Luis Bermejo, un gran amigo y un gran profesional nos ha dejado

13 Dic

Hace unos años, antes de que Tsunami naciera, conocí a un gran profesional del cómic. Fue de una forma extraña. Queríamos hacer una exposición sobre Tolkien, que al final no se realizó, y queríamos entrevistarle. Bermejo había ilustrado el único cómic autorizado que se ha publicado del Señor de los Anillos. Sabíamos que vivía en Mallorca, pero nunca creímos que sería tan fácil como llamarle por teléfono, presentarnos, explicarle que queríamos y que automáticamente nos dijera que estaba encantado de recibirnos en su casa.

Ese día fuimos tres personas a verle, un compañero nuestro, mi pareja y yo. Entramos en esa casa llenos de respeto. Uno no va cada día a ver una leyenda del cómic tan fácilmente. Pero lo cierto es que tanto Luís como su mujer nos abrieron su casa y nos trataron como si nos hubieran conocido de toda la vida. Hicimos una primera entrevista, y más adelante otra, y otra, y otra. Con el tiempo acabamos cultivando una pequeña amistad. Así que lo que al principio había empezado como unas visitas para realizar un artículo, se fue convirtiendo en una visita por el mero placer de verle. Entonces charlábamos sobre su vida, pero también hablábamos de nuestras familias, yo les contaba los problemas de Terremoto y poco después les anuncié el nacimiento de Tsunami. Recuerdo una vez que Luís nos llamó para ver una exposición de los originales de los cómics y también de sus pinturas. Luís era un gran dibujante de cómics, pero como pintor me atrevería a decir que era mejor. Sabía realizar unas obras magníficas y diversas. Ese día vi una pintura de un zoco árabe que me enamoró pero superaba mucho mi disponibilidad económica en ese momento. El cuadro se vendió, pero yo aún recuerdo esa pintura tan exquisita y sublime.

Sabía que Luís estaba pachucho, su mujer me lo había comentado las últimas veces que hablamos por teléfono. La última vez que lo vi fue para hacer unas gestiones y adquirir unas láminas suyas para una exposición sobre Tolkien que actualmente hay en Alicante. Eso fue el año pasado y se le veía muy atropellado, pero seguía conservando esa alegría y esa sonrisa que siempre había tenido y tenía cada vez que alguien iba a verle. Luís siempre fue un hombre sencillo, alegre, con mucho humor, enamorado de su familia, de su mujer, su gran compañera, de sus hijos y de sus nietos. Me hablaban de ellos, de lo orgullosos o preocupados que estaban por sus vidas. Por una de esas casualidades, conocí a una de sus hijas, trabajaba cerca de donde yo trabajo y durante unos años nos veíamos muy a menudo. Luego, ese sitio cerró y ya sólo sabía de ella cuando le preguntaba a sus padres.

Confieso que me está costando mucho escribir estas líneas y sé que no están ni de lejos a la altura que debería estar. Sé que Luís se merece mucho más, muchísimo más. Sé que ahora los suyos le están llorando, pero también muchas personas anónimas sienten su muerte. Hoy nos hemos enterado de su fallecimiento por el facebook. Inmediatamente he llamado a su casa y he hablado con su mujer. Sólo puedo deciros que Luís ha tenido la muerte que él quería, la muerte más bonita que puede tener alguien que se ha dedicado en cuerpo y alma a cultivar lo más importante en el mundo, la familia. Luís nos ha dejado estando en su casa rodeado por todos, por sus hijos que son muchos, sus nietos, que son más, pero sobre todo con ella. Ella que le robó el corazón hace años. Ella que le ha acompañado en lo bueno y en lo malo y ella que le ha estado cuidando toda la vida, hasta el último momento, hasta el último suspiro, hasta el último aliento.

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Las cenas de mis niños y las estratagemas para que me resulten fáciles de preparar. (3º parte, las bolsas de hornear, la Lékué y una buena sartén)

1 May

Un truquito que también me salva de muchas cenas son las bolsas de hornear que tienen en los supers, yo concretamente uso las del Mercadona. Me van muy bien para verduras y para carnes. Su uso es muy simple, metes las verduras o las patatas. Salpimentas la carne que quieras, lo metes en la bolsa. Si quieres también se puede adobar con hierbas aromáticas, yo suelo ponerle de casi todo lo que tengo a mano, tipo tomillo, romero, hierbas provenzales, orégano…, luego añades un chorrito de aceite y la cierras con los cierres que lleva. La pones tumbada en una palangana del horno y le haces unos cortes con un tenedor o un cuchillo para que salga el vapor. Pones la pieza a hornear. Te sugieren que por un kilo y medio de peso poner una hora de horno. Hay que tener en cuenta que no debe superar los 200º de temperatura o la bolsa se podría estropear. En este sentido no adelanta demasiado los tiempos, pero la carne y las verduras quedan muy jugosas. De esta forma he hecho lomo, pollo, piernas de cordero. Es un sistema que sobre todo lo uso para las carnes me gusta mucho como quedan. Con el pescado, no sé porque, no lo he empleado nunca pero sé que por internet hay recetas con el pescado y parece tener también muy buenos resultados.

IMG_20150422_201420369Sé que en el post anterior os hablé de albóndigas y woks y salmón. Así que imagino que alguien pude preguntarse ¿Pero, todos estos platos son fáciles de hacer? Pues sí, y allí es donde intervienen dos de los útiles de cocina que más uso. El primero es un cachivache que hace años compré y que fue más bien porque había leído que a la gente le funcionaba. Lo cierto es que sabía muy poco de él, pero en una droguería que hay cerca del trabajo tienen un gran surtido de su gama. Un día entré a informarme, la dueña me vendió tan bien el producto que acabé saliendo de allí con dos moldes, uno para pasteles y otro para quiches y con un estuche de cocina al vapor. Estuvieron bastante tiempo sin usar, porque los llevé a la casa que habíamos comprado y tardamos más de lo esperado en mudarnos. Así que como nunca me acordaba muy bien como se llamaban (y luego resulta que lo pronunciaba bien) al referirme a ellos en casa se les conoce como “la lekue esa”

El problema como he comentado más arriba es Terremoto Aquí es cuando el aparatito conocido en casa como “la lekue esa” entra en acción. El artilugio lleva un montón de recetas, pero yo he pasado de ellas, somos autodidactas y básicamente consiste en quitar el fondo para hacer al vapor y poner en la cesta todas las verduras imaginables, algo de sal y aceite y al micro durante unos 7-10 minutos aproximadamente, dependiendo de la cantidad de verduras. Una combinación muy usual y recomendable es poner cebolla, patatas y salmón y al micro. Los tiempos depende un poco de vuestro microondas y de si el estuche está muy lleno hasta arriba o más bien ligerito. Mejor poner menos tiempo y luego añadir que no pasarse. El salmón puede espolvorearse con finas hierbas o también con curry, está delicioso. Otra forma muy recurrente es la de cebolla, zanahoria, patatas, albóndigas y luego todo bien rociado con salsa de tomate y microondas. En este caso se lleva algo más de tiempo. He descubierto que es conveniente cortar las patatas pequeñas, así se hacen antes. También es muy aconsejable que en cualquiera de los platos que os he comentado o hagáis, las patatas las pongáis como unos cinco minutos antes ya que tardan algo más en hacerse. Luego añadís el resto y volvéis a poner el microondas, de esta forma salen muchísimo mejor, no están nada crudas y sí muy melosas. Hay que tener algo muy en cuenta, que si antes de abrirlo lo dejas reposar queda todo mejor. También ir con cuidado al sacarlo y sobre todo al abrirlo porque el vapor quema. Por eso suelo ponerlo debajo del extractor en marcha y lo abro con cuidado con un tenedor. Espero un poco a que haya salido el vapor y luego lo abro del todo. También tened en cuenta que las tapas pueden soltar algo de líquido, es parte del vapor de la cocción, así que después toca pasar un paño. Con este artilugio he cocido pimientos, hecho sanfaina, mejillones al vapor, incluso si es individualmente he hecho pasta, aunque personalmente si te puedes permitir algo más de tiempo prefiero usar la olla de termo difusión que os expliqué en el primero de los posts. La ventaja que tiene para la pasta es que se pone agua, la pasta y se cuece en veinte minutos. El tiempo de cocción es el mismo pero te ahorras el tiempo en que el agua tarda en hervir. Es un artilugio que me gusta tanto que lo he regalado dos veces. Sé que no es una termomix, pero tampoco lo pretende ser. Si buscáis por Internet seguro que encontrareis bastante información sobre él y un montón de recetas. Pero ya veis que en mi caso básicamente es imaginar, cortar, lavar, rociar con un chorrito de aceite, salar y directo al micro. No me complico mucho la vida y saco cosas interesantes. Incluso, al principio que las tortillas de patatas me salían de pena antes de que la abu me diera sus clases, muchas veces hacía tortillas de patatas o tortillas con ajetes y espárragos con este sistema. En unos minutos estaban hechas, aunque salían con una forma muy curiosa y nada redondas.

