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Cocina mallorquina: Coca de patata, vuelve el Ingrediente secreto de Ira para enero 2014.

26 Ene

En Mallorca hay Universidad, la llamada UIB (Universitat de les Illes Balears). Está situada en las afueras de la ciudad, en pleno campo, en la carretera de Valldemosa. Cuando yo iba a la Universidad tan sólo había tres edificios, el de letras, el de ciencias y el de biología. Hoy en día hay muchos más e incluso ya llega el metro allí, pero sigue teniendo el mismo bucolismo con los campos que la rodean y la impresionante Serra de Tramuntana de fondo. En el norte de Mallorca hay una gran sierra, un lugar precioso que fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Desgraciadamente este verano alguien cometió la inconsciencia de dejar unas brasas encendidas dentro de una carretilla de obra y otra persona que debería haber sido supervisada, vertió esas brasas aún encendidas muy cerca del bosque. Tuvimos uno de los peores incendios que se recuerdan en nuestra isla, sobre todo por dos motivos. El fuego fue rápido y se dio parte de él de inmediato, pero se había cerrado el puesto de bomberos de dicho municipio y los efectivos contra incendios de toda la isla habían sufrido un gran recorte presupuestario y de personal… hay ciertas cosas de las que no se debería prescindir ni recortar, y la seguridad es una de ellas. Ahora todos los mallorquines podemos verlo en nuestra sierra y sentirlo en nuestro corazón durante muchos años que tardará en recuperarse.

Pero en la época de la que os hablo todo esto no había ocurrido. Éramos jóvenes y nuestro mayor problema eran los estudios. Formábamos un extraño grupo pero nos llevábamos muy bien. Las clases ocupaban la mayor parte de nuestro tiempo, pero en ocasiones cuando alguna clase que se diera a última hora era anulada, solíamos coger los coches, enfilábamos la carretera hacia el lado de la sierra y subirnos a Valldemossa, un pueblo a la falda de la montaña,  para dar un paseo y de paso degustar uno de sus dulces que más fama tienen. Si hacía frio tomábamos una coca de patata con chocolate. Si hacía calor una coca de patata con un helado de almendra artesano.  Se trata de unos bollitos individuales de más o menos unos diez o quince centímetros, que no son demasiado dulces, sólo en su punto y que bien pueden tomarse solas como de acompañamiento para mojar. Las cocas de patata de Valldemossa son conocidísimas en toda la isla, aunque no es una coca exclusiva del lugar, las hay en todos los municipios, eso sí, las que se llevan la fama y con razón, son las valldemossinas.  Así que si alguna vez intrépidos viajeros aterrizáis o amarráis en esta isla y buscáis algo más que sol y playa, os invito que entre sus rincones os dejéis caer por Valldemossa, pero no así como lo hacen los turistas en buses y a golpe de reloj, hacedlo con calma, sin prisas, descubriendo sus piedras, su vegetación y los secretos de su Cartuja, pero también reservando unos minutos para degustar sus cocas y un chocolate o un helado, dependiendo del momento del año o del espíritu de cada uno que en ese momento se tenga.

Dejemos que como en la intemporal Valldemossa, el tiempo pase y bastantes años más tarde una compañera de trabajo me comentó que su madre hacía unas cocas de patata muy ricas y no pude menos que pedirle la receta. Me dijo que era un poco laboriosa y así es. No os voy a engañar, normalmente intento poner recetas buenas pero fáciles o relativamente fáciles a la hora de elaborarlas. También intento que haya ingredientes  fáciles de encontrar y no demasiado caros a ser posible. En este caso la receta cumple la segunda parte… la primera… más o menos, según la pericia culinaria y las prisas de cada uno. No es que sea complicada, para nada, sólo que lleva su tiempo y no es cuestión de ponerse a hacerla con el reloj en contra, es más bien de esas recetas que como el tiempo, debe tomarse con calma y dedicarle su momento. Es de esas recetas que mejor dejarla para un día que uno piensa estar tranquilamente en casa y puede dedicarle ratitos y luego ir haciendo otras cosas pero sin prisa, como se cocinaba antaño.

Cuando esta receta cayó en mis manos, hice una y comprendí porque había que dedicarle un tiempo, sin prisas. El resultado fue delicioso. No sé si mejor o igual que las valldemossinas, pero no tenía nada que envidiarles. Un día se me ocurrió hacer una de postre para mis padres. Mi madre que era muy exigente y  le costaba tanto decir que algo era bueno y que en el caso de la repostería, podía presumir de ser la hija de uno de los pasteleros más famosos de Palma en su momento, sucumbió a su sabor. Me pidió que felicitara a la madre de mi compañera por una receta tan buena, cosa que evidentemente hice y que evidentemente agradeció y le alagó. Es más, en dos ocasiones me pidió expresamente que le hiciera de nuevo esa coca de patata tan rica que hacía la madre de mi compañera.

Así que cuando vi que Ira volvía a poner en activo su reto, aunque con unas pequeñas variaciones, no me lo pensé dos veces y tuve muy claro cuál sería mi receta. Ira nos propone esta vez un reto más relajado. Tenemos todo un mes para hacer la receta y publicarla, lo cual se agradece porque hay momentos en los que una no tiene la oportunidad de ponerse con las manos en la masa en el plazo que teníamos antes. Otro cambio son los ingredientes, Ira nos ha dicho que intentará proponer ingredientes más normalitos. Con algunos de ellos tuve problemas para poder participar, ya que o bien no conocía recetas facilonas con ellas o bien no los encontré en ese momento en los centros que suelo comprar. También es cierto que me pilló en mal momento y no pude dedicar mucho tiempo. Espero que ahora con estos plazos más amplios y los ingredientes más accesibles, podamos ir aportando más recetas para este interesante reto. Espero que os animéis con ello. Os dejo con esta coca mallorquina, aunque en nuestro caso os dejo con su formato XXL ya que la receta que me pasaron no usa el formato pequeñito, sino el de molde grande, vamos, el casero, casero y no el de los hornos. Supongo que si se colocan en montoncitos individuales a la hora del último levado se pueden hacer los bollitos. Yo sigo las instrucciones que me pasaron y que dicho sea de paso, me ahorro algo más de trabajo y sólo hay que cortarla y cortarla, y cortarla hasta que se acaba.

Ingredientes:

300 gr. de patatas para hervir, de las blandas.

300 gr. de harina de fuerza

150 gr. de azúcar en polvo o azúcar glaseé.

150 gr. de manteca de cerdo (algunas recetas mallorquinas que llevan manteca las he hecho con mantequilla y se si salen bien. En este caso no lo he intentado, así que no sé cómo quedaría si alguien quiere hacerla con mantequilla para sustituir la manteca).

4 huevos

25 gr. de levadura de cerveza, es decir, de aquella que se vende en cuadraditos (NO la de polvo tipo Royal)

Leche tibia.

Preparación:

Primero hemos de hacer una mezcla que luego añadiremos en un momento de la receta. A esta mezcla la voy a llamar Mezcla A.

Mezcla A : Disolver la levadura dentro de un cuenco con un poco de leche tibia a la que habremos añadido una pequeña cantidad de azúcar en polvo. Dejar que esta mezcla leve.  Yo suelo taparlo con un paño de algodón que uso sólo para estos casos. Por si acaso poned algún plato debajo, porque en ocasiones leva tanto que se sale del cuenco. También me ha pasado que cuando quito del paño se ha bajado, no os asustéis, no tenéis que repetirlo.

La mezcla A tarda un tiempo en levar y ese tiempo también dependerá de la temperatura ambiente de la casa, a más calor más rápido, por eso os digo que esta receta hay que hacerla sin prisas. Mientras la mezcla A leva podéis ir haciendo otras cositas o por ejemplo ir hirviendo las patatas.

Bueno, mientras la levadura hace su trabajo nosotros tendremos los siguientes ingredientes preparados. El único que hay que hacer con un poco de tiempo es hervir las patatas. Para ello las herviremos con la piel. Sabremos que están en su punto porque al pincharlas notaremos que el tenedor, cuchillo o palillo, entra sin ninguna dificultad. Luego dejaremos que se enfríen y las pelaremos estirando la piel con los dedos. Tomaremos los 300 gr. los trituraremos o machacaremos bien con un tenedor y las reservaremos.

Cuando la mezcla A esté en su punto y tengamos las patatas hervidas y machacadas seguiremos con la receta.

Mezclar en un bol grande el azúcar en polvo con las yemas de huevo. Después hay que añadir las claras de huevo, no es necesario que estén a punto de nieve, pero yo las trabajé un poquito para que estuvieran más esponjosas y fuera más sencillo integrarlas.

Cuando esté ligado hay que añadir la manteca un poco tibia. Para ello le di un golpe de calor con el microondas, sólo lo justo para que se ablandara, no es necesario que se derrita. Una vez incorporada la manteca se mezcla un poco más.

Ahora es el momento de añadir a esta masa la mezcla A que habremos hecho anteriormente y seguimos mezclando.

A continuación añadiremos la harina tamizada con un colador y cuando la haya absorbido añadiremos las patatas y lo mezclaremos todo.

Ahora os dejo un poco de libertad a cada una porque vosotros conocéis mejor que nadie vuestros útiles de cocina. Tenéis que tener un molde de tarta de esos altos, la mayoría son moldes de metal que hay que untar las paredes para que no se peguen. Algunos son estos moldes desmontables con las paredes de silicona que no precisan se untados porque no se pegan. Así que obrad dependiendo del tipo de molde que tengáis. Si tuvierais que untarlo lo haríais con un poquitín de manteca.

