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Hace ocho años…

15 Dic

Hace ocho años al salir del trabajo fui a comer con mis compañeros. Era la comida de Navidad. Sólo éramos cuatro personas pero nos lo pasamos muy bien. Fuimos a un japonés que ya ha cerrado, por desgracia, y luego a tomar un café. La comida fue muy animada, nuestro jefe es un excelente anfitrión. Hemos hecho pocas comidas y la verdad es que todas han sido excelentes. El ambiente era agradable y la compañía magnífica, pero yo sólo tenía la cabeza en una cosa, que cuando saliera de allí tenía que ir a buscar a Terremoto y luego irnos pitando al aeropuerto. Ese día, hoy hace ocho años, tú viniste a vivir con nosotros. Entonces sólo éramos dos, Terremoto y yo y hacía un año y algo que nos habíamos conocido en un congreso sobre Tolkien… tú distes una conferencia…

… tú distes una conferencia en la que hablabas del paraíso, de momentos literarios en los que aparecía un jardín, una fuente y un árbol, desde los textos bíblicos hasta Tolkien. En esos tres días nos vimos, hablamos, nos conocimos. Antes habíamos hablado alguna vez por chat, pero muy poco, aunque luego supe que te gustaba leer lo que yo comentaba. Después, chateamos algo más. Unos meses después volví a ir a Barcelona para una conferencia y volvimos a vernos. Yo estaba en casa de una amiga y tenía que estar el fin de semana de turismo con ella. Mi amiga cuando fui estaba un poco depre, una compañera suya de trabajo, que por suerte lo ha superado y ahora esta muy bien, le habían acabado de diagnosticar un cáncer y mi amiga estaba muy hundida. Tú te ofreciste ha hacerme de cicerón por Barcelona. Recuerdo que quedamos cerca del museo de cera y llegaste corriendo con tú cazadora vaquera y fuimos a pasear y a tomar un chocolate caliente.

Decidimos salir y nos llamábamos y mandábamos mensajes y nos veíamos cada noche en el chat, hablando hasta que nos caíamos de sueño. Mientras tú acabaste la carrera y empezaste con el proyecto de final de carrera. Elegiste un tema de Mallorca, así tendrías la excusa perfecta para poder venir alguna vez. Mientras, yo, cuando podía cada dos meses, me hacía una escapada a Barcelona, llegaba el viernes y me iba el domingo al mediodía, ya que por la noche me traían a Terremoto y ya tenía que estar en casa.

Fue un año largo muy bonito, con momentos preciosos y otros de tristes. El llevar una relación a distancia es duro, pero los momentos en los que te ves son indescriptibles. Era como si cada vez que nos encontráramos estuviéramos en ese paraíso del que hablaste en tu conferencia, como si con la punta de mis dedos estuviera tocando el cielo. Luego, al cabo de poco tocaba decirnos de nuevo hasta pronto sin saber muy bien cuanto tiempo estaríamos a volver a vernos.

Yo siempre te había hablado de Terremoto, de hecho en el chat ya lo comentaba y ya sabias como era. Me pasé todo el tiempo en que salimos haciéndote mala publicidad de mí. Te contaba mis defectos, mis preocupaciones, mi vida tan poco tranquila, los problemas de mi hijo… me pasaba todo el tiempo pidiéndote como era que con tantas catalanas solteras que había a tú alrededor querías estar conmigo. Tu siempre me respondías que no te gustaban las demás, que quien te gustaba era yo y también solías añadir que nunca habías conocido a ninguna mujer que se hiciera tan poco publicidad de ella y se pusiera tan mal. Yo te insistía en que lo nuestro no era fácil y yo llevaba puesta una mochilita muy especial y éramos un lote inseparable.

Antes de venir a vivir con nosotros habías venido por cuestiones del proyecto dos veces, y estuviste en casa. Temíamos que es lo que diría Terremoto la primera vez que te viera y ya nos habíamos preparado para lo peor. Ese día también fuimos a buscarte los dos al aeropuerto, y al llegar a casa, lo único que te preguntó Terremoto fue “y tú, y tú, y tú que haces aquí” Tú te quedaste sorprendido y yo me agaché y le dije que era un amigo de mamá que estaba haciendo un trabajo para su cole y estaría unos días en casa con nosotros. Terremoto se lo pensó un poco y luego te dejó bien claro que las patatillas y la carne rebozada de la cena eran para él, que no tenía nada más que objetar.

