa forma y someterla a ese interrogatorio habiendo venido antes y habiéndoselo probado antes, merecía una pequeña explicación. Entonces le dije

– “Lo siento por todo el lío que te estoy montando, se que lo mejor sería volver con mi hijo, pero tiene problemas de espectro autista y…”

Entonces, ante mi sorpresa, la chica acabó la frase diciendo

-“… y cuando les cambias las rutinas no se sienten cómodos, el tener que estar todo el tiempo poniendo y quitando ropa no les gusta, se incomodan, no perciben las cosas como nosotros ni sienten de la misma forma se irritan y pueden acabar bloqueados. Lo entiendo”

Yo me quedé parada. No podía creer lo que me estaba diciendo. Creo que tardé unos segundos en reaccionar.

-“¿Conoces algún autista?” –le pregunté.

-Sí – me contestó- Si entran en un sitio que no controlan y sobre todo si hay mucha gente pueden empezar a descolocarlos, luego el tener que probar prendas una tras otra les agobia y al final pueden ponerse muy nerviosos, colapsan y tienen una crisis. Mi consejo es que te lleves la talla que le probaste y esta que es sólo media talla menor. Pruébalas tranquilamente en casa y luego tienes un mes para devolver la que no le siente bien”

Yo casi no podía creer lo que me decía. Debí parecer una idiota porque en ese momento me sentí por primera vez en todos estos años comprendida. Por una vez no me sentía sola. Estaba contenta y eufórica y no hacía más que repetir “pero tú me entiendes, tú me entiendes” Por un momento pensé que es posible tener un futuro. Por un momento pensé que pese a todos los obstáculos que va a tener mi hijo puede tener un futuro. Estaba entusiasmada. Cuando me metí en el coche unas lágrimas de alegría empezaron a escaparse a chorros por el lateral de mis ojos. Por una vez, alguien me había entendido perfectamente, tenía una idea de cuales eran mis dificultades como madre y cuales eran las dificultades de mi hijo y eso fue muy importante para mí.

Unos días antes de lo que os acabo de narrar, tuve que pasar por mi seguro médico para visar unos papeles. Tuve que ir dos días muy seguidos por unas cosas burocráticas. La chica que me atendió ya conoce a Terremoto desde hace años, al menos por los papeles de los especialistas que llevo. Me había comentado que justamente el día que tuve la fiesta de carnaval de Tsunami, en un cine de Palma proyectaban esa tarde un documental sobre aspergers. Yo, evidentemente, no pude ir. La chica, había guardado el ticket con el nombre del documental para dármelo. Sacó su cartera y me lo entregó. Me dijo que se había emocionado muchísimo, que conocía muchas cosas pero que había aprendido un montón. Me comentó que muchas cosas que se narraban también podían servir para personas sin ningún tipo de autismo, para las personas normales. Hace unos días vi el trailer de ese documental, me emocionó tanto que tuve que pararlo y volver con él el día siguiente ya más mentalizada para asumir lo que contaban sus protagonistas. Aunque Terremoto no sea asperger, le vía en esos chicos. Oír lo que ellos sentían y pensaban me emocionó. El documental se titula “Planeta Asperger”. Ayer me encontré en el periódico un artículo sobre otros micro-documentales sobre el tema se titula El viaje de María…

… No sé. Me gustaría pensar que más que una coincidencia, es que el camino está empezando a dar un pequeño paso. Aunque soy realista y sé que nos queda mucho camino que andar.

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Prueba superada. La vida existe después del verano

18 Sep

Es cierto que mi vida nunca ha sido de lo más sencilla que digamos, pero en los últimos años, se han abierto muchas ventanas. No son ventanas corpóreas, ni esas que te proporcionan una saludable brisa, experiencias, oportunidades y bienestar. No. Son ventanas en las que a golpe de portazos llegan a tu vida un montón de dificultades, problemas y vicisitudes que llevas como buenamente puedes y que hacen que pidas a gritos que se vayan cerrando de una vez por todas o que entren menos ráfagas monzónicas por ellas.

En estos últimos meses he ido adquiriendo sin saber muy bien porque ni cuando, una nueva costumbre. De golpe me di cuenta que cada vez que lograba o finalizaba algo decía “bueno, prueba superada”. Sé que es una tontería, pero hacer eso me produce una cierta satisfacción, me relaja, estoy contenta de saber que algo se ha solucionado o concluido, aunque fuera una situación tan absurda como hacer todas las lavadoras pendientes a tiempo, llegar con éxito de un día en la playa con los peques, organizar una cena con los amigos o meterme en la cama y ver que ese día movido había concluido sin bajas demasiado importantes. Podríamos decir que ante tantas ventanas abiertas, era un nuevo modo de ver las cosas y afrontarlas. También no sé muy bien que día de este verano empecé a tomarme las mañanas y las noches de otra forma. Respirar el aire matutino aún fresco y suave y sentirte afortunada por ello. Ver el rojo de la salida del sol en el cielo mientras conducía hacia el trabajo, algo hermoso aunque te deslumbre un poco. Escuchar el ruido del viento en las hojas de los árboles, una melodía donde las haya. O, respirar varias veces bajo las estrellas antes de entrar en el dormitorio por la noche, toda una gozada a la hora de empezar a recargar las pilas, oigan. También cuando dejaba el coche y entraba en el trabajo en ese pequeño trayecto a pie, canturreaba aquella cancioncilla de Serrat que como no conozco del todo la letra empecé a medio inventármela adaptándola a mis propias necesidades formando una nueva auto versión que rezaba “Hoy puede ser un gran día plantéatelo así, lo que ocurra esta mañana depende en parte de ti. Asume sólo lo que puedes y no desesperes si algo no anda bien. Hoy puede ser un gran día duro a por él”.

Poco a poco estas pequeñas dosis de optimismo hacían que mi humor mejorara, que viera las cosas de otro color, que las fuerzas no me dejaran del todo y que empezara a pensar que para disfrutar la vida con las cuatro cositas bellas que tenemos a nuestro alrededor hay más que suficiente para empezar. Pues bien, al fin después de este verano, algunas de esas ventanas tan molestas como una mosca cojonera en pleno agosto, se han cerrado al fin y hemos conseguido superar unas cuantas pruebas. Por supuesto, de una forma más airosa o más improvisada, hemos salido victoriosos de los típicos problemas que te plantea el verano cuando una familia, sin refuerzos, tiene que cubrir dos meses y tres semanas de vacaciones escolares pudiendo coger sólo uno de ellos un mes de vacaciones, todo un despropósito para las matemáticas, oigan pero se consiguió y con nota.

