Instinto maternal, déjà vu y autopista escolar

7 Mar

“Déjà vu (/deʒa vy/, en francés ‘ya visto’) o paramnesia es la experiencia de sentir que se ha sido testigo o se ha experimentado previamente una situación” (definición extraída de la wiquipedia)

 

Es un recuerdo en sepia, una niña de uniforme con jersey oscuro y falda a cuadros llega a su casa. Se siente cansada, tiene los ojos brillantes, le duele la cabeza, el cuello y siente como si la hubieran apaleado. Sube las escaleras de casa. Abre la puerta. Cuando entra su voz ya no es tan jovial como siempre, entonces su madre asoma la cabeza, la mira y le dice “nena, tú estas enferma, venga ponte el termómetro y luego vamos al médico”.

Este relato resume brevemente lo que es el instinto maternal. Personalmente creo que es algo que se va adquiriendo con los años. No creo que sea innato, es más bien un aprendizaje de observación y salidas intempestivas hacia urgencias. Salvo que una haya sido hermana mayor de muchos hermanitos menores y tenga experiencia en ello, normalmente ese don no suele aparecer hasta pasado un tiempo prudencial después de tu primer parto.

El recuerdo se difumina y esa niña de uniforme ya ha sido madre, dos veces para ser exacto. Esa niña soy yo y todos los que soléis pasaros por este blog ya conocéis un poco mi vida.

El fin de semana pasado tuvimos días de puente escolar en casa. Bueno, sinceramente, más que puente escolar eso fue algo así como la autopista esa que une los cayos de Florida. El uno de marzo era el día de las Islas Baleares, fiesta que en su momento se inventó el Govern Balear para responder al Consell Insular que había decidido que el 12 de septiembre sería el día de Mallorca en uno de esos momentos en los cuales los grupos políticos de ambas entidades eran diferentes. Como el Govern manda más, la fiesta del uno de marzo es fiesta fiesta, la disfrutamos todos, papás y nenes. La de septiembre pues se tiene que ir a trabajar pero se compensa haciendo alguna cosita para festejarlo por las calles.

Añadamos a este paradigma político patriotil que el día 28 de febrero es el día de las escuelas unificadas. Que el nombrecito está muy bien pero yo aún no tengo muy claro que es eso del día de las escuelas unificadas. Porque señores, para lo único que se unifican las escuelas ese día es para que todas estén cerradas y ninguna tenga clase, casualmente el día antes del uno de marzo, mira por donde. Que decir que si por esas el año fuera bisiesto ese bisiesto seguro que es puente en absolutamente todos los coles del orbe estudiantil balear. Bien. Hasta aquí llega el puente. Es un puente generoso porque este año el día uno ha coincidido en viernes, así que los coles no se pueden quejar. Cuatro días seguidos, cuando la mayoría de los padres no disponemos más que tres de ellos, véase viernes, sábado y domingo.

Entonces ¿de donde me saco yo eso de la autopista? Pues sencillamente, que los coles tienen la potestad de además de su día de la escuela unificada; las fiestas de guardar que disponemos todos (faltaría plus);  los días extras de fiestas de Navidad;  la semana que se han inventado para acabar de montar, en nuestro caso después, algunas comunidades lo hacen antes, de los días de Pascua; y las hermosas vacaciones estivales que cualquier familia decente con dos progenitores que curren y sin coincidir nunca son incapaces de cubrir del todo salvo que recurran a abuelos, campamentos o a este paso yo propondría cooperativas de padres o nos montamos una comuna hippie entre todos…. Pues bien. Además de todo ellos los coles tienen la potestad de elegir dos días al año para hacer el puente, acueducto o autopista que más deseen y esos coles en ocasiones te lo comunican a principios de curso (cosa que se agradece muchísimo) y en muchas más ocasiones te lo comunican sobre la marcha y pocos días antes (cosa que no suele agradecerse tanto).

Pues bien señores, como era de esperar y el tal Murphy ya os he comentado que es muy amiguito de esta familia, el cole de Tsunami se pilló el miércoles (día antes de todo el puente) y el cole de Terremoto se pilló el lunes (día después de todo el puente) y nosotros en casa nos quedamos con los ojos como platos y las neuronas echando humo para ver como solucionábamos este brete infantil.

Supongo que más de uno se estará preguntando que tiene que ver toda esta parrafada con el título y el principio del post. No os impacientéis que ahora mismo entramos en ello. Antes os diré que al final el marrón de todo el embolado se lo ha comido mi pareja, que como trabaja desde casa se lo ha montado para hacer sólo las salidas estos días por la tarde y por la mañana tenía a los nenes jugando y con más disposición de tele que la que tienen habitualmente. Así que el miércoles y jueves fue salir del trabajo e ir a toda leche a casa a descongestionar un poco al pobre. El viernes nos montamos un día en family y el sábado papá de Terremoto, supongo que para compensar un poco el cansancio de mi querido “soldado de guardia” me pidió para tener todo el día a Terremoto y que se quedara a dormir en su casa. Ese mismo sábado hacía un día casi primaveral, con una temperatura estupenda y nada de viento, ideal para pasear. Mi pareja me propuso ir a ver una muestra de exposición de alimentación y artesanía que suelen hacer cada año en el paseo marítimo y a la que siempre acudimos. Yo tenía bastantes cosas de casa atrasadas que pedían a gritos mi atención, ya que no es lo mismo hacer las cosas cuando llegas del trabajo con los niños que hacerlas en poco tiempo pero sin niños. Al final yo decido quedarme en casa para controlar lavadoras, ropa, polvo y comidas y así el domingo estar juntos y que mi pareja pudiera descansar para cubrirnos de nuevo el lunes.

Es sábado por la tarde, y está empezando a ponerse el sol. Una mamá está en casa esperando a su pequeño y su padre. Acaba de cerrar las persianas de las habitaciones y está empezando a preparar algo para cenar. Entonces un pequeño dedito toca el timbre, tres veces, como los añitos que tiene. La mamá siempre dice “¿quien es?” y el papá abre entonces la puerta. La mamá asoma la cabeza por la puerta de la cocina y lo primero que dice es “este niño está enfermo, ¿se ha quejado de algo?” Papá queda sorprendido, casi descuadrado. Al niño no le pasa nada. La madre se acerca pone la mano en la frente y le dice “el niño tiene fiebre, llévalo a urgencias” El padre le responde que el niño debe estar acalorado porque acaban de llegar y se han hecho el recorrido a pie. Así que el padre se quita la cazadora y la cuelga y entra en la sala para abrir la tele. La madre sabe que eso no es calor de caminar y que esos ojitos no son los de cada día, tienen un brillo especial, si, pero no el de cada día. Esa carita tampoco es la carita radiante de cada día y un instinto labrado a base de termómetro y jarabes le dice que hay que llevarlo enseguida a urgencias, que si no lo hace o bien los joderá la cena o bien les joderá la noche. La madre entra en la sala y habla con el padre insistiendo que el peque no tiene buena cara, no entiende como su pareja no lo ve. Entonces le pone el termómetro y zas 38’5 de fiebre. Papá insiste en que es por el sofoco del paseo. Mamá pone su mirada inquisitiva. Papá le dice que si se pone mal por la noche ya se lo llevará él a urgencias. La madre los deja en el salón y entra en la cocina.

Al cabo de media hora cuando va ha empezar a preparar ya más en serio la cena, entra de nuevo en la sala y ve al cachorrito espatarrado en el sofá con cara de trance. Llama al papá y esta vez sí que se pone más firme y los manda sí o sí hacia urgencias. El cachorrito tenía anginas. Al final se jodió bastante la cena y pasamos mala noche, pero no tuvimos que ir a la una al médico.

Es domingo por la mañana. La familia ha amanecido algo ojerosa en general, no ha sido buena noche. El peque ha estado bastante mal y han tenido que levantarse en varias ocasiones, demasiadas, pero la noche ha acabado y todos vamos aterrizando en esta rutina dominical. Al cabo de un rato la madre llama al ex para saber cuando le traerá al mayor. Oye de fondo por el teléfono la voz del niño y una tos muy sospechosa. Le dice a su ex que el niño está enfermo y antes de ir a casa que se pase por el médico. El padre de la criatura le contesta que el niño esta bien y se lo trae en unos minutos.

La mujer está en la cocina. El timbre suena. El hermano pequeño corre a abrir, porque se ha despertado un poco mejor y lo de abrir la puerta es algo que él mismo se auto proclama como tarea particular de Tsunami. La mamá asoma la cabeza por la cocina y ve entrar a Terremoto. La madre piensa que está teniendo un déjà vu cuando se oye a ella misma decir “este niño está enfermo, ¿se ha quejado de algo?” El papá de Terremoto queda sorprendido, casi descuadrado. Al niño no le pasa nada. La madre se acerca pone la mano en la frente y le dice “el niño tiene fiebre, llévalo a urgencias” El padre le responde que ayer estuvieron en la misma muestra a la que acudieron su pareja y Tsunami. Pero que cuando se puso el sol, en vez de ir hacia casa aprovecharon que estaban con unos amigos y comieron en los tenderetes y entonces refrescó pero que el niño sólo está un poco acatarrado de la serena fresca de la noche. Así que el padre se dispone a quitarse la cazadora y colgarla para entra en la sala y ver a Tsunami que ya ha entrado a ver la tele. La madre sabe que eso no es un constipado, que es algo más y que esos ojitos no son los de cada día, tienen un brillo especial, si, pero no el de cada día. Esa carita tampoco es la carita radiante de cada día y un instinto labrado a base de termómetro y jarabes le dice que esta vez la historia no se va ha repetir. Así que saca la artillería pesada y le cuenta lo que les pasó ayer con el pequeño y que no está dispuesta a pasar otra noche jodida, así que los embarca a ambos hacia urgencias. Su pareja se suma a la comitiva ya que tienen la suerte de que está muy, muy, muy cerca de su domicilio. Tsunami pide para acompañarlos y como hace muy buen tiempo y seguramente no vaya a salir más en todo el día de casa se une también a la expedición.

La madre se queda sola en casa y mira la hora que es. Hace un cálculo aproximado de cuanto tiempo se suele estar esperando y empieza a sacar las ollas. Cambio de plantes. Sopa para cinco y unas cuantas salchichas variadas y lomo adobado comprado el día anterior. De postre y puesto que lo más seguro es que a la hora que acaben el papá de Terremoto se quede a comer con ellos, prepara una greixonera de brosat como la que hizo hace poco ya que además de las salchichas y el lomo, el carnicero tenía una bandeja de requesón que daba envidia mirarla y se vino con la compra a casa.

La mujer acaba de sacar la coca del horno y suena el móvil. Acaban de salir. La mujer invita al ex a comer con ellos y él acepta porque a esas horas no le va a dar tiempo de preparar nada rápido y acabaría comiendo a horas intempestivas. La mujer pregunta por Terremoto. No falla. Anginas. Si es que estaba clarísimo, y eso sin haberme sacado el título de medicina.

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