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Un premio para este blog que tanto quiero. Monstruos en la cocina me envía mi cuarto premio.

1 Abr

Bueno, sigo poniéndome al día con las cosas atrasadas que tengo para contaros y este en concreto lo tengo muy atrasado, sorry, sorry, sorry. Como veis en el título estamos de fiesta, hace unos fines de semana Merce, me dejó de regalito mi cuarto premio y nada más y nada menos que al mejor bloggggg chacháaaannnn. Me encanta pensar que alguien piensa que este blog de madre – maruja –superviviente, con sus peques y mi pareja y mi ex y las batallitas familiares puede considerarse un mejor blog. Esto levanta los ánimos y la autoestima a cualquiera. Hay que matizar no obstante que el blog es el más chulo de menos de 200… y ¿eso qué es? Pues un premio dado a los blogs con menos de 200 seguidores. Realmente si esa es la única condición que debo cumplir, este es vuestro blog, porque de aquí a que llegue, no a doscientos, a veinticinco, va a tener que pasar mucho pero que mucho tiempo, jajaja.

Como no conozco demasiado a la bloguera que me ha nominado, he entrado un poco a hurtadillas por la puerta trasera y he hecho unas cuantas averiguaciones. He quedado sorprendida, porque no sé si os ha pasado alguna vez a vosotros, pero… ¿nunca habéis empezado a leer algo de alguien a quien no conocéis y empezáis a encontraros un montón de similitudes?, ¿no?, pues es lo que me ha pasado cuando me he puesto a hacer de espía. Así que si me permitís, paso a presentaros a Merce.  Resulta que las dos vivimos en una isla bañada por el Mediterráneo y que se llama Mallorca. Tiene un blog de cocina con un título muy sugerente, Monstruos en la cocina. Los monstruos no son sus hijos, como me ocurre a mí, pero estoy segura que sí Terremoto o Tsunami ven las fotos de sus entradas se pueden convertir en unos asiduos seguidores, fervientes admiradores y empezar a indicarme recetas con buena pinta en plan indirecta hacia mamá. Desde luego, si tiene algún monstruito amaestrado como los duendes del zapatero que le hace estos postres, ya puede decirme donde pillar uno.

Pues sí, como habréis adivinado, el blog de Merce es sobre todo de repostería, una disciplina culinaria que me encanta y no se me da del todo mal pero que no me conviene demasiado porque tengo el defecto de que suelo comérmela luego. Os he comentado que tenemos diversas cosas en común, a ambas nos encantan los gatos, aunque ahora mismo no tengo ninguno de pequeña tuve muchos y a Tsunami no le importaría llenarme la casa con ellos. También nos gusta viajar, aunque ahora tampoco lo hago, snif, snif, con niños y crisis es difícil. Nos gustan los paisajes, jeje de estos aún veo alguno, ufff ya me siento mejor, además con los lugares tan variados y hermosos que hay en nuestra islita y tan cerca unos de otros, el ver paisajes variados es una gozada. En menos de una hora puedes pasar por campos de trigo hasta montaña y luego playa. Otro tema en común es el cinéfilo, nos gusta el cine, antes de tener a Tsunami los fines de semana que Terremoto estaba con su papá podíamos ir a ver alguna peli, actualmente nuestras salidas se reducen sólo a pelis de dibujos, si exceptuamos la de El Hobbit porque mi ex nos hizo de canguro. Otra cosa que también nos gusta mucho a los dos es leer cómics y novela fantástica, ayyyy… que queréis que os diga, la lectura y yo forman una perfecta pareja, salvo por la introducción en la ecuación de la variante ama de casa y madre, eso ha hecho que mi índice de lectura nunca haya vuelto a gozar de los niveles de soltera, pero es un placer al cual no pienso renunciar, aunque sea muy poquito el tiempo que puedo dedicarle y un libro me dure décadaaaaassss. Un nuevo punto en común es la inquietud por conocer todo lo que nos ha precedido, es decir, la historia. Evidentemente, supongo que si no me gustara no lo habría estudiado nunca, por si alguien no lo sabía hace muchos, mucho, muchos años cuando una era joven y lozana me licencié en Historia. Finalmente y aunque parezca mentira, aún hay otra cosa con la que coincidimos bastante, Merce es hija de pastelero, y yo nieta de galletero. Creo que si me lo hubiera propuesto no hubiera encontrado nunca nadie con tantos puntos en común.

El blog de Merce es pues muy dulce en todos los sentidos. Especializado en rectas de repostería, las que estéis a dieta mejor no miréis las fotos y os limitéis a apuntar la receta para los privilegiados de la casa que no preparen operación bikini. Por suerte el blog no exigía que se hiciera una penitencia, pero luego he visto en otro sitio que pedían de penitencia contar siete cosas, de todas formas con todo lo que hemos comentado de ambas creo que estaría muy completa la penitencia si la hubiera. El único problema de este premio es que hay que pasarlo a nada menos que veinte blogs de menos de 200 seguidores… O-O de donde saco yo veinte blogs…

http://chetelocucinoafare.wordpress.com/ porque también es un blog chulo de gastronomía, aunque confieso que me tengo que enterar muchas veces acudiendo a mi churi y al traductor del goggle, mi italiano no llega ni a macarrónico

http://mamaquesabe.com/ porque Devora y su familia son requetechulos y me tira cada piropo que el día menos pensado le pido para salir

http://merengazayotrosdulces.blogspot.com.es/ porque sabe tomarse la vida con un estilo tan particular y es tan maja contándonos sus aventuras y las de su infancia que se merece este premio y más

http://miespacioparaernesto.blogspot.com.es/ para un peque resalao y su futuro hermanito, jejeje, dentro de poco tendrá que ser mi espacio para Ernesto y Darío, que también le queda poco para salir de la barriguita de Montse

http://repolleteyprincesita.blogspot.com.es/ como se iba a quedar sin nominación una mamá que parió con supermelena rosa chicle y tuvo una parejita tan simpática como repollete y princesita, sería imperdonable

http://maternidadhalal.blogspot.com.es/ para ver si la mamá de pimpollo se anima un poco que la veo un poco paradita últimamente, imagino que debe estar arrobada con su pequeñín

http://yasmin-mimamamemima.blogspot.com.es/ otra mamá que repetirá experiencia dentro de poco, si me despisto un poco ya lo tendremos con nosotros

http://unaterapeutatemprana.blogspot.com.es/ quizás la que más sabe de niños aunque aún no se haya estrenado en el arte de la maternidad, además, su medio limón me debe una tortilla con boina, que no es moco de pavo

http://baprendeencasa.blogspot.com.es/ para la comentarista más dicharachera y prolífica de mi blog y la única a la que he saludado a través de la luna

http://jirafala.blogspot.com.es/ desde el primer día que entré en su blog, me quedé maravillada de los dioramas de juguetes que le monta a su pequeña jirafita y de las cosas que hacen juntos, es desde luego una mamá superenrollada y con mucha imaginación e improvisación, eso me gusta.

http://trestrillistigres.blogspot.com.es/ sé que a Cintia no le gusta eso de hacer penitencias y tal, pero como este me ha llegado sin y últimamente ha puesto un blog tan chulo y tan fucsia que seguro lucirá de perlas. Además, como me iba a olvidar de mi querida Cintia

http://mividadesdehoy.blogspot.com.es/ para la bloguera que vino del frio. Netzi es una chica con muchos sueños y creo que cuando sus sueños se hagan realidad seguirá teniendo muchos más.

http://padrestresado.blogspot.com.es/ he dejado este blog para el final, porque sinceramente, si alguien se merece un premio pero de los gordos, gordos, es este papá. Amante de su familia hasta lo más profundo de su médula y que ahora está por tierras danesas intentando empezar allí un futuro para sus nenes y su chica. Hay muchos blogs a los que se les pueda decir que son los mejores, pero este padre desde luego es de los mejores de los mejores. Mucha suerte padre estresado.

Como veis me faltan blogs, así que como la otra vez, dejaré el premio al lado y si a alguien le hace mucha ilusión ya sabe que debe hacer, descolgarlo, comentarlo y disfrutarlo. Hasta pronto y gracias por aguantar tanto escrito.best-blog

El día del hermano

8 Mar

No, no me he equivocado al teclear, lo he puesto como toca, tampoco me he vuelto majara ni es que no sepa leer bien, ya sé que hoy es el día de la mujer, pero quería reivindicar un día que ha pasado hace poco y que por motivos de salud no hemos podido celebrar.

Terremoto siempre ha querido tener un hermano, de hecho sé que le hubiera gustado tener un hermano mayor que le guiara, aconsejara y ayudara. Cuando era pequeño un día paró a una mamá con un cochecito gemelar justo delante de casa. Se le acercó, pidió por favor que se moviera un poco la mamá. Cogió el manillar y giró el carro hacia la entrada para subirse a los gemelos a casa. La mamá recuperó a sus retoños y nos aconsejó que le buscáramos un hermanito, lo que no sabía es que el papá de Terremoto y yo ya estábamos separados y sólo nos acompañaba a casa pero no se quedaría allí.

Terremoto ha vivido todo el embarazo de Tsunami con muchísima ilusión. Se preparó mucho para la llegada de su hermanito y el día en que nació vino a verlo todo emocionado con un paquetito con unos regalitos para su hermano que tenía guardados en casa de su padre desde hacía unas semanas. Otra cosa que también caracteriza mucho a mi hijo es que le encanta celebrar cosas y si dentro de la celebración se pueden incluir regalos, tiras de banderas, comida y tarta mejor que mejor. Realmente creo que si no encontrara trabajo de cocinero o jardinero, que son dos de las cosas que más le gustan, la de organizador de fiestas en chiqui-parques sería una buena opción a tener en cuenta.

Hará cosa de un mes, Terremoto me entra en la cocina y me pregunta de sopetón:

Terremoto – ¿mamá, cuándo es el día del hermano?

Yo me quedé de cuadros, paro lo que cortaba, levanto la cabeza y me lo quedo mirando pensativa.

Yo  – ¿El día del hermano? Pues no te sabría decir, no tengo ni idea de que exista ese día

Terremoto – ¿y por qué? no, hay el día del padre, el de la madre, el día del maestro, el del trabajo, hay días para todo, ¿porque no puede haber un día del hermano con lo importante que somos para nuestros hermanos pequeños? Si no lo hay lo tendríamos que inventar. ¿Buscamos en el ordenador si existe el día del hermano?