Hace ocho años que fuimos al aeropuerto a buscarte. Llevabas cuatro maletas muy pesadas, tanto que dos de ellas se cargaron uno de los carritos de viaje que llevaba para traerlas a casa. Unos días después tú madre nos mandó el resto de cosas por mensajería. Habías dicho a tus padres que tenías novia y que te irías a vivir con ella unas semanas antes de hacerlo, de hecho, creo que ya tenías los pasajes y aún no se lo habías dicho. Tu padre siempre se había metido contigo porque no tenías novia y tú siempre le habías dicho que cuando la tuvieras él sería el último en enterarse, y vaya si lo cumpliste.

Antes de venir a vivir con nosotros ya habías visto a Terremoto en plena crisis y sabías lo que te encontrarías, por si te quedaba alguna duda. Cuando me dijiste que querías que viviéramos juntos estuvimos pensando donde. A mí no me hubiera importado ir a Cataluña, me gusta, podría haber intentado pedir una permuta, cosa difícil pero podía haberlo intentado. Pero le veía un problema, pese a lo que pudiera parecer, ese problema no eran mis padres. Yo soy hija única y siempre me han dicho si no lo hice para no dejarlos solos, ese no era el problema. Ellos habían vivido su vida y ahora me tocaba vivirla a mí, así que el quedarme o irme no dependía de ellos. El problema aunque le pueda sorprender a más de uno era mi ex. Siempre he creído que los hijos, aunque sus padres ya no vivan juntos, con quienes tienen que estar es con sus padres. Mi ex puede tener sus defectos, pero es el padre de Terremoto, y yo no podía irme e impedir a su padre poder ver a su hijo ni a su hijo no estar con su padre. Los hijos tienen que estar siempre con los padres, no son un paquete exprés que se pueda enviar por correo para estar una temporadita aquí y una allí. Tú entendiste muy bien este motivo, y lo aceptaste. Lo pensaste y decidiste que querías venirte a vivir con nosotros. Dejaste atrás a tus amigos, a tu familia, tu vida y te viniste a esta isla y formaste una nueva familia.

Ahora somos uno más en casa, hace tres años tuvimos a Tsunami y es lo más guapo que hay en el mundo, es la alegría de cada día, simpático, aventurero, cariñoso, dinámico, inteligente. Nos costó muchísimo que viniera, pero todos los esfuerzos se han visto más que compensados y cada día con mis hombres es una alegría. Te he pedido muchas veces si no te has arrepentido alguna vez de haber venido o de estar con nosotros y siempre me has respondido que en ningún momento.

Tuvimos un primer año muy bueno, y justo el día en que cumplíamos el primer año juntos operaron a mi madre de una caída que había tenido dos días antes y luego tuvo otras dos operaciones y luego le diagnosticaron Alzhéimer. La verdad es que estos años no han sido todos de color de rosa. Hemos tenido muchas cosas, algunas buenas, algunas buenísimas y otras muy malas incluso trágicas, pero siempre hemos estado juntos. Cuando yo me hundía tú me salvabas, y cuando te hundías tú yo te salvaba a ti. Lo cierto es que hemos pasado por muchos más momentos malos que buenos, pero incluso con todos esos problemas siempre nos hemos tenido.

Antes de que vinieras te prometí que no sabía como nos iría pero de lo que estaba segura es que nunca te aburrirías y ciertamente, con todo lo que hemos vivido estos años, nunca hemos tenido tiempo de aburrirnos.

Hoy hace ocho años que tú viniste a vivir con nosotros y le hemos pedido a mi ex que nos haga unas horitas de canguro con los dos nenes y nos iremos al cine a ver El Hobbit, de nuestro querido Tolkien. Luego volveremos a casa y cenaremos en familia. Estos años han dado para mucho y espero que sigan dando para muchos más y dentro de otros ocho años tal vez vuelva a escribir una entrada dándote las gracias por haber creído en nosotros. Por habernos preferido, siendo como era una opción poco tranquila, en vez de quedarte con alguna catalana sin hijos y sin problemas. Por haber venido a esta isla de la que te has enamorado y te gusta tanto que no la cambiarias ahora por ningún otro lugar y sobre todo gracias por seguir diciéndome que ha valido la pena y eres muy feliz a nuestro lado. Nosotros también lo somos y yo me sigo derritiendo cada vez que me miras o me abrazas. Te quiero con todo mi corazón.  Gracias por haber sido tan loco y haber venido hace ya ocho años.

