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¿Abstemio en un mundo de alcohólicos? ¿Realmente es así? (Primera parte)

1 Dic

Sé que viniendo de alguien como yo que siempre digo que soy muy mediterránea, esto puede sonar digamos que curioso. Pero lo cierto es que soy abstemia.

Si algo caracteriza al Mediterráneo es la ancestral relación con la cultura del trigo, el olivo y la vid, es decir, el pan, el aceite y el vino. El vino es una bebida tan antigua como el Mediterráneo mismo. Sus habitantes han sido los adoradores de Dionisio y del dios Baco. Decir que un mediterráneo es abstemio podría resultar tan chocante como decir que existe un alemán que aborrece la cerveza o que existió un vikingo que detestaba la hidromiel. El consumo de bebidas alcohólicas se ha relacionado con los cultos a los dioses, con las celebraciones festivas, con los grandes acontecimientos familiares, con los actos ordinarios, incluso con las religiones católicas, en las cuales, la sangre de Cristo se representa en la Eucaristía con una copa de vino.

He oído contar por mi madre que de pequeña en un pueblo de Mallorca se dormía a los niños de pecho o bien dándoles un poquitín de vino o bien bebiendo la madre unas cuantas copas antes de darles pecho. Mi madre no compartía este tradicional comportamiento y yo, con vuestro permiso, diré que personalmente lo considero aberrante y espero no haberle dado a nadie la idea.

Hace tiempo conocía a una familia que en las celebraciones familiares llevaban champagne de niños. Le preguntaba porque hacían eso. La abuela me decía estuviera tranquila, que no era de verdad, pero claro, los niños estaban emocionadísimos porque bebían de una botella igual que los adultos. Alguna vez vi como los mismos niños una vez comprobada la impunidad a la hora de acceder a su champagne de niños luego se interesaban por el de los adultos. Evidentemente estos les decían que no, hasta que alguna vez furtivamente se consiguieron hacer con alguna copa y ya me tenéis a unos niños pequeños con síntomas leves de intoxicación etílica. Realmente ¿es tan difícil que los niños tengan muy claro que hay bebidas para niños y otras para mayores? ¿Es tan difícil no causarles confusión queriendo introducirles algo igual a lo que les estás prohibiendo esperando que luego no intentarán conseguir el formato original? Luego los padres nos preocupamos cuando llegan a la adolescencia, pero si lo pensamos bien, muchas veces es la misma familia la que le ha introducido en este hábito.

Cuando iba a la facultad había un chico que parecía que no se sabía divertir si no iba borracho perdido. Personalmente siempre he pensado que emborracharse no es sinónimo de divertirse. Lo cierto es que normalmente era un chico bastante majo. Pero cuando quedaba la clase para hacer alguna cena juntos, nos temíamos lo que nos caería. Cada vez que quedábamos en un sitio para una cena, él ya venía trompa perdido. Se te tiraba encima, iba caminando haciendo eses y no hacía más que decir que él estaba muy bien y que aún no había empezado a beber enserio. Para desgracia de sus amigos, que siempre eran los mismos los que les tocaba estar detrás de él y luego llevarlo a casa. Luego al día siguiente, además de un solemne dolor de cabeza, te venía preguntando como es que había llegado a su cama o como es que tenía alguna cosa en casa. Era en cierta forma “divertidas” por no decir mejor irónicas, las respuestas de sus resignados amigos en plan:

-Pues la muñeca hawaiana la mangaste del pub, con que esperabas despertarte, ¿con el travesti?

-¿Con que travesti?

-Pues el que te intentaba ligar en el pub donde había la hawaiana y las sombrillitas de papel. Por eso te sacamos a toda ostia de allí.

– ¡Cielos! Eso debió ser acojonante

– Bueno… realmente lo más acojonante de la noche fue cuando con la muñeca en la mano te empeñaste en que querías mear junto a unos coches y uno de ellos era un coche patrulla. Vamos, que porque nosotros estábamos bien y respondimos por ti y les dijimos que te llevábamos a casa. Eso sí, tuvimos que identificarnos antes de partir.

– ¿Nos identificaron?

– Sí, pero mejor que no preguntes lo que les dijiste cuando te pidieron el DNI para identificarte, realmente nos debes una chavalote.

Recuerdo que también una vez que habíamos organizado en una disco una gala de noche para recaudar fondos para el viaje de estudios, estábamos unos cuantos en la terraza hablando. Se nos acercó otro chico del grupo y nos dijo que lo más posible es que T. tuviera al día siguiente una de sus resacas más sonadas además de una sordera digna del gran Beethoven. Nos contó que estaba agarrado a uno de los bafles achuchándolo, con la oreja pegadita a él. Entonces le había preguntado que hacía y T. le había respondido “¡Shhhhuuuu!, no me molestes que me estoy ligando a una negra macizota”. Bueno, los bafles eran realmente negros y tenían un contorno que se le podría calificar de macizote, pero de allí a su posible transformación en cuerpo de mujer había todo un abismo.

Estas salidas de facu, dentro de lo que cabe eran potables, porque el único que siempre daba problemas y acababa así era este chico. El resto del grupo o sólo tomaba algo acompañando a la comida y luego alguna copa o bien no bebían. Lo que más me ha fastidiado y aún lo recuerdo perfectamente,  fue una vez que salí con la pandilla de una amiga mía, que no era del grupo de la facu. Eso fue la experiencia más parecida a lo que sería hoy en día los botellones. Sinceramente, lo de estar toda la noche rodeada de gente que potaba o estaba tirada por cualquier lugar y tener que estar aguantando el pelo de mi amiga mientras sacaba la primera papilla que se tomó, no se encuadraban dentro del concepto de diversión, juerga, salir, ir de marcha, pasarlo bien o como le queráis denominar. Después de esta experiencia le dije que con ella me llevaba muy bien, pero que no pensaba volver a salir con ese grupo.

Pinturas 16

Mi experiencia con la droga

8 Oct

Que nadie se asuste porfa, sigo fiel a no fumar, no beber y no ir con mujeres, salvo con mis amigas cuando coincidimos todas y nos vemos. Lo que os voy a contar hoy ocurrió hace veintiun años, entonces yo tenía 26 y había conseguido una plaza de interina para un organismo oficial. Se me asignó un sitio en un centro de (como ponía el rótulo) acción social. En ese despacho se suponía que sólo estaban los técnicos y yo que hacía de auxiliar administrativo, y al principio fue así. Un día recibímos una llamada de “la central”: nos informaban que habría una reestructuración, que nos debíamos trasladar en cuestión de menos de un mes y que en nuestras oficinas ubicarían también un centro de desintoxicación para drogadictos y alcohólicos. Al cabo de dos días se nos presentó al personal que se encargaría de dicho servicio, una psiquiatra, una psicóloga y una asistente social en nuestro caso. Tengo muy buenos recuerdos de las tres, incluso entablé cierta amistad con la primera.

Yo como he dicho, en aquel entonces sólo tenía 26 años, nunca había trabajado con nadie con estos síntomas, yo que había sido una niña buena de colegio de monjas, que ni tan siquiera fumaba ni bebía y que era más bien tímida y modosita, me encontraba en 24 horas teniendo que hacerles la recepción, abrir ficha, llevar la agenda… los técnicos podían tener formación, pero yo sólo había opositado para realizar informes y trabajos administrativos, no eso.

Así que sin quererlo ni beberlo y sin formación alguna empezaron a llegarme los primeros pacientes. Aún me acuerdo de muchos, había un chico que era un down, su madre no recuerdo si era viuda, separada o qué, pero le había consentido todo, y el hombre, porque ya estaba el chico en la veintena bien entrada, se había tirado a los porros y a la coca. Tenía un carácter déspota y violento, la madre estaba acobardada, hacía todo lo que él le gritaba e intentaba de la mejor o peor manera justificárselo todo. Estaba todo el tiempo fumando como un poseso encendiendo uno con la colilla del otro y tirándote el humo a la cara en plan provocativo, apestaba a cigarrillos y recuerdo que me daba cierto asco su presencia. Por suerte para mi no fue de los que más venían al centro.

Había otro que llamó un día a la puerta, cuando yo estaba sola. Le abrí, fui a mi sitio y me puso sobre la mesa unos papeles. Este era un joven, de aspecto muy sucio y descuidado. Tenía el pelo moreno, largo y greñoso, la ropa era evidentemente puesta hacía varios días y dudo que se la hubiera quitado. Tenía las dos muñecas vendadas con vendas también de hacía varios días, algo desanudadas, con restos costrosos granates secos entre ellas. Le pedí que era eso y me respondió que era el informe de que acababa de salir la semana anterior de la cárcel y el informa médico conforme era Cero positivo. Me rogó que lo cogiéramos, que quería dejar todo eso, que había intentado cortarse las venas en la cárcel con el canto de una cuchara vieja, pero los carceleros lo habían encontrado y se lo habían impedido. Ese fue mi encuentro con el paciente número trece. Venía con su abuela, una abueleta majísima que te contaba batallitas, durante la guerra civil cuando sonaban las sirenas de los bombarderos ni se molestaba en acudir a los refugios ya que estaba sola en Barcelona, “si me tienen que matar me es igual en la calle que en la cama, así que yo sigo en la cama”, me decía. Esa valiente niña había tenido una hija, no sé muy bien que ocurrió entre ellas pero la madre la sacó de casa. La hija se había puesto a ejercer la prostitución y había tenido un hijo, el paciente número trece. Tampoco supe nunca porque había estado exactamente esa vez en la cárcel. Con el tiempo y contra cualquier pronóstico, ese chico consiguió salir de ello, incluso conoció a una chica normal que se enamoró de él y se casaron. Fue la última noticia que tuve de ellos después de dejar el centro.

Otro de los pacientes era un hombre ya en la treintena, se había iniciado en la droga al liarse con una azafata que era adicta. Había caído hasta lo más hondo que se puede caer, en ocasiones me contó algunas cosas que rizaban el pelo de la nuca. Consiguió ponerse en el programa de metadona y no le iba mal, hasta que conoció a otra yonqui y se enamoraron. Quiso ponerla en el programa pero no lo consiguió, así que para que ella tuviera una oportunidad compartía su metadona con ella. Como la dosis no le bastaba la sustituía con droga, y volvió a caer. Empezó a venir siendo muy violento con la psicóloga y su aspecto dejó mucho que desear. Un día me dijo “estamos viviendo en un cuchitril, en unos locales comerciales abandonados, llenos de trastos, cartones y humedad, hay incluso ratas por allí y tienes que entrar por un agujero de la pared. Ella se prostituye y trae la droga porque yo estoy tan colgado que apenas sirvo para nada. Nos pasamos el día follando y drogándonos pero soy muy feliz” Poco después de eso yo dejé ese centro. Un día la psiquiatra me llamó y me contó que la chica lo había encontrado en el cuchitril muerto de una sobredosis, se había asustado tanto que había huido y unos días después alertados por el olor lo habían descubierto.  Y así acabó, follando, chutándose y muriendo, nunca sabremos si feliz o no pero cuando lo encontraron estaba en posición fetal y con la aguja aún en el brazo, como muchos otros.

Había básicamente dos grupos de drogadictos, los que por las condiciones sociales de donde venían, familias desestructuradas, padres con infinidad de antecedentes, era difícil que los hijos no lo conocieran. Pero había otro grupo completamente distinto. Eran sobre todo chicos jóvenes, en edad de instituto, solían ser monísimos, no sé porqué, y tenían todos unas novias preciosas. Eran de familia media, media alta, de padres que se habían hecho a ellos mismos, que con su esfuerzo habían salido del sembrado para montar algún tipo de negocio próspero a base de muchas horas, trabajo y sudor y que habían intentado que sus hijos tuvieran un camino muchísimo mejor que el de ellos.  Esos chicos que se los habían dado todo, que se les había facilitado quizás demasiado las cosas, que se aburrían y buscaban diversión y experiencias. Te contaban todos que lo habían probado en los sitios de marcha, que total por probarlo no pasaba nada, que eso engancha a los demás pero a mí no, que yo controlo y sé lo que me hago, que por tomarlo una vez no pasa nada, que por tomarlo algunas veces tampoco pasa nada que yo me controlo… al final nadie controló nada y ellos fueron los controlados. Las novias los acompañaban y no querían que sus padres se enteraran. Al principio se respetaba eso pero había un momento en que los padres tenían que enterarse. Yo les llamaba, les decía que era del consultorio de una doctora que llevaba a su hijo y que quería una cita con ellos. Era difícil no mencionar de que iba el consultorio. Los padres llegaban desorientados, los hijos ya solían estar en el despacho. Entraban extrañados como si eso fuera una broma de mal gusto o que se hubieran equivocado de padres. La puerta del despacho se cerraba. Luego el silencio. Al cabo de unos minutos un grito ahogado o un llanto de mujer, en ocasiones el grito desgarrador de un hombre. A veces, esporádicamente, tuvimos que socorrer a alguna madre que cuando se había enterado de todo lo que se metía su angelito se había desplomado en el suelo. Luego la consulta parecía eterna, solía ser más silenciosa que violenta. Los padres salían, semblante aún más serio y más perdidos que cuando entraban. Ellas eran un río de lágrimas. Ellos o bien estaban desmoronados pensando donde habían fallado o bien no lo aceptaban, su semblante era de hierro y sus puños apretados en ambos lados del cuerpo de fuerte acero. Al final todos llegarían a aceptarlo, al final todos apoyaron en todo a su hijo, como habían hecho siempre. Al final las novias acababan cansándose de ser el soporte y no ver colaboración o avances y al final todas ellas acabaron dejándolos, aunque no seré yo quien se lo reproche, muchas hicieron todo lo que pudieron y más. Al menos reconozcámosles a ellas el mérito de haberles convencido para que acudieran al centro en busca de ayuda. Pero cuando luchas contra esos polvos blancos, esas pastillas o esa pastita, las derrotas son muchas y las victorias muy pocas, casi anecdóticas. La droga es una mala compañía, por mucho que nosotros seamos capaces y eso sólo les pase a los demás.

