Archivo | octubre, 2012

Hay que cuidar al cuidador

30 Oct

La primera vez que oí esta frase fue cuando a mi madre le diagnosticaron Alzheimer. Entonces mi jefe me dijo “vigila a tú padre, ya sabes, hay que cuidar al cuidador, sino, este enferma o deja de tener vida”

Bien pensado en la vida uno hace muchas veces el papel de cuidador o el de cuidado. No es necesario llegar a los extremos de una enfermedad degenerativa de este tipo para poder aplicar este dicho tan sabio y tan poco aplicado, dicho sea de paso.

Pensemos bien en ello. Cuando nacemos somos los cuidados. Entonces unas personas, generalmente los padres, en ocasiones incluso hermanos, sobrinos, abuelos, a veces vecinos, son los que nos cuidan. Pero bueno, siempre es más agradable ser el cuidador de un pequeño que te hace monerías y aunque te agote te ríes con él, que no cuando debes cuidar de alguien que padece una enfermedad o una minusvalía. No voy ahora a haceros un tratado sobre todo esto, tan sólo os voy  a comentar unas cuantas pinceladas de hechos con los que me he encontrado en mi vida para que saquéis algunas conclusiones y podáis reflexionar sobre ello.

Cuando yo era jovencita, mi abuelo materno fue diagnosticado de arteriosclerosis, así estuvo siete años. Los dos primeros pasables, los cinco últimos había perdido del todo la cabeza. El médico dijo a mi madre y a mi tío que lo podían ingresar en una residencia, pero ellos no quisieron, así que nos repartíamos una semana uno, una el otro, el cuidado del abuelo. En ese caso fue relativamente fácil, mi abuelo vivía en el rellano de enfrente y mi tío en el piso de arriba, así que no se desubicaba al enfermo y éramos nosotros quienes entrabamos y le atendíamos. No os contaré todos los desastres, y doy fe que fueron muchísimos. Nadie sabe que es esto hasta que ha pasado por ello y os aseguro que nadie tiene derecho a criticar lo que haga un familiar si él no ha hecho antes de cuidador, y ni aun así. Porque en esos casos el desgaste físico y emocional es infinito. Algunos enfermos no te conocen y te dicen cosas graciosas que con el tiempo te lo tomas a buenas y sonríes, ¿que vas a hacer sino?, ¿hundirte? Pero también hay muchos casos en que estos enfermos pueden tornar agresivos o cambiar horarios de vigilia y sueño o cosas insospechadas. Mi abuelo supimos que tenía brotes violentos porque una vez cuando entramos en su casa nos montó una emboscada detrás de una puerta. Había encontrado el hacha que usaban cuando mi madre era niña, para mataban las gallinas del corral. No tenemos ni idea de donde la había sacado. Fue directo a por mi madre, quien por suerte cayó al suelo. Mi padre y yo íbamos detrás y entre los dos conseguimos inmovilizarlo cogiéndole por detrás y pasando nuestros brazos por debajo de su axila y girando hacia el hombro, con lo que le impedíamos mover los brazos. Luego con unas maniobras en la muñeca le quitamos el hacha. Mientras le aplicábamos esta maniobra, el abuelo estaba pisando y golpeando con los pies a su hija, o sea, mi madre. Estas personas no sé porque tienen una fuerza fuera de lo normal que sacan cuando menos lo esperas y no es tan fácil en ocasiones controlarlas. Mi madre por suerte solo sufrió golpes y hematomas en los pechos y en los brazos, con los que se protegía. Esos fueron sus golpes físicos, los morales tardaron muchísimo más en sanar. Desde ese día nadie entraba solo y evidentemente, se hizo un registro a conciencia por toda la casa por si había otro objeto que pudiera usar como arma. Creo que no es necesario dar muchas explicaciones de como se tiene que sentir una persona tanto física como emocionalmente, cuando su pan de cada día es ver que alguien a quien has querido y te ha criado cambia poco a poco para convertirse en un total desconocido y que pueda llegar a unos extremos como el que os he contado. Dejo que reflexionéis en lo que debe suponer esto para un cuidador.

La segunda vez que tuve que ejercer durante un largo tiempo como cuidadora, y de hecho aún lo hago, fue con el nacimiento de mis hijos. Este hecho se agravó mucho con el diagnóstico de Terremoto y todo lo que ha supuesto de esfuerzos y luchas. Ya lo leísteis en los post de un niño especial, y si alguien no los conoce le invito a que conozca una parte de mi vida. El tener bajo tú responsabilidad un hijo especial quema mucho y te hace sentir muchas veces impotente, desesperada, hundida y enferma. También os dejo que reflexionéis un poco en como sería vuestra vida si tuvierais en casa un hijo con problemas, ya no sólo psíquicos, un hijo por ejemplo que fuera en silla de ruedas o no viera o no oyera. Se tiene que adaptar toda la vivienda. Si no ve tienes que enseñarle a ver con sus manos y estar atento. Si no oye y está en peligro no puedes avisarle. Imagino que convivir con estas circunstancias tiene que ser también muy doloroso. Se pueden tomar medidas y directrices para hacer el día a día más llevadero, y también sé que las personas en esta situación pueden llegar a llevar una vida bastante normal. Pero el conseguirlo hace que sus progenitores, la familia, los amigos, los educadores, tengan que dar algo de si en mayor o menor medida se convierten también algunos en cuidadores, y otros en guías.

La llegada de un bebé te hace madre, pero también cuidadora. Normalmente el peso recae en una persona, generalmente la madre, pero hay excepciones y también en ocasiones los abuelos, se convierten en cuidadores. En este caso puedes ser cuidador a tiempo total o a tiempo parcial. Me explicaré, considero que una persona es una cuidadora de sus hijos a tiempo total cuando sólo hace de madre (aquí también incluyo lo de ama de casa porque es difícil excluir esto). Sería a tiempo parcial, cuando en su día a día esta el ir a trabajar, cuidar de los niños, llevar la casa y todo este hermoso mundo que algunas nos hemos buscado entre ellas mi menda. En este caso es imposible no compartir el papel de cuidador con otras personas o instituciones, ya sea el papá, los abuelos, la vecina, la chica que tienes de canguro, la guardería, escoleta, cole… creo que estos serían los más habituales. En ambos casos normalmente uno de los progenitores es el que asume este rol y además asume muchos otros roles. No se si por tradición, instinto o que, quien suele asumir este rol suele ser la mujer. Yo sólo he conocido en toda mi vida un hombre que hacía de amo de casa y la mujer era la que iba a trabajar, y no tenían hijos. Digo yo que alguno más habrá, pero yo sólo me he topado con uno.

Alguno puede pensar que lo de hacer de madre no es nada dramático y que te lo pasas pipa criando a los nenes y viendo como crecen. Pero seamos sinceros, hacer de padres es: velar por su salud, entender que les ocurre (cuando lloran, cuando no lloran, cuando quieren algo…) poner pautas y enseñarles a comportarse y actual. Tener muchas noches de insomnio, dar el pecho, o el biberón, paseos nocturnos por cólicos, por cambios de horarios, porque al peque le sale un diente, porque le han puesto una vacuna, porque está enfermo y tiene fiebre, porque está congestionado y no puede respirar, porque tiene un virus y se pasa toda la noche vomitando. Porque tienes que salir a las tantas a urgencias. Porque tienes que vigilar que no se meta algo en la boca o en la nariz. Que no toque nada que se pueda hacer daño, que no se suba a sitios peligrosos. Los enchufes de la electricidad, los cables de los aparatos. Que no se meta solo en la bañera, que no alcance a los cuchillos. Que al ir al parque no tenga deseos de hacer de superhéroe y acabaran con algún chichón, algún morado o algo enyesado. Que esperemos no tengan alergias a nada. Que hay que llevarlos a casa de los abuelos  o a la escoleta y no hay que llegar luego tarde a los demás sitios. Que tienes que hacerle una comida lo más sana posible, aunque gran parte de esa comida acabe debajo de la mesa o en la servilleta…. Como veis, el mundo de un cuidador de un nene no es sólo paz y relax y jugar a caballitos o a muñecas. Y este mundo aunque no lo creáis, también te consume y te cansa. Pero como son tus hijos y tú te los has buscado y como dicen sarna con gusto no pica. Pues lo vas asumiendo y poco a poco vas apartando otras cosas, te ablandas y adaptas y al final eres un débil reflejo de la persona que eras antes de ser madre y en algunos casos, tu vida social también no es lo que era. Cuando el niño entra en el colegio además pierdes tú identidad y pasas a ser la mamá de… ya nunca más te llamarán por tu nombre.