Dibujo de familia con peluches, por Terremoto.

Dibujo de familia con peluches, por Terremoto.

Una madre mega protectora

27 Nov

En una entrada anterior os he comentado que Tsunami quería volar y había puesto un video de su aventura en tirolina. En las respuestas Maribel de B aprende en casa ha comentado que teme que ella sea una madre protectora. Me ha llamado la atención porque no es la primera vez que le leo ese comentario de ella misma. Es un comentario que también he leído en algunas otras webs. Así que he pensado que no estaría mal hablar un poco de lo que es una madre protectora normal y de lo que es una madre mega protectora.

Cuando nació Terremoto yo era muy pardilla, y lo digo así de claro porque lo era. Era hija única, la persona más pequeña que había habido en mi familia y con la que había tenido contacto era mi prima y nos llevamos cinco años y medio, así que poco me acuerdo. Dos de mis amigas habían tenido niños pero desde que habían sido mamás no solíamos vernos mucho y menos con los peques. Nunca había tenido eso que se llama instinto maternal marcado, vamos que no era de las personas que vieran un bebé y se les iban los ojos detrás o forraran su carpeta con anuncios del Prenatal o el Benetton. Para colmo, no se si era mi peinado con el pelo suelto y con gafas, que cada vez que le hacía caso a un bebé se ponía a berrear como un descosido. Así que eso no ayudó a fomentar mi experiencia en un contacto infantil. Por eso digo que era muy, pero que muy pardilla, mi experiencia era algo así como menos cero.

Tengo que juntar a ello el trato que recibí de niña en casa. Mis padres habían tenido un niño diez años antes de que yo naciera. Tuvieron una cantidad de problemas, fallos y malas coordinaciones médicas durante el parto que fue de escándalo. Así que lo que tendría que haber sido un parto normal con un niño normal, se convirtió en un padecimiento fetal que no se quedaron de milagro allí mi madre y mi hermano. Ya cuando nació les advirtieron que debido a todo lo que había pasado posiblemente ese niño no llegase a mayor, que no expresase sentimientos y que tenía pocas esperanzas. Lo siento mucho, pero casi mejor que el pobre se hubiera quedado en el parto. El pequeño vivió un año y tres días y por lo que sé fueron tremendos. Era un niño que no lloraba, que no hacía nada, sólo estaba allí. Era un niño al que se le daban unas medicinas que no eran baratas y no las cubría la seguridad social y parecía que no le hicieran nada. Al morir no hablaba, ni caminaba, ni reía y no os diré que fuera un vegetal, pero desde luego no era un niño de un año. Una mañana cerró sus ojos y dejó de sufrir, pero los que empezaron a sufrir entonces y mucho más fueron mis padres. Así que cuando yo nací diez años después, hizo que su actitud conmigo fuera de un superprotección  muy poco normal, llegando a ser en más de una ocasión molesta y agobiante. Yo no supe de la existencia de ese hermano hasta que no tuve seis años porque encontré unas fotos escondidas y pedí quien era ese niño. Tuve que soportar muchos comportamientos injustos que se tuvieron conmigo, sobre todo por parte de mi madre.