Recuerdo que en una ocasión le confesé a la psicóloga que después de ver todo eso me daba miedo ser madre. Ella me contestó que estaba convencida que los dos primeros años de la vida de un niño eran fundamentales, las amistades de juventud hacen el resto. Yo he tenido dos hijos, y ya han pasado ambos sus dos primeros años de vida. No sé si lo habré hecho bien o mal, pero me he acordado muchas veces de estas palabras. Ahora sólo me queda esperar que las amistades nos sean propicias y que en el futuro tengan la personalidad suficiente para darle un portazo en sus narices a la Señora Muerte y decirle bye bye no te necesito para divertirme ciao y busca a alguien con falta de personalidad que yo paso de tí.

droga

La importancia de decir papá.

4 Jul

Hoy voy a ser mala. Muy mala. Casi maquiavélica. Hoy vais a conocer una faceta perversa de mi vida, algo que muy pocos conocen.

No sé si será porque mis cachorritos se llevan diez años  y medio de diferencia. No sé si será porque la experiencia es un grado y lo cierto es que con el master al que nos llevó la crianza de Terremoto acumulé una cantidad de experiencia para parar no un tren o un comboy, nooo, sino una estación interespacial internacional de esas que salen en las pelis de ciencia ficción que van a toda ostia por el espacio sideral. No sé si será porque cuando una es pardilla y primeriza, es que realmente es pardilla y primeriza. No se si será porque con la experiencia el orgullo pasa a segundo plano y hay cosas que valoras más que otras, como el ser prácticos. Vamos, que no se muy bien porque fue, pero lo cierto es que la crianza de mis dos cachorritos distó mucho una de otra.

Recuerdo que cuando Terremoto era pequeñajo me pasé mucho tiempo diciéndole “di mamá, di mamá” evidentemente, también le decía di papá, pero no nos engañemos, cuando él pater Terremoto no estaba presente eso de di mamá era más vociferado. No sólo se lo decía yo, también mi madre, que en esas cosas era muy puntillosa y muy tiquismiquis. Insistía en que el niño tenía que decir antes mamá que papá. Para ella era como si parte de su orgullo como abuela estuviera en juego y eso de que su único nieto pudiera referirse antes a la familia política que a la suya era algo así como una aberración albigense en plena sede papal.

Mi madre me contaba que yo a los cinco meses dije papá y mamá y que luego no quise volver a decir ni mu hasta que tuve ocho meses. No recuerdo muy bien si mi primera palabra fue papá o mamá, pero estaba visto que se había empeñado en que la primera palabra de Terremoto tenía que ser mamá.

Pues bien, la primera palabra de Terremoto no fue ni papá ni mamá, fue “cinta métrica” allí queda eso. Era en verano y estábamos tranquilos a la fresca. Hablábamos de colocar en el cuarto de Terremoto algún mueblecito para poder tener la ropita y cuatro cosas que se necesitaban. Entonces alguien dijo si un mueblecito que estábamos mirando en un catálogo de esos que dejan de publicidad podría ir bien No sé si fui yo o mi madre que sugerimos coger una cinta métrica para ver si entraba bien. Entonces, Terremoto, con voz bien firme y clara y ante la sorpresa de todo el mundo pronunció claramente esa palabra que seguramente era la primera vez que oía pronunciar en su corta vida “cinta métrica”. La sorpresa general fue mayúscula y creo que un poco más tarde el orgullo de abuela quedó algo tocado. Eso que de su primera palabra no fueran para la madre que lo parió ni para el padre que lo engendró fue un inesperado golpe bajo algo complicado de digerir. Sobre todo porque tampoco iban dirigidos a ningún miembro de la familia, sino que iban referidos a un objeto más relacionado con el ramo de la construcción o como mucho de la decoración. Si alguien se ha quedado con las ganas de saber si la primera palabra de Terremoto después de esta fue papá o mamá, pues sinceramente, no me acuerdo. Supongo que debió de ser mamá, porque mi madre emprendió luego una campaña de acoso y derribo cual cruzada medieval con el nene machacándolo a mamás que imagino debió dar su fruto.

Aparte el hecho de que dijera antes una u otra, lo que sí puedo asegurar es que Terremoto entendió perfectamente el significado de la palabra mamá y la ha usado, y usado, y usado hasta gastarla, erosionarla y volver a refundirla y fabricarla un montón de veces. Si alguien me tuviera que dar un céntimo por cada diez veces que se ha pronunciado esta palabra en casa, os aseguro que sería muchimillonaria y mi fortuna se elevaría hasta alcanzar niveles astronómicos en la lista esa Forbes de los millonetis. Pero por desgracia, el céntimo no ha venido, lo único que han venido detrás de los innumerables mamás que ha habido en mi vida han sido peticiones, rabietas, preguntas, dudas, más preguntas, algunas rabietas más, frustraciones, retos, más peticiones… vamos, rutinas. Que si es de noche y hay pesadillas…. Mamaaaaaaaaaaa. Que si es de noche y tengo sed…. Mamaaaaa…… Que si estoy aburrido en casa y quiero salir….. Mamaaaaaaa…….. Que si es la hora de cenar y aún no está la comida lista…. Mamaaaaaaaaa…. Vamos, lo que os decía, rutinas, simples rutinas.

No es que me queje de esas rutinas, forman parte de la vida. Pero de lo que sí me quejaba era de porque no llamaba también alguna vez a su padre para que fuera él que le llevara el vaso de agua, lo llevara al baño, le lavara las manos, le calentara la cena en el microondas, se lo llevara al parque o hiciera algo con el peque. El pater de Terremoto muchas veces se excusaba con la cantinela de “el niño te está llamando a ti, no a mí, así que ve a ver” y con esta cantinela se libraba. Muchas veces pensé que eso de que el niño hubiera dicho en segundo lugar la palabra mamá no era el chollo tan chollo que parecía al principio.

Antes de tener a Tsunami una amiga mía quedó embarazada de mellizas. Esta chica tenía dos niños más mayores de su primer matrimonio y me sorprendió muchísimo porque también se empeño en que las peques dijeran antes mamá que papá, le hacía mucha ilusión. Pero claro, luego se quejaba de que en casa todo quisqui lo primero que gritaba cuando había algún problema, dificultad, necesidad, obstáculo o duda era la palabra mamá y ella no daba abasto y estaba hasta el moño. Recuerdo que una vez toda contenta y emocionada comentó “¡Al fin!, las niñas han aprendido a decir papá y esta noche le han llamado a él. Así que yo le he dicho al pater: cariño tus nenas te llaman, te toca ir a ver lo que quieren. Estoy contentísima con ello, espero que sigan llamando a su papá y se olviden un poco de mí para tener algún respiro que no puedo hacer nunca nada con tanto crío solicitándome”

Así que cuando nació Tsunami, aparte de que mi madre estaba muy mal y murió cuando el peque tenía sólo dos meses, decidí que esa necesidad tan narcisista y egocéntrica de que el retoño pronunciara por primera vez el nombre de la progenitora, no era una necesidad realmente prioritaria. Es más, nunca le he dicho a Tsunami “di mamá” ¿para qué?, teniendo en cuenta que Terremoto dice mamá trecientas mil veces al día y lo repite constantemente y se refiere a mí sin ninguna duda. No creo que Tsunami tuviera la menos sospecha de que una mamá pudiera ser una coliflor, una verdura, un gel de baño o una muñeca. Estaba claro que esa persona que se movía en su mundo era mamá aunque yo no se lo indicara. Así que lo que hice fue decirle “di papá” y dejarle bien claro quien era papá.

Para sorpresa de la familia, Tsunami siguió los pasos de su hermano y su primera palabra no fue precisamente ni papá ni mamá. Era por Navidad y estábamos en casa. El peque estaba sentado en su hamaquita. En la tele habían puesto la peli de “El señor de los Anillos” la de “La Comunidad del Anillo” y al principio de esta hay un monólogo de Galadriel en la que cuenta la historia del anillo único. En un momento de ese monologo cuenta como el anillo fue forjado por Sauron y de repente, de forma clara, fuerte, firme y concisa nuestro Tsunami dijo todo decidido “Sauron”… así que no sé muy bien que pensar de ello y si eso ha tenido algo que ver en que actualmente sea un firme seguidor de El hobbit, Gandalf y todo el mundo de Tolkien. Lo único que puedo confirmar sin ninguna duda es que Sauron no es papá.

Mis maquiavélicas maquinaciones han dado sus frutos. Evidentemente, Tsunami sabe decir mamá y sabe quien es, eso se lo dejó muy claro su hermano. Pero se ha acostumbrado a decir más veces papá que mamá. En casa también tenemos un problemilla. Pese a todo Terremoto necesita de una atención que normalmente otro niño de su edad no necesita tanto. Tengo que reconocer que la persona que más le conoce, entiende y sabe sonsacarle las cosas, hacer que luego las entienda y calmarlo soy yo. En eso tengo una ventaja que por muy bien que se lleve con mi pareja él no lo posee. Es cierto que mi pareja hace cosas con Terremoto y le enseña cosas, pero cuando la cosa esta chunga o delicada soy yo la que se encarga de él. Así que por decirlo de alguna forma y sin ser nada premeditado, de una forma natural yo me he seguido encargando más de Terremoto y mi pareja se ha encargado más de Tsunami.

Por la noche yo soy la que lleva a Terremoto a la cama. Mi pareja es el que lleva a Tsunami. Por la mañana yo soy la que levanta y prepara el desayuno de Terremoto. Mi pareja es la que levanta y prepara el desayuno de Tsunami. Yo soy la que lleva al cole a Terremoto. Mi pareja es quien por sus horarios le va mejor llevar al cole a Tsunami. No ha sido nada premeditado, simplemente nos ha venido así sin buscarlo.

Que “ventajas” me ha reportado eso, yujuuuuu…. primero y lo más importante. Que si bien durante el primer año muchas veces quien tenía que levantarse por la noche era yo. Ahora a quien llama el peque es a su padre, así que: “cariño, el nene te llama”. Evidentemente, si pasa algo me levanto, no soy tan burra, pero si es un simple vaso de agua o un pipí, normalmente le toca al pater Tsunami apechugar con su vástago. Segunda ventaja, jeje. Que cuando el vástago se levanta a las 7’30 un fin de semana y entra en nuestro cuarto, porque evidentemente, ya es de día. En lugar de venirse a mi lado de cama, se va directamente hacia el de su padre y le pide que vaya con él a la sala y le empiece a preparar el desayuno. Tampoco no es que tiremos cohetes a lo bestia, porque Terremoto como mucho está levantado a las 8 pero que narices, media hora es media hora y si hay suerte Terremoto se prepara su propio desayuno y aún puedo arañar algunos minutitos más. Tercero, Tsunami está acostumbrado a que su padre le vigila durante la cena o le lleva a la ducha y eso me permite tener más tiempo para arreglar cositas de la casa o simplemente para escribir alguna entradita del blog o ver lo que se cuece en los blogs que suelo seguir.

No es que esté diciendo que nos tenemos que desentender de nuestro rol de madres, pero posiblemente si nuestros pequeñajos aprendieran a decir papá antes de mamá, estos se verían más involucrados en las tareas de la crianza de estos que no cuando nuestros peques, por defecto, se pasan todo el día pidiendo las cosas a las mamís y lo de papaaaaa…. es algo un poco más anecdótico.

Hoy me siento como la niña mala malosa de la película, jeje. Pero que gozada poder sentirse alguna vez como la niña mala malosa de la película jajajajajaja (dígase con risa malvada pero sexy y sensual, que algo bueno hemos de conseguir con eso de compartir la maternidad) Hasta pronto y que os sea leve papis, ahora somos más las que conocemos el secreto.

maig 2013 176

No es lo mismo hablar que parlotear, como tampoco es lo mismo escuchar que oír.

2 Jul

Escena nº 1:

Son las tantas, tus neuronas hace tiempo que ficharon y se fueron a su casa, así que te sientas un rato en el sofá para ver la tele y luego cuando tu hijo se retire, poder ir tu también a dormir. Pero hay una personita que sigue activa por casa. Se sienta a tu lado y te cuenta y te cuenta y te habla sin parar.

Tú te sientes como esos muñecos de perro que hace unas décadas adornaban las bandejas traseras de los coches, normalmente puestos sobre un tapete de ganchillo hecho por la suegra. Esos muñecos que balanceaban la cabeza continuamente. Así estás tú ahora, como esos muñecos, oyendo el ruido ambiental-familiar pero sin prestar atención a nada. De tanto en tanto en tanto vas diciendo un “ah, sí” o un “vaya” o un “bueno… valeee”

Es posible que durante un rato esta táctica nos sirva, pero no nos engañemos, tarde o temprano nuestro nene nos hará una pregunta que ni tan siquiera hemos escuchado y espera una respuesta.

Allí estás tú recolocando tu sistema neuronal en fila e intentando hacer memoria de que es eso último a lo que has dicho “bueno… valeeee”… Pero ya es demasiado tarde, tu hijo te ha pillado y hemos de confesar avergonzados que realmente no estábamos escuchando, de hecho, ni tan siquiera creíamos que hablara, pensábamos para vergüenza nuestra que sólo parloteaba sin más.

 

Escena nº 2:

Otro día cualquiera. Estás tranquilamente en casa. Tu prole se ha tomado un respiro después de hacer los deberes en su cuarto y han dicho que luego recogen las cosas y preparan las mochilas para mañana. Se han dado una ducha rápida y van en pijama y zapatillas. La ropa sucia aún está en el baño y te han asegurado que luego la llevan al cesto de la ropa. Se han tumbado en el sofá para gozar del “merecido descanso del guerrero” junto con un plato con un sándwich de queso y jamón, del que han dejado toda la corteza del pan en el plato y el vaso de leche chocolateada, que naturalmente ese día ha dejado unos cercos en la mesa auxiliar. Evidentemente, piensan recoger los despojos del piscolabis cuando acabe el capítulo.

Estáis ese día así de tranquilos y pachorros porqué al día siguiente vienen unos amigos a comer con vosotros. Como tú estás en la cocina deshuesando un pollo para rellenarlo, esa tarde has hecho una excepción y les has dejado un rato tranquilitos cual fierecitas salvajes para así gozar tú también del “merecido descanso del deshuese del pollo de las madres”. Entonces, y sólo entonces, cuando estás pringada hasta los codos entre el deshuese y el relleno que metes a presión cual inyección culinaria, llaman por teléfono. Son los suegros.

Son los suegros y te dicen que en unos minutos los tienes en casa, que pasaban por allí cerca y han decidido hacer una visita sorpresa a los nietos que hacía unas semanas que no veían. En este caso, ELLA, la suegra es la típica suegra. Esa que es la más exigente de las más exigentes. Esa que se mira y remira con la limpieza y el orden en casa. Que a su lado el mayordomo del algodón es un crio de guardería. Cuando sabes que ELLA tiene que venir, te pasas tres semanas antes sacando brillo a todo y dejando los interruptores de la luz más brillantes que la vajilla de la Cenicienta y así y todo sólo consigues como mucho un cinco rascado.

El pánico, que ya de por sí al ver el número de teléfono en la pantallita del nuestro empieza a calentar motores, estalla cuando nos comunican que de hecho acaban de aparcar justo delante del portal de nuestra casa. También te dicen para rematar, que  no importa que abras la puerta de abajo porque alguien se la ha dejado abierta.

Entonces eres tú que desde la cocina lanza un grito desesperado y empiezas a gritar instrucciones a trote y moche como una histérica diciéndoles que todo lo que han sacado para merendar se tiene que recoger como un rayo y fregar los platos. Que además deben ir a su cuarto, hacer la mochila y  pegar cuatro tirones a la cama. También tienen que pasar por el baño a recoger la ropa y ya que estamos lavarse bien la cara que llevan bigotes de chocolate debajo de la nariz. Si además sobra tiempo ponerse la ropa de calle molona que tenían preparada para el día siguiente y todo eso mientras “los inoportunos inspectores de sanidad” seguramente se han encontrado con el ascensor en el piso de abajo preparadito y con un vecino que como les ha reconocido, les ha aguantado la puerta para que pasen.

Entonces es cuando te das cuenta que estás hablando con las paredes. La puerta de la sala está semiabierta y  tú prole está en otra habitación a lo suyo y como mucho no hacen más que unos afirmativos movimientos de cabeza, como los de los muñecos esos de perro de los coches de hace décadas, que reposaban en la bandeja de atrás sobre un tapete de ganchillo de esos hechos por la suegra. Mientras sus cabezas se balancean afirmativamente de forma mecánica y repetitiva, se están zampando la última aventurilla de Phineas y Ferb y ni tan siquiera han escuchado nada de lo que les has dicho.

Entonces suena el timbre de casa. A ti te da un síncope porque ni tan siquiera te has enjuagado las manos de los restos del relleno del pollo, de hecho aún estás con el teléfono pringado en la mano y a ver como te las arreglas para ordenarlo todo y abrir la puerta toda arregladita y con la mejor de las sonrisas. Eso sí, confías en que la suegra se mire bien a sus nietos, porque cuando salga por la puerta te vas a comer a los niños con patatas y mayonesa, faltaría más, si los muy caraduras no te han hecho ni caso.

 

Escena nº 3:

Es por la noche y tu madre está desparramada en el sofá. Acaba de desparramarse después de una larga tarde arreglando la casa, pero tú tienes que decirle algo importante. Lo has intentado toda la tarde, pero ella siempre tenía algo importante de por medio y no veías el momento adecuado. Ahora acaba de sentarse, así que ahora o nunca.

Te sientas a su lado y le cuentas que en el colegio os han pedido hacer unos trabajos conjuntos. Ella te responde “ah sí” y tú piensas que has captado su atención aunque ni siquiera te esté mirando.

Entonces le sigues exponiendo que como hay poco tiempo para realizarlo habíais pensado de ir ese fin de semana a casa de uno de los del grupo y lo habíais echado a suertes con los palillos. A ti te ha tocado el palillo corto. Entonces tu madre te responde “vaya”.

Estás empezando a flipar en colorines porque francamente, te esperabas una reacción no tan pasiva por su parte, así que intentas suavizarlo y le cuentas que podrías intentar endosárselo a menganito que es el siguiente en el palito más corto y que dispone de más sitio en casa, pero que para no pasar por tal bochorno preferirías hacerlo en la tuya y quería saber que opinabas tú.

Entonces para mayor sorpresa, su madre le dice un “bueno… valeeee”.

Te sientes el hijo más afortunado y comprendido del mundo, tú corazón no cabe dentro de tu pecho y estás a punto de estallar de gozo. Entonces es cuando alegre y efusivamente preguntas ¿bueno, a que hora les digo que pueden venir el viernes y cuantos colchones tenemos en casa para poder acampar en la sala por la noche?

En ese momento es cuando parece como que tu madre hubiera despertado de un sueño profundo y se queda un poco emmmm…. estoo….. Tú insistes, ¿venga cuándo? Y entonces es cuando te das cuenta que tu madre no te ha escuchado. Y ella se acaba de dar cuenta que su hijo esta vez no estaba parloteando sino que le estaba hablando de algo y por lo que parece algo bastante serio. Lo peor de todo es que acabas de acceder a ello.

 

Escena nº 4:

Esta mañana en el colegio hemos tenido gimnasia y por la tarde una extraescolar de natación. Cuando hemos llegado a casa hemos hecho los deberes, pero lo que realmente queríamos era darnos una buena ducha y merendar. Mientras el segundo se duchaba, el otro preparaba la merienda y llevaba las cosas a la sala. Después de todo el ajetreo del día un ratito de sofá con los dibujos es un descanso merecido. Los niños saben que hay que recoger las cosas, pero es que es muy tarde y si nos enredamos no veremos los dibujos. Hoy mamá está de buenas y ha accedido a que lo recojamos después. Sabe todo lo que nos esforzamos y cada día lo hacemos, así que sabe que si una tarde lo hacemos después no se va a convertir en una costumbre y dentro de media hora lo recogemos todo. Total, las visitas vienen mañana y la casa estará en orden antes de cenar.

La madre está en la cocina enfrascada con la comida de mañana, vienen unos amigos a pasar la tarde con nosotros y mamá está preparando su famoso pollo relleno que tanto gusta al hijo de estos.

Los niños están en el sofá atentos a sus dibujos. En eso oyen como el teléfono suena y mamá responde. Ellos están en otra habitación y al cabo de un momento oyen voces desde la cocina que dicen no sé qué de lavar platos y algo de una habitación y recoger el baño. Los niños piensan que es la amiga de mamá que suele llamarla a estas horas y se cuentan sus cosas y ella toda histérica le debe estar contando todo lo que falta aún para arreglar. Los niños piensan que dentro de un rato se pondrán con ello y como si la cosa no fuera con ellos pero inconscientemente lo van oyendo mueven sus cabezas afirmativamente. Síiii, piensan, dentro de un rato toca todo eso.

Entonces entra la madre hecha una fiera en la sala. Lleva el teléfono pringado de relleno de pollo en una mano y con la otra amenaza con las siete plagas de Egipto. Mientras, al unísono, el timbre de la casa suena y la madre enmudece y empalidece todo en uno. Sale de la habitación hiperventilando y con una de esas miradas que dicen “más tarde me ocuparé de vosotros dos, ya hablaremos”. Mientras, los niños se quedan alucinados y acojonados al mismo tiempo sin entender nada de lo que ha pasado ni que es lo que han hecho mal.

 

Como podéis ver, el arte de la conversación no es tan sencillo como pueda parecer a simple vista. No sé muy bien si al final el primer niño llevaría a sus compañeros a dormir a casa o si los niños del segundo ejemplo podrían haber recogido todas las cosas antes de que subieran los abuelos. Lo que sí es seguro es que ninguna de estas comunicaciones se hizo respetando los momentos. No se captó adecuadamente la atención del otro. Mientras tú creías hablar, el otro creía que parloteabas. Mientras tú creías que eras escuchado el otro sólo te oía. No os voy a dar normas sobre cómo hablar con vuestros hijos, vuestras parejas, vuestros padres, vuestros amigos o vuestros jefes. Sólo os voy a dejar hoy con esta reflexión.

Conseguir comunicarse bien es todo un arte y como tal requiere de práctica y tiempo. Cuando algo es realmente importante no hemos de preocuparnos de si le dedicamos mucho tiempo o no. El haber conseguido una buena comunicación y la solución de un problema es todo un logro y un gran premio. Nunca debemos estar muy pendientes del reloj al hablar de ciertas cosas con nuestros hijos y debemos prestarles la atención que se merecen. De esta forma ellos también aprenderán a hacer lo mismo cuando hablen con nosotros. Hemos de escuchar y luego hablar. Hemos de respetar los turnos, eso nos incluye también a los adultos. Hemos de buscar soluciones y no limitarnos a imponer sólo nuestra opinión. Algunas veces nuestros peques pueden tener aportaciones interesantes que no se nos habían ocurrido. Escuchándoles podemos aprender también de ellos y ellos aprenderán a ser valorados o bien a escuchar luego los motivos por los cuales esa propuesta no es la adecuada.

A través de una buena comunicación se puede llegar a un buen aprendizaje, pero sí sólo nos limitamos a oír y parlotear difícilmente podremos llegar nunca a ninguna meta.

Por su bien, por nuestro bien, aprendamos a escuchar y hablar.

Este es un mensaje de los servicios educativos de “de azul a verde”.

Gracias por vuestra atención y hasta la próxima.

 

PD: Estaré encantada de escuchar vuestros comentarios, como siempre. Ciao.

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La segunda oportunidad

26 Jun

Cuando yo era niña, cuando aún no pensaba ni en sacarme el carnet de conducir, los coches  no llevaban cinturones de seguridad y los niños iban sueltos por detrás o sobre los mayores delante porque todo eso no estaba reglamentado. Había un programa en la tele que hacían los fines de semana y que me encantaba, no sé muy bien porque, no me lo solía perder. Lo realizaba una tele que evidentemente no era la española, se llamaba La Segunda Oportunidad.

El programa empezaba con una voz en of que si no recuerdo mal decía “El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra” Mientras decía esto se veía un coche con una familia dentro circulando por un paisaje de esos casi idílico de montaña. Entonces el conductor tenía un despiste con los peques de atrás que discutían y el coche se pegaba un choque frontal con un pedazo pedrusco que había caído en medio de la calzada y accidente a lo bestia al canto. Entonces seguía la voz “pero en ciertas ocasiones, que bueno sería contar con una segunda oportunidad” La escena volvía marcha atrás, los trozos del coche volvían a su lugar, los ocupantes también, el pedrusco que había caído volvía a la ladera de la montaña, así hasta llegar al principio. Entonces, el padre ponía rápidamente orden dentro del coche y cuando llegan a la zona de la piedra al estar más pendiente de la carretera que no del alboroto de los peques detrás, esquiva la roca y seguían tranquilamente. A continuación venía la musiquita de la sintonía, que aún me acuerdo de ella, pero lo del nanananaaaa creo que os puede decir poco.

