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Como enseñamos a comer a nuestros niños

14 Mar

El martes fue un día muy movido en el trabajo, se tenían que presentar unos papeles y se habían pedido con muy poco tiempo, así que lo que normalmente dedico tres o cuatro  días, además de mis labores habituales de público, en poder tenerlo hecho, tuve que hacerlo en día y medio. El lunes me quedé hasta que acabé toda una serie de cálculos, el martes hasta que hube redactado y calculado toda otra serie de datos. El martes, es el día en que también curro por la tarde, así que al final salí del trabajo a las 15’40 para volver a entrar a las 16 h. Como podéis suponer, con ese margen una no podía ir a comer nada. Por la mañana no había salido a merendar, y cuando ya eran las 12’30 mi jefe me dijo que saliera. Aproveche, porque ya me veía que al mediodía el tiempo no me iba a dar para nada, para acercarme a un local de comida rápida… vamos, lo diré más claro, a un Burger King y llevarme un menú al trabajo. Ante mi sorpresa había una cierta cola para pedir, así que me puse en la cola y esperé.

Justo al lado de donde yo estaba había una madre con su hijo. Supongo que debía ser su madre y lo que comento ahora no es por ningún motivo racial ni nada, simplemente es que así eran. Ella era afro americana, pero no de las de América del norte, sino de algún lugar de la América latina. El niño me despistó un poco, imagino que el padre debía ser americano pero de los de verdad, porque tenía unos rasgos faciales muy mezclados entre indígena y mulato con una tez bastante blanca en comparación a la madre, por eso digo que supongo que debía ser la madre, salvo que fuera el hijo de algún conocido. Disculpadme todos los americanos, pero yo no tengo tan a mano todos los cruces raciales que existen por esas latitudes. El niño debía tener unos seis años, más o menos. Encima de la mesa tenían la bandeja con unos cuantos papeles de esos en los que te viene la hamburguesa envuelta, dos cajas de las de patatas y varios montones de patatas esparcidos por encima.

Al principio no les di más importancia que la que les hubiera dado a cualquier otra mesa y estaba más atenta intentando leer que ingredientes tenía cada hamburguesa y como se llamaban para pedir. Lo sé, se me nota que no voy mucho por estos sitios, así que antes de parecer una palurda inculta me gusta localizar que pienso llevarme.

El niño me llamó la atención cuando al estar mis neuronas concentradas en la elección de la burguer no se qué o la burguer no se que cuantos, oigo un claro ruido para cualquier madre que me alertó, el de un niño unos segundos antes de sacar un vómito. Como yo estaba pegada a la mesa me fui instintivamente hacia un lado y me giré para ver que pasaba. No era cuestión que el tal Murphy me regalara un manchón sobre toda la ropa y yo con ese día y saliendo a las ocho de la noche y sin poder ir a cambiarme a casa.

El niño realmente estaba a punto de sacar lo comido. Enseguida pensé en la pasada de virus que hay ahora por estos lares y que da estos efectos, así que observé un poco más pensando, “hay cielos, ya me veo con la suerte que tengo, a todos los de la casa infectados dentro de unos días”, soy así de neurótica. Pero no, el niño no tenía virus. El niño tenía empacho. No se si alguna vez habéis hecho la animalada de pegaros una comilona de esas a lo bestia que ya no os entra nada más en el estómago y os sentís agotados, con cara de asco ante la comida y con ganas de sacarlo todo… algo así como unas comidas de Navidad pero reconcentradas y comprimidas en una toma. Pues esa era la pinta que tenía el pobre nene. Entonces me fije más y tengo que decir que el niño no estaba especialmente ni obeso ni con sobrepeso. Era un niño normal, de los que no son para nada delgaduchos pero normalito sin ser estilizado. El peque levanta la cabeza que tenía apoyada en la mesa porque no se aguantaba y se tira para atrás. Entonces se levanta el jersey y empieza a masajearse la pancha. Se estira y sigue masajeándose. Me dio bastante pena porque pensé que lo debía estar pasando mal. Luego vuelve a apoyar la barbilla sobre la mesa y se queda mirando los restos que había sobre la mesa. Extiende la mano y coge unas cuantas patatas y se las come. Sigue comiendo y vuelve ha hacer un ruido parecido al primero que me alertó.

Mientras todo eso pasaba la señora, supongo que madre, que estaba delante, no le había prestado ninguna atención. Estaba escribiendo mensajitos en el móvil. En ese momento la señora levanta la vista del móvil y le dice que no tome más patatas que después de “las” hamburguesas y las patatas mejor lo dejara ya .

Veamos. Un infante de unos seis años se zampa el sólo dos menús de hamburguesas con patatas de adultos, que esos no eran de los de juguetito, y la madre se queda tan tranquila. A estas alturas yo estaba empezando a flipar en colorines y entender mejor algunas cosas que en ocasiones oigo por la radio en relación a la alimentación de los niños y tal sobre todo en ciertos países como México y demás. Que conste que no estoy diciendo que fueran de allí.

Para mi asombro, la madre siguió dándole a las teclitas del móvil y el niño volvió con sus masajes de estómago y siguió ingiriendo las patatas que quedaban en la bandeja hasta que hubo dado buena cuenta de todas ellas. Eso sí, con una cara de cólico que no podía aguantarse el pobre.

Un ratito después, porque lo que aquí os he contado con tantas palabras ocurrió en relativamente poco tiempo. Se pusieron detrás de mí otras personas haciendo la cola. No me giré pero oí la conversación. Era otra madre con la hija que luego pude ver que llevaba en una silla de niños, no en un cochecito. Debía ser una nena de unos tres añitos o por allí andaría. La madre le pide a la niña que quiere para comer y la niña sin pensárselo dos veces le suelta un efusivo y entusiasta “manzanaaa”. La mamá le dice que sí, que de postre tendrá la opción de manzana, pero que tienen que pedir algo antes, así que le plantea si quiere carne con pan (hamburguesa) o pollito rebozado (nuggets). La niña vuelve a soltar un efusivo “manzanaaaa”.

A esos momentos de la conversación sobre lo que comerían, la cola se adelantó y fue mi turno de pedir. Hice el encargo para llevar, pago y me pongo al lado en un hueco que había a esperar que me llamaran. Entonces fue cuando vi a la madre con la niña forofa de las manzanas. La escena fue divertida. Se acercan a la caja y la madre dice que un menú diverking. La dependienta pregunta que qué será. La niña se pone de pie sobre el reposapiés de la silla y lanza un grito entusiasta de “MANZAAAANAAAAA” .A mí la pequeñaja esa me arrancó una sonrisa. La madre pidió unos nuggets, una ensalada, un agua y la manzana de la niña.

Me llamó poderosamente la atención de los dos casos uno al lado del otro. El niño haciendo esfuerzos por engullir hasta la última patata, atiborrado de comida y con la madre cuya única preocupación era atender al móvil más que al hijo que estaba a punto de vomitarlo todo, y la pequeña fans nomber uan incondicional de las manzanas. Una había elegido presuntamente por lo que comentó dos hamburguesas con patatas y la otra le ponía ensaladita y manzana.

