Tag Archives: reflexiones

Sobre la elección de las lavadoras, las clases de preparación de parto, el inicio en la paternidad de unos padres primerizos, o, como sería el esbozo de ese manual para padres que todos buscamos en la canastilla de la cuna cuando nos trajeron a nuestro hijo y que nunca encontramos debajo del paquetito de las dos muestras de pañales Dodot.

29 Abr

Al comprar una lavadora pretendemos sacarle el máximo rendimiento, para eso hay que saber usarla. Hay un tipo de personas que cuando la compran o les traen el aparato a casa bombardean al vendedor o al técnico con preguntas para que les explique como van los programas y cual se adapta mejor a su tipo de ropa. Otros prefieren leerse de cabo a rabo el manual, incluso la sección de desembalaje e instalación, aun cuando esto ya lo ha hecho el del reparto. Un último grupo pasa de vendedor y de manual y empieza a experimentar para que servirá ese botón o simplemente piensan que no variará mucho de como funcionaba el aparato anterior.  Sé que muchos se escandalizarán, pero yo creo que una gran mayoría de padres actúa de la misma forma cuando les llega a casa su hijo. Están los que preguntan a los abuelos a las amigas, a los vecinos y en ocasiones incluso al pediatra.  Otros, en el quinto mes, ya se han leído todos los libros de maternidad de la biblioteca local, lo que había en la librería y lo que ha pillado por internet o les han regalado. Se han subscrito a tropecientas revistas incluso tienen sus propias opiniones de la metodología de fulanito y las teorías de menganito y tiene bien claras cuales piensan seguir en la crianza de su hijo.  Algunos van improvisando sobre la marcha o se limitan a repetir los arquetipos y formas con las que fueron educados. Me diréis que existen dos grupos más. Los que recurren a las guarderías, serían los que recurren a las tintorerías. Finalmente, los que por unas circunstancias u otras ese hijo acaba siendo educado por los abuelos… vendría ha ser algo así como el eterno “emancipado  treintañero” que los fines de semana le lleva una bolsa con ropa sucia a su madre y se marcha con la limpia de la semana pasada y los tuppers para los próximos seis días.

Antes de nacer los padres primerizos vamos a las charlas del Prenatal y a las clases de preparación de parto. En el Prenatal se nos enseña con un muñeco muy mono como se viste y se baña el niño…. Ya me gustaría a mi conocer al bebé que al bañarle y vestirle se dejaran manejar, estuvieran tan quietitos y colaboraran como el muñeco. ¡Ja!.  En las clases de las matronas también se enseña eso con un muñeco además de como irá el parto y como afrontarlo. No tengo nada en contra de estas charlas, incluso recomiendo que vayáis a las matronas aunque tengáis que tener un parto por cesárea. Lo cierto es que si en algún momento ocurre algo durante el parto, el equipo médico se encargará de actuar y proceder lo mejor posible. Si la madre resulta una histérica la dormirán y se encargarán de que todo salga bien. Decir que lo del parto es lo de menos puede parecer frívolo. Realmente se nos prepara mucho para ese momento pero nunca se nos prepara para lo que se nos va a venir luego encima. Los niños vienen sin manual, así que el futuro de los pobres dependerá de los papás que le hayan tocado y de como irán resolviendo los problemas a lo largo de su educación.

Supongo que a alguno de vosotros os sonará este post, apenas está modificado. Fue el que le mandé a Cintia de trestrillitigres antes de que yo tuviera este blog. Era para un concurso sobre como educamos en valores a nuestros hijos. El título de mi propuesta fue “Educar en valores primero a los padres”. Cuando Cintia propuso este reto,  pensé al principio en los valores que les damos a los niños para educarlos. Pero luego pensé que una visión distinta sería comentar los valores que tienen que aprender los padres para educar a los niños. Me explicaré, cuando yo era pequeña  si algo no le gustaba a mi madre tenía unos buenos zapatillazos asegurados u otros castigos, en este caso yo obedecía por miedo al castigo y asumía ese aprendizaje fruto de un castigo, no de un razonamiento, un trabajo educador o la adquisición de un respeto por ciertas cosas y personas. Cuando Terremoto era aún pequeño una vez lo reñí y me quité mi zapatilla, entonces él se quitó la suya haciendo lo mismo que yo. Aún recuerdo su mirada, entonces me dijo “si tú, yo sí”.  En ese  momento vi que lo único que estaba haciendo era repetir aquello que habían hecho conmigo y que yo odiaba tanto. Estaba repitiendo el modo de lavar la ropa de tiempos de mi madre… pero….  si hoy lo hacemos de otra forma… ¿Por qué no la empleaba?  En ese momento comprendí que por desgracia a mí se me había criado de una forma cuya mayor enseñanza se había convertido en lo que no debía hacer para criar a mi hijo. Tenía que reducarme.  Cambiar de prioridades para en lugar de recurrir a ello tener otras opciones para conseguir del niño su aprendizaje. Con el tiempo he ido adquiriendo una serie de “valores” que me he tenido que auto aplicar para empezar ha ser padres. Lo que intentaré ahora es realizar un pequeño esbozo de ese maravilloso manual de instrucciones que a todas nos hubiera gustado que viniera con la canastilla que nos traían después del parto (ya nos gustaría que existiera un manual de esos).

Imagino que a estas alturas los nuevos en este blog s estarán preguntándose cómo es que esta se cree tan experta en educar a un niño. Os diré una cosa, a mí me tocó hacer un master. Pero no un master de universidad, no, cuando Terremoto tenía tres años casi no hablaba y jugaba al lado de los otros niños pero no con los otros niños. Creíamos que no oía, pero las pruebas fueron todas correctas. Finalmente acabamos en el despacho de una neuropediatra, con el peque en el suelo jugando con unos camiones y nosotros leyendo un informe que nos decía que ese niñito que teníamos al lado tenía un diagnostico de Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), es decir, tenía una serie de rasgos del llamado espectro autista. En mi vida he pasado por muy malos momentos, pero ninguno tan doloroso como ese, literalmente sentía como mi corazón se iba rompiendo. Los siguientes días eran de no poder creérselo, fueron horribles. ¿Cómo les cuentas tú eso a tus padres?  Mi padre no paraba de llorar. Tenía lo que hoy en día clasifican como un niño especial.

