Una madre mega protectora

27 Nov

En una entrada anterior os he comentado que Tsunami quería volar y había puesto un video de su aventura en tirolina. En las respuestas Maribel de B aprende en casa ha comentado que teme que ella sea una madre protectora. Me ha llamado la atención porque no es la primera vez que le leo ese comentario de ella misma. Es un comentario que también he leído en algunas otras webs. Así que he pensado que no estaría mal hablar un poco de lo que es una madre protectora normal y de lo que es una madre mega protectora.

Cuando nació Terremoto yo era muy pardilla, y lo digo así de claro porque lo era. Era hija única, la persona más pequeña que había habido en mi familia y con la que había tenido contacto era mi prima y nos llevamos cinco años y medio, así que poco me acuerdo. Dos de mis amigas habían tenido niños pero desde que habían sido mamás no solíamos vernos mucho y menos con los peques. Nunca había tenido eso que se llama instinto maternal marcado, vamos que no era de las personas que vieran un bebé y se les iban los ojos detrás o forraran su carpeta con anuncios del Prenatal o el Benetton. Para colmo, no se si era mi peinado con el pelo suelto y con gafas, que cada vez que le hacía caso a un bebé se ponía a berrear como un descosido. Así que eso no ayudó a fomentar mi experiencia en un contacto infantil. Por eso digo que era muy, pero que muy pardilla, mi experiencia era algo así como menos cero.

Tengo que juntar a ello el trato que recibí de niña en casa. Mis padres habían tenido un niño diez años antes de que yo naciera. Tuvieron una cantidad de problemas, fallos y malas coordinaciones médicas durante el parto que fue de escándalo. Así que lo que tendría que haber sido un parto normal con un niño normal, se convirtió en un padecimiento fetal que no se quedaron de milagro allí mi madre y mi hermano. Ya cuando nació les advirtieron que debido a todo lo que había pasado posiblemente ese niño no llegase a mayor, que no expresase sentimientos y que tenía pocas esperanzas. Lo siento mucho, pero casi mejor que el pobre se hubiera quedado en el parto. El pequeño vivió un año y tres días y por lo que sé fueron tremendos. Era un niño que no lloraba, que no hacía nada, sólo estaba allí. Era un niño al que se le daban unas medicinas que no eran baratas y no las cubría la seguridad social y parecía que no le hicieran nada. Al morir no hablaba, ni caminaba, ni reía y no os diré que fuera un vegetal, pero desde luego no era un niño de un año. Una mañana cerró sus ojos y dejó de sufrir, pero los que empezaron a sufrir entonces y mucho más fueron mis padres. Así que cuando yo nací diez años después, hizo que su actitud conmigo fuera de un superprotección  muy poco normal, llegando a ser en más de una ocasión molesta y agobiante. Yo no supe de la existencia de ese hermano hasta que no tuve seis años porque encontré unas fotos escondidas y pedí quien era ese niño. Tuve que soportar muchos comportamientos injustos que se tuvieron conmigo, sobre todo por parte de mi madre.