Estos días,  he descubierto que la vida existe después del verano y que será bella o al menos maja dependiendo de nuestra capacidad de seguir afrontando los nuevos retos y de aprender de los anteriores, pero sobre todo de saber disfrutar de lo obtenido, las cosas que nos rodean y en ocasiones ni reparamos en ellas ni apreciamos.

Al empezar el verano, sabía que iba a postear poco, pero sinceramente, no creía en ningún momento que postear poco implicara que ni tan siguiera tuviera oportunidad de colgar una triste entrada y eso que tenía una acabada y sólo tenía que buscar ilustraciones para publicarla y ni eso pude, snif, snif, que triste, así que la reservaremos para otra ocasión.

Los que seguís el blog sabéis que este año Terremoto se zambulló por primera vez y de forma real en lo que llamaríamos el mundo de la adolescencia, de hecho él mismo se denomina ya un chico adolescente, término que hasta ahora rechazaba con auténtico pavor. También sabéis por lo que he dicho que estos primeros seis meses del año han sido agotadores, traumáticos y muy complicados. Como dice nuestra neuropediatra, “si la adolescencia de un niño normal es jodida, la de un niño con problemas de espectro autista ni te cuento, bienvenida a una adolescencia normal de un autista”. Yo me quedé patidifusa, porque me esperaba algo movido, pero en ningún momento mis quince años de experiencia maternal y mis doce años de experiencia de madre de un niño con T.G.D. me habían preparado exactamente para eso y creo que mi hijo tampoco estaba preparado para sus reacciones. Terremoto es más feliz cuando todo está calmado y él no se encuentra violento. Pero, el parque de atracciones hormonal de estos años hizo sus estragos y sus episodios violentos fueron muy constantes y chungos. Por suerte para nosotros, Terremoto no es aún consciente de la enorme fuerza física que tiene, ni de que ya me supera de un buen trecho a mí y que incluso ya es más alto que su padre. Por suerte para nosotros, cuando la situación estaba muy desesperada yo afirmaba sólidamente mis cuartos traseros en el suelo y le plantaba cara. Eso, le acojonaba, y luego podía dominar la situación hasta que lograba que se tranquilizara o que no se escapara. Esta situación, al  menos de momento, porque con estos chicos nunca se sabe y tienen altibajos cuando menos lo esperas, ya está bastante dominada.

Parece que Terremoto ha empezado a asimilar que su cuerpo es un cuerpo de adolescente y no lo rechaza. Parece que Terremoto empieza a madurar un poco y atiende mejor. Parece que Terremoto empieza a aceptarse e ir evolucionando menos violentamente. Al final hemos conseguido ese pequeño apoyo de la medicación justa que le proporciona un poco de estabilidad, que no lo atonta para nada, no os asustéis, pero que le da esa química que su cerebro necesita para funcionar de manera normal. Terremoto se ha vuelto un joven más disciplinado que se interesa mucho por sus deberes y se esfuerza a su modo. Este año ha empezado a leer por sílabas y a escribir, todo un avance impresionante. La fase de comprensión de la lectura aún la falla un poco pero todo irá llegando poco a poco, de momento es todo un triunfo. Hemos ido introduciendo algunas tareas de casa y ha estado bastante pendiente de su hermano, lo cual me ha dado una gran ayuda. Se ha vuelto un presumido con la ropa, empieza a tener un estilo. Se ha dejado una pequeña trenza en la parte de atrás. Al principio su padre no veía eso con buenos ojos, pero yo le hice la siguiente reflexión: Prefiero guardar la artillería pesada para el día que nos diga que piensa tatuarse su cuerpo como un cuadro de Matisse o perforarse las orejas como Hellraiser, a ponerme chula por una trencita discreta que se puede cortar cuando él se canse. Además, tengo que reconocer que la trencita me gusta y él se siente muy mayor y satisfecho de poder llevarla. Me encanta ese conato de rebeldía y personalidad que ha adquirido con un mechoncito de pelo sin cortar. Terremoto ha empezado el curso muy interesado, llevaba todo el verano con ganas de comenzar. Mis churumbeles no son fervientes devotos de las vacaciones, tantos días les aburren. Tsunami lleva medio verano diciendo que lo mejor sería un mes de vacaciones y luego el otro mes repartirlo durante el curso con algunos días de tanto en tanto junto a un fin de semana para descansar… que sabio que es mi niño. Así que de momento parece que la ventana que se abrió porteando a lo bestia con la adolescencia de Terremoto, más o menos se ha cerrado y hemos conseguido ir evolucionando con normalidad. ¡Prueba superada!

También otro de los problemas que se han acabado estos meses ha sido el de las goteras de casa. Sin duda recordareis aquel lejano post y aquella foto en la que teníamos el colchón y los muebles de dormitorio tirados en medio de la sala y donde estuvimos durmiendo durante nueve largos meses como unos jipíes en Woodstock. Pues bien, al final se consiguió hacer las obras en las terrazas que eran las que nos daban humedad y se supone que ahora las filtraciones y las cascadas han desaparecido. Sólo quedaba pues arreglar tres habitaciones de nuestra casa que eran las afectadas, la sala-comedor-despachito del mister, que es grandecita y los dormitorios: el nuestro y el de Tsunami.

Nosotros seguíamos durmiendo en el suelo de la sala porque de la humedad y el moho que había cogido una de las paredes de nuestra habitación yo no podía estar allí dentro más de diez minutos sin que empezara a tener un ataque de alergia. Al final veía que eso de conseguir que se arreglara mi casa también iba para rato (lo de las goteras empezó en enero de 2010 y hasta este año no se ha arreglado) así que le propuse al administrador que yo adelantaría el dinero de la reparación de mi casa y que luego se me paga o se me eximiera de pagar comunidad durante unos añitos. Dicho y hecho encontramos un pintor que lo ha hecho por un precio muy razonable. Durante una semana mi casa ha sido un campo de batalla. Pero antes había que desmontarlo todo, otra vez. Digo otra vez porque llevo tres años de mudanza veraniega. El primero el año en que realmente nos mudamos al piso. Al año siguiente tuve que desmontarlo todo porque había que cambiar el parqué y este año vuelta a desmontar por las goteras. Vaya rollo.

