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Mallorca con niños: El Aquarium de Palma, algo más que un simple acuario.

3 Jul

En casa somos unos forofos de los peces. De pequeña había un acuario por la zona del levante de Mallorca y en ocasiones íbamos. Era pequeñito, pero en esa época no teníamos otra cosa. Mi acuario particular era el mar. Yo aprendí antes a bucear que a nadar y me pasaba horas y horas con la careta y los patos recorriendo la costa de rocas o de arena y descubriendo pequeñas escenas del mar. Era algo que me relajaba muchísimo, me dejaba llevar por el oleaje, corregía el rumbo con unos simples golpes de patos. Oía los ruidos de las olas o del aire cuando respiraba por el tubo. Era algo así como deben sentirse los bebes cuando están en el vientre de su madre, o eso pensaba. Mi ansia de buceo se vio cruelmente truncada el día que un tal Steven Spielberg hizo una película sobre un tiburón. Desde entonces, no sé muy bien porque, cuando el mar me cubre algo más de lo debido empiezo a oír una musiquita detrás de las orejas, veo sombras en el agua y me da como pánico. Gracias Sr. Spielberg por un montón de pesadillas y un montón de veranos chafados. Realmente es una tontería, porque nunca en ninguna de mis inmersiones me encontré con ningún tipo de escualo. Años más tarde estuve saliendo con un chico que hacía pesca submarina y en ocasiones les acompañaba. Yo no me sumergía, nadaba por encima y cuando me cansaba me agarraba a una boya o salía del agua. Fue un breve momento en mi vida post-Spielberg en el que no me dio tanto miedo bucear. Volví a ponerme la careta y los patos y disfruté como una chavala al volver a ver el bello fondo de mi querido mar. Aunque no sé muy bien porqué, fue dejar de ir con este chico y el miedo al fondo marino volví a ir imponiéndose lentamente. Así que actualmente, muy a mi pesar, sigo siendo una cobardica a la hora de otear el fondo tras unas gafas de buceo. No obstante, el mar y sus secretos me siguen atrayendo de igual forma que cuando yo no era más que una niña.

He conseguido ir a visitar varios acuarios en mi vida. Cuando me casé con mi ex estuvimos en Canarias y fuimos al Loro Parque. Fue el primero que vi y me gustó, pero Canarias nos pilla muy lejos de casa o al menos de nuestras rutas. En mi época no recuerdo que hubiera atracción de orcas, pero sí que había un pequeño delfín que hacía unos meses había nacido en el parque.

El siguiente que vi fue el Aquarium de Barcelona. Es impresionante, muy chulo y muy bien cuidado. El túnel por el que te transportan sobre una cinta mecánica es una pasada, aunque personalmente preferiría que nadie me transportara y hacerlo yo por mis propios medios parándome donde quisiera. El de Barcelona lo he visitado en varias ocasiones, creo que tres veces, dos con adultos y una con Terremoto. Una de las tonterías que recuerdo más me gustaron fue un rinconcito en la parte de peques donde entras a gatas por un túnel de cristal y llegas a una especie de cueva. Allí y sin mojarte, puedes observar lo que es el movimiento de las olas y el estruendo que hacen al romper en la costa. Como he dicho es una tontería, pero una tontería que me encantó.

El cuarto acuario al que fui fue el Oceanográfico de Valencia, hace unos añitos y sólo con mi pareja. Es un lugar impresionante, como dirían en Jurassic Parck, no han reparado en gastos. Quizás esté todo un poco distanciado. No es comparable con ninguno de los anteriores desde ningún punto de vista, es algo especial. Sobre todo porque allí mismo puedes aprovechar y hacer el Hemisférico y el Museo de las Ciencias. Me encantó, pero no acabó de enamorarme del todo al cien por cien. La zona de los pingüinos es muy interesante y curiosa, pero al menos ese día los cristales no estaban de lo más limpios que digamos y no se veía muy bien, fue una pena. La atracción estelar, que reconozco me gustó mucho es la zona de ártico, allí tienen a las belugas. Son unos mamíferos majestuosos, me enamoraron, me sentí especial viéndolos, creo que volví atrás como unas cinco veces sólo para volver a verlas. Pero al mismo tiempo me apenaron, porque considero que el espacio que tienen es muy limitado, o al menos eso me pareció a mí. Los veías siempre haciendo el mismo recorrido, sin variación. Fue como ver un ave Fénix en una jaula para canarios. Se que son unas criaturas bastante grandes, pero viendo todo el espacio de que disponen, bien podrían haberles dedicado una zona aún más generosa a estas especiales criaturas. Me encantaron, pero me apenaron, es la impresión a la vez más hermosa y negativa que tengo del Oceanográfico.