No soy ni mucho menos una defensora de los locales de comida rápida. Nadie obliga a la gente a entrar en ellos y es cierto que algunas veces de tanto en tanto cogemos algo o vamos a comer allí con los nenes, pero algo muy a cuenta gotas, vamos que no es ni siquiera una costumbre semanal ni mensual. Se comenta mucho del tipo de vida y de la comida que tomamos. En ocasiones pienso que ante una opción tipo entrar en ellos, hay varias formas de consumir y el como enseñemos ha hacerlo a nuestros hijos y la frecuencia con que les “premiemos” a ir, será muy importante a la hora de establecer los hábitos alimentarios y los futuros problemas de salud de nuestros peques. Precisamente después de esto, ayer oía por la radio en el coche, que la diabetes se está convirtiendo en una verdadera epidemia y de cada vez hay más niños que la padecen, además de los que deben pincharse con insulina. Desgraciadamente España tiene el nefasto honor en ser el número uno en los países con niños con más problemas de obesidad dentro de la unión europea, como comentaron, ya podríamos ser el número uno en otras cosas y no eso. Es triste que los padres hayamos llegado a unos niveles tales en los que la alimentación de nuestros hijos mientras y cuando nos dejan tranquilos nos importe absolutamente un carajo.

Quien os está diciendo esto es una madre que actualmente tengo sobrepeso, pero no porque me atiborre todos los días de bollería industrial y porquería, sino porque el metabolismo de mi cuerpo, la edad, un embarazo tardío y la falta de tiempo para ponerme en forma no juegan a mi favor. En casa las verduras y las frutas están siempre en nuestra dieta. También es cierto que Terremoto tiene sobrepeso, porque hace años que toma un medicamento cuyo efecto segundario es un exceso de apetito. Ahora este verano tenemos que hacerle unas pruebas y la neuropediatra quiere intentar quitárselo para que no le pudiera llegar a afectar a la salud. Así y todo se lo controlamos bastante, salvo cuando está una larga temporada con su padre. Mi ex en el tema cocina es un desastre el pobre y cada vez que pasa unas vacaciones con él me viene con varios kilos de más que luego cuesta mucho restablecer y por desgracia la crecida de este verano fue tremenda, me devolvió al peque con diez kilos de más que aún estamos en proceso de eliminación.

No es cuestión de obsesionar a los niños con ponerlos a dieta. La comida es un placer y una necesidad, pero no un tormento o una maldición. Hemos de enseñar a nuestros hijos a que su dieta debe ser variada, a que de tanto en tanto uno puede tomarse algún capricho pero no de forma habitual. Que cuando no se tiene hambre no hay que seguir atiborrándose hasta reventar. Que la comida hay que tomarla despacio y masticar bien y beber agua. Que se tienen que hacer unas comidas al día y que luego no hay que picar cada vez que a uno le plazca y lo que le plazca. Que además se tiene que hacer algo de ejercicio y no pasarse todo el día en el sofá, buscar un día para ir a pasear o de excursión es una buena opción y barata. Los hábitos alimenticios son importantísimos y parece que no nos demos cuenta de ello. Hay familias que juegan con dinamita, y no se han parado a pensar en que calidad de vida van a tener sus hijos cuando esta dinamita les estalle. Es una pena pero es así. En nuestras manos está el intentar arreglarlo y aún estamos a tiempo. Por favor, pensad un poco en ello, al fin y al cabo con la salud no se juega y con los niños mejor en el parque.

Hombre Obeso

Las normas de casa versión Terremoto

18 Feb

No es que esta casa fuera una casa sin ley donde el caos y la anarquía camparan a sus anchas. Bueno, en ocasiones algo de caos sí que hay pero de allí a una vivienda sin normas dista mucho. En casa había normas, algunas que afectan a toda la casa y otras que afectan a una habitación en concreto o al uso de ciertos objetos. Lo que no teníamos hasta ahora era una declaración en toda regla de las intenciones. Pese a lo que sería más lógico, estas normas escritas no las he puesto yo, ni las he escrito yo, ni se las he dictado yo a mis hijos. No. Esas normas las ha hecho  y decidido Terremoto.

Esta semana Terremoto nos ha sorprendido con un pequeño “mural” que hizo en el cole con su profe. Primero él me lo contó todo emocionado y luego lo leí en la agenda con la que nos comunicamos a diario con la profe.

Este lunes Terremoto tenía plástica. Normalmente nos viene con dibujos libres o dibujos de banderas o de otros temas que le interesen.  Parece ser que Terremoto se había quejado a su profe de que Tsunami en ocasiones no nos hacía mucho caso, al menos a él, y que le entraba en su cuarto y le cogía cosas sin pedir permiso.  Tengo que decir en defensa de Tsunami que cuando ocurre eso muchas veces nos lo ha pedido a nosotros o ha sido durante el fin de semana que Terremoto está con su padre.

Pues bien, por lo visto Terremoto le propuso a su profe el hacer un mural con las normas de la casa y la profe le pareció fantástica la petición. Así que le entregó una cartulina muy chula y le ayudó a escribir las normas que decidió Terremoto dictándole las letras. Las palabras no es que hayan quedado escritas de la forma más correcta al repetir ciertas letras, pero lo cierto es que no tengo nada que objetar a las cinco frases escritas. El texto reza así:

LAS NORMAS DE CASA

1.- JUGAR SIN PELEAR

2.- RESPETAR A LOS PADRES

3.- CUIDAMOS NUESTRA CASA

4.- COMEMOS LA COMIDA DE CASA

5.- PEDIMOS PERMISO PARA COGER LO QUE NO ES NUESTRO

Terremoto decía de colgarlo en la sala, pero allí no veía un sitio para ello, así que lo hemos puesto en el sitio de honor de la casa para estas cosas. La puerta de la nevera. Allí está a la vista de todos sin que nadie la toque. Terremoto acercó allí a Tsunami y le explicamos que esas eran las normas principales y se las leímos y explicamos. Les especificamos que hay que respetar a los padres pero también a los hermanos y demás personas cercanas. También que dentro de lo de cuidar la casa se incluyen los juguetes y la ropa así que hay que recoger y cuidar nuestros juguetes.

Ante nuestra sorpresa los peques se lo han tomado muy en serio y de tanto en tanto nos piden que se lo releamos. También nos ha funcionado muy bien eso de “a ver, eso no es una de las normas de casa, ¿qué dice?” y los mismos nenes te dicen o bien que hay que jugar sin pelearse o bien que hay que cuidar la casa y recoger lo que se ha tirado. Luego les pides si lo hacen y te dicen que no y se ponen a hacerlo. Es alucinante el poder que tiene un simple trozo de papel colgado de la nevera. Terremoto se está dando cuenta que el peque se toma en ocasiones ciertas libertades con algunas cosas y que tendría que haber puesto más puntos en la declaración. Le he sugerido que hable con la profe y hagan una nueva hoja de normas. Quien sabe, igual dentro de unas semanas os enseño una nueva hoja de normas. De momento estas están muy bien, nos han venido sin esperarlo y están causando un efecto muy positivo en el caos doméstico cuando estos dos cachorritos se desmadran en sus juegos.

Voy a tener que esmerarme en cuidar este papelito, porque vale su peso en oro.

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Dar responsabilidades domésticas a tus hijos (2ª parte): Nuestra experiencia, con la ayuda del psicólogo del cole y un temporizador de cocina.

13 Feb

Cuando Terremoto pasó al cole donde va ahora yo estaba agobiadísima con un montón de responsabilidades. El despertarse cada mañana, conseguir que se vistiera, llevarlo al colegio y luego conseguir que su padre o yo llegáramos al trabajo era una constante maratón de pruebas hercúleas. Así que en una se las reuniones que tuvimos con el psicólogo del cole que ese año supervisaba al peque le planteamos ese tema. Creo que por una vez en mi vida fui una privilegiada frente a otros padres, ya que este señor nos montó un plan y nos dio unas directrices que hicieron que nuestra subsistencia fuera más llevadera e incluso agradable a largo plazo.

El psicólogo nos propuso un plan para ir introduciendo a Terremoto en las obligaciones de la vida domestica. Se plantearon diversas actividades cotidianas que poco a poco se irían trabajando. Era cuestión de enseñar al niño a crear hábitos. Estaban las relacionadas con la higiene como lavarse los dientes siempre que acababa una comida y no cuando tú se lo recordabas, la de saber ducharse y lavarse la cabeza solo y luego llevar la ropa sucia cada vez que se duchaba o desvestía al cesto de la ropa sucia. Estaban las domesticas como la de tener ordenada y limpia su habitación si deseaba tener una habitación de niño y no de pequeñajo, aprender bien las normas de la casa y si sacas o ensucias una cosa retirarla al acabar y limpiarlo luego. Y finalmente aunque fue la primera que empezamos a trabajar, estaban los hábitos matutinos, es decir, vestirse sólo y una vez conseguido esto hacerse su cama antes de partir hacia el colegio. Vamos, el sueño de muchas madres con hijos acomodados.

Puesto que Terremoto vivía en dos casas, normalmente la mía y la de mi ex cuando le tocaba estar con él, el psicólogo nos citaba por separado y quincenalmente a cada uno de los dos. De esta forma cada semana tenía una cita con uno de los dos y cuando él lo estimaba oportuno montaba una conjunta. Nos dio una hojas en las que se tenía que apuntar cada día las horas de todo los que había pasado, los tiempos dedicados, como habíamos actuado nosotros y como había actuado el niño. Para trabajar con Terremoto sólo tuvimos que comprar una cosa, un temporizador de cocina, ese que tradicionalmente se ha empleado para hacer unos huevos duros y que solía tener forma de huevo, aunque en nuestro caso tiene forma de limón.

Antes de empezar tanto nosotros como el psicólogo explicó a Terremoto en que consistiría todo y en las ventajas que iba a tener si lo hacía. Si cumplía sus objetivos le podíamos llevar un día al cine o a comer a un restaurante que quisiera o ir a alguna parte que le gustara. Si no cumplía pues simplemente no se hacía ese extra y se seguía con la vida normal. El portarse muy mal y no cooperar en nada implicaba que no se le castigaría pero que se le quitarían temporalmente algunos privilegios que a él le gustaban mucho, como por ejemplo no disponer de mando a distancia y no poder poner la tele en su cuarto.

En esa época yo cometía muchos fallos. Por la mañana despertaba a Terremoto y le costaba mucho arrancar. Si le ponía la tele arrancaba mejor pero se quedaba en babia. Al final tras entrar muchas veces en su cuarto y decirle que se vistiera era yo la que cogía la prenda, le quitaba el pijama y le embutía el jersey por la cabeza. Luego la pelea era conseguir que se pusiera a comer, porque la casa donde vivía antes era muy pequeña y la cocina no permitía desayunar sentado, yo lo hacia de pie pero no era cuestión que el niño desayunara de pie, así que lo hacía en la sala y evidentemente al entrar en ella lo primero que hacía era poner de nuevo la tele. De nuevo se quedaba en babia mirando los dibujos. Mientras yo intentaba acabar de desayunar y lavarme un poco, hacía mi cama y la de Terremoto, recogía un poco su cuarto, le preparaba su desayuno y su merienda, hacia la mochila, abría ventanas, fregaba el desayuno, sacaba la comida de la nevera o el congelador (cuando me acordaba) y entre una cosa y otra iba pasando por la sala para recordarle que tenía que tomar su desayuno. Al final tenía casi que ponerme a su lado y discutir con él apagándole la tele y evidentemente él se enfadaba y no es que colaborara mucho. Yo le decía que si llegábamos cada día así de tarde acabarían despidiéndonos y luego no tendríamos que comer. Pero ese argumento le resbalaba y no causaba los efectos que yo deseaba. Después de conseguir que desayunara tenía otra batalla para que se pusiera los zapatos, porque siempre se le olvidaba ponerse los zapatos y luego que se lavara los dientes y se pusiera la cazadora y la mochila y salir pitando hacia el parking de papá para que lo llevara al cole. Obvio decir que lo de salir pitando es un eufemismo porque de pitando nada, más bien pidiendo a un pie permiso para dar el siguiente paso y luego el otro pie haciendo lo mismo. Dejaba el paquete correo-postal a mi ex, que ya llegaba tarde al trabajo como yo y  salía volando como alma que persigue el diablo corriendo hacia mi trabajo. La consecuencia que teníamos mi ex y yo aparte de que eso no era calidad de vida es que podíamos llegar un tiempo determinado cada día más tarde, pero luego teníamos que hacer ese mismo tiempo a la hora de la salida, con lo que la tarde, sus prisas y sus desplazamientos y comida (cuando podíamos que lo de no comer  por no tener tiempo o hacerlo de cualquier bocadillo o empanada salada de la pastelería por la calle mientras ibas a casa, ocurría en más de una ocasión ) pues todo eso empezaba con un cierto retraso, estrés y aceleración no muy sana. Eso aparte de las labores rutinarias de cada hogar. Os podéis imaginar pues que cuando alguien te propone que vas a tener que trabajar duro unos meses pero que luego todo eso se volatilizará es recibido con mayor regocijo que cuando te enteras que te ha tocado el premio gordo de la lotería.

Empezamos con lo de levantarse y vestir, el resto de actividades siguieron el mismo esquema así que no os voy a explicar una a una como se consiguieron.

El niño como os he dicho estaba más que informado de como funcionaba todo y lo había aceptado. Si quería tener una habitación de mayor y hacer cosas de mayor y no de bebé tenía que aprender a portarse como tal. Si no lo hacía se le pasaría a la clase de los bebes y se le volvería a montar una habitación de pequeñajo y por supuesto sin tele ni video. El premio era ganarse lo que tenía y con el tiempo obtener nuevos privilegios inherentes a la edad y su evolución.

Por la mañana lo despertaba, le recordaba lo que debía hacer y le ponía toda la ropa sobre la cama. Dejaba un momento para asegurarme de que el niño realmente estuviera sentado en su cama y despierto. No era cuestión de que no se enterase de que el ritual matutino había empezado y se quedara grogui.

Cuando al cabo de unos minutos ya estaba consciente y siempre con la tele apagada, se ponía el temporizador en marcha. Al principio se le daba media hora para vestirse y ponerse los zapatos. Luego se bajó a veinte minutos, luego a quince, diez y cuando acabamos lo hacía en cinco.

El temporizador se ponía en marcha, se le avisaba que el tiempo empezaba a contar. Nosotros no teníamos que intervenir. Si el niño nos pedía cuanto tiempo faltaba le respondíamos. Cuando faltaban 10 minutos se lo comentábamos, luego también se lo comentábamos de nuevo cuando faltaban 5. Las normas establecían que él no podría manipular el temporizador, si lo hacía quedaba penalizado y se le quitaba un privilegio que habíamos consensuado antes con el psicólogo y con él. Si teníamos sospechas de que lo manipularía lo dejamos un poco más lejos de su alcance o lo teníamos en la cocina y le íbamos informando, aunque lo suyo era que él pudiera ver el tiempo que le faltaba para llegar a 0 y que sonara el timbre.  Una vez que sonara el timbre el niño iba al colegio con lo que llevara puesto encima, si aún iba en pijama pues en pijama y si estaba a medias pues a medias. Os comento que afortunadamente esto no ocurrió, supongo que la vergüenza de verse así todo el día ante sus compañeros hacía que cuando le recordabas los 10 minutos empezara a volar. En ocasiones lo que ocurría era que se estaba acabando de poner una prenda, en este caso se le dejaba acabar de colocarla (tampoco era cuestión de ponerse en plan capullos con el peque).

Tengo que reconocer que al principio costó un poco. Tuvimos nuestros disgustos y nuestros momentos. El psicólogo nos dio una gran ayuda ya que luego hablaba cada día con Terremoto y le iba comentando también a él las cosas y entre todos lo fuimos logrando. Otra parte muy importante de las normas era que para bajar un poco el tiempo debía llevar al menos una semana cumpliendo ese horario. Cuando se bajaba el tiempo se le comunicaba. Se le decía que era porque había conseguido una de las metas, se le daba mucho refuerzo positivo remarcando lo bien que lo había hecho y lo mucho que confiabas en que siguiera así y pronto superara el siguiente. Poco a poco empezó a sentirse más responsable. Había día que no quería y teníamos algún retraso. Entonces en la reunión de la semana al final de ella, el psicólogo hablaba con nosotros y con Terremoto y establecía que ese fin de semana no se había ganado su premio. Sorprendentemente lo solía aceptar más o menos bien.

El psicólogo nos contó que según los estudios, cuando una persona realiza una rutina durante al menos 21 días seguidos, esa rutina pasa a incorporarse como algo habitual en su vida y suele adoptarla y aceptarla.

Lo cierto es que con Terremoto nos fue tan bien que incluso ahora con sus 14 años sigue con todo lo que en su momento le ensañamos y no ha habido nunca ningún problemas. Él considera que eso es algo natural que hay que hacer cada día y lo hace. Su cuarto es su responsabilidad y salvo que ese mediodía yo le tenga que lavar las sábanas, cada mañana él se viste y deja su cama hecha antes de venir a desayunar.

Ahora le estoy introduciendo otras rutinas, como es que se prepara él el desayuno por las mañanas. Algunas veces reconozco que yo le he preparado la comida, pero generalmente el hace su desayuno y su leche chocolatada, es su trabajo, luego debe recogerlo y dejarlo en el fregadero. También me gustaría trabajarle el poner la lavadora, pero por mis horarios suelo ponerla antes de que él llegue al cole y tampoco me importa mucho porque sé que es muy fácil y lo pillará pronto. Terremoto suele apuntarse a vaciar la secadora cuando oye que pita. Lleva la ropa a la sala y cuando la he doblado él se encarga de la suya y se la lleva a su cuarto y la coloca.

Como veis el ir introduciendo a los niños en las tareas domésticas no sólo es algo positivo para su futuro, sino que también en unos años nos puede suponer a nosotros una gran ayuda en la casa. Sólo el trabajo que nos quitan y el que ya no nos dan extra vale la pena.

Sé que muchos me diréis que yo contaba con la ayuda de un psicólogo, pero si vuestra situación es muy extrema seguramente podríais hablarlo con el profesor o los psicólogos del colegio de vuestros hijos por si pueden colaborar.

Hoy cuando he llegado del trabajo he cogido la cámara, he entrado en el cuarto de Terremoto, he puesto el temporizador sobre la cama y he sacado esta foto. Así es como deja su habitación cada mañana mi niño, ¿no os parece una buena forma de tener responsabilidades?

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Dar responsabilidades domésticas a tus hijos (1ª parte): Algunos motivos por los cuales es conveniente hacerlo.

12 Feb

Cuando en la lotería de la vida te toca un hijo con las cualidades que tiene Terremoto, te planteas la vida de otra forma. Normalmente, priorizamos algunas cosas en las vidas de nuestros hijos como son los estudios, el deporte, el salir con los amigos. Otras, por el contrario, no son tan trabajadas o si lo son es de forma más suave, salvo que el niño muestre una especial inclinación natural para aprenderlas o hacerlas. ¿Cuantas veces no hemos entrado en un blog y hemos visto algún comentario en el que la madre se queja de que no puede abarcar con todo y se siente frustrada, infravalorada y triste consigo misma?, ¿quién no ha dicho alguna vez que no es una supermadre que no es más que una mujer y que necesita también un espacio y un tiempo para ella? Pues bien, tengo que deciros que en algunas ocasiones los detonantes de estas quejas nos los hemos buscado nosotras mismas. Así que antes de que saltéis sobre mí como leonas heridas os voy a explicar mi planteamiento y luego si no os he convencido, podéis servirme con patatas aliñadas con vinagreta y una salsa a vuestra elección.

Que los tiempos han cambiado eso es indiscutible. Que las prioridades en la vida de una mujer también. Ahora muchas madres son a su vez trabajadoras (de las que cobran un sueldo) trabajadoras en su hogar (es decir, amas de casa, son las que trabajan de sol a sol sin cobrar un sueldo por ello), madres (es decir, de las que se encargan de los hijos desde el mismo momento en que los han parido hasta que estos decidan emanciparse y no presentarse cada día en casa con la bolsa de la ropa sucia y el tupper lavado y dispuesto a llenar), también son esposas o parejas o como lo queráis llamar, vamos que tienen a su pareja viviendo con ella y la familia. Algunas, también además tienen una vida con amigas, gimnasio, ocio personal… pero eso es otra historia.

Muchas veces, o casi siempre, y no se muy bien porque motivo, si por cultura, por educación o porque debemos ser masocas sin saberlo. La mujer suele ser la que se carga con la mayor parte de trabajos de casa. Vamos a comprar, hacemos la comida, lavamos la ropa y la dejamos en su sitio, limpiamos la casa… no os estoy descubriendo nada nuevo así que ya sabéis de que hablo. Muchas veces nos quejamos de que nuestro churri no nos ayuda en nada. Otro porcentaje se queja de que su churri sólo hace algunas cosas pero al menos ya se sienten afortunadas. Otro porcentaje se queja de que el churri hace cosas pero las hace tan mal que al final son ellas que acaban haciéndolo todo (son los fiascos del grupo anterior). Algunas pueden presumir que los trabajos los hacen a media y realmente su nariz no crece desmesuradamente cuando dicen eso. Y sólo un pequeño porcentaje, al menos por los lares donde vivo, que en los países nórdicos parece que la cosa está más normalizada y modernizadas puede que sea otra cosa. Pues ese pequeño porcentaje puede decir que su churri suele hacer más cosas que ella y que viven como diosas del Olimpo… son “las afortunadas”.

Aparte del churri. También os debe sonar eso de que los hijos a medida que crecen nos dan más trabajo. Sí queridas, siento deciros que lo peor no son los cólicos y los pañales, lo peor vendrá dentro de unos años. Cuando para entrar en el cuarto de vuestros hijos tengáis que empujar los montones de ropa por el suelo. También cuando vuestros hijos tengan casi treinta años y sigan viviendo en casa con vosotros y se vayan por la mañana a trabajar y dejen la cocina sin recoger con los platos y vasos por allí y la leche fuera de la nevera y por supuesto, la cama tal y como han salido de ella para que la hagáis vosotros. Los hijos pasan por casa como si fuera un hotel de “X” estrellas (esas dependen de la pericia y el aguante de sus progenitores) y sus únicas responsabilidades como he dicho al principio es estudiar, hacer deporte (no sea que nos salga canijo el niño y luego no se ligue a su churri y lo tengamos en casa hasta que el benjamín cumpla los cincuenta años) y evidentemente, su vida social (más de lo anterior y además, el niño tiene muy en cuenta este punto y nos lo recordará constantemente, que él quiere tener vida social aunque la de sus progenitores se reduzca a la de meros sirvientes-taxistas-secretarios-mayordomos… en fin. Padres modernos).

El que nuestro churri sea así y cueste cambiarlo… uffff…. que queréis que os diga… ya lo conocimos así, así que sabíamos con lo que nos quedábamos. Se que en su momento el lote estaba más musculado y tenía tableta de chocolate por barriga y ahora tiene algo más de grasa en sus músculos y la tableta de chocolate se ha convertido en un chocolate fondant que resbala y cuelga por debajo de su ombligo (o de su pecho en  otros caso) Queridas y queridos míos, el paso del tiempo es inexorable y nos pasa factura a todos, a ellos y a ellas. Sí, a nosotras también, porque antes éramos una jóvenes y lozanas mozas y ahora aquello que antes eran unos jugosos limoncitos, luego un terso meloncito y finalmente unos pimientos tostados. Seamos sensatos, aquí va un consejo extra. Cuando elijáis a vuestro churri no os quedéis sólo con el chocolate, mirad sobre todo su forma de ser, su simpatía, la forma en que hace las cosas, vuestras afinidades y que realmente vuestro amor sea sincero. El chocolate se funde pero todo esto perdura y suele mejorar y es lo que tendréis de premio con el paso del tiempo.

Pero perdonadme, me acabo de salir del tema. Como os decía el churri es el churri y va a portarse tal y como lo habéis conocido antes de juntaros. Se le puede mejorar un poco en el arte de que vaya adquiriendo habilidades domésticas, pero no esperéis milagros. Vuestro único consuelo será que vosotras habéis intentado hacer lo posible pero que tus suegros ya lo malograron en su juventud haciéndoselo ellos todo y claro. La culpa es de la familia política, faltaría plus.

Ahora viene mi pregunta. ¿Alguien se ha planteado que alguna vez ella será esa suegra que ha malcriado a ese futuro churri y que por su culpa va a no facilitar la vida de su futura nuera y por consiguiente la futura convivencia familiar de su hijo?

Permitidme que ahora abandone mi tono irónico y os hable más en serio. Cuando te viene un hijo como Terremoto hay muchas cosas que dejan de ser tan prioritarias como lo son para otras familias. Una de las principales preocupaciones que te cae encima como una losa y te quita el sueño es saber que será de su futuro y si lo tendrá. Es saber si sabrá valerse por si mismo. Saber si el día en que ninguno de sus progenitores estén en este mundo el hijo sabrá valerse por si mismo o será carne de matadero. Lo siento, pero es así de crudo.

Si alguien se queja de que su hijo le da mucho trabajo os puedo asegurar que en mi caso y en el de muchos otros padres nuestro trabajo es infinitamente mayor que el vuestro. El tiempo que una tiene para ella misma baila en una peligrosísima cuerda floja diaria debajo de la cual hay una gran cama de faquir dispuesta a deshinchar nuestro momento. Todo dependerá de infinidad de factores que muchas veces se nos escapan de las manos y no podemos controlar.

Siempre he creído que si amamos en algo a vuestros hijos tenemos que darles medios. Enseñad a darles independencia, no sólo por su futura churri, sino también para que pueda ir por la vida sin depender de nadie. Que pueda ir a estudiar a otra ciudad y no sobreviva de una lata de sardinas y una bolsa de pan de sándwich. Que cuando se independice no siga dependiendo de vosotros y que su piso no sea una leonera de tales proporciones que cuando alguien entre no pase del recibidor y salga despavorido. En fin, para que aprenda a tener una buena calidad de vida y vivirla mejor.

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No todos los dibujos animados son para niños, también existen los dibujos de mayores.

15 Oct

Pues eso, pero me da que poniendo sólo eso el post iba a quedar algo soso, así que os comentaré cuatro cositas que se.

Que los primeros dibujos animados fueran para niños no lo tengo muy claro, al menos desde el punto de vista de protección e instrucción de la infancia.

Desde hace ya algunos siglos primero el dibujo impreso y luego los inventos basados en la persistencia de la imagen en la retina del XIX usaba también esa técnica para la crítica o reproche a las situación social y política del momento. Las primeras películas de dibujos animados propiamente dichas se sitúan en el primer decenio del siglo XX. En 1911 tenemos  Little Nemo de Winsor McCay. En 1916 George Herriman con Krazy Kat, creará la industria del dibujo animado y los cortos. En 1917 Max Fleisher patenta el Rotoscopio, técnica que consiste en filmar personajes reales y luego colorearlos como la animación tradicional, de esta forma se les dota de unos movimientos extremadamente reales. Entre 1919 y 1930 la industria del dibujo animado se acabaría de consolidar con los dibujos de Felix el gato, precursor de los animales antropomórficos que crearía más tarde Disney.

Disney sería una referencia indiscutible en el mundo de la animación, crearía la primera película de animación sonora, una peli de Mickey Mouse de 1928, que duraba un poco menos de ocho minutos. La primera película de animación a color, Árboles y flores,  en 1932. Y el primer largometraje de dibujos en 1937 con Blancanieves y los siete enanitos, a este le seguiría títulos como Fantasía en 1940 o Dumbo en 1942 entre otros.

Entre los primeros dibujos que no fueron creados por Disney podemos encontrar  a Betty Boop (1930-1939) y Popeye el marino (1930-1947). Walter Lantz, padre de Woody, El Pájaro Loco, introdujo el sadismo y el furor destructivo en el género, luego reproducido en Tom y Jerry, de Hanna Barbera. No os voy a martirizar mucho más con la historia de la animación, pero como habéis podido comprobar no se tardó mucho en introducir entre estos títulos las referencias a la crueldad e incluso dentro de la misma Disney que presume de una política de no sangre son una constante. No se muy bien si para conseguir una carcajada fácil o simplemente porque en aquellos años los valores educativos de los niños no eran tan exigentes como lo es para algunos padres hoy en día. Digo algunos porque de todo hay en esta vida, pero esto lo trataré dentro de un ratito.

Ha habido varios creadores de lo que se consideraría el género de dibujos animados para adultos. Uno de sus principales precursores fue Ralph Bakshi , que si bien empezó con el dibujo para niños con personajes como Super Ratón, luego se desvió al dibujo para adultos con numerosos títulos entre los que podemos citar Fritz el gato , Heavy Traffic en 1973, Wizards en 1977, Tygra: hielo y fuego en 1983 y Cool World en 1991 una rocambolesca historia donde mezclaba dibujos animados con personajes reales y en la que actuaban Brad Pitt y Kim Basinger.  Siempre me ha llamado la atención que Bakshi siempre dijo y repitió que sus dibujos eran para un público adulto, no obstante se le criticó incluso de una manera muy agresiva de que sus dibujos no fueran para niños, en su momento grupos de padres y educadores se sintieron confundidos con los dibujos de Bakshi debido a la falta de costumbre  de producirse películas de animación para adultos y a no señalarlas como cine de adultos. Con lo que llegaron a su confiscación en escuelas por su alto contenido erótico y violento.  A través de sátira y los comentarios políticos, Bakshi abrió el camino a la animación para adultos. También a él se debe la profusión en la utilización de la rotoscopia con la que se conseguía una mayor calidad en el dibujo. Con los años y aunque nunca se le ha valorado por esto, sino que al contrario también fue fuertemente criticado, la rotoscopia y la utilización que le dio Bakshi fueron las precursoras de la actual técnica de captura de movimiento por ordenador o rotoanimación.

Muchas veces pienso que uno de los principales problemas que tenemos actualmente se gestó en ese momento fue precisamente esta falta de comprensión y especificación de que había dos tipos de dibujos lo que motivaron que muchas veces lo obviemos.

Actualmente sigue habiendo mucho dibujo de adultos, una gran parte del género Anime se podrían englobar dentro de esta clasificación. También hay otras series, no las nombraré todas, sólo citaré algunas como South Park, de gran cinismo y agresividad, aunque por lo menos se emitia en horario nocturno. Esto no ocurrió con series como Los Simpsons,  Futurama, Padre de familia o Shin Chan, sin ir más lejos que suelen emitirse dentro de horario infantil, o al mediodía cuando muchos comen delante de la tele.

Nuevamente son muchos los sectores que se quejan y además de estos dibujos que he citado también hay gran cantidad de dibujos que tienen un alto contenido agresivo o bien unos valores superficiales en los que se prima lo fashion, el ser él o la más hermosa y cuyo único objetivo en la vida es ligarse al chico más bueno del insti.

¿Quien tiene pues la culpa de esta situación? Yo creo que la culpa es compartida y muy grave por las dos partes. Por una parte no llego a comprender como cierto tipo de dibujos que lo que hacen es una crítica social con un contenido cínico se proyecte en un horario donde los niños están en casa y levantados. ¿No sería más lógico al menos emitirlos a partir de las 21’30 para poner un límite medio razonable? ¿Que conocimiento tienen los que seleccionan los dibujos? ¿Se miran bien lo que emiten? Sé que algunos pueden hacer mucha gracia, pero por ejemplo Shin Chan que todos los niños se saben sus horarios y cadenas que lo emiten pero, realmente ¿que hace? Es un niño con unos padres muy pasotas, una madre medio amargada e histérica que no se siente realizada, un padre bastante salido y el niño a su corta edad no se queda corto, por muy buena voluntad que tenga se pasa el tiempo liándola y saliéndose con la suya cada vez que puede y en muchos casos suele salir ganador. ¿Qué narices intentamos transmitir con eso? Que nuestros hijos pueden portarse como unos diablillos y pese a todo bastantes cosas les saldrán bien y que lo que tienen que hacer es sacar de los nervios a los padres. Curioso aprendizaje.

Yo no suelo ver mucho esos dibujos, no son mi tipo. Normalmente antes me los suelo ver y cuando veo que van de ese tipo se los censuro a los nenes, pero eso lo hago yo a nivel opcional mio y propio. Creo que hay dibujos bastante buenos, este verano me encantó el Dinotren, los de Go Diego Go también me encantan, Kai Lan del Reino Medio, los Umizumis, los Bubble Guppies, Pocoyo y Las Tres Mellizas me parecen instructivos y educativos cada uno desde su manera particular de ser.

Yo puedo hacer esta supervisión de las series y algunos programas y más para el mayor, también se los controlo bastante o me siento con él para explicarle las cosas si veo que alguna vez hay algún contenido poco habitual y que se escapa de las manos. Pero hay muchos padres que se limitan a poner la tele, sin ni siquiera ver que canal están viendo y mientras los niños estén en stand-bye y no molesten pues estupendo y que vean lo que quieran. Luego cuando esos hijos repiten comportamientos que aparecen en esos programas se quejan y mucho y dicen que no hay derecho de que los emitan en ese horario. Pero que yo sepa nadie les ha obligado a que vean esa cadena.

Yo creo que el problema de las programaciones tan deficientes ya no solo con esta cuestión de los dibujos para niños y dibujos para adultos sino también con esas series y programas en los que sólo se valora que fulanita/o es el hijo de tal persona, que vale, el padre o madre se lo curraron pero ellos no han dado clavo en su vida, o pero que el invitado que sale lo único que ha hecho a sido follarse a un conocido y como mucho haber parido un hijo de este, que mérito tienen además de haberse dado el pelotazo de su vida… sé que a muchos les encantan estos programas, lo siento a mi no. Y como soy coherente con mi forma de pensar, en casa esas cadenas y esos programas no se ponen nunca. En ocasiones pienso que si hubiera más gente coherente y los índices de audiencia bajaran, tal vez los señores que deciden que programa tienen que ver nuestros hijos se esmerarían un poco mas en la búsqueda de series mucho más adecuadas para lo que son capaces de comprender y aprender un niño a esas  edades.

¿No creéis que la educación de nuestros hijos bien se merece una medida de este tipo y de una autocrítica de cada uno sobre aquello que les permitimos? Yo sí.

PD: Os informo que según nos comunica el Sr. Google hoy es el 107 aniversario de Littel Nemo, el que haya tratado hoy este tema ha sido pura coincidencia ya que no me he percatado de ello hasta que mi pareja me lo ha comentado cuando estabamos buscando una imagen para ilustrarlo.

Un niño especial (4ª parte y última)

13 Oct

Cuando nació tu hermanito aún tenías tus momentos malos, la casa donde estábamos era muy pequeña y nadie tenía espacio para él y con un bebé recién nacido todos tuvimos nuestros momentos de nervios y estrés. Al final conseguimos mudarnos a otra casa más grandecita donde cada uno puede tener su espacio y tu hermano ya es más sociable e interactúa mucho más que cuando era un bebé. Desde entonces has mejorado mucho y la verdad es que estamos teniendo una temporada muy buena, sólo ha habido algún episodio puntual y llevadero. Esperemos que no llegue la parte baja de los picos de sierra y esto sea un cambio en tú evolución.  Con tu hermano has aprendido a controlarte bastante, aunque ahora está entrando en esa etapa conflictiva de formar su personalidad y en ocasiones te hace alguna cosa que no es justa y eso no te cae bien pero te aguantas y nos lo cuentas, bueno, mejor dicho nos lo gritas para que vengamos. Intervenimos, te explicamos que le ha pasado y te felicitamos por haber sido tan comprensivo y por ayudarnos a educarle. Hoy nos has dicho que nunca hubieras creído que ser hermano mayor llevara tanto trabajo.

Pese a todo hemos tenido nuestros momentos buenos, cuando quieres eres muy cariñoso. Has resultado ser un cocinero estupendo y hemos preparado cosas juntas e inventado muchas recetas, tus peticiones eran todo un reto. Veías unos dibujos animados en los que salía un plato con algo dentro y querías que preparara ese algo inidentificable.  Lo que aprendí de cocina gracias a ti. También tenías a tu mascota, un peluche de cocodrilo que más que mascota era como tu hermano. Ese peluche nos ha acompañado en un montón de aventuras, incluso hicimos un cómic con sus historias. Con tus obsesiones nos hemos convertido en casa en unos expertos en dinosaurios, en cocodrilos, tiburones, motos, sidecares, planetas y en plantas y medio ambiente. Gracias a ti hemos plantado un mini-huerto en el balcón. Hemos aprendido a ver la vida de una forma diferente y mamá se ha convertido en una negociadora nata para poder hacerte comprender las cosas. Cuando te explico algo esa tarde no voy a hacer nada más y espero que al menos todo ese tiempo haya servido para que lo entendieras, aunque una tarde negociando contigo me deja mentalmente agotada y el paracetamol es la siguiente visita obligatoria cuando salgo de tu habitación. Antes me quejaba de que no hablabas y ahora no paras desde que te levantas, en el fondo añoro un poco esa época de silencio.

Me he dejado muchas cosas, algunas por cansancio y otras porque el cuerpo humano es sabio y sólo recordamos aquello que nuestros sentimientos son capaces de soportar. Hemos hecho un gran camino juntos, es cierto que hemos tenido posiblemente más momentos malos que buenos, más luchas que victorias y más lágrimas que sonrisas. Pero no todo ha sido negativo, gracias a todo este trabajo a todos estos años, tú eres ahora un muchacho encantador, curioso, mucho más calmado que antes, con ilusiones, pequeñas pero ilusiones, con muchas ganas de hacer cosas.  La doctora que el primer día dijo que tenías un mal pronostico, ahora está asombrada con tus progresos y nos dice que tienes un pronóstico muy bueno. Este fin de semana me has dado una alegría cuando por primera vez te he oído como leías sólo el mi mamá me mima y amo a mi mamá, estabas con mi pareja que te ayudaba a hacer los deberes del cole. Yo no he dicho nada, pero he pensado que tal vez después de tantos años,  ese sea un buen principio y pueda haber aún una oportunidad.  Lo que nos deparará el futuro no sé que será. Es algo que muchas veces me quita el sueño, no puedes imaginarte la de veces que me he despertado por la noche pensando en ello, sobre todo cuando ha habido algún problema o estabas de malas. La adolescencia me da pánico y ya veremos que pasará el día que nos digas que te gusta una chica, o peor, que ella se haya reído de ti, no quiero pensarlo.

Pero tengo una esperanza de que el futuro será bueno, de que sepas estar contento contigo mismo y valores lo que eres, que llegues a ser feliz. Y si la vida nos regala algo más, pues bienvenido sea. Me lo has hecho currar mucho, pero estoy orgullosísima de ser tu madre y de que tú seas mi hijo. Este escrito es para ti, mi niño, mi amor.

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A los padres de niños que tenéis sospechas de que algo les pasa o acabáis de ser diagnosticados. Os pido que no desfallezcáis, que busquéis y pidáis hasta que vuestro pequeño haya sido diagnosticado y se pueda empezar a trabajar pronto con él. Los que habéis tenido hace poco un diagnóstico, no os quedéis sólo con las tres primeras entradas, evidentemente tendréis que pasar por ellas, por la aceptación primero y luego dependerá del caso de cada uno.

Es muy posible que el camino no sea fácil todo depende del respaldo que tengáis y de lo que os vayáis encontrando. Tenéis derecho a equivocaros y a rectificar, pero no perdáis demasiado el tiempo pensando en que hubiera ocurrido si lo hubierais hecho de otra forma, porque ya está hecho y es mejor centrarse en el ahora y no en el ayer. Tampoco penséis demasiado en el mañana, porque eso dependerá de lo que vayáis haciendo y de como vaya respondiendo y evolucionando el pequeño. Así que no empecéis a plantearos hipotéticos problemas antes de que se den, porque posiblemente no ocurran y habréis perdido muchas fuerzas y energías martirizándoos con cosas que ni tan siquiera ya han llegado, nuevamente os digo, pensad en el ahora, no en el futuro.

Os pediría que os quedarais sobre todo con la entrada de hoy. Es cierto que no todos tenéis los mismos medios, pero por suerte hasta en internet se pueden encontrar páginas hechas por gente preparada y explicada de forma muy accesible para poder darnos una orientación y algún consejo muy interesante como es el caso de nuestra Terapeuta Temprana.

El primer día os puse una foto de la luna durante el día, porque cuando nos diagnostican nos surgen muchas dudas y tememos que la noche se cierna de golpe sobre nosotros aunque aún sea de día. La segunda, la hice unas horas antes de publicar y es la puesta de sol que hubo ese mismo día,  porque las complicaciones y los problemas hacen que muchas veces creamos que esa oscuridad ya está sobre nosotros, pero el sol aún no se ha acabado de poner y pese a la venida de la penumbra,  todo el cielo es aun muy bello y nos regala una la esperanza de ver la de mañana.  La tercera foto también la  hice el mismo día que publiqué y es un camino, el camino que recorreréis, no será un camino liso, será más bien de esos de tierra con piedras, que no sabremos que hay detrás de la próxima curva y con un cielo algo amenazante de lluvia. La foto que os dedico hoy es la salida de sol que fotografié el día que decidí contaros mi historia, porque creo que es la mejor forma de simbolizar ese futuro, ese día que acaba de comenzar y que lo que ocurra en él aún es un misterio pero que depende de como queramos afrontar el día. Porque aún tenemos todo un día delante, no hemos hecho más que empezar.

PD: Hace unos días me enteré de una noticia, me puse en contacto con la Terapeuta temprana y me dijo que algunos de sus niños lo habían tenido que dejar por eso. Dije que quería escribir un post. He necesitado un poco de tiempo para hacerlo, no sólo por su extensión, sino también por su contenido. Me gustaría que nuestros políticos supieran exactamente que es un niño con Trastornos Generalizados del Desarrollo, al menos cuando deciden quitarles las ayudas que tienen,  porque creo que no tienen ni idea de los que es tener un hijo T.G.D. . También desearía que la gente de la calle también sea consciente de ello. La gente en ocasiones se pelea por niñerías con sus hijos y se quejan por  una simple pataleta. Nosotros hemos tenido que pasar por cosas que ningún padre tendría que pasar y mi hijo ha pasado por cosas que ningún niño tendría que experimentar. Si al menos hemos conseguido que cada uno sepa valorar mejor lo que tiene en casa y al ver cualquier niño especial le sonría y hable y deje que sus hijos jueguen con él estaría contenta. Mi hijo no tiene amigos, cuando lo ha intentado los papás tenían muchos compromisos con parientes y amigos así que…  Si de pequeños enseñamos a nuestros hijos a compartir los juguetes con los otros niños ¿porqué no les enseñamos luego a compartir lo más maravilloso que hay en el mundo? La vida.

Mi hijo es una persona, tiene sentimientos y se da cuenta de todo, no es tonto ni tiene ningún tipo de retraso mental así que comprende lo que pasa a su alrededor pero a su manera y sufre. Él te dice que su cabecita funciona de otra forma y no puede controlar que pasen ciertas cosas. En los últimos años los casos de niños con T.G.D han aumentado espectacularmente, no se sabe muy bien porque.  Es un problema que no se puede detectar con ninguna prueba durante el embarazo y que no empieza a verse normalmente hasta el año y medio a los tres años. Muchos de ellos ni siquiera serán diagnosticados y pasarán a ser aquellos alumnos torpes o aquellos adultos que no daban para más. Hoy te estás riendo de uno, pero mañana puede que tú hijo o tú nieto se encuentre en el mismo caso. Por todos estos niños que algún día serán adultos y por sus padres sonriámosles y no nos de miedo darles la mano y hablarles, sólo este pequeño  gesto será una gran recompensa y ayuda para su desarrollo y autoestima.

Gracias por haber llegado hasta aquí.

Laura

Un niño especial (3ª parte)

12 Oct

Una de tus peores crisis fue cuando te sacamos del cole. Ese año había empezado un niño nuevo y a la lumbrera de la profe no se le ocurrió otra cosa que ponerlo a tu lado. Cuando me vio ese niño vino a mí y lo primero que me preguntó era si “tu hijo es tonto o es que se lo hace” y su madre delante sin decir nada. Otra mamá que estaba conmigo, se agachó y le explicó que eras un poco especial pero que no eras tonto. La profe se pasó todo el curso diciéndome que le tenías manía y que le querías pegar o clavar el lápiz y alguna vez llegasteis a las manos. Ese curso especialmente fue un infierno. En el verano cuando ya no estabas en el cole nos encontramos con algunos compañeros y me contaron que ese niño te agredía cuando la profe no miraba, pero que tú no tenías perspicacia y le contestabas cuando te pillaba la profe, por eso todas esas quejas y tú estabas tan ofuscado y te sentías fatal.

Dos meses antes de acabar ese curso tuviste una crisis una mañana y sólo porque te estaba poniendo los calcetines del uniforme. No querías ir al cole. Ese día acabé tirada sobre ti en la cama, recibiendo mordiscos y tirones de pelo, me quitaste mechones. Mi pareja y yo no podíamos contigo y tuvimos que llamar a papá para que viniera corriendo. Entre los tres conseguimos apaciguarte. Estuviste más de una hora defendiéndote hasta que finalmente te calmaste. Ese día te quedaste con los abuelos, y nosotros tuvimos que ir a trabajar y aguantarlo y poner buena cara, pero por dentro sólo tenía ganas de encerrarme en el baño y  ponerme a llorar.  Esos dos meses que quedaron de clase,  estuviste con los abuelos y yo gestionando con la consellería un cambio de cole, no fue fácil. El inspector me dijo que si no estabas escolarizado me denunciarían y yo le dije que lo hiciera.  Hacía dos años que habíamos comentado a la inspectora que queríamos un cambio de cole, pero ella se había olvidado de tramitarlo. El inspector de ese año decía al principio que no podía hacer nada y tuve muchas charlas por teléfono con él. Al final conseguimos entendernos y pude conseguir un cambio de cole para ti, pero te llevaba a un cole especializado, donde según nos contarías más tarde, todos tus compañeros o no saben hablar, o emiten rugidos o les falta algo o van en silla de ruedas.

El primer día que fuimos a verlo nadie nos acompañó, estábamos tu papá y yo. En recepción acababan de sacar a todos los chicos con parálisis cerebral, todos en sus sillas de ruedas, con sus cuerpos entorsillados y sus baberos puestos para no mancharse. Algunos de ellos, los más privilegiados salían caminando, si se le puede decir así,  acompañados de las monitoras. De repente uno de ellos se tiró al suelo enfrente de nosotros y se puso a gemir y a hacer algo parecido a espasmos. La chica lo levantó tranquilamente y siguió su camino. Pensé que donde te estaba metiendo. Al final hablamos con el director y otro personal, fuimos otros días, te hicieron valoraciones.

Vimos otro cole que llevaba poco abierto funcionando,  en el cual acababan de abrir una aula ASCE (aula sustitutoria centro específico), pero lo primero que nos pidieron era que firmáramos un papel para solicitar personal y lo que se suponía sería vuestra aula dentro de unos meses era una aula de música sin nada preparado  y tenían un comedor pero la cocina seguía sin estar acabada ni montada después de dos años  y por eso tenían servicio de cáterin.

Así que  acabamos quedándonos con el cole especializado, y no me he arrepentido. Papá está ahora tan involucrado que ha acabado comiéndose la presidencia del APA para intentar ayudar algo. Tú te quejas de que en tu cole no hay niños normales, pero en el cole de niños normales la integración es una falacia y aquí has empezado a