IMG_20150428_125630118La última referencia para los trucos de cenar me vino un poco sin querer. Su, de webos fritos, siempre recomienda buenos alimentos y buenos utensilios. Estuvo una temporada hablando mucho de buenas sartenes y que nos la tomáramos como una inversión, pero sinceramente, yo no estoy para invertir lo que ella recomendaba, por mucho que la sartén la hereden mis bisnietos. Así que de momento tenía que conformarme con renovar por algo buenecillo pero sin hipotecarme por ello. Coincidió que por esas fechas en las que yo me informaba de tipos de sartenes y opciones, en uno de los supers donde compro montaron una de esas promociones que por tantos euros de compra te tan un punto y cuando tienes tantos puedes canjear. En este caso el cambio era una sartén o una plancha por la mitad de su precio. No suelo ir muy a menudo a este sitio a comprar y cuando lo hago no siempre llego al tope de compra para que te den un puntito. Así que acumulé muy pocos y cuando conseguí para hacer un cambio, me cogí la sartén. Me lo estuve pensando bastante, porque aunque fuera la sartén más barata de las que tenían, teniendo que pagar la mitad de su precio ya me subió a unos treinta y pico de euros. Pero debo reconocer que Su tiene razón. Oigan, la mejor compra de sartenes de mi vida. Tengo que cocinar con ella con cuchara de madera y después de limpiarla secarla enseguida y untarla con un poco de aceite, pero esas son las únicas atenciones que requiere. En el centro lleva un círculo rojo que cuando se unifica el color significa que ha tomado la temperatura adecuada para cocinar. Entonces es cuando la lleno normalmente de verduritas variadas y la uso tipo wock. Los resultados son espectaculares. Le doy un tute en la cocina que se ha convertido en una de mis imprescindibles. Así que desde aquí os recomiendo el consejo de Su. Si podéis medio hipotecaros o simplemente, que el personal de casa os regale dinero para poner en una hucha, el adquirir una sartén buena, buena, buena, es algo que se agradece y amortiza que da gusto. La ventaja que tiene es que consume muy poco aceite, casi nada. Lo deja todo en su punto. Con el truco del calor residual y tapándola con una tapa de cristal casi no consumo energía para cocinar y de momento nada se me ha quemado, lo cual se agradece un montón. Con la sartén lo de hacer verdura variada en tiritas espolvoreadas con especies varias, un poco de aceite de soja y luego mezclarla con fideos chinos, se hace en un abrir y cerrar de ojos. A mis niños y no tan niños les encanta. Esas mismas verduras las podéis poner en una fajita o un taco, pero en lugar de aceite de soja añadir un poco de salsa de tomate y ya tenéis cena solucionada y que puede dejarse casi preparada el día anterior, sólo hay que calentar y hacer los tacos. Cuando quiero hacer muchas más albóndigas con verduritas variadas y no uso la Lékué, las hago con esta sartén, primero las verduras y luego las acabo de hacer con las albóndigas y la sartén tapada. También le da un punto a la carne en general que no es ni frita ni torrada a la parrilla. Vamos, que es una tontería pero confieso que estoy descubriendo nuevas posibilidades y facetas al uso de la sartén que hasta ahora no había experimentado.

Bueno. Espero que estos tres posts os hayan dado alguna idea o puede que os hayan servido para recordar algún plato que hace tiempo no ponéis en casa. Estaría bien que alguien más se animara a comentar alguno de sus truquis o de sus cenas de supervivencia. Quien sabe, quizás me recordéis algún plato que hace tiempo no cocino y así vuelva a recuperarlo o como en las los otros dos posts, me descubráis una forma nueva de hacer una cena. Gracias por haber llegado hasta aquí i bon profit.

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Las cenas de mis niños y las estratagemas para que me resulten fáciles de preparar. (2º parte, las cenas más habituales y rápidas)

27 Abr

Como veis, Tsunami es fácil de arreglar. Las veces que hacemos una cena para los dos tenemos algunos platos que suelen ser más habituales. Muchos de los que nombraré son de cajón, pero aquí quedan por si alguien se ha olvidado de alguno recordárselo, que siempre va bien un pequeño repaso.

Algunas veces, los fines de semana que hay más tiempo, se recurre a una pizza casera familiar para todos. A mis peques les encanta elegir los elementos y colocarlos y eso te asegura su buena disposición a devorarla.

También es muy normal que de tanto en tanto se hagan hamburguesas. Para ello las asamos en una sartén tipo parrilla. Las de Terremoto siempre van acompañadas de verduras asadas en la misma parrilla y luego servidas con un poquito de sal y aceite.

Muchos martes que yo trabajo hasta muy tarde y R. tiene que hacerles la cena, es frecuente que si la combinación de menús de los dos coles lo permite y yo no he podido dejar nada preparado el lunes, que ese día se haga calamar a la romana de los que venden en el super. Es casi el único día en que se recurre a comida preelaborada de supermercado. Pero, pero, pero. Os diré que en eso también tenemos un truquito. En lugar de hacerlas fritas, las ponemos en el horno sobre una palangana ligeramente untada de aceite. Se hacen por un lado y luego se les da la vuelta. Así se hacen todas al mismo tiempo y no queda una cocina hecha una guarrería con las salpicadas del aceite. Resultan menos aceitosas y algo más saludables. Así que sepáis que tanto las rabas empanadas como las anillas de calamar rebozadas se pueden hacer al horno de forma rápida y limpia.

Los martes puede caer alguna crema de verduras, bien hecha el día anterior, bien de las de super, que aunque no me guste usar la prefabricadas siempre tengo alguna en la despensa por si hay una urgencia. Las cremas en casa gustan con crostones y si puede ser con crostones con sabor a ajo o a hierbas aromáticas mejor que mejor. El año pasado cuando Tsunami estaba muy burro y no colabora a la hora de tomarse la crema con los crostones, le pones dentro la crema unos cuantos fantasmitos (patatillas con forma de fantasmas) y entonces la cosa cambia y se acabaron los problemas. Actualmente ya no es necesario recurrir a los fantasmitos, la crema con los crostones le pierde, sobre todo si se los coloca él.

Otras comidas socorridas son las croquetas. Para freírlas y evitar dejar la cocina toda guarra, las frío en una cacerola. Sí, si, en una cacerola de esas que se emplean para calentar el agua, al menos cuando se calentaba el agua antes de tener todos un microondas en nuestras casas. Este truquito lo usa Su de Webosfritos y a mí me parece fabuloso y práctico. Se pone el aceite en el cazo y allí se van friendo. No salpicas apenas aunque el ritmo es algo más lento, pero al concentrar el líquido tienes que emplear menos aceite y te salen mejor. En ocasiones también he usado este sistema si hago carne rebozada en trocitos pequeños tipo nuggets, aunque en este caso es de elaboración casera, los nuggets jamás los he comprado en el super. Vamos, carne de pollo o pavo cortada a tiritas y pasadas por pan rayado y huevo, sin ningún misterio salvo que alguien quiera espolvorearlas antes con hierbas aromáticas.

Últimamente las tortillas de patatas se han hecho un pequeño hueco en nuestra lista de platos para cenar. Yo siempre he tenido un trauma encima, no he sido capaz de hacer una tortilla de patatas ni decente ni normalita, todas se me resistían y lo he intentado muchas veces. Pero el verano pasado, Mari, la abu de Tsunami me enseñó como las hacía ella y desde entonces las bordo ¡Gracias Mari, mis peques lo agradecen muchísimo! Antes de aprender a hacer la tortilla de patatas Terremoto devoraba solamente la de atún y la de cebolla con queso. Tsunami por su parte se decanta por la de queso o bien de queso con york. Estas también siguen comiéndose, pero hemos podido añadir la de patatas que tantos fracasos culinarios me habían llevado antes.

El cus-cus con verduras para Terremoto y con pechuga de pavo, york, queso o tortilla para Tsunami es otra cena socorrida y rápida de hacer. Empleamos el cus cus que venden en los supers. En un cazo una taza de agua. Se pone a hervir y al hacerlo se apaga el fuego y se añade una taza de cus cus. Espero unos minutos a que absorba el líquido y le añado un poco de aceite, remuevo y listo. Ahora sólo hay que añadir las verduras encima o bien los cuadraditos de york, queso o tortilla y listo para comer.

Las rotlles y el pescado al horno que comenté en su momento en el blog suenen ser unos habituales en nuestras cenas. También lo son los huevos rellenos, la coca de pimientos de pasta dulce o bien la de trempó y en verano la ensalada tibia de patata, cebolla y bacon. Como veis son platos no muy complicados y alguno se puede dejar semipreparado antes.

