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Final de curso para el lucimiento del cole. Final de curso para el disfrute de las familias.

23 Jun

El viernes pasado acabó para muchos niños su curso escolar. El viernes pasado empezó para muchos padres la difícil tarea de adecuar horarios y conseguir cubrir con un mes de vacaciones de cada progenitor (eso los que pueden tomarse ese mes) casi tres meses de vacaciones de tus cachorrillos y encima si puedes haz vida familiar con ellos.

Si queridos lectores, el verano es época de vacaciones, playas, cenas a la fresca y perniciosos helados que nos fastidian la operación bikini que se empezó a principios de año después de las fiestas de Navidad. Pero como todo en este mundo, el verano no es lo mismo para todos. Esas vacaciones en las que una era libre, iba a la playa y disfrutaba de su mes de vacaciones hace muchos años que dejaron de tenerse. Concretamente quince. Y supongo que aún me faltan bastantes años para que esta que os escribe pueda volver a disfrutar de una merecidas vacaciones para si misma y su mister, aunque sólo sea de unas semanitas escasas.

Pero no es cuestión de estar apesadumbrados, porque hoy no vengo a tratar el tema de cómo cubrir en verano las vacaciones de tus hijos. No. Hoy os vengo a comentar un pequeño hecho que es el que, aunque no os lo creáis, declara oficialmente empezadas las vacaciones de verano. Nos estamos refiriendo a la fiesta de fin de curso.

Recuerdo con cierta nostalgia, porque cuando se recuerdan cosas de la infancia uno siempre lo rodea de un halo de cierta nostalgia, las actuaciones de final de curso. Por ese entonces yo iba a un colegio de monjas, al que años más tarde también iría Terremoto. Cada año coincidiendo más o menos con los días posteriores a las vacaciones de Pascua, las profesoras se revolucionaban porque tenían que montar los numeritos de la fiesta de final de curso. Yo sobreviví a esos numeritos, y como yo sobrevivieron promociones y promociones de niñas junto a sus familias, que un día en concreto, se revolucionaban para acudir a un lugar señalado para vernos mover el body buenamente y como podíamos al son de diversas músicas. Recuerdo una coreografía con una cancioncilla de Bonnie and Clyde… bueno, sólo recuerdo el primer paso de la coreografía. El resto debía ser un rollo. Íbamos con una gorra roja o blanca y un pañuelo rojo o blanco dependiendo del lugar que te tocara en la fila. A mí me tocó la gorra blanca y el pañuelo rojo. La gorra hace años que le perdí la pista. El pañuelo lo sigue llevando hoy en día Terremoto cuando se disfraza de personaje del Oeste Americano y está guardado en su zona de disfraces.

Quitando esta melodía y este pañuelo, poca cosa más recuerdo de estos finales de curso. Las músicas las he olvidado y afortunadamente las imperiosas coreografías también. Dicho sea de paso, las profesoras del colegio nunca fueron muy buenas a la hora de crear coreografías, así que tampoco se ha perdido gran cosas con el olvido de las mismas. Cuando Terremoto fue al principio a dicho cole, las circunstancias de la fiesta de fin de curso no habían mejorado. Seguían siendo básicamente las mismas que en mi época. Es más. Habían empeorado en un sentido.

En mi época las monjas no tenían un sitio en propiedad donde hacer el numerito. Así que se veían obligadas a alquilar diversos espacios para que el cole se luciera y saliera luego una reseña lo más grande posible, en los periódicos locales donde alababa la colorida despedida de curso que habían dado las alumnas de tal colegio en dicho sitio. No recuerdo las coreografías, pero si recuerdo haber actuado en el campo de fútbol del Baleares, donde casi el colegio se queda sin alumnas. Es día se sentó a los padres en la zona de sombra y a las actuantes en la zona de sol. Actúa tú una tarde soleada de finales de junio sin sombra, ni agua, ni naa de naa. Por suerte en el campo del Baleares fue cuando hicimos el numerito de Bonnie and Clyde, donde nuestra clase fue una privilegiada al tener en la indumentaria una gorrita con la que cubrirnos, y un pañuelo con el que secarnos el sudor. También recuerdo aquella vez, aunque este sólo se hizo un año, pues el alquilarlo debía costar un dineral, en el que mi menda lerenda tuvo el honor de exhibir mis habilidades robótico / danzarinas en el mismísimo escenario del Auditórium de Palma. Evidentemente, alquilar la sala grande del Auditórium debía ser muy cara. Así que ese año las monjas se agenciaron la sala Mozart, que es la sala más pequeña donde se tuvieron que apretar, agolpar y enlatar todos los padres y “actrices” danzantes. Pues sí, eso debía costar una pequeña fortuna, aparte de la queja de las familias y los líos que hubo con toda la trouppe de niñas corriendo despotricadamente entre bambalinas de un lado a otro. Eso sí, ese año la reseña del periódico indicando que las chicas del cole tal habían actuado en el Auditórium de Palma, con foto del escenario asaltado por un montón de pueriles y gráciles danzarinas, quedó muy chic, para que negarlo. Aunque normalmente en mi época donde más veces actuamos fue en la pista cubierta del Polideportivo Príncipes de España. Allí al menos no pillábamos ninguna insolación y los padres no se comprimían cual lata de sardinas. En todas esas actuaciones teníamos luego el problema de localizarnos mutuamente, es decir, de hacer coincidir padres con hijas. Eso era más difícil que el juego de enlaza objetos con una línea. Era agobiante salir a las diferentes pistas e ir mirando mientras un mogollón de padres agitaban las manos desesperados para que su progenie los detectara.

También recuerdo, esta vez con cierta simpatía, el día que ensayábamos en el escenario con cartulinas de colores el montar un letrero de bienvenida para los padres. En ese entonces yo era más grandecita y tenía al lado a mi amiga M.A. Como las dos teníamos el mismo color yo leía un libro y hacía con la cartulina lo que ella. Todo iba bien hasta que de pronto una monja entró en cólera por como se hacía y apareció mi nombre a voz en grito resonando en la sala “¡¡¡¡Laura!!!! Sí, fijaros en Laura que bien se concentra que está leyendo un libro y encima lo hace bien” Yo quedé por un momento en estado medio catatónico y recé para que no me pidiera el nombre del libro “Drácula” de un tal Bram Stoker.

Cuando Terremoto fue a este colegio, las monjas ya habían adquirido unos terrenos a las afueras de Palma, de hecho los habían adquirido en los últimos años en que yo iba al colegio. En estos terrenos, las monjas ya habían construido allí un polideportivo con diferentes pistas y zonas. De hecho lo empezaron a construir en los últimos años en los que yo iba al colegio, en los que con la factura de cada mes (porque por aquel entonces los coles no eran concertados, eso vino luego) nos ponían en la factura una anotación de donación para la construcción del polideportivo (sin la opción a elegir si realmente querías o no hacer esa donación). Recuerdo que en casa eso no nos hizo mucha gracia, porque era un extra de “donativo” muy generoso y encima yo nunca pude disfrutar del maldito polideportivo y no pensaban siquiera poner una opción para las exalumnas que habían aportado para la construcción de poder disfrutarlo. Vamos, que ni una fiestecita de inauguración.

Pero bueno, no nos desviemos del tema. El resultado era que para ir al polideportivo, se montaban unos atascos de órdago. Que para ir al polideportivo se tenía que pasar por un polígono industrial, el más grande de Palma, generalmente un viernes por la tarde y que coincidía con la hora de salida del trabajo de dicho polígono. Que la única carretera que conducía al polideportivo era una local de esas de poco tráfico cualquier día del año menos ese. Que no estaba preparada para ello, con tan sólo un carril de ida y otro de vuelta. Vamos, como dirían muchas, un despropósito.

Pero allí estábamos padres, hermanos, abuelos, perro, tíos y demás familiares de los “actores” dispuestos a darlo todo por nuestros retoños, aguantando estoicamente la cola de los coches, mientras mi madre a grito pelado iba tirando improperios a troche y moche porque no llegábamos para ver al nieto. Intentando luego aparcar dentro si se podía y sino y tenías suerte a “varios” ejem, ejem (cientos) de metros de la entrada del polideportivo. Tostándose en las gradas o bien alrededor de la pista de fútbol como unas sardinas en un chiringuito de playa gaditano para ver la actuación del cachito de la carne de tu carne. Sin que en ningún momento a las monjas se les hubiera pasado por la cabeza habilitar una zona con toldos o con sillas para las abuelas más mayores, ni nada de eso, que para eso estaba el bar donde se cobraba y bien cualquier consumición que se hiciera aunque sólo fuera un triste botellín de agua para no desfallecer. Para compensar la falta de infraestructura, el populacho que muchas veces es sabio, había caído una vez, pero en las siguientes muchas familias acudían como si fuera un día de playa. La abuela en su silla plegable playera, con su pamela de telas floreadas y un paipái de papel de tienda a cien con el que se abanicaban como ahínco frenéticamente posesas. Mientras, algunos afortunados se habían traído la nevera de cubitos de la playa y llevaba dentro algo de líquido elemento con el que mejorar la difícil situación.

