Porqué me compré mi primer móvil

23 Sep

Os estoy hablando de hace catorce años, entonces no todo el mundo tenía móvil y evidentemente, sólo servían para hacer llamadas telefónicas. Los primeros, esos tamaño ladrillo con antena y que podían llegar a valer medio kilo de las antiguas pesetas, ya habían bajado considerablemente de precio y de peso, aunque aún eran algo mazacote y no muy baratos. Yo estaba embarazada de mi primero, bueno, estaba muy poco embarazada porque fue al principio de todo, otra amiga nuestra del trabajo de mi marido estaba de dos meses más que yo y un compañero de ellos, bueno, su mujer estaba algo más avanzada que nosotras.

Cuando la mujer de este último estaba de seis meses y medio empezó a tener contracciones y tuvo que hacer algo de reposo, pero en el trabajo no le dejaban demasiado. A los siete meses había tenido una rotura de aguas un fin de semana, habían ido a la clínica y al cabo de unos días la enviaron a casa con reposo más en serio. A la semana siguiente de haber pasado esto estaba ella en casa y rompió aguas pero de verdad, de esas que no hay duda de que has roto aguas, que eso no es un escape de pipí ni de lejos. La chica llamó al trabajo del marido (como he dicho entonces casi nadie tenía móviles). Le descolgó nuestra otra amiga también embarazada, ella tenía que ausentarse en aquel momento porque la venía a buscar su marido para ir a hacer una eco, el marido de la parturienta estaba en el bar de enfrente merendando, así que muestra amiga le dejó una nota que decía “Tú mujer se ha puesto de parto y ha roto aguas, llámala”.

Sí, supongo que alguien podría haber ido al bar para avisar al pobre futuro padre que desconocedor de la situación se estaba metiendo entre pecho y espalda un buen bocata de chorizo con una coca cola como luego nos contó. Cuando el futuro llegó al despacho y vio la nota en el amarillo post-it no llegó evidentemente a lo del “llámala”, de hecho cuando vio se ha puesto de parto y algo más allá la palabra aguas, dice que ya todo se nubló, entró en el despacho del jefe y le comentó, “me voy para la clínica que la niña ya está aquí”

Bajó al parquing, coge coche, aparca en la clínica y se va hacia la planta de maternidad.

La futura madre, además de haber avisado al marido, había llamado también a la clínica, y allí le habían dicho que fuera lo antes posible. Se había puesto algo encima y estaba en el recibidor de su casa, sentada en una sillita junto a la maleta con las cositas ya preparada y esperando la llegada del marido.

El marido llega a la zona de partos, pide para ir a la sala de espera de partos, al cabo de un rato pasa por allí un hombre alto con bigote, vestido de bata de quirófano y preparado, le pide a la enfermera que a ver que pasa. La enfermera le dice que el marido ha llegado pero que la parturienta no sabe nada de ella. El ginecólogo, el cual por cierto fue el que asistió en mi nacimiento y que conozco y sé que no se caracteriza precisamente por sus expresiones pulcras y refinadas, soltó un estruendoso “y yo para que coño necesito al padre si ese ya hizo su trabajo hace meses, yo a quien necesito que me traigan es a la madre, no querrá que le estrujen las gónadas y le hagamos un niño nuevo aquí y ahora”. El pobre futuro se quedó a cuadros, más perdido que un pulpo en un garaje. Buscó la nota en su bolsillo y acto seguido buscó un teléfono desesperadamente.

Creo que la bronca que le soltó ella no fue tan monumental como la del ginecólogo, la niña fue sietemesina, pequeñita, recuerdo que en la incubadora sólo veían un pañal con una cabeza por arriba y dos pies abajo, pero pronto creció y se hizo toda una mozalbeta morenaza preciosa.

Después de esa experiencia y de habernos reído todos un rato, mi ex y yo decidimos que lo mejor era comprarnos los dos un móvil… por si acaso mis padres se pidieron otro… y por si acaso la otra pareja de amigos también se hizo con otros dos y sus respectivos padres con otro.

… Creo que nunca un parto ha provocado una compra tan masiva de móviles como en esa ocasión. Y colorín colorado, esta historia real como la vida misma se ha acabado.

