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Las cenas de mis niños y las estratagemas para que me resulten fáciles de preparar. (3º parte, las bolsas de hornear, la Lékué y una buena sartén)

1 May

Un truquito que también me salva de muchas cenas son las bolsas de hornear que tienen en los supers, yo concretamente uso las del Mercadona. Me van muy bien para verduras y para carnes. Su uso es muy simple, metes las verduras o las patatas. Salpimentas la carne que quieras, lo metes en la bolsa. Si quieres también se puede adobar con hierbas aromáticas, yo suelo ponerle de casi todo lo que tengo a mano, tipo tomillo, romero, hierbas provenzales, orégano…, luego añades un chorrito de aceite y la cierras con los cierres que lleva. La pones tumbada en una palangana del horno y le haces unos cortes con un tenedor o un cuchillo para que salga el vapor. Pones la pieza a hornear. Te sugieren que por un kilo y medio de peso poner una hora de horno. Hay que tener en cuenta que no debe superar los 200º de temperatura o la bolsa se podría estropear. En este sentido no adelanta demasiado los tiempos, pero la carne y las verduras quedan muy jugosas. De esta forma he hecho lomo, pollo, piernas de cordero. Es un sistema que sobre todo lo uso para las carnes me gusta mucho como quedan. Con el pescado, no sé porque, no lo he empleado nunca pero sé que por internet hay recetas con el pescado y parece tener también muy buenos resultados.

IMG_20150422_201420369Sé que en el post anterior os hablé de albóndigas y woks y salmón. Así que imagino que alguien pude preguntarse ¿Pero, todos estos platos son fáciles de hacer? Pues sí, y allí es donde intervienen dos de los útiles de cocina que más uso. El primero es un cachivache que hace años compré y que fue más bien porque había leído que a la gente le funcionaba. Lo cierto es que sabía muy poco de él, pero en una droguería que hay cerca del trabajo tienen un gran surtido de su gama. Un día entré a informarme, la dueña me vendió tan bien el producto que acabé saliendo de allí con dos moldes, uno para pasteles y otro para quiches y con un estuche de cocina al vapor. Estuvieron bastante tiempo sin usar, porque los llevé a la casa que habíamos comprado y tardamos más de lo esperado en mudarnos. Así que como nunca me acordaba muy bien como se llamaban (y luego resulta que lo pronunciaba bien) al referirme a ellos en casa se les conoce como “la lekue esa”

El problema como he comentado más arriba es Terremoto Aquí es cuando el aparatito conocido en casa como “la lekue esa” entra en acción. El artilugio lleva un montón de recetas, pero yo he pasado de ellas, somos autodidactas y básicamente consiste en quitar el fondo para hacer al vapor y poner en la cesta todas las verduras imaginables, algo de sal y aceite y al micro durante unos 7-10 minutos aproximadamente, dependiendo de la cantidad de verduras. Una combinación muy usual y recomendable es poner cebolla, patatas y salmón y al micro. Los tiempos depende un poco de vuestro microondas y de si el estuche está muy lleno hasta arriba o más bien ligerito. Mejor poner menos tiempo y luego añadir que no pasarse. El salmón puede espolvorearse con finas hierbas o también con curry, está delicioso. Otra forma muy recurrente es la de cebolla, zanahoria, patatas, albóndigas y luego todo bien rociado con salsa de tomate y microondas. En este caso se lleva algo más de tiempo. He descubierto que es conveniente cortar las patatas pequeñas, así se hacen antes. También es muy aconsejable que en cualquiera de los platos que os he comentado o hagáis, las patatas las pongáis como unos cinco minutos antes ya que tardan algo más en hacerse. Luego añadís el resto y volvéis a poner el microondas, de esta forma salen muchísimo mejor, no están nada crudas y sí muy melosas. Hay que tener algo muy en cuenta, que si antes de abrirlo lo dejas reposar queda todo mejor. También ir con cuidado al sacarlo y sobre todo al abrirlo porque el vapor quema. Por eso suelo ponerlo debajo del extractor en marcha y lo abro con cuidado con un tenedor. Espero un poco a que haya salido el vapor y luego lo abro del todo. También tened en cuenta que las tapas pueden soltar algo de líquido, es parte del vapor de la cocción, así que después toca pasar un paño. Con este artilugio he cocido pimientos, hecho sanfaina, mejillones al vapor, incluso si es individualmente he hecho pasta, aunque personalmente si te puedes permitir algo más de tiempo prefiero usar la olla de termo difusión que os expliqué en el primero de los posts. La ventaja que tiene para la pasta es que se pone agua, la pasta y se cuece en veinte minutos. El tiempo de cocción es el mismo pero te ahorras el tiempo en que el agua tarda en hervir. Es un artilugio que me gusta tanto que lo he regalado dos veces. Sé que no es una termomix, pero tampoco lo pretende ser. Si buscáis por Internet seguro que encontrareis bastante información sobre él y un montón de recetas. Pero ya veis que en mi caso básicamente es imaginar, cortar, lavar, rociar con un chorrito de aceite, salar y directo al micro. No me complico mucho la vida y saco cosas interesantes. Incluso, al principio que las tortillas de patatas me salían de pena antes de que la abu me diera sus clases, muchas veces hacía tortillas de patatas o tortillas con ajetes y espárragos con este sistema. En unos minutos estaban hechas, aunque salían con una forma muy curiosa y nada redondas.

IMG_20150428_125630118La última referencia para los trucos de cenar me vino un poco sin querer. Su, de webos fritos, siempre recomienda buenos alimentos y buenos utensilios. Estuvo una temporada hablando mucho de buenas sartenes y que nos la tomáramos como una inversión, pero sinceramente, yo no estoy para invertir lo que ella recomendaba, por mucho que la sartén la hereden mis bisnietos. Así que de momento tenía que conformarme con renovar por algo buenecillo pero sin hipotecarme por ello. Coincidió que por esas fechas en las que yo me informaba de tipos de sartenes y opciones, en uno de los supers donde compro montaron una de esas promociones que por tantos euros de compra te tan un punto y cuando tienes tantos puedes canjear. En este caso el cambio era una sartén o una plancha por la mitad de su precio. No suelo ir muy a menudo a este sitio a comprar y cuando lo hago no siempre llego al tope de compra para que te den un puntito. Así que acumulé muy pocos y cuando conseguí para hacer un cambio, me cogí la sartén. Me lo estuve pensando bastante, porque aunque fuera la sartén más barata de las que tenían, teniendo que pagar la mitad de su precio ya me subió a unos treinta y pico de euros. Pero debo reconocer que Su tiene razón. Oigan, la mejor compra de sartenes de mi vida. Tengo que cocinar con ella con cuchara de madera y después de limpiarla secarla enseguida y untarla con un poco de aceite, pero esas son las únicas atenciones que requiere. En el centro lleva un círculo rojo que cuando se unifica el color significa que ha tomado la temperatura adecuada para cocinar. Entonces es cuando la lleno normalmente de verduritas variadas y la uso tipo wock. Los resultados son espectaculares. Le doy un tute en la cocina que se ha convertido en una de mis imprescindibles. Así que desde aquí os recomiendo el consejo de Su. Si podéis medio hipotecaros o simplemente, que el personal de casa os regale dinero para poner en una hucha, el adquirir una sartén buena, buena, buena, es algo que se agradece y amortiza que da gusto. La ventaja que tiene es que consume muy poco aceite, casi nada. Lo deja todo en su punto. Con el truco del calor residual y tapándola con una tapa de cristal casi no consumo energía para cocinar y de momento nada se me ha quemado, lo cual se agradece un montón. Con la sartén lo de hacer verdura variada en tiritas espolvoreadas con especies varias, un poco de aceite de soja y luego mezclarla con fideos chinos, se hace en un abrir y cerrar de ojos. A mis niños y no tan niños les encanta. Esas mismas verduras las podéis poner en una fajita o un taco, pero en lugar de aceite de soja añadir un poco de salsa de tomate y ya tenéis cena solucionada y que puede dejarse casi preparada el día anterior, sólo hay que calentar y hacer los tacos. Cuando quiero hacer muchas más albóndigas con verduritas variadas y no uso la Lékué, las hago con esta sartén, primero las verduras y luego las acabo de hacer con las albóndigas y la sartén tapada. También le da un punto a la carne en general que no es ni frita ni torrada a la parrilla. Vamos, que es una tontería pero confieso que estoy descubriendo nuevas posibilidades y facetas al uso de la sartén que hasta ahora no había experimentado.