Cuando esto ocurre es normal que cuando llega el papá a casa se le caigan todas las cosas encima. La mujer tiene entonces que delegar todo a lo bestia en él para poder acabar con las actividades de la vida, es decir, la casa y la cena. Sé que muchos padres venís cansados y no habréis tenido un buen día, pero el de ellas tampoco ha sido sólo un camino de pétalos de rosa y esencia de canela y vainilla. También sé, mamás, que aunque el día haya sido agotador, antes de soltar de sopetón el paquete sobre el papí, un momento de reconocimientos mutuos, de besos y piropos, de ponerse al día los dos y de interesarse y dar las gracias por todo lo que cada uno hace, no variará mucho la hora de la cena y ayuda a afianzar el sentimiento de que seguís siendo una pareja que se ama y no sólo los meros cuidadores de los hijos y la casa.

Si son los abuelos los que hacen de cuidadores de los nietos, también son en múltiples ocasiones sobre explotados. Los hay de todo tipo, pero muchas veces son ellos que se encargan del pequeño hasta la hora de llevarlo al cole, le van a buscar para comer en su casa y luego lo llevan de nuevo o esperan a que pasen a recogerlo. Además a algunos de ellos les toca tener todos los fines de semana al nieto de “acampada” en su casa porque los padres se van de juerga por allí cada fin de semana, porque los que querían nietos eran ellos ¿no? Pues que apechuguen ahora que nosotros tenemos nuestra vida. Si el niño es un ángel se puede llevar, pero como el peque tenga problemas, se pueda escapar por la calle, tenga una rabieta sonada o pueda llegar a aprovecharse de ellos a agredirlos como en ocasiones he visto… ¿Debemos dar una responsabilidad de este nivel a quienes ya cumplieron con este trabajo con nosotros? Una cosa es disfrutar de los nietos, y otra muy distinta es hacerles a los padres de canguro gratuito y encima con obligaciones o malos rollos si ha habido problemas. Una cosa es una urgencia de que el peque hoy tiene fiebre y no puedo tener día libre y otra es cada día crearles una obligación sí o sí. ¿Alguien se ha planteado que sienten o que desean realmente los abuelos?, ¿y las madres?

Cuando mi madre tuvo Alzheimer quien llevó el plato fuerte fue mi padre, yo estaba con Terremoto, inmersa en un posible cambio de cole. Con crisis. Con estrés en el trabajo. Con un lio con una asociación en la que estaba. Yendo detrás de mi madre y de mi padre. Llevarla a rehabilitación con la silla de ruedas y buscar ayuda para ello. Buscar médicos hasta que la diagnosticaron porque como con mi hijo yo allí veía algo pero nadie se mojaba. Les llevaba casi a diario o siempre que podía la comida y yo no comía para hacerles la suya o bien comía algo por la calle mientras iba del trabajo a casa o cuando después iba a buscar a Terremoto y lo llevaba a terapia…. Un fin de semana mi cuerpo estalló. Llevaba unas semanas dando avisos, teniendo pequeñas crisis, pérdidas de nervios, llorar sin motivos y una mañana una gota colmó el vaso y tuve un shock nervioso y unas crisis de ansiedad, colapsaba por cualquier ruido o lo que fuera. Se saldó con cinco meses de baja y algo más de medio año a tratamiento con antidepresivos, somníferos, pastillas para la taquicardia y no sé que más, creo recordar que me metía siete y ocho pastillas cada mañana y cada noche. Era que viniera mi hijo a decirme algo y el tono de su voz me producía un nuevo ataque de ansiedad. Fue no poder salir a la calle más que para lo indispensable, porque a la que un coche tocara el claxon yo colapsaba. Había abierto más ventanas de las que podía tener controladas y tantas corrientes de aire juntas me habían enfermado.

No os voy a contar todas las tareas que tiene que asumir un cuidador y sobre todo cuando es un familiar. Ni os voy a contar de que va el síndrome del cansancio del rol de cuidador, internet está lleno de páginas y algunas muy buenas. Las he leído hace unas horas y doy fe de ello, os lo dirán y explicarán mejor que yo. Sólo os quiero plantear que realmente muchos somos cuidadores sin saberlo. Los cuidadores no somos superhéroes, aunque a veces lo parezca. Los cuidadores somos personas que seguimos teniendo sentimientos, una vida y unas necesidades, nos gusta que nos escuchen y reconozcan nuestro trabajo de tanto en tanto. En muchas ocasiones disminuimos el nivel de esas necesidades personales, porque no queda otro remedio o porque realmente te compensa lo que haces. Pero nunca debemos perder de vista que hay que cuidarnos, y si nosotros no lo hacemos nadie lo hará. Porque es muy fácil que otro lo haga y nadie se dará cuenta de ello hasta que el cuidador enferme o colapse. Es sinceramente deprimente y lamentable que alguien tenga que llegar a estos niveles por haber querido asumir más de lo que puede y no haber delegado o porque no ha llamado la atención y nadie se haya preocupado de que tuviera sus momentos de respiro como todo ser humano.

En mi vida de cuidadora he tenido que tomar muchas decisiones, algunas más difíciles que otras. Creo que la más difícil y curiosamente la que menos me costó tomar fue cuando el médico me llamó y me comentó que mi madre, que había tenido diversos ingresos muy seguidos, ya estaba terminal. Me dijo que la enfermedad se había complicado espectacularmente en un mes y medio, que estaba prácticamente vegetativa, que bien se le podía prolongar su vida a base de alimentarla artificialmente por sonda y luego cuando esto no fuera posible, hacer una intervención con unos tubos directamente al estómago. La otra solución era desconectar y esperar. Le pedí si había alguna posibilidad de recuperación y si la había como quedaría. Me respondió, “dicen que los milagros existen, pero yo no esperaría ninguno en su caso, si se diera quedaría vegetativa como ahora o peor, nunca recobraría el conocimiento ni se podría comunicar”. Le pregunté si era más que nada poner una fecha en el certificado de defunción en lugar de otra y me dijo que básicamente era algo así. No tuve que pensar nada más, le dije que le quitaran la sonda y yo hablaría con mi padre. Mi padre escucho lo que le conté de la charla y dijo que él también pensaba lo mismo y me dio las gracias por haber decidido así.

Cuando mi madre murió unas semanas después mi padre quedó muy desorientado. Se había dedicado en cuerpo y alma a cuidarla los últimos cinco años, su vida había sido eso. Y ahora que se ha acabado ¿qué? La suerte que tuvimos fue que Tsunami había venido a nuestra familia justo dos meses y medio antes. El peque fue nuestro desahogo, nuestro juguete, nuestra nueva meta en la vida. Y poco a poco mi padre se fue recuperando y rehaciendo su vida, independientemente de nosotros. Y nosotros hemos seguido nuestro camino haciendo de cuidadores de nuestros hijos.

Hace unos días os comenté sobre la relatividad de los problemas. No pensaba hacer esta entrada, no se porque me ha salido así, pero creo que entre las dos se podría reflexionar mucho sobre la vida y las personas que nos rodean. Os dejo que penséis en ello.

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Tarde de castellers. Tsunami lo lleva en la sangre, no puede negarlo.

28 Oct

Ya sé que no estamos en Cataluña, y que los castellers son tradicionalmente catalanes. Yo de pequeña los veía por la tele y me acojonaba cada vez que se caían, también me atraía ver como eran capaces de subirse de esa forma que parece tan fácil y creo que de fácil nada,  que tiene que tener su técnica y muchas horas de ensayo. También alucinaba cuando el más pequeñajo de todos la anxeneta se ponía arriba de todo y levantaba la mano (feia l’aleta) y luego aquello se desmontaba en un suspiro.  Siempre había querido verlos en directo, pero eso en Mallorca era un poco difícil, al menos en esa época.

