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Nuestras curiosas Navidades de este año

30 Dic

Pues realmente, no es que pintaran de la mejor forma, pero mira por donde, están resultando ser una de las mejores Navidades que recuerdo. Supongo que todo es cuestión de buscar el lado bueno de las cosas y ponerle buena cara al mal tiempo. Imagino que recordareis que debido a las goteras tenemos instalado el camping-sala con dormitorio matrimonial en el centro y que ello ha condicionado a realizar una nueva forma de montar las fiestas este año.

Antes de seguir os diré que hace unos días hablé con el presidente de la comunidad, y salvo que haya un imprevisto de último momento o el tiempo lo impida, parece que las terrazas se empezarán a arreglar pasado Reyes. Al fin, que alegría.

Pues como os decía, teníamos una serie de problemas logísticos a la hora de montar este año  el árbol y el Belén y las comidas. Así que echamos mano de una de las principales premisas que reinan en esta casa “la imaginación al poder”.  Ni cortos ni perezosos pusimos a trabajar las neuronas creativas y encontramos una solución a los diversos problemas.

Problema number one: ¿Dónde montamos el árbol? Estaba visto que encima de las mesitas de noche no era el mejor sitio, sobre todo con Terremoto y Tsunami dedicándose a seguir corriendo cual pareja de gacelas Thomson en la sabana. Seguro que hubiera quedado chulísimo y de diseño, pero con todos los números de acabar estampado en el colchón y lo de compartir la cama con un abeto de Navidad no entraba en mis preferencias… puestos a pedir prefiero que mi pareja se ponga un pijama de Papá Nöel si es que tenemos que estar tan frikis en el camping-sala. Como que no era la mejor solución, la siguiente idea que vino a nuestra mente fue poner el árbol en el cuarto de Tsunami… aunque pensándolo bien, era una solución muy peligrosa y que duró poco en nuestras mentes. La posibilidad de tener un Tsunami activo a las tres de la madrugada o despertarnos por unas sospechosas luces parpadeantes en el pasillo cual invasión alienígena de encuentros en la tercera fase pero algo más reducida, no era la mejor opción.  Por este motivo optamos por ¡cha-chán! “El potus de Navidad”, observen y vean nuestra nueva especia arborícola navideña.  Los peques lo aceptaron y dedicamos una tarde del fin de semana a engalanarlo con adornos livianos y bastante minimalista. Pero dio el pego. Es cierto que no tiene lucecitas, pero tiene dos estrellas, una dorada y una plateada, y le enganchamos un mega calcetín rojo para que Papá Nöel supiera que allí vivían dos peques con ganas de regalos.

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Problema number two: El Belén. Evidentemente, no había sitio, tampoco. Tenemos dos Belenes en casa, uno precioso con figuras grandes que compré con las figuras en blanco y las fui pintando. Hace tiempo que no lo montamos por el evidente peligro de despiece, pero allí está esperando a que los nenes sean un poquito más grandes y podamos volver a recuperarlo. El segundo es mucho más pequeñito, pero es un conjunto de porcelana y también tiene el mismo problema que el anterior. Mira por donde la solución en ocasiones te viene por donde menos uno lo busca. Un día, poco antes de las fiesta,  nos paramos a comer con Tsunami en  una cadena de restaurantes de comida americana en los que suelen dar un regalito a los peques al final de la comida. El quit de este año fue un Belén en 3D que montamos otra tarde de fin de semana y que al ser tan liviano y pequeño encontró su lugar cerca de la pecera, sin el consiguiente peligro de desplome y despiece. Problema number two solucionado.

Problema number three: La comida de Navidad. Evidentemente, era imposible sacar la mesa y hacer una comida normal con una sopa o una crema y con una lechona y los tropecientos platitos de aperitivos varios y los otros tropecientos de turrones, frutos secos, fruta y dátiles, como suele hacerse en muchas casas. Así que como os comenté hemos hecho un  picnic de Navidad.

