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Yo fui madre después de los cuarenta

12 Mar

Algunas veces antes de empezar un post miro un poco lo que se comenta sobre el tema por Internet, para evitar repetir más de lo mismo. Este es un tema que hace tiempo que estoy pensando en abordar y al entrar a mirar que se cuece me he encontrado con la sorpresa de que se dice mucho sobre el tema, pero a la vez se dice muy poco sobre el tema. Me explicaré. Hay tropecientas entradas sobre que hoy en día la maternidad por causas de trabajo, estudios o porque queramos ser más chulas que las famosas o por lo que sea es cada día más tardía. Hay tropecientas entradas que comentan que la edad más adecuada para la maternidad no es precisamente a partir de los 35. Hay tropecientas entradas que te cuentan que si decides ser madre a partir de los 38 puede pasarte esto y eso y lo otro. Pero básicamente me he encontrado muy pocas cosas que comenten lo que es ser madre y criar a un hijo cuando has tenido, como dicen finamente, una maternidad tardía.

Es curioso ver como todo el meollo de la cuestión se centra en el hecho de concebirlo y llegar a buen puerto con el parto. Luego se dice alguna cosita a pinceladas pero se comenta muy poco sobre el criar un hijo a partir de cierta edad. Me encontré el mes pasado en el cumpleaños del hijo una amiga mía, una señora más o menos de mi edad que había acompañado a un niño un poco más jovencito que Terremoto. Hablando de los coles y tal le pregunté a que cole iba su hijo y me dijo “no es mi hijo, es mi nieto, sus padres están separados, el padre vive fuera y la madre está con otro y la custodia la tengo yo”. Sí, sé que yo, si hablamos de Tsunami, no soy la referencia más normal de madre para un niño de tres años y medio, pero tampoco me parece muy lógico que una mujer de mi quinta ya tuviera un nieto de esa edad y que ella tuviera que actuar como abuela-madre.

Pero el tema hoy no es el de las abuelas jovencitas que hacen de madre, porque estas aunque puedan hacer una labor ejemplar, no se han pegado la paliza de un embarazo a esa edad ni llevan el cansancio de un parto y un postparto. Sino el de las que deciden o simplemente les viene la maternidad después de los cuarenta.

De eso podríamos decir que sé un rato. En mi familia debíamos ser unos bichos raros dentro de la sociedad de otra época y soy fruto de una larga saga de hijos de padres mayores o padres viejos como se les decía entonces. Mis abuelos paternos nacieron a finales del mil ochocientos, es decir, siglo XIX. Se casaron relativamente tarde y mi padre es el pequeño, así que sus padres ya habían superado los cuarenta cuando él nació. En la familia materna, la situación es más divertida, mis bisabuelos se llevaban 13 años de diferencia, diferencia de ella mayor que él que tampoco era lo normal. Así que mi bisabuela también fue madre bastante tardía por la época. Los abuelos maternos nacieron él a finales del XIX y ella en 1900. Mis padres se ubicarían en el segundo lustro de los años veinte. Tanto unos abuelos como otros habían casado relativamente tarde y habían tenido hijos cuando la mayoría de matrimonios a esa edad ya tenían unos cuantos creciditos. Mis padres tampoco se casaron a la edad que solía hacerlo entonces todo el mundo. Lo normal era que a los veinticuatro ya estuvieras pasada por el altar y generalmente con algún hijo en camino, eso si el primogénito no nacía a los nueve o diez meses de la boda como en el caso de mis respectivos tíos. Mis padres se casaron él con 28 y mi madre con 27 y a mí me tuvieron a los trece años de casados. Vamos, que a mí me parieron con los cuarenta cumplidos o a punto de cumplir. Yo por mi parte tampoco tuve un instinto maternal prematuro y tuve a Terremoto a punto de cumplir los 33 y a Tsunami con mis 43 y medio justos. Claro, para uno soy una madre más o menos normal, no muy jovencita pero sí dentro de los límites aceptables. Del otro soy una madre más bien vieja, aunque tengo la ventaja de que siguiendo con la tradición de mís bisabuelos, el papá de Tsunami tiene nueve años menos que yo y eso compensa en ciertas cosas la balanza. Así que después de este rollazo que os acabo de soltar os voy a contar la percepción que tengo sobre lo de ser madre tardía.

Primeramente y creo que es importante, antes de buscar intencionadamente un hijo a estas edades es conveniente hacerse una revisión ginecológica. El hecho de haber podido tener un embarazo previo no nos asegura que nuestros aparatitos giro dinámicos internos estén aún en buenas condiciones y funcionamiento. En mi caso aproveché una revisión anual y el quitar el DIU, eso es muy importante. La ginecóloga me dijo que no era habitual que a mi edad todo estuviera tan bien y que no habría problemas de fertilidad. Problemas para concebir no tuve, pero sí para que el embarazo de mantuviera viable y pasamos por varios abortos seguidos. Ese es un riesgo que conlleva un embarazo a estas edades y hay que saber que puede tocarte, con todo lo que ello supone física y moralmente. A nosotros nos tocó tres veces seguidas antes de tener el de Tsunami. También es conveniente saber que cuando más avanzada es la edad de la madre hay más posibilidades de gestar mellizos ya que a medida que se acerca la fecha de menopausia el cuerpo va expulsando más cantidad de óvulos pues debe llegar a ese punto sin ninguno. Así que es un pequeño detalle que también nos puede tocar, no fue mi caso pero sí el de una amiga que tuvo mellizas el año antes que yo y fue quien me explicó esto.

Además de una revisión ginecológica es conveniente tener controlado el peso, ya que un sobrepeso dificulta más la concepción y el embarazo. También hay que empezar a ir tomando ácido fólico, pero eso mejor preguntar a la ginecóloga cuando hagáis la revisión. Posiblemente también os haga una analítica para comprobar que no tengáis deficiencias ni otros problemas.

Dicho esto ¿qué diferencia hay entre un embarazo a los treinta y uno a los cuarenta? Principalmente la posibilidad de complicaciones, pero eso lo dejo para que vuestros médicos os guíen. La madre mayor normalmente suele estar mucho más mentalizada y suele tener bastante más claro lo que se le va a caer encima y sus consecuencias, sobre todo si ya ha pasado por un embarazo previo. Los problemas típicos de los primeros meses no me sorprendieron. No me estresé tanto por cada prueba que pasas. Vas más mentalizada en cumplir al pie de la letra todo lo que te prescribe el médico, quizás porque sepas que no estás para ir haciendo muchos intentos y tu vida social no es tan alocada que en años anteriores y la estabilidad laboral también. Además y precisamente por los posibles riesgos que conlleva es un tipo de embarazo que está mucho más controlado y con más pruebas obligatorias que cuando se es más joven. Las madres solemos prever más todo lo que vamos a necesitar después del parto y no dejamos tanta  cosa a la improvisación. Realmente, no es que antes dejemos tantas cosas a la improvisación, es que no nos las esperamos y se nos vienen encima sin saber de donde caen.

Posiblemente la experiencia con otro hijo o el haber tenido contacto con familiares y amigos que ya han sido anteriormente padres nos ha proporcionado una perspectiva diferente de lo que realmente nos encontraremos. Ya no es sólo la visión idílica del hijo en tus brazos. También tenemos, además de esta, una  visión real de las noches en vela, de las preocupaciones por su salud, de los problemas para conseguir bañarlo sin que se te escurra o conseguir meterle la mano por la manga larga a la primera.

Del estado físico de cada uno dependerá que el embarazo se nos haga más cuesta arriba a unas que a otra. Las mamis maduritas que he conocido y entre las que me incluyo, les ha costado bastante, sobre todo los últimos meses. Eso de que no pesan los años, pesan los kilos, es cierto y en un embarazo con años y kilos ya ni os comento. Los últimos meses suelen ser bastante fastidiosos, las posibilidades de hinchazón de piernas o lumbalgias me atrevería a decir que aumentan a más edad. Yo llegué con unas piernas que parecían columnas o patas de elefante. Los médicos y las enfermeras me miraban más las piernas que la barriga, que ya era enorme.

Tuve dos cesáreas, así que no puedo hablaros de partos naturales porque no he tenido ninguno. Os puedo decir que en general mi recuperación de las cesáreas ha sido siempre buena, tal vez la primera algo mejor. Aquí nuevamente la edad también influye. El cuerpo también tarda mucho más en recuperarse a menos que se tenga una genética envidiable o un equipo de niñeras y gimnasio en la habitación de al lado. Conservo una gran panza floja y colgante del embarazo de Tsunami, pero prefiero tener panza y un peque encantador que no un tipito juvenil y no tener a nuestro amorcito con nosotros. A día de hoy me puedo imaginar sin barriga, pero no sin Tsunami.

Por lo que respecta a sobrellevar las largas noches sin dormir es también agotador, aunque creo que pese a todo Terremoto fue mucho peor que Tsunami. Con el primero yo quería hacerlo todo, quería demostrar que era una buena madre y que yo podía con todo y prácticamente no delegué nada. El resultado fue que quedé reventada en poco tiempo. Con Tsunami lo tomé un poco más descansado y dejé que su padre se levantara también por las noches, al fin y al cabo él también es padre. También tuve la ayuda durante una breve temporadita de la abu y el poder tener un respaldo es muy de agradecer sobre todo los primeros meses que uno aún está un poco tocado. Aunque sinceramente, un respaldo no está nunca de más sea el periodo que tenga el niño, sobre todo con la “hermosa y comprensiva” “conciliación familiar de que disfrutamos” ejem, ejem.

Creo, sobre todo,  que la principal diferencia estriba en que una no está para salir siempre corriendo detrás del peque y cuesta mucho en ocasiones llevarle el ritmo. Las recuperaciones son más largas y el cuerpo reacciona peor a más edad. La parte positiva es que te mantienen en forma quieras o no y te obligan a llevar un ritmo más activo y caer menos en el aburrimiento. Supongo que fue por la experiencia del mayor pero en general me he visto más preparada, no tan perdida, más en mi sitio y sin navegar tanto a la deriva. También tienes más personas de tu entorno que han sido madres y puedes tener ese apoyo o esa charla ya no sólo en tu madre.

En general puedo decir que me siento bien con la edad en que tuve a mis hijos. Por un lado pude vivir los años de juventud. Algunas amigas mías que fueron madres dentro de sus veintitantos se perdieron hacer muchas cosas y en ocasiones lo comentan. Es cierto que ahora están mucho más libres que yo, pero también los hijos mayores tienen otro tipo de responsabilidades, de eso no nos libramos nunca.

Mi madre siempre se había quejado de que había sido madre vieja y cuando le comentaba que quería tener otro hijo me decía que ni se me ocurriera o directamente que si me quedaba abortara porque si venía un bebe se la cuidaría a ella menos y no se le haría tanto caso. Como podéis imaginar eso me dolía mucho e hice lo que más deseábamos nosotros en ese momento. Es cierto que miramos un poco como estaba nuestra situación económica, que no era la mejor del momento pero tampoco estaba tan mal, y nos lanzamos a por ello. Creo que si te lo piensas demasiado nunca te lanzas.

Yo no me he planteado demasiado que cuando Tsunami tenga 20 años yo ya andaré por los 63. Tampoco me he planteado demasiado si podré ver a mis nietos si es que alguna vez deciden tener hijos. Lo que sí tengo claro es que si alguna vez ocurre eso y por poco que pueda intentaré apoyarlos y ayudarlos en todo lo que esté a mi mano. No  me pienso perder por nada del mundo el poder ver como crecen mis nietos y al mismo tiempo si mi físico me lo permite me gustaría dar una manita aunque sólo fuera jugar con ellos alguna tarde para que los papis descansen o sigan con su vida. Sé que no hay que interferir en la vida de los padres, una cosa es ayudar proporcionando unas horas de descanso o un día sin cole y otra intervenir en todas las decisiones de su crianza, eso debe ser decisión de los padres. Como he dicho cualquier ayuda es bienvenida y siempre que pueda ayudar lo haré, al menos esa es mi ilusión. El cariño se hace con el roce, con el día a día y me gustaría que mis nietos disfrutaran mucho con el roce de su abuela y la recordaran aunque no pudiera estar muchos años a su lado.

Siempre he odiado ser una madre muy protectora, como lo fue mi madre conmigo por lo que os explique en el post de la madre mega protectora. Creo que he podido adquirir una visión en la que se hasta donde tengo que ir dando libertades a mis hijos para que se vayan formando e independizando. Me parece que más o menos lo he conseguido.

Así que si alguien me preguntara que es lo peor de ser madre después de los cuarenta os diría que es tener la posibilidad de tener sólo un hijo. Siempre todos me han dicho que yo sería la heredera, pero también he sido la heredera de todos los males, enfermedades y necesidades físicas y económicas de mis padres. Sé que ser hijo único de madres jóvenes también es posible, pero cuando uno opta por una maternidad tardía esa posibilidad aumenta. Lo mejor ha sido poder volver a ver el milagro de una nueva maternidad. El haber podido disfrutar más y mejor de Tsunami, haberle podido dedicar un tiempo más de calidad. El volver a vivirlo todo ha sido maravilloso, agotador pero maravilloso. Sabía donde me estaba metiendo y así y todo en ocasiones me sorprende. Realmente se disfruta más, con menos miedos y con más intensidad. Adoro a mis niños aunque nos dejen agotados a mí y a mi pareja y ya no tengamos ni una tarde para estar de novios, pero creemos que vale la pena.

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