Así que nos fuimos de “okupas”. Otra vez tuve que embalar todas las pertenencias familiares y los interminables libros de la librería para que pudieran arreglar los techos y pintar. Luego tocó limpiar. Para mi sorpresa y en comparación al año pasado que quedo todo hecho una auténtica guarrada, esta vez ha resultado algo relativamente fácil. El pintor me dejó la casa bastante limpia y no tuve que pasarme días y días quitando polvo y salpicaduras. Luego tocó desembalar lo recientemente embalado y volver a ir colocando cosas. Tened en cuenta que esto lo hacía al salir del trabajo una hora suelta antes de ir a buscar a los peques de las respectivas escuelas de verano. Embalar me llevo un mes, pintar una semana y acabé de recolocar la última cosita justo el día antes de que empezara mis días de vacaciones con mis chicos. Ha sido algo estresante, pero finalmente puedo decir que: ¡¡¡Habemus prueba superada!!!!

Hoy tenemos una casa normal, corriente y moliente. Con su techo blanco y sus paredes normalitas. Y lo mejor de todo, con mis muebles en el dormitorio y ya podemos dormir en una cama normal y no en el suelo. ¡¡¡Yuuuujuuuuuuuu!!!

El único problema es que la zona donde estuvimos tanto tiempo con el colchón en el suelo el parqué parece que se ha separado un poco, supongo que debió coger un poco de  humedad, porque al quitar el colchón nos encontramos con que la funda había enmohecido por abajo y tuvimos que comprar fundas nuevas.

Ahora, cuando abro los ojos y veo mis cuadros y mis cortinas y mi lámpara me siento la persona más feliz del mundo pudiendo dormir en nuestro propio cuarto, parece una gilipollez, ¿a que sí? Pues es una auténtica gozada.

El verano ha pasado y me había dejado dos días de mis vacaciones para acabar de arreglar cosas. Una para el día en que empezaron el cole los peques (el viernes pasado) y otra para el siguiente lunes. Tenían que ser dos días para mí, pero, pero, pero. Al final el cole de Tsunami ha empezado con un día de huelga, el lunes. Si señores, la situación educativa en Baleares sigue cutre bananera, nuestro querido presidente y su consejera de educación siguen enrocados y esto se presenta chungo, supongo que recordareis las entradas que hice en su momento el año pasado sobre este tema.

Pero a lo que íbamos. El viernes, después de dejar a los peques en sus respectivos coles, me quedé a arreglar cositas pendientes. Luego, decidí darme un premio, porque me apetecía, porque soy así de chula y porque yo lo valgo. Me acerqué a la playa. Hacía más de veinte años que no iba a la playa sola y fue una gozada. Solo pude estar una horita escasa pero aproveché para entrar tranquilamente en el agua, sin tener que hacerlo corriendo detrás de un niño, llevando una barquita hinchable en una mano y acabando de embadurnarme la crema solar en la cara con la otra, mientras busco donde se ha metido el hermano mayor. Pude respirar hondo la brisa marina que tanto me ayuda cuando estoy decaída y lo mejor de todo pude nadar a mi gusto. Descubrí que mi cuerpo ya no se asemeja en nada al de una grácil sirena como antaño cuando me pasaba casi todo el tiempo buceando. Creía que mi cuerpo era ahora más semejante al de una foca, pero las focas son torpes en tierra firme, pero nadar, nadan con gracia. Hacía tanto tiempo que no nadaba libremente y a gusto que mi grasa me hacía flotar de una forma harto extraña y se asemejaba más al desplazamiento de un manatí. Pero disfruté haciendo el manatí entre las olas durante unos minutos y luego me salí, caminé por la orilla hasta que me hube secado y regresé a casa. Ese día apenas tuve  tiempo de comer sólo un yogurt, pero valió la pena.

El lunes siguiente decidí que Tsunami se quedaría conmigo y tendríamos un día madre-hijo. Es curioso pero como Terremoto funciona mejor conmigo, he tenido muchos días de madre-hijo con Terremoto. Tsunami siempre los tiene con su padre. Esa mañana cuando hube dejado a Terremoto en su cole le digo a Tsunami “sabes que cariño, hoy será un día sólo para los dos”. En ese momento descubrí en mi hijo una faceta manga que desconocía. Sus ojos de por sí grandes, se agrandaron más y se le iluminaron con chiribitas. Sus labios dibujaron una enorme sonrisa que llegaba de oreja a oreja. Seguidamente,  soltó un grito de alegría y se me agarró y abrazó como si lo hubieran pegado con cola. Ver esa transformación valió la pena. Ese día nos fuimos a un parque, luego fuimos solitos a lavar el coche de mamá a golpe de jugar con la manguera y el jabón. Luego nos acercamos los dos a la playa. Para acabar, al llegar a casa, tocó ducha con todos sus animalitos dentro y unas tiritas de pollo rebozado que le hizo mami mientras se daba el baño. Cuando estaba en el baño Tsunami me dijo que ese había sido el mejor día de toda su vida… Creo que tendré que abrir una ventana nueva, una de esas de cosas buenas que hacer con tus peques y espero estar muchos años a poder decir que esta nueva prueba ha sido superada.

Por cierto, hoy este blog cumple dos años ¡Prueba superada!

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Cuestión de dedos: la mecanografía, esa gran olvidada.

12 Mar

Como diría el refranero español, hoy vamos a poner una pica en Flandes y es que os vamos a hablar de una materia que actualmente está muy olvidada y que precisamente por los derroteros por los que avanza nuestra sociedad tendría que ser de candente actualidad. Bueno, tal vez me he pasado un poco con eso de candente, pero que tendría que tenerse más en cuenta de lo que se tiene, eso sin dudarlo. Estamos hablando nada más y nada menos que de nuestra ancestral, mohosa y polvorienta mecanografía, esa gran olvidada.

A lo largo de mi carrera académico/profesional una ha tenido que hacer toda una serie de estudios que o bien fueron interesantísimos o bien unos auténticos tostones. También estos estudios se pueden medir según el grado de utilidad posterior, algunos fueron ultra provechosos y otros lo justo para tener el titulín que te daba puntos para lo que fuera. No siempre el grado de disfrute durante su estudio y el provecho que luego he sacado de ellos han ido de la mano. La mecanografía fue uno de ellos.

En casa de mis padres había una máquina de escribir, una de esas mastodónticas de hierro fundido y esmaltadas en negro mate, una máquina de esas que sale en las redacciones de los periódicos o en las oficinas de los detectives privados de las pelis de blanco y negro de los años treinta. Era una Hispano Olivetti M-40, una preciosidad de máquina. Mi padre se la compró hacía lustros a un señor que tenía una academia de mecanografía. Mi padre cuando llegó de Francia a Mallorca con quince años tuvo que aprender el idioma y sacarse los estudios en horario nocturno, por el día ayudaba en los ultramarinos que tenían mis abuelos. Mi padre siempre fue de esos que creía que con estudios se podía llegar a algo y que mejor tenerlos y emplearlos cuando fuera tu momento que no quedarte sin momento porque no los tenías. Así que mi padre cuando hubo acabado el bachillerato se empezó a sacar cursos de contabilidad, taquigrafía, inglés y mecanografía entre otros. Años después ese esfuerzo se vería compensado, pero entonces aún no lo tenía claro y él mismo se pagaba esos estudios con el dinero que podía ahorrar, que no era mucho. Supongo que el comprarse esa máquina entonces le supuso un esfuerzo titánico. Aprovechó cuando el señor que le enseñó renovaba máquinas. Este señor le había cogido cariño y le seleccionó la mejor del lote y se la dejó, no recuerdo por que precio me dijo. Así que una de las aficiones de mi niñez fue aporrear esa máquina e ir jugando a que era una intrépida reportera, secretaria, novelista, aventurera, profesora o cualquier cosa en el que el uso de la máquina tuviera algo que ver. ¿Qué niño hubiera podido resistirse a ello?

Un día mi padre me sacó su antiguo manual de mecanografía. Debía pensar que aprovechando la fetichista atracción que la máquina ejercía sobre mis deditos era una buena forma de conseguir que aprendiera a manejarla. Pero aquí se equivocó. No se le puede dar a una niña de diez años un manual amarillento y polvoriento del año catapúm chimpúm diciéndole  “ahora léete esto y ponlo en práctica”. Porque sinceramente, la chispa que tenía el ser era una intrépida reportera, secretaria, novelista, aventurera, profesora o cualquier cosa en el que el uso de la máquina tuviera algo que ver, perdía de golpe todo su encanto. Así y todo, una era por esa época una niña buena que no quería defraudar a su papá, amén que en ocasiones se me sentaba al lado para ver los progresos que había hecho su niñita. Desde entonces mis visitas a la máquina tenían dos momentos, el coñazo del qwert poiuy y los divertidos de redacción y desenfreno sin límites. Con el tiempo,  fui desarrollando una cierta soltura que me permitió escribir con bastantes dedos, no todos, pero sí con más de dos dedos.

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Todo esto me fue de gran provecho cuando fui a la facultad, porque allí nos hicieron hacer diversos trabajos. En esa época, cuando yo era universitaria, los ordenadores personales no estaban al alcance de todos. Unos pocos/as privilegiados tuvieron alguno en los dos últimos años, pero en esa época los trabajos se hacían en máquina de escribir y luego si querías quedarte con una copia o bien ibas a la imprenta y lo fotocopiabas o bien hacías una copia en papel carbón cuando los tecleabas.

Cuando acabé la facultad estuve trabajando unas cuantas temporadas en archivos municipales, pero eso me cansaba. Era un trabajo poco estable que suponía un gran desplazamiento cada día y tampoco es que estuviera tan bien pagado. Cuando acabábamos las campañas de archivos teníamos que hacer un inventario y ese inventario, evidentemente, aunque la administración ya tuviera ordenadores, era hecho en máquina de escribir. Vamos, que me pegué unas palizas de máquina impresionantes, además de las palizas de coche. Por ese motivo, cuando ya llevaba hechas dos campañas de archivos y tres archivos ordenados a mis espaldas, decidí que quería buscar otro trabajo. Aprovechando un cursillo del INEM tuve que hacer unas prácticas, a mí me tocó en el departamento de personal del Ayuntamiento de Palma. Allí conocí a un señor que preparaba para los exámenes de auxiliar administrativo. Me pareció un cambio interesante. No es que de auxiliar se pudiera sacar mucho jugo a mis cinco años de carrera, pero como decía mi padre es una forma de tener algo fijo y luego ya te dedicarás a ir buscando algo mejor. De esta forma, sin comerlo ni beberlo, entré en el mundo del sistema funcionarial y de las oposiciones. Empecé como auxiliar administrativa chusquera interina y con el tiempo y tras siete oposiciones he acabado de técnico de biblioteca, así que también tengo un master en preparar oposiciones y espero no tener que hacer nunca un post-grado, para mí se han acabado a ser posible para siempre.

Las primeras oposiciones a las que me presenté y que al final me suspendieron en el último examen fueron las de auxiliar del Ayuntamiento de Palma. En ellas una de las pruebas más temidas era precisamente la primera de todas. Señoras y señores, el Ayuntamiento de Palma tenía (desconozco si aún la tiene) una prueba de mecanografía en la que te exigían un mínimo de 250 pulsaciones por minuto.  Esta era la primera prueba y eran excluyentes, así que uno ya podía ir bien preparado en derecho administrativo, informática, catalán o taquigrafía (esta última no era obligatoria pero daba puntos) que si no pasabas la máquina ya no te examinabas de las demás. Como os he dicho, yo no lo hacía del todo mal, empleaba ambas manos y bastantes dedos de cada mano, tenía mi velocidad y muchos años de experiencia, pero reconozcámoslo, no daba la talla para afrontar un examen de ese calibre. Así que mi padre me llevó a la academia donde él había estudiado de joven, que ya no regentaba ese señor sino su hija y su nieta.

La hija era una señora espigada con la espalda muy tiesa como si se hubiera tragado un palo, pelo blanco inmaculado de peluquería y laca, gafas de metal dorado y unos joyámenes de bisutería con collares, pulseras, pendientes y anillotes de cualquier forma y estilo menos discretos. La hija era más normalita, no tenía ni el glamour ni la vetustez de la madre, sinceramente, no la recuerdo, pero es que uno tenía que ser muy especial para destacar al lado de esa mater.

La academia bien podría haber sido la misma que en tiempos de mi padre, salvo porque las máquinas eran más modernitas y tenían una pantalla en cada cubículo. Estaba situada en pleno casco antiguo, en una bocacalle estrechita y sombría de una de las avenidas principales. Concretamente en un entresuelo poco señalado y con una escaleras también estrechas y oscuras. Los sábados por la mañana, madrugaba bien prontito porque a las ocho tenía mi clase. Daba dos seguidas porque el resto de días no podía ir. La academia era una gran sala que si no fuera por los fluorescentes del techo hubiera sido también lúgubre y oscura como el resto de decorado que la rodeaba. Había un montón de filas con unos cubículos numerados como si fuera para telefonistas de pelis de blanco y negro. El mueble era de madera maciza en color roble viejo oscurecido, pulido y brillante por el paso de los años, daba gusto acariciarlo, tenía ese tacto especial que sólo se consigue tras muchos años de roce. En un lateral, separando la zona de máquinas de la zona de” las señoras”, había una enorme estantería también vetusta y con solera, con columnas entorsilladas. En ella un modelo de cada una de las máquinas que habían pasado durante años por esa dependencia, junto con los antiguos manuales y otros objetos decorativos dignos del más preciado de los anticuarios. A mí esa estantería me tenía enamorada, era una auténtica pasada y me gustaba mirarla cuando pasaba a su lado. Luego nos sentamos y descubrí, pese a mi arrogancia inicial que creía que yo debía saber mucho, que no sabía tanto como creía. Más bien tenía que olvidar lo aprendido y volver a empezar desde un principio. Así que durante semanas los ejercicios de qwert poiuy volvieron a serme demasiado habituales. Estos ejercicios aparecían en la pantalla que teníamos delante, así evitábamos mirar el teclado y más tarde aprendí a transcribir directamente un texto mirando única y exclusivamente el texto. Cuando los ejercicios de qwert poiuy acabaron, empezamos con las frases con signos de interrogación, de exclamación, frases con cifras, con decimales, con tabulaciones… luego llegaron los textos. Soporíferos como ellos solos, aburridos para cualquier chica de veinticinco años un sábado por la mañana. Recuerdo especialmente uno que les encantaba ponerte, se trataba de “un tratado” sobre el coral. Empezaba describiendo al coral, dándonos un montón de datos sobre su crecimiento, su reproducción, la formación de las islas coralinas y las barreras de coral. ¡Cielos! Jamás creí que el coral pudiera llegar a ser tan tremendamente aburrido y que llegaría a traumatizarme de esa forma. Desde entonces no he visto de la misma forma al coral y cuando años más tarde pude ver un documental sobre él, los del National Geographic no dijeron nada nuevo que no supieran las dos dueñas estiradas de la academia de mecanografía. Eso sí, diremos a favor del National Geographic que su coral era más llamativo, más vistoso, con más colorines y menos estresante para mis neuronas y mis deditos.

De esta forma fue como esta que os escribe alcanzó la soltura de más de 250 pulsaciones por minuto. Me presenté al examen con mi Olivetti M-40 de dieciséis kilos y medio (la pesé en la báscula) había tenido que construirme un artilugio para transportarla y subir escaleras con ella, porque sinceramente, la máquina de mi padre era de todo menos liviana y portátil. Que decir que los examinadores fliparon en colorines cuando la vieron, aunque algo menos que el señor al que la había llevado antes para que le hiciera la puesta a punto y que me recomendó la hija de la señora estirada. El pobre hombre casi le da algo cuando me vio entrar con ella. Hacía años que no veía una de esas y se emocionó mucho. Es un honor volver a tener una, casi pagaría para ponértela a punto. Pero no fue así, y quien tuvo que pagar fui yo, pero tengo que decir que hizo un trabajo excelente, nunca había ido tan fina y tan rápida.

El examen de mecanografía del Ayuntamiento no es comparable a ningún examen de máquina de la academia. Allí nos pusieron en unas mesas larguísimas, no individuales. Era algo así como las mesas de los convites de boda cuando la sala se dispone en forma de “U”. Nos dieron un papel del revés y a la que te decían “un, dos, tres”, girabas la hoja y te ponías a teclear como alma que lleva el diablo. Antes del examen el silencio es atronador. Después del “tres” el ruido es atronador. Algo que te despista mucho y te deja desorientada. De golpe con el teclear de las nueve o diez máquinas que cabían en cada fila las mesas empezaron a temblar y las máquinas a moverse, con lo que había un momento en que tenías que pararte para volver a colocar la máquina y seguir porque había girado casi noventa grados. Mi Olivetti con sus dieciséis kilos y pico fue de las que menos se tuvieron que recolocar, pero las auténticas portátiles de maletín o las que habían sido alquiladas a propósito para la prueba fueron objeto de múltiples recolocaciones, con el problema que eso acarrea a las ya difíciles 250 pulsaciones. Un auténtico infierno. Al final no aprobé esas opciones. Aprobé otras en otro sitio, también de auxiliar, y el saber escribir a máquina me ha servido mucho en mi vida laboral, pero mucho, mucho, mucho.

Si hoy en día alguien me preguntara cual ha sido el curso que más te ha aburrido no tendría muy claro si se lleva el primer premio los de latín o la mecanografía. Si alguien me pregunta cual ha sido el que más provecho he sacado, sin duda y sin pensarlo diría que de largo el de mecanografía.

Hace unos días una de las clientas de la biblioteca me confesó que cuando oye que me pongo a teclear a toda le doy una envidia enorme. Ella está haciendo la tesis y es de esas personas (como muchas, no nos engañemos), que tan sólo teclea con dos dedos y claro, se da algo de prisa, pero comparándose conmigo, pues como que es frustrante. Me hizo gracia porque nunca nadie me lo había comentado, pero unos días después otra clienta me hizo exactamente el mismo comentario. Entonces pensé (porque como para mí lo de escribir con cinco dedos, sin mirar la pantalla y a toda ostia es lo más normal del mundo) que era curioso que precisamente en la era de la informática que estamos viviendo, en la que se usa más el teclado que el bolígrafo y en el que uno se pasa gran parte de su vida aporreando el ordenador (además del móvil que para eso sí que se hacen servir dos dedos, aunque no los mismos que con el teclado) Pues eso, que resultaba curioso que la gente no aprendiera algo de mecanografía para poder sacar más provecho y tener que dedicar mucho menos tiempo para escribir una simple hoja o como en este caso tres hojas y un cuarto. Está visto que con eso de ir lanzada cuando una escribe me salen unas entradas larguísimas… será cuestión de volver a teclear con dos dedos para ver si algún día consigo que me salga una entrada más modosita, que está visto que no hay forma.

blank sheet in a typewriter

De mis bodas

5 Feb

Antes de empezar abriré un pequeño paréntesis, tranquila Mari, no, de momento no me he casado de extranjis con tu hijo sin decíroslos, cerramos paréntesis y seguimos.

Hace unos días Mamimellis nos contó en un post como la habían invitado a una boda de una prima a la cual prácticamente ni ha visto en su vida y lo que opinaba ella de las bodas. Me hizo gracia porque hace unas semanas que nos anunciaron que para finales de agosto tenemos boda en Burgos y lo más seguro es que estemos invitados. En nuestro caso al menos la novia es algo más conocida. También es una prima de mi pareja, aunque en este caso se han visto y hablado más que un par de veces en su vida. Pero por otro lado tengo que confesar que lo de ir de boda a finales de Agosto que es cuando peor lo tengo y que tendré que llevarme a la familia en pleno y que Terremoto odia las bodas y tendremos que pagar cuatro pasajes, más el hotel, más el coche, más los trajes (que la boda del  hermano de esta chica no fue precisamente una boda sencillita) y luego el regalo y nuevamente el traslado y el sol y el calor y que en Burgos en agosto hace más calorcillo que en Mallorca (que ya hace)… pues sinceramente, me da una pereza impresionante, aparte que no sé cómo lo voy a tener en la cuestión días libres y niños libres.  Ya veremos. Así que entiendo perfectamente a Mamimellis.

No obstante, los comentarios que hacía Mamimelli sobre las meras representaciones y teatrillos en las que se convierten a veces las bodas o como le gustaban a ella, me recordaron un poco a mis bodas. Porque señores, yo he tenido en cierta manera dos bodas, aunque sólo vale una de ellas.

La primera, la oficial, fue por la iglesia con mi ex. Entonces yo tenía veintiocho años y gozaba de una esbelta figura. El salir de casa sin pasar por la vicaría era algo impensable e innegociable para mi madre. Por mi parte no había ningún problema ético en ello. Por parte de mi pareja era otra historia,  lo de la iglesia le sobraba y a su madre también, pero su padre prefería el modo tradicional eclesiástico. Así que buscamos una iglesia que nos gustó. Era muy bonita, estaba en un lugar tranquilo, fácil de llegar y con una gran zona de parking al lado. Tenía un altar precioso que me enamoró sólo verlo,  lleno de mosaicos dorados preciosos. Tengo que confesar que los mosaicos bizantinos me chiflan, así que en ese aspecto la iglesia era magnífica.  El cura nos empezó a hablar de no sé qué de un cursillo matrimonial que se suponía tendríamos que hacer durante no sé cuántas semanas. Entonces por pura casualidad mi ex se fijó en una inscripción en latín que había en la parte alta y rodeaba toda la nave central. Aún no me explico porque le dio por traducirlo en voz alta, supongo que para no oír al cura (ya os he dicho que él era bastante anti-iglesia y anti-curas) de hecho ha sido la única vez que le he oído traducir algo del latín…, de hecho, ni sabía que supiera latín… y mucho menos traducir algo. El cura cuando oyó eso se cómo emocionó y yo me sorprendí. Así que le cura decidió por las buenas que si alguien era capaz de entender algo en latín y sobre todo si ese texto estaba en su iglesia, debíamos ser unos buenos cristianos. Por lo tanto no necesitábamos ese, hasta hace apenas unos segundos, necesario e imprescindible cursillo prematrimonial. No recuerdo que debía decir esa frase, pero estaba visto que era la sinopsis perfectamente conjuntada de la esencia de unos cursos matrimoniales comprimidos en una sentencia. Así que una vez solventado el asunto iglesia, centramos nuestros esfuerzos en encontrar un buen restaurante, organizar todos los invitados (que no es moco de pavo), buscar vestidos, fotógrafo y montar el viaje de novios.

Si creíamos que el tema iglesia estaba solventado era que en eso de las bodas éramos novatos. La organización de la iglesia tuvo anexionado unos cuantos problemillas. No fueron muy complicados, pero sí curiosos. Por ejemplo, le propuse al cura si podíamos escribir nosotros las peticiones de la boda y se mosqueó un poco y me dijo que siempre que no pusiera que eso era así hasta que nos divorciáramos… Yo no sé qué había visto ese señor para decir eso… pero bueno… Le propuse también si un amigo de mi padre que sabía tocar el órgano podía hacerlo y me dijo que él lo tenía todo controlado y nadie tocaba el órgano. La sorpresa fue el día de la boda que en el mismo altar tenía empotrado un mando con el cual controlaba el aparato de música de la sacristía que ya tenía preseleccionadas las músicas e himnos de cada momento… eso sorprendió a todos. Pero el problema más curioso y casi apocalíptico, fue debido a la “decoración” del altar.

Resulta que nosotros nos casábamos dieciocho días antes de que empezara Pascua. Unos cuantos días antes de la boda fui por la iglesia y me encontré todo el altar lleno de damascos morados. En el altar había un crucifijo exento con un Cristo precioso y detrás de él había montado todo un teatro en plan lúgubre que no era precisamente discreto. A mi madre casi le da un sincope cuando vio aquello. Eso de que su hija se casara con el altar morado le daba mal yu-yu. Además para montar el teatrillo de detrás del crucifijo había quitado las cortinas de la puerta de entrada. Nos quedamos las dos patidifusas y le pedí a a que venía eso, y lo más importante para evitar que mi madre estallara cual Vesubio, si eso lo habría quitado el día de la boda. Me dijo que todo ese escenario era porque faltaba poco para Pascua y que no pensaba quitar nada y mucho menos el crucifijo, que a ver si teníamos algo en contra del crucifijo. Le contesté que evidentemente, contra el crucifijo no teníamos nada, pero que sí lo tenía contra todo ese tinglado morado de fondo en plan pantalla de cinemascope enlutada. Mi madre llegó descolocada a casa y entre espantos y sollozos se lo contó todo a mi padre. Mi padre tenía un amigo (que era el único de sus amigos que había invitado a la boda porque nos conocíamos desde hacía mucho tiempo y le tenía a él y a su mujer un cariño muy especial), este señor era el sacristán de la iglesia de San Miguel de Palma. Nos contó que eso se ponía pero quince días antes, no veinte antes. Así que tuve que ir otra vez a la iglesia con este señor para que me ayudara a “negociara” con el cura el asunto en cuestión. El párroco ante la evidencia y los argumentos expuestos por alguien que se conocía muy bien todo el tema, aceptó quitar toda la pantalla de cine de luto y devolver las cortinas granates a su sitio para el día de la boda. Después podía volver a montar lo que quisiera.

El día antes de la boda me pasé por allí para comprobar como estaba todo y evitar que a mi madre le diera un aneurisma cuando entrara en la iglesia. Todo estaba normal, como la vimos la primera vez que la visitamos.  La florista la estaba decorando y debajo del “polémico” Crucifijo había puesto un pomo de flores blancas y amarillas, como el resto de flores que decoraron todo el altar. Al párroco o bien le debió gustar ese gesto,  o bien  no debió  haberse tomado muy mal lo de los damascos, porque, me sorprendió pidiéndome que entrara con él a la vicaría. Abrió los armarios y me dijo que podía elegir la casulla con la que oficiaría la misa, la que yo quisiera. Elegí una verde y dorada. No tengo muy claro si es que había aceptado bien las críticas o es que no deseaba ir a cambiarse de casulla a toda leche  cuando yo estuviera haciendo el paseíllo del brazo de mi padre. No me imagino a mí misma pidiéndole al cura que se pusiera firmes para pasar revista antes de que entráramos dentro, pero bueno. Lo que no tengo tan claro es si él sí se lo había imaginado.

Que os voy a contar, que una boda puede llegar a ser  es un lio impresionante, eso no es ninguna novedad. Yo tenía clarísimo como quería el traje. Color marfil o crema,  sin lentejuelas, escote barca, manga larga, ceñido a la cintura y con forma de punta delante y una falda con mucho vuelo pero poca cola. Que queréis, eran muchos años de estar mirando los mostradores de las tiendas. También tenía claro que no iba a gastarme todos mis ahorros en un vestido que sólo llevaría unas horas. Así que me había establecido un precio máximo que no pensaba sobrepasar. Cada vez que entraba en una tienda les decía lo que quería y las pobres dependientas me sacaban lo más parecido. Si alguna no lo tenía se me quejaba en plan “hay chica es que si lo tienes tan claro no me dejas elegir lo que a mí me gusta” … pero bueno, pardiez. ¿Quién creía esta que se iba a casar, ella o yo?

Al final encontré un vestido que no era exactamente como me había imaginado pero que me gustó mucho y dicho sea de paso me quedaba como un guante. Desde pequeña me ha gustado siempre mirar los mostradores de las tiendas de novia. Aún hoy en día me gusta. No sé, tengo una debilidad por los trajes largos y glamorosos, aunque luego vaya por la vida con zapatillas de estar por casa y batín bien calentito. Una condición que había puesto es que no quería un vestido blanco, lo quería color marfil, y así fue. Pero a la larga eso fue un problema. El fotógrafo no compartía conmigo la opinión de que la novia pudiera ir de otro color que no fuera el blanco virginal, puro e inmaculado. Como a él le gustaban los trajes blancos, no sé qué demonios hizo con la regulación de la luz. Así que en nuestro reportaje de bodas, yo tengo un traje blanco nuclear; mi pelo sale prácticamente negro; el altar de la iglesia y sus mosaicos dorados casi no se ven; de mi pareja solo se ve la cabeza, las manos y la parte del cuello y puños de la camisa blanca, el resto de su traje quedaba absorbido por la luz negra que imperaba a nuestro alrededor. Era algo así como el hombre invisible pero al revés. Cuando las vi casi me tienen que sujetar porque a puntito estuve de emular al mismísimo Conde Drácula saltando sobre el mostrador cual vampira despiadada en dirección al retratista, después de estar un par de centénios sin un chupito de sangre que llevarse a los colmillos. El fotógrafo fue un fracaso y eso que había hecho a una amiga nuestra un reportaje precioso… por cierto… después de nuestra boda nos confesó de uno de sus mejores reportajes había sido el de nuestra amiga S. y que creía que nunca sería capaz de superarlo.  Grrrrrr…. ¡¡¡Con patatas!!!, me lo como con patatas. En fin que gracias a las fotos de los amigos tengo alguna fotica del altar enterito y de nosotros dos tal y como éramos y con J.A. con el vestido entero. También gracias a los amigos tengo alguna foto de grupos, porque cuando se lo pedí, se negó a hacerlas aludiendo a que eso salía en el video. Mientras, estaba a la poltrona en la mesa  apurando con deleite una copa de licor en una mano y disfrutando de un puro habano de los que le había dado mi prima en la otra, fumándoselo con un arte y una tranquilidad digna de la Sara Montiel y su fumando espero. Así que señores, si queréis tener fotos de grupo, no le deis un puro al fotógrafo hasta que haya acabado el reportaje, que luego tendréis que ir por la vida parando la imagen del video en la pantalla de la tele y flashearla con la esperanza de que no se note el pixelado ni los brillos y reflejos y salga algo decente que regalar a las tías casadas y a las tías solteras y a las tías viudas de la familia, porque luego todas las tías quieren una foto con los novios, aunque no se hayan hecho ninguna foto con los novios.

Mi boda fue relativamente hogareña, ochenta invitados incluidos los cuatro fotógrafos, porque no dieron ni golpe pero se presentaron cuatro, dos para el video y dos para las fotos  y se quedaron a comer como cualquiera. Como mi familia era muy pequeña y la de mi pareja venían todos de la península y sólo vinieron unos pocos, pues nuestros padres invitaron o mejor dicho, nos obligaron a invitar a todo quisqui que tuviera algún lazo familiar con cualquiera de los dos. Aún recuerdo el día en el que fuimos a invitar a la prima solterona de mi madre, una mujer alocada y excéntrica pero muy divertida, que se había pasado la vida rechazando pretendientes diciendo que este no me gusta y este tampoco y al final cuando todos los mozos del pueblo habían casado le empezó a dar la tabarra a mi madre para que le buscara algún amigo de mi padre que le rondara por sus amores. La prima era una mujer muy maja, pero entiendo que se quedara para vestir santos, porque es una de las personas más habladoras que he conocido en toda mi vida, y he conocido unas cuantas. Cuando teníamos que ir a verla a su casa, mi ex me preguntó que de que se podía hablar con ella y de que no. Recuerdo que le dije, “no te preocupes, basta que le digas hola, al cabo de una hora le des el sobre y una hora después le digas adiós, el resto lo pondrá ella sola”. Mi ex se burló de mí y me tachó de exagerada, pero cuando salimos de su casa tuvo que darme la razón. Como si yo fuera por la vida inventándome trolas.

Una mañana mientras estaba en el trabajo mi ex me llamó. Me preguntó que le confirmara el menú y a medida que se lo decía él lo iba repitiendo. Oí al otro lado de la línea unos cuchicheos y un poco después me comunicó que dos chicas de su trabajo le habían dicho que querían ir a la boda si el menú les gustaba. Como les había gustado se habían auto invitado así por las buenas y por su cara bonita, ellas y sus parejas. Lo alucinante del caso es que precisamente esas chicas y nosotros no teníamos ningún tipo de relación. Es más, no es que precisamente no tuviéramos ningún tipo de relación, sino que no nos tragábamos demasiado. Así que de esta forma tan poco ortodoxa y porque una tiene buen gusto a la hora de elegir menús, se nos apuntaron cuatro extras más que acabaron de redondear el cupo final. Supongo que o bien estaban muy desesperadas por estrenar algún modelito o bien les encantaba ir de bodas o bien tenían morriña de lloriqueos o posiblemente, lo más seguro, querían cotillear de primera mano para luego largarlo todo cuando estuviéramos de viaje… quien sabe.  Hay gente que elude bodas y otros que está desesperados por ir, cosas de la vida.

Así que el día de la boda estaban todos allí y como en toda boda siempre hay alguien que tiene que dar la nota. En este caso fue por ambas partes. Por la mía fue una amiga que es un encanto pero que al menos en esa época tenía un concepto del combinado de prendas algo dudoso. Hay que decir que con el tiempo ha mejorado y hoy en día combina con muy buen criterio su fondo de armario. Pero entonces, ese criterio estaba en fase embrionaria, así que se presentó con las uñas pintadas de naranja, un vestido negro de lentejuelas muy corto, medias doradas pero doradas doradas, manoletinas  también muy doradas, chaquetilla de cuero negro en plan motera con hebillas plateadas y flores de primera comunión prendidas en el pelo con horquillas negras cuando su pelo era rubio. Sabemos a ciencia cierta que eran florecitas de traje de comunión porque ella misma nos contó que había ido a comprarlas la semana anterior porque eso de que un recogido a secas no la acababa de convencer.  La otra fue una tía de mi ex que es maestra y se presentó con un sombrerito rojo muy parecido a una muñeca de porcelana vestida de colegiala inglesa que tengo en casa, y que todos los que no sabían su nombre se referían a ella como la señora del sombrerito rojo. Finalmente la guinda la puso un primo de mi ex que no sé muy bien porque iba con traje y calcetines de deporte de esos con tres rayas arriba en rojo y azul, un justo igualitos igualitos que los que lleva Bob Esponja.  Todo transcurrió sin demasiados incidentes, al menos no excesivamente destacables, lo cual fue de agradecer.

La otra boda no necesitó tantos preparativos, es más ni siquiera sabíamos unos minutos antes de que tendríamos una boda. Fue algo que salió sin más. Mi pareja, el papá de Tsunami , y yo llevábamos ya bastante tiempo saliendo. Nos veíamos a ratos cuando yo podía acercarme un fin de semana rápido a Barcelona y luego estábamos no sabíamos cuánto tiempo a volver a vernos. Ya teníamos bastante claro que deseábamos vivir algún día juntos, o al menos era algo que teníamos bastante en cuenta. Mi pareja estaba acabando la carrera y haciendo el proyecto de final de carrera, por eso aún no habíamos formalizado geográficamente hablando nuestra relación. Fue un fin de semana. No recuerdo ni qué día ni qué mes. Tampoco recuerdo exactamente de qué año. Es curioso pero si alguien me pidiera una fecha no podría darla, sólo recuerdo el momento. Era uno de esos fines de semana que había ido a Barcelona. Eran nuestros momentos de festejo, simplemente nos pasábamos todo el tiempo y disfrutábamos del momento. Barcelona es una ciudad preciosa para pasear tranquilamente sin más.

Ese día habíamos ido por la zona del puerto y estábamos en el Maremagnum.  Habíamos estado mirando las olas y nos habíamos sentado hablando y haciendo planes o salvando al mundo, quien sabe de qué hablábamos en ese momento. Era un día soleado pero debía ser otoño o invierno porque llevábamos cazadora. Recuerdo que me la quité porque hacía calor. Me encantaba sentir como el sol me envolvía, y el aire del mar era salado y profundo y allí a lo lejos estaba mi isla y las gaviotas volaban y graznaban. El pantalán estaba repleto de turistas y otros menos turistas que habían salido de la zona del acuario y de los cines. Íbamos paseando tranquilos dispuestos a buscar un sitio donde comer. Entonces unos veleros grandes entraban en la zona de amarre. Delante de nosotros había un puente que se levantó para que los barcos entraran. Entonces un montón de turistas se fueron parando y acabamos formando un buen grupo mientras esperábamos que el puente se levantara y los veleros entraran. Recuerdo que nos pusimos en un rincón, un pelín apartados de todos, si es que uno se podía apartar un poco.

Entonces fue cuando ocurrió. No sé muy bien cómo fue, pero allí estábamos juntos, mirando el mar y el cielo y las aves y viendo como entraban los veleros y nos miramos a los ojos. Entonces pasamos de todos los turistas que nos rodeaban y sólo estábamos nosotros y el sol como cúpula. Entonces no sé muy bien cómo fue, allí bajo el sol, nos prometimos amor para el resto de nuestras vidas. Las gaviotas fueron nuestros testigos y el mecer del oleaje nuestra marcha nupcial. En aquel momento mi pareja fue mi hombre y yo fui su mujer y nos besamos. Sabíamos que el futuro no iba a ser fácil, sabíamos que posiblemente tendríamos muchas dificultades, pero eso no nos paraba. Finalmente, la magia del momento desapareció cuando los veleros hubieron entrado y el puente se bajó y todos los turistas se empezaban a mover en masa hacia delante. Allí acabo nuestra ceremonia. Nuestra boda particular que no fue legalizada, ni firmada, ni fotografiada, pero que para nosotros dos valía incluso más que cualquier otra, porque había sido sincera, sin prepararla ni montarla, había surgido porque sí, de la nada, de nuestro interior. Desde ese día, aunque no lo esté, me he sentido casada con R.

Resulta curioso después de haberos contado esto que cuando R. se vino al fin a vivir con Terremoto y conmigo, una de las cosas que le dije fue “puedes casarte con quien quieras, menos conmigo, eso está prohibido” ya me había bastado en su momento con la primera boda, la legal. Ahora  llevamos nueve años viviendo en perfecto concubinato y hemos tenido un hijo juntos, Tsunami. De momento ninguno de los dos se ha planteado formalizar papeles. No sé, quien sabe, igual dentro de unos cuantos años nos da una néura y sorprendemos a todos, aunque difícilmente creo que cualquier ceremonia pueda superar aquella boda improvisada que tuvimos en el puerto de Barcelona cuando unos barcos entraban en el pantalán, el sol brillaba y la brisa marina nos cantaba.

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