La relatividad de los problemas

19 Oct

Creo que estas pequeñas reflexiones pueden ser interesantes dado el momento que estamos pasando y que por lo visto va para rato. No me voy a meter en política, ni en economía, ni quiero ser frívola ni reírme de nada, no quiero olvidar que actualmente hay mucha gente que vive muy mal, otra sobrevive y algunos vamos capando el temporal como buenamente podemos y cada día salimos a ver que tiempo nos tocará.

Hace varios años, muchos, así como unos diecisiete o por allí, hice unos cursos de atención al público para estar mejor formada en el trabajo, porque mi menda es funcionaria y a mucha honra, que mis siete oposiciones me ha costado y empecé desde abajo, así que soy una funcionaria chusquera. Ya sé que en el párrafo anterior os he dicho que no pensaba hablar de política y no lo haré pero  aprovecho para informar de algo que se cuenta de nosotros. Ciertos personajes quieren hacernos pasar por unos malvados incompetentes que hemos vivido de lujos asiáticos y que todo lo que ocurre por el mundo es culpa del fastuososo yate que todos los funcionarios tenemos aparcado delante de nuestras vastas posesiones a orillas del mar. Mientras un Cadillac con tapacubos dorados nos lleva cada día con chofer oficial incluido  al trabajo. Antes de haber pasado previamente por el peluquero y maquilladora… perdón, quería decir estilista. No sea que atendiendo una petición del ciudadano se nos rompa una uña y tengamos la deshonra de lucir una tirita en nuestra perfectísima manicura francesa. Creo que ese no es mi caso… ni el de los funcionarios que conozco –y conozco muchos- pero si alguien tiene que sentirse identificado con eso, dudo que sea como una vez oí decir a un político hace años, uno de esos funcionaruchos de mierda a los que mandamos. Y otra cosa y ya no hablo más de política, nosotros también hacemos declaración de hacienda y nuestro sueldo es de lo más legal porque no cobramos nada en bruto, ni sin iva ni nada, así que no nos recordéis eternamente que con vuestros impuestos se paga mi sueldo, porque si tuviera que cobrar cada mes todo lo que pagan el resto de mortales en impuestos, puede que entonces mi menda lerenda sí que nadaría en la abundancia y no tendría una hipoteca a veinte años ni sacaría cuentas de que gastos son los que vamos a hacer este mes o dejaremos para el que viene y tal vez tendría ese yate en lugar de una colchoneta hinchable con algún que otro parche ya puesto.

Pues bueno, que ya me iba del tema y no pretendía hacer eso. Unos cuantos de esos cursillos fueron impartidos por una chica majísima que difícilmente olvidaré, fueron las mejores horas en formación invertidas en toda mi vida (y que conste que además de estudios básicos y superiores, en mi última oposición, hace diez años, presenté 2.800 horas de cursillos – actualmente son más). No sé si  ella de atención al público hacía mucho, pero de hacerte ver las cosas, pensar, ponerte en la piel del otro, enseñarte a expresar y comunicar contenidos y sobre todo respetar a la persona que tenemos delante que posiblemente esté perdida, asustada o cabreada (dependiendo del departamento en que uno trabaje) sabía un montón.

Nos enseñó muchas cosas y la mayoría de ellas además de en el trabajo, me resultaron muy útiles a la hora de negociar y educar a Terremoto, supongo que ya visteis que lo mio no fue fácil. Pues bien, una de esas charlas se refería a la relatividad de los problemas. Esta chica no nos ponía ejemplos de la administración, no. Me encantó porque ponía ejemplos de la vida, de la calle, de la familia y sobre todo del trato con los hijos y luego eso le extrapolaba a la perfección en lo que era el trato administrativo.

Cuando empezó a hablarnos de la relatividad de los problemas nos pidió quienes teníamos hijos y levantaron la mano. Les pidió cuales eran las edades de los niños e hicimos grupos según las edades. Los que no tenían niños también hicieron grupos según sus edades, y un grupo más reducido se les pidió que llegaran a una conclusión de todo lo que se decía allí.

La pregunta al grupo de los que tenían que ponerse en el lugar de sus hijos fue: “¿Que es lo que a tus hijos les preocupa más? y ¿Que es lo que te preocupa a ti más de ellos y porqué?”