Tras el acto de descubrir los regalos, abrirlos, montar el lio padre típico de niños y paquetes. Empezar a jugar con todos a la vez y volver a intentar jugar con todos a la vez.  Os contaré que Terremoto recibió una silla para su mesa de estudio, o su despacho como le gusta llamarlo él. Tsunami recibió un porrón de paquetitos, de los papis, del hermano, de mi ex, de mi padre, de la abuelita Mari, y cada vez que abría un paquete y descubría su contenido decía “que chulo, justo lo que yo más quería, hacía tiempo que no lo tenía” eso me desorientó un poco, hasta que descubrimos que se refería a cuando lo había visto en la tele. Los peques desayunaron luego una coca de patata con chocolate hummm…  Después de intentar jugar a casi todo y desayunar algo calentito, esta que os escribe se refugió en la cocina para hacer la comida. La noche anterior había dejado preparadas dos masas de pizza.  Tengo que encontrar otra fórmula de masa de pizza, porque aunque sale deliciosa eso de amasar unos ocho minutos hasta que queda elástica y no se pega no acaba de salirme del todo bien. Para la primera masa me pasé una media hora y para la segunda rayando los tres cuartos de hora y no es que hubieran levado precisamente demasiado. Pero tengo que reconocer que pese a ello el resultado es buenísimo, para chuparse los dedos, vaya.

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El menú fue: Para picar, patatillas, nachos con guacamole, montaditos varios de picoteo (de los que se encargó mi pareja, que para algo es burgalés y allí hay más tapeo que en Mallorca). Dos suculentas pizzas de plato fuerte  y finalmente turroncitos varios. Todo ello tomado en el único espacio disponible de la sala. Evidentemente, mientras sacaba la última pizza del horno, mi ex y los peques se peleaban por pasar el aspirador… son como niños.  Cuando la alfombra fue aspirada por Tsunami, Terremoto, luego otra vez Tsunami, mi ex y luego otra vez rematada por Tsunami,  cubrimos la superficie con manteles y un surtido de cojines varios como en los cuentos de las mil y una noches. Y allí, en medio, todo el picnic navideño. Nos reímos un montón y fue muy divertido. A los peques les encantó y para principios de año haremos otro, esta vez con quiché de plato fuerte. Es más, a Terremoto le ha gustado tanto esta experiencia informal, que esta noche me ha pedido que para su cumpleaños a principios de año,  quiere que le montemos un picnic de cumpleañero para celebrarlo con su padre, su hermano, mi pareja y yo. El único que no acabó de gustarle del todo lo de estar sentados en el suelo fue a mi ex, que debido a la prominente barriguita de embarazado lo de tirarse hacia delante para coger las cosas no le iba del todo bien y acabó sentándose de lado cual odalisca de harén. Ya veis, la imaginación al poder y “no problem” para comer como en el mejor triclinium romano. A los postres Tsunami fue a buscar su Tió de Nadal de su cuarto y lo aporreó con un palillo de comida japonesa a golpe del villancico del Tió, y este,  le cagó sus pertinentes bomboncillos y turrones que después de haberlo cebado con todas las peladuras de fruta,  estaban super-ricos y deliciosos of course.

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Tengo que confesar que ha sido la Navidad en la que menos trabajo me he pegado con los fogones. La que más nos hemos reído y la más informal y relajada de todas. Lo mejor de todo fue acabar la comida sin la típica sensación de que el estómago está a punto de salirte por los agujeros de las orejas.  Así que acabaré dándole la razón a los blogs de decoración que te dicen eso de “menos es más”, cuando se refieren a la decoración minimalista. Estos días he pensado en lo que muchas personas acabamos convirtiendo las fiestas, en un concurso gastronómico con stress y platos rocambolescos. Hace poco hablé con una señora en el trabajo y me dijo que ellos hacían una paella para Navidad, que nada de cremas con nombres complicados en francés y platos de carne o pescado mega elaborados al horno, que con lo que más disfrutaban en esa casa era con la paella y que desde hace años ese era el plato oficial de fiestas. No sé, creo que al final eso de las goteras y los campings-sala y los picnics de Navidad empiezan a tener su lado bueno… pero que conste que para finales de Reyes queremos que lo arreglen, que una cosa es pillarle el gustito y otra es montar el campamento perpetuo. Faltaría plus, jou jou jou, Feliz año 2014 a todos y próspera terraza nueva, la, lara, la, la, la, lara, la, la .

