Archivo | marzo, 2013

Cocina mallorquina: Robiols, recetas adaptadas para diabéticos y otras alergias o restricciones alimentarias.

29 Mar

Casualidades de la vida, desde pequeña he conocido varias personas con diabetes. Dio la casualidad que todas ellas han sido adultos, sin embargo muchas veces me he preguntado lo difícil que sería ser un niño con diabetes o alguna restricción alimenticia. Ver como todos toman de todo en una celebración o un cumpleaños y tener que estar mirando sin poder comer nada o casi nada. Una vez más de mayor estuvimos en una cena y recuerdo que una chica de la mesa pidió si tenían alguna otra cosa porque era celiaca, fui la primera vez que oí hablar de ellos. Hace unos años como os conté, Terremoto y Tsunami tuvieron una alergia a la lactosa que por suerte fue momentánea. Otros nenes no tienen tanta suerte y el nieto de mi carnicero tiene intolerancia a la lactosa y al huevo. Siempre que encuentro alguna web o alguna receta o alimento adaptado tomo nota y le paso la información a la abuela para que pueda hacerle un helado en verano o una tarta en sus cumpleaños.

Como os dije ayer, el post de los robiols no estaba previsto, surgió un poco como surgió y lo cierto es que me queda una receta de las dos que me dio para hacerla y comentárosla. Ante  mi sorpresa esta receta ha llamado la atención de un grupito de mamis. Una de ellas, le comentó por facebook a mi pareja, que  tiene a un pequeñín con una intolerancia a la lactosa, he pensado que era una pena que los nenes con restricciones alimenticias no pudieran disfrutar de estas recetas más tradicionales de las que no suele haber tantas variantes.

Ayer por la noche estuve pensando en cómo los hacía mi madre y no recordaba que nosotros pusiéramos leche, ni tampoco huevos. Esta tarde ha sacado mis carpetas donde guardo todas las hojas sueltas de recetas escritas en diversos formatos, tipos de papel,  letras impresas, recortes y tipos de letra manuscrita. Al final he dado con la hoja suelta con la receta apuntada. ¡¡Bingooo!!, la receta de mamá es algo diferente y no lleva leche ni huevo, así que un problema menos para el nene de la mami valenciana. También he pensado en los nenes y no tan nenes que puedan tener problemas con la asimilación de los azucares y  con los que no pueden consumir manteca  bien por motivos de salud por eso del colesterol o bien por motivos religiosos.

Cuando el miércoles C. me pasó su receta,  comentamos que llevaba muy poca cantidad de azúcar. Ella me dijo que su abuela decía que incluso se podían hacer prescindiendo del azúcar, ya que el relleno compensaba. Más tarde lo hablé con otra conocida que es diabética. Esta me dijo que el fin de semana anterior había salido en el Diario de Mallorca una noticia de una clase de Robiols para diabéticos y mayores con restricciones del azúcar, que se había dado en un centro cultural de Palma. Así que he pensado que antes de poner la receta de los de requesón, os pondría antes estas dos recetas para todos aquellos  comensales que normalmente tienen más problemas para adaptar los dulces.

El artículo del periódico se titula “Tentaciones de Pascua para diabéticos” y comenta que la manteca se puede sustituir por margarina. Recuerdo que las últimas veces que elaboré todos estos dulces de Semana Santa con mi madre, lo hicimos de esa forma. El médico les había detectado colesterol y le había hecho ya entonces esta recomendación. Alguien puede pensar que no saldrán tan buenos. Os aseguro que salen bien, la diferencia cuando se prescinde de la manteca y se sustituye por la margarina es que la pasta no sale tan blanda, tan “hojaldrada”, sino algo más crujiente, pero el sabor no desmerece para nada, así que un problema menos para todos los que tienen algún problema con la manteca.

Bueno, vayamos por partes, os comento un poco lo que ponía el artículo del periódico, porque aunque haya un enlace, en ocasiones con el tiempo pueden quitar algún artículo y de esta forma nos aseguramos que no perdáis la información. La demostración la hizo una enfermera diabética llamada Marga Beltran y su compañera Catalina Ballester, especialista en robots de cocina, ambas  ”llevan años investigando y adaptando recetas tradicionales para” los que no pueden comerlas ”ya sea diabetes, enfermedades cardiovasculares, o simplemente porque ya son muy mayores y les está vedado comer aquello que, precisamente en esa época del año se elabora tradicionalmente en sus hogares”.   Realmente es una gran noticia que aún haya personas que se preocupen por estas cosas y es una gozada que puedan hacer demostraciones.  Aunque yo no estuviera desde aquí me gustaría felicitar a ambas por estas iniciativas y desearles muchas más quedadas, ojalá más gente siguiera su ejemplo en otros lugares.

En el artículo Marga explica  “Hay dos ingredientes prohibidos para diabéticos en la receta tradicional: la manteca y el azúcar”, explica. La enferma agrega que “la manteca de por sí es colesterol puro; pero peor son las mantecas industriales que encima llevan aditivos. Hay que eliminarla de la receta por muy tradicional que sea”. Catalina explica que “después de muchas pruebas hemos llegado a la conclusión que el sucedáneo más sano y que no difiere el resultado es la margarina vegetal”.

El azúcar se debe sustituir por edulcorante artificial. Marga es tajante al respecto: “Se puede usar el que guste más. Yo recomiendo las marcas blancas porque son tan buenas como las otras y cuestan mucho menos”. Otro de los tabúes que desmiente es que “la sacarina sea cancerígena. Seguramente eso lo hizo correr algún vendedor de azúcar”, bromea.

Las dos investigadoras explican que “se puede usar el edulcorante en cualquiera de sus formatos y según las preferencias del usuario. Sólo debe saber que en pildoritas únicamente se disuelve en caliente; que en polvo quizá es mejor para medir las cantidades y que líquido se disuelve mejor”.

Hace poco en casa pusimos a Terremoto “a régimen” le quitamos el azúcar y el dulce. Estuve buscando por internet para ver como sustituir el azúcar en algunas recetas. Tengo que confesar que aún no he hecho pruebas de ello pero vi que el edulcorante en polvo llamado aspartamo es el que parece mejor a la hora de cocinar y en el Mercadona lo tienen en bote, también he visto que hay opiniones a favor y en contra pero aquí no entraré porque ni soy dietista ni endocrina y supongo que si necesitáis de estos alimentos vuestro médico os aconsejará mejor. También vi que hay edulcorantes líquidos que pueden usarse en caliente y otros no, que hay que leer antes la etiqueta donde se indica de que tipo es ese líquido.  Bueno, aclarado esto paso a pegaros la receta para diabéticos.

“LA RECETA

Para elaborar robiols dietéticos se deben observar los siguientes ingredientes y cantidades.

Para la masa: 250 gramos de margarina vegetal; una yema de huevo; una tacita de leche desnatada; una tacita de aceite de oliva de sabor suave; 550 gramos de harina de trigo y dos cucharadas soperas de edulcorante.

Los ingredientes se deben verter en un recipiente, en el orden descrito, e ir batiendo y amasando hasta obtener una masa suave y homogénea.

Los rellenos tradicionales son el requesón o la confitura. De requesón se deben adquirir o elaborar 500 gramos sin azúcar. Se aderezarán con ralladura de limón y canela al gusto. Finalmente se le deben agregar también dos cucharadas soperas de edulcorante.

El paso final es tomar una bola de masa, aplanarla con el rodillo formando un círculo y rellenarlo con el requesón como si fuera una empanadilla. Después se hornea entre 15 y 20 minutos hasta que los robiols estén dorados.”

También se reseña “Lo que sorprendió a todos fue la elección del requesón como relleno ya que la impresión general es que se trataba de una materia grasa y por tanto peligrosa. Marga se encargó de desmitificarlo. “Es el queso menos calórico de todos”, aseguró.”

Ahora os comento la receta de mi madre, en la que no se usa ni leche ni huevos:

Ingredientes:

250 gr. de manteca

250 gr. de azúcar

1 taza de aceite

1 taza de zumo de naranja

La harina que tome.

Aparecen las anotaciones de que para cada robiol empleó unos 100 gramos de la pasta y que la cocción al horno fue de 1 hora a fuego suave entre los 100 y 140º

La elaboración es la misma que os explique ayer,  mezclarlo todo y luego ir agregando la harina, rellenar y hornear.

Bueno, espero que todas estas variantes os puedan ayudar si alguien tiene alguna restricción o algún familiar que tenga vetados ciertos alimentos. Hoy para acabar este post os pongo la foto que sale en el periódico. El autor de la fotografía es Pep Córcoles y el pie de página indica que se trata de Catalina Ballester a punto de hornear los dulces. Espero que las investigaciones y adaptaciones de estas dos mujeres os gusten mucho, yo no las ha probado, pero tienen buena pinta. Bon profit a tots, nunca mejor dicho hoy lo de a todos.

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NOTA: Se me acaba de informar que la demostración tuvo lugar en el mercado de abastos de Inca, perdón por el gazapo y gracias por la aclaración.

Cocina mallorquina: Robiols, una especie de empanadillas dulces típicas de Semana Santa

28 Mar

Esta noche no tenía que poner este post, pero al final las cosas salen como salen. ..