Además de eso, tengo que confesaros que cada día estoy más convencida que yo no fui una hija deseada, al menos por parte de mi madre. Ella siempre había querido un hijo, pero ese hijo se les fue. Después de eso según he sabido ella no quería tener más hijos y por lo que sé yo fui un accidente que se les coló. Cuando nací no tenían ni pensado un nombre para una posible niña y de hecho cuando el ginecólogo le dijo que era una niña ella le dijo que se dejara de bromas y le enseñara el niño. En alguna ocasión me dijo que si ella hubiera podido elegir hubiera preferido que hubiera sobrevivido el niño pero bien y no tenerme a mí. Cuando perdió a mi hermano se volcó en mis primos y de hecho durante prácticamente toda su vida, mis primos eran sus preferidos: los que siempre alababa; los que se llevaba de paseo por todo; los que les invitaba a comer en casa y les hacía su plato favorito; los que les hizo ropita;  los que siempre fueron lo mejor de lo mejor de lo mejor. En cambio yo sólo recibía reproches, todo lo que hacía aunque fuera una chulada ella no le daba importancia o lo criticaba, no jugaba conmigo, le molestaba que hiciera ruido mientras ella se hacia la siesta o hacia las cosas de la casa y se pasaba casi todas las tardes en casa de mi tía, mientras yo estaba sola en casa porque mi padre trabajaba de tarde y alguna vez tuve que llamarla para que bajara a hacerme la cena. Por todo ello tuve una infancia que podríamos clasificar como muy solitaria. Ella presumía mucho de que su madre había sido muy liberal con ella y que siempre la había dejado ir sola por la calle, cortejar por la acera de enfrente sin carabina e ir a fiestas y bailes si quería. En cambio ella se pasó la vida negándome poder ir de excursión con el cole porque “ya he perdido un hijo no quiero perder ahora una hija” tampoco podía ir a jugar a la calle y eso que mi calle estuvo cerrada al tráfico y no se asfaltó hasta que no cumplí los ocho años, porque “ya he perdido un hijo no quiero perder ahora una hija” Tampoco tuve mucha suerte a la hora de salir con las amigas, lo conseguía sí, pero siempre que el padre de mi amiga nos viniera a buscar y llevar el mismo en coche, porque “ya he perdido un hijo no quiero perder ahora una hija”. Siempre que quería hacer algo me encontraba con esa barrera. Cuando finalmente podía salir o iba a ver a mis amigas su despedida era siempre “se buena, ten cuidado y vuelve pronto” Siempre le preguntaba si alguna vez pensaba decirme que me lo pasara bien, pero nunca lo hizo. Dicho así parece que nos odiáramos, pero os aseguro que no, aunque yo me sentí muy coartada, veía al resto de la clase que se iba de excursión y yo era la única niña de la clase que ese día se tenía que ir a otra aula. Creo que a las primeras que fui fue porque en el cole le dijeron que si no tenía que ir que me quedara en casa y me parece que ella prefirió entonces que fuera a no tenerme todo el día en casa, como si mi intención fuera controlarla.

Bueno, como veis tengo algo de experiencia en lo que es tener una madre mega protectora, aunque en este caso su protección me temo que era más por sentimientos de egoísmo propio que no por amor maternal.

Cuando nació Terremoto, pese a ser muy pardilla, decidí que toda una serie de cosas por las que yo había tenido que pasar durante mi infancia, mi hijo no las iba a pasar. Me propuse ser una madre no tan controladora. Siempre he dejado a mi peque ir a cualquier excursión, incluso en ocasiones me he peleado con alguna maestra del anterior cole porque me comunicaban que habría una excursión pero que preferían que no apuntara al nene. Siempre he creído que pese a los problemas que tiene se merece llevar una vida como los demás nenes. Pero en ciertas cosas y pese a mi intención inicial, sí que he tenido que ser muy protectora, puede que en ocasiones algo megaprotectora. Por ejemplo, cuando íbamos por la calle jamás le soltaba de la mano. Empecé a soltarle de la mano cuando estaba embarazada de Tsunami. Terremoto, hoy en día que le falta poquito para cumplir los 14 nunca ha ido solo por la calle, siempre ha tenido a alguien “de carabina” controlándole, no va a hacer ni compras ni recados a las tiendas de al lado. Esta actitud me diréis puede estar justificada por el tipo de comportamiento que él ha tenido y por las características de ser un T.G.D.  y sobre todo porque no solía pararse y cruzaba sin mirar.

Muchas veces me he preguntado si no ha sido en estos aspectos muy megaprotectora. Muchas veces le he censurado programas de tele, o imágenes o situaciones que hay por la vida porque creía que le costaría entenderlos. Ahora estoy empezando a contarle que el mundo no es tan de color de rosa como él cree y que hay muchas personas y niños que se mueren de hambre y no tienen ni donde caerse muertos. Ahora le estoy hablando de que existen personas que se llaman pederastas y que existe la violencia doméstica. Que esa persona que está rebuscando en un contenedor es para usar lo que los demás tiramos y ellos viven de nuestra basura. Muchas veces me pregunto si le he edulcorado demasiado el mundo y me gustaría poder estar en su cabecita para ver como lo siente él.

