Un niño especial (2ª parte)

11 Oct

Te mantuvimos en el cole porque la clase estaba muy mentalizada contigo,  os compenetrabais muy bien, tus compañeros te apoyaban mucho y cuidaban. Todos te conocían y sabían como tratarte y ayudarte. Las maestras hacían lo que podían. El cole casi no tenía medios, yo estuve dos cursos pagando a una terapeuta para que fuera a la clase y allí diera apoyo a la profe, aparte esa chica también venía a casa a hacer refuerzo y además ibas a un gabinete psicológico que nos recomendó la mamá de R. que también era T.G.D. Con ese gabinete hiciste muchos progresos y estuvimos yendo de los cuatro a los nueve años. Nosotros entonces estábamos solos en casa, no teníamos al hermanito y mis gastos normales eran poquitos, yo no soy presumida con la ropa y me dura mucho y casi no salía más que contigo. Entonces pude hacerlo y pude pagar todas esas facturas porque hoy me hubiera sido imposible, al menos tanto tratamiento. Había meses que se me iban tranquilamente más de ochocientos o novecientos euros en las terapias. Normalmente era menos, ya que dependía de las horas que hubieran hecho y lo que hubieran tratado.  Si un mes tenía que comer prácticamente de bocatas o yogures pues lo hacía, pero cuando estabas tú en casa se comía normal. Una vez mi jefe me dijo que ese dinero había sido el mejor invertido de toda mi vida. Pero tú casi no evolucionabas, hacías pequeños progresos y luego retrocesos. Los médicos lo llamaban dientes de sierra.

El colegio fue un caos, una desorganización y descoordinación impresionantes. Cuando tuviste que pasar a primero no me dejaron tener a la chica que te daba refuerzo en el cole. La que se encargaba de eso en el cole era nueva y empezó a decirme que primero tenía que valorarte y estuvo meses valorándote o eso decía ella. Luego empezó a soltarnos que todo lo que ya sabías y me habían entregado en los informes mensuales anteriores que eso no era cierto y que esas habilidades te las había enseñado ella en sólo quince días. Anda ya, no quieras ni querer saber la que le montó mamá en esa y en las sucesivas reuniones. Mis quejas llegaron hasta la superiora, pero esa también pasaba bastante, sólo le importaban el dinero que sacaban de los padres o de la administración.  Las profesoras iban perdidas, no se les avisaba que tú subías de nivel ni menos lo que tenías. Alguna de ellas me pidió que yo les diera directrices y les pasara material para que pudieran trabajar contigo. ¿Yo? que era la que necesitaba que me ayudaran y orientaran. En el comedor cuando tenias problemas no me decían nada, hasta que un día ocurría algo monumental, entonces me acechaban y me montaban una escandalera como sí tú fueras el peor de los gánsters de Chicago y tenía que ser yo quien al día siguiente me pusiera a llamar al cole para que me pusieran con el psicólogo y decirle que fuera a hablar con las del comedor, porque no había ninguna comunicación interna.  Si no podía hablar con él entonces por la tarde tenía que ir y esperar delante de su despacho, porque el psicólogo en vez de actuar como tal se pasaba casi todo el tiempo dando clases de no sé que a los de ESO. Era vergonzoso. Ellos se justificaban con las historias más estrambóticas e inverosímiles y nosotros seguíamos aguantando para que te favoreciera la integración con los otros niños.

Tú siempre fuiste muy inquieto, la hiperactividad fue otro de tus ítems. Era agotador, nunca te parabas cuando te pedían de parar. No te solté de la mano por la calle hasta que no estuve embarazada de tú hermanito, y os lleváis diez años y medio. El ir de compras contigo era una odisea. Normalmente a la hora de pagar me ponía sobre una pierna, con la otra te envolvía, te cogía con una mano y con la otra sujetaba el bolso y abría la cremallera con los dientes. Incluso así salías corriendo. Era una pesadilla. Si algo te molestaba o no te entendíamos te ponías muy nervioso y te ofuscabas. No siempre reaccionabas mal, pero cuando ocurría esto creabas unas pequeñas frustraciones internas que podían estallar en cualquier momento, por las tonterías más idiotas. Una vez montaste una fenomenal porque con el cochecito volvimos a casa por el otro lado de la calle por el que habíamos empezado el paseo. Otra vez fue porque te sacaron de clase de natación por la orilla en lugar de la escalera por la que habías bajado. Esta te duró una semana hasta que entendimos que querías volver a la piscina para salir por la escalera. Una vez te habías dejado no sé que en la clase y a la salida del cole no querías salir. Tú te querías escapar, yo acabé inmovilizándote en medio de la acera con mis piernas. La gente empezó a irse y nosotros nos quedamos solos en medio de la acera sin nadie más. Yo no podía moverme porque si no te escapabas y ese día no tenía el móvil en el bolso. Después de tres cuartos de hora de estar así pasó una señora y llamó por teléfono a papá. Papá vino pronto y entre los dos te llevamos a casa. Cuando llegué allí me quité unos vaqueros que llevaba y tenía tus dientes marcados en la pierna y un hilo de sangre que me llegaba ya casi a la rodilla. Te habías pasado todo el tiempo que te había inmovilizado mordiéndome para poder escaparte.

