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Luis Bermejo, un gran amigo y un gran profesional nos ha dejado

13 Dic

Hace unos años, antes de que Tsunami naciera, conocí a un gran profesional del cómic. Fue de una forma extraña. Queríamos hacer una exposición sobre Tolkien, que al final no se realizó, y queríamos entrevistarle. Bermejo había ilustrado el único cómic autorizado que se ha publicado del Señor de los Anillos. Sabíamos que vivía en Mallorca, pero nunca creímos que sería tan fácil como llamarle por teléfono, presentarnos, explicarle que queríamos y que automáticamente nos dijera que estaba encantado de recibirnos en su casa.

Ese día fuimos tres personas a verle, un compañero nuestro, mi pareja y yo. Entramos en esa casa llenos de respeto. Uno no va cada día a ver una leyenda del cómic tan fácilmente. Pero lo cierto es que tanto Luís como su mujer nos abrieron su casa y nos trataron como si nos hubieran conocido de toda la vida. Hicimos una primera entrevista, y más adelante otra, y otra, y otra. Con el tiempo acabamos cultivando una pequeña amistad. Así que lo que al principio había empezado como unas visitas para realizar un artículo, se fue convirtiendo en una visita por el mero placer de verle. Entonces charlábamos sobre su vida, pero también hablábamos de nuestras familias, yo les contaba los problemas de Terremoto y poco después les anuncié el nacimiento de Tsunami. Recuerdo una vez que Luís nos llamó para ver una exposición de los originales de los cómics y también de sus pinturas. Luís era un gran dibujante de cómics, pero como pintor me atrevería a decir que era mejor. Sabía realizar unas obras magníficas y diversas. Ese día vi una pintura de un zoco árabe que me enamoró pero superaba mucho mi disponibilidad económica en ese momento. El cuadro se vendió, pero yo aún recuerdo esa pintura tan exquisita y sublime.

Sabía que Luís estaba pachucho, su mujer me lo había comentado las últimas veces que hablamos por teléfono. La última vez que lo vi fue para hacer unas gestiones y adquirir unas láminas suyas para una exposición sobre Tolkien que actualmente hay en Alicante. Eso fue el año pasado y se le veía muy atropellado, pero seguía conservando esa alegría y esa sonrisa que siempre había tenido y tenía cada vez que alguien iba a verle. Luís siempre fue un hombre sencillo, alegre, con mucho humor, enamorado de su familia, de su mujer, su gran compañera, de sus hijos y de sus nietos. Me hablaban de ellos, de lo orgullosos o preocupados que estaban por sus vidas. Por una de esas casualidades, conocí a una de sus hijas, trabajaba cerca de donde yo trabajo y durante unos años nos veíamos muy a menudo. Luego, ese sitio cerró y ya sólo sabía de ella cuando le preguntaba a sus padres.

Confieso que me está costando mucho escribir estas líneas y sé que no están ni de lejos a la altura que debería estar. Sé que Luís se merece mucho más, muchísimo más. Sé que ahora los suyos le están llorando, pero también muchas personas anónimas sienten su muerte. Hoy nos hemos enterado de su fallecimiento por el facebook. Inmediatamente he llamado a su casa y he hablado con su mujer. Sólo puedo deciros que Luís ha tenido la muerte que él quería, la muerte más bonita que puede tener alguien que se ha dedicado en cuerpo y alma a cultivar lo más importante en el mundo, la familia. Luís nos ha dejado estando en su casa rodeado por todos, por sus hijos que son muchos, sus nietos, que son más, pero sobre todo con ella. Ella que le robó el corazón hace años. Ella que le ha acompañado en lo bueno y en lo malo y ella que le ha estado cuidando toda la vida, hasta el último momento, hasta el último suspiro, hasta el último aliento.

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Crónica con mucho retraso del que fue un extraño fin de semana del día de la madre

11 May

En casa no es que seamos especialmente forofos a la hora de celebrar el día de la madre. En los coles de mis peques ya no te hacen una manualidad por eso de que la sociedad moderna de hoy en día tiene más posibilidades que las de mi época de tener otros tipos de unidades familiares que las que había entonces de padre, madre y uno o dos hijos al menos. Hoy en día lo de familias monoparentales, pluriparentales y diversoparentales son bastante habituales. Así que mis retoños no me traen ni el típico cucharón tuneado en sujetabrelatas, ni el rollo de papel higiénico tuneado en soporte de lista de compras de la cocina, ni casi, casi la sufrida tarjetita de “te quiero mucho mamá”. Por lo tanto, cuando vi que este fin de semana Terremoto tenía que estar con su padre, pues no hubo ninguna catástrofe nuclear, ni nos dio un sincope, ni levantamos los brazos hacia el cielo clamando a todos los santos por tal magnánimo atropello.

Es más este fin de semana ha sido más bien algo movido, agotador y contundente.

Todo empezó el viernes por la tarde, cuando nos fuimos a la casa que tiene mi padre fuera y allí el peque empezó a entrenarse con el arte de estar en libertad pegando brincos mientras yo me arremangaba las mangas como un obrero de la construcción, me cogía la “Terminator” y me la colocaba en la cintura para sentirme poderosa como el Schwarzenegger. La Terminator no es más que la máquina eléctrica de cortar el seto, que es un mamotreto y pesa un montón. Pero cuando una se la pone así, en plan chulo, cual ramo de la violetera pero a lo marimacho te da una sensación de que te puedes cargar el mundo entero que no tiene precio. Bueno, rectifico, algo de precio tiene…el lumbago que luego se pega una, más los arañazos con algunas ramas y las picaduras de los bichitos. Que miren por donde en este caso no se lo recrimino a las pobres criaturitas, pequeñicos, si yo también me cabrearía y picaría a quien corresponda si alguien se pillara una sierra y empezara a desmontarme la casita. Si en el fondo sé que tienen toda la razón del mundo. Así que de esta forma tan tonta y con un par de cicatrices de guerra en mis brazos, llegamos al sábado.

El sábado por la mañana me tocó analítica y compras semanales. Esta vez no fuimos al mercado y nos acomodamos con el supermercado, porque teníamos que ir al Decathlon a proveernos de materiales varios porque este miércoles nuestro pequeño Tsunami se iba a pasar dos días fuera de casa. Pues si, como oís, se van a dormir un día fuera a una granja escuela y había que proveer al infante de deportivas de repuesto, linterna y otros menesteres expedicionarios. Mientras su padre estaba buscando por el centro las linternas y unos calcetines de su talla, nuestro peque para empezar a entrenarse se centró en los aparatos de musculación, cinta de correr y bicicletas elípticas del centro. Nosotros nos tuvimos que recorrer varias veces estos aparatos. No me pidan ustedes por qué motivo, allí al lado había un montón de peques junto a la cesta de las pelotas haciéndolas botar, y nuestro aventurero/escalador intrépido prefería correr en las cintas y ponerse a subir y bajar las asideras de la máquina de musculación de poleas como si la vida le fuera en ello… vivir para ver.

El mediodía fue más tranquilo y comimos en casa porque por la tarde nos íbamos a Santa María del Camí, un pueblo muy cerca de Palma en el que había una concentración de gegants (gigantes). Para los que no los conozcáis, aunque dudo que no se conozcan, son figuras enormes de cartón piedra y estructura de madera, que van vestidas. Representan diversos personajes del folklore mallorquín, había músicos como los tamborers, xeremiers i flabiolers (tamboreros, gaiteros y flautistas) otros de profesiones como zapateros de Inca, lecheros de Campos, payeses, reyes y algunos representando figuras de la cultura como el de Mosén Alcover u otros que no había visto como los que representaban los típicos siurells mallorquines (figuras de barro pintadas de blanco, rojo y verde). También había caperruts (cabezudos) y algunas bestias como las mulasses (mulas). Como en toda fiesta que se precie los auténticos tamborers, xeremiers i flabiolers tocaron y amenizaron el acto. Les acompañaban unas cuantas bandas de música y los gegants bailaron al son de las notas. Había algunas comparsas como las de los cavallets (caballitos) y una que nunca había visto de mulitas y osos. En estos casos se trata de figuras de madera y cartón piedra que llevan un agujero en medio y que el jinete se introduce dentro sujetándose con una especia de tirantes. Los jinetes van haciendo diversos bailes. Los osos y las mulas pequeñitas no las conocía. Estos dos eran llevados por niños más pequeños y los de las mulas iban vestidos de dimonions (demonietes). En esta trobada nos encontramos con un compañero de clase de Tsunami y la tuvimos liada un buen rato. Nos retiramos pronto porque el domingo iba a ser un día muuuyyy largo.

 

Así fue como amaneció, el primer domingo de mayo, día de la madre y miren por donde, una no es que esperara un regalo, pero en mi interior hacía unos días que tenía pensado poner una plantita en uno de los tiestos del balcón que la anterior se acabó muriendo y tenía pensado que un simple geranio podía quedar de perlas. Así que no se porqué motivo una se había hecho la ilusión de que ese día una de estas plantitas caería en mis manos, pero no. Supongo que otro día será, pese a las indirectas que fui dejando caer unos días antes…

El domingo para empezar nadie en casa se acordaba de que día era y no fue porque me estuvieran preparando una fiesta sorpresa, sino porque hacía semanas que ya sabíamos que este domingo por la mañana teníamos el cumpleaños de L., una nena de la clase de Tsunami. Así que todos se levantaron con la idea del cumpleaños. Cuando me desperté yo, disimuladamente, pedí si no me daban un besito o un abracito especial y si no me llevaban el desayuno a la cama. El año pasado los peques me trajeron unas plantitas y me hicieron un desayuno especial. Pero este año con eso de que Terremoto no estaba en casa y él es el más detallista, pues ni eso. La única respuesta que tuve a mi insinuación de desayuno en plan enferma terminal, fue de mi pareja que medio dormido medio atontado creía que protestaba porque Tsunami tenía que desayunar. Se levantó bostezando, medio zombi, buscando a tientas las gafas para entrar en la cocina y salir al cabo de un rato con el desayuno de Tsunami y yo allí sentada en el colchón como una pasmarote mirando la retransmisión de la jugada. Al final se enteraron porque muy discretamente solté aquello de “buenoooo…. Hoy es el día de la madreeee…. ¿quién me va a decir felicidades?”. Por suerte para mi orgullo de madre mi pareja se dio cuenta de la metedura de pata y Tsunami vino brincando para darme un besito y un abrazo acompañado de un sonoro “Felicidades Mamá”. Pero poco más obtuvo esta menda que os escribe, porque enseguida tuvimos que centrarnos en el disfraz para asistir al cumpleaños de L.

Los papis de L. nos habían propuesto hacer una fiesta temática de piratas, caballeros y princesa y los peques podían venir disfrazados. La fiesta se realizaba en un parque de un barrio de Palma conocido como La Real, una zona de las afueras más maja y tranquila. El parque era enorme y había otro cumpleaños. Fue muy divertido, la mayoría de los peques iban vestidos de piratas y las niñas con sus vestidos largos de princesa. El único que iba de caballero fue Tsunami y es que inicialmente había elegido el disfraz de pirata, pero a última hora decidió que quería ir de caballero y como en casa tenemos un fondo de armario de disfraces que es la envidia de cualquier camarote de teatro o vodevil, pues no tuvimos problemas en hacer el cambio de personaje de prisa y corriendo. Los papis habían montado una búsqueda del tesoro. El pirata Barbanegra dirigía la búsqueda y el premio fue un baúl lleno de pequeños cofres del tesoro repletos de chuches. Un currazo de trabajo de montar cofrecillos de cartulina (una semana entera según confesó la señora esposa del señor pirata Barbanegra). Fue una mañana muy divertida en la que tuve que hacer mucho de mamá, porque no sé qué ocurre en estos encuentros, los papis se ponen a hablar entre ellos de temas serios y menos el padre de la criatura homenajeada, toda la labor de vigilancia y demás nos las llevamos las mamis…. Y yo que me creía que ese día tendría libre… pues no. Está visto que me quedaba sin desayuno en la cama, sin geranios y sin cumpleaños tranquilo y aburrido, jajajaja, aunque me lo pasé pipa con las mamis. .

Después de una mañana tan activa uno desea una tarde más relajada. Pero no. La tarde no fue más tranquila. Ese día era el día friky dedicado a la saga de Star Wars, así que mi pareja nos puso la primera peli, la auténtica, la primera que estrenaron. La estuvimos viendo después de comer para ir ambientándonos y después cambiamos los vestidos de caballeros medievales por los de caballeros jedi. Nos fuimos al Parc de la Mar, un parque a los pies de la catedral de Palma. Allí sobre el césped un grupo de amigos nos montamos un picnic. Papá Tsunami hizo muchos sándwiches y del Lidl compramos bombones Amidala. Aunque lo más divertido fue la lucha de espadas laser que nos montamos. Tsunami demostró controlar a las mil maravillas la fuerza y se defendió como un jabato de sus adversarios. Nos llevamos un casco de Darth Vader, una capa negra, unos guantes negros largos y cuatro espadas de luz. La juerga estaba asegurada. Imagino que los que pasaban por allí debían pensar quienes eran esos locos lunáticos. Sobre todo cuando luego volvíamos hacia el coche con nuestras camisetas de Star Wars y el casco bajo el brazo. Está visto que hemos de dar la nota cuando estamos en plan raritos. Pero ese no era el final, no, aunque quedaba el colofón del fin de semana. Realmente, acabamos el picnic para ir a un bar donde se dio una charla de Star Wars y esta vez sí. Nos saltamos luego la cena que se hacía porque Tsunami tiene unos horarios que siempre que podamos intentamos respetarlos y de allí ya, al fin, nos dirigimos a casa para cenar y que el peque se fuera a la cama, soñando con una futura acampada, unos piratas, gigantes, caballeros medievales y espadas laser.