Además de eso, tengo que confesaros que cada día estoy más convencida que yo no fui una hija deseada, al menos por parte de mi madre. Ella siempre había querido un hijo, pero ese hijo se les fue. Después de eso según he sabido ella no quería tener más hijos y por lo que sé yo fui un accidente que se les coló. Cuando nací no tenían ni pensado un nombre para una posible niña y de hecho cuando el ginecólogo le dijo que era una niña ella le dijo que se dejara de bromas y le enseñara el niño. En alguna ocasión me dijo que si ella hubiera podido elegir hubiera preferido que hubiera sobrevivido el niño pero bien y no tenerme a mí. Cuando perdió a mi hermano se volcó en mis primos y de hecho durante prácticamente toda su vida, mis primos eran sus preferidos: los que siempre alababa; los que se llevaba de paseo por todo; los que les invitaba a comer en casa y les hacía su plato favorito; los que les hizo ropita;  los que siempre fueron lo mejor de lo mejor de lo mejor. En cambio yo sólo recibía reproches, todo lo que hacía aunque fuera una chulada ella no le daba importancia o lo criticaba, no jugaba conmigo, le molestaba que hiciera ruido mientras ella se hacia la siesta o hacia las cosas de la casa y se pasaba casi todas las tardes en casa de mi tía, mientras yo estaba sola en casa porque mi padre trabajaba de tarde y alguna vez tuve que llamarla para que bajara a hacerme la cena. Por todo ello tuve una infancia que podríamos clasificar como muy solitaria. Ella presumía mucho de que su madre había sido muy liberal con ella y que siempre la había dejado ir sola por la calle, cortejar por la acera de enfrente sin carabina e ir a fiestas y bailes si quería. En cambio ella se pasó la vida negándome poder ir de excursión con el cole porque “ya he perdido un hijo no quiero perder ahora una hija” tampoco podía ir a jugar a la calle y eso que mi calle estuvo cerrada al tráfico y no se asfaltó hasta que no cumplí los ocho años, porque “ya he perdido un hijo no quiero perder ahora una hija” Tampoco tuve mucha suerte a la hora de salir con las amigas, lo conseguía sí, pero siempre que el padre de mi amiga nos viniera a buscar y llevar el mismo en coche, porque “ya he perdido un hijo no quiero perder ahora una hija”. Siempre que quería hacer algo me encontraba con esa barrera. Cuando finalmente podía salir o iba a ver a mis amigas su despedida era siempre “se buena, ten cuidado y vuelve pronto” Siempre le preguntaba si alguna vez pensaba decirme que me lo pasara bien, pero nunca lo hizo. Dicho así parece que nos odiáramos, pero os aseguro que no, aunque yo me sentí muy coartada, veía al resto de la clase que se iba de excursión y yo era la única niña de la clase que ese día se tenía que ir a otra aula. Creo que a las primeras que fui fue porque en el cole le dijeron que si no tenía que ir que me quedara en casa y me parece que ella prefirió entonces que fuera a no tenerme todo el día en casa, como si mi intención fuera controlarla.

Bueno, como veis tengo algo de experiencia en lo que es tener una madre mega protectora, aunque en este caso su protección me temo que era más por sentimientos de egoísmo propio que no por amor maternal.

Cuando nació Terremoto, pese a ser muy pardilla, decidí que toda una serie de cosas por las que yo había tenido que pasar durante mi infancia, mi hijo no las iba a pasar. Me propuse ser una madre no tan controladora. Siempre he dejado a mi peque ir a cualquier excursión, incluso en ocasiones me he peleado con alguna maestra del anterior cole porque me comunicaban que habría una excursión pero que preferían que no apuntara al nene. Siempre he creído que pese a los problemas que tiene se merece llevar una vida como los demás nenes. Pero en ciertas cosas y pese a mi intención inicial, sí que he tenido que ser muy protectora, puede que en ocasiones algo megaprotectora. Por ejemplo, cuando íbamos por la calle jamás le soltaba de la mano. Empecé a soltarle de la mano cuando estaba embarazada de Tsunami. Terremoto, hoy en día que le falta poquito para cumplir los 14 nunca ha ido solo por la calle, siempre ha tenido a alguien “de carabina” controlándole, no va a hacer ni compras ni recados a las tiendas de al lado. Esta actitud me diréis puede estar justificada por el tipo de comportamiento que él ha tenido y por las características de ser un T.G.D.  y sobre todo porque no solía pararse y cruzaba sin mirar.

Muchas veces me he preguntado si no ha sido en estos aspectos muy megaprotectora. Muchas veces le he censurado programas de tele, o imágenes o situaciones que hay por la vida porque creía que le costaría entenderlos. Ahora estoy empezando a contarle que el mundo no es tan de color de rosa como él cree y que hay muchas personas y niños que se mueren de hambre y no tienen ni donde caerse muertos. Ahora le estoy hablando de que existen personas que se llaman pederastas y que existe la violencia doméstica. Que esa persona que está rebuscando en un contenedor es para usar lo que los demás tiramos y ellos viven de nuestra basura. Muchas veces me pregunto si le he edulcorado demasiado el mundo y me gustaría poder estar en su cabecita para ver como lo siente él.

Terremoto ha querido desde hace muchos años el poder tener más independencia, ir solo por la calle a dar un paseo o ir a comprar algo solo. Ahora, alguna vez, le dejo que baje a tirar la basura y yo miro desde el balcón, que la tenemos justo al lado.  Una vez le plantee el tema a la neuropediatra, me dijo que si viviéramos en un lugar más pequeño tipo pueblecito, donde los vecinos más o menos se conocen, me diría de darle más libertad, pero en una ciudad como Palma, de momento estaba muy verde para ello. El barrio donde vivía antes se ha desmejorado en los últimos años, donde estoy ahora esta mejor, pero casi ni conocemos lo que hay en él ya que tampoco tenemos muchas ocasiones de hacer una inspección tan a fondo, apenas llevamos un año escaso y los comercios los tengo algo más lejos. Así que la residencia influye en estos casos y mucho. Donde estábamos antes, el primer cole al que fue,  estaba justo en la calle de atrás y puede que si  viviéramos aún allí y siguiera yendo a ese cole fuera solo. Ahora el cole está en la otra punta de la ciudad y tenemos que ir en coche. Durante una época le estuve trabajando lo de ir detrás de él dejando un espacio, pero no se dejaba, no quería y la teníamos montada.

Para que se le de cierta libertad a un niño se debe tener muy en cuenta su grado de madurez, se la tiene que ganar y no se la gana sólo porque un día mire a ambos lados de la calle, sino porque lo hace siempre y ves que ya toma unas precauciones. Hay niños que con seis años son unos hombrecitos, y otros que tendrán treinta y seguirán siendo unos críos, aunque a esa edad ya hayan salido del nido maternal.

Podría decir que hay varias causas que pueden interferir a la hora de ser una madre, o un padre protector. Las más habituales serían pues, de una forma resumida:

– La herencia de como te criaron a ti

– La zona donde vives

– El peligro potencial real que rodea al niño

– Ser primerizas, pero mucho mucho mucho

– No haber tenido nunca hermanos

– Haber perdido con anterioridad algún hijo

– Experiencias propias negativas por no habernos prestado atención

– Nuestro sistema nervioso no da para más

A la hora de actuar como una madre protectora nos mueven realmente los siguientes motivos

– Vigilar que no haya un verdadero peligro real para el niño

– Tomar medidas para evitar que se haga daño

– Dejarle actuar, alguna caída siempre habrá en el aprendizaje

– Depende del grado de madurez del niño

Puede que os riais, pero os voy a recomendar una peli de dibujos para que os planteéis si realmente sois unos padres megaprotectores o no. Esta peli me dio a mí bastante que pensar. Se titula Buscando a Nemo y supongo que todos los que tengáis peques ya conocéis la historia. Todo el lio empieza cuando un pez grita “¡Qué desastre! ¡Nemo ha salido a mar abierto! “. El prota, Nemo,  desobedece a su padre, acaba atrapado por unos buzos y su padre se lanza en su búsqueda hacia el profundo océano azul y allí conoce a una pececita, Dory, que pese a su falta de memoria y de formalidad hay mucha sensatez en el fondo de sus palabras. Pues bien, en esa peli cuando el padre riñe a Doris diciéndole “¡tú no puedes Nemo!” porque para él ya era como una frase hecha, de hecho se pasa los primeros minutos de la peli repitiendo Nemo, no puedes, ¡no puedes!

Hacía un año y poco que me había separado de mi ex, aún no tenía pareja y había ido con Terremoto a verla. Hay pelis que son para niños, y también hay pelis que tienen mensajes para niños, y esta además tenía también un mensaje para padres y yo era una de esas personas que necesitaba sobre todo en ese momento un tipo de mensaje de ese tipo. Desde el comienzo la peli me dio que pensar. En un momento Marlín, el padre de Nemo le dice a Dory  que había  prometido que nunca le pasaría nada a Nemo. Dory le responde  que eso era una estupidez “No puedes impedir que le ocurran cosas. Si no, nunca le pasaría nada. Harpo se aburriría como una ostra”.  ¿Nunca os ha pasado que un diálogo de una peli os ha abierto los ojos? A mi me ha pasado dos veces, esa fue una de ellas. Estas dos frases y algunas más fueron las que me animaron a dar un poco más de libertad a Terremoto, aunque la preocupación y la sombra de mi infancia estarán siempre en mi mente.

