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Tsunami, el pequeño frikie

13 Nov

Realmente tendríamos que habernos dado cuenta antes, porque el peque dio formas desde pequeño. Su primera frikitada fue a los dos días de existencia. Estaba dándome una ducha en la clínica cuando oigo a su padre que leía en voz alta en una lengua rara, entendí algo de valkirias y no sé qué más. Papá Tsunami le estaba leyendo la leyenda de Sigurd y Gudrún en lengua inglesa. Les hice una foto y nuestra sorpresa fue cuando observamos que el peque salió con una manita cerrada y dos deditos estirados en forma de V mientras escuchaba atentamente a papá. La siguiente pista como os conté una vez fue su primera palabra “Sauron” mientras estaba en la hamaquita y por la tele ponían la primera peli de “El Señor de los anillos”, eso fue en diciembre del 2009…

…Primavera del 2013, lo que más hemos hecho han sido sobre todo paseos. Ya sabéis la afición que tenemos por ellos en casa. Pero también hemos descubierto una cosa nueva: la faceta frikie de Tsunami. En esas fechas Tsunami ha conocido la afición por Tolkien que sienten papá y mamá. Cada noche su papá le ha estado leyendo el libro de El Hobbit, en versión cómic para niños. En verano le tocó el turno a las aventuras del perrito Roverandom. Actualmente y desde finales de verano, el libro del Hobbit versión libro normal, sin dibujitos ni nada.

Tsunami ha descubierto el mundo de los enanos, de los hobbits que viven en el suelo en agujeros limpios y que tienen pelo en los pies. Ha descubierto el peligro de un gran dragón llamado Smaug y se pasea con el ex-libro de papá, actual libros de Tsunami y le cuenta a todo el mundo de que va la historia. Se ha emocionado tanto que le pusimos la peli de dibujos animados de El Hobbit. Sí, para los que no lo sepáis existe una peli de dibujos del año catapúm-chim-pum, con una banda sonora buenísima. Pero es que el otro día papá le puso el trailer de la segunda parte de la de Peter Jackson, y Tsunami se emocionó. “¡Mamá, mamá! ¡Mira, Smaug!” me gritaba dando saltos en la silla del ordenata.

Si le preguntas aún no lo tiene muy claro, porque él no es más que un niño, pero creo que nuestro Tsunami le tiran mucho los enanos, aunque quien sabe, esperaremos a que él decida.

Cuando acabaron con el comic de El Hobbit, su padre le había cogido para leer el libro de El herrero de Wootton Mayor, pero personalmente, para un niño de cuatro años acabados de cumplir, me da que primero era más recomendable leer algo así tipo El señor Bliss o Roverandom. Papá Tsunami tuvo que reconocer que sí, que posiblemente era más recomendable seguir con las aventuras de este travieso perrito y dejaríamos temas algo más profundos para el año que viene. Ante nuestra sorpresa no desdeñó a Roverandom, pero no se emocionó tanto, será que el protagonista era sólo un simple perrito y después de dragones y trasgos no proporcionaba una emoción al nivel deseado. Cuando le presentamos nuevamente el Hobbit en versión formato para mayores ha vuelto el brillo a sus ojitos y esa carita de biennnn que se te cae la baba.

Tsunami hablaba en ocasiones de Rover, pero no tanto como nos hablaba de los hobbits, los trasgos, los trolls y las letras lunares de su mapa. Sí, de su mapa, porque el niño pedía un mapa, así que papá imprimió de internet uno como el que acompaña el libro. Lo tiene pegado en su cuarto, sobre la cabecera de la cama, of curse. En ocasiones lo descuelga y te lo lleva para discutir el plan de ataque o la ruta o simplemente charlar sobre la forma en la que se descifran y leen las runas lunares, de las cuales ya se considera un experto del mundo mundial.

Tsunami se pilló su espada de juguete y con todo el orgullo del mundo se nos presenta el otro día con ella, la desenvaina y nos suelta “esta es Glamdring, martillo de enemigooosss” y se quedó tan contento que a partir de ese momento su espada ya tiene nombre, faltaría plus.

Tsunami se ha aficionado también a otra faceta frikie, sobre todo de papá, y es la de los juegos de mesa. En un abrir y cerrar de ojos, después de haber visto a su padre con un juego de mesa llamado “La finca” relativa a la explotación agraria de las fincas de Mallorca, dejó de considerar los puzles como únicos juegos de mesa. En los días más sosos o lluviosos, se han dedicado a ir jugando a “Los colonos de Catán”; uno de conquista de romanos que fue muy complicado y no acabó de cuajar del todo; uno muy divertido con el que hacen pizzas llamado “mamma mia”; otro de pingüinos. También se ha iniciado en el juego del parchís y la oca, pero lo más alucinante del todo ha sido su interés durante una temporadita por el ajedrez. En este último caso el culpable ha sido el papá de Terremoto y Terremoto.

No sé muy bien porque cuando Terremoto y su papá llegaron del cole, le dio la vena a Terremoto de entrarme en la sala unas sillas y una mesita del balcón, puso allí unos vasos de leche fresca chocolateada y unos sándwiches y montó una especie de improvisada merendola. Cuando esta merendola finalizó, sacó un juego pequeñito de ajedrez magnético que hace años le regaló su madrina y retó a su padre a una partida. No es que precisamente Terremoto sepa jugar al ajedrez, pero bueno, su padre que al menos sabe cómo se mueven las fichas y sabe algunas jugadas, le iba enseñando como se hacía. Entonces fue cuando Tsunami quiso apuntarse al juego por tres motivos: era un juego, se hacía en una mesa y porque lo decía él.

Sí, todo esto fue lo que ocurrió entre primavera y verano. Ahora, en el cole, lo han pervertido con las cartas de Pokemon. Unos nenes de seis años le han regalado muchas y se monta sus reglas imaginarias y nos tiene en casa loquitos con los rocolas o rocanrolas o vaya usted a saber cómo se pronuncian, que aquí una servidora sólo llega a Pikachu. Así que entre los originales y los evolucionados y los que han evolucionado dos veces (de esos sólo tiene una carta y como era de esperar es una chica; o es casualidad o el resto de los pokemons no evolucionan tanto como las chicas). Pues eso que ya me tiene haciendo una partida en la que él se monta sus historias. Me da las cartas más chungas y él se queda con la más chulas, las super fuertes, las evolucionadas y las que pueden matar a todos los pokemons. A mí me deja una que tiene un rayo pero no sirve para matar pokemons y las que no están evolucionadas o viven  en una cueva que no sé qué significa eso. Y claro, así es natural que esta madre acabe siempre con todos sus pokemons en el campo santo mientras el churumbel festeja su victoria carteril y una desearía convertirse en una tercera evolución de pokemon mamá superpoderosa y superdotada de energía. Ayer traje a casa un tubo nuevo de pasta de dientes y para que le cayera en gracia le dije que el monigote dibujado era un pokemon. Tsunami me informó que eso era un monstruo y mientras se llevaba a su padre al baño y decía “hay que ver mamá que no se entera, los pokemons no son monstruos son criaturas”.

Pero volviendo al tema anterior. Tenemos que reconocer que además de la lectura de los libros de Tolkien y de haberle enseñado unas cuantas canciones de guerra enanas, nuestro pequeño frikie tuvo esta primavera su bautismo de fuego. En la ciudad de Palma se celebró un evento por parte de la delegación de la Sociedad Tolkien local, llamado Mereth. Una mereth es una reunión de un grupo de aficionados, durante tres días en los que se charla, se canta, se juega, se hacen charlas y conferencias… El sábado noche, como mandan los cánones tolkiendili de las Sociedades Tolkien, se hace una cena de gala con disfraces. Para sorpresa del vecino del primero que nos pilló bajando las escaleras con nuestras galas medievales con capas y todo cuando él volvía de tirar la basura y lo único que fue capaz de articular fue un “vais muy guapos todos”. En esa cena fue precisamente cuando nuestro pequeño guerrero decidió que eso molaba un montón y que lo de ser frikie como papá y mamá era chulo y fue allí donde aprendió la canción de Los enanos van a la guerra, que desde entonces es una de sus favoritas e igual te la canta en casa como en un cumpleaños de los niños de clase y claro allí estas tú disimulando ante la mirada atónita de los demás padres, explicando que es una canción de guerra enana y estos te confiesan que ellos creían que una canción enana era eso de I goooo, i goooo….

Y si la mereth fue su bautizo de fuego, la estelcon a la que hemos asistido este puente ha sido su definitiva consagración, pero de eso os hablaré en otro post, porque se merece uno propio.

Si a ello sumamos que hace unas semanas papá y mamá hicieron un taller de fabricación de espadas de gomaespuma y cada uno hizo una para los peques. (Nota: la de Tsunami especialmente acolchada que luego le mete una tunda a su hermano que lo deja k.o.). De momento las espadas están guardadas para usarlas el verano que viene, que no quiero justas medievales en el salón de casa. Así que en casa el pobre Terremoto es atormentado con la espada láser azul que tiene su padre (Nota 2: En casa hay cuatro espadas laser, dos del pater familias y dos heredadas de mi ex que le compró hace años a Terremoto. Imagino que se podría decir que somos una familia bien armada)

Si acabamos de rematar todo esto con que en casa tenemos cuernos tanto para tocarlos como para beber, aunque normalmente están más expuestos que usados. Pero este año para el cumpleaños de Terremoto los bajamos, intentamos tocarlos (que no es fácil) y brindamos a la salud del cumpleañeros. Tsunami lo de tomarse un zumo de melocotón en cuerno como un auténtico vikingo le gustó mucho…. pues que os queréis que os diga… que lo tenemos claro. No me extraña pues que este lunes yendo en el bus Tsunami le dice a un chico jovencito que estaba sentado: “A ver si sabes quién soy, salgo a pasear de noche y tengo un parche en el ojo” mientras con una mano se tapaba un ojo. El chico le contesta que un pirata y Tsunami le dice que no y le vuelve a repetir la adivinanza. Ante la misma respuesta del chico se lo queda mirando muy serio como decepcionado ante la evidencia de su caracterización y le dice “Pero si está muy claro, salgo de noche y tengo un parche en el ojo…soy Odín”

catan

Tsunami se engancha a los juegos del móvil

11 Oct

Sinceramente, no nos esperábamos esta reacción por parte del peque. En casa no somos mucho de los juegos de ordenador y de los videojuegos. Bueno, rectifico, mi pareja lo es algo pero son de esos juegos más largos que duran un par de día y que los peques no prestan demasiada atención. Cuando paso por allí muchas veces le pregunto que cuando conquistarán de una vez la Galia o cuando se cargará a todos los aliens porque con tantas noches dándole a las teclas a bien seguro que Julio Cesar habría llegado a China y Han Solo hubiera acabado el solito con todos los soldados del imperio sin que intervinieran en las pelis ningún jedi.

Terremoto de pequeño se pidió unas maquinitas de esas de juegos y algunos juegos de ordenador, pero pocos. Tenía el problema que al haber de leer las instrucciones, se pasaba todo el tiempo pidiéndote a ti que tenías que hacer y el único que tenía paciencia para esos menesteres era mi pareja.

Cuando estaba casada con mi ex, antes de tener a Terremoto, se jugaba en ocasiones con el ordenador, él mucho más que yo. Confieso que lo único que me ha llamado la atención es el tetris que en ocasiones abro para desestresarme un rato.  Mi ex y un amigo suyo jugaban con simuladores de vuelo. En casa tenían uno del año de la Maria Castaña… bueno, un poco más reciente. Debía ser de un poco antes de la época de Lily Marlene, porque estaba ambientado en derribar los aviones de la I Guerra Mundial. No estaba mal, porque a la que despegabas, en pocos segundos ya te encontrabas con los aviones enemigos y aleee, a liarse a ostias, bueno, a tiros y derribar avionetas. En un principio usaba las teclas del teclado, pero como eso era muy incómodo, mi ex se compró un joystick. Un día me dijeron de probarlo y descubrí dos cosas. La primera era que tenía mejor puntería que ellos con los avioncillos. La segunda que fue coger el aparatejo y empezar allí a ametrallar a troche y moche a todo quisqui que se cruzara ante mi mirilla que me emocioné como una enana de una forma poco habitual en mí. En un giro de vetetuasabercuantosgrados con el aparatejo los dejé a los dos blancos y boquiabiertos. No se muy bien si era por mi pericia de piloto de caza o porque el mango del aparato debió peligrar de forma extrema. Después de esos segundos de gloria decidí dos cosas. La primera que después de esa apabullante victoria, era el mejor momento de retirarme en la cumbre de mi carrera como  piloto de guerra. La segunda, que ese maldito jueguecito me había gustado demasiado y por el bien de la casa, de mi salud mental y del escaso tiempo libre que entonces disponía (que ilusa era, escaso, ¡ja!) lo mejor era apoyar la anterior decisión.