También comen ensaladas, muchas, sobre todo en verano y beben gazpacho, curiosamente sin crostones. Uno muy rápido de hacer son las crepes tanto dulces como saladas, las quiches o bien las fajitas o tacos con verduras, así como los nachos con guacamole.

Otros platos son unas albondigas con verduras, patatas y salsa de tomate o bien salmón con verduras y patatas. También se animan con los fideos chinos y unas verduras al wok pero sin wok, más bien a la sarte. Os hablaré de ello en el próximo post.

Bueno, ¿Qué os han parecido estas sugerencias para una cena rápida? Se que hay muchos platos más como sándwiches, bocadillos, la sopa que comenté en el anterior post…. Pero es que sólo os he puesto unas cuantas sugerencias rápidas y socorridas.

Y vosotras ¿Cuáles son vuestras cenas más habituales y que siempre os salvan la vida?

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Las cenas de mis niños y las estratagemas para que me resulten fáciles de preparar. (1º parte, las ollas con termo difusión)

14 Abr

Hace tiempo que no os comento nada de recetas de cocina. Bueno, hace tiempo que me cuesta empezar a tener un ritmo sensato de entradas, aunque empezamos a ponernos las pilas. En casa por suerte estamos bien, pero yo llevaba una temporada baja de pilas y me costaba un poco ponerme delante del teclado. También me cuesta un poco ponerme delante de los fogones y eso es más jodido. Si unos cuantos días o semanas no publico, pues no pasa nada. Pero si me paso unos cuantos días o semanas sin cocinar, puede resultar una hecatombe familiar de primer grado. Bueno, realmente, el hecho de una demora en el estricto horario de comidas de casa ya es de por sí una hecatombe, sobre todo para el chef/groumet/insaciable Terremoto.
Terremoto es el más exigente en cuestiones culinarias y en horarios de comidas también. Cuando viene del cole a las cinco, merienda, generalmente fruta, yogurt o yogurt con trozos de fruta y unos pocos cereales, vamos que yo diría que no debe quedar con hambre, pero debo estar equivocada. La cena en casa normalmente es a las ocho para los niños y nosotros solemos comer cuando ellos se han ido a dormir, más que nada para estar relajaditos y tener nuestro momento. Si la cena requiere comer todos juntos cenamos con ellos, por ejemplo los días que hacemos algo al horno que se tenga que comer caliente recién hecho. Terremoto es el más conflictivo de casa en cuestión comida. Si tiene hambre puede empezar a pedir la cena a las siete y ponerse pesado a las siete y cuarto y luego a las siete y media. En ocasiones, cuando son las seis o las seis y media ya está empezando a tirarte indirectas sobre la cena… No se si a alguien más le ocurre, pero os aseguro que es agotador. Cuando acaba de merendar ya pregunta por lo que se cenará y cuanto falta para la cena. Uuuffff…. y eso que acaba de merendar, que si le dejo sin catar bocado toda la tarde tengo a un tigre bengalí por hijo. Por otra parte para acabar de arreglarlo, es muy especial a la hora de elegir los menús. Si en el colegio el día anterior o el siguiente hay algún plato igual o parecido a lo que pones de cena, tenemos las quejas y los follones asegurados, o en casa o en el cole, eso ya veremos a quien le toca. Así que para coordinar sus cenas con sus comidas en el cole y además no coincidir con los menús del cole de su hermano me las veo y me las deseo muchos días. Es muyyyy normalllll encontrarme con que no puedo hacer carne o pescado, porque en un cole ponen uno y en el otro lo otro. No sabéis lo que fastidia eso. También es habitual no poder hacer pasta o cus cus o sopa o cremas o una simple tortilla porque alguno de los peques coincide ese día o el siguiente o el anterior. Así que en ocasiones, por suerte pocas, me he visto en la necesidad de hacer una cena para uno y otra para el otro. Es el problema que tiene que los peques se queden a comer y vayan a dos coles diferentes.
Por suerte, Tsunami es algo más fácil de llevar, suele comer de todo o de casi todo y no es tan exigente ni tienen ninguna crisis existencial porque un día pueda coincidir una cena con su comida del día siguiente. Es más, mi pequeñin ha salido en eso igual a su familia paterna. Cuando yo salía con mi pareja, nos hablábamos cada noche por chat. El vivir en provincias diferentes y con un brazo de mar de por medio obligaba a eso. Así que muchas noches interrumpíamos la charla porque él iba a cenar y luego, cuando se reincorporaba, le pedía que había comido. El 97% de las veces el menú era algún tipo de sopa. Era igual si era en pleno invierno como que estuviéramos hablando en pleno mes de agosto, la maravilla, los piñones, estrellitas, de letras, de fideos, tiburones, rellena…. Como veis, mi pareja y su familia son muy soperos. El 90% de los postres que tomaba entonces era un yogurt de macedonia. Es curioso porque desde que vivimos juntos no toma tanta sopa, sólo de vez en cuando. Cuando le pido si quiere que se la haga no muestra una necesidad vital en ello. Incluso los yogures de macedonia acabaron olvidados en el frigorífico y dejé de comprarlos. Pero Tsunami… Tsunami es otra cosa y la genética del caldo con una buena sopita está presente en su ADN. Si fuera por nuestro peque el 99% de sus cenas serian soperiles, sin ningún problema y se sentiría más feliz que una perdiz. Hace poco le pregunté en el super que quería para cenar que se lo compraría y su respuesta fue “ya sabes mamá, lo de siempre, una sopita” añadió a esa respuesta su carita de niño contento y feliz… vamos, que quien le discute el plato de sopita si es pedido con esa sonrisa suya que pone de oreja a oreja.
Esta condición me viene muy bien ya que me salva en muchos momentos al tener que montar dos menús o bien cuando hago sopa para todos. Comento este truco que tenemos en casa para la sopa, porque para mí es lo más normal del mundo, pero me he encontrado con muchas personas que lo desconocían y luego se han sorprendido al hacerlo.
Hace años, mucho antes de que yo pensara casarme o independizarme, teníamos una amiga de la familia, doña Catalina, a la que quería mucho y siempre recordaré por su amabilidad y sus buenos consejos. Un día le contó a mi madre un truquito que ellos usaban para hacer en casa la sopa. Mi madre acababa de comprarse una batería de cocina de las que tienen la base de termo difusión. Resultaba que esta señora también usaba ese tipo de olla, así que empezaron a intercambiar experiencias. Hoy en día son muy habituales, muchas lo son, me refiero a esas que tienen la base tan gruesa y generalmente con círculos concéntricos, pero hace treinta y pico de años no eran tan comunes, además de bastante más caras. Doña Catalina, le contó que para ella y su Fernando, ponía en la olla más pequeña el caldo, lo llevaba a ebullición y luego con cuidado (porque el cambio brusco de temperatura hace que el caldo rebose y se vertiera) echaba poco a poco la sopa. Removía un poco y tapaba la olla. Entonces con la yema del dedo iba dando toquecillos sobre la tapa y cuando notaba que esta estaba caliente, cerraba el gas y lo dejaba tal cual. Se cerraba justo cuando notas el calor que ya cuesta soportar en el dedo, porque si te pasabas entonces el caldo hervía demasiado y rebosaba por la tapa. Si esto ocurre, sólo tienes que destaparlo, dejar que suelte un poco de vapor o bien remover con la cuchara y volver a tapar.
De esta forma uno se despreocupaba de hacer la sopa y media hora después levantas la tapa y te encuentras una sopita perfectamente cocida y calentita a punto de servir. Ese es un truquito que yo he usado toda mi vida, porque luego yo me compré una de esas baterías de cocina. Nosotros seguimos usando la olla pequeña y nos da para cuatro raciones. Así que ya sabéis, si alguien tiene una olla de termodifusión, que sepa que la sopa puede hacerse así y no estando pendiente removiendo delante de los fogones. Lo apagas y a otra cosa mariposa.
Actualmente mi cocina no es de gas, tengo una vitro, así que aún es más fácil. La vitrocerámica guarda el calor residual. Pongo el caldo con la vitro al máximo para que el caldo se caliente pronto y coja un buen calor residual al apagarla. Espero que el caldo esté caliente pero no que hierva. Pongo la sopa y remuevo y espero a ver como empiezan a hacerse las primeras burbujas previas al hervido. Entonces es cuando tapo la olla apagando enseguida el fuego y con el mismo calor residual coge la temperatura exacta y no tengo que hacer aquello de darle con la yema del dedo a la tapa. Por si acaso vigilad los primeros segundos no sea que hayáis esperado demasiado y tapéis al hervir. En este caso se caliente demasiado y rebosa, cosa que en una o dos ocasiones me ha pasado, pero si se hace bien no ocurre. Si esto ocurre ya sabéis, destapáis un momento, removéis y volvéis a tapar. Os diré que si tenéis invitados este truco también vale para las ollas más grandes manteniendo el mismo tiempo, en media hora sopa hecha.
Sólo hay un detalle que hay que tener en cuenta, absorbe bastante caldo, así que sed algo generosos con el caldo que pongáis, sobre todo si os gusta la sopa más caldosilla. Algunas veces y depende del tipo de sopa, si le has puesto poco caldo luego te puedes encontrar un pegote de sopa, se que añadiendo líquido se arregla más o menos, pero no queda con buena presencia para presentar si es que ese día se tienen invitados. Yo normalmente me suelo guardar un poco de caldo para luego atemperar la sopa antes de servirla. En casa mi pareja es de los de sopa con casi nada de caldo, Terremoto y Tsunami con algo de caldo y yo con mucho caldito.
También para darle más sabor en casa nos gustaba ponerle dentro trocitos de botifarrón cortado a cuadraditos pequeños o bien trocitos de pollo hervido. Para las ocasiones más especiales le poníamos pequeñas albondiguitas que se cocían en el caldo, sobre todo lo hacíamos así en épocas navideñas, pero a diario también se puede tomar al resultar una combinación bastante completa. A mis pequeños el botifarrón no les entusiasma demasiado, pero las albóndigas las adoran. Lo recomiendo para los que disfruten de esta forma, para mí es delicioso. El botifarrón tiene en sus ingredientes semillas de anís y el gusto del anís le daba un punto muy especial a mi modo de ver. Para la sopa rellena no hay ningún problema. Se hace el mismo procedimiento, pero poned bastante caldo y la olla bien grande para evitar que se apelmace.