Lo normal es que nuestros niños poco a poco vayan teniendo responsabilidades y vayan evolucionando. Lo normal es que poco a poco nosotros les facilitemos ese camino y les vayamos dando las herramientas para conseguirlo y supervisando su uso. Si alguien tiene dudas, ya sabéis mi recomendación, dejad que ese pequeño pez payaso os abra los ojos y os guie un poco en este difícil camino de la vida, si Marlín lo consiguió supongo que nosotros también podríamos.

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10 comentarios to “Una madre mega protectora”

  1. Maribel 28 de noviembre de 2012 a 9:31 am #

    Que bonita lección la de la película.
    Y realmente siento mucho esos aspectos de tu infancia que nos cuentas, quizá tu madre nu supo vivir su duelo y de ahí su actitud.
    Yo procuro no cortarle el vuelo a mi hijo, que haga lo mismo que otros niños, que salga, que viva… en mi caso son mis propios miedos lo que me llevan a plantearme lo de la sobreprotección, intentando siempre guardármelo para mí y no transmitirle inseguridades.
    En mi caso, lo que más me preocupa es que él se sienta bien. Me afecta mucho la tristeza de los niños y teniendo en cuenta que mi hijo y yo siempre hemos estado físicamente muy unidos, que por nuestra forma de vida las relaciones con los demás hasta ahora han sido muy escasas… me preocupa lo que pueda sentir ahora que ha salido “al mundo”, aunque me da lecciones cada día de su valentía y fortaleza.
    Besos

    • Laura 28 de noviembre de 2012 a 9:27 pm #

      Los niños muchas veces están más preparados de lo que creemos, al menos los niños que no tienen ningún problema adjunto. En muchas cosas Terremoto ha sido muy precoz y cuando ha mostrado un interés por algo o una habilidad he intentado fomentarsela, incluso cuando mi sistema nervioso estaba en peligro de activarse. Por ejemplo, le ha gustado la cocina desde muy pequeño y lo he tenido cerca de los fogones de pinche y me daba miedo porque él era muy pequeño y si le caia algo encima hubiera sido un desastre, así que tienes que ir enseñandole pero procurando por su seguridad. Me gustaría que lo vieras cortar verduritas. Lo de la calle ha sido otro tema porque como no se paraba al llegar a la esquina y si le decías para también pasaba de tí, pues me da miedo. Ahora ha cambiado, pero tantos años de precaución me cuesta bajar la guardia. Creo que tengo que ir rementalizandome al tiempo que él poco a poco adquiera las habilidades. En el cole donde va ahora a los 16 años hacen una cosa llamada preparación para la vida adulta, y allí les enseñan todo lo que les hace falta para vivir en una casa solos y para ir por la calle y coger el bus sin necesidad de que les acompañen, pero aún le faltan unos años para entrar en este programa. Terremoto es muy bueno orientandose y no creo que se perdiera, pero cuando en ocasiones ha tenido ataques en los que te amenazaba con escaparse de casa e irse a vivir dentro de una caja de cartón… eso se te queda gravado y me cuesta borrarmelo.

  2. MisMellis 28 de noviembre de 2012 a 2:11 pm #

    Laura lo primero decirte que me ha impresionado bastante la historia de tu madre y de ese hermano, quizá ella tal y como dice Maribel no supo hacer ese duelo y volcó todas sus frustraciones en tí lo cuál es sumamente injusto, pero habitual, el miedo a perder otro hijo quizá la volvió excesivamente protectora al tiempo que quizá le daba miedo exteriorizar sus sentimientos pro si te perdía… la verdad es que la mente humana es sumamente complicada.
    Entiendo que tú ahora te vuelvas sobreprotectora, he trabajado con padres de niños con discapacidad y es un rasgo habitual y común en algunos de ellos esa sobreprotección a otros en cambio les da por tratar a sus hijos en total igualdad con el resto de los niños aveces incluso llegando a ignorar la realidad.
    Entiendo que pienses que tú hijo no está preparado, nadie mejor que tú para verlo y valorarlo, pero se me ocurre que puedes irle dando pequeñas responsabilidades, al igual que le dejas bajar la basura busca alguna otra actividad que a´él le de el orgullo de poder ser´más independiente al tiempo qu ea ti te de cierta tranquilidad.
    La verdad es que tenemos que buscar un punto medio entre la sobreprotección y la total libertad, a mi marido le educaron sin normas y sin límites, pudo hacer toda la vida lo que le dió la gana porque la máxima de sus padres era que fuera felíz y todavía me sorprendo de que haya salido como ha salido la verdad….