El programa intentaba, en una época donde como os he dicho las medidas de seguridad que hay hoy, o no existían o no eran obligatorias, mentalizar a los conductores del riesgo de  una conducción sin prestar atención. Al mismo tiempo con muñecos de pruebas recreaban accidentes para concienciarte de las consecuencias y dar a conocer los avances en los cinturones de seguridad y las medidas que se estudiaban y perfeccionaban para la seguridad en el volante.

Muchas veces he pensado en ese programa y en lo cierto de las frases iniciales, “que bueno sería a veces contar con una segunda oportunidad”

Si nos paramos a pensar seguramente encontraremos en nuestra vida muchas segundas oportunidades que nos hemos dado o hemos dado a personas o a objetos. Empezaremos por un ejemplo sencillón. Hace unos cuantos años, al final del verano me encontré en la calle abandonada una maceta con una planta muy bonita. La pobre estaba casi seca, la tierra había incluso encogido. Supongo que alguien se fue de vacaciones y al volver se encontró con el panorama y lo bajó a la calle para que lo recogieran los de la basura. Yo no suelo recoger cosas de los contenedores, pero ese día hice una excepción porque la plantita me dio mucha pena y lo único que tenía era que necesitaba agua. Debían haberla comprado poco antes del verano porque en el tiesto aún había pegada la etiqueta con el nombre, el precio y todo. En casa no tenía sitio para una planta como esa, pero yo tenía acceso a una terracita y aunque parezca surrealista, a través de la ventana del baño la podía regar con el rociador de la ducha. Le puse un plato de plástico que tenía vacío, la regué bien y allí la tuve durante años. Tengo que decir que esta planta, una dracacea marginata, ha sido una superviviente. Lucho por sobrevivir, subsistió a vientos huracanados, a una lámina de uralita de la finca de enfrente que se estrelló a su lado, a los cálidos veranos y los fríos (porque estaba en un sitio superfrío) inviernos. Con el cambio de casa me la traje y en el coche se me rompieron casi todas las yemas, yo pensé que me la había cargado y dejaría de crecer, pero no fue así. Ahora la estoy mirando y no tengo muy claro si tendré que hacer un agujero en el techo para que siga creciendo. Supongo que si quienes la bajaron a la calle la vieran pensarían que no era la misma plantita seca con la que me encontré.

Pero no sólo damos una segunda oportunidad a una planta o a un mueble viejo que podamos restaurar, ahora que esto se ha puesto tanto de moda. Las personas también podemos darnos una segunda oportunidad. En mi caso cuando me separé fue una forma de darnos otra oportunidad a Terremoto y a mí, ya que el matrimonio no funcionaba hacía tiempo. Creía que mi vida se reduciría a cuidar de Terremoto y tener algo de vida social los fines de semana que no lo tuviera. Ante mi sorpresa apareció mi chico en nuestra vida y él pensó que nosotros valíamos mucho la pena. Cuando empezamos a salir lo veía muy complicado ya que yo vivía en Mallorca y él en Cataluña y alguna vez pensé si estábamos haciéndolo bien. Entonces pensé que podía seguir dando una oportunidad a él y a mí. Estoy muy contenta de haberlo hecho y que él también lo hiciera. Mi vida ha tenido una segunda oportunidad. Pero también el papá de Terremoto, mi ex, ha tenido una segunda oportunidad en nuestra peculiar familia. El que un matrimonio no funcione no quiere decir siempre que los componentes sean unos malos malosos perversos de película, simplemente, que como amigos pueden llevarse bien, pero como pareja son incompatibles. Costó su tiempo y ya os lo conté en su momento, pero también mi ex ha tenido una segunda oportunidad con nosotros.

Puede que la segunda oportunidad afrontada con más temor fuera el buscar un hermanito a Terremoto. También os lo conté, al principio la cosa no nos fue bien, en nueve meses tres abortos. Mi pareja había desistido pero le pedí un tiempo de descanso y una nueva oportunidad, la última. Ahora mismo estoy hablando con la consecuencia de esa segunda (en nuestro caso cuarta) oportunidad, Tsunami.

Pero tal vez la segunda oportunidad más dura de todas ha sido mi faceta como madre y los problemas de Terremoto. También os he hablado muchas veces de ello, ha sido un camino muy duro, muy complicado, en ocasiones estábamos muy perdidos, incluso hundidos por no decir vencidos. Pero poco a poco fuimos dándole segundas oportunidades a Terremoto y a nosotros. El saber encauzarnos a nosotros y luego a él. Conseguir encontrar personal competente que nos ayudó mucho. Tomar la decisión de sacarlo de un cole normal normalizado por culpa de la inoperancia y falta de profesionalidad por parte de la mayor parte del centro fue una decisión peliaguda. Si metía a mi hijo en un cole especial le estigmatizaría para el resto de su vida, tanto a nivel laboral como a nivel social en el futuro. No nos engañemos cuando uno ha estudiado en según qué sitios nunca es la persona adecuada para ser amigo o algo más con tus hijos e hijas, en cambio el estar estudiando en un cole normal aunque se tenga una adaptación curricular es otra cosa. Pero Terremoto se merecía una segunda oportunidad y además una de buena, necesitaba personal formado como toca, con unas ratios que le pudieran dedicar su tiempo, donde él fuera un alumno no el rarito que retrasaba a la clase y por culpa de tu hijo al mío no le dan las cosas que toca con todo el tiempo que toca. Así que lo valoramos, hicimos de tripas corazón y nos lanzamos al cambio de cole.

Cuando ha pasado un tiempo suficientemente grande en comparación con el objetivo buscado, es cuando vemos los resultados de esa segunda oportunidad. En el primer caso, una hermosa planta. En el segundo, una nueva vida. En el tercero una relación fabulosa del padre de Terremoto  con todos nosotros. En el cuarto un pequeñajo encantador y fabuloso nene llamado Tsunami. Y finalmente pero no menos importante, este curso empezamos a ver los resultados de la segunda oportunidad de Terremoto. Está empezando a aprender palabras y operaciones aritméticas, se interesa por un montón de cosas. Este lunes fui a buscar sus notas y por primera vez en toda su vida su boletín adaptado de “notas” estaba lleno de comentarios positivos y lleno de A, sólo hay A y eso es una buena nota según me enteré. Terremoto está súper contento, no me extraña y nosotros también nos sentimos muy orgullosos del enorme esfuerzo que está haciendo. Cuando salí de la reunión con la profe fui a buscar el justificante en secretaría para presentarlo al trabajo. Me puse a llorar como una tonta. Recuerdo que la primera vez que vi un boletín de notas de Tsunami en el que todo estaba correcto y bien también me puse a llorar porque yo no estaba acostumbrada a ver esas cosas con mi hijo, los de Terremoto eran devastadores.

Pero hay una cosa. Las segundas oportunidades se consiguen cuando uno toma la decisión de hacer algo. No hemos de esperar a que todo nos sonría sin nosotros poner nada de nuestra parte, hemos de arriesgarnos. Vamos, que si uno no juega a la primitiva no te tocará, pero si en vez de jugar y que no te toque nunca se ahorra eso se puede acumular en forma de una buena hucha y después usarla. Las segundas oportunidades cuestan, hay que arriesgarse y sudarlas. Normalmente estas una temporada para poder apreciar los resultados, pasarás por muchos baches y dificultades, pero la recompensa final, si se consigue, puede ser fabulosa.

Es posible que el hombre sea el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra, pero en ocasiones, que bueno sería que nos propusiéramos más a menudo conseguir tener una segunda oportunidad.

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Sobre las infecciones y las vacunas (precuela del post de ayer)

5 Jun

Bueno, no tenía pensado escribir nada más sobre las vacunas, al menos de momento, pero después de los dos comentarios de ayer por parte de Maribel y de Mo creo que voy a aprovechar y lo contesto todo aquí en forma de rápido e improvisado post.

Antes de todo me gustaría recordar una cosita. El haber trabajado en archivos parroquiales me ha puesto en contacto con libros de óbitos. Muchas enfermedades que hoy en día son muy llevaderas y con unas simples medidas se puede vivir sin mermar la calidad de vida, hace menos de cien años eran mortales. La gente se moría de diabetes y hoy con la insulina ha dejado de ser una enfermedad necesariamente mortal. La gente moría de varicela, de gastroenteritis, morían de paperas, morían de tifus, de rabia, de tétanos. Muchas infecciones respiratorias eran necesariamente mortales, de hecho la mortandad infantil en los primeros cinco años de vida era muy elevada. Ahora estamos acostumbrados a que todo esto no es peligroso, pero en ciertas regiones del planeta siguen siendo mortales.

Supongo que ya sabéis que en el blog me limito a comentar, dar mi opinión y también aconsejar según mi experiencia. No pretendo que nadie haga nada que no quiere. Evidentemente, cada uno es muy suyo de vacunar o no, como cada uno es muy suyo de decidir si quiere recurrir a la medicina hmmm… digámosla de ambulatorio y seguridad social o bien a la tradicional, la homeopática, la oriental o las que pueda haber y desconozco. Por supuesto que yo tendré unas preferencias. De la misma forma uno es libre de tener una dieta omnívora, carnívora, ictícola, vegetariana y todas las variantes que puede haber en estas dietas.

Mi post de ayer como visteis iba por otros derroteros. Realmente se podría resumir en ese refrán que dice “mejor prevenir que curar”. Veamos, yo puedo controlar muchas cosas en mi vida y en la de mi familia, me explicaré. Yo decido si la ropa es comprada en tienda o la confecciono yo (si supiera). Yo decido si los ingredientes de nuestra dieta son los del súper o los compro en una tienda o mercado de productos ecológicos o bien tengo la suerte de tener un huertecito y los cultivo yo misma. Yo decido si el pan lo compro prefabricado y lo horneo, compro pan de molde, compro el de panadería o bien yo misma lo cocino en casa. Como veis somos libres de controlar muchas cosas y muchos factores, pero hay una serie de factores que por mucho que queramos, por muchas precauciones que podamos tomar nunca podremos controlar del todo y en este grupo de factores estarían, las fuerzas de la naturaleza, los accidentes fortuitos y evidentemente, todo lo que no podemos ver. En este último grupo encontramos todos esos bichitos, virus, bacterias y demás microorganismos que pueden afectar a nuestra salud.

Problema de los microorganismos, el primero, que no se ven. El segundo, algunos se mueven o desplazan por medios que tampoco podemos controlar. Veamos, yo puedo no acercarme a una charca contaminada, si bebo de ella a sabiendas que está contaminada es que soy una inconsciente o estoy muy desesperada. Pero por ejemplo yo no puedo controlar lo que hay en el aire. Ciertas enfermedades se transmiten por vía aérea, otras pueden estar en una superficie y permanecer allí vivitas y coleantes durante cierto tiempo sin que nada de sospechas de ello.

Vuelvo a poner ejemplos. Cuando subo a un coche me pongo el cinturón de seguridad para evitar lesiones mayores en caso de accidente. Como es normal yo no cojo el coche con la intención de tener un accidente, pero por si acaso yo me pongo el cinturón. Cuando salgo de casa y voy a cruzar la calle primero miro a ambos lados. Evidentemente, mi intención no es cruzar la calle para que me atropellen, por eso tomo la precaución de mirar. Antes de manipular comida me lavo las manos y lavo los ingredientes, por muy limpios o ecológicos que parezcan, ya que mi intención no es poder contaminar esos alimentos que luego tomaremos.

Todo lo que he citado en el párrafo anterior son circunstancias que yo puedo controlar e incluso así puede ocurrir algo que salga mal y la hemos fastidiado. Pero yo no puedo controlar con que personas nos cruzaremos por la calle yo y mi familia. No puedo controlar si algún niño con una enfermedad se ha ido a jugar al parque justo antes de que vaya mi hijo y luego mi nene se pone en contacto con lo que se ha infectado. Yo no puedo controlar que una persona infectada vaya al súper y coja una bolsa de algo y luego lo deje en su sitio y yo vaya luego y me lo lleve a casa. Tampoco puedo controlar que una persona infectada suba al bus, o coja un taxi o vaya al cine o vaya al cole donde está mi nene o entre en mi trabajo y me tosa cuando yo estoy hablando y note como me salpica su saliva dentro de mi boca como me pasó este invierno y que os conté en este post.