Supongo que si sois buenos observadores habréis detectado que he hablado del de Barcelona como el tercer acuario y luego he pasado al cuarto de Valencia. ¿Pero? Y el tres ¿Donde está el tres? Muy sencillo, el tres está en su sitio, en medio de los anteriores. Se construyó en Mallorca y se inauguró en el 2007. Al principio cuando se comentó de construirlo yo no era muy partidaria de su ubicación. Se hacía en una zona de albufera llamada Ses Fontanellas. Es una zona muy pequeñita y yo era de esas personas que temía se las cargaran, como tantas cosas autóctonas que se han ido cargando de Mallorca en aras del turismo y la economía. Pero no. Ses Fontanelles, de momento, siguen allí al lado y el Aquarium las ha respetado.

He ido muchas veces al Aquarium de Palma, todas ellas con los niños. La primera vez que entré me dije que un día lo haría sin niños, porque estos siempre te hacen tener una visita un poco más acelerada, o al menos Terremoto lo hacía. A día de hoy aún no he conseguido hacer una visita sólo para mayores pero en la última visita que hicimos el mes pasado, los peques estaban colaboradores. Papá se encargó de Tsunami y yo de Terremoto y por primera vez pude apreciar en todo su esplendor y como a mí me gusta, las magníficas instalaciones del Aquarium de Palma. Así que aprovechando que en ocasiones alguna vez a uno no se le ocurre que hacer con los niños y no caes en la cuenta de que cerca tienes esto. O simplemente, para dar alguna idea a las familias que nos visitan con niños y quieren tomarse un día, una mañana o una tarde diferente y algo más relajada, os comento este lugar que seguro no defraudará.

En primer lugar, decir que está muy cerca de Palma, hay línea de bus y acceso fácil por la autopista, la salida 10. Para más información os recomiendo su web. Tiene un problema, eso sí. El parking no es precisamente muy grande y se llena enseguida. Cerca de allí hay otros parkings, pero debido a las dimensiones del primero y a que la playa está cerca, están todos a petar. Vamos, que el tema dejar el coche es algo peliagudo, no lo negaré. Así que si veis un sitio no busquéis otro mejor, pillarlo enseguida. Otro problema es el entrar. Alguna vez me he encontrado con colas, aunque afortunadamente sólo ha sido alguna vez. De todas formas se que hay gente que se queja de ello, pero peor fue la cola que tuve en el Louvre…. esa si que fue kilométrica. Es lo que hay.

Cosas a favor que hay que reconocer. Esta muy bien estructurado y limpio. El espacio es el adecuado. La iluminación es lo suficientemente oscura para no molestar a los inquilinos y lo suficiente clara para poder deambular y observar sin problema. Cada pecera posee un panel táctil al lado con información en diversos idiomas. Posee rampas y ascensores, así que no hay ningún tipo de problema para desplazarse tanto para cochecitos como para sillas de ruedas. Los interiores como es de esperar, están climatizados y eso en verano se agradece. El personal es muy atento, yo nunca he tenido ningún tipo de queja, al contrario. Hay dos restaurantes, uno tipo self service, más barato en el exterior y otro a la carta en el interior. En este último sólo he comido una vez hace tiempo, la comida entonces estuvo deliciosa, evidentemente, fue más carito. No sabría precisar cuanto, perdonad pero ha pasado bastante tiempo, Tsunami aún no era proyecto siquiera. En todo el centro hay espacios pensados para niños, tanto en las zonas de recreo, como en los baños con cambiadores y demás. En el exterior, llamado Jardín Mediterráneo, hay una zona de juegos para niños que es una pasada con un barco pirata y castillo hinchable y zona de chorros de agua, ideal para tenerlos vigilados y poder tomar un refresco bajo una sombrilla. Para acabar, diré que la tienda de souvenires me encanta, eso no son souvenires de zona guiri, esos son souvenires con clase. Hace unos años me enamoré de unas medusas dentro de cristal, pero eran caras. Mirando encontré tres de ellas que estaban bastante baratas. Le pregunté al personal si era un error y me dijeron que era porque tenían una pequeña tara. Así que me llevé la que más me gustaba de las tres. En otro sitio no hubieran hecho esto, porque sinceramente, la tara es casi imperceptible y el chollo fue rotundo. ¡Ah! y se puede acceder a la tienda de souvenir sin entrar forzosamente en el acuario, por si alguien decide comprar algo más otro día.

¿Que te puedes encontrar allí? Pues bastantes cosas, pero para aquellos más entendidos en el tema os remito al enlace de la wiki donde se especifican los principales tipos de peces que hay en cada sector. De todas formas tengo que decir que en estos siete años las instalaciones se han ido modificando y mejorando cada año, así que de tanto en tanto nos hemos encontrado algunas cositas nuevas que son de agradecer. El personal te puede informar de todo lo que te interese de los animales y tiene unas zonas destinadas a la concienciación de la pesca controlada y la protección de varias especies en peligro de extinción, como el atún rojo y el tiburón.

 

Nuestra experiencia en el Aquarium.

Con el primero con el que fuimos fue con Terremoto. Eran unas visitas algo caóticas. Tenías que estar muy atento a que no se escapara. Le gustaban mucho los dos rincones con tiburones, tanto el de tiburones pequeñitos, como el Gran Azul con los escualos de mayor tamaño. Se tumbaba en los cojines que hay delante y los miraba entre salto y salto. Una vez se enteró que hay una actividad que es dormir con los tiburones. Bueno, no dentro del tanque con ellos, se entiende, sino en sacos de dormir en la zona que hay delante de los cristales. Me pidió insistentemente en hacerlo. Al final me convenció y fue así como me puse en contacto con el Aquarium, siempre vía telefónica. Hable con unas chicas y les expliqué con todo lujo de detalles lo que tenía Terremoto, lo peor que se podían encontrar y que por la noche y la mañana precisaba de medicación. A las pocas horas me llamaron para hacerme unas preguntas y me dijeron que lo hablarían con el equipo. Muy poco después me dijeron que se responsabilizaban de su caso y me contaron con lujo de detalles todo lo que se haría. Me pidieron eso sí, diversos teléfonos de contacto por si tuviera alguna crisis poder ponerse en contacto cuanto antes con nosotros y saber como tenían que actuar. Tenía ya plaza reservada para que un día lleváramos a Terremoto allí para dormir con sus queridos tiburones. Al día siguiente tendría desayuno y búsqueda del tesoro con los piratas. Pero, pero, pero… cuando se lo comunicamos a nuestro pequeño, decidió que le daba miedo y no quería quedarse. Abochornada y avergonzada después de todo el jaleo que había armado, llamé a las chicas y se lo expliqué. No me insistieron ni se lo tomaron a mal, al contrario, me dijeron que si cambiaba de opinión estos días, mientras tuvieran alguna plaza libre podía llamarlas cuando quisiera.

Las visitas con Tsunami han sido más calmadas. Tsunami es más de mirar las cosas, de pedir lo que pone escrito y de indagar en los tanques. Tsunami suele ir al lado de su papá y hace muchas preguntas. Le encanta la zona del toca- toca, donde hay un empleado que te coge estrellas de mar, erizos o pepinos de mar y te los deja tocar. Este punto es de lo más interactivo, puedes preguntar y evidentemente, Tsunami pregunta y toca más que nadie y porque no puede más of course. Está en la zona media del recorrido y también hay pequeños pececillos tipo lenguado y algunos bebes rayas o simplemente rayas pequeñitas, pero esos dos son más difíciles de tocar. Otra cosa que le gusta a Tsunami son los caballitos de mar, como se enganchan con la cola a las algas. También le pirran las microzonas o los compartimentos que tienen delante unas lupas para ver los más pequeñitos. El medusario le hipnotiza. Las medusas no son santo de mi devoción ni de ningún bañista. Pero verlas flotar en los tanques de corriente con luces de colores es todo un espectáculo. Evidentemente y no es por genética, los tiburones también le causan sensación, aunque al principio no era así, se entretenía más con pececillos tipo sardinitas que le llamo yo que con los grandotes. Otra de sus zonas preferidas era la jungla, con la gran cascada, donde se pueda tocar agua tendrás a un Tsunami feliz y contento. Porque no se puede tirar dentro que sino…. En esta última visita te daban la opción en esta zona de hacerte una foto con un guacamayo o cacatúa, perdonad mi ignorancia en estos temas ornitológicos, yo llego hasta periquito, el resto son loros varios. Mis dos cachorrillos posaron contentos y valientes con el ave y tienen la foto en su cuarto. Evidentemente, sobra decir que el jardín mediterráneo con los tanques de tortugas y rayas y ya ni hablemos del barco pirata, los hinchables que han puesto nuevos y los surtidores de agua, que ya fueron uno de sus favoritos del año pasado, Tsunami se lo ha pasado fenomenal. Así que si vais en época de calor y con niños no os dejéis el bañador que ellos se refrescarán a gusto y vosotros podréis descansar un buen ratito.

Pero sobre todo lo que más recuerdo de todas las visitas que hemos hecho al acuario fue la primera vez que Tsunami entró dentro. El exterior es bonito, pero cuando entras lo primero que te encuentras es que toda una pared es un gran cristal de arriba abajo. No es el más espectacular de todos, pero es el primero y es muy grande. Recuerdo que le habíamos dicho que íbamos a ver peces. Él tenía un acuario en casa que por esa época era muy pequeñito, de unos 15 litros más o menos. Así que cuando entra corriendo, como buen Tsunami, y se encuentra de golpe eso delante, se quedó milagrosamente petrificado. Su pecho se fue hinchando poco a poco al tiempo que sus ojos se iban abriendo como círculos y su boca suspendida en un !ohhhhhhhh!….. Se quedó unos segundos parado, con los ojos muy abiertos y la boca aún sin cerrar. Puso ambas manos delante como si temiera tropezar con algo. Se fue acercando poco a poco hasta tocar el cristal no sólo con las manos sino con todo su cuerpo empotrando la nariz en él. Así se quedó anonadado hasta que le dijimos que girara la cabeza. Entonces, el ¡ohhhhhh! inicial se convirtió en un ¡OOOOHHHHHH!!!!!!. El espectáculo no había hecho más que empezar y Tsunami había descubierto muy a su pesar que la pecera de casa era ridícula, pero que era su pecera. Aunque ahora sabía que en el mundo hay muchas más peceras enormes que visitar y unos divertidos juegos de agua con los que jugar luego. Os dejo hoy con un montón de fotos de nuestra última visita el mes pasado. Espero que así os podáis hacer una idea por si alguna vez alguien no sabe muy bien donde ir o quiere estos próximos meses pasar un día de verano un poco diferente de los demás.

 

El geocaching, una alternativa para una tarde de verano: En busca del tesoro de Antonine Germaine Patapalo.

24 Jun

Antonine Germaine Patapalo puede ser un pirata, pero también podría ser un bucanero, un corsario, un contrabandista, incluso un multimillonario excéntrico, quien sabe…

Hace unos dos años mi pareja me llamó un día al trabajo y me dijo “te he enviado un correo de una cosa que acabo de leer en el periódico, para que lo miremos entre los dos y me opinas, que luego se me olvidará comentártelo y así seguro que pensamos en ello”

El misterioso comentario se refería a un enlace del periódico local en el que se trataba un tema que a mí me sonaba a raro (recordad que yo no tengo nidi di nidi de idea de inglés, así que el nombre si dice algo, a mí no) Eso de geocaching a mí me sonaba a geo cáspitas.  Por la noche, en casa lo estuvimos mirando y buscando en google gran invento. Me explicó que con el teléfono que él tiene y habiendo mirado antes en no sé qué página de internet podríamos ir a buscar un tesoro en plan moderno. Vamos que el móvil era el plano, los niños los exploradores y, no nos engañemos, generalmente un llavero,  un muñequito del McDonald’s o un juguetito del kínder sorpresa suelen ser los objetos celosamente guardados en los cofres.

El geocaching, para decirlo muy abreviadamente es un grupo de personas que se les ocurrió que a lo largo del mundo mundial se podían poner  escondites, normalmente en sitios chulos y dejar en ellos unos cofres (normalmente fiambreras de cierre hermético) donde hay algunos tesorillos que cuando los has encontrado puedes elegir uno y llevarte a casa. También dentro del cofre-fiambrera, suele haber un librito de notas y un lápiz para que cada buscador de tesoros que lo desee pueda dejar allí constancia de su paso. Hay una condición indispensable, si te llevas un tesorillo hay que dejar otro a cambio para que los siguientes osados aventureros encuentren esos preciados objetos que han ido a buscar. También hay una notita polilingüe en la que explica de que se trata y que si alguien lo encuentra casualmente que lo deje como estaba. Por desgracia algunas veces estos tesorillos son encontrados por orcos y trasgos sin escrúpulos que los saquean. Entonces, no sé muy bien cómo, si es que hay un delegado local o es que el grupo de personas que les gusta el geocaching tienen un gran corazón, esos tesoros saqueados suelen volver a la normalidad en relativamente poco tiempo desde que se ha localizado el vil expolio.

Antes de montar nuestra primera aventurita de geocaching realizamos una labor de recolección de juguetitos relativamente pequeños que hay por casa y que los nenes no deseaban seguir guardando. De hecho tenemos un botecito con la etiqueta “objetos para el intercambio del geocaching” y así el día que decidimos ir a explorar cogemos unos cuantos y emprendemos la aventura.  El primero que hicimos fue en el bosque del castillo de Bellver, sí ese por el que solemos hacer excursiones los fines de semana en invierno. Pues en dicho bosque hay unos cuantos unos relativamente más sencillos ya que te dan las coordenadas del punto a buscar y una vez allí tienes que ir desvelando unas pistas o adivinanzas o pruebas hasta localizarlo (generalmente no está muy lejos) los difíciles son los que a través de preguntas u otras pruebas que conviene prepararse antes, consigues los datos de las coordenadas, de estos últimos no hemos hecho aún ninguno. Con el primer geocaching estuvimos un buen rato dando vueltas primero porque los niños eso de manejar la brújula no lo dominabas y se pegaban unas vueltas para pillar el camino. Pero cualquiera les quitaba el móvil. Segundo porque nos liamos buscando árboles huecos con un montón de piedras al lado de sus raíces, no había forma, hasta que nos dimos cuenta que nos habíamos equivocado con uno de los datos y buscábamos en un árbol equivocado, jajaja. También recuerdo que a Tsunami le encantó, pero Terremoto se decepcionó bastante al ver que no había ni oro ni plata ni lingotes ni doblones de oro, ni joyas, ni coronas ni dagas ni espadas. Era sólo una fiambrera con cositas de bebé decía, ohhhh, que decepción.

El pobre Terremoto ya se ha mentalizado que lo bonito es la búsqueda y que su hermano encuentre juguetitos pequeños nuevos con los que jugar una temporadita, vamos que con el geocaching no nos íbamos a volver ricos. Uno de los últimos geocachings que hicimos el año pasado fue al lado de la ladera de un acantilado junto al mar, era por la tarde y nos quedamos allí a ver la puesta de sol. Normalmente es una actividad que entusiasma más a Tsunami y su papá en ocasiones se lo ha llevado a él a buscar tesoros.

Hoy os comento las aventuras del geocaching porque posiblemente alguna tarde de verano uno puede estar muy aburrido y ya no saber qué hacer con los retoños. También sé que hay muchos extranjeros que vienen a Mallorca con pequeños y los buscan como una actividad más durante el viaje. Al estar situados en lugares bonitos ayuda a descubrir el paisaje de ese país que visitas. Os dejo el enlace de una página, al principio se sitúa en Seattle pero luego te puedes alejar y desplazar por todo el planeta, hasta en la Antartida hay geocachings ¡increible!

Es muy posible que más cerca de lo que creéis de vuestra casa pueda haber escondido un tesoro, que incluso muchas veces hayáis pasado por al lado y no os lo creáis. Así que papis de los pequeños aventureros, buscad las coordenadas, recolectad algunos juguetitos largamente arrinconados y prepararos para adentraros en el mundo de los piratas, los mapas y los cofre –fiambreras. El pirata Antonine Germaine Patapalo nos ha dejado un premio ¿Quién será el próximo en recogerlo? Y sobre todo, ¿Qué nuevo tesoro dejará a cambio?  Feliz búsqueda pequeños exploradores jou, jou, jou.

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La montaña que escondía un tesoro y el apadrinamiento de tejas.

19 Oct

Dins el cor de la montanya,

Mallorca guarda un tresor.

El 22 de julio de 1883 cinco  mil peregrinos subieron a Lluc. Ese año se estrenó la canción de los Peregrinos “Dins el cor de la muntanya” de Miquel Costa i Llobera. Hoy he empezado este post con los dos primeros versos de este poema, porque verdaderamente dentro el corazón de la montaña, Mallorca guarda un tesoro.

Pero no es sólo un tesoro desde el punto de vista religioso, no, para los mallorquines Lluc es mucho más que eso.

El pueblecito de Lluc es la capital del termino municipal de Escorca, uno de municipios tirando a grandecitos de la isla por lo que respecta a su extensión, pero por el contrario uno de los menos poblados de todos. Escorca está ubicada justo en plena Sierra de Tramuntana, que hace unos pocos años fue declarada Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco, tras una masiva recogida de firmas solicitándolo. Yo creo que desde diversos puntos de vista todos los mallorquines estamos muy orgullosos de Lluc.

Desde el punto de vista religioso y como referenciaría la canción, dentro la montaña está la Virgen Negra, la Moreneta, la Mare de Deu de Lluc, patrona de Mallorca. Es una talla de pequeño tamaño que según la leyenda fue hallada por un pastor y un monje, tras haberla trasladado en repetidas ocasiones al oratorio de Sant Pere d’Escorca, la imagen aparecía de nuevo en el mismo lugar, así que allí se le erigió un templo. Las primeras noticias sobre su construcción son del 1268. Pero ese lugar tiene algo más, su relación con lo sagrado se remonta a la época de la edad del bronce y del hierro y su nombre deriva del latín Lucus o bosque sagrado.

El pueblo nació bajo la protección del monasterio y a su alrededor. Unas cuantas casas en uno de los lados del patio de los peregrinos, entre las que están un bar, un horno, el Ayuntamiento, dos o tres restaurantes y no recuerdo ahora si algo más. Pero este monasterio en particular es algo más, es el segundo tesoro guardado en la montaña, la cultura. Hace más de un siglo que va siendo un reducto de sabiduría y cultura. En él se ubicó un colegio de niños, actualmente de niños y niñas, que en su momento fue un muy agradecido recurso a la población de los pueblos de Mallorca para compensar una oferta educativa que en nada se parece a la de ahora. Los niños allí alojados estaban en régimen de pensionado pues las comunicaciones no eran como las de ahora. Eran instruidos en todas las disciplinas educativas y también en el canto. Els Blauets de Lluc que así se llama la escolanía por el color azul de sus sotanas. En un principio estaba formado por seis niños, en la actualidad son más de cuarenta niños y niñas y sigue siendo hoy en día uno de los coros de voces blancas más bonito de la isla que el día de Nochebuena nos regalan con el ancestral Cant de la Sibil·la, declarado también como Patrimonio intangible de la Humanidad, y que profetiza el fin del mundo. Muchos intelectuales mallorquines nacidos en la part forana recibieron su educación en ese monasterio. Así que como veis también ha tenido una importancia en el campo educacional y cultural. Amén a un interesante Museo de Historia.

Pero  en un lugar como este no podrían faltar también las leyendas. Muchas son las que le rodean, entre ellas la historia de El Salt de la Bella Dona una historia turbulenta en la que el amor, los celos y la religiosidad se mezclan y finalmente la bella mujer que se había lanzado por el acantilado encomendándose  a la Virgen, aparece milagrosamente viva y casa con su enamorado. Cuando se sube a Lluc por una estrecha y serpenteante carretera, encontramos un gran precipicio que lleva precisamente este nombre,  El Salto de la Bella Mujer.

Lluc es lugar de refugio, tanto de los pelegrinos que hasta allí llegaban, como de los actuales visitantes que disponen de numerosas celdas con camas, baño individual y calefacción. También se pueden alquilar pequeños apartamentos con cocina y más comodidades situados en la plaza de los pelegrinos. Para los más aventureros dispone de zonas de acampada y en su alrededor hay multitud de mesas y bancos, así como de lugares preparados para hacer hogueras y disfrutar de unas horas en familia. Los más comodones disponen de unos tres restaurantes, un horno y creo que sólo un bar. Esto y su paisaje hacen que Lluc sea un enclave vivo, donde cada día hay un visitante. Donde las rutas de montaña y excursiones son abundantes y hermosas.

Y en relación a este sentido popular, cada año se organizan varias peregrinaciones populares hacia el santuario, las más conocidas son las diversas subidas desde la part forana y la popular subida Des Güell a Lluc a peu que consta de unos 48 kilómetros y suele durar entre 8 y 13 horas. Se realiza la noche del primer sábado del mes de agosto. El Güell es un bar de barrio que había cerca de la casa donde antes vivía. Si bien se dice que la iniciativa surgió de un grupo de amigos en 1974 para agradecer a la Virgen el que una niña saliera ilesa de un accidente, mi madre y mi tío me contaron una vez que cuando ellos eran jóvenes, mi tío era amigo de Tolo Güell, el que ahora organiza estas marchas, según me dijeron otro amigo había hecho una promesa y tenía que subir a Lluc a pie, les pidió a unos cuantos que le acompañaran y habían quedado para salir del bar Güell,  el grupo de cinco jóvenes estaba formado por el chico que había hecho la promesa, mi tío, Tolo Güell y otro más. Parece ser que los únicos que llegaron por la madrugada finalmente a Lluc fueron mi tío y ese chico. Que yo sepa Tolo Güell nunca ha contado eso y tanto mi madre como mi tío ya han fallecido y tampoco recuerdo el nombre de los otros dos jóvenes que subieron.  Puede que fuera una casualidad pero lo que si podemos asegurar es que el pueblo de Mallorca solía realizar estas peregrinaciones de forma bastante habitual, y según el relato de mi tío parece que eso de salir desde el Güell ya viene de lejos.

Escorca es además un lugar mágico, es la naturaleza pura así como ha estado siempre durante siglos y siglos. Los últimos grandes encinares que hay en sus laderas, las formaciones pétreas características, su flora y fauna que hoy en día cuesta mucho encontrar en tal estado y en tanta cantidad bien han sido valoradas cuando la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Así que desde el punto de vista de la madre naturaleza, esta montaña también guarda otro tesoro

Como veis, Lluc tiene muchos motivos para guardar un tesoro, o unos cuantos. Recuerdo que de pequeña iba con mis padres, mis tíos y mis primos a hacer una paella en Lluc los domingos. También muchas veces hemos subido con los peques para disfrutar de ese impresionante paisaje y calma. Pero hace poco la madre naturaleza, esa que tantas dádivas ha prodigado en ese rincón, se cebó con su santuario. Un fin de semana un fuerte tornado de corta duración asoló aquel rincón.  Dos semanas después subimos a verlo. Cuando contemplé todo aquello unas lágrimas resbalaron por mis mejillas. Algunos árboles ancestrales habían sido arrancados de raíz, el centenario Lledoner estaba casi sin ramas, pero por suerte sigue vivo y espero que sobreviva. Pese a que habían quitado muchas ramas de en medio, los restos estaban por allí rotos, esparcidos. El bosque había sido dañado. El edificio también sufrió algunos destrozos, un pequeño reloj de la fachada de la iglesia se había roto, pero lo peor lo sufrieron el largo tejado de la porchada y el abrevadero donde durante siglos se habían refugiado peregrinos y bestias a su llegada al monasterio y que hoy conformaban uno de sus espacios más entrañables. Habían desaparecido todas. Supongo que muchísimas volaron y se rompieron, pero las que pudieron salvarse se han desmontado. Ahora estas sobrevivientes han sido ubicadas dentro del monasterio, y una vez más el pueblo de Mallorca ha acudido en auxilio de su tesoro. Se creó una iniciativa popular para su restauración, cualquiera que quisiera podía acercarse allí y por dos euros o una voluntad, podías apadrinar una teja. Podías elegir una y escribir algo, tu nombre, un pensamiento o simplemente dejar constancia de tu paso por allí. Y allí estaban todas las aún inmaculadas y las ya apadrinadas tanto por foráneos como por extranjeros, porque Lluc y la Sierra son Patrimonio de la Humanidad y también es la casa de aquel que quiera acercarse y buscar una experiencia única según sus deseos.

Nosotros elegimos una. Sólo pusimos nuestros nombres. Esa teja es también un pequeño granito de arena, como muchos pequeños granitos de arena que he ido poniendo en varios sitios y de diferente forma en mi vida, pero todos esos granitos pueden hacer una playa. La fuerza de un pueblo es grande y el amor por sus maravillas también.

PD: Siento ilustraros este post con fotos de prensa tomadas por Joan Pons, y sin que aparezca nuestra foto de apadrinamiento, pero hemos tenido un percance a la hora de bajarlas y se nos han borrado todas, han salido volando como las tejas con el tornado.

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