Sobre la elección de las lavadoras, las clases de preparación de parto, el inicio en la paternidad de unos padres primerizos, o, como sería el esbozo de ese manual para padres que todos buscamos en la canastilla de la cuna cuando nos trajeron a nuestro hijo y que nunca encontramos debajo del paquetito de las dos muestras de pañales Dodot.

29 Abr

Al comprar una lavadora pretendemos sacarle el máximo rendimiento, para eso hay que saber usarla. Hay un tipo de personas que cuando la compran o les traen el aparato a casa bombardean al vendedor o al técnico con preguntas para que les explique como van los programas y cual se adapta mejor a su tipo de ropa. Otros prefieren leerse de cabo a rabo el manual, incluso la sección de desembalaje e instalación, aun cuando esto ya lo ha hecho el del reparto. Un último grupo pasa de vendedor y de manual y empieza a experimentar para que servirá ese botón o simplemente piensan que no variará mucho de como funcionaba el aparato anterior.  Sé que muchos se escandalizarán, pero yo creo que una gran mayoría de padres actúa de la misma forma cuando les llega a casa su hijo. Están los que preguntan a los abuelos a las amigas, a los vecinos y en ocasiones incluso al pediatra.  Otros, en el quinto mes, ya se han leído todos los libros de maternidad de la biblioteca local, lo que había en la librería y lo que ha pillado por internet o les han regalado. Se han subscrito a tropecientas revistas incluso tienen sus propias opiniones de la metodología de fulanito y las teorías de menganito y tiene bien claras cuales piensan seguir en la crianza de su hijo.  Algunos van improvisando sobre la marcha o se limitan a repetir los arquetipos y formas con las que fueron educados. Me diréis que existen dos grupos más. Los que recurren a las guarderías, serían los que recurren a las tintorerías. Finalmente, los que por unas circunstancias u otras ese hijo acaba siendo educado por los abuelos… vendría ha ser algo así como el eterno “emancipado  treintañero” que los fines de semana le lleva una bolsa con ropa sucia a su madre y se marcha con la limpia de la semana pasada y los tuppers para los próximos seis días.

Antes de nacer los padres primerizos vamos a las charlas del Prenatal y a las clases de preparación de parto. En el Prenatal se nos enseña con un muñeco muy mono como se viste y se baña el niño…. Ya me gustaría a mi conocer al bebé que al bañarle y vestirle se dejaran manejar, estuvieran tan quietitos y colaboraran como el muñeco. ¡Ja!.  En las clases de las matronas también se enseña eso con un muñeco además de como irá el parto y como afrontarlo. No tengo nada en contra de estas charlas, incluso recomiendo que vayáis a las matronas aunque tengáis que tener un parto por cesárea. Lo cierto es que si en algún momento ocurre algo durante el parto, el equipo médico se encargará de actuar y proceder lo mejor posible. Si la madre resulta una histérica la dormirán y se encargarán de que todo salga bien. Decir que lo del parto es lo de menos puede parecer frívolo. Realmente se nos prepara mucho para ese momento pero nunca se nos prepara para lo que se nos va a venir luego encima. Los niños vienen sin manual, así que el futuro de los pobres dependerá de los papás que le hayan tocado y de como irán resolviendo los problemas a lo largo de su educación.

Supongo que a alguno de vosotros os sonará este post, apenas está modificado. Fue el que le mandé a Cintia de trestrillitigres antes de que yo tuviera este blog. Era para un concurso sobre como educamos en valores a nuestros hijos. El título de mi propuesta fue “Educar en valores primero a los padres”. Cuando Cintia propuso este reto,  pensé al principio en los valores que les damos a los niños para educarlos. Pero luego pensé que una visión distinta sería comentar los valores que tienen que aprender los padres para educar a los niños. Me explicaré, cuando yo era pequeña  si algo no le gustaba a mi madre tenía unos buenos zapatillazos asegurados u otros castigos, en este caso yo obedecía por miedo al castigo y asumía ese aprendizaje fruto de un castigo, no de un razonamiento, un trabajo educador o la adquisición de un respeto por ciertas cosas y personas. Cuando Terremoto era aún pequeño una vez lo reñí y me quité mi zapatilla, entonces él se quitó la suya haciendo lo mismo que yo. Aún recuerdo su mirada, entonces me dijo “si tú, yo sí”.  En ese  momento vi que lo único que estaba haciendo era repetir aquello que habían hecho conmigo y que yo odiaba tanto. Estaba repitiendo el modo de lavar la ropa de tiempos de mi madre… pero….  si hoy lo hacemos de otra forma… ¿Por qué no la empleaba?  En ese momento comprendí que por desgracia a mí se me había criado de una forma cuya mayor enseñanza se había convertido en lo que no debía hacer para criar a mi hijo. Tenía que reducarme.  Cambiar de prioridades para en lugar de recurrir a ello tener otras opciones para conseguir del niño su aprendizaje. Con el tiempo he ido adquiriendo una serie de “valores” que me he tenido que auto aplicar para empezar ha ser padres. Lo que intentaré ahora es realizar un pequeño esbozo de ese maravilloso manual de instrucciones que a todas nos hubiera gustado que viniera con la canastilla que nos traían después del parto (ya nos gustaría que existiera un manual de esos).