Pues tengo que reconocer que el niño lleva razón en ello. Así que cuando hubimos acabado con las tareas de la cocina nos fuimos a visitar al señor Goggle Gran Invento y buscamos si en el mundo mundial se le había ocurrido a alguien poner un día del hermano. Encontré una web que entre otras muchas cosas hacía referencia a este día en una interminable lista de días de… las cosas más inverosímiles que una se haya planteado…por ejemplo: el 13 de febrero es el día del kinesiólogo; 21 de mayo día del ahijado; 26 de mayo día del visitador médico;  26 de octubre día de la suegra; segundo domingo de noviembre día de la abuela (el abuelo es el tercer domingo de agosto para quienes quieran saberlo, pero curiosamente  no aparece, ni  la ahijada ni el suegro), alucinante. Pues entre la celebración de los días más normalitos aparecía el día del hermano con fecha para el 4 de marzo. Creo que para algunas cosas debía basarse en celebraciones tradicionales anglosajonas porque en mi país el día del padre ha sido siempre el 19 de marzo y aquí ponía el tercer domingo de junio y el día de la madre yo siempre lo he celebrado el primer domingo de mayo y aquí aparecía como el tercer domingo de octubre.

Terremoto me preguntó si ese día podríamos hacer una fiesta. Como era el lunes siguiente al puente que formaba parte del final de la autopista escolar de la que os he hablado en el anterior post, y ese día estaba con mi pareja, me pidió para montar entre los dos una fiesta para él y su hermanito. Lo primero que le dijo a mi pareja fue si podían salir esa mañana a comprar banderas y regalos, además de pasar toda la mañana haciendo comida y una tarta de queso con frutas y…

Al pobre tuvimos que pararle los pies, porque ya os comenté que no solemos celebrar los enamorados porque considero que como lo montan muchas veces parece más el día del comercio que no el día del amor. Así que yo soy de las que prefiere no animar a mis nenes a entrar en una vorágine comercial donde felicidad sea igual a montón de compras. Le dijimos que con un regalito mejor, y algo para comer y que no había problemas en que ese día hiciera una tarta con el papi de Tsunami por la mañana, pero nada más. Además, ya tenemos tiras de banderas por casa, y de trenes también y no quiero más tiras de momento que vamos a parecer un carrusel de feria a este paso.

Ese día por desgracia, Terremoto estaba malito. Le habían dado un antibiótico para las anginas y el antibiótico le daba diarrea a lo bestia si tomaba lácteos y verduras, así que durante todos los días del tratamiento había tenido que estar a dieta para que el cuerpo pudiera asimilar bien la medicina. Como comprenderéis el pobre se quedó un poco decepcionado cuando me dice:

-Hoy no estoy muy bien y no puedo comer tarta… ¿qué hacemos con lo del día del hermano?

Cuando vi su carita de decepción le dije que aunque en internet dijeran que el 4 de marzo era el día del hermano, ellos lo son cada día. Así que no veía mal esperar a que se encontraran recuperados y el primer fin de semana que estuvieran los dos en casa lo celebraríamos, o sea, la semana que viene.

Terremoto dijo que sí, que era mejor así y no pasaba nada por posponerlo unos días. Por lo que supongo que la semana que viene cumpliremos con nuestros planes. Terremoto quiere comprarle un detallito a su hermano, le he dicho que algo no tan ostentoso como para un cumpleaños ya que es una fiesta más de hermanitos. Le he sugerido que fuera algo con lo que pudieran jugar los dos y compartir, que prohibido pelearse por ello. También haremos entre todos una comidita especial, que tiene muchos números de ser algún plato de comida italiana que le encanta a cierto gato vago, dorado y panzón llamado Garfield. También haremos una tarta con su colaboración y podrá decidir cuál.

Puede que un día de estos os cuente como fue al final nuestro día del hermano con retraso. Hoy me apetecía comunicaros esta anécdota, porque en el fondo Terremoto tiene razón. Hay que ver la suerte que tienen mis niños de ser hermanos y esto bien se merece una celebración.

hermanos

Instinto maternal, déjà vu y autopista escolar

7 Mar

“Déjà vu (/deʒa vy/, en francés ‘ya visto’) o paramnesia es la experiencia de sentir que se ha sido testigo o se ha experimentado previamente una situación” (definición extraída de la wiquipedia)

 

Es un recuerdo en sepia, una niña de uniforme con jersey oscuro y falda a cuadros llega a su casa. Se siente cansada, tiene los ojos brillantes, le duele la cabeza, el cuello y siente como si la hubieran apaleado. Sube las escaleras de casa. Abre la puerta. Cuando entra su voz ya no es tan jovial como siempre, entonces su madre asoma la cabeza, la mira y le dice “nena, tú estas enferma, venga ponte el termómetro y luego vamos al médico”.

Este relato resume brevemente lo que es el instinto maternal. Personalmente creo que es algo que se va adquiriendo con los años. No creo que sea innato, es más bien un aprendizaje de observación y salidas intempestivas hacia urgencias. Salvo que una haya sido hermana mayor de muchos hermanitos menores y tenga experiencia en ello, normalmente ese don no suele aparecer hasta pasado un tiempo prudencial después de tu primer parto.

El recuerdo se difumina y esa niña de uniforme ya ha sido madre, dos veces para ser exacto. Esa niña soy yo y todos los que soléis pasaros por este blog ya conocéis un poco mi vida.

El fin de semana pasado tuvimos días de puente escolar en casa. Bueno, sinceramente, más que puente escolar eso fue algo así como la autopista esa que une los cayos de Florida. El uno de marzo era el día de las Islas Baleares, fiesta que en su momento se inventó el Govern Balear para responder al Consell Insular que había decidido que el 12 de septiembre sería el día de Mallorca en uno de esos momentos en los cuales los grupos políticos de ambas entidades eran diferentes. Como el Govern manda más, la fiesta del uno de marzo es fiesta fiesta, la disfrutamos todos, papás y nenes. La de septiembre pues se tiene que ir a trabajar pero se compensa haciendo alguna cosita para festejarlo por las calles.

Añadamos a este paradigma político patriotil que el día 28 de febrero es el día de las escuelas unificadas. Que el nombrecito está muy bien pero yo aún no tengo muy claro que es eso del día de las escuelas unificadas. Porque señores, para lo único que se unifican las escuelas ese día es para que todas estén cerradas y ninguna tenga clase, casualmente el día antes del uno de marzo, mira por donde. Que decir que si por esas el año fuera bisiesto ese bisiesto seguro que es puente en absolutamente todos los coles del orbe estudiantil balear. Bien. Hasta aquí llega el puente. Es un puente generoso porque este año el día uno ha coincidido en viernes, así que los coles no se pueden quejar. Cuatro días seguidos, cuando la mayoría de los padres no disponemos más que tres de ellos, véase viernes, sábado y domingo.

Entonces ¿de donde me saco yo eso de la autopista? Pues sencillamente, que los coles tienen la potestad de además de su día de la escuela unificada; las fiestas de guardar que disponemos todos (faltaría plus);  los días extras de fiestas de Navidad;  la semana que se han inventado para acabar de montar, en nuestro caso después, algunas comunidades lo hacen antes, de los días de Pascua; y las hermosas vacaciones estivales que cualquier familia decente con dos progenitores que curren y sin coincidir nunca son incapaces de cubrir del todo salvo que recurran a abuelos, campamentos o a este paso yo propondría cooperativas de padres o nos montamos una comuna hippie entre todos…. Pues bien. Además de todo ellos los coles tienen la potestad de elegir dos días al año para hacer el puente, acueducto o autopista que más deseen y esos coles en ocasiones te lo comunican a principios de curso (cosa que se agradece muchísimo) y en muchas más ocasiones te lo comunican sobre la marcha y pocos días antes (cosa que no suele agradecerse tanto).

Pues bien señores, como era de esperar y el tal Murphy ya os he comentado que es muy amiguito de esta familia, el cole de Tsunami se pilló el miércoles (día antes de todo el puente) y el cole de Terremoto se pilló el lunes (día después de todo el puente) y nosotros en casa nos quedamos con los ojos como platos y las neuronas echando humo para ver como solucionábamos este brete infantil.

Supongo que más de uno se estará preguntando que tiene que ver toda esta parrafada con el título y el principio del post. No os impacientéis que ahora mismo entramos en ello. Antes os diré que al final el marrón de todo el embolado se lo ha comido mi pareja, que como trabaja desde casa se lo ha montado para hacer sólo las salidas estos días por la tarde y por la mañana tenía a los nenes jugando y con más disposición de tele que la que tienen habitualmente. Así que el miércoles y jueves fue salir del trabajo e ir a toda leche a casa a descongestionar un poco al pobre. El viernes nos montamos un día en family y el sábado papá de Terremoto, supongo que para compensar un poco el cansancio de mi querido “soldado de guardia” me pidió para tener todo el día a Terremoto y que se quedara a dormir en su casa. Ese mismo sábado hacía un día casi primaveral, con una temperatura estupenda y nada de viento, ideal para pasear. Mi pareja me propuso ir a ver una muestra de exposición de alimentación y artesanía que suelen hacer cada año en el paseo marítimo y a la que siempre acudimos. Yo tenía bastantes cosas de casa atrasadas que pedían a gritos mi atención, ya que no es lo mismo hacer las cosas cuando llegas del trabajo con los niños que hacerlas en poco tiempo pero sin niños. Al final yo decido quedarme en casa para controlar lavadoras, ropa, polvo y comidas y así el domingo estar juntos y que mi pareja pudiera descansar para cubrirnos de nuevo el lunes.

Es sábado por la tarde, y está empezando a ponerse el sol. Una mamá está en casa esperando a su pequeño y su padre. Acaba de cerrar las persianas de las habitaciones y está empezando a preparar algo para cenar. Entonces un pequeño dedito toca el timbre, tres veces, como los añitos que tiene. La mamá siempre dice “¿quien es?” y el papá abre entonces la puerta. La mamá asoma la cabeza por la puerta de la cocina y lo primero que dice es “este niño está enfermo, ¿se ha quejado de algo?” Papá queda sorprendido, casi descuadrado. Al niño no le pasa nada. La madre se acerca pone la mano en la frente y le dice “el niño tiene fiebre, llévalo a urgencias” El padre le responde que el niño debe estar acalorado porque acaban de llegar y se han hecho el recorrido a pie. Así que el padre se quita la cazadora y la cuelga y entra en la sala para abrir la tele. La madre sabe que eso no es calor de caminar y que esos ojitos no son los de cada día, tienen un brillo especial, si, pero no el de cada día. Esa carita tampoco es la carita radiante de cada día y un instinto labrado a base de termómetro y jarabes le dice que hay que llevarlo enseguida a urgencias, que si no lo hace o bien los joderá la cena o bien les joderá la noche. La madre entra en la sala y habla con el padre insistiendo que el peque no tiene buena cara, no entiende como su pareja no lo ve. Entonces le pone el termómetro y zas 38’5 de fiebre. Papá insiste en que es por el sofoco del paseo. Mamá pone su mirada inquisitiva. Papá le dice que si se pone mal por la noche ya se lo llevará él a urgencias. La madre los deja en el salón y entra en la cocina.