Un día a la salida del cole te escapaste del abuelo y un coche te atropello, por suerte era un paso de peatones y sólo te tiró al suelo, pero te pasaste toda la tarde haciéndote pruebas y tal.  También otro día fuimos a comprar con tu madrina. Estuvimos cinco horas en ir y volver porque te pasaste toda la tarde intentando escaparte, chillando, tirándote al suelo. Te teníamos que inmovilizar entre las dos.  Dos personas creyeron que te habíamos secuestrado y uno de ellos quería llamar a la policía. Años más tarde le hiciste una cosa parecida a papá, sólo que esa vez los que pasaban eran dos jóvenes que iban al gimnasio y cogieron a papá del cuello y lo levantaron, por suerte pasaba por allí la chica de la farmacia que te conoce de toda la vida y les explicó que pasaba. Cuando volví del trabajo a las ocho y media que iba a recogerte te encontré en la calle con papá ya que no habías querido subir a su casa desde la salida del cole.

Una vez querías salir de casa para ir a vivir por la calle, porque te empezaba la época rebelde y querías vivir sin nosotros y que te comprara una casa. Estábamos en la calle y a empujones te pude arrastrar hasta casa, porque cuando te daba un ataque, mamá sacaba fuerzas no sabía muy bien de donde. Cuando entraste en casa cerré, tú cogiste una silla y empezaste a aporrear la puerta, por suerte era maciza. La vecina de arriba bajó incluso a ver que pasaba. Cuando tenías una crisis podías acabar arremetiendo contra la puerta, siempre querías salir, yo procuraba vigilar que no te hirieras, por suerte no te autolesionabas, otros niños lo hacen. Lo que mejor funcionaba era no hacerte caso y poner la lavadora o sentarme a leer. Después de mucho tiempo te calmabas, pero en ocasiones no era tan fácil y tenía que intervenir, entonces acabábamos en el suelo tirados, yo intentando inmovilizarte para que no te hicieras daño con lo que aporreabas y tú me pegabas y mordías y arrancabas el cabello o arañabas, hasta que te calmabas y acabábamos abrazándonos los dos en el suelo y yo intentaba consolarte y tú llorabas, intentaba hablar contigo y averiguar que te había pasado e intentar explicártelo y buscar una solución. Más tarde cuando estabas en la cama, entraba al baño, me miraba al espejo y me desmoronaba. Cuando tenías muchas crisis seguidas por frustraciones acumuladas o por algún problema con algún niño o alguien que se hubiera reído de ti te recetaban antipsicóticos, tenías que tomarlos al menos durante medio año por eso que hay que introducirlos despacio y también quitarlos progresivamente. Si miraba la receta me hundía más pero te iban bien y te calmaban y ponían un poco de orden a tu cabecita desordenada. Tú nunca te sentiste bien con las crisis, sabías que algo te pasaba pero no podías controlarlo y muchas veces me decías que tu cabecita torpe te hacía hacer cosas y con la mano te daba golpecitos en la cabeza. Yo te decía que tú cabecita no era torpe y te explicaba que lo que le pasaba era que a veces iba a otro ritmo pero que no eras ni torpe, ni tonto, ni imbécil, ni idiota, que tuvieras eso muy claro. Lo cierto es que pese a lo que nos dolía dártelos, con los fármacos te calmabas y volvías a recuperar tú estado normal y te sentías mucho mejor y luego cuando lo habías consolidado íbamos quitándolos poco a poco.  Era duro tener que darte eso por situaciones que habían provocado mayoritariamente terceras personas.