Como veis un fin de semana de los más entretenido y de lo más denso. Pues os diré una cosa. Este fin de semana también está siendo de lo más completo. Así que mejor ir por orden y aunque sea con retraso ya os iré contando como nos han ido los siguientes días. Que la fuerza os acompañe Schwarzemamis.

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Cuestión de dedos: la mecanografía, esa gran olvidada.

12 Mar

Como diría el refranero español, hoy vamos a poner una pica en Flandes y es que os vamos a hablar de una materia que actualmente está muy olvidada y que precisamente por los derroteros por los que avanza nuestra sociedad tendría que ser de candente actualidad. Bueno, tal vez me he pasado un poco con eso de candente, pero que tendría que tenerse más en cuenta de lo que se tiene, eso sin dudarlo. Estamos hablando nada más y nada menos que de nuestra ancestral, mohosa y polvorienta mecanografía, esa gran olvidada.

A lo largo de mi carrera académico/profesional una ha tenido que hacer toda una serie de estudios que o bien fueron interesantísimos o bien unos auténticos tostones. También estos estudios se pueden medir según el grado de utilidad posterior, algunos fueron ultra provechosos y otros lo justo para tener el titulín que te daba puntos para lo que fuera. No siempre el grado de disfrute durante su estudio y el provecho que luego he sacado de ellos han ido de la mano. La mecanografía fue uno de ellos.

En casa de mis padres había una máquina de escribir, una de esas mastodónticas de hierro fundido y esmaltadas en negro mate, una máquina de esas que sale en las redacciones de los periódicos o en las oficinas de los detectives privados de las pelis de blanco y negro de los años treinta. Era una Hispano Olivetti M-40, una preciosidad de máquina. Mi padre se la compró hacía lustros a un señor que tenía una academia de mecanografía. Mi padre cuando llegó de Francia a Mallorca con quince años tuvo que aprender el idioma y sacarse los estudios en horario nocturno, por el día ayudaba en los ultramarinos que tenían mis abuelos. Mi padre siempre fue de esos que creía que con estudios se podía llegar a algo y que mejor tenerlos y emplearlos cuando fuera tu momento que no quedarte sin momento porque no los tenías. Así que mi padre cuando hubo acabado el bachillerato se empezó a sacar cursos de contabilidad, taquigrafía, inglés y mecanografía entre otros. Años después ese esfuerzo se vería compensado, pero entonces aún no lo tenía claro y él mismo se pagaba esos estudios con el dinero que podía ahorrar, que no era mucho. Supongo que el comprarse esa máquina entonces le supuso un esfuerzo titánico. Aprovechó cuando el señor que le enseñó renovaba máquinas. Este señor le había cogido cariño y le seleccionó la mejor del lote y se la dejó, no recuerdo por que precio me dijo. Así que una de las aficiones de mi niñez fue aporrear esa máquina e ir jugando a que era una intrépida reportera, secretaria, novelista, aventurera, profesora o cualquier cosa en el que el uso de la máquina tuviera algo que ver. ¿Qué niño hubiera podido resistirse a ello?

Un día mi padre me sacó su antiguo manual de mecanografía. Debía pensar que aprovechando la fetichista atracción que la máquina ejercía sobre mis deditos era una buena forma de conseguir que aprendiera a manejarla. Pero aquí se equivocó. No se le puede dar a una niña de diez años un manual amarillento y polvoriento del año catapúm chimpúm diciéndole  “ahora léete esto y ponlo en práctica”. Porque sinceramente, la chispa que tenía el ser era una intrépida reportera, secretaria, novelista, aventurera, profesora o cualquier cosa en el que el uso de la máquina tuviera algo que ver, perdía de golpe todo su encanto. Así y todo, una era por esa época una niña buena que no quería defraudar a su papá, amén que en ocasiones se me sentaba al lado para ver los progresos que había hecho su niñita. Desde entonces mis visitas a la máquina tenían dos momentos, el coñazo del qwert poiuy y los divertidos de redacción y desenfreno sin límites. Con el tiempo,  fui desarrollando una cierta soltura que me permitió escribir con bastantes dedos, no todos, pero sí con más de dos dedos.

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Todo esto me fue de gran provecho cuando fui a la facultad, porque allí nos hicieron hacer diversos trabajos. En esa época, cuando yo era universitaria, los ordenadores personales no estaban al alcance de todos. Unos pocos/as privilegiados tuvieron alguno en los dos últimos años, pero en esa época los trabajos se hacían en máquina de escribir y luego si querías quedarte con una copia o bien ibas a la imprenta y lo fotocopiabas o bien hacías una copia en papel carbón cuando los tecleabas.

Cuando acabé la facultad estuve trabajando unas cuantas temporadas en archivos municipales, pero eso me cansaba. Era un trabajo poco estable que suponía un gran desplazamiento cada día y tampoco es que estuviera tan bien pagado. Cuando acabábamos las campañas de archivos teníamos que hacer un inventario y ese inventario, evidentemente, aunque la administración ya tuviera ordenadores, era hecho en máquina de escribir. Vamos, que me pegué unas palizas de máquina impresionantes, además de las palizas de coche. Por ese motivo, cuando ya llevaba hechas dos campañas de archivos y tres archivos ordenados a mis espaldas, decidí que quería buscar otro trabajo. Aprovechando un cursillo del INEM tuve que hacer unas prácticas, a mí me tocó en el departamento de personal del Ayuntamiento de Palma. Allí conocí a un señor que preparaba para los exámenes de auxiliar administrativo. Me pareció un cambio interesante. No es que de auxiliar se pudiera sacar mucho jugo a mis cinco años de carrera, pero como decía mi padre es una forma de tener algo fijo y luego ya te dedicarás a ir buscando algo mejor. De esta forma, sin comerlo ni beberlo, entré en el mundo del sistema funcionarial y de las oposiciones. Empecé como auxiliar administrativa chusquera interina y con el tiempo y tras siete oposiciones he acabado de técnico de biblioteca, así que también tengo un master en preparar oposiciones y espero no tener que hacer nunca un post-grado, para mí se han acabado a ser posible para siempre.

Las primeras oposiciones a las que me presenté y que al final me suspendieron en el último examen fueron las de auxiliar del Ayuntamiento de Palma. En ellas una de las pruebas más temidas era precisamente la primera de todas. Señoras y señores, el Ayuntamiento de Palma tenía (desconozco si aún la tiene) una prueba de mecanografía en la que te exigían un mínimo de 250 pulsaciones por minuto.  Esta era la primera prueba y eran excluyentes, así que uno ya podía ir bien preparado en derecho administrativo, informática, catalán o taquigrafía (esta última no era obligatoria pero daba puntos) que si no pasabas la máquina ya no te examinabas de las demás. Como os he dicho, yo no lo hacía del todo mal, empleaba ambas manos y bastantes dedos de cada mano, tenía mi velocidad y muchos años de experiencia, pero reconozcámoslo, no daba la talla para afrontar un examen de ese calibre. Así que mi padre me llevó a la academia donde él había estudiado de joven, que ya no regentaba ese señor sino su hija y su nieta.

La hija era una señora espigada con la espalda muy tiesa como si se hubiera tragado un palo, pelo blanco inmaculado de peluquería y laca, gafas de metal dorado y unos joyámenes de bisutería con collares, pulseras, pendientes y anillotes de cualquier forma y estilo menos discretos. La hija era más normalita, no tenía ni el glamour ni la vetustez de la madre, sinceramente, no la recuerdo, pero es que uno tenía que ser muy especial para destacar al lado de esa mater.

La academia bien podría haber sido la misma que en tiempos de mi padre, salvo porque las máquinas eran más modernitas y tenían una pantalla en cada cubículo. Estaba situada en pleno casco antiguo, en una bocacalle estrechita y sombría de una de las avenidas principales. Concretamente en un entresuelo poco señalado y con una escaleras también estrechas y oscuras. Los sábados por la mañana, madrugaba bien prontito porque a las ocho tenía mi clase. Daba dos seguidas porque el resto de días no podía ir. La academia era una gran sala que si no fuera por los fluorescentes del techo hubiera sido también lúgubre y oscura como el resto de decorado que la rodeaba. Había un montón de filas con unos cubículos numerados como si fuera para telefonistas de pelis de blanco y negro. El mueble era de madera maciza en color roble viejo oscurecido, pulido y brillante por el paso de los años, daba gusto acariciarlo, tenía ese tacto especial que sólo se consigue tras muchos años de roce. En un lateral, separando la zona de máquinas de la zona de” las señoras”, había una enorme estantería también vetusta y con solera, con columnas entorsilladas. En ella un modelo de cada una de las máquinas que habían pasado durante años por esa dependencia, junto con los antiguos manuales y otros objetos decorativos dignos del más preciado de los anticuarios. A mí esa estantería me tenía enamorada, era una auténtica pasada y me gustaba mirarla cuando pasaba a su lado. Luego nos sentamos y descubrí, pese a mi arrogancia inicial que creía que yo debía saber mucho, que no sabía tanto como creía. Más bien tenía que olvidar lo aprendido y volver a empezar desde un principio. Así que durante semanas los ejercicios de qwert poiuy volvieron a serme demasiado habituales. Estos ejercicios aparecían en la pantalla que teníamos delante, así evitábamos mirar el teclado y más tarde aprendí a transcribir directamente un texto mirando única y exclusivamente el texto. Cuando los ejercicios de qwert poiuy acabaron, empezamos con las frases con signos de interrogación, de exclamación, frases con cifras, con decimales, con tabulaciones… luego llegaron los textos. Soporíferos como ellos solos, aburridos para cualquier chica de veinticinco años un sábado por la mañana. Recuerdo especialmente uno que les encantaba ponerte, se trataba de “un tratado” sobre el coral. Empezaba describiendo al coral, dándonos un montón de datos sobre su crecimiento, su reproducción, la formación de las islas coralinas y las barreras de coral. ¡Cielos! Jamás creí que el coral pudiera llegar a ser tan tremendamente aburrido y que llegaría a traumatizarme de esa forma. Desde entonces no he visto de la misma forma al coral y cuando años más tarde pude ver un documental sobre él, los del National Geographic no dijeron nada nuevo que no supieran las dos dueñas estiradas de la academia de mecanografía. Eso sí, diremos a favor del National Geographic que su coral era más llamativo, más vistoso, con más colorines y menos estresante para mis neuronas y mis deditos.

De esta forma fue como esta que os escribe alcanzó la soltura de más de 250 pulsaciones por minuto. Me presenté al examen con mi Olivetti M-40 de dieciséis kilos y medio (la pesé en la báscula) había tenido que construirme un artilugio para transportarla y subir escaleras con ella, porque sinceramente, la máquina de mi padre era de todo menos liviana y portátil. Que decir que los examinadores fliparon en colorines cuando la vieron, aunque algo menos que el señor al que la había llevado antes para que le hiciera la puesta a punto y que me recomendó la hija de la señora estirada. El pobre hombre casi le da algo cuando me vio entrar con ella. Hacía años que no veía una de esas y se emocionó mucho. Es un honor volver a tener una, casi pagaría para ponértela a punto. Pero no fue así, y quien tuvo que pagar fui yo, pero tengo que decir que hizo un trabajo excelente, nunca había ido tan fina y tan rápida.

El examen de mecanografía del Ayuntamiento no es comparable a ningún examen de máquina de la academia. Allí nos pusieron en unas mesas larguísimas, no individuales. Era algo así como las mesas de los convites de boda cuando la sala se dispone en forma de “U”. Nos dieron un papel del revés y a la que te decían “un, dos, tres”, girabas la hoja y te ponías a teclear como alma que lleva el diablo. Antes del examen el silencio es atronador. Después del “tres” el ruido es atronador. Algo que te despista mucho y te deja desorientada. De golpe con el teclear de las nueve o diez máquinas que cabían en cada fila las mesas empezaron a temblar y las máquinas a moverse, con lo que había un momento en que tenías que pararte para volver a colocar la máquina y seguir porque había girado casi noventa grados. Mi Olivetti con sus dieciséis kilos y pico fue de las que menos se tuvieron que recolocar, pero las auténticas portátiles de maletín o las que habían sido alquiladas a propósito para la prueba fueron objeto de múltiples recolocaciones, con el problema que eso acarrea a las ya difíciles 250 pulsaciones. Un auténtico infierno. Al final no aprobé esas opciones. Aprobé otras en otro sitio, también de auxiliar, y el saber escribir a máquina me ha servido mucho en mi vida laboral, pero mucho, mucho, mucho.

Si hoy en día alguien me preguntara cual ha sido el curso que más te ha aburrido no tendría muy claro si se lleva el primer premio los de latín o la mecanografía. Si alguien me pregunta cual ha sido el que más provecho he sacado, sin duda y sin pensarlo diría que de largo el de mecanografía.