Al cabo de media hora cuando va ha empezar a preparar ya más en serio la cena, entra de nuevo en la sala y ve al cachorrito espatarrado en el sofá con cara de trance. Llama al papá y esta vez sí que se pone más firme y los manda sí o sí hacia urgencias. El cachorrito tenía anginas. Al final se jodió bastante la cena y pasamos mala noche, pero no tuvimos que ir a la una al médico.

Es domingo por la mañana. La familia ha amanecido algo ojerosa en general, no ha sido buena noche. El peque ha estado bastante mal y han tenido que levantarse en varias ocasiones, demasiadas, pero la noche ha acabado y todos vamos aterrizando en esta rutina dominical. Al cabo de un rato la madre llama al ex para saber cuando le traerá al mayor. Oye de fondo por el teléfono la voz del niño y una tos muy sospechosa. Le dice a su ex que el niño está enfermo y antes de ir a casa que se pase por el médico. El padre de la criatura le contesta que el niño esta bien y se lo trae en unos minutos.

La mujer está en la cocina. El timbre suena. El hermano pequeño corre a abrir, porque se ha despertado un poco mejor y lo de abrir la puerta es algo que él mismo se auto proclama como tarea particular de Tsunami. La mamá asoma la cabeza por la cocina y ve entrar a Terremoto. La madre piensa que está teniendo un déjà vu cuando se oye a ella misma decir “este niño está enfermo, ¿se ha quejado de algo?” El papá de Terremoto queda sorprendido, casi descuadrado. Al niño no le pasa nada. La madre se acerca pone la mano en la frente y le dice “el niño tiene fiebre, llévalo a urgencias” El padre le responde que ayer estuvieron en la misma muestra a la que acudieron su pareja y Tsunami. Pero que cuando se puso el sol, en vez de ir hacia casa aprovecharon que estaban con unos amigos y comieron en los tenderetes y entonces refrescó pero que el niño sólo está un poco acatarrado de la serena fresca de la noche. Así que el padre se dispone a quitarse la cazadora y colgarla para entra en la sala y ver a Tsunami que ya ha entrado a ver la tele. La madre sabe que eso no es un constipado, que es algo más y que esos ojitos no son los de cada día, tienen un brillo especial, si, pero no el de cada día. Esa carita tampoco es la carita radiante de cada día y un instinto labrado a base de termómetro y jarabes le dice que esta vez la historia no se va ha repetir. Así que saca la artillería pesada y le cuenta lo que les pasó ayer con el pequeño y que no está dispuesta a pasar otra noche jodida, así que los embarca a ambos hacia urgencias. Su pareja se suma a la comitiva ya que tienen la suerte de que está muy, muy, muy cerca de su domicilio. Tsunami pide para acompañarlos y como hace muy buen tiempo y seguramente no vaya a salir más en todo el día de casa se une también a la expedición.

La madre se queda sola en casa y mira la hora que es. Hace un cálculo aproximado de cuanto tiempo se suele estar esperando y empieza a sacar las ollas. Cambio de plantes. Sopa para cinco y unas cuantas salchichas variadas y lomo adobado comprado el día anterior. De postre y puesto que lo más seguro es que a la hora que acaben el papá de Terremoto se quede a comer con ellos, prepara una greixonera de brosat como la que hizo hace poco ya que además de las salchichas y el lomo, el carnicero tenía una bandeja de requesón que daba envidia mirarla y se vino con la compra a casa.

La mujer acaba de sacar la coca del horno y suena el móvil. Acaban de salir. La mujer invita al ex a comer con ellos y él acepta porque a esas horas no le va a dar tiempo de preparar nada rápido y acabaría comiendo a horas intempestivas. La mujer pregunta por Terremoto. No falla. Anginas. Si es que estaba clarísimo, y eso sin haberme sacado el título de medicina.

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Pere Garau, ese especial mercado de los payeses del sábado

21 Feb

La Ciudad donde vivo ha cambiado mucho desde que yo era niña. Recuerdo que las plantas bajas eran lo normal. Había tiendas de ultramarinos y verduras en todos los barrios, unas cuantas. Nosotros íbamos a una llamada S’inquera (la inquera, natural de Inca) era una señora que cuidaba a su nieta, la mamá de la nena, su hija,  había muerto en el parto y la pequeña y el yerno vivían con ellos en el piso que estaba justo encima de la tienda situada justo al lado de la fábrica de sedas. Allí podías coger las patatas y ponerlas tú en la báscula y luego te metían la compra en la cesta de la compra, una de esas grandotas de tela como las que se han puesto ahora de moda pero más reforzadas, nada de bolsas de plástico, eso casi ni existía. También había varias carnicerías, la que solíamos frecuentar se llamaba Ca’n Pansa (casa de pasa, en alusión al apodo familiar) Mi madre me llevaba por la mañana y yo lo pasaba algo mal porque la carnicera era zurda y me parecía imposible que no se hiciera ningún corte, por no decir algo peor. Creo que eso tiene algo que ver con el miedo que les tengo a los cuchillos y a los objetos cortantes en general. En el barrio también había tiendas donde podías encontrar desde tornillos a jabón de pasta para fregar, detergentes, junto con azufre, sulfatos, lejías, fertilizante, estropajos y un sinfín de productos alguno de los cuales ahora no es frecuente ver, eran los colmados. Había uno en la calle de al lado de casa, enorme y con el suelo encementado, sin baldosas. Las mercerías también proliferaban, había muchísimas y encontrar un lugar donde te vendieran medias, calcetines, hilos, papel cebolla para los patrones, tizas de ropa, cremalleras y botones de todo tipo no era nada difícil. El mundo transcurría a otro ritmo, los coches no eran tan comunes, muchas calles aún no estaban asfaltadas, podías aparcar siempre delante de tu casa, eso cuando tenías coche, y si alguien lo hacía mirabas con extrañeza de quien sería ese vehículo intruso que osaba estar delante de tu puerta.

No sé si era mejor o peor vida, fue la que viví. Lo recuerdo más tranquilo, más lento, en blanco y negro como en las fotos. Fue una infancia en la cual las fincas tenían alturas moderadas y la luz del sol entraba por el balcón y llegaba hasta el recibidor durante horas y horas y veías las motas de polvo que flotaban a su trasluz, inertes y misteriosas, con dulzura. Eran tiempos en los que mis primos y yo nos entreteníamos dibujando o leyendo tebeos y cuando abrían el semáforo de la esquina nos parábamos y asomábamos al balcón de mi abuelo para contar todos los coches azules o blancos o rojos que pasaban por delante. Llevábamos la estadística de toda la tarde sin habernos descontado ninguno. Luego comunicábamos al resto de la familia cuantos habían pasado de cada color ese día. Era una época en la que no existían los supermercados, al menos por mi barrio, y el primero que hubo allí lo pusieron dentro de la plaza del entonces Pedro Garau, duró unos años. Era alucinante entrar dentro y ver cosas tan variadas y en tal cantidad todas expuestas en sus estanterías y pasillos, los ojos de los niños no paraban de moverse de un lado a otro  y creo que a muchos mayores también les pasaba lo mismo.  Cuando este cerró, empezaron a aparecer tímidamente los primeros supermercados de barrio y a ir desapareciendo poco a poco los otros comercios a medida que esos supers se iban consolidando, proliferando y aumentando de tamaño. Tengo por alguna parte una foto de mis primos y yo delante de este mercado, cuando abrieron ese primer super del barrio. En esa foto se ve detrás de nosotros la puerta del super y a su lado una máquina expendedora de refrescos de cola, situados uno al lado del otro hay dos niños y una niña. Uno, el más alto, esta con los brazos cruzados sobre el pecho. Lleva gafas de concha negras, se muerde los labios con cara de empollón y mira discretamente al cielo. Mientras el chico de al lado, algo más regordete,  intenta pisar el pie al vecino. Yo llevo el uniforme del cole, estoy en el lado derecho y  tengo los pies torcidos hacia fuera y apoyada en el canto exterior mientras junto las manos delante con los brazos bien estirados hacia abajo y  dedico a la cámara una de mis encantadoras sonrisas de niña con la cabeza ligeramente ladeada siempre a la derecha y mis dos coletas como banderas de un barco a los lados.

Pedro Garau, o Pere Garau como se le llama actualmente, es uno de los varios mercados que tiene la ciudad.  Fue inaugurado en 1943, consta de un gran edificio rectangular en medio de dos zonas abiertas, como plazas. La superficie cubierta es de unos 937 metros cuadrados según he consultado y para que os hagáis una idea de su importancia os diré que el 1994 había registrados 27 paradas de pescadería, 24 de verduras y frutas, 17 carnicerías, 8 ultramarinos, 7 hornos, 4 bares, 3 puestos de salazones, uno de frutos secos, otro de legumbres cocidas, uno de venta de conservas, un herbolario, y también una floristería, papelería, mercería y perfumería. Actualmente en el interior debe haber más o menos el mismo número de puestos y servicios, algunos puede haber cambiado como un nuevo zapatero remendón, pero poco más. El mercado interior es diario, de lunes a sábado y sólo por la mañana. En este los productos a la venta son del MercaPalma. El mercado exterior que es el que me gusta más, porque muchos puestos son de los mismos payeses que llevan sus productos cogidos el día anterior, algunos combinan los propios con otros del mencionado MercaPalma. El exterior  se hace en días alternos, los martes, jueves y sábado, que es mi día. En este y según los datos de 1994 había 198 paradas de verduras y frutas y 95 de ropa y derivados. También hay dos o tres de semillas y plantas para sembrar y uno de venta de animales vivos que ocupa uno de los laterales más estrechos y siempre está colapsado por el poco espacio y los chiquillos que miran los conejos, palomas, gallinas, canarios y demás animalitos. Como veis Pere Garau es todo un mundo.

Mi madre era de las que se resistía a comprar las verduras, las frutas, los huevos, la carne y el pescado en los supers, salvo alguna excepción puntual, e iba siempre a este mercado para abastecer nuestra casa de lo más fresco y bueno que encontraba. Yo de niña la he acompañado muchas veces y aprendía a distinguir esos detalles que diferencian una fruta de otra. Cuando era pequeña tuve unos cuantos gatitos, y las pescaderas del mercado me guardaban pescado que había sobrado y me lo vendían por unas monedillas simbólicas para que se lo diera a mis mininos. En el corral de casa se montaba un festín gatuno cuando me acercaba allí a la salida del cole y luego volvía con la compra envuelta en una gran hoja de papel.