Quien me hubiera dicho entonces que acabaría juntándome con un muchacho medio catalán medio burgalés y que tendríamos un pequeñajo, Tsunami. Pues bien, yo lo que son castells en Cataluña aún no he visto ninguno, porque las veces que he ido nunca ha coincidido, cachins. Pero, lo que son las cosas, va y resulta que aquí en Mallorca hay una colla (grupo) y que cada año se vienen unas cuantas collas de Cataluña y en la plaza de Cort, donde está el Ayuntamiento, se pasan toda la tarde levantando castells.

La primera vez que lo vimos Tsunami aún no había cumplido un añito y el renacuajo no les quitó ojo de encima. No sé si fue ese primer encuentro o es que el pequeñajo lo lleva en la sangre, pero lo cierto es que desde ese día, ha intentado emularlos. Primero fue usándonos a nosotros. Tengo que reconocer que el bichito tiene un arte especial  para trepar por las piernas y luego el cuerpo de mamá o papá y llegar hasta arriba, y luego como su héroe, Tsunami levanta la mano haciendo l’aleta y luego baja o bien se apalanca arriba para que lo paseasen o pudiera ver más cosas. Siempre he dicho que este nene antes de los quince años nos habrá escalado los Anapurnas, porque es un escalador nato. No sé si eso es otro motivo para gustarle lo de hacer de anxeneta, porque desde allí arriba debe haber una vista magnífica y poco habitual. Así que como veis, la técnica del pilar ya la tiene dominada.

El año pasado, un fin de semana que se vino su abuela a verle, coincidió con otra exhibición de castells y esta vez fue en Ses Voltes, una zona cerca de la muralla renacentista delante de la catedral. El año pasado Tsunami estaba entusiasmado y estaba ansioso por ser él quien subiera. Hubo un momento que estábamos un pelín más lejos con la abu, y le pedimos si quería ir. Supongo que él lo interpreto como que en ese momento que la torre ya estaba muy subida le dábamos permiso para que él hiciera de anxeneta, porqué el síiiiii y el salir corriendo en línea recta hacía la pinya (la base del castell) fue todo uno. Estábamos en una zona con bancos y la abu y yo nos lanzamos en persecución de Tsunami, porque ese era capaz de subir y llegar a lo más alto como si fuera un lindo gatito. Lo pillamos unos metros antes de llegar a la zona donde estaban montando el castell. Recuerdo que me tiré en plancha sobre el banco y lo agarré de la ropa y la abu hizo el resto. Intentamos explicarle que sin el casco que llevan para protegerse de las caídas no podía subir. Tsunami lo tenía bien claro y le pidió a la abu que le comprara un casco en Barcelona y se lo traiga para subirse a las torres. Tsunami con un casco y permiso para escalar, después de esto yo me voy de vacaciones a las Islas Vírgenes, que eso suena bien y como mucho sólo debe haber palmeras.

Ayer en Cort volvía a haber castells, y como este fin de semana Terremoto estaba con su papá nos hemos acercado nosotros. Lo que era de esperar no se ha cumplido, se ha potenciado. Ha sido ver los castells y ha sacado una vena hiperactiva no demasiada propia de él. Papá lo ha tenido que coger y subírselo al cuello, para que lo viera mejor y para evitar que se nos fugara. Cuando acababan uno, el peque aplaudía, y mamá le ha preguntado si lo habían hecho bien. Tsunami me ha contestado que no, que tenían que hacerlo más alto aún. Le he preguntado si quería que llegaran hasta las nubes, y me ha contestado que hasta las nubes no, que tenían que ir más arriba hasta la noche. Pobres castellers, con el Tsunami por aquí les va a poner el listón muy pero que muy alto.

Un hecho gracioso ha sido que iban a montar un castell y al empezar se han parado. A los pocos segundos hemos visto la anxeneta y una de las chicas ir corriendo hacia un arbolito… no os voy a contar nada nuevo que no les haya pasado alguna vez a unos papás y que hace un nene corriendo hacia un árbol. Aunque normalmente los nenes no suelen ir con tantas prisas, ni con un casco negro encasquetado en la cabeza. Pobrecito, ha sido acabar volver a salir corriendo de nuevo y empezar a montar el castell, tan pequeñitos y ya hacen deportes de riesgo bajo presión. Supongo que eso debe ser habitual, pero como tantas cosas habituales, muchas veces no se nos había ni pasado por la cabeza que fuera lo más normal del mundo y al menos a mí me ha resultado curioso.

En una pausa hemos aprovechado para enseñarle a Tsunami el caracol y el dragón que están escondidos en la fachada del Ayuntamiento, según se cuenta el apodo de quienes lo construyeron eran esos animales y los dejaron esculpidos, es una tradición que los niños los busquen o directamente se los enseñan los papis. También hemos entrado dentro y hemos visto els gegants y dos dimonis que hay en uno de los rincones de la entrada. Al peque le gustan mucho los gegants.

Luego hemos salido porque volvían a empezar. Uno de los castells se ha desmontado cuando lo descargaban, y pese a que es algo espectacular nadie se ha hecho daño. Nos hemos encontrado un compañero del cole que había ido también con sus papás y han estado unos minutitos juntos. Hasta que Tsunami, que no perdía detalle de nada, ha visto como se ponen la faja. Para aguantar el peso, los castellers se ponen una faja muy ancha y larga, uno la sujeta con fuerza y quien se la pone, se la engancha bien y luego va rotando sobre sí para irla enrollando mientas la tensa, vamos, que ríete tú de la señorita Escarlata pidiéndole a la mami que estirara más del corsé. Así que al cabo de un rato ya teníamos a Tsunami dando vueltas cual peonza imitando como giran para ponerse la faja. Vamos, que con este lo tenemos claro.

Si en lugar de Mallorca llegamos a vivir en Cataluña, tengo seguro que el peque ya formaría parte de alguna colla castellera y mamá sería una adicta a las tilas y las valerianas cada vez que hubiera ensayo o algo. Reconozco que para dejar subir allá arriba a tu hijo tienes que llevarlo en la sangre, o al menos no hay que ser tan miedica como servidora.  De momento he dejado pasar por alto el hecho de que en Mallorca hay collas… ya veremos cuanto tiempo tarda el pequeñajo en enterarse, porque cuando lo sepa…. Adiós café con leche, bienvenidas infusiones.

Y esta noche vuelve a ser les Verges

26 Oct

Hola a todos. Ayer os comenté que hoy os contaría como se veía una noche de ses Verges hace cien años, bueno, exactamente 114 años. Os he traducido este artículo, primero porque venía bien con el tema, y segundo, porque no cada día uno se lee una crónica con tanta solera.

Aprovecho ya que la cosa hoy va de curiosidades y de historia para informaros que mi media naranja ha reabierto un blog que tenía olvidado hace tiempo,  allá por el rincón de alguna ciber estantería. Su blog trata sobre todo de la historia y los lugares de Mallorca, así que si alguien tiene curiosidad por conocer más esta Roqueta (roquita, como se llamaba de forma coloquial a Mallorca en Cataluña) pues  ya sabe otro sitio donde poder darse un garbeo de tanto en tanto.  Ahora cierro la cuña publicitaria y os presento la revista La Roqueta. Señoras y señores tomen sus asientos en la máquina del tiempo que acabamos de trasladarnos a la Palma del 22 de octubre de 1898, cuando esta publicación periódica salía cada sábado y tan sólo costaba 5 céntimos. Un señor, de los de bigote abundante, bastón de madera con empuñadura curvada y sombrero de galleta se lo compraba al mozalbete que repartía la prensa. Llegaba a casa y saludaba para que todos supieran de su llegada. Entonces  se sentaba cómodamente en una butaca mecedora, cerca del balcón que daba a la calle, para tener buena luz y leer en voz alta a la familia que ya habían tomado asientos cerca y escuchaban que les iba a contar la prensa local hoy. En primera página y como primera noticia leía “Sa nit de les Verges”

 

La noche de las Vírgenes

Y esta noche vuelve a ser de nuevo  les Verges. Vamos a hacer el paseo de cada año, por las calles de Ciutat se oyen  las músicas que van rondando por todas partes, agrupando a la gente bajo los balcones arrinconados o bajo las ventanas con maceteros de flores.