Tengo una amiga que cuando sus nenes hicieron el cumpleaños fue a un parque de niños. El hermano se plantó allí con sus tres hijos en plena infección virulenta de varicela y entre las invitadas había una mamá embarazada que evidentemente no le hizo nada de gracia pero su nene no quería irse. Recuerdo que aparté al hermano y le pregunté porque traía a los niños allí  enfermos y que el contagio de ello era grave. Me contestó que era el problema de los demás, que él no tenía por qué tener a sus hijos encerrados en casa durante la enfermedad y que encima les hacía un favor porqué así  lo tenían todos los niños y ya lo habrían pasado. Mi amiga me dijo que en la familia estaban amargados con el hermano y la cuñada, porque se hace algo y en lugar de avisar y que se posponga otra semana se planta con toda la familia enferma y luego al cabo de unos días todo el mundo está de baja con los consiguientes problemas laborales, escolares y evidentemente, con las consecuencias de estar enfermos.

Muchas veces pensamos que nosotros somos muy civilizados pero los que nos rodean no tienen por qué compartir ese civismo. Por otra parte ayer os comentaba que hoy en día con los medios de transporte que hay las pandemias yo no son sólo locales, se pueden convertir en mundiales en pocos días. Ambos comentarios de ayer me recordaron el numerito que se montó con la vacuna de la gripe A, el dispositivo que se montó y al final todo acabó en agua de borrajas, es decir, en nada. Evidentemente, a raíz de eso muchas personas se han preguntado si todo ello no fue un montaje de las farmacéuticas para tener un extra en sus ingresos. Pues no sé, no tengo suficiente información como para poder opinar en un sentido u otro. Pero sí os diré una cosa. ¿Y sí realmente al final la gripe A hubiera sido tan chunga como creían que sería? y si no se hubiera hecho nada, ¿qué diría entonces la gente? No creéis que entonces todas esas medidas preventivas tan criticadas hubieran sido muy bien acogidas y celebradas…

Unos años antes surgió otra pandemia de forma algo extraña, la neumonía atípica y esa sí que causó infecciones en varios puntos distantes del globo, de forma rápida y con víctimas mortales. No se ha informado mucho como fue, pero según vi en un documental todo vino por una mutación en la zona de Cantón,  la contrajo un chico que fue atendido por un médico rural que se infectó. Este viajó luego a Hong Kong sin saber de la infección y allí estando en el hotel enfermó y de hecho murió allí. Antes de morir vomitó en el pasillo sobre la moqueta y también en el ascensor coincidió con otros turistas que abandonaban el hotel. En el ascensor estornudó de forma continuada, pero claro, como te bajas de un ascensor en marcha, así que el virus que se propagaba por vía aérea pasó a estos. Los pasajeros fueron a sus respectivos países y de allí la cosa se complicó bastante. He encontrado estos dos artículos (artículo 1; artículo 2) que los explican un poco, puesto que no es tan fácil encontrar la historia. Meses después de todo ello y aun habiendo limpiado y desinfectado, los análisis de la moqueta del pasillo del hotel seguían dando que había bichitos activos y era un foco de contagio.

Ante estas cosas que evidentemente no podemos controlar ¿Qué hacemos? Meter a nuestra familia en una burbuja… llevarlos por todo con mascarillas en plan Miquel Jackson y sus manías… no dejarlos salir de casa….

… Sinceramente, seguir viviendo tranquilos y recurrir a las vacunas cuando estas son fiables y oportunas me parece una prevención y una solución más limpia y segura. Ayer buscando ilustraciones para el post me encontré con esta web que contesta a diversas preguntas de forma muy accesible, pero ya sabéis que siempre os digo que ante la duda quien mejor os puede asesorar es el pediatra. En mi caso, recurrir a las vacunas es la forma que he elegido para proteger a mi familia, luego cada uno decide la que elige para la suya. Aunque si luego hay un contagio hay que atenerse a las consecuencias de este.

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Las vacunas y las vacunaciones de nuestros hijos

4 Jun

Hace unos días vi por la tele un reportaje en el que se cuestionaban que la desaparición de los dinosaurios de la Tierra no se debió al impacto de un meteorito, sino que cuando este fenómeno sucedió la mayoría de los dinosaurios ya se habían extinguido.  Abreviando la premisa era algo así como si cuando estalló el meteorito se cargó a todos los dinosaurios en cuestión de semanas, tendríamos que tener un sustrato con mogollón de fósiles del mismo momento en todas partes del mundo mundial y eso no existe. Entre las posibles causas que se barajaban para la pre-extinción de semejantes moles prehistóricas estaba la hipótesis de que debido a una anterior bajada en el nivel del mar, se habían abierto unos caminos que conectaban zonas antes aisladas. Los dinosaurios fueron de una a otra e invadieron nuevos territorios. Los dinosaurios de Asia estaban acostumbrados a sus enfermedades, pero no a las enfermedades de los animales de América, y a esos les pasaba lo mismo. El resultado fue un contagio de enfermedades a las cuales no estaban inmunizados y que causó diversas pandemias y una pre-extinción de muchas especies o individuos.
Un caso parecido le ha pasado a la humanidad en diversas ocasiones. Sin entrar en polémicas de colonialismos en las cuales además de las masacres y los genocidios de las conquistas se tuvo que añadir la mortandad por contagios de nuevas bacterias. Las simples rutas comerciales eran cauce de entrada de enfermedades asiáticas a Europa o viceversa. La peste negra vino por la ruta de las especies y la seda, por ejemplo. Hoy en día con los medios de comunicación actuales que en un par de horas te plantas al otro lado del planeta también hay una proliferación de micro-bichitos que han dado más de un quebradero de cabeza. Es cierto que durante bastantes años, Europa era un territorio donde ciertas enfermedades se consideraban erradicadas. Sin embargo con los movimientos migratorios de hoy en día, muchas de estas desaparecidas han sido nuevamente introducidas y a veces sólo los médicos más veteranos y con más solera las han visto anteriormente y las han podido diagnosticar a tiempo. Eso por no hablar de las enfermedades tropicales o de otras latitudes que por aquí ni se conocían ni se habían prácticamente visto nunca y hoy en día ya no son tan novedosas. Tenemos que reconocerlo, cuando los humanos viajamos no sólo llevamos ropa en nuestras maletas, también portamos microorganismos.
Pero no es mi intención hacer hoy un post catastrófico ni post-apocalíptico ni pro-micro-bichitos. Hoy os voy a hablar como madre y más bien de esas enfermedades más comunes, de mi experiencia con ellas y de su posible prevención. Me estoy refiriendo a las vacunas y al hecho de hacer uso de ellas.
Hace unos años se puso de moda eso de no vacunar a los niños, se decía que si el mercurio, que si ya no había de esas enfermedades para que usarlas, que si se era más progre por ello, que todo era invención de unos laboratorios para lucrarse… vamos, que se decían muchas cosas y muchos padres hicieron lo que decidieron ellos, unos vacunaron y otros no. Fue más o menos en esta época cuando Terremoto ya estaba con nosotros y le tocaban sus tandas de vacunas. Mi ex y yo ya nos habíamos separado. Recuerdo que a él le llenaron el coco una chica del trabajo con eso de que el mercurio y las posibilidades de no sé que y que ellos no habían querido vacunar a su pequeño. El resultado fue que en un principio mi ex se negaba a vacunar a Terremoto, aunque de bebé ya se le habían administrado algunas vacunas. Así que como cuando se me plantea un problema médico, llamo a mi amiga doctora para asesorarme, esa vez no fue una excepción y también recurrí a ella. Estuvimos hablando un buen rato y me dijo que lo mejor era vacunar, así que le hice caso. Me llevé al peque y a mi ex al pediatra, hablamos con él y al final el papá de Terremoto claudicó o se convenció, no lo tengo muy claro, pero lo importante es que se le aplicaron al nene sus consiguientes vacunas.
Yo tenía muy claro que las vacunas son mucho más beneficiosas que peligrosas. Unos años antes de que yo naciera hubo en Mallorca una pasada de poliomielitis. Hacía unos años que se había sacado la vacuna contra la polio, y mis tíos por esa época tenían dos niñas. Ellos tampoco creían en las vacunas, aparte de que había que pagarlas y para que gastar el dinero en una vacuna, mejor en otras cosas. Ese año como os he dicho, hubo una pasada de polio en Mallorca y al finalizar quince niños quedaron tan afectados que tuvieron que afrontar el resto de sus días en una silla de ruedas, con problemas de movilidad tanto a nivel de extremidades inferiores como alguna disminución en las superiores. Mi prima mayor fue una de esos quince niños. Puedo asegurar que mis tíos se arrepintieron todos los días de su vida el haberse querido ahorrar una vacuna. La calidad de vida de su hija y de toda la familia se vio afectada desde ese momento y los gastos que tuvieron luego fueron muy superiores al precio de cien vacunas juntas. No voy a entrar hoy en lo que supuso eso para la familia, pero podéis dar por sentado que me quedó bien claro que pagar una vacuna puede ser mucho más beneficioso que perjudicial. Hay ciertas cosas en las que uno puede ahorrar, pero la salud no tendría que ser una de ellas.
Cuando Terremoto era pequeño no existía aún la vacuna de la varicela y cuando tuvo cuatro años la cogió. Hacía medio año que nos habíamos separado y como mi ex no la había tenido nunca, me tocó a mí apechugar sola. Le salieron ampollitas por todo y le picaban mucho. La cogió más o menos por esta época, quizás a mediados de junio, antes de acabar el cole. Por la mañana yo iba al trabajo y mis padres, que de niños la habían pasado, quedaban con él en mi casa. Cuando yo llegaba mi madre se iba enseguida a su casa a ver la telenovela y yo entraba sin tiempo de comer y con un pequeño que sólo demandaba bracitos de mamá. El pobre estuvo enfermo un poco menos de quince días si no recuerdo mal. En esos días casi no comí, porque mi madre se iba enseguida y yo no podía ni hacerme un huevo frito. Casi no dormí, porque a la que acostaba al peque en la cama, el roce de las sabanas le molestaba y se pasaba toda la noche llorando y pidiendo bracitos. Por la madrugada, a la hora en que me sonaba el despertador era cuando había conseguido que se durmiera y lo acostaba. Luego mis padres cuando venían en lugar de tenerlo despierto y que se me pudiera dormir a mí por la noche, le dejaban dormir toda la mañana para estar ellos más tranquilos y al llegar yo del trabajo me lo encontrada prácticamente recién levantado y comido con ganas de mamá. No tenía tiempo de ir a comprar nada al súper porque al menos yo soy de la idea de que no voy a causar una pandemia paseando a un peque con una enfermedad infecciosa por un supermercado. Así que un día llamé a mi ex y le pedí si me podía ir a comprar unas garrafas de agua y una barra de pan. Al cabo de un rato me llamaron al portero, era mi ex. Me dijo que saliera al rellano de la escalera y que delante de la puerta de casa me había dejado la compra y se había bajado a la calle a llamarme para no contagiarse. Cuando abrí la puerta y me encontré allí delante con la bolsita de la compra me sentía una proscrita, una abandonada que sólo tenía llorera. No recuerdo si fue ese día o al siguiente, Terremoto me vino pidiendo más bracitos. Si que recuerdo que yo estaba agotada, hambrienta, cansada, deprimida y con sueño e hice algo que nunca le había hecho. Le zarandee y le grité para que me dejara de una vez tranquila. El pequeño que venía a buscar el consuelo de su mamá se paró de golpe y me miró con unos ojitos de pánico muy abiertos. Salió hacia su cuarto y yo me sentí la peor madre de todo el mundo. No sé muy bien que impresión le debí causar a mi hijo, pero debió ser terrible. Estuvo varios meses en que no quiso saber nada de su madre y me rechazó durante bastante tiempo.
Cuando yo contraje la varicela tenía 22 años. Estaba en la facultad y una de mis compañeras, que era mamá, estaba cuidando a su hijo de unos ocho años que la tenía. Según me explicó el médico que me atendió, cuando una persona la ha tenido no vuelve a cogerla, pero sí que se convierte en portadora, es decir, actúa a modo de puente y la puede pasar a otra persona que no esté para nada en contacto con la persona enferma. También me contó y doy fe de ello, que con estas enfermedades que para los niños resultan innocuas, cuando más mayor es una persona, peor se pasa y es más peligrosa, de tal forma que a ciertas edades puede incluso producir la muerte. Lo pasé fatal, estaba histérica del dolor y el picor que tenía y eso que soy una persona que suele tener buena disposición a la hora de aguantar el dolor, vamos, que no me quejo por nada. Después de pasarla mi piel y mi cara se quedaron que parecía una pasa arrugada y escamada. Creo que muchas abueletas de esas centenarias con solera tienen mejor pinta que la que tenía yo entonces. No sé muy bien cuanto tiempo estuvo mi piel a recuperarse pero fue bastante. Empecé a pensar que me quedaría para siempre con esa pinta de dinosaurio envejecido, pero tuve suerte y poco a poco fui recuperando mi aspecto anterior, aunque desde entonces mi piel ha sido mucho más delicada y he tenido más problemas para cuidarla.
Hace unos años, cuando Tsunami estaba en plena campaña de vacunaciones, el pediatra me habló de una serie de vacunas que no eran obligatorias, pero que según él eran recomendables. Me informó de que enfermedades se  trataba, de sus síntomas, del precio de las mismas, de cómo se administraban y también me comentó que si bien una de ellas que era la de la varicela no aseguraba al 100% la inmunidad, si que paliaba en gran medida la enfermedad. Evidentemente, hablé de nuevo con mi amiga la doctora y me recomendó que se las pusiera, aunque para ello tuviera que privarme de algún caprichito. Así que vacunamos a Tsunami.
Hace unos meses, más o menos por el mes de abril, hubo una pasada de varicela en el cole de Tsunami. En esta pasada nuestro peque salió indemne. Ahora, hace unas semanas, un nuevo nene cayo de nuevo y tras él casi todos los peques que se habían librado la primera vez han ido cayendo uno tras otro. Hoy hace una semana, el martes pasado, me llamaron del cole de Tsunami diciéndome que había comido muy poco y que le habían puesto la temperatura y tenía fiebre. Papá fue a buscarlo y lo llevó a urgencias. El médico lo revisó y dijo que en este momento no tenía nada, que si tenía algo lo debía estar incubando y que hasta que no le saliera no podía hacer un diagnóstico. Cuando llegué a casa el peque estaba saltando como un acróbata y corriendo como cada día, vamos que no tenía pinta de estar mal. Como no tuvo más fiebre fue al cole al día siguiente. Lo que si notamos por la noche era que tenía unos cuantos granitos pequeños por la cara. Le dije a mi pareja que estuviera tranquilo que esos granitos no eran las ampollas de la varicela. Yo entonces no sabía aún que esos días la clase estaba medio vacía por ello. Hoy a la salida del cole me han llamado y mi pareja me ha contado que hoy habían fallado por la varicela seis niños. También me ha comentado que el martes pasado a unos cuantos peques les había pasado lo mismo que a Tsunami. Hablando los papis sobre eso resultó que estos niños eran los que se habían puesto la vacuna que no era obligatoria de la varicela. El resto de la clase se ha pasado entre una semana y quince días en casa enfermitos. Hemos deducido que el posible virus que aún no se había manifestado y que sólo les había dado un poco de fiebre durante unas horas y unos granitos fue la única consecuencia que había dado a los vacunados. Tuvimos suerte, porque este fin de semana ha sido el cumple de Tsunami y no quiero imaginarme el cumpleaños que hubiéramos tenido con el peque con varicela, ampollitas y picores.
Lo cierto es que hacía ya unos meses que pensaba hablaros sobre el tema de las vacunas. Este año Terremoto se quedó sin fiesta oficial de cumpleaños. La madrina de Tsunami tenía en casa montada una epidemia de paperas y decidimos ir posponiéndolo para que la infección no nos afectara. El caso de esta chica ha sido el siguiente. Su hija mayor tiene quince años y en su momento se vacunó de las paperas, pero ese año hubo un lote de vacunas defectuosas que no se identificaron y que se suministraron a Mallorca. Este año, empezó un alumno nuevo en el colegio que llegó incubando paperas sin saberlo. En unas semanas todas las clases de su línea y las contiguas estaban contagiadas, medio colegio estaba de baja y se expandió a otros colegios debido al contacto de estos niños con amigos o por los padres. Evidentemente, ante este panorama mi amiga me dijo que prefería evitar el contacto, gesto que agradecí, y pospusimos el cumpleaños y lo han celebrado un poco los dos juntos pero con los amigos de la familia presentes. Esta chica está divorciada y su ex está casado de nuevo y la mujer está embarazada. Ella le dijo que mientras los niños estuvieran enfermos ella quería tenerlos en casa, pero su ex que es un cabezota y tiene la custodia, quiso tenerlos él en la suya. No hace mucho me contó que su ex estaba en cama con paperas, pero que lo peor era que la mujer también las había pillado y estaban acojonados con el embarazo. No se como ha acabado la historia porque no hemos vuelto a hablar de ello, pero lo que sí sé es que muchas de estas enfermedades como las paperas o la varicela hay en ciertos trimestres del embarazo que son peligrosas para el feto y que una persona sana que actúa de portador puede transmitírtela.
Así que después de todo este rollo que os acabo de soltar, creo que podéis suponer con total seguridad de que soy una defensora de las vacunas y de la vacunación. Personalmente creo que deberían ser gratuitas y estar a disposición de todos. Es la mejor forma de ir erradicando enfermedades, porque incluso las que creíamos eliminadas están volviendo. Sólo desde la prevención y el cuidado personal se pueden evitar estas malas experiencias que nos producen estas enfermedades. Se evita el dolor y los problemas de tener un peque enfermito en casa. Por eso yo os recomendaría que ante la duda hablad con el pediatra, vacunad lo que podáis y si tenéis que pagar alguna, será una muy buena inversión para la salud de vuestra familia. Como le ocurrió a mis tíos, es mejor prevenirlo que lamentarlo toda una vida, por su bien, por el nuestro y por el de todos.
vacunas