Realmente todo empezó ayer por la mañana cuando una chica del trabajo nos trajo unos cuantos robiols. Yo tenía pensado hacerlos estas vacaciones con los peques. Sé que tengo por algún sitio la receta de la que hacía mi madre, cuando yo era pequeña. Cuando se acercaba Semana Santa en casa mi madre y yo nos poníamos enharinadas con las manos en la masa, nunca mejor dicho y durante unos días hacíamos panades, crepells y robiols. Eran unas cuantas mañanas de bastante trabajo, pero luego todo estaba buenísimo. Me está mal decirlo, pero yo era una buena alumna y hacía lo que me decía mi madre, además… era un poco más mayorcita que Tsunami… supongo que eso tenía algo que ver en qué estéticamente las de niña fueran más igualicas y guapas.

Cuando fui a coger una de las que había hecho nuestra compañera ella no estaba, tomé una y salí a merendar. Cuando le dí el primer mordisco me enamoraron, estaban buenísimas. Así que pensé que en lugar de estar buscando por donde estaba la de mi madre, le pediría a la vuelta la receta. Llamé a C. y le pregunté si la receta era algo así como un secreto de familia, porque si no lo eran me gustaría hacer esas con Tsunami estas vacaciones. C. me respondió que como casi todas, su familia tenía secretos, pero que no eran culinarios. Mientras teníamos esta  charla me llegó a mi correo un email con la receta escrita. Por lo visto yo no era la única que se había interesado y ya tenía preparada la fórmula para todos los que se habían interesado por ella. Me comentó que esa era la receta de su abuela y que a ella también le venía de familia. Así que nuevamente sin comerlo ni beberlo, resulta que la receta que os pongo hoy también tiene mucha solera. Antes de seguir os comentaré que la que pondré esta noche es una de las dos recetas, porque C. me pasó una mezcla para los robiols de requesón y otra para los robiols de las demás cosas.

Después de leer esto es posible que os preguntéis que ¿Qué es esto de demás cosas? Bueno, un robiol es una pasta a la que se le da forma circular, se rellena normalmente de requesón, mermelada, crema pastelera (mi madre hacía un flan bien espeso de los de Potax) y cabello de ángel. Actualmente se han añadido nuevos rellenos como es el caso de los rellenos de nocilla o nutella.  La receta de hoy que es la que hemos hecho primero es la de las demás cosas, jeje.

Estábamos tranquilamente esta tarde en casa haciendo los robiols cuando mi pareja le ha hecho una foto al peque para enseñársela a la abu. Por lo visto en lugar de enviársela directamente lo ha colgado en el facebook y casi ni había acabado de ponerla cuando una mami que conocemos ya nos estaba pidiendo por ello. Se han interesado unas cuantas personas, así que hemos pensado que esta noche haríamos un post exprés para que esta mami y las no mamis que han pedido por ella sepan cómo se hacen.

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Ingredientes para robiols de cabello de ángel y otros.

1 tacita de leche

1 tacita de aceite

12 onzas de manteca, o lo que es lo mismo, 395 gramos

2 onzas de azúcar, o lo que es lo mismo 65 gramos

2 tacitas de zumo de naranja

La harina que tome, que suele ser aproximadamente un kilo.

Nota: Como veis la receta de la abuela venía con onzas, jajaja, según nos indicó C., una onza equivale a 33 gramos, así que os he puesto al lado las proporciones ya con gramos.

Ingredientes de relleno para esta masa:

Cada robiol se rellena sólo de uno de ellos, así que podéis hacerlos todos iguales o bien ir variando, pero no los mezcléis, cada uno de lo suyo. Podéis elegir entre

–          Cabello de ángel

–          Mermelada

–          Crema pastelera o flan muy espeso

–          Nocilla, nutella o crema de chocolate espesa

Preparación:

En un bol ponemos todos los líquidos, añadimos el azúcar y removemos.

Añadimos la manteca, yo le he dado entonces un toque con el microondas para ayudar a fundirla, ya que la acababa de sacar de la nevera, conviene que tengáis eso en cuenta y haberla sacado antes para que se mezcle mejor.

Luego tenéis que ir añadiendo harina e ir mezclando. Como os he puesto arriba, a mí también me ha tomado un kilo de harina, pero también puede ser que a alguien le varíe un poco.

Esta masa no hace levados ni nada por el estilo. Lo más práctico es que hagáis unas cuantas bolitas.

Poner sobre le encimera una hoja de hornear para trabajar. Situar sobre ella una bola de pasta y con un rodillo ir extendiéndola. Debe quedar una especie de círculo como si fuera una empanadilla.

En la zona central de este círculo se pone unas cucharadas del relleno que hayamos elegido.

Doblaremos por la mitad de forma que el relleno quede dentro. Apretaremos los bordes para evitar que nos salga.

Para saber de qué sabor son cada una se pueden hacer señales tipo cortecitos o pinchar con un tenedor las que son de un mismo sabor.

Se ponen en el horno, yo ha puesto 180º, calor arriba y abajo y con turbo. Las he tenido hasta que se han dorado. En mi horno ha sido 35 minutos, luego le doy la vuelta a la palangana del horno y pongo cinco minutos más, porque siempre hay un lado que se dora más que otro, pero cada uno conoce su horno y debe hacer lo que mejor le funciona.

Cuando ya están horneadas se sacan y dejan enfriar. Una vez frías se espolvorea encima con azúcar en polvo o azúcar glasé. Podéis aprovechar también cuando espolvoreáis para poner algo encima y hacer también así alguna señal para distinguir el gusto del relleno.

Supongo que estos días haremos los robiols con requesón, así que dentro de unos días os enseñaré como es la otra fórmula y como salen.

Los que hemos hecho esta tarde eran de cabello de ángel y de crema pastelera. Tsunami las ha probado antes y han pasado su control de calidad, aunque opina que los de crema pastelera están más ricos.  Se lo ha pasado pipa haciendo bolitas y pasando por el rodillo, eso sí, no es que nos hayan salido muy homogéneas, ni estéticamente coherentes, pero sí que están de requetechupete. Ya sabéis, si alguien las hace espero que nos lo comente, bon profít.

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Cocina mallorquina: Rotlles, una cocina de aprovechamiento, muy versátil y que gusta a los niños

25 Mar

Estos días he estado un poco desconectada y hoy he entrado a algunos blogs para ir poniéndome al día. Entre estos he visto como Yasmin de mi mamá me mima, contaba en su post A congelar como se está preparando para la inminente venida de su segundo retoño. Yasmin como mamá experimentada, sabe que tiene que tener las cosas lo más a punto posible, sobre todo si como dice va a tener poca ayuda por parte de la familia. Por eso hace unos días nos pedía sugerencias de comidas que pueda congelar y tener disponibles para esos primeros días en casa cuando uno aún no está muy en condiciones y el tiempo de que dispone no es excesivo. Le he comentado algunos platitos que se me han ocurrido en ese momento y le he hablado del plato del que vamos a tratar hoy. Lo cierto es que hace unas semanas hice rotlles en casa y tenía pensado hacer un post sobre ellas, pero como tenía otros pendientes lo había atrasado. En vista de que le pueda ayudar un poco, adelanto esta entrada y os cuento de que va el tema. Antes de nada os diré que se le llama así porque Rotlles significa redondeles, de allí el nombre del plato.

La cocina tradicional mallorquina, como muchas cocinas tradicionales, nace de aprovechar la temporada de los productos locales. Antiguamente no había todos los electrodomésticos que tanto nos facilitan la conservación de los alimentos hoy en día. Cuando era temporada de una cosa se hacían unos platos, cuando no era la temporada pues se hacía otra cosa. Los alimentos no se tiraban porque entonces se sabía lo que costaba la comida y tal vez por eso las recetas llamadas comúnmente de aprovechamiento eran tan comunes y sabrosas.

Actualmente se come a la carta, uno puede cocinar el plato que quiera cuando quiera, porque salvo algunas excepciones, siempre puedes encontrar alguna verdura de invernadero aunque no sea la temporada. Posiblemente sea menor sabrosa y más cara, pero muchos alimentos ya no se consideran hoy exactamente de temporada.

Antiguamente la carne no se compraba por piezas. Hoy vas a la carnicería o al super y te puedes llevar por ejemplo tranquilamente doce muslos si te da la gana, y lo único que te llevarás a casa serán esos muslos. El resto del pollo se despieza y otros se llevaran las pechugas o las alitas. En otros tiempos, cuando los llamados platos típicos se fraguaron en las cocinas de nuestras  bi-bisabuelas, se compraban los animales enteros. Bueno, normalmente se criaban en las casa, porque hasta las casas de Ciutat tenían su corral con algunos animales de pluma o también conejos. Cuando uno mataba un ave se hacían una serie de recetas encadenadas que permitían aprovechar al máximo esa carne durante una serie de días seguidos y para una serie de guisos de diverso y variado gusto. Cuando uno sacrificaba un pollo o una gallina, se aprovechaba primeramente su carne para hacer caldo. Ese caldo iría dirigido a varios guisos y sopas. Tras ese caldo se aprovechaba la carne, ya sea en albóndigas, canelones, ropa vieja o en el caso en que os voy a hablar hoy, para hacer rotlles.

