Archivo | abril, 2013

Sobre la elección de las lavadoras, las clases de preparación de parto, el inicio en la paternidad de unos padres primerizos, o, como sería el esbozo de ese manual para padres que todos buscamos en la canastilla de la cuna cuando nos trajeron a nuestro hijo y que nunca encontramos debajo del paquetito de las dos muestras de pañales Dodot.

29 Abr

Al comprar una lavadora pretendemos sacarle el máximo rendimiento, para eso hay que saber usarla. Hay un tipo de personas que cuando la compran o les traen el aparato a casa bombardean al vendedor o al técnico con preguntas para que les explique como van los programas y cual se adapta mejor a su tipo de ropa. Otros prefieren leerse de cabo a rabo el manual, incluso la sección de desembalaje e instalación, aun cuando esto ya lo ha hecho el del reparto. Un último grupo pasa de vendedor y de manual y empieza a experimentar para que servirá ese botón o simplemente piensan que no variará mucho de como funcionaba el aparato anterior.  Sé que muchos se escandalizarán, pero yo creo que una gran mayoría de padres actúa de la misma forma cuando les llega a casa su hijo. Están los que preguntan a los abuelos a las amigas, a los vecinos y en ocasiones incluso al pediatra.  Otros, en el quinto mes, ya se han leído todos los libros de maternidad de la biblioteca local, lo que había en la librería y lo que ha pillado por internet o les han regalado. Se han subscrito a tropecientas revistas incluso tienen sus propias opiniones de la metodología de fulanito y las teorías de menganito y tiene bien claras cuales piensan seguir en la crianza de su hijo.  Algunos van improvisando sobre la marcha o se limitan a repetir los arquetipos y formas con las que fueron educados. Me diréis que existen dos grupos más. Los que recurren a las guarderías, serían los que recurren a las tintorerías. Finalmente, los que por unas circunstancias u otras ese hijo acaba siendo educado por los abuelos… vendría ha ser algo así como el eterno “emancipado  treintañero” que los fines de semana le lleva una bolsa con ropa sucia a su madre y se marcha con la limpia de la semana pasada y los tuppers para los próximos seis días.

Antes de nacer los padres primerizos vamos a las charlas del Prenatal y a las clases de preparación de parto. En el Prenatal se nos enseña con un muñeco muy mono como se viste y se baña el niño…. Ya me gustaría a mi conocer al bebé que al bañarle y vestirle se dejaran manejar, estuvieran tan quietitos y colaboraran como el muñeco. ¡Ja!.  En las clases de las matronas también se enseña eso con un muñeco además de como irá el parto y como afrontarlo. No tengo nada en contra de estas charlas, incluso recomiendo que vayáis a las matronas aunque tengáis que tener un parto por cesárea. Lo cierto es que si en algún momento ocurre algo durante el parto, el equipo médico se encargará de actuar y proceder lo mejor posible. Si la madre resulta una histérica la dormirán y se encargarán de que todo salga bien. Decir que lo del parto es lo de menos puede parecer frívolo. Realmente se nos prepara mucho para ese momento pero nunca se nos prepara para lo que se nos va a venir luego encima. Los niños vienen sin manual, así que el futuro de los pobres dependerá de los papás que le hayan tocado y de como irán resolviendo los problemas a lo largo de su educación.

Supongo que a alguno de vosotros os sonará este post, apenas está modificado. Fue el que le mandé a Cintia de trestrillitigres antes de que yo tuviera este blog. Era para un concurso sobre como educamos en valores a nuestros hijos. El título de mi propuesta fue “Educar en valores primero a los padres”. Cuando Cintia propuso este reto,  pensé al principio en los valores que les damos a los niños para educarlos. Pero luego pensé que una visión distinta sería comentar los valores que tienen que aprender los padres para educar a los niños. Me explicaré, cuando yo era pequeña  si algo no le gustaba a mi madre tenía unos buenos zapatillazos asegurados u otros castigos, en este caso yo obedecía por miedo al castigo y asumía ese aprendizaje fruto de un castigo, no de un razonamiento, un trabajo educador o la adquisición de un respeto por ciertas cosas y personas. Cuando Terremoto era aún pequeño una vez lo reñí y me quité mi zapatilla, entonces él se quitó la suya haciendo lo mismo que yo. Aún recuerdo su mirada, entonces me dijo “si tú, yo sí”.  En ese  momento vi que lo único que estaba haciendo era repetir aquello que habían hecho conmigo y que yo odiaba tanto. Estaba repitiendo el modo de lavar la ropa de tiempos de mi madre… pero….  si hoy lo hacemos de otra forma… ¿Por qué no la empleaba?  En ese momento comprendí que por desgracia a mí se me había criado de una forma cuya mayor enseñanza se había convertido en lo que no debía hacer para criar a mi hijo. Tenía que reducarme.  Cambiar de prioridades para en lugar de recurrir a ello tener otras opciones para conseguir del niño su aprendizaje. Con el tiempo he ido adquiriendo una serie de “valores” que me he tenido que auto aplicar para empezar ha ser padres. Lo que intentaré ahora es realizar un pequeño esbozo de ese maravilloso manual de instrucciones que a todas nos hubiera gustado que viniera con la canastilla que nos traían después del parto (ya nos gustaría que existiera un manual de esos).

Imagino que a estas alturas los nuevos en este blog s estarán preguntándose cómo es que esta se cree tan experta en educar a un niño. Os diré una cosa, a mí me tocó hacer un master. Pero no un master de universidad, no, cuando Terremoto tenía tres años casi no hablaba y jugaba al lado de los otros niños pero no con los otros niños. Creíamos que no oía, pero las pruebas fueron todas correctas. Finalmente acabamos en el despacho de una neuropediatra, con el peque en el suelo jugando con unos camiones y nosotros leyendo un informe que nos decía que ese niñito que teníamos al lado tenía un diagnostico de Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), es decir, tenía una serie de rasgos del llamado espectro autista. En mi vida he pasado por muy malos momentos, pero ninguno tan doloroso como ese, literalmente sentía como mi corazón se iba rompiendo. Los siguientes días eran de no poder creérselo, fueron horribles. ¿Cómo les cuentas tú eso a tus padres?  Mi padre no paraba de llorar. Tenía lo que hoy en día clasifican como un niño especial.