Nota: Este post se lo dedico a nuestra compañera Dunia de Maternidad Halal, que hace muy poquito ha tenido a su peque, va por ella y para todas las futuras madres primerizas de esta blogoesfera

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9 comentarios to “Porqué me compré mi primer móvil”

  1. Netzi 24 de septiembre de 2012 a 1:55 pm #

    Hola! Acabo de descubrir tu blog, y si no te molesta, me quedo!
    Me encantará ir conociéndote! Vaya historia con el móvil! ajjaja, pero desde luego que ahora, piensas, cómo es que nos apañabámos entonces! Un beso grande

    • Laura 24 de septiembre de 2012 a 3:29 pm #

      Hola Netzi, pues esto está empezando así que tenemos mucho sitio dispuesto, puedes elegir el que te guste más.

      ¿Qué como nos apañábamós antes? pues con los post-its, con simples notas en papel y un celo en la puerta de entrada, con la pizara del niño o una minipizaras escritas a tiza blanca y dejadas sobre el mueble del recibidor o en la cocina sobre los fogones, enviando al niño a llevarle el recado a la vecina de arriba, o bien sacando la cabeza por la ventana y dandole un grito y así a voz en pleno.
      Y creeme, funcionaba y éramos bastante felices.

      • Netzi 24 de septiembre de 2012 a 3:49 pm #

        Gracias! Me cojo uno de los sitios cómodos ajja. Por cierto, vivo en un país de los que te gustaría conocer, y mi marido en otro, no quiero dar muchas pistas, que no quiero que me descubran, pero si algún día te animas, aquí tienes una guía! (aunque soy fatal como guía turística).

        Jajaj ya creo que funcionaba ya, pero para estas cosas, sí era difícil, o cuando pichabas el coche en medio de la nada ajjaja.

        Un beso.

      • Laura 24 de septiembre de 2012 a 4:40 pm #

        Hummm…. deja que adivine. Tú vives en Finlandia y tu marido en otro.
        Pues a mí el coche me dejó bastantes veces tirada cuando trabajaba fuera de la ciudad, hasta que al final descubrieron el fallo y lo arreglaron, en una ocasión me dejó tirada cuatro días seguidos y el viernes no me dejó porque cogí el de mi padre. Tuve la potrá que todas las veces me dejó relativamente cerca de la entrada o salida de un pueblo o de una gasolinera de carretera, pero no creas que me planteé lo del primer movil mazacote y de medio kilo, pero es que eso último tiraba mucho para atrás.

      • Netzi 24 de septiembre de 2012 a 6:40 pm #

        Frío frío ajjajja.

        Ya ves, era medio kilo de pesetas y de peso :).

        Un beso muas

  2. Maribel 24 de septiembre de 2012 a 4:06 pm #

    Vaya historias de partos que estamos escuchando últimamente, jeje.
    Yo todavía recuerdo cuando era pequeña y bajábamos a llamar por teléfono a la cabina porque entonces no teníamos ni fijo en casa. Parece que estoy hablando de otro mundo…

    • Laura 24 de septiembre de 2012 a 4:43 pm #

      Cuando les digo a mis hijos que de pequeña para abrir y cerrar la tele o darle volumen habia que levantarse, que sólo había dos cadenas, que ninguna de ellas era exclusivamente de dibujos animados y que encima no tenían colores… entonces no te digo la de veces que me ha soltado “peró mamá, entonces tu eres muy vieja, al menos del tiempo de los vikingos o más”

  3. MisMellis 24 de septiembre de 2012 a 9:22 pm #

    Ufff recuerdo esos móviles… mi primer movil fué un regalo de Papimelli hace 15 años, el estaba harto de irse al extrangero, llamarme y no localizarme y cuando me fuí a la universidad resultó que en mi piso no había teléfono y como yo a él no podía llamarlo pues me regaló un mazacote de esos… en aquel entonces me daba verguenza hablar por la calle porque la gente se quedaba mirando.

    • Laura 24 de septiembre de 2012 a 10:00 pm #

      Te comprendo, yo antes salía con un chico que por cuestiones de trabajo tenía un mazacote de esos de medio kilo de precio, recuerdo que era negro y muy bonito, era algo así como un ladrillo con clase. Cada vez que él lo usaba o me lo dejaba para llamar a casa, la gente se nos quedaba mirando y más de uno daba un codazo al de al lado señalandonos. El sólo tenerlo sobre la mesa en una terraza ya hacía que todas las miradas pasaran sobre él y si por casualidad sonaba y lo empleaba entonces eramos el foco de atención de todos.
      Un día nos paramos a ayudar a un coche de una familia que se había quedado tirado en la cuneta, como tenían el RACC sacamos el movil y se lo dimos para que marcara. El padre lo miro como si fuera algo de ciencia ficción y los niños estaban con la naríz pegada al cristal, lo inspeccionaron todos los peques. Para que te hagas una idea, te estoy hablando de 1989-1990.

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