En casa del amigo de mi marido también jugaban con otro simulador, no se muy bien ni de que avión ni de que batallita en concreto, pero ese juego era un auténtico coñazo. Era más realista, con más botones y los gráficos más chulos y reales, las sensaciones eran más creíbles. Pero era tan creíbles que si despegabas de Dover y te ibas hacia Berlín, pues chico, como que casi hacías el trayecto de verdad, porque cuando había pasado toda la tarde y era la hora de irnos coincidía con la llegada del supermegarrealista avión a su destino y no les había dado ni tiempo de abrir la compuerta y tirar una desgraciada bombita ni una maldita botella vacía de Coca-Cola para fastidiar en algo al enemigo. Como os he dicho. Era un coñazo.

Así que cuando Tsunami era pequeño no le compramos ningún jueguecito de este tipo ni lo heredó de su hermano porque no había. Se miraba a veces el juego de papá en el ordenador mientras este jugaba y una vez descubrió unos juegos para ordenador de Winnie the Poo que tenía guardados de Terremoto y que le encantaron. También sucumbió a algunas actividades de Pipo que me traía de una biblioteca y luego devolvíamos, pero nada que creara especialmente una adicción.

El peque ha crecido un poco y este invierno su papi le introdujo en los juegos de mesa ya que nos coincidieron unos cuantos fines de semana con lluvias. Así que  las excursiones y paseos de los domingos se sustituyeron por tardes de tablero y merienda sentados en el suelo de casa jugando todos.

Como veis Tsunami no daba indicios de obsesiones ni nada, así que un buen día a principios de verano, su padre se bajó al Iphone un jueguecito en el que el agente Pi (Perry el ornitorrinco) se desplazaba en su cápsula por unas tuberías con agua y tenía que llegar a un lugar. Cada vez que llegaba a una intercepción, la capsula se paraba y la nueva cañería se tenía que llenar de agua para que Perry recorriera otro tramo. El agua se introduce borrando con el dedito la tierra que bloquea el deposito hasta la entrada del agua. En las primeras fases es fácil, luego tienes que ir aplicando la lógica y el ingenio conforme avanzamos de nivel. Hay momentos en los que se juega con poder congelar el agua y luego evaporarla con fuego para crear vapor, que se condense en una zona superior y luego se licue para llegar a la zona de entrada. De esta forma se trabaja motricidad fina, lógica y estados de la materia. Nos pareció un juego bastante inocente, le introducíamos ciencias y no hay ningún tipo de violencia. Así que teníamos en el teléfono ese juego al cual recurríamos en los momentos en que uno está en la cola del pediatra, o estás en algún sitio esperando y los peques no pueden moverse de su sitio y para que no se aburran y la monten les pones un ratito a Perry.

Todo iba normal, Tsunami desarrolló una destreza manual admirable y aplicaba la lógica y la deducción bastante bien. Pero un día nos pidió el juego para hacerlo en casa. Se lo dejamos y luego no quería parar. Al cabo de un tiempo prudencial de jugar con él su padre se lo quitó y el niño pilló un cabreo. La cosa fue tomando números cuando durante unos días seguidos no hacía más que pedir a Perry y al negarle el juego pillar más cabreos a cual más monumental. Una mañana cuando salí a merendar del trabajo les llamo y mi pareja me cuenta que acaban de llegar de Palma y estaban preparando el desayuno. Me quedé un poco descolocada, porque no recordaba que tuvieran que ir para nada a Palma y menos antes de desayunar. Lo primero que pregunté es si el peque estaba mal, no fuera que acabaran de llegar de urgencias. Entonces fue cuando me relató su odisea.

Normalmente por las mañanas, Tsunami se despierta y llama a su padre, le pregunta cosas, le pide el desayuno y se baja de su cama y va a la nuestra para insistir con lo del desayuno. Esa mañana mi pareja se despertó a golpe de un solemne grito de ¡¡¡¡¡¡¡¡¡PEEEERRRYYYYYYY!!!!!!! , ni buenos días, ni hola papá, ni que hay de desayunar, ya directamente sólo le importaba el juego. Su padre le dijo que esa no era forma de levantarse y que antes de dejarle el juego tenían que desayunar. Tsunami seguía encabezonado con el juego, porque otras cosas no tendrá, pero mi pequeño a cabezón le ganan pocos, bueno, a veces su hermano mayor, pero sólo a veces.

Mi pareja intentó convencerle de que primero se tenía que desayunar y Tsunami la emprendió con su padre a golpes y patadas exigiendo su juego, cosa que nunca había hecho. Así que papá se cabreó y le amenazó con que si se portaba como un bebé se lo llevaría al cole de los bebés, y así lo hizo.

Lo vistió, esperó a que se calmara un poco y lo subió al coche. Bajaron hacia Palma y por el camino ni hablaron. Me contó que miraba por el retrovisor al nene y este empezó a poner cara de ¡uyyy me he pasado! cuando estaban a medio camino. Llegaron delante de la puerta de la escoleta donde había estado Tsunami antes de ir al cole de mayores. Justo al lado de la puerta hay un vado, así que aparcaron un momento delante del vado. Cierra el motor, se gira y le pregunta a Tsunami si tienen que entrar dentro.

Allí estaba nuestro pequeño maremoto intentando calmar sus aguas y preguntándose si verdaderamente no se había pasado un para de pueblos. El niño miró a papá, miró la puerta de la escoleta, las ventanas con pegatinas de dibujitos marinos y el letrero encima de la puerta y le pidió disculpas a su papí. Le dijo que se había pasado y que no tendría que haberse portado como un bebé pero que por favor no le llevara de nuevo con los bebés, que no volvería ha hacerlo. Así que papá aceptó las disculpas, puso el coche en marcha y volvieron para casa. Me contó que el plan B era sacarlo del coche y hacerle la misma pregunta ante el timbre. Si no accedía pues tocarían a la puerta. Sé bien cierto que las chicas de la escoleta le hubieran dejado entrar durante unos minutos mientras su padre se marcaba el farol para desrabietar y desenganchar al peque.

Ese día y los siguientes Tsunami no volvió a pedir para nada el juego. Luego lo pidió alguna vez pero siempre jugaba con papá al lado y con un tiempo determinado. Hace poco volvió a insistir mucho de nuevo con el juego y su padre lo ha borrado, así que ahora no tenemos juego de Perry, ni tenemos recurso rápido al que acudir cuando surge una circunstancia de esas en las que te has olvidado de un juguete o un libro y el peque tiene que estar allí quieto por diversos motivos.

A partir de ahora vamos con más cuidado con todo lo que son juegos de ordenador y los de Winnie the Poo se los ponemos de vez en cuanto y acordando antes el tiempo que debe cumplirse, hasta la cena o hasta que venga tu hermano. Muchos de estos juegos están muy bien ahora y para estas edades, pero cuantos más años tienen los chavales, más tienden a ir perdiendo el aporte didáctico actual y se llenan de contenidos violentos o dejémoslo en poco educativos.

Un poco antes de este verano, la sociedad mallorquina se vio sorprendida por una noticia de la prensa que duró mucho tiempo y aún coletea. Me refiero al caso conocido en prensa como el parricida de Alaró. Dos chicos, uno de aquí y un compañero suyo de Zaragoza que había venido a pasar una temporada en casa del primero, mataron al padre del mallorquín. La víctima era un rico empresario dedicado al campo de las máquinas recreativas y los billares. Tenía al hijo trabajando para él y le había comprado un deportivo hacia poco. El hijo hacía unos años que se había enganchado de forma obsesiva con los videojuegos y a través de los juegos en red era como había conocido al otro chico zaragozano. El chico desde entonces había cambiado su carácter, se había metido en la vida de su padre y había conseguido que este se separara de su actual pareja, que junto a la hija de esta, vivían los cuatro juntos. Luego había conseguido que su padre testara a su favor y desheredara a su madre y sus otros dos hermanos que no mantenían desde hacia tiempo muy buenas relaciones con el padre. Parece ser que planearon el asesinato basándose en cositas que salían por sus juegos. Construyeron una especie de bate o palo con pinchos con el cual le golpearon en la cabeza hasta matarlo. El día anterior habían intentado matarlo y para ello le habían metido somníferos en la comida, como hacían con los perros cuando tenían que medicarlos. Pero al darle un primer golpe el padre había despierto, ellos se habían acojonado y le hicieron creer que se había golpeado al caerse de la cama. La noche siguiente no fallaron, lo mataron, limpiaron la casa, metieron en el coche y lo abandonaron en un camino. Pese a todo dejaron muchos cabos sueltos y la policía los arrestó a la salida del funeral.

Con esto no estoy diciendo que todos los chicos que juegan con videojuegos son unos asesinos en potencia, ni que Tsunami acabe dándonos con su espada de goma espuma porque no le dejamos jugar. Tampoco quiero reabrir la en ocasiones eterna polémica sobre la idoneidad de videojuegos para los niños. Digo eterna no porque dure muchos años, sino porque creo que es un debate de esos en los que ni todo es blanco ni todo es negro, sino que cada caso es único.

En este caso gran parte de la responsabilidad es de los padres. Es cierto que es muy cómodo que nos dejan tranquilos con los juegos, es como con la tele. Pero, si les controlamos, al menos durante los primeros años, que ven en la tele, o que libros leen y cuanto tiempo les dedican, porque no hacemos lo mismo con este tipo de juegos.

Las cosas en su justa medida y si se les enseña a emplear y gestionar pueden ser buenas, educativas, entretenidas e incluso aconsejables para trabajar ciertas habilidades con las que puedan tener dificultades. El problema en este caso y en el de muchas otras cosas es evitar que estos entretenimientos y estas actitudes se conviertan en una adicción, que les supere, que le manipule y que lleguen a despertarte por la mañana a voz en grito exigiéndote un juego y prefiriendo este antes incluso de tomar su habitual desayuno.

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Esta semana hemos pasado todos por la pelu. Sus primeros cortes de pelo

8 Jul

Este pasado jueves hemos tomado por banda la peluquería donde voy siempre desde que cumplí cuatro años.  Llamé a la peluquera el lunes y le comenté el posible plan de ataque. Mi menda necesitaba urgentemente tinte, después de dos meses sin haberme podido acercar ya era algo urgente. Mis cachorritos necesitaban un corte radical, el mayor para no parecer una mezcla de niño-lobo/perro ovejero/niña-pop y el pequeño para sanear unos ricitos que cuando se los estirabas hacían más de cinco dedos generosos de largo. Alguien más de la familia también necesitaba una buena saneada de pelo, mi pareja, que también empezaba a tener una melenita tipo Búfalo Bill, así que lo apuntamos al lote y que nos cortara a toda la familia, cual yincana peluqueril.

Cuando yo nací fui un bebé peloncete, y hasta los dos años no me cortaron el pelo e incluso entonces lo tenía cortito como si fuera un niño. De hecho muchas veces cuando encontraban mis padres a alguien por la calle decían “¡Oh! Que nene tan mono” y yo toda mosqueada contestaba “No soy un nene, llevo pendientes” Hoy en día esta respuesta no sería muy válida, ya que tanto llevan pendientes chicos como chicas, pero hace cuarenta y pico de años aún tenía toda su vigencia intacta e impoluta. Yo era una niña muy movidita y la peluquera aún recuerda como tenía que ir detrás de mí mientras yo iba de un sitio a otro mirando cosas y cortando porque no había forma humana de pegar mi culo a una silla, ni con amenazas ni con chantajes ni que el resto de las clientas bailara una tarantela delante de mí.