Terremoto ha querido desde hace muchos años el poder tener más independencia, ir solo por la calle a dar un paseo o ir a comprar algo solo. Ahora, alguna vez, le dejo que baje a tirar la basura y yo miro desde el balcón, que la tenemos justo al lado.  Una vez le plantee el tema a la neuropediatra, me dijo que si viviéramos en un lugar más pequeño tipo pueblecito, donde los vecinos más o menos se conocen, me diría de darle más libertad, pero en una ciudad como Palma, de momento estaba muy verde para ello. El barrio donde vivía antes se ha desmejorado en los últimos años, donde estoy ahora esta mejor, pero casi ni conocemos lo que hay en él ya que tampoco tenemos muchas ocasiones de hacer una inspección tan a fondo, apenas llevamos un año escaso y los comercios los tengo algo más lejos. Así que la residencia influye en estos casos y mucho. Donde estábamos antes, el primer cole al que fue,  estaba justo en la calle de atrás y puede que si  viviéramos aún allí y siguiera yendo a ese cole fuera solo. Ahora el cole está en la otra punta de la ciudad y tenemos que ir en coche. Durante una época le estuve trabajando lo de ir detrás de él dejando un espacio, pero no se dejaba, no quería y la teníamos montada.

Para que se le de cierta libertad a un niño se debe tener muy en cuenta su grado de madurez, se la tiene que ganar y no se la gana sólo porque un día mire a ambos lados de la calle, sino porque lo hace siempre y ves que ya toma unas precauciones. Hay niños que con seis años son unos hombrecitos, y otros que tendrán treinta y seguirán siendo unos críos, aunque a esa edad ya hayan salido del nido maternal.

Podría decir que hay varias causas que pueden interferir a la hora de ser una madre, o un padre protector. Las más habituales serían pues, de una forma resumida:

– La herencia de como te criaron a ti

– La zona donde vives

– El peligro potencial real que rodea al niño

– Ser primerizas, pero mucho mucho mucho

– No haber tenido nunca hermanos

– Haber perdido con anterioridad algún hijo

– Experiencias propias negativas por no habernos prestado atención

– Nuestro sistema nervioso no da para más

A la hora de actuar como una madre protectora nos mueven realmente los siguientes motivos

– Vigilar que no haya un verdadero peligro real para el niño

– Tomar medidas para evitar que se haga daño

– Dejarle actuar, alguna caída siempre habrá en el aprendizaje

– Depende del grado de madurez del niño

Puede que os riais, pero os voy a recomendar una peli de dibujos para que os planteéis si realmente sois unos padres megaprotectores o no. Esta peli me dio a mí bastante que pensar. Se titula Buscando a Nemo y supongo que todos los que tengáis peques ya conocéis la historia. Todo el lio empieza cuando un pez grita “¡Qué desastre! ¡Nemo ha salido a mar abierto! “. El prota, Nemo,  desobedece a su padre, acaba atrapado por unos buzos y su padre se lanza en su búsqueda hacia el profundo océano azul y allí conoce a una pececita, Dory, que pese a su falta de memoria y de formalidad hay mucha sensatez en el fondo de sus palabras. Pues bien, en esa peli cuando el padre riñe a Doris diciéndole “¡tú no puedes Nemo!” porque para él ya era como una frase hecha, de hecho se pasa los primeros minutos de la peli repitiendo Nemo, no puedes, ¡no puedes!

Hacía un año y poco que me había separado de mi ex, aún no tenía pareja y había ido con Terremoto a verla. Hay pelis que son para niños, y también hay pelis que tienen mensajes para niños, y esta además tenía también un mensaje para padres y yo era una de esas personas que necesitaba sobre todo en ese momento un tipo de mensaje de ese tipo. Desde el comienzo la peli me dio que pensar. En un momento Marlín, el padre de Nemo le dice a Dory  que había  prometido que nunca le pasaría nada a Nemo. Dory le responde  que eso era una estupidez “No puedes impedir que le ocurran cosas. Si no, nunca le pasaría nada. Harpo se aburriría como una ostra”.  ¿Nunca os ha pasado que un diálogo de una peli os ha abierto los ojos? A mi me ha pasado dos veces, esa fue una de ellas. Estas dos frases y algunas más fueron las que me animaron a dar un poco más de libertad a Terremoto, aunque la preocupación y la sombra de mi infancia estarán siempre en mi mente.

Lo normal es que nuestros niños poco a poco vayan teniendo responsabilidades y vayan evolucionando. Lo normal es que poco a poco nosotros les facilitemos ese camino y les vayamos dando las herramientas para conseguirlo y supervisando su uso. Si alguien tiene dudas, ya sabéis mi recomendación, dejad que ese pequeño pez payaso os abra los ojos y os guie un poco en este difícil camino de la vida, si Marlín lo consiguió supongo que nosotros también podríamos.