    • Laura 28 de noviembre de 2012 a 9:43 pm #

      Desde luego la mente humana es muy complicada, y yo también creo que ese duelo no lo llegó ha hacer nunca.
      Con Terremoto he sido muy protectora en unas cosas y muy liberal en otras. Le he dado responsabilidades para que aprendiera a desenvolverse en una casa el solo. Le he ensañado a moverse un poco en la cocina, cada mañana el se viste solo, se hace su cama, se hace los toques finales de su desayuno, todo lo que es aseo personal es algo en lo que no intervengo, lleva la ropa sucia al cesto y es el encargado de colocar su ropa limpia en su armario y de tener ordenado y limpio su cuarto. En lo que he sido muy protectora ha sido en lo de salir a la calle y en vigilar cuando esta con alguien nuevo, ya os he contado alguna vez lo crueles que han sido con él algunos niños y mayores, por eso suelo estar a la espectativa y vigilar un poco.
      En cambio con Tsunami te aseguro que de protectores nada, entre la diferencia tan abismal de los dos y que el peque es un espíritu libre e independiente. Como decis, cada uno tiene su punto y su madurez.

  3. Jirafa 28 de noviembre de 2012 a 4:29 pm #

    Yo creo en la libertad con término medio. Ni padres muy liberales y permisivos ni padres demasiado protectores. Los hijos son nuestros pero no nos pertenecen y necesitan aprender a volar para cuando hagan su propio nido.
    Los motivos que llevan a ser demasiado liberales o demasido protectores creo que tendría que mirárselo cada uno y no que su propio hijo sea el consecuente de sus miedos o problemas no atajados a tiempo. Un niño necesita ser feliz, vivir la vida plenamente, con errores, aciertos, libertad y prohibición pero con término medio, ni mucho ni poco, lo justo.
    Besos

    • Laura 28 de noviembre de 2012 a 9:51 pm #

      Verdad que eso sería lo justo Jirafa, el problema es que no siempre depende todo de nosotros, también influye el entorno, el colegio, la sociedad. Normalmente es así, pero en ciertos casos eso no es tan fácil y tienes que adoptar ciertas actitudes que no te gustan para que el niño no sufra, al menos durante el tiempo en que no está preparado para entender ciertas cosas. Lidiar con Terremoto es en ocasiones muy muy muy difícil. Intento prepararlo, pero el hacerlo implica mucho tiempo de explicaciones, charlas, darle ejemplos, argumentos…. no puedes ni imaginarte lo que te puede quemar, es lo que me ha tocado

  4. padresdetrillizas 30 de noviembre de 2012 a 11:06 pm #

    Uff, me has deajdo muy tocada con la mnera tan desgarradora que tienes de contar tu historia… parece que estoy oyendo a mi abuela, que perdió a uno de sus 8 hijos cuando tenía 19 años, y poco después perdió a mi abuelo, con sólo 54 años. Una y mil veces he oído que cambiaría a todos sus hijos por su marido, y eso que les quiere con locura, pero algo de la muerte de mi abuelo le dejó tocada, y creo que nunca hizo el duelo que debía, porque tenía 7 hijos que sacar adelante.

    Yo tengo tres niñas de 2 años, y hace poco mantuve una conversación muy intensa, en la que confesaba que creo que infantilizo a mis niñas, para poder tener cierto control en mi vida con tres terremotos de la misma edad en casa… y poco a poco voy soltando un poco la mano. También el hecho de que nacieran prematuras (31+5) y con bajo peso (la más grande con 1620gr) me hizo estar el primer año muy alerta, y quizás demadiado vigilante.

    Supongo que poco a poco se aprende, y este post me ha enseñado mucho, te doy las gracias por abrirte así, ha sido increíble leerte… Un abrazo.

    • Laura 1 de diciembre de 2012 a 12:23 am #

      Hola padredetrillizas, o mamidetrillizas. Me alegra haberte ayudado en algo. Ciertamente el ser padres y criar un nene no es nada fácil. Nunca nos advierten del todo de ello y por mucho que nos lo digan no nos podemos hacer una idea. Muchas veces nos ponemos muy serios, muy de papás y no pensamos en lo que vivimos o sentimos nosotros a su edad. Yo no he tenido tres peques juntos, pero seguro que no debe ser nada fácil. Pero si tuve un niño que tampoco fue nada fácil para nada, no se si peor que tres, pero lo tuve unos cuantos años sola, con muy poca ayuda y creo que animicamente muchas veces me sentí como te podrías encontrar tú con tres. Desbordada. Con dudas. Perdida. Es normal que deseemos que se paren un poco para que nosotros podamos seguir tomando el rumbo de los acontecimientos, pero eso es imposible. El tiempo pasa, no se para y ellos evolucionan y crecen y nos tenemos que acoplar a su ritmo estemos preparados o no.
      El tener ayudita es algo magnífico, el poder tener un poco de tiempo para uno mismo y conservar así “la cordura” para seguir con nuestra vida también es magnífico. El que busquemos eso no es malo ni nos hace malos padres, al contrario, nuestros peques necesitan tener unos papis centrados, descansados y que se sientan personas, no objetos. Si para ello de tanto en tanto papá o mamá o los dos desaparecen unas horas para ir a cenar o al cine, no les va a traumatizar de por vida, pero si que les afectará si no estamos en condiciones y luego acaban pagandolo ellos con nuestras neuras, nuestros miedos o nuestro cansancio. No podemos cortarles las alas, pero ellos tampoco deben cortarnoslas a nosotros.
      Es normal que cuando han sido tan pequeñitas y las has visto tan indefensas te surjan todos esos temores, te aseguro que a mí también me hubiera pasado, pero eso por suerte ya pasó. Ahora centraté en el futuro y en el presente. Seguro que las peques son monísimas y seguro que ya son más grandecitas y pesan bastante más. Seguramente ese primer año era muy importante que estuvieras muy vigilante, pero tal vez ahora ya puedas ir relajandote un poco, cuidandolas y vigilandolas, pero dejalas crecer y también buscaté algunos momentitos para cuidarte tú. Mucha suerte en tu vida de padredetrillizas. Un beso.
      PD: Algunas cosas de las que te comento las trato en una entrada sobre cuidar al cuidador. Cuidaros papis para cuidarlas.

  5. Unaterapeutatemprana 3 de diciembre de 2012 a 8:05 pm #

    Qué vida más dura, Laura, ahora te admiro más, si cabe. Poco más que añadir a tus reflexiones. La peli de Nemo esconde una gran lección, sin duda. Al final, creo que la inmensa mayoría de papás intentan hacerlo lo mejor que pueden con todo el amor del mundo, aunque los mejores maestros son siempre los niños.
    Un beso.

    • Laura 3 de diciembre de 2012 a 8:41 pm #

      Tengo una amiga que tuvo su peque en noviembre. Una noche de invierno, después del baño lo cambiaban en el cuarto, el calefactor estaba muy cerca del armario y el vernis de las puertas se prendieron fuego y se llenó de humo rápidamente. Ella envolvió al peque en la toalla y salió al balcón de la habitación y el marido apagó las llamas. El pequeño tenía un mes y algo cuando ocurrio eso y al saberlo le preguntamos porque fue hacia el balcón con el niño sólo con la toalla. Nos dijo que el fuego estaba al lado de la puerta y el balcón era lo único que no tenía humo, así que pilló lo primero que encontró y salio. Además, nos dijo, tiene que aprender que la vida es dura.
      Desde entonces y durante bastante tiempo las amigas cada vez que decíamos que la vida es dura añadíamos, preguntaselo al bebé de R.
      Ya se que esto no viene del todo a cuenta con el post, pero cuando has dicho lo de la vida dura me gusta más recordar esta anegdota y me hacía ilusión compratirla con vosotras.

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