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Un Tió de Nadal + un Tsunami motivado = incremento desmesurado del consumo de fruta familiar.

10 Dic

Hola visitantes de la blogoesfera. Sé que últimamente tengo esto un poco abandonado, pero las circunstancias familiares no han cambiado y lo de escribir entradas es un poco chungo con todo el cachondeo doméstico que tengo cada día. Pese a todo, no quería perderme el comentar esta entradita, sobre todo en estas fechas por si a alguien le apetece ponerla en práctica.

La tradición navideña que os comentaré hoy no es mallorquina, es catalana. Se que ahora los políticos están politizando más de lo debido muchas cosas y alguien pueda “alarmarse” por la introducción de costumbres catalanas en Mallorca. Así que antes de que nadie puede sacar objeciones donde no las hay quiero reivindicar que si en nuestras casa hay un árbol de Navidad (costumbre nórdica) y viene el Papá Noël o Santa Claus (otra costumbre nórdica) y hacemos calendarios de adviento (costumbre anglosajona) y ponemos bolas de navidad, renos y coronas de navidad (más de lo mismo) y hace unos meses celebramos el Halloween (más de cultura celta en este caso) pues sinceramente, algo de cultura catalana que nos es más cercano, no lo veo mal.

La historia de “esta nueva costumbre casera”, surgió como no, el año pasado.

Un buen día nuestro Tsunami empezó a deleitarnos en fechas próximas a las Navidades con una nueva canción que decía no sé que de “pasen bous i vaques i gallines amb sabates” (pasan bueyes y vacas y gallinas con zapatos) y otras estrofas que a mí me sonaban a surrealismo daliniano puro y duro. Hablé de ello con mi pareja y se rió un rato (os recuerdo que mi pareja es medio burgalés medio catalán, criado en ambos territorios) me comentó que lo que nos cantaba el peque era una de las tantas versiones que se tienen de la canción del Tió de Nadal.

Un tió no es más que un tronco de árbol cortadito y que se echaba al fuego en invierno para calentar las casas. Es cierto que en algunas visitas a Barcelona cuando pillaba en diciembre el mercado de Santa Lucía junto a la Catedral podía encontrarme paraditas con ese simpático tronco al que habían dibujado ojitos y llevaba una barretineta (sombrero regional masculino de Cataluña) para no pasar frío. Pero aquí se acababa mis conocimientos sobre el mismo: a su forma y a su nombre. Así que papá Tsunami me contó que las familias tienen los días previos a la Navidad, un Tió en casa al que cuidan. Se le da de comer pieles de fruta y cáscaras de frutos secos. A cambio, el día de Navidad se cubre al Tió con una manta y los niños con palos apalean al pobre tronco mientras cantan la cancioncilla que nos cantaba Tsunami. Luego les enviaban al dormitorio a rezar un padrenuestro y cuando volvían y levantaban la manta se encontraban con que el tronco había cagado frutos secos y turrones. Después, lo tirabas a la chimenea y tan panchos.

… Confieso que en Mallorca no tenemos nada parecido y contado así me dejó con los ojos muy abierto y algo descolocada…

… Así que tenemos que adoptar un palo como si fuera una mascota pero sin sacarlo de paseo, ponerle vacunas, ni darle un baño.

El palo va a vivir a cuerpo de rey pero con menú cutre de sobras durante unas semanas.

Luego a ritmo de juerga Navideña de niño desgañitado a voz en grito hay que darle una somanta de palos al pobre y encima tapándole con una mantita para no verle las pupas.

Luego hay que ir a rezar, que imaginó que el que se inventó eso de “A Dios rogando y con el mazo dando” debía ser un Tió de Nadal.

Y luego el peque se atiborrará de golosinas cagadas por un tronco tras un apaleamiento. Que mira tú no me extraña que después de haber vivido tranquilo a cuerpo de rey y haberse mantenido sólo de pieles de fruta le de la cagarela cuando de golpe le martiricen a ritmo de villancico. Pero que encima cague chocolates y turrones y se los coman… y que finalmente tras la tortura acaben de martirizarlo cual víctima de la santa inquisición consumiéndose en el fuego del hogar… eso sí que noooo…

Tsunami estaba tan emocionado con el Tió de Nadal del cole que al final decidimos adoptar la costumbre pero con las condiciones maternales que para algo una lo paseó en su barriga nueve meses, lo parió y aún conservo una buena tripita herencia de la cesárea del retoño.

Así que el año pasado y este año hemos hecho lo mismo y lo cierto es que en el fondo para sorpresa mía,  me ha gustado la experiencia.

Como aquí no se venden Tiós de Nadal (tampoco los he buscado demasiado) hemos acordado en que el paso número uno iba a ser ir unas semanas antes de excursión al bosque para buscar nuestro propio Tió. Así que hace unas semanas nos fuimos un domingo por la mañana a nuestro querido bosque de Bellver y nos metimos por dentro. Descartamos muchos, ya que no quiero palos podridos o con bichos en casa. También se descartan los pequeñajos. Evidentemente, los giganto-palos también. Palo que encontrábamos, palo que Tsunami llevaba corriendo a su padre para ver si cumplía los requisitos necesarios para ser considerado un posible tió. Palo que no servia, palo que salía volando hacia el lugar donde lo habíamos localizado. El papá fue el que se quedaba con los palos más candidatos y al final se hizo una selección y nos quedamos con uno. Como el único miembro de la familia que había gozado de esta ancestral tradición en su infancia es mi pareja, pues él fue el experto consultor-seleccionador-asesor del evento.

Punto dos, llevar el tió a casa y rociarlo con spray de bichos. Que adoptaremos durante unas semanas al palo es una cosa. Pero no a los posibles visitantes inesperados que se puedan alojar posteriormente en los muebles de casa. Evidentemente, eso no está dentro de las costumbres tradicionales, pero sí en las costumbres higiénico-sanitarias de casa. Cuando hayan pasado unos días y ya no huele, se limpia el tió y se declara oficialmente miembro de la familia. Es entonces cuando se da el palo a un emocionado y entusiasmado Tsunami.

Punto tres, hacer una cuna para el tió. Eso fue lo que nos dijo el año pasado el peque… y… ¿de donde narices me saco yo una cuna para un tronco?

Pero no desesperéis, ya sabéis que una de mis premisas es aquello de “la imaginación al poder” así que me fui al cuarto del peque. Le quité la tapa al cofre del tesoro. La coloqué al revés en el suelo a modo de cuna mecedora y dentro pusimos un arrullo de cuando los nenes eran bebés a modo de colchón y luego la funda del cojín cuadrado del edredón de Tsunami (que no compramos relleno y no se usa) como si fuera el edredón para el tronco. No sea que se nos constipe y tengamos que ponerle el termómetro y darle pieles de fruta y Apiretal de postre.

Punto número cuatro, dar de comer al tió. Aquí quería llegar yo. Esto del tió es un chollo maternal. La panacea de las panaceas de las dietas. El non plus ultra de los sueños de toda madre con hijos rebeldes a la hora de comer. Gritemos todas las madres, “Bienvenido sea el Tió”.

Sé que este no es un gran problema para nosotros, pero sí puede serlo para alguna familia. Ya os he comentado algunas veces que mis niños siempre se llevan piezas de fruta para merendar en el cole, cada día. También he dicho que muchas veces toman fruta para merendar por la tarde al llegar a casa. Que en verano, el consumo de fruta o más concretamente de melones y sandias es algo digno de mención. Pero en los meses invernales, pese a que este consumo persiste, no es tan elevado como en verano que parece que una fruta apetece más. Además, dentro de nada con las fiestas el consumo de fruta se reducirá y se potenciará las comidas pesadas de fiestas (aunque en nuestro caso con los pocos que somos de familia y las goteras temo que no vamos a tener ningún empacho de nada, pero generalmente los empachos y comilonas familiares suelen ser la tónica más común del resto de la humanidad cristiana). Así que un incremento en el consumo de fruta unos días antes, no va a ser nada malo para nuestros pequeñajos.

Sí señores, esta mente maligna y maquiavélica que os está escribiendo le dijo a su inocente Tsunami que el Tió sólo come una vez al día, que no era cuestión de tener la casa como si fuera el recinto de un gorila con síndrome de Diógenes. También le contó que tenía que cuidar al Tió y que este sólo daba cositas para los que le habían cuidado (que no acabara recogiendo al Tió de los sitios más impensables del hogar). Añadió que el Tió de Nadal se parece un poco a los ornitorrincos. Vamos, que como diría Phineas “realmente un Tió hace poca cosa” y reconozcámoslo, hace menos que un ornitorrinco, aunque los dos sean marrones y alargados. Cuando todos duermen los Tions se despiertan y se comen todas las pieles de fruta y dejan el plato bien rebañadito. Por la mañana los peques han de llevar ese plato a la cocina para limpiarlo. Como el Tió sólo come de noche, cuando vienen del cole pueden ir colocando en el plato de plástico asignado al Tió las pieles de la fruta que tomen para ponérselo al lado de su cunita por la noche.

Desde que el Tió cayó en manos de Tsunami, cada tarde lo lleva a la sala y lo tiene con él. De tanto en tanto le balancea en su cuna, que un día de estos nos va a salir el Tió despedido hacia la tele con el meneo que le pega. Le canta la canción del Tió de Nadal, le acaricia y le saca fotos para ver si ha engordado. Pero lo mejor de todo es que Tsunami ha aumentado su ingesta de fruta fresca de forma exponencial. Ahora lo de dos manzanas y un plátano para merendar y luego otro plátano o manzana después de cenar es lo habitual.

El muy pillo intentó colarnos lo de tomar la fruta a nosotros, y mamá que es muy sibilina se sacó de la manga aquello de que los dulces serán para quienes le han alimentado. Además –añadió- tengo entendido que los Tions prefieren las cáscaras de fruta que han comido los niños en vez de las de los mayores, la de los mayores no se convierten en dulces y turrones, sólo lo hacen las de los niños.

Y aquí tenemos a nuestro pequeño muy aplicadito cuidando de su tronco y atiborrándose de fruta como un mico. Si lo llego a saber, le hubiera soltado que el Tió les traía un extra a los niños que se tomaran un plato colmado de brócoli para cenar por las noches. Pero el brócoli no genera pieles, así que cachins, no colaba.

Ahora hay que esperar a que llegue el día de Navidad. El año pasado, niños no leáis, padres no leáis en voz alta a los niños, (va espoiler) como decía, el año pasado el tió ya tenía las chocolatinas en forma de Papá Nöel y muñecos de nieve y unas cuantas monedas de chocolate debajo de la manta cuando le entramos en la sala (se acaba el espoiler). Le pegamos con un palito de palillos de comida japonesa para no hacerle mucho daño. Tsunami levantó allí mismo la manta y se iluminó su carita y brillaron sus ojos. Nos saltamos el paso de “a Dios rogando”… no acabo de ver muy normal eso de rezar y atizar al pobre tronquito. También teníamos preparado a mano un botecito chulo para meter las chocolatinas dentro e irlas distribuyendo los días posteriores, que no es cuestión de pillar una indigestión de golpe.

¡Ah!, si alguien creía que esto es el fin se equivoca, aún me queda un paso muy importante. Paso número cinco una vez pasadas las fiestas y como a una servidora eso de quemar un miembro momentáneo de la familia no lo tiene muy claro (aunque no tengamos chimenea) y tampoco es cuestión de tener una colección de troncos en casa, ha optado por la siguiente propuesta. Nos vamos todos de nuevo otro domingo de excursión al bosque y devolvemos al Tió de Nadal a su hábitat natural con los palitos de su especie, para que les cuente a sus compañeros la agradable experiencia que tuvo en casa de un niño llamado Tsunami y así el año que viene seguro que encontraremos algún tronquito dispuesto a ser adoptado durante estas fiestas como nuestro nuevo Tió de Nadal. Lo queremos mucho, Tsunami le cantará y le acunará, tomaremos “almendras y turrones” y nuestro peque se habrá nutrido bien de fruta en estos días tan invernales. Felices Fiestas a todos, hasta pronto.

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