Bueno. Espero que estos tres posts os hayan dado alguna idea o puede que os hayan servido para recordar algún plato que hace tiempo no ponéis en casa. Estaría bien que alguien más se animara a comentar alguno de sus truquis o de sus cenas de supervivencia. Quien sabe, quizás me recordéis algún plato que hace tiempo no cocino y así vuelva a recuperarlo o como en las los otros dos posts, me descubráis una forma nueva de hacer una cena. Gracias por haber llegado hasta aquí i bon profit.

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Las cenas de mis niños y las estratagemas para que me resulten fáciles de preparar. (2º parte, las cenas más habituales y rápidas)

27 Abr

Como veis, Tsunami es fácil de arreglar. Las veces que hacemos una cena para los dos tenemos algunos platos que suelen ser más habituales. Muchos de los que nombraré son de cajón, pero aquí quedan por si alguien se ha olvidado de alguno recordárselo, que siempre va bien un pequeño repaso.

Algunas veces, los fines de semana que hay más tiempo, se recurre a una pizza casera familiar para todos. A mis peques les encanta elegir los elementos y colocarlos y eso te asegura su buena disposición a devorarla.

También es muy normal que de tanto en tanto se hagan hamburguesas. Para ello las asamos en una sartén tipo parrilla. Las de Terremoto siempre van acompañadas de verduras asadas en la misma parrilla y luego servidas con un poquito de sal y aceite.

Muchos martes que yo trabajo hasta muy tarde y R. tiene que hacerles la cena, es frecuente que si la combinación de menús de los dos coles lo permite y yo no he podido dejar nada preparado el lunes, que ese día se haga calamar a la romana de los que venden en el super. Es casi el único día en que se recurre a comida preelaborada de supermercado. Pero, pero, pero. Os diré que en eso también tenemos un truquito. En lugar de hacerlas fritas, las ponemos en el horno sobre una palangana ligeramente untada de aceite. Se hacen por un lado y luego se les da la vuelta. Así se hacen todas al mismo tiempo y no queda una cocina hecha una guarrería con las salpicadas del aceite. Resultan menos aceitosas y algo más saludables. Así que sepáis que tanto las rabas empanadas como las anillas de calamar rebozadas se pueden hacer al horno de forma rápida y limpia.

Los martes puede caer alguna crema de verduras, bien hecha el día anterior, bien de las de super, que aunque no me guste usar la prefabricadas siempre tengo alguna en la despensa por si hay una urgencia. Las cremas en casa gustan con crostones y si puede ser con crostones con sabor a ajo o a hierbas aromáticas mejor que mejor. El año pasado cuando Tsunami estaba muy burro y no colabora a la hora de tomarse la crema con los crostones, le pones dentro la crema unos cuantos fantasmitos (patatillas con forma de fantasmas) y entonces la cosa cambia y se acabaron los problemas. Actualmente ya no es necesario recurrir a los fantasmitos, la crema con los crostones le pierde, sobre todo si se los coloca él.

Otras comidas socorridas son las croquetas. Para freírlas y evitar dejar la cocina toda guarra, las frío en una cacerola. Sí, si, en una cacerola de esas que se emplean para calentar el agua, al menos cuando se calentaba el agua antes de tener todos un microondas en nuestras casas. Este truquito lo usa Su de Webosfritos y a mí me parece fabuloso y práctico. Se pone el aceite en el cazo y allí se van friendo. No salpicas apenas aunque el ritmo es algo más lento, pero al concentrar el líquido tienes que emplear menos aceite y te salen mejor. En ocasiones también he usado este sistema si hago carne rebozada en trocitos pequeños tipo nuggets, aunque en este caso es de elaboración casera, los nuggets jamás los he comprado en el super. Vamos, carne de pollo o pavo cortada a tiritas y pasadas por pan rayado y huevo, sin ningún misterio salvo que alguien quiera espolvorearlas antes con hierbas aromáticas.

Últimamente las tortillas de patatas se han hecho un pequeño hueco en nuestra lista de platos para cenar. Yo siempre he tenido un trauma encima, no he sido capaz de hacer una tortilla de patatas ni decente ni normalita, todas se me resistían y lo he intentado muchas veces. Pero el verano pasado, Mari, la abu de Tsunami me enseñó como las hacía ella y desde entonces las bordo ¡Gracias Mari, mis peques lo agradecen muchísimo! Antes de aprender a hacer la tortilla de patatas Terremoto devoraba solamente la de atún y la de cebolla con queso. Tsunami por su parte se decanta por la de queso o bien de queso con york. Estas también siguen comiéndose, pero hemos podido añadir la de patatas que tantos fracasos culinarios me habían llevado antes.

El cus-cus con verduras para Terremoto y con pechuga de pavo, york, queso o tortilla para Tsunami es otra cena socorrida y rápida de hacer. Empleamos el cus cus que venden en los supers. En un cazo una taza de agua. Se pone a hervir y al hacerlo se apaga el fuego y se añade una taza de cus cus. Espero unos minutos a que absorba el líquido y le añado un poco de aceite, remuevo y listo. Ahora sólo hay que añadir las verduras encima o bien los cuadraditos de york, queso o tortilla y listo para comer.

Las rotlles y el pescado al horno que comenté en su momento en el blog suenen ser unos habituales en nuestras cenas. También lo son los huevos rellenos, la coca de pimientos de pasta dulce o bien la de trempó y en verano la ensalada tibia de patata, cebolla y bacon. Como veis son platos no muy complicados y alguno se puede dejar semipreparado antes.

También comen ensaladas, muchas, sobre todo en verano y beben gazpacho, curiosamente sin crostones. Uno muy rápido de hacer son las crepes tanto dulces como saladas, las quiches o bien las fajitas o tacos con verduras, así como los nachos con guacamole.

Otros platos son unas albondigas con verduras, patatas y salsa de tomate o bien salmón con verduras y patatas. También se animan con los fideos chinos y unas verduras al wok pero sin wok, más bien a la sarte. Os hablaré de ello en el próximo post.

Bueno, ¿Qué os han parecido estas sugerencias para una cena rápida? Se que hay muchos platos más como sándwiches, bocadillos, la sopa que comenté en el anterior post…. Pero es que sólo os he puesto unas cuantas sugerencias rápidas y socorridas.

Y vosotras ¿Cuáles son vuestras cenas más habituales y que siempre os salvan la vida?

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Las cenas de mis niños y las estratagemas para que me resulten fáciles de preparar. (1º parte, las ollas con termo difusión)

14 Abr

Hace tiempo que no os comento nada de recetas de cocina. Bueno, hace tiempo que me cuesta empezar a tener un ritmo sensato de entradas, aunque empezamos a ponernos las pilas. En casa por suerte estamos bien, pero yo llevaba una temporada baja de pilas y me costaba un poco ponerme delante del teclado. También me cuesta un poco ponerme delante de los fogones y eso es más jodido. Si unos cuantos días o semanas no publico, pues no pasa nada. Pero si me paso unos cuantos días o semanas sin cocinar, puede resultar una hecatombe familiar de primer grado. Bueno, realmente, el hecho de una demora en el estricto horario de comidas de casa ya es de por sí una hecatombe, sobre todo para el chef/groumet/insaciable Terremoto.
Terremoto es el más exigente en cuestiones culinarias y en horarios de comidas también. Cuando viene del cole a las cinco, merienda, generalmente fruta, yogurt o yogurt con trozos de fruta y unos pocos cereales, vamos que yo diría que no debe quedar con hambre, pero debo estar equivocada. La cena en casa normalmente es a las ocho para los niños y nosotros solemos comer cuando ellos se han ido a dormir, más que nada para estar relajaditos y tener nuestro momento. Si la cena requiere comer todos juntos cenamos con ellos, por ejemplo los días que hacemos algo al horno que se tenga que comer caliente recién hecho. Terremoto es el más conflictivo de casa en cuestión comida. Si tiene hambre puede empezar a pedir la cena a las siete y ponerse pesado a las siete y cuarto y luego a las siete y media. En ocasiones, cuando son las seis o las seis y media ya está empezando a tirarte indirectas sobre la cena… No se si a alguien más le ocurre, pero os aseguro que es agotador. Cuando acaba de merendar ya pregunta por lo que se cenará y cuanto falta para la cena. Uuuffff…. y eso que acaba de merendar, que si le dejo sin catar bocado toda la tarde tengo a un tigre bengalí por hijo. Por otra parte para acabar de arreglarlo, es muy especial a la hora de elegir los menús. Si en el colegio el día anterior o el siguiente hay algún plato igual o parecido a lo que pones de cena, tenemos las quejas y los follones asegurados, o en casa o en el cole, eso ya veremos a quien le toca. Así que para coordinar sus cenas con sus comidas en el cole y además no coincidir con los menús del cole de su hermano me las veo y me las deseo muchos días. Es muyyyy normalllll encontrarme con que no puedo hacer carne o pescado, porque en un cole ponen uno y en el otro lo otro. No sabéis lo que fastidia eso. También es habitual no poder hacer pasta o cus cus o sopa o cremas o una simple tortilla porque alguno de los peques coincide ese día o el siguiente o el anterior. Así que en ocasiones, por suerte pocas, me he visto en la necesidad de hacer una cena para uno y otra para el otro. Es el problema que tiene que los peques se queden a comer y vayan a dos coles diferentes.
Por suerte, Tsunami es algo más fácil de llevar, suele comer de todo o de casi todo y no es tan exigente ni tienen ninguna crisis existencial porque un día pueda coincidir una cena con su comida del día siguiente. Es más, mi pequeñin ha salido en eso igual a su familia paterna. Cuando yo salía con mi pareja, nos hablábamos cada noche por chat. El vivir en provincias diferentes y con un brazo de mar de por medio obligaba a eso. Así que muchas noches interrumpíamos la charla porque él iba a cenar y luego, cuando se reincorporaba, le pedía que había comido. El 97% de las veces el menú era algún tipo de sopa. Era igual si era en pleno invierno como que estuviéramos hablando en pleno mes de agosto, la maravilla, los piñones, estrellitas, de letras, de fideos, tiburones, rellena…. Como veis, mi pareja y su familia son muy soperos. El 90% de los postres que tomaba entonces era un yogurt de macedonia. Es curioso porque desde que vivimos juntos no toma tanta sopa, sólo de vez en cuando. Cuando le pido si quiere que se la haga no muestra una necesidad vital en ello. Incluso los yogures de macedonia acabaron olvidados en el frigorífico y dejé de comprarlos. Pero Tsunami… Tsunami es otra cosa y la genética del caldo con una buena sopita está presente en su ADN. Si fuera por nuestro peque el 99% de sus cenas serian soperiles, sin ningún problema y se sentiría más feliz que una perdiz. Hace poco le pregunté en el super que quería para cenar que se lo compraría y su respuesta fue “ya sabes mamá, lo de siempre, una sopita” añadió a esa respuesta su carita de niño contento y feliz… vamos, que quien le discute el plato de sopita si es pedido con esa sonrisa suya que pone de oreja a oreja.
Esta condición me viene muy bien ya que me salva en muchos momentos al tener que montar dos menús o bien cuando hago sopa para todos. Comento este truco que tenemos en casa para la sopa, porque para mí es lo más normal del mundo, pero me he encontrado con muchas personas que lo desconocían y luego se han sorprendido al hacerlo.
Hace años, mucho antes de que yo pensara casarme o independizarme, teníamos una amiga de la familia, doña Catalina, a la que quería mucho y siempre recordaré por su amabilidad y sus buenos consejos. Un día le contó a mi madre un truquito que ellos usaban para hacer en casa la sopa. Mi madre acababa de comprarse una batería de cocina de las que tienen la base de termo difusión. Resultaba que esta señora también usaba ese tipo de olla, así que empezaron a intercambiar experiencias. Hoy en día son muy habituales, muchas lo son, me refiero a esas que tienen la base tan gruesa y generalmente con círculos concéntricos, pero hace treinta y pico de años no eran tan comunes, además de bastante más caras. Doña Catalina, le contó que para ella y su Fernando, ponía en la olla más pequeña el caldo, lo llevaba a ebullición y luego con cuidado (porque el cambio brusco de temperatura hace que el caldo rebose y se vertiera) echaba poco a poco la sopa. Removía un poco y tapaba la olla. Entonces con la yema del dedo iba dando toquecillos sobre la tapa y cuando notaba que esta estaba caliente, cerraba el gas y lo dejaba tal cual. Se cerraba justo cuando notas el calor que ya cuesta soportar en el dedo, porque si te pasabas entonces el caldo hervía demasiado y rebosaba por la tapa. Si esto ocurre, sólo tienes que destaparlo, dejar que suelte un poco de vapor o bien remover con la cuchara y volver a tapar.
De esta forma uno se despreocupaba de hacer la sopa y media hora después levantas la tapa y te encuentras una sopita perfectamente cocida y calentita a punto de servir. Ese es un truquito que yo he usado toda mi vida, porque luego yo me compré una de esas baterías de cocina. Nosotros seguimos usando la olla pequeña y nos da para cuatro raciones. Así que ya sabéis, si alguien tiene una olla de termodifusión, que sepa que la sopa puede hacerse así y no estando pendiente removiendo delante de los fogones. Lo apagas y a otra cosa mariposa.
Actualmente mi cocina no es de gas, tengo una vitro, así que aún es más fácil. La vitrocerámica guarda el calor residual. Pongo el caldo con la vitro al máximo para que el caldo se caliente pronto y coja un buen calor residual al apagarla. Espero que el caldo esté caliente pero no que hierva. Pongo la sopa y remuevo y espero a ver como empiezan a hacerse las primeras burbujas previas al hervido. Entonces es cuando tapo la olla apagando enseguida el fuego y con el mismo calor residual coge la temperatura exacta y no tengo que hacer aquello de darle con la yema del dedo a la tapa. Por si acaso vigilad los primeros segundos no sea que hayáis esperado demasiado y tapéis al hervir. En este caso se caliente demasiado y rebosa, cosa que en una o dos ocasiones me ha pasado, pero si se hace bien no ocurre. Si esto ocurre ya sabéis, destapáis un momento, removéis y volvéis a tapar. Os diré que si tenéis invitados este truco también vale para las ollas más grandes manteniendo el mismo tiempo, en media hora sopa hecha.
Sólo hay un detalle que hay que tener en cuenta, absorbe bastante caldo, así que sed algo generosos con el caldo que pongáis, sobre todo si os gusta la sopa más caldosilla. Algunas veces y depende del tipo de sopa, si le has puesto poco caldo luego te puedes encontrar un pegote de sopa, se que añadiendo líquido se arregla más o menos, pero no queda con buena presencia para presentar si es que ese día se tienen invitados. Yo normalmente me suelo guardar un poco de caldo para luego atemperar la sopa antes de servirla. En casa mi pareja es de los de sopa con casi nada de caldo, Terremoto y Tsunami con algo de caldo y yo con mucho caldito.
También para darle más sabor en casa nos gustaba ponerle dentro trocitos de botifarrón cortado a cuadraditos pequeños o bien trocitos de pollo hervido. Para las ocasiones más especiales le poníamos pequeñas albondiguitas que se cocían en el caldo, sobre todo lo hacíamos así en épocas navideñas, pero a diario también se puede tomar al resultar una combinación bastante completa. A mis pequeños el botifarrón no les entusiasma demasiado, pero las albóndigas las adoran. Lo recomiendo para los que disfruten de esta forma, para mí es delicioso. El botifarrón tiene en sus ingredientes semillas de anís y el gusto del anís le daba un punto muy especial a mi modo de ver. Para la sopa rellena no hay ningún problema. Se hace el mismo procedimiento, pero poned bastante caldo y la olla bien grande para evitar que se apelmace.

El truco que os acabo de explicar con la sopa se puede aplicar también para cocer la pasta. Nosotros no solemos tomar pasta de noche, porque la encuentro un poco pesada antes de ir a dormir. La forma es como la que os he explicado antes. Se pone el agua con una pizca de sal unas gotitas de aceite y nosotros ponemos una hoja de laurel. Esperas a que hierva, se pone la pasta dentro, macarrones, hélices, espaguetis, tallarines, raviolis… se cierra y se esperan unos quince o veinte minutos. Vamos, el tiempo en que preparas la salsa y pones la mesa. En casa somos cuatro y claro, ponemos bastante pasta, y esperamos ese tiempo. Se que me diréis que de esta forma los tiempos son los mismo, pero el ahorro energético es considerable y la disponibilidad para hacer otras cosas mientras también son de agradecer. Pensad en la de cosas que podéis ir adelantando en veinte minutos o simplemente darse el gustazo de disfrutar un ratito para ti o para tu familia. Seguro que más de uno se apunta a este truquito.