La mezcla final se vierte en el molde. Os ocupará como la mitad o puede que algo menos, es normal. Ahora viene otro momento de calma porque tenéis que dejar el molde tapado con un paño o bien dentro del horno con este cerrado, porque hay que esperar a que vuelva a levar. La masa doblará su volumen y eso le llevará un poco de tiempo.  Id con cuidado de que no leve demasiado y se desborde por los lados.

Cuando veáis que ha aumentado y tiene la pinta de una coca cruda grandecita y hermosa es cuando toca meterla al horno e ir vigilando. Aquí también os dejo libertad porque cada cual conoce su horno. Horno no muy fuerte, la receta que tengo pone que a 150º durante 30 ó 40 minutos, vigilando bien para que no se queme, ya que es un tipo de pasta que es muy fácil quemar.

Sacarla y dejar reposar y enfriar. Se le puede añadir por encima si se desea un poco de azúcar en polvo esparcido con un colador o bien dejarla tan cual.

La foto que os pongo no es la mejor de todas. Tuve un pequeño problemilla con el horno y no fue culpa del horno, fue mío. Puse la coca dentro cuando tenía visita en casa y no me di cuenta de la advertencia del calor, así que le di demasiada fuerza y se me doró demasiado por encima. Creía que se había hecho y al abrir el horno para pincharla se me desinfló por en medio. Normalmente esta coca no es tan doradita por encima y tiene un copete que ni la mejor de las magdalenas, sin embargo en esta foto no se puede apreciar este detalle. Hay que sacarla del horno cuando el palillo o el pincho salgan limpio, sin pasta pegada. Nuestra coca de este fin de semana no ha tenido la mejor presentación, pero os aseguro que su sabor no ha variado para nada y ha salido deliciosa. Si alguien tiene dudas basta que miréis la cara que puso nuestro Tsunami cuando la probó después de la cena. Deliciosas. Así que espero que os guste esta aportación mallorquina y que pronto seamos muchos que nos animemos con el reto del ingrediente secreto de Ira de febrero.  Que disfrutéis con ella i bon profit.

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Conservas de champiñones, según la receta de la bisabuela de Tsunami

22 Ene

Esta entrada es un poco especial. No por lo difícil o exótico que sea la receta, sino por la persona de la que procede. Cuando Tsunami nació tenía dos bisabuelas y cuatro abuelos. Ahora sólo tiene una bisabuela y tres abuelos. Dos se nos fueron relativamente poco después de nacer el peque.

La persona de la que os hablaré hoy es la madre de la abu Mari. La bisabuela Dolors era una persona de ojos cansados y cara saludable, animada y espontánea. Era una mujer grande,  muy alta para la edad que tenía, a mí me sacaba unos palmos… o eso me parece recordar. Sólo la vi una vez, en una ocasión en que fuimos a Lleida y comimos en casa de los tíos. La abuela vivía con ellos.

Desde que conocí a R. todo el mundo me decía que Lleida era una ciudad con abundante niebla y poco sol. Sin embargo, ese día Lleida estaba radiante, con un sol precioso. Mi pareja y yo visitamos la Seu Vella y paseamos por su claustro, me cautivó. También subimos al campanario. Era un día de Todos los Santos, mucho antes de que naciera Tsunami. La campana empezó a sonar cuando pasábamos por allí. Subir ese día al campanario casi a las doce no es una buena idea, es bonito verlo pero ensordecedor escucharlo sobre todo empiezan a avisar de que sonaran las campanas unos quince minutos antes.  Luego contemplamos toda la ciudad. R. me indicaba los edificios y me iba contando sus historias: “allí se casaron mis padres”, “allí vivían mis abuelos”, “allí vivíamos nosotros”, “allí estudié yo”… Después de conocer toda la ciudad (desde el aire), nos tomamos unos refrescos y unas patatillas con la hermana de R., cerca de la muralla. Se acercaba el mediodía y bajamos en coche hacia la casa de los tíos de mi pareja. Allí conocí a la abuela Dolors.

La reunión fue encantadora, la recuerdo con nostalgia. Me hizo mucha gracia que tuvieran el mismo sofá que en casa pero en otro color. La prima no estaba ese día, había ido a una Comic-con en Barcelona. Los tíos eran encantadores, me lo pasé pipa con la charla de la comida, parecía que los hubiera conocido de toda la vida, son ese tipo de personas que te hacen sentir realmente como en casa. Ese día la tía había hecho un pollo relleno buenísimo, el carnicero se lo había deshuesado y ella lo había rellenado y cocinado. Era la primera vez que rellenaba un pollo y nos contó las batallitas que tuvo con el susodicho cadáver avícola para su relleno y cocción. Cuando había recogido el pollo a la salida del trabajo el carnicero le dijo que le había puesto la cuerda por si no tenía en casa y al principio la tía no sabía para que iba a necesitar la cuerda… después de conseguir rellenarlo lo adivinó y vino la siguiente fase: como se enrolla un pollo en tres improvisados intentos. Las labores culinarias, aunque puede que no muy ortodoxas, tuvieron unos resultados de rechupete.

Ese día ha sido la única vez que he oído a la abu Mari hablar más de una frase seguida en catalán… y tengo que confesar que el lleidatà es muy, muy, muy parecido al mallorquín… sólo que no salan. Eso me sorprendió también mucho. Después de comer nos hicimos unas fotos con la abuela Dolors y ésta nos llevó luego a su cuarto y me enseñó un montón de fotos la mayoría en blanco y negro y sepia. Eran las fotos familiares de cuando ella era joven y su marido era un apuesto mozo aún más alto que ella. También tenía un montón de fotos tanto sueltas como enmarcadas de un gran surtido de nietos, eso sí, esas fotos eran mayoritariamente en colores. Nos enseñó fotos de seres queridos que aún estaban con nosotros y otras de otros que ya no nos acompañaban y se le notaba en la voz cuando esto era así. Ese día descubrí que el hermano de R. era clavadito al marido de la abuela Dolors, y que la hermana de R. era clavadita a Mari de joven. Pese a todas las fotos que me han enseñado ambas abuelas de mi pareja y su madre, sigo sin saber a quién se parece mi churri.  Ese día el tío nos enseñó en el ordenador las fotos de su Harley violeta y de los paseos que se hacía con la tía. Fue una velada muy chula y al final cuando bajamos hacia la casa de los padres de R., nos paramos en Cervera y acabamos el día paseando de noche por una población parada en el tiempo, hace muchos, muchos años, con calles medievales que recuerdan a brujería y a las andanzas juveniles del astuto rey Fernando al que Maquiavelo le dedicaría un libro años más tarde.

Pero ese día en Lleida, además del estupendo pollo relleno que la tía consiguió “domar” la tarde anterior, hubo un plato que me gustó muchísimo. Era un plato muy sencillo, pero no por ello menos delicioso. Ese humilde y suculento plato era una conserva de champiñones. La abuela Dolors había ejercido durante muchos años como cocinera en Barcelona y estoy segura que debía ser una cocinera excelente a juzgar por lo deliciosa que estaba esa conserva.  Tsunami cuando tenía cuatro meses fue con la abu Mari a Lleida una tarde para conocer a su bisabuela, R. y yo no estábamos ese día. Hicieron unas fotos de ella con el peque en brazos, iba con una bata casera y estaba un poco más viejecita que cuando la conocí. También le hicieron una foto al peque sobre la Harley del tío, sin el casco y con la abuela Mari al lado que aunque aventurero, nuestro pequeño tan sólo tenía cuatro meses.

La primera vez que fui a Lleida la bisabuela Dolors me dio la receta de los champiñones que tanto me gustaron. Hace unos años los hice y resultaron deliciosos, pero desde entonces no los había vuelto a hacer. La semana pasada inauguraron un Lidl relativamente cerca de casa y entre otras ofertas puntuales tenían unas bandejas de champiñones con una pintaza y a un precio escandalosamente bajo. Mi pareja trajo unas bandejas y volaron literalmente. Luego fui yo y traje cuatro bandejas para hacer unas cuantas conservas de las de la bisabuela Dolors. Por eso os digo que esta entrada es algo especial, es la única receta que tengo de la bisabuela de Tsunami, una mujer muy alta, que le tocó vivir una época difícil y tuvo que dejar a sus hijos con unos tíos para ir a trabajar a la gran capital. Una mujer que años más tarde sería la que cuidaría a sus nietos cuando sus hijos en verano los enviaban a estar unos meses con los abuelos de Lleida. Una mujer muy especial además de excelente cocinera, la madre de Mari, la abuela de R. y la bisabuela de Tsunami. Va por ti abuela Dolors, con cariño de una “nieta” a la que sólo conociste un día.

Ingredientes:

Champiñones frescos y hermosos.

Perejil, también fresco y hermoso.

Ajo.

Sal.

Aceite virgen de oliva (vale la pena que sea virgen de oliva, os lo aseguro)

Vinagre.

Preparación:  

Es muy sencillo. Se limpian los champiñones y se les da un hervor para que se ablanden un poco. Se escurren bien y luego se cortan.

Se van colocando en un bote (los esterilice antes hirviéndolos) primero una capa de champiñones, un poco de sal,  luego perejil picado pequeñito y ajo también picado pequeñito. Después otra capa de champiñones, un poco de sal, más perejil y más ajo. Al final se pone una de perejil y ajo. Luego rellenaremos el bote con vinagre y aceite más o menos a partes iguales, un chorro de cada.

Después sólo tienes que tenerlas guardadas un tiempo suficiente para que maceren y estén en su punto.  Eso si no acabáis abriéndolas antes, pero os aconsejo esperar al menos unas semanas. Pero la pregunta es ¿Cómo se sirven? Pues como aperitivo, para acompañar a un pan con aceite y tomate y embutidos o bien para acompañar un plato de carne.  Espero que os guste la receta de hoy y como dirían también en Lleida, bon profit.

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Este fin de semana ha sido el cumple de M. y ha tenido una tarta alucinante. Receta de la tarta piñata.

22 Oct

Hola a todos. Así como el fin de semana pasado Tsunami se puso malito y tuvo su octavo ingreso en clínica por cuestión de bronquios, este fin de semana ha sido todo lo contrario, el descoque elevado al infinito.

Este sábado por la mañana no fuimos al mercado como siempre. Le pedimos al abuelo que nos comprara tres cositas que luego recogimos en su casa. Este sábado por la mañana era el cumpleaños de M. un amiguito del cole de Tsunami. R., la mamá de M., llevaba unas cuantas semanas montando el cumpleaños, y no me extraña, cualquiera no necesita unas cuantas semanas para montar esa pedazo fiesta que nos montó.

El cumple se hizo en uno de los parques que hay en el bosque de Bellver, concretamente en el parque de la tirolina, del que os he hablado en alguna otra ocasión. El día por suerte acompañaba un montón y nos había citado allí a las once. Pidió a ser posible que los nenes fueran puntuales. También nos comunicó que nos quedábamos a comer todos, peques y padres. Así que esa mañana nos levantamos algo más relajados que de costumbre al no tener que ir disparados de compras. Desayunamos, hicimos un poco el vago, que no está de mas poder hacer alguna vez un poco el vago y nos fuimos rumbo al castillo de Bellver. Allí arriba en el parking habíamos quedado unos cuantos papás para bajar en manada hacia el parque de la tirolina, ya que no todos lo conocían o sabían el camino. Al llegar, evidentemente, los peques bajaron todos por el tobogán. En este parque, además de la tirolina, hay un gran tobogán cubierto. El parque tiene un buen desnivel y este se aprovechó en su momento para poner allí un mega tobogán por el que se tiraron ininterrumpidamente un mogollón de niños (se esperaban, hacían una cola y se lanzaban todos montando unos atascos a la salida) y algunas mamás más atrevidas.

Al llegar abajo las madres nos quedamos boquiabiertas al ver todo el curro que se había pegado R. Mientras, los niños se quedaron boquiabiertos al ver lo diver que era la tirolina y los pocos niños que en ese momento la usaban. Así que ya podéis imaginar como se dividieron las fuerzas de asalto. Niños hacia la derecha y a lanzarse. Madres enfrente a ver si podían ayudar, aunque bien poco quedaba por hacer. Padres en medio empezando a charlar y vigilar a los peques.

La familia de M. es una de esas familias poco convencionales, me recuerda mucho a la mía. Sus papis están separados, pero se llevan bien y cada uno de ellos se ha juntado con otra pareja. Así que han formado una gran familia que se ayudan. No son de esas separaciones que se han declarado la guerra. Son de las que por desgracia hay pocas pero que sería estupendo que fuéramos más. Así que R. empezó a contarnos que tal plato lo había hecho su suegra, que ese lo había hecho la pareja de su ex, que ese lo había hecho tal y ese cual. Nos dijo que ella también había cocinado algo, pero poco, más bien había coordinado. También nos contó que se habían necesitado cuatro coches y una furgoneta para llevar todo eso. ¡Y no me extraña!

Tengo que decir que los peques se lo pasaron pipa, los padres disfrutamos de estar charlando unos con otros y sobre todo, que nadie se quedó con hambre, jajaja. Pero una de las cosas que más me sorprendió fue la tarta de cumpleaños. Cuando la sacaron ya me quedé algo alucinada con la forma, era algo así como la forma de una pelota pero menos redonda. Estaba cubierta con un garnaché blanco, al principio creía que era chocolate blanco y con virutas de colorines encima. Se cantaron un montón de canciones de cumpleaños, como siempre. Se soplaron un montón de veces las velas, como siempre. Se hicieron un montón de fotos del momento, como siempre. Y los niños decidieron que ya era hora de cortar la tarta después de la quinta o sexta repetición de soplar velas, como siempre. Así que cuando R. cortó la tarta había un montón de pequeñas cabecitas alrededor que esperaban su cachito. Los papis nos habíamos puesto en segunda línea para dejar algo de espacio, cuando de repente oímos un grito de admiración, seguido de un silencio y una manada de manitas rumbo a la tarta cogiendo cositas y gritando: ¡mira, está rellana de chuches!

En efecto, la tarta por dentro estaba hueca y estaba rellena de chuques, bombones y chocolatinas. Toda una fiesta de dulces y azúcar. Me quedé tan sorprendida que le pedí a mi pareja que le hiciera una foto, porque pensé que una idea así, bien se merecía un post y un comentario para compartir este tipo de ideas con las mamis de la blogoesfera. Le pedí a R. la recete de la tarta… bueno… de la tarta y de unas palmeritas que a Tsunami le encantaron. Por lo visto yo no fui la única que le acabó pidiendo recetas, porque esa misma noches, después de haber llegado a su casa y haber recolocado todo y lavado cosas, mientras M jugaba con los juguetitos que le habíamos comprado entre todos los compañeros,  R. nos pasó los enlaces de las recetas que le habíamos pedido. Así que hoy voy a compartir con vosotras una receta de tarta que yo no he hecho pero que me encantó tanto como a los pequeñajos que había el sábado en el cumple. Supongo que si alguna tiene algún tipo de tarta que se le dé bien hacer se pude hacer con otra receta. También creo que si en lugar del buttercream que pone la receta (que estaba de miedo, hmmm…) se puede unir y cubrir con otro tipo de garnache, como el de chocolate blanco que yo creía que era, o de chocolate o nutella por ejemplo, mientras sea pringosito y pegue. Para rellenarlo pues lo que siempre digo, la imaginación al poder, desde dulces a pequeños juguetitos de regalo o hasta un anillo de pedida para vuestra prometida jiji .

Así que os dejo con la foto de la tarta que le hizo R. con todo su amor para su pequeño M. y con el enlace que nos facilitó a todas las mamás esa misma noche. Espero que os guste la idea y podáis dar una sorpresa en el próximo cumple de vuestros retoños. Hasta pronto y a rechupetearse los dedos, que para algo somos las cocineras.

http://www.pequeocio.com/como-hacer-una-tarta-pinata/

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Hojaldre relleno de queso, sobrasada y mermelada de tomate, la recetita del cumpleaños de Tsunami y 5º Ingrediente secreto de Ira

18 Jul

Esta vez no me puedo quejar, Ira me lo ha puesto fácil, bueno… eso creía yo al principio. Como sabéis tengo la cámara de fotos en reparación, pero tenía unas fotos hechas de esta receta. Así que estaba la semana pasada toda contenta con este texto redactado y todo preparado, pero, pero, pero…Antes de llevar la cámara a arreglar no había bajado las fotos y en el ordenata no tenía un puerto de esos donde descargar el cargamento grafico-gastronómico. Ya estaba empezando a pensar que el mismo sábado tendría que volver a cocinarlo en plan contrarreloj y hacer la foto con el móvil. Esta vez los hados de la cocina me han sonreído y esta mañana han recibido la cámara arregladita y reluciente. Así que esta vez os voy a poder poner una foto más decente que la de los cuadraditos de chocolate blanco con pistachos, aunque por lo visto Garfield gustó mucho.

Sigo pensando si esta chica y nuestra casa tienen una conexión mental de algún tipo, aunque por lo que veo de momento se trata de conexiones mentales de esas chulas y sabrosas, vamos, de las que da gusto tener.

Os quiero contar que esta receta no es invención de Terremoto, ni tampoco mía. Esta receta la encontré hace unos años por internet, pero no recuerdo donde. Creía que era de una web de otra mamá mallorquina y como no me gusta poner cosas como si fueran mías y no citar la fuente, lo primero que hice fue entrar y mirar.

En los cumpleaños de Tsunami hace un par de años que hay dos recetas que son obligadas, porque son muy fáciles de hacer y porque gustan tanto que se agotan. Algún año, como este, algún invitado se ha llevado a casa las que quedaban de lo buenas que estaban, jajaja. También las repito porque cuando al año siguiente las vuelven a encontrar se dan una alegría que bien merece la pena acordarse de ellas. Pues bien, una de estas recetas es la que os propongo hoy. Como os he dicho la pillé de una web de una mamá, pero he estado buscando y no la encuentro, así que si alguien la reconoce como suya pido disculpas y que me lo diga, si es la que me inspiró pondré el enlace gustosa.

Esta receta sólo tiene una condición, es preferible hacerla una horita antes de que lleguen los invitados, ya que calentita o tibia está de vicio. En frío también está muy rica, pero hemos de reconocer que lo suyo es tener un pequeño toque de calor para llegar al nivel de delicatesen propio de los dioses del Olimpo, y no me estoy echando flores, es que es exquisita.