Pero no crean que los niños lo pasaban bien. No. Al igual que los padres tiraban pestes con el maldito fin de curso, los alumnos hacían otro tanto. Sobre todo porque los habían tenido durante meses ensayando y ensayando las adorables coreografías que montaban cada año las profesoras y que sinceramente, no habían mejorado muchísimo. Se agradece la insistencia en querer formar futuros bailarines, se agradece la insistencia en conservar las tradiciones, pero no se entiende para qué se hace eso. Yo antes vivía cerca de este cole y los vecinos del barrio estábamos hasta el moño de los ensayos. Los sacaban a todos de las aulas y los llevaban al patio por turnos para ponerles la música y que ensayaran, unos tras otros. Así que durante todo el día tenías el concierto repetitivo una y otra vez. Además las profesoras daban instrucciones por megafonía y desde dos calles al lado las podías seguir tranquilamente (no exagero, es la distancia entre el patio y mi casa) Tan exagerado era eso que confieso que durante varios años, si por casualidad yo había enfermado o tenía unos días libres en esas fechas y estaba en casa, acabé harta llamando por teléfono a las monjas diciéndoles que o bajaban la megafonía o llamaba a la policía, que los niños eran pequeños no sordos. Confieso también que un año llamé a la policía. Los siguientes años, después de haber hecho la llamada de turno, alguien iba al patio y al cabo de unos minutos el sonido era normal. Me refiero a normal a que desde la parte opuesta de mi casa que da al patio, podía oír la tele con el sonido normal. Porque cuando actuaban ponías la tele a toda y aún así te perdías gran parte de las noticias.

¿Para que servían esos finales de curso? Bueno, aparte de para seguir saliendo una reseña en los periódicos locales de que los alumnos de tal sitio habían celebrado el final de curso… creo que poco más. Los padres habían hecho fotos de sus retoños. Los retoños habían dado gracias a todos los dioses del Olimpo para que aquello hubiera acabado por ese año. Las tiendas de revelado de fotos hacían un pequeño extra al día siguiente. Las familias ya podíamos irnos tranquilas sabiendo que el curso oficialmente había acabado y poco más sinceramente. En la revista del colegio que les endosan a los alumnos a principio del año siguiente, sale todo un reportaje de ello. El colegio sigue manteniendo su prestigio, se ha hablado de él y poco le importa que los niños y los padres lo hayamos pasado bien o no. Poco le importa que se hayan perdido un montón de horas de clase teniendo que ir a ensayar el numerito. Poco le importa que los vecinos hayan deseado que un rayo cayera sobre el equipo de megafonía. Poco ha importado que se haya montado un año más un descomunal atasco… bueno, eso se ve que les preocupó un poco y lo que hicieron fue dividir a los niños en dos tandas. Ahora las familias que tienen hijos de diferente edad tienen que montar el numerito de salir del trabajo antes y actualmente hay dos días de insolación y atasco gratuitos porque el colegio es muy grande y hay muchos niños. Un despropósito como os decía.

Para lo único que se preocuparon en el cole de Terremoto cuando este debía hacer estos numeritos, fue cuando los últimos años les dije que no contaran más con mi hijo para eso. Casi se monta una batalla campal, recibí amenazas de todo tipo y colores, ¿que como podía ser tan egoísta de desear que mi hijo no pasara un mal rato, con lo que tiene y no le obligara a ir allí por el bien de todas las otras familias que se sacrificaban? Lo siento colegio, recuerdo el día que la actuación iba acompañada de unos pompones como el de las animadoras y Terremoto no quería. No sólo no hizo nada en la pista sino que al acabar arremetió contra los pompones y empezó a destrozarlos con saña por todo lo malo que para él significaba. Lo siento colegio, pero yo pienso que mi hijo es primero y sí él me viene suplicando año tras año que eso no le gusta, que le pone agresivo y yo lo veo a la hora de actuar, pues primero es mi hijo que no el prestigio de la institución y el lucimiento del cole en la prensa. Además, carnaza para salir en la foto siempre hay cuando una institución es tan grandota.

Como veis, los finales de curso de este tipo, por si alguien no lo ha detectado, no son santo de mi devoción.

Desde que Terremoto cambió de cole, se encontró con una institución más humanitaria en este sentido. Al ser un colegio especializado, no buscan salir en los periódicos ni que el fin de curso sea para el lucimiento del colegio. Actualmente en el cole donde va Terremoto se hace el último día por la mañana una fiesta donde el AMPA y el cole invitan a los niños, les traen actuaciones merienda y disfrutan juntos. Los padres y familiares estamos invitados, pero a esa hora yo no puedo salir del trabajo, así que me lo suelo perder, pero Terremoto viene más contento y no se colapsa ni se pone agresivo por el final de curso. Tampoco nunca me han pedido por qué motivo no acudo y si alguna vez como este año Terremoto ha preferido quedarse en clase con su profe y no acudir, también lo han respetado.

El cole de Tsunami también es de los que prima más el aspecto humano que no la fama de la institución. El cole de Tsunami monta cada año una fiesta el último día de curso, el viernes tarde-noche. En ella el colegio habita unas mesas en el perímetro exterior del edificio. Todos los sitios tienen toldo con sombra y los padres están invitados a ir con los niños. Cada familia trae algo de comer y al final las mesas acaban bien llenas. Las bebidas y los dulces también son bienvenidos, aunque los alumnos de 3º de ESO ponen una parada de venta de bebidas y postres para recaudar dinero para el viaje de estudios del año siguiente. En la fiesta del cole de Tsunami, los alumnos del último curso se despiden de sus compañeros. También les acompañan ex-alumnos de otros años, porque allí todos son bienvenidos. Se hace una fiesta, las instalaciones están abiertas a los niños, los más pequeños juegan en la zona de toboganes, los más mayores hacen partiditas de fútbol. Algunos pequeños más lanzados están en la zona de árboles trepando un poquito y jugando bajo ellos. Este año ha habido un pequeño mercadillo artesanal y se ha hecho un concurso de tartas saladas con varias categorías. Cuando ya son las ocho, un grupo pequeñito de música en directo ameniza la jornada y hay baile. A esas horas mis dos retoños ya se habían declarado en huelga de sueño y habíamos vuelto a casa. Ha sido un fin de curso divertido, los niños han jugado y han corrido. Los padres hemos hablado y quedado para vernos durante el verano. Nadie ha tenido que estar sentado durante horas sin moverse, Ni los niños se han visto obligados a perder horas de clase ensayando nada. Ni molestando a los vecinos durante semanas y semanas. Este final de curso que os he resumido tan brevemente, ha sido para mí mucho más satisfactorio que todos los numeritos de lucimiento que tan bien recuerdo, creo que por el trauma que me causaban cada año. Puede que haya hablado mucho menos de él, pero si os tuviera que contar cosas os diría que mis peques jugaron, que Terremoto pilló una indigestión de tanto que comió y eso que le advertí que parara un par de veces, que descubrí que E. hace un humus buenísimo, que de las cinco tortillas de patatas que había una de ellas era espectacular, con cebolla, gruesa y el interior a medio cuajar como a mí me gusta, que quedamos de acuerdo para más adelante celebrar con las clase todos los cumpleaños de los peques nacidos en junio y julio, que la tarde fue muy agradable y la vuelta a casa nada estresada, que al llegar a casa no tuve que ponerme a hacer la cena ni a hidratar a la familia ni aplicarles after sun y que mis peques cayeron redondos en la cama y mi pareja y yo estábamos tranquilos y relajados.

Esta mañana cuando he salido a merendar en el trabajo, me he encontrado por la calle unas madres jovencitas, una le enseñaba a la otra la impresionante foto en el móvil, que había tomado a su hijo del numerito de fin de curso. Le decía que había hecho mucho calor y lo habían pasado muy mal pero que el niño se había esforzado mucho y había salido muy bien en la foto. Entonces yo caí en la cuenta que desde que Terremoto no va a su anterior colegio, yo no tengo fotos ni en la cámara ni en el móvil de mis cachorritos haciendo su numerito, pero que tengo unos hijos más felices y una familia más relajada.

Pensamiento de una madre cuando acaba una entrada de este tipo:

El mundo de la maternidad está dividido en dos tipos de personas: Los que tienen fotos del numerito musical de sus hijos en el móvil y los colegios salen en prensa, y los que sólo tienen recuerdos porque no han hecho ni una foto y los coles piensan más en las familias y no en su lucimiento.

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¿Truco o trato? Anda que Tsunami no aprende rápido

16 Oct

Hola a todos, hoy es martes, y los martes trabajo casi continuado de ocho a ocho, así que no tengo mucho tiempo para escribir un post de esos un poco trabajaditos y posiblemente será el día que elegiré para contaros alguna anécdota de las que inevitablemente pasan en las casa cuando tienes dos peques.