Aquí hay una música. Los cornetines resuenan con toda el alma, despertando a los vecinos pacíficos y poco amigos del estruendo, que ya no se acuerdan de las músicas de su juventud lejana. Pero dejémoslos correr, que revienten como puedan, que son muy poco interesantes. Lo que aquí nos interesa a nosotros es esa belleza desconocida quien detrás de la ventana mira medio avergonzada por entre las persianas, está escuchando la serenata ruidosa y desveladora. Como no la conocen, a la joven, la imaginación pude hacer de las suyas, y representarla a su gusto y libertad. Yo la veo muy bien, hermosa y bien plantada, mallorquineando sin necesidad de abrir la boca. Es sano que uno encuentre cada día, en los alrededores de cada esquina, la que todos hemos alabado por hermosa, sin llegar nunca por ventura a apreciar todo su encanto verdadero, todo lo que tiene de belleza original y nueva. Es la mallorquina.

Por ella, esta noche es noche de desvelo, porque es también noche de fiesta. El enamorado ha salido de noche. Y ella a pesar de los primeros fríos ya está en el balcón hasta las tantas esperando la música que no viene. Se oyen otras lejos, por entre el viento, yendo de aquí a allá. La brisa trae sonidos de toda clase de instrumentos, bandurrias y flautas, trompetas y violines. Y al fin llega la suya… Y mientras ella la escucha, ¡de que forma bailan y giran dentro de esa cabecita los mil recuerdos de toda una historia amorosa a medio acabar! ¡De que manera se juntan las emociones de ese momento, que es como una enhorabuena anual a su vida de soltera, con los deseos de que sea aquel, el último año de serenata!

¡El último día de las Verges! No, ella no lo comprende, lo que hay de triste en todas las despedidas. El último día de las Verges es la fecha que separa las dos edades de la persona. Después de ello ¡sabéis de que manera empuja el tiempo y que de rápido corren los días, los años! Luego los días de las Verges pasan como relámpagos a toda furia, y van a fundirse en un instante dentro del vacío del año pasado, del año pasado, del otro, del otro… y las músicas transcurren por las calles sin pararse.

Vamos caminando. Por todas partes bandas de gente alegre, chillidos de jóvenes, gritos de pajarracos que vuelven de la bebida. Esta visto que hoy se solemnizan todos los finales de la juerga y todos los comienzos de la quietud del hombre viejo. Este dichoso día señala también la separación de las dos edades del año, viene a ser la última fiesta de calle. El verano huye a toda prisa, y la gente tiene miedo de las heladas y de los golpes de aire traidores.

¿No la veis? Hace un rato que la estoy buscando y al final la encuentro. Allí en ese rincón sobre la acera, en medio de un grupo parada se mueve la primera capa. Acerquémonos. De cerca sentimos aún el olor de alcanfora de la ropa guardada donde ha estado cerrada todo el verano; su dueño la habría sacado como quien saca una reliquia propia de la solemnidad, y sin pensar en si hacia frio fuera. Pero sí que hace frio. Ahora mismo sentimos un temblor como los de la noche de maitines. Un temblor dulce, como temblorosa, baja de la montaña a purificar el cielo de la caloraza. El cuerpo se reaviva y siente como un deseo de trabajo, de vida trabajadora… Saludamos el frío amorosamente…

La primera capa ha desaparecido, pero ahora ya sé que he visto uno que ha roto el fuego. Mañana las capas ya serán media docena. Guardaremos definitivamente el sombrero de paja.

Sinceramente, encuentro que el frio no disminuye. El cielo está limpio, bien sereno; las estrellas lucen a coros, entre los tejados. Vamos a acostarnos.

Pero la dichosa idea del día de les Verges no me deja conciliar el sueño. Hace una hora que la maldita me remolca de un lado a otro y encima, aún como que oigo ruido de músicas por la otra calle. Es la música de na Margalida, aquella chica que el mes que viene se casa…

Y bien pensado, no hay que añorar nada. Mañana la fiesta quien quiera hacerla, porque es joven y puro quien lo desea ser de corazón. Mi espíritu se ha imaginado una, de fiesta de las Verges ideal, y la quiere solemnísima, también estando contento, llenándose de aquella alegría ruidosa de los niños que saben que están haciendo una fiesta. Ah, sí, al fin me parece que habré podido vencer el insomnio y que me duermo y sueño que voy cerrando los ojos, una belleza de otro mundo, en languidecida, delicada, con un rubor luminoso y unos cabellos caídos de virgen modernista… La recuerdo. Es el hada de las historias de cuando era niño, el hada de na Catalineta, que cada año, tal día como hoy, me quiere hacer una visita de consuelo…

Biel de La Mel

Folklore mallorquín: Ses Verges o la fiesta de las Vírgenes. Y también: Cocina mallorquina: buñuelos de viento o de forat.

25 Oct

Pues sí, en Mallorca somos tan chulos que tenemos una fiesta especial para las chicas que son vírgenes. Se celebra la noche del 20 al 21 de noviembre, vamos que hace unos días que ha pasado.  No se exactamente como surge ni cuando, sé que tiene relación con la leyenda de Santa Úrsula y las once mil vírgenes. Santa Úrsula era la hija de un príncipe británico, se le había concertado un matrimonio que ella no deseaba, así que antes de la boda parte hacia Roma en peregrinación. Al volver llega a Colonia con su séquito y allí se encuentran con que los hunos habían tomado la ciudad. Estos pretenden satisfacer sus deseos carnales con las mujeres y estas se niegan, los hunos se enfurecen y las torturan y martirizan.  Lo de las once mil vírgenes de su séquito parece que es una exageración, ya que posiblemente fueran en total un grupo de once.

No se muy bien como este hecho llegó a  arraigar de tal forma en la cultura popular mallorquina. En el museo diocesano se guardan fragmentos de un gran y hermoso retablo gótico de la vida de Santa Úrsula (segunda mitad del XIII principios del XIV) que estaba en la sacristía de la iglesia de San Francisco y procedía de la iglesia de Artá. Lo cierto es que aún hoy en día tanto en Palma como en muchos pueblos de la isla, se celebra esta fiesta.

Esta mañana en la biblioteca estaba revisando unas revistas y ojeaba una publicación de 1897 en la cual se relataba como era la fiesta de Ses Verges en esa época, pero eso lo dejaré para mañana, ya que he traducido el artículo y mañana os narraré como era esta fiesta a finales del XIX en Palma.

Mi madre y mi tía me contaban que era normal que los mayores se quejaran porque no les dejaban dormir con todo el ruido y de tanto en tanto algún grupo de jóvenes se llevaba un cubo de agua fría y un posible resfriado en pocos días. Pero era un riesgo que valía la pena pasar.

Las mujeres solteras disfrutaban mucho con la fiesta, sobre todo cuando veían que por la calle se acercaba el grupo que tenía que rondarla. Al principio estarían escondidas, después con el permiso de sus madres podrían salir al balcón. Era un homenaje muy especial a las mujeres casaderas. Era una fiesta que diferenciaba el paso que daba la joven de soltera a casada, de no tener responsabilidades a ser la dueña de la casa. Era un paso a la madurez.

Los mozos si lo hacían bien y habían cantado y tocado con gracia podían ser recompensados entrando en la casa de la joven homenajeada, siendo agasajados con un buen plato de buñuelos y una copita de moscatel o vino dulce. En tiempos de mi madre y mi tía, los buñuelos eran los llamados de viento, los hechos con patata o moniato.  Actualmente también hay otros que se parecen a los profiteroles y van rellenos de trufa, crema o nata.

Hoy es habitual que se junten unas cuantas jóvenes en una casa y un grupo o varios vaya a rondarles, no suelen ser unos coros muy buenos, salvo alguna excepción. Actualmente se han apuntado algunas tunas para hacer la rondada y según he visto en alguna web, en unos cuantos pueblos de Mallorca, la banda de música municipal, ayuda esa noche con las serenatas. Esto al menos no me lo he encontrado yo por Palma, los tunos sí, pero la banda municipal de momento no, jeje, no estaría mal.

Puede que hoy en día como la población es mucho más grande se vean menos que en una época, aunque esa noche siempre hay. No se si siguen recibiendo cubos de agua fría, puede que alguno llegue mojado a casa de la amada.