Recuerdo muchos días de invierno en los que mi madre compraba un pollo, porque en esa época se solía comprar aún el pollo entero que salía más barato. Lo hervía y sabías que posiblemente esa noche cenarías ropa vieja y al día siguiente comeríamos sopa de primero y de segundo unas rotlles.

Cuando me casé, mi ex las solía llamar, y aún lo hace, hamburguesas mallorquinas, pero tengo que comentaros que no se parecen para nada a una hamburguesa, al menos de sabor. Estéticamente nos lo puede recordar y tampoco descarto que se pudieran presentar así para los más pequeños, sería otra opción más para este versátil y sencillo alimento que tanto gusta a niños y a menos niños.

Normalmente como os he dicho se hacen con carne hervida, pero muchas veces si te sobra pollo de haberlo hecho al horno, o como fue mi caso, un día con poco tiempo y mucho trabajo compramos unos pollos al ast y nos sobró un poco, se puede hacer lo siguiente y reaprovecharlo.

 

Ingredientes:

 

Carne de pollo hervida, o bien al horno o al ast que nos haya sobrado.

 

Huevo, depende de la cantidad de pollo que tengamos necesitaremos más o menos huevos, lo ideal es ir añadiéndolos poco a poco.

 

Sal, ajo y mejorana (en la foto aparece en color verde porque tengo una plantita en casa y no emplee la seca de bote)

 

Galleta picada o pan rallado. En Mallorca se usan unas galletas llamadas de aceite, que se machacaban con una botella y su polvo se usaba para rebozados o para unir pastitas, se suelen comercializar con el nombre de quelitas o galletas de inca. Normalmente en la península se usa para este fin el pan rallado, que es un poco más consistente pero igual de ideal. En mi caso ese día utilicé el que viene con picada de ajo y perejil.

 

Aceite de oliva para freír.

 

Preparación:

 

No puede ser más sencilla. Primeramente se cogen todos los trozos de pollo que nos han sobrado, se les quita el hueso y los cartílagos que puedan tener y con calma nos sentamos y los cortamos con unas tijeras a trocitos bien pequeños en un plato. Si queréis usar un robot de cocina para cortarlo podéis hacerlo, pero id con cuidado, los trozos deben ser pequeños, pero deben existir los trozos, no es cuestión de hacer una pasta tipo croquetas, así que no os paséis picando.

 

Cuando tenemos la carne cortadita en un plato le añadimos la sal, la mejorana y un diente de ajo (o dos dependiendo de si os gusta mucho o de la cantidad de carne) cortado también bien pequeñito a cuadraditos.

 

Cogeremos un huevo, lo pondremos encima (no es necesario batirlo a modo de tortilla antes de ponerlo) y con un tenedor vamos mezclando y que se integre. Si había mucha carne y veis que no se va compactando todo y aún está seco se añade otro huevo. Yo prefiero ir añadiéndolos poco a poco que no es cuestión de pasarse.

 

Cuando el huevo esté integrado y la masa húmeda, se le añade también despacio, el pan rallado y entonces es cuando todos se nos vuelve una masa, con sus trocitos pequeños, pero masa. La cantidad de pan dependerá también de lo jugosa que esté la mezcla. No es cuestión tampoco de dejarla seca, pero sí que tenga su consistencia para trabajarla.

 

Se pone a calentar en una sartén, o si queréis en un cazo, una cantidad de aceite suficiente para freírlas. La versión de hacerlo en un cazo la he descubierto hace poco, reconozco que tiene muchas ventajas, al ser de paredes más altas salpica menos y necesita menos aceite. Al no poder poner tantas a la vez el aceite mantiene mejor la temperatura. La parte negativa es que estás un poquito más de tiempo, pero sin exagerar.

 

Cuando ves que el aceite empieza a ir calentándose se coge una cuchara de las de sopa y vas cogiendo trozos de la masa, así te aseguras de que coges siempre más o menos la misma cantidad y no quedarán muy desiguales. Pones ese trozo de masa en la palma de la mano y aprietas con la otra sobre. Harás así una especie de círculo grueso, entonces sólo es cuestión de redondear un poco los bordes. Si veis que está muy líquido y no tiene consistencia añadís un poco más de pan rallado y mezcláis de nuevo. Si por el contrario está muy seco hay que poner algo más de huevo, en este caso sí que os aconsejaría batirlo aparte e ir añadiendo la cantidad que necesite con la cuchara.

 

A medida que vamos haciendo estos circulitos o rotlles, las vamos friendo un poco por ambos lados. Pensad que no necesitan demasiado tiempo, el suficiente para que cuaje el huevo dentro y quedar doradas por ambos lados. El pollo, al estar ya cocinado no necesita hacerse, es como si hiciéramos una albóndiga en las que toda la carne es cruda. Si no os pasáis friendo queda crujiente por fuera pero tierna por dentro. Al freírse rápidamente no quedan nada aceitosas.

 

Cuando ha dorado por ambos lados se saca, pone sobre una papel de cocina para que escurra y seguimos friendo el resto.

 

Este plato se puede tomar tanto en frío como caliente está igual de bueno de las dos formas. Es una buena opción para la fiambrera del trabajo o para una excursión. A los niños les suele gustar mucho y muchas veces yo de pequeña ayudaba ha hacer las formas y mi madre las freía. Se pueden tomar solas, pero perfectamente casan a las mil maravillas con una ensalada, unas patatas o un arroz con tomate. También algunas veces las he acompañado de cus cus y están muy ricas. Se conservan bien durante unos días, si es que llegan a tanto, porque es irresistible pasar a su lado y coger una.

Se me ocurre que si alguien las quiere hacer algo más grandes se podían presentar en plan hamburguesa de pollo, que seguro que está más jugosa y artesanal que las pollo burguer esas.

 

Lo que puede darte más trabajo es cortar la carne, pero si uno se lo toma en calma puede hacerlo la noche antes mientras ves la tele y guardarla tapada en la nevera sin montar la pasta. De pequeña yo también ayudaba a mi madre a cortar los trocitos… no había tantas distracciones como hoy en día y los niños es pasaban más tiempo por la cocina que no actualmente, aunque de eso no me puedo quejar con los míos, lo difícil es que no estén.

 

Bueno, espero que a Yasmin le haya gustado y que también os haya podido dar una nueva idea de reaprovechamiento buena y muy sencilla. Como veis es muy versátil y sólo tienes que ponerle imaginación. Si queréis sustituir la mejorana por otro tipo de hierbas seguro que también os gustará y si queréis acompañarlas de una salsa y las vais mojando en ella es una buena forma de hacer un snack. También se pueden presentar sobre pequeñas rodajas de pan de barra tostadito con unas gotitas de aceite y pinchado con un palillo y lo podéis presentar a modo de aperitivo en alguna comida familiar de las de domingo.

Así que ya sabéis, cuando os sobre algo de pollo a reciclarlo se ha dicho, nada de recalentarlo y que se seque. La foto de hoy fue de una cena hace poco, en nuestro caso como quedaban muchas después de haber pasado por los platos de los peques, las hicimos con un rissoto que hizo mi pareja. Espero que os gusten, ya me comentareis si os animáis con ellas i bon profit a tots.

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Poupouri festivo celebrero.

24 Mar

Hola queridos lectores, hoy quería contaros muchas cosas que tengo pendientes estos días y como no estoy para hacer tanto post separado he decidido hacer un refrito de todo y entreteneros un ratito con unas cuantas divagaciones.

El otro día os comenté que en esta casa se quería celebrar el día del hermano y me pedisteis que lo contara. Pues bien, se celebró, a trozos e improvisadamente como mandan los cánones del caos  y los preceptos  de la muy amada improvisación.

Segundo, el 19 fue el día del padre. También se ha celebrado. También se ha hecho de la forma menos ortodoxa e imprevista del mundo mundial, para mantener la tónica. Ante tamaña masa de ingredientes iremos por partes y os comentaré un poco las novedades que se han cocido por casa estos últimos días.

¿Os acordáis que el 4 de marzo era el día del hermano y que quedamos con los peques que lo celebraríamos el día 17 porque estaban los dos en casa? Pues si no os acordáis creedme, era así. Pero el día del hermano no lo celebramos el 17, lo medio celebramos al final el domingo10.

Era una mañana tranquila de domingo en la que sólo estábamos en casa tres de sus miembros. Terremoto ese fin de semana lo pasaba con su padre y nosotros nos hicimos todo lo remolones que pueden aspirar unos padres con niño madrugador un domingo por la mañana. A las ocho en punto ya hacía un rato que todo el mundo estaba firmes y tomando desayunos, no fuera cosa que perdiéramos la costumbre de madrugar y el lunes llegáramos tarde al cole. Así que el despertador Tsunami entró bien prontito al cuarto para silenciosamente quedarse mirándote y si no te despertabas por aquello de que oníricamente uno se siente observado, luego pasa a hablarte flujito diciéndote que se ha levantado y tienes que ir a la sala a llevarle el desayuno. La primera opción es ponerle un rato la tele y tumbarse unos minutos, como máximo y con mucha suerte puedes llegar a rayar la media hora. Pero al cabo de un rato el peque vuelve a entrar en el cuarto diciéndote que la leche con las galletas son para esa mañana y que la leche caliente sin pasarse a ser posible y que él le tiene que dar al botón del microondas, faltaría plus.

Andábamos todos con estos avatares cuando alguien llamó por teléfono. Descuelgo y era Terremoto.

Terremoto: ¡Mamáááá! ¿Que ya os habéis despertado? (este también tiene el modo despertador activado los fines de semana desde hace años)

Mamá: Si cariño

Terremoto: Mamá que dice papá si podemos venirnos hoy a celebrar el día del hermano juntos con mi hermanito y nos vamos de excursión y luego comemos en casa.

Mamá medio dormida y aún en batín sin peinarse y ojerosa mira a su pareja y le pregunta por si hacemos excursión por el bosque y luego comemos juntos

Pareja medio dormida, en batín y sin afeitar (porque lleva barba) le responde que vale y para que hora

Mamá pregunta a Terremoto: Vale, oye cariño, pásame a papá y quedaremos a una hora.

Mamá espera y oye a Terremoto que tapa el auricular y le dice a su padre: Papá, que ha llamado mamá que dice que nos invita a comer para celebrar el día del hermano y que haremos juntos una excursión por el bosque.

Mamá medio flipando de la pícara viborita que le ha tocado de niño y espera a que se ponga su ex. Se pone el ex.

Mamá: Oye, que yo no he llamado, que ha sido cosa de Terremoto y que dice que quiere celebrar hoy el día del hermano.

Mi ex me comenta que ayer compraron unas cositas y que estaba empeñado en que tenía que ser esta semana. Al final decidimos que qué le vamos a hacer, así que adelantamos el día. Yo preparo rápidamente unas espirales boloñesa y hago una quesada de postre.

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Terremoto y su padre llegan, le traen un libro a su hermano y una revista de recetas de cocina para mamá con la indirecta de ciertas recetas para experimentar. Interesado el niño. Cogemos las mochilas y nos vamos al bosque ha hacer una excursión. Ese día Tsunami no estaba muy católico, estaba algo pocho y la excursión no fue demasiado larga. Yo también estaba un poco fastidiadita incubando un alíen que luego salió la semana siguiente. Regresamos a casa. Comemos y pensamos en montar luego algo de juegos, pero como el peque está cansado ponemos una peli. Mi pareja nos sorprende rescatando un paquete de palomitas que hacía algo así como casi un año que se paseaba por la despensa y que por suerte aún no había caducado. Nos viene con un bol de palomitas, que luego tuvo que ser otro porque todos se apuntaron al sarao. Eso de que en casa se hagan palomitas es algo que no suele ocurrir, de hecho este paquete lo trajo un día mi ex junto con una peli que le había comprado a Terremoto y por allí estaba sólo y aburrido.

Yo estaba muy cansada, así que me tumbé un rato en la cama y lo siguiente que recuerdo es que me despertó mi pareja diciéndome que hacía una hora que se habían ido. Soy una amarga fiestas, soy una amarga fiestas, soy una amarga fiestas…

Pensé que vaya día del hermano más chorra que nos había quedado al final, pero parece ser que el día del hermano no acabó allí. El miércoles 13 se nos presenta mi ex con un juguete de un puzzle de letras para los peques y otra revista de cocina para mí para acabar de celebrar lo del día del hermano, así que improvisamos una merienda y los nenes se pusieron a jugar con el puzle que les ha gustado mucho. Yo empiezo a preguntarme a que viene tanta revista de cocina, si es que en el estanco están en rebajas o que. El viernes 15 Terremoto viene del cole con otra revista de cocina… no tengo muy claro si mosquearme o es que les empieza a aburrir mi repertorio de menús improvisados.

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Pasemos a la siguiente celebración, del día del hermano vamos al día del padre. Ayer, para celebrar los respectivos días del padre montamos un plan de ataque. Terremoto había hecho dos hermosos dibujos  dedicados a su padre. Tsunami no había conseguido hacer ningún burote en condiciones, así que cuando ayer por la mañana pasé por delante de una librería que hay al lado del trabajo y me veo en el escaparate un libro de planos antiguos super rebajadísimo de precio, no me lo pensé dos veces y lo compré. Cuando llegue a casa aún no entiendo como es que no me pilló con el “peazo” ladrillo que era el libro. Conseguí esconderlo en el armario debajo de mis jerséis colgados. Por la tarde me puse con los peque a hacer galletas tipo príncipe caseras de una receta que pillé por internet.

Yo hice la masa y luego las cortamos y pintamos con los peques y las rellené con el mayor. Mientras hacíamos esas galletas que tenían que formar parte de los respectivos regalos de los respectivos padres le endosé a mi pareja el recoger la colada. La dobla, entra en nuestro cuarto a colocarla y yo me acuerdo del libro. Mirada inquisitiva para ver si cuando sale ha descubierto la madriguera, por suerte el libro permanece a buen recaudo y no se ha fijado de su existencia debajo de los jerséis que cuelgan. Está visto que me tengo que engrasar las neuronas.

Por la mañana del martes, le ponemos a Terremoto una carpeta con los dibujos y las galletas dentro de una lata de bombones que teníamos por casa y una nota a la profe para que no se lo pillen los otros niños y el papi se encuentre sin regalo. Terremoto me dice que le hace ilusión celebrarlo con su padre pero también con mi pareja, al fin y al cabo, lleva años haciéndole de alguna forma de papá aunque nunca le pueda decir papá. Yo le digo que hoy mejor cada padre con su hijo y ya veremos otro día.

Salgo de la cocina mientras mi pareja está desayunando y me encuentro a Tsunami, el niño silencioso, que venía por el pasillo sin hacer nada de ruido. Lo pillo por banda y me lo llevo a nuestro cuarto. Le digo que hay un regalo para papá y me pregunta si también tengo escondido un regalo para él. Pobre. Le digo que para él tendrá también galletas y me siento un poco mala madre por no pensar en las necesidades narcisistas de mi querubín. El pobre coge el “peazo” ladrillo (porque el libro pesa) y le da la sorpresa a papá que casi se le cae la leche por la barba ente la visión del pequeñajo con el paquete. Lo cogen, se van a la sala y yo detrás con la cámara para inmortalizar la cara de sorpresa del papá. Ellos deciden que hasta que no hayan desayunado no se abre el regalo. Total que me tengo que ir a trabajar y el regalo sin abrir y yo sin ver la cara del padre al abrirlo. Luego he hablado con él por teléfono y me ha dicho que les ha gustado a los dos, porque nuestro pequeño Tsunami también es un poco frikie como sus papis.

El mediodía, cuando había salido a tomar algo para comer en el hermoso tiempo de media hora disponible, me llama mi ex. Me comenta que cuando iba a buscar a Terremoto al cole ha habido un choque múltiple por la autopista y él ha sido uno de los implicados, que está bien pero que tienen que esperar a que vengan los de atestados para hacer lo del seguro. Me comenta que ha llamado al cole para que se lleven a Terremoto a ocio (versión del centro del tiempo en que los nenes están entretenidos entre final de clase y las 17’30) como se que eso no le entusiasma le propongo que mi pareja y Tsunami le vayan a buscar, pero que avise al cole que tienen que dárselo, porque mi pareja al fin y al cabo no es ningún pariente consanguíneo suyo. Así que llamo a mi pareja y le paso a él el embolado y yo me voy para el trabajo. Mi pareja me ha dicho que mi ex se ha llegado luego a casa. Les ha contado que en un trozo hay obras y estaban parados para coger un desvío. Desde detrás les vino un coche a toda y se empotró contra el que él tenía detrás y todos han chocado en cadena. Ha tenido que ir la guardia civil para hacer el atestado. El papá de Terremoto le quería dar una sorpresa y se había traído de una pastelería de al lado del trabajo una tarta. Con el choque la tarta que estaba sobre el asiento del acompañante se ha estrellado contra el salpicadero. Mi ex le ha pedido a los del atestado si podían considerar la tarta como víctima del accidente y pasarlo al parte del seguro. Los del atestado se han reído y le han informado que no puede considerarse víctima. Por una vez que el pobre trae una tarta de pastelería. En fin, que su aventura ha acabado en urgencias revisándole las cervicales y metiéndole dos inyecciones en pleno gluteus máximus y por lo que ha dicho una de ellas hacía bastante pupa. Tras contar su aventura se han ido todos a tomar una hamburguesa al McDonalds más cercano (hmmm… yo haciendo posts defendiendo la comida sana y ellos se van a tomar hamburguesas, grrrrr) Bueno, en el fondo era un poco de esperar, así que al final Terremoto ha conseguido, no se muy bien como, tener su día del padre con todos los hijos y los padres juntos y revueltos. Se han abierto regalos, se han comido galletitas superrequetericas (eso textualmente según Tsunami) y para variar cuando llegué por la noche a casa me los encontré a todos cenados y felices, menos mi menda que venía hambrienta y agotada de todo el día. Pese a todo, no quería perder la oportunidad de contaros estas historias tan fantásticas e improvisadas y normales de esta familia tan poco formal y cotidiana.