Los que tenían niños en edad escolar de primaria daban respuestas del tipo

-me compren el juguete de la tele

-que la profe de lengua no me tenga manía

-que apruebe el examen de matemáticas y podamos estar el verano sin ir a repaso

-que fulanita me haga más amiga a mí que a menganita

-que mi mamá no me ponga otra vez brócoli para cenar

-que mi hermano pequeño no me rompa mis cosas cuando yo no estoy en casa y entra en mi cuarto….

A los padres les preocupaba:

-que sus hijos no se convirtieran en unos consumistas empedernidos

-que se les pudiera sacar a la calle sin avergonzarse de ellos

-que les comprendieran mejor

-que aprobasen todo y a ser posible sin tener que pasar por las clases de repaso

-que ya no sé como cuadrar horarios con las extraescolares.

-y hay que ver que manía tiene el niño con el brócoli que no hay forma de hacerle comer una verdura salvo que esté dentro de una hamburguesa.

El grupo de adolescentes empezaban a preocuparse por otras cosas tipo

-si fulanito o fulanita se ha fijado en mí

-en como conseguir que me compren esas zapatillas de marca que son tan molonas

-en si me van a dejar salir con los amigos el fin de semana o me humillaran ante ellos castigándome en casa tras ver las notas

-incluso algunos empezaban a plantearse en que debían estudiar y que rama de bachillerato debían seguir (eso era antes de la LOGSE).

A los padres les preocupaba:

-que mira que cada vez son más difíciles y los entiendo menos

-que vete tú a saber con que amiguitos me sale y que le pueden enseñar, que este seguro que me acaba emborrachándose, fumando y tomando porros y de allí a la droga hay un paso y luego acabará debajo de un puente y para eso nos hemos sacrificado tanto.

-que no hay forma de hacerle entender que el dinero no llueve del cielo y las malditas zapatillas molonas valen un ojo de la cara y parte del otro

-que se tome de una vez en serio los estudios que no pienso mantenerlo hasta los treinta.

Los que ya iban a la facultad  o hacían algún otro tipo de estudio medio o superior, sólo se preocupaban de su grupo de amigos y de los estudios.

-El hacer trabajos, ir a buscar información

-preparar exámenes

-y por supuesto seguir teniendo una vida más allá de las aulas

-algunos se planteaban el buscar un trabajito que les aportara unos ingresos para sus gastos, o sacarse el carnet de conducir o ayudar a sus padres a pagar sus estudios.

A los padres les preocupaba

-que no se despistaran con eso de salir que con lo que cuesta la matricula no estoy yo para tonterías

-que entre estudiar, ir a hacer trabajos en casa de fulanito y luego salir no le veo en todo el día, que un día de estos me hago una foto tamaño real para saber como es mi hijo

-que para lo único que paran por casa es para comer, dormir, dejar tirada la ropa para que aparezca por milagro en el armario y si nos da un beso antes de salir ya está con la mano preparada pidiendo dinero o la llave del coche, o las dos cosas que es peor.

-que a ver si dejamos de fijarnos tanto en las chicas/os y nos centramos más en los libros.

Los hijos que bien no habían seguido con estudios superiores o bien los habían acabado, comentaban que su mayor preocupación era:

-el paro y encontrar trabajo (lo del paro ya nos viene de largo)

-unos cuantos que ya tenían trabajo se planteaban independizarse o montar una familia con la pareja.

A los padres y por una vez coincidían en algo, les preocupaba:

-que sus hijos tuvieran un buen trabajo, o al menos un trabajo

-el paro

-que a ver si con la pareja este se nos despista y nos hace abuelos antes de tiempo

-que cuanto tiempo se piensa estar en casa, porque aquí sin pegar bola no se está.

-y por supuesto el tema de la toxicidad y las drogas seguía vigente.

Los que no tenían hijos y eran relativamente jóvenes pensaban en:

-espero que la empresa vaya bien que así como está la cosa y yo acabo de entrar…

-¿que me tengo que poner para este fin de semana? ¿y para la boda de mi hermana?

-a ver que me ha preparado mi madre en los tuppers (entonces fiambreras) este fin de semana.

Los que no tenían hijos o estos ya no vivían con ellos y estaban más que independizados, solían ser adultos de ya cierta edad, con un puesto laboral consolidado, una situación familiar sin estrés ni carreras ni problemas. Habían llegado a lo que entonces era una situación desahogada. Las preocupaciones de estos eran más triviales, como en la infancia.

-a donde iremos de vacaciones

-que podemos hacer este fin de semana

-que ropa tengo que renovar esta temporada

-tengo que llevar el coche a pasar la ITV

-dentro de nada toca hacer la declaración de hacienda

-el médico me ha dicho que tengo colesterol malo y debo cuidar mi dieta

El debate fue largo y también se fueron tratando otros temas enlazados  y comentando que se tenía en casa de cada uno y como lo afrontaban y comparando casos o aconsejando. Fue algo así como una especie de terapia de grupo.

Al final se vio que las preocupaciones que tanto los hijos como los padres habíamos tenido con la etapa de la infancia, no tenían nada que ver con la etapa por ejemplo de universidad y tampoco con la de buscar trabajo y posiblemente mucho menos que con las que se tendrían que encontrar más adelante o las que llegaba a tener alguien ya bien estable. La conclusión fue más o menos esta:

“Sí las preocupaciones de hoy no nos quitan el sueño mañana o posiblemente ni nos importen ni nos acordaremos de ellas, es que no son preocupaciones verdaderas.

Hemos de tenerlas en cuenta y hemos de atenderlas, pero no hemos de amargarnos por ellas, nuestras horas de sueño y nuestra salud no tiene que verse afectada por ello, este es el caso de querer unas zapatillas o que la pila de la ropa para lavar sea cada vez más monstruosa porque tú has estado esa tarde en el parque con tus hijos.

Las únicas preocupaciones que realmente deben preocuparnos son las que nos afectarán a la hora de seguir nuestra evolución.

El saber educar a nuestros hijos, darles unos estudios o formación, es una responsabilidad nuestra, y debemos ser capaces de afrontarla. No debe ser nunca una preocupación de nuestros hijos, ellos sólo son responsables de aprender aquello que se les enseña y ser capaces de conseguir sacar un provecho de ellos como personas y como futuros padres, para ellos tienes que saber vivir cada momento que les toca de una forma sana, sintiendo que son valorados y que se les apoya, que pese a todo se cree en ellos, sólo así irán asumiendo las responsabilidades que les son inherentes a cada edad.

La salud también es una preocupación importante porque de ella dependerá la felicidad de nuestro día a día y que podamos realizarnos como personas.

Cada uno tendrá otro tipo de preocupaciones que también se podrán englobar dentro del grupo de verdaderamente importantes. Es aconsejable no perder de vista estas prioridades y de ir haciendo valoraciones periódicamente, primero para no olvidarlas y segundo para ver que logros hemos conseguido y que tenemos que imponernos como trabajo interior. De esta forma no os aseguro que tengáis un futuro brillante, ni fácil, ni encantador, pero al menos no os agobiareis con más cosas de las que debéis o podéis soportar. Tendréis una mejor perspectiva del mundo que os rodea y de como encajáis en él más de lo que creéis. La felicidad dependerá un poco de cada uno, de cual sea su listón de prioridades y de como las sepa ir aceptando y centrándose tan sólo en aquellas que realmente son importantes”

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8 comentarios to “La relatividad de los problemas”

  1. Amalia 19 de octubre de 2012 a 11:50 pm #

    Me gusta mucho lo que cuentas hoy y me gusta mucho que haya gente que eduque con ejemplos prácticos y no con tantas tonterías que no sirven para nada en la vida real.
    Y mi padre era funcionario (se jubiló hace poco) y trabajaba como el que más. Y no, tampoco tiene un yate en la puerta de casa. Cachissss.
    ¿Ése es Tsunami? Qué guapo 🙂
    Besos.

    • Laura 20 de octubre de 2012 a 4:12 pm #

      Sí, ese es Tsunami escondiendose detrás de un árbol y saliendo de un lado a otro. Es un bicho.

      Yo es que funcionarios ricos no conozco, los que están más o menos en ese nivel y son funcionarios es porque entes de entrar ya llevaban una herencia familiar, pero con lo que cobramos, antes me daba para ahorrar un poco para cuando me compré el piso cuando nació Tsunami, pero me parece que ahora con lo de llegar a final de mes y no comer del rinconcito ya me sentiría contenta, que el rinconcito tampoco es para tirar cohetes y mi pareja ha estado varias veces en el paro y entonces quien lo cubre todo soy yo.

      Lo del cursillo es que fue maravilloso. Este chica dio unos cuantos y me apunté a todos, luego ha dado algunos más, hace unos años hice uno pero tampoco puedeo hacer todos los cursos que desearia porque son por la tarde fuera de horario laboral y claro tengo que montar un tinglado para que los nenes estén cubiertos así que sólo hago los que considero más provechosos. Pero sí hubo una época en la que me pasaba todas las tardes de curso en curso. Como ves entonces mis prioridades eran otras, jeje

  2. Mis Mellis 20 de octubre de 2012 a 2:51 pm #

    Me churri es funcionario (lleva desde los 19 añitos trabajando para la misma empresa-estado) y doy fe que millonarios no nos hemos hecho y que el pobre trabaja lo que le toca y más… jajjaa… (con ciertos privilegios claro)
    En cuanto a relativzar los problemas aprendí a hacerlo hace 7 años, debido a un grandísimo problema periodontal me tubieron que quitar todos los dientes de la parte superior de la boca y ponerme una prótesis, la parte inferior de mi bocadurará lo que dure y teniendo en cuenta que esto me sucedió con 25 años me derrumbe… y lloré y lloré hasta que me di cuenta que mi problema era una chorrada… ¿como me di cuenta?…. fácil, me enteré que la hija de una amiga de mi madre con mi misma edad estaba luchando contra un cáncer… asique aprender a relativizar es vital, mi situación no es tan dura siempre que me acompañe la salud, y tenga apoyo en mi familia y amigos…
    Genial la entrada de hoy ….

    • Laura 20 de octubre de 2012 a 4:23 pm #

      Hay Mamimelli, es que a mi la vida me ha dado más ostias que regalos, por eso tal vez he aprendido a valorar más las cosas pequeñas pero posibles que no las suntuosas y complicadas.

      Yo como os comenté en la presentación he pasado por una operación de espalda y por un tumor de colon que han ido bien y eso también ayuda a ver las cosas de otra forma. Entre cuando me diagnosticaron el tumor y me operaron, sólo pensaba en que Terremoto no se podía quedar sin su mamá. Creo que con tantas operaciones que llevo tendría que parecerme un poco más a la novia de Frankenstein.

      Como dices si se tiene salud y apoyo de la familia y amigos se tiene múcho. Hasta pronto.

  3. Maribel 20 de octubre de 2012 a 6:02 pm #

    Muy profunda la entrada de hoy.
    Una gran enseñanza la que sacaste de aquel curso y hoy nos transmites y compartes.
    Y ya no sólo se trata de compararse con los que están peor (que también) sino como nos has dicho, pensar qué cosas que nos dan dolor de cabeza hoy seguirán siendo tan importantes mañana.
    A mí me gusta mirar al cielo por las noches (aquí se pueden ver las estrellas) y sentir la inmensidad que hay sobre mí. Y al verme tan pequeña parece que mis problemas empequeñecen también.
    ¿Te imaginas lo que significan en el universo nuestros grandes quebraderos de cabeza? Nada… insignificantes.
    Besos

  4. Laura 20 de octubre de 2012 a 9:00 pm #

    El ver el cielo por la noche debe ser una costumbre ancestral, porque a mí también me gusta hacerlo. En la casa donde vivio ahora tengo un pequeño balcón, pero tiene una vista muy chula, me encanta mirar las nubes, las he descubierto y tengo un montón de fotos de nubes, un día os haré un post sobre las nubes. Es cierto sí comparas nuestros problemas con los del universo, pues son insignificantes, aunque nos fastidian bastante 🙂
    Si quieres mañana por la noche podemos quedar, cuando salga a ver el cielo antes de ir a dormir te mandaré una sonrisa, así tendremos unos problemas menos insignificantes y en compañia.

    • Maribel 20 de octubre de 2012 a 9:16 pm #

      Me has emocionado Laura.
      Claro, ahí estaré si Dios quiere para recoger tu sonrisa.

      • Laura 20 de octubre de 2012 a 9:28 pm #

        Entonces hasta mañana.

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