Mis nenes han salido en cuestión de pelo a la madre, los dos fueron bastante peloncetes cuando nacieron. Así que no fue muy necesario cortar pronto el pelo a ambos.

Terremoto tiene el pelo muy abundante, pero muchísimo, como su padre,  y también muy fino, como yo. Por lo que respecta a la forma, lo tiene más bien liso como papá. A Terremoto le cortamos por primera vez el pelo allá por los dos añitos, como a mí, y fue toda una odisea.

Eso de que le quitaran una parte de su cuerpo, aunque no doliera y luego se encontrara mejor, es algo que nunca le ha gustado demasiado. Para cortarle las uñas lo tenía que hacer de dormido, cuando llevaba unas cuantas horas y con el sueño bien cogido. Ya me tenéis a mí con las tijeras en una mano y la linterna agarrada con la boca metiéndome “discretamente como un gato de caza” entre las sábanas para conseguir cortarle las uñas de los pies y luego ya de una forma menos claustrofóbica las de las manos. Estuve así durante bastantes años hasta que un día me pilló hurgando por dentro la cama. Me pidió que hacía y ante la evidencia me dijo que vale, que me dejaba cortárselas de despierto, pero cuando él dijera.

El primer corte de pelo de Terremoto fue apoteósico. Menos mal que la peluquera como os he dicho es casi de la familia. Intentamos mentalizarlo, le habíamos hablado de ello, había unos dibujos en los que cortaban el pelo a los niños y se los habíamos puesto, yo me lo corté antes y su padre luego… vamos, que intentamos unos preparativos para no pillarle por sorpresa y que nos montara el numerito. Al principio lo sentamos e íbamos entreteniendo como pudimos. Los primeros cortes no lo veía muy claro y estaba algo inseguro, pero cuando vio que parte de sus pelillos caían al suelo, la tuvimos montada. Claro está, no podíamos dejar el niño medio cortado y os aseguro que la pobre peluquera intentó irle detrás como hacía conmigo. Pero con un niño hiperactivo lo de irle detrás con las tijeras para cortar y hacerlo bien, no es que fuera un mérito muy meritorio, es que sería un milagro digno de la virgen de la tijera. Así que acabamos su corte inmovilizarlo sobre las rodillas de su padre, mientras el peque gritaba como un descosido como si alguien lo degollara. Yo intentaba que no se les escaparan las manos, ya que en unas cuantas ocasiones casi consigue huir y con los manotazos que dio no se hirió o hirió a nadie de puro milagro. Al acabar, el pobre Terremoto se agachó al suelo y empezó a recoger, entre sollozos y lagrimones, todos sus mechones y se los intentaba poner de nuevo en la cabeza. Estaba visto que eso de cortarle el pelo no le había gustado nada. Así que durante bastantes años el peque ha tenido temporadas de pelo cortito seguidas de temporadas de extra melenita y rabietas ya fuera en mi peluquería, en el barbero o donde fuera, que por intentar fuimos a varios sitios y en todos lo mismo. Es curioso pero que él mismo era el que nos pedía que se lo cortáramos porque le molestaba, pero luego los nervios le podían y siempre teníamos algún tipo de numerito montado.

Con los años le ocurrió lo mismo que con las uñas, un día dijo que quería el pelo cortito y nos pidió comprar una máquina de esas para raparlo pero con algo de pelo, no en plan mili. Bastante escépticos nos informamos y compramos una. La máquina fue bien, pero como Terremoto tiene mucho pelo, pero mucho,  hay que ponerle siempre algo de aceite antes de empezar porque en ocasiones la vibración hace ruido y eso le asusta y más de una vez se ha rajado a medio corte de pelo y lo hemos tenido que acabar literalmente con el niño casi tirado por el suelo agachándose en plan Cuasimodo y yo convenciéndole de que no pasa nada e intentando llegar a la cabeza contorsionando mi jodida espalda en alguna postura que por espacio y pose parezco una acróbata del Circo del Sol pero con menos gracia, glamour y soltura.

Por suerte ahora, con sus catorce años Terremoto ya se deja cortar el pelo sin que nadie lo tenga que inmovilizar ni tirarse por el suelo, pero tiene que ser rápido. Estar demasiado tiempo sentado con las tijeras pasando cerca de su cráneo le pone nervioso y acaba auto aplicándose ejercicios de respiración para poder acabar con esta macabra costumbre estética de saneamiento capilar.

Ante este panorama, el año pasado, con tres añitos, le tocó a Tsunami su primer corte de pelo. Sí, con tres años cumplidos, porque el peque había nacido muy peloncete y al principio no había demasiado pelo para cortar. Luego le empezó a crecer. Le salió una melenita lisa como la que había tenido su hermano, mi pareja también tiene el pelo bastante liso. Pero un buen día, por las buenas, mientras paseábamos con el cochecito por el puerto de Andratx, cuando el peque debía tener un año y algo, vimos como por la nuca se le empezaba a enrollar. A partir de allí el pelo se le fue caracoleando más y más hasta llegar a formar sus amados ricitos de los que se siente tan orgulloso. Y claro, un pelo rizado, sobre todo muy rizado, pues no parece tan largo, así que Tsunami no pasó por la pelu hasta los tres años cumplidos.

La primera vez que le llevamos hicimos como con su hermano. Le comentamos de qué iba, le buscamos dibujos de lo mismo, le explicamos que no dolía y que estaría más mono y fresquito y que después de cortar las puntitas el pelo se le rizaría más. Fue también una tarde de verano, creo recordar que a mediados de agosto. Nos fuimos todos a la pelu y también nos cortamos todos el pelo. Cuando le tocó el turno a nuestro pequeño retoño, Tsunami se sentó todo obediente en el taburete. Le encantó eso de que le pusieran una capa, como si fuera un héroe de los dibujos. Se quedó muy quietecito y muy atento mirando en el espejo para observar todo lo que le hacían. Cuando algunos ricitos cayeron al suelo sólo preguntó si le iban a dejar algunos en la cabeza y como vio que calvo, calvo no se quedaba pues siguió observando atento. En algunos momentos el muy presumido dio su opinión de cómo lo quería y donde creía que aún hacía falta un cortecito más. Luego le acercaron el espejo de mano para que se viera la parte de atrás. Inspeccionó bien el trabajo, dio su visto bueno y le dijo a la peluquera que le había quedado muy bien y muchas gracias. Nuestro peque tan formalito y educado en ocasiones, jajaja, al menos nos hizo quedar la mar de bien.

Ha pasado un año desde esto y el jueves pasado volvimos a ir todos a la pelu. Al final los cuatro hemos salido todos con algo menos de pelo sobre nuestros hombros, cada uno a su gusto y según su petición. Terremoto un pelín más largo encima para poder dejárselo de punta. Tsunami manteniendo sus ricitos y saneándolos que últimamente se le enredaban mucho y costaba desenredarlos. Yo con un corte de puntitas para dar más volumen y mi pareja con un corte recto a la altura de la nuca. Este año tampoco se ha tenido que atar, ni sujetar, ni pegar a ningún niño al asiento. Hemos montado un revuelo como cada vez que vamos en tropel todos a que nos arreglen en familia en unas horitas. La peluquera flipa con lo bien que nos va ahora y sobre todo con lo bien que lo lleva el peque en comparación con su madre y con el hermano. La madre de la peluquera se sorprende con el cambio tan grande que han hecho los dos y Tsunami se lo pasó pipa cotorreando con todas las clientas de que había tenido la varicela misteriosa y de que había acabado el cole pero ahora iban a inglés y de que esperaba ir pronto a la playa para nadar y hacer un cocodrilo de arena. Es un cotorro incorregible.

Está visto que en muchos aspectos los hermanos difieren mucho de uno a otro. También es muy posible que Terremoto por las características de los T.G.D. que son mucho más sensibles a ciertas experiencias, le resultara mucho más traumático y realmente sintiera como si se le amputara una parte de su ser. Es posible. Lo cierto es que al menos, si era por ello, ya ha conseguido aprender controlar bastante bien la situación y dejar que trabajen. Pese a este autocontrol, siempre está un pelín nervioso y no demasiado convencido del todo. Él desea cortarse el pelo pero le da un poco de yu-yu. Está visto que el tiempo y el trabajo van dando poco a poco sus frutos y que nuestros niños maduran, cada uno a su forma y a su ritmo. Pero lo mejor de todo es que ir a la pelu ya no es una guerra ni un sufrimiento. Incluso los peques opinaron que eso de que les lavaran el pelo con el reposa cabezas y el agua fresquita era algo interesante, recomendable y altamente gratificante. No son tontos, no.IMG_3726

La segunda oportunidad

26 Jun

Cuando yo era niña, cuando aún no pensaba ni en sacarme el carnet de conducir, los coches  no llevaban cinturones de seguridad y los niños iban sueltos por detrás o sobre los mayores delante porque todo eso no estaba reglamentado. Había un programa en la tele que hacían los fines de semana y que me encantaba, no sé muy bien porque, no me lo solía perder. Lo realizaba una tele que evidentemente no era la española, se llamaba La Segunda Oportunidad.

El programa empezaba con una voz en of que si no recuerdo mal decía “El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra” Mientras decía esto se veía un coche con una familia dentro circulando por un paisaje de esos casi idílico de montaña. Entonces el conductor tenía un despiste con los peques de atrás que discutían y el coche se pegaba un choque frontal con un pedazo pedrusco que había caído en medio de la calzada y accidente a lo bestia al canto. Entonces seguía la voz “pero en ciertas ocasiones, que bueno sería contar con una segunda oportunidad” La escena volvía marcha atrás, los trozos del coche volvían a su lugar, los ocupantes también, el pedrusco que había caído volvía a la ladera de la montaña, así hasta llegar al principio. Entonces, el padre ponía rápidamente orden dentro del coche y cuando llegan a la zona de la piedra al estar más pendiente de la carretera que no del alboroto de los peques detrás, esquiva la roca y seguían tranquilamente. A continuación venía la musiquita de la sintonía, que aún me acuerdo de ella, pero lo del nanananaaaa creo que os puede decir poco.

El programa intentaba, en una época donde como os he dicho las medidas de seguridad que hay hoy, o no existían o no eran obligatorias, mentalizar a los conductores del riesgo de  una conducción sin prestar atención. Al mismo tiempo con muñecos de pruebas recreaban accidentes para concienciarte de las consecuencias y dar a conocer los avances en los cinturones de seguridad y las medidas que se estudiaban y perfeccionaban para la seguridad en el volante.

Muchas veces he pensado en ese programa y en lo cierto de las frases iniciales, “que bueno sería a veces contar con una segunda oportunidad”

Si nos paramos a pensar seguramente encontraremos en nuestra vida muchas segundas oportunidades que nos hemos dado o hemos dado a personas o a objetos. Empezaremos por un ejemplo sencillón. Hace unos cuantos años, al final del verano me encontré en la calle abandonada una maceta con una planta muy bonita. La pobre estaba casi seca, la tierra había incluso encogido. Supongo que alguien se fue de vacaciones y al volver se encontró con el panorama y lo bajó a la calle para que lo recogieran los de la basura. Yo no suelo recoger cosas de los contenedores, pero ese día hice una excepción porque la plantita me dio mucha pena y lo único que tenía era que necesitaba agua. Debían haberla comprado poco antes del verano porque en el tiesto aún había pegada la etiqueta con el nombre, el precio y todo. En casa no tenía sitio para una planta como esa, pero yo tenía acceso a una terracita y aunque parezca surrealista, a través de la ventana del baño la podía regar con el rociador de la ducha. Le puse un plato de plástico que tenía vacío, la regué bien y allí la tuve durante años. Tengo que decir que esta planta, una dracacea marginata, ha sido una superviviente. Lucho por sobrevivir, subsistió a vientos huracanados, a una lámina de uralita de la finca de enfrente que se estrelló a su lado, a los cálidos veranos y los fríos (porque estaba en un sitio superfrío) inviernos. Con el cambio de casa me la traje y en el coche se me rompieron casi todas las yemas, yo pensé que me la había cargado y dejaría de crecer, pero no fue así. Ahora la estoy mirando y no tengo muy claro si tendré que hacer un agujero en el techo para que siga creciendo. Supongo que si quienes la bajaron a la calle la vieran pensarían que no era la misma plantita seca con la que me encontré.

