“Visita a un Spa: La Película” (Las zonas de relax)

26 Feb

Pues sí señores, en un spa te pueden comprimir contra las paredes del túnel, ahogarte y perforarte con los chorros, embutir el hígado en la columna y finalmente coger complejo de hortaliza en plano proceso de ebullición sin ebullición.

Quien nos hubiera dicho que toda la zona de activación sirviera para solidarizarse con la emigración del salmón y con las zanahorias cocidas. Pero no creáis que me desilusionó, no. La tranquilidad de ese día y el agua calentita ayudan mucho a ver con buenos ojos todos esos martirios y a desear estar unas cuantas horas más por allí torturándose en remojo. También es cierto que los chorritos encargados de relajar las piernas y los tobillos me encantaron, casi todos, que aún no los había catados en su total extensión.

Pero hay un momento en toda visita en que uno tiene que empezar a plantearse pasar a los suplicios del relax. Porque después de todos esos meneos, prospecciones petrolíferas en tus carnes y más meneos, una ya va mentalizada con que en la zona de relax también debe haber algún suplicio. Os adelantaré que por suerte, esta zona no es tan nociva para la salud como la anterior.

En mi caso, el detonante para cambiar de zona lo provocó la entrada en las instalaciones de una chica delgadita, rubia, en bata negra y zapatos tipo crocs como las enfermeras y las peluqueras y que empezó a buscar entre los clientes a alguien. Ese alguien era yo. Acababan de marcar las cinco en el reloj y era la hora en la que me tocaba el masaje que tan buenamente mi churri había incluido en el lote. El vale ponía “un masaje corporal de una hora”. Yo suspiraba por eso desde el primer segundo en que mis ojos se posaron en esas palabras. Luego resulta que a la hora de la verdad no es de una hora, porque entre que te tienes que quitar el bañador y ponerte una especie de tanga desechable mono talla (dicho sea de paso para nada era mi talla y aún no entiendo como es que no lo reventé o no se me incrustó en mis múltiples michelines caderiles) y luego quitarte la susodicha mini braguita desechable y volver a enfundarte un bañador mojado (en mi caso bikini), pues siempre se te va tranquilamente unos veinte o treinta minutos. No es que una no sepa vestirse y desvestirse en poco tiempo, que de eso tengo licenciatura con prácticas incluidas desde que soy madre trabajadora que pa que. En este caso fue porqué la chica hará que las licenciaturas no importen, porque te explicará cositas, saldrá fuera y se hará un rato la despistada, luego volverá a prepararte y ponerte tres veces bien puesta la toalla sobre tus glúteos máximus y esos ansiados minutos por los que uno suspira pues… siempre es menos. Vamos, que según mi entender, si uno paga por sesenta minutos de amasado en los que te presentas voluntario para que te pasen el rodillo y te trabajen como una pasta de pizza, pues una quiere esos sesenta minutos se inviertan en trabajar mi masa muscular, que para fermentarla tengo mucho tiempo suelto al día. En este caso y hablando ahora en serio, este masaje me desilusionó un poco. Alguna vez por motivos médicos he recibido algunos masajes y aunque sólo fueran localizados, fueron más agradables y relajantes. También ahora estoy haciendo unas clases de gimnasia, danza y relajamiento y solemos acabar la clase dándonos unos sencillos masajes entre nosotras. Tengo que decir muy a mi pesar que el que me dieron ese día ha sido de los menos placenteros que me han dado nunca. No estuvo mal, pero me decepcionó muchísimo. Eso sí, la habitación y el ambientito de velitas que tenía la chica montado allí en plan estética zen lo sitúan en el estéticamente más chulo de todos. En fin, una auténtica decepción, pero al menos lo probamos.