Lo que sí está muy extendido es la costumbre de que todos coman ese día buñuelos y los mayores si quieren una copita de moscatel. En los coles lo de los buñuelos es obligatorio y el moscatel se sustituye por agua o zumos. Es normal que en los coles tanto religiosos como no se haga una recaudación de algunas moneditas por alumno, o bien es el APA quien lo asume, como es el caso del cole del mayor. El día 21 o muchas veces el viernes más cercano, para montarla como toca, se compran un montón de buñuelos y todos los niños hacen una fiesta comiéndolos y celebrándolo. Mis dos nenes han tenido una de esas fiestas y este fin de semana como hacía un tiempo un poco raro no hemos hecho ninguna excursión, por la tarde  hemos salido por el centro de Palma donde hay puestos de buñoleras que suelen ir con el vestido típico y los hacen delante de ti y te los llevas calentitos a casa. También se habían apuntado unas cuantas turistas y por la cara que han puesto les han gustado. Nosotros en vez de tomarlos allí mismo los hemos traído a casa y los hemos merendado mojándolos en azúcar, estaban riquísimos. Lo más difícil ha sido conseguir que Tsunami no se comiera alguno en el coche, con lo bien que olía el coche, ummmm.

El primer año que entré a trabajar en la biblioteca el día de las Vírgenes coincidió con un día que trabajábamos por la tarde y fuimos a comprar algunos allí cerca. Recuerdo que mi jefe me decía que yo no podía comer, porque era la única que me había casado y tenido un hijo, mis dos compañeras son solteras y con ganas de serlo toda la vida y en el caso de mi jefe pues ellos sencillamente comen buñuelos y no tiene nada que ver si son solteros o casados. Recuerdo que para que me dejara comer le dije algo así como “me hicieron una inseminación y lo tuve por cesárea, así que yo también puedo comer alguno”, cualquiera se quedaba sin probar al menos uno y sólo mirar, faltaría.

Hoy para ilustraros el post os voy a poner unas imágenes de unas cuantas buñoleras que nos encontramos el mes pasado en la Feria Dulce de Esporlas.   ¿A que dicen comedme?

Pero como no quiero ser mala y dejaros con las ganas de que los podáis hacer en casa vosotras os paso la receta que no es muy difícil, la he hecho en algunas ocasiones, pero este año optamos como os he contado por comprarlos y así salíamos a dar la vueltecita.

Ingredientes:

Patata hervida y triturada (quien me pasó la receta me recomendó la patata francesa , la amarilla o la de hervir, yo uso esta última)

Harina de repostería

Una yema de huevo

Un poco de leche endulzada con azúcar o miel

Aceite para freír.

Preparación:

Como he indicado ponéis patata a hervir y luego la trituráis, añadís harina, la que tome (por eso no he puesto cantidades) cuando haya ligado añadís una yema de huevo y volvéis a mezclar, luego un poco de leche endulzada con azúcar o miel y volvéis a mezclar. Si la masa ha quedado muy líquida añadís un poco más de harina.

Cuando tengáis la pasta, mejor dentro de un bol, ponéis una sartén con una buena cantidad de aceite a hervir. Pensad que los buñuelos cuando se pongan dentro deben flotar y el aceite tiene que estar bien caliente.

Os humedecéis con un poco de agua la mano y cogéis un trocito de pasta con los dedos, los cerráis un poco y quedará algo así como una bola, entonces con el dedo medio o el medio y el anular pincháis por en medio esa bola y se hace un agujero en medio, es el momento de poner estas bolas con agujero en el aceite, dejar hacer por un lado hasta que estén doradas. Darles la vuelta presionando sobre uno de sus lados con la espumadera. Dejar que se dore el otro lado y sacar, poner en un plato o en un plato con papel de cocina para escurrir la grasa, de todas formas no salen excesivamente grasosas. Se comen bien calientes o bien frías, eso es igual. Se les pone azúcar o bien pones azúcar en un plato y vas mojando. También hay quienes las toman mojando en miel.

Espero que os gusten, bon profit.

Yo no pude ser una de ellas, cuando tú cuerpo no produce leche.

22 Oct

Lo confieso y lo digo muy a mí pesar, lo intenté, las dos veces, pero yo no pude ser una de ellas.

No se si la herencia familiar se llevará dentro, lo cierto es que mi madre era muy presumida y cuando nací yo ella tenía muy claro que no pensaba darme pecho porque le podría quedar feo o caído. Así que cuando yo nací lo primero que hicieron fue ponerle la inyección para que ya no tuviera subida de leche y a mí me criaron con biberones. Mi madre me contaba que cuando ella era pequeña era habitual amamantar hasta los cinco años y que las madres salían a la calle donde jugaban los niños, los llamaban y les daban del pecho allí al lado de la puerta sentados en una silla. Pero yo el único contacto que tuve en mi vida de niña con lo que era la lactancia fue cuando nació mi prima y yo tenía cinco años y medio. Mi tía sí que crio a todos  sus hijos de pecho. Recuerdo haberla visto como la ponía pegada al pecho. Yo estaba un poco asustada porque mi tía tenía mucho pecho ya sin tener leche y cuando amamantó aquello era mayor aun así que yo creía que podría ahogar a mi prima, por lo que estaba muy atenta a que no le ocurriera nada a la niña. No fuera que tuviera que bajar corriendo a buscar ayuda. Eso son tonterías de la infancia, pero cuando ese ha sido un mundo digamos que tabú en tú entorno y educación pues una niña a sus entonces cinco años temía por la vida de su nueva primita.

Pasan los años y recuerdo una vez cuando yo ya había tenido mis primeras menstruaciones, que una noche cuando fui a ponerme el pijama y me desvestí, vi con terror como unas gotitas de algo parecido a agua blanquecina sucia salían de mis pechos. Eran sólo unas gotas pero yo llamé asustada a mi madre y me dijo que eso era normal y que a veces podía pasar. Recuerdo que me dijo que seguramente yo no tendría ningún problema en amamantar un niño, si decidía hacerlo. Así que digamos mis siguientes recuerdos sobre la lactancia era que posiblemente yo sería una buena vaca lechera, si decidía serlo.

Tuve que esperar a los veinticuatro años, para que la primera amiga del grupo del cole tuviera un niño. No es que la viera muy a menudo dar el pecho, de hecho creo que sólo la vi hacerlo una vez y me quedé alucinada porque eso no se parecía en nada al recuerdo de mi infancia, cuando parecía que para amamantarte te tenían que ahogar. Es más, me pareció hermoso, recuerdo que ella le miraba y el pequeño no dejaba de fijar sus ojos en los de su mamá. Ese recuerdo me gustó.

El cuarto contacto fue algo más directo. Fue cuando nació Terremoto. Mi idea era darle lactancia materna, por muchos motivos, no os voy a contar nada nuevo. Durante el embarazo tenía gotitas de leche así que yo seguía con la idea de que no habría ningún problema. Pero ilusa de mí, el problema vino y pronto. Terremoto al final vino por cesárea, y no se si esto tiene que ver o qué, la comadrona me dijo que muchas veces ocurría que tras un parto de cesárea a la leche le cuesta mucho subir. Terremoto nació a las 22’10 y no se porque no me lo llevaron a la habitación hasta la 1’30, intenté darle algo de comer y me dijeron que le habían dado un biberón. Esa noche me sugirieron de tenerlo en enfermería porque mi parto había sido muy largo y estaba agotada y al final había sido la cesárea. Me prometieron que si el peque quería mamar me despertarían y lo traerían. Al día siguiente me encontré con que le habían vuelto a dar un bibi, así que cuando conseguí darle pecho ya habían pasado más de 12 horas desde que había nacido.