El truco que os acabo de explicar con la sopa se puede aplicar también para cocer la pasta. Nosotros no solemos tomar pasta de noche, porque la encuentro un poco pesada antes de ir a dormir. La forma es como la que os he explicado antes. Se pone el agua con una pizca de sal unas gotitas de aceite y nosotros ponemos una hoja de laurel. Esperas a que hierva, se pone la pasta dentro, macarrones, hélices, espaguetis, tallarines, raviolis… se cierra y se esperan unos quince o veinte minutos. Vamos, el tiempo en que preparas la salsa y pones la mesa. En casa somos cuatro y claro, ponemos bastante pasta, y esperamos ese tiempo. Se que me diréis que de esta forma los tiempos son los mismo, pero el ahorro energético es considerable y la disponibilidad para hacer otras cosas mientras también son de agradecer. Pensad en la de cosas que podéis ir adelantando en veinte minutos o simplemente darse el gustazo de disfrutar un ratito para ti o para tu familia. Seguro que más de uno se apunta a este truquito.

Nota: Es curioso, pero acabo de darme cuenta que como en casa muy pocas veces hacemos arroz a la cubana, el truquito no le he intentado hacer para hervir el arroz blanco, pero tampoco me extrañaría que sirviera, aunque no lo tengo comprobado.

Editado: Mirad los comentarios, Tonia nos dice como hacer con esta técnica el arroz. Gracias encanto.

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La rumbita ha entrado en nuestras vidas, y no me refiero a un baile, me refiero a una aspiradora.

7 Abr

Llevaba años dándole vueltas al asunto, y cuando digo años me refiero más o menos a siete u ocho años. Mi duda existencial comenzó el día en que me encontré una entrada en un blog que hablaba de un artilugio más o menos pequeño, redondo, de unos cuarenta centímetros de diámetro y no mucho más alto que cinco dedos. Este artilugio salía de un lugar donde “vivía, dormitaba” y se cargaba para ir a trabajar, cuando había concluido su rutina laboral volvía el solito a su “casita” para recargarse. El trabajo de semejante andrómina era el de barrer la casa, y la marca que comentaba era una llamada Roomba (pronúnciese rumba) que a mí me sonaba más a melodía caribeña que no a mini-aspirador doméstico.

Inmediatamente me puse a investigar, no es que encontrara demasiadas cosas, pero algo encontré. Descubrí que también había otras marcas que hacían cositas por el estilo. Que como en todo, había artilugios buenísimos y otros más pachangueros que te solucionaban más o menos el tema. Descubrí que los había más inteligentes y programables y otros más modestos que se quedaban donde se quedaban y al volver tenías que buscarlos por todo. Descubrí gracias al youtube que además de barrer esos aparatos servían principalmente para pasear el bebé encima, para que luego el niño saliera gateando tras ellos o para que la mascota de turno, preferentemente gato, hiciera lo mismo que el bebe que gateaba. Descarté estas aplicaciones porque en ese momento en casa ni tenía bebé, ni tenía perro, ni tenía gato y el resto de familia habíamos superado la prueba del gateo hacía años.

Dicho aparetejo me dejó turbada. Lo estuve hablando con mi pareja, pero entonces yo tenía a una chica que venía alguna vez para ayudarme con las tareas de limpieza. Así que descartamos su compra, sobre todo porque el precio no era precisamente barato.

Los años pasaron y vino la crisis, esa que ha afectado a tantas personas y nos ha jodido tanto. Esa que ha puesto en más de un aprieto a muchas familias y que ha obligado que muchas madres tuvieran que hacer auténticos encajes de bolillos para llegar a final de mes entrándoles en el mejor de los casos, un solo sueldo en casa. Pues bien, no me avergüenza decirlo, nosotros fuimos una de esas familias que se encontró con que mi pareja se pasó en varias ocasiones unas buenas temporadas en paro y la familia tuvo que ser mantenida únicamente con mi sueldo. Coincidió también que al principio de todo esto tuvimos a Tsunami. Puede que no fuera el mejor momento para tener un hijo, pero era en ese momento o tal vez ya no nos lo plantearíamos más debido a mi edad, así que nos lanzamos a ello y Tsunami vino un buen día para quedarse en nuestra casa. La casa de entonces era muy pequeña y nos vimos obligados a buscar otro piso y eso implicó tener hipoteca. Por suerte yo llevaba toda mi vida ahorrando y buena parte del precio lo tenía guardado, pero no todo. Después de eso me quedé prácticamente con mi sueldo y un pequeñísimo cojincillo por si ocurría algún imprevisto no vernos con lo puesto. Los imprevistos vinieron y no fueron sólo las temporadas de paro de mi pareja, hubo un poco de todo. En resumen, que cuando estaba decidida a dar el paso, la situación no fue de lo más favorable y mi idea se quedó aparcada en un estante con el polvo, los trapos y los aerosoles.

Cuando uno tiene en casa un hijo con alergia a los ácaros y al moho no puede bajar la guardia, pero cuando tú también tienes esas alergias y encima tienes la espalda jodida pues te cuesta mucho poder llevar la casa sola y tenerla impoluta y perfecta. Si a esto añadimos que casi todos sus moradores, menos tú y los peces, no son muy mirados a la hora de ensuciar o de recoger y limpiar luego todas las cosas, pues no ayuda demasiado a organizarte. Tardé un poco en conseguir llevar un ritmo, en ordenarlo todo y en hacerme con la rutina de la nueva casa, pero lo conseguí. La casa era más grande, llegaba más tarde del trabajo que cuando vivíamos en el anterior domicilio, y Tsunami salía más pronto del cole que Terremoto. Todo eso implicaba más trabajo y menos tiempo. Involucré un poco más a Terremoto con lo de limpiar, pero no es una tarea que le entusiasme y se hace el sueco todas las veces que puede y cuando lo hace es de una forma muy poco profesional. Tsunami estaba más dispuesto a coger un trapo, sobre todo si iba acompañado de un spray y evidentemente, coger una aspiradora. El problema es que acababa sprayando toda la casa alegremente con la consiguiente reacción en cadena de olor/estornudos de mamá y el tener que salir volando detrás de él para quitar sprayazos de diversos lugares poco recomendables. El pasar el aspirador se podía volver una locura, porque para él era más bien un juego y no un trabajo. Vamos, que Freddie Mercury tenía más arte pasando el aspirador metido en el papel de una Maruja que no mi niño haciendo de mini-Rodríguez sin verano.

Mi pareja tampoco era de gran ayuda. Cuando él llegaba a casa la gran mayoría de cosas ya estaban hechas. Además, no se que problema tienen los hombres que nunca ven nada mal en la casa, salvo que expresamente les digas que hagan algo en concreto. La genética no les ha dado el don, o la maldición, de detectar trabajos caseros potenciales de solucionar, ni la fortaleza física para ponerse con ello.

Así que me lié con los trapos y cada día cuando llegaba del trabajo, después de comer rápidamente y antes de ir a buscar a Tsunami al cole, lograba ir haciendo cositas. Barrer la casa, hacer un baño, quitar el polvo de una habitación, otro día de otra… vamos, lo que hacen la gran mayoría de madres trabajadoras, no estoy descubriendo nada a nadie. Use una serie de truquitos y una serie de técnicas que me facilitaron un poco la labor, pero los resultados no eran muy boyantes. Mi principal problema era el tiempo. Me encontraba que muchas veces o quitabas el polvo o barrías y con mis repolletes en casa era necesario al menos barrer una vez al día. Así que me pasaba la vida escoba o mopa en mano pasillo arriba, dormitorio abajo y sala que me recorro. Luego los fines de semana limpiaba un poco y más de una vez mi pareja se llevó los domingos por la mañana a los nenes de excursión y yo me quedé sola en casa para hacer la limpieza más a fondo o para hacer las ventanas o lo que se necesitase… aunque esa no es la idea que yo tenga de pasar un fin de semana en familia ni mucho menos de descansar.