Pese a que no había cumplido mis expectativas, es cierto que salí de allí algo más relajadita que cuando entre. Aún no tenía muy claro como seguir, así que me metí un ratito en la piscina en los chorritos tobilleros que tanto me entusiasmaron mientras decidía como montarme la siguiente fase.  Esta tenía menos áreas, la sauna, las tres duchas, los chorritos de las pantorrillas, el cubo de hielo y la sauna turca. Decidí empezar por la sauna normal, ya que cuando una era veinteañera fui unas cuantas veces a tomar una y me gustó mucho. No sé si será el tiempo pasado o qué, pero esta vez no disfruté tanto. Recuerdo que en esos entonces cuando salía de una me sentía como si flotara, era como si de golpe a base de sudar me hubiera convertido en una Ícaro pero con mejores resultados. Esta vez casi me asfixio y me maree un poco. También es cierto que las pocas saunas que había tomado podías echar algo de agua sobre las brasas y como el agua estaba aromatizada te despejaban mucho los pulmones. Esta vez estuve buscando por todo donde estaba esta escobilla y este cuenco y no lo localicé por ningún sitio, así que antes de que me diera un jamacuco allí dentro hasta que alguien me encontrara medio inconsciente decidí que esa área era mejor auto restringirla. Así que poco puedo comentar de la sauna normal, sólo que había gente que parecía que no le afectaba tanto y se estaban un buen rato. A mí personalmente me achicharró como si fuera un pollo al ast pero sin voltear y  no me dio ni tiempo de empezar a sudar, pero mejor cuidarse la salud que lamentarlo luego. Resulta curioso que al final acabara relacionando todas las zonas con diferentes circunstancias culinarias… me sentí rematadamente muy maruja, que triste.

La otra área es la que yo llamo las tres duchas. No se si alguien se acuerda de la peli de Demolition Man en la que un desubicado Sylvester Stallone le pide a la futurista policía Sandra Bullock donde está el papel higiénico en el baño y para qué sirven las tres conchas que hay allí. Pues a mí me pasó algo parecido con las tres duchas empotradas allí en medio, sólo que en la mampara de cada una de ellas había una pequeña pista. La primera de ellas tenía dibujado algo así parecido a unas hojas de eucaliptos y un símbolo que recordaba más a algo calentito. Entré en ella y evidentemente es de ese tipo de duchas en los que te salen chorros por todas partes y depende del momento van variando, de hecho las tres eran de este tipo. En ocasiones te salen por los laterales, luego por arriba, luego por abajo luego combinando… La primera la del eucalipto en la mampara me encantó. Era un agua de temperatura calentita a templada que variaba sutilmente, salía por todos los sitios y el agua estaba aromatizada con plantas, una gozada vamos. La segunda me habían dicho que era una ducha escocesa y tenía el símbolo de calor y frío en la mampara. Entré en ella y descubrí que cuando yo vivía en mi antiguo piso y tenía el termo del agua algo jodido y me pasaba de agua fría a agua que quema y de esta a fría era que yo sin saberlo tenía una ducha escocesa en casa y gratis. Quien me lo iba a decir. Pues no estaba mal, pero es que a mí lo frío no me relaja precisamente y me recordaba demasiado a la cutre ducha del termo escacharrado. Es cierto que la repetí algunas veces, imagino que por eso de la nostalgia y tal, pero me quedo indiscutiblemente con la aromática. La siguiente como que pasé bastante de ella. En la mampara tenía única y exclusivamente dibujado un esquema básico de un copo de nieve. Eso no me animó precisamente a entrar, así que me la perdí.

Sé que ahora me tratareis de turulata, pero lo cierto es que decliné entrar en la ducha fría pero luego me fui derechita al cuenco de hielo. Que queréis que os diga. Mi menda no aguanta las duchas frías pero me encanta frotarme con hielo. Soy un caso aparte. Lo sé. Ya lo decía mi madre que conmigo se rompió el molde.  El cuenco de hielo es eso, un cuenco en el que van cayendo trocitos de hielo. Coger trocitos y pasarlos por las pantorrillas y la cara es algo que me chifla, sobre todo en invierno. En verano no lo aguanto, pero en invierno es una gozada.

Al lado del cubo de hielo, había un rinconcito con un paseo en forma de U sobre unas piedras redondeadas blancas con unos chorritos de agua que te apuntaban a las pantorrillas y los tobillos. Teniendo en cuenta que una de las atracciones más placenteras habían sido los chorros de agua en esa zona entré toda decidida dentro sin pensármelo dos veces. La “atracción” te indicaba claramente en la entrada que debía hacerse descalzo, pero eso de andar sobre guijarros gordos, por muy redondeados que sean ya no va mucho conmigo. Quien me lo hubiera dicho yo que de pequeña andaba sobre la gravilla del jardín como quien anda sobre una mullida alfombra de césped. Además de la dificultad de avanzar, porque salvo que te rajes al primer paso tienes que seguir o retroceder, que viene a ser lo mismo, tienes el inconveniente de los chorritos. En este caso no eran agresivos ni nada de ello, pero pasaban rápidamente de tibios a helado y a mí esos cambios me dejan muy mal cuerpo. Ya sé que eso es muy sano y activa la circulación sanguínea y muchas cosas, pero señores, a mí eso no me relaja para nada. Comprobado el suplicio tipo penitencia de Semana Santa del camino de guijarros, opté por excluirlo y volver a mi duchita aromática.