Muchas veces de niña acompañé a mi madre allí, y luego de adolescente. Cuando me casé empezamos a ir las dos y luego ya iba yo por mi cuenta. He conocido unos cuantos puestos en los que lo llevaba una señora, luego vino a ayudarle su hijo y ahora son ellos, los hijos,  los que lo llevan. Algunos han crecido conmigo y nos conocemos de hace muchos, muchos, muchos años. Nos saludamos por el nombre y pedimos por nuestros padres o nuestros hijos. A  algunos los he visto con barriguita y luego me han enseñado las fotos del nieto o del hijo, he visto fotos de bodas, de nacimientos, he conocido historias de cómo se cultiva, como se hacen ciertos platos, de enfermedades, de las competiciones que hacen los niños, de viajes… he visto muchas historias la mayoría buenas y unas pocas más trágicas, y yo también he compartido las mías.

Siempre están allí, cuando hace sol bajo sus lonas y cuando llueve tienes que ir con cuidado con los golpes de viento que las levantan y hacen que el agua acumulada sobre ellas caiga de golpe dando algunos sustos y a veces algunos chapuzones. Los payeses intentan controlarlos tirando el agua cuando se acumula empujándola con los palos del puesto, pero siempre hay algunos sustos y el peligro del inesperado chapuzón.

Cuantas veces me han dicho “éstas no, mejor ésta”, cuantas veces me han guardado algo especial porque saben que yo suelo pasar de tarde y eso le gusta a los niños, cuantas veces les he encargado algo y se han acordado de mi petición.  Así que como veis, este es un sitio muy especial para mí, no sólo somos clientes y dependientes, somos amigos, conocidos de toda la vida, no somos gente, somos personas.

Los productos que se venden allí, frescos, frescos, locales, de temporada,  justifican de largo el hecho de mi desplazamiento semanal. El poder encontrar cosas que en otro sitio no están ni de lejos al mismo nivel es todo un lujo. Pero también sobre todo es seguir manteniendo esa tradición, esta amistad con los payeses que van a vender allí, con el de las naranjas, los de las verduras,  la de los huevos… sólo se sus nombres pero es como si fueran casi de casa, de la familia, de una familia muy especial que se llama mercado de Pere Garau.

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El chupete, ese extraño objeto de deseo

15 Ene

El chupete me produce desconcierto, no sé muy bien que decir de él. Para mis hijos esa sensación es más racional. Yo de pequeña jamás llevé chupete. No fue porque mis padres fueran unos rácanos que no quisieran comprármelo, no. Ellos lo intentaron y me lo recordaron mucho tiempo. Chupete que me ponían, chupete que salía volando. Por ese motivo yo fui la causa de muchas noches en vela, de muchas tardes sin siesta y de muchas heridas con una aguda protesta que le acompañaba. Mi madre siempre me decía que como yo no quería chupete me costó mucho más dormir y que mi sueño era muy inquieto. Yo no creo que el chupete fuera la causa de que me costara conciliar el sueño ni de que este fuera ligero. Eso me sigue pasando hoy en día y dudo que si me pusiera un chupete estos aspectos mejoraran en algo.

Cuando nació Terremoto yo tenía unos cuantos chupetes. Digo unos cuantos porque no sé muy bien por qué motivo coincidió que yo trabajaba en un departamento de cara al público. Cuando a los clientes habituales les comenté que estaba embarazada unos cuantos vinieron luego con un presente sin importancia, un detallito para el futuro bebé. Un chupete. Bueno, unos cuantos porque todos me trajeron chupetes, incluso una chica me trajo un dúo de chico-chica azul y rosa evidentemente por eso de que aún no se sabía.

Así que allí estaba yo con mi colección de chupetes y ni un solo sonajero ni un solo mordedor, recién parida de cesárea. Me dijeron las enfermeras que el niño tenía muy buena succión y no tendría problemas para amamantarlo. ¡Ja!, ya os conté en su momento los problemas con la leche, pero eso es otro post. Así que si el peque sabe succionar, también sabrá chupar el chupete. Ingenua de mí. Todo el mundo siempre me ha dicho que el niño es clavadito a su padre. Pero estaba visto que en la cuestión chupetil el niño había salido a la madre. Así que tuve que comerme con patatas mi extensa colección de chupetes, incluso lo intenté con alguno otro de farmacia por si la textura y el tamaño pero nada. Terremoto no quería saber nada de esa cosa que se chupaba y no salía leche. Él podía ser todo lo pequeñajo que quisieras pero de tonto no tenía ni un pelo. Así que tuve que mamarme todos sus berrinches, golpes, falta de sueño, inquietud para dormir, porque en esto último también salió a la madre que lo parió. Tengo que decir a mi favor que al menos no se lo he echado en cara.

Cuando Terremoto iba a la guardería y ya tendría tres años, vio que había algunos niños que aún llevaban chupete. Entonces me lo empezó a pedir. Yo lo siento mucho, pero por mucho trauma que se le pueda causar por mi negación (que dudo que pueda haber algún trauma) mi menda se negó a introducir ese extraño objeto de deseo cuando a todos los niños se les estaba quitando. Mi mayor siempre tan suyo. Un día estando en casa de los abuelos encontró uno guardado en un cajón y se pasó toda la tarde más feliz que una perdiz paseándose con su chupete recién descubierto. Que contento que estaba, y lo que costó dejarlo en la casa de los abuelos. Y lo que me costó que los abuelos lo cambiaran de sitio, porque como el niño lo había llevado eso pasaba a ser una reliquia digna de ser conservada en la caja etiquetada como “Museo de Terremoto”.

Cuando nació Tsunami yo no tenía ningún chupete, de hecho después de la experiencia del mayor ya ni me había planteado comprarle uno. Mi suegra era más a favor del chupete, todos sus hijos lo habían llevado. Es famosa la carrera que se pegaron mi pareja y su padre para buscar una farmacia de guardia y comprar un chupete a su hermano cuando este nació. También fue famosa la historia de cómo mi pareja decidió un día por las buenas que ya era mayor para llevar chupete y lo tiró por el water y estiró la cadena y bye-bye chupete. Por suerte parece que no provocó ningún atasco.

Así que cuando nació Tsunami quien se había venido con un chupete preparado fueron los padres de mi pareja. Tsunami al principio era un poco de la opinión de Terremoto, “si eso no saca leche para que narices me lo das”. Pero la abuela fue más cabezota que el nene y se lo aguantaba en la boca hasta que al cabo de un rato Tsunami, resignado, tiró el pañal (véase la toalla versión neonatal) y se quedó calmadito chupa que te chupa como la bebita de los Simpson. Tengo que decir que el chupete nos ha ido de fábula, no hemos tenido ningún problema. Le ha servido para dormirse. Eso sí, sin chupete no se dormía. Por suerte no ha sido de esos niños fiel a un único chupete hasta la muerte porque otro nuevo y sin rotos no sabe igual. Tsunami ha tenido un mogollón, montones de chupetes. Dormía con unos cuantos por la cuna y siempre los buscaba. Normalmente se ponía uno en la boca y otros dos, uno en cada mano. Se pasaba toda la noche quitando uno y sustituyéndolo por otro y así sucesivamente. Cuando tuvo alguna caída o alguna rabieta se le enroscaba un chupete y silencio inmediato al canto. Le han servido para consolarse, para aburrirse, para jugar, para pasar el rato y sobre todo para hacer Tiro Olímpico de Chupete, una de sus máximas especialidades. Este deporte olímpico-infantil es, tras el estropeamiento y rotura de algunos de ellos, una de las causas por las que he tenido que comprar tantos.

Algunos los perdió por la calle. Tenía una habilidad especial para colarlos por las rejillas del alcantarillado con un solo escupitajo a presión de chupete. También desaparecían por casa misteriosamente y normalmente cuando estaba dormido y algunas veces antes de acostarlo, mi pareja y yo acabábamos tirados por el suelo buscando detrás de cualquier mueble o cortina o debajo de los cojines o por dentro de las cajas de juguetes o debajo del colchón de la cuna, donde había un chupete de guardia.

Para evitar estas búsquedas urgentes e intempestivas tomamos la costumbre de tener siempre guardados en una taza de desayuno tres chupetes de guardia para el descanso nocturno. Como siempre teníamos desparramados diversos chupetes por las diferentes estancias de la casa (solía tener una media de nueve chupetes operativos siempre en casa) pensé en su momento que estaría bien buscar un centro base para su localización. Fue así como no se muy bien como se me ocurrió la rocambolesca idea de emplear los envases de plástico que te vienen dentro de las bolsas de magdalenas del Mercadona. En cada hueco donde antes había habido una suculenta magdalena ahora había un chupete, o dos. Este envase lo situé cerca de la cafetera eléctrica en la cocina, pero Tsunami es más listo que un lince. Así que me volví a pasar de nuevo  todo el día buscando y lavando chupetes y poniéndolos en el envase de las magdalenas y Tsunami sólo se tenía que pasar cada cierto tiempo por la cocina cuando esta no estaba vigilada especialmente y salir pitando de la escena del crimen, con un chupete en la boca y sus bracitos cargados con su cargamento chupetil dispuesto a proporcionarle indescriptibles momentos de juego y placer. Fue por ello que justo en el hueco de la cafetera eléctrica, donde suelo tener la taza para el desayuno, empecé a esconder allí unos cuantos para los momentos de suma urgencia.

Tsunami fue pues el niño del chupete, el más feliz del mundo con ellos. Incluso en dos ocasiones, né se muy bien como, ha conseguido ponerse al mismo tiempo en la boca tres chupetes. Lo de dos era algo que de tanto en tanto practicaba.

Después de haber cumplido los tres años la abu nos dijo que ya le tocaba quitárselo o tirarlo por el water como su padre. Yo eso del water no me convencía, porque con lo gafe que soy con las reparaciones del piso seguro que a nosotros se nos hubiera atacado la tubería y a ver quien le cuela esa reparación al seguro: “Verán, es que teníamos que deschupetear al nene y montamos un funeral viquingo en toda regla ¡pero sin incendio!, claro”.

Nos costó mucho, pero conseguimos que poco a poco se lo quitara de día. Papá siempre llevaba uno en el bolsillo por si alguna urgencia pero intentábamos darle largas y sólo lo usaba para dormir. Ya nos temíamos que eso de quitar el de dormir iba a ser muy heavy. Cuando, en una reunión del cole que tuvimos en noviembre con todos los padres y la profe, esta nos comentó que los nenes sería aconsejable que se lo fueran quitando. Para facilitarnos la labor habían empezado a trabajar que ciertas cosas eran de bebé y otras de nenes y allí en la pared los peques habían montado un colage en plan póster de las cosas de los bebés donde aparecía el chupete, el biberón, los pañales y otras cositas por el estilo. También nos comentó que les habían contado que los que aún llevaban tenían que tener en cuenta que al haber cumplido ya los tres añitos, los Reyes Magos se llevan sus chupetes de bebés y así ya les pueden dejar regalos de nenes más mayores.

Uhhhhffff…. ¡Que alivio!, ¡Casi me levanto en medio de la reunión y le doy un beso a la profesora!. Empezamos a preguntarle sobre el tema a Tsunami y nos confirmó lo de los Reyes, así que le mantuvimos el chupete nocturno hasta que empezaron las vacaciones de Navidad. Luego, coincidiendo con unos días en los que teníamos días guardados de vacaciones y no teníamos que ir por la mañana al trabajo, le fuimos poco a poco quitando el nocturno y contándole que pronto los Reyes se los llevarían y tenía que ir acostumbrándose a dormir como un mayor.

La noche de Reyes fue su última noche con su chupetito, ya sólo uno, apretado en sus manitas como un preciado tesoro. Por la  mañana se emocionó tanto cuando vio los regalos debajo del árbol que vino corriendo a decírnoslos y dejó el último chupete de bebé que le quedaba abandonado sobre una mesa. Al cabo de unos minutos, ese chupete había desaparecido por arte de magia. Los Reyes le habían concedido el deseo de su última noche, y ahora cuando abrió su primer regalo de nene el chupete desapareció con un tenue destello de luz y estrellitas azules y se fue con sus compañeros a la casa de los Reyes de Oriente.

Tsunami aceptó bien la idea de que ya no tenía que llevar chupete, pero los primeros días lo intentaba, en ocasiones. Ahora ha visto que ya no hay y ya no lo pide y se siente muy mayor. Bueno, no lo pide salvo la otra noche que no tenía ganas de dormir y quería seguir de juerga en la sala. Papá lo llevó a la cama como cada noche a las nueve. Él como cada noche que no tiene sueño empieza a llamar a papá durante un rato a ver si cuela, pero no suele colar. Tras un buen rato de llamadas sin fruto, mi pareja y yo nos quedamos atónitos ante un contundente “¡A ver, que alguien me ponga un chupete en la boca para que pueda callarme de una vez!”. Nosotros nos miramos y nos descojonamos de risa con sus ocurrencias. No sé muy bien si algún chupete mágico apareció en su cuarto. Ni si los Reyes de Oriente ante su ocurrencia le concedieron una nueva última noche. Lo que si sé es que al cabo de un ratito nuestro Tsunami estaba tranquilo y feliz dormidito, como cada noche. Su chupete ha desaparecido de su vida y lo ha sustituido por el primer peluche que se le cae accidentalmente en la cama alguna noche. Generalmente Perry el ornitorrinco. Hay que ver que curiosas metamorfosis tienen algunos chupetes, esos extraños objetos de deseo.

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Una historieta familiar y luego cocina mallorquina: sopes mallorquines o sopes solleriques o de primavera

12 Dic

Hola a todos, hoy os voy a proponer una nueva receta familiar, esta también lleva años y años con nosotros. Primero os voy a contar un poco lo que son las sopas. Aunque su nombre de a pensarlo, no es una pasta, es simplemente rebanadas muy finas de pan payes o también llamado pan moreno, cortada y dejadas secar de un día para otro.

Es un plato de la cocina tradicional, de esos que cuando no tenían nada con cuatro cosas arreglaban un buen puchero que estaba delicioso. En Mallorca las sopas son muy versátiles y creo que hay una infinidad de recetas, depende de la zona y de la estacionalidad del año, incluso diría que cada familia tiene la suya. Algunas son secas y otras caldosas, unas son de pescado, otras con carne y otras sólo de verduras. Entre las más nombradas están las sopas de pescado típicas de las poblaciones costeras, las de matanzas que se hacían cuando se había sacrificado un animal, y se hacían con lomo y carne de cerdo, las hervidas con caldo de verduras, las de carboner cuando se hacían con el caldo de las habas, las escaldadas….

Según he consultado en el pueblo de Sóller, que es de allí donde os daré la receta, hay recogidos 37 recetas diferentes de este plato. Como veis, hablar de sopes en Mallorca, da para mucho puchero.

Supongo que el plato nació en la payesía, las rebanadas de pan finitas se hacían del pan que había sobrado ese día y se cortaban y dejaban de un día para otro a que se secaran. Una vez secas guardaban bien bastante tiempo y se podían preparar cuando quisieran. He visto algunas fotos de posesiones en las que se ve en la cocina a una vieja payesa preparando verduras y al lado al payes con su navaja rebanando sopas. Hoy en día en algunas panaderías de esas que tienen solera poseen una gran máquina en forma de “guillotina pendulante” que las va cortando. Supongo que las más modernas no deben tener nada que ver.

La receta de hoy viene de la familia de mi abuela paterna, que era de Fornalutx, uno de los pueblos más hermosos de Mallorca. Este pueblo está situado junto a Sóller, quizás otro de los pueblos más hermosos de Mallorca y ambos están dentro de un valle, el valle de Sóller. Como podéis imaginar por lo que he dicho, entrar allí es un regalo para la vista. Está inmerso en medio de la sierra de Tramuntana, toda rodeada por montañas, antiguamente se llegaba por una carretera que subía la sierra y luego bajaba, actualmente hay un túnel de pago que te ahorra mucho camino pero te quita paisaje, no se puede tener todo. En muchos laterales de las montañas hay pequeños marjales donde se cultiva el olivo y en todo el valle el cultivo principal es de cítricos, naranjos, limoneros, mandarineros, pomelos… En ciertas épocas del año aquello está inundado de un profundo aroma a azahar, si uno no ha ido allí no puede imaginarse lo precioso que es. Sóller tiene un puerto, también muy mono y de él partió a finales del siglo XIX mi abuelo para Francia, para irse a ganar allí la vida.

Mi abuelo había nacido en 1884 y se fue con doce años porque veía que en Sóller no había mucho donde vivir. Su padre que era carpintero se lo tenía prohibido y lo puso de aprendiz con otro conocido suyo del puerto. Un día fue a ver como le iba a su hijo y se lo encontró sobre el techo de unas casas que daban sobre los acantilados, reparando el tejado sin ninguna cuerda ni nada donde sujetarse. Mi bisabuelo le mandó bajar y se lo llevó de nuevo al pueblo, fue entonces cuando le dio permiso para irse ya que según dijo, prefería tener un hijo vivo por Francia que no muerto allí. Mi abuelo no quiso esperar, a la semana siguiente eran las fiestas del pueblo pero él dijo que se las saltaba y se embarcó en un buque que transportaba naranjas e iba al puerto de Sète, ese barco se llamaba El León de Oro y en el golfo de Roses tuvieron una gran tormenta y tuvieron que refugiarse durante una semana. Contaba que la travesía había sido muy movida ya que él dormía en cubierta donde podía, porque no había podido pagar mucho más y tenía que administrar lo que tenía para la llegada. Mi abuelo se fue desplazando poco a poco por Francia, primero Marsella, luego Lyon. La primera guerra mundial lo pilló en París. Mientras estaba allí un día un paisano de Sóller le llamó por la calle para decirle que había recibido un paquete del pueblo. Mi abuelo se desvió de su ruta para hablar con este compañero y justo en ese momento uno de los obuses de La Gran Berta fue a estallar allí donde él debía haber estado. Siempre dijo que le debía la vida a una caja de sobrasadas. Más tarde se estableció en una ciudad más al norte llamada Lille muy cerca de la frontera con Bélgica, allá por el mar del Norte, donde montó una tienda de ultramarinos y como no, entre otras cosas, de venta de naranjas sollericas.

Vino para dos cosas a Mallorca, para hacer la mili y luego para casarse. En esa época las bodas eran concertadas y por lo visto la primera opción que le plantearon no estaba dispuesta a dejar el pueblo. La segunda opción fue mi abuela, una joven moza del pueblo vecino hija de un molinero y que por lo que se en su juventud era muy guapa. Yo cuando la conocí difícilmente hubiera podido decir que alguna vez hubiera sido joven, pero eso es lo que se cuenta. Así que se conocieron, creo que estuvieron cortejándose algo menos de un mes y mi abuela dijo que conforme, que se casaban y se iba a Francia. Cuando mi abuela se fue de Mallorca con mi abuelo era a principios del siglo XX, creo que aproximadamente por 1920 ya que mi tío nació en el 22 y mi padre en el 25. Con este rollo familiar que os acabo de contar podéis dar por seguro que la receta de hoy muy posiblemente tenga mas de cien años, que no es nada. Se trata de las sopes solleriques o sopas de primavera y esta entrada se la dedico a mis abuelos, a todos los sollerics que marcharon para Francia, que no fueron pocos, y a toda la gente del valle de Sóller, que se mantenga así de hermoso durante muchos años.

Sopes solleriques o sopes de primavera:

Ingredientes:

Sopes (podéis probar de ir cortando lo más fino posible un pan y dejarlo de un día para otro, que sea un pan consistente y sin sal)

Aceite de oliva

Tomates de ramillete (evidentemente, si no tenéis de este tipo que son los típicos de aquí, cualquier tomate vale)

Cebolla

Ajo

Perejil

Guisantes

Judías

Col rizada (si es normal no pasa nada, pero si podéis encontrar la rizada o borrachona vale la pena)

Pimientos verdes

Patatas

(La receta original no lleva zanahoria pero a mis nenes les gusta y se la pongo)

Huevos

No os he puesto cantidades porque yo hago una olla para dos días y para todos, si queréis probar con menos cantidad vais calculando la cantidad de verduras y hacéis algo más reducido.

Si se puede cocinar en una cazuela de barro mejor, pero si se tiene las de aluminio pues tampoco pasa nada. Primeramente en el aceite de oliva se hace un sofrito de cebolla y tomate cortado en trocitos pequeños. Se le pone también uno o dos dientes de ajo con la piel y que has machacado sobre la encimera o la mesa para romperlos. Dejas que el sofrito se vaya haciendo y cuando esté algo adelantado cortas perejil y se lo añades y dejas que se acabe de hacer. Cuando el sofrito esta en su punto se le añade agua, bastante y se deja a que empieza a hervir.

Mientras esperas a que hierva ir preparando las verduras. Se tienen preparados los guisantes. Las judías se limpian y cortan a trocitos pequeños, los pimientos verdes (hay que poner bastantes, yo suelo poner seis o siete pero es que hago una olla muy grande) hay que lavarlos y quitar las semillas, luego se cortan por lo largo y se cortan en rodajas, así quedan a trocitos.