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12 comentarios to “Un niño especial (2ª parte)”

  1. Unaterapeutatemprana 11 de octubre de 2012 a 11:45 pm #

    No me cansaré nunca de ADMIRAR a los papás como vosotros. Qué suerte tiene tu pequeño. Es muy duro todo lo que cuentas, ojalá se os facilitara la vida un poquito más. Cuánto queda por hacer Dios mío…
    Un abrazo grande y muy emocionado, de verdad.

    • Laura 12 de octubre de 2012 a 9:31 am #

      Raquel, yo sinceramente, no creo que ni nosotros ni cualquiera de los papás que tienen sus nenes en el cole donde ahora vá el mayor seamos muy especiales. Es que sencillamente hemos tenido que sacar adelante lo que nos ha tocado. Es como cuando leo lo que nos cuenta Cintia o alguno de los papis que tiene en sus enlaces de papis con gemelos o trillizos, a mí me admiran y tampoco entiendo como es que pueden con todo y encima se buscan un ratito para hacer cositas y llevar un blog. También son unos grandes héroes. Pero cuando les preguntas te dicen que es lo que les ha tocado y que no conocen otra cosa, al menos los que han tenido el parto múltiple en primer lugar, así que en cierta forma lo ven como lo normal de cada día.

      Por nuestros nenes nos adaptamos a lo que sea, aunque estas adaptaciones cuestan y son dolorosas no voy a negarlo. Y como muchas veces has dicho, son ellos los que nos convierten en unas personas especiales. Normalmente hemos de hacer un borrón y cuenta nueva de todo lo que habíamos aprendido en la infancia o de los modelos que nos habían dado, la mayoría no sirven.

      Si encontramos profesionales como vosotros que nos puedan acesorar pues el camino se hace un poquito mejor. Vosotros sois los que nos tirais de las orejas cuando nos paramos y sois los que nos dais ánimos cuando nos hundimos. Sois los que os trabajais las terapias, nos dais pautas para comprender y ayudar a los peques y buscais lo que es mejor para los nenes y muchas veces buscais esas cosas fuera de vuestro horario laboral y pensais al ver algo ¡Oh! esto les podría servir a los peques para esto o lo otro. Si se tiene la suerte de al final dar con buenos profesionales, preparados, motivados y que es guste su trabajo, los papás hemos conseguido un buen aliado que nos guie y oriente y los nenes empiezan a ver que alguien al fin los entiende y que consiguen mejorar poquito a poquito.

      Esta es mi historia, pero hay muchas otras historias que no son precisamente color de rosa y muchas de ellas muchísimo peores que la mia. Reconozco que Terremoto es de los niños privilegiados que hay en su cole, es uno de los tuertos dentro del país de los ciegos y uno de los que tienen cuatro pelos cuando el resto no tiene ninguno. Pero cuando salen de allí todos pasan a ser los últimos de la fila, aquellos que si son tocados podrían contagiar a los otros niños, o que dan miedo porque la ignorancia es un cruel y peligroso monstruo que lo destruye todo.

      Gracias por pasarte guapa.

  2. Laura 12 de octubre de 2012 a 1:26 am #

    Los papás con los que trabajo me cuentan testimonios así cada día, os admiro…

    • Laura 12 de octubre de 2012 a 9:42 am #

      En ocasiones he comentado que durante mucho tiempo mi cura de humildad cuando me preguntaba porque me había tocado a mí era cuando salia a buscar al nene al cole, al primer cole que fue. A esa hora coincidía con la llegada delante de casa de un autocar de un cole con nenes (y algunos menos nenes) con síndrome de Down (pero no los leves, los que tenían una patología más severa). Entonces pensaba que no tenía ningún derecho a quejarme y que muchos de esos papás hubieran dado lo que fuera para que sus nenes estuvieran igual de bien que el mio.

      Gracias también por haber pasado y comentar. No sabes lo que ayuda mentalmente poder sentirse arropado.

  3. Conchi 12 de octubre de 2012 a 9:33 am #

    Te lo puse en el otro post y te lo repito. Te admiro, es muy duro lo que cuentas y hay que ser muy fuerte y valiente para sobrellevarlo.

    • Laura 12 de octubre de 2012 a 9:49 am #

      Hay un pequeño problema Conchi, si no nos obligamos a ser fuertes, o al menos que nos ayuden a serlo, los que cuidamos de los nenes nos desmoronamos y cuando esto pasa además de nosotros, se caen muchas más cosas y no nos podemos permitir este lujo, al menos por mucho tiempo.

      Un beso y gracias por pasarte.