Lo último que me quedaba era la sauna turca. Había visto varias personas que entraban en ella y cuando alguien abría la puerta una columna de humo que bien seguro se hubiera podido cortar con cuchillo y tenedor salía de su interior manteniendo la misma forma rectangular que el marco de la puerta. Abrí. Aquello estaba muy denso. Entré. Seguía muy denso. No se veía muy bien el fondo y no era demasiado fondo. En ese momento no pensé en comida. En ese momento pensé en el Londres del XIX y un tal Jack el destripador. Por suerte no había nadie más allí dentro.  Me paseé un poco y lo inspeccioné un poco. El ambiente era más llevadero que la sauna anterior. Es cierto que había mucho vapor pero estaba aromatizado y está visto que a mí los aromatizados me atraen. Elegí un banco y puse la toalla, porque aquello estaba muy caliente y me quedé un ratito. La sauna turca tiene dos defectos. Uno: cuando entras sola es muy aburrido, es uno de esos sitios en los que debe ser más chulo entrar acompañado o en grupo. Dos: el vapor condensa en el techo, que tenía forma abovedada, y claro, de tanto en tanto hay goteras. Gotitas que caen en plan plof, plof, plof y cuyas gotitas que plofotean están calentísimas. Así que cuando de tanto en tanto te pillaba una de ellas te dabas una socarrada como la tortura malaya recalentada.

Me pasé luego bastante tiempo yendo a los sitios que me habían gustado más y de tanto en tanto volvía a la sauna turca. Fue todo un descubrimiento y acabé dejándolo porque se acercaba las ocho de la noche y quería ir a casa para la cena de Tsunami. Cuando salí de la sauna turca la última vez dejé dentro a dos señoras mayores francesas que estaban charlando dicharacheramente y aproveché para desoxidar mi franchute un poco escuchándolas. Cuando fui hacia la entrada del vestuario descubrí una cosita que no me había percatado cuando entre, jeje. Una duchita al lado de la puerta con un letrero que ponía que había de ducharse antes de entrar en los spa. Pues lo siento señores del spa, pero mi menda no cumplió con el requisito de entrada, aunque no fue adrede, fue mi tercera novatada y yo sin saber que había hecho una tercera novatada.

Me orienté bien en la zona de vestuarios y pude localizar mi taquilla. Recuperé mis cosas. Me duché y vestí. Luego fui a secarme el pelo porque en pleno diciembre a las ocho de la noche hace un frío que pela en la calle. Supongo que cuando uno se porta mal recibe su castigo, y mi castigo fue el secador de pelo. Evidentemente en ese sitio había uno, pero estaba escacharrado. Así que como una es maruja y tiene recursos para todo, me las apañé como bien pude para secarme el pelo con el secador de manos, al menos no salir como un caniche en remojo. Y así fue como esta que os escribe salió del edificio. La cámara dejó de filmar, las luces se apagaron en un fundido en negro…

… Como en una película de blanco y negro, una figura se aleja despacio por la calle. Porta dos mochilas, la que suele llevar cada día y otra roja. Al final de la calle hay un bar del que puede oírse  un piano que interpreta “As time goes by”. La mujer de las dos mochilas tiene el pelo algo mojado y una sonrisa en los labios. Se siente feliz y muy limpia. Algo arrugada como las pasas, con la sensación de haber burlado a Jack el destripador, de haberse solidarizado con las verduras y los pollos, de haber descubierto el placer del agua y los aromas. Pero sobre todo, sobre todo, con muchas ganas de llevarse un día a su churri a uno de esos paraísos termales. Que ya se sabe, la tortura en compañía, siempre es menos tortura.