Una semana después del diagnostico estaba hablando con una amiga mía y cuando le dije que  el peque era especial me riño. Me dijo que mi hijo era el mismo ahora que hacía una semana o quince días. Si hasta ese momento le había tratado como un niño normal no tenía porque ahora tratarle de forma diferente. Lo que tenía que hacer era ayudarle a salvar el obstáculo  que tenía en comparación con los otros chicos. Seguía siendo un niño como cualquier otro. He comentado esto porque no voy a tratar el valor de la diversidad. El lema del cole al que ahora va Terremoto es “todos iguales todos diferentes“. A menudo cuando la gente se refiere a esta frase suele ser para indicar diferencias sociales, culturales, religiosas, de sexo, edad… normalmente se olvidan de las otras. El hecho de que vuestros hijos jueguen con ellos, les saluden o les den una palmadita en la espalda no implica que se contagie. Muchas veces parece que la gente debe pensar esto. Me gustaría que la gente fuera más consciente del daño que pueden hacer a esos niños y a sus familias ya que es algo que le puede tocar a cualquiera sin distinción de raza, religión, cultura, diferencia social y tanto afecta a niños como a niñas y es para siempre desde que naces hasta que eres viejo. Los primeros años después del diagnóstico recuerdo que cuando salía a la calle y veía todos los niños con sus padres me daban cierta envidia y pensaba porque me había tocado a mí. Mi cura de humildad la tenía todas las tardes cuando iba a buscar a Terremoto a su anterior colegio. A esa hora cuando salía de casa paraba enfrente un autocar de un cole para niños con síndrome de Down. Entonces pensaba que posiblemente cualquiera de esos padres mataría por tener el tipo de niño que tenía yo y que no tenía ningún motivo para quejarme. Aunque bien pensado, aunque sus hijos fueran “diferentes”, también eran unos niños iguales al mio y a los demás… que fácil nos resultaría si la gente tuviera algo más de empatía.

Recuerdo que mi ex  solo decía que el niño no podría ir a la universidad. Yo en lo único en que pensaba era que mi objetivo sería que a la larga Terremoto llegue a ser una persona feliz. Los valores que rodean al término “persona” para conseguir realmente eso, alguien autónomo, con un futuro, una vida y unas expectativas mínimamente favorables, aceptado por los demás y lo que implica el sentirse feliz, es decir, el estar y sentirse conforme y a gusto con lo que se es o se ha llegado a ser.

Tras muchas batallitas que no entraré en ellas, un divorcio de mutuo acuerdo a los pocos meses del diagnóstico, acabamos en manos de un gabinete psicopedagógico y allí encontramos uno de nuestros primeros “ángeles de la guarda” fue Noemí. Ella primero y otros después fueron los que nos hicieron ver que antes de educar a Terremoto  teníamos que educarnos a nosotros.  Y aquí es cuando entra en juego la humildad de reconocer tus fallos y la fortaleza para querer mejorarlos y finalmente corregirlos. Los padres no somos perfectos ni mucho menos, nos queda mucho que aprender.

¿Cuando tenemos que empezar a prepararnos como padres? Yo creo que debería ser antes de buscar el hijo. Un amigo mio me comentó una vez, que un niño para ser feliz, debería haber oído la risa de su madre y la voz de su padre cuando estaba en el vientre. Otro compañero de trabajo me decía que los niños dependen tanto de su madre porque nosotras les llevamos nueve meses de ventaja. Todo ese tiempo han estado oyendo nuestro corazón, nuestra voz, los ruidos de nuestro interior y no empiezan a oír los del padre hasta que salen. Creo que los dos tienen algo de razón. El niño tendría que oír más a menudo la voz de su padre que le dice cosas en el vientre de la madre, sería una forma de compensar estos nueve meses. De irnos mentalizando que la educación de un hijo es cosa de dos y empieza lo más pronto posible por eso hay que compartir desde un principio.

Me he encontrado con gente que decía que había buscado el niño o bien porque estaba hartos de oír las quejas de la madre/suegra recriminándoles que ya era hora de ser abuela;  porque sus amigos tenían todos hijos y así al menos se sentirían otra vez más incorporados en el grupo;  o bien porque se les estaba pasando el arroz. Como si la maternidad fuera un picnic en la Malvarrosa. Hay que tener muy claro que se quiere ser padre porque cuando esa criaturita salga tú vida cambiará radicalmente y dejaras de vivir para ti durante mucho tiempo.  Un padre tiene que ser lo menos egoísta posible ya que su prioridad debe ser su hijo, no su propio bien. Tiene que ser generoso. También tiene que aprender a amarlo y comunicarse con él lo antes posible.

(mañana más)

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Truquitos culinarios: hacer huevos duros y pasados por agua en su punto y como cascar los huevos duros para que queden perfectos.

24 Abr

Pues sí, la cosa hoy va de huevos.  Sé que lo que os propongo es muy normalito, pero en ocasiones hace tiempo fueron dos cosas que nos dieron ciertos quebraderos de cabeza a mí y a mi madre. Cuando Terremoto era pequeño una de sus cenas favoritas eran los huevos pasados por agua. Lo quería con ese toque especial en el cual está líquido pero empieza a cuajar un poquito. Como era tan remirado con ello me tenía amargada. Además cuando hacíamos huevos duros también le gustaba cuando la yema está cuajada pero justo el centro de todo aún está un poco blandito. Tengo que confesar que a mí también me gustan de esta forma pero no siempre conseguías que te salieran con este punto en particular. Recuerdo con mi madre de pequeña que cuando había salido alguno así nos daba una alegría a las dos.

Por esa época yo conocía a un chico británico, de madre inglesa y padre gales. Sus padres tenían un restaurante en Mallorca. Era un sitio buenísimo que desgraciadamente cerró hace años por motivos de salud de su padre. Un día hablando con él le comenté los problemas que tenía con Terremoto y me dijo que yo lo que tenía que hacer para conseguir esos puntos era hacerlos al estilo inglés. Reconozco que me quedé un poco alucinadita y no tenía muy claro si me estaba gastando una broma ya que este chico tenía un sentido del humor muy…. hmmmm… ¿británico? Normalmente no solía bromear con las cosas de la cocina y me lo quedé mirando. ¿Acaso los huevos se hacen de diferente manera en cada país? Le pregunté. Entonces fue él quien se rio.

D. me explicó que aquí en España se solía poner los huevos en el agua y se encendía el fuego y luego cuando el agua empezaba a hervir se esperaba dos minutos para los pasados por agua y cinco para los duros (perdonad si no digo bien los tiempos porque como ya no uso este sistema desde hace años acabo de darme cuenta que lo he olvidado y todo, glups, que bochorno) De esta forma conseguir el punto exacto es un poco difícil.

Lo que tienes que hacer, me dijo,  es sacar los huevos de la nevera, si es posible un poco antes pero no es algo estrictamente necesario. Se llena el cazo con el agua y se pone a hervir. Cuando el agua hierva es el momento para meter los huevos de uno en uno, ayudándonos de una cuchara. Entonces cuando hierve es cuando se empieza a contar el tiempo. Cinco minutos exactos para los huevos pasados por agua y diez justos para los duros. Enseguida que haya pasado exactamente este tiempo quitas el cazo del fuego y tiras el agua hirviendo. Luego ponle agua del grifo para que se enfríen y se corte la cocción. Fue un gran consejo y desde ese día los huevos en casa siempre nos han salido en su punto, haciéndolos a la inglesa, según D.

El otro problema que tenía hace tiempo era el de pelar los huevos. Cuantas veces os ha pasado que tenéis que hacer un coctel de gambas en Navidad o una ensaladilla por verano y cuando peláis los huevos duros se os rompen todos y quedan muy antiestéticos. A mí un montón de veces y mi madre que era una perfeccionista a más no poder siempre acababa hirviendo unos cuantos más para al menos tener el número deseado en condiciones presentables o lo más presentables posibles. Pues bien, también tengo un truquito para esto.

Esta vez el truco me lo comentó mi peluquera. Su marido es cocinero y a ella también le pasaba lo mismo y D. (otro, no el de antes) le enseñó como tenía que hacerlo. El truco tiene dos partes.

La primera, cuando ponemos el agua para hervirlos hay que poner un pellizco de sal dentro. Esto según me explicó ayudará a despegar la cascara.

La segunda parte es la forma de romperlos. Hay que sacarlos del cazo cuando no estén calientes. Sujetamos el huevo de forma que al golpearlo sobre un trozo de la encimera que esté limpio, se rompe la cascara por la parte larga del huevo, no por las puntas.  Con el huevo sobre la encimera pondremos la mano encima situando el huevo donde están las falanges de los dedos. Haremos una ligera presión hacia abajo y desplazaremos la mano hacia delante de tal forma que el huevo acabará en la palma. Veréis que por la parte ancha del huevo se habrá ido descascarillando la cascara en todo su contorno. Si quedara un trozo sin haberse descascarillado repetid la operación en esta zona. Hay que ir con cuidado de no apretar demasiado porque no es cuestión de romper la yema dentro.

Luego se coge el huevo con las manos y vais quitando un trocito de cascara. Ahora os hablaré de la anatomía de los huevos (jamás creí que pondría esta frase en el blog, pero sí, hablaremos de anatomía huévil políticamente correcta)  Cuando hacéis un huevo duro entre la yema y la cascara sabéis que hay un telillo que los separa. Pues bien, tenéis que conseguir romper ese telillo y entonces el pelarlo es rapidísimo ya que debajo de este entra el aire. Hay que ir quitando la cáscara cogiendo por debajo el telillo.

Desde entonces los huevos quedan perfectos y es muy fácil y rápido pelarlos, sobre todo cuando hacemos huevos rellenos para cenar, ya que toca hervir unos cuantos.  Espero que os sirva y a partir de ahora os queden perfectos y apetecibles, que os aprovechen.

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Un arenero improvisado

18 Abr

Cuando estaba embarazada de Terremoto allá por el 1989 e iba a las clases de preparación de parto, las matronas tenían diversas charlas con nosotros además de darnos la preparación para el gran momento. Recuerdo que una vez preguntaron cuál era el mejor cochecillo de todos. Una mamá dijo que el mejor era el de la vecina. Las comadronas además de reírse dijeron que esa era una de las mejores respuestas. El cochecito de la vecina es el que no tienes que comprar, puedes usar y luego se lo devuelves y así no tienes que preocuparte luego donde se guarda o a quien se lo dejamos para que no nos estorbe en casa.

Sé que el tema que os voy a comentar hoy no tiene mucho que ver con el cochecito que pudiera tener la vecina, ni tampoco con el mío. Lo cierto es que después de tener a Terremoto guardé mucha ropa y juguetes y algunas cosas, no me pidáis porque. Tenía claro que después del diagnóstico del nene y de haberme divorciado, lo de tener más hijos era algo completamente descartado. Una vez llevé a un local algo de ropa, zapatos y otras cosas. Las chicas estaban contentísimas, eran emigrantes y me dijeron que en la casa donde estaban había unos cuantos matrimonios con los hijos y que en total había trece niños.  Me quedé flipada, así que fui a casa y cogí unas cuantas cosas más que no tenía muy claro si guardar o no y las llevé. Se pusieron muy contentas, una casi llora. Me dijo que cuando llegaran a casa sería como si los Reyes Magos hubieran llegado antes. Una de las cosas que llevé fue la bañera, así que cuando nació Tsunami tuve que volver a comprar una.

Como no tenía tanto espacio como antes, mis suegros me compraron una de esas solita, sin patitas ni repisas, esas que se ponen en la ducha como las tinas pero en lugar de redonda ovalada. Cuando Tsunami ya no se bañaba en esa bañera no sabía muy bien qué hacer con ella. Nadie la quería, incluso se la ofrecí a una compañera del trabajo que tiene una perrita para que se refrescara en verano, pero nada.

El verano pasado pensé que de allí no pasaba y tras una inspiración después de ver unas cuantas webs tomé la decisión. Llevé la bañerita a la casa de mi padre donde vamos de okupas. En el porche de atrás pusimos un hule que hace siglos que no se emplea, encima la bañerita y la llenamos con un saco de veinte kilos de arena. Y… Chachaaannn. Bañerita reciclada en improvisado arenero. Ya sé que es muy pequeñito, pero a Tsunami eso no le importó. De hecho le encantó. Allí trasladó sus dinosaurios, pececitos de Buscando a Nemo y la no menos valiosa colección de cocodrilos de plástico heredada (o chorizada, según se pregunte a quien) de su hermano.

Por la noche para evitar que el gato del vecino lo usara de baño particular, no teníamos más que plegar el hule encima, doblar los laterales y cerrar con las pinza de tender ropa.

Su uso fue continuo. Las palas y cubo de la playa no pararon. Un día mientras Tsunami hacía la siesta, Terremoto le montó un mapa del tesoro con instrucciones y pruebas. Pasar por el canal del tiburón, sortear los cocos… para llegar al lugar marcado con una X formada por cuatro piedras. Esta señal estaba evidentemente encima del arenero y allí, debajo la X estaba el tesoro: Un frasco cerrado con los pececitos de Nemo, unas canicas y otras cositas que añadió Terremoto.

Se acabó el verano, cambiamos de año y ya estamos en primavera. Allí está el arenero/bañerita guardado esperando a que lleguen mejores temperaturas, que así como vamos no le quedará mucho. Os comento hoy este reciclaje por si alguno de vosotros os ocurre lo mismo y tenéis una pequeña bañerita y un balconcito, una terracita o un jardincito donde poder darle una segunda oportunidad. Dentro de unos meses nosotros lo volveremos a sacar y se convierta de nuevo en un desierto de dinosaurios, una selva con cocos, o el escondite de un mapa pirata. Quien sabe, eso, solo los peques lo decidirán.

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Magdalenas con aroma a naranja, sacadas de la web de webos fritos.

14 Abr

Siempre había creído que eso de hacer magdalenas era muy complicado. En casa nunca se habían hecho y ya se sabe, cuando algo no lo has visto hacer en casa, en ocasiones parece más misterioso de lo que es. Tampoco es que mi madre fuera muy dada a comprarnos magdalenas ni del horno ni del súper. Así que mi infancia transcurrió sin una triste magdalena que llevarme a la boca. Cuando ya fui mucho más crecidita, dentro de mis treinta y poquitos, conocí a una chica que le encantaba la repostería casera. Lo cierto es que algunas veces fuimos a casa de S. a cenar y luego a unos cuantos cumpleaños de su peque que tenía tan sólo dos meses más que Terremoto. Siempre había oído hablar de las famosas magdalenas de S. pero dio la casualidad de que nunca llegue a probar ninguna. Las veces que fui a su casa o se habían acabado o las tenía que hacer. Así que mi juventud pasó nuevamente sin que catara magdalenas caseras. Alguna vez había comprado algunas del súper y no estaban mal. Algunas incluso las consideraba bastante buenas. Ilusa, eso era lo que creía entonces, pobre inexperta en el campo magdalenil. Hace unos años Su, de webos fritos publicó unas cuantas entradas de magdalenas que me llamaron mucho la atención. Me recordaron a S. y sus famosas magdalenas, pero la cosa quedó allí, en un recuerdo nostálgico hacia una estupenda chica que hace años se fue a vivir lejos y no he vuelto a ver.

La historia tiene un flash-back y nos hemos de situar hace dos años. Mamá, o sea, mi menda, ha ido algunas veces de compra al Mercadona y ha traído a sus peques las magdalenas de chocolate que hacen ellos. Tengo que decir que esta compra fue fruto de la recomendación de la madrina de Terremoto que me dijo que donde vive ella, en la península, las hay también de canela y que son soberbias pero que las de chocolate no están nada mal. Cuando iba al súper me las miraba y buscaba las soberbias magdalenas de canela, pero al menos en los súpers que yo frecuento no las encontré. Así que un día puse en la cesta de la compra las de chocolate y volaron. Los peques casi me hicieron la ola con eso. A la que me descuidaba iban a hurtadillas, o con menos hurtadillas y atacaban a la bolsa de magdalenas.

No es que sea una exagerada con la comida, pero empecé a pensar que si tenía que incluir eso en algo más a menudo dentro de la dieta de mis peques, no estaría mal buscar hacer una receta casera. Aunque nos pueda salir más carita por eso de los ingredientes y el consumo del horno, siempre son algo más sanotas que no todo lo industrial por muy bueno que sea. El año pasado empecé a ir mirando recetas de magdalenas y muchas tenían muy buena pinta, pero no llegaban a convencerme o exceso de azúcar o mucha grasa… Fue cuando tuve otro flash-back de esos y recordé la famosa operación copete de Su y su cruzada por conseguir unas magdalenas esponjosas, altitas y hermosas. Además también lo tiene en video, que más se puede pedir para iniciarse en el mundo magdalenil … bueno, sí, los moldes de silicona que tuve que comprar y las flaneras del Mercadona que también compré para hacerlas, pero aparte de eso poco más.

Tengo que deciros que la mayor parte de las recetas que he hecho de Su han sido un éxito. Reconozco que las que no lo han sido es que no pille del todo la receta y me salieron chapuza, como las migas… está visto que yo y las migas no hacemos migas, snif, snif… porque están buenas, pero no tengo mano con ellas. Aunque me estoy despistando porque hoy hablamos de magdalenas. Bueno, lo que os puedo decir es que os miréis el video,  hay poco que añadir. Yo hago la receta que pone en el video, la de zumo y ralladura de naranja, ya que la otra lleva nata e intento no dar demasiada grasa a los peques.  Los truquitos que da me han salido muy bien a la primera. Las  suelo dejar algo más de media hora en la nevera. Acordaros de tener un estante libre para ponerlas que no es cuestión de ir con la bandeja y tener que despejar cosas a toda leche. También me funciona muy bien el sacar antes los huevos para que están más a temperatura ambiente. Para batir uso la batidora que tiene una varilla. Es aconsejable tenerlo todo medido y a mano, te facilita que sea una receta sencilla y fácil o no ir interrumpiendo.  A mis nenes les gusta poner perlitas de chocolate de las del Mercadona. Ponemos unas cuantas encima justo antes de poner el azúcar.  En ocasiones cuando las pongo en el molde pongo un poco de pasta, ellos ponen unas perlitas de chocolate y luego las acabo de rellenar, las metemos en la nevera y luego ponemos las de encima cuando ponemos el azúcar. Recordad no rellenarlas hasta arriba del todo y también lo de tener el horno bien caliente y luego bajarlo un poco. Con lo único que difiero es el tiempo de horneado, ya que como sabéis cada horno es un mundo y el mío necesita algo más que el de Su. A mí personalmente el poner la opción de calor arriba y abajo con el ventilador me da mejores resultados que sin ventilador.

Os comento también que muchas veces hago la misma receta pero le pongo en el momento en que pongo la harina, unos 50 gramos de chocolate en polvo de la marca Zahor que es sin azúcar añadido y no desbarata las proporciones de la receta. También le añadimos las chispitas de chocolate, jejeje, con lo que les gusta buscarlas dentro, cualquiera se las quita. El único problema que tengo cuando las hago así es que como son más oscuritas tengo que ir con mucho cuidado al vigilar el horno, porque evidentemente no se ve tan bien si se han tostado o podemos entrar en una preocupante quemadita del copete.

Os dejo pues con los enlaces de esta receta. Espero que os animéis con estas magdalenas porque merecen la pena y para que veáis que todos podemos hacer sin experiencia alguna unas hermosas y suculentas magdalenas, con copete y todo. Os dejo con unas fotos de los dos tipos que hacemos en casa, aunque en estas fotos en lugar de las perlitas de chocolate, pusimos virutas, pero creedme, con perlitas se puede hacer tranquilamente y queda igual. Espero que os gusten y si os salen bien podéis comentárselo a Sú, seguro que le gusta leer que sus creaciones gustan tanto. Hasta pronto y buen desayuno.

Cómo hacer magdalenas

Magdalenas: curso on line

Magdalenas: segundo curso on line

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Un invierno en la vida de Tsunami

10 Abr

Quien lo diría, parece que no hace nada que empezó el invierno. Fue entonces cuando publiqué un post titulado un otoño en la vida de Tsunami. Esa entrada que iré haciendo cada estación para que la abu vea como crece. Pues aquí estoy de nuevo, asombrándome de lo rápido que han pasado estos meses y viendo las fotos de nuestro pequeño. Estoy sorprendida, de verdad, al comprobar lo mucho que ha cambiado el pequeñajo en tan poco tiempo.

Cuando empezó el invierno aún llevaba chupete. Supongo que alguno recordará como ese chupete se lo llevaron los Reyes Magos y creo que a partir de ese día, nuestro Tsunami dejó de ser definitivamente pequeño para transformarse en todo un mozalbete. Es cierto que sigue siendo ese niño intrépido, valiente, curioso y aventurero, pero se le ve más maduro, más mayor, más niño, con más personalidad y un par de bemoles bien puestos.

El ricitos de la familia se ha vuelto un aficionado a las excursiones por los bosques y las montañas que hay cerca de casa. Normalmente casi todos los domingos por la mañana nos vamos dar un paseo en plena naturaleza. La búsqueda de caracoles, la observación de las hileras de hormigas perfectamente formadas que marchan y el observar o perseguir mariposas hasta que se meten por la maleza más tupida, forman parte de estos itinerarios que papá nos prepara todos los fines de semana. Evidentemente, el correr, derrapar, saltar e ir paseando cantando alguna cancioncilla aprendida en el cole, son también habituales en estas salidas. Para aquellos que no lo sepan, Mallorca es muchísimo más que sol y playa, por suerte. Mallorca tiene la ventaja de poseer diversos paisajes y microclimas en una sola isla, a una distancia muy corta. Hay quienes piensan que todo el día estamos a pleno sol y casi como que esto sea algo árido. Nada más lejos de la realidad. Lo que veréis en las fotos son dos bosquecitos al lado de la Ciutat, vamos que ni hay que subir a la sierra ni irse al otro lado de la isla para disfrutar de ellos. Como podéis ver, nuestros bosquecillos no tienen nada que envidiar a las zonas verdes de otras latitudes, sólo es que no serán tan grandes, pero los tenemos cerca y damos cuenta de ellos muchas veces.

Tsunami también es un aficionado a los paseos por Ciutat con su padre para descubrir monumentos e itinerarios por las callejuelas de rancio abolengo. Pero sobre todo, a las visitas a los parques, ya sean urbanos o forestales. Allí donde haya un parque y si es posible con arena, nuestro Tsunami es un niño feliz.

También se ha vuelto un explorador de la casa y de cada día me es más difícil hacer una comida sin que el pequeño se deje caer por la cocina.

Cuando oigo unos pasos que se acercan a la puerta suelo pensar “que bien, seguramente es mi pareja”, pero no. A mi pareja no se le oye, directamente te lo encuentras detrás de ti abrazándote y dándote un beso en el cuello. Eso sí, tiene la habilidad de desaparecer de repente con el mismo sigilo con el que entró y allí estás tú sola hablándole a las cacerolas sin haberte dado cuenta.

Cuando oigo pasos suelen ser alguno de los dos peques y siempre tengo la sensación de que entran muchas veces y salen muy pocas . Terremoto entra sin rodeos preguntando o inspeccionando por si mamá está despistada y puede llevarse algo, pero Tsunami… ufff… ese es más sutil y sibilino. Primero mira. Investiga. Valora. Piensa y te pide para probar algo. Lo hace con esa cara de niño bueno y esa mirada picarona y esas pestañas tan seductoras… O simplemente te pregunta que haces. Si la cata o la respuesta le ha gustado sale raudo y veloz hacia el baño a buscar su taburete alto con el que se lava las manos. En otras ocasiones ni pregunta. Simplemente se queda parado mirando. “¡Aja! ¡te he pillado mamá!” debe pensar, porque ha reconocido algo que ya conoce y sale corriendo hacia el baño. ¿Quién me hubiera dicho a mí que cuando compré ese taburete blanco en Ikea hace años para llegar a los estantes de arriba de la cocina, llegaría a ser tan viajero y solicitado? Así que normalmente entra un nene en la cocina y mamá, depende de lo que cocine, pide ayuda de vigilancia intensiva al padre de la criatura. En ocasiones dos ojos no bastan para controlar tanta cosa y manitas trasteando del niño. Si queridos, las manitas de Tsunami cuando se ponen en la cocina son tan rápidas como sus pies cuando va de excursión y aunque de momento no ha roto nada ni se ha quemado ni nada, no quiero bajar la guardia y hay que tener mucho cuidado con sus continuas intromisiones.

Tsunami es un niño feliz que disfruta jugando con su hermano y aplastándolo. También disfruta como un enano cada tarde cuando su títo J.A. ha ido a buscar al cole  a Terremoto y lo lleva a casa. Allí está él preparándose después de que hayan llamado al portero. Espera a que suban las escaleras y toquen el timbre. Esa es la señal. Entonces Tsunami sale pitando a abrirle la puerta y le llama, “tito J.A., tito J.A.” y se lanza hacia sus brazos. Mi ex siempre entra en casa con el peque encima y se pone a jugar con él. Tsunami le pide que le aupe para tocar con los deditos el techo del pasillo, como le gusta hacer esto y sentirse muy grande. También le pide que jueguen al escondite o que quiere enseñarle alguna cosa que ha hecho o simplemente trepar por él, y mi ex encantado disfrutando y jugando con este sobrino que le ha salido sin pensarlo ni buscarlo. Muchas veces mi ex le trae algunos regalitos, porque lo ve tan feliz y Tsunami es tan pelota que en el fondo es su debilidad y de tanto en tanto viene con algún detallito para su peque. Ayer sin ir más lejos le trajo un cepillo de dientes de Bob Esponja y un montón de cromos para el álbum que hacen juntos los dos peques.

Realmente ha crecido mucho desde que empezó el año. En el cole dicen que va muy bien, pero en el informe nos pegan un tirón de orejas a los papas. Nos comentan que tiene que aprender a controlar su genio y que le cuesta sobrellevar las frustraciones, y se lo tenemos que trabajar. Es algo que no me extraña, porque es un trozo de pan, pero cuando lo saca, tiene un pronto de narices. Según la abu tiene el genio de la familia de su marido. Tengo que decir, que mi pareja debe ser la excepción de la familia, porque si bien también en ocasiones tiene lo suyo, normalmente por cualquier chorrada no tiene ese genio ni esos prontos del nene… ya podía haber salido en eso al padre o a mí, en lugar de a la familia. Pero bueno, estamos en ello y trabajamos para intentar domárselos. Ya desde bebé nunca le he hecho caso cuando pillaba una pataleta así sin motivo. Al menos cuando ve que no consigue lo que quiere con las pataletas, le duran solo unos minutos. Con el tiempo acabaremos controlándoselos. Esto lo tiene claro conmigo, a mí nunca se me consintió ni una pataleta, ni un berrinche ni unos pucheritos en casa y yo nunca se los he consentido a Terremoto. Una de las pocas cosas que no soporto es cuando te encuentras algún adulto egoísta y consentido que sigue haciendo las mismas pataletas y pucheritos que de pequeño. Así que dudo que viviendo en esta casa llegue a mayor haciendo morritos o con berrinchitos de niño mimado cada vez que algo no sale como él quisiera.

Por suerte no todo son rabietas, la mayor parte del tiempo sus actos son de curiosidad y ocurrencias. Una de las tardes, hace una extraescolar en el cole que es de experimentos. Cada vez que regresa nos trae algo distinto hecho por ellos y te suelta que eso sirve para tal cosa y otra con un desparpajo como si se tratara de un auténtico científico. Una tarde de febrero estaba en el balcón con su papá jugando con un pompero que le regaló el año pasado su hermano por su cumpleaños. Siempre le ha encantado hacer burbujas. Yo estaba en la sala y entra mi pareja con cara de alucinado y me dice, “¿sabes que me acaba de soltar?, me ha dicho: papá, las burbujas son unas inútiles porque al final todas acaban rompiéndose”. O por ejemplo, el mes pasado cuando Terremoto se puso con la operación regalo sorpresa para el día del padre. Los dos estaban en el pasillo cerca de la cocina y oigo que Terremoto le pregunta a Tsunami que es lo que le parece que le tendrían que comprar o hacer para sus respectivos padres. Tsunami le responde: “¿pero tú sabes qué es lo que le gusta a un padre?” Perlitas de este tipo nos suelta cuando menos uno se lo espera y si no tenemos a mano un papel y un lápiz, se han perdido muchas en el olvido. Vamos, que como veis el cambio ha sido brutal. Cuando pienso que dentro de nada ya será su cumpleaños y veo la diferencia de entonces a ahora uffff… la de cosas que ya se han ido y no volverán más… aunque por suerte aún nos queda el recuerdo de haberlas visto y la sonrisa de cuando mi pareja y yo las recordamos.

Sigue creciendo así de bien pequeño Tsunami, que para ti el tiempo vuela mucho más deprisa que para tus expectantes papás.

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Los falsos mendigos, aprovechándose de la buena voluntad de los demás.

8 Abr

De todos es sabido que la literatura castellana es prolífera en la bien llamada novela picaresca. Comenzó a fraguar allá por el siglo XVI y siguió por el XVII. Pero sinceramente, dudo mucho que esta casta de Lazarillos y Buscones desaparecieran con su decadencia literaria. Más bien pienso que son una especie de ave Fénix mal programada, que renace de sus cenizas cada vez que la sociedad experimenta un periodo chungo, o no necesariamente, y que muchas veces en lugar de reencarnarse en una nueva obra literaria se reencarnan en personajes de carne y hueso que pululan por las calles de nuestra ciudad.

Puede que con este post muchos me censuréis o opinéis que soy políticamente incorrecta, lo siento, porque me es igual. Hoy en día en el que todo el mundo está indignado, yo estoy indignada también con los que denomino falsos mendigos. Cuando era pequeña mi madre me enseñó que hay personas que desgraciadamente tienen menos que nosotros y que si podemos tendríamos que ayudarles un poco en relación a nuestra medida. Recuerdo que había un abuelete que había quedado sólo y sin familia y solía sentarse en el suelo de una vía de gran tránsito en el centro de Palma. Durante muchos años cada vez que pasábamos por allí le dábamos algunas monedas. El hombre, ya bastante entrado en años, siempre con la misma ropa pero pulcramente remendada, te daba las gracias efusivamente durante un buen rato. Un día dejamos de verlo, supongo que su vida llegó a su final. Nunca supe cómo fue.

Normalmente cuando alguien me pide dinero por la calle, yo no soy de las que da dinero. Primero les pido si en lugar de dinero quieren comida. Muchos me dicen que sí. Entonces busco un sitio cerca tipo bar o súper y entro y compro algo de comer y beber y se lo doy. Se que de esta forma me sale “más caro”, por decirlo de alguna manera, pero no me gusta que mi dinero se pudiera luego invertir en comprar droga o alcohol. Si lo único que quieren es dinero, pues lo siento porque no doy. Alguna vez me han pedido para comprar leche para el biberón y he hecho lo mismo que con la comida. Cuando alguien se ha visto abocado a una situación de necesidad, realmente se le ve que se encuentra en esta encrucijada y que intentan salir de ella como sea.

Hace unos años, no se muy bien si coincidió con los primeros años de esta ya tan larga y arraigada crisis actual, que por esta ciudad donde vivo empezaron a aparecer los que luego calificaría de falsos mendigos.

Hace ya bastantes años que en el trabajo tenemos el sistema de aire roto, el repararlo es un pastón y no hay presupuesto. Así que nos toca congelarnos al lado de una mísera estufita en invierno, y achicharrarnos con la ventilación natural de todas las ventanas abiertas en verano. Hace ya algunos veranos, antes de que Tsunami fuera un proyecto, aparecieron los primeros indicios de esta nueva casta de la que trataremos hoy.

Cada mañana, a las 9 en punto, empezábamos a oír una voz masculina que repetía todo el tiempo e incansablemente un mismo estribillo hasta que el reloj daba exactamente las 13’30, momento en que su horario laboral llegaba a su fin. La frasecita en cuestión era pronunciaba de forma convulsiva, muy nerviosa y muy rápidamente casi enlazando una palabra con la otra y en voz bien alta y decía: “porfavorporfavorporfavor señoraporfavor cincuenta céntimos porfavorporfavorporfavor” era algo insistente y repetitivo que te ponía de los nervios. Si esta primera estrofa no surgía su efecto, rápidamente empezaba de nuevo y la recitaba tantas veces como fuera necesario cada vez más alto y rápido, hasta que al cabo de un momento de acoso y derivo oías al fin “gracias, gracia”. Os puede parecer divertido contado así, pero no lo era. Tal vez para los viandantes no resultar demasiado agobiantes. Para nosotros que teníamos que tener todo el día las ventanas abiertas y cada día durante su horario laboral no paraba ni un momento, era algo agotador. Tuve que llevar una caja de paracetamol y tomarme más de uno… y dos… y tres y también compartirlos con mis compañeras. Porque además estaba justo en frente de nuestras ventanas, en una esquina sombreada muy pero que muy concurrida y no se perdía a ningún transeúnte de los que pasaban por ese lugar. Creo que yo no fui la única afectada, porque alguna vez oímos unas cuantas discusiones de algunos vecinos que artos del método tan exagerado y agresivo, habían bajado a pedirle si podía ir a otro sitio o al menos no gritar tanto. Desapareció después de bastante tiempo y creo que fue por diversas quejas vecinales. La última vez que lo localicé fue en una calle comercial algo más arriba de donde estoy y te seguía asaltando desesperadamente cuando pasabas a su lado y menos lo esperabas.

El hombre, como os he dicho estaba situado en una esquina y desde las ventanas se le oía bien, pero no lo venía bien, así que una vez fui a ver quien era el que nosotros y todos mis clientes conocían como “el porfavorporfavorporfavorseñora” Resultó ser un hombre alto, musculosos, de raza negra posiblemente emigrante africano. Iba vestido con zapatos y cazadora de piel, vestía pantalones de marca y jersey grueso, gafas de sol y gorra. Curiosamente la gorra era lo único un poco normalito tirando a baratero que llevaba puesto. Portaba una cadena gruesa en una muñeca y en la otra un reloj nada baratero. En sus manos, mientras esperaba a que se le acercara una ”nueva víctima” pasaba con el dedo las páginas de un móvil última generación con conexión Internet. Cuando veía que alguien se acercaba atacaba. Pensé que no tenía mucha pinta de pobre y que realmente iba más bien vestido, nutrido y cuidado que yo y desde luego, tenía un móvil mucho más virguero que el mío, incluso que el de mi pareja que ese si que es más bueno. Pasé por allí otros días y lo volví a ver con otra ropa, la iba variando, esta vez con zapatillas de marca, pero igual de cuidado e impoluto y el móvil y la gorra que no faltaran.

Lo estuve hablando con mis compañeras y algunos clientes y  me comentaron que eran un grupito de cinco. Cada mañana venían y se reunían delante del edificio donde trabajo, se iban a un bar cercano (los bares de al lado de mi trabajo no son precisamente baratos ni tipo de barrio, más bien tipo carillos y para turistas) y allí se zampaban su buen café con leche y ensaimadas. Luego se iban cada uno a su puesto de trabajo a las 9 para empezar su jornada laboral y acababan a las 13’30 o’clock hora en que se iban supongo que para ir a comer no se donde. Luego me fijé y efectivamente, los he visto alguna vez haciendo esto y ya tengo localizados otros dos, uno al lado de la entrada de un colegio y otro al lado de la entrada-salida de un parking público, vamos que me tienen los lugares bien estudiados. El atuendo de todos no es igual, pero sigo diciendo que van mejor vestidos que yo, eso sin dudarlo y esos dos al menos, también tienen un móvil chachi pilongui último grito con el que pasan el rato dándole a la pantalla mientras esperan que se acerque el siguiente peatón. Una vez comentamos que si cada vez que decía gracias, alguien le había dado los cincuenta céntimos, realmente se hacían una buena nómina, libre de impuestos, sin tener que declarar y encima con cierta libertad horaria si se terciaba.

En otra calle cerca del trabajo, se instaló también por esa época un grupo de rumanas. Normalmente estas se suelen situar en los supermercados. En dos de los supers de mi antiguo barrio las he visto por la mañana que las lleva un hombre con tres o cuatro mujeres, dependiendo de las que ya haya dejado, justo antes de que abra el súper. En ocasiones he visto como el mediodía les reparten la bolsa con la comida y luego por la tarde noche las recogen. En estos dos supers que tengo controlados los coches con los que “hacen el reparto” han sido un Audi de gama alta y un Mercedes también de gama alta. El conductor no tenía para nada pinta de pasarlo mal en la vida. Eso sí, las mujeres van vestidas de una forma más humilde que al menos no choca tanto como sus colegas de los cincuenta céntimos. Al principio, antes de tenerlas tan fichadas, me pararon un día y me pidieron dinero. Era una chica embarazada y le dije que si era para comer le compraría algo. Me fui a un kebab que había al lado y me pidió si también le podía comprar algo para su compañera, así que les di dos kebabs y dos bebidas. Al día siguiente cuando iba a casa pasé al lado. Me paró la misma chica y me preguntó si es que ese día no le pensaba pagar la comida a ella y a su amiga o que pasaba. Me quedé flipando en colorines, porque que yo sepa yo no tengo puesto un letrerito de servicios sociales ni de comedor ambulante, ni de reparto de la Cruz Roja, ni de multimillonaria altruista. Le respondí que no les podía pagar la comida cada día y las dos empezaron a insultarme y a empujarme como si yo les hubiera hecho algo o dicho algo vergonzoso. Evidentemente, fue cuando pasé de ellas y luego me fui fijando en lo que os he contado antes.

Al lado de donde vivo hay también un supermercado que es el que me pilla más cerca y donde voy a comprar cuando me he dejado algo. No siempre pero sí algunas veces, el año pasado, había un hombre negro africano, también alto y muy muy, muy gordo que hacía allí su jornada laboral sentado en un pilón y acechando a todos los que salían de allí con su compra. Recuerdo que un día había ido con Terremoto y cuando salimos con nuestras bolsas el hombre nos realizó la maniobra de acoso y derribo. Este debía de mantener más carne y nos pedía directamente el euro enterito. Yo le dije que no y que nos dejara tranquilos. Como los otros de cerca del trabajo, cuando veían que el primer intento no funcionaba, realizaban un contraataque aún más insistente. Mi sorpresa fue máxima cuando al estar a punto de responderle de nuevo que nos dejara tranquilos, Terremoto le suelta. “Ya está bien, deja tranquila a mi mamá, que la pobre se levanta cada día tempranísimo para podernos llevar al colegio y se tiene que ir corriendo a trabajar y luego se tiene que encargar de toda la casa y casi no tiene ni tiempo para ella ni para respirar y le cuesta mucho ganarse el dinero. Búscate un trabajo como mi madre y deja de estar aquí haciendo el vago mientras esperas a que los demás te regalen su dinero y te tengan que solventar la vida que te tendría que dar vergüenza aprovecharte de la pobre”

Tengo que decir, que así como yo me quedé flipada con su discurso, el hombre también, por suerte. Yo me temía que se lo tomara mal y la tuviéramos liada como me pasó con las rumanas. Le pregunté a Terremoto porque había hecho eso si yo siempre le estoy contando que ahora hay una crisis y que hay gente que lo está pasando muy mal y no tienen ni para comer y muchos buscan comida por los contenedores o tienen que ir a los servicios sociales a que les den algo con que alimentarse o pagar facturas de sus casas. Terremoto muy serio me mira y me dice “por favor mamá, ¿realmente tú crees que ese señor con la pinta que tenía pasaba algo de hambre o busca algo por un contenedor? Si el hombre ese lo que es es un vago que le es más fácil aprovecharse del trabajo de los demás que no intentar buscarse él un trabajo. Ese no es un mendigo, es un falso mendigo”

Yo muchas veces me quedo muy sorprendida con mis hijos, incluso habiéndolos criado yo en muchas ocasiones me sorprenden. Así fue como en casa acuñamos el término de falsos mendigos para todos esos Lazarillos y Buscones de la vida moderna que consideran más cómodo hacer un horario de trabajo a consta de pedirle a los demás que les den dinero que no ganando menos pero al menos haciendo un trabajo por el que realmente alguien te pague de verdad.

Antes de que alguien piense que suelo ir por la vida albergando sentimientos racistas, os diré que otro caso con el que también me suelo encontrar cada verano es una alemana ya de sus cincuenta largos y de piel muy bronceada. Se pasa la vida en el bar de enfrente del súper y cada vez que sale alguien se va detrás para cogerle el carrito y quedarse ella con la moneda. La primera vez que nos pidió la moneda nos dijo en ingles que la quería para beers… lo único que nos faltaba era tener que pagarle las cervezas a la alemana esta. Como es una pesada pero muy pesada también hemos tenido yo y otros clientes del súper, algunos altercados para que nos deje tranquilos a nosotros y a los carritos.

Espero no haber ofendido a nadie, porque sé que por desgracia hay muchos que lo han perdido todo y tienen que recurrir a sitios de ayuda que en su vida hubieran pensado que tendrían que recurrir. Sé que hay muchos padres que han tenido que dejar a sus familias para ir a buscar una oportunidad en otros países y poder dar un posible futuro mejor a sus hijos y sé incluso que hoy, muchas personas, que llegando a la más profunda desesperación han optado por acabar con su vida porque ya no veían ninguna salida. Me parece indignante que se haya llegado a esta situación, pero también me parece indignante que siempre surja ese avispado o avispada que quiere aprovecharse de la buena voluntad de los demás y espera a que los otros les regalen el dinero mientras ellos cumplen con su cómoda y poco estresante jornada laboral.

50 centimos

Fin de semana pasado por nieve

4 Abr

No. Este fin de semana no ha nevado en Mallorca. En este post estoy comentando lo que nos pasó hace apenas unas semanas, lo que ocurre es que he tenido unos días muy liados y se me han quedado un par de cositas en el tintero y ahora me estoy poniendo las pilas para comentarlo y para que la abu de Tsunami pueda enterarse de primera mano lo que ha hecho su pequeñajo últimamente.

Si no recuerdo mal los hechos tuvieron lugar hace más o menos un mes, aunque realmente y bien pensado el meollo de todo este post tuvo lugar en febrero del año pasado. Como muchos sabéis y si no estabais muy enterados por vivir lejos, os informo de ello, en Mallorca no suele nevar mucho, al menos por la parte del llano de la isla y por la capital. Normalmente cuando esto pasa recordamos que exactamente en tal año hubo una nevada. Una de las más gordas que ha habido fue la de 1956, fue tan grande y la isla estaba tan poco preparada que muchos mayores y niños murieron como consecuencia de los resfriados y pulmonías que les provocó el frio. Cuando Terremoto nació también hubo una nevada gorda en la sierra y cuando era pequeño también hubo un día que nevó en la Ciudad, eso fue fantástico, nunca lo había visto en mi vida y difícilmente lo olvidaré.

Tsunami nació en época de sequía de copos de nieve. Recuerdo que al pobre en la escoleta le explicaban que en invierno los niños hacían muñecos de nieve y se ponían guantes y gorro y se abrigaban bien para hacer guerras de bolas y ángeles de nieve. La profesora me decía que todos le pedían cuando vendría la nieve aquí para poder jugar ellos también con la nieve y eso la entristecía. El año pasado en febrero, se produjo un milagro y una mañana de sábado me levanté a las siete y media y fui al baño. Miré por la persiana y vi que toda la calle estaba nevada. Levanté enseguida a mi pareja y a Tsunami, llamé a mi ex y a Terremoto que estaba con él y les dije que miraran por la ventana. El grito de alegría de mi nene fue sonoro. Como nosotros estamos en la parte alta de la Ciudad y cerca tenemos algunos parques muy despejados, mi ex y Terremoto se vinieron a casa. Mi pareja bajó a comprar ensaimadas y cruasanes, porque eso tenía que celebrarse, y yo les hice unos tazones de chocolate caliente. Recuerdo que estábamos en la sala mirando por la ventana como nevaba y tomando todos nuestros chocolates y nuestras ensaimadas recién sacadas de la panadería. Nos fuimos al parque de atrás y allí estuvimos haciendo guerra de bolas y dos muñecos enormes con otros niños. El domingo volvió a amanecer nevado y volvieron a venirse a casa. Aquello para nosotros fue un regalo del cielo, porque además había coincidido con un fin de semana y todos habíamos podido disfrutar de ese extraño fenómeno llamado nieve. La profe de Tsunami me contó el lunes que se le saltaron las lágrimas pensando que al fin sus niños sabrían lo que era la nieve cuando salió de casa y se encontró con el espectáculo blanco ante su puerta.

Pues bien. Este año cuando ha empezado el invierno lo primero que me pidió mi pequeño era que cuando iba a nevar para jugar en el parque y hacer un muñeco como el año pasado. Pobrecito, si supiera que aquello que tuvimos yo no lo había visto nunca en toda mi vida. Le tuve que contar que no todos los años nieva y que ya veríamos si ese año teníamos sorpresa o no.

En Mallorca no suele nevar en el llano, pero no es algo extraño que en invierno pueda nevar alguna vez en las cumbres de las montañas de la Sierra de Tramuntana. De hecho antiguamente existía la profesión de “el hombre de la nieve” y de las “casas de nieve” Eran una mezcla entre agujero y cabaña en las zonas más altas de la sierra, donde los encargados de estas acumulaban y apretaban la nieve caída formando hielo, lo mantenían todo el invierno y luego en los meses más calurosos, antes de que se derritiera, lo cortaban en trozos e iban al llano a venderlo bien para hacer helados, bien para conservar alimentos.

El problema de cuando nieva en la sierra es que medio Mallorca sube como posesa para verlo y la poca que hay queda pisada y dura muy poco. Este año ha vuelto a nevar en Mallorca. La sierra se veía blanca y en el llano hacía el llamado frio de nieve. Hacía unos días que se veían las cumbres como borreguitos y Terremoto me pedía para ir el domingo a jugar con la nieve que pudiera quedar en las cunetas de las carreteras. Cuando vi lo entusiasmados que estaban los dos nenes y que el viernes aún se veían bastante nevadas las cumbres, hablé con mi pareja para ver si les dábamos una sorpresa y nos los llevábamos a los dos a ver la nieve. Recogimos primero a Tsunami y luego fuimos raudos al cole de Terremoto. No les quisimos decir donde iban. Se pasaron todo el trayecto preguntando “donde vamos, donde vamos, donde vamos…”  Terremoto se lo olía y su pregunta era más concreta “vamos a la nieve, vamos a la nieve, vamos a la nieve…” Yo intentaba darles largas diciéndoles que el conductor era mi pareja y que también era una sorpresa para mí.

Al final fue un poco difícil ocultar el destino. A la que vieron un montoncito de nada de nieve en la orilla de la carretera ya nos pedían de parar y hacer una guerra de nieve. Nos subimos hasta Lluc, pero allí la nieve ya se había derretido, porque está muy arriba, pero en una zona muy despejada de la montaña y cuando sale el sol le da de lleno y se deshiela antes. Aparcamos muy cerca de Lluc, en un sitio llamado Es Coll de sa Batalla. Cuando dejamos el coche nos dimos cuenta de lo chapuzas que habíamos sido, supongo que porque este año Tsunami no nos había repetido tantas veces las necesidades ropiles de los peques. Glups, nos habíamos dejado los guantes en casa… y la ropa de recambio…  vamos, que habíamos salido literalmente con lo puesto. Intentamos que estuvieran lo más abrigados posibles y empezamos a subir la ladera de la montaña. Era una zona resguardada en la umbría y al cabo de pocos metros encontramos nuestra recompensa. Había unas cuantas islitas de nieve virgen, bueno más que nieve de medio hielo virgen y hacia allí nos dirigimos. El cabo de un rato de estar Terremoto por allí, la nieve era menos inmaculada que cuando llegamos. Fue chulo ver cómo íbamos dejando nuestras huellas y huellitas en ella, a Tsunami le encantó ver como pisaba y al avanzar dejaba un rastro de huellas tras de sí. Terremoto era el que iba más preparado, porque tenía unos guantes dentro de su mochila. Mi pareja también tenía unos guantes del trabajo en el coche, así que la guerra de bolas de nieve fue básicamente entre ellos dos. Tsunami y yo mirábamos y de tanto en tanto esquivábamos algunas bolas maliciosas que se lanzaban en nuestra dirección. Bola va, bola viene, incluso hicieron un ángel de nieve… es difícil luchar contra la influencia de Jorgito, Juanito y Jaimito y las pato aventuras. Total, que entre bolas, ángeles y escaladas ocurrió lo que tenía que ocurrir, que Terremoto se pegó un resbalón y acabó de culo sobre la nieve. Tsunami se destornillaba de risa y Terremoto con su honor herido y su trasero dolido y mojado se levantó como mejor pudo para evitar una nueva culada. Estuvimos un buen rato jugando los cuatro, fue otro recuerdo magnífico que seguro que los peques conservarán mucho tiempo. Sé que para todos aquellos que en sus latitudes la nieve es algo de lo más habitual, esta narración os puede parecer una tontería, pero imaginad que un día salís de casa y os encontráis una playa medio paradisiaca a unos escasos metros de distancia ¿a qué sería magnífico? Pues eso mismo pensaron nuestros pequeños. Cuando vimos que el tiempo se nos echaba encima bajamos hacia el coche. Detrás de nosotros quedaron nuestras huellas, las de las pisadas y las de las bolas, las de los ángeles y las de la culada de Terremoto. La colina quedó en silencio y no sé muy bien si aquella noche cayeron nuevos copos sobre nuestro paso, pero el recuerdo no será fácilmente borrado.

Sé de buena tinta que ambos contaron su aventura en la nieve en sus respectivos coles, y ya me han preguntado si el año que viene la nieve volverá a visitar Mallorca. Es algo que no sé contestarles pero creo que he sentado un peligroso precedente, a ver cómo nos la arreglamos el año que viene si no nieva. Tal vez con unas fotos y unos cubitos picados del congelador… tendremos que cruzar los dedos y confiar en que las nubes nos dejen un regalo blanco el próximo año. Si ocurre os lo contaré, contad con ello. Hasta entonces seguiremos con otros temas, que seguro que estos dos dan para eso y mucho más.

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