  4. MisMellis 12 de octubre de 2012 a 2:36 pm #

    Creo que todavía no te he agradecido que te animaras a escribir un blog y sobretodo que te animaras a contar tú historia y sobretodo la historia de Terremoto. Suena muy duro, y solo nos queda pedir y exigir que a estos niños se les de el apoyo necesario y también a sus padres porque imagino que ha tenido que ser emocionalmente agotador para ti…
    Asique un besazo y sobretodo un enhorabuena por ser una gran madre (con defectos y virtudes como todas)

    • Laura 12 de octubre de 2012 a 7:53 pm #

      No te negaré que físicamente sea agotador, pero el dolor mayor es el emocional y mentalmente es muy agotador, muchísimo.

      Piensa que además de estos nenes también hay un montón de papás y nenes que también son unos héroes anónimos, piensa en todos los peques y las familias de los nenes con enfermedades degenerativas, con cancer, con silla de ruedas. Eso por no hablar de todos los nuevos héroes que han surgido a consecuencia de la situación de estos últimos años, aquellos que luchan por sacar adelante a su familia.

      Hoy en día hay muchos héroes anónimos, lo que ocurre es que son eso, anónimos, pero los hay.

      Gracias a tí, Mamimelli por hacer también que este blog vaya naciendo 🙂

  5. Maribel 12 de octubre de 2012 a 5:44 pm #

    Cada vez se me está haciendo más difícil leer tu historia porque no puedo evitar ponerme en tu lugar, con la imaginación claro, porque la realidad seguro que supera todo lo que yo pueda imaginar.
    Sigo insistiendo en el desastre del primer colegio y ahora sí que lo puedo comparar con lo que nos contabas del colegio de tu hijo pequeño. ¡Qué diferencia!
    Espero a seguir con la historia porque creo que todavía tienes mucho más que contarnos sobre tu hijo.
    Besos

    • Laura 12 de octubre de 2012 a 8:26 pm #

      Maribel, aquí sólo os estoy contando un esbozo de alguna cosas, hay muchas que he preferido ya ni nombrar. Ha habido ocasiones, pocas por suerte, en las que nos ha hecho colapsar los nervios a todos, imagina como tienes que estar para que ocurra esto. Ha habido épocas muy malas y otras mejores, aunque menos. Ahora por suerte estamos en una más o menos bastante buena, ojalá dure mucho. Lo cierto es que el nacimiento de Tsunami y el cambio de casa y la profe nueva del año pasado y una pastilla que le relaja un poco han ayudado mucho al nene. Pero no puedes bajar del todo la guardia, porque cuando menos te lo espera puede volver a haber problemas montados, así que siempre hay que estar vigilantes. Lo que temo es la adolescencia, pero ya me preocuparé de ella cuando llegue, de momento prefiero disfrutar de la pre-adolescencia.

      Antes de que te lo preguntes, la pastilla a la que me he referido no es de las que comentas en tu post, es una a dósis mínima pero que le da una estabilidad a la hora de saber controlar sus impulsos, el se siente mucho mejor y no va atontado ni drogado y le facilita la concentración a la hora de atender y aprender cosas. Hay personas que tienen que tomar medicina de este tipo de por vida, no se si esta será una de estas, el tiempo lo dirá.

      La diferencia de los coles es abismal. No se si todos los megacoles son iguales, espero que no. Pero sí que es posible que en mayor o menor medida puedan darse algunos de los casos que os conté, sobre todo cuando los niños no son listos o sumisos. El cole del pequeño como te dije es una cooperativa, mi pareja me dijo que en Cataluña hay algunas, no es lo más habitual pero hay más que en Mallorca. Él una vez fue a una y le gustó mucho. Con la del peque de momento estoy encantada. Aún no lleva un mes y ya nos han pedido para que el psicologo y el logopeda puedan hacerle una valorización por si tuviera algo teniendo en cuenta los problemas de su hermano. No se si donde vives hay alguna pero tal vez sería interesante que investigaras un poco este tipo de cole.

      • Maribel 12 de octubre de 2012 a 9:07 pm #

        No, Laura, eso aquí es inimaginable. Como no la monte yo…

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  1. La segunda oportunidad | De azul a verde - 26 de junio de 2013

    […] más dura de todas ha sido mi faceta como madre y los problemas de Terremoto. También os he hablado muchas veces de ello, ha sido un camino muy duro, muy complicado, en ocasiones estábamos muy perdidos, incluso hundidos […]

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