Nota: Es curioso, pero acabo de darme cuenta que como en casa muy pocas veces hacemos arroz a la cubana, el truquito no le he intentado hacer para hervir el arroz blanco, pero tampoco me extrañaría que sirviera, aunque no lo tengo comprobado.

Editado: Mirad los comentarios, Tonia nos dice como hacer con esta técnica el arroz. Gracias encanto.

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Os recomiendo uno de los primeros blogs que seguí y que ha vuelto: Mi cocina para ti.

20 Mar

Algunas veces os he contado que yo entré en el mundo de la blogoesfera a través de los blogs de cocina, pero sobre todo a través del blog de Ruth, la bloguera de Mi cocina para ti.

De eso hace ya mucho, pero que muchísimos años. Terremoto era pequeño entonces. En esa época, tenía muchos problemas para hacerle la comida porque era muy tiquis-miquis y sólo comía una serie de platos muy contados y en sitios muy concretos. Por ejemplo, los nuggets sólo los comía en casa de mi madre. Los huevos pasados por agua sólo en mi casa. Los macarrones sólo en casa de papá y así cuatro o cinco platos más. Por algún cajón, si no se ha tirado ya, debe haber una lista de las comidas que hacía y donde las hacía y la verdad… es que era una lista desesperadamente corta. No podéis imaginaros que angustioso era darle de comer. Si algo no le gustaba sencillamente no comía. Podías dejarle unos días sin comer que él seguía en sus trece, y no comía. Para una madre cuando se encuentra con este panorama, cualquier ayuda es bienvenida. Nos volvíamos locos porque tampoco quería comer nada en el cole y me dijeron que si no comía no se podía quedar a comedor. Pero, se quedaba a comedor porque ambos padres trabajábamos y no podíamos dejar de trabajar para ir a buscarlo y darle de comer… Era un pez que se mordía la cola. Al final mis padres optaron por ir a buscarlo al cole, darle de comer en su casa y luego volver a llevarlo. Pero eso implicaba que ellos tenían que aguantar sus problemas y sus crisis, y esas, siempre han sido muy chungas.

Tuvimos este panorama en casa desde muy temprano, y eso que con las papillas tampoco hubo excesivos problemas. Bien es cierto que tampoco hubo demasiadas facilidades y como no le gustaran demasiado te las veías y deseabas para primero probar combinaciones de verduras varias que le gustasen y segundo hacer el avión, bailar un Twist o darle la cuchara contando un cuento o haciendo el pino-puente.

Terremoto estuvo unos cuantos años así hasta que un buen día fuimos al cine a ver una peli de Pixar….

… Había visto el trailer por el ordenador y desde que vio el primer fotograma nos pedía para ir a ver la peli del ratón. Por si alguien aún no ha caído en ello, Terremoto se refería a la peli de Ratatouille. Pasó un tiempo y por fin se estrenó y yo me lo llevé al cine. Me encanto. La encontré tierna, divertida, pero sobre todo era un cántico a la comida y al saber hacer. Al desenvolverse entre fogones. Un homenaje al crujido del pan, a la justa medida de los condimentos. Al aroma del puchero cuando hierve y hace chup chup. A la degustación de todos estos sentidos juntos, la vista por la presentación, el oído del burbujeo y el crujir, el olfato con su multitud de aromas que se volvían a combinar y surgían otros nuevos y finalmente, el gusto. Era un homenaje a todos los cocineros. A la comida elaborada, la casera, frente a la comida prefabricada. A la comida cocinada con su tiempo justo y no de una forma acelerada. A la comida bien hecha. Pero, sobre todo, era un reconocimiento a una gran frase “cualquiera puede cocinar” y esa tarde, esa frase quedó gravada a fuego y hierro en algún lugar destacado del cerebro de mi hijo.

Terremoto salió del cine contento, eso era de esperar. Pero también salió del cine cambiado. Rémy le había descubierto el arte culinario y ese descubrimiento obraría un antes y un después en su vida… y de paso en la de todos los que le rodeábamos.

Esa misma noche ya no quiso uno de sus platos de la lista, esa tan desesperadamente corta. Esa lista pasaría a la historia y acabaría olvidada dentro de algún cajón. Ahora su lista era inmensa, ilimitada, infinita. Quería algo nuevo y yo no me lo podía creer. Había empezado no una nueva etapa. Había empezado una nueva era. Desde ese día Terremoto empezó a lanzarnos a troche y moche un montón de retos culinarios y no eran precisamente fáciles de satisfacer, oigan. Os pongo en situación.

Mamá está en la cocina preparando cosas. Terremoto está en la sala viendo dibujos. Terremoto llama desesperadamente a grito pelado “¡¡¡MAMAAAAAAÁ!!!!. Como podéis imaginar al principio acudía rauda y veloz ante semejante grito, no fuera que mi retoño se estuviera despeñando por algún mueble. Cuando llegaba me lo encontraba al lado de la tele señalando la pantalla y apremiándome para que me fijara en algo de los dibujos que ni tan siguiera te daban pistas de lo que era, pero que era comida. Entonces me decía que mañana para cenar quería eso que había salido en los dibujos de Tom y Jerry, o en los de la familia pirata, o en los que fuera que había aparecido un plato con algo humeante dentro. Espero que nadie se haya visto en este brete, porque es un brete y de los gordos. Al día siguiente Terremoto exigía su comida como la de los dibujos. Tengo que aclarar que hasta que uno no se encuentra con esta situación, no puede ni imaginarse la de fantasía y la de colorines que ponen los dibujantes de animación a la hora de representar comidas varias. Oigan ustedes, que estoy casi segura que nunca han cocinado en sus casas ni han visto o se han fijado demasiado en como quedan los platos cuando han pasado por una sartén. Un desespero. Así que aprovecho para hacer un llamamiento a los dibujantes, sean buenos, dibujen mejor los ingredientes y no se limiten a poner unos manchones de diversos colores dentro de un plato. Las madres que tenemos mini-chefs exigentes en casa, lo agradeceremos.

Mamá, o sea, mi menda, iba capeando el temporal con mucha imaginación. El reto más difícil de todos fue hacer una ratatouille como la que sale en la peli, casi nada. Me puse manos en la masa y empecé a buscar por Internet en que consistía exactamente una ratatouille y encontré que en Mallorca hay un plato “parecido” (recordad que toda la comida mediterránea tiene algo en común al compartir los mismos productos) pero el plato no le satisfizo. Evidentemente, no tenía la misma presentación que en la peli. Esa fue la parte más difícil de reto, porque yo no es que me hubiera fijado expresamente en como era la elaboración de la película, pero mi hijo sí. Lo tenía clarísimo y lo expresaba a su manera de entonces que no siempre era de lo más explícita. Tenía que ser una fuente redonda, al horno, con los ingredientes cortados en rodajas, primero uno, apoyado en este el otro y así formando una serie infinita hasta que realizabas el último círculo concéntrico. Se le añadía una salsa, supuse que de tomate, encima y poner un papel de horno, redondo evidentemente, sobre las verduras antes de ponerlas en el horno. Tenía que sacarse del horno con los agarradores de manopla, no se muy bien porque los cuadrados no le iban bien. Fuimos de nuevo al cine para ver la peli y poder fijarme mejor en esos pocos segundos en los que se elabora el plato. Tengo que decir, que evidentemente, cuando salió la peli nos la compramos el primer día. Llevaba semanas reservada y en los extras me encontré con unas imágenes de uno de los cocineros que había asesorado para la película cocinando precisamente ese plato. Era la forma que me pedía Terremoto. La misma que habían copiado al detalle los dibujantes de Pixar y que a mí me daba tantos quebraderos de cabeza por no parecerse en nada a la elaboración tradicional de la receta francesa. Vi ese breve fragmento no recuerdo cuantas veces, pero muchas, hasta que le pillé el tranquillo. Ya me tenéis a mí, en mí entonces mini-cocina, haciendo experimentos para cortar los ingredientes igual de finos, colocarlos en círculos concéntricos y que diera el pego. Tras un primer intento más o menos presentable pero con serios reproches por parte del maître referentes a la presencia, llegué a la conclusión de que primeramente tenía que comprarme una buena mandolina para cortarlo todo igual, ya que a cuchillo eso no ocurre. Terremoto me exigía unos cortes armoniosos y homogéneos como los de Rémy. Como no estaba del todo segura de los ingredientes y en la peli había tres ingredientes que formaban la serie y uno era rojo, la ratatouille de nuestra casa estaba formada por rodajas de berenjena, calabacín, tomate, salsa de tomate y luego conseguí convencerlo de sustituir el papel de horno por lonchas de queso para fundir que poníamos encima.

Miren ustedes por donde esta madre que os escribe empezó a tener sentimientos encontrados con el susodicho Rémy. Por un lado le agradecía infinitamente que hubiera descubierto el placer culinario de mi hijo. Por otro, hubiera deseado que no se lo hubiera descubierto tanto ni tan a lo bestia.

Fue en una de mis primeras búsquedas por Internet cuando Terremoto estaba en plena punta de la vorágine culinaria que topé con un blog que marcaría un antes y un después en mis conocimientos de cocina y en el aprender a desenvolverme muchísimo mejor entre pucheros. Una tarde entre en un blog, antes tenía otro nombre, en francés. Luego lo cambió. Era el blog de Ruth.

Ruth es una chica chilena que está casada con un suizo y viven en Suiza. Tenía una curiosa cocinerita un poco más pequeña que mi mini-chef. Ruth tiene varios amores, además de su niña y su marido. Ruth esta enamorada de la cocina, lo lleva en la sangre. Su padre había sido un cocinero profesional que había sabido transmitir a su hija el amor por el arte culinario, además del amor especial que sólo tienen algunos padres. Por desgracia, hacía unos años que “su calvo” como ella lo llamaba, había muerto. Ruth empezó su blog para recordar a su padre y para recordar a su Chile natal que estaba tan lejos de ella.

Cuando yo descubrí su blog me sentía atraída por él y empecé a leerlo hasta que llegue a las primeras entradas y descubrí esta historia tan bonita y tan entrañable. Poco a poco Ruth empezó a poner más entradas de cocina y al final era ya básicamente un blog sólo de cocina. La nostalgia del amor de su padre y de su Chile lejano afloraba sólo de forma espontánea y casi accidental. Fue una bonita etapa que duró bastante tiempo, unos cuantos años. Cada día entraba en su blog y me encontraba un plato diferente, porque prácticamente cada día hacia una entrada, o dos, o tres. Estas se correspondían con el plato que ese día se comería en casa o que se había comido el día anterior. Un día era un postre (tengo que decir que Ruth tiene unos postres divinos) un día una ensalada, una crema, una sopa, carne, pescado, un plato más exótico de cocina árabe, oriental, mejicana, caribeña…, un batido, un combinado… su imaginación y sus conocimientos eran infinitos.

Le escribí unos cuantos correos, le explique mi situación con Terremoto y me dio unos muy buenos consejos. Gracias a ella le pillé el gustito de ponerme delante de unos fogones. Ahora ya no era un trauma, era un arte. Aprendí a dedicar el tiempo justo a cada plato y no cocinar con prisas. Aprendí que la presentación es tan importante como el cuidado y la búsqueda de una buena materia prima. Aprendí que los utensilios tienen que ser de calidad si quieres que todo tu esfuerzo tenga buenos resultados. Aprendí muchísimas cosas, sólo discrepaba con ella y fue en el uso de la mantequilla. Tenéis que perdonadme y ya sé que en un país como Suiza el aceite de oliva no se usa con tanta soltura como en un rinconcito del Mediterráneo. Así que para mí eso de freír carne, verduras o pescado usando mantequilla me daba una cierta grima que me ponía los pelos de punta. Me tomé pues la licencia de sustituir el sólido amarillo por el líquido dorado y oleoso. Evidentemente, en los postres respeté más el uso de la mantequilla. Esa fue la única pega que tuve con su blog.

Empecé a hacer sus recetas y lo cierto es que las bordé a la primera. Estaban todas deliciosos, riquísimas, para chuparse los dedos y no eran extremadamente difíciles de preparar. Quizás ese éxito se debió a que Ruth tiene los pasos minuciosamente documentados, con una cantidad de fotografías que hace que hasta el más torpe y más novato de los que por un momento piensen que pueden considerarse cocineros, pueda seguir sin ninguna dificultad todas sus elaboraciones. En una palabra, que Ruth cambio mi vida y no puede imaginarse lo mucho que me ayudó a afrontar el reto culinario de Terremoto.

Un buen día Ruth tuvo que dejar el blog. Había empezado a trabajar y el tiempo no le daba para todo. Lo dejó abierto para que todo aquel que lo deseara pudiera seguir consultándolo. El blog había sido un homenaje a su padre y ese homenaje seguía ayudando a todos los que quisieran asomarse a sus páginas. Pasaron los años y cuando esta que os escribe decidió montar su blog, tuve bien claro, desde el primer segundo, que el blog de Ruth, aunque llevara muchos años cerrado, sería referenciado con su enlace para que todos aquellos que buscaban ayuda en la cocina pudieran dar con él.

El tiempo ha pasado. Alguna vez se publicó algo. Luego de nuevo el silencio…. Hasta hace poco. Un día, cuando entré en mi blog y miré lo que habían publicado los blogs de referencia vi una entrada suya. Al poco vi otra y luego otra y otra. Ruth había vuelto. Mi cocina para ti había reabierto sus puertas. Sus recetas estaban saliendo como los platos recién cocinados del mejor de los restaurantes del mundo. Como los platos que salían por las puertas de la cocina de Ratatouille. Las mismas explicaciones, los mismos detalles, la misma ayuda de las fotos. Nuevos platos sencillos, fáciles, apetitosos y estoy segura que igual de riquísimos.

Sé que mi blog es muchísimo más modesto que el suyo y que tengo menos seguidores y gente que me visita, pero me hacía una ilusión tremenda contaros que Ruth había vuelto y que tenéis de nuevo a vuestra disposición uno de los mejores blogs de cocina que he conocido. No me podía quedar sólo diciéndole hola. Mi mente me estaba pidiendo que le hiciera una entrada de bienvenida como se merece. Como se merecen aquellos que son especiales y a los que sin saberlo, les debes muchísimo. No he podido evitarlo y sin darme cuenta hoy he empezado a escribir y no he parado hasta llegar aquí. No sé si es el mejor blog de cocina, pero para mí fue y es un gran blog de cocina y le debo mucho. Así que…

Señoras y señores, preparen las servilletas, cojan sus cubiertos, porque están a punto de degustar unos platos exquisitos que han salido de unas manos maravillosas que no se limitan sólo a cocinar, sino que en cada gesto, en cada movimiento, transmiten casi a escondidas, ese amor y esa sabiduría que recibió siendo niña allá en su Chile natal al observar como su padre le iba dejando un hermoso legado.

Por ti y por ese fantástico padre que tanto te enseño. Muchísimas gracias gatita Ruth.

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Salsa de hinojo para acompañar platos de salmón, la receta de la cuñada de la peluquera

13 May

Hace algunas semanas que no os comento ninguna receta de cocina. Lo cierto es que no soy un crac de los fogones, pero también es cierto que me gusta cocinar, si consigo estar tranquila y sin líos, y me gusta la buena comida ¿a quién no? Esta receta tampoco es de las que tenga mucha solera en casa, pero desde que ha entrado se ha hecho unas cuantas veces y cada vez nos gusta más convirtiéndose en una imprescindible en nuestro repertorio. Como muchos otros tesoros culinarios que apunto en diversos papeles sueltos de diversos formatos y letras, esta receta vino de quien menos esperaba y de la forma que menos esperaba y cuando menos lo esperaba.

Estaba yo en la peluquería haciéndome mi querido tinte, ese que hace que no parezca que he envejecido de golpe cuarenta y ocho años y me permite mirarme al espejo con cierta gracia y salero y soltarme un sonoro ¡Guapa, Guapa, y Guapa! A ver si así conseguimos levantarnos la moral cuando vemos nuestro rostro y cansado de madre trabajadora reflejado al otro lado por la mañana. Pero a lo que iba. Estaba en mi visita a la pelu, a esa pelu que frecuento desde que tenía cuatro años y que el día que cierre me dará un disgusto de los gordos. Habíamos hecho todos los procesos habituales de tintado de pelo y había estado escuchando las historietas inverosímiles que sólo pueden escucharse en una peluquería de esas de barrio en las que las clientas son como de la familia y casi todos se llegan a conocer. Recuerdo que estábamos contando hechos de esos curiosos. La peluquera nos contó que una vez una clienta había perdido el sonotone (aclaración para aquellos que oyen de perlas. El sonotone es ese aparatejo que te pones detrás o dentro del oído para aquellas personas que tienen problemas de audición, algo parecido al famoso “pinganillo” que popularizó en su momento Carmen Sevilla) Pues como he dicho antes, a lo que íbamos. La peluquería se revolucionó buscando el conflictivo sonotone que no aparecía por ningún lado. La pobre señora se fue compungida a casa, ella aseguraba que no se había vuelto turulata y que había dejado el aparatito en el bolso que estaba abierto en el respaldo de la silla, pero dentro de su bolso no había nada. La peluquera se encargó de volcarlo y escudriñarlo buscando dicho objeto. El suceso se resolvió unas cuantas horas después, esa misma tarde cuando otra clienta llamó desde Portocristo porque cuando había llegado a casa se había puesto a hacer la comida. Le había pedido a su marido que le acercara las gafas que tenía en el bolso y este encontró un extraño objeto dentro. La mujer preocupada llamó a la peluquera “A., que me he encontrado una cosa muy rara en el bolso y mi marido dice que es un aparato de esos que llevan los sordos”. Menuda alegría que se dio la peluquera y menuda alegría le dio a la señora despistada que había confundido su bolso con otro. Después de la alegría vino la consternación y la sorpresa al descubrir que su audífono se había ido de excursión, literalmente al otro extremo de Mallorca. Resulta que esta clienta era de las de toda la vida pero que hacía unos años habían ido a vivir allí, pero bajaba a Palma una vez al mes y aprovechaba para pasar por la pelu de siempre donde la conocían bien y la trataban como a ella le gustaba. Nos quedamos sin saber quien fue que llevó el aparato a quien o simplemente si se encontraron a medio camino y quedaron en un bar a tomarse una tila y una hierbas dulces, quien sabe.

Esta es una de esas historias comunes en mi peluquería, pero ese día estábamos inspiradas y seguimos contando aventurillas. Se contó luego el caso de otra señora muy mayor que su hija llevó otro día a la peluquería. Esta señora había sido la única clienta que había además de otra señora que llegó luego. Cuando esta segunda clienta fue a irse se fue a poner los pendientes que se había quitado para que le lavaran la cabeza. La sorpresa fue cuando no los encontraron y eran unos pendientes de gran valor que le había regalado su marido cuando eran jóvenes. Llegaron a la conclusión que cuando la otra primera clienta del día también se había quitado los suyos a la hora de lavar y al tener que marcharse pidió a una de las chicas que se los pusiera. Debió equivocarse y entregó a la peluquera los de la segunda clienta. Así que nuevamente la peluquera cogió listín de número y teléfono en mano, llamó al móvil de la hija que estaba en el coche de camino a casa. La hija se paró para contestar y cuando la peluquera le dijo que suponían que los pendientes que llevaba la madre no eran los suyos, se volvió para mirarla y así fue… de vuelta a la pelu.

Pero este no fue ni de lejos el suceso más rocambolesco que les pasó, uno de los más sonoros de esa tarde fue el de una clienta también muy mayor y con principio de alzhéimer. Esta vez fue el hijo quien la llevó. A la hora de partir la peluquera llamó al hijo para que fuera a buscarla y le cogió su rebeca y le ayudó a ponérsela. El hijo vino y se la llevó a su madre a casa. También y al cabo de un rato otra clienta descubrió que su rebeca había desaparecido. Al cabo de un buen rato de pensar observaron que la única que se había ido con una de esas prendas era esa señora, así que la peluquera fue al día siguiente a pedir a una chica que sabía era su sobrina si le podía dar la dirección de la señora en cuestión. Tuvo ciertas dificultades para conseguir las señas, ya que tía y sobrina estaban peleadas desde hacía tiempo, pero al final y tras insistir un buen rato, consiguió la dirección. Nuestra querida y abnegada peluquera se fue a la dirección dada y allí pulsó el botón del portero automático. La clienta en cuestión además de alzhéimer era sorda rematada y como entendía cualquier cosa antes de lo que le decía la peluquera a voz en grito por el portero automático no quería abrir a nuestra empecinada heroína. La peluquera le gritaba por el altavoz “Hola Sra. M. soy A.” y la Sra. M. le gritaba “Aquí no abrimos la puerta a ninguna gitana”, “que no, Sra. M. que soy A., la peluquera” , “que no tengo ninguna perra”… Al cabo de unos minutos de escándalo callejero vía interfono entró en la conversación la vecina de la puerta de enfrente de la Sra. M. que había estado cotilleando la charla y le pidió a la peluquera que subiera que ella tenía el teléfono del hijo. Así que la peluquera pudo ponerse al fin en contacto con el hijo. Este fue por la tarde a casa de su madre y encontró una rebeca en el armario de esta, pero la madre insistía en que esa prenda era suya y claro, la propietaria no había previsto un lió como ese y no la tenía etiquetada como las rebecas de los escolares. Al final la peluquera habló con la dueña, que por cierto estaba muy tranquila y fue la más calmada de todas, y le dijo que si el hijo buscaba en un bolsillo en concreto de la prenda encontraría una carterita con unas características concretas y un contenido concreto. Parece que esta vez el hijo si que se creyó que la madre había salido de la peluquería con dos rebecas y devolvió la segunda. Y miren ustedes lo que son las cosas, la sobrina que estaba peleada con la tía acabó siendo la hija de la que se había llevado los pendientes y también era sobrina política de la que había perdido el sonotone…

Hay veces que las casualidades y las historias se entrecruzan y rayan el esperpento.

En ese momento, en la peluquería una de las chicas comentó “pero si algo también hemos tenido de entretenido además de las aventurillas que nos han pasado con tantos años trabajando han sido las magníficas recetas que nos han pasado muchas clientas” A esas alturas, yo estaba a punto de irme y de pagar. Fue en ese momento cuando la conversación se desvió al tema culinario y nuestra querida peluquera comentó una receta que si bien no era exactamente de una clienta, era de su cuñada, la hermana de su marido. Creo que alguna vez he comentado que el marido de mi peluquera ya está jubilado pero que era cocinero de profesión. Lo cierto es que cada vez que me han recomendado una receta o un sitio donde comer el éxito ha sido seguro. Así que cuando A. dijo que esa era la receta favorita de su marido a la hora de acompañar un buen salmón, no me lo pensé ni dos veces y pedí de inmediato un boli y un papel donde apuntarla antes de irme.

La receta es muy sencilla y teniendo en cuenta lo mucho que nos gusta a mi pareja y a mí este pescado cocinado a la plancha, os podéis imaginar que no estuve demasiado tiempo en ponerla en práctica. El resultado fue exquisito, es sencillísima de preparar y la mezcla es sorprendente. Así que sin más historietas ni más rodeos, pasó a contaros ya de una vez una de esas recetas que sólo caen en tus manos después de una intensa tarde de peluquería de barrio con muchas risas, historias, cotilleos y tintes y lavados de por medio, como tiene que ser.

 

Ingredientes:

1 yema de huevo

7 cucharadas de aceite de oliva virgen

2 cucharadas de vinagre

1 cucharada de azúcar

1 cucharada de mostaza de Dijon (pero supongo que otra también podría valer si alguien es sibarita en eso de las mostazas)

1 cucharada de hinojo (las hojas verdes) picado. Nosotros lo cierto es que le pusimos bastante más que una cucharada porque nos gusta mucho el gusto que tiene.

Sal y pimienta al gusto de cada uno.

Nota: el fonoll, fenoll o hinojo es una plata aromática típica de la cocina mediterránea. La puedes encontrar sin ninguna dificultad paseando por el campo al lado de las paredes de piedra o en las orillas de los caminos. Por si alguien no sabe de qué planta hablamos su nombre científico es Foeniculum vulgare, así podréis comprobar exactamente a qué tipo de planta me refiero y como localizarla en vuestro entorno.

 

Preparación:

Pues lo cierto es que está chupado. Se ponen todos los ingredientes en la batidora, se bate y se pone sobre el pescado.

… dicho así queda demasiado fácil, así que si alguien quiere hacerlo en plan tradicional y sacar el mortero y ponerse en la masa a emulsionarlo pues es muy libre, pero el resultado será el mismo. Lo comprobamos.

Así que nadie se queje, tiene una receta super sencilla, rápida y que hace que este pescado pase de estar buenísimo a estar soberbio. En casa le hemos hecho diversas veces para cenar, acompañando el salmón con un poco de cus-cus también regado con salsita. Bien unas patatas al microondas y luego troceadas y aliñadas acompañadas de unos trocitos de tomate también aliñado. Nos falta por experimentar con arroz blanco hervido y con fideos chinos que seguramente también puede quedar delicioso. Hmmm…. Me está empezando a entrar hambre. Nos vamos a cenar. Hasta pronto y bon profit a tots.

abril 2014 317

Circus Day, una web de cocina muy interesante

8 Abr

Es muy probable que muchos de vosotros no sepáis una curiosidad propia de los mallorquines. En las islas, el tiempo nunca transcurre igual que en otros lugares, de la misma forma que las distancias tampoco son iguales. Me explicaré. Todo aquello que en la península parece normal, tipo hacerse en coche más de 100 kilómetros o estar conduciendo más de una hora para llegar a un sitio, aquí nos parece algo impensable, demencial, aberrante o extragaláctico. Con las comunicaciones actuales es posible que esta situación ya no nos sea tan nueva pero siempre nos choca mucho cuando pisamos tierra peninsular y agota tener que meterse ciertos palizones para ir a comer algo, subir a una montaña o llegar a una playa.

Quizás sea por esa condición de insularidad que la idiosincrasia isleña ha creado otra curiosidad que llama muchísimo más la atención a todos los que la visitan. En Mallorca, un par nunca en la vida se refiere a dos. Bueno. Maticemos. Tampoco somos idiotas, evidentemente, cuando nos referimos a un par de guantes, de calcetines, de zapatos, de ojos, de orejas, de manos, brazos, piernas o pies. En esos casos, un par son dos. En el resto de casos un par puede ser una cantidad indeterminada comprendida entre más de uno y el infinito. Ello ha provocado una extraña pregunta ¿te refieres a un par mallorquín o a un par forastero? Es la típica frase que surge cuando alguien se plantea una duda sobre la cantidad de ese par. Evidentemente, el par mallorquín es el indeterminado. El equivalente a dos, el que entiende cualquier foráneo de las islas, es el par forastero. Es muy normal que al carnicero de toda la vida que sabe que somos cuatro en casa, al pedirle un par de bistecs para torrar pues directamente nos pone ocho unidades. También es normal que cuando hablas con alguien y le cuentas una monería que hizo tu peque hace algo así como cinco años, le dices que eso ocurrió hace un par de años y también te entienda perfectamente. Igualmente si esa monería la hizo tu vástago hace dos semanas, cuando tú la cuentes también dirás que hace un par de días tú peque os deleitó con esta ocurrencia y te seguirán entendiendo. Entonces… ¿Cual es esa cantidad?… pues supongo que para saberlo uno tendría que ser isleño… es algo que llevamos en los genes o que la vida prolongada en estas tierras te dará con el tiempo. Es algo que todos entendemos y aunque parezca algo increíble, el tiempo, el espacio y la vida de sus habitantes ha ido discurriendo sin problemas en estas pequeñas islas del Mediterráneo occidental, sin que nunca uno se preocupara por saber exactamente que cantidad es un par.

Aclarado esto, puedo empezar el post así como yo quería sin que nadie se tome mis primeras palabras como algo literal, ni las segundas, ni tampoco las terceras, sino como la plácida forma de hablar de alguien que está acostumbrado a que el tiempo y el espacio transcurren de forma distinta o al menos peculiar en relación al resto de la humanidad.

Hace un par de días una chica entró en la biblioteca. Era una chica callada. Estaba en una biblioteca y aunque en ese momento ella era la única clienta (creo, porque como os he dicho eso paso hace un par de días) en las bibliotecas siempre se tiene que hablar flojito, y eso hizo. Era una chica muy educada. Tenía una voz que recuerdo dulce y se movía como si su cuerpo fuera una cinta que ondea el viento, con sumo cuidado. No se si el echo de estar donde estaba hacía que su conducta fuera esa, lo cierto es que fue con mucha delicadeza y sus movimientos eran pausados y silenciosos. Esa chica me pidió por unos libros peculiares. Digo peculiares porque en alguna ocasión yo los había mirado, me llamaban mucho la atención pero tengo que confesar que nunca me había atrevido hacer nada de lo que decían sus páginas. Esos libros eran unos recetarios de cocina mallorquina del siglo XIX y otro de principios del XX. Ya que hoy también vamos de confesiones, tengo que confesar que pese al gran valor y tradición que se guarda en sus páginas, no son de los más consultados.

En general tengo bastante buena memoria para recordar quien ha consultado ciertos libros. Tengo que decir que yo sólo los había sacado una vez, cuando otra señora, esta algo más mayor, que trabaja en un horno que está muy cerca de la biblioteca y que elabora recetas antiguas, vino hace cosa de un par de años a consultarlo. (Nota: esta vez sí que un par de años se refiere a un par forastero)

Pero volvamos a nuestra historia. La chica se sentó en una de las mesas del fondo, la de la derecha. Estuvo consultando el libro con la misma delicadeza con la que había entrado y al cabo de un par de minutos vino a preguntarme si podía sacar una foto de unas recetas. Una parte de mi trabajo es saber por que motivo se reproducirán los documentos que tenemos, así que le hice esa pregunta, las de rutina. Su respuesta, confieso que me intrigó. No por el tema por el que los necesitaba, que esa circunstancia ya se ha dado otras veces, sino por el motivo, por una parte de la frase en sí, cuando os diga cual fue su respuesta lo entenderéis. Me respondió “tengo un blog de cocina en el cual hago recetas antiguas y he venido para documentarme como se hacían unos platos que tengo ganas de ver como salen para publicarlo”

Hasta ese momento habían venido algunas personas interesándose por textos o fotografías para sus blogs y salvo que esos textos o fotografías tuvieran los derechos de autor vigentes no había problemas en hacer una reproducción. Lo extraño no era que viniera el dueño, o en nuestro caso la dueña del blog. Lo que me alucinó es que el blog se dedicara también a recetas antiguas y que su dueña se tomara la molestia de ir expresamente a las bibliotecas para consultar los recetarios antiguos. Cuando estudiaba en la Universidad siempre decíamos que en caso de duda acude a las fuentes, pero por desgracia hoy en día, en caso de duda la gente acude a internet y hay ciertas cosas que internet no puede darte las soluciones pero las fuentes sí.

Esta chica hizo sus fotos y luego tuvo que rellenar el habitual papeleo que toda persona que hace una reproducción tiene que hacer con nosotros. Entre las cosas que tenía que poner en el caso de reproducción para un web era indicar cual era. Así fue como ví por primera vez escrito el nombre de la web de esta chica “Circus Day”. Me pareció un nombre muy curioso para una web de cocina y también me pareció una forma muy curiosa de cuidar sus recetas el ir a consultar los recetarios antiguos, así que confieso, una vez más, que la curiosidad me pudo y cuando llegué a casa busque la web y me dejé fundir como el chocolate contemplando con deleite lo que para mí fue toda una sorpresa. Una página muy bien presentada y cuidada. Unos textos mimados. Unas fotos extraordinarias. Pero sobre todo unos platos con una pinta deliciosa, fáciles de trabajar y con una presentación muy pero que muy estudiada. Se notaba el esmero, el cariño y el amor que se ponía en el trabajo bien hecho, en mirar el detalle, en no hacer las cosas deprisa simplemente porque se ha de publicar. Cada pequeña cosa, cada detalle, estaba allí porque debía estar allí pero cuando lo veías no eras consciente de que si estaban allí era porque ese era su lugar, ni más, ni menos.

También tengo que confesar que mi pareja debió percibir el mismo cuidado que yo y sin que yo lo supiera se lo puso en favoritos. Un par de semanas después me sorprendió un día cuando al llegar a casa R. me había preparado la comida.

– Hoy te he preparado una receta mallorquina de 1876 – me dijo.

– ¿Y de donde te has sacado tú una receta mallorquina de 1876?

– Pues de la web de cocina que mirabas el otro día. La he estado mirando hace un par de días por mi cuenta, y es estupenda. Hoy ha publicado este plato. Me ha llamado mucho la atención que pusiera de 1876′ y también he creído que te gustaría. Así que he salido al super y me he puesto con ello.

Nuevamente, tengo que confesar, que si alguien me tiene la comida preparada sobre la mesa cuando llego a casa después de trabajar, no suelo poner ningún tipo de objeciones. Ese día no sólo no puse objeciones. Ese día quedé encantada. La comida estaba deliciosa, era exquisita. Era como volver a redescubrir un sabor que había sido olvidado durante más de cien años y encontrarlo de nuevo. Mi autoestima subió un par de grados en la escala de Richter, si es que esta escala puede medir los grados de la autoestima. Que tu churri te reciba con algo tan especial, hecho especialmente para ti porque piensa que eso te pude gustar y porque lo ha sacado de un sitio que le has recomendado, es algo que te eleva el ánimo por dos motivos… bueno tres: Porque la comida estaba deliciosa. Porque me quiere un montón. Porque aún me escucha cuando le hablo y le suelto alguno de mis rollos monologuísticos. Esta subida de autoestima bien se merecía una recompensa y me propuse que cuando fuera su momento os daría a conocer este blog. Pues bien queridos lectores, el momento ha llegado. El show está a punto de iniciar. La carpa está montada, los lectores han ocupado sus asientos ante sus pantallas y esta que os escribe se encuentra en medio de una pista con los focos iluminando un estrambótico sombrero de copa y un traje tipo levita en rojo mientras de fondo una fanfarria está sonando.

Así que como dice esta chica en su blog:

Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemens, bienvenidos a Circus Day.

Circus Day

Cocina mallorquina: Frit de xot, es decir, frito de cordero

6 Abr

Hacía tiempo que no os ponía una receta de cocina mallorquina y como el año pasado os puse por estas fechas unas cuantas recetas de dulces tradicionales mallorquines en la época de Pascua, pues había pensado que este año estaría bien poneros un plato principal salado.

Éste era uno de los platos que más me gustaba de niña, mi madre lo sabía bordar muy bien, lástima que no me enseñara como hacerlo y yo me he tenido que buscarme la vida para poder elaborarlo. Así que la receta de hoy no es de mi madre, es de muchas madres a las que he ido preguntando y tomando de una y de otra lo que más se parecía a lo que hacíamos en casa. Por desgracia es un plato que hago muy poco, sobre todo porque digamos que hmmm… no adelgaza. Sin duda el frito mallorquín es una de las recetas estrella de la gastronomía mallorquina y que me pirra un montón, me trae un montón de recuerdo y tengo que decir que con una buena hogaza de pan de pueblo y una aceitunas trencades para acompañarlo está divino. Hay varias formas de cocinarlo, pero para esta ocasión he elaborado un frit de xot o de cordero, de esta forma todas aquellas personas que tengan vetado el consumo de cerdo por un motivo u otro podrán animarse a hacerlo. Por otro lado, también os pongo hoy esta variante porque es la que se elabora en las fechas cercanas a Semana Santa.

En esta época las cocinas mallorquinas bullían en una frenética actividad con las panadas, los robiols, los crespells y el frito de cordero. Mi madre decía que no lo hacía a menudo porque era complicado, yo tengo que desmitificar eso, complicado no lo es para nada, lo que si tiene es que lleva tiempo porque los ingredientes se tienen que ir friendo por separado. Por eso os recomiendo que primero preparéis los ingredientes y mientras se van friendo hagáis trabajitos en la cocina o cerca de esta para estar atentos pero que os aproveche el tiempo. Si no tenéis ganas de seguir currando simplemente leéis algo pero cerquita para estar atentos, que si uno se queda delante de la sartén entonces sí que nos puede parecer más complicado o como mínimo mucho más largo.

Antes de empezar os diré que algunas de las variantes del frito son el de marisco, hecho con sepia o calamar, gambas y mejillones, o como dirían los italianos con fruti di mare. El frito de lomo, en el que la carne se sustituye por trozos de lomo. El frito de cerdo, igual pero usando las frituras del cerdo. Finalmente el frito de verduras, sin nada de carne, en plan vegetariano. Cada uno tiene alguna pequeña variante, pero la base es más o menos la misma.

Ingredientes:

Frito de cordero cortado a cuadraditos pequeños. El frito está compuesto por el pulmón, el hígado y el corazón. Sé que dicho así suena fatal pero os aseguro que el resultado final está muy rico.

Pimiento rojo cortado a cuadraditos pequeños

Pimiento verde cortado a cuadraditos pequeños

Al menos unos cuatro manojos de sofrito o cebolletas, cortado a rodajitas pequeñas, incluida la parte verde. Se tiene que poner bastante porque al freír se encojen mucho y tiene que haber.

Patatas de las de freír, cortadas a cuadraditos, a nosotros nos gusta bastante y ponemos al menos 4 ó 5 bien grandes.

Hinojo fresco picado

Laurel

Ajo

Sal y pimienta

Aceite

Cayenas (depende de lo que os guste el picante)

De momento os he puesto lo imprescindible para un frito básico, ahora os comento las demás cosas que podéis añadir si queréis que sea más completito o algo de ello os guste en especial.

Guisantes

Habas

Alcachofas

Setas o champiñones

Sangre

Preparación:

En Mallorca se puede encontrar el frito ya cortado en las carnicerías, sino hay que comprarlo, cortarlo y lavarlo bien y que escurra en un escurridor. Se salpimienta y reserva.

Se cortan todos los ingredientes y los pones cada uno en un plato separado y se les sala.

Las patatas recordad que lo mejor es pelarlas, cortarlas y guardarlas en un recipiente con agua para que no se pongan negras. Cuando las tengáis que emplear escurridlas y luego saladlas.

Las alcachofas si las ponéis, también es conveniente guardar en un cazo con agua y algo de limón por el mismo motivo.

El hinojo muchas veces lo puedes coger en el campo. En algunas ocasiones si lo recoges o lo compras y ha pasado unas horas se ha mustiado. Un truco de la gente del campo es al tener que usarlo sumergirlo en agua, sacarlo y ponerlo unos segundos hacia abajo para que tome la forma, luego lo dejas así sobre un plato, sin secarlo, y tomaré la consistencia y el aspecto anterior a haberse puesto mustio.

Cuando lo tenemos todo cortado se tiene que ir friendo, pero por tandas de ingredientes, sin mezclarlos en la sartén.

Primero se fríe el pimiento verde y rojo, estos si puedes mezclarlos.

Luego se sacan de la sartén y se ponen dentro de una cazuela de barro, procurando no coger mucho aceite.

Después freiremos la patata junto a unos cuantos ajos que NO habremos pelado y que habremos machacado con su piel. También pondremos en las patatas un poco de cayena.

Al estar frito, yo quito la cayena, y se pone todo sobre los pimientos.

Seguidamente le toca el turno a la cebolleta y luego se ponen sobre las patatas.

Después iremos friendo las demás verduras que queramos agregar, siempre respetando el hacerlo solas y poniéndolo luego con poco aceite sobre lo anterior.

Al final freiremos el frito, que irá junto con el hinojo cortado pequeñito, las hojas de laurel y un poco más de cayena. La carne es aconsejable hacerla a fuego un poco más lento que las verduras, ya que si no se nos puede poner muy dura.

Una vez fritas se pone sobre todo lo anterior. Entonces es cuando lo mezclaremos todo.

En el caso de que también queráis, este es el momento de añadir la sangre desmenuzada por encima y volver a mezclar de nuevo.

Este plato se puede comer enseguida, pero también va muy bien para dejarlo de un día para otro ya que los sabores asentados quedan mejor. Así que ya que nos ponemos podemos tener para dos días sin ningún problema.

Lo único que recomiendo para degustarlo es tener una buena hogaza de pan de pueblo que es lo que le queda mejor y lo acaba de bordar.

Ya veis, complicado no lo es, sólo es que lleva su tiempo el ir friendo las cosas de una en una, por eso os comentaba al principio de ir aprovechando para hacer otras cositas cerca en la cocina mientras vigilamos y removemos de tanto en tanto la sartén. Espero que os guste y algún día os animéis os aseguro que está buenísimo, como todo aquello que comparto con vosotros y que tiene tras de sí muchos buenos recuerdos de infancia, bon profit.

abril 2013 056

Cocina sana con Ernest Subirana

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