Hace unos días una de las clientas de la biblioteca me confesó que cuando oye que me pongo a teclear a toda le doy una envidia enorme. Ella está haciendo la tesis y es de esas personas (como muchas, no nos engañemos), que tan sólo teclea con dos dedos y claro, se da algo de prisa, pero comparándose conmigo, pues como que es frustrante. Me hizo gracia porque nunca nadie me lo había comentado, pero unos días después otra clienta me hizo exactamente el mismo comentario. Entonces pensé (porque como para mí lo de escribir con cinco dedos, sin mirar la pantalla y a toda ostia es lo más normal del mundo) que era curioso que precisamente en la era de la informática que estamos viviendo, en la que se usa más el teclado que el bolígrafo y en el que uno se pasa gran parte de su vida aporreando el ordenador (además del móvil que para eso sí que se hacen servir dos dedos, aunque no los mismos que con el teclado) Pues eso, que resultaba curioso que la gente no aprendiera algo de mecanografía para poder sacar más provecho y tener que dedicar mucho menos tiempo para escribir una simple hoja o como en este caso tres hojas y un cuarto. Está visto que con eso de ir lanzada cuando una escribe me salen unas entradas larguísimas… será cuestión de volver a teclear con dos dedos para ver si algún día consigo que me salga una entrada más modosita, que está visto que no hay forma.

blank sheet in a typewriter

Los amigos de verdad

10 Mar

Cuando era pequeña me costó muchísimo hacer amigas. Era una niña tímida y realmente mi primera amiga la tuve cuando yo tenía ocho años. Al principio empezó como una especie de competición. Recuerdo que en esa época se hacía por la tele un programa de preguntas y pruebas llamado Un, dos, tres, responda otra vez. La casa Bimbo en sus pastelitos ponía unas tarjetas de preguntas. Una de las chicas de clase tenía muchas, su padre trabajaba en el polígono junto a la fábrica de Bimbo y le había llevado un buen montón. En el recreo se juntaban por parejas y jugaban al Un, dos, tres. Como os he dicho yo era una chica muy tímida y para mí uno de los peores momentos del cole era precisamente el recreo, porque me lo pasaba sentada en algún rincón viendo como jugaban las demás. Un día vino esa chica y me dijo “te he estado observando en clase y creo que con mi inteligencia y la tuya seguro que nadie nos gana, ¿quieres ser mi pareja?”  Recuerdo que le respondí algo así como “bueno, realmente se dice con tú inteligencia y la mía, pero acepto jugar”… (y luego me preguntaba porque no tenía amigas…) La cuestión es que ese día hicimos pareja juntas y realmente arrasamos. Al día siguiente volvimos a hacer pareja, y al siguiente, y al siguiente. Así de esa forma tan tonta fue como conocí a mi mejor amiga, la que fue testigo en mi boda y la que es la madrina de Terremoto. Esta chica vive desde hace años en Barcelona, pero ello no deja que sigamos siendo muy especiales una para la otra.

Hace unos días mi pareja y yo estábamos hablando. Comentábamos que hay personas que aparentemente tienen mucha facilidad para hacer amigos y a otros les cuesta más. Él me decía que por ejemplo sus padres siempre habían tenido un montón de amigos, que llegaban a un sitio que no conocían de nada y enseguida conocían a todo el mundo y tenían un montón de amigos, pero que no obstante él creía que no tenían realmente unos amigos de verdad. En cambio mi pareja y yo somos lo contrario. Nos cuesta más hacernos con la gente y conocerla. Tenemos pocos amigos, pero dentro de esos pocos hay unos cuantos que realmente son amigos de verdad. Eso hizo que me pusiera a pensar en lo que realmente son los amigos de verdad.

Un amigo de verdad no es ese que está con nosotros sólo para las juergas.  Evidentemente es muy posible que cuando os conocierais abundaran sobre todo los momentos de ocio, diversión y desinterés. Pero los amigos de verdad van más allá de sólo las juergas. Es muy fácil estar siempre dispuesto a estar al lado de alguien cuando todo es pasarlo bien, jajaja y jejeje. Pero si sólo nos quedamos con eso tenemos muy poco en común. Resulta curioso que diga lo de tener cosas en común, porque mis mejores amigas de verdad y los mejores amigos de verdad de mi pareja son personas muy distintas entre nosotros.

Un amigo de verdad no es tu clon y tampoco pretende que tú seas su clon. Un amigo de verdad puede ser muy distinto de ti, pero aportarte algo especial con lo que os sentís identificados. Un amigo de verdad puede tener otros círculos de amigos con los que forzosamente no tienes porqué sentirte identificado, al fin y al cabo son sus otros amigos y ello no es excluyente.

Los amigos de verdad son los que perduran a lo largo del tiempo y del espacio. Hacer amigos lleva su tiempo. Son como el buen vino que necesita su evolución. Evidentemente no todos los amigos que aparecen en tu vida acaban siendo amigos de verdad, ese privilegio lo tienen sólo algunos. Las demás personas serán conocidos, vecinos, compañeros, camaradas, ayudantes, colaboradores o amigos sin más. De los amigos de verdad sabes que aunque pasen años sin veros los tienes siempre allí si los necesitas. Sabes que con sólo llamarlos o encontraros estaréis hablando como si sólo hiciera unas cuantas horas que no os veíais. Los amigos de verdad no te dicen las cosas que tú quiere oír, para eso están los aduladores o los pelotas. Las amigos de verdad te dirán las cosas tal y como son, aunque no te guste. Si estás equivocado te intentarán explicar el error que cometes y si pese a todo sigues con tus ideas y luego te equivocas, no vendrán diciéndote y recordándote que ya te lo advirtieron. Estarán allí para apoyarte, animarte, darte un cable y ofrecerte un hombro sobre el que apoyarte o llorar, aunque sepan que ellos ya te lo advirtieron.

Cuando uno tiene amigos de verdad sabe que siempre podrá disponer de un sofá en su casa y de una taza de café con leche. Sabe que cuando los llames estarán contigo y si en ese momento no pueden y te dicen que te llamarán luego es que realmente lo harán.

Los amigos de verdad son aquellos que aunque se hayan ido a vivir lejos o tú te hayas ido a vivir lejos, cuando os encontráis todo vuelve a ser como el último día. Son esos con los que eres capaz de recordar las cosas más bochornosas que han pasado en tu vida y reír  de ello.

Evidentemente, pese a que siempre estén dispuestos a ayudarte en los malos momentos, los amigos de verdad también sirven para los buenos. Faltaría más. Precisamente con ellos es con quien te lo has pasado mejor en tu vida y sigues pasándotelo, tanto si reventáis el planeta como si tomáis un té con pastas.

Los amigos de verdad son muy especiales y vosotros lo sabéis, aunque sólo tengáis unos pocos y no un montón.

Estos días he podido observar un fenómeno en la blogoesfera. Nuestra compañera Netzi pasó por unos muy malos momentos. Hoy me he enterado que la pequeña ha llegado ya a casa, ha sido una de las mejores noticias que he oído en los últimos meses. He visto como todas estas semanas de incertidumbre la blogoesfera se ha volcado con ella y se ha movilizado. Es curioso pensar que cuando entramos en los blogs en cierta forma es como cuando conocimos por primera vez a nuestros amigos de verdad. Es muy posible que a través de internet haya personas que lleguen a crear un vínculo de este tipo aunque nunca en su vida lleguen a verse en directo.

La amistad es algo muy curioso. Realmente tendríamos que dedicarle más tiempo porque vale la pena explorarla y disfrutarla.

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“Visita a un Spa: La Película” (Las zonas de relax)

26 Feb

Pues sí señores, en un spa te pueden comprimir contra las paredes del túnel, ahogarte y perforarte con los chorros, embutir el hígado en la columna y finalmente coger complejo de hortaliza en plano proceso de ebullición sin ebullición.

Quien nos hubiera dicho que toda la zona de activación sirviera para solidarizarse con la emigración del salmón y con las zanahorias cocidas. Pero no creáis que me desilusionó, no. La tranquilidad de ese día y el agua calentita ayudan mucho a ver con buenos ojos todos esos martirios y a desear estar unas cuantas horas más por allí torturándose en remojo. También es cierto que los chorritos encargados de relajar las piernas y los tobillos me encantaron, casi todos, que aún no los había catados en su total extensión.

Pero hay un momento en toda visita en que uno tiene que empezar a plantearse pasar a los suplicios del relax. Porque después de todos esos meneos, prospecciones petrolíferas en tus carnes y más meneos, una ya va mentalizada con que en la zona de relax también debe haber algún suplicio. Os adelantaré que por suerte, esta zona no es tan nociva para la salud como la anterior.

En mi caso, el detonante para cambiar de zona lo provocó la entrada en las instalaciones de una chica delgadita, rubia, en bata negra y zapatos tipo crocs como las enfermeras y las peluqueras y que empezó a buscar entre los clientes a alguien. Ese alguien era yo. Acababan de marcar las cinco en el reloj y era la hora en la que me tocaba el masaje que tan buenamente mi churri había incluido en el lote. El vale ponía “un masaje corporal de una hora”. Yo suspiraba por eso desde el primer segundo en que mis ojos se posaron en esas palabras. Luego resulta que a la hora de la verdad no es de una hora, porque entre que te tienes que quitar el bañador y ponerte una especie de tanga desechable mono talla (dicho sea de paso para nada era mi talla y aún no entiendo como es que no lo reventé o no se me incrustó en mis múltiples michelines caderiles) y luego quitarte la susodicha mini braguita desechable y volver a enfundarte un bañador mojado (en mi caso bikini), pues siempre se te va tranquilamente unos veinte o treinta minutos. No es que una no sepa vestirse y desvestirse en poco tiempo, que de eso tengo licenciatura con prácticas incluidas desde que soy madre trabajadora que pa que. En este caso fue porqué la chica hará que las licenciaturas no importen, porque te explicará cositas, saldrá fuera y se hará un rato la despistada, luego volverá a prepararte y ponerte tres veces bien puesta la toalla sobre tus glúteos máximus y esos ansiados minutos por los que uno suspira pues… siempre es menos. Vamos, que según mi entender, si uno paga por sesenta minutos de amasado en los que te presentas voluntario para que te pasen el rodillo y te trabajen como una pasta de pizza, pues una quiere esos sesenta minutos se inviertan en trabajar mi masa muscular, que para fermentarla tengo mucho tiempo suelto al día. En este caso y hablando ahora en serio, este masaje me desilusionó un poco. Alguna vez por motivos médicos he recibido algunos masajes y aunque sólo fueran localizados, fueron más agradables y relajantes. También ahora estoy haciendo unas clases de gimnasia, danza y relajamiento y solemos acabar la clase dándonos unos sencillos masajes entre nosotras. Tengo que decir muy a mi pesar que el que me dieron ese día ha sido de los menos placenteros que me han dado nunca. No estuvo mal, pero me decepcionó muchísimo. Eso sí, la habitación y el ambientito de velitas que tenía la chica montado allí en plan estética zen lo sitúan en el estéticamente más chulo de todos. En fin, una auténtica decepción, pero al menos lo probamos.

Pese a que no había cumplido mis expectativas, es cierto que salí de allí algo más relajadita que cuando entre. Aún no tenía muy claro como seguir, así que me metí un ratito en la piscina en los chorritos tobilleros que tanto me entusiasmaron mientras decidía como montarme la siguiente fase.  Esta tenía menos áreas, la sauna, las tres duchas, los chorritos de las pantorrillas, el cubo de hielo y la sauna turca. Decidí empezar por la sauna normal, ya que cuando una era veinteañera fui unas cuantas veces a tomar una y me gustó mucho. No sé si será el tiempo pasado o qué, pero esta vez no disfruté tanto. Recuerdo que en esos entonces cuando salía de una me sentía como si flotara, era como si de golpe a base de sudar me hubiera convertido en una Ícaro pero con mejores resultados. Esta vez casi me asfixio y me maree un poco. También es cierto que las pocas saunas que había tomado podías echar algo de agua sobre las brasas y como el agua estaba aromatizada te despejaban mucho los pulmones. Esta vez estuve buscando por todo donde estaba esta escobilla y este cuenco y no lo localicé por ningún sitio, así que antes de que me diera un jamacuco allí dentro hasta que alguien me encontrara medio inconsciente decidí que esa área era mejor auto restringirla. Así que poco puedo comentar de la sauna normal, sólo que había gente que parecía que no le afectaba tanto y se estaban un buen rato. A mí personalmente me achicharró como si fuera un pollo al ast pero sin voltear y  no me dio ni tiempo de empezar a sudar, pero mejor cuidarse la salud que lamentarlo luego. Resulta curioso que al final acabara relacionando todas las zonas con diferentes circunstancias culinarias… me sentí rematadamente muy maruja, que triste.

La otra área es la que yo llamo las tres duchas. No se si alguien se acuerda de la peli de Demolition Man en la que un desubicado Sylvester Stallone le pide a la futurista policía Sandra Bullock donde está el papel higiénico en el baño y para qué sirven las tres conchas que hay allí. Pues a mí me pasó algo parecido con las tres duchas empotradas allí en medio, sólo que en la mampara de cada una de ellas había una pequeña pista. La primera de ellas tenía dibujado algo así parecido a unas hojas de eucaliptos y un símbolo que recordaba más a algo calentito. Entré en ella y evidentemente es de ese tipo de duchas en los que te salen chorros por todas partes y depende del momento van variando, de hecho las tres eran de este tipo. En ocasiones te salen por los laterales, luego por arriba, luego por abajo luego combinando… La primera la del eucalipto en la mampara me encantó. Era un agua de temperatura calentita a templada que variaba sutilmente, salía por todos los sitios y el agua estaba aromatizada con plantas, una gozada vamos. La segunda me habían dicho que era una ducha escocesa y tenía el símbolo de calor y frío en la mampara. Entré en ella y descubrí que cuando yo vivía en mi antiguo piso y tenía el termo del agua algo jodido y me pasaba de agua fría a agua que quema y de esta a fría era que yo sin saberlo tenía una ducha escocesa en casa y gratis. Quien me lo iba a decir. Pues no estaba mal, pero es que a mí lo frío no me relaja precisamente y me recordaba demasiado a la cutre ducha del termo escacharrado. Es cierto que la repetí algunas veces, imagino que por eso de la nostalgia y tal, pero me quedo indiscutiblemente con la aromática. La siguiente como que pasé bastante de ella. En la mampara tenía única y exclusivamente dibujado un esquema básico de un copo de nieve. Eso no me animó precisamente a entrar, así que me la perdí.