Una semana después del diagnostico estaba hablando con una amiga mía y cuando le dije que  el peque era especial me riño. Me dijo que mi hijo era el mismo ahora que hacía una semana o quince días. Si hasta ese momento le había tratado como un niño normal no tenía porque ahora tratarle de forma diferente. Lo que tenía que hacer era ayudarle a salvar el obstáculo  que tenía en comparación con los otros chicos. Seguía siendo un niño como cualquier otro. He comentado esto porque no voy a tratar el valor de la diversidad. El lema del cole al que ahora va Terremoto es “todos iguales todos diferentes“. A menudo cuando la gente se refiere a esta frase suele ser para indicar diferencias sociales, culturales, religiosas, de sexo, edad… normalmente se olvidan de las otras. El hecho de que vuestros hijos jueguen con ellos, les saluden o les den una palmadita en la espalda no implica que se contagie. Muchas veces parece que la gente debe pensar esto. Me gustaría que la gente fuera más consciente del daño que pueden hacer a esos niños y a sus familias ya que es algo que le puede tocar a cualquiera sin distinción de raza, religión, cultura, diferencia social y tanto afecta a niños como a niñas y es para siempre desde que naces hasta que eres viejo. Los primeros años después del diagnóstico recuerdo que cuando salía a la calle y veía todos los niños con sus padres me daban cierta envidia y pensaba porque me había tocado a mí. Mi cura de humildad la tenía todas las tardes cuando iba a buscar a Terremoto a su anterior colegio. A esa hora cuando salía de casa paraba enfrente un autocar de un cole para niños con síndrome de Down. Entonces pensaba que posiblemente cualquiera de esos padres mataría por tener el tipo de niño que tenía yo y que no tenía ningún motivo para quejarme. Aunque bien pensado, aunque sus hijos fueran “diferentes”, también eran unos niños iguales al mio y a los demás… que fácil nos resultaría si la gente tuviera algo más de empatía.

Recuerdo que mi ex  solo decía que el niño no podría ir a la universidad. Yo en lo único en que pensaba era que mi objetivo sería que a la larga Terremoto llegue a ser una persona feliz. Los valores que rodean al término “persona” para conseguir realmente eso, alguien autónomo, con un futuro, una vida y unas expectativas mínimamente favorables, aceptado por los demás y lo que implica el sentirse feliz, es decir, el estar y sentirse conforme y a gusto con lo que se es o se ha llegado a ser.

Tras muchas batallitas que no entraré en ellas, un divorcio de mutuo acuerdo a los pocos meses del diagnóstico, acabamos en manos de un gabinete psicopedagógico y allí encontramos uno de nuestros primeros “ángeles de la guarda” fue Noemí. Ella primero y otros después fueron los que nos hicieron ver que antes de educar a Terremoto  teníamos que educarnos a nosotros.  Y aquí es cuando entra en juego la humildad de reconocer tus fallos y la fortaleza para querer mejorarlos y finalmente corregirlos. Los padres no somos perfectos ni mucho menos, nos queda mucho que aprender.

¿Cuando tenemos que empezar a prepararnos como padres? Yo creo que debería ser antes de buscar el hijo. Un amigo mio me comentó una vez, que un niño para ser feliz, debería haber oído la risa de su madre y la voz de su padre cuando estaba en el vientre. Otro compañero de trabajo me decía que los niños dependen tanto de su madre porque nosotras les llevamos nueve meses de ventaja. Todo ese tiempo han estado oyendo nuestro corazón, nuestra voz, los ruidos de nuestro interior y no empiezan a oír los del padre hasta que salen. Creo que los dos tienen algo de razón. El niño tendría que oír más a menudo la voz de su padre que le dice cosas en el vientre de la madre, sería una forma de compensar estos nueve meses. De irnos mentalizando que la educación de un hijo es cosa de dos y empieza lo más pronto posible por eso hay que compartir desde un principio.

Me he encontrado con gente que decía que había buscado el niño o bien porque estaba hartos de oír las quejas de la madre/suegra recriminándoles que ya era hora de ser abuela;  porque sus amigos tenían todos hijos y así al menos se sentirían otra vez más incorporados en el grupo;  o bien porque se les estaba pasando el arroz. Como si la maternidad fuera un picnic en la Malvarrosa. Hay que tener muy claro que se quiere ser padre porque cuando esa criaturita salga tú vida cambiará radicalmente y dejaras de vivir para ti durante mucho tiempo.  Un padre tiene que ser lo menos egoísta posible ya que su prioridad debe ser su hijo, no su propio bien. Tiene que ser generoso. También tiene que aprender a amarlo y comunicarse con él lo antes posible.

(mañana más)

como-poner-lavadora

Los falsos mendigos, aprovechándose de la buena voluntad de los demás.

8 Abr

De todos es sabido que la literatura castellana es prolífera en la bien llamada novela picaresca. Comenzó a fraguar allá por el siglo XVI y siguió por el XVII. Pero sinceramente, dudo mucho que esta casta de Lazarillos y Buscones desaparecieran con su decadencia literaria. Más bien pienso que son una especie de ave Fénix mal programada, que renace de sus cenizas cada vez que la sociedad experimenta un periodo chungo, o no necesariamente, y que muchas veces en lugar de reencarnarse en una nueva obra literaria se reencarnan en personajes de carne y hueso que pululan por las calles de nuestra ciudad.

Puede que con este post muchos me censuréis o opinéis que soy políticamente incorrecta, lo siento, porque me es igual. Hoy en día en el que todo el mundo está indignado, yo estoy indignada también con los que denomino falsos mendigos. Cuando era pequeña mi madre me enseñó que hay personas que desgraciadamente tienen menos que nosotros y que si podemos tendríamos que ayudarles un poco en relación a nuestra medida. Recuerdo que había un abuelete que había quedado sólo y sin familia y solía sentarse en el suelo de una vía de gran tránsito en el centro de Palma. Durante muchos años cada vez que pasábamos por allí le dábamos algunas monedas. El hombre, ya bastante entrado en años, siempre con la misma ropa pero pulcramente remendada, te daba las gracias efusivamente durante un buen rato. Un día dejamos de verlo, supongo que su vida llegó a su final. Nunca supe cómo fue.