Una salida del APA de Terremoto, si tú me dices ven y las pequeñas cosas.

2 Jun

Hace unos días tuvimos una actividad lúdica propuesta por el APA del cole de Terremoto. Por si hay alguien novel por este blog os diré que mi nene va a un colegio de niños especiales. Normalmente en nuestro mundo, estos chicos y estas personas en sí – porque tarde o temprano crecen y dejan de ser niños – están algo apartados, en ocasiones escondidos. Es como si se camuflaran o pasaran desapercibidos. Como mucho vemos alguno por la calle y pensamos “pobrecitos” o bien “pobres padres”. Terremoto no tiene ningún rasgo físico que le estigmatice, su problema es más bien de asimilación y comprensión de las normas sociales y del aprendizaje, pero en su caso no hay ningún aspecto físico que llame la atención, no tiene ningún retraso mental  y se desplaza sin necesidad de ningún aparato y puede comer perfectamente. Dentro del mundo de los ciegos, mi hijo es el tuerto, el privilegiado, es más, incluso podría ser el chico de las gafas gordas de concha negras, pero que ve perfectamente.

En este blog os he contado algunas excursiones y visitas que hemos hecho con los peques y podéis estar tranquilos que seguiremos comentándolas. Hoy os quiero comentar otro tipo de salida. Es esa actividad que difícilmente la gran mayoría de padres haremos y a la cual asistirán nuestros hijos. Es este post que algunos prefieren no leer y cerrar, no voy a ser desagradable y me encantaría que llegarais al final. No para fastidiar a nadie ni para dar pena, simplemente para que veáis una situación en la que se encuentran muchas familias y que tal vez desde la comprensión, la verdadera integración, esa que tendría que hacer la sociedad pero que pocas veces hace, sería más llevadera. Os voy a comentar unas cuantas pinceladas de una parte de nuestro mundo. Del mío como madre, del de mi pareja y mi ex y del de Tsunami como hermano que nos acompaña y que no ve nada raro cuando juega junto con estos niños. Pero sobre todo, es una parte muy importante del mundo de Terremoto, porque está en él cada día, de lunes a viernes durante ocho horas y media. No sé si será un mundo bonito, puede que para los que lo ven desde fuera no resulte bonito, pero tiene más ternura de la que muchos podrán experimentar en toda su vida. Lo que sí puedo aseguraros es que no es para nada un mundo fácil, ni para los niños ni para sus familias. Espero que si sois capaces de llegar al final nos podáis entender mejor.

Como os he dicho hace poco fuimos a una torrada en una granja que tiene el cole. Es un sitio bucólico de relax en medio del campo, con animalitos y mucho espacio para jugar y correr. Una pequeña piscina y una zona de huerta e invernadero. También tiene un horno de leña y una barbacoa de leña. Un gran edificio con zona de baños y una sala enorme a modo de comedor con una cocina. Lo cierto es que con el día tan estupendo que nos tocó no se necesitaba mucho más. En el horno, el tío de uno de los peques asó patatas y torró toda la carne en la parrilla, yo le eché una mano. Unas cuantas mamás se encargaron de ir colocando el resto. El aparcamiento de los coches estaba cerca de la entrada de la carretera y tenías que dar un pequeño paseíto hasta llegar a la casa. Tan sólo los coches que iban muy cargados podían entrar y luego salían al parking. Entre las actividades programadas hubo un taller de jardinería donde todos los nenes sin excepción se lo pasaron pipa haciéndonos macetitas de perejil que luego se regalaron. Un grupo de habaneras que nos amenizó los postres y una cuenta cuentos que nos hizo participar a todos haciendo las delicias de niños y no tan niños.

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Terremoto, como os conté hace unos días, presentó un postre en un concurso que hubo y se ganó su primera medalla culinaria. Luego cuando tocó la comparsa yo salí a bailar con el señor que había hecho la torrada y Tsunami se vino, nos pusimos a bailar los tres juntos con Tsunami en brazos. Las canciones estuvieron muy bien, algunas de esas de toda la vida que no se olvidan y otras más verbeneras. Entre las piezas interpretadas había una canción de Los Panchos muy conocida:

Si tú me dices ven

Estamos acostumbradas a nuestros hijos, ellos juegan y se divierten, ellos corren y saltan, pero hay otros niños. Niños como los que acudieron ese día que no pueden andar y van en silla de ruedas, que no pueden masticar o no saben tragar y tienen que comer siempre purés, que no pueden hablar y emiten extraños sonidos o gemidos. Son esos niños especiales que su nacimiento conlleva más lágrimas que alegrías, pero que con el tiempo son más queridos que muchos otros. Son esos niños que nos piden que nos acerquemos a ellos sin miedo. Son esos niños que nos dicen ven.

Si tu me dices ven, lo dejo todo
si tu me dices ven, será todo para ti
mis momentos más ocultos,
también te los daré,
mis secretos que son pocos,
serán tuyos también.

Cuando a uno le ha tocado tener a uno de esos niños como hijo conoce a muchas personas que nunca creería conocer, en sitios muy distintos, en las terapias, en actividades especiales, en el colegio. Una vez una mamá me contó que el ginecólogo les había ocultado lo que tenía su hijo hasta que sólo faltaba unas semanas para el parto porque él, el ginecólogo, era antiabortista y no quería que le pidieran que realizara un aborto terapéutico. El problema del niño era detectable con una simple ecografía y el médico lo ocultó. El padre casi mata al médico cuando salieron del quirófano. Su pequeño es más mayor que Terremoto y tiene la mentalidad y el comportamiento de un niño de dos años pero es más calmado, camina inestable tambaleándose y si te paras para hablar con alguien tienes que pararle porque él sigue hasta que alguien le vuelve a coger la mano y le paran. Les ha llevado tantísimo trabajo y quedaron tan traumatizados que jamás se atrevieron a tener más hijos. Otra amiga me contó que su hermana también había tenido un hijo especial y que a pesar de todo ella quería ser de nuevo madre, pero su marido se negó en redondo e incluso se operó para asegurarse de que no tendrían más descendencia. Son esas historias ocultas que muchas veces pasa por la cabeza de estos padres, ¿qué he hecho mal, en qué hemos fallado, qué ha ocurrido? En ocasiones son causas cromosomáticas, pero muchas veces no hay respuesta. No se sabe porque ocurre. Entonces vienen las sombras sobre todo a la hora de pensar en más hijos.

Cuando estábamos en esa actividad oí unas madres que hablaban entre sí y una de ellas había dicho que el miedo, la ansiedad y la angustia que había sentido durante todo su segundo embarazo por si le pasaba igual que al mayor era algo que ninguna embarazada podía imaginar ni en el peor de los embarazos. Yo la entendí porque a nosotros nos asaltaron las mismas dudas, pero en mi caso, la combinación genética era otra y lo que tiene Terremoto no es nada genético. La otra madre le decía que como el mayor había ido todo bien y la sorpresa se la encontraron tras el nacimiento de la pequeña su embarazo fue muy relajado y que no se podía comparar en nada a la angustia que la primera le describía. Entonces se juntaron a la conversación algunas madres más y comentaron el riesgo de que decidas volver a experimentar la maternidad y vuelva a repetirse la historia. Cuando Terremoto iba a terapia había una madre que llevaba sus dos hijos, los dos tenían lo mismo, le habían dicho al ir a buscar el segundo que no tenía porque pasar lo mismo, pero paso, y no se habían atrevido a tener más.

No hay nada seguro, pero cuando uno lo desea de verdad y oye esa voz que te pide ven, es capaz de lanzarse a los mayores riesgos por todo.

Si tu me dices ven, todo cambiará
si tu me dices ven, habrá felicidad,
si tu me dices ven, si tu me dices ven.

Cuando el primer momento ha pasado y hemos conseguido asimilar el duelo somos capaces de abrir los ojos y ver a este nuevo ser de otra forma distinta. Es una forma muy especial en que sólo lo verán sus padres y sus seres más queridos. Es aquel momento en que todo padre cuando su hijo recién nacido le coge con su mano fuertemente el dedo se siente indefenso y ya nos tiene atrapado de por vida.