Terremoto nació en un momento muy delicado. Su padre y yo llevábamos años de interinos en la administración, y cuando decidimos buscar el peque pedimos si por una casualidad ese año pensaban convocar de una vez oposiciones. Tanto personal como los sindicatos nos dijeron que no había ninguna intención de hacerlo tampoco ese año, así que fuimos tranquilamente a por el nene. Cuando estaba de un mes nos dieron la noticia que habían cambiado de opinión y la fecha prevista para la oposición era la fecha prevista de parto. Ya os podéis imaginar como fue mi embarazo: salir de trabajar para tomar algo, ir a las clases de parto y de allí a las de oposiciones, uffff. Por suerte la fecha de oposiciones se retrasó de enero a abril, concretamente el 22 de abril. La suerte fue relativa, ya que una semana antes del parto de Terremoto me modifican el Estatuto de Baleares y el día después de su nacimiento aprueban un cambio sustancioso en la ley del procedimiento administrativo, que es la que implica más temas en el examen y esa modificación entraba en vigor cuatro días antes del examen. Así que todos los temas que tenía preparados y estudiados estuvieron caducados de la noche a la mañana. Tuve que redactar de nuevo casi la mitad del temario. Así que ya me tenéis por la mañana sentada en el ordenador, mirando libros y leyes con el peque a mi lado sentado en la hamaquita y el carrusel de ositos musicales enganchado a una silla enfrente del peque. El carrusel duraba unos dos minutos y poco más, el niño embobado mirando los ositos y yo me quitaba la zapatilla y con el pie mecía la hamaquita. Al cabo de dos minutos volver a dar cuerda poner el pie en la hamaca y seguir redactando.

Como podéis imaginar mis nervios no estaban precisamente en su mejor momento y no se si fue por eso que mi leche le costaba salir. Cuando lo hizo era muy clarita y blanquecina como agua sucia. Parecía que el peque no estaba saciado y de hecho en quince días se adelgazó algo así como un kilo, se quedó chupadito y se le marcaban los huesos de los pómulos, parecía el cuadro de El Grito. Yo me sacaba la leche con un sacaleches para comprobar que realmente salía y se la tomaba y ver cuanto, pero el peque se adelgazaba cada día más. Lo llevé al pediatra y me dijo que mi leche no era buena, era algo así como si fuera desnatada y no le iba bien. Nos dijo que nos olvidáramos de dar el pecho y que fuéramos a la farmacia a por un biberón y leche de bote. Nos dijo que no era necesario esterilizar los biberones, porque como no esterilizamos tampoco las manos del niño cuando se las pone en la boca lo de esterilizar biberones no es necesario mientras que lo laváramos bien y secáramos aparte. El pobre Terremoto fue ponerle el bibí en la boca y se lo tomó con una voracidad impresionante. No quería soltarlo y cuando se lo quitamos con la lengua se relamió unas gotitas que caían por la comisura de los labios, luego se acomodó en brazos de papá, que fue quien le dio el primer bibi, y se echó una siesta de dos horas.

Lo fastidioso fue cortarme luego la leche cuando me estaba subiendo. La comadrona me recomendó de untarme el pecho con manteca y envolverlo fuerte con vendas. Lo cierto es que me fue muy bien y me cortó la leche. Y así acabó mi primera experiencia con la lactancia.

Cuando esperaba a Tsunami tenía muy claro que eso no se iba a repetir, esta vez ya tenía un puesto fijo y no tenía oposiciones ni nada a la vista. Tsunami también nació por cesárea, me lo llevaron más rápido a la habitación y no le habían dado bibi. Lo primero que hice fue darle pecho. Mientras estuve ingresada no hubo problema, más o menos iba tomando, el problema vino al llegar a casa. Era junio y hacía un calor monumental poco habitual y encima teníamos toda la calle levantada por obras, con la maquinaria que cortaba y los compresores y motores justo debajo de nuestras ventanas del dormitorio y la sala. No podíamos tener las ventanas abiertas porque sólo entraba polvo, ruido y gases. Tsunami estaba todo el tiempo llorando y pidiendo pecho, pero no le saciaba. Un viernes por la tarde se nos desmayó del calor, de golpe quedó como muerto. Lo pusimos debajo del grifo y al cabo de un momento reaccionó. Esa misma noche nos dio otro susto y yo llevaba no sé cuantas horas que el niño sólo quería pecho y ya no me salía nada de leche. Desesperada le dije a mi chico que fuera a la farmacia que teníamos al lado abierta las 24 horas y comprara alguna leche. Con el preparado de farmacia conseguimos pasar la noche porque a mí no me salía ni una gota. Al día siguiente casi se vuelve a desmayar. Entonces mi chico en media hora embaló toda la ropa y todo lo del peque y nos fuimos a la casa que tiene mi padre fuera de Palma. Allí Tsunami empezó a reaccionar y encontrarse mejor. Estoy segura que si no nos vamos ahora no os estaría hablando de él. Pero inexplicablemente la leche se me casi fue. Me volví a sacar con el sacaleches para ver que tenía y a duras penas me sacaba 20 ml en una hora entre los dos pechos. Fui al pediatra, que era otro, y me dijo que hiciera lactancia combinada, primero le diera de los dos pechos y luego un bibi. Eso era bastante jodido porque tenía todos los inconvenientes de las dos y las tomas duraban mucho. Yo seguía sin tener casi nada de leche y cada vez costaba más sacarla, así que hacía los biberones que podía y al menos me aseguraba que tomara de mi leche, pero luego algunas veces lo vomitaba y con lo que me había costado conseguir ese poco me desesperaba. Al mes y medio de estar haciendo esto el pediatra me dijo que me olvidara de dar pecho, que si tenía que coger inmunidad ya lo había hecho y que me centrara sólo en el biberón. Esta vez no fue complicado parar la leche porque se había ido prácticamente ella sola.

Sé que la lactancia es lo mejor y cuando veo que todo el mundo hace tanta publicidad sobre el dar el pecho y lo reivindica de tal forma, me parece fenomenal pero no puedo evitar sentirme mal porque yo no elegí la opción de mi madre, a mi me hubiera gustado que me funcionase y haberles podido dar más tiempo. También sé que no he sido peor madre por ello y mis nenes son unos soletes como el que más. Pero mi interior sigue entristeciéndose y pensando en que yo no pude ser una de ellas.

A veces quisiera ser una X-men

21 Oct

Hoy estoy un poco frikie, y que conste que no soy mucho de cómics, pero todo lo que es la lectura fantástica, además de la parte de historia, y muchas otras, atiborra las estanterías en esta casa. Entre mis libros, los que se trajo mi pareja cuando vino a vivir con nosotros y los que han ido entrando desde entonces, esto parece un pequeño paraíso frikinal, como dirían los chicos del Big Bang. Pues además de libros tenemos algo de pelis, muchas menos que libros, pero algunas hay. Antes de que tuviéramos a Tsunami, mi pareja y yo podíamos disfrutar  de unos fines de semanas de novios alternativos, que era el que mi ex tenía a Terremoto. Esto nos iba bien, ya sé que otros dirán que ellos no pueden disfrutar de este privilegio, pero lo cierto es que cuando mi chico se vino a casa y se encontró con la familia montada desde el primer día, y con Terremoto en uno de sus momentos aún de máximo esplendor rabietil…, además antes nuestra forma de salir era por internet, que así nos conocimos, después nos vimos en una convención, otra vez internet  y esporádicos viajes de fin de semana que hacía cuando podía a Barcelona y él se vino antes dos veces a Mallorca. Como veréis, el poder tener unos días de novios al mes, cuando uno ha empezado de esta forma no es tanto un lujo sino todo un placer.

Pero como siempre me voy desviando del tema. Estos fines de semana de novios hacíamos diversas cosas y una que podíamos hacer entonces era ir en ocasiones al cine. Ahora podemos, claro, pero a ver pelis Disney, Pixar o por el estilo, ya me entendéis. Ahora como no coincida con un día en que su madre se ha venido a ver al peque y esté algo más de dos días, ya que si viene sólo para un día o dos me sabe mal dejarla por la noche tirada… así que ahora nuestro nivel de pelis de mayores es considerablemente muy nulo

Pues bueno, cuando una aún iba con su chico al cine y podíamos ir a ver lo que nos daba la gana una de las pelis que vimos era la de la saga de los X-men.  No estoy recomendando la peli, pero para los que no sepáis de que va el asunto y resumiendo mucho pero mucho, mucho, viene a ser  una residencia-colegio para jóvenes mutantes con poderes chulísimos que crea el Doctor Xavier, de allí lo de X-men. Bueno si la conocéis mejor y si os interesa saber de que va seguro que hay muchas páginas con información mejor tratada que la que os pueda dar.

En ocasiones, más de las que os creéis, pienso que en ese momento me gustaría ser una mutante de los X-men, porque hay ocasiones en que el personal te lo pone de tal forma que una pequeña leccioncilla de superhéroe de cómic no estaría mal.