Pero no sólo damos una segunda oportunidad a una planta o a un mueble viejo que podamos restaurar, ahora que esto se ha puesto tanto de moda. Las personas también podemos darnos una segunda oportunidad. En mi caso cuando me separé fue una forma de darnos otra oportunidad a Terremoto y a mí, ya que el matrimonio no funcionaba hacía tiempo. Creía que mi vida se reduciría a cuidar de Terremoto y tener algo de vida social los fines de semana que no lo tuviera. Ante mi sorpresa apareció mi chico en nuestra vida y él pensó que nosotros valíamos mucho la pena. Cuando empezamos a salir lo veía muy complicado ya que yo vivía en Mallorca y él en Cataluña y alguna vez pensé si estábamos haciéndolo bien. Entonces pensé que podía seguir dando una oportunidad a él y a mí. Estoy muy contenta de haberlo hecho y que él también lo hiciera. Mi vida ha tenido una segunda oportunidad. Pero también el papá de Terremoto, mi ex, ha tenido una segunda oportunidad en nuestra peculiar familia. El que un matrimonio no funcione no quiere decir siempre que los componentes sean unos malos malosos perversos de película, simplemente, que como amigos pueden llevarse bien, pero como pareja son incompatibles. Costó su tiempo y ya os lo conté en su momento, pero también mi ex ha tenido una segunda oportunidad con nosotros.

Puede que la segunda oportunidad afrontada con más temor fuera el buscar un hermanito a Terremoto. También os lo conté, al principio la cosa no nos fue bien, en nueve meses tres abortos. Mi pareja había desistido pero le pedí un tiempo de descanso y una nueva oportunidad, la última. Ahora mismo estoy hablando con la consecuencia de esa segunda (en nuestro caso cuarta) oportunidad, Tsunami.

Pero tal vez la segunda oportunidad más dura de todas ha sido mi faceta como madre y los problemas de Terremoto. También os he hablado muchas veces de ello, ha sido un camino muy duro, muy complicado, en ocasiones estábamos muy perdidos, incluso hundidos por no decir vencidos. Pero poco a poco fuimos dándole segundas oportunidades a Terremoto y a nosotros. El saber encauzarnos a nosotros y luego a él. Conseguir encontrar personal competente que nos ayudó mucho. Tomar la decisión de sacarlo de un cole normal normalizado por culpa de la inoperancia y falta de profesionalidad por parte de la mayor parte del centro fue una decisión peliaguda. Si metía a mi hijo en un cole especial le estigmatizaría para el resto de su vida, tanto a nivel laboral como a nivel social en el futuro. No nos engañemos cuando uno ha estudiado en según qué sitios nunca es la persona adecuada para ser amigo o algo más con tus hijos e hijas, en cambio el estar estudiando en un cole normal aunque se tenga una adaptación curricular es otra cosa. Pero Terremoto se merecía una segunda oportunidad y además una de buena, necesitaba personal formado como toca, con unas ratios que le pudieran dedicar su tiempo, donde él fuera un alumno no el rarito que retrasaba a la clase y por culpa de tu hijo al mío no le dan las cosas que toca con todo el tiempo que toca. Así que lo valoramos, hicimos de tripas corazón y nos lanzamos al cambio de cole.

Cuando ha pasado un tiempo suficientemente grande en comparación con el objetivo buscado, es cuando vemos los resultados de esa segunda oportunidad. En el primer caso, una hermosa planta. En el segundo, una nueva vida. En el tercero una relación fabulosa del padre de Terremoto  con todos nosotros. En el cuarto un pequeñajo encantador y fabuloso nene llamado Tsunami. Y finalmente pero no menos importante, este curso empezamos a ver los resultados de la segunda oportunidad de Terremoto. Está empezando a aprender palabras y operaciones aritméticas, se interesa por un montón de cosas. Este lunes fui a buscar sus notas y por primera vez en toda su vida su boletín adaptado de “notas” estaba lleno de comentarios positivos y lleno de A, sólo hay A y eso es una buena nota según me enteré. Terremoto está súper contento, no me extraña y nosotros también nos sentimos muy orgullosos del enorme esfuerzo que está haciendo. Cuando salí de la reunión con la profe fui a buscar el justificante en secretaría para presentarlo al trabajo. Me puse a llorar como una tonta. Recuerdo que la primera vez que vi un boletín de notas de Tsunami en el que todo estaba correcto y bien también me puse a llorar porque yo no estaba acostumbrada a ver esas cosas con mi hijo, los de Terremoto eran devastadores.

Pero hay una cosa. Las segundas oportunidades se consiguen cuando uno toma la decisión de hacer algo. No hemos de esperar a que todo nos sonría sin nosotros poner nada de nuestra parte, hemos de arriesgarnos. Vamos, que si uno no juega a la primitiva no te tocará, pero si en vez de jugar y que no te toque nunca se ahorra eso se puede acumular en forma de una buena hucha y después usarla. Las segundas oportunidades cuestan, hay que arriesgarse y sudarlas. Normalmente estas una temporada para poder apreciar los resultados, pasarás por muchos baches y dificultades, pero la recompensa final, si se consigue, puede ser fabulosa.

Es posible que el hombre sea el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra, pero en ocasiones, que bueno sería que nos propusiéramos más a menudo conseguir tener una segunda oportunidad.

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Un arenero improvisado

18 Abr

Cuando estaba embarazada de Terremoto allá por el 1989 e iba a las clases de preparación de parto, las matronas tenían diversas charlas con nosotros además de darnos la preparación para el gran momento. Recuerdo que una vez preguntaron cuál era el mejor cochecillo de todos. Una mamá dijo que el mejor era el de la vecina. Las comadronas además de reírse dijeron que esa era una de las mejores respuestas. El cochecito de la vecina es el que no tienes que comprar, puedes usar y luego se lo devuelves y así no tienes que preocuparte luego donde se guarda o a quien se lo dejamos para que no nos estorbe en casa.

Sé que el tema que os voy a comentar hoy no tiene mucho que ver con el cochecito que pudiera tener la vecina, ni tampoco con el mío. Lo cierto es que después de tener a Terremoto guardé mucha ropa y juguetes y algunas cosas, no me pidáis porque. Tenía claro que después del diagnóstico del nene y de haberme divorciado, lo de tener más hijos era algo completamente descartado. Una vez llevé a un local algo de ropa, zapatos y otras cosas. Las chicas estaban contentísimas, eran emigrantes y me dijeron que en la casa donde estaban había unos cuantos matrimonios con los hijos y que en total había trece niños.  Me quedé flipada, así que fui a casa y cogí unas cuantas cosas más que no tenía muy claro si guardar o no y las llevé. Se pusieron muy contentas, una casi llora. Me dijo que cuando llegaran a casa sería como si los Reyes Magos hubieran llegado antes. Una de las cosas que llevé fue la bañera, así que cuando nació Tsunami tuve que volver a comprar una.

Como no tenía tanto espacio como antes, mis suegros me compraron una de esas solita, sin patitas ni repisas, esas que se ponen en la ducha como las tinas pero en lugar de redonda ovalada. Cuando Tsunami ya no se bañaba en esa bañera no sabía muy bien qué hacer con ella. Nadie la quería, incluso se la ofrecí a una compañera del trabajo que tiene una perrita para que se refrescara en verano, pero nada.

El verano pasado pensé que de allí no pasaba y tras una inspiración después de ver unas cuantas webs tomé la decisión. Llevé la bañerita a la casa de mi padre donde vamos de okupas. En el porche de atrás pusimos un hule que hace siglos que no se emplea, encima la bañerita y la llenamos con un saco de veinte kilos de arena. Y… Chachaaannn. Bañerita reciclada en improvisado arenero. Ya sé que es muy pequeñito, pero a Tsunami eso no le importó. De hecho le encantó. Allí trasladó sus dinosaurios, pececitos de Buscando a Nemo y la no menos valiosa colección de cocodrilos de plástico heredada (o chorizada, según se pregunte a quien) de su hermano.

Por la noche para evitar que el gato del vecino lo usara de baño particular, no teníamos más que plegar el hule encima, doblar los laterales y cerrar con las pinza de tender ropa.

Su uso fue continuo. Las palas y cubo de la playa no pararon. Un día mientras Tsunami hacía la siesta, Terremoto le montó un mapa del tesoro con instrucciones y pruebas. Pasar por el canal del tiburón, sortear los cocos… para llegar al lugar marcado con una X formada por cuatro piedras. Esta señal estaba evidentemente encima del arenero y allí, debajo la X estaba el tesoro: Un frasco cerrado con los pececitos de Nemo, unas canicas y otras cositas que añadió Terremoto.

Se acabó el verano, cambiamos de año y ya estamos en primavera. Allí está el arenero/bañerita guardado esperando a que lleguen mejores temperaturas, que así como vamos no le quedará mucho. Os comento hoy este reciclaje por si alguno de vosotros os ocurre lo mismo y tenéis una pequeña bañerita y un balconcito, una terracita o un jardincito donde poder darle una segunda oportunidad. Dentro de unos meses nosotros lo volveremos a sacar y se convierta de nuevo en un desierto de dinosaurios, una selva con cocos, o el escondite de un mapa pirata. Quien sabe, eso, solo los peques lo decidirán.

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Un invierno en la vida de Tsunami

10 Abr

Quien lo diría, parece que no hace nada que empezó el invierno. Fue entonces cuando publiqué un post titulado un otoño en la vida de Tsunami. Esa entrada que iré haciendo cada estación para que la abu vea como crece. Pues aquí estoy de nuevo, asombrándome de lo rápido que han pasado estos meses y viendo las fotos de nuestro pequeño. Estoy sorprendida, de verdad, al comprobar lo mucho que ha cambiado el pequeñajo en tan poco tiempo.

Cuando empezó el invierno aún llevaba chupete. Supongo que alguno recordará como ese chupete se lo llevaron los Reyes Magos y creo que a partir de ese día, nuestro Tsunami dejó de ser definitivamente pequeño para transformarse en todo un mozalbete. Es cierto que sigue siendo ese niño intrépido, valiente, curioso y aventurero, pero se le ve más maduro, más mayor, más niño, con más personalidad y un par de bemoles bien puestos.

El ricitos de la familia se ha vuelto un aficionado a las excursiones por los bosques y las montañas que hay cerca de casa. Normalmente casi todos los domingos por la mañana nos vamos dar un paseo en plena naturaleza. La búsqueda de caracoles, la observación de las hileras de hormigas perfectamente formadas que marchan y el observar o perseguir mariposas hasta que se meten por la maleza más tupida, forman parte de estos itinerarios que papá nos prepara todos los fines de semana. Evidentemente, el correr, derrapar, saltar e ir paseando cantando alguna cancioncilla aprendida en el cole, son también habituales en estas salidas. Para aquellos que no lo sepan, Mallorca es muchísimo más que sol y playa, por suerte. Mallorca tiene la ventaja de poseer diversos paisajes y microclimas en una sola isla, a una distancia muy corta. Hay quienes piensan que todo el día estamos a pleno sol y casi como que esto sea algo árido. Nada más lejos de la realidad. Lo que veréis en las fotos son dos bosquecitos al lado de la Ciutat, vamos que ni hay que subir a la sierra ni irse al otro lado de la isla para disfrutar de ellos. Como podéis ver, nuestros bosquecillos no tienen nada que envidiar a las zonas verdes de otras latitudes, sólo es que no serán tan grandes, pero los tenemos cerca y damos cuenta de ellos muchas veces.