Hemos estado así hasta ahora, momento en el que por fin nuestra situación económica no es tan extrema como hace unos años. Por suerte mi pareja ya tiene trabajo y hemos podido bachear todos los imprevistos. Hemos conseguido vivir un poco menos al día y había conseguido hacer una mini hucha para poder comprarme este aparatito. Llevaba un año dándole vueltas. Mirando catálogos. Buscando información. Pidiendo opiniones. Lo cierto es que en general todo apuntaba a que los resultados eran buenos. No encontré demasiadas personas que lo tuvieran, más bien me encontré con muchas que estaban en mi misma situación y que me dijeron que si me lo compraba y me iba bien se lo dijera. No les culpo, con el precio que tienen es para pensárselo una docena de veces antes de dar el paso. Me llamó la atención unos meses antes de Navidad, que casualmente encontré unas cuantas personas que lo tenían y todas de una forma exageradamente entusiasta me manifestaron lo contentas que estaban desde que lo habían adquirido, lo bien que iban y que valía la pena hacer el esfuerzo. Una de esas personas fue la farmacéutica de una farmacia a la que de tanto en tanto voy pero que no es mi habitual. Esta chica fue la más efusiva de todas. Parecía que le acababa de tocar la lotería cuando me habló de ello. Llegue a pensar que por algún sitio de la farmacia había una cámara indiscreta grabando la reacción de los clientes, pero no. Me contó que estaban tan encantadas con ella porque se la había comprado su suegra. El aparato daba tan buenos resultados que actualmente además de la suegra lo habían comprado ella, la cuñada y su madre y ahora la hermana se lo estaba pensando. Así que pasé de tener pocas recomendaciones, a encontrarme con una recomendación múltiple.

Seguí con mis pesquisas y consulté a unas cuantas tiendas con las que tengo confianza. Me recomendaros sobre todo la marca iRobot, que son los de la roomba y la marca LG. Llegué a la conclusión que a fondo, lo que se dice a fondo no lo hacen. Es más bien para llevar un mantenimiento de la casa. Evidentemente, si el aparato no pasa por debajo de un mueble, pues no pasa. Las esquinas las deja bastante bien, pero no llega al ángulo como lo haría una escoba. Por la parte positiva pues está el poder dejarlo programado y encontrarte la casa barrida al llegar del trabajo. Es un tiempo que te ahorras y luego puedes dedicar a quitar el polvo a otra habitación, estar un rato con Tsunami, poner la lavadora, darte una ducha, o a cualquier otra cosa. Sí, la principal ventaja que tiene es que te proporciona tiempo y tiempo es precisamente lo que yo necesitaba. Estaba plenamente decidida a comprármela por Navidad, pero no pudo ser. No me pidáis muy bien porque cuando yo me quedaba mirándolas o le ensañaba algún catálogo a mi pareja este me sugería de mirarlo otro día o informarnos más. Pero… ¿Qué más necesitaba para informarnos si llevaba recopilando información desde hacía años?

Pasaron las fiestas y un día nos pasamos por el Mediamarket para ver móviles para el cumpleaños de Terremoto. Me acerqué al pasillo de las aspiradoras y me quedé, de nuevo, una vez más, mirando estas macrogalletas de la limpieza. Entonces se situaron a nuestro lado un empleado y una clienta. El empleado empezó a explicarle a la chica como funcionaban, las ventajas que tenía y le enseñó un modelo que tenían en promoción porque acababa de salir el modelo superior. Le comentó todo lo que llevaba. La diferencia de precio con las otras y la comparación con lo que estas aportaban. El precio del nuevo modelo… vamos, que la tienda tiene que felicitarle y nombrarle empleado del mes, porque convenció a esa chica y me convenció definitivamente a mí que ese paquete que estaba allí delante, tenía que ser mío en ese mismo momento. Me giré y le lancé el ultimátum de todos los ultimátums al padre de la criatura que en ese momento estaba intentando controlar a un Tsunami que sólo pensaba en darle al botoncito de los aparatos y a un Terremoto que quería volver a ver los móviles. Evidentemente, después de lanzar el ultimátum, cuadré a toda mi familia y les dije que de allí no se movía nadie hasta que ese señor acabara con su venta y le contestara unas preguntitas a mamá. Debí acojonarles mucho, porque los peque no pusieron demasiada resistencia. Tuvimos que esperar un buen rato a que el vendedor acabara con la venta y luego vino con nosotros. Le bombardeé a preguntas, le planteé todas mis dudas y el pobre aguantó el chaparrón estoicamente. Había un tema que me hacía dudar. Si era mejor una roomba o una escoba eléctrica sin cable, que también llevaba años tentándome. El precio de los aparatos y el hecho de que a la rumba no tengo que pasarla yo en persona fue lo que me decantó por esta. Me giré decidida hacia mi churry y él me sorprendió diciéndome que pensaba regalarme una para mi cumpleaños, pero como estaba visto que yo no me movía de allí sin el aparato, pues… me adelantaba el regalo. Mientras mi churry se encargaba de los trámites de pago, yo me acerqué con los niños a la zona donde hay sillas que te dan masajes a la espalda. Le estuvimos esperando relajados mientras nos dábamos un masajito bien merecido. Al día siguiente estrenamos la roomba.

Fue un éxito. Ya tenía pensado donde instalarla (con el tiempo que llevaba planeándolo era algo que tenía más que pensado) Por la noche se había cargado la batería. Le dimos al botón y el aparatejo se desprendió de su lugar de carga y empezó a trabajar.

Cosas a comentar: Hace algo de ruido, así que mejor hacer la sala cuando no hay niños viendo la tele. Hace algunas alfombras, pero con las de pelo largo en ocasiones se enreda, así que tengo que quitar estas. En dos ocasiones me la he encontrado encasquillada con algún mueble, pero sólo ha sido dos veces. Evidentemente, si no pasa debajo de un mueble no pasa. Una amiga mía me dijo que ella tenía una y que su marido había puesto unas alzas a las patas del sofá para que pasara por debajo. Tengo que conseguir unas alzas de sofá y al marido de mi amiga para que levante un poco el mío…hmmm…. Será cuestión de estudiarlo… nunca se me había pasado por la cabeza pensar en que desearía al marido de mi amiga para algo así…. Será cuestión de ver si me lo presta.

Al principio la dejaba programada para encontrarme la casa barrida al volver del trabajo. Pero claro, eso implicaba que por la mañana tenía que recoger un par de cosas antes de salir y no me iba bien. Ahora lo que hago es ponerla cuando he llegado. He descubierto que lo que me funciona mejor es encerrándola en una habitación y dejarla allí unos minutos, dependiendo del tamaño de la habitación. En los dormitorios está unos cinco o diez minutos, en el baño muchísimo menos. Así que hago los tres dormitorios, el baño y la cocina. En ocasiones luego se carga y cuando voy a buscar a Tsunami al cole la dejo haciendo el pasillo y la sala-comedor-despacho que es bastante más grande. Al volver la solemos encontrar cargándose de nuevo. Entonces vuelvo a vaciar la cubeta, la limpio y la dejo preparada para el próximo día. De esta forma consigo comer de una forma algo más civilizada que antes. Puedo ir quitando el polvo de una habitación mientras el robotito hace otra y luego la pongo en esta. También puedo hacer los baños a fondo mientras barre, o empezando a montar la cena.

Es cierto que algo de tu parte tienes que poner si quieres que quede bien. Hay que dedicar un momento a quitar cosas de en medio y luego volver a colocarlas, pero de la otra forma también tenía que hacerlo y no me compensaba. Así he conseguido ganar tiempo. Ahora los domingos por la mañana nos vamos todos de excursión y el robotito se encarga de barrer toda la casa. Cuando le has pillado el truco es una auténtica gozada. Entiendo ahora perfectamente el entusiasmo de la farmacéutica cuando me dijo que era la mejor compra que había hecho en su vida. Es una pena que no tengan un robotito que te levante los floreros y te quite el polvo, porque sino, esta madre alérgica a los ácaros y trabajadora lo agradecería un montón.

Así que… reconozco que es un gran gasto y que da pereza hacerlo por si luego no nos funciona o no está a la altura de lo que queríamos. Es verdad que no te libras de tener que hacer la casa a fondo, pero para el día a día ayuda muchísimo. La pongo bastante a menudo, sobre todo porque Tsunami es único para dejar migas del desayuno y de cualquier comida por toda la casa. También porque me ayuda a no tener que barrer yo que siempre acababa con algunos estornudos. El aparato no levanta polvo y tiene unos filtros para los alérgicos. Tiene autonomía para 90 minutos y varios programas. A la hora de quitar lo recogido es una labor muy simple y sencilla. El mantenimiento es mínimo y el tiempo que te da es mucho. Es cierto que si hay algo pegado al suelo no te lo quita, pero barriendo tampoco lo quitas. Si una se lo sabe montar va muy bien para quitar polvo de una habitación, luego poner el robotito y después fregar o en mi caso pasar la mopa con el producto del parquet. Te acorta el tiempo a la hora de hacer el mantenimiento de la casa y eso, para cualquier madre medio demenciada y muy histérica como yo, nos va de perlas.

Que queréis que os diga, que en mi caso estoy muy contenta con la compra y me entristece no haberme decidido antes. Pena de no tener un perro o un gato que puedan jugar con ella. Pero mejor me callo esto, que ya me veo a los peques pidiéndome una mascota para jugar con la Roomba. Huuuum… deja, deja, no les demos ideas.

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2 de abril, día mundial de concienciación del autismo… que pena que tengamos que tener un día mundial para pensar en algo

30 Mar

Sé que este año cae en mala fecha. ¡Cachins!. También sé que cuando se le dedica un día especial a algo es que ese algo no funciona del todo bien. ¡Cachins!. Esto último lo leí o lo oí no recuerdo bien donde, pero pensé que tenían toda la razón del mundo. Cuando uno dedica un día al planeta es que el planeta va renqueando. Cuando uno dedica un día al cáncer es que el cáncer aún no tiene solución y los investigadores están faltos de presupuesto para hacer todo lo que quisieran. Cuando uno le dedica un día especial al padre o a la madre es que estos suelen ir el resto del año mucho más estresados, es el único día en que quizás los niños te harán un vaso de leche chocolateada con galletas o magdalenas para merendar y puede que te dejan elegir lo que hará la familia ese día. Todos estos días son más o menos conocidos.

¿Quién no ha oído hablar del cambio climático y de las necesidades del planeta?… aunque luego nos importe un bledo si el coche no combustiona bien, si se destruyen bosques o si tiramos el paquete de clínex o el envoltorio de la caja de tabaco en el suelo porque nos da pereza caminar unos metros o guardarlo en el bolsillo hasta llegar a la próxima papelera.

¿Quién no ha oído hablar o ha tenido la desgracia de ver los efectos del cáncer en alguien conocido?….aunque luego hayas intentado esquivar a los de la hucha que piden ese día por el cáncer y al final has puesto algún dinerito en las huchas y a cambio te han dado una pegatina que procuras no quitarte en todo el día y que sea bien visible para que no vuelvan a acosarte.

¿Quién no ha hecho una manualidad o un dibujo para su padre o su madre y les ha llenado de besos ese día cuando éramos niños?… aunque luego al día siguiente volviésemos a las andadas y nuestros progenitores dejaran de ser los protagonistas y no volviéramos a preocuparnos nunca más por su desayuno hasta el año siguiente.

…Pero este año cae en una mala fecha. ¡Cachins!. El primer día de las vacaciones de Pascua no es una buena fecha para que alguien pueda pensar en ello. Normalmente quien más y quien menos están pensando en que va a poner en las maletas o se está dirigiendo al aeropuerto o al coche, si es que tienen la suerte de poder hacer algún viaje. Quien más y quien menos está pensando en que recursos va a disponer para tener todos estos días a los peques en casa y que no se aburran, si no es que ya está sacando la artillería y tiene la cocina embadurnada de harina y el horno en marcha. Quien más y quien menos prepara su casa para recibir la Pascua, eso cuando uno va muy retrasado y se le caen las cosas encima en el último momento. Y, algunos menos que más, se preparan para hacer de nazarenos o de capiruchos en la procesión de la tarde.

El dos de abril se van a hacer muchas cosas, se va a pensar en muchas cosas, pero por desgracia este año cae en mala fecha y dudo que haya muchas personas que se planteen que el primer día de vacaciones está dedicado a algo y mucho menos a la concienciación del autismo.

Quienes me leéis ya sabéis los problemas que tenemos en casa, nunca los he ocultado. Muchas veces he escrito sobre ellos y sinceramente creo que alguna vez he conseguido poner mi granito de arena en la concienciación del autismo y en la concienciación de las minusvalías en general. Es un tema delicado, muy delicado. Es un tema más o menos difícil de tratar, dependerá sobre todo de tu capacidad de aceptación y tu empeño en luchar por el bienestar de los tuyos. Es un tema que da muchas más lágrimas que sonrisas, aunque los que lloramos procuramos que no se note y que no nos vean derramarlas. Es un tema que como muchos temas que afectan a la salud y a la felicidad de nuestras familias, intervienen muchos sentimientos y muchas inquietudes. No somos personas especialmente fuertes. No son personas especialmente fuertes. Si somos personas luchadoras. Si son personas luchadoras. Somos personas. Son personas. Tanto los familiares como los mismos autistas se merecen un poco de comprensión. Pero también cualquier persona que pueda tener cualquier tipo de impedimento, complicación o dificultad en su vida lo merece.

No tenía especialmente pensado hacer este post. Los problemas de espectro autista de mi hijo no son los protagonistas de este blog, aunque si es cierto que nunca los he ocultado y muchas veces he escrito entradas referentes a ellos. Hoy no estoy aquí para contaros ningún desastre ni ningún logro de Terremoto. Hoy estoy aquí para comentar una situación que descubrí la semana pasada a través del blog de La princesa de las alas rosas. En ella cuenta del caso de una niña malagueña que ha recibido el boicot de los profesionales, los alumnos y los padres de una escuela por el simple hecho de ser autista. Me lo creo y puedo entenderlo. En su momento a Terremoto le ocurrió algo por el estilo, quizás no fue tan bestia pero esa fue una de las causas (por no decir La Causa) que nos obligó a tener que escolarizar a mi hijo en un colegio especializado y tener que renunciar a la inclusión o como mínimo a la integración.

Puedo entender y entiendo que alguien tenga miedo de algo distinto, algo que no entiende porque ocurre y no ve normal. No puedo entender ni entiendo que alguien intente hacer la vida imposible a todas aquellas personas inocentes que lo único que desean es intentar vivir lo mejor que puedan dentro de una sociedad que no acaban de entender del todo, que no les entiende y acaban en un bucle de crisis. El autismo como muchos otros trastornos o enfermedades que condicionan a los que la tienen es algo que no puedes prever. No existen pruebas de detección pre-natal. El autismo suele detectarse cuando el niño tiene al menos un año y medio y posiblemente se haga a eso de los tres. Al principio tú tienes un hijo estupendo, con un montón de ilusiones puestas en él. Luego empiezas a observar unas conductas que no te cuadran. Finalmente recibes un diagnostico que te deja hundido en la más profunda de las desesperaciones. Luego, poco a poco y como buenamente puedes vas asimilándolo y empiezas un interminable periplo de especialistas, de lecturas, de escuchar consejos, porque no nos engañemos, sigue siendo nuestro hijo, solo que con limitaciones que debemos ayudarle a enseñar como asumirlas. Estos niños que jamás se curaran y seguirán con sus problemas hasta el día que mueran, tendrán que hacer un esfuerzo titánico en comparación con los otros niños que hay a su alrededor. Pero ellos no eligieron ser así, igual que los niños que los rodean no han elegido ser así. Simplemente, unos tuvieron más suerte que otros. Los últimos estudios dicen que uno de cada cien nacimientos es el de un ser con algún problema de espectro autista si no es directamente un autista pleno o un asperger. Bien pensado, es un porcentaje muy alto como para ir por el mundo “jodiendo” a estos niños. En ocasiones me pregunto si esos niños que discriminan o esos padres que discriminan y enseñan a discriminar a sus hijos, en el futuro tuvieran otro hijo o algún nieto con esos problemas que es los que harían ¿lo repudiarían y desecharían? Que yo sepa en nuestras familias nadie ha tenido ningún problema de este tipo. Así que podríamos decir que el que te toque o no es una lotería. Bueno, realmente tienes muchísimas más posibilidades de encontrarte con alguien que tiene un problema así en casa que no encontrarte con alguien a quien realmente le haya tocado la lotería de verdad.

Hoy no tenía pensado venir a concienciaros sobre el autismo, ni sobre cualquier otro impedimento. Por el mismo motivo que pienso que es absurdo tener un día especialmente para recordar el mal estado en que dejamos el planeta, para recordar que miles de personas sufren y mueren de cáncer o para recordar que pese a que cada día no nos traigan leche chocolateada y magdalenas, es bonito ser padre o ser madre. El dos de abril será un día como los demás. Bueno. El dos de abril será un día algo distinto a los demás, pero no por ser el día mundial de la concienciación del autismo, sino porque será el primer día de las vacaciones de Pascua. El dos de abril estaré con mis niños y posiblemente embadurnemos la cocina de harina y encendamos el horno. El dos de abril me compincharé con Terremoto para pensar donde le escondemos los huevos de Pascua a su hermano. El dos de abril no voy a poder ir a ver ninguna procesión porque mi hijo mayor se agobia dentro de una gran multitud y los temas de religión que implican actos de fe no los entiende, los considera ilógicos y le repelen. El dos de abril será un día como otro para mí familia, aunque de alguna forma yo sabré que ese es un día especial para nosotros y para Terremoto, pese a que sigo pensando que es una pena que haya un día especialmente dedicado a ello.