Normalmente cuando alguien me pide dinero por la calle, yo no soy de las que da dinero. Primero les pido si en lugar de dinero quieren comida. Muchos me dicen que sí. Entonces busco un sitio cerca tipo bar o súper y entro y compro algo de comer y beber y se lo doy. Se que de esta forma me sale “más caro”, por decirlo de alguna manera, pero no me gusta que mi dinero se pudiera luego invertir en comprar droga o alcohol. Si lo único que quieren es dinero, pues lo siento porque no doy. Alguna vez me han pedido para comprar leche para el biberón y he hecho lo mismo que con la comida. Cuando alguien se ha visto abocado a una situación de necesidad, realmente se le ve que se encuentra en esta encrucijada y que intentan salir de ella como sea.

Hace unos años, no se muy bien si coincidió con los primeros años de esta ya tan larga y arraigada crisis actual, que por esta ciudad donde vivo empezaron a aparecer los que luego calificaría de falsos mendigos.

Hace ya bastantes años que en el trabajo tenemos el sistema de aire roto, el repararlo es un pastón y no hay presupuesto. Así que nos toca congelarnos al lado de una mísera estufita en invierno, y achicharrarnos con la ventilación natural de todas las ventanas abiertas en verano. Hace ya algunos veranos, antes de que Tsunami fuera un proyecto, aparecieron los primeros indicios de esta nueva casta de la que trataremos hoy.

Cada mañana, a las 9 en punto, empezábamos a oír una voz masculina que repetía todo el tiempo e incansablemente un mismo estribillo hasta que el reloj daba exactamente las 13’30, momento en que su horario laboral llegaba a su fin. La frasecita en cuestión era pronunciaba de forma convulsiva, muy nerviosa y muy rápidamente casi enlazando una palabra con la otra y en voz bien alta y decía: “porfavorporfavorporfavor señoraporfavor cincuenta céntimos porfavorporfavorporfavor” era algo insistente y repetitivo que te ponía de los nervios. Si esta primera estrofa no surgía su efecto, rápidamente empezaba de nuevo y la recitaba tantas veces como fuera necesario cada vez más alto y rápido, hasta que al cabo de un momento de acoso y derivo oías al fin “gracias, gracia”. Os puede parecer divertido contado así, pero no lo era. Tal vez para los viandantes no resultar demasiado agobiantes. Para nosotros que teníamos que tener todo el día las ventanas abiertas y cada día durante su horario laboral no paraba ni un momento, era algo agotador. Tuve que llevar una caja de paracetamol y tomarme más de uno… y dos… y tres y también compartirlos con mis compañeras. Porque además estaba justo en frente de nuestras ventanas, en una esquina sombreada muy pero que muy concurrida y no se perdía a ningún transeúnte de los que pasaban por ese lugar. Creo que yo no fui la única afectada, porque alguna vez oímos unas cuantas discusiones de algunos vecinos que artos del método tan exagerado y agresivo, habían bajado a pedirle si podía ir a otro sitio o al menos no gritar tanto. Desapareció después de bastante tiempo y creo que fue por diversas quejas vecinales. La última vez que lo localicé fue en una calle comercial algo más arriba de donde estoy y te seguía asaltando desesperadamente cuando pasabas a su lado y menos lo esperabas.

El hombre, como os he dicho estaba situado en una esquina y desde las ventanas se le oía bien, pero no lo venía bien, así que una vez fui a ver quien era el que nosotros y todos mis clientes conocían como “el porfavorporfavorporfavorseñora” Resultó ser un hombre alto, musculosos, de raza negra posiblemente emigrante africano. Iba vestido con zapatos y cazadora de piel, vestía pantalones de marca y jersey grueso, gafas de sol y gorra. Curiosamente la gorra era lo único un poco normalito tirando a baratero que llevaba puesto. Portaba una cadena gruesa en una muñeca y en la otra un reloj nada baratero. En sus manos, mientras esperaba a que se le acercara una ”nueva víctima” pasaba con el dedo las páginas de un móvil última generación con conexión Internet. Cuando veía que alguien se acercaba atacaba. Pensé que no tenía mucha pinta de pobre y que realmente iba más bien vestido, nutrido y cuidado que yo y desde luego, tenía un móvil mucho más virguero que el mío, incluso que el de mi pareja que ese si que es más bueno. Pasé por allí otros días y lo volví a ver con otra ropa, la iba variando, esta vez con zapatillas de marca, pero igual de cuidado e impoluto y el móvil y la gorra que no faltaran.

Lo estuve hablando con mis compañeras y algunos clientes y  me comentaron que eran un grupito de cinco. Cada mañana venían y se reunían delante del edificio donde trabajo, se iban a un bar cercano (los bares de al lado de mi trabajo no son precisamente baratos ni tipo de barrio, más bien tipo carillos y para turistas) y allí se zampaban su buen café con leche y ensaimadas. Luego se iban cada uno a su puesto de trabajo a las 9 para empezar su jornada laboral y acababan a las 13’30 o’clock hora en que se iban supongo que para ir a comer no se donde. Luego me fijé y efectivamente, los he visto alguna vez haciendo esto y ya tengo localizados otros dos, uno al lado de la entrada de un colegio y otro al lado de la entrada-salida de un parking público, vamos que me tienen los lugares bien estudiados. El atuendo de todos no es igual, pero sigo diciendo que van mejor vestidos que yo, eso sin dudarlo y esos dos al menos, también tienen un móvil chachi pilongui último grito con el que pasan el rato dándole a la pantalla mientras esperan que se acerque el siguiente peatón. Una vez comentamos que si cada vez que decía gracias, alguien le había dado los cincuenta céntimos, realmente se hacían una buena nómina, libre de impuestos, sin tener que declarar y encima con cierta libertad horaria si se terciaba.