Hace unas dos semanas os comenté que habíamos ido a la Feria Dulce de Esporles y que allí el APA del cole del mayor tenía un puesto para sacarse sus dinerillos. Ya visteis que Tsunami se puso las botas con sus adornos para el árbol de Navidad, pero Terremoto se había llevado su cartera y aprovechó también para hacer unas compritas por su cuenta. Mientras intentábamos abarcar tanto muñeco de nieve y tanta estrella veo como Terremoto se pone a mirar los abalorios tan chulos que hace la mamá del APA, lo que nos sorprendió a todo fue que nos viene con una pulsera, chulísima por cierto, y nos dice que quiere comprar esto.

Salvo que Terremoto hubiera desarrollado en cuestión de segundos una predilección por el look de los setentas, yo no le veía con ese complemento del vestir, con unos guantes sí, con una bufanda también, incluso con algún pin y algún colgante, pero una pulsera de abalorios en plan cuentas y de vistosos colorines, pues como que era la primera vez que se interesaba por algo así. Le pedimos a que venía esa elección, porque si era por mero capricho de gastar y acumular cosas pues como que no, pero si estaba justificado pues vale.

Terremoto nos sorprendió a todos por segunda vez en menos de un minuto. Nuestro nene se hace mayor. Resulta que este año ha empezado en su cole una nena nueva que tiene dos años menos que él y que va a su clase. Nos dijo que era muy simpática y que en ocasiones solían jugar juntos. Terremoto nos dijo también que cuando él cambió de cole, al principio se sentía muy solo y le costó un poco adaptarse y como esa niña ha empezado nueva y es muy simpática quería hacerle un regalo de bienvenida para que se sintiera más acogida en la clase. Evidentemente, la pulsera se vino con nosotros a casa y la mamá del APA le hizo un envoltorio digno de una princesita.

Al día siguiente fue muy divertido, su papá, mi pareja y yo estábamos ansiosos de ver que nos había puesto la profe  en la agenda sobre la entrega del regalo. Por lo visto fue muy entrañable, Terremoto muy emocionado y nervioso. La niña no se lo podía creer y se puso contentísima. La profe nos dijo en broma que a ella le había gustado mucho que le regalaran cositas así su primer año de maestra. La profe también nos dijo que cuando llegó la mamá de la niña se lo había explicado todo y que no pasara pena, que la intención de Terremoto no va más allá que dar una bienvenida, no tiene ninguna intención de una futura petición de mano ni nada por el estilo. Imagino que la madre debía alucinar un poco porque yo también lo hubiera hecho.

Hasta aquí una anécdota que no hubiera quedado en nada más si no fuera que ayer Terremoto vino del cole con un regalito que le había llevado la niña como agradecimiento a su detalle. Ese regalito era una preciosa calabaza de tela con una tapa también de tela, pensada para la próxima fiesta de Halloween.  Lo cierto es que nosotros eso del truco o trato no lo hacemos, pero en el cole del mayor les hacen una fiestecita para que se disfracen y jueguen y les montan una merienda, un poco tipo americano pero más edulcorado, una forma de hacer algo diferente dentro de la rutina del cada día. Terremoto tiene una cesta de calabaza de plástico del año pasado, así que la sacó y le dio a Tsunami la de tela, que es algo más pequeña que la otra. Mi ex les empezó a explicar a los dos en que consistía eso del truco o trato. Si no recuerdo mal truco es un susto y trato unos dulces. Estuvieron un buen rato jugando a eso. Luego mi ex se fue.

Al cabo de un momento nos viene Tsunami con un petit suisse de chocolate que se había agenciado de la nevera el muy ladino. Nos lo pone al lado y se planta delante de nosotros, abre su calabaza y empieza ¿truco o trato?  Nosotros le hicimos unos cuantos trucos seguidos y él nos hacía el consiguiente buuuuuu, luego le tocó trato y le pusimos el petit suisse en la calabaza. No habría pasado nada si al cabo de un rato no se presenta con otro petit suisse. Unos minutos más tarde oigo ruido en la cocina y me lo encuentro abriendo el cajón del desayuno y cogiendo unas galletitas de esas con chispitas de chocolate que compramos hace poco. Cuando le decimos que ya se ha tomado sus petits suisses para merendar nos coge la calabaza que tenía sobre la mesa y vuelve con el truco o trato porfaaaa, sólo una. El sólo una se convirtió con otras tres visitas más de ponerte discretamente el paquete al lado y venir con la calabaza y un ya directamente truco o trato solo una más y ya está. Cuando pidió la quinta le dije que ya no más, que haciendo el tonto haciendo el tonto se había agenciado dos petits suisses y cuatro galletas y eso es mucho más de lo que suele merendar, cosa que no negó para nada pero según él tenía muuuuuuuuucha hambre.

Así que como el peque tiene más recursos que el McGiver pero mamá tiene mucho de diablo, le planté la cena a las siete y media para que no pasara hambre. Tengo que decir en su defensa que se acabó todo un plato bien colmadito de cus-cus con tropezones de york y queso. No se si el truco o trato aviva el hambre, pero desde luego la imaginación sí.

Por la noche cuando dormían les confisqué provisionalmente las calabazas durante estas dos próximas semanas, que yo no me fio del Tsunami y con estos recursos a saber que turbios usos es capaz de darle al objeto y la frase en cuestión.  Hay que ver como aprenden, y eso que sólo se le dio una explicación sencillita y por casa nunca había visto eso del truco o trato, que sino….

Un niño especial (4ª parte y última)

13 Oct

Cuando nació tu hermanito aún tenías tus momentos malos, la casa donde estábamos era muy pequeña y nadie tenía espacio para él y con un bebé recién nacido todos tuvimos nuestros momentos de nervios y estrés. Al final conseguimos mudarnos a otra casa más grandecita donde cada uno puede tener su espacio y tu hermano ya es más sociable e interactúa mucho más que cuando era un bebé. Desde entonces has mejorado mucho y la verdad es que estamos teniendo una temporada muy buena, sólo ha habido algún episodio puntual y llevadero. Esperemos que no llegue la parte baja de los picos de sierra y esto sea un cambio en tú evolución.  Con tu hermano has aprendido a controlarte bastante, aunque ahora está entrando en esa etapa conflictiva de formar su personalidad y en ocasiones te hace alguna cosa que no es justa y eso no te cae bien pero te aguantas y nos lo cuentas, bueno, mejor dicho nos lo gritas para que vengamos. Intervenimos, te explicamos que le ha pasado y te felicitamos por haber sido tan comprensivo y por ayudarnos a educarle. Hoy nos has dicho que nunca hubieras creído que ser hermano mayor llevara tanto trabajo.

Pese a todo hemos tenido nuestros momentos buenos, cuando quieres eres muy cariñoso. Has resultado ser un cocinero estupendo y hemos preparado cosas juntas e inventado muchas recetas, tus peticiones eran todo un reto. Veías unos dibujos animados en los que salía un plato con algo dentro y querías que preparara ese algo inidentificable.  Lo que aprendí de cocina gracias a ti. También tenías a tu mascota, un peluche de cocodrilo que más que mascota era como tu hermano. Ese peluche nos ha acompañado en un montón de aventuras, incluso hicimos un cómic con sus historias. Con tus obsesiones nos hemos convertido en casa en unos expertos en dinosaurios, en cocodrilos, tiburones, motos, sidecares, planetas y en plantas y medio ambiente. Gracias a ti hemos plantado un mini-huerto en el balcón. Hemos aprendido a ver la vida de una forma diferente y mamá se ha convertido en una negociadora nata para poder hacerte comprender las cosas. Cuando te explico algo esa tarde no voy a hacer nada más y espero que al menos todo ese tiempo haya servido para que lo entendieras, aunque una tarde negociando contigo me deja mentalmente agotada y el paracetamol es la siguiente visita obligatoria cuando salgo de tu habitación. Antes me quejaba de que no hablabas y ahora no paras desde que te levantas, en el fondo añoro un poco esa época de silencio.

Me he dejado muchas cosas, algunas por cansancio y otras porque el cuerpo humano es sabio y sólo recordamos aquello que nuestros sentimientos son capaces de soportar. Hemos hecho un gran camino juntos, es cierto que hemos tenido posiblemente más momentos malos que buenos, más luchas que victorias y más lágrimas que sonrisas. Pero no todo ha sido negativo, gracias a todo este trabajo a todos estos años, tú eres ahora un muchacho encantador, curioso, mucho más calmado que antes, con ilusiones, pequeñas pero ilusiones, con muchas ganas de hacer cosas.  La doctora que el primer día dijo que tenías un mal pronostico, ahora está asombrada con tus progresos y nos dice que tienes un pronóstico muy bueno. Este fin de semana me has dado una alegría cuando por primera vez te he oído como leías sólo el mi mamá me mima y amo a mi mamá, estabas con mi pareja que te ayudaba a hacer los deberes del cole. Yo no he dicho nada, pero he pensado que tal vez después de tantos años,  ese sea un buen principio y pueda haber aún una oportunidad.  Lo que nos deparará el futuro no sé que será. Es algo que muchas veces me quita el sueño, no puedes imaginarte la de veces que me he despertado por la noche pensando en ello, sobre todo cuando ha habido algún problema o estabas de malas. La adolescencia me da pánico y ya veremos que pasará el día que nos digas que te gusta una chica, o peor, que ella se haya reído de ti, no quiero pensarlo.