El miércoles de la semana pasada tuve que salir un poco antes del trabajo. Antes de las vacaciones de Pascua siempre tengo una cita con la profe de Terremoto para comentarnos como ha ido ese trimestre y para enseñarnos sus progresos o sus intentos de progreso. Ese día la profe nos dijo que estaba contentísima con Terremoto. Nos enseñó sus dibujos, pero sobre todo nos enseñó toda orgullosa sus trabajos y sus progresos. Cuando P. nos lo decía y enseñaba yo me sentía orgullosísima y contenta de mi hijo. Era todo un progreso y un esfuerzo titánico y lo estaba logrando. Al día siguiente, no sé muy bien porque ya que no suele hacerlo, mi jefe se me acercó y me pidió que tal la reunión. Normalmente sólo me suele pedir si todo ha ido bien, pero el jueves me pidió que tal la reunión. Yo estaba emocionadísima con los avances de Terremoto y debía tener la serotonina a niveles astronómicos, porque sin pensármelo dos veces le dije “Ha ido muy bien. Terremoto ya hace sumas con cuatro cifras y después de vacaciones le empezarán a enseñar la tabla del dos. Ha trabajado muy bien las sílabas trabadas y las invertidas…”… y fue ir diciendo estas cosas y pensar que mi hijo ya tiene dieciséis años y un hermano que dentro de nada estará a su nivel. Toda la serotonina se me vino abajo y me sonó ridículo decir eso de un niño de esa edad y volví a sentirme hundida. Mi jefe no decía nada, sólo paseaba y escuchaba. Mi jefe es un intelectual, un escritor, una persona que es un lujo poder tenerla cada día a tu lado, aunque no charléis mucho. Llevamos quince años juntos y ha vivido en primera persona todos mis momentos. Pero el jueves pasado mis palabras me sonaron idiotas, vacías. “Parece tonto que alguien te diga que su hijo con dieciséis años está ahora aprendiendo a sumar cuatro cifras y le enseñaran la tabla del dos, pero es lo que hay”. Entonces se paró y me miró. Estaba allí de pie con las manos en la espalda, como suele ponerlas cuando te escucha y camina. Entonces me dijo “No es ninguna tontería. Siempre te he dicho que tu hijo y tú tenéis un gran mérito y lo que está logrando no es ninguna tontería, quítate esto de la cabeza”. Se fue y me dejó con las lagrimitas a punto de escaparse por el rabillo del ojo.

Este año el dos de abril cae en una mala fecha, pero es nuestra fecha y no quería dejar de recordarla.

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Os recomiendo uno de los primeros blogs que seguí y que ha vuelto: Mi cocina para ti.

20 Mar

Algunas veces os he contado que yo entré en el mundo de la blogoesfera a través de los blogs de cocina, pero sobre todo a través del blog de Ruth, la bloguera de Mi cocina para ti.

De eso hace ya mucho, pero que muchísimos años. Terremoto era pequeño entonces. En esa época, tenía muchos problemas para hacerle la comida porque era muy tiquis-miquis y sólo comía una serie de platos muy contados y en sitios muy concretos. Por ejemplo, los nuggets sólo los comía en casa de mi madre. Los huevos pasados por agua sólo en mi casa. Los macarrones sólo en casa de papá y así cuatro o cinco platos más. Por algún cajón, si no se ha tirado ya, debe haber una lista de las comidas que hacía y donde las hacía y la verdad… es que era una lista desesperadamente corta. No podéis imaginaros que angustioso era darle de comer. Si algo no le gustaba sencillamente no comía. Podías dejarle unos días sin comer que él seguía en sus trece, y no comía. Para una madre cuando se encuentra con este panorama, cualquier ayuda es bienvenida. Nos volvíamos locos porque tampoco quería comer nada en el cole y me dijeron que si no comía no se podía quedar a comedor. Pero, se quedaba a comedor porque ambos padres trabajábamos y no podíamos dejar de trabajar para ir a buscarlo y darle de comer… Era un pez que se mordía la cola. Al final mis padres optaron por ir a buscarlo al cole, darle de comer en su casa y luego volver a llevarlo. Pero eso implicaba que ellos tenían que aguantar sus problemas y sus crisis, y esas, siempre han sido muy chungas.

Tuvimos este panorama en casa desde muy temprano, y eso que con las papillas tampoco hubo excesivos problemas. Bien es cierto que tampoco hubo demasiadas facilidades y como no le gustaran demasiado te las veías y deseabas para primero probar combinaciones de verduras varias que le gustasen y segundo hacer el avión, bailar un Twist o darle la cuchara contando un cuento o haciendo el pino-puente.

Terremoto estuvo unos cuantos años así hasta que un buen día fuimos al cine a ver una peli de Pixar….

… Había visto el trailer por el ordenador y desde que vio el primer fotograma nos pedía para ir a ver la peli del ratón. Por si alguien aún no ha caído en ello, Terremoto se refería a la peli de Ratatouille. Pasó un tiempo y por fin se estrenó y yo me lo llevé al cine. Me encanto. La encontré tierna, divertida, pero sobre todo era un cántico a la comida y al saber hacer. Al desenvolverse entre fogones. Un homenaje al crujido del pan, a la justa medida de los condimentos. Al aroma del puchero cuando hierve y hace chup chup. A la degustación de todos estos sentidos juntos, la vista por la presentación, el oído del burbujeo y el crujir, el olfato con su multitud de aromas que se volvían a combinar y surgían otros nuevos y finalmente, el gusto. Era un homenaje a todos los cocineros. A la comida elaborada, la casera, frente a la comida prefabricada. A la comida cocinada con su tiempo justo y no de una forma acelerada. A la comida bien hecha. Pero, sobre todo, era un reconocimiento a una gran frase “cualquiera puede cocinar” y esa tarde, esa frase quedó gravada a fuego y hierro en algún lugar destacado del cerebro de mi hijo.

Terremoto salió del cine contento, eso era de esperar. Pero también salió del cine cambiado. Rémy le había descubierto el arte culinario y ese descubrimiento obraría un antes y un después en su vida… y de paso en la de todos los que le rodeábamos.

Esa misma noche ya no quiso uno de sus platos de la lista, esa tan desesperadamente corta. Esa lista pasaría a la historia y acabaría olvidada dentro de algún cajón. Ahora su lista era inmensa, ilimitada, infinita. Quería algo nuevo y yo no me lo podía creer. Había empezado no una nueva etapa. Había empezado una nueva era. Desde ese día Terremoto empezó a lanzarnos a troche y moche un montón de retos culinarios y no eran precisamente fáciles de satisfacer, oigan. Os pongo en situación.

Mamá está en la cocina preparando cosas. Terremoto está en la sala viendo dibujos. Terremoto llama desesperadamente a grito pelado “¡¡¡MAMAAAAAAÁ!!!!. Como podéis imaginar al principio acudía rauda y veloz ante semejante grito, no fuera que mi retoño se estuviera despeñando por algún mueble. Cuando llegaba me lo encontraba al lado de la tele señalando la pantalla y apremiándome para que me fijara en algo de los dibujos que ni tan siguiera te daban pistas de lo que era, pero que era comida. Entonces me decía que mañana para cenar quería eso que había salido en los dibujos de Tom y Jerry, o en los de la familia pirata, o en los que fuera que había aparecido un plato con algo humeante dentro. Espero que nadie se haya visto en este brete, porque es un brete y de los gordos. Al día siguiente Terremoto exigía su comida como la de los dibujos. Tengo que aclarar que hasta que uno no se encuentra con esta situación, no puede ni imaginarse la de fantasía y la de colorines que ponen los dibujantes de animación a la hora de representar comidas varias. Oigan ustedes, que estoy casi segura que nunca han cocinado en sus casas ni han visto o se han fijado demasiado en como quedan los platos cuando han pasado por una sartén. Un desespero. Así que aprovecho para hacer un llamamiento a los dibujantes, sean buenos, dibujen mejor los ingredientes y no se limiten a poner unos manchones de diversos colores dentro de un plato. Las madres que tenemos mini-chefs exigentes en casa, lo agradeceremos.