Imagino que a estas alturas los nuevos en este blog s estarán preguntándose cómo es que esta se cree tan experta en educar a un niño. Os diré una cosa, a mí me tocó hacer un master. Pero no un master de universidad, no, cuando Terremoto tenía tres años casi no hablaba y jugaba al lado de los otros niños pero no con los otros niños. Creíamos que no oía, pero las pruebas fueron todas correctas. Finalmente acabamos en el despacho de una neuropediatra, con el peque en el suelo jugando con unos camiones y nosotros leyendo un informe que nos decía que ese niñito que teníamos al lado tenía un diagnostico de Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), es decir, tenía una serie de rasgos del llamado espectro autista. En mi vida he pasado por muy malos momentos, pero ninguno tan doloroso como ese, literalmente sentía como mi corazón se iba rompiendo. Los siguientes días eran de no poder creérselo, fueron horribles. ¿Cómo les cuentas tú eso a tus padres?  Mi padre no paraba de llorar. Tenía lo que hoy en día clasifican como un niño especial.

Una semana después del diagnostico estaba hablando con una amiga mía y cuando le dije que  el peque era especial me riño. Me dijo que mi hijo era el mismo ahora que hacía una semana o quince días. Si hasta ese momento le había tratado como un niño normal no tenía porque ahora tratarle de forma diferente. Lo que tenía que hacer era ayudarle a salvar el obstáculo  que tenía en comparación con los otros chicos. Seguía siendo un niño como cualquier otro. He comentado esto porque no voy a tratar el valor de la diversidad. El lema del cole al que ahora va Terremoto es “todos iguales todos diferentes“. A menudo cuando la gente se refiere a esta frase suele ser para indicar diferencias sociales, culturales, religiosas, de sexo, edad… normalmente se olvidan de las otras. El hecho de que vuestros hijos jueguen con ellos, les saluden o les den una palmadita en la espalda no implica que se contagie. Muchas veces parece que la gente debe pensar esto. Me gustaría que la gente fuera más consciente del daño que pueden hacer a esos niños y a sus familias ya que es algo que le puede tocar a cualquiera sin distinción de raza, religión, cultura, diferencia social y tanto afecta a niños como a niñas y es para siempre desde que naces hasta que eres viejo. Los primeros años después del diagnóstico recuerdo que cuando salía a la calle y veía todos los niños con sus padres me daban cierta envidia y pensaba porque me había tocado a mí. Mi cura de humildad la tenía todas las tardes cuando iba a buscar a Terremoto a su anterior colegio. A esa hora cuando salía de casa paraba enfrente un autocar de un cole para niños con síndrome de Down. Entonces pensaba que posiblemente cualquiera de esos padres mataría por tener el tipo de niño que tenía yo y que no tenía ningún motivo para quejarme. Aunque bien pensado, aunque sus hijos fueran “diferentes”, también eran unos niños iguales al mio y a los demás… que fácil nos resultaría si la gente tuviera algo más de empatía.

Recuerdo que mi ex  solo decía que el niño no podría ir a la universidad. Yo en lo único en que pensaba era que mi objetivo sería que a la larga Terremoto llegue a ser una persona feliz. Los valores que rodean al término “persona” para conseguir realmente eso, alguien autónomo, con un futuro, una vida y unas expectativas mínimamente favorables, aceptado por los demás y lo que implica el sentirse feliz, es decir, el estar y sentirse conforme y a gusto con lo que se es o se ha llegado a ser.

Tras muchas batallitas que no entraré en ellas, un divorcio de mutuo acuerdo a los pocos meses del diagnóstico, acabamos en manos de un gabinete psicopedagógico y allí encontramos uno de nuestros primeros “ángeles de la guarda” fue Noemí. Ella primero y otros después fueron los que nos hicieron ver que antes de educar a Terremoto  teníamos que educarnos a nosotros.  Y aquí es cuando entra en juego la humildad de reconocer tus fallos y la fortaleza para querer mejorarlos y finalmente corregirlos. Los padres no somos perfectos ni mucho menos, nos queda mucho que aprender.

¿Cuando tenemos que empezar a prepararnos como padres? Yo creo que debería ser antes de buscar el hijo. Un amigo mio me comentó una vez, que un niño para ser feliz, debería haber oído la risa de su madre y la voz de su padre cuando estaba en el vientre. Otro compañero de trabajo me decía que los niños dependen tanto de su madre porque nosotras les llevamos nueve meses de ventaja. Todo ese tiempo han estado oyendo nuestro corazón, nuestra voz, los ruidos de nuestro interior y no empiezan a oír los del padre hasta que salen. Creo que los dos tienen algo de razón. El niño tendría que oír más a menudo la voz de su padre que le dice cosas en el vientre de la madre, sería una forma de compensar estos nueve meses. De irnos mentalizando que la educación de un hijo es cosa de dos y empieza lo más pronto posible por eso hay que compartir desde un principio.

Me he encontrado con gente que decía que había buscado el niño o bien porque estaba hartos de oír las quejas de la madre/suegra recriminándoles que ya era hora de ser abuela;  porque sus amigos tenían todos hijos y así al menos se sentirían otra vez más incorporados en el grupo;  o bien porque se les estaba pasando el arroz. Como si la maternidad fuera un picnic en la Malvarrosa. Hay que tener muy claro que se quiere ser padre porque cuando esa criaturita salga tú vida cambiará radicalmente y dejaras de vivir para ti durante mucho tiempo.  Un padre tiene que ser lo menos egoísta posible ya que su prioridad debe ser su hijo, no su propio bien. Tiene que ser generoso. También tiene que aprender a amarlo y comunicarse con él lo antes posible.

(mañana más)

como-poner-lavadora

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10 comentarios to “Sobre la elección de las lavadoras, las clases de preparación de parto, el inicio en la paternidad de unos padres primerizos, o, como sería el esbozo de ese manual para padres que todos buscamos en la canastilla de la cuna cuando nos trajeron a nuestro hijo y que nunca encontramos debajo del paquetito de las dos muestras de pañales Dodot.”

  1. Maribel 29 de abril de 2013 a 11:56 pm #

    Aunque lo leí en su día, me encanta recordarlo y tu reflexión deberíamos hacerla todas de vez en cuando.
    Me quedo esperando a la siguiente parte y así pasamos luego a la tertulia.
    Besos

    • Laura 30 de abril de 2013 a 9:21 pm #

      Maribel, la tertulia tendrá que esperar un pelín más porque en total son tres posts, este y dos más. Tranquila el último es algo más cortito, jeje. Cuando acabemos con todos podemos montar tertulia como dices o si quieres podemos empezar a calentar motores antes.
      Tenía pensado poner mañana el siguiente post, así los publicaría en lunes, miercoles y viernes y todas tendriais un poco más de tiempo para conocerlos.
      Me encantará si hay una tertulia que normalmente los comentarios son de un escueto. Besos.

  2. MisMellis 30 de abril de 2013 a 9:27 am #

    Me ha encantado la entrada… yo soy de las que me compro la lavadora y me leo el manual y el manual de otras lavadoras, comparo y me quedo con lo que más me interesa.
    MI marido es de los que toca botones y experiemnta a ver que pasa.
    En nuestro caso no sabíamos lo que era tener un niño, no sabíamos absolutamente nada de niños, yo tuve todo el embarazo para hacerme a la idea de que iba a ser muy duro sobretodo con dos bebés, mi marido pensó siempre que tneer un niño era jugar al futbol y llevarlo a ver cosas.
    Leí todo lo habido y por haber sobre niños y crianza, tenía conocimiento de muchas cosas por mi carrera y tenía mucha teoría, luego con la práctica de dos bebés me volví una experta, nunca le pregunté a nadie como hacer las cosas al igual que ahora no le doy tampoco consejos a nadie, cada uno que experiemnte y encuentre su método.
    Ser madre es una de las cosas más duras por las que he pasado, por todo lo que implica y por el cansancio que supuso para mi tener dos bebés a la vez después del estrés de un tratamiento de fertilidad, por eso soy de las que tengo claro que un niño no es un juguete ni un capricho ni un ya toca, estamos creando nuevos seres humanos que serán adultos en el futuro y eso implica tiempo y dedicación. Ahora tengo claro que ser padre implica olvidarse un poco de ti mismo y dedicarte a otros aunque como todo tiene su parte buena y compensa. Genial la entrada. un besote