Permitidme que os presente mis estrellas

28 Sep

Hace unos días, pocos, leyendo una web de las que referenciáis en el borde, leí un post. No recuerdo ahora en que web fue y buscando un poco no lo he encontrado, así que os pido disculpas a todos por no indicarlo y a la autora del mismo por no citarlo.

Ese post, que encontré maravilloso, te narraba las cosas con las que se sentía feliz. Cosas sencillas que en el fondo no es difícil conseguir, nada del tipo tener un yate o ser miss universo. En ese post, que ahora no recuerdo, te comentaba como le gustaba tomarse su café calentito, con espumita. Cuando lo leí se me hacía la boca agua de pensar en un cafetito así y lo de la espumita es que me tiene perdida y que conste que no soy muy cafetera. También recuerdo que comentaba lo que le gustaba descansar por la noche en el sofá cuando los peques estaban acostados y sobre todo poderse quitar los calcetines, jeje. Lo del descanso del guerrero, en este caso la guerrera, es algo que comparto y desde hace tiempo cuando puedo, por la noche una se desploma y desperdiga generosamente toda su alma y todas sus mollas a lo largo del sofá y señores ¡Que bien que sienta eso! Lo de los calcetines, permitidme que una es una friolera y no se los quita bajo ninguna circunstancia que no sea ducha o cama, al menos en invierno.

Y ¿a qué viene todo esto? Pues sencillamente, este verano, cuando estaba rondando por mi cabeza el montar un blog, una noche hice una foto pensando ya en todos los que estáis ahora aquí. En verano, solemos ir a una casita que tiene mi padre fuera de la ciudad. Es una casita pequeñita, algo así como la casita de la ratita, donde las habitaciones son reducidas, los muebles minúsculos, buscados expresamente y prevaleciendo sobre todo la cinta métrica y la comodidad a la hora de escogerlos. No es nada lujoso ni ostentoso, es sencilla, pero tiene un jardincito y eso me encanta.

En Mallorca en verano hace calorcito, para la gente del norte mucho. Para un sevillano tan vez no tanto como en su ciudad, pero hace. Palma tiene un defecto, que es una ciudad y tiene calles, asfaltadas y muchas, y edificios altos, bastantes, y no demasiados parques y zonas despejadas, y muchos coches y no se porque siempre hay obras en las calles en verano y polvo y no puedes abrir… vamos, que es una ciudad y cuando el tiempo aprieta y hace calor y ocurre todo eso pues las ciudades se vuelven hornos. Une a eso unos peques, encerrados mucho tiempo en un piso y la visión de la casita de la ratita con jardín es como el palacio de Sheherezade o Versalles o el castillo de la Bella Durmiente.

En ese jardincito, que tampoco no es muy grande, da para que los peques jueguen, corran y vayan por un pasillo asfaltado en patinete. Hay un trocito donde ponemos una piscinita hinchable, segundo e importante motivo después del jardincito para fugarnos allí. La piscinita como habréis imaginado, es como la casa de la ratita, una de esas en las que hinchas el borde, la llenas de agua y las paredes van subiendo conforme se llena, tiene un filtro y lleva su trabajo el mantenerla. Tiene dos metros y medio de diámetro, ya sé que no es una piscina enorme donde nadar, pero para refrescarse, chapotear y jugar los peques es estupenda. También sé que para aquellos que no pueden escaparse de la ciudad y lo único que tienen es la ducha o la bañera y la piscina municipal, estos dos metros y medio son un paraíso.

La chica del post que comentaba que le gustaba sentarse en el sofá y quitarse los calcetines me recuerda en cierta forma a mí en verano. Desde hace unos años mi momento de relax veraniego es aprovechar unas cuantas noches de agosto, porque hasta que no tienes un día de esos que el calor aprieta y el agua se caliente en condiciones, el agua de la piscinita se enfría muy rápido cuando no le da el sol y te congelas. Pues eso, cuando los peques están acostados, el agua calentita y el cielo estrellado, aprovecho para meterme dentro, en ocasiones mi pareja se apunta, pero en otras prefiere ir cenando al lado de la piscinita y charlar tranquilos.

Imaginaros y no es necesario ir a Hawái para ello. Es de noche. El cielo está estrellado, a cada momento se ven más estrellas ya que no hay mucha luz, ese no es un cielo de ciudad. Tú estás flotando en el agua, apoyas la cabeza en el borde hinchable cierras los ojos y te relajas. Te dejas llevar, respiras hondo. El agua es cálida y te gusta. Poco a poco vas moviéndote, despacio, lentamente extiendes y recoges las manos y oyes el ruido que hace el agua cuando choca con el borde de plástico. Es relajante. Unas casas más abajo hay un vecino que tiene unos eucaliptus enormes y cada vez que sopla la brisa nocturna oyes el ruido de las hojas que se mueven. Entonces, cuando has desconectado de todo el ajetreo del día. Entonces, esas contadas noches de agosto, vas abriendo poco a poco los ojos y lo que contemplas es todo el cielo. Entonces no hablas, sólo miras y asimilas todas estas sensaciones. Entonces sólo deseas que no se acabe ese momento, que esa sensación de bienestar te acompañe todo el año y entonces es cuando volvemos a almacenar un recuerdo en ese sitio del cerebro que yo digo que es para las sensaciones especiales que nos ayudarán a superar los momentos difíciles del resto del año. Deseas que no acabe pero en algún momento hay que salir y cuando lo haces piensas si mañana el agua estará igual de caliente, o si por el contrario será muy tarde y no podrás entrar y si esa será la última noche de este año. Entonces piensas que tu recuerdo está bien custodiado, respiras hondo. Sales dispuesta a comerte el mundo durante doce meses a sabiendas de que el año que viene, alguna noche, podrás repetir de nuevo tu momentito privado.

Este año quiero compartir con vosotros este momentito privado. Si habéis podido imaginaros que estabais en una piscinita y os habéis dejado llevar por las hojas de los eucaliptus, ya podéis abrir los ojos. Este es mi regalo. Mi cielo estrellado.

De mis nacimientos

18 Sep

En realidad yo he tenido muchos nacimientos. Podría deciros que nací un frío día de invierno, por la madrugada, que había niebla y mi padre fue a despertar a la comadrona tirándole piedrecitas a la ventana. Supongo que ese fue mi primer nacimiento, al menos el oficial, pero también han habido muchos otros.

Cuando entré en el colegio nací como estudiante.

Cuando llegué a la universidad me sentía toda una persona mayor y realmente no era más que una adolescente aún, entonces no lo sabía, pero ahora sí.

Cuando tuve a mi hijo nací como madre por primera vez.

Más tarde volvería a hacerlo.

Pero también he tenido otros, hace ya muchos años tuvieron que operarme de la espalda, después de la operación el médico me dijo que habían tenido que hacer encaje de bolillos conmigo y que me había quedado a nada de tener que ir en silla de ruedas. Ese día aunque no naciera sentí como si hubiera vuelto a nacer, cuando pasas por algo así ves la vida de otra forma, al menos durante una buena temporada. Unos doce años después de eso me operaron de un tumor de colon, por suerte lo pillamos a tiempo y no se había expandido, ni tan siquiera necesité quimio. El médico me dijo que era un tipo de pólipo y que le quedaba muy poco para llegar al colon y haber hecho metástasis. La biopsia dio que era un tumor maligno y nuevamente había vuelto a nacer.

Realmente, la vida nos hace nacer muchas veces. No se porque generalmente estos nacimientos suelen ir relacionados con periodos de dolor o sufrimiento, pero nos proporcionan un tipo de aprendizaje que es el que nos hace únicos, es el que forma nuestra personalidad, nos da perspectivas, conocimientos, experiencias y todo esto hace que seamos como somos, únicos.

Ahora, tras pensarlo mucho, voy a realizar otro nuevo nacimiento, voy a entrar en el cyber mundo. Hoy voy a iniciar un blog nuevo, el mío y el vuestro. No os prometo nada, intentaré ser constante y no muy caótica. Os comentaré muchas cosas pero no será un blog específico de un tema concreto. Algunas entradas serán muy cortas, otras muy largas y puede que algunas sean por entregas, con lo que me suelo enrollar seguro que hay más de una de esas. Me gustaría que esta experiencia nueva no fuera nada dolorosa ni traumática, que al contrario, forme parte de las experiencias bonitas de la vida y que también aporte mucho.

Así que os dedico este blog que es parte de mi vida y espero que a partir de ahora también lo sea de otras vidas y que juntos aprendamos a madurar, convivir y ser unas grandes personas.

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