Tsunami también es un aficionado a los paseos por Ciutat con su padre para descubrir monumentos e itinerarios por las callejuelas de rancio abolengo. Pero sobre todo, a las visitas a los parques, ya sean urbanos o forestales. Allí donde haya un parque y si es posible con arena, nuestro Tsunami es un niño feliz.

También se ha vuelto un explorador de la casa y de cada día me es más difícil hacer una comida sin que el pequeño se deje caer por la cocina.

Cuando oigo unos pasos que se acercan a la puerta suelo pensar “que bien, seguramente es mi pareja”, pero no. A mi pareja no se le oye, directamente te lo encuentras detrás de ti abrazándote y dándote un beso en el cuello. Eso sí, tiene la habilidad de desaparecer de repente con el mismo sigilo con el que entró y allí estás tú sola hablándole a las cacerolas sin haberte dado cuenta.

Cuando oigo pasos suelen ser alguno de los dos peques y siempre tengo la sensación de que entran muchas veces y salen muy pocas . Terremoto entra sin rodeos preguntando o inspeccionando por si mamá está despistada y puede llevarse algo, pero Tsunami… ufff… ese es más sutil y sibilino. Primero mira. Investiga. Valora. Piensa y te pide para probar algo. Lo hace con esa cara de niño bueno y esa mirada picarona y esas pestañas tan seductoras… O simplemente te pregunta que haces. Si la cata o la respuesta le ha gustado sale raudo y veloz hacia el baño a buscar su taburete alto con el que se lava las manos. En otras ocasiones ni pregunta. Simplemente se queda parado mirando. “¡Aja! ¡te he pillado mamá!” debe pensar, porque ha reconocido algo que ya conoce y sale corriendo hacia el baño. ¿Quién me hubiera dicho a mí que cuando compré ese taburete blanco en Ikea hace años para llegar a los estantes de arriba de la cocina, llegaría a ser tan viajero y solicitado? Así que normalmente entra un nene en la cocina y mamá, depende de lo que cocine, pide ayuda de vigilancia intensiva al padre de la criatura. En ocasiones dos ojos no bastan para controlar tanta cosa y manitas trasteando del niño. Si queridos, las manitas de Tsunami cuando se ponen en la cocina son tan rápidas como sus pies cuando va de excursión y aunque de momento no ha roto nada ni se ha quemado ni nada, no quiero bajar la guardia y hay que tener mucho cuidado con sus continuas intromisiones.

Tsunami es un niño feliz que disfruta jugando con su hermano y aplastándolo. También disfruta como un enano cada tarde cuando su títo J.A. ha ido a buscar al cole  a Terremoto y lo lleva a casa. Allí está él preparándose después de que hayan llamado al portero. Espera a que suban las escaleras y toquen el timbre. Esa es la señal. Entonces Tsunami sale pitando a abrirle la puerta y le llama, “tito J.A., tito J.A.” y se lanza hacia sus brazos. Mi ex siempre entra en casa con el peque encima y se pone a jugar con él. Tsunami le pide que le aupe para tocar con los deditos el techo del pasillo, como le gusta hacer esto y sentirse muy grande. También le pide que jueguen al escondite o que quiere enseñarle alguna cosa que ha hecho o simplemente trepar por él, y mi ex encantado disfrutando y jugando con este sobrino que le ha salido sin pensarlo ni buscarlo. Muchas veces mi ex le trae algunos regalitos, porque lo ve tan feliz y Tsunami es tan pelota que en el fondo es su debilidad y de tanto en tanto viene con algún detallito para su peque. Ayer sin ir más lejos le trajo un cepillo de dientes de Bob Esponja y un montón de cromos para el álbum que hacen juntos los dos peques.

Realmente ha crecido mucho desde que empezó el año. En el cole dicen que va muy bien, pero en el informe nos pegan un tirón de orejas a los papas. Nos comentan que tiene que aprender a controlar su genio y que le cuesta sobrellevar las frustraciones, y se lo tenemos que trabajar. Es algo que no me extraña, porque es un trozo de pan, pero cuando lo saca, tiene un pronto de narices. Según la abu tiene el genio de la familia de su marido. Tengo que decir, que mi pareja debe ser la excepción de la familia, porque si bien también en ocasiones tiene lo suyo, normalmente por cualquier chorrada no tiene ese genio ni esos prontos del nene… ya podía haber salido en eso al padre o a mí, en lugar de a la familia. Pero bueno, estamos en ello y trabajamos para intentar domárselos. Ya desde bebé nunca le he hecho caso cuando pillaba una pataleta así sin motivo. Al menos cuando ve que no consigue lo que quiere con las pataletas, le duran solo unos minutos. Con el tiempo acabaremos controlándoselos. Esto lo tiene claro conmigo, a mí nunca se me consintió ni una pataleta, ni un berrinche ni unos pucheritos en casa y yo nunca se los he consentido a Terremoto. Una de las pocas cosas que no soporto es cuando te encuentras algún adulto egoísta y consentido que sigue haciendo las mismas pataletas y pucheritos que de pequeño. Así que dudo que viviendo en esta casa llegue a mayor haciendo morritos o con berrinchitos de niño mimado cada vez que algo no sale como él quisiera.

Por suerte no todo son rabietas, la mayor parte del tiempo sus actos son de curiosidad y ocurrencias. Una de las tardes, hace una extraescolar en el cole que es de experimentos. Cada vez que regresa nos trae algo distinto hecho por ellos y te suelta que eso sirve para tal cosa y otra con un desparpajo como si se tratara de un auténtico científico. Una tarde de febrero estaba en el balcón con su papá jugando con un pompero que le regaló el año pasado su hermano por su cumpleaños. Siempre le ha encantado hacer burbujas. Yo estaba en la sala y entra mi pareja con cara de alucinado y me dice, “¿sabes que me acaba de soltar?, me ha dicho: papá, las burbujas son unas inútiles porque al final todas acaban rompiéndose”. O por ejemplo, el mes pasado cuando Terremoto se puso con la operación regalo sorpresa para el día del padre. Los dos estaban en el pasillo cerca de la cocina y oigo que Terremoto le pregunta a Tsunami que es lo que le parece que le tendrían que comprar o hacer para sus respectivos padres. Tsunami le responde: “¿pero tú sabes qué es lo que le gusta a un padre?” Perlitas de este tipo nos suelta cuando menos uno se lo espera y si no tenemos a mano un papel y un lápiz, se han perdido muchas en el olvido. Vamos, que como veis el cambio ha sido brutal. Cuando pienso que dentro de nada ya será su cumpleaños y veo la diferencia de entonces a ahora uffff… la de cosas que ya se han ido y no volverán más… aunque por suerte aún nos queda el recuerdo de haberlas visto y la sonrisa de cuando mi pareja y yo las recordamos.

Sigue creciendo así de bien pequeño Tsunami, que para ti el tiempo vuela mucho más deprisa que para tus expectantes papás.

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Fin de semana pasado por nieve

4 Abr

No. Este fin de semana no ha nevado en Mallorca. En este post estoy comentando lo que nos pasó hace apenas unas semanas, lo que ocurre es que he tenido unos días muy liados y se me han quedado un par de cositas en el tintero y ahora me estoy poniendo las pilas para comentarlo y para que la abu de Tsunami pueda enterarse de primera mano lo que ha hecho su pequeñajo últimamente.

Si no recuerdo mal los hechos tuvieron lugar hace más o menos un mes, aunque realmente y bien pensado el meollo de todo este post tuvo lugar en febrero del año pasado. Como muchos sabéis y si no estabais muy enterados por vivir lejos, os informo de ello, en Mallorca no suele nevar mucho, al menos por la parte del llano de la isla y por la capital. Normalmente cuando esto pasa recordamos que exactamente en tal año hubo una nevada. Una de las más gordas que ha habido fue la de 1956, fue tan grande y la isla estaba tan poco preparada que muchos mayores y niños murieron como consecuencia de los resfriados y pulmonías que les provocó el frio. Cuando Terremoto nació también hubo una nevada gorda en la sierra y cuando era pequeño también hubo un día que nevó en la Ciudad, eso fue fantástico, nunca lo había visto en mi vida y difícilmente lo olvidaré.

Tsunami nació en época de sequía de copos de nieve. Recuerdo que al pobre en la escoleta le explicaban que en invierno los niños hacían muñecos de nieve y se ponían guantes y gorro y se abrigaban bien para hacer guerras de bolas y ángeles de nieve. La profesora me decía que todos le pedían cuando vendría la nieve aquí para poder jugar ellos también con la nieve y eso la entristecía. El año pasado en febrero, se produjo un milagro y una mañana de sábado me levanté a las siete y media y fui al baño. Miré por la persiana y vi que toda la calle estaba nevada. Levanté enseguida a mi pareja y a Tsunami, llamé a mi ex y a Terremoto que estaba con él y les dije que miraran por la ventana. El grito de alegría de mi nene fue sonoro. Como nosotros estamos en la parte alta de la Ciudad y cerca tenemos algunos parques muy despejados, mi ex y Terremoto se vinieron a casa. Mi pareja bajó a comprar ensaimadas y cruasanes, porque eso tenía que celebrarse, y yo les hice unos tazones de chocolate caliente. Recuerdo que estábamos en la sala mirando por la ventana como nevaba y tomando todos nuestros chocolates y nuestras ensaimadas recién sacadas de la panadería. Nos fuimos al parque de atrás y allí estuvimos haciendo guerra de bolas y dos muñecos enormes con otros niños. El domingo volvió a amanecer nevado y volvieron a venirse a casa. Aquello para nosotros fue un regalo del cielo, porque además había coincidido con un fin de semana y todos habíamos podido disfrutar de ese extraño fenómeno llamado nieve. La profe de Tsunami me contó el lunes que se le saltaron las lágrimas pensando que al fin sus niños sabrían lo que era la nieve cuando salió de casa y se encontró con el espectáculo blanco ante su puerta.

Pues bien. Este año cuando ha empezado el invierno lo primero que me pidió mi pequeño era que cuando iba a nevar para jugar en el parque y hacer un muñeco como el año pasado. Pobrecito, si supiera que aquello que tuvimos yo no lo había visto nunca en toda mi vida. Le tuve que contar que no todos los años nieva y que ya veríamos si ese año teníamos sorpresa o no.

En Mallorca no suele nevar en el llano, pero no es algo extraño que en invierno pueda nevar alguna vez en las cumbres de las montañas de la Sierra de Tramuntana. De hecho antiguamente existía la profesión de “el hombre de la nieve” y de las “casas de nieve” Eran una mezcla entre agujero y cabaña en las zonas más altas de la sierra, donde los encargados de estas acumulaban y apretaban la nieve caída formando hielo, lo mantenían todo el invierno y luego en los meses más calurosos, antes de que se derritiera, lo cortaban en trozos e iban al llano a venderlo bien para hacer helados, bien para conservar alimentos.

El problema de cuando nieva en la sierra es que medio Mallorca sube como posesa para verlo y la poca que hay queda pisada y dura muy poco. Este año ha vuelto a nevar en Mallorca. La sierra se veía blanca y en el llano hacía el llamado frio de nieve. Hacía unos días que se veían las cumbres como borreguitos y Terremoto me pedía para ir el domingo a jugar con la nieve que pudiera quedar en las cunetas de las carreteras. Cuando vi lo entusiasmados que estaban los dos nenes y que el viernes aún se veían bastante nevadas las cumbres, hablé con mi pareja para ver si les dábamos una sorpresa y nos los llevábamos a los dos a ver la nieve. Recogimos primero a Tsunami y luego fuimos raudos al cole de Terremoto. No les quisimos decir donde iban. Se pasaron todo el trayecto preguntando “donde vamos, donde vamos, donde vamos…”  Terremoto se lo olía y su pregunta era más concreta “vamos a la nieve, vamos a la nieve, vamos a la nieve…” Yo intentaba darles largas diciéndoles que el conductor era mi pareja y que también era una sorpresa para mí.