    • Laura 30 de abril de 2013 a 9:27 pm #

      Lo de tener un hijo para jugar al futbol es mucho más común de lo que crees, lo he oido muchísimas veces y siempre en hombre, aun no conozco a la madre que quiera un hijo para eso, jajaja.
      Lo de olvidarte un poco, en mi caso generalmente un mucho, de tí es una verdad como un templo. La unica mamí que me lo advirtió fue una amiga mia que había tenido cuatro (por separado, no de golpe)
      Seguro que la segunda parte te gustará… hablo de los abuelos, un poquitoi, ya me dirás si no te ha recordado a tus suegros.
      Un beso

  3. Mo 30 de abril de 2013 a 1:04 pm #

    Me ha gustado mucho la analogía laadora-crianza 😉
    Y me ha encantado tu reflexión. En mi caso, la maternidad fue meditada y muy, muy deseada. Aún así, adaptarme al cambio tremendo que dio mi vida tuvo su tela. Hoy en día dedico casi todo mi tiempo a mi hijo. No sólo en el aspecto práctico del tema, sino en el de buscar información y estrategias para sacar lo mejor de mí para él, para que llegue a ser esa persona feliz que describes.
    Un beso.

    • Laura 30 de abril de 2013 a 9:42 pm #

      Es que salvo que alguien haya tenido algún hermano pequeño con mucha diferencia o algún sobrino o vecinito con los que se relacione mucho, no suele tener mucha experiencia en estas cosas, y aunque la tengas, no es lo mismo ayudar que pasarlo todo.
      Para rematarlo tenemos que afrontar algo para lo que generalmente no se nos ha preparado y no esperamos justo después de la paliza de un parto, vamos que estamos en forma a más no poder.
      Antiguamente las unidades familiares eran digamos más amplias, entre todos se cuidaban de todos. Los padres solian vivir relativamente más cerca de los hijos y cuando alguien necesitaba una manita (tanto los jóvenes como los abuelos) siempre había varias manos dispuestas a ayudar. Ahora los padres y los hijos no suelen tener esa cercanía. Muchas veces los hijos tienen que enfrentarse ellos solos a la paternida. Luego cuando los padres se vuelven muy viejos al estar tan lejos no tienen tampoco la ayuda de los jovenes. Es una pena cuando ocurren cosas así.
      Tengo que reconocer que tuve la suerte de tropezarnos con Noemi, ella nos ayudo mucho a la hora de orientarnos, porque sinceramente, nos sentíamos muy perdidos. Mi ex se empezó a leer de todo. Yo si leía algo me daba una depre impresionante, me ponía a llorar y no podía. Me recomendaron que no lo hiciera y que pidiera todo lo que necesitaba, porque sino me ponía peor y Terremoto necesitaba una mamá entera, no una mamá hecha pedazos.
      Un beso Mo, me alegra que te haya gustado, si quieres mañana la segunda entrega y el viernes la última.

  4. ¡Mama qué sabe! 1 de mayo de 2013 a 6:55 pm #

    Lo quería leer con calma, porque sabía que era uno de esos post emocionantes de los que tanto aprendo y admiro. Ha sido un placer encontrarte en mi camino, ya te lo he dicho en más ocasiones. Aprendo de lo que dices y de lo que no, porque te siento.
    Besitos y enhorabuena a esta familia linda que he conocido! Lo comparto por face!

    • Laura 1 de mayo de 2013 a 7:36 pm #

      Gracias Devora. En realidad este es el primer post que escribí, aún sin tener blog. Me costó bastante redactarlo. Lo había hecho más largo pero Cintia me pidió que lo acortara un poco y lo tuvimos que dividir en tres partes. No se muy bien si por alguna parte tengo la versión extendida del director. No he tenido mucho tiempo de buscar, además lo escribí en el otro ordenador, el portatil y ese lo usamos muy poco. Si un día lo encuentro publicaré los anexos al manual, jajajaja.
      Que pena que vivamos tan lejos, estaría bien ir alguna vez a tomar un cafetito y que los peques jugaran un rato en un parque. Gracias por compartirlo y voy a ver que has puesto en la segunda parte.

  5. monica 14 de mayo de 2013 a 2:54 pm #

    muy buen post me quedare por aquí a leer el resto del manual jaja y lo que escribas mas adelante si se puede pasar?…jajaja besos

    • Laura 14 de mayo de 2013 a 10:06 pm #

      Pues aquí estaremos, ya ves que todo está en familia y hay de todo un poco. Toma asiento, nos iremos viendo.

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