2013 hivern 496

El niño ante la muerte, ¿como se lo explicamos?

18 Mar

Cuando nacemos, sólo tenemos una cosa segura, y es que algún día debemos morir. Todo lo demás, es una sorpresa. No sabemos si la vida nos va a deparar unos estudios u otros; o una pareja o no; o una familia o no; o si viajaremos o permaneceremos sedentarios en un lugar. La vida es un misterio y no obstante estamos mucho más preparados para afrontar ese misterio que no para afrontar el único hecho del que todos estamos seguros que tarde o temprano deberemos pasar un día u otro.

No quiero entrar ahora en las peculiaridades de cada creencia o religión. Para unos la muerte es un transito a un estado mejor. Para otros es el tránsito a otra vida tras un largo periodo de reencarnaciones. Para otro grupo es sencillamente el final de una existencia y no hay más. Cada uno tiene sus motivos para pensar una cosa u otra y todos tienen sus valores y su respeto.

Si deseo comentar que hoy en día, al menos dentro de la llamada sociedad occidental, la muerte ha perdido mucho de ese carácter cotidiano que antes tenía. Hace sólo unas pocas generaciones, los campos de la medicina y la calidad de vida de la mayoría de familias no tenía nada que ver con las de hoy en día. Recuerdo que durante una temporada estuve trabajando en el archivo diocesano con los fondos parroquiales. Los libros de defunción daban cifras que hoy consideramos contra natura. Antiguamente al nacer un niño su esperanza de vida se reducía a los primero cinco años, luego la ampliabas a los diez, al llegar a cierta edad empezabas a pensar que ya entraría en la vida adulta y podría formar un núcleo familiar. Los libros de óbitos de párvulos (libros sólo para niños) estaban bien nutridos de fechas que te hacían llorar. También la sociedad era distinta a la de hoy. La familias vivían más unidas, con una cercanía física mayor, los mayores estaban muy involucrados en los roles familiares, eran una parte activa de la familia. También era más habitual el contacto con animales, incluso en los núcleos urbanos todas las casas tenían un corral con algún árbol frutal o pequeño huerto y solían tener el gallinero o el palomar o las jaulas de los conejos. Sólo el sacrificio de estos animales hacía por ejemplo que se tuviera una relación más directa con la muerte que no hoy que la comida se compra en una tienda o super y te la venden por piezas y limpia, vamos, que unos contra muslos no te recuerdan para nada a un pollito vivito y coleante. Los niños veían el hecho de la muerte como algo más cercano, más cotidiano, algo que pasaba.

Hoy en día parte de esa cotidianidad ha desaparecido, se habla y se ven escenas en la televisión, pero no se toca tanto en la cercanía, es como algo que pasa allá lejos o dentro de esa pantalla. Ha pasado de ser un tema cotidiano a ser un tema tabú por el miedo que en ocasiones tenemos los padres a hablar de ello, a afrontarlo o a contestar preguntas. De hecho, hasta que no nos veamos en la triste circunstancia de tener que comunicar una defunción no solemos sacar nosotros el tema ante ningún niño.

Cuando Terremoto tenía diez años y medio y Tsunami apenas dos meses y medio, murió mi madre. Llevaba unos años con Alzheimer, pero estaba bien dentro del deterioro de la enfermedad. Un día de repente empezó a tener problemas intestinales. En dos meses tuvo varios ingresos hospitalarios, salía y a los dos días volvía a ingresar. Su salud se deterioró a pasos de gigante y finalmente nos informaron que se encontraba en estado terminal y no había forma de recuperarla. A los quince días falleció.

Un viernes a las 4 de la madrugada Tsunami se puso muy nervioso y empezó a lloriquear, enseguida se calló y volvió a dormirse. Al cabo de diez minutos me llamaron por teléfono y me dijeron que acababa de morir justo a las cuatro.

Era algo para lo que ya me había preparado. Recuerdo que pese a todo la noche del jueves al viernes me puse a llorar pensando en que lo inevitable vendría pronto. Terremoto me había pedido esa noche para ir a ver a los abuelos y yo le tuve que explicar que la abuelita estaba muy enfermita y seguramente se moriría. Unas horas antes esa mañana la había visto, estaba con la vista perdida al techo y la boca abierta que no la cerraba, el médico nos había dicho que del fin de semana no pasaría. Por otra parte, cuando uno tiene un familiar con una enfermedad degenerativa de este tipo, suele hacer un duelo en vida que hace que su fallecimiento se lleve de una forma diferente, más preparada. Incluso aunque os pueda parecer aberrante lo que diré, pero opino que en estos casos cuando esa persona hace años que ha perdido la cabeza y ya ni sabe quien eres ni casi se comunica contigo, que ya no es realmente la persona que conocías y sólo ves cada día un sufrimiento tras otro por sus achaques, casi te sientes aliviado cuando ocurre porque piensas que al menos todos, tanto ella como vosotros habéis dejado de sufrir.

Pues bien, cuando murió mi madre, la mamá de mi pareja, la abu, estaba con nosotros porque durante esos quince días de fase terminal y tuve que tener un ingreso en clínica por un problema que al final sólo fue un susto. Ya sabéis, los problemas nunca vienen solos y no tenía a nadie a quien dejar a los niños y mi pareja tenía que ir a trabajar. La abu en un par de horas se plantó en Palma y estuvo con los peques mientras yo estuve ingresada. Luego cuando salí y ella vio el panorama que teníamos, decidió quedarse unos días más con nosotros.

La mañana del viernes yo estaba con mi padre arreglando aún las cosas, organizando el funeral y el velatorio de la tarde y avisando a los familiares y amigos más allegados. El abu fue quien se lo dijo a Terremoto, le dijo que la abuela se había muerto y que se había convertido en una estrella. Terremoto muy serio le respondió “anda ya, las estrellas son otras cosas son bolas de gas incandescentes, no digas tonterías”. Mi niño siempre tan lógico y cerebral, los temas de religión le vienen grandes. Las personas con problemas del espectro autista les suele pasar muy a menudo esto, son muy cerebrales y todo lo que implica un acto de fe se les escapa y no logran entenderlo.

Mi ex fue a hacerse cargo de Terremoto y se lo llevó a su casa. Por la tarde había el velatorio, yo en un principio no quería que Terremoto viera a la abuela así, prefería que la recordara como estaba antes y no en un ataúd. Cuando murió había quedado muy descompuesta y apenas se la reconocía, pero los del tanatorio hacen un trabajo magnífico y al verla estaba igual que antes de enfermar. Mi madre siempre fue una mujer hermosísima, incluso a los ochenta años llamaba poderosamente la atención su belleza, con una piel envidiable apenas sin arrugas. Así era como la habían dejado, parecía verdaderamente que durmiera.

Mi ex me llamó y me comentó que Terremoto quería verla. Estuve hablando un buen rato con él porque sinceramente no me esperaba que la presentaran así de bien y tenía mis dudas si Terremoto debía venir o no. Cuando yo era pequeña una de mis abuelas murió cuando yo acababa de cumplir los dos años y curiosamente recuerdo el día de su muerte, recuerdo a mi madre saliendo de una habitación llorando y un señor que no conocía salía con ella. Los mayores me intentaron alejar de allí y recuerdo que me asomé a la habitación antes de que cerraran la puerta y allí dentro, sobre una gran cama había un cuerpo cubierto completamente con una sábana. Esto ocurrió apenas una semana después de yo cumplir los dos años y aún lo recuerdo, muy borroso pero lo recuerdo. De mis otros tres abuelos, del siguiente en fallecer, mis padres me escondieron su enfermedad y su muerte y me enteré unas semanas después de haberlo enterrado. Eso me marcó mucho, era mi abuelo preferido, al que más he querido de todos y no asimilé bien que me escondieran esa información y siempre me he sentido mal al no haberme podido despedir nunca de él. De mis otros dos abuelos sí que estuve presente en el velatorio y en el funeral y lo he llevado mejor, al menos no me siento como si algo me faltara y no hubiera acabado de cerrar esa relación.  Así que no tenía muy claro si Terremoto debía venir o no. Finalmente decidimos que llamaría a su madrina, que es médico y le consultaríamos que opinaba ella, pero no hubo forma de localizarla. Al final conseguí hablar con una de las psicólogas que lo habían llevado durante años y me recomendó que mejor no viniera, que temía que le pudiera impresionar y luego desarrollara miedos. Finalmente Terremoto no vino ni al velatorio ni al entierro y tampoco quiso ir por decisión propia al funeral porque todo eso de la iglesia lo encuentra ilógico y una tontería. Cuando llegamos el sábado por la mañana del entierro, la madrina me llamó y le conté todo lo que nos había pasado y porque le había llamado. Entonces para mi sorpresa ella me dijo que no tendría que haber hecho eso. Me comentó que los pediatras siempre recomiendan que si el niño lo pide se debe respetar su deseo y dejar que se despidieran. Por desgracia ya no estábamos a tiempo para ello.

En los días sucesivos Terremoto estuvo muy raro, pedía constantemente por su abuela, la intentaba imitar, nos pedía si él también se moriría para poder estar con ella. Se empezó a obsesionar con el tema. Me pedía donde estaba ahora la abuela y yo le decía que eso no estaba comprobado científicamente y que la religión dice que se encuentra en un lugar mejor. Me pedía si el cielo es ese que tenemos sobre nuestras cabezas y yo le respondía que aunque se llamaran igual no se refería a este. Terremoto se obsesionó tanto que un día me lo encontré con que a una botellita pequeña de cristal azul le había pegado un trozo de papel con lo que se suponía era un rostro como el de la abuela y la paseaba por la casa. Tuve que dejar que la tuviera y cuando bajó la guardia lo escondí. Más tarde la tiré. Aquello me parecía perverso.

También me pidió que ocurría con el cuerpo de la abuela y le dije que se convertiría en un esqueleto como el que le habían enseñado en el cole. Entonces al hablar de su abuela solía añadir la coletilla de “ahora que sólo son huesos” o “ahora que es un esqueleto”. A los pocos días me dijo que quería despedirse de ella y si sabía cómo hacerlo. Entonces nos fuimos a comprar un ramo de flores y lo llevé al cementerio, nos pusimos delante de la tumba y le dije que allí dentro estaba la abuela, al menos el cuerpo de la abuela, su alma desconocía donde estaba ahora.

Terremoto se lo miró un rato y luego empezó a hablarle y le contó que no había podido ir al velatorio a verla y que ahora iba para decirle adiós y le había traído unas flores para ella. Pusimos las flores sobre la tumba y nos fuimos. A partir de ese día Terremoto lo llevó un poco mejor, solía hablar aún de su abuela pero de forma más moderada, normal, no tan obsesiva y dejó de hacer objetos que la simbolizaran. Alguna vez me ha dicho que quería volver a ir a verla y hemos ido enseguida al cementerio, entonces él la saluda le dice que estamos bien y que su hermano está ya muy crecido, se despide de ella y nos vamos. Sé que él no cree en la religión, pero nunca me he atrevido a pedirle donde cree que está el alma de su abuela.

Al mes siguiente empezó el colegio y hable de ello con la profesora y los psicólogos de su cole. Me comentaron que ellos también opinaban lo que me había comentado mi amiga la doctora, que si lo piden deben poder despedirse. También me dijeron que había hecho bien en no decirle que la abuela estaba en el cielo. Me comentaron el caso de varios niños del cole que después del fallecimiento de un abuelo estaban aterrados mirando al cielo con el miedo de que en cualquier momento se les cayera el abuelo de nuevo. Tampoco era aconsejable decirles que se había dormido para siempre porque también algunos luego tenían miedo de dormirse y morir y eso les había producido problemas de vigilia.

Llegué a la conclusión de que lo había hecho mal, como hicieron conmigo con mi abuelo ocultándomelo. Yo no quise ocultárselo pero sí le oculté el cuerpo, le privé de la posibilidad de despedirse en un primer momento. Creía que así le protegería y lo único que hice fue complicarle el poder sacar sus sentimientos. También comprendí la importancia de contestar a todas sus preguntas, sin fantasear, sin crearle expectativas e intentando que no se obsesionara con la muerte y con la posibilidad de su propia muerte de forma inmediata. Muchas veces creemos que los niños no entienden las cosas como nosotros y estamos muy equivocados, entienden y sienten igual que nosotros y así como nosotros debemos hacen un duelo, ellos también deben poder realizar el suyo, con calma, respeto y tiempo.

atardecer

Como enseñamos a comer a nuestros niños

14 Mar

El martes fue un día muy movido en el trabajo, se tenían que presentar unos papeles y se habían pedido con muy poco tiempo, así que lo que normalmente dedico tres o cuatro  días, además de mis labores habituales de público, en poder tenerlo hecho, tuve que hacerlo en día y medio. El lunes me quedé hasta que acabé toda una serie de cálculos, el martes hasta que hube redactado y calculado toda otra serie de datos. El martes, es el día en que también curro por la tarde, así que al final salí del trabajo a las 15’40 para volver a entrar a las 16 h. Como podéis suponer, con ese margen una no podía ir a comer nada. Por la mañana no había salido a merendar, y cuando ya eran las 12’30 mi jefe me dijo que saliera. Aproveche, porque ya me veía que al mediodía el tiempo no me iba a dar para nada, para acercarme a un local de comida rápida… vamos, lo diré más claro, a un Burger King y llevarme un menú al trabajo. Ante mi sorpresa había una cierta cola para pedir, así que me puse en la cola y esperé.

Justo al lado de donde yo estaba había una madre con su hijo. Supongo que debía ser su madre y lo que comento ahora no es por ningún motivo racial ni nada, simplemente es que así eran. Ella era afro americana, pero no de las de América del norte, sino de algún lugar de la América latina. El niño me despistó un poco, imagino que el padre debía ser americano pero de los de verdad, porque tenía unos rasgos faciales muy mezclados entre indígena y mulato con una tez bastante blanca en comparación a la madre, por eso digo que supongo que debía ser la madre, salvo que fuera el hijo de algún conocido. Disculpadme todos los americanos, pero yo no tengo tan a mano todos los cruces raciales que existen por esas latitudes. El niño debía tener unos seis años, más o menos. Encima de la mesa tenían la bandeja con unos cuantos papeles de esos en los que te viene la hamburguesa envuelta, dos cajas de las de patatas y varios montones de patatas esparcidos por encima.

Al principio no les di más importancia que la que les hubiera dado a cualquier otra mesa y estaba más atenta intentando leer que ingredientes tenía cada hamburguesa y como se llamaban para pedir. Lo sé, se me nota que no voy mucho por estos sitios, así que antes de parecer una palurda inculta me gusta localizar que pienso llevarme.

El niño me llamó la atención cuando al estar mis neuronas concentradas en la elección de la burguer no se qué o la burguer no se que cuantos, oigo un claro ruido para cualquier madre que me alertó, el de un niño unos segundos antes de sacar un vómito. Como yo estaba pegada a la mesa me fui instintivamente hacia un lado y me giré para ver que pasaba. No era cuestión que el tal Murphy me regalara un manchón sobre toda la ropa y yo con ese día y saliendo a las ocho de la noche y sin poder ir a cambiarme a casa.

El niño realmente estaba a punto de sacar lo comido. Enseguida pensé en la pasada de virus que hay ahora por estos lares y que da estos efectos, así que observé un poco más pensando, “hay cielos, ya me veo con la suerte que tengo, a todos los de la casa infectados dentro de unos días”, soy así de neurótica. Pero no, el niño no tenía virus. El niño tenía empacho. No se si alguna vez habéis hecho la animalada de pegaros una comilona de esas a lo bestia que ya no os entra nada más en el estómago y os sentís agotados, con cara de asco ante la comida y con ganas de sacarlo todo… algo así como unas comidas de Navidad pero reconcentradas y comprimidas en una toma. Pues esa era la pinta que tenía el pobre nene. Entonces me fije más y tengo que decir que el niño no estaba especialmente ni obeso ni con sobrepeso. Era un niño normal, de los que no son para nada delgaduchos pero normalito sin ser estilizado. El peque levanta la cabeza que tenía apoyada en la mesa porque no se aguantaba y se tira para atrás. Entonces se levanta el jersey y empieza a masajearse la pancha. Se estira y sigue masajeándose. Me dio bastante pena porque pensé que lo debía estar pasando mal. Luego vuelve a apoyar la barbilla sobre la mesa y se queda mirando los restos que había sobre la mesa. Extiende la mano y coge unas cuantas patatas y se las come. Sigue comiendo y vuelve ha hacer un ruido parecido al primero que me alertó.

Mientras todo eso pasaba la señora, supongo que madre, que estaba delante, no le había prestado ninguna atención. Estaba escribiendo mensajitos en el móvil. En ese momento la señora levanta la vista del móvil y le dice que no tome más patatas que después de “las” hamburguesas y las patatas mejor lo dejara ya .

Veamos. Un infante de unos seis años se zampa el sólo dos menús de hamburguesas con patatas de adultos, que esos no eran de los de juguetito, y la madre se queda tan tranquila. A estas alturas yo estaba empezando a flipar en colorines y entender mejor algunas cosas que en ocasiones oigo por la radio en relación a la alimentación de los niños y tal sobre todo en ciertos países como México y demás. Que conste que no estoy diciendo que fueran de allí.

Para mi asombro, la madre siguió dándole a las teclitas del móvil y el niño volvió con sus masajes de estómago y siguió ingiriendo las patatas que quedaban en la bandeja hasta que hubo dado buena cuenta de todas ellas. Eso sí, con una cara de cólico que no podía aguantarse el pobre.

Un ratito después, porque lo que aquí os he contado con tantas palabras ocurrió en relativamente poco tiempo. Se pusieron detrás de mí otras personas haciendo la cola. No me giré pero oí la conversación. Era otra madre con la hija que luego pude ver que llevaba en una silla de niños, no en un cochecito. Debía ser una nena de unos tres añitos o por allí andaría. La madre le pide a la niña que quiere para comer y la niña sin pensárselo dos veces le suelta un efusivo y entusiasta “manzanaaa”. La mamá le dice que sí, que de postre tendrá la opción de manzana, pero que tienen que pedir algo antes, así que le plantea si quiere carne con pan (hamburguesa) o pollito rebozado (nuggets). La niña vuelve a soltar un efusivo “manzanaaaa”.

A esos momentos de la conversación sobre lo que comerían, la cola se adelantó y fue mi turno de pedir. Hice el encargo para llevar, pago y me pongo al lado en un hueco que había a esperar que me llamaran. Entonces fue cuando vi a la madre con la niña forofa de las manzanas. La escena fue divertida. Se acercan a la caja y la madre dice que un menú diverking. La dependienta pregunta que qué será. La niña se pone de pie sobre el reposapiés de la silla y lanza un grito entusiasta de “MANZAAAANAAAAA” .A mí la pequeñaja esa me arrancó una sonrisa. La madre pidió unos nuggets, una ensalada, un agua y la manzana de la niña.

Me llamó poderosamente la atención de los dos casos uno al lado del otro. El niño haciendo esfuerzos por engullir hasta la última patata, atiborrado de comida y con la madre cuya única preocupación era atender al móvil más que al hijo que estaba a punto de vomitarlo todo, y la pequeña fans nomber uan incondicional de las manzanas. Una había elegido presuntamente por lo que comentó dos hamburguesas con patatas y la otra le ponía ensaladita y manzana.

No soy ni mucho menos una defensora de los locales de comida rápida. Nadie obliga a la gente a entrar en ellos y es cierto que algunas veces de tanto en tanto cogemos algo o vamos a comer allí con los nenes, pero algo muy a cuenta gotas, vamos que no es ni siquiera una costumbre semanal ni mensual. Se comenta mucho del tipo de vida y de la comida que tomamos. En ocasiones pienso que ante una opción tipo entrar en ellos, hay varias formas de consumir y el como enseñemos ha hacerlo a nuestros hijos y la frecuencia con que les “premiemos” a ir, será muy importante a la hora de establecer los hábitos alimentarios y los futuros problemas de salud de nuestros peques. Precisamente después de esto, ayer oía por la radio en el coche, que la diabetes se está convirtiendo en una verdadera epidemia y de cada vez hay más niños que la padecen, además de los que deben pincharse con insulina. Desgraciadamente España tiene el nefasto honor en ser el número uno en los países con niños con más problemas de obesidad dentro de la unión europea, como comentaron, ya podríamos ser el número uno en otras cosas y no eso. Es triste que los padres hayamos llegado a unos niveles tales en los que la alimentación de nuestros hijos mientras y cuando nos dejan tranquilos nos importe absolutamente un carajo.

Quien os está diciendo esto es una madre que actualmente tengo sobrepeso, pero no porque me atiborre todos los días de bollería industrial y porquería, sino porque el metabolismo de mi cuerpo, la edad, un embarazo tardío y la falta de tiempo para ponerme en forma no juegan a mi favor. En casa las verduras y las frutas están siempre en nuestra dieta. También es cierto que Terremoto tiene sobrepeso, porque hace años que toma un medicamento cuyo efecto segundario es un exceso de apetito. Ahora este verano tenemos que hacerle unas pruebas y la neuropediatra quiere intentar quitárselo para que no le pudiera llegar a afectar a la salud. Así y todo se lo controlamos bastante, salvo cuando está una larga temporada con su padre. Mi ex en el tema cocina es un desastre el pobre y cada vez que pasa unas vacaciones con él me viene con varios kilos de más que luego cuesta mucho restablecer y por desgracia la crecida de este verano fue tremenda, me devolvió al peque con diez kilos de más que aún estamos en proceso de eliminación.

No es cuestión de obsesionar a los niños con ponerlos a dieta. La comida es un placer y una necesidad, pero no un tormento o una maldición. Hemos de enseñar a nuestros hijos a que su dieta debe ser variada, a que de tanto en tanto uno puede tomarse algún capricho pero no de forma habitual. Que cuando no se tiene hambre no hay que seguir atiborrándose hasta reventar. Que la comida hay que tomarla despacio y masticar bien y beber agua. Que se tienen que hacer unas comidas al día y que luego no hay que picar cada vez que a uno le plazca y lo que le plazca. Que además se tiene que hacer algo de ejercicio y no pasarse todo el día en el sofá, buscar un día para ir a pasear o de excursión es una buena opción y barata. Los hábitos alimenticios son importantísimos y parece que no nos demos cuenta de ello. Hay familias que juegan con dinamita, y no se han parado a pensar en que calidad de vida van a tener sus hijos cuando esta dinamita les estalle. Es una pena pero es así. En nuestras manos está el intentar arreglarlo y aún estamos a tiempo. Por favor, pensad un poco en ello, al fin y al cabo con la salud no se juega y con los niños mejor en el parque.

Hombre Obeso

Yo fui madre después de los cuarenta

12 Mar

Algunas veces antes de empezar un post miro un poco lo que se comenta sobre el tema por Internet, para evitar repetir más de lo mismo. Este es un tema que hace tiempo que estoy pensando en abordar y al entrar a mirar que se cuece me he encontrado con la sorpresa de que se dice mucho sobre el tema, pero a la vez se dice muy poco sobre el tema. Me explicaré. Hay tropecientas entradas sobre que hoy en día la maternidad por causas de trabajo, estudios o porque queramos ser más chulas que las famosas o por lo que sea es cada día más tardía. Hay tropecientas entradas que comentan que la edad más adecuada para la maternidad no es precisamente a partir de los 35. Hay tropecientas entradas que te cuentan que si decides ser madre a partir de los 38 puede pasarte esto y eso y lo otro. Pero básicamente me he encontrado muy pocas cosas que comenten lo que es ser madre y criar a un hijo cuando has tenido, como dicen finamente, una maternidad tardía.

Es curioso ver como todo el meollo de la cuestión se centra en el hecho de concebirlo y llegar a buen puerto con el parto. Luego se dice alguna cosita a pinceladas pero se comenta muy poco sobre el criar un hijo a partir de cierta edad. Me encontré el mes pasado en el cumpleaños del hijo una amiga mía, una señora más o menos de mi edad que había acompañado a un niño un poco más jovencito que Terremoto. Hablando de los coles y tal le pregunté a que cole iba su hijo y me dijo “no es mi hijo, es mi nieto, sus padres están separados, el padre vive fuera y la madre está con otro y la custodia la tengo yo”. Sí, sé que yo, si hablamos de Tsunami, no soy la referencia más normal de madre para un niño de tres años y medio, pero tampoco me parece muy lógico que una mujer de mi quinta ya tuviera un nieto de esa edad y que ella tuviera que actuar como abuela-madre.

Pero el tema hoy no es el de las abuelas jovencitas que hacen de madre, porque estas aunque puedan hacer una labor ejemplar, no se han pegado la paliza de un embarazo a esa edad ni llevan el cansancio de un parto y un postparto. Sino el de las que deciden o simplemente les viene la maternidad después de los cuarenta.

De eso podríamos decir que sé un rato. En mi familia debíamos ser unos bichos raros dentro de la sociedad de otra época y soy fruto de una larga saga de hijos de padres mayores o padres viejos como se les decía entonces. Mis abuelos paternos nacieron a finales del mil ochocientos, es decir, siglo XIX. Se casaron relativamente tarde y mi padre es el pequeño, así que sus padres ya habían superado los cuarenta cuando él nació. En la familia materna, la situación es más divertida, mis bisabuelos se llevaban 13 años de diferencia, diferencia de ella mayor que él que tampoco era lo normal. Así que mi bisabuela también fue madre bastante tardía por la época. Los abuelos maternos nacieron él a finales del XIX y ella en 1900. Mis padres se ubicarían en el segundo lustro de los años veinte. Tanto unos abuelos como otros habían casado relativamente tarde y habían tenido hijos cuando la mayoría de matrimonios a esa edad ya tenían unos cuantos creciditos. Mis padres tampoco se casaron a la edad que solía hacerlo entonces todo el mundo. Lo normal era que a los veinticuatro ya estuvieras pasada por el altar y generalmente con algún hijo en camino, eso si el primogénito no nacía a los nueve o diez meses de la boda como en el caso de mis respectivos tíos. Mis padres se casaron él con 28 y mi madre con 27 y a mí me tuvieron a los trece años de casados. Vamos, que a mí me parieron con los cuarenta cumplidos o a punto de cumplir. Yo por mi parte tampoco tuve un instinto maternal prematuro y tuve a Terremoto a punto de cumplir los 33 y a Tsunami con mis 43 y medio justos. Claro, para uno soy una madre más o menos normal, no muy jovencita pero sí dentro de los límites aceptables. Del otro soy una madre más bien vieja, aunque tengo la ventaja de que siguiendo con la tradición de mís bisabuelos, el papá de Tsunami tiene nueve años menos que yo y eso compensa en ciertas cosas la balanza. Así que después de este rollazo que os acabo de soltar os voy a contar la percepción que tengo sobre lo de ser madre tardía.

Primeramente y creo que es importante, antes de buscar intencionadamente un hijo a estas edades es conveniente hacerse una revisión ginecológica. El hecho de haber podido tener un embarazo previo no nos asegura que nuestros aparatitos giro dinámicos internos estén aún en buenas condiciones y funcionamiento. En mi caso aproveché una revisión anual y el quitar el DIU, eso es muy importante. La ginecóloga me dijo que no era habitual que a mi edad todo estuviera tan bien y que no habría problemas de fertilidad. Problemas para concebir no tuve, pero sí para que el embarazo de mantuviera viable y pasamos por varios abortos seguidos. Ese es un riesgo que conlleva un embarazo a estas edades y hay que saber que puede tocarte, con todo lo que ello supone física y moralmente. A nosotros nos tocó tres veces seguidas antes de tener el de Tsunami. También es conveniente saber que cuando más avanzada es la edad de la madre hay más posibilidades de gestar mellizos ya que a medida que se acerca la fecha de menopausia el cuerpo va expulsando más cantidad de óvulos pues debe llegar a ese punto sin ninguno. Así que es un pequeño detalle que también nos puede tocar, no fue mi caso pero sí el de una amiga que tuvo mellizas el año antes que yo y fue quien me explicó esto.

Además de una revisión ginecológica es conveniente tener controlado el peso, ya que un sobrepeso dificulta más la concepción y el embarazo. También hay que empezar a ir tomando ácido fólico, pero eso mejor preguntar a la ginecóloga cuando hagáis la revisión. Posiblemente también os haga una analítica para comprobar que no tengáis deficiencias ni otros problemas.

Dicho esto ¿qué diferencia hay entre un embarazo a los treinta y uno a los cuarenta? Principalmente la posibilidad de complicaciones, pero eso lo dejo para que vuestros médicos os guíen. La madre mayor normalmente suele estar mucho más mentalizada y suele tener bastante más claro lo que se le va a caer encima y sus consecuencias, sobre todo si ya ha pasado por un embarazo previo. Los problemas típicos de los primeros meses no me sorprendieron. No me estresé tanto por cada prueba que pasas. Vas más mentalizada en cumplir al pie de la letra todo lo que te prescribe el médico, quizás porque sepas que no estás para ir haciendo muchos intentos y tu vida social no es tan alocada que en años anteriores y la estabilidad laboral también. Además y precisamente por los posibles riesgos que conlleva es un tipo de embarazo que está mucho más controlado y con más pruebas obligatorias que cuando se es más joven. Las madres solemos prever más todo lo que vamos a necesitar después del parto y no dejamos tanta  cosa a la improvisación. Realmente, no es que antes dejemos tantas cosas a la improvisación, es que no nos las esperamos y se nos vienen encima sin saber de donde caen.

Posiblemente la experiencia con otro hijo o el haber tenido contacto con familiares y amigos que ya han sido anteriormente padres nos ha proporcionado una perspectiva diferente de lo que realmente nos encontraremos. Ya no es sólo la visión idílica del hijo en tus brazos. También tenemos, además de esta, una  visión real de las noches en vela, de las preocupaciones por su salud, de los problemas para conseguir bañarlo sin que se te escurra o conseguir meterle la mano por la manga larga a la primera.

Del estado físico de cada uno dependerá que el embarazo se nos haga más cuesta arriba a unas que a otra. Las mamis maduritas que he conocido y entre las que me incluyo, les ha costado bastante, sobre todo los últimos meses. Eso de que no pesan los años, pesan los kilos, es cierto y en un embarazo con años y kilos ya ni os comento. Los últimos meses suelen ser bastante fastidiosos, las posibilidades de hinchazón de piernas o lumbalgias me atrevería a decir que aumentan a más edad. Yo llegué con unas piernas que parecían columnas o patas de elefante. Los médicos y las enfermeras me miraban más las piernas que la barriga, que ya era enorme.

Tuve dos cesáreas, así que no puedo hablaros de partos naturales porque no he tenido ninguno. Os puedo decir que en general mi recuperación de las cesáreas ha sido siempre buena, tal vez la primera algo mejor. Aquí nuevamente la edad también influye. El cuerpo también tarda mucho más en recuperarse a menos que se tenga una genética envidiable o un equipo de niñeras y gimnasio en la habitación de al lado. Conservo una gran panza floja y colgante del embarazo de Tsunami, pero prefiero tener panza y un peque encantador que no un tipito juvenil y no tener a nuestro amorcito con nosotros. A día de hoy me puedo imaginar sin barriga, pero no sin Tsunami.

Por lo que respecta a sobrellevar las largas noches sin dormir es también agotador, aunque creo que pese a todo Terremoto fue mucho peor que Tsunami. Con el primero yo quería hacerlo todo, quería demostrar que era una buena madre y que yo podía con todo y prácticamente no delegué nada. El resultado fue que quedé reventada en poco tiempo. Con Tsunami lo tomé un poco más descansado y dejé que su padre se levantara también por las noches, al fin y al cabo él también es padre. También tuve la ayuda durante una breve temporadita de la abu y el poder tener un respaldo es muy de agradecer sobre todo los primeros meses que uno aún está un poco tocado. Aunque sinceramente, un respaldo no está nunca de más sea el periodo que tenga el niño, sobre todo con la “hermosa y comprensiva” “conciliación familiar de que disfrutamos” ejem, ejem.

Creo, sobre todo,  que la principal diferencia estriba en que una no está para salir siempre corriendo detrás del peque y cuesta mucho en ocasiones llevarle el ritmo. Las recuperaciones son más largas y el cuerpo reacciona peor a más edad. La parte positiva es que te mantienen en forma quieras o no y te obligan a llevar un ritmo más activo y caer menos en el aburrimiento. Supongo que fue por la experiencia del mayor pero en general me he visto más preparada, no tan perdida, más en mi sitio y sin navegar tanto a la deriva. También tienes más personas de tu entorno que han sido madres y puedes tener ese apoyo o esa charla ya no sólo en tu madre.

En general puedo decir que me siento bien con la edad en que tuve a mis hijos. Por un lado pude vivir los años de juventud. Algunas amigas mías que fueron madres dentro de sus veintitantos se perdieron hacer muchas cosas y en ocasiones lo comentan. Es cierto que ahora están mucho más libres que yo, pero también los hijos mayores tienen otro tipo de responsabilidades, de eso no nos libramos nunca.

Mi madre siempre se había quejado de que había sido madre vieja y cuando le comentaba que quería tener otro hijo me decía que ni se me ocurriera o directamente que si me quedaba abortara porque si venía un bebe se la cuidaría a ella menos y no se le haría tanto caso. Como podéis imaginar eso me dolía mucho e hice lo que más deseábamos nosotros en ese momento. Es cierto que miramos un poco como estaba nuestra situación económica, que no era la mejor del momento pero tampoco estaba tan mal, y nos lanzamos a por ello. Creo que si te lo piensas demasiado nunca te lanzas.

Yo no me he planteado demasiado que cuando Tsunami tenga 20 años yo ya andaré por los 63. Tampoco me he planteado demasiado si podré ver a mis nietos si es que alguna vez deciden tener hijos. Lo que sí tengo claro es que si alguna vez ocurre eso y por poco que pueda intentaré apoyarlos y ayudarlos en todo lo que esté a mi mano. No  me pienso perder por nada del mundo el poder ver como crecen mis nietos y al mismo tiempo si mi físico me lo permite me gustaría dar una manita aunque sólo fuera jugar con ellos alguna tarde para que los papis descansen o sigan con su vida. Sé que no hay que interferir en la vida de los padres, una cosa es ayudar proporcionando unas horas de descanso o un día sin cole y otra intervenir en todas las decisiones de su crianza, eso debe ser decisión de los padres. Como he dicho cualquier ayuda es bienvenida y siempre que pueda ayudar lo haré, al menos esa es mi ilusión. El cariño se hace con el roce, con el día a día y me gustaría que mis nietos disfrutaran mucho con el roce de su abuela y la recordaran aunque no pudiera estar muchos años a su lado.

Siempre he odiado ser una madre muy protectora, como lo fue mi madre conmigo por lo que os explique en el post de la madre mega protectora. Creo que he podido adquirir una visión en la que se hasta donde tengo que ir dando libertades a mis hijos para que se vayan formando e independizando. Me parece que más o menos lo he conseguido.

Así que si alguien me preguntara que es lo peor de ser madre después de los cuarenta os diría que es tener la posibilidad de tener sólo un hijo. Siempre todos me han dicho que yo sería la heredera, pero también he sido la heredera de todos los males, enfermedades y necesidades físicas y económicas de mis padres. Sé que ser hijo único de madres jóvenes también es posible, pero cuando uno opta por una maternidad tardía esa posibilidad aumenta. Lo mejor ha sido poder volver a ver el milagro de una nueva maternidad. El haber podido disfrutar más y mejor de Tsunami, haberle podido dedicar un tiempo más de calidad. El volver a vivirlo todo ha sido maravilloso, agotador pero maravilloso. Sabía donde me estaba metiendo y así y todo en ocasiones me sorprende. Realmente se disfruta más, con menos miedos y con más intensidad. Adoro a mis niños aunque nos dejen agotados a mí y a mi pareja y ya no tengamos ni una tarde para estar de novios, pero creemos que vale la pena.

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