Sé que ahora me tratareis de turulata, pero lo cierto es que decliné entrar en la ducha fría pero luego me fui derechita al cuenco de hielo. Que queréis que os diga. Mi menda no aguanta las duchas frías pero me encanta frotarme con hielo. Soy un caso aparte. Lo sé. Ya lo decía mi madre que conmigo se rompió el molde.  El cuenco de hielo es eso, un cuenco en el que van cayendo trocitos de hielo. Coger trocitos y pasarlos por las pantorrillas y la cara es algo que me chifla, sobre todo en invierno. En verano no lo aguanto, pero en invierno es una gozada.

Al lado del cubo de hielo, había un rinconcito con un paseo en forma de U sobre unas piedras redondeadas blancas con unos chorritos de agua que te apuntaban a las pantorrillas y los tobillos. Teniendo en cuenta que una de las atracciones más placenteras habían sido los chorros de agua en esa zona entré toda decidida dentro sin pensármelo dos veces. La “atracción” te indicaba claramente en la entrada que debía hacerse descalzo, pero eso de andar sobre guijarros gordos, por muy redondeados que sean ya no va mucho conmigo. Quien me lo hubiera dicho yo que de pequeña andaba sobre la gravilla del jardín como quien anda sobre una mullida alfombra de césped. Además de la dificultad de avanzar, porque salvo que te rajes al primer paso tienes que seguir o retroceder, que viene a ser lo mismo, tienes el inconveniente de los chorritos. En este caso no eran agresivos ni nada de ello, pero pasaban rápidamente de tibios a helado y a mí esos cambios me dejan muy mal cuerpo. Ya sé que eso es muy sano y activa la circulación sanguínea y muchas cosas, pero señores, a mí eso no me relaja para nada. Comprobado el suplicio tipo penitencia de Semana Santa del camino de guijarros, opté por excluirlo y volver a mi duchita aromática.

Lo último que me quedaba era la sauna turca. Había visto varias personas que entraban en ella y cuando alguien abría la puerta una columna de humo que bien seguro se hubiera podido cortar con cuchillo y tenedor salía de su interior manteniendo la misma forma rectangular que el marco de la puerta. Abrí. Aquello estaba muy denso. Entré. Seguía muy denso. No se veía muy bien el fondo y no era demasiado fondo. En ese momento no pensé en comida. En ese momento pensé en el Londres del XIX y un tal Jack el destripador. Por suerte no había nadie más allí dentro.  Me paseé un poco y lo inspeccioné un poco. El ambiente era más llevadero que la sauna anterior. Es cierto que había mucho vapor pero estaba aromatizado y está visto que a mí los aromatizados me atraen. Elegí un banco y puse la toalla, porque aquello estaba muy caliente y me quedé un ratito. La sauna turca tiene dos defectos. Uno: cuando entras sola es muy aburrido, es uno de esos sitios en los que debe ser más chulo entrar acompañado o en grupo. Dos: el vapor condensa en el techo, que tenía forma abovedada, y claro, de tanto en tanto hay goteras. Gotitas que caen en plan plof, plof, plof y cuyas gotitas que plofotean están calentísimas. Así que cuando de tanto en tanto te pillaba una de ellas te dabas una socarrada como la tortura malaya recalentada.

Me pasé luego bastante tiempo yendo a los sitios que me habían gustado más y de tanto en tanto volvía a la sauna turca. Fue todo un descubrimiento y acabé dejándolo porque se acercaba las ocho de la noche y quería ir a casa para la cena de Tsunami. Cuando salí de la sauna turca la última vez dejé dentro a dos señoras mayores francesas que estaban charlando dicharacheramente y aproveché para desoxidar mi franchute un poco escuchándolas. Cuando fui hacia la entrada del vestuario descubrí una cosita que no me había percatado cuando entre, jeje. Una duchita al lado de la puerta con un letrero que ponía que había de ducharse antes de entrar en los spa. Pues lo siento señores del spa, pero mi menda no cumplió con el requisito de entrada, aunque no fue adrede, fue mi tercera novatada y yo sin saber que había hecho una tercera novatada.

Me orienté bien en la zona de vestuarios y pude localizar mi taquilla. Recuperé mis cosas. Me duché y vestí. Luego fui a secarme el pelo porque en pleno diciembre a las ocho de la noche hace un frío que pela en la calle. Supongo que cuando uno se porta mal recibe su castigo, y mi castigo fue el secador de pelo. Evidentemente en ese sitio había uno, pero estaba escacharrado. Así que como una es maruja y tiene recursos para todo, me las apañé como bien pude para secarme el pelo con el secador de manos, al menos no salir como un caniche en remojo. Y así fue como esta que os escribe salió del edificio. La cámara dejó de filmar, las luces se apagaron en un fundido en negro…

… Como en una película de blanco y negro, una figura se aleja despacio por la calle. Porta dos mochilas, la que suele llevar cada día y otra roja. Al final de la calle hay un bar del que puede oírse  un piano que interpreta “As time goes by”. La mujer de las dos mochilas tiene el pelo algo mojado y una sonrisa en los labios. Se siente feliz y muy limpia. Algo arrugada como las pasas, con la sensación de haber burlado a Jack el destripador, de haberse solidarizado con las verduras y los pollos, de haber descubierto el placer del agua y los aromas. Pero sobre todo, sobre todo, con muchas ganas de llevarse un día a su churri a uno de esos paraísos termales. Que ya se sabe, la tortura en compañía, siempre es menos tortura.

The End.

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“Visita a un Spa: La Película.” (Las zonas de activación)

24 Feb

Estas pasadas vacaciones de Navidad se rodó en Palma de Mallorca “Visita a un Spa: La Película” de momento no se tienen previstos nuevos capítulos ni posteriores secuelas, pero tenemos que admitir que tampoco no nos importaría que se dieran.

 

Título de la opera prima: “Visita a un Spa: La Película”

Dirección: El Spa que salía en el vale, tampoco íbamos a ponernos exigente, ¿no?

Productor: Mi churri

Tiempo de rodaje: Toooodaaaa unaaaa taaaarrrrdeeeeeee

Artista invitada: La masajista

Artistas secundarios: Los clientes

Localizaciones: Las diferentes piscinas, chorros, duchas, saunas y demás artilugios afines a estos lugares.

Casting: Ésta que os escribe y que se lo había currado y mucho para que se la tomaran en serio.

 

La gestación del proyecto:

Tenemos que confesar que no ha sido fácil. Como toda buena y exquisita obra del séptimo arte ha llevado mucho tiempo conseguir elaborar todo el entramado y sobre todo conseguir la financiación para dicha obra. Concretamente nueve años de convivencia, servicio de ama de casa, cocinera a la carta, compradora de ropa y víveres varios, madre, amiga,  amante y psicóloga a ratos sueltos, acompañante en los viajes y administradora del hogar, entre otras labores varias y rutinarias. Pero sobre todo, sobre todo, lanzadora de indirectas durante estos nueve años, en los cuales cada vez que alguien me preguntaba que es lo que quería para mi cumpleaños, santo, aniversario, Reyes, Papá Noel o cualquier celebración, charla o comentario en el que tuviera cabida dicha pregunta, nuestra protagonista (yo) decía que un talonario de vales para un spa. El Sr. Productor (el churri), muy agudo él y con una predisposición innata para pillar indirectas al vuelo,  se lo tomaba a cachondeo y me caía un libro de Terry Pratchett, de Paolini, de Laura Gallego, de las Crónicas de Narnia, o el último cómic de Astérix y esos me gustan, no diré que no, pero no es lo mismo (sobre todo ahora que sé de qué estoy hablando).

 

¿Cómo se rodó “Visita a un Spa: La Película”?

Todo empezó el día en que Mi pareja y yo cumplíamos nueve años viviendo juntos. Cuando nos despertamos él me felicitó, entonces nos pusimos a hablar y le pregunté si ese año me regalaría el talonario del spa. Mi pareja se levantó y se fue al ordenador. “hmmm… esto no tiene pinta de ser muy romántico” pensé. Sobre todo cuando resultó que el regalo de este año era un simple folio mondo y lirondo con unas cuantas letras impresas… “jo, que bajo que hemos caído este año, no damos ni para un libro de Terry Pratchett, ni para el último de Astérix” (Nota: Astérix vino para Reyes) Pero no dejemos engañarnos por las apariencias que incluso un simple y humilde folio montó y lirondo con unas cuantas líneas impresas, puede esconder una grata sorpresa. Este año no ha sido un talonario de spa, ni uno por cada petición hecha estos últimos nueve años, lo que hubiera equivalido al susodicho talonario. No, pero tampoco está mal para empezar, porque el regalo de estos nueve años, por fin, ha sido una entrada a uno de esos templos de placer y el relax por la que está que os escribe suspiraba.

Tenía un plazo concreto para disfrutarlo, los próximos quince días, así que entes de que cualquier conjunción planetaria y sobre todo, cualquier conjunción Terremoto-Tsunami se pusieran en mi contra y caducara, me pedí hora para un viernes tarde a la salida del trabajo. Era ese viernes en que los niños empiezan las vacaciones de Navidad. Día en que Terremoto estaba con su padre y mi pareja se encargaba del benjamín de la casa. Los días anteriores llevaron un cierto trabajo, más que nada porque tuve que ir a buscar el bikini, que una es de las de bikini de toda la vida, comprar unos zapatos de plástico, un gorro de piscina… vamos, la infraestructura. Aproveché para buscar unos zapatos y un gorro que pudieran usar luego Terremoto en la piscina del cole. Había adelantado unos minutitos los días antes, así pude salir lo antes posible del trabajo. Esa mañana había ido al trabajo con una mochila preparada, pillé el bus y fui rauda y veloz hacia allí. Bueno, lo raudo y veloz que fue el bus, que no era mucho porque hay varias paradas, pero si lo hubiera tenido que hacer a pie hubiera sido más lento, fijo.

 

Sinopsis: La peli empieza cuando una vulgar ama de casa muy cuarentona entra solitaria y desorientada un centro toda nerviosa y despistada y presenta un vale en recepción. La maruja sigue las instrucciones y llega a un vestuario bastante vacío. Aunque pese a lo vacío que estaba alguien debía ir algo despistada, porque me encontré que mi taquilla estaba ocupada, así que como allí dentro había trecientas mil taquillas, puse el candado en otra y ya está, una taquilla no iba a privarme del ansiado regalo. La segunda novatada fue tener que pedir a unas chicas que se estaban vistiendo, por donde se iba a la zona del spa, jeje, novata que es una y enorme que era el vestuario. Así que al final esta rechoncha protagonista consigue salir con su toalla, su gorra, su bikini y sus zapatillas a la zona tan ansiadamente suspirada durante años. Siguiendo las instrucciones de recepción, llamé a la socorrista. Bueno, no es que la socorrista estuviera allí, no, estaba en recepción, así que tuve que llamarla por un interfono para que acudiera a darme las explicaciones in situ… hmmm…eso de tener que llamar por el interfono a la socorrista no me parece muy seguro. Me da que mi churri debía de haber cogido una oferta, fijo.

La vigilante spa se presentó y me explicó cómo funcionaba todo eso, en que consistían las áreas,  me indicó como era la masajista que vendría a buscarme allí y me recomendó las áreas de activación para antes del masaje y las relajantes para después. Tenía buena pinta. Me dejó sola, aquello estaba completamente vacío a excepción de un grupo de cinco chicas que estaban al fondo del todo en una piscinita de hidromasaje en plan grupo de jóvenes reunidas despotricando contra todos los novios, pseudonovios, posibles novios y exnovios.  Dejé la toalla en una barra. Me quité los zapatos y, muy lentamente, puse el pie dentro del agua. Sólo fue necesario que el dedo gordo entrara en contacto con el agua para saber que yo debía ser una maruja muy buena, que me había portado esos nueve años como la mejor madre y la mejor esposa del mundo mundial, y que esa tarde iba a ser muy pero que muy agradable. Cerré los ojos y disfruté del momento mientras entraba. El agua estaba calentita, no como cuando vas a nadar a una piscina climatizada en invierno y te dicen que el agua está caliente, pero tú asegurarías que un oso polar se sentiría como en su casa. No, allí el padre de Nemo, la pececita de los olvidos y el propio Nemo se hubieran sentido como en casa pero con menos sal en el agua. ¡Qué gozada!

Así que fui entrando poco a poco como si mi menda fuera la reina de Saba o mejor, Cleopatra el día en que sus burras estaban de huelga general y sólo le quedaba H2O para bañarse. Que queréis que os diga, que es una experiencia que toda mujer tendría que tener una vez en su vida, o dos o tres… que estando un día así tranquilo sin nadie más es de película. Así que ya veo que el año que viene el día que los peques empiezan las vacaciones de Navidad todas las madres van a ir allí pensando que no habrá nadie (esto me pasa por bocazas).

Hasta aquí la parte idílica, ahora os contaré la parte real, la que no sale en las fotos de la propaganda. Ir solo no está nada mal, pero creo que ir en compañía estaría mejor. El grupo de jovencitas destroza novios se lo pasó muy bien, vaya cotilleos que se llevaban y vaya risas. Mientras yo iba probando todos los chorros, los que están dentro de la piscina, y los que te bombardean desde fuera. Porque señores, en las fotos te ponen unos chorros que son un primor, pero luego cuando los tienes en directo aplastando tus mollas y removiendo toda la grasa subcutánea de tu body, te sientes un poco diferente a lo que te habías imaginado. Las camas de hidromasaje están muy bien, pero o yo soy muy cortita o están pensadas para bellezas de 1’80 como mínimo, si me subía y respiraba no me llegaba bien, si me bajaba y me relajaba me ahogaba, por lo que tenía que estar más bien sentada que tumbada… si ya decía mi madre que estoy mal hecha, podría habérselo currado un poco más cuando me gestó.

El túnel contracorriente que se supone que te tensa los músculos, no es que te los tense, es que si te descuidas te los arranca. Nunca creí que tuviera que sujetarme tan fuerte a cualquier cosa con tal de no salir disparada. Estaba dispuesta a agarrarme con los dientes al bordillo si con ello conseguía salvar mi vida. Aquello era lo más parecido que podré experimentar nunca como entrar en una riada de la gota fría o en un monzón, pero en versión lujo y glamour a borbotones. Porque además de mucha corriente, borbotones había tantos que las burbujas se habían convertido en espuma blanca y no se veía nada. Entonces palpando al intentar agarrarme, fue cuando descubrí que esas barandas que había para asirse debajo de la línea de flotación del agua debían servir para que los clientes no se vieran aplastados por el agua al llegar expulsados al recodo de turno. Pese a todo una es masoca y eso de que te prometan que te dejará los músculos tersos hace que una se empecine en dar seis o siete vueltas al túnel de los rápidos desbocados.

Cuando una consigue salir ilesa de ese ecosistema espumil, decide que lo mejor es ir a una zona aparentemente más inofensiva. Os aviso que si se os ocurre eso mismo, no vayáis a los chorros o cataratas o como las llamen. Eso es cualquier cosa menos inofensivo. En las fotos parece como si uno se duchara bajo una cascada tropical, ya que no sé porque siempre les da por poner alguna plantita o cañas detrás de la zona de cascadas. Te venden eso como una experiencia algo así como el anuncio ese del gel de ducha Fa y los limones del caribe que hacían en la tele cuando yo era niña. Pues bueno, allí ni había limones ni era el caribe y el agua, pese a que tengo que reconocer que nunca me he puesto bajo una cascada porque en Mallorca no hay de eso y lo más cerca que he estado del Caribe fue el viaje a Galicia que me hice con mi ex hace muchos años, pero eso os aseguro que es algo más agresivo de lo que aparenta en las fotos, menuda presión llevan los chorritos.

Pero antes de llegar a los chorros, ocurrió algo inesperado. De golpe, el grupito de jovencitas, que habían cambiado a otra bañera de hidromasaje, callaron subitamente y el recinto permaneció en un profundo silencio tan sólo roto por el ruido del agua. Me giro hacia ellas y observo que absolutamente todas, las cinco, tenían sus ojos, su cuello y su cara mirando fijamente a un punto situado al principio de la piscina donde yo estaba. Recé para que aquello que les llamaba tan poderosamente la atención no fuera un tiburón de agua dulce. No sé exactamente si eso podía ser un tiburón o no en otro contexto con algo más de ropa, pero allí, como si fuera otro anuncio de la tele, estaba un buen mozo de rostro perfecto, en gallumbos de natación con un cuerpazo moldeado por el gimnasio y años y años de dieta con carbohidratos y proteínas, al cual se le hubiera podido hacer un exhaustivo estudio anatómico sin necesidad de despellejarlo. Si no fuera por el jodido gorrito que se empeñan en que tienes que ponerte y que es cualquier cosas menos favorecedor, aquello hubiera sido una visión digna del mismísimo Apolo o de cualquier dios cachas-macizote que se paseara por el mismísimo Olimpo. Así que allí me tenéis, a mi menda sola en una piscina con el más musculado hijo de Zeus que bajaba las escaleras para dar un par de brazadas. Vaya gozada para la vista. A punto estuvo el grupito de las cinco jovencitas de abandonar su bañerita de hidromasaje y venirse al recinto de los dioses si no fuera que en esos momentos llegó Afrodita. Al ver al grupo ávido de aventuras a punto de salir de su cubículo, comprendió que debía actuar rauda y veloz contoneando todas sus caderas y demás curvas contoneables que eran muchas. Se acercó a su Apolo marcando territorio por si alguien no tenía muy claro que esa visión divina y ese cuerpazo tenían dueña. Así que dejamos a Afrodita devorando a su yogurín; las cinco jóvenes algo desilusionadas volviéndose a sentar en su bañera mientras seguían despotricando contra todos los novios, pseudonovios, posibles novios y exnovios, además de ahora contra la Afrodita, mientras seguían en su hidromasaje. Finalmente, viendo que los anuncios, anuncios son, pase a las cascadas.

Todo volvió nuevamente a la normalidad y de nuevo un chorro reconcentrado se dirigió contra mis pobres cervicales herniadas y mis doloridos hombros con tendinitis incluida y yo me pregunté si eso era muy recomendable. Así que tras probarlos todos unas cuantas veces y descartar los que para mí fueron más ofensivos, me decanté por el menos agresivo, la cascada, que pese a todo te deja como un gato mojado sin poder respirar. Luego me fui fijando en como afrontaban ese obstáculo algunos clientes que llegaron más tarde, no muchos pero alguno más vino ese día pre-festivo. Definitivamente, ese sitio está pensado para clientes de como mínimo metro setenta y cinco, porque los más altos podían ponerse… como yo pero de otra forma sin que el chorro les ahogara. Tal vez no sea cuestión de altura sino cuestión de práctica y glamour, o eso o la próxima vez me llevo la careta y el tubo de buceo que emplea Terremoto cuando vamos a la playa.

La zona que le siguió, no recuerdo bien el nombre que le dieron, era esa en la que hay chorros de agua debajo del agua que salen de la pared de la piscina. Esa no estuvo tan mal, porque ya tenía experiencia en ello. Nunca os ha pasado que cuando estáis en una piscina os encontrar una tobera sumergida por donde entra el agua a la piscina cuando se está filtrando y que allí siempre hay alguna mamá o alguna abuela masajeando sus caderas o su barriga. Pues bien, resulta que ese recurso que todas llevamos usando desde hace tiempo inmemorial, es parte del circuito térmico este. Sólo que en este caso el chorrito de agua está a tres alturas, tobillos-pantorrilla, rodillas y finalmente lumbago-barriga. Nuevamente tuve el problema de que el chorro se me llevaba pero una vez observada “la posturita” que adoptaban los demás clientes y que la imitas con mayor o menor gracia, es una atracción que me gustó bastante. “La posturita” por si alguien se lo pregunta es de espaldas a la pared de la piscina mirando hacia el interior, con los brazos abiertos como si no ocurriera nada y con los dedicos bien agarrada al bordillo. La versión beta de “la posturita” es estar apoyada despreocupadamente con los brazos cruzados sobre el bordillo y la cabeza levemente inclinada sobre ellos, como las sirenas, sólo que sigues teniendo piernas y una barriga aplanada con el hígado pidiendo asilo político a la altura de tu primera vértebra lumbar y doceava torácica. Pese a lo que pueda parecer, estos chorros me encantaron, sobre todo los de los tobillos, que gozada señores y que alivio para una maruja que está todo el día de un lado para otro y se te ponen las piernas como patas de elefante cada noche.

Ahora tan sólo me queda por describiros la última área de activación, la mítica bañera de hidromasaje, también conocida por el vulgo como jacuzzi.  Para ello aproveché un momento en que el grupo de las cinco jóvenes entraron en tropel a darse una sauna. Entonces tuve a mi entera disposición las dos bañeras. Me decidí por la que estaba más lejos, al fondo del todo, ya que en esos momentos habían entrado unos jóvenes y estaban lidiando con el túnel contracorriente con algo más de estilo que yo. Una siempre ha suspirado por el susodicho hidromasaje y en las fotos eso parece realmente algo placentero, pero yo no sé si ese spa tenía los chorros muy a tope o es que nunca sueles ver en las fotos una persona sola dentro y tal vez en grupo deba ser otra cosa. Lo cierto es que me metí en los dos y en ambos me ocurrió lo mismo, quizás en el segundo, algo más pequeño, la experiencia fue más chula y agradable. Os comunico para los que no lo sepan, que las bañeritas circulares burbujean y salpican que da gusto. Tengo que decir que la única imagen que en ese momento y aún ahora me vienen a la mente para describir lo que sentí fue el de una olla de esas grandotas y fondas de la batería de cocina donde se cuecen las zanahorias, los trozos de puerro, las judías, las patatas y los muslos de pollo a la hora de hacer un buen caldo. Esa agua burbujeaba como el caldero de los caníbales de los dibujos animados y yo era un muslo de pollo que iba de un lado a otro sin control ni orden intentando equilibrarme y encontrarle la gracia a la fama que tiene el bañito. La única ventaja es que aunque el agua esté caliente y burbujee, al menos no me cocieron de verdad, aunque desde entonces me miro con otros ojos las verduritas cocidas.

(Para la próxima entrada os dejo el masaje y las áreas de relax)

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Un premio de Pluja de nous para celebrar este día de Reyes.

6 Ene

Bueno, el premio me lo concedió hace unos días… más bien semanas, pero hasta ahora no había podido recogerlo y hacer la penitencia en condiciones. Así que aprovechando que los Reyes Majos sólo me han traído un cómic de Asterix y un libro, voy a publicar hoy este premio para el blog, que el pobrecito también se merece alguna cosita.

Este premio me lo ha enviado Anna, una mami también de Mallorca, la cual no conozco… de momento. He visto su blog y es una mamá maja que le gustan sus peques y le encantan los trabajitos feber. Las manualidades y las labores con tela y aguja son una de sus debilidades. Os ánimo para que entréis y le deis un vistacito, publica poco pero tiene algunas manualidades muy majas. Prepararos, porque hay muchas preguntas y esto es muuuuuyyyyy largo. Allí va el pedazo penitencia que no es moco de pavo ni haba de roscón.

1.- ¿Por qué decidiste hacer un blog?

Bueno, eso es algo que realmente cuento en mis primeras entradas, pero os contaré la versión extendida del asunto. Llevaba ya unos cuantos años leyendo el mundo de la blogoesfera. Al principio me miraba más blogs de cocina, ya que Terremoto me lanzaba cada reto culinario que tenía que espabilarme como buenamente pude. Luego cuando compramos el piso donde ahora vivimos me metí en los blogs de decoración y me lo pasé muy bien viendo soluciones para la vida moderna y el espacio doméstico. Un día mirando un blog me encontré con otro referenciado en un lado y la foto que acompañaba esa entrada. Era el blog de “como no ser una drama mamá” y la ilustración era un bebé y su osito Tedy fijados en una pared con cinta de embalar. Me quedé alucinada con la imagen y pensé quien era la desalmada que ponía eso, así que entré para ver qué demonios era eso. Me sorprendió encontrándome un blog muy divertido de una chica que contaba las batallitas que había tenido con su madre cuando ella era niña. En su lateral tenía también referencias de otros blogs de maternidad, mira por donde, y así fue como entre en la blogoesfera materna. Dentro de estos blogs descubrí uno que me gustó muchísimo, nuestra querida Inma de “para mi peque con amor”, pronto tendrá que cambiar el título porque hace apenas unos días la familia ha aumentado con la llegada de una salerosa mocica y Acher se ha convertido en hermanito mayor. Pues bien, nuevamente me miré los blogs que referenciaba y me encontré con unos cuantos que me gustaron, el de Cintia de “tres trilli tigres”, el de Maribel de “B aprende en casa”, el de Mismellis de “Mis ovomellizos” y el de Raquel de “Una Terapeuta Temprana”  y lo cierto es que me engancharon muchísimo y les comentaba muchas cosas.

Un día uno de esos comentarios que le hice a Cintia me lo publicó como entrada, jajaja, así que mi “primera entrada” no ha sido en este blog. En respuesta a ese “comentario-entrada” que me publicó Cintia me respondieron algunas sugiriéndome que debería abrir mi propio blog. Estuve meditando sobre ello unas semanas y me apetecía bastante, así que le lancé la pregunta a mi pareja y el pobre dijo que sí. Desde entonces lo tengo como secretario particular publicándome las cosas y poniendo las fotos en las entradas, porque yo de disparar la cámara y escribir se lo suyo, pero de informática soy más bien una desgracia. Y así es más o menos como decidí hacer un blog.

La versión reducida sería que me montaron una encerrona y me lo pidieron con cara de personajillo bueno de peli de Disney y caidita de ojos incluida.

2.- ¿Costó encontrar el nombre?

Pues un poco, estuve barajando varias opciones. La primera que me vino a la mente fue “la cuarta vía” porque siempre digo que hay tres formas de hacer las cosas, la sencilla, la normal y  la complicada- Luego está la cuarta vía que es la que al final acabo haciendo.  Entré en internet para ver si ese nombre existía. Me encontré con que era una filosofía política económica O-O ¿Qué queréis que os diga? Me busqué otro nombre enseguida.

Luego se me ocurrió poner “entre la arena y el mar” y me encontré que eso era una canción de un cantante chileno, un tal Jorge Pedreros,  pero con pinta de germano… tampoco me sedujo la idea… si al menos hubiera sido fan… pero así de pronto, pues no.

Al final me decidí por “de azul a verde” después de haber comprobado que no era ninguna teoría político-económica ni la canción de nadie, ni la novela inconclusa, ni el título de la próxima fotonovela que pondrán por la tele. Así que a la tercera fue la vencida.

3.- ¿Lo actualizas a menudo, cuanto tiempo le dedicas?

Pues depende del tiempo que tenga y de la inspiración del momento, pero en general intento hacer si puedo una o dos entradas a la semana al menos. En algunas ocasiones he estado una semana a publicar, pero intento no pasar más allá de este límite.

Por lo que refiere al tiempo, pues depende. Hay posts más chungos de elaborar y que me han supuesto un gran esfuerzo y varios días de trabajo como los que hice cuando os conté todo lo de la Marea Verde en Mallorca. Otros me han costado ponerme con ello porque al contar algunas cosas de mi hijo mayor la que sufría era mi alma, son unos pots escritos desde lo más profundo del corazón. Aunque en general me pongo delante del ordenador y el post me sale solo, no suelo pararme mucho y luego una lectura para depurar sintaxis y fallos del corrector automático, que alguno te cuela.

4.- ¿Qué esperas del blog?

Pues no lo sé… no me había parado a pensarlo. Me gusta y ya está. Es cierto que también me gustaría que la gente entendiera el problema que tiene mi hijo y que en un futuro estos niños puedan tener un futuro mejor, pero tampoco es su objetivo. También lo escribo para que la abuela de Tsunami pueda ver cómo crece y evoluciona el pequeñajo, ya que se ha ido a vivir tan lejos y se está perdiendo tantas cosas que al menos esté enterada de ellas.

5.- ¿Te ha pasado alguna anécdota con el blog?

Hmmm… creo que no, pero si me escribes un email puede que la protagonicemos, porque cuando entré en tu blog me parece que debemos vivir relativamente cerca una de otra, jajaja.

6.- ¿A qué dedicas tu tiempo libre?

Básicamente a mi familia, limpiar la casa, comprar, cocinar, tareas varias del hogar. Los fines de semana pues a excursiones u otras cositas en familia. También tenemos nuestra facete frikie con nuestras reuniones con el grupo de la Sociedad Tolkien. El resto es personal, privado y muy placentero, así que no os lo cuento.

7.- ¿Si preguntas a alguien que te conoce, que virtud me diría que tengo?

Se lo acabo de preguntar a mi pareja y o bien se ha vuelto sordo o bien esto pinta mal, porque el silencio sepulcral de la sala sólo está roto por el teclado de estas líneas y el ruido del reloj de péndulo de la vecina de abajo que acaba de dar las nueve.

Le vuelvo a preguntar y él me dice que es lo que yo creo no lo que piensan los demás. Le insisto y me dice que sí que tengo muchas pero no sabe cuál decir porque eso es siempre comprometido.

Le digo que eso no es comprometido, lo comprometido será la siguiente que son los defectos.

Me comenta que el título del primer capítulo que acaba de empezar es curioso y seguidamente se ha metido (oh! Milagro!!!!) en la cocina ofreciéndose voluntario para hacerme esta noche  la cena.

…hmmmm…. Así que acabo de descubrir una virtud con superpoderes y es la de conseguir que el churri me haga una cena de gorra y encima me publicará esto, yujuuuuuu… estoy en racha.

8.- ¿Y qué defecto?

Tengo que reconocer que la vida no me lo ha puesto nada fácil. Consecuencia de ello es que mi sistema nervioso no es tan sosegado y tranquilo como antes. Así que en ocasiones me pongo nerviosa sin poder evitarlo y acabo contagiando esos nervios y os aseguro que eso no es chulo ni me gusta, pero no siempre puedo evitarlo. Lo reconozco, en ocasiones soy un poco nerviosa.

9.- ¿Qué te hace reír?

Lo cierto es que antes reía mucho más que ahora, debo estar volviéndome vieja. Normalmente me hacen reír cosas pequeñas. Me encanta la ironía, soy irónica y puedo serlo porque de la primera persona de la que me rio muchas veces es de mi misma.

10.- ¿Y llorar?

A veces soy de lágrima fácil, pero sinceramente, quien me ha hecho derramar más lágrimas ha sido Terremoto, sobre todo cuando tiene un cruce de cables o una crisis. Esas son las lágrimas que duelen pero que son necesarias para que las heridas cicatricen.

11.- ¿Un consejo para alguien que empiece?

Para hacer un blog te tiene que gustar, te lo tienes que pasar bien. Así que además de divertirte tienes que cuidarlo un poquito. No lo uses para hacer el gilipollas, esmérate en mimarlo un poco y poco a poco el blog te irá respondiendo con esas compensaciones que nunca creíste que encontrarías escribiendo esas cosas en público. Si no disfrutas con ello, mejor déjalo para otro momento.

Aunque no tengo muy claro si soy la mejor persona para dar consejos. Reconozco que cada día pasan entre cincuenta y cien personas a ver este blog, pero lo que les cuesta comentar, ufff…. Es deprimente. Así que aprovecho para animaros a que al menos digáis hola, sería divertido encontrarme un día con cincuenta holas, jajaja.

Ahora viene lo jodido, nominar a 11 blogs…. Pues como que no conozco a tantos, glups. Así que como he hecho en otras ocasiones, lo dejo en modo abierto y todos los que cumplan con los requisitos, que son tener menos de 100 seguidores, agradecer el premio y contestar a toda una interminable lista de preguntas, será nominado y concedido. Así que señoras y señores concursantes, por 25 ptas contesten a estas preguntas, Un, Dos, Tres, responda otra vez.

1.- ¿Por qué decidiste hacer un blog?

2.- ¿Costó encontrar el nombre?

3.- ¿Lo actualizar a menudo, cuanto tiempo le dedicas?

4.- ¿Qué esperas del blog?

5.- ¿Te ha pasado alguna anécdota con el blog?

6.- ¿A qué dedicas tu tiempo libre?

7.- ¿Si preguntas a alguien que te conoce, que virtud me diría que tengo?

8.- ¿Y qué defecto?

9.- ¿Qué te hace reír?

10.- ¿Y llorar?

11.- ¿Un consejo para alguien que empiece?

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Mi ausencia del blog, unas goteras en casa.

26 Nov

Pues sí, después de casi cuatro años peleándome con la comunidad, al final en mi casa han aparecido las goteras. Esa es la principal causa de mi ausencia estos días en el blog, porque señores, esta bloguera está estresadica del todo.

Realmente, la historia empezó hace unos años, cuando mi pareja y yo decidimos ampliar el núcleo familiar y buscar un nuevo miembro de la familia.

La casa donde vivíamos era muy bonita y confortable, pero muy pequeña. Tan sólo disponíamos de dos dormitorios y un pequeño baño y ante la venida de un bebé empezamos a buscar un nuevo nido que nos cobijara. Estuvimos mucho tiempo viendo pisos y puedo asegurar que vimos muchos. Prácticamente todos tenían muchos defectos y sólo tres superaron la prueba del algodón. Sin embargo, ninguno de los tres cuajaron: Uno por tener que reconocer que el espacio era un poco justo. El segundo porque las zonas comunes no eran tan justas pero los dormitorios eran muy pequeñitos y no cabían todos nuestros muebles dentro… como si una tuviera el dormitorio de la duquesa de Alba o de la Presley. El tercero se fue al garete porque la dueña era una rácana de narices y no quiso bajarme ni 6000 euros para gastos de papeleo… decir que a día de hoy aún no lo ha vendido y eso que ha bajado el precio muchísimo más que esos 6.000 euros que le solicité. Así que nos encontramos con que habíamos conseguido quedarnos embarazados, había pasado el embarazo y el pequeño Tsunami ya estaba con nosotros y mi pareja y yo seguíamos en busca del nido perfecto… o al menos casi perfecto que tampoco éramos unos exagerados del copón.

Buscando que te buscarás, dimos con un anuncio de un piso que pintaba bien. Era una zona que ni nos habíamos planteado buscar allí, porque sinceramente, es bastante cara. Pero allí estaba ese piso con los metros necesarios, las habitaciones necesarias y un precio que estaba rayando nuestro límite de presupuesto pero accesible. Fuimos a verlo y tenía un problema, era un cuarto sin ascensor. Pero aparte de ello el piso era perfecto. La distribución buena, habitaciones grandes, una sala-comedor impresionante, luz natural por todo. Todas las habitaciones (excepto un gran trastero-vestidor) eran exteriores. Aire acondicionado, varios baños, el principal con baño y ducha, unas vistas despejadas y chulas, suelo de parqué macizo, una cocina grande y con despensa. Un balcón algo más pequeño de lo que hubiera deseado pero muy cuco y para acabar de rematarlo todo en una zona tranquila, bonita con parques y muy cerca de varios colegios bastante buenos. Vamos, que habíamos encontrado un piso que después de todo lo mirado, era como el palacio del sultán de Brunei en versión casero-minimalista.

Lo de los cuatro pisos a mí me paraba un poco, sobre todo porque suelo ser yo la que hace la compra. Pero el estar allí en esa sala, con esa luz natural y ese sol y ver a Terremoto todo contento y cómodo y estar allí con el pequeño Tsunami en brazos, fue revelador. Fue como tener una visión y vi que ese era un lugar perfecto para criar a nuestros hijos. En ese momento distribuí en mi cabeza todos los muebles que teníamos en casa, había un sitio para cada uno y lo que imaginé me gustó.

A mi pareja le encantó el piso y sobre todo la zona. Tenemos que reconocer que cada día que pasa estamos más enamorados de lo bonito y tranquilo que es, sobre todo en comparación con el que teníamos antes y los problemas que teníamos con unos vecinos ruidosos y groseros. Así que nos lanzamos de cabeza y adquirimos el piso. Nuestras ilusiones se truncaron cuando tan sólo tres meses después de haber firmado escritura, vinieron las primeras lluvias fuertes. Una día que entramos allí para acabar de arreglar unas cuantas cosas, nos encontramos con que parte del techo de la sala estaba colgando. Sí señores, el piso tenía filtraciones que venían de la terraza del ático de arriba y lo que colgaba por suerte era una capa fina de yeso y de pintura. Lo puse en conocimiento del presidente de ese momento que era nuestro vecino de al lado y tengo que decir que el chico ha hecho todo lo posible para intentar solucionar el problema. La otra chica del mismo rellano por lo visto también tiene problemas con las susodichas terraza y en su casa el caso de las goteras era más bestia que en la mía. Así que desde enero del 2010 estamos intentando arreglar aquello y todo ha sido un cúmulo de coincidencias y desgracias que han hecho que nunca se pudiera hacer. Los principales obstáculos han sido dos vecinos, bueno, sobre todo uno. ¿Nunca os habéis encontrado con el individuo que cuando se jubiló no tenía nada que hacer y para pasar el rato se ha dedicado a jorobar a la comunidad? Pues bueno, yo lo he encontrado y vive en mi finca. Creo que si el esfuerzo y el tiempo que ha dedicado ese señor en poner problemas, impugnar reuniones, boicotearlas, montar escándalos, denunciar a vecinos y hacer la vida menos llevadera en general lo hubiera dedicado a intentar ayudar o al menos a callarse, el problema haría años que estaría solucionado. Hubo un momento en que pareció que la cosa iba por buen camino, se había aprobado un presupuesto y tenía que hacerlo el hijo de uno de los propietarios. Por desgracia el muchacho tuvo un accidente poco después y murió, fue un golpe muy duro para la familia y nos dejó desconcertados a todos. Después de eso la cosa quedó parada durante mucho tiempo. Vamos que no hemos tenido muy buena suerte con los problemas del gafe con el piso.

Muchos os preguntareis, y la abogada del seguro también, porque no he llevado a la comunidad a juicio. Pues bueno, porque debo ser tonta y buena niña. La vecina de al lado lo ha hecho este año y tenemos sentencia judicial que obliga al arreglo de las terrazas y también unas costas de juicio que pagar y una cuenta de comunidad muy menguada.

A principios de este año y tras tres intentos, conseguimos aún no se muy bien como, votar para poner un administrador y lo cierto es que al menos desde que está este administrador las reuniones se acaban con todos los vecinos con las que se empezaron y el “conflictivo” del barrio no acaba boicoteando las reuniones y consiguiendo que la gente volviera a su casa sin haber aprobado un punto de la orden del día, que era lo que hacía. Así que una que es buena niña y no desea provocar gastos inútiles a la comunidad y prefiere no entrar con mal pie y que el dinero que se dispone sea para el arreglo y no para costas judiciales, pues ha ido aguantando y aguantando.

Estuve dos años a mudarme esperando que arreglaran el asunto, pero hubo un momento en que no pude esperar más, así que arreglé los problemas de mi techo, a sabiendas de que si no arreglaban las terrazas saldría tarde o temprano. Hemos estado dos años más viviendo allí con filtraciones varias en algunas habitaciones, insistiendo en que se reparara y nada. Para acabar de arreglarse todo también apareció al poco de vivir allí un polvillo en varios puntos del salón y al final nos diagnosticaron este año un bichito llamado gusano blanco que es devastador. Así que este verano hemos tenido que quitar mi querido y adorado parquet natural de roble y sustituirlo por un sucedáneo sintético que no está mal y era lo único que mi presupuesto me permitía. No es feo pero no es tan cálido ni bonito como el otro. Había conseguido pasar el año afrontando este gasto y otros extras con los que no contaba y conseguir recuperarme un poquito. Para ello mi ex se ha quedado unos meses con Terremoto para aliviarme los gastos y no tener que llevarlo cada día en coche y tener que alquilar parking al lado del trabajo. Cuando creía que Terremoto podría volver con nosotros porque al fin podía llegar a finales de mes sin apuros, nos encontramos con el susto del día 18.

El lunes 18 a las cuatro de la madrugada estaba lloviendo y nos despertó un sospechoso ruido de clop, clop, clop. Abrimos la luz y mi pareja se levanto. Pisó algo húmedo y comprobamos como las filtraciones, finalmente, se habían convertido en goteras. Primero una, luego otra. Tuvimos que sacar los muebles del dormitorio a toda leche porque el agua goteaba sobre ellos y si no los sacamos se hubieran echado a perder todos. Los metimos como buenamente pudimos en la sala secándolos. Luego movimos la cama al único rincón de la habitación donde no había goteras. Con cinco cubos y ollas recogiendo agua y toallas por el suelo y unas cuantas toallas en el suelo para parar la filtración de una pared que llegaba a un suelo de parquet que apenas tiene mes y medio puesto nuevo, ya veremos. Nos metimos en la cama para intentar dormir. No había pasado ni un minuto dentro cuando mi pareja me dijo que algo caía sobre él. Dos goteras más caían sobre la cama. El resultado final fue trasladar en plan emergencia el colchón en medio de la sala, poner un trozo de porexpan que tenía por casa sobre el canapé de la cama y sobre éste dos ollas más.

Cuando acabamos de trasladar y mover todo esto eran las cinco y media de la mañana y media hora después sonaba mi despertador para ir a trabajar. Huelga decir que ese día llegué hecha polvo al trabajo, que ese cansancio lo he llevado desde entonces y que mi ánimo y mis fuerzas no están precisamente en sus mejores condiciones.

Hablé con el administrador, con el actual presidente, con mi abogada…imprimí unas hojas denunciando los hecho con dos fotos, una de mi cuarto y otra de la sala, donde dormimos desde entonces y las colgué en el panel de anuncios de la comunidad junto a la convocatoria de reunión urgente. Mañana tenemos la reunión de vecinos, veremos si se hace algo o nuestro querido vecino vuelve a decir que eso con una capa de pintura se arregla y no hay porque gastarse el dinero en cosas inútiles.

¿Qué tiene todo eso de positivo? Pues aparte de tener que limpiar más que nunca porque mi menda tiene alergia a los ácaros y a los hongos y en estos momentos mi dormitorio es el paraíso de los hongos y lo de dormir sobre el suelo no es lo más indicado para los ácaros. Pues al menos estoy compensando mi trauma infantil de no haber podido ir nunca de acampada ni haber podido dormir nunca en una tienda de campaña.

Cuando al día siguiente se lo explicamos a Tsunami, porque no es muy normal lo de levantarse y encontrarse todo eso en la entrada de la sala, el peque comentó que “menos mal que la sala es grande y cabe todo”. Nuestro pequeño siempre tan racional y sorprendiéndonos. El pobre de Terremoto, que se encontraba en casa de su padre cuando ocurrió, tendrá que quedarse allí unas semanitas más, con las ganas que tenía él de volver a casa.

Este fin de semana han aparecido de nuevo antiguas humedades en el salón, en la zona donde dormimos para ser más exacto y encima de uno de los muebles colgados en la pared más grandes y aparatosos que tenemos. Vamos, el sitio ideal para tener que desmontar cosas en plena madrugada… esperemos que la cosa no pase de filtraciones y humedades..

Confieso que de momento me lo he tomado mejor de lo que creía. La primera noche que dormimos en el suelo lo pasé fatal con la alergia y casi no podía respirar. Me he cargado mucho y he pasado malos momentos, pero  ahora casi me he acostumbrado un poco y consigo dormir bastante bien. Hemos tenido otra noche con goteras a lo bestia en nuestro cuarto y espero que un día de estos deje de llover de una vez y pueda empezar a secarse todo. No tengo muy claro cuanto tiempo estaremos así y si este año las Navidades serán con árbol y belén o vete tú a saber donde tendremos que poner el árbol, ¿quizás encima de una de las mesitas de noche? Quien sabe. Lo que tengo menos claro es si podremos hacer las comidas de fiestas, porque estamos ocupando el sitio donde colocamos la mesa. Tengo pensado hacer un picnic de Navidad en el suelo con manteles y cojines. Aunque ahora mismo esa es mi menor preocupación, me preocupa más arreglar esto y que no se nos caiga parte del techo encima, como les ocurrió a los albañiles que en su momento nos arreglaron las filtraciones cuando nos mudamos.

Ayer cuando nos metimos en la cama le pregunté a mi pareja si había ido alguna vez de acampada y dormido en tiendas. Me contestó que sí.

Luego le pregunté si se dormía igual de bien que nosotros. Y me contestó que pese a todo dormíamos mejor nosotros que en tienda.

Luego nos acurrucamos y me imaginé que eso era como estar de acampada pero en plan lujo bajo la luna y las estrellas, solamente que sin ver la luna y las estrellas…

…Salvo que el techo se desplome dentro de unos minutos y gocemos de una excelente vista de la bóveda celestial con la luna, las estrellas y allí, debajo del polvo de la escayola, nosotros dos agarraditos y acojonados de camping-sala.

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El Libro Rojo de la Mudanza. Historia de una mudanza y una no mudanza por Bilbo Mochila

23 Jul

En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.

Sí, sí, señor lector, usted, no se me haga el distraído. Ya se que estará pensando que para que se está quejando esta humilde familia de hobbits, pero verán vuestras mercedes, no todos los agujeros hobbits son tan bucólicos ni tan bonitos. Algunos llevan implícitos problemas y un agujero-hobbit con problemas implica quebraderos de cabeza, trabajo y caos a tutiplén, si ustedes me permiten el comentario.
El cuento de hoy empezó hace unos cuantos años, cuando la familia Mochila , unos primos míos lejanos por parte del suegro del yerno de mi abuelo, buscaba smial nuevo, o lo que ustedes entienden como una casa, ante la venida inminente de su segundo pequeño retoño, Tsunami.  Buscaron por las inmediaciones de la Comarca, pero no vieron nada que cumpliera las expectativas de lo que tendría que ser un confortable agujero hobbit. Buscaron en los extrarradios de la Comarca y encontraron un habitáculo chulo pero muy carote. Intentaron negociar tres veces con sus propietarios, unos hobbits que ahora vivían en Ciudad Capital y cuya hobbitona, la sra. Malas Hierbas Cornezuelo, resultó ser más rácana que la tía Lobelia Saco-Pilla Mochila, la famosa tía de las cucharillas de plata y el plagio del pudín de frambuesa. Pero no nos desviemos del tema, perdonen mis divagaciones. El marido de la sra. Malas Hierbas, el sr. Rododendro Silencioso,  sí que deseaba vender el agujerito para quitarse las hipotecas y los quebraderos de cabeza de encima, que para eso el sr. Rododendro era un hobbit de pro al que le gustaba la buena vida tranquila y las menguas preocupaciones. Así que el sr. Rododendro  estaba muy dispuesto a negociar un precio razonable para ambas familias. Pero la sra. Malas Hierbas era otra historia. Esta no pensaba perdonar ni un céntimo. Teniendo en cuenta que el haber comprado ese agujero y haber vivido allí un año les había permitido volver luego a Ciudad Capital con un trabajo consolidado y con beneficios era una cosa, pero otra muy distinta era que a la hora de venderlo la sra. Malas Hierbas se deshiciera de el sin poderle sacar un beneficio equivalente al 400% del que habían invertido inicialmente en su compra y equipamiento nórdico, que para algo era una Cornezuelo y a mucha honra. Así que la familia Mochila, ante la inminencia del nacimiento del pequeño hobbit se pusieron a mirar otras cositas. Valga el comentario de que a día de hoy se de buena tinta que aún no han vendido ese pequeño habitáculo y han tenido que bajar el precio muchísimo más de lo que la sra. Margarita Mochila pedía. También sabemos por muy buenas tintas, que la sra. Malas Hierbas está desesperada tirándose literalmente de los pelos por las astronómicas pérdidas económicas que implica seguir pagando al banco y los gastos de mantenimiento del pequeño smial, y castiga una y otra vez al sr. Rododendro culpándole de que no hubieran aceptado el favorable trato en su momento. Lo cierto es que sabemos por muy buenas tintas que se rumorea en la sección de chismorreos y cotorreos del colmado del barrio que en el fondo se lo tiene tan merecido como lo de la tía Lobelia, la de las cucharillas de plata, ustedes ya me entienden si me lo permiten.
Pasaron las semanas y unos cuantos fines de semana con comidas familiares y celebraciones y pastelitos incluidos y el pequeño Tsunami nació y se comieron más pastelitos y se hicieron más celebraciones. En eso que la familia Mochila encontró un agujerito en una zona bastante más alejada de su núcleo familiar de siempre. Como hemos dicho, el pequeño retoño había nacido y tenía apenas unas semanas, así que el tiempo apremiaba. Se realizaron las gestiones para su compra y se tomó posesión de lo que tenía que ser su reducto de paz y tranquilidad donde criar y ver crecer a sus hijitos.
Pero como en toda historia siempre ocurren algunas desgracias. Primero fueron unas goteras que venían de la terraza situada arriba las cuales motivaron un retraso de casi dos años en el traslado de vivienda. Dicho sea de paso aún no están arregladas a día de hoy. Posiblemente eso sea debido a que como en todo smial que se precie siempre tiene que haber un hobbit hostil y malhumorado que vive en el pasado y quiere hacer pasar a todos los demás hobbits por sus ideas. Así que se dedica a boicotear todas las reuniones de los cuatro años para que no se haga nada. Por si alguno no lo ha adivinado aún, nos referimos al sr. Guindilla Recalcitrante. Ya sabemos que en todas las familias siempre hay alguna manzana verde que no madura y no sirve para el primer desayuno, o bien alguna manzana madura que madura demasiado y que no sirven ni para las compotas del segundo desayuno. De igual forma algunos hobbits tienen en ocasiones alma de troll. Lo cual es  una lástima que sólo tenga el alma, porque al menos con los trolls se les expone al sol y se convierten en piedra como si fueran estatuas  que puedes aprovechar para ornamentar  el descansillo del rellano de la entrada. Pero esto cuando sólo es el alma, sólo sirven para entorpecer las cosas pero no para estatua decorativa. En este caso era una auténtica pena porque el sr. Guindilla vestido con una sabana a modo de toga y con su famosa cara agria de reunión de vecinos en pleno apogeo,  hubiera quedado muy resultón en un rinconcito del jardín. De las humedades eternas os hablaré otro día, ya que eso es otra historia y vuelvo a desviarme del tema principal, que hay que ver que despistado que estoy hoy si ustedes me entienden.
El problema de hoy nació el día en que la mamá de la familia Mochila, la sra. Margarita, hizo sus bolsos, saquitos, baúles y cajas y ella solita se chupó una mudanza que la dejó reventada y harta de empaquetar para toda la eternidad. Por la mañana dejaba a los pequeños hobbits en las escoletas. Luego iba a trabajar. Luego iba a la casa y se buscaba la vida consiguiendo cajas, embalando cosas. Ella personalmente, trasladaba las cajas más delicadas como la vajilla de la abuela Corneja, o la cajita de música de la tia Ciñatiesa o aquella estatuita tan chula que representaba una princesa elfa que le regaló su marido cuando aún eran novios. Pues bien, todas esas cajas eran subidas por ella solita los cuatro pisos de altura que tenía el smial recién adquirido (el agujero hobbit que habían comprado era un agujero hobbit de altos vuelos y sin tecnología punta) La pobre Margarita que había comido de algo frió sentada en los escalones que subían a su anterior casa, iba luego a buscar sus retoños y se marchaban de noche a una casita-smial de las afueras que tenía la familia paterna por parte de su padre y que los entroncaba con los Sotomonte de Abajo, muy cerca de Bree. Allí arreglaba la casita y hacia la cena, entretenía a los niños y esperaba a que su amado marido, el sr. Hojaescritahojaleida acabara con el duro trabajo de su dura jornada laboral y llegar a casa para la hora de la cena. La pobre hobbitona, madre amantísima de su familia subsistió así casi tres meses con el calor del verano y sin catar un sólo día de picnic playero para que su familia tuviera su propio smial coqueto y acogedor.
En ocasiones cuando rellenaba las casi treinta cajas de libros que embaló, es lo malo que tiene haberse casado con el posiblemente único hobbit erudito del barrio, pensaba en porqué su marido no había sucumbido antes o no se habían inventado hacia veinte años esos extraños libros que lees pasando las hojas con los dedos pero sin tocar hojas, llamados e-books. Con lo fácil que hubiera sido poner ese aparatito entre las colchas de ganchillo de mamá y los edredones de tía Pimpinela y los mantelitos de la otra tía Floriana y las recetas de cocina del su esposo el tío Floripondio Moldegalleta-Smith. Ese día cuando cerró la caja treinta mientras sostenía en alto un tallo de rábano que se había llevado para cortar el hambre a media tarde y con el que ahora se tapaba el sol de los ojos porque en el horizonte el sol empezaba a declinar. Entonces en ese preciso momento oyó como de la taberna de enfrente sonaba una melodía de gaitas y violines que la inspiraron a declarar solemnemente: “Por la hierba de pipa de la cuaderna del sur pongo por testigo que no podrán derribarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, nunca volveré a pasar por una mudanza, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, para que otro haga las cajas, ¡Por los pastelitos hobbits y el queso de reserva pongo por testigo que jamás volveré a pasar por una mudanza!”. Cuentan que ese momento fue tan emotivo que años después fue usado para un libro, como esos que la sra. Margarita acababa de meter en las cajas.
La sra. Margarita no sólo se encargó del embalaje, sino que también buscó un posterior transportista y tiene que reconocer que tras realizar varias entrevistas y unas cuantas horneadas de pastelitos después, se decidió por el sr. Portas, un hombre regordete y de poco pelo, con gafas, que era la tercera generación de transportistas y que para sorpresa y alegría de la sra. Margarita, consiguió que esa mudanza se convirtiera en algo dinámico, alegre y divertido, incluso tenemos que confesar que la sra. Margarita se lo pasó pipa y se rió mucho ese día. Los ayudantes del sr. Portas, una panda de fornidos y tatuados hobbits que abultaban más que los armarios del dormitorio que estaban desmontando y que también comían más que una panda de trece enanos venidos sin invitación, realizaron para deleite visual y organizativo de la sra. Margarita un excelente trabajo en menos de un día.
La vida de la familia Mochila fue los siguiente dos años más o menos tranquila, o al menos todo lo tranquila que se puede ser cuando tienes de vecino al sr. Guindilla Recalcitrante. Hasta que un día unos montoncitos de polvo empezaron a aparecer persistentemente en dos lugares concretos de la sala. Era quitar ese montoncito y al día siguiente, como si fuera un pastelito bien levado, el montoncito volvía a levantarse en el mismo lugar en su formato desafiante. Así que la sra. Margarita y el sr. Hojaescritahojaleida consultaron con un hábil montaraz que antaño fue artesano carpintero y actualmente es chapuzar para todo el sr. Pino. El sr. Pino levantó parte del suelo de madera maciza de su hermoso hogar hobbit y debajo del suelo aparecieron unos gusanitos blancos que si bien no habían ayudado a abonar el precio de la vivienda, estaban viviendo en ella y que si estaban antes, no habían sido incluidos en el contrato de compra venta, porque eso seguro que no se le hubiera pasado a la sra. Margarita. Así que ahora nuestra querida pareja de hobbits ha vuelto a pedir poder hacer de ocupas en las posesiones familiares de la casita-smial de las afueras que tenía la familia paterna por parte de su padre y que los entroncaba con los Sotomonte de Abajo, muy cerca de Bree. Mientras están acondicionándola, van desmontando y empaquetando todas sus pertenencias, distribuyendo como buenamente pueden las cajas por las pocas habitaciones que no se ven afectadas por la supresión del suelo de madera para volver a construir sobre él otro suelo de madera postiza, eso sí más barata, que pilla menos bichos y más dentro de las posibilidades económicas que una familia de decentes hobbits honrados puede permitirse hoy en día. La sra. Margarita, haciendo honor a su juramento, ha conseguido que esta vez las tropecientas cajas de libros sean empaquetadas por su amantísimo marido el sr. Hojaescritahojaleida, quien después de la experiencia está empezando a valorar lo cómodo, fácil y práctico que hubiera sido colar un solo e-book entre los edredones de la tía Pimpinela y las recetas de cocina del tío Floripondio.

Nota del narrador: Supongo que este fin de semana todas las cajas tendrás que estar preparadas, la casa de Bree preparada para habitarla y espero que antes de que Tsunami y Terremoto empiecen el curso escolar esta aventura de mudanza sin mudanza haya acabado, todos hayamos sobrevivido (menos los gusanos blancos) y estemos aún mentalmente cuerdos. Supongo que habréis observado que llevamos unos días algo flojos en el blog, como veis el motivo no es el periodo vacacional, ni el sol, ni la montaña, ni el picnic playero, ya quisiéramos ya. De hecho ni tan siquiera estamos de vacaciones. Así que si estas semanas publicamos poco aquí, no es que no os queramos, ni que se nos hayan agotado los temas, que escritos tengo alguno pero lo que nos falta es tiempo y fuerzas para ponerlo. También pido disculpas a los blogs que suelo seguir, tengo el tiempo justo de poder leer y estar más o menos al día pero casi no puedo publicar comentarios. Espero que para dentro de relativamente poco nuestra situación familiar sea menos caótica y volvamos a disponer de nuestro humilde smial o agujero hobbit  de altos vuelos y sin tecnología punta, eso sí, esta vez sin parquet macizo, aunque supongo que el flotante también será calentito y lo queremos igual. Nos iremos escribiendo y feliz verano a todos los que lo podáis disfrutar sin tener que embalar y desembalar cajas.

Nota de la sr. Margarita: Todos los nombres que aparecen en este relato son ficticios. Para los legos en la materia, las mujeres hobbit suelen llevar siempre nombres de flores. Confieso que el resto de nombres es más clásico de una novela de Terry Prattchet que no de Tolkien. El único nombre no ficticio es el de la empresa de mudanzas, hago este comentario porque encontrar una buena empresa de mudanzas en Mallorca y bien referenciada puede ser de agradecer por algún lector, así que por una vez hago publicidad de alguien que nos sirvió bien, nos hizo reír y se portaron como unos auténticos caballeros.

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Esta semana hemos pasado todos por la pelu. Sus primeros cortes de pelo

8 Jul

Este pasado jueves hemos tomado por banda la peluquería donde voy siempre desde que cumplí cuatro años.  Llamé a la peluquera el lunes y le comenté el posible plan de ataque. Mi menda necesitaba urgentemente tinte, después de dos meses sin haberme podido acercar ya era algo urgente. Mis cachorritos necesitaban un corte radical, el mayor para no parecer una mezcla de niño-lobo/perro ovejero/niña-pop y el pequeño para sanear unos ricitos que cuando se los estirabas hacían más de cinco dedos generosos de largo. Alguien más de la familia también necesitaba una buena saneada de pelo, mi pareja, que también empezaba a tener una melenita tipo Búfalo Bill, así que lo apuntamos al lote y que nos cortara a toda la familia, cual yincana peluqueril.

Cuando yo nací fui un bebé peloncete, y hasta los dos años no me cortaron el pelo e incluso entonces lo tenía cortito como si fuera un niño. De hecho muchas veces cuando encontraban mis padres a alguien por la calle decían “¡Oh! Que nene tan mono” y yo toda mosqueada contestaba “No soy un nene, llevo pendientes” Hoy en día esta respuesta no sería muy válida, ya que tanto llevan pendientes chicos como chicas, pero hace cuarenta y pico de años aún tenía toda su vigencia intacta e impoluta. Yo era una niña muy movidita y la peluquera aún recuerda como tenía que ir detrás de mí mientras yo iba de un sitio a otro mirando cosas y cortando porque no había forma humana de pegar mi culo a una silla, ni con amenazas ni con chantajes ni que el resto de las clientas bailara una tarantela delante de mí.

Mis nenes han salido en cuestión de pelo a la madre, los dos fueron bastante peloncetes cuando nacieron. Así que no fue muy necesario cortar pronto el pelo a ambos.

Terremoto tiene el pelo muy abundante, pero muchísimo, como su padre,  y también muy fino, como yo. Por lo que respecta a la forma, lo tiene más bien liso como papá. A Terremoto le cortamos por primera vez el pelo allá por los dos añitos, como a mí, y fue toda una odisea.

Eso de que le quitaran una parte de su cuerpo, aunque no doliera y luego se encontrara mejor, es algo que nunca le ha gustado demasiado. Para cortarle las uñas lo tenía que hacer de dormido, cuando llevaba unas cuantas horas y con el sueño bien cogido. Ya me tenéis a mí con las tijeras en una mano y la linterna agarrada con la boca metiéndome “discretamente como un gato de caza” entre las sábanas para conseguir cortarle las uñas de los pies y luego ya de una forma menos claustrofóbica las de las manos. Estuve así durante bastantes años hasta que un día me pilló hurgando por dentro la cama. Me pidió que hacía y ante la evidencia me dijo que vale, que me dejaba cortárselas de despierto, pero cuando él dijera.

El primer corte de pelo de Terremoto fue apoteósico. Menos mal que la peluquera como os he dicho es casi de la familia. Intentamos mentalizarlo, le habíamos hablado de ello, había unos dibujos en los que cortaban el pelo a los niños y se los habíamos puesto, yo me lo corté antes y su padre luego… vamos, que intentamos unos preparativos para no pillarle por sorpresa y que nos montara el numerito. Al principio lo sentamos e íbamos entreteniendo como pudimos. Los primeros cortes no lo veía muy claro y estaba algo inseguro, pero cuando vio que parte de sus pelillos caían al suelo, la tuvimos montada. Claro está, no podíamos dejar el niño medio cortado y os aseguro que la pobre peluquera intentó irle detrás como hacía conmigo. Pero con un niño hiperactivo lo de irle detrás con las tijeras para cortar y hacerlo bien, no es que fuera un mérito muy meritorio, es que sería un milagro digno de la virgen de la tijera. Así que acabamos su corte inmovilizarlo sobre las rodillas de su padre, mientras el peque gritaba como un descosido como si alguien lo degollara. Yo intentaba que no se les escaparan las manos, ya que en unas cuantas ocasiones casi consigue huir y con los manotazos que dio no se hirió o hirió a nadie de puro milagro. Al acabar, el pobre Terremoto se agachó al suelo y empezó a recoger, entre sollozos y lagrimones, todos sus mechones y se los intentaba poner de nuevo en la cabeza. Estaba visto que eso de cortarle el pelo no le había gustado nada. Así que durante bastantes años el peque ha tenido temporadas de pelo cortito seguidas de temporadas de extra melenita y rabietas ya fuera en mi peluquería, en el barbero o donde fuera, que por intentar fuimos a varios sitios y en todos lo mismo. Es curioso pero que él mismo era el que nos pedía que se lo cortáramos porque le molestaba, pero luego los nervios le podían y siempre teníamos algún tipo de numerito montado.

Con los años le ocurrió lo mismo que con las uñas, un día dijo que quería el pelo cortito y nos pidió comprar una máquina de esas para raparlo pero con algo de pelo, no en plan mili. Bastante escépticos nos informamos y compramos una. La máquina fue bien, pero como Terremoto tiene mucho pelo, pero mucho,  hay que ponerle siempre algo de aceite antes de empezar porque en ocasiones la vibración hace ruido y eso le asusta y más de una vez se ha rajado a medio corte de pelo y lo hemos tenido que acabar literalmente con el niño casi tirado por el suelo agachándose en plan Cuasimodo y yo convenciéndole de que no pasa nada e intentando llegar a la cabeza contorsionando mi jodida espalda en alguna postura que por espacio y pose parezco una acróbata del Circo del Sol pero con menos gracia, glamour y soltura.

Por suerte ahora, con sus catorce años Terremoto ya se deja cortar el pelo sin que nadie lo tenga que inmovilizar ni tirarse por el suelo, pero tiene que ser rápido. Estar demasiado tiempo sentado con las tijeras pasando cerca de su cráneo le pone nervioso y acaba auto aplicándose ejercicios de respiración para poder acabar con esta macabra costumbre estética de saneamiento capilar.

Ante este panorama, el año pasado, con tres añitos, le tocó a Tsunami su primer corte de pelo. Sí, con tres años cumplidos, porque el peque había nacido muy peloncete y al principio no había demasiado pelo para cortar. Luego le empezó a crecer. Le salió una melenita lisa como la que había tenido su hermano, mi pareja también tiene el pelo bastante liso. Pero un buen día, por las buenas, mientras paseábamos con el cochecito por el puerto de Andratx, cuando el peque debía tener un año y algo, vimos como por la nuca se le empezaba a enrollar. A partir de allí el pelo se le fue caracoleando más y más hasta llegar a formar sus amados ricitos de los que se siente tan orgulloso. Y claro, un pelo rizado, sobre todo muy rizado, pues no parece tan largo, así que Tsunami no pasó por la pelu hasta los tres años cumplidos.

La primera vez que le llevamos hicimos como con su hermano. Le comentamos de qué iba, le buscamos dibujos de lo mismo, le explicamos que no dolía y que estaría más mono y fresquito y que después de cortar las puntitas el pelo se le rizaría más. Fue también una tarde de verano, creo recordar que a mediados de agosto. Nos fuimos todos a la pelu y también nos cortamos todos el pelo. Cuando le tocó el turno a nuestro pequeño retoño, Tsunami se sentó todo obediente en el taburete. Le encantó eso de que le pusieran una capa, como si fuera un héroe de los dibujos. Se quedó muy quietecito y muy atento mirando en el espejo para observar todo lo que le hacían. Cuando algunos ricitos cayeron al suelo sólo preguntó si le iban a dejar algunos en la cabeza y como vio que calvo, calvo no se quedaba pues siguió observando atento. En algunos momentos el muy presumido dio su opinión de cómo lo quería y donde creía que aún hacía falta un cortecito más. Luego le acercaron el espejo de mano para que se viera la parte de atrás. Inspeccionó bien el trabajo, dio su visto bueno y le dijo a la peluquera que le había quedado muy bien y muchas gracias. Nuestro peque tan formalito y educado en ocasiones, jajaja, al menos nos hizo quedar la mar de bien.

Ha pasado un año desde esto y el jueves pasado volvimos a ir todos a la pelu. Al final los cuatro hemos salido todos con algo menos de pelo sobre nuestros hombros, cada uno a su gusto y según su petición. Terremoto un pelín más largo encima para poder dejárselo de punta. Tsunami manteniendo sus ricitos y saneándolos que últimamente se le enredaban mucho y costaba desenredarlos. Yo con un corte de puntitas para dar más volumen y mi pareja con un corte recto a la altura de la nuca. Este año tampoco se ha tenido que atar, ni sujetar, ni pegar a ningún niño al asiento. Hemos montado un revuelo como cada vez que vamos en tropel todos a que nos arreglen en familia en unas horitas. La peluquera flipa con lo bien que nos va ahora y sobre todo con lo bien que lo lleva el peque en comparación con su madre y con el hermano. La madre de la peluquera se sorprende con el cambio tan grande que han hecho los dos y Tsunami se lo pasó pipa cotorreando con todas las clientas de que había tenido la varicela misteriosa y de que había acabado el cole pero ahora iban a inglés y de que esperaba ir pronto a la playa para nadar y hacer un cocodrilo de arena. Es un cotorro incorregible.

Está visto que en muchos aspectos los hermanos difieren mucho de uno a otro. También es muy posible que Terremoto por las características de los T.G.D. que son mucho más sensibles a ciertas experiencias, le resultara mucho más traumático y realmente sintiera como si se le amputara una parte de su ser. Es posible. Lo cierto es que al menos, si era por ello, ya ha conseguido aprender controlar bastante bien la situación y dejar que trabajen. Pese a este autocontrol, siempre está un pelín nervioso y no demasiado convencido del todo. Él desea cortarse el pelo pero le da un poco de yu-yu. Está visto que el tiempo y el trabajo van dando poco a poco sus frutos y que nuestros niños maduran, cada uno a su forma y a su ritmo. Pero lo mejor de todo es que ir a la pelu ya no es una guerra ni un sufrimiento. Incluso los peques opinaron que eso de que les lavaran el pelo con el reposa cabezas y el agua fresquita era algo interesante, recomendable y altamente gratificante. No son tontos, no.IMG_3726

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