Ira nos ha comentado que esta vez el ingrediente da la posibilidad de hacer una receta dulce o salada, porque algunos le habían pedido ingredientes que dieran algo de juego con platos salados. Pues bien, como siempre tengo que llevar un poco la contraría, la receta de hoy no es ni dulce ni salada. Es una mezcla entre ambos sabores, que como dirían en la peli de Ratatouille, aúna los aromas y los funde en un toque crujiente del hojaldre, bañado con la cremosidad del queso, el salado de la sobrasada y la dulzura poco convencional de la mermelada de tomate (allí queda eso, que bien que me ha quedado la descripción, hasta parezco profesional)

También confieso una cosa. Este año he jugado con una ventaja. Los otros años cuando hacía esta receta una de las cosas que ayuda es tener una buena sobrasada. Sé que eso por la península o fuera de ella, no es tan fácil de conseguir como en Mallorca y que algunas veces he visto webs que presentan como sobrasada un mejunje en forma de pasta roja que alguna vez he probado y juro por Zeus y Afrodita que eso no es sobrasada, lo siento pero ni punto de comparación. Aunque como sé que hay cosas difíciles de encontrar fuera de ciertos territorios no seré muy exigente, pero si tenéis la posibilidad de pillar una sobrasada decente el plato sale superior. En mi caso la sobrasada es casera, se la compro a una payesa que hace las matanzas en su casa y eso ya es todo un lujo.

El segundo truco que he tenido este año ha sido la mermelada. Normalmente empleaba la de bote y tengo que decir que da unos buenos resultados. Pero el año pasado me dio por hacer mermeladas y una de ellas fue la de tomate. Cuando la hice le puse al hervir el tomate una barrita de vainilla y le ha dado un toque y un aroma que te acaba de enamorar. Vamos, que si tenéis la suerte de pillar o hacer antes algo así, seguro que los comensales se os declaran, o como mínimo, se llevan los pastelitos que quedan para su casa como me sucede a mí. Bueno, no os quiero entretener más con las batallitas de esta familia y paso a contaros como se hace este aperitivo, picoteo o cena, ¿porque no?

Ingredientes:

Lámina de hojaldre. La cantidad depende de los que queráis hacer, yo suelo emplear entre dos y tres láminas. Si alguien sabe hacer el hojaldre casero seguro que tiene que salir superior, pero si no sabéis o tenéis poco tiempo pues los del super van bastante bien. Los que más me han gustado han sido los del Mercadona y del Lidl (este último sólo lo he probado una vez pero no me desagradó) Dejo la elección del hojaldre a vuestro gusto que cada uno tiene ya ciertas cosas fichadas por su barrio y sabe donde está más mejor cada ingrediente)

Queso de cabra de rulo. Entre dos o tres rulos, depende de la cantidad que hagáis.

Sobrasada de la buena. Si la tenéis guardada en la nevera acordaros de sacarla un poco antes para que esté a temperatura ambiente, irá mejor para cocinarla y manipularla.

Mermelada de tomate, también a temperatura ambiente

Un huevo. Es opcional, pero remata la presentación y vale la pena ponerlo.

Preparación:

Se descongela el hojaldre si es comprado del súper. Tened en cuenta que no es cuestión de descongelarlo tres horas antes, ya que luego se reseca y dificulta su manipulación, como me pasó a mí con unas láminas una vez, jiji. Así que sacarlo una media hora antes si el clima es cálido o una hora antes si hace más fresquito. De la temperatura ambiente del momento dependerá empezar a descongelarlo antes o después.

Mientras el hojaldre descongela preparamos los ingredientes. Vamos cortando en rodajas de aproximadamente entre medio y un centímetro el queso de cabra de rulo (no importa medir con un regla, es orientativo). Yo le quito la parte blanca de la costra, luego con los dedos lo aplasto un poquito y le doy forma para que el resto de ingredientes asienten bien encima.

Cortar también a rodajas la sobrasada. Normalmente corto un trozo grandecito, le quito la piel y luego hago las rodajas. Estas también serán de un tamaño aproximado a las rodajas del queso y también podemos darle un poco de forma con las manos para que encajen bien encima. Si os habéis pasado cortando el trozo podéis poner otra vez el trozo de sobrasada que os ha sobrado en la piel y guardar en la nevera… si preferís hacer un picoteo mientras cocináis no os diré que no.

Cuando el hojaldre esté en su punto y el queso y la sobrasada estén preparados sólo nos queda ir montando. Para ello cortaremos el hojaldre en cuadrados, me suelen salir unas tres tiras, del lado más estrecho del rectángulo, y entre cuatro o cinco del lado más largo del rectángulo. Eso a ojo de cada uno y la cantidad de relleno que quiera poner, sólo que a más grandecito mejor el resultado ya que si está poco relleno sólo tiene gusto de pasta y es una pena porque pierde mucho.

En cada cuadrado ponemos en el centro un trozo de queso, sobre este el trozo de sobrasada y encima una cucharadita de mermelada de tomate.

Cerramos el cuadrado de forma que las puntas de las esquinas se toquen arriba del todo del relleno y luego con las manos las vamos uniendo. De esta forma quedarán en forma de pirámide, mirad la foto. Se que se puede cerrar de diferentes formas y francamente, si no os queréis complicar la vida podéis cerrarla como mejor vaya, pero ya que nos ponemos esta composición es chula, resultona y original.

Ir colocando las bolsitas sobre una bandeja de horno, para que no se pegara le puse un papel de horno, pero supongo que el de aluminio o un poco de aceite iría bien.

Cuando estéis seguros que todos los laterales están cerrados y tenéis todas las bolsitas preparadas sobre la bandeja del horno, las pinceláis con un huevo que habréis batido un poco. El huevo hay que batirlo sin sal ni azúcar y no importa menearlo mucho, con batirlo un poco para que quede una textura que nos permita pincelarlo bien ya basta.

Entonces es el momento de meterlo en el horno. Yo los pongo a media altura, con el ventilador y calor arriba y abajo, pero cada uno conoce mejor su horno y aquí os dejo según vuestra experiencia.

Cuando veis que ya están bien doradita y hechas es el momento para sacarlo.

Tan sólo hay que esperar unos minutos para que no quemen y ya se pueden comer. Como os he indicado antes, mejor tomarlas calentitas o tibias. Frías también se pueden pero ganan con un toque de calor.

El hojaldre está crujiente y el queso y la sobrasada con el calor se han mezclado y fundido en un bocado salado, mientras que la mermelada de tomate le da ese contraste dulce que potencia el sabor del resto de ingredientes.

Como veo que debéis estar todos salivando no voy a ser más mala y dejo que probéis este delicioso y fácil aperitivo, seguro que triunfáis con él y se lo llevan de casa, ya me comentareis. Hasta el próximo reto i bon profit.

NOTA: Si tenéis muchas dificultades en encontrar sobrasada o por alergias, convicciones culinarias u otros motivos no queréis o no podéis usar este embutido, la receta también se puede hacer sin él. Este combinado sólo con el queso y la mermelada de tomate también está muy bueno, pero cuando uno lo ha probado de esta forma, ummmm…… es difícil no añadir este ingrediente y caer en la tentación. Bona cuina a tots.

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Cuadraditos de chocolate blanco con pistachos: El ingrediente secreto de Ira 4ª parte.

30 Jun

Señoras y señores, soy una vergüenza. Ahora sé porque no suelo hacer platos al baño maría. De hecho cuando leo una receta y veo baño maría no sigo porque sé que no es lo mío, debe ser una incompatibilidad, una alergia o una aversión magnética. Así que creo que tendría que cambiar el título del post por “extraña gestación de unos cuadraditos de chocolate blanco y pistachos”.

Si alguien me lo preguntara no sabría decir porque nunca me he animado a hacer algo al baño maría, y mira que en un principio no es muy complicado. Cazo con agua al fuego, flotando en él otro cacito menor y dentro de este lo que se quiera trabajar. Vamos que no sobresale demasiada complicación como pudiera ser la comprensión del universo y la expansión galáctica o los agujeros negros o la antimateria, se supone que eso sí que tendría que ser complicado. Pues sinceramente, creo que me saldría mejor una mousse de antimateria, un queso gruyer con agujeros negros o un expansivo soufflé galáctico.

Yo he seguido al pie de la letra todos los pasos de los folletos aquellos que os comenté de la vajilla de la Disney. Difícil no ha sido, pero no sé porque el chocolate le ha costado ligar. Se ha quedado un poco con textura no diré que arenosa, pero sinceramente, fluido brillante y hermoso no lo era. Aunque ahora que lo pienso la receta no lo describe así. Igual yo me estoy liando de lo lindo y resulta que el chocolate blanco funde así. Pues no señores, no queramos ser benévolos, el chocolate blanco no funde así. El problema que tuve es que pese a haber puesto el fuego bajo como decían las instrucciones, el calor era aún alto para un chocolate y menos blanco. Lo que me ocurrió fue que el chocolate se resecó y no salió tan fluido como debiera. Así que queridos, si alguien adolece de inexperiencia con el baño maría, mi primer consejo antes de hacer esa receta es fuego superbajo o bien pasar de baño maría y si usáis el nuevo chocolate blanco de postres de Nestle fundirlo en microondas siguiendo las instrucciones y mejor poco a poco.

Cuando vi el ingrediente número cuatro de Ira pensé, ¡¡¡Jopeta!!!, con lo poco que usamos en casa el chocolate. Con ese ingrediente sólo hacemos en casa tres cosas y las tres ya están publicadas: las magdalenas de chocolate, muy recomendable. La tarta de chocolate de Isa, una delicia donde las haya y finalmente unos robiols rellenos con nocilla o nutella, esto diríamos es una nueva cuisine a la tradicional cuisine mallorquina de toda la vida. Pero el ingrediente secreto de Ira especificaba que no debían ser publicados…. Ufff…. Y Terremoto, “el vidente”, en casa de mi ex durante una temporada vacacionalita. Por eso recurrí a las libretitas Disney. Esta receta me pareció fácil, ligera sin extra de azúcar, con poca mantequilla y encima con frutos secos, vamos, dentro de lo que cabe al ser postre y llevar chocolate, bastante saludable. También pensé que la versión chocolate negro con otros frutos secos era posible, pues de esta forma sí que había hecho una especie de montoncitos hace años y con muy buenos resultados. Era factible elaborarla con niños y en la foto tenía una pintaza estupenda, así que fuimos a buscar los ingredientes que nos faltaban al súper.

Lo único un poco laborioso es lo de pelar los pistachos, y aquí he tenido un pequeño incidente. Pero este no tiene la culpa la receta, lo tiene mi cabecita que debo empezar a tener alguna neurona floja o quizá será el calor.  Vamos, que dejé todos los pistachos peladitos y había cinco que no se habían abierto, los pongo encima para ver si luego conseguía abrirlos con un cuchillo de punta redonda y va y se me olvida. Así que me pongo a cocinar, pongo dentro los pistachos y cuando estoy cortando los cuadraditos veo que algunos pistachos se me resisten a la hora de cortar. Yo insisto. El pistacho se resiste. Yo insisto, no podrá vencerme aún un simple pistacho que tampoco estoy tan decrépita aún. El pistacho resiste. Yo con la moral hundida entre que el chocolate había fundido raro y me había encontrado el superpistacho del grupo, cuando… de repente… la neurona floja vuelve de darse una ducha y me acuerdo. No era un superpistacho culturista, era un vulgar pistachito con su armadura entera. Así que ya me tenéis buscando los demás pistachos acorazados. Comprenderéis que después de esta monumental chapuza, estoy pensando que tendría que haber esperado a que viniera Terremoto y se inventara un postre con chocolate, que seguro se le hubiera ocurrido alguno con mejor pinta que el de mamá.

Pese a mi inutilidad para el baño maría y el ingenio de los pistachos acorazados para pasar desapercibidos, el postre está más bueno de lo que parece en la foto. Para colmo de males tengo la cámara en la uci y hasta que no la arreglen y nos la devuelvan,  funcionamos a base de fotos de móvil que no tienen una calidad tan chula.  Paso pues a contaros como se hace este postre en espera de que vosotros seáis más duchos que yo en el manejo de estas técnicas culinarias más misteriosas que las pociones de las tres brujas de Macbeth y que seguro si es así, podréis compartir con vuestros hijos. Eso sí, no se os ocurra dejar los pistachos blindados sobre el montón para abrirlos más tarde, que luego los muy cabroncetes se cuelan y quedamos como unas panolis patosas de mucho cuidado.

Ingredientes:

400 gr. de chocolate blanco (usé el chocolate para postres blanco de Nestle)

100 gr. de pistachos (sin cascaras)

3 cucharadas de nata

20 gr. de mantequilla

1 trozo de vainilla en rama

Elaboración:

Antes de empezar habremos hecho con papel de aluminio un cuadrado de aproximadamente unos 15 X 15 cm, levantando las esquinas y lo habremos untado con algo de mantequilla.

Pelar los pistachos y reservar.

Pesar todos los ingredientes y dejar a mano.

Cortar el chocolate a tracitos con un cuchillo corto y grueso, ya que si es verano no cuesta mucho con el calor, pero en invierno se endurece y este tipo de cuchillos nos facilita el trabajo. No conviene cortarlo con máquina ni batidora ya que con el calor calienta el chocolate y luego se reseca y no funde bien.

Cortar la vainilla longitudinalmente.

Coger un cazo y ponerlo al baño maría a fuego lento. Introducir dentro la mantequilla, la vainilla y la nata, ir removiendo hasta que se mezcle y quede homogéneo. Sacar la vaina de vainilla.

Añadir el chocolate y seguir removiendo hasta que se funda.

Añadir los pistachos y dar una última removida.

Verteremos la mezcla dentro del “molde” de aluminio. Alisarlo un poco con la cuchara para nivelarlo y dejar reposar. Cuando hayan pasado unos tres minutos se cortan cuadraditos de unos 3 cm de lado aproximadamente. No se sacan del molde, sólo se cortan los cuadrados. Se deja reposar de nuevo al menos unas dos horas antes de desmontarlo.

Un comentario, como ahora nosotros estamos en verano y hace calorcito, aunque este año está resultando muy suave. Hemos puesto el molde dentro de la nevera y hemos guardado allí los cuadraditos. La receta pone que si los guardas en lugar fresco y seco pueden durar perfectamente dos semanas, pero dudo mucho que en estos momentos mi cocina se pueda considerar un lugar fresco… yo diría que más bien es tibio.

Ahora lo que sé que esperáis, el veredicto de si vale la pena hacerlo o no. Bueno, pues después de haberlos catado, la familia ha decidido que están buenos. No es exactamente lo que sería un chocolate con pistachos, ya que estos al estar un poco salados le da un sabor diferente. En gran parte es dulce pero tiene toques salados peculiares. Supongo que con otros frutos quedaría bien y supongo que si queréis hacer chocolates blancos personalizados con diferentes frutos secos esta mezcla y proporciones podría serviros de base.  Si se tiene muy en cuenta las temperaturas, quedan chulos y para una merienda o cumple de los peques puede ser una opción más a tener en cuenta. Al ser muy sencilla la elaboración los peques pueden intervenir sin ningún problema, tan sólo mucho cuidado con no pasarse con el calor. No es que estropee el postre ni mucho menos, pero os resultará un poco más molesto manipularlo y estéticamente no os quedarán tan chulos.

Bueno, espero que Ira nos pida algún día hacer una ensalada, porque a este paso voy a tener que tumbarme sobre dos toallas cuando vaya a la playa, porque con tanto dulce una no me va a bastar, jajaja. Espero que os guste esta cuadrada tentación i bon profit.

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Galletas de chocolate, el curioso deber del cole de Terremoto y de paso reto del ingrediente secreto de Ira nº 3

13 Jun

Cuando el sábado pasado Ira nos propuso su ingrediente de esta quincena pensé, “jope chiquilla, sí que nos lo pones difícil” y el motivo es que esta vez el ingrediente volvió a ser un plato, pero así como un postre en vaso es relativamente fácil, a las malas existen los flanes y las natillas. Lo de las galletas es otra historia. Normalmente en casa hacemos más bizcochos, por eso de que son más fáciles, llevan menos trabajo y hay más cantidad, jeje, somos asquerosamente prácticos, que os voy a decir. Es cierto que en algunas ocasiones hemos hecho galletas, pero en muy pocas y pensé que tendría que sumergirme en el montón de papeles de las tres carpetas donde guardo recetas impresas, recortes de revistas, manuscritas en cualquier formato inimaginable a ver si había suerte y aún las tenía hundidas por allí cual restos del Titanic en el frio Atlántico Norte.

El problema que le veía a la receta de este reto es que todo el mundo haría algún tipo de galleta de mantequilla, son muy sufridas pero en el fondo son todas más o menos iguales. Así que me puse a buscar algo más original y lo cierto es que lo encontré, pero no tenía muy claro cuando lo podría hacer ya que este fin de semana lo tengo heavy on the rocks. Pues bien, resulta que al final me tengo que tragar todas mis palabras y planes, porque hace apenas dos horas nos ha llegado Terremoto del cole diciendo que la profe le había puesto para mañana como deberes el hacer unas galletas para la merienda y traía la receta fotocopiada en un hoja de no sé que libro. Tan sólo puedo confirmar que es la receta número cinco de algún libro de recetas para niños.

Sí. Ojiplática. Así es como me quedé y en cuestión de una hora mi casa y más concretamente la cocina, se ha revolucionado. Terremoto cocinando, mi ex haciendo sugerencias, Tsunami se ha presentado raudo y veloz con el taburete blanco del baño del que ya os hablé y yo estaba en un rinconcito intentando dirigir el cotarro de orquesta para cuchara y bol en chocolate menor. Así que esta noche, ahora que los peques se han ido a la cama, aprovecho y os presento el resultado de esta revolución culinaria-deberíl.

GALLETAS CON TROCITOS DE CHOCOLATE

Lo que necesitas:

Un bol

Una cuchara de madera

Una bandeja

Tiempo de preparación: 20 minutos

Tiempo de horno: 10 minutos

Ingredientes para 2 personas:

200 gr. de azúcar

200 gr. de azúcar moreno

200 gr. de mantequilla

2 huevos

Una pizca de sal

350 gr. de harina

½ cucharada de bicarbonato

200 gr. de virutas de chocolate

Mantequilla para untar el molde

1 cucharadita de extracto de vainilla.

Nota: Antes de empezar pide a un adulto que encienda el horno a 180º

1)      En un bol vierte el azúcar y el azúcar moreno. Luego, la mantequilla y los huevos. Lo mezclas todo ocn una cuchara de madera y, mientras, le echas una pizca de sal.

2)      Mezclando todo muy bien, le añades la harina, el bicarbonato y la vainilla.

3)      Y ahora ¿Los trocitos de chocolate! Luego, unta la bandeja con un poco de mantequilla. Cun la ayuda de una cuchara, echa en la bandeja formas de galletas.

4)      Pide a un adulto para que te ponga las galletas con trocitos de chocolate en el horno

Nota: Puedes combinar los trocitos de chocolate con nueces o avellanas.