Hay días en los que tienes tantas cosas que hacer que te encantaría tener ocho brazos como la diosa hindú, ya sé que esta no es parte de los X-men, pero es la excepción.  Quien no ha deseado en ocasiones que le pudieran salir dos brazos extras o cuatro o seis  y tener ocho en total, así lo de limpiar, cocinar, preparar la lavadora, tender sería más llevadero. El hacer la compra en el super y poder atender a los dos lados del pasillo a la vez nos agilizaría las compras y reduciría considerablemente el tiempo. Las dos manos cuando uno tiene niños pequeños ya están muy ocupadas y un extra tampoco se echaría de menos, por ejemplo ahora mientras tecleo, podría atender al mismo tiempo al libro-puzle que me enseña Tsunami.

Poder gozar de velocidad supersónica también ha sido uno de mis deseos más deseados, sobre todo desde que soy madre. Yuuuuujuuuuu, se acabó lo de llegar con el tiempo justo a los coles de los nenes y luego al trabajo, pero bien pensado eso también se podría arreglar si una fuera como Arcángel, por la mañana me despeñaría por mi pequeño balcón con Terremoto bien cogido, lo soltaría cuando sobrevoláramos su cole y de allí iría rauda y veloz al currele ummmm que maravilla.

En otras ocasiones cuando la catástrofe se cierne sobre la habitación de al lado y los peques se están buscando las cosquillas uno con el otro por eso de la diferencia de edad y bla, bla, bla, pues seguro que si pudiera desintegrarme aquí y restructurarme en la otra habitación como el Rondador Nocturno, sería también una gran ayuda. Aunque seamos sinceros, si mamá pudiera hacer esto los tendría acojonados, tendrían pesadillas y perderían parte de su encanto infantil.

Aunque mis personajes preferidos son Tormenta y Magneto. Nunca os ha pasado que acabas de tender la colada y cuando está casi ya seca al vecino de al lado le pega por hacer una  barbacoa de boquerones y para que no le entré el olorcito en su casa lo pone justo al lado y bien pegadita a la pared donde tú tienes la ropa tendida al otro lado y además el viento viene hacia ti y todo el humo entra en tú casa y tú te quedas con la ropa oliendo a boquerones, la casa humeante, un cabreo de narices y encima sin poder catar un desgraciado boquerón  y cuando vas a pedirle que la próxima vez por favor te avise para poder recoger tú ropa y no haber perdido vilmente toda la mañana el tío te suelta que él hace los boquerones cuando le pasa por los mismísimo y que mi menda se joda. Pues eso me ha pasado en  verano hace unos años sí, pero en muchas ocasiones y tengo que decir que el numerito que se montaba el vecino cuando venía en plan hordas bárbaras con los amigotes del Inserso, hacía que cerráramos la casa a cal y canto y nos fuéramos a pasar el día fuera, cualquier sitio mejor que allí. Pues en momentos como esos una deseaba ser Tormenta, que además de que está muy buena y es la que tripula el cachivache volador que es una pasada y mola un montón, tiene el don de crear una tormenta en un plis-plas. Así que cuando te encontrabas con el vecino abusón pensaba que si pudiera convocar una tormenta y meterle un rayo a la barbacoa para que los boquerones se hicieran más rápido sería una gozada.

El otro personaje por el que suspiro habitualmente es Magneto, por dos motivos, porque lleva capita y a mí las capas me encantan, y segundo porque puede con su mente mover cualquier cosa que tenga metal en su composición. Este deseo irrefrenable de mover cosas me viene cada vez que una intenta aparcar cerca de casa. Muy cerca de donde vivo hay una academia de baile y está dentro de un trozo de calle pequeñito que es peatonal, así que no se puede aparcar allí al lado y lo que hacen los papis que se quedan embelesados viendo a través del cristal que da al pasillito como sus modernas y gráciles danzarinas descuajeringan el body a golpe de chachan cataplam plum, clam, champ, rataram, bugi, bugi, bugi coco pum, o una música que suena a algo semejante a esto. Pues esos padres en su ansia por ver a sus cachorritas tienen la mala costumbre de meter habitualmente el coche de cualquier manera y ocupan muchas veces el sitio de dos coches, en otras lo que hacen es pegarse tanto a tú coche que cuando te plantas delante de él piensas si tendrás que ir a bajar el abrelatas para hacer una entrada de emergencia en el toldo. En estos momentos es cuando una desearía ser Magneto para empezar a hacer volar coches y recolocarlos, moverlos un poco para atrás y el otro un poco para delante, así aún les sobra sitio para salir y  tú tienes un huequecito en el que aparcar tu buga.

Pero bien pensado, no se como se iban a tomar los vecinos eso de verme salir cada día por el balcón con un niño colgando, tener cuatro brazos para llevar las bolsas de la compra, provocar una tormenta cada vez que estrenan barbacoa nueva y hay boquerones y sobre todo eso de que cada día los coches acaben montando un ballet volador recolocándose. No se, no se, me da que sospecharían algo… ¡Pero señores! ¡Como disfrutaría en ocasiones siendo una X-men!

La relatividad de los problemas

19 Oct

Creo que estas pequeñas reflexiones pueden ser interesantes dado el momento que estamos pasando y que por lo visto va para rato. No me voy a meter en política, ni en economía, ni quiero ser frívola ni reírme de nada, no quiero olvidar que actualmente hay mucha gente que vive muy mal, otra sobrevive y algunos vamos capando el temporal como buenamente podemos y cada día salimos a ver que tiempo nos tocará.

Hace varios años, muchos, así como unos diecisiete o por allí, hice unos cursos de atención al público para estar mejor formada en el trabajo, porque mi menda es funcionaria y a mucha honra, que mis siete oposiciones me ha costado y empecé desde abajo, así que soy una funcionaria chusquera. Ya sé que en el párrafo anterior os he dicho que no pensaba hablar de política y no lo haré pero  aprovecho para informar de algo que se cuenta de nosotros. Ciertos personajes quieren hacernos pasar por unos malvados incompetentes que hemos vivido de lujos asiáticos y que todo lo que ocurre por el mundo es culpa del fastuososo yate que todos los funcionarios tenemos aparcado delante de nuestras vastas posesiones a orillas del mar. Mientras un Cadillac con tapacubos dorados nos lleva cada día con chofer oficial incluido  al trabajo. Antes de haber pasado previamente por el peluquero y maquilladora… perdón, quería decir estilista. No sea que atendiendo una petición del ciudadano se nos rompa una uña y tengamos la deshonra de lucir una tirita en nuestra perfectísima manicura francesa. Creo que ese no es mi caso… ni el de los funcionarios que conozco –y conozco muchos- pero si alguien tiene que sentirse identificado con eso, dudo que sea como una vez oí decir a un político hace años, uno de esos funcionaruchos de mierda a los que mandamos. Y otra cosa y ya no hablo más de política, nosotros también hacemos declaración de hacienda y nuestro sueldo es de lo más legal porque no cobramos nada en bruto, ni sin iva ni nada, así que no nos recordéis eternamente que con vuestros impuestos se paga mi sueldo, porque si tuviera que cobrar cada mes todo lo que pagan el resto de mortales en impuestos, puede que entonces mi menda lerenda sí que nadaría en la abundancia y no tendría una hipoteca a veinte años ni sacaría cuentas de que gastos son los que vamos a hacer este mes o dejaremos para el que viene y tal vez tendría ese yate en lugar de una colchoneta hinchable con algún que otro parche ya puesto.

Pues bueno, que ya me iba del tema y no pretendía hacer eso. Unos cuantos de esos cursillos fueron impartidos por una chica majísima que difícilmente olvidaré, fueron las mejores horas en formación invertidas en toda mi vida (y que conste que además de estudios básicos y superiores, en mi última oposición, hace diez años, presenté 2.800 horas de cursillos – actualmente son más). No sé si  ella de atención al público hacía mucho, pero de hacerte ver las cosas, pensar, ponerte en la piel del otro, enseñarte a expresar y comunicar contenidos y sobre todo respetar a la persona que tenemos delante que posiblemente esté perdida, asustada o cabreada (dependiendo del departamento en que uno trabaje) sabía un montón.

Nos enseñó muchas cosas y la mayoría de ellas además de en el trabajo, me resultaron muy útiles a la hora de negociar y educar a Terremoto, supongo que ya visteis que lo mio no fue fácil. Pues bien, una de esas charlas se refería a la relatividad de los problemas. Esta chica no nos ponía ejemplos de la administración, no. Me encantó porque ponía ejemplos de la vida, de la calle, de la familia y sobre todo del trato con los hijos y luego eso le extrapolaba a la perfección en lo que era el trato administrativo.

Cuando empezó a hablarnos de la relatividad de los problemas nos pidió quienes teníamos hijos y levantaron la mano. Les pidió cuales eran las edades de los niños e hicimos grupos según las edades. Los que no tenían niños también hicieron grupos según sus edades, y un grupo más reducido se les pidió que llegaran a una conclusión de todo lo que se decía allí.

La pregunta al grupo de los que tenían que ponerse en el lugar de sus hijos fue: “¿Que es lo que a tus hijos les preocupa más? y ¿Que es lo que te preocupa a ti más de ellos y porqué?”

Los que tenían niños en edad escolar de primaria daban respuestas del tipo

-me compren el juguete de la tele

-que la profe de lengua no me tenga manía

-que apruebe el examen de matemáticas y podamos estar el verano sin ir a repaso

-que fulanita me haga más amiga a mí que a menganita

-que mi mamá no me ponga otra vez brócoli para cenar

-que mi hermano pequeño no me rompa mis cosas cuando yo no estoy en casa y entra en mi cuarto….

A los padres les preocupaba:

-que sus hijos no se convirtieran en unos consumistas empedernidos

-que se les pudiera sacar a la calle sin avergonzarse de ellos

-que les comprendieran mejor

-que aprobasen todo y a ser posible sin tener que pasar por las clases de repaso

-que ya no sé como cuadrar horarios con las extraescolares.

-y hay que ver que manía tiene el niño con el brócoli que no hay forma de hacerle comer una verdura salvo que esté dentro de una hamburguesa.

El grupo de adolescentes empezaban a preocuparse por otras cosas tipo

-si fulanito o fulanita se ha fijado en mí

-en como conseguir que me compren esas zapatillas de marca que son tan molonas

-en si me van a dejar salir con los amigos el fin de semana o me humillaran ante ellos castigándome en casa tras ver las notas

-incluso algunos empezaban a plantearse en que debían estudiar y que rama de bachillerato debían seguir (eso era antes de la LOGSE).

A los padres les preocupaba:

-que mira que cada vez son más difíciles y los entiendo menos

-que vete tú a saber con que amiguitos me sale y que le pueden enseñar, que este seguro que me acaba emborrachándose, fumando y tomando porros y de allí a la droga hay un paso y luego acabará debajo de un puente y para eso nos hemos sacrificado tanto.

-que no hay forma de hacerle entender que el dinero no llueve del cielo y las malditas zapatillas molonas valen un ojo de la cara y parte del otro

-que se tome de una vez en serio los estudios que no pienso mantenerlo hasta los treinta.

Los que ya iban a la facultad  o hacían algún otro tipo de estudio medio o superior, sólo se preocupaban de su grupo de amigos y de los estudios.

-El hacer trabajos, ir a buscar información

-preparar exámenes

-y por supuesto seguir teniendo una vida más allá de las aulas

-algunos se planteaban el buscar un trabajito que les aportara unos ingresos para sus gastos, o sacarse el carnet de conducir o ayudar a sus padres a pagar sus estudios.

A los padres les preocupaba

-que no se despistaran con eso de salir que con lo que cuesta la matricula no estoy yo para tonterías

-que entre estudiar, ir a hacer trabajos en casa de fulanito y luego salir no le veo en todo el día, que un día de estos me hago una foto tamaño real para saber como es mi hijo

-que para lo único que paran por casa es para comer, dormir, dejar tirada la ropa para que aparezca por milagro en el armario y si nos da un beso antes de salir ya está con la mano preparada pidiendo dinero o la llave del coche, o las dos cosas que es peor.

-que a ver si dejamos de fijarnos tanto en las chicas/os y nos centramos más en los libros.

Los hijos que bien no habían seguido con estudios superiores o bien los habían acabado, comentaban que su mayor preocupación era:

-el paro y encontrar trabajo (lo del paro ya nos viene de largo)

-unos cuantos que ya tenían trabajo se planteaban independizarse o montar una familia con la pareja.

A los padres y por una vez coincidían en algo, les preocupaba:

-que sus hijos tuvieran un buen trabajo, o al menos un trabajo

-el paro

-que a ver si con la pareja este se nos despista y nos hace abuelos antes de tiempo

-que cuanto tiempo se piensa estar en casa, porque aquí sin pegar bola no se está.

-y por supuesto el tema de la toxicidad y las drogas seguía vigente.

Los que no tenían hijos y eran relativamente jóvenes pensaban en:

-espero que la empresa vaya bien que así como está la cosa y yo acabo de entrar…

-¿que me tengo que poner para este fin de semana? ¿y para la boda de mi hermana?

-a ver que me ha preparado mi madre en los tuppers (entonces fiambreras) este fin de semana.

Los que no tenían hijos o estos ya no vivían con ellos y estaban más que independizados, solían ser adultos de ya cierta edad, con un puesto laboral consolidado, una situación familiar sin estrés ni carreras ni problemas. Habían llegado a lo que entonces era una situación desahogada. Las preocupaciones de estos eran más triviales, como en la infancia.

-a donde iremos de vacaciones

-que podemos hacer este fin de semana

-que ropa tengo que renovar esta temporada

-tengo que llevar el coche a pasar la ITV

-dentro de nada toca hacer la declaración de hacienda

-el médico me ha dicho que tengo colesterol malo y debo cuidar mi dieta

El debate fue largo y también se fueron tratando otros temas enlazados  y comentando que se tenía en casa de cada uno y como lo afrontaban y comparando casos o aconsejando. Fue algo así como una especie de terapia de grupo.

Al final se vio que las preocupaciones que tanto los hijos como los padres habíamos tenido con la etapa de la infancia, no tenían nada que ver con la etapa por ejemplo de universidad y tampoco con la de buscar trabajo y posiblemente mucho menos que con las que se tendrían que encontrar más adelante o las que llegaba a tener alguien ya bien estable. La conclusión fue más o menos esta:

“Sí las preocupaciones de hoy no nos quitan el sueño mañana o posiblemente ni nos importen ni nos acordaremos de ellas, es que no son preocupaciones verdaderas.

Hemos de tenerlas en cuenta y hemos de atenderlas, pero no hemos de amargarnos por ellas, nuestras horas de sueño y nuestra salud no tiene que verse afectada por ello, este es el caso de querer unas zapatillas o que la pila de la ropa para lavar sea cada vez más monstruosa porque tú has estado esa tarde en el parque con tus hijos.

Las únicas preocupaciones que realmente deben preocuparnos son las que nos afectarán a la hora de seguir nuestra evolución.

El saber educar a nuestros hijos, darles unos estudios o formación, es una responsabilidad nuestra, y debemos ser capaces de afrontarla. No debe ser nunca una preocupación de nuestros hijos, ellos sólo son responsables de aprender aquello que se les enseña y ser capaces de conseguir sacar un provecho de ellos como personas y como futuros padres, para ellos tienes que saber vivir cada momento que les toca de una forma sana, sintiendo que son valorados y que se les apoya, que pese a todo se cree en ellos, sólo así irán asumiendo las responsabilidades que les son inherentes a cada edad.

La salud también es una preocupación importante porque de ella dependerá la felicidad de nuestro día a día y que podamos realizarnos como personas.

Cada uno tendrá otro tipo de preocupaciones que también se podrán englobar dentro del grupo de verdaderamente importantes. Es aconsejable no perder de vista estas prioridades y de ir haciendo valoraciones periódicamente, primero para no olvidarlas y segundo para ver que logros hemos conseguido y que tenemos que imponernos como trabajo interior. De esta forma no os aseguro que tengáis un futuro brillante, ni fácil, ni encantador, pero al menos no os agobiareis con más cosas de las que debéis o podéis soportar. Tendréis una mejor perspectiva del mundo que os rodea y de como encajáis en él más de lo que creéis. La felicidad dependerá un poco de cada uno, de cual sea su listón de prioridades y de como las sepa ir aceptando y centrándose tan sólo en aquellas que realmente son importantes”

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