Pero tengo una esperanza de que el futuro será bueno, de que sepas estar contento contigo mismo y valores lo que eres, que llegues a ser feliz. Y si la vida nos regala algo más, pues bienvenido sea. Me lo has hecho currar mucho, pero estoy orgullosísima de ser tu madre y de que tú seas mi hijo. Este escrito es para ti, mi niño, mi amor.

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A los padres de niños que tenéis sospechas de que algo les pasa o acabáis de ser diagnosticados. Os pido que no desfallezcáis, que busquéis y pidáis hasta que vuestro pequeño haya sido diagnosticado y se pueda empezar a trabajar pronto con él. Los que habéis tenido hace poco un diagnóstico, no os quedéis sólo con las tres primeras entradas, evidentemente tendréis que pasar por ellas, por la aceptación primero y luego dependerá del caso de cada uno.

Es muy posible que el camino no sea fácil todo depende del respaldo que tengáis y de lo que os vayáis encontrando. Tenéis derecho a equivocaros y a rectificar, pero no perdáis demasiado el tiempo pensando en que hubiera ocurrido si lo hubierais hecho de otra forma, porque ya está hecho y es mejor centrarse en el ahora y no en el ayer. Tampoco penséis demasiado en el mañana, porque eso dependerá de lo que vayáis haciendo y de como vaya respondiendo y evolucionando el pequeño. Así que no empecéis a plantearos hipotéticos problemas antes de que se den, porque posiblemente no ocurran y habréis perdido muchas fuerzas y energías martirizándoos con cosas que ni tan siquiera ya han llegado, nuevamente os digo, pensad en el ahora, no en el futuro.

Os pediría que os quedarais sobre todo con la entrada de hoy. Es cierto que no todos tenéis los mismos medios, pero por suerte hasta en internet se pueden encontrar páginas hechas por gente preparada y explicada de forma muy accesible para poder darnos una orientación y algún consejo muy interesante como es el caso de nuestra Terapeuta Temprana.

El primer día os puse una foto de la luna durante el día, porque cuando nos diagnostican nos surgen muchas dudas y tememos que la noche se cierna de golpe sobre nosotros aunque aún sea de día. La segunda, la hice unas horas antes de publicar y es la puesta de sol que hubo ese mismo día,  porque las complicaciones y los problemas hacen que muchas veces creamos que esa oscuridad ya está sobre nosotros, pero el sol aún no se ha acabado de poner y pese a la venida de la penumbra,  todo el cielo es aun muy bello y nos regala una la esperanza de ver la de mañana.  La tercera foto también la  hice el mismo día que publiqué y es un camino, el camino que recorreréis, no será un camino liso, será más bien de esos de tierra con piedras, que no sabremos que hay detrás de la próxima curva y con un cielo algo amenazante de lluvia. La foto que os dedico hoy es la salida de sol que fotografié el día que decidí contaros mi historia, porque creo que es la mejor forma de simbolizar ese futuro, ese día que acaba de comenzar y que lo que ocurra en él aún es un misterio pero que depende de como queramos afrontar el día. Porque aún tenemos todo un día delante, no hemos hecho más que empezar.

PD: Hace unos días me enteré de una noticia, me puse en contacto con la Terapeuta temprana y me dijo que algunos de sus niños lo habían tenido que dejar por eso. Dije que quería escribir un post. He necesitado un poco de tiempo para hacerlo, no sólo por su extensión, sino también por su contenido. Me gustaría que nuestros políticos supieran exactamente que es un niño con Trastornos Generalizados del Desarrollo, al menos cuando deciden quitarles las ayudas que tienen,  porque creo que no tienen ni idea de los que es tener un hijo T.G.D. . También desearía que la gente de la calle también sea consciente de ello. La gente en ocasiones se pelea por niñerías con sus hijos y se quejan por  una simple pataleta. Nosotros hemos tenido que pasar por cosas que ningún padre tendría que pasar y mi hijo ha pasado por cosas que ningún niño tendría que experimentar. Si al menos hemos conseguido que cada uno sepa valorar mejor lo que tiene en casa y al ver cualquier niño especial le sonría y hable y deje que sus hijos jueguen con él estaría contenta. Mi hijo no tiene amigos, cuando lo ha intentado los papás tenían muchos compromisos con parientes y amigos así que…  Si de pequeños enseñamos a nuestros hijos a compartir los juguetes con los otros niños ¿porqué no les enseñamos luego a compartir lo más maravilloso que hay en el mundo? La vida.

Mi hijo es una persona, tiene sentimientos y se da cuenta de todo, no es tonto ni tiene ningún tipo de retraso mental así que comprende lo que pasa a su alrededor pero a su manera y sufre. Él te dice que su cabecita funciona de otra forma y no puede controlar que pasen ciertas cosas. En los últimos años los casos de niños con T.G.D han aumentado espectacularmente, no se sabe muy bien porque.  Es un problema que no se puede detectar con ninguna prueba durante el embarazo y que no empieza a verse normalmente hasta el año y medio a los tres años. Muchos de ellos ni siquiera serán diagnosticados y pasarán a ser aquellos alumnos torpes o aquellos adultos que no daban para más. Hoy te estás riendo de uno, pero mañana puede que tú hijo o tú nieto se encuentre en el mismo caso. Por todos estos niños que algún día serán adultos y por sus padres sonriámosles y no nos de miedo darles la mano y hablarles, sólo este pequeño  gesto será una gran recompensa y ayuda para su desarrollo y autoestima.

Gracias por haber llegado hasta aquí.

Laura

Un niño especial (3ª parte)

12 Oct

Una de tus peores crisis fue cuando te sacamos del cole. Ese año había empezado un niño nuevo y a la lumbrera de la profe no se le ocurrió otra cosa que ponerlo a tu lado. Cuando me vio ese niño vino a mí y lo primero que me preguntó era si “tu hijo es tonto o es que se lo hace” y su madre delante sin decir nada. Otra mamá que estaba conmigo, se agachó y le explicó que eras un poco especial pero que no eras tonto. La profe se pasó todo el curso diciéndome que le tenías manía y que le querías pegar o clavar el lápiz y alguna vez llegasteis a las manos. Ese curso especialmente fue un infierno. En el verano cuando ya no estabas en el cole nos encontramos con algunos compañeros y me contaron que ese niño te agredía cuando la profe no miraba, pero que tú no tenías perspicacia y le contestabas cuando te pillaba la profe, por eso todas esas quejas y tú estabas tan ofuscado y te sentías fatal.

Dos meses antes de acabar ese curso tuviste una crisis una mañana y sólo porque te estaba poniendo los calcetines del uniforme. No querías ir al cole. Ese día acabé tirada sobre ti en la cama, recibiendo mordiscos y tirones de pelo, me quitaste mechones. Mi pareja y yo no podíamos contigo y tuvimos que llamar a papá para que viniera corriendo. Entre los tres conseguimos apaciguarte. Estuviste más de una hora defendiéndote hasta que finalmente te calmaste. Ese día te quedaste con los abuelos, y nosotros tuvimos que ir a trabajar y aguantarlo y poner buena cara, pero por dentro sólo tenía ganas de encerrarme en el baño y  ponerme a llorar.  Esos dos meses que quedaron de clase,  estuviste con los abuelos y yo gestionando con la consellería un cambio de cole, no fue fácil. El inspector me dijo que si no estabas escolarizado me denunciarían y yo le dije que lo hiciera.  Hacía dos años que habíamos comentado a la inspectora que queríamos un cambio de cole, pero ella se había olvidado de tramitarlo. El inspector de ese año decía al principio que no podía hacer nada y tuve muchas charlas por teléfono con él. Al final conseguimos entendernos y pude conseguir un cambio de cole para ti, pero te llevaba a un cole especializado, donde según nos contarías más tarde, todos tus compañeros o no saben hablar, o emiten rugidos o les falta algo o van en silla de ruedas.

El primer día que fuimos a verlo nadie nos acompañó, estábamos tu papá y yo. En recepción acababan de sacar a todos los chicos con parálisis cerebral, todos en sus sillas de ruedas, con sus cuerpos entorsillados y sus baberos puestos para no mancharse. Algunos de ellos, los más privilegiados salían caminando, si se le puede decir así,  acompañados de las monitoras. De repente uno de ellos se tiró al suelo enfrente de nosotros y se puso a gemir y a hacer algo parecido a espasmos. La chica lo levantó tranquilamente y siguió su camino. Pensé que donde te estaba metiendo. Al final hablamos con el director y otro personal, fuimos otros días, te hicieron valoraciones.

Vimos otro cole que llevaba poco abierto funcionando,  en el cual acababan de abrir una aula ASCE (aula sustitutoria centro específico), pero lo primero que nos pidieron era que firmáramos un papel para solicitar personal y lo que se suponía sería vuestra aula dentro de unos meses era una aula de música sin nada preparado  y tenían un comedor pero la cocina seguía sin estar acabada ni montada después de dos años  y por eso tenían servicio de cáterin.

Así que  acabamos quedándonos con el cole especializado, y no me he arrepentido. Papá está ahora tan involucrado que ha acabado comiéndose la presidencia del APA para intentar ayudar algo. Tú te quejas de que en tu cole no hay niños normales, pero en el cole de niños normales la integración es una falacia y aquí has empezado a progresar como no lo habías hecho hasta ahora, aunque sé que no te acaba de gustar del todo, porque tú te das cuenta de las cosas y ves que algo no funciona bien y te gustaría ser un niño normal que fuera a un cole normal con gente normal.  Estáis separados por tipologías y sólo encuentras a los más graves en las entradas o salidas o en algunas actividades, pero aunque sólo sea en estas ocasiones a ti te afecta. Tu profesora es un bombón y ha conseguido muchos progresos contigo, sólo sois cinco niños en la clase y esta año has empezado a distinguir letras y a escribir palabras, las memorizas y las repites en mayúsculas, puesto que la escritura silábica te cuesta entenderla. También has empezado a desarrollar operaciones matemáticas sencillas y ya sabes sumar y restar con el ábaco. Este verano por primera vez en tu vida te han puesto deberes y te has sentido muy orgulloso de poder hacerlos por fin.

La gente normalmente siempre te dice que ellos no discriminan y que los niños especiales tienen derecho a estar integrados y a poder jugar con otros niños y llevar una vida normal. Es algo que dicen muchos pero cumplen muy pocos. Las personas suelen ser bastante crueles, o bien por desconocimiento o bien para sentirse superiores o por ser unos pasotas. Cuando tenías cinco años estabas en la playa jugando tranquilo a en la orilla haciendo montoncitos de arena. Unos niños te habían oído hablar conmigo y como te atascas y en ocasiones tartamudeas si estás nervioso, y cuando te encasquillas das un chillido, supongo que se fijaron en ti. Uno de ellos se puso de pie a tu lado y empezó a señalarte con el dedo y a gritar a pleno pulmón en la playa a sus amigos “¡eh! Con este de aquí no juguéis que es muy raro” y a volver a insistir en ello. Las madres estaban a mi lado, lo miraron y no dijeron nada y seguían hablando entre ellas. Tú te quedaste mirándome, yo me levanté, te cogí y nos fuimos de la playa. He llegado a la conclusión que discutir allí mismo te pone más nervioso. Estuviste seis años a querer bajar otra vez a esa playa, decías que allí había niños malos que se reían de ti. De hecho volviste a bajar porque nació tu hermanito y le gustaba la playa y es la que tenemos más cerca, pero lo pasaste muy mal y te ha costado mucho ir, aunque lo haces, pese a todo en ocasiones cuando bajamos me sigues preguntando que es lo que haremos si aún hay niños malos y esta vez se ríen de tu hermano.

El intentar apuntarte a alguna actividad era muy complicado. Tú no querías centros especializados porque veías que tú no tenías ese aspecto que pueda tener un Down o no haces los gestos tan extraños ni te faltan extremidades ni todo eso. Centros en los que haya niños normales y estuvieran preparados para tenerte no hay muchos. Te apuntamos a clases de cerámica, nos lo pediste muy entusiasmado. Lo que me costó que la maestra te diera una oportunidad y eso que eras bueno haciendo cositas. Papá y yo estábamos en la calle al lado de la entrada con los móviles funcionando por si teníamos que ir durante la clase.  La pobre aguantó hasta que sus nervios no la dejaron y nos pidió que te sacáramos. No llegó exactamente a un mes. Otra vez te apuntamos a karate. También tuve que sudarme mi negociación con tu sensei, por suerte yo había hecho karate de joven y supe como enfocárselo. Estuviste casi un año y te sacaste el cinturón amarillo. El profe estaba contentísimo, te había costado mucho pero te lo habías ganado por tus propios méritos. Me dio las gracias por haberle insistido tanto en que te cogiera y me confesó que ese amarillo le había sabido mucho mejor que cuando algún alumno conseguía un negro. Es una lástima que no haya más como tu sensei. Al final lo dejamos porque nos lo pediste y nunca te he obligado a hacer una actividad extraescolar si tú no querías.  En el cole donde vas ahora te han descubierto tu lado deportista. Tu profe está muy contento contigo, incluso nos han pedido para federarte y participar en competiciones. Te encanta que te den alguna medalla y las colgamos del corcho de tu habitación.

Me volvía loca con tus reacciones, desde abrir la puerta del coche en marcha en plena autopista, hasta no querer entrar en él cuando habíamos ido de excursión y haberse hecho de noche, mientras un señor no hacía más que darme la vara porque yo era una madre violenta que quería obligar a mi hijo entrar dentro y él no quería. A mí ese entrometido me daba mala espina sobre todo como se acercaba a nosotros y lo que me soltaba, mientras el sol ya se había puesto y tú seguías sin querer sentarte en la silla. Tenías y sigues teniendo un gran defecto, no tienes nada de empatía, puedes tener a alguien completamente destrozado a tu lado y tú seguirías preguntando por algo que te interesa. Con los años hemos conseguido que no sea tan exagerado, pero aún te cuesta muchísimo ponerte en el sitio de los demás o entenderlos, aunque si te ofenden te sientes muy dañado y en ocasiones puedes llegar a ser rencoroso, cuando alguien te ha defraudado no lo olvidas.

Un niño especial (2ª parte)

11 Oct

Te mantuvimos en el cole porque la clase estaba muy mentalizada contigo,  os compenetrabais muy bien, tus compañeros te apoyaban mucho y cuidaban. Todos te conocían y sabían como tratarte y ayudarte. Las maestras hacían lo que podían. El cole casi no tenía medios, yo estuve dos cursos pagando a una terapeuta para que fuera a la clase y allí diera apoyo a la profe, aparte esa chica también venía a casa a hacer refuerzo y además ibas a un gabinete psicológico que nos recomendó la mamá de R. que también era T.G.D. Con ese gabinete hiciste muchos progresos y estuvimos yendo de los cuatro a los nueve años. Nosotros entonces estábamos solos en casa, no teníamos al hermanito y mis gastos normales eran poquitos, yo no soy presumida con la ropa y me dura mucho y casi no salía más que contigo. Entonces pude hacerlo y pude pagar todas esas facturas porque hoy me hubiera sido imposible, al menos tanto tratamiento. Había meses que se me iban tranquilamente más de ochocientos o novecientos euros en las terapias. Normalmente era menos, ya que dependía de las horas que hubieran hecho y lo que hubieran tratado.  Si un mes tenía que comer prácticamente de bocatas o yogures pues lo hacía, pero cuando estabas tú en casa se comía normal. Una vez mi jefe me dijo que ese dinero había sido el mejor invertido de toda mi vida. Pero tú casi no evolucionabas, hacías pequeños progresos y luego retrocesos. Los médicos lo llamaban dientes de sierra.

El colegio fue un caos, una desorganización y descoordinación impresionantes. Cuando tuviste que pasar a primero no me dejaron tener a la chica que te daba refuerzo en el cole. La que se encargaba de eso en el cole era nueva y empezó a decirme que primero tenía que valorarte y estuvo meses valorándote o eso decía ella. Luego empezó a soltarnos que todo lo que ya sabías y me habían entregado en los informes mensuales anteriores que eso no era cierto y que esas habilidades te las había enseñado ella en sólo quince días. Anda ya, no quieras ni querer saber la que le montó mamá en esa y en las sucesivas reuniones. Mis quejas llegaron hasta la superiora, pero esa también pasaba bastante, sólo le importaban el dinero que sacaban de los padres o de la administración.  Las profesoras iban perdidas, no se les avisaba que tú subías de nivel ni menos lo que tenías. Alguna de ellas me pidió que yo les diera directrices y les pasara material para que pudieran trabajar contigo. ¿Yo? que era la que necesitaba que me ayudaran y orientaran. En el comedor cuando tenias problemas no me decían nada, hasta que un día ocurría algo monumental, entonces me acechaban y me montaban una escandalera como sí tú fueras el peor de los gánsters de Chicago y tenía que ser yo quien al día siguiente me pusiera a llamar al cole para que me pusieran con el psicólogo y decirle que fuera a hablar con las del comedor, porque no había ninguna comunicación interna.  Si no podía hablar con él entonces por la tarde tenía que ir y esperar delante de su despacho, porque el psicólogo en vez de actuar como tal se pasaba casi todo el tiempo dando clases de no sé que a los de ESO. Era vergonzoso. Ellos se justificaban con las historias más estrambóticas e inverosímiles y nosotros seguíamos aguantando para que te favoreciera la integración con los otros niños.

Tú siempre fuiste muy inquieto, la hiperactividad fue otro de tus ítems. Era agotador, nunca te parabas cuando te pedían de parar. No te solté de la mano por la calle hasta que no estuve embarazada de tú hermanito, y os lleváis diez años y medio. El ir de compras contigo era una odisea. Normalmente a la hora de pagar me ponía sobre una pierna, con la otra te envolvía, te cogía con una mano y con la otra sujetaba el bolso y abría la cremallera con los dientes. Incluso así salías corriendo. Era una pesadilla. Si algo te molestaba o no te entendíamos te ponías muy nervioso y te ofuscabas. No siempre reaccionabas mal, pero cuando ocurría esto creabas unas pequeñas frustraciones internas que podían estallar en cualquier momento, por las tonterías más idiotas. Una vez montaste una fenomenal porque con el cochecito volvimos a casa por el otro lado de la calle por el que habíamos empezado el paseo. Otra vez fue porque te sacaron de clase de natación por la orilla en lugar de la escalera por la que habías bajado. Esta te duró una semana hasta que entendimos que querías volver a la piscina para salir por la escalera. Una vez te habías dejado no sé que en la clase y a la salida del cole no querías salir. Tú te querías escapar, yo acabé inmovilizándote en medio de la acera con mis piernas. La gente empezó a irse y nosotros nos quedamos solos en medio de la acera sin nadie más. Yo no podía moverme porque si no te escapabas y ese día no tenía el móvil en el bolso. Después de tres cuartos de hora de estar así pasó una señora y llamó por teléfono a papá. Papá vino pronto y entre los dos te llevamos a casa. Cuando llegué allí me quité unos vaqueros que llevaba y tenía tus dientes marcados en la pierna y un hilo de sangre que me llegaba ya casi a la rodilla. Te habías pasado todo el tiempo que te había inmovilizado mordiéndome para poder escaparte.

Un día a la salida del cole te escapaste del abuelo y un coche te atropello, por suerte era un paso de peatones y sólo te tiró al suelo, pero te pasaste toda la tarde haciéndote pruebas y tal.  También otro día fuimos a comprar con tu madrina. Estuvimos cinco horas en ir y volver porque te pasaste toda la tarde intentando escaparte, chillando, tirándote al suelo. Te teníamos que inmovilizar entre las dos.  Dos personas creyeron que te habíamos secuestrado y uno de ellos quería llamar a la policía. Años más tarde le hiciste una cosa parecida a papá, sólo que esa vez los que pasaban eran dos jóvenes que iban al gimnasio y cogieron a papá del cuello y lo levantaron, por suerte pasaba por allí la chica de la farmacia que te conoce de toda la vida y les explicó que pasaba. Cuando volví del trabajo a las ocho y media que iba a recogerte te encontré en la calle con papá ya que no habías querido subir a su casa desde la salida del cole.

Una vez querías salir de casa para ir a vivir por la calle, porque te empezaba la época rebelde y querías vivir sin nosotros y que te comprara una casa. Estábamos en la calle y a empujones te pude arrastrar hasta casa, porque cuando te daba un ataque, mamá sacaba fuerzas no sabía muy bien de donde. Cuando entraste en casa cerré, tú cogiste una silla y empezaste a aporrear la puerta, por suerte era maciza. La vecina de arriba bajó incluso a ver que pasaba. Cuando tenías una crisis podías acabar arremetiendo contra la puerta, siempre querías salir, yo procuraba vigilar que no te hirieras, por suerte no te autolesionabas, otros niños lo hacen. Lo que mejor funcionaba era no hacerte caso y poner la lavadora o sentarme a leer. Después de mucho tiempo te calmabas, pero en ocasiones no era tan fácil y tenía que intervenir, entonces acabábamos en el suelo tirados, yo intentando inmovilizarte para que no te hicieras daño con lo que aporreabas y tú me pegabas y mordías y arrancabas el cabello o arañabas, hasta que te calmabas y acabábamos abrazándonos los dos en el suelo y yo intentaba consolarte y tú llorabas, intentaba hablar contigo y averiguar que te había pasado e intentar explicártelo y buscar una solución. Más tarde cuando estabas en la cama, entraba al baño, me miraba al espejo y me desmoronaba. Cuando tenías muchas crisis seguidas por frustraciones acumuladas o por algún problema con algún niño o alguien que se hubiera reído de ti te recetaban antipsicóticos, tenías que tomarlos al menos durante medio año por eso que hay que introducirlos despacio y también quitarlos progresivamente. Si miraba la receta me hundía más pero te iban bien y te calmaban y ponían un poco de orden a tu cabecita desordenada. Tú nunca te sentiste bien con las crisis, sabías que algo te pasaba pero no podías controlarlo y muchas veces me decías que tu cabecita torpe te hacía hacer cosas y con la mano te daba golpecitos en la cabeza. Yo te decía que tú cabecita no era torpe y te explicaba que lo que le pasaba era que a veces iba a otro ritmo pero que no eras ni torpe, ni tonto, ni imbécil, ni idiota, que tuvieras eso muy claro. Lo cierto es que pese a lo que nos dolía dártelos, con los fármacos te calmabas y volvías a recuperar tú estado normal y te sentías mucho mejor y luego cuando lo habías consolidado íbamos quitándolos poco a poco.  Era duro tener que darte eso por situaciones que habían provocado mayoritariamente terceras personas.

Un niño especial (1ª parte)

10 Oct

Enero de 1999, son las diez de la noche, después de dieciocho horas de parto estoy a punto de entrar en el quirófano, me acaban de poner la epidural, ya podrían haberlo hecho hace un par de horas. Diez minutos después oigo por primera vez tu llanto, pero no te traen enseguida, te llevan a una habitación adyacente y allí te tienen un buen rato. Después te entran para enseñarte, solo veo un ojo, el otro está tapado con la toalla. Les pido que me enseñen el otro ojo, te destapan apenas unos segundos y desapareces. Sólo he podido ver dos ojos grandes y oscuros abiertos como una lechuza y que lo mirabas todo con atención.

Unos meses después sigues tú evolución normal, el pediatra dice que vas según el calendario, pero a nosotros nos das bastante trabajo. Lloras mucho por la noche y te despiertas muy a menudo. Cada vez que te despiertas sé que será al menos una hora justa de estar paseándote y meciéndote en brazos hasta que te duermas. Luego ponerte en la cuna sin que te des cuenta. Si te das cuenta hay que empezar otra vez al principio de la hora y a veces ocurre. También ocurre que me oyes cuando me voy y vuelves a llorar. Normalmente duermes nervioso, te das muchas vueltas y golpes con la cuna y hemos puesto protectores por todo el contorno.

Eres muy estricto con los horarios. Estás sobre mi cama jugando conmigo y de repente dejas de jugar con los peluches que te enseño, te pones serio y lloras de golpe. Miro el reloj y es la una en punto y a esa hora suelo darte la comida. Es como si llevaras un reloj encima y cuando da la hora en punto si no ocurre lo que esperas protestas y mucho.

A los cuatro meses y medio te sale tu primer diente y a los cinco el segundo. Estás muy mono. A los once meses aprendes a caminar. Llevabas una temporada gateando y explorándolo todo, ya llevas unos días que casi lo consigues. De repente una tarde a las seis te sueltas y pones de golpe a caminar de una habitación a otra. Yo llamo corriendo a mis padres para que vengan y cojo la cámara para recordar ese momento. Mis padres llegan corriendo. Tú te pones a caminar sin parar arriba y abajo y no paras de las seis a las nueve sin parar, tres horas seguidas sin descansar nada. Esa noche dormiste rendido. Entonces yo no tenía referencias, pero supongo que debería haber pensado que eso no era muy normal.

Te llevamos al parque y juegas solo, lo haces al lado de los otros niños, pero no con los otros niños, de hecho ni les prestas atención. Tampoco hablas, dices papá, mamá, y poco más. Te haces entender perfectamente con gestos, o bien cogiéndonos de la mano y señalando con el dedo, ese dedito inquisitivo que tan bien te servía. Yo empiezo a inquietarme, algunas cosas aprendidas se te olvidan, como las partes del cuerpo.  Cuando te hablamos nunca fijas tú mirada en nuestros ojos, la rehúyes, y cuando pides algo sigues sin mirarnos.

Sigues siendo inquieto y muchas veces te da por hacer cosas o movimientos repetitivos durante un buen rato. También imitas las cosas que ves en la tele, eres capaz de tener puesta casi toda una peli sin prestarle caso pero no quieres que la quitemos, hasta  llegar a una escena en concreto y hacerla al mismo tiempo que los personajes y luego olvidarte otra vez de la pantalla.

Te operan de unos drenajes en los oídos. Tras la operación el otorrino nos comenta si no nos hemos planteado que tú fueras autista. Pensamos que el médico está majara y se nos olvida ese comentario, por desgracia muchos años después lo recordaríamos de nuevo.

Entras en la guardería del cole y sigues sin relacionarte con los niños. No estás quieto ni un momento, desde que te levantas hasta que te duermes. Cuesta mucho dormirte y ya ni hablemos de hacer la siesta, hay que inmovilizarte hasta que te duermas del berrinche. A mí no me gusta demasiado este método, pero papá te lo hace. Yo me siento triste y voy a otra habitación, siento que algo no va bien y no sé que es. En el cole llaman para que te fuéramos a buscar, se han dado cuenta de que tienes fiebre. Me cuentan que te habías sentado y no te habías levantado enseguida y han pensado que si hacías esto es que debías estar enfermo. Yo no hago más que pedirles si juegas con los otros niños y si te comportas normal y la única respuesta que obtengo es que ningún niño evoluciona igual y de aquí no salimos. También hablo varias veces con el psicólogo del cole pero opina lo mismo que las profesoras.

Pasas al siguiente curso, acabas de cumplir tres años y aún llevas pañal y casi no hablas. La profe es nueva para ti pero no en el cole y sólo le preocupa que te tiene que cambiar los pañales, así que reúne a los papás y al psicólogo del cole. Me montan un pollo, me dan unas extrañas directrices. No puedes traer para merendar ni tu zumo ni tu yogurt, debes tomar pan y a ser posible muy tostado. No beber casi para ir más estreñido. Tomar mucho arroz y poca fruta y verdura. Tienes que decir pipí y caca sí o sí, por lo tanto si te manchas te tenemos que poner cara a la pared con la ropa mojada sobre la cabeza hasta que digas pipí o caca. A mí me escandaliza esto, habló con tú madrina, una amiga mía que es médico y con otra amiga mía que es maestra, me dicen que eso es una aberración y que si no estás maduro para quitártelos se debería esperar más. La maestra no quiere torcer el brazo, y sigue en sus trece insistiendo y el psicólogo también. Papá le hizo caso un día, recuerdo que esa tarde os encerrasteis en la cocina y te decía “di caca” y tú no querías. Yo acabé detrás de la puerta sentada en el suelo llorando pidiendo que me dejara entrar. Te tuvo una hora así y no dijiste nada. Decidimos pasar bastante de las recomendaciones del cole, pero nos pusimos con la operación pañal aunque no estuvieras maduro.  Al final después de muchas pesadillas te quitamos los pañales, pero tú no estabas preparado y te hiciste pipí en la cama durante mucho tiempo, incluso de más mayor, sobre todo cuando te ponías nervioso. Te sabía mal y te avergonzaba pero no podías evitarlo. Para compensar lo de los pañales te ponías horas y horas en el orinal, te pasabas casi toda la tarde sentado en él en la sala. También empezaste a vomitar y provocarte el vómito cuando te ponías nervioso o te reñían.  Más adelante a eso de los seis años, tendrías episodios en los que por los nervios te provocabas vómitos de todo lo que tomaras, incluso agua, te duró mucho tiempo y estábamos desesperados. Por suerte un día se te paso. Nos dijiste que lo hacías porque un niño del cole te había llamado gordo y tú lo vomitabas para no engordar. Mamá te explicó muchas cosas sobre la alimentación y por suerte dejaste de hacerlo.

Pasamos por varios médicos, porque mamá veía que algo ocurría. Te hicimos pruebas de oído por si eras sordo y por eso no hablabas. Pasamos por varios pediatras más experimentados a los que nos derivó tú pediatra, fuimos a unas psicólogas, fuimos a un neurólogo de adultos y esté nos referenció a otras compañeras, pero estas también dijeron que ellas trataban niños más mayores y  finalmente te derivaron a una neuropediatra . Ella te observó, te hizo unas pruebas de andar y otras que no recuerdo. Iba redactando en el ordenador, nos sacó un informe y nos pidió que lo leyéramos y luego nos lo explicaría. Tú estabas en el suelo jugando con unos camiones, entonces empecé a leer palabras como autismo, ítems, T.G.D. , problemas de comunicación, lenguaje, hiperactividad… yo no entendía nada, mi pequeño sólo hablaba poco y debía ser tímido y no jugaba con niños, pero no podía ser que mi niño tuviera todo eso, la mayoría de las cosas no las entendía. Entendía las palabras pero no podía entender que se refirieran a ti, y tú estabas allí al lado de nuestros pies jugando con el camión.  La doctora entró y nos explicó un montón de cosas, fue muy difícil de asumir y yo sentí que mi corazón se iba rompiendo por en medio y los ojos se me llenaban de lágrimas. Desde entonces mi corazón ha estado herido y lo he ido curando con tiritas, con pequeñas esperanzas y pequeños pasos, pero también con muchísimos retrocesos y muchos problemas, entonces las tiritas caían y los ojos se volvían a humedecer y tenía que buscar fuerzas de cualquier parte para poner una nueva tirita e intentar no derrumbarme delante de ti. Cuando llegué a casa les leí en voz alta ese informe a mis padres. Recuerdo que los dos lloraban como si te hubieras muerto y yo no hacía más que secarme las lágrimas y seguir leyendo mientras se lo iba explicando e intentando que no pareciera muy grave.

Esos primeros días fueron muy duros. Era verano. La de conferencias que puse con mi amiga de Barcelona, la doctora, y con mi amiga la maestra. Papá no se lo quería creer, decía que la doctora no sabía de que hablaba y que tú eras un superdotado y como todo te aburría pasabas. Yo le decía que me parecía que de superdotado nada. Antes de empezar el siguiente curso me fui al cole a ver al psicólogo y le tiré el informe sobre su mesa y le dije “llevo dos años diciéndoos que el niño no juega con los otros y no habla y lo único que os ha preocupado es que le quitáramos los pañales, pues mira lo que tiene”  Lo miró y me dijo que él no era quien para hacer un diagnostico. Le respondía que podía ser que no lo fuera, pero que si yo sin ser psicóloga veía algo raro era una vergüenza que a ellos se les hubiera pasado esto.

A los pocos meses de tú diagnostico, mamá le dijo a papá que quería separarse. El matrimonio hacía años que no iba muy bien y ya no había forma de solucionarlo ni tenía remedio. Tú nunca tuviste nada que ver en ello. Nos quedamos los dos en casa. Fue una etapa muy dura. Estaba sola contigo y fue casi de dos años.

Seguías sin dormir por las noches y cuando me metía en la cama sólo pedía  y rezaba para que esa noche fuera diferente a las demás, rezaba con toda mis fuerzas, pero ninguna noche era diferente. Al poco de haberme acostado parecía que tuvieras un radar y empezabas otra vez  y otro día más volvería a ir a trabajar sin casi haber dormido. Era incapaz de dejarte ni un momento solo. Para poder ducharme, cosa que hacía cuando podía, tenía que pedir a mis padres que vinieran media horita porque no me atrevía a perderte de vista, me sentía como si tuviera que mendigar el derecho a poder estar limpia. Para bajar la basura lo hacía cuando dormías y lo hacía casi corriendo ya que no era capaz de dejarte unos minutos solo aunque estuvieras en la cama. Un día oí un ruido de silla en el recibidor y fui corriendo a ver que pasaba, te encontré subido sobre la repisa de la ventana apoyado en la persiana, habías abierto el cerrojo pero tuve la suerte que esa ventana tenía un gancho para cuando aireaba y el gancho estaba puesto y eso impedía que la persiana se abriera del todo y no te caíste de milagro. Al día siguiente esa ventana ya tenía puesto un cerrojo de maleta y las demás puertas y ventanas de casa todas con cerrojos y pestillos. En esa época desarrollé un sentido del oído para los ruidos o los silencios insospechado.

Sobre la escolarización de nuestros hijos (2ª parte)

9 Oct

Yo os confieso que en el caso del mayor tanto cuando elegí escoleta como con el cole, lo que priorizamos fue que estaba al lado de casa, que había una tradición familiar (Terremoto era la cuarta generación de la familia) que tenía todas las ramas habidas y por haber en el centro, que tenía comedor, guardería por la mañana y extraescolares si se necesitaban, que se supone sabía como funcionaba (luego me llevé un buen chasco de así como funcionaba en mi época a como lo hacía ahora) y que además el cole tiene muy buena fama y lo cierto es que es uno de esos que se meten de ostias para entrar allí a los nenes.

Pero hicimos un gran fallo, lo confieso, el peor de todos, no tuvimos en cuenta la prioridad más importante de todas, mea culpa. Y esa prioridad era ver si el cole le podía ir bien al niño y si mi niño era el adecuado para ese tipo de cole. Se me parte ahora el alma cuando pienso que si a la hora de equilibrar la balanza, ese peso debía haber sido mucho más gordo y pesado que los demás, la evolución y los problemas que luego tuvo mi peque podrían haber sido diferentes o al menos mucho más llevaderos y saludables. Estoy preparando una entrada sobre mi mayor, posiblemente la publique mañana, os advierto ya que va ha ser muy dura, no creo que esta vez os haga reír, me ha costado mucho escribirla y si fuera posible me gustaría que al menos intentarais leerla para que remotamente os pudierais hacer una idea de lo que les ocurre a los nenes que son como el mio y lo que viven sus familias con ellos. Dicho esto dejo de hacer spoiler y volvemos al tema de hoy.

Cuando rellenas esos papeles en los que eliges no recuerdo ahora si son cuatro o cinco centros, hemos de ser realistas. También tenemos que tener en cuenta los puntos que dispondremos a la hora de poder optar a una plaza. No pretendamos entrar en algo super-mega solicitado con los tres desgraciados puntos de residencia, salvo que tengamos la potra de que nuestro nene sea el primero con la letra del apellido en el sorteo. Lo más probable es que tengan más posibilidad en entrar los nenes con hermanos mayores, exalumnos (si se valora), hijos de profesores o todo aquello que se pide. Hemos de valorar las posibilidades y seremos realistas no pensemos en un si pudiera ser, porque que esto ocurra es extremadamente escasa.

Si la primera opción no sale, es posible que la que hemos puesto en segundo (y ya no hablemos del tercero, cuarto lugar) estén también copadas y nos encontremos que el niño no tiene plaza en ningún cole y se nos asigna lo que quede. Más vale buscar otra opción o valorar posibilidades que no quedarnos colgados porque hemos sido muy selectos. Por eso no está de más hablar con el cole, ir pidiendo si lo tenéis tan justo y saber cuantos nenes lo han solicitado. No os dirán los nombres evidentemente pero no es extraño que al menos te digan el número de solicitudes que tienen hasta el momento y las plazas de que disponen. Si tenéis más puntos de los tres de residencia, os podéis arriesgar a tirar instancia para un cole que sabes supera sus plazas, si sólo tenéis lo mínimo, al menos pensadlo un poco antes de tomar vuestra decisión.

Los milagros existen, pero dejémoslos para los que los necesitan muchísimo más que nosotros. Así primero ser realistas y luego pensar en el niño, sobre todo eso.

Podemos encontrarnos dos tipos de cole (y no me estoy refiriendo a público/concertado, laico/religioso ni nada de eso) me estoy refiriendo a los mega centros y a los centros más digamos familiares.

Los megacentros como les digo yo son generalmente esos con mucho espacio, con una diversidad de servicios y que tienen todas las ramas deseadas para que el niño entre y no salga de allí hasta que entre en estudios superiores o se busque un trabajo. Son centros que suelen tener un gran número de solicitudes porque precisamente tienen varias líneas por etapa con muchas plazas, eso hace que entren muchos, pero también que muchos se queden sin plaza y con el consiguiente problema de que nos dan lo que queda. Suelen tener un cierto prestigio social (no necesariamente) que las aulas suelen ser grandes con mucho niño (no nos engañemos, eso puede ser algo bastante general en todos los sitios), con unos servicios de comedor, en la mayoría de los casos tipo cáterin bandejas calientes, y en más ocasiones de las que uno piensa con espartanos turnos de comedor donde el niño tiene tantos minutos para comer , algo normalmente frio y en bandeja metálica sin plato siquiera y luego arreando que es gerundio hacia el patio que toca el segundo turno de engorde y cebo de los niños. En esos centros los niños sólo conocen a los de su clase, como mucho a alguien de los cursos superiores, por eso de que los peques siempre se fijan en los mayores, pero es muy difícil que todos los niños del centro se conozcan entre sí por sus nombres y apellidos y sepan donde está cada uno. Suelen ser centros donde la entrada y salida de los centros es una operación retorno de agosto en miniatura cada día. Donde los padres aparcan como pueden y dejan allí los niños y salen corriendo que no les pongan una multa. La posibilidad de hablar con la profe en esos momentos es muy difícil y siempre teniendo que esperar y que sea un comentario corto. Son centros donde las actividades y servicios se suelen cobrar a precio de oro, porque señores, si no se cobraran a precio de oro el cole no tendría el prestigio que tiene. Son centros en los que el profesorado no siempre se puede centrar en un sólo niño si este tiene problemas, porque si no deja a los otros 29 tirados y si se centra en esos 29, el niño que tiene dificultad y los padres no pueden costearse alguien que se lo explique a su nivel a la salida de clase, normalmente lo que se dice en el aula les suena como si las clases se estuvieran dando en chino mandarín y como no entienden nada desconectan y acaban abocados a un lamentable fracaso escolar. Luego también están los niños que no llegan a tanto pero sí que están desmotivados y se aburren, son esos que lo suspenden todo para setiembre y que con el repaso del verano las sacan todas o al menos una buena parte.

No necesariamente se de todo esto que acabo de exponer en los megacentros, pero sí hay muchas posibilidades de que ocurra. Por lo tanto, esos centros son los más indicados para niños bastante espabilados, que no tengan grandes dificultades a la hora de relacionarse, de adquirir conocimientos. Para los que con más brillantez o menos vayan pasando las etapas, sin plantear grandes problemas al centro y que luego desarrollen sus otras habilidades creativas en otro momento que no sea el del aula.

En segundo lugar están los que denomino centros familiares. Normalmente tienen una línea o dos de enseñanza. Son centros donde posiblemente todos los alumnos puedan llegar a conocerse. Donde muchos padres viven en la zona y vayan a buscar los nenes a pie y hagan una charla a las salidas sin estar pendientes de que me van a multar el coche. Son coles donde lo del cáterin no les compensa y suelen tener una cocina con cocinero que prepara el menú, suelen comer todos en un mismo turno y en platos de loza, no con la comida en plan rancho dentro de las bandejas de metal. Son centros donde no suele haber unas ratio por clase tan elevadas. Donde el personal docente puede tener la oportunidad de comunicarse mejor con los padres si se detecta un problema e intentar darle una solución. En pocas palabras, suelen ser centros donde un niño es una persona, no el nº 28 de 4º-D de primaria. Evidentemente, en esos centros también puede darse el fracaso escolar, el que sea pequeño no les da más ventajas a la hora de los milagros, pero si los padres se interesan y son de los que realmente se preocupan por sus hijos y no pasan, tienen más oportunidades de que esa comunicación para buscar soluciones sea más fluida y menos dolorosa para el niño.

Mañana conoceréis una gran parte de la escolarización de mi hijo mayor en un megacole. Ahora os diré como ha ido con el peque.

Primero, pasé de quedarme con el más cercano. Sí que tuve en cuenta horarios y servicios tipo guardería por la mañana y comedor que fuera casero. Empecé a situar todos los colegios en un radio aceptable desde nuestra vivienda y fue entrando en sus webs viendo que tipo de enseñanza daban, como la planteaban y que ofrecían no a la familia, sino al niño. Estuvimos buscando unos días, hasta que una mañana le digo a mi pareja. “He encontrado uno que nos recomendó la psicóloga del mayor una vez y que resulta que además de darles un temario les enseñan a pensar y a valerse por ellos mismos” Juntos miramos la web, en efecto, los niños no sólo se desarrollan como estudiantes, también lo hacen como personas. Los más mayores apadrinan uno de los pequeños y durante dos años son sus ahijados para las actividades comunes. Hacen muchas salidas, tienen un pequeño huerto y lo que cultiva se va a la cocina, taller de carpintería y herramientas, básico pero sabrá que es un martillo y como se usa. Tienen actividades para saber leer, saber escribir, y lo que es mejor, entender y comprender todo aquello que lees y escribes. Se comunican por agenda y la comunicación correo electrónico con los padres es abrumadora. Así que pedimos una cita y al cabo de tres días la directora nos reunía a un grupo de padres para enseñarnos el cole y explicarnos su plan de formación y las prioridades del centro. También nos dio información y una tarjeta suya con el correo electrónico del cole y el suyo propio para respondernos a las preguntas y dudas que nos surgiera mientras pensábamos a que centro apuntar al peque. Es una cooperativa y no se si será por eso pero lo cierto es que estamos encantados, a la vista está cuando vamos a buscar al Tsunami que en ocasiones llora porque se quiere seguir quedando de lo bien que está.

La mejor respuesta de todas la tuve en mi hijo cuando un día le pregunté que hacían en el cole. El pequeñajo muy orgulloso y sin pensárselo dos veces me dijo “En el cole disfrutamos“.

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