Hasta aquí os he copiado la receta textualmente, ahora os comentaré como nos ha ido.

Primero, no tenemos extracto ni gotas ni nada de vainilla, pero sí un bote de azúcar vainillado, así que hemos puesto un poco de este en el peso del azúcar blanco. Por suerte tenía la cantidad justísima del azúcar moreno, que no siempre tengo a mano.

La bandeja del horno no la untamos de mantequilla, le pusimos un papel de horno y no hubo problemas para quitarlas luego.

Con estas medidas nos salieron dos bandejas de horno. En nuestro caso el horno tuve que ponerlo a 190 y tenerlo entre 15 y 20 minutos, pero cada uno conocéis vuestro horno. Las sacamos cuando estaban bien doradas, ya que la pasta se nos chafó y se juntaron unas con otras y estaban muy blanditas. Son este tipo de galletas blandito pero que se endurecen un poco cuando se enfrían.

Pusimos todas las cantidades según indicaba la receta, la única variación fue que pusimos menos trocitos de chocolate porque encontré que era una cantidad excesiva, así que debía haber como la mitad. No tengo muy claro si ese fue el motivo de que la pasta no quedara tan firme o es que el horno tendría que haber estado más caliente. La pasta estaba firme cuando la colocamos con la cuchara, pero luego en el horno con el calor fue como si se fundiera, quedó como si fuera una pizza de galleta o una mega galleta o una galleta única de dinosaurio.

Para solucionar este gran pegote dulce tuvimos que hacer trocitos con un cuchillo, por eso queda con esa forma tan rara, pero os aseguro que originalmente eran galletas, palabrita.

Ventajas de la receta: Es cierto que los niños pueden hacerla tranquilamente, aunque cuesta la primera mezcla.

Desventajas: Personalmente considero que es demasiado calórica. Me parece un exceso de azúcar y mantequilla para tan poca harina y no quiero pensar lo hiperdulces que hubieran quedado con los 200 gr. de chocolate íntegros.

Opinión de los peques: “Mamí estas galletas que ha hecho Terremoto están buenísimas” ; “Mamí puedo tomar otra, sólo una, una más y ya está”… “Mamí, después de cenar podré comerme más galletitas buenas”

Como veis las críticas de Tsunami son favorables, vamos, que pasaron  con sobresaliente y matrícula cum laude la prueba de la cata.

Terremoto probó una y mientras se la comía hizó el símbolo del pulgar hacia arriba mientras decía huuummm, huuuummmm, huuuummmm. Le he dicho que mañana podrán tomar alguna para desayunar. A la hora de meterse en la cama, el muy ladino me ha dicho que no son exactamente como deberes, que no son para merendar los niños, sino que se las quería hacer para su profe…

… Ya decía yo que eso de poner de deberes hacer unas galletas me sonaba a raro, sobre todo con tan poco tiempo… Bueno, visto desde el punto de vista divertido. Terremoto no sé muy bien cómo se las ha ingeniado de nuevo para ser el prota del reto del ingrediente secreto de Ira, estoy empezando a pensar que lo de la telepatía debe ser cierto.

Espero que os guste a todos i bon profit.

Nota mía para Ira y Mixka. Acabo de ver que Mixka en su web de El rincón de Mixka ha publicado una receta muy parecida para el reto. Es más personalmente me gusta más la suya y el truco de la nevera creo que nos hubiera ido bien. Es lo que me temia si hacíamos unas galletas de mantequilla. Si por casualidad tengo tiempo os presentaré otra receta, pero de momento os dejo con el complot de la profe y de Terremoto.  Así que hasta pronto i bon profit de nuevo.

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Receta rápida y sencilla para aperitivo o cena de los peques: Huevos rellenos.

10 Jun

La receta de hoy no es mía, queda mal decirlo pero nunca en mi vida he hecho unos huevos rellenos.  Ya sé que después de liarme con ciertos platos, eso de no haber catado un plato tan sumamente sencillo queda como raro. Es algo así como decir que uno es capaz de pintar la capilla Sixtina pero luego es incapaz de hacer esos dibujitos en los que vas uniendo puntos numerados y al final sale un pez espada, un león o el perfil de la catedral de Burgos.

Pues sí, yo era así de torpe y sigo siéndolo, ya que este es un plato del que se encarga mi pareja, que aunque no hayamos puesto muchas aportaciones suyas en el blog, mi chico también es muy buen cocinero. Sólo tiene un problema… bueno, dos. El primero es que cuando cocina siempre hace poca cantidad y lo que se supone que tenemos que comer dos, sólo da para uno y lo de cuatro sólo da para dos, todo lo contrario que yo que siempre sobra un montón para “reciclar” y transformar. El segundo es que se pone muy pocas veces a preparar comida. Al principio cuando vino a vivir con nosotros él se encargó de cocinar durante un muy breve periodo de tiempo. Tuvo tanta suerte que tardó muy poco en encontrar trabajo y se acabó ese lujo de llegar a casa y encontrarte la comida acabada de poner en la mesa o a punto de sacar de la cazuela. Más adelante pensamos en poner remedio a ello y me propuso de encargarse él de nuestra cena de los sábados. El problema es que el intento duró unos cuantos sábados, luego por cualquier motivo hacía yo la comida un sábado y al siguiente ya nos habíamos olvidado de la nueva costumbre instaurada. Intentamos hacerlo en varias etapas, pero no sé qué ocurre siempre se olvida al cabo de dos o tres sábados cumpliendo con ello. Uno de esos sábados me comentó de hacer la cena no sólo para nosotros dos, sino también para los peques. Me propuso hacer unos sencillos huevos rellenos. Fue entonces cuando le confesé que en mi vida los había tomado, que es cierto que sabía de su existencia, pero que mi madre nunca hacía de eso y yo nunca me lo había planteado.

Ese sábado había ido al mercado y había traído una buena provisión de huevos de granja frescos, así que pusimos el agua a hervir y a hacer un montón de huevos duros.

Ingredientes

1 ó 2 huevos por comensal, dependiendo de si hay más cosas para comer o el hambre de cada uno.

Una lata de atún al natural, también llamado a veces asalmonado.

Un poco de mayonesa, si es casera mejor, pero para lo que usareis si tenéis una de bote de buena calidad también sirve.

Preparación:

Poner un cazo con agua y una pizca de sal. Cuando empiece a hervir poner los huevos colocándolos con una cucharita para que no se rompan. Dejar hervir  10 minutos. Sacarlos del agua y dejar enfriar.

Cuando los huevos estén fríos se cascan y se parten por la mitad. Se pone en un cuenco las yemas.

Se mezclan las yemas machacadas con el atún escurrido y mayonesa la suficiente para que quede una masa homogenea. Con esta masa se rellenan los huecos de los huevos.

Se adorna con un montoncito de mayonesa encima.

Si no se sirve enseguida se guardan en la nevera hasta la hora de la cena. Se pueden hacer con unas horas de antelación, pero por si acaso como llevan mayonesa yo no las haría de un día para otro a ser posible, sobre todo en época de calor. Además fresquitos están para chuparse los dedos.

Nota: Se puede poner en el relleno trocitos de pepinillos en vinagre, os lo pongo como sugerencia porque su gusto envinagrado puede no gustar a todos los peques y sería más adecuado para los nenes más mayorcitos y los adultos.

Evidentemente, estos huevos se pueden rellenar con muchas cosas, pero esta sería una receta básica, rápida, sencilla y muy deliciosa. Cuando nuestro Terremoto oye la palabra huevos rellenos da un salto de la silla de contento y Tsunami aplaude cuando los sacamos a la mesa.

Espero que esta primera receta de mi chico os guste para hacer una noche veraniega en familia. Ya nos contareis que les ha parecido a los nenes i bon profit.  huevos

El postre que se inventó Terremoto para un concurso de postres y aprovechado para el segundo reto de “El ingrediente secreto de Ira”

28 May

Los asiduos al blog ya sabéis que Terremoto tiene una veta cocinera con solera que se le despertó allá por los cinco añitos o puede que antes. A esta edad mi niño ya se ponía sobre una silla para pasar los trozos de pollo por la galleta picada  y huevo. En Mallorca se usa un tipo de galleta en lugar de pan rallado. Nosotros se los poníamos en la sartén porque demasiado peligro ya tenía lo de estar sobre la silla al lado de los fogones. Algunas veces se ha inventado recetas y reconozco que unas cuantas han estado muy buenas. Terremoto es más de cocinar salado. Pero cuando nos enteramos que en una torrada-excursión del APA de su cole organizaban un concurso de postres, no le faltó tiempo para decir que pensaba presentar uno y ponerse a pensar en ello. Estuvo varios días en plan mono-tema con lo del concurso. Al final decidió un postre dulce pero sano. Conseguí que me lo contara, porque siempre está con un halo de misterio misterioso y luego va y me pilla sin ingredientes justo cuando acaban de cerrar el súper y no vuelven a abrirlo hasta el lunes. Hicimos una primera prueba y no estuvo mal pero teníamos que perfeccionarlo un poco,  así que seguimos pensando. Le comenté algunas sugerencias y le gustaron. Lo intentamos por segunda vez con alguna de las modificaciones y cha-chán, postre buenísimo y aceptado por el autor.  El día antes del concurso dormía en casa de su padre, así que se llevó los ingredientes para hacerlo por la tarde.

Mi ex siguió las instrucciones al pie de la letra. “Terremoto sabe hacerlo así que tú sácale un vaso y déjale hacer, ¿de acuerdo?” y claro, sin interferencias la receta fue rápida de montar. Según me contó mi ex a las seis de la mañana del sábado ya estaba vestido y pidiendo cuando era el concurso. Obvio decir que primero se tenía que ir al lugar señalado, hacer fuego, hacer brasas, hacer una torrada, comer y luego venían los postres. También obvio decir que no llegó tarde, fue el primero en presentarlos.

Se presentaron unos cuantos postres, pero todos hechos por mamás. El único niño que se atrevió con el reto culinario para la categoría de alumnos fue nuestro Terremoto.  Se llevó una medalla de oro de la que se siente muy orgulloso y ha puesto con sus medallas de deporte.  Tengo que decir que además de pasión de madre, el postre en sí es sencillo y sabroso. Terremoto se encargó de que casi todos lo degustaran, hasta que una de las monitoras lo probó, y sólo lo devolvió cuando el vaso estaba completamente rebañado y limpito, le encantó.

Cuando al volver de la torrada-excursión abrí el ordenata y mire que ingrediente había en el reto de Ira, me quedé alucinada pensando en que eso debía ser telepatía. Le leí a mi pareja de que iba el segundo reto, un postre que se sirviera en vaso. Nos miramos los dos y dijimos al unísono “El postre de Terremoto”.

Así que os presento el sencillo y delicioso postre que Terremoto se inventó hace poco para su primer concurso de cocina.

Ingredientes:

Galletas tipo digestive (la primera vez lo intentamos con las tipo María, pero pierde mucho, mejor estas)

Plátano más o menos maduro (uno por cada vaso que hagamos)

Fresas (entre cuatro y seis por vaso)

Chocolate de postres (nosotros usamos el Nestlé, que se puede separar en barrita, está delicioso y es fácil de separar y dosificar)

Una cucharada de agua

Una o dos cucharadas de leche

Nata para montar con un 35.1 de materia grasa como mínimo

Azúcar o edulcorante líquido.

Un vaso para su montaje.

Elaboración.

Es muy sencillo. En un vaso poner en el fondo unas cuantas galletas digestive rotas, no machacadas. Encima pondremos un plátano cortado a rodajas.

Lavamos las fresas sin cortar el rabo, quitarlo después de lavar. Se cortan en cuartos. Se ponen unos cuantos cuartos sobre los plátanos, aproximadamente unas cuatro o seis fresas, depende del tamaño del vaso y de lo que nos haya ocupado lo anterior. Si las fresas están un poco ácidas se puede poner una pizca de azúcar o unas gotitas de edulcorante líquido si se quiere controlar el aporte de azúcar del postre.

Se cogen dos trozos del chocolate para postres Nestlé y se trocean en un bol. No es necesario hacer trozos muy grandes, con que hagamos tres trozos por barrita ya vale. Añadimos una cucharada de agua y ponemos un minuto en el microondas. Sacamos del microondas y removemos con una cuchara. No tardará en espesar pero si seguimos removiendo tomará un brillo especial. Entonces le añadimos un pequeño chorrito de leche, muy poco. Volvemos a remover y que ligue bien. De esta forma ablandamos el chocolate y no hemos de recurrir a ningún tipo de mantequilla para ello.  Con una cuchara ponemos chocolate encima de las frutas.

Para finalizar se coge la nata, se pone un poco en un vaso de batidora y con las varillas se va batiendo. No es necesario añadir azúcar. Una vez montada se añade sobre el chocolate.

Se ponen los vasos en la nevera y se dejan unas cuantas horas o mejor de un día para otro. Antes de servir se adorna con unas cuantas perlitas de chocolate.

Para el concurso nos llevamos un spray de nata y las pepitas para facilitar el traslado y que no se nos fundiera la nata durante el camino y se pusiera malo. Además de cuidar la estética no era cuestión de causar una diarrea galopante por nata en mal estado a todos. Usando spray de nata también queda muy bien, pero gana si se hace con la nata y se pone en la nevera. Cuando se saca se ha endurecido un poco y las texturas cuando hundes hasta el fondo del vaso la cuchara y luego subes un poco de cada ingrediente es muchísimo mejor.

Espero que esta primera receta de mi nene os guste casi tanto como le gustó a la monitora. Además, como veis, es apta para elaborar con niños, mejor que por padres, hasta el próximo reto i bon profit.

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Receta de pan de plátano y naranja con la panificadora del Lidl, ideal para el desayuno y para el reto de cocina de “El ingrediente secreto de Ira”

15 May

Hola a todos y todas. Tengo que confesar que hacía unas semanas que tenía pensado poneros esta receta porque ya la he perfilado a nuestro gusto y justo en este momento me entero que se ha montado un nuevo reto en la blogoesfera, esta vez de carácter culinario. Se nos van a ir dando platos o ingredientes y tenemos quince días para pensar en una receta, hacerla y colgarla. El premio: disfrutar como enanos en la cocina y adquirir nuevos conocimientos. Hacer algo por placer es de los mejores premios que hay. Sólo espero que mis labores maternales me dejen llevar el ritmo, porque una se desenvuelve bien entre cacharros y cubiertos pero tampoco soy una cocinera consumada con largo historial de cocinillas, así que ya veremos. Las bases del concurso podéis verlas en este enlace.

El primer ingrediente propuesto es muy habitual en las casas con nenes, ¿quién no se ha tomado de pequeño una papilla de plátano machacado con zumo de naranja? De pequeña y no tan pequeña era mi preferido. Salvo que uno le tenga alergia, ya que el plátano es uno de esos alimentos que puede darte alergia y suelen mirarte a la hora de hacerte las pruebas, es un clásico de toda la vida. Conocía hace años a un chico que sí que le tenía alergia pero le encantaban y me contaba que de pequeño de escondidas de sus padres y buscaba un momento que estos no estuvieran ocupados. Entonces se arreglaba, se ponía la cazadora, cogía las llaves del coche y se iba a sus padres con las llaves en una mano y el plátano a medio comer en la otra para que le llevaran lo antes posible a urgencias. Su madre me decía que estaba amargada, pero siendo varios hermanos no podía dejar a los demás sin la dorada fruta.

La receta de hoy surgió por unas búsquedas que hice hace unos meses. Terremoto y Tsunami son unos asiduos devoradores de plátanos, a ambos les encantan y cada día suelen llevarse uno de merienda al cole. Todo sería perfecto y hermoso si no fuera por un detalle, a Terremoto sólo le gustan los plátanos muy verdes y a Tsunami en su punto, pero a la que se pasa un pelín o tiene manchas negras, ya tengo allí el plátano abandonado. Al cabo de unos días en los que se ha repuesto la munición de plátanos en el frutero, mi menda, que no tendría que comer por lo de intentar controlar el peso, acaba dando cuenta de los “ultramaduros” según los peques. Ya les puedes contar que las manchitas negras en la piel no tienen porque indicar que dentro estarán mal. Nada. Que me toca apechugar o los comemos los mayores o se tiran y tengo la política de que en casa si se puede evitar no se tira nada de comida que esté en buen estado. Estuve pensando sobre ello y me pregunté si no debían existir panes de plátano, así que busqué en internet y sí, existen, y sí. Hay un montón. Así que fui cribando para encontrar una receta que cubriera mis expectativas de aprovechar plátanos, que no sea muy grasa y a ser posible que se pueda adaptar al intento de régimen de Terremoto para no engordar. Al final encontré una receta que he visto en dos webs, son estas.

http://www.petitchef.es/recetas/pan-de-platano-y-naranja-fid-481228

http://www.misratosenlacocina.com/2012/06/pan-de-naranja-y-platano-panificadora.html

Primeramente hice esta receta tal como indica y ya os digo que está muy rica. Pero yo quería afinarla un poco más para que resultara más ligera y se adaptara más a nuestro deseo de pocas grasas por el bien de Terremoto. Además, la receta es para un pan de 750 y puestos que nos ponemos, yo prefiero hacerlos de 1250 que total se tarda el mismo tiempo y tenemos más. También introduje la variación del programa expreso que tarda menos y en menos de dos horas tienes el pan humeante ante ti. . Así que hice cálculos, probé algunas modificaciones y así ha quedado finalmente mi adaptación y receta de pan de plátano con la panificadora del Lidl.

Ingredientes:

6  y ½ cucharadas de zumo de naranja (normalmente me viene clavado con una naranja de zumo de las que compramos)

320 ml de agua

200 gr de plátanos maduritos, sin piel y machacados con un tenedor

un par de chorritos de edulcorante líquido que pueda ser usado en caliente

400 gr de harina de fuerza

400 gr de harina integral

2 y 1/2 cucharadas de leche en polvo

65 ml de aceite de oliva virgen

1 sobre de levadura de panadero

una pizquita de sal

media cucharadita de jengibre

media cucharadita de canela en polvo

un poco de leche templada para pincelar o glasear.

Preparación:

En un recipiente apto para el microondas ponemos los líquidos,  el agua, el zumo y el aceite y lo calentamos tres minutos.

Una vez caliente lo ponemos en la cubeta.

Encima ponemos más o menos la mitad de la harina, que no haya contacto con los líquidos. Luego el sobre de levadura y acabamos de cubrir con la harina.

Sobre ésta el plátano chafado rociado con el edulcorante.

Encima del plátano va la leche en polvo. Encima el jengibre y la canela y por la zona lateral la pizquita de sal.

Cerramos y programamos el número 5 expreso, peso 1250 gr. y corteza medio tostada.