The End.

ducha-con-vapor

Anuncios

5 comentarios to ““Visita a un Spa: La Película” (Las zonas de relax)”

  1. ¡Mama qué sabe! 26 de febrero de 2014 a 10:48 pm #

    Lo que me he reído! Eres única detallando todo… me pregunto si llevas boli o lo grabas como detective, jajaja. Deben de ser todos iguales porque me parecía la misma película que vi yo 😉 aunque aquí había zumo natural en algún momento que no recuerdo muy bien… Si algún día tenemos la oportunidad, nos vamos juntas!♥

    • Laura 26 de febrero de 2014 a 11:47 pm #

      Pues no Devora. Tinta con agua no va muy bien, papel con agua tampoco, grabadora con agua como que tampoco y mi bikini tiene poca tela como para bordar notitas allí. Una tiene memoria para estas cosas, que quieres, luego no me acuerdo de lo que cené anoche, pero me acuerdo de otras.
      Hummm…. creo que la masajista no pensó en el zumo natural, pero hubiera sido un puntazo, quizás así le hubiera subido la nota.
      Jajajaja, si algún día tenemos oportunidad y es principios de vacaciones, enfrascamos los peques a los papis y montamos una convención de blogueras en un spa, seguro que se apuntan un montón de amigas, jajaja.

  2. zalman5k 27 de febrero de 2014 a 5:02 am #

    Hola!
    Te invito a leer esta entrada de mi blog:
    http://zalman5k.wordpress.com/2014/02/26/hoy-quiero-ser/
    un abrazo!
    Zalman

  3. Mo 27 de febrero de 2014 a 11:43 am #

    Jajajajaja! Misión cumplida con éxito rotundo!
    Demolition Man, cómo me reí con esa peli…
    Qué lástima lo del masaje…a mí me pirran. No es que me hayan dado muchos, pero todos me han gustado. Sobre todo uno que fue regalo de mis amigas y era con chocolate…brutal!
    Lo del hielo en invierno no te lo compro para nada! En otra vida debías ser de Laponia o por ahí…:)
    Muas!

    • Laura 27 de febrero de 2014 a 8:26 pm #

      No, si a mí también me pirran los masajes, snif, snif. Pero lo de un masaje con chocolate guauuuu. Yo me como el cuenco, la bañera y todo el chocolate. Así no me extrañaría que el mini-tanga de turno saldría despedido. Un año de estos tengo que provar lo de embadurnarme como una mona de pascua. Le pediré luego al churri que si quiere puede comerme, jajajajaja.
      Pues sí, lo del hielo es una cosa algo rara. Sólo me gusta en ciertos sitios y en invierno, en verano no lo aguanto tan bien. Me gusta mucho pasarlo por la cara, no se porque. Tampoco lo hago muy a menudo porque tiene que ser por la mañana y por la mañana suelo ir con el turbo puesto… cielos, me está entrando morriña de hielo facial. Debe ser que tengo algo de morsa o de reencarnación lapona y yo sin saberlo.
      Besos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Cocina sana con Ernest Subirana

Blog de cocina donde encontraréis recetas y recomendaciones para una vida saludable

Circus day

De azul a verde

El rincón de Mixka

Bimadre, pero eterna primeriza, trabajadora, estudiante de educación infantil. Formándome como asesora de lactancia. ¿Me acompañas?

Diario de Algo Especial

Día a día de las Genovevas

CUESTIÓN DE MADRES

El blog de las madres, para las madres. ¡La maternidad compartida!

Mi vida desde hoy

De azul a verde

Chetelocucinoafare!

Pappa per tutti

A sangre y hierro

"Hasta en una declaración de guerra deben observarse las reglas de urbanidad." Otto von Bismarck

Mi cocina para ti

De azul a verde

Decoesfera

De azul a verde

DecoraDecora

De azul a verde

x4duros.com

De azul a verde

webos fritos

Las recetas que siempre salen. Con las mejores fotografías.

Mis OvoMellizos

De azul a verde

Maternidad halal

De azul a verde

Mi mamá me mima

De azul a verde

Educando a cuatro

De azul a verde

Una terapeuta temprana

De azul a verde

B aprende en casa

De azul a verde

trestrillistigres +2

De azul a verde

Para mi peque con amor

De azul a verde

A %d blogueros les gusta esto: