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Mallorca con niños: El Aquarium de Palma, algo más que un simple acuario.

3 Jul

En casa somos unos forofos de los peces. De pequeña había un acuario por la zona del levante de Mallorca y en ocasiones íbamos. Era pequeñito, pero en esa época no teníamos otra cosa. Mi acuario particular era el mar. Yo aprendí antes a bucear que a nadar y me pasaba horas y horas con la careta y los patos recorriendo la costa de rocas o de arena y descubriendo pequeñas escenas del mar. Era algo que me relajaba muchísimo, me dejaba llevar por el oleaje, corregía el rumbo con unos simples golpes de patos. Oía los ruidos de las olas o del aire cuando respiraba por el tubo. Era algo así como deben sentirse los bebes cuando están en el vientre de su madre, o eso pensaba. Mi ansia de buceo se vio cruelmente truncada el día que un tal Steven Spielberg hizo una película sobre un tiburón. Desde entonces, no sé muy bien porque, cuando el mar me cubre algo más de lo debido empiezo a oír una musiquita detrás de las orejas, veo sombras en el agua y me da como pánico. Gracias Sr. Spielberg por un montón de pesadillas y un montón de veranos chafados. Realmente es una tontería, porque nunca en ninguna de mis inmersiones me encontré con ningún tipo de escualo. Años más tarde estuve saliendo con un chico que hacía pesca submarina y en ocasiones les acompañaba. Yo no me sumergía, nadaba por encima y cuando me cansaba me agarraba a una boya o salía del agua. Fue un breve momento en mi vida post-Spielberg en el que no me dio tanto miedo bucear. Volví a ponerme la careta y los patos y disfruté como una chavala al volver a ver el bello fondo de mi querido mar. Aunque no sé muy bien porqué, fue dejar de ir con este chico y el miedo al fondo marino volví a ir imponiéndose lentamente. Así que actualmente, muy a mi pesar, sigo siendo una cobardica a la hora de otear el fondo tras unas gafas de buceo. No obstante, el mar y sus secretos me siguen atrayendo de igual forma que cuando yo no era más que una niña.

He conseguido ir a visitar varios acuarios en mi vida. Cuando me casé con mi ex estuvimos en Canarias y fuimos al Loro Parque. Fue el primero que vi y me gustó, pero Canarias nos pilla muy lejos de casa o al menos de nuestras rutas. En mi época no recuerdo que hubiera atracción de orcas, pero sí que había un pequeño delfín que hacía unos meses había nacido en el parque.

El siguiente que vi fue el Aquarium de Barcelona. Es impresionante, muy chulo y muy bien cuidado. El túnel por el que te transportan sobre una cinta mecánica es una pasada, aunque personalmente preferiría que nadie me transportara y hacerlo yo por mis propios medios parándome donde quisiera. El de Barcelona lo he visitado en varias ocasiones, creo que tres veces, dos con adultos y una con Terremoto. Una de las tonterías que recuerdo más me gustaron fue un rinconcito en la parte de peques donde entras a gatas por un túnel de cristal y llegas a una especie de cueva. Allí y sin mojarte, puedes observar lo que es el movimiento de las olas y el estruendo que hacen al romper en la costa. Como he dicho es una tontería, pero una tontería que me encantó.

El cuarto acuario al que fui fue el Oceanográfico de Valencia, hace unos añitos y sólo con mi pareja. Es un lugar impresionante, como dirían en Jurassic Parck, no han reparado en gastos. Quizás esté todo un poco distanciado. No es comparable con ninguno de los anteriores desde ningún punto de vista, es algo especial. Sobre todo porque allí mismo puedes aprovechar y hacer el Hemisférico y el Museo de las Ciencias. Me encantó, pero no acabó de enamorarme del todo al cien por cien. La zona de los pingüinos es muy interesante y curiosa, pero al menos ese día los cristales no estaban de lo más limpios que digamos y no se veía muy bien, fue una pena. La atracción estelar, que reconozco me gustó mucho es la zona de ártico, allí tienen a las belugas. Son unos mamíferos majestuosos, me enamoraron, me sentí especial viéndolos, creo que volví atrás como unas cinco veces sólo para volver a verlas. Pero al mismo tiempo me apenaron, porque considero que el espacio que tienen es muy limitado, o al menos eso me pareció a mí. Los veías siempre haciendo el mismo recorrido, sin variación. Fue como ver un ave Fénix en una jaula para canarios. Se que son unas criaturas bastante grandes, pero viendo todo el espacio de que disponen, bien podrían haberles dedicado una zona aún más generosa a estas especiales criaturas. Me encantaron, pero me apenaron, es la impresión a la vez más hermosa y negativa que tengo del Oceanográfico.

Supongo que si sois buenos observadores habréis detectado que he hablado del de Barcelona como el tercer acuario y luego he pasado al cuarto de Valencia. ¿Pero? Y el tres ¿Donde está el tres? Muy sencillo, el tres está en su sitio, en medio de los anteriores. Se construyó en Mallorca y se inauguró en el 2007. Al principio cuando se comentó de construirlo yo no era muy partidaria de su ubicación. Se hacía en una zona de albufera llamada Ses Fontanellas. Es una zona muy pequeñita y yo era de esas personas que temía se las cargaran, como tantas cosas autóctonas que se han ido cargando de Mallorca en aras del turismo y la economía. Pero no. Ses Fontanelles, de momento, siguen allí al lado y el Aquarium las ha respetado.

He ido muchas veces al Aquarium de Palma, todas ellas con los niños. La primera vez que entré me dije que un día lo haría sin niños, porque estos siempre te hacen tener una visita un poco más acelerada, o al menos Terremoto lo hacía. A día de hoy aún no he conseguido hacer una visita sólo para mayores pero en la última visita que hicimos el mes pasado, los peques estaban colaboradores. Papá se encargó de Tsunami y yo de Terremoto y por primera vez pude apreciar en todo su esplendor y como a mí me gusta, las magníficas instalaciones del Aquarium de Palma. Así que aprovechando que en ocasiones alguna vez a uno no se le ocurre que hacer con los niños y no caes en la cuenta de que cerca tienes esto. O simplemente, para dar alguna idea a las familias que nos visitan con niños y quieren tomarse un día, una mañana o una tarde diferente y algo más relajada, os comento este lugar que seguro no defraudará.

En primer lugar, decir que está muy cerca de Palma, hay línea de bus y acceso fácil por la autopista, la salida 10. Para más información os recomiendo su web. Tiene un problema, eso sí. El parking no es precisamente muy grande y se llena enseguida. Cerca de allí hay otros parkings, pero debido a las dimensiones del primero y a que la playa está cerca, están todos a petar. Vamos, que el tema dejar el coche es algo peliagudo, no lo negaré. Así que si veis un sitio no busquéis otro mejor, pillarlo enseguida. Otro problema es el entrar. Alguna vez me he encontrado con colas, aunque afortunadamente sólo ha sido alguna vez. De todas formas se que hay gente que se queja de ello, pero peor fue la cola que tuve en el Louvre…. esa si que fue kilométrica. Es lo que hay.

Cosas a favor que hay que reconocer. Esta muy bien estructurado y limpio. El espacio es el adecuado. La iluminación es lo suficientemente oscura para no molestar a los inquilinos y lo suficiente clara para poder deambular y observar sin problema. Cada pecera posee un panel táctil al lado con información en diversos idiomas. Posee rampas y ascensores, así que no hay ningún tipo de problema para desplazarse tanto para cochecitos como para sillas de ruedas. Los interiores como es de esperar, están climatizados y eso en verano se agradece. El personal es muy atento, yo nunca he tenido ningún tipo de queja, al contrario. Hay dos restaurantes, uno tipo self service, más barato en el exterior y otro a la carta en el interior. En este último sólo he comido una vez hace tiempo, la comida entonces estuvo deliciosa, evidentemente, fue más carito. No sabría precisar cuanto, perdonad pero ha pasado bastante tiempo, Tsunami aún no era proyecto siquiera. En todo el centro hay espacios pensados para niños, tanto en las zonas de recreo, como en los baños con cambiadores y demás. En el exterior, llamado Jardín Mediterráneo, hay una zona de juegos para niños que es una pasada con un barco pirata y castillo hinchable y zona de chorros de agua, ideal para tenerlos vigilados y poder tomar un refresco bajo una sombrilla. Para acabar, diré que la tienda de souvenires me encanta, eso no son souvenires de zona guiri, esos son souvenires con clase. Hace unos años me enamoré de unas medusas dentro de cristal, pero eran caras. Mirando encontré tres de ellas que estaban bastante baratas. Le pregunté al personal si era un error y me dijeron que era porque tenían una pequeña tara. Así que me llevé la que más me gustaba de las tres. En otro sitio no hubieran hecho esto, porque sinceramente, la tara es casi imperceptible y el chollo fue rotundo. ¡Ah! y se puede acceder a la tienda de souvenir sin entrar forzosamente en el acuario, por si alguien decide comprar algo más otro día.

¿Que te puedes encontrar allí? Pues bastantes cosas, pero para aquellos más entendidos en el tema os remito al enlace de la wiki donde se especifican los principales tipos de peces que hay en cada sector. De todas formas tengo que decir que en estos siete años las instalaciones se han ido modificando y mejorando cada año, así que de tanto en tanto nos hemos encontrado algunas cositas nuevas que son de agradecer. El personal te puede informar de todo lo que te interese de los animales y tiene unas zonas destinadas a la concienciación de la pesca controlada y la protección de varias especies en peligro de extinción, como el atún rojo y el tiburón.

 

Nuestra experiencia en el Aquarium.

Con el primero con el que fuimos fue con Terremoto. Eran unas visitas algo caóticas. Tenías que estar muy atento a que no se escapara. Le gustaban mucho los dos rincones con tiburones, tanto el de tiburones pequeñitos, como el Gran Azul con los escualos de mayor tamaño. Se tumbaba en los cojines que hay delante y los miraba entre salto y salto. Una vez se enteró que hay una actividad que es dormir con los tiburones. Bueno, no dentro del tanque con ellos, se entiende, sino en sacos de dormir en la zona que hay delante de los cristales. Me pidió insistentemente en hacerlo. Al final me convenció y fue así como me puse en contacto con el Aquarium, siempre vía telefónica. Hable con unas chicas y les expliqué con todo lujo de detalles lo que tenía Terremoto, lo peor que se podían encontrar y que por la noche y la mañana precisaba de medicación. A las pocas horas me llamaron para hacerme unas preguntas y me dijeron que lo hablarían con el equipo. Muy poco después me dijeron que se responsabilizaban de su caso y me contaron con lujo de detalles todo lo que se haría. Me pidieron eso sí, diversos teléfonos de contacto por si tuviera alguna crisis poder ponerse en contacto cuanto antes con nosotros y saber como tenían que actuar. Tenía ya plaza reservada para que un día lleváramos a Terremoto allí para dormir con sus queridos tiburones. Al día siguiente tendría desayuno y búsqueda del tesoro con los piratas. Pero, pero, pero… cuando se lo comunicamos a nuestro pequeño, decidió que le daba miedo y no quería quedarse. Abochornada y avergonzada después de todo el jaleo que había armado, llamé a las chicas y se lo expliqué. No me insistieron ni se lo tomaron a mal, al contrario, me dijeron que si cambiaba de opinión estos días, mientras tuvieran alguna plaza libre podía llamarlas cuando quisiera.

Las visitas con Tsunami han sido más calmadas. Tsunami es más de mirar las cosas, de pedir lo que pone escrito y de indagar en los tanques. Tsunami suele ir al lado de su papá y hace muchas preguntas. Le encanta la zona del toca- toca, donde hay un empleado que te coge estrellas de mar, erizos o pepinos de mar y te los deja tocar. Este punto es de lo más interactivo, puedes preguntar y evidentemente, Tsunami pregunta y toca más que nadie y porque no puede más of course. Está en la zona media del recorrido y también hay pequeños pececillos tipo lenguado y algunos bebes rayas o simplemente rayas pequeñitas, pero esos dos son más difíciles de tocar. Otra cosa que le gusta a Tsunami son los caballitos de mar, como se enganchan con la cola a las algas. También le pirran las microzonas o los compartimentos que tienen delante unas lupas para ver los más pequeñitos. El medusario le hipnotiza. Las medusas no son santo de mi devoción ni de ningún bañista. Pero verlas flotar en los tanques de corriente con luces de colores es todo un espectáculo. Evidentemente y no es por genética, los tiburones también le causan sensación, aunque al principio no era así, se entretenía más con pececillos tipo sardinitas que le llamo yo que con los grandotes. Otra de sus zonas preferidas era la jungla, con la gran cascada, donde se pueda tocar agua tendrás a un Tsunami feliz y contento. Porque no se puede tirar dentro que sino…. En esta última visita te daban la opción en esta zona de hacerte una foto con un guacamayo o cacatúa, perdonad mi ignorancia en estos temas ornitológicos, yo llego hasta periquito, el resto son loros varios. Mis dos cachorrillos posaron contentos y valientes con el ave y tienen la foto en su cuarto. Evidentemente, sobra decir que el jardín mediterráneo con los tanques de tortugas y rayas y ya ni hablemos del barco pirata, los hinchables que han puesto nuevos y los surtidores de agua, que ya fueron uno de sus favoritos del año pasado, Tsunami se lo ha pasado fenomenal. Así que si vais en época de calor y con niños no os dejéis el bañador que ellos se refrescarán a gusto y vosotros podréis descansar un buen ratito.

Pero sobre todo lo que más recuerdo de todas las visitas que hemos hecho al acuario fue la primera vez que Tsunami entró dentro. El exterior es bonito, pero cuando entras lo primero que te encuentras es que toda una pared es un gran cristal de arriba abajo. No es el más espectacular de todos, pero es el primero y es muy grande. Recuerdo que le habíamos dicho que íbamos a ver peces. Él tenía un acuario en casa que por esa época era muy pequeñito, de unos 15 litros más o menos. Así que cuando entra corriendo, como buen Tsunami, y se encuentra de golpe eso delante, se quedó milagrosamente petrificado. Su pecho se fue hinchando poco a poco al tiempo que sus ojos se iban abriendo como círculos y su boca suspendida en un !ohhhhhhhh!….. Se quedó unos segundos parado, con los ojos muy abiertos y la boca aún sin cerrar. Puso ambas manos delante como si temiera tropezar con algo. Se fue acercando poco a poco hasta tocar el cristal no sólo con las manos sino con todo su cuerpo empotrando la nariz en él. Así se quedó anonadado hasta que le dijimos que girara la cabeza. Entonces, el ¡ohhhhhh! inicial se convirtió en un ¡OOOOHHHHHH!!!!!!. El espectáculo no había hecho más que empezar y Tsunami había descubierto muy a su pesar que la pecera de casa era ridícula, pero que era su pecera. Aunque ahora sabía que en el mundo hay muchas más peceras enormes que visitar y unos divertidos juegos de agua con los que jugar luego. Os dejo hoy con un montón de fotos de nuestra última visita el mes pasado. Espero que así os podáis hacer una idea por si alguna vez alguien no sabe muy bien donde ir o quiere estos próximos meses pasar un día de verano un poco diferente de los demás.

 

Historia de una pecera, o cuando la acuariofilia entra a saco en tu casa

8 Feb

En alguna entrada he comentado que tengo un acuario en casa y alguna vez alguien me pidió como fue que lo monté y pedía foto. En ese momento tenía la pobre pecera presa de una invasión de caracolillo y dije que lo haría más adelante, luego se me pasó. Hoy me he acordado de ello, así que calentad palomitas, tomad asiento que aquí va una batallita familiar muy marinera.

A mí siempre me ha gustado el mar. De pequeña solía bucear con careta y me pasaba horas y horas mirando los peces. Mi experiencia con los acuarios, no obstante, se limitaba a haber visto alguna vez un acuario en casa de alguien, o bien los que pudiera haber en el delfinarium o el acuario de cuando yo era pequeña. Bueno, también incluyo los que en ocasiones hay en algún restaurante… los decorativos, no los que te ponen la langosta para que te la cocinen, claro está. Pues bien, como veis yo en eso de los acuarios no tenía ni repajolera idea, pero que ni un poquito de repajolera. Eran unos objetos, en ese momento y desde mi punto de vista, más bien decorativos. En ocasiones había pensado en tener uno en casa. Por suerte alguna vez había elucubrado pensando donde pondría uno si un día me diera la ventolera de ello, pero de aquí no pasaba y tampoco había leído nada de cómo cuidarlos ni nada. Una amiga mía tenía uno enoooooorrrrmmmmeeeee en su casa. Vamos, baste decir que su acuario era más grande que mi bañera actual que es grande. Era una pecera de peces de agua salada y era una preciosidad sentarse al sofá y ver ese espectáculo en la habitación. Los peces que tenía eran puramente mediterráneos, ya que los habían pescado ellos mismos y mi amiga siempre decía que lo más… ejem… pesado del acuario era cuando llevaban garrafas y garrafas de agua de mar, sobre todo cuando lo llenaron la primera vez. No se porque, eso de las garrafas y garrafas me tendía que haber dado que pensar.

Corría allá por abril de 2004. Terremoto tenía apenas cinco añitos cumplidos hacía poco, como sus cinco deditos o los cinco lobitos. Hacía un año largo que yo ya me había separado. Ya conocía al papá de Tsunami, pero él aún vivía en Cataluña y nos veíamos cuando podíamos. Si pensáis que con todo esto os he puesto en situación para contaros mi historia estáis equivocados. Me he dejado un dato. El más importante. El más bestia. Y el más demoledor de todos. El 28 de noviembre de 2003 habían estrenado en las carteleras de cine españolas una peli de dibujos que narraba la experiencia de un pequeño pez payaso y su padre estresado. Sí queridos lectores, tan sólo unos meses antes de los hechos que os voy a narrar, Disney-Pixar había estrenado en este país la peli de Buscando a Nemo y toda madre y todo padre sabe que no somos nadie para luchar contra Nemo. Aún hoy en día los peces payaso se siguen llamando Nemo y evidentemente,  su padre Melvin, como buen padre que es, perdió su identidad y para todos los niños es el padre de Nemo. Esta visto que en el mundo del mar hay ciertas cosas que siguen las mismas reglas que en el mundo real.

¿Qué ocurrió en abril de 2004 para que nuestra vida doméstica cambiara? Pues que fuimos a una comunión. Pero no una comunión cualquiera de compromiso, no. A la comunión de un familiar, que esos sí que podían ir cualquier día a tú casa y verla por dentro.  Segundo, era la primera Comunión, bautizo o boda a la que estábamos invitados e iríamos con el peque. Además, era una de esas Comuniones que casi parecen una boda, entre tropecientos mil familiares por ambos lados y tropecientos mil amigos y compromisos de los padres y que habían invitado a todos los niños de la clase aquello casi parecía una pasarela de moda para todas las edades y con falta de dirección.  Terremoto estaba en una etapa muy inquieta. Era un sábado por la mañana. Recuerdo que llevaba ese día unos pantaloncitos de pinzas deportivos y una camisa azul oscuro con un gran dibujo de Mickey Mouse estampado. Aguantamos la iglesia, y aguantamos la comida. Ese día yo iba acompañada de mis padres. Al final de la comida había una pequeña fiesta infantil, pero mi pequeño estaba ya hasta el moño de todos esos convencionalismos sociales. Pensad que para un niño con problemas del espectro autista la socialización y la comunicación son dos de sus puntos flojos y un día con tan pocas rutinas no ayudaba mucho. Como siempre hemos pensado que el niño era lo primero y el que dirán me importa un bledo, pues fuimos a los papás del nene de la comunión y le anunciamos que seríamos, muy a nuestro pesar, los primeros invitados en irnos. Terremoto estaba ya bastante nervioso y no era cuestión de montar un numerito en un día tan especial para ellos. La mamá toda contenta (cuando una es de la familia y sabe como es tu hijo no se ofende porque te vayas justo antes de los payasos y demás) nos dijo que primero tenía un regalo sorpresa para Terremoto. Uso dos palabras mágicas de esas que hacen que un niño con ganas de salir corriendo ponga el freno de mano y ralentice motores. Un regalo sorpresa, guauuu. Yo creía que iría detrás de la mesa o algo por el estilo y sacaría cualquier cosita para los peques tipo recuerdo de la comunión de fulanito o bolsa de chuchas de la comunión de menganito… pero no. Para mi sorpresa y la de todos nos fuimos por unas escaleras que daban hacia la zona de los baños y del almacén del restaurante. Pensé al principio que el baño del restaurante era un lugar muy peculiar para guardar los recuerdos, sobre todo porque en la habitación de arriba había bastante espacio. Cuando pasamos delante de las puertas del baño y seguimos caminando por un pasillo aquello me sorprendió más. Llegamos ante una de las puertas que ponía almacén y entramos dentro. Allí nos tenéis todos: la mamá, Terremoto, yo y mis padres cubriéndonos la retaguardia. La mamá se dirigió hacia un gran montón de cajas que formaban algo así como una pared de cajas sobre unos pales y que curiosamente estaban bastante mojadas y de hecho habían mojado el suelo. Subimos sobre los pales la mamá, mi peque y yo. Ella se agachó y abrió una caja. Yo me agaché y me puse a la altura de Terremoto y…

… y de repente ¡cha-chan! Sacó de las cajas algo parecido a una fiambrera transparente con tapa amarilla, agujeritos y asa. Dentro de esta fiambrera portátil había flotando impunemente una pequeña carpita dorada, de esas tipo sardinita que digo yo. Cuando Terremoto vio la carpa-sardinera lanzó un grito efusivo, entusiasta y ensordecedor de ¡¡¡¡NEMOOOOOO!!!! Y yo me quedé sorda. Ojiplática. Y me caí literalmente al suelo de culo.

Creo que no lo había dicho, pero la comida de la comunión la hicieron en un pueblo que debe estar a unos cuarenta kilómetros de la capital. Ya nos tenéis, yo conduciendo de vuelta y procurando no pegármela con todo el jaleo que se había montado dentro del coche. Al lado mi madre, que es la peor copiloto que una pueda desear porque siempre se metía en como conducían los demás y es de esas que pitaría a todo quisque. Su misión era custodiar un paquetito con unas cuantas bolitas de comida para peces, para que este llegara vivo al lunes. Su intención era que el pececillo no llegara al lunes, ya que no paraba de repetir que ella en mi lugar al llegar a casa lo tiraría por el water y tiraría de la cadena. Mi padre detrás con Terremoto intentando que el pez llegara con algo de agua a casa. Terremoto todo contento en su asiento girando la pecera en todas direcciones para ver a su Nemo y que nadie intentara quitarle la pecerita, sobre todo después de los comentarios de la abuela,  que la extinción de los dinosaurios sería una frugal anécdota en la historia de la humanidad comparado con lo que se nos podía venir dentro del coche. No recomiendo a nadie ir en coche con un niño hiperactivo, un pez encarcelado, un abuelo mediador y una abuela histérica-psico-homicida. Sinceramente, el problema no fue llegar a casa sanos y salvos y con algo de agua en la fiambrera. El problema fue que hacía yo luego con el inquilino de la fiambrera.

Sábado por la tarde: Por suerte mi padre me acompañó hasta casa. Mientras Terremoto seguí inspeccionando su Nemo, pero esta vez en una superficie menos movida que  un coche, yo estaba buscando desesperada por la cocina algo donde poner el pobre pez y que fuera visible. Recordaba que en algún rincón de los muebles de abajo había una jarra de sangría que me habían regalado hacía años y como yo no tomo sangría pues allí estaba la pobre ocupando sitio. La mamá de la comunión ya me había advertido que nada de agua del grifo que tiene cloro, que tenía que ser agua destilada y la única destilada que había por casa era la de la plancha, que era poca, y encima en su versión con perfume a rosas y eso me daba que no era la adecuada. Salí despavorida pitando para el super toda enjoyada de la comunión con zapatos de tacón y camisa floreada con cuello de volantes, para agenciarme una botella de agua que fuera baja en minerales ya que la de casa no cumplía ese requisito y no era cuestión de matar al pez esa misma noche (y yo que narices sabía entonces que la de casa iba que chuta). Llené la jarra con el agua mineral baja en minerales y pez para dentro. Conseguí que esa noche el dorado Nemo durmiera en la repisa de la cocina y bien hacia la pared donde Terremoto no llegaba al asa de la jarra, y no sobre la mesita de noche del peque como era su deseo. No recuerdo bien que cuento chino me inventé para convencerle, pero al final accedió y se fue a dormir no sin antes haber mareado un poco al inquilino de la sangría y haberle dado las buenas noches. El pez también consiguió sobrevivir al domingo. Yo también.

Domingo durante todo el día: Terremoto no soltaba el asa de la jarra mientras estuvimos en casa. El pez fue presentado formalmente a todas las estancias, muebles, electrodomésticos y juguetes de nuestra morada, y eso que era pequeña. Había quedado con mi padre para que el domingo por la tarde estuviera paseando al pez en su jarra con Terremoto mientras yo intentaría despejar ese sitio con el que en ocasiones elucubraba sobre poner en él una pecera un año de estos. Eso implicó una maratón de quitar mini aparatito de música. Trasladarlo a mi dormitorio. Quitar de mi dormitorio los libros y llevarlos al trastero. Por suerte disponía de un espacio en el trastero.

Lunes por la tarde: Cuando salí del curro, mi padre volvió a venirse un ratito a casa. Me presenté en la tienda de acuariofilia que hay cerca de casa, porque sí, TUVE LA SUERTE DE TENER UNA TIENDA CERCA, ¡Aleluya! y le expliqué la odisea al dueño. Él me contó que para montar un acuario primero se tiene que tener una semana para graduar el ph y la acidez del agua, que se creen microorganismos y no se que más y luego se pueden poner los peces. Yo le comenté que el ph y la acidez nos lo saltábamos, los microorganismos ya vendrían con el tiempo y la semana quedaba comprimida en el tiempo en que tardaba en lavar y poner la gravilla, unas plantitas de plástico para que aquello no estuviera tan soso y volviera a por las garrafas de agua de acuario.  Esa tarde, para asombro propio y para el dueño de la tienda de los peces, mi casa anocheció con una pecera de 20 litros, con filtro y luz incluida. Yo había asumido brevemente y de esa forma, todos los conocimientos sobre filtros, carbón, peces, limpieza y alimentación de una sola tacada así a lo bestia. El pobre acuario se había saltado todos los tiempo, ph y demás gilipolleces que se precisaran para su utilización. Total, sólo era cuestión de agua, adornos y peces ¿no?. Pero, pero, pero, siempre tiene que haber un pero, Terremoto se había hecho una visita a la tienda de los peces… bueno, a mi padre se le había ocurrido la brillante idea de sacarlo a pasear hasta la tienda para ver lo que hacía mamá cuando yo estaba en ella haciendo unos viajes con el carrito de la compra, la gravilla y las garrafas y… pues eso que el acuario de casa tenía más plantas de las compradas inicialmente, un cofre del tesoro, Nemo (que era el único que ya estaba en casa) y los seis primos de Nemo que se tuvieron que venir por narices con nosotros porque el pobre estaba muy solo. Nos libramos que el de la tienda no tuviera nada parecido al Monte Escupitajulus (véase volcán) que tienen los peces del dentista en la peli, ese tal P. Sherman calle Wallaby 42, Sidney.

Tengo que reconocer que quedándote mirando una pecera con la luz encendida por la noche es algo muy relajante, más que mirar la tele. Sobre todo cuando una está agotada pero orgullosa de ser la mejor madre del mundo mundial para su Terremoto.

También tengo que reconocer que yo he sido muy novata y tuve que poner a tratamiento médico un pez que tenía estrés. Le tuve que pedir a mi padre que le diera ese fin de semana las medicinas ya que yo había ido a ver a mi chico a Barcelona. Recuerdo que una de las primera cosas que le dije fue “como es posible que unos peces que se pasan el día tranquilos y viendo la tele puedan estar estresados y tenga que medicarlos y yo que no paro en todo el día sólo me tomo un paracetamol y da gracias. Si no es posible. ¿De que se estresan, de vernos histéricos en casa? Más tarde supe que en un acuario tan pequeño no se tenían que tener tantos peces, ya que se estresan al no tener espacio vital. Les entiendo. También tuvimos un pez que tenía embolias, es que me han tocado unos peces más raros. Cuando tenía la embolia perdía el control de la vejiga natatoria y te lo encontrabas nadando panza arriba o intentando desesperadamente ir al fondo mientras flotaba. Eso, tengo que reconocerlo, no era nada relajante. Me dijeron que no sufría y no había medicación para ello. En sus últimos años, porque este duró mucho más que otros, tuvo muchas embolias seguidas, hasta que una de las veces que flotaba panza arriba nos percatamos que no era por la embolia. He tenido peces acosadores, porque hay algunos que se creen muy chulos y van de matones metiéndose con los pequeñajos. De hecho y ahora que Terremoto no nos oye os diré que el primer Nemo, el de la comunión, fue uno de ellos y era tan y tan pesado que el señor de la tienda de los peces me lo cambió por otro parecido más tranquilo. Me dijo que cuando un pez hacía esto era porque los demás eran unos pezqueñines pringadillos e iba a por ellos que si se le ponía con peces más grandotes no lo hacían, y como a mí ya no me cabían más peces en el chiquitajo acuario pues me lo cambió. También me enteré un día que hay que limpiar el filtro… supongo que esa tarde debió decírmelo, yo lo viví un día que llegué a casa y el acuario estaba con todos los cristales verdes y los peces casi muertos. También descubría que no se les tiene que alimentar demasiado porque hacen desechos y ellos cagan mucho y que los acuarios se tienen que aspirar, renovar el agua y limpiar los cristales, algo así como estirar de la cadena del water una vez al mes. Mi último problema fue hace poco al ponerle plantas naturales que en las raíces de alguna debió haber algún huevo de caracolillo, porque yo no lo compré. Una tarde vi uno y me hizo gracia, al cabo de unos días eran tres. A la semana siguiente eran cientos y no exagero. Nos tuvimos que pasar unas cuantas semanas quitando por la noche todos los que veníamos, vigilando los filtros porque se ponían en ellos y los tapaban y dándoles un producto para eliminarlos.

Como veis los acuarios son muy monos pero tienen su miga, y eso que aún no he tenido ningún pez que me hiciera abuela. Por cierto, si alguien me pregunta por los papis de la comunión, os diré que una vez me los encontré y me pidieron como estaba el acuario, ya que otro familiar les había dicho que tenía uno muy chulo en casa. Recuerdo que les comenté que un pez era un animal y que no podían ir por la vida regalando animales a los niños sin el permiso de sus padres. Se echaron a reír y me comentaron “seguro que todos los niños se acuerdan de la comunión de X y todos los padres de ese día”. Ante este comentario me puse muy seria, me lo pensé un momento y añadí. “Bueno, ya que tenéis esa opinión. Vete haciendo a la idea que X tiene un hermanito pequeño y aún no ha hecho la comunión. Estoy pensando que ya se que le regalaré. Preparaos porque acabo de decidir que será una San Bernardo preñada. Seguro que así X e Y siempre se acordarán de Terremoto y vosotros os acordareis de mí siempre”

 

PD1: Supongo que Y hace años que ha hecho la comunión. Por alguna extraña razón que no atisbo a dilucidar ni mis padres ni Terremoto ni yo hemos sido invitados a tal acontecimiento familiar. En algún sitio de este planeta hay una San Bernardo preñada que espera la comunión retrasada de un niño para tener un nuevo hogar.

PD2: Los peces son mascotas no juguetes. Su uso y regalo tiene que ser meditado, consentido y anticipado.

PD3: Este es nuestro tercer acuario, pero tengo que reconocer que esto engancha y poco a poco les vas buscando una casita más grande y confortable. Os dejo con nuestros peces, glu-glu.

pecera

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