Tenemos que vigilar para quitar las palas de amasado, que siempre queda luego mejor el pan y facilita el corte luego. También tenemos que vigilar cuando acaba el levado y empieza el horneado, entonces con un pincel de silicona, pinto sobre el pan con algo de leche tibia.

¿Que consigo con todas estas modificaciones de la receta original?

Como en el pan de molde, al estar los líquidos calientes me permite usar el programa expreso con muy buenos resultados, con el consiguiente ahorro de tiempo y de electricidad.

No uso leche porque creo que quedaría demasiado biscocho, pero reconozco que no lo he intentado con leche.

Sustituyo la margarina por aceite porque me parece más sano y queda perfecto.

El edulcorante con el plátano ya le da suficiente dulzura, al fin y al cabo es un pan, no un bizcocho. Así, sin azúcar ni mantequilla, Terremoto puede tomarlo también como desayuno sin ningún problema.

El uso del jengibre y la canela le dan un toque y un aroma especial que no tiene sin ellas y para mi gusto gana bastante.

La leche en polvo, como también os comenté en el pan de molde,  le confiere más esponjosidad y al colocarla sobre el plátano regula el exceso de líquido que pudiera soltar y facilita su mezcla con la harina.

El resultado es un pan tierno, que una vez frio se corta perfecto. No se desmiga, cosa que se agradece un montón.  Conserva muy bien aunque hayan pasado unos cuantos días desde su elaboración, ya que al usarlo sólo para el desayuno nos dura más que el pan normal. Finalmente, os diré que a todos los que lo hemos probado nos ha recordado  mucho a los suizos. Supongo que tostado o con mermelada encima debe estar bueno, pero es que no le hemos dejado la oportunidad de probarlo porque nos cortamos un trozo y así tal cual sirve para desayunar o merendar.

Si no fuera poco todo esto, he tenido la suerte de que a Tsunami le ha encantado y al final he encontrado algo casero que sustituyera de tanto en tanto los panes de leche del super, ya que cada día para desayunar se toma uno y no había forma de encontrar nada casero que lo sustituyera, lo intenté haciendo yo el pan de leche, haciendo pasta de monas, brioches, pero nada y va y el pan de plátano le gusta mucho y se toma una rebanadita todo contento.

Bueno, espero que como estreno del reto de Ira haya servido, pero sobre todo que os pueda servir a vosotras tanto como a mí. Si alguna se anima ya me comentará y veréis como no se vuelven a quedar plátanos maduros paseándose por la frutera. También si alguien es capaz de llegar a la fase de tostada y mantequilla ya me dirá que tal, porque no hay forma, nos lo comemos antes de sacar la tostadora y sin nada está de rechupete, confió en que os guste i bon profit a tots.

pam platani



Cocina mallorquina: coca de prebes torrats de pasta dolça o coca de pimientos de pasta dulce

10 May

Hace siete meses os hable de la coca de trempó de pasta dulce. Entonces os comenté que esta coca es típica de Ciutat (Palma) y que en la part forana  (pueblos) se hacen de pasta lisa, sin azúcar. En su momento también os comenté que la coca de trempó junto con la de pimientos y verduras forman un trio básico de la gastronomía mallorquina. Bueno, pues creo que hoy es un buen momento para comentaros como se hace la coca de pimientos, ya que a estas alturas seguro que habréis practicado mucho con la de trempó. (Ahora es cuando espero que todos me digáis un contundente síiiiiii sin que a nadie le crezca la nariz… ingenua de mí). Esta receta también es muy socorrida para meriendas, excursiones y junto con la de trempó no suele faltar en las celebraciones tipo cumpleaños. Así que si alguien tiene una fiestecita de estas cerca es una sugerencia original y fácil de hacer.

No es tan rápida de elaborar como la de trempó por una simple cuestión. En esta los ingredientes que cubren la coca no están crudos, hay que haberlos torrado antes. Por eso quizás es una de esas cocas que no se improvisa así en plan ahora hago una para cenar y te pones a ello a las seis de la tarde y te la comes a las ocho. Normalmente en casa hacíamos una buena cantidad de pimientos asados para una noche. Los tomábamos acompañados de una tabla de quesos y al día siguiente se hacía la coca de pimientos y se le daba buena cuenta en la cena.

Ingredientes:

Para la masa

3 cucharadas soperas de azúcar.

2 tacitas, de las de café, de aceite de oliva.

Levadura de cerveza o de panadero, aquella que es un cubo, no polvos.

1 vaso de agua (unos 250ml) tibia para disolver la levadura.

Harina de repostería, la que tome la masa por eso no pongo peso.

Para la cobertura de pimientos

Pimientos rojos tostados al horno sin piel ni semillas y cortados en tiras.

Ajo.

Perejil.

Sal y aceite.

Preparación de la masa

En un bol poner el aceite y el azúcar, mezclar.

Aparte atemperar el agua (yo la pongo unos 50 segundos en el microondas a la máxima potencia) y poner dentro la levadura, remover hasta que se disuelva. Añadir el agua con la levadura disuelta a la mezcla anterior y seguir removiendo hasta que esté bien disuelta.

Ir añadiendo poco a poco la harina e ir mezclando. Al principio voy removiendo con una cuchara pero llegará un momento en que tengáis que ir amasando manualmente. Ir añadiendo harina mientras veáis que se la va tomando.  El trabajar un poco la masa hará que luego nos facilite el proceso de levado.  Al final os quedará una masa compacta pero no pegajosa.

Untar un molde bajo tipo bandeja apta para horno con aceite de oliva.

Coger la masa y estirarla. Colocarla sobre el molde y con la palma de la mano y los dedos ir estirando hasta que está cubierta toda la superficie del molde. Dejar unos minutos en un lugar a ser posible caliente y fuera de corrientes de aire para que vaya levando un poco.

A continuación depositareis encima los pimientos tal y como os indicaré a continuación. Luego la meteréis en el horno. El horneado depende de cada horno, cuando veáis que la masa ha dorado y al pinchar no sale húmeda. Sacar y dejar enfriar.

Preparación de los pimientos

En este caso, previamente, hemos tostado al horno unos pimientos rojos. Para ellos os recomiendo que sean más o menos iguales y que al tocarlos notes que la carne es gruesa, de esta forma todos se harán de forma homogénea y nos aseguraremos que se quemen menos y que haya más carne para nuestra coca. Para ello se lavan bien, se untan con un poco de aceite de oliva, te pones un poco de aceite en las manos y los frotas bien. Se ponen en la palangana de horno, yo suelo usar la misma palangana con la que luego hago la coca, que también esté pincelada de aceite y se tuestan cuidando a no quemarlos. Los tengo una media hora por un lado y luego les doy la vuelta y media hora por el otro. Lo de la media hora es orientativo, porque depende del tipo de horno, su potencia y el grueso de los pimientos, evidentemente los más gruesos son los que quedan mejor. No hay que quemarlos porque luego no nos quedará apenas carne para comer.

Cuando estén fríos hemos de pelarlos, quitar las semillas y cortar a tiras.

Os daré un truco por si no queréis hacer los pimientos al horno, que si bien no están técnicamente torrados.  No es que queden exactamente igual pero no desmerecen en absoluto los resultado,  salen igual de bien y resulta menos engorrosa. Sólo tiene un defecto y es que de esta forma no se puede hacer tanta cantidad. Si coges tres pimientos hermosos, los lavas bien con agua. Entonces con la punta del cuchillo quitas el pedúnculo, con lo que podemos quitar las semillas del interior y aprovechar para pasarles un poco de agua por dentro. En el caso de hacerlo con el microondas se ponen en un pírex circular y no hay que untar nada con aceite, basta el agua que haya podido quedar impregnando la piel al lavarlos. A mí me caben tres y lo pongo unos 15-17 minutos por un lado y luego los giro (cuidado a quemarse que desprenden algo de vapor) y otros 15 minutos por el otro. Haciéndolos en el micro no hay peligro de que se quemen, resulta bastante fácil pelarlos una vez secos, no tenéis que quitar luego las semillas y la carne queda bastante gordita.

Tanto si habéis elegido la opción de torrarlos al horno o de cocerlos al microondas, cuando estén pelados y cortados a tiras debéis aliñarlos con sal y aceite.

Cuando tenéis la masa preparada vais colocando tiras unas cercanas a las otras y así hasta que tengáis vais cubriendo la superficie. Si creéis que es necesario lo podéis rectificar de sal, tampoco no os paséis pero no tiene que quedar sosos. En este caso sí que siempre se le pone luego encima la picada de ajo con perejil. Un chorrito de aceite y al horno.

Si alguien quiere se le puede poner también trocitos de sobrasada, pero eso es opcional. En algunos casos hay familias que les ponen encima trozos de lomo con sal y pimienta y también está delicioso. En casa no solemos ponerle carne encima, es la más clásica, pero sí que es cierto que con lomo o sobrasada se puede hacer y para una celebración queda tarde. En este caso son trocitos no un trozo de lomo a lo bestia encima, que luego no quiero quejas porque no se ha hecho bien.

Bueno, ya veis como la misma masa que os comenté la otra vez se puede sacar un resultado completamente diferente. Aunque alguien lo piense sigue sin ser nada parecido a una pizza y mucho menos esta. Se suele tomar fría, pero en ocasiones reconozco que algún trocito no demasiado frio ha estado catado por los miembros de casa.  Espero que os guste y ya me comentareis… espero…. Bon profit.

coca

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