Mamá, o sea, mi menda, iba capeando el temporal con mucha imaginación. El reto más difícil de todos fue hacer una ratatouille como la que sale en la peli, casi nada. Me puse manos en la masa y empecé a buscar por Internet en que consistía exactamente una ratatouille y encontré que en Mallorca hay un plato “parecido” (recordad que toda la comida mediterránea tiene algo en común al compartir los mismos productos) pero el plato no le satisfizo. Evidentemente, no tenía la misma presentación que en la peli. Esa fue la parte más difícil de reto, porque yo no es que me hubiera fijado expresamente en como era la elaboración de la película, pero mi hijo sí. Lo tenía clarísimo y lo expresaba a su manera de entonces que no siempre era de lo más explícita. Tenía que ser una fuente redonda, al horno, con los ingredientes cortados en rodajas, primero uno, apoyado en este el otro y así formando una serie infinita hasta que realizabas el último círculo concéntrico. Se le añadía una salsa, supuse que de tomate, encima y poner un papel de horno, redondo evidentemente, sobre las verduras antes de ponerlas en el horno. Tenía que sacarse del horno con los agarradores de manopla, no se muy bien porque los cuadrados no le iban bien. Fuimos de nuevo al cine para ver la peli y poder fijarme mejor en esos pocos segundos en los que se elabora el plato. Tengo que decir, que evidentemente, cuando salió la peli nos la compramos el primer día. Llevaba semanas reservada y en los extras me encontré con unas imágenes de uno de los cocineros que había asesorado para la película cocinando precisamente ese plato. Era la forma que me pedía Terremoto. La misma que habían copiado al detalle los dibujantes de Pixar y que a mí me daba tantos quebraderos de cabeza por no parecerse en nada a la elaboración tradicional de la receta francesa. Vi ese breve fragmento no recuerdo cuantas veces, pero muchas, hasta que le pillé el tranquillo. Ya me tenéis a mí, en mí entonces mini-cocina, haciendo experimentos para cortar los ingredientes igual de finos, colocarlos en círculos concéntricos y que diera el pego. Tras un primer intento más o menos presentable pero con serios reproches por parte del maître referentes a la presencia, llegué a la conclusión de que primeramente tenía que comprarme una buena mandolina para cortarlo todo igual, ya que a cuchillo eso no ocurre. Terremoto me exigía unos cortes armoniosos y homogéneos como los de Rémy. Como no estaba del todo segura de los ingredientes y en la peli había tres ingredientes que formaban la serie y uno era rojo, la ratatouille de nuestra casa estaba formada por rodajas de berenjena, calabacín, tomate, salsa de tomate y luego conseguí convencerlo de sustituir el papel de horno por lonchas de queso para fundir que poníamos encima.

Miren ustedes por donde esta madre que os escribe empezó a tener sentimientos encontrados con el susodicho Rémy. Por un lado le agradecía infinitamente que hubiera descubierto el placer culinario de mi hijo. Por otro, hubiera deseado que no se lo hubiera descubierto tanto ni tan a lo bestia.

Fue en una de mis primeras búsquedas por Internet cuando Terremoto estaba en plena punta de la vorágine culinaria que topé con un blog que marcaría un antes y un después en mis conocimientos de cocina y en el aprender a desenvolverme muchísimo mejor entre pucheros. Una tarde entre en un blog, antes tenía otro nombre, en francés. Luego lo cambió. Era el blog de Ruth.

Ruth es una chica chilena que está casada con un suizo y viven en Suiza. Tenía una curiosa cocinerita un poco más pequeña que mi mini-chef. Ruth tiene varios amores, además de su niña y su marido. Ruth esta enamorada de la cocina, lo lleva en la sangre. Su padre había sido un cocinero profesional que había sabido transmitir a su hija el amor por el arte culinario, además del amor especial que sólo tienen algunos padres. Por desgracia, hacía unos años que “su calvo” como ella lo llamaba, había muerto. Ruth empezó su blog para recordar a su padre y para recordar a su Chile natal que estaba tan lejos de ella.

Cuando yo descubrí su blog me sentía atraída por él y empecé a leerlo hasta que llegue a las primeras entradas y descubrí esta historia tan bonita y tan entrañable. Poco a poco Ruth empezó a poner más entradas de cocina y al final era ya básicamente un blog sólo de cocina. La nostalgia del amor de su padre y de su Chile lejano afloraba sólo de forma espontánea y casi accidental. Fue una bonita etapa que duró bastante tiempo, unos cuantos años. Cada día entraba en su blog y me encontraba un plato diferente, porque prácticamente cada día hacia una entrada, o dos, o tres. Estas se correspondían con el plato que ese día se comería en casa o que se había comido el día anterior. Un día era un postre (tengo que decir que Ruth tiene unos postres divinos) un día una ensalada, una crema, una sopa, carne, pescado, un plato más exótico de cocina árabe, oriental, mejicana, caribeña…, un batido, un combinado… su imaginación y sus conocimientos eran infinitos.

Le escribí unos cuantos correos, le explique mi situación con Terremoto y me dio unos muy buenos consejos. Gracias a ella le pillé el gustito de ponerme delante de unos fogones. Ahora ya no era un trauma, era un arte. Aprendí a dedicar el tiempo justo a cada plato y no cocinar con prisas. Aprendí que la presentación es tan importante como el cuidado y la búsqueda de una buena materia prima. Aprendí que los utensilios tienen que ser de calidad si quieres que todo tu esfuerzo tenga buenos resultados. Aprendí muchísimas cosas, sólo discrepaba con ella y fue en el uso de la mantequilla. Tenéis que perdonadme y ya sé que en un país como Suiza el aceite de oliva no se usa con tanta soltura como en un rinconcito del Mediterráneo. Así que para mí eso de freír carne, verduras o pescado usando mantequilla me daba una cierta grima que me ponía los pelos de punta. Me tomé pues la licencia de sustituir el sólido amarillo por el líquido dorado y oleoso. Evidentemente, en los postres respeté más el uso de la mantequilla. Esa fue la única pega que tuve con su blog.

Empecé a hacer sus recetas y lo cierto es que las bordé a la primera. Estaban todas deliciosos, riquísimas, para chuparse los dedos y no eran extremadamente difíciles de preparar. Quizás ese éxito se debió a que Ruth tiene los pasos minuciosamente documentados, con una cantidad de fotografías que hace que hasta el más torpe y más novato de los que por un momento piensen que pueden considerarse cocineros, pueda seguir sin ninguna dificultad todas sus elaboraciones. En una palabra, que Ruth cambio mi vida y no puede imaginarse lo mucho que me ayudó a afrontar el reto culinario de Terremoto.

Un buen día Ruth tuvo que dejar el blog. Había empezado a trabajar y el tiempo no le daba para todo. Lo dejó abierto para que todo aquel que lo deseara pudiera seguir consultándolo. El blog había sido un homenaje a su padre y ese homenaje seguía ayudando a todos los que quisieran asomarse a sus páginas. Pasaron los años y cuando esta que os escribe decidió montar su blog, tuve bien claro, desde el primer segundo, que el blog de Ruth, aunque llevara muchos años cerrado, sería referenciado con su enlace para que todos aquellos que buscaban ayuda en la cocina pudieran dar con él.

El tiempo ha pasado. Alguna vez se publicó algo. Luego de nuevo el silencio…. Hasta hace poco. Un día, cuando entré en mi blog y miré lo que habían publicado los blogs de referencia vi una entrada suya. Al poco vi otra y luego otra y otra. Ruth había vuelto. Mi cocina para ti había reabierto sus puertas. Sus recetas estaban saliendo como los platos recién cocinados del mejor de los restaurantes del mundo. Como los platos que salían por las puertas de la cocina de Ratatouille. Las mismas explicaciones, los mismos detalles, la misma ayuda de las fotos. Nuevos platos sencillos, fáciles, apetitosos y estoy segura que igual de riquísimos.

Sé que mi blog es muchísimo más modesto que el suyo y que tengo menos seguidores y gente que me visita, pero me hacía una ilusión tremenda contaros que Ruth había vuelto y que tenéis de nuevo a vuestra disposición uno de los mejores blogs de cocina que he conocido. No me podía quedar sólo diciéndole hola. Mi mente me estaba pidiendo que le hiciera una entrada de bienvenida como se merece. Como se merecen aquellos que son especiales y a los que sin saberlo, les debes muchísimo. No he podido evitarlo y sin darme cuenta hoy he empezado a escribir y no he parado hasta llegar aquí. No sé si es el mejor blog de cocina, pero para mí fue y es un gran blog de cocina y le debo mucho. Así que…

Señoras y señores, preparen las servilletas, cojan sus cubiertos, porque están a punto de degustar unos platos exquisitos que han salido de unas manos maravillosas que no se limitan sólo a cocinar, sino que en cada gesto, en cada movimiento, transmiten casi a escondidas, ese amor y esa sabiduría que recibió siendo niña allá en su Chile natal al observar como su padre le iba dejando un hermoso legado.

Por ti y por ese fantástico padre que tanto te enseño. Muchísimas gracias gatita Ruth.

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