Al final fue un poco difícil ocultar el destino. A la que vieron un montoncito de nada de nieve en la orilla de la carretera ya nos pedían de parar y hacer una guerra de nieve. Nos subimos hasta Lluc, pero allí la nieve ya se había derretido, porque está muy arriba, pero en una zona muy despejada de la montaña y cuando sale el sol le da de lleno y se deshiela antes. Aparcamos muy cerca de Lluc, en un sitio llamado Es Coll de sa Batalla. Cuando dejamos el coche nos dimos cuenta de lo chapuzas que habíamos sido, supongo que porque este año Tsunami no nos había repetido tantas veces las necesidades ropiles de los peques. Glups, nos habíamos dejado los guantes en casa… y la ropa de recambio…  vamos, que habíamos salido literalmente con lo puesto. Intentamos que estuvieran lo más abrigados posibles y empezamos a subir la ladera de la montaña. Era una zona resguardada en la umbría y al cabo de pocos metros encontramos nuestra recompensa. Había unas cuantas islitas de nieve virgen, bueno más que nieve de medio hielo virgen y hacia allí nos dirigimos. El cabo de un rato de estar Terremoto por allí, la nieve era menos inmaculada que cuando llegamos. Fue chulo ver cómo íbamos dejando nuestras huellas y huellitas en ella, a Tsunami le encantó ver como pisaba y al avanzar dejaba un rastro de huellas tras de sí. Terremoto era el que iba más preparado, porque tenía unos guantes dentro de su mochila. Mi pareja también tenía unos guantes del trabajo en el coche, así que la guerra de bolas de nieve fue básicamente entre ellos dos. Tsunami y yo mirábamos y de tanto en tanto esquivábamos algunas bolas maliciosas que se lanzaban en nuestra dirección. Bola va, bola viene, incluso hicieron un ángel de nieve… es difícil luchar contra la influencia de Jorgito, Juanito y Jaimito y las pato aventuras. Total, que entre bolas, ángeles y escaladas ocurrió lo que tenía que ocurrir, que Terremoto se pegó un resbalón y acabó de culo sobre la nieve. Tsunami se destornillaba de risa y Terremoto con su honor herido y su trasero dolido y mojado se levantó como mejor pudo para evitar una nueva culada. Estuvimos un buen rato jugando los cuatro, fue otro recuerdo magnífico que seguro que los peques conservarán mucho tiempo. Sé que para todos aquellos que en sus latitudes la nieve es algo de lo más habitual, esta narración os puede parecer una tontería, pero imaginad que un día salís de casa y os encontráis una playa medio paradisiaca a unos escasos metros de distancia ¿a qué sería magnífico? Pues eso mismo pensaron nuestros pequeños. Cuando vimos que el tiempo se nos echaba encima bajamos hacia el coche. Detrás de nosotros quedaron nuestras huellas, las de las pisadas y las de las bolas, las de los ángeles y las de la culada de Terremoto. La colina quedó en silencio y no sé muy bien si aquella noche cayeron nuevos copos sobre nuestro paso, pero el recuerdo no será fácilmente borrado.

Sé de buena tinta que ambos contaron su aventura en la nieve en sus respectivos coles, y ya me han preguntado si el año que viene la nieve volverá a visitar Mallorca. Es algo que no sé contestarles pero creo que he sentado un peligroso precedente, a ver cómo nos la arreglamos el año que viene si no nieva. Tal vez con unas fotos y unos cubitos picados del congelador… tendremos que cruzar los dedos y confiar en que las nubes nos dejen un regalo blanco el próximo año. Si ocurre os lo contaré, contad con ello. Hasta entonces seguiremos con otros temas, que seguro que estos dos dan para eso y mucho más.

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Cocina mallorquina: Robiols, una especie de empanadillas dulces típicas de Semana Santa

28 Mar

Esta noche no tenía que poner este post, pero al final las cosas salen como salen. ..

Realmente todo empezó ayer por la mañana cuando una chica del trabajo nos trajo unos cuantos robiols. Yo tenía pensado hacerlos estas vacaciones con los peques. Sé que tengo por algún sitio la receta de la que hacía mi madre, cuando yo era pequeña. Cuando se acercaba Semana Santa en casa mi madre y yo nos poníamos enharinadas con las manos en la masa, nunca mejor dicho y durante unos días hacíamos panades, crepells y robiols. Eran unas cuantas mañanas de bastante trabajo, pero luego todo estaba buenísimo. Me está mal decirlo, pero yo era una buena alumna y hacía lo que me decía mi madre, además… era un poco más mayorcita que Tsunami… supongo que eso tenía algo que ver en qué estéticamente las de niña fueran más igualicas y guapas.

Cuando fui a coger una de las que había hecho nuestra compañera ella no estaba, tomé una y salí a merendar. Cuando le dí el primer mordisco me enamoraron, estaban buenísimas. Así que pensé que en lugar de estar buscando por donde estaba la de mi madre, le pediría a la vuelta la receta. Llamé a C. y le pregunté si la receta era algo así como un secreto de familia, porque si no lo eran me gustaría hacer esas con Tsunami estas vacaciones. C. me respondió que como casi todas, su familia tenía secretos, pero que no eran culinarios. Mientras teníamos esta  charla me llegó a mi correo un email con la receta escrita. Por lo visto yo no era la única que se había interesado y ya tenía preparada la fórmula para todos los que se habían interesado por ella. Me comentó que esa era la receta de su abuela y que a ella también le venía de familia. Así que nuevamente sin comerlo ni beberlo, resulta que la receta que os pongo hoy también tiene mucha solera. Antes de seguir os comentaré que la que pondré esta noche es una de las dos recetas, porque C. me pasó una mezcla para los robiols de requesón y otra para los robiols de las demás cosas.

Después de leer esto es posible que os preguntéis que ¿Qué es esto de demás cosas? Bueno, un robiol es una pasta a la que se le da forma circular, se rellena normalmente de requesón, mermelada, crema pastelera (mi madre hacía un flan bien espeso de los de Potax) y cabello de ángel. Actualmente se han añadido nuevos rellenos como es el caso de los rellenos de nocilla o nutella.  La receta de hoy que es la que hemos hecho primero es la de las demás cosas, jeje.

Estábamos tranquilamente esta tarde en casa haciendo los robiols cuando mi pareja le ha hecho una foto al peque para enseñársela a la abu. Por lo visto en lugar de enviársela directamente lo ha colgado en el facebook y casi ni había acabado de ponerla cuando una mami que conocemos ya nos estaba pidiendo por ello. Se han interesado unas cuantas personas, así que hemos pensado que esta noche haríamos un post exprés para que esta mami y las no mamis que han pedido por ella sepan cómo se hacen.

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Ingredientes para robiols de cabello de ángel y otros.

1 tacita de leche

1 tacita de aceite

12 onzas de manteca, o lo que es lo mismo, 395 gramos

2 onzas de azúcar, o lo que es lo mismo 65 gramos

2 tacitas de zumo de naranja

La harina que tome, que suele ser aproximadamente un kilo.

Nota: Como veis la receta de la abuela venía con onzas, jajaja, según nos indicó C., una onza equivale a 33 gramos, así que os he puesto al lado las proporciones ya con gramos.

Ingredientes de relleno para esta masa:

Cada robiol se rellena sólo de uno de ellos, así que podéis hacerlos todos iguales o bien ir variando, pero no los mezcléis, cada uno de lo suyo. Podéis elegir entre

–          Cabello de ángel

–          Mermelada

–          Crema pastelera o flan muy espeso

–          Nocilla, nutella o crema de chocolate espesa

Preparación:

En un bol ponemos todos los líquidos, añadimos el azúcar y removemos.

Añadimos la manteca, yo le he dado entonces un toque con el microondas para ayudar a fundirla, ya que la acababa de sacar de la nevera, conviene que tengáis eso en cuenta y haberla sacado antes para que se mezcle mejor.

Luego tenéis que ir añadiendo harina e ir mezclando. Como os he puesto arriba, a mí también me ha tomado un kilo de harina, pero también puede ser que a alguien le varíe un poco.

Esta masa no hace levados ni nada por el estilo. Lo más práctico es que hagáis unas cuantas bolitas.

Poner sobre le encimera una hoja de hornear para trabajar. Situar sobre ella una bola de pasta y con un rodillo ir extendiéndola. Debe quedar una especie de círculo como si fuera una empanadilla.

En la zona central de este círculo se pone unas cucharadas del relleno que hayamos elegido.

Doblaremos por la mitad de forma que el relleno quede dentro. Apretaremos los bordes para evitar que nos salga.

Para saber de qué sabor son cada una se pueden hacer señales tipo cortecitos o pinchar con un tenedor las que son de un mismo sabor.

Se ponen en el horno, yo ha puesto 180º, calor arriba y abajo y con turbo. Las he tenido hasta que se han dorado. En mi horno ha sido 35 minutos, luego le doy la vuelta a la palangana del horno y pongo cinco minutos más, porque siempre hay un lado que se dora más que otro, pero cada uno conoce su horno y debe hacer lo que mejor le funciona.

Cuando ya están horneadas se sacan y dejan enfriar. Una vez frías se espolvorea encima con azúcar en polvo o azúcar glasé. Podéis aprovechar también cuando espolvoreáis para poner algo encima y hacer también así alguna señal para distinguir el gusto del relleno.

Supongo que estos días haremos los robiols con requesón, así que dentro de unos días os enseñaré como es la otra fórmula y como salen.

Los que hemos hecho esta tarde eran de cabello de ángel y de crema pastelera. Tsunami las ha probado antes y han pasado su control de calidad, aunque opina que los de crema pastelera están más ricos.  Se lo ha pasado pipa haciendo bolitas y pasando por el rodillo, eso sí, no es que nos hayan salido muy homogéneas, ni estéticamente coherentes, pero sí que están de requetechupete. Ya sabéis, si alguien las hace espero que nos lo comente, bon profít.

robiols

Como pasaron Terremoto y Tsunami las fiestas de San Antonio y San Sebastián

23 Ene

En el último post os conté como son las dos fiestas hibernales de Mallorca. Ahora os contaré como las disfrutamos en esta casa. Empezaremos por San Antonio.

En el cole de Tsunami esta fiesta se llevaba preparando hacía unas semanas. El APA del cole contactó con un dibujante para hacer unas camisetas de lo más chulo para aquellos que desearan una. Para mi sorpresa fueron en manga larga, cosa que se agradece cuando es enero. Representa una gran llamarada de una hoguera y al lado el santo y el demonio que miran. Los acompaña la frase “atiant la flama” es decir, avivando la llama. Este lema tiene un poco que ver con la política educativa y lingüística que se está intentando imponer en los colegios por parte del Govern Balear, parece como si odiaran todo lo que tiene relación con la tradición y la cultura de la isla. Ya os comenté que para San Antonio, las glosas son mayoritariamente de tipo satírico o reivindicativo. Creo que lo más parecido sería algo así como las chirigotas de los carnavales de Cádiz para que me entendáis, aunque no se parezcan mucho. En los últimos días, los alumnos han estado preparando disfraces de dimonis y unas cuantas actuaciones con las que nos han deleitado a los papis.

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El jueves 17, en el cole ha habido torradas. Los alumnos de ESO vendían el pack torrada para ganarse unos dinerillos. Lo tenían muy bien montado, podías comprar bien la bebida o el postre o los embutidos con pan o bien el pack de todo. Te daban unos vales en un mesa, que luego canjeabas en cada puesto. Al lado había tres barbacoas preparadas ya con carbón en vivo para empezar a cocinar cada uno. Algunos papás más veteranos que nosotros, se habían traído de casa algunas cositas más que torrar, además del pack de los de ESO. Supongo que el año que viene que no seremos ya novatillos también traeremos alguna cosita más para acabar de complementar. Nosotros hemos comido la torrada y le hemos dejado los postres a Tsunami.

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Los niños del cole han dado a los papás un espectáculo de recitar gloses, algunas coreografías y al final hemos tenido ball de bot. Fue muy divertido. Los primeros fueron los de la clase de Tsunami y llevaban preparadas dos glosas de las tradicionales, de las que se habla de las desavenencias y problemas entre el santo y el dimoni tramposo. Hacía unos días que ya me había estado recitando una de ellas en casa. Cuando han empezado los más grandes ha habido algunas glosas más satíricas, incluso una en la que protestaban por tener que llevar demasiados deberes para casa mientras que los maestros no se llevan nada. Al final y para acabar bien la fiesta, baile. Tsunami me ha pillado por banda y, ¡cielos!, que ritmo lleva y eso que a mí me encanta bailar, pero este niño me sorprende cada día más, que energías que tiene.

Al día siguiente, viernes, fue el turno del cole de Terremoto, en él lo que hicieron fueron las beneïdes o bendiciones de los animales. Peques y profesores se trajeron sus mascotas. Los gatos y perros eran llevados un poco antes por los padres y luego se los llevaban de nuevo a casa. Terremoto se ha llevado sus caracoles tal y como le prometí cuando montamos la pecera de caracoles. Como estos no son peligrosos ni se fugan, se han podido quedar con él en la clase. Cuando he ido a buscarlo aún había algún animalito en el centro y el director del cole se llevaba de vuelta a su casa un periquito verde y amarillo. Para trasladar los caracoles he cogido una fiambrera grandecita y transparente. Le he puesto un poco de tierra en el fondo y un trocito de col mojada, los caracoles los he despertado un poco con algo de agua antes de partir. Para taparlo he empleado film de cocinar, así he podido hacer unos cuantos agujeros para que respiraran bien. Por si las moscas lo he sujetado con un elástico. Cuando he recogido a Terremoto los caracoles aun se pasaeaban a sus anchas por su recinto improvisado.

En cuanto a San Sebastián, decidimos acudir a dos de las actividades programadas.

El sábado por la mañana había varias opciones. Nosotros nos hemos decantado por ir al Castillo de San Carlos, justo en la entrada del puerto de Palma. Se trata de una antigua fortaleza que protegía el puerto medieval de la ciudad. En él ha habido dos recreaciones históricas con una exhibición de esgrima medieval y de tiro de arcabuces con soldados mallorquines de  la época napoleónica por parte de unos antiguos conocidos de otras actividades. Fuera se podía hacer un paseo en pony y se tenía programada una torrada al aire libre. Tenía preparados unos pinchos de carne con verduras, pero se ha puesto a llover a la hora de comer y nos hemos ido a casa donde nos hemos hecho la torrada al horno y también ha salido bien buena. Pero no nos adelantemos, en el Castillo de San Carlos hemos llegado a una buena hora y el aparcamiento que habilitan en el recinto del castillo estaba aún despejado, así que el acceso ha sido bastante cómodo. Esto ha sido oportuno especialmente para salir pintando cuando ha empezado a llover al final.

gener 098

En el exterior del castillo había unos ponis para pasear por allí. Cuando hemos llegado no había mucha gente en ellos, pero poco a poco se ha animado y luego no paraban de dar vueltas. En el interior del castillo hemos podido asistir a exhibiciones de esgrima de todo tipo: medieval, con escudo, sin escudo, con espada ropera, con espada y daga… Y mientras tanto por allí se paseaban los soldados napoleónicos, como si hicieran la guardia. Hemos aprovechado para dar una vuelta por las salas, y por el exterior de los muros, desde donde se disfruta de unas vistas muy buenas sobre el puerto y la ciudad. A media mañana se han empezado a oír descargas de fusiles, y en el exterior se habían preparado los napoleónicos con sus fusiles, cargados solo con pólvora, demostrando como se disparaba en esa época. Tras hacer un par de salvas frente a la entrada, han ido a un espacio más amplio, donde han empezado a realizar ejercicios de instrucción tal y como se hacían hace dos siglos, aunque seguramente algo más lentos. Se notaba que no tenían tanta práctica como los soldados de la época, ya que bastantes disparos han tenido que repetirlos ya que la pólvora no se disparaba. Y así entre una cosa y otra ha pasado la mañana, aguantando la meteorología hasta que a última hora, cuando se empezaba a acercar la hora de la torrada, se ha puesto a llover con ganas. Rápidamente hemos recogido y nos hemos vuelto hacia casa para comer en seco, tras haber disfrutado de una agradable mañana.

gener 088

El lunes por la mañana nos fuimos al Castillo de Bellver, allí nos esperaba un prometedor día de jornada medieval y carrusel musical por parte de la policía montada del Ayuntamiento. Como suele estar difícil aparcar arriba, hemos dejado el coche en la parte baja del bosque y hemos subido al castillo por el bosque, es una excursión chula y relativamente corta, salvo que lo hagas con un par de nenes que se pasan todo el tiempo hablando, haciéndote parar, haciéndote correr, explorando, colgándose de tú manga o de tu chaqueta o de tu mano. No sé porque los dos estaban especialmente pesaditos y la excursión, tanto la subida como la bajada ha sido toda una odisea. Arriba hemos tenido un fiasco. En otros años han hecho lo que tenían programado para hoy y había sido siempre buenísimo, pero este año el Ayuntamiento ha estado con las fiestas en plan cutre rácano. Lo que normalmente eran unas cuantas paradas de artesanía, cuentacuentos, la asociación de arqueros de Mallorca, los foners u honderos y otras más se ha reducido espectacularmente. Las actividades que los otros años se hacían en la zona de alrededor del foso se han suprimido todas. Sólo había una parada que vendían quesos y muy normalitos por cierto, y en un rinconcito los honderos casi escondidos.

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El sarao lo han trasladado todo dentro del recinto del castillo y eso ha hecho que estuviera todo amontonado, incómodo y encima las pocas cosas que han hecho eran muy cutres porque así amontonadas no lucían y las colas eran muy incómodas. Las aves de la asociación de cetrería era interesante y estaba muy bien. La parte positiva es que el museo y todas las estancias del castillo estaban abiertas y las hemos visitado. Había un cuentacuentos de narraciones musulmanas, con todos los peques apelotonados en un pequeño espacio, apretujados. Al lado, el escenario donde el rey nombraba caballeros y de tanto en tanto paraba para ir fuera a fumar un piti. Mientras los niños esperando. Justo al lado también con no mucho espacio para ellos, un grupo hacía una exhibición de esgrima medieval. Entre todo este cúmulo de propuestas, el público. Vamos, un caos. Personalmente hubiera preferido que esas actividades se hubieran distribuido por la parte de entre los fosos y el patio de armas, como los otros años. Hubieran ganado en espacio, comodidad y presentación. Para rematarlo en el salón del trono, donde los otros años se nombraba a los caballeros y damas, este año lo han reservado para un campeonato de ajedrez, que me parece muy bien que se haga el campeonato, pero lo único que faltaba para estar más apretado era simultanear estas dos cosas tan poco coherentes, por mucho que sea un juego que nos llegara durante el medievo.

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En la entrada al castillo nos hemos encontrado que no dejaban entrar y hemos tenido que esperar un buen rato casi una hora, porque como dentro del castillo estaba abarrotado porque lo habían concentrado todo en el patio de armas pues hasta que no saliera no sé qué número de gente no dejaban entrar a nadie. Los que entraban los tenían muy controlados ya que iban con el aparatito ese que tienen las azafatas de los aviones cuando cuentan el número de pasajeros de las filas.

Bueno, nos hemos dado una vuelta por el castillo y lo cierto es que los peques con lo que se lo han pasado mejor ha sido con el museo y luego con los honderos. Es una autentica pena como han sido las fiestas este año. Se han suprimido muchas actividades de las que antes se hacían para las familias. Se han suprimido los fuegos artificiales que eran tan chulos y retrasmitían por la tele y han dejado un triste correfoc que tenía mucho que desear en comparación con los que se solían hacer. Muchas actividades que se hacían por separado, bien organizadas y que te daban para dos días de actividades cómodas en familia las han unido como hoy que con el caos del castillo no hemos podido ir a ver el carrusel de los caballos. Es una auténtica pena, y me sorprende que lo único que han mantenido bien y encima han aumentado han sido las plazas y la verbena musical que es precisamente lo que menos me gusta porque no suelen estar muy controladas y la gente acaba como acaba, es una diversión sólo para un sector muy concreto de gente y allí las familias con niños o gente más mayor ni asoman la nariz. Puede que alguien piense que lo de la verbena lo digo porque ahora tengo hijos, pero quiero comentar que quitado de unos pocos años que fui a las verbenas, hace mucho que dejé de ir por ser un auténtico caos cuando empezaron a proliferar tantas plazas. Antes cuando había sólo cuatro era mucho más controlaba y se disfrutaba mejor. Ahora con tantas es un desmadre porque están poco controladas.

gener 067

Así que pese a que lo del sábado fue chulo y las actividades de los coles de los nenes estuvieron muy bien, este año las fiestas de San Sebastián han tenido un mal sabor de boca.  Han sido una pena las fiestas este año.  Habría estado bien no poner más plazas de música de las ya muchísimas que tenían. Este año en total han sido ocho plazas y entre todas han actuado 36 grupos en una sola noche. Creo que hubiera sido mucho mejor mantener las tradicionales y haber podido dedicar algo del presupuesto para la fiesta infantil que se hace una mañana y el día medieval en Bellver hubieran ido mínimamente bien y con algo un poco decente. Pero claro, los niños no votan.

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El amor es ciego, el matrimonio te abre los ojos, y el divorcio te pone gafas. Los hijos de los matrimonios rotos no tienen por qué ser unas víctimas.

1 Ene

Yo siempre he oído como refrán aquello de que el amor es ciego. Curiosamente esta frase extendida  la decía muchas veces una amiga mía cuando éramos jóvenes. Actualmente es una de las pocas que sigue soltera porque le gusta. No se muy bien si era invención suya o la había oído o leído por algún sitio, es posible ya que es una gran lectora. Sea como sea os aseguro que tiene mucho de razón.

Podría deciros que cuando alguien te gusta hay toda una serie de cambios hormonales y tal que hace que sólo veamos las cosas positivas ¿quién no ha pasado por ello?

Normalmente uno se casa o se junta con mucha ilusión. Pero una cosa es salir juntos, estar un rato, irse de juergas, excursión, viajes…. y otra muy distinta es la convivencia. Cuando convives prolongadamente con alguien, es cuando sus defectos empiezan a aflorar. Con el paso del tiempo, ese frenesí hormonal que hacía que el amor fuera ciego, va desapareciendo y entonces es cuando se pasa por la verdadera prueba de fuego. Ver si la pareja que has elegido se corresponde exactamente con aquello que en su momento percibiste de ella. Con esta frase no me estoy refiriendo a los grandes temas, sino a las cositas pequeñas que son las que realmente importan a la hora de convivir. Os pongo varios ejemplos de casos con los que me he encontrado y conozco de primera mano:

Cuando salíamos él me llamaba siempre, me enviaba flores, me venía a buscar y me abría la puerta del coche. Íbamos al cine, a bailar, a cenar, de excursión, nunca estábamos parados. Nos casamos y de la noche a la mañana al convivir me encontré con que él no colaboraba en las tareas de casa. A él ya no le apetecía hacer excursiones, ni salir a bailar, y tampoco ir a cenar. Nos pasábamos los fines de semana en casa o en casa de sus amigos, ellos jugando con el ordenador mientras ella veía la tele en el sofá… Cuando ella le pidió al poco de casarse a que venía ese cambio, la respuesta fue clara “antes no te tenía segura y hacíamos lo que te gustaba, ahora te tengo segura y haremos lo que me gusta a mí”. Esto que os puede parecer alucinante es un hecho real. También he conocido otros hechos reales que alucinarían a los guionistas de Hollywood.

No siempre te abren los ojos desde el principio, en ocasiones también me he encontrado con que tras unos quince años de matrimonio, uno de los dos piensa que toda su vida se la ha pasado saliendo con una sola persona y luego intentando sacar económicamente una familia y trabajando como un burro para pagar la casa y el cole de los niños. Estas situaciones normalmente las he visto en el caso de hombres, dos veces. Entonces un buen día deciden que tendrían que haber hecho algo más con sus monótonas vidas. Un  buen día, por las buenas y sin avisar, lanzan a bocajarro que ya no están enamorados y que sienten que no han hecho nada y que quieren el divorcio. Así que piden que se venda el domicilio familiar que tanto ha costado montar y normalmente ellos se van de alquiler a otro sitio a vivir su vida e irse de juergas y aventuras. Esto también es real, aunque así como están las cosas hoy en día creo que no hay para muchas juergas, pero eso es otro tema.

Una vez conocí el caso contrario. Él trabajaba en la construcción de peón y ella era secretaria de una empresa. Era un matrimonio joven sin hijos y cuando él llegaba a casa estaba agotado y ella sólo quería seguir con sus salidas. Así que como se aburría mucho fue ella quien le dejo para buscarse alguien que no llegara tan cansado siempre a casa.

También me he encontrado con el caso de parejas que ya tienen los hijos mayores y tienen total libertad en sus vidas. Entonces deciden que aprovecharán las salidas de sus hijos para ir ellos de juerga y viaje y hacer lo que no han podido hacer estos últimos años. Sé que más de uno se va a molestar, pero en los casos que he conocido, ha vuelto ha ser el hombre, el que además de salir con la mujer, también iba con otros amigos que no tenían pareja y que además de beber también esnifaban y fumaban. Decidieron probar por eso de que uno siempre controla y sin darse cuenta se han convertido uno en consumidor de coca de fin de semana o el otro en drogadicto puro y duro. En estos casos las mujeres han aguantado hasta un cierto límite y al final han decidido que ellas tenían que salvar a los hijos y que el padre si no colaboraba que se buscara su vida.

No estoy diciendo que todos los matrimonios tengan que pasar por experiencias así. Sólo os he contado algunas. Puede que bastante llamativas pero reales.

El vivir en pareja es saber llevar una casa a medias. Saber compartir gastos. Saber compartir ilusiones y facilitarse mutuamente el que cada uno pueda seguir desarrollándose como persona. También es saber compartir los problemas, ya que no todo son alegrías y juergas. La convivencia es muy difícil y las cosas más tontas pueden destrozarla. Entonces es cuando se pasa a la situación en la que el matrimonio te abre los ojos.

Dejaremos aparte el intento o no por arreglar los problemas. Dejaremos aparte el duelo que tiene que pasar la parte de la pareja que se siente estafada, defraudada, menospreciada, infravalorada, explotada, silenciada… y que es el detonante de decidir acabar con una situación en la que se siente anulado y menospreciado. Porque no nos engañemos, puede que haya personas que se divorcien a la ligera, pero normalmente cuando uno lo hace es porque ha agotado todas las vías que ve posible para solucionar el problema que le está ahogando y ha pasado un periodo de duelo sin el cual no se ve posible realizar este pasó.

Tampoco me meteré ahora en exactamente porque una pareja que ha convivido largo tiempo decide separarse. He expuesto unos ejemplos, pero hay millones y cada uno tiene sus motivos y sus justificaciones. Hay muchos tipos de separación, y allí interviene el tipo de persona que eres. Hay parejas en las que uno de los dos no lo acepta y hará la vida imposible al otro. Hay parejas en las que la persona que lo ha pedido luego ve como su ex rehace su vida y no puede consentirlo y la martirizará toda la vida y perseguirá por ello, son lo que el refranero llama “la maté porque era mía”. Los casos que he conocido también han sido los hombres los que han actuado así. Como os he dicho, motivos y situaciones hay muchos.

El divorcio te pone gafas. ¿Porque digo esto? Hay varias formas de entender esta frase. Normalmente cuando uno ha pasado por un divorcio y rehace su vida tiene una experiencia previa que suele ayudar mucho si sabe aprovecharla. Lo de convivir no es algo nuevo. Por otra parte puedes conocer los defectos que tienes y puedes intentar corregirlos o al menos no repetirlos si esta nueva persona realmente te importa. También sabes como exponer y como gestionar los problemas y dificultades diarios, no sueles tener un comportamiento tan impulsivo ni pasional como antes. Si consigues esto es que has encontrado tus gafas.

Hay no obstante, una parte de divorciados que no sólo no se ponen gafas, sino que lo que hacen es echarse ácido entre ellos. Son las parejas en las que ha quedado un gran rencor entre los dos. Las parejas que no han sabido perdonarse, que no han pasado por este duelo. Las parejas que se han sentido ofendidas y humilladas y siguen sintiendose. Las que consideran que “el otro” no tiene derecho a rehacer una vida.  En resumen, las que no aceptan que una vez vieron algo en el otro que les atrajo lo suficiente como para querer convivir el resto de sus días, pero que se equivocaron. Posiblemente esa pareja como amigos se lleven muy bien y puede que no sea ninguno de los dos una mala persona, simplemente, que como pareja no congenian. Las parejas que son capaces de darse cuenta de ello son los que normalmente acaban llevándose bien y por desgracia son las que menos se dan.

Ahora os voy a hablar de mi caso. Mi ex no ha sido una mala persona ni mucho menos, pero yo me sentí muy limitada cuando nos unimos como pareja. Deje de hacer muchas cosas por él, incluso el doctorado y mi tesis. Me centré en él y en la casa y poco a poco dejé de ser persona. Dejé de leer incluso. Influyeron además otros factores familiares que no ayudaron y tras muchos años de estar concediendo una segunda oportunidad, decidí que lo mejor era dejarlo.

Antes de llegar a ello hay que pasar como os he dicho por un duelo, por un aceptar que aquello ha muerto y no hay nada que hacer. Ese periodo puede variar, para algunos es corto, para otros dura años. Un día volvía de la compra a casa y tenía que pasar una calle de varios carriles y muy transitada. Cuando llegue al semáforo iba tan deprimida que ni me di cuenta que los coches pasaban y estuve a punto de cruzar la calle. Un señor me paró y yo salí de mi ensimismamiento. Lo primero que se me pasó por la cabeza es que tampoco me hubiera importado que me atropellaran. Pero enseguida algo se encendió en mi cabeza y me recordó que Terremoto no podía estar sin su mamá y que tenía que recuperarme. Este es uno de los varios momentos que tuve en los que poco a poco vas curando las heridas de ese duelo y poco a poco vas tomando conciencia.

Nuestra separación no fue traumática. Yo se la plantee pero era la crónica de una muerte anunciada, así que no hubo ni discusiones ni dramas. Al principio fue duro, hacía unos meses que habían diagnosticado a Terremoto y el estar sola con él no fue nada fácil. Los primeros meses mi ex sintió una euforia de libertad y empezó a salir y divertirse. Al poco se dio cuenta que la nómina no daba para tanta juerga y se fue moderando. Estuvo no obstante bastante tiempo disfrutando de su libertad, me explico. Durante bastantes meses casi nunca iba a buscar a Terremoto a la salida del cole, hasta que una vez unas mamás se lo encontraron y le pidieron porque no le veían. Parece que eso hizo que se diera cuenta y desde entonces no faltó a la hora de la salida del cole. También estuvo esos meses que no solía acompañarme al médico cuando Terremoto tenía algo. Luego me llamaba para saber que tenía, eso sí, pero si no ocurría algo cuando le tocaba tenerlo a él, pues el trabajo era el mío. Recuerdo que yo le decía que muchos padres matarían por tener todas las ventajas que yo le daba y él no aprovechaba. Esta situación duró aproximadamente un año y Terremoto se distanció y enfrió mucho su relación con su padre. No se muy bien como fue, supongo que a raíz de lo del cole, poco a poco fue dándose cuenta y ya siempre éramos los dos los que lo llevábamos al médico, y a los fines de curso o a las fiestas de cumpleaños.

Poco después de eso fue cuando conocí a mi pareja y un año después nos pusimos nosotros a vivir juntos. Tengo que decir que mi ex ha estado siempre encantado con ello, con que hubiera rehecho mi vida. Normalmente siempre vamos todos juntos a todo lo relacionado con nuestro hijo. Era habitual que mi ex, mi pareja y yo fuéramos todos a los fines de curso de Terremoto, a llevarle a actividades, estar todos en sus cumpleaños, hacer alguna excursión o alguna salida juntos. Era normal verlos a los dos jugando con Terremoto y yo me sentía muy orgullosa cuando veía eso.

Cuando nació Tsunami, mi ex siempre ha estado muy atento y nos ha dado una manita cuando ha podido. Recuerdo que cuando nació Tsunami vino Terremoto con su padre a conocer a su hermano. Se acercó a la cuna y le dijo. “Mira Tsunami, quiero que tengas las cosas bien claras. Tu papá es mi tío R. y mi papá es tu tío J.A. y mamá es la mamá de los dos” Y tal y como dijo Terremoto, mi ex es el tito J.A. y Tsunami va loco detrás de él y cada tarde cuando llega Terremoto, está el peque esperando a que llegue su tito para jugar con él y llenarlo de besos. Hace poco mi ex me comentó que había papis del cole del mayor que se creían que el peque era hijo suyo y que le habían comentado lo mucho que se parecían los dos nenes a su padre. Esto ocurrió porque Terremoto ha participado en una competición de natación y todos nos fuimos a los entrenos y a la competición.

También quiero comentar que desde hace años, en las comidas de las fiestas navideñas,  somos siempre mis nenes, mi pareja, mi ex y yo. ¿No son fiestas familiares? Pues mi ex es el papá de Terremoto, ¿Cómo mejor se puede celebrar una fiesta familiar sino es con la familia al completo?  Como dicen en mi trabajo, Laura y su extraño harem.

Cuando nos separamos recuerdo que le comenté que Terremoto ya tenía muchos problemas para que nosotros le pusiéramos los nuestros encima y que teníamos que intentar llevarnos lo mejor por el bien de nuestro hijo. Ha costado un poco pero creo que lo hemos logrado. Muchas veces me veo dando explicaciones cuando vamos a algún sitio juntos de que ese niño es de ese y el otro de aquel y te miran con cara de flipando. Al cabo de un momento te cuentan un caso cercano de una hija o un sobrino y te dicen que les encantaría que estuvieran como nos ven a nosotros. Muchas veces también me ha pasado que las psicólogas de Terremoto y las profes de los dos nenes nos han felicitado por lo bien que lo llevamos y por el bien que eso les hace a los nenes.

Sé que es difícil reconocer que uno se equivocó, pero lo justo seria reconocerlo. Si ya no se puede hacer nada para salvar una convivencia lo mejor es dejarlo. Si lo dejáis, pensad que si tenéis hijos esos hijos son de los dos. No se puede privar a un niño de la presencia de su padre, ni de su madre, aunque estos no vivan bajo un mismo techo. Los niños son personas, no balas ni mísiles que se puedan lanzar contra tu ex. Los niños tienen sentimientos y personalidad y no puedes ir por allí diciéndoles que su padre es un cabrón o que su madre es una puta, pensad que estáis hablando de su padre y de su madre, los dos seres que le han dado la vida y le han amado y le han cuidado hasta ese momento. Cuando en lugar de seguir haciendo de padres, los padres sólo ven a sus hijos como unas posesiones que no se pueden compartir pero sí usar para dañar o manipular, entonces esos padres deberían ir a una buena terapia si es que aún los aman.

Sé que hay algunos casos extremos y no me meteré en ellos, para eso están los servicios sociales. Pero me gustaría que estas palabras si se tuvieran en cuenta para los casos de separación más normales. He elegido la fecha de hoy, 1 de enero para publicar este post porque es el primer día del año. Posiblemente muchas parejas hayan pasado una parte de estas fiestas solas, con un gran vacío en su casa y en su interior al no tener ese día a sus hijos con ellos. Sé que es difícil, pero si algo se desea y los dos ponen algo de su parte se puede conseguir. Muchos aprovechan esta fecha para hacer balance del año y proponerse ciertas metas. ¿Qué meta mejor puede haber en la vida que la convivencia, la felicidad y el bienestar de tus hijos? La vida, si quieres, puede ser mejor y una familia no tiene porque limitarse sólo a una pareja y a un techo, hay muchas formas de rectificar y seguir sintiéndose familia. Me gustaría no ser un caso tan raro y que hubiera más familias como la mía, por el bien de los nenes y de los mayores. Sería un bonito deseo para este 2013 que empieza. Gracias y suerte en vuestras vidas.

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