A la col se le lavan las hojas, yo le quito un poco la parte dura del troco, pero eso es opcional y las corto a trocitos. Primero enrollo unas cuantas hojas y las pongo sobre la tabla, luego voy haciendo unos cuantos cortes longitudinales con el cuchillo y luego las corto a rodajas, así quedará hecha en trocitos pequeñitos.

La patata se pela y se lava y se corta a daditos pequeñitos

Si uno quiere poner otra verdura tipo puerro o zanahoria, también puede hacerlo cortándolo en trocitos pequeños.

Cuando el agua hierve se ponen todas las verduras, primero las pequeñas, luego la col y sobre esta las patatas. Hay que mirar como va de sal y si se quiere se puede añadir una pastilla de caldo.

Ahora sólo tienes que dejar que hierva todo hasta que estén hechas todas las verduras. El cocido debe quedar caldoso entre el agua que hayamos puesto y el que vayan soltando las mismas verduras.

Luego la parte final se hace antes de montar el plato. Se coge un plato hondo y en el fondo poner las sopas que hemos roto a trocitos, así que si las hacéis en casa no os apuréis si no quedan todas de una pieza. Sobre las sopas pondremos un chorrito de aceite de oliva, sin pasarse, sólo un chorrito.

Mientras tanto habréis cogido una sartén y dentro habréis puesto unos cuantos cazos del caldito de las verduras. Cuando este caldo esté hirviendo se pone un huevo dentro, como si hicierais un huevo frito pero en lugar de aceite en caldo, y lo escaldáis.

En el plato donde tenéis las sopas vais a poner justo antes de que este acabado de hacer el huevo, unas cuantas cucharadas de las verduras y un poco de caldo y encima de todo el huevo y marchando para la mesa que eso está de para chuparse los dedos.

Es una comida muy fácil de hacer, no es complicada cuando uno sabe lavar y pelar verduras y si sabes freír un huevo. Eso sí, lleva su tiempo porque el sofrito necesita un rato y el hacer hervir tanto líquido pues también, pero de complicado tiene poco.

Se puede comer tanto con tenedor como con cuchara, yo prefiero la cuchara. Se rompe la clara del huevo y se mezcla con todo. Se supone que también tienes que romper la yema y mezclarlo con todo, pero en casa nos encanta reservarla para lo último cuando sólo quedan dos cucharaditas y un poco de caldito y luego la mezclamos al final y con el caldo de las verduras tiene un gustito que huuuummmm.

Teniendo en cuenta que ahora van ha venir unos cuantos días de saturación alimenticia, esta receta os puede ir muy bien para desintoxicaros un poco. Así que no me digáis que no tenéis escusa en hacer un plato de verduras sano, fácil, consistente, calentito y que se puede hacer de un día para otro y sólo se tiene que hacer el montaje al final. Y como os digo siempre, si un día lo probáis ya me contareis. Bon profit.

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Cuando vi por primera vez internet

26 Nov

Soy consciente de que hoy en día la palabra internet es muy normal. Nuestros hijos, aún los de corta edad, saben manejarse mucho mejor que alguno de nosotros por todo este mundo. Es cierto que nos ha proporcionado unas herramientas y unas posibilidades que jamás hubiera podido imaginar cuando yo era niña, ni tan siquiera cuando fui adolescente.

Yo nunca he sido, ni soy, una forofa de la informática. Me viene grande en muchos aspectos. Esto es curioso porque precisamente yo fui una de esas personas privilegiadas que hubiera podido jugar con cierta ventaja.

Recuerdo cuando era muy niña, que mi padre tuvo que irse durante unas semanas por cuestiones de trabajo a Madrid. Ha sido la única vez que se ha separado de la familia. Esa separación fue debido a que en la empresa habían instalado computadores nuevos. Porque señores, en esa época no se les llamaba ordenadores, se les llamaba computadoras o computadores. Pues bien, el aparatejo en cuestión ocupaba todo el espacio de una habitación grande y el sistema de ventilación era la ostia. Mi padre fue uno de esos elegidos que fue a ese cursillo. Fue gente de toda España y los tuvieron recluidos y en plan intensivo. Recuerdo también que cuando volvió se trajo unas hojas impresas, de esas de impresora matricial, en las cuales había un montón de caracteres juntos y si las observabas a cierta distancia, se veía claramente en una la pantera rosa, en otra la Mona Lisa y en la tercera el Cristo de Dalí. No se muy bien si aún queda alguna de esas hojas ni donde acabaron, pero durante muchos años las tuve colgadas en mi habitación. Eso era una cosa que nadie tenía en esa época. Recuerdo que otras veces fueron los técnicos de Madrid los que se vinieron a la isla a impartir las clases. Entonces no veíamos mucho a mi padre, pero al menos le veíamos y dormía en casa. Así que durante mi infancia esas palabras que la mayoría de personas sólo relacionaban con las novelas de ciencia ficción, eran para mí algo habitual y algo que me privaba de la presencia de mi padre.

Seguí creciendo y esta vez los informáticos fueron mis primos. Recuerdo cuando me enseñaron un ordenador que funcionaba con cintas de casete y que se enchufaba en la tele. Porque entonces no había monitores, se usaba la tele. Recuerdo una vez que se trajeron un juego de futbol y eso sólo lo sabía, o dejaban, manejar ellos. Los demás mirábamos. Los gráficos ahora que lo pienso, eran malísimos por no decir pésimos, pero en esa época y para todos eso era el non plus ultra, el no va más. Todos, jóvenes y mayores mirábamos como esos monigotes bicolores se movían en plan robótico por la pantalla detrás de una pelota supuestamente circular con un marcado pixelado poco circular. Uno de estos dos primos acabó siendo informático y aún lo es. El otro se dedica a otra cosa… usando mucho ordenador, eso sí.

En la universidad siempre os he dicho que allí sólo teníamos máquina de escribir, y así es, aunque cuando yo estaba creo recordar que en tercero de carrera, se inauguró la carrera de informática. Algunos de mis amigos la estudiaron, era el novio de una de las chicas de la facu con la que salía y los amigos de este. De nuevo lo de oír conversaciones de ordenadores, programas, programación y bla, bla, bla, se volvió nuevamente en algo habitual en esa vida estudiantil caracterizada por los libros, las bibliotecas, los archivos y la máquina de escribir.

Acabé la carrera y me puse a salir con un chico, que mira por donde, era informático. Tenía una empresa que se dedicaban a reparar ordenadores y hacer no sé que cosas más relacionadas con todo esto. Así que mi contacto con estos aparatejos pasó a ser más directo. De hecho normalmente cuando le iba a buscar me lo encontraba rodeado de ordenatas destripados para su reparación. Había placas por aquí, placas por allí,  destornilladores, comprobadores de corriente, soldadores y algún que otro aparatito que no llegué a saber nunca muy bien para que servía. Una vez recuerdo que me dijo que si quería me podía enseñar como se arreglaba un ordenador. Pero lo único que me faltaba era que encima me enseñaran a repararlos, bastante tiempo ocupaban ya en mi vida. Así que allí acabó una posible carrera como técnica en informática.

En esa época y poco antes de que dejáramos de salir, debía ser allá por 1989 o 1990, un día me llevó al taller y me dijo que quería enseñarme una cosa. Me llevó delante de un ordenador y lo puso en marcha, tecleó algo y salió una pantalla que en ese momento no tenía nada. Pensé que los bips y los chips le habían secado la mollera como le sucedió al Quijote con los libros de caballería y le pregunté que tenía que mirar.

Mira, esto es internet, ahora sólo ves una pantalla sin datos porque aun no se ha dado el inicio aquí en España, pero dentro de un año o así se irá llenando y se podrá empezar a introducir cosas y se abrirán páginas, la gente colocará anuncios de sus empresas, se buscará información y se ofrecerán productos. Esta página en blanco que ves aquí ahora es el mañana y tú la has podido ver mucho antes que mucha gente.

En esos momentos no podía imaginar lo acertadas que fueron sus palabras y que esa pantallita vacía que vi se convertiría realmente en algo tan necesario y cotidiano en nuestros días. En esos momentos no le veía tanta cosa, así que no estuvimos mucho tiempo mirando la pantallita y luego nos fuimos a tomar algo.

Cuando ya había dejado de salir con él recuerdo el día en que por el telediario dieron la noticia de que España entraba en eso que él me había presentado como internet. Recuerdo también la televisión local que anunció la primera página de una empresa mallorquina. Recuerdo también que contaron al cabo de unos meses, como un chico mallorquín había puesto un negociete en la red donde vendía los bordados que la abuela hacía para distraerse, y como los japoneses se daban de ostias por comprarlos y en su casa se estaba forrando. Recuerdo como más adelante en mi trabajo nos dijeron que teníamos que saber manejar eso y como incluso mi jefe nos dijo un día que si teníamos un rato libre fuéramos metiéndonos en páginas para aprender a hacer búsquedas y saber usarlo con soltura.

También recuerdo más adelante, una vez en que un amigo mio se vino a casa para instalarme algo llamado chat. Fue cuando yo ya me había separado de mi ex. Ya verás, me dijo, de esta forma vas a conocer un montón de gente sin salir de casa y te sentirás mejor. Yo entonces estaba en una asociación literaria, y aún lo estoy, y me metí en unos chats donde estaban algunos de los integrantes de esta asociación a nivel nacional. Allí, hablando un rato con uno, un rato con otros, fue donde conocí a mi pareja. Pero eso es una historia que dejo para otro día. Porque hoy había venido aquí para contaros como fue la primera vez que vía y oí hablar de internet. Esa pantalla sosa y aburrida que ha cambiado nuestra vida y la del mundo entero.

El equipo usado por Tim Berners-Lee que fue el primer servidor web del mundo. Fuente: http://www.pizcos.net/2011/11/el-ordenador-donde-se-inicio-internet.html

Cuando un hijo te viene con nombre y todo

24 Nov

El tener una amiga de toda la vida que es médico, ayuda a que en ocasiones te cuentan cierto tipo de batallitas que la gente de la calle no llega a conocer, salvo que sean los involucrados.

Cierta vez. Hace ya muchos, muchos años. Un compañero suyo estaba de guardia de noche en un hospital barcelonés, de refinado estilo modernista con infinidad de pabellones y cercano a la Sagrada Familia. Le llegó apresuradamente una pareja joven, ambos dos sonrojados, ambos dos acalorados y ambos dos terriblemente nerviosos. Ella con un barrigón de embarazada más que cumplido. El padre no hacía más que decir

-Un momento, un momento, deje que le explique.

El residente ante la situación no necesitaba muchas explicaciones: La señora se había puesto de parto y los padres eran primerizos y venían hechos unos manojos de nervios. Así que le pidió al padre que esperara unos minutos, que no se preocupara que su mujer estaba en buenas manos. Cogieron entre él y una enfermera a la parturienta y la entraron para dentro hacia la sala de exploración.

Allí el doctor empezó a explorar la madre que estaba aterradoramente silenciosa. Efectivamente, la señora estaba embarazada. El bebé empezaba a coronar. El neonato era rubio. Tenía el pelo cortito y tupido. Venía peinado con una raya en medio de la cabeza, sospechosamente ondulante y llevaba el nombre puesto. En letras claramente visibles ponía “Dunlop”.

El médico levantó la vista y se quedó mirando a la mujer que estaba más roja que un tomate ponderosa.

Por lo visto la pareja estaba tranquilamente en casa tumbados en la cama y preguntándose como era posible que el niño saliera por allí. Así que como buenos padres primerizos que eran, preocupados por lo que sería el parto y con un potente sentimiento empírico, no se les ocurrió otra cosa más que ver si una nueva y reluciente pelota de tenis entraba. Si entraba, era evidente que la cabeza del niño saldría. Esta visto que la reproducción y los nacimientos de toda la humanidad los últimos tropecientos mil años no era motivo suficiente para confiar en lo que son las contracciones y la posterior dilatación previa a un parto. Vamos, que era más fiable una pelota de tenis que todos los partos del mundo mundial. Por lo visto entrar la pelota fue relativamente fácil, pero no se les había ocurrido pensar en como sacarla y eso, sin contracciones ni dilatación, no era tan fácil.

Tengo que deciros queridos lectores que la pelota fue recuperada, el neonato ni se había enterado de ese intento subliminal de fomentarle un prometedor futuro como tenista profesional. Los padres volvieron a casa y supongo que no debieron contar lo ocurrido a las futuras abuelas, por si acaso.

Así que futuros padres primerizos que podáis pasar por aquí ya sabéis:

–          Los bebés llevan años pasando por el canal de parto.

–          Las pelotas de tenis entran fácilmente pero salen con dificultad.

–          Si uno quiere llamar la atención de un medico hay otras formas de hacerlo.

–          El dar información subliminal no funciona, al menos en estos casos.

–          La curiosidad está muy bien, pero confiad en los profesionales…y…

–          … dejad las pelotas para los momentos de ocio.

Crónicas de un pueblo

8 Nov

El primer trabajo que tuve fue como archivera, iba a un pueblo designado por el organismo por el cual trabajaba y ordenaba  y organizaba el archivo municipal. El primer pueblito que me tocó estaba bastante lejos de casa, era un municipio pequeño, coqueto y acogedor, donde todos los vecinos se conocen, donde aún el señor alcalde, el cura, el médico, el farmacéutico, la maestra y los cuerpos de seguridad son tratados con mucho respeto… bueno… lo cierto es que tenía un policía local pequeño, flacucho más bien bastante esmirriado y que mucho respeto no daba, estaba ya bastante entrado en años y dudo mucho que sirviera de algo a la hora de perseguir a un caco, él decía que el municipio sólo tenía medio policía, y no porque lo compartieran sino porque no había más policía. Tenía una afición secreta que conocían todos, y era que de tanto en tanto le gustaba darle un lingotazo a la botella, su mujer no estaba muy conforme con la costumbre y se lo tenía prohibido, así que tenía la botella escondida en el archivo, con mi venida le fastidié el escondite porque evidentemente la encontré y se lo comenté al secretario. Al día siguiente la botella había desaparecido, no se donde la escondería. Tenía ocho hijos, buscando la niña que llevara el nombre de la madre le salieron ocho. Después del octavo parto el quinto hijo les comentó si no creían que con ocho ya bastaban y había de sobra.

En frente del Ayuntamiento había un típico bar de pueblo, con la mesonera, una señora chupada en carnes, todo un nervio, la mejor administradora que he visto en la vida, peseta que entraba en su caja, peseta que no salía hasta que había criado lo suficiente como para pagar la fianza de salida. Su bar tenía amplios ventanales a la plaza y lo cierto es que la señora del bar era encantadora y entablé una cierta amistad entre bocadillos y cafés con leche a medio día. Vendía tabaco, pero también tenía del de contrabando y de tanto en tanto, los otros cuerpos de seguridad formados por una pareja de guardias civiles con tricornio  y bigote los dos, iban y le hacían una requisa… y eso que ellos eran uno de sus compradores de tabaco del barato.

Los dos guardias civiles formaban una típica pareja casi de viñeta de cómic. Recuerdo una mañana durante el bocadillo como montaron una persecución en toda regla dando vueltas por la plaza con sirena y todo detrás de un vespino en el que iban dos jóvenes montados, cuanto la normativa dice que en los vespinos sólo puede ir uno. Creo que llegamos a contar como unas seis o siete vueltas a la plaza antes de que los delincuentes juveniles enfilaran una calle hacia la parte alta del pueblo. Cuando ya estaba por el café con leche a medias entraron en el bar el susodicho cuerpo de seguridad, pavoneándose de la hazaña realizada. La del bar, como buena ama de bar que se precie, no se pudo resistir a cotillear sobre lo ocurrido. La pareja le informó que los presuntos delincuentes habían intentado burlarlos metiéndose por las calles del casco urbano y cuando vieron que su intento de evadir la mano de la justicia era infructuoso habían abandonado el vehículo infractor y habían huido cada uno en una dirección diferente. Ellos, como era de esperar, multaron y requisaron el vehículo, no antes habiendo amenazado a los presuntos delincuentes con un “no huyáis bellacos, sabemos quienes sois y donde vivís y esta tarde vamos a ir a contárselo a vuestros padres” faltaría más.

Ya os he dicho que el pueblo era muy pequeñito y ocurrían cosas que en la ciudad no son habituales. Un día mientras trabajaba dentro del archivo que estaba en el ático empecé a oír las campanas de la iglesia tocando a muertos, estuvo así durante unos quince minutos, luego cinco de música fúnebre. Seguidamente la voz del cura anunciaba la defunción de uno de sus vecinos y convidaba a la comunidad a asistir al día siguiente a su funeral. Luego otros cinco minutos de música fúnebre y quince minutos más de campanas. Me pareció un modo curioso de anunciarlo, pero después de haber oído antes el anunciar de forma parecida, pero sin música fúnebre y con campanas más alegres, claro, que tenía que ir la cruz roja a recoger donaciones de sangres, pues tampoco me pareció tan extraño.

Tres días después de las campanadas, la música y la proclama, estaba yo a media mañana de nuevo en el bar tomándome mi reconstituyente bocadillo matinero cuando entró en el bar un señor bastante alto, barrigón, mofletudo, rostro rosado con unos mofletes más saludables que la Heidi, un espeso bigote negro y una especie de gorra aboinada. Yo no le dí más importancia hasta que el bar quedó inmerso en un escalofriante silencio sepulcral, la señora del bar emitió un leve gritito y uno de los abueletes que jugaba a cartas se puso de pie y su silla cayo al suelo. Fue entonces cuando le presté más atención al nuevo parroquiano y a las caras lívidas de los demás. Yo debía ser la única que tenía cara de panoli sin entender nada a mitad de un mordisco contemplando la escena. De pronto la dueña del bar da un paso adelante con cierto recelo y le dice

– ¿Pero tú no estás muerto?

Tengo que reconocer que consideré que esa era una pregunta curiosa y poco frecuente, lo cierto es que hasta el momento no le había oído preguntar a ninguno de sus clientes si estaban vivos. De hecho ese hombre parecía muy vivo y bastante bien alimentado por cierto.

El hombre se echó unas buenas risas y le respondió

– ¿Acaso tengo pinta de muerto?

En ese momento medio bar, es decir, media mesa de abueletes que jugaban a las cartas estalló en risas. El otro medio pese a todo no las acababa de tener todas consigo.

Evidentemente el hombre no estaba muerto. Contó a toda la parroquia mientras se tomaba una fresca cervecita (por no decir una hermosa pinta) que había tenido una discusión con el vecino colindante a sus tierras discutiendo sobre una pared medianera y su propiedad. Parece ser que al final él había ganado y las escrituras demostraban que era suya, pero el vecino se lo había tomado muy mal. Cuando el vecino vio que “el muerto” se iba con su coche a la ciudad aprovechó y desde la cabina del pueblo llamó a su mujer, le informó que llamaba de la policía, preguntando si fulanito era su marido. Les contó que en la carretera que llevaba a la ciudad había habido un accidente consecuencia del cual fulanito había perecido durante su traslado al hospital. El cuerpo estaba en el tanatorio de dicho hospital a la espera de que la familia se personase allí para su recepción.

La viuda desconsolada había llamado a la madre, a los hermanos y a los tíos, habían hablado con el cura el cual había hecho la llamada de rigor convocando a todos los feligreses para las exequias y cuando ya se habían vestido de negro (en las casas de los pueblos siempre se tiene algo negro por si las circunstancias lo requieren) y se disponían a acudir al susodicho tanatorio, el “muerto” abre la puerta de su casa dispuesto a dar buena cuenta de la comida que seguro le había preparado su mujercita. El panorama según nos narró, no podía ser más desolador, toda su familia se había reunido en su casa sin ser Navidad ni ninguna fiesta que celebrar. Estaban todos vestidos de riguroso negro, ellas con falda y ellos con corbata y todo. Además todos lloraban como unos descosidos abrazándose unos a otros. Es más, su madre cuando le vio casi le da un infarto y por los pelos no estuvieron a tener que irse corriendo al susodicho hospital aunque por motivos muy diferentes.

La historia desde luego era rocambolesca, y creo que fue la que se llevó el premio de todas las historias rocambolescas con las que me topé ese medio año que estuve en ese ayuntamiento. La historia bien valió la cerveza que milagrosamente invitó la señora del bar después de haberse echado unas buenas risas. El vecino bromista no se como acabó, ni si lo denunciaron o lo lincharon, pero desde luego esta visto que las bromas pesadas no tienen mucha gracia… salvo cuando te las cuenta el mismo muerto.

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Las nuevas tecnologías, ¿han agilipollado a las nuevas generaciones?

5 Nov

Cuando yo era joven y estudiaba, en ocasiones me quedaba alucinada de los conocimientos que tenía mi padre y de todas las cosas que se acordaba. Mi padre era hijo de mallorquines emigrados a principios del siglo XX a Francia. Yo achacaba ese conocimiento al sistema educativo francés, que aunque estuviera hablando de un sistema de los años treinta y principios de los cuarenta, debía ser mucho mejor que el español en la misma época. Recuerdo que cuando le pedía algo relacionado con la historia de Francia, me lo contaba todo con una precisión de personajes, hechos y fechas que yo en ocasiones pensaba si tenía algún poder para saber lo que le preguntaría antes y se había informado. Luego cuando lo comprobaba en los libros y las enciclopedias veía asombrada como coincidía en todo. Así que me crié pensando en que la educación que había tenido mi padre era muy superior a la que estaba teniendo yo.

Tengo que reconocer que pese a todo, me he ido dando cuenta con el tiempo que la mía tampoco fue tan mal. Al menos salí con una cierta cultura general en muchos aspectos que no sólo me permitían conseguir algún quesito del Trivial, sino que he tenido bastante visión en muchos aspectos para poder mantener prolongadamente una conversación con propiedad y conocimiento de causa de bastantes temas, sin tener que mirar la enciclopedia.

Cuando había alguna cosa que no entendía y se lo pedía a mi padre, lo primero que me decía siempre era “no hay que tener pereza, ¿has mirado la enciclopedia?” O el diccionario, según se terciara. Así que yo fui de la generación que creció sabiendo lo que era una enciclopedia, manejando diccionarios y acudiendo a las bibliotecas.

Cuando entré en la facu, aún no había ordenadores personales. Si alguien los tenía en casa eran unos super-mega-privilegiados y encima contadísimos y refiriéndome siempre a los últimos años de carrera por no decir a unos años después de haberla acabado. Además entonces los primeros ordenadores no eran de los de entrar en internet, porque aún no existía, y se usaban más como máquina de escribir con posibilidades insospechadas, pero teniendo que aprenderse unos códigos que combinaban las teclas de  Alt, Mayusculas o Control con las de F1 a F12 dependiendo de lo que quisiéramos.

Así que los trabajos que se hacían en esa época eran a máquina de escribir. Si te equivocabas o tipex o repetías la página. Si querías quedarte copias tenías que ir a la foto copistería o si preferías que te saliera más rentable, poner papel carbón y dos hojas y sacar así la copia del trabajo.

Como podéis suponer, de esta forma los trabajos te los tenías que currar y de lo lindo. Es decir, tenías menos fuentes, porque sólo contábamos con las bibliotecas de la facu o de la ciudad o los libros que hubiera por casa de cada uno. Por otro lado, también teníamos menos posibilidades de hacer copiar y pegar como hoy en día. Si alguien te podía dejar un trabajo ya hecho, para empezar había al menos que tomarse la molestia en volver a teclearlo y así como mínimo uno se enteraba algo de lo que iba. Segundo, seguramente le hubiera sonado mucho al profe y de seguro que una buena nota en el mejor de los casos no te caía, como mucho un aprobadito raspadito. Eso si no se te presentaban con el anterior trabajo y te avergonzaban en público y tenías el suspenso y la repetición del trabajo asegurado.

A que viene todo esto, pues lo siento pero yo siempre he sido de las que ha pensado que la LOGSE era lo peor que les podía ocurrir a los estudiantes, que es un sistema mal montado y que te exige unos niveles que dan pena y no tienes idea de nada. Que los niños con tal de no sentirse fracasados van pasando de un nivel a otro sin adquirir un mínimo de conocimientos y luego te encuentras lo que te encuentras, que algunos se lo han tomado en serio y las diferencias entre los conocimientos de uno y otro son aún más abismales que en mi época. Los jóvenes no aprenden a tener responsabilidades ni aceptar fracasos. Vamos, que al menos para mí la LOGSE no es ningún chollo en ningún sentido.

Porque digo esto, pues sencillamente porque esta mañana me ha ocurrido algo que no es la primera vez que me ocurre, pero por suerte no es demasiado habitual. Yo trabajo en una biblioteca especializada, es decir, es sólo para investigadores, allí no se estudia ni se preparan exámenes. Es  un sitio en el que se consulta, se toma nota o trabaja con las fuentes en directo. El público que suelo tener es a nivel universitario, pero si se me ha presentado alguien no universitario con ganas de indagar en un tema y han respetado las normas de sala pues no he tenido inconveniente en atenderlos de igual forma que hago con los universitarios. Entre mis funciones está la de asesorar y aconsejar en referencia a los fondos que tenemos. Para ello tengo que conocerlos muy bien y también cuento con la herramienta del catálogo que ayuda lo suyo, ya que no sé me de memoria todo el depósito de libros.

Pues bien, hoy ha venido una chica jovencita, durante bastante rato he pensado si era una estudiante de instituto, que no vienen muchos, pero alguno hay. Me ha pedido si teníamos libros de dos autores. En vez de enviarla al catálogo general se lo he buscado. Le he pedido los dos apellidos de los autores, ya que los nombres y primer apellido eran muy normales y había más de uno con esos datos. Aquí la primera sorpresa, no sabía los segundos apellidos. Segunda sorpresa, no tenía ni idea de que obra hubieran podido escribir, ni de que iban los temas. Al final leyéndole nombres ha acabado por identificar quienes eran. De uno teníamos libros, del otro no. Del autor que teníamos libros le he leído los títulos, todos y había muchos y muy largos, y luego le he preguntado cual necesitaba ya que no me había parado en ningún momento y se había pasado todo el tiempo tecleando en su IPhone.

Después de haberme tomado esas molestias, me dice que ella realmente no quiere ningún libro, sino que su profe le había pedido que le trajera apuntados dos o tres libros de esos señores con el año de edición, el lugar y la editorial y el título por supuesto. ¡Anda que la guapa no podría haber empezado por eso en vez de estar mandando mensajitos con su móvil!, así que la he remitido al ordenador de sala y que lo buscara ella.  La chica ha tenido la potra de que en esos momentos los ordenadores estaban bloqueados por un problema informático, así que he tenido que dictarle sus  tres libritos. Allí ha venido otra sorpresa, no se había traído ni papel ni nada para escribir, y tampoco se le ha ocurrido apuntarlo al móvil como hacen algunos, para qué, eso sólo está para charlas con los compis. Así que muy a su pesar le he sacado papel y boli, lo único que me faltaba era tener que hacerle yo el trabajo. Suspiro de aburrimiento, deja tranquilo el móvil y apunta los tres títulos más sencillos que le voy dictando.

Luego me pide por el otro autor y le digo que no hay nada. Me dice que su nombre de verdad era otro. También podría haber empezado por allí, mi obligación no es conocerme todos los nombres y pseudónimos de todos los escritores del mundo, sólo me faltaría. Por el nombre real tampoco salía. Le he pedido si conocía algún título y no tenía idea de que hubiera escrito nada ni de como se titulara, de echo tampoco tenía mucha idea de quienes eran esos señores. Así que la he remitido a la Gran Enciclopedia de Mallorca. Esta es una de las cinco enciclopedias que tenemos, además de unos cuantos diccionarios, distribuidos en tres tristes estanterías. Vamos que no había mucho sitio donde buscar. Le digo, es la de allí, la marrón que está justo en medio. Levanto la vista y me la encuentro mirando la azul de arriba que era la de Ibiza. Le vuelvo a repetir que era la marrón del estante de debajo (dicho sea de paso era la única que había en el estante de debajo de esa) y se pone a buscar por otra estantería y por debajo, una de color verde oscuro. No tenía muy claro si eso era real o es que me vacilaba porque es que la tenía literalmente delante de su cara. Al final ha entendido cual era la marrón (es que las demás son negra, azul, azul y verde)  Le digo que funciona en plan enciclopedia y que va por orden alfabético. Se la mira un rato. Luego coge el último tomo que era el que tenía más cerca de ella y de su iPhone. Era el tomo que en el lomo ponía apéndice del año 2010, A-Z. Mira en él y me dice que ese señor no aparece en la Enciclopedia. Sigo pensando que tal vez me estén tomando el pelo y le sugiero que coja el tomo dos donde seguramente esté la letra C que era la que buscaba, que mire en el lomo que letras pone que incluye el tomo. Coge el tomo dos y se lo mira durante un buen rato, ahorra hojas para adelante, ahora hojas para atrás, vuelve hacia delante, vuelve hacia atrás, al final se decide. Me dice que ha llegado a encontrar al autor (que no era ni extranjero ni con una apellido complicado por si alguien pensaba en ello como agravante a la difícil prueba de buscar un nombre por orden alfabético en un listado de nombres) pero que no aparece que tuviera ninguna obra.

Puede que si no aparecen obras es que no escribiera nada o que al menos no esté publicado. Le sugiero que hable con la profesora. Se acerca a la tarima y me comenta que en realidad esta no era la primera biblioteca que había visitado y que en ninguna habían encontrado nada que al menos yo le había facilitado los tres títulos del otro. Y no me extraña, si se lo tomaba con esa chorra lo más posible es que la hubieran enviado al catálogo y que al menos se hubiera currado por ella misma tres desgraciadas búsquedas. Pensé en sugerirle que buscar la próxima vez por ISBN, pero dudo que ni supiera que es eso. Antes de irse le he preguntado de qué asignatura era y si era de algún instituto, más que nada para saber el nivel de la enseñanza hoy en día. Mi nueva sorpresa ha sido que era para una asignatura de magisterio, es decir, de universidad.

Veamos, recapitulemos, se supone que alguien que se está preparando para impartir clases y ensañar, es incapaz de buscar en un catalogo, que no lleva ni papel ni lápiz cuando va a una biblioteca, que si el personal del centro no le hace la búsqueda ella no sabe como se hace, que no es capaz de buscar una enciclopedia marrón en medio de una estantería bastante vacía y que ni tan sólo tiene muy claro de como se usa una enciclopedia ni de como va lo del sistema alfabético. Aunque bien pensado, no sé de que me quejo, si obviamente lo único que conoce es la wikipedia, el teclado del ordenador y el del iPhone, se debe suponer que el abecedario es qwertyuiop…… en vez de abcdefghi……

Cuando he llegado a casa, le he comentado a mi chico, que en su blog, que ya os comenté que iba de historia y lugares de Mallorca, que no citara las fuentes, que al menos si alguien le copiaba y pegaba todo un trabajo de curso no se lo dejara preparadito con bibliografía y todo, que se la curren que es lo mínimo que pueden hacer. O eso, o que le pongan la nota a él, que al menos sí sabe como se usa una enciclopedia y un alfabeto y eso que es de ciencias y no de letras.

P.D.: Se ruega al profesorado de Magisterio, que haga una prueba práctica a los estudiantes si son capaces de buscar en una enciclopedia una serie de simples conceptos, porque estoy empezando a sospechar a partir de lo que me he encontrado hoy, que posiblemente se pudieran llevar algunos chascos de los buenos. Si todos los alumnos superan esta prueba puede que me vuelva a plantear mi fe en el sistema educativo actual.

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