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El geocaching, una alternativa para una tarde de verano: En busca del tesoro de Antonine Germaine Patapalo.

24 Jun

Antonine Germaine Patapalo puede ser un pirata, pero también podría ser un bucanero, un corsario, un contrabandista, incluso un multimillonario excéntrico, quien sabe…

Hace unos dos años mi pareja me llamó un día al trabajo y me dijo “te he enviado un correo de una cosa que acabo de leer en el periódico, para que lo miremos entre los dos y me opinas, que luego se me olvidará comentártelo y así seguro que pensamos en ello”

El misterioso comentario se refería a un enlace del periódico local en el que se trataba un tema que a mí me sonaba a raro (recordad que yo no tengo nidi di nidi de idea de inglés, así que el nombre si dice algo, a mí no) Eso de geocaching a mí me sonaba a geo cáspitas.  Por la noche, en casa lo estuvimos mirando y buscando en google gran invento. Me explicó que con el teléfono que él tiene y habiendo mirado antes en no sé qué página de internet podríamos ir a buscar un tesoro en plan moderno. Vamos que el móvil era el plano, los niños los exploradores y, no nos engañemos, generalmente un llavero,  un muñequito del McDonald’s o un juguetito del kínder sorpresa suelen ser los objetos celosamente guardados en los cofres.

El geocaching, para decirlo muy abreviadamente es un grupo de personas que se les ocurrió que a lo largo del mundo mundial se podían poner  escondites, normalmente en sitios chulos y dejar en ellos unos cofres (normalmente fiambreras de cierre hermético) donde hay algunos tesorillos que cuando los has encontrado puedes elegir uno y llevarte a casa. También dentro del cofre-fiambrera, suele haber un librito de notas y un lápiz para que cada buscador de tesoros que lo desee pueda dejar allí constancia de su paso. Hay una condición indispensable, si te llevas un tesorillo hay que dejar otro a cambio para que los siguientes osados aventureros encuentren esos preciados objetos que han ido a buscar. También hay una notita polilingüe en la que explica de que se trata y que si alguien lo encuentra casualmente que lo deje como estaba. Por desgracia algunas veces estos tesorillos son encontrados por orcos y trasgos sin escrúpulos que los saquean. Entonces, no sé muy bien cómo, si es que hay un delegado local o es que el grupo de personas que les gusta el geocaching tienen un gran corazón, esos tesoros saqueados suelen volver a la normalidad en relativamente poco tiempo desde que se ha localizado el vil expolio.

Antes de montar nuestra primera aventurita de geocaching realizamos una labor de recolección de juguetitos relativamente pequeños que hay por casa y que los nenes no deseaban seguir guardando. De hecho tenemos un botecito con la etiqueta “objetos para el intercambio del geocaching” y así el día que decidimos ir a explorar cogemos unos cuantos y emprendemos la aventura.  El primero que hicimos fue en el bosque del castillo de Bellver, sí ese por el que solemos hacer excursiones los fines de semana en invierno. Pues en dicho bosque hay unos cuantos unos relativamente más sencillos ya que te dan las coordenadas del punto a buscar y una vez allí tienes que ir desvelando unas pistas o adivinanzas o pruebas hasta localizarlo (generalmente no está muy lejos) los difíciles son los que a través de preguntas u otras pruebas que conviene prepararse antes, consigues los datos de las coordenadas, de estos últimos no hemos hecho aún ninguno. Con el primer geocaching estuvimos un buen rato dando vueltas primero porque los niños eso de manejar la brújula no lo dominabas y se pegaban unas vueltas para pillar el camino. Pero cualquiera les quitaba el móvil. Segundo porque nos liamos buscando árboles huecos con un montón de piedras al lado de sus raíces, no había forma, hasta que nos dimos cuenta que nos habíamos equivocado con uno de los datos y buscábamos en un árbol equivocado, jajaja. También recuerdo que a Tsunami le encantó, pero Terremoto se decepcionó bastante al ver que no había ni oro ni plata ni lingotes ni doblones de oro, ni joyas, ni coronas ni dagas ni espadas. Era sólo una fiambrera con cositas de bebé decía, ohhhh, que decepción.

El pobre Terremoto ya se ha mentalizado que lo bonito es la búsqueda y que su hermano encuentre juguetitos pequeños nuevos con los que jugar una temporadita, vamos que con el geocaching no nos íbamos a volver ricos. Uno de los últimos geocachings que hicimos el año pasado fue al lado de la ladera de un acantilado junto al mar, era por la tarde y nos quedamos allí a ver la puesta de sol. Normalmente es una actividad que entusiasma más a Tsunami y su papá en ocasiones se lo ha llevado a él a buscar tesoros.

Hoy os comento las aventuras del geocaching porque posiblemente alguna tarde de verano uno puede estar muy aburrido y ya no saber qué hacer con los retoños. También sé que hay muchos extranjeros que vienen a Mallorca con pequeños y los buscan como una actividad más durante el viaje. Al estar situados en lugares bonitos ayuda a descubrir el paisaje de ese país que visitas. Os dejo el enlace de una página, al principio se sitúa en Seattle pero luego te puedes alejar y desplazar por todo el planeta, hasta en la Antartida hay geocachings ¡increible!

Es muy posible que más cerca de lo que creéis de vuestra casa pueda haber escondido un tesoro, que incluso muchas veces hayáis pasado por al lado y no os lo creáis. Así que papis de los pequeños aventureros, buscad las coordenadas, recolectad algunos juguetitos largamente arrinconados y prepararos para adentraros en el mundo de los piratas, los mapas y los cofre –fiambreras. El pirata Antonine Germaine Patapalo nos ha dejado un premio ¿Quién será el próximo en recogerlo? Y sobre todo, ¿Qué nuevo tesoro dejará a cambio?  Feliz búsqueda pequeños exploradores jou, jou, jou.

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La montaña que escondía un tesoro y el apadrinamiento de tejas.

19 Oct

Dins el cor de la montanya,

Mallorca guarda un tresor.

El 22 de julio de 1883 cinco  mil peregrinos subieron a Lluc. Ese año se estrenó la canción de los Peregrinos “Dins el cor de la muntanya” de Miquel Costa i Llobera. Hoy he empezado este post con los dos primeros versos de este poema, porque verdaderamente dentro el corazón de la montaña, Mallorca guarda un tesoro.

Pero no es sólo un tesoro desde el punto de vista religioso, no, para los mallorquines Lluc es mucho más que eso.

El pueblecito de Lluc es la capital del termino municipal de Escorca, uno de municipios tirando a grandecitos de la isla por lo que respecta a su extensión, pero por el contrario uno de los menos poblados de todos. Escorca está ubicada justo en plena Sierra de Tramuntana, que hace unos pocos años fue declarada Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco, tras una masiva recogida de firmas solicitándolo. Yo creo que desde diversos puntos de vista todos los mallorquines estamos muy orgullosos de Lluc.

Desde el punto de vista religioso y como referenciaría la canción, dentro la montaña está la Virgen Negra, la Moreneta, la Mare de Deu de Lluc, patrona de Mallorca. Es una talla de pequeño tamaño que según la leyenda fue hallada por un pastor y un monje, tras haberla trasladado en repetidas ocasiones al oratorio de Sant Pere d’Escorca, la imagen aparecía de nuevo en el mismo lugar, así que allí se le erigió un templo. Las primeras noticias sobre su construcción son del 1268. Pero ese lugar tiene algo más, su relación con lo sagrado se remonta a la época de la edad del bronce y del hierro y su nombre deriva del latín Lucus o bosque sagrado.

El pueblo nació bajo la protección del monasterio y a su alrededor. Unas cuantas casas en uno de los lados del patio de los peregrinos, entre las que están un bar, un horno, el Ayuntamiento, dos o tres restaurantes y no recuerdo ahora si algo más. Pero este monasterio en particular es algo más, es el segundo tesoro guardado en la montaña, la cultura. Hace más de un siglo que va siendo un reducto de sabiduría y cultura. En él se ubicó un colegio de niños, actualmente de niños y niñas, que en su momento fue un muy agradecido recurso a la población de los pueblos de Mallorca para compensar una oferta educativa que en nada se parece a la de ahora. Los niños allí alojados estaban en régimen de pensionado pues las comunicaciones no eran como las de ahora. Eran instruidos en todas las disciplinas educativas y también en el canto. Els Blauets de Lluc que así se llama la escolanía por el color azul de sus sotanas. En un principio estaba formado por seis niños, en la actualidad son más de cuarenta niños y niñas y sigue siendo hoy en día uno de los coros de voces blancas más bonito de la isla que el día de Nochebuena nos regalan con el ancestral Cant de la Sibil·la, declarado también como Patrimonio intangible de la Humanidad, y que profetiza el fin del mundo. Muchos intelectuales mallorquines nacidos en la part forana recibieron su educación en ese monasterio. Así que como veis también ha tenido una importancia en el campo educacional y cultural. Amén a un interesante Museo de Historia.

Pero  en un lugar como este no podrían faltar también las leyendas. Muchas son las que le rodean, entre ellas la historia de El Salt de la Bella Dona una historia turbulenta en la que el amor, los celos y la religiosidad se mezclan y finalmente la bella mujer que se había lanzado por el acantilado encomendándose  a la Virgen, aparece milagrosamente viva y casa con su enamorado. Cuando se sube a Lluc por una estrecha y serpenteante carretera, encontramos un gran precipicio que lleva precisamente este nombre,  El Salto de la Bella Mujer.

Lluc es lugar de refugio, tanto de los pelegrinos que hasta allí llegaban, como de los actuales visitantes que disponen de numerosas celdas con camas, baño individual y calefacción. También se pueden alquilar pequeños apartamentos con cocina y más comodidades situados en la plaza de los pelegrinos. Para los más aventureros dispone de zonas de acampada y en su alrededor hay multitud de mesas y bancos, así como de lugares preparados para hacer hogueras y disfrutar de unas horas en familia. Los más comodones disponen de unos tres restaurantes, un horno y creo que sólo un bar. Esto y su paisaje hacen que Lluc sea un enclave vivo, donde cada día hay un visitante. Donde las rutas de montaña y excursiones son abundantes y hermosas.

Y en relación a este sentido popular, cada año se organizan varias peregrinaciones populares hacia el santuario, las más conocidas son las diversas subidas desde la part forana y la popular subida Des Güell a Lluc a peu que consta de unos 48 kilómetros y suele durar entre 8 y 13 horas. Se realiza la noche del primer sábado del mes de agosto. El Güell es un bar de barrio que había cerca de la casa donde antes vivía. Si bien se dice que la iniciativa surgió de un grupo de amigos en 1974 para agradecer a la Virgen el que una niña saliera ilesa de un accidente, mi madre y mi tío me contaron una vez que cuando ellos eran jóvenes, mi tío era amigo de Tolo Güell, el que ahora organiza estas marchas, según me dijeron otro amigo había hecho una promesa y tenía que subir a Lluc a pie, les pidió a unos cuantos que le acompañaran y habían quedado para salir del bar Güell,  el grupo de cinco jóvenes estaba formado por el chico que había hecho la promesa, mi tío, Tolo Güell y otro más. Parece ser que los únicos que llegaron por la madrugada finalmente a Lluc fueron mi tío y ese chico. Que yo sepa Tolo Güell nunca ha contado eso y tanto mi madre como mi tío ya han fallecido y tampoco recuerdo el nombre de los otros dos jóvenes que subieron.  Puede que fuera una casualidad pero lo que si podemos asegurar es que el pueblo de Mallorca solía realizar estas peregrinaciones de forma bastante habitual, y según el relato de mi tío parece que eso de salir desde el Güell ya viene de lejos.

Escorca es además un lugar mágico, es la naturaleza pura así como ha estado siempre durante siglos y siglos. Los últimos grandes encinares que hay en sus laderas, las formaciones pétreas características, su flora y fauna que hoy en día cuesta mucho encontrar en tal estado y en tanta cantidad bien han sido valoradas cuando la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Así que desde el punto de vista de la madre naturaleza, esta montaña también guarda otro tesoro

Como veis, Lluc tiene muchos motivos para guardar un tesoro, o unos cuantos. Recuerdo que de pequeña iba con mis padres, mis tíos y mis primos a hacer una paella en Lluc los domingos. También muchas veces hemos subido con los peques para disfrutar de ese impresionante paisaje y calma. Pero hace poco la madre naturaleza, esa que tantas dádivas ha prodigado en ese rincón, se cebó con su santuario. Un fin de semana un fuerte tornado de corta duración asoló aquel rincón.  Dos semanas después subimos a verlo. Cuando contemplé todo aquello unas lágrimas resbalaron por mis mejillas. Algunos árboles ancestrales habían sido arrancados de raíz, el centenario Lledoner estaba casi sin ramas, pero por suerte sigue vivo y espero que sobreviva. Pese a que habían quitado muchas ramas de en medio, los restos estaban por allí rotos, esparcidos. El bosque había sido dañado. El edificio también sufrió algunos destrozos, un pequeño reloj de la fachada de la iglesia se había roto, pero lo peor lo sufrieron el largo tejado de la porchada y el abrevadero donde durante siglos se habían refugiado peregrinos y bestias a su llegada al monasterio y que hoy conformaban uno de sus espacios más entrañables. Habían desaparecido todas. Supongo que muchísimas volaron y se rompieron, pero las que pudieron salvarse se han desmontado. Ahora estas sobrevivientes han sido ubicadas dentro del monasterio, y una vez más el pueblo de Mallorca ha acudido en auxilio de su tesoro. Se creó una iniciativa popular para su restauración, cualquiera que quisiera podía acercarse allí y por dos euros o una voluntad, podías apadrinar una teja. Podías elegir una y escribir algo, tu nombre, un pensamiento o simplemente dejar constancia de tu paso por allí. Y allí estaban todas las aún inmaculadas y las ya apadrinadas tanto por foráneos como por extranjeros, porque Lluc y la Sierra son Patrimonio de la Humanidad y también es la casa de aquel que quiera acercarse y buscar una experiencia única según sus deseos.

Nosotros elegimos una. Sólo pusimos nuestros nombres. Esa teja es también un pequeño granito de arena, como muchos pequeños granitos de arena que he ido poniendo en varios sitios y de diferente forma en mi vida, pero todos esos granitos pueden hacer una playa. La fuerza de un pueblo es grande y el amor por sus maravillas también.

PD: Siento ilustraros este post con fotos de prensa tomadas por Joan Pons, y sin que aparezca nuestra foto de apadrinamiento, pero hemos tenido un percance a la hora de bajarlas y se nos han borrado todas, han salido volando como las tejas con el tornado.

La naturaleza también tiene prueba del algodón

29 Sep

Seguro que todos los que hayáis vivido en España os acordáis de la serie de anuncios del mayordomo y la prueba del algodón, ¿verdad? Para aquellos que no sepáis de que estamos hablando os comento de qué iba. Empieza el anuncio, una mujer, porque siempre era una mujer, que estaba acabando de fregar o de quitar el polvo, porque tenía la visita de su madre o  de su suegra, no recuerdo bien. Pero seguro que debía ser la suegra, porque estas tienen la fama de ser más quisquillosas y así el anuncio acojona más. Pues eso, que estaba dejando su casa florida y hermosa como los chorros del oro, cuando de golpe y de la nada se materializa en la pantalla un tipo de una cincuentena buena, vestido de típico mayordomo inglés y con una flema británica que ni los de Buckingham. La mujer acababa de tirarse un piropo a ella misma en toda regla diciéndose que lo había dejado limpísimo y entonces el encorsetado mayordomo se lo ponía en tela de juicio, automáticamente levantaba la mano en la que tenía un trozo de algodón en rama, que ya me gustaría saber a mí para que pasea un mayordomo inglés un trozo de algodón de los de farmacia, si fuera un enfermero o un practicante aún, pero ¿un mayordomo encorsetado, rancio y marisabidillo? ¿No se supone que esos se pasean con bandejas con tazas de té en finas porcelanas y pastas de mantequilla? Pues el motivo del algodón no era otro que el de humillar a la sufrida mujer que cuando veía lo sucio que tenía su inmaculado suelo tan pulcramente fregado para recibir a su suegra que seguro que debía estar ya en la puerta de la calle o peor aún, abriendo la puerta del ascensor, se quedaba pasmada porque no sabía como saldría de tal brete. El resto del anuncio era de prever. En un microsegundo porque estaba usando el producto que se publicitaba, la mujer vuelve a fregar, el mayordomo vuelve a aplicar la prueba del algodón al suelo y este queda mucho más limpio que cuando lo ha acercado al suelo. Evidentemente la suegra, que justo en ese momento acaba de abrir la puerta, está flipando por  tener una nuera tan apañaa y el mayordomo diciendo “el algodón no engaña y bla, bla, bla”. El bla, bla, bla, es el resto del anuncio que ensalzaba el producto, pero eso ahora no viene a cuento, así que lo dejaremos en bla, bla.

Coñas aparte, había una cosa realmente válida del anuncio. Hay personas, cosas, situaciones o lugares que nos pueden parecer perfectos, pero si se les aplica la prueba del algodón, nos damos cuenta de que no siempre ese algodón sale brillante y lustroso.

Ya sabéis mi cariño especial hacia el mar. No muy lejos de casa hay un lugar donde cuando yo era pequeña las aguas eran cristalinas, había muchos peces y aves, era una gozada nadar allí y mucho más cuando lo hacías con gafas de bucear. Pero con el tiempo empezó a venir mucho turismo y mucho dominguero, gente que sólo pasa por allí y no ama de verdad el lugar, empezaron a aparecer papeles, bolsas de patatillas vacías, colillas con sus cajas vacías, botellas de plástico y papel de aluminio en las rocas y la arena. En el agua algunos peces ya se escondían en latas vacías o en botellas. También empezaron a calar allí barquitos que no se habían visto nunca, eran los domingueros de lujo, que tampoco sentían gran amor por el sitio, ya que un día estaban en uno y al siguiente calaban en otro. Empezó a aparecer más basura de los barcos y algunos lamparones de los motores. También vino mucho turista tanto nacional como extranjero que como ese no era su casa, expoliaban el lugar de sus tesoros. Vi como algunos empezaban en un lado de la cala e iban arrasando de forma indiscriminada y lineal con todas las lapas de las rocas, tanto de las grandes como de las pequeñas, allí estaban con los pies en el agua riéndose y pasándoselo de fábula con  el cuchillo de punta redonda en una mano y un limón cortado en la otra, tomándose su merecido aperitivo y cuando se iban habían desaparecido todas las lapas de la costa, y habían dejado las colillas y las bolsas de la basura, pero todos se habían llevado  su cartera, su toalla, su bronceador siempre y cuando la botella no estuviera vacía,  su reloj, sus llaves del coche y sus cosas valiosas, esas no se las olvidaban ni les daba pereza subir con ellas. Total, tenían que coger el coche en la placeta donde había varios contenedores de basura, pero eso era un engorro. Y allí quedaban tiradas las diferentes conchas de las lapas, algunas aún encima de las rocas y otras eran arrastradas por el agua del mar que les daba una sepultura más digna. Los peces empezaron a escasear y los erizos de mar también sufrieron un gran espolio porque ciertos visitantes de lejanas tierras decían que esos animalitos eran una exquisitez en su tierra pero como allí había restricciones y aquí no… pues también se daban su banquete acuático y luego se irían a algún chiringuito de playa de la localidad vecina a tomarse una paella con sangría para rematarlo.

El agua seguía siendo más o menos aún transparente y a simple vista no desmerecía demasiado en comparación con los antiguos tiempos. Al menos para los que no la habían visto antes era un agua muy aceptable y apetecible. Pero sus tesoros naturales o bien desaparecieron o bien emigraron a otro lugar menos accesible para los bañistas. Luego, el Govern Balear hizo un decreto conforme ciertas zonas costeras y para la recuperación de la posidonia, tenían restricciones de pesca, fondeo y algunas normas así. Mis roquitas entraban en esa zona, estaban cerca del límite pero entraban. Pasaron los años, yo me casé, luego tuve al Terremoto, me divorcie, conocí a mi chico, nos juntamos, más tarde tuve al Tsunami y….

… y este verano cuando pensaba crear el blog fui a darme un paseo por las rocas para hacer alguna foto chula en la que se viera el cambio de azul a verde y poder ponerla en la cabecera del blog. En ese paseo hice muchas fotos y fui yendo por unos cuantos rinconcitos buscando aquella imagen que yo tenía en mi cabeza, pero que no lograba captar. Casi al principio, cuando estaba haciendo las primeras fotos, estaba en esa cala en la que años antes cuando buceaba había visto infinidad de peces, erizos de mar, cangrejos ermitaños, pepinos de mar, lapas y de tanto en tanto unos pájaros estilizados, muy aerodinámicos de plumaje oscuro llamados cormoranes, en mallorquín corb marí y que sólo están en las aguas limpias y sanas.

Pues como imagináis, estaba a la orilla de las rocas y enfocaba al fondo del agua cuando de repente algo grande y negro pasó como un rayo a través de la pantalla del objetivo. Me quedé sorprendida y mi reacción fue levantar la cabeza. Pude ver como un corb marí iba por debajo del agua y seguía. Entonces lo eche a la suerte, calculé donde podía ser que saliera según la trayectoria que llevaba, ya que al ser de tarde, con el sol de frente y con un fondo de rocas y algas el agua en esa zona era más azabache que la propia ave, hice un acercamiento y esperé. No tuve que esperar mucho, enfoqué rápidamente y disparé.

Me sentí muy feliz al haber podido comprobar que después de tantos años, el algodón empieza a salir de nuevo limpio. Gracias corb mari por haberme alegrado esa tarde. El mar aún tiene un futuro y tú lo sabes, esperemos que los hombres también lo sepan y sean capaces de respetarlo.

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