Recuerdo que en la excursión había uno de esos pequeños cuyo cuerpo está medio contorsionado tambaleándose al andar y que muchas veces babea y tienes que ir con cuidado. Hubo un momento que uno de los asistentes le pidió a un señor más mayor que quien era él. Me llamó mucho la atención como le respondió. Este señor todo orgulloso, bien contento, sacando pecho y de forma enérgica contestó con un brillo en los ojos y una sonrisa en los labios “yo soy el abuelo de P”. Entonces, P. que estaba un poco más allá al oír su nombre y la voz del abuelo se giró lentamente, le miro y realizó una especie de mueca lo más parecido a una sonrisa para su orgulloso abuelo.

Por la tarde, mientras estábamos disfrutando de la cuentacuentos, me fijé en una pareja de hermanos, eran los peques de quienes había hablado por la mañana la mamá que dijo que su segundo embarazo fue muy tranquilo porque el problema les vino con la pequeña. Yo siempre he visto a esta nena sentada en las sillas de paseo adaptadas que tienen. Va vestida muy juvenil y alegre con lacitos y orquillas con muñequitos o florecitas en el pelo, como cualquier pequeña entre los cinco o seis años. Esa tarde, mientras estábamos al sol sentados en el suelo fue la primera vez que la vi moverse sin estar en su silla. Como muchos de ellos se tambaleaba y su hermano le extendió la mano para que se la cogiera. Luego la sentó sobre sus piernas que tenía cruzadas, la abrazó por la cintura y estuvo así con ella cuidándola durante todo el tiempo. En un momento dado uno de los gestos de la cuentacuentos la asustó y lloró un poco, pero allí estaba su hermano mayor para tranquilizarla, acariciar su adornado pelo negro y hacerla participar de nuevo como los demás.

No detengas el momento por las indecisiones,
para unir alma con alma, corazón con corazón,
reír contigo ante cualquier dolor,
llorar contigo, llorar contigo,
será mi salvación.

Si cuando los padres con niños pequeños salimos a algún sitio llevamos el coche repleto de cosas, cochecito, peluches, ropita de recambio… con estos niños la situación es muy parecida, sólo que su cochecito, su ropa y sus baberos son de mayor tamaño. También es normal que cuando los padres con niños pequeños van a algún sitio estén pendientes de sus nenes y que no se puedan caer o hacer daño. En el caso de estos padres tienen que ir con cuidado que no se puedan dañar sin necesidad de haber caído. Son situaciones a las que cuesta adaptarse, por mucho que sean situaciones similares, emocionalmente no tiene nada que ver. Tú sabes que tus hijos van a crecer y eso no es más que una etapa a lo sumo de unos cuantos años. En nuestro caso esta situación es para siempre y con los años en lugar de mejorar puede deteriorarse aún más. Muchos padres somos los que en diferentes medidas tenemos nuestras tiritas que nos ayudan a curar nuestro corazón. También muchos nos intentamos mantener siempre firmes, pero de vez en cuando las tiritas de nuestro corazón se despegan y las lágrimas son nuestra única medicina.

Estábamos sentados junto a las flores, cerca de la casa, entonces entró un gran coche, uno de esos monovolúmenes enormes. Pensé en lo que debían llevar para entrar con un coche tan grande hasta al lado de la puerta. Entonces bajó una mamá, abrió la puerta de detrás y como en las ambulancias del centro de día para mayores que hay cerca del trabajo, pero en versión algo más reducida, bajo una rampa con un mando y luego bajó un peque que iba en una silla. Me llamó la atención porque normalmente en el cole cuando van los papas, tienen que coger a los peques en brazos y entrarlos dentro del coche y luego doblan la silla y la ponen en el maletero. Ver esa sofisticación era una novedad para mí. Entonces una chica que había cerca de mí y que era una monitora, comentó “este niño tiene mucha suerte, hay muy poco padres que se puedan permitir un coche así de preparado que los pueda llevar tan cómodamente a todos sitios”

Ese día había muchos pequeños con dificultades de psicomotricidad  aunque no todos iban en silla. Uno de esos peques iba de la mano de un papá. El nene que era más mayor que Terremoto, iba girando sobre sí mismo, en ocasiones tienden a caminar en círculo. Me fijé en que era de esos nenes que suele poner la mano girada hacia adentro, como si se quisieran tocar el interior de los brazos con los dedos. Mientras estaba girando se había acercado una mano a la boca y se estaba mordiendo. El papá no se había dado cuenta y le dije que el peque se autolesionaba, que se mordía la mano. Me contestó que era habitual que lo hiciera e intento ir quitándosela de la boca y que siguiera caminando.

Pero si tú me dices ven, lo dejo todo,
que no se te haga tarde
y te encuentres en la calle
perdida, sin rumbo y en el lodo
si tu me dices ven, lo dejo todo

Cuando llegamos nos recibió una de las mamás del APA, había preparado una sorpresa para todas las mamis. Llevaba una bolsa de papel y dentro un montón de broches en forma de tulipanes. Había tulipanes de todos los colores. Me dijo que eligiera el que más me gustara. El que me gustaba más era uno malva, pero sabía que Tsunami se interesaría por ello y su color favorito es el azul oscuro y ese fue el color que elegí.

Esta mamá es muy buena haciendo este tipo de manualidades. Mientras me ponía el broche le pregunté cómo era que tenía tiempo para tantas cosas.

Ella me contestó que no tiene demasiado tiempo libre y que algunas veces se lo tiene que quitar de cosas realmente importantes como su nene, pero que había pensado que sería un detalle y que además, todas las mamás que estaríamos ese día allí nos merecíamos una flor y mucho más.

Este post de hoy va dedicado a todos los peques y sus familiares que van a estas excursiones o finales de curso tan poco frecuentados. A todas las madres y padres coraje que cada día luchan por los derechos de sus hijos. A los hermanos que cuidan de sus hermanos. Pero sobre todo va dedicado a todos esos héroes, nuestros hijos especiales, que nos enseñan que pese a lo dura que es la vida ellos harán todo lo posible para disfrutarla y sonreírnos.

 Por eso, si tú me dices ven… lo dejo todo

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… de ese manual para padres que todos buscamos… (3º y última parte)

3 May

Y hablando del poder de las palabras, algo que tiene que tener muy en cuenta los padres es como se le va a denominar al niño. Me explico,  llega el padre a casa y la madre le dice “sabes lo que ha hecho esta tarde tu hijo”. Seguramente nada bueno. Volvamos a entrar en casa y la madre dice “sabes lo que ha hecho esta tarde mi hijo”. Seguramente algo bueno. Si os fijáis cada vez que el niño hace algo bueno es mi hijo y cuando hace algo malo es tú hijo. Esto tendría que evitarse por el bien del entendimiento entre los padres y para centrarse en la educación del peque. Lo mejor es decir siempre su nombre o bien el niño o nuestro hijo. Ese caso también se puede dar con los abuelos, sobre todo cuando ha habido una separación de los padres, si tenemos alguna confrontación con los suegros no es cuestión de ir por allí diciendo “mi hijo” porque ese niño es tanto hijo tuyo, como de tú ex pareja, como su nieto.

Cuando por unas circunstancias u otras ha habido una ruptura familiar se debe tener una cosa muy clara. Puede que como pareja no funcionéis y estéis mejor cada uno en su casa, pero el niño no tiene la culpa de eso y no tiene que convertirse en un arma arrojadiza para zanjar las desavenencias entre papá y mamá, ¡bastantes problemas tienen los niños aprendiendo y creciendo para que nosotros los utilicemos para hacernos daño! Así seguro que ellos se harán muchísimo más.  Los padres deben ponerse de acuerdo por el bien de niño, seguir yendo a buscarlo los dos al cole si así lo hacían, yendo juntos a los cumples que les inviten, ir juntos al médico o a las actividades del cole en que salga el peque. Es lo que os he dicho al principio, el niño es de los dos y lo es para toda la vida. En mi caso la gente alucina en ocasiones de que en muchísimas actividades estemos yo, mi ex y nuestro hijo y mi actual pareja y el hijo de ambos, jugando todos, llevando mi ex en hombros al pequeño mientras el mayor está hablando con mi actual pareja de algo. Reconozco que una cosa así no es muy habitual pero creo que debería serlo.

Una cosa si estáis en esta situación y rehacéis vuestra vida, tened en cuenta que esa persona no será nunca su papá. Me explico, una vez mi hijo mayor intentaba decirle papá a mi pareja, nos paramos, nos agachamos para estar a su altura y le dije “tú tienes un papá que se llama J.A. y que aunque no viva con mamá te quiere muchísimo. La pareja de mamá es alguien muy especial y aunque estemos viviendo juntos y se preocupe por ti y juegue contigo, y te quiera como si fueras su hijo, él nunca te podrá llamar hijo, te llamará Terremoto  y tú nunca le podrás decir papá, porque ya tienes uno. Le llamarás R. y R. es alguien muy especial que no se puede comparar a nada más”. Porque pensad, ¿cómo os sentiríais vosotros en esta circunstancia y vuestro hijo empieza a decirle papá o mamá a otra persona?  Reconozco que llegar a esto me llevó mucho trabajo y mucho hablar con mi ex de que aunque estuviéramos separados el niño era cosa de los dos, le decía que” muchos padres pagarían para que sus parejas les dieran tantas facilidades y él que las tenía pasaba de ello” lo bueno es que lo reconocía pero siempre había una excusa para no ir al médico a al cole… Por suerte al final se fue dando cuenta de ello sobre todo cuando vio que el niño empezaba a pasar de él y le comenté si creía que el niño caería siempre rendido a sus pies sólo porque él fuera el padre biológico. A un niño hay que currárselo cada día, con besos y con regañinas si hace falta pero tiene que ver que siempre nos tendrá al lado y puede confiar en nosotros. Es por eso que un niño cuando ha sido adoptado aunque no haya tenido esos nueve meses de ventaja (y muchos otros después) acaba sintiendo tan profundamente que esos son sus padres y los padres sienten que ese es su hijo y que la gestación fue de papeleo en vez de consultas al ginecólogo y el parto pasó por un viaje, una visita a un juzgado y normalmente una reunión en una habitación de un orfanato.

Algo que desmonta mucho a los niños y los estresa es la falta de horarios, a los niños les suelen gustar  las rutinas. Evidentemente se pueden hacer actividades nuevas, pero los horarios básicos de levantarse, acostarse y horas de comidas debería respetarse.  Eso de que porque es verano y estamos de vacaciones los niños cenen a las 10 y se vayan a dormir casi a las 12 y luego se levanten cuando quieran es desconcertante. Los niños pierden rutinas y los padres no tenemos ni un momento para estar tranquilos. Es cierto que muchas veces es necesario  modificar las rutinas, si sabéis que eso ocurrirá, comentádselo, aunque sea pequeño. Entienden mucho más de lo que creéis.  Los niños suelen sentirse más seguros si saben que en lugar de ir al cole hoy iréis al pediatra. Muy relacionado con los horarios está el hecho de tener muy claro que los niños son niños. Me explicaré, en ocasiones, o bien por incompatibilidad de horarios con los laborales de los padres, o bien porque pensamos que nuestro hijo puede convertirse en una figura del deporte que más nos gusta o porque queremos que sea súper inteligente y que poniéndole tropecientas actividades y repasos lo conseguiremos, o porque realmente necesita ese apoyo en algo, o por lo que sea, tengamos al peque “entretenido” todo el día con un sinfín de actividades extraescolares.  Puede que el niño pueda llevarlo bien y todo ese ajetreo se convierta en una rutina, pero, ¿creéis que es necesario en ocasiones tanto?.  A mi hijo tuve que ponerle mucho refuerzo para enseñarle muchas cosas, a la salida del cole iba a un gabinete, allí le daban logopedia, psicomotricidad, repaso… en una ocasión le pregunté a Noemi si en casa tenía que hacer más deberes y le tenía que dar más refuerzo. Entonces ella me dijo “Cariño, es un niño, hace mucho más de lo que puede, déjale respirar un poco o se saturará y se cerrará”. Es cierto, así como nosotros como dice un programa de tele necesitamos nuestro minuto de paz y relax, los niños tienen que tener también sus momentos de niños, no les saturemos.

Creo que más o menos todo esto se puede resumir aproximadamente en los valores de amor, respeto, generosidad, empatía, comprensión, colaboración, comunicación, firmeza, humildad. Y… ¿cómo deberían trabajar los padres todo esto? Lo primero es asumir que se puede fallar, si uno asume que no es omnipresente ya es un paso. El siguiente sería identificar donde se falla, para ello lo mejor es escuchar y preguntar, hay un ejercicio o actividad que nos puede servir también para el siguiente paso que es ver cómo le ponemos solución. Os pongo un ejemplo que es extrapolable a cualquier valor o conducta que queráis trabajar.

Tenéis que hacer una sencilla tabla, cada miembro que intervenga en la educación tiene que tener una. Cuando detectáis un problema recordad lo que habéis hecho. Luego apuntadlo,  cuando se ha dado el problema, a qué hora, anotad lo que ha pasado antes, como os sentías, que habéis hecho, como habéis reaccionado y actuado y como se lo ha tomado el niño y las demás personas que estén allí. Más tarde, al día siguiente o el día que determinéis, ponedlo en común, id mirando porque ha ocurrido algo, como he reaccionado, que ha pasado después, si lo hemos hecho bien, si lo podríamos mejoras, como lo hacen los demás, si nos gustaría que a nosotros nos hicieran eso.  Os sugiero que pase un tiempo pues cuando algo acaba de ocurrir puedes estar ofuscado y lo que en este momento te parece tremendo luego te das cuenta que no hay para tanto o que te has pasado, pero tampoco esperéis demasiado tiempo para luego no recordadlo cuando lo habléis. Si llegáis a una conclusión intentad trabajarla.  Si la situación es muy grave y se os va de la mano entonces el mejor consejo que os puedo dar es que os pongáis en manos de un profesional, un psicólogo que puede ser el de la escoleta, el del cole o un profesional externo. Preguntad que os asesoren o recomienden alguien, el boca a boca muchas veces es sinónimo de que se funciona bien. Si no os convence buscad otro. Recordad, no es que busquéis a otro que os de la razón, buscáis uno que os de consejos, os ayude y os sepa encauzar en el dificilísimo camino de ser padres. ¿Y cómo sabremos que lo estamos haciendo bien? Pues sencillamente porque los cambios que habéis provocado en vuestro entorno, harán que tanto vosotros como vuestro hijo empezareis a sentiros que sois unas personas felices.

Sabéis lo mejor de que los niños no vengan con manual… que ese manual nos lo hemos de currar nosotros gracias a su evolución y al devenir de nuestras vidas juntos. Suerte y a disfrutarlo.

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… de ese manual para padres que todos buscamos… (2ª parte)

1 May

Un hijo lleva mucho trabajo, si podéis no rechacéis las ayudas que os ofrezcan. Delegar algo no es malo, el descansar es necesario. Tenéis que aprender a compartir, con vuestra pareja y con la gente que os rodea. Curiosamente el permiso de maternidad suele acabar cuando los niños empiezan a entrar en una etapa que van adquiriendo autonomía. ¡Qué peligro!

Quien diga que llevar una casa y criar un hijo no es trabajo, que es peor aguantar el encargado detrás todo el día (como me dijo la semana pasada el de la gasolinera) es que no sabe de qué va el asunto. Si tan cómodo y fácil de hacer es, ¿por qué cuando se llega a casa no se ponen como desesperados a pasárselo bien barriendo, cocinando, fregando, cuidando el niño y yendo a hacer la compra para todos? ¿Por qué se prefiere ver la tele, mirar el periódico, leer, jugar con el ordenador o ir al bar a tomar un café con los amigos y hablar de fútbol?… ¿no será que no es tan maravilloso y fácil como algunos dicen? Yo respeto mucho a las madres que han elegido estar en casa con los niños porque considero que es una de las actividades más cansadas que puedas encontrar. Si quieres hacerlo bien te absorbe de una forma extrema aunque luego te compense en muchas cosas. Es como si uno viviera todo el día en la oficina. Así que aunque estéis cansados, papis, recordad que el niño es de los dos y hay que compartirlo o al menos dar de tanto en tanto un respiro a la mamá. Tampoco estaría nada mal que de tanto en tanto la pareja pudiera dejar al peque con alguien para recordar que aún son personas y festejar un poco como cuando novios.  Y sobre todo si alguien se siente muy agobiado habladlo. Siempre he dicho que no tenemos telepatía. Si no decimos las cosas los demás no pueden saber lo que pasa por nuestra cabecita y luego ocurre lo que ocurre, que nos acabamos enfadando, cabreando o estresando. Así que ni uno ni otro no os canséis de comentar todo lo que opináis sobre la crianza y el trabajo que os supone ser padres. La comunicación, sin discusión, siempre en momentos relajados, es una de las cosas que más cuesta en la pareja y es la base de todo.

Pensad que vosotros y el entorno que intervenga en la crianza del niño debe estar bien coordinado. Si os proponéis algo deben hacer eso todos. No es cuestión de unos actuar de una forma y otro de otra. Así lo único que se consigue es desorientar al niño en un primero momento. Luego aprenderá a que con cada uno adoptará una estrategia para conseguir algo que el otro no le da. Lo más peligroso es que se llegue a contradecir un adulto a otro delante del niño, así lo único que se hace es desautorizarlo. Pongamos un ejemplo.  Los abuelos quieren darle al niño una golosina, los padres no lo quieren, pese a que lo han comunicado los abuelos compran golosinas porque ellos creen que es lo mejor para el niño, porque lo hacían con sus hijos de pequeños o porque creen que así el peque les hará más caso. El niño sabe que los papis no le darán pero que si los papis no se enteran, en casa de los abuelos tiene golosinas aseguradas. Un día los padres descubren al niño comiendo golosinas en casa de los abuelos y le dicen que no tome más, entonces viene la temida frase de “venga, no hagas caso a tu madre/padre que de esto no saben y tomate esto que total uno no te hará daño”. Eso si no dicen “lo siento, la culpa es de tu madre/padre que no te deja” y luego a la que nos damos la vuelta, llaman discretamente al niño en un lugar, también discreto, diciéndole “ven toma esto pero no se lo digas a tu madre/padre y cuando quieras más dímelo sin que se enteren que los abuelitos siempre tenemos cosas buenas para el nene”.  ¿Qué hacemos?, ¿nos comemos a los abuelos con patatas o qué? Ya os comento que salvo algunas excepciones los problemas de este tipo con los abuelos es inútiles luchar contra ello. Lo siento señores, pero normalmente con este tipo de abuelos hay que resignarse, la mayoría de los comentarios que he oído y los que me comentaban las psicólogas son casos perdidos. Lo mejor es ya no pedirle nada al niño si sabes que va a ocurrir eso, es decir, hacerse la sueca ante ello,  e intentar hablar con los abuelos de nuevo pero no delante del niño.

Dejando aparte los abuelos, los que sí deben estar súper coordinados son los padres. Si el niño hace una cosa mal y papá se enfada y pone al niño a recoger lo que ha hecho, mamá no tiene que ir luego recogiendo ella porque “pobre niño es muy pequeño para eso”. O al contrario mamá ha dicho que esta tarde no salía porque había roto algo a propósito, no ha querido recoger, se ha chuleado y ha cogido una rabieta que ha acabado mordiendo a la mamá. Entonces viene el padre y se lo lleva al fútbol porque tenía las entradas. No digo que papá se quede sin partido,  el padre se va y lleva a otra persona, o se van los papis y dejan al niño con un familiar o un amigo. Quien levanta el castigo es la persona que lo ha impuesto. También tenéis que tener en cuenta que en relación a la edad del niño el tiempo del castigo tiene que ser uno u otro, el castigo tiene que ser inmediato para que el niño lo relacione (no castigarle dentro de tres horas o al día siguiente) y a ser posible no tiene que interferir en el quehacer de la familia (por eso he comentado lo de ir la pareja al fútbol), el castigo es para el niño no para el resto de la casa. Si hay una desavenencia se espera y cuando el peque está en la cama o fuera de casa se comenta, pero se comenta como personas, sin amenazas, gritos ni ofensas. Recordad que lo que estáis discutiendo no es “me has herido en mi amor propio” sino “que es lo mejor que podemos hacer para encaminar al niño”. Puede que al hablarlo uno vea que se ha equivocado y se tomen las medidas para la próxima vez actuar en consecuencia. Si se ha actuado mal con el niño se le debería decir, explicarle porque hemos actuado mal y pedir perdón e intentar rectificar nosotros. El ejemplo es la mejor manera de educar a los niños, si el padre se equivoca y pide perdón tenéis más posibilidades que el niño se eduque con este valor, el de reconocer los fallos, asumirlos y disculparse.

A la hora de dar ejemplo a los niños tenemos que ir con mucho cuidado con nuestro comportamiento. Si desde bebés nos han oído pedir las cosas por favor y dar las gracias y se lo hemos ido diciendo ellos lo harán. Por ejemplo, el niño cena y se gira a su padre y le dice “agua”, entonces el padre le dice “agua por…” y el niño dice “agua por favor”, el padre le responde mientras va a buscarla “así sí” y al dejársela le dice “y ahora que se dice” y el niño responde “gracias papá”. Evidentemente, antes ha de haber habido un trabajo de ir repitiéndoselo, pero de esta forma tan sencilla nuestros hijos pueden aprender fácilmente esto. Sólo hay que mantener siempre presentes que hay que dar ejemplo y hay que ir reforzando la conducta.

Y hablando de reforzar la conducta una de las cosas que más influyen en las personas son las palabras con las que las tratamos. Siempre he dicho que las palabras son una de las armas más poderosas que existen. Hemos de mentalizarnos en ser positivos siempre ante nuestros hijos, incluso cuando les recriminamos o les ensañamos algo. Como he comentado en ocasiones,  el verbo ser es muy peligroso ya que implica que una persona es de esa forma, es decir, que esa es su esencia. Un ejemplo,  el niño se pone los zapatos y se los pone al revés, la madre/padre dice “hay hijo mío es que eres tonto no ves que llevas los zapatos al revés” más tarde se le caen macarrones con tomate sobre la ropa y se ensucia y le vuelven a decir “hay hijo además de tonto torpe, pero no te he enseñado yo a coger bien la comida con el tenedor es que no atiendes nunca y luego nos toca a nosotros limpiarlo todo, podrías estar más atento” . A la larga ese niño llegará a creer que realmente debe ser tonto o torpe. Si en cambio en ambos casos se le dice “a ver cariño, mira los pies, ¿cómo están los zapatos?, venga amor que tú sabes hacerlo bien, quítatelos y fíjate un poco mejor cada uno a su lado” o bien en el segundo caso decir algo así como “fulanito, mira como tienes el jersey, venga fíjate bien, que tú ya eres un nene no un bebé que si no te tendremos que poner un baberito. ¿Cómo te hemos enseñado coger el tenedor? Vamos que lo haces cada noche bien, concéntrate y sigue”. ¿Cuál de las dos formas os ha gustado más? ¿Cuál os hubiera gustado de os dijeran? La palabra tonto tendría que ser borrada de nuestro vocabulario ya que causa mucho daño. Recordad también que no es lo mismo ser que parecer, el niño puede parecer torpe porque no se fija puesto que normalmente lo hace muy bien y si se fija seguro que le saldrá requetechulo.  Tampoco es aconsejable emplear la típica “es que eres malo”, es mejor decir “si tú sabes portarte muy bien, porque haces ahora esto, venga que tú sabes”

Esto también tiene sus ventajas cuando queremos conseguir algo de ellos. Por ejemplo no es lo mismo decir “Si no recoges las fichas del suelo no verás los dibujos” que decir “cuando hayas recogido las fichas del suelo iremos a la sala a ver juntos los dibujos” o bien en vez de verlos juntos se puede ir a merendar si se quiere acompañar de un refuerzo. El primer caso es una amenaza, el segundo es un condicionante pero con un final más apetecible. Si el niño no recoge la culpa no es de mamá que me está castigando, es del niño que se está retrasando en recoger. Tú no le impides ver los dibujos, sólo le estas dando una secuencia de hechos. Si la cosa se puede ir de las manos entonces mamá puede ayudar un poquito, pero que conste que ayudar no es hacerlo todo tú. Ayudar podría ser ir pidiéndole las cosas y tú irlas metiendo en la caja o bien que uno haga una zona de la habitación y el otro otra. Sólo pensad en como os gustaría a vosotros que os dijeran las cosas y aplicarlo.

El pensamiento positivo no se tiene que tener sólo al enseñarle, se tiene que tener siempre. El peque viene todo emocionado porque ha hecho  “un pinta” (un dibujo) del que se siente muy orgulloso. Nosotros estamos arreglando cosas en casa como siempre y no estamos para nada, así que le decimos “a sí, otro dibujo, vale, vale, muy bonito sí” y seguimos sin ni siquiera haber mirado el dibujo. Si el niño está tan contento de su progreso hay que valorarlo, el decir “uyyy que mono, venga, ves a hacer otro y luego los colgaremos en la nevera cuando venga papá” no nos llevará mucho tiempo decir algo por el estilo, ¿verdad? Si realmente en ese momento no podemos dedicarle ni siquiera eso, lo mejor es decirle “lo siento amor pero ahora mamá no puede dejar lo que hace para mirar, espérame un momento y enseguida vendré a verlo, mientras puedes hacer uno para papá cuando venga”. Eso sí, cuando podáis pasad a ver los dibujos y alabadlos aunque tan sólo sean tres rayas, un círculo y algo indescifrable en medio, de esta forma el niño ganará en autoestima y tomará confianza haciendo cosas.simpson

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