En otra calle cerca del trabajo, se instaló también por esa época un grupo de rumanas. Normalmente estas se suelen situar en los supermercados. En dos de los supers de mi antiguo barrio las he visto por la mañana que las lleva un hombre con tres o cuatro mujeres, dependiendo de las que ya haya dejado, justo antes de que abra el súper. En ocasiones he visto como el mediodía les reparten la bolsa con la comida y luego por la tarde noche las recogen. En estos dos supers que tengo controlados los coches con los que “hacen el reparto” han sido un Audi de gama alta y un Mercedes también de gama alta. El conductor no tenía para nada pinta de pasarlo mal en la vida. Eso sí, las mujeres van vestidas de una forma más humilde que al menos no choca tanto como sus colegas de los cincuenta céntimos. Al principio, antes de tenerlas tan fichadas, me pararon un día y me pidieron dinero. Era una chica embarazada y le dije que si era para comer le compraría algo. Me fui a un kebab que había al lado y me pidió si también le podía comprar algo para su compañera, así que les di dos kebabs y dos bebidas. Al día siguiente cuando iba a casa pasé al lado. Me paró la misma chica y me preguntó si es que ese día no le pensaba pagar la comida a ella y a su amiga o que pasaba. Me quedé flipando en colorines, porque que yo sepa yo no tengo puesto un letrerito de servicios sociales ni de comedor ambulante, ni de reparto de la Cruz Roja, ni de multimillonaria altruista. Le respondí que no les podía pagar la comida cada día y las dos empezaron a insultarme y a empujarme como si yo les hubiera hecho algo o dicho algo vergonzoso. Evidentemente, fue cuando pasé de ellas y luego me fui fijando en lo que os he contado antes.

Al lado de donde vivo hay también un supermercado que es el que me pilla más cerca y donde voy a comprar cuando me he dejado algo. No siempre pero sí algunas veces, el año pasado, había un hombre negro africano, también alto y muy muy, muy gordo que hacía allí su jornada laboral sentado en un pilón y acechando a todos los que salían de allí con su compra. Recuerdo que un día había ido con Terremoto y cuando salimos con nuestras bolsas el hombre nos realizó la maniobra de acoso y derribo. Este debía de mantener más carne y nos pedía directamente el euro enterito. Yo le dije que no y que nos dejara tranquilos. Como los otros de cerca del trabajo, cuando veían que el primer intento no funcionaba, realizaban un contraataque aún más insistente. Mi sorpresa fue máxima cuando al estar a punto de responderle de nuevo que nos dejara tranquilos, Terremoto le suelta. “Ya está bien, deja tranquila a mi mamá, que la pobre se levanta cada día tempranísimo para podernos llevar al colegio y se tiene que ir corriendo a trabajar y luego se tiene que encargar de toda la casa y casi no tiene ni tiempo para ella ni para respirar y le cuesta mucho ganarse el dinero. Búscate un trabajo como mi madre y deja de estar aquí haciendo el vago mientras esperas a que los demás te regalen su dinero y te tengan que solventar la vida que te tendría que dar vergüenza aprovecharte de la pobre”

Tengo que decir, que así como yo me quedé flipada con su discurso, el hombre también, por suerte. Yo me temía que se lo tomara mal y la tuviéramos liada como me pasó con las rumanas. Le pregunté a Terremoto porque había hecho eso si yo siempre le estoy contando que ahora hay una crisis y que hay gente que lo está pasando muy mal y no tienen ni para comer y muchos buscan comida por los contenedores o tienen que ir a los servicios sociales a que les den algo con que alimentarse o pagar facturas de sus casas. Terremoto muy serio me mira y me dice “por favor mamá, ¿realmente tú crees que ese señor con la pinta que tenía pasaba algo de hambre o busca algo por un contenedor? Si el hombre ese lo que es es un vago que le es más fácil aprovecharse del trabajo de los demás que no intentar buscarse él un trabajo. Ese no es un mendigo, es un falso mendigo”

Yo muchas veces me quedo muy sorprendida con mis hijos, incluso habiéndolos criado yo en muchas ocasiones me sorprenden. Así fue como en casa acuñamos el término de falsos mendigos para todos esos Lazarillos y Buscones de la vida moderna que consideran más cómodo hacer un horario de trabajo a consta de pedirle a los demás que les den dinero que no ganando menos pero al menos haciendo un trabajo por el que realmente alguien te pague de verdad.

Antes de que alguien piense que suelo ir por la vida albergando sentimientos racistas, os diré que otro caso con el que también me suelo encontrar cada verano es una alemana ya de sus cincuenta largos y de piel muy bronceada. Se pasa la vida en el bar de enfrente del súper y cada vez que sale alguien se va detrás para cogerle el carrito y quedarse ella con la moneda. La primera vez que nos pidió la moneda nos dijo en ingles que la quería para beers… lo único que nos faltaba era tener que pagarle las cervezas a la alemana esta. Como es una pesada pero muy pesada también hemos tenido yo y otros clientes del súper, algunos altercados para que nos deje tranquilos a nosotros y a los carritos.

Espero no haber ofendido a nadie, porque sé que por desgracia hay muchos que lo han perdido todo y tienen que recurrir a sitios de ayuda que en su vida hubieran pensado que tendrían que recurrir. Sé que hay muchos padres que han tenido que dejar a sus familias para ir a buscar una oportunidad en otros países y poder dar un posible futuro mejor a sus hijos y sé incluso que hoy, muchas personas, que llegando a la más profunda desesperación han optado por acabar con su vida porque ya no veían ninguna salida. Me parece indignante que se haya llegado a esta situación, pero también me parece indignante que siempre surja ese avispado o avispada que quiere aprovecharse de la buena voluntad de los demás y espera a que los otros les regalen el dinero mientras ellos cumplen con su cómoda y poco estresante jornada laboral.

50 centimos

Yo fui madre después de los cuarenta

12 Mar

Algunas veces antes de empezar un post miro un poco lo que se comenta sobre el tema por Internet, para evitar repetir más de lo mismo. Este es un tema que hace tiempo que estoy pensando en abordar y al entrar a mirar que se cuece me he encontrado con la sorpresa de que se dice mucho sobre el tema, pero a la vez se dice muy poco sobre el tema. Me explicaré. Hay tropecientas entradas sobre que hoy en día la maternidad por causas de trabajo, estudios o porque queramos ser más chulas que las famosas o por lo que sea es cada día más tardía. Hay tropecientas entradas que comentan que la edad más adecuada para la maternidad no es precisamente a partir de los 35. Hay tropecientas entradas que te cuentan que si decides ser madre a partir de los 38 puede pasarte esto y eso y lo otro. Pero básicamente me he encontrado muy pocas cosas que comenten lo que es ser madre y criar a un hijo cuando has tenido, como dicen finamente, una maternidad tardía.

Es curioso ver como todo el meollo de la cuestión se centra en el hecho de concebirlo y llegar a buen puerto con el parto. Luego se dice alguna cosita a pinceladas pero se comenta muy poco sobre el criar un hijo a partir de cierta edad. Me encontré el mes pasado en el cumpleaños del hijo una amiga mía, una señora más o menos de mi edad que había acompañado a un niño un poco más jovencito que Terremoto. Hablando de los coles y tal le pregunté a que cole iba su hijo y me dijo “no es mi hijo, es mi nieto, sus padres están separados, el padre vive fuera y la madre está con otro y la custodia la tengo yo”. Sí, sé que yo, si hablamos de Tsunami, no soy la referencia más normal de madre para un niño de tres años y medio, pero tampoco me parece muy lógico que una mujer de mi quinta ya tuviera un nieto de esa edad y que ella tuviera que actuar como abuela-madre.

Pero el tema hoy no es el de las abuelas jovencitas que hacen de madre, porque estas aunque puedan hacer una labor ejemplar, no se han pegado la paliza de un embarazo a esa edad ni llevan el cansancio de un parto y un postparto. Sino el de las que deciden o simplemente les viene la maternidad después de los cuarenta.

De eso podríamos decir que sé un rato. En mi familia debíamos ser unos bichos raros dentro de la sociedad de otra época y soy fruto de una larga saga de hijos de padres mayores o padres viejos como se les decía entonces. Mis abuelos paternos nacieron a finales del mil ochocientos, es decir, siglo XIX. Se casaron relativamente tarde y mi padre es el pequeño, así que sus padres ya habían superado los cuarenta cuando él nació. En la familia materna, la situación es más divertida, mis bisabuelos se llevaban 13 años de diferencia, diferencia de ella mayor que él que tampoco era lo normal. Así que mi bisabuela también fue madre bastante tardía por la época. Los abuelos maternos nacieron él a finales del XIX y ella en 1900. Mis padres se ubicarían en el segundo lustro de los años veinte. Tanto unos abuelos como otros habían casado relativamente tarde y habían tenido hijos cuando la mayoría de matrimonios a esa edad ya tenían unos cuantos creciditos. Mis padres tampoco se casaron a la edad que solía hacerlo entonces todo el mundo. Lo normal era que a los veinticuatro ya estuvieras pasada por el altar y generalmente con algún hijo en camino, eso si el primogénito no nacía a los nueve o diez meses de la boda como en el caso de mis respectivos tíos. Mis padres se casaron él con 28 y mi madre con 27 y a mí me tuvieron a los trece años de casados. Vamos, que a mí me parieron con los cuarenta cumplidos o a punto de cumplir. Yo por mi parte tampoco tuve un instinto maternal prematuro y tuve a Terremoto a punto de cumplir los 33 y a Tsunami con mis 43 y medio justos. Claro, para uno soy una madre más o menos normal, no muy jovencita pero sí dentro de los límites aceptables. Del otro soy una madre más bien vieja, aunque tengo la ventaja de que siguiendo con la tradición de mís bisabuelos, el papá de Tsunami tiene nueve años menos que yo y eso compensa en ciertas cosas la balanza. Así que después de este rollazo que os acabo de soltar os voy a contar la percepción que tengo sobre lo de ser madre tardía.

Primeramente y creo que es importante, antes de buscar intencionadamente un hijo a estas edades es conveniente hacerse una revisión ginecológica. El hecho de haber podido tener un embarazo previo no nos asegura que nuestros aparatitos giro dinámicos internos estén aún en buenas condiciones y funcionamiento. En mi caso aproveché una revisión anual y el quitar el DIU, eso es muy importante. La ginecóloga me dijo que no era habitual que a mi edad todo estuviera tan bien y que no habría problemas de fertilidad. Problemas para concebir no tuve, pero sí para que el embarazo de mantuviera viable y pasamos por varios abortos seguidos. Ese es un riesgo que conlleva un embarazo a estas edades y hay que saber que puede tocarte, con todo lo que ello supone física y moralmente. A nosotros nos tocó tres veces seguidas antes de tener el de Tsunami. También es conveniente saber que cuando más avanzada es la edad de la madre hay más posibilidades de gestar mellizos ya que a medida que se acerca la fecha de menopausia el cuerpo va expulsando más cantidad de óvulos pues debe llegar a ese punto sin ninguno. Así que es un pequeño detalle que también nos puede tocar, no fue mi caso pero sí el de una amiga que tuvo mellizas el año antes que yo y fue quien me explicó esto.

Además de una revisión ginecológica es conveniente tener controlado el peso, ya que un sobrepeso dificulta más la concepción y el embarazo. También hay que empezar a ir tomando ácido fólico, pero eso mejor preguntar a la ginecóloga cuando hagáis la revisión. Posiblemente también os haga una analítica para comprobar que no tengáis deficiencias ni otros problemas.

Dicho esto ¿qué diferencia hay entre un embarazo a los treinta y uno a los cuarenta? Principalmente la posibilidad de complicaciones, pero eso lo dejo para que vuestros médicos os guíen. La madre mayor normalmente suele estar mucho más mentalizada y suele tener bastante más claro lo que se le va a caer encima y sus consecuencias, sobre todo si ya ha pasado por un embarazo previo. Los problemas típicos de los primeros meses no me sorprendieron. No me estresé tanto por cada prueba que pasas. Vas más mentalizada en cumplir al pie de la letra todo lo que te prescribe el médico, quizás porque sepas que no estás para ir haciendo muchos intentos y tu vida social no es tan alocada que en años anteriores y la estabilidad laboral también. Además y precisamente por los posibles riesgos que conlleva es un tipo de embarazo que está mucho más controlado y con más pruebas obligatorias que cuando se es más joven. Las madres solemos prever más todo lo que vamos a necesitar después del parto y no dejamos tanta  cosa a la improvisación. Realmente, no es que antes dejemos tantas cosas a la improvisación, es que no nos las esperamos y se nos vienen encima sin saber de donde caen.

Posiblemente la experiencia con otro hijo o el haber tenido contacto con familiares y amigos que ya han sido anteriormente padres nos ha proporcionado una perspectiva diferente de lo que realmente nos encontraremos. Ya no es sólo la visión idílica del hijo en tus brazos. También tenemos, además de esta, una  visión real de las noches en vela, de las preocupaciones por su salud, de los problemas para conseguir bañarlo sin que se te escurra o conseguir meterle la mano por la manga larga a la primera.

Del estado físico de cada uno dependerá que el embarazo se nos haga más cuesta arriba a unas que a otra. Las mamis maduritas que he conocido y entre las que me incluyo, les ha costado bastante, sobre todo los últimos meses. Eso de que no pesan los años, pesan los kilos, es cierto y en un embarazo con años y kilos ya ni os comento. Los últimos meses suelen ser bastante fastidiosos, las posibilidades de hinchazón de piernas o lumbalgias me atrevería a decir que aumentan a más edad. Yo llegué con unas piernas que parecían columnas o patas de elefante. Los médicos y las enfermeras me miraban más las piernas que la barriga, que ya era enorme.

Tuve dos cesáreas, así que no puedo hablaros de partos naturales porque no he tenido ninguno. Os puedo decir que en general mi recuperación de las cesáreas ha sido siempre buena, tal vez la primera algo mejor. Aquí nuevamente la edad también influye. El cuerpo también tarda mucho más en recuperarse a menos que se tenga una genética envidiable o un equipo de niñeras y gimnasio en la habitación de al lado. Conservo una gran panza floja y colgante del embarazo de Tsunami, pero prefiero tener panza y un peque encantador que no un tipito juvenil y no tener a nuestro amorcito con nosotros. A día de hoy me puedo imaginar sin barriga, pero no sin Tsunami.

Por lo que respecta a sobrellevar las largas noches sin dormir es también agotador, aunque creo que pese a todo Terremoto fue mucho peor que Tsunami. Con el primero yo quería hacerlo todo, quería demostrar que era una buena madre y que yo podía con todo y prácticamente no delegué nada. El resultado fue que quedé reventada en poco tiempo. Con Tsunami lo tomé un poco más descansado y dejé que su padre se levantara también por las noches, al fin y al cabo él también es padre. También tuve la ayuda durante una breve temporadita de la abu y el poder tener un respaldo es muy de agradecer sobre todo los primeros meses que uno aún está un poco tocado. Aunque sinceramente, un respaldo no está nunca de más sea el periodo que tenga el niño, sobre todo con la “hermosa y comprensiva” “conciliación familiar de que disfrutamos” ejem, ejem.

Creo, sobre todo,  que la principal diferencia estriba en que una no está para salir siempre corriendo detrás del peque y cuesta mucho en ocasiones llevarle el ritmo. Las recuperaciones son más largas y el cuerpo reacciona peor a más edad. La parte positiva es que te mantienen en forma quieras o no y te obligan a llevar un ritmo más activo y caer menos en el aburrimiento. Supongo que fue por la experiencia del mayor pero en general me he visto más preparada, no tan perdida, más en mi sitio y sin navegar tanto a la deriva. También tienes más personas de tu entorno que han sido madres y puedes tener ese apoyo o esa charla ya no sólo en tu madre.

En general puedo decir que me siento bien con la edad en que tuve a mis hijos. Por un lado pude vivir los años de juventud. Algunas amigas mías que fueron madres dentro de sus veintitantos se perdieron hacer muchas cosas y en ocasiones lo comentan. Es cierto que ahora están mucho más libres que yo, pero también los hijos mayores tienen otro tipo de responsabilidades, de eso no nos libramos nunca.

Mi madre siempre se había quejado de que había sido madre vieja y cuando le comentaba que quería tener otro hijo me decía que ni se me ocurriera o directamente que si me quedaba abortara porque si venía un bebe se la cuidaría a ella menos y no se le haría tanto caso. Como podéis imaginar eso me dolía mucho e hice lo que más deseábamos nosotros en ese momento. Es cierto que miramos un poco como estaba nuestra situación económica, que no era la mejor del momento pero tampoco estaba tan mal, y nos lanzamos a por ello. Creo que si te lo piensas demasiado nunca te lanzas.

Yo no me he planteado demasiado que cuando Tsunami tenga 20 años yo ya andaré por los 63. Tampoco me he planteado demasiado si podré ver a mis nietos si es que alguna vez deciden tener hijos. Lo que sí tengo claro es que si alguna vez ocurre eso y por poco que pueda intentaré apoyarlos y ayudarlos en todo lo que esté a mi mano. No  me pienso perder por nada del mundo el poder ver como crecen mis nietos y al mismo tiempo si mi físico me lo permite me gustaría dar una manita aunque sólo fuera jugar con ellos alguna tarde para que los papis descansen o sigan con su vida. Sé que no hay que interferir en la vida de los padres, una cosa es ayudar proporcionando unas horas de descanso o un día sin cole y otra intervenir en todas las decisiones de su crianza, eso debe ser decisión de los padres. Como he dicho cualquier ayuda es bienvenida y siempre que pueda ayudar lo haré, al menos esa es mi ilusión. El cariño se hace con el roce, con el día a día y me gustaría que mis nietos disfrutaran mucho con el roce de su abuela y la recordaran aunque no pudiera estar muchos años a su lado.

Siempre he odiado ser una madre muy protectora, como lo fue mi madre conmigo por lo que os explique en el post de la madre mega protectora. Creo que he podido adquirir una visión en la que se hasta donde tengo que ir dando libertades a mis hijos para que se vayan formando e independizando. Me parece que más o menos lo he conseguido.

Así que si alguien me preguntara que es lo peor de ser madre después de los cuarenta os diría que es tener la posibilidad de tener sólo un hijo. Siempre todos me han dicho que yo sería la heredera, pero también he sido la heredera de todos los males, enfermedades y necesidades físicas y económicas de mis padres. Sé que ser hijo único de madres jóvenes también es posible, pero cuando uno opta por una maternidad tardía esa posibilidad aumenta. Lo mejor ha sido poder volver a ver el milagro de una nueva maternidad. El haber podido disfrutar más y mejor de Tsunami, haberle podido dedicar un tiempo más de calidad. El volver a vivirlo todo ha sido maravilloso, agotador pero maravilloso. Sabía donde me estaba metiendo y así y todo en ocasiones me sorprende. Realmente se disfruta más, con menos miedos y con más intensidad. Adoro a mis niños aunque nos dejen agotados a mí y a mi pareja y ya no tengamos ni una tarde para estar de novios, pero creemos que vale la pena.

url

La relatividad de los problemas

19 Oct

Creo que estas pequeñas reflexiones pueden ser interesantes dado el momento que estamos pasando y que por lo visto va para rato. No me voy a meter en política, ni en economía, ni quiero ser frívola ni reírme de nada, no quiero olvidar que actualmente hay mucha gente que vive muy mal, otra sobrevive y algunos vamos capando el temporal como buenamente podemos y cada día salimos a ver que tiempo nos tocará.

Hace varios años, muchos, así como unos diecisiete o por allí, hice unos cursos de atención al público para estar mejor formada en el trabajo, porque mi menda es funcionaria y a mucha honra, que mis siete oposiciones me ha costado y empecé desde abajo, así que soy una funcionaria chusquera. Ya sé que en el párrafo anterior os he dicho que no pensaba hablar de política y no lo haré pero  aprovecho para informar de algo que se cuenta de nosotros. Ciertos personajes quieren hacernos pasar por unos malvados incompetentes que hemos vivido de lujos asiáticos y que todo lo que ocurre por el mundo es culpa del fastuososo yate que todos los funcionarios tenemos aparcado delante de nuestras vastas posesiones a orillas del mar. Mientras un Cadillac con tapacubos dorados nos lleva cada día con chofer oficial incluido  al trabajo. Antes de haber pasado previamente por el peluquero y maquilladora… perdón, quería decir estilista. No sea que atendiendo una petición del ciudadano se nos rompa una uña y tengamos la deshonra de lucir una tirita en nuestra perfectísima manicura francesa. Creo que ese no es mi caso… ni el de los funcionarios que conozco –y conozco muchos- pero si alguien tiene que sentirse identificado con eso, dudo que sea como una vez oí decir a un político hace años, uno de esos funcionaruchos de mierda a los que mandamos. Y otra cosa y ya no hablo más de política, nosotros también hacemos declaración de hacienda y nuestro sueldo es de lo más legal porque no cobramos nada en bruto, ni sin iva ni nada, así que no nos recordéis eternamente que con vuestros impuestos se paga mi sueldo, porque si tuviera que cobrar cada mes todo lo que pagan el resto de mortales en impuestos, puede que entonces mi menda lerenda sí que nadaría en la abundancia y no tendría una hipoteca a veinte años ni sacaría cuentas de que gastos son los que vamos a hacer este mes o dejaremos para el que viene y tal vez tendría ese yate en lugar de una colchoneta hinchable con algún que otro parche ya puesto.

Pues bueno, que ya me iba del tema y no pretendía hacer eso. Unos cuantos de esos cursillos fueron impartidos por una chica majísima que difícilmente olvidaré, fueron las mejores horas en formación invertidas en toda mi vida (y que conste que además de estudios básicos y superiores, en mi última oposición, hace diez años, presenté 2.800 horas de cursillos – actualmente son más). No sé si  ella de atención al público hacía mucho, pero de hacerte ver las cosas, pensar, ponerte en la piel del otro, enseñarte a expresar y comunicar contenidos y sobre todo respetar a la persona que tenemos delante que posiblemente esté perdida, asustada o cabreada (dependiendo del departamento en que uno trabaje) sabía un montón.

Nos enseñó muchas cosas y la mayoría de ellas además de en el trabajo, me resultaron muy útiles a la hora de negociar y educar a Terremoto, supongo que ya visteis que lo mio no fue fácil. Pues bien, una de esas charlas se refería a la relatividad de los problemas. Esta chica no nos ponía ejemplos de la administración, no. Me encantó porque ponía ejemplos de la vida, de la calle, de la familia y sobre todo del trato con los hijos y luego eso le extrapolaba a la perfección en lo que era el trato administrativo.

Cuando empezó a hablarnos de la relatividad de los problemas nos pidió quienes teníamos hijos y levantaron la mano. Les pidió cuales eran las edades de los niños e hicimos grupos según las edades. Los que no tenían niños también hicieron grupos según sus edades, y un grupo más reducido se les pidió que llegaran a una conclusión de todo lo que se decía allí.

La pregunta al grupo de los que tenían que ponerse en el lugar de sus hijos fue: “¿Que es lo que a tus hijos les preocupa más? y ¿Que es lo que te preocupa a ti más de ellos y porqué?”

Los que tenían niños en edad escolar de primaria daban respuestas del tipo

-me compren el juguete de la tele

-que la profe de lengua no me tenga manía

-que apruebe el examen de matemáticas y podamos estar el verano sin ir a repaso

-que fulanita me haga más amiga a mí que a menganita

-que mi mamá no me ponga otra vez brócoli para cenar

-que mi hermano pequeño no me rompa mis cosas cuando yo no estoy en casa y entra en mi cuarto….

A los padres les preocupaba:

-que sus hijos no se convirtieran en unos consumistas empedernidos

-que se les pudiera sacar a la calle sin avergonzarse de ellos

-que les comprendieran mejor

-que aprobasen todo y a ser posible sin tener que pasar por las clases de repaso

-que ya no sé como cuadrar horarios con las extraescolares.

-y hay que ver que manía tiene el niño con el brócoli que no hay forma de hacerle comer una verdura salvo que esté dentro de una hamburguesa.

El grupo de adolescentes empezaban a preocuparse por otras cosas tipo

-si fulanito o fulanita se ha fijado en mí

-en como conseguir que me compren esas zapatillas de marca que son tan molonas

-en si me van a dejar salir con los amigos el fin de semana o me humillaran ante ellos castigándome en casa tras ver las notas

-incluso algunos empezaban a plantearse en que debían estudiar y que rama de bachillerato debían seguir (eso era antes de la LOGSE).

A los padres les preocupaba:

-que mira que cada vez son más difíciles y los entiendo menos

-que vete tú a saber con que amiguitos me sale y que le pueden enseñar, que este seguro que me acaba emborrachándose, fumando y tomando porros y de allí a la droga hay un paso y luego acabará debajo de un puente y para eso nos hemos sacrificado tanto.

-que no hay forma de hacerle entender que el dinero no llueve del cielo y las malditas zapatillas molonas valen un ojo de la cara y parte del otro

-que se tome de una vez en serio los estudios que no pienso mantenerlo hasta los treinta.

Los que ya iban a la facultad  o hacían algún otro tipo de estudio medio o superior, sólo se preocupaban de su grupo de amigos y de los estudios.

-El hacer trabajos, ir a buscar información

-preparar exámenes

-y por supuesto seguir teniendo una vida más allá de las aulas

-algunos se planteaban el buscar un trabajito que les aportara unos ingresos para sus gastos, o sacarse el carnet de conducir o ayudar a sus padres a pagar sus estudios.

A los padres les preocupaba

-que no se despistaran con eso de salir que con lo que cuesta la matricula no estoy yo para tonterías

-que entre estudiar, ir a hacer trabajos en casa de fulanito y luego salir no le veo en todo el día, que un día de estos me hago una foto tamaño real para saber como es mi hijo

-que para lo único que paran por casa es para comer, dormir, dejar tirada la ropa para que aparezca por milagro en el armario y si nos da un beso antes de salir ya está con la mano preparada pidiendo dinero o la llave del coche, o las dos cosas que es peor.

-que a ver si dejamos de fijarnos tanto en las chicas/os y nos centramos más en los libros.

Los hijos que bien no habían seguido con estudios superiores o bien los habían acabado, comentaban que su mayor preocupación era:

-el paro y encontrar trabajo (lo del paro ya nos viene de largo)

-unos cuantos que ya tenían trabajo se planteaban independizarse o montar una familia con la pareja.

A los padres y por una vez coincidían en algo, les preocupaba:

-que sus hijos tuvieran un buen trabajo, o al menos un trabajo

-el paro

-que a ver si con la pareja este se nos despista y nos hace abuelos antes de tiempo

-que cuanto tiempo se piensa estar en casa, porque aquí sin pegar bola no se está.

-y por supuesto el tema de la toxicidad y las drogas seguía vigente.

Los que no tenían hijos y eran relativamente jóvenes pensaban en:

-espero que la empresa vaya bien que así como está la cosa y yo acabo de entrar…

-¿que me tengo que poner para este fin de semana? ¿y para la boda de mi hermana?

-a ver que me ha preparado mi madre en los tuppers (entonces fiambreras) este fin de semana.

Los que no tenían hijos o estos ya no vivían con ellos y estaban más que independizados, solían ser adultos de ya cierta edad, con un puesto laboral consolidado, una situación familiar sin estrés ni carreras ni problemas. Habían llegado a lo que entonces era una situación desahogada. Las preocupaciones de estos eran más triviales, como en la infancia.

-a donde iremos de vacaciones

-que podemos hacer este fin de semana

-que ropa tengo que renovar esta temporada

-tengo que llevar el coche a pasar la ITV

-dentro de nada toca hacer la declaración de hacienda

-el médico me ha dicho que tengo colesterol malo y debo cuidar mi dieta

El debate fue largo y también se fueron tratando otros temas enlazados  y comentando que se tenía en casa de cada uno y como lo afrontaban y comparando casos o aconsejando. Fue algo así como una especie de terapia de grupo.

Al final se vio que las preocupaciones que tanto los hijos como los padres habíamos tenido con la etapa de la infancia, no tenían nada que ver con la etapa por ejemplo de universidad y tampoco con la de buscar trabajo y posiblemente mucho menos que con las que se tendrían que encontrar más adelante o las que llegaba a tener alguien ya bien estable. La conclusión fue más o menos esta:

“Sí las preocupaciones de hoy no nos quitan el sueño mañana o posiblemente ni nos importen ni nos acordaremos de ellas, es que no son preocupaciones verdaderas.

Hemos de tenerlas en cuenta y hemos de atenderlas, pero no hemos de amargarnos por ellas, nuestras horas de sueño y nuestra salud no tiene que verse afectada por ello, este es el caso de querer unas zapatillas o que la pila de la ropa para lavar sea cada vez más monstruosa porque tú has estado esa tarde en el parque con tus hijos.

Las únicas preocupaciones que realmente deben preocuparnos son las que nos afectarán a la hora de seguir nuestra evolución.

El saber educar a nuestros hijos, darles unos estudios o formación, es una responsabilidad nuestra, y debemos ser capaces de afrontarla. No debe ser nunca una preocupación de nuestros hijos, ellos sólo son responsables de aprender aquello que se les enseña y ser capaces de conseguir sacar un provecho de ellos como personas y como futuros padres, para ellos tienes que saber vivir cada momento que les toca de una forma sana, sintiendo que son valorados y que se les apoya, que pese a todo se cree en ellos, sólo así irán asumiendo las responsabilidades que les son inherentes a cada edad.

La salud también es una preocupación importante porque de ella dependerá la felicidad de nuestro día a día y que podamos realizarnos como personas.

Cada uno tendrá otro tipo de preocupaciones que también se podrán englobar dentro del grupo de verdaderamente importantes. Es aconsejable no perder de vista estas prioridades y de ir haciendo valoraciones periódicamente, primero para no olvidarlas y segundo para ver que logros hemos conseguido y que tenemos que imponernos como trabajo interior. De esta forma no os aseguro que tengáis un futuro brillante, ni fácil, ni encantador, pero al menos no os agobiareis con más cosas de las que debéis o podéis soportar. Tendréis una mejor perspectiva del mundo que os rodea y de como encajáis en él más de lo que creéis. La felicidad dependerá un poco de cada uno, de cual sea su listón de prioridades y de como las sepa ir aceptando y centrándose tan sólo en aquellas que realmente son importantes”

Cocina sana con Ernest Subirana

Blog de cocina donde encontraréis recetas y recomendaciones para una vida saludable

Circus day

De azul a verde

Cuestión de Madres

Las Vivencias de dos Madres, Imperfectas y Reales

Mi vida desde hoy

De azul a verde

Chetelocucinoafare!

Pappa per tutti

A sangre y hierro

"Hasta en una declaración de guerra deben observarse las reglas de urbanidad." Otto von Bismarck

Mi cocina para ti

De azul a verde

Decoesfera

De azul a verde

DecoraDecora

De azul a verde

x4duros.com

De azul a verde

Mis OvoMellizos

De azul a verde

Maternidad halal

De azul a verde

Mi mamá me mima

De azul a verde

Educando a cuatro

De azul a verde

Una terapeuta temprana

De azul a verde

B aprende en casa

De azul a verde

Trillizosmasdos

De azul a verde

Para mi peque con amor

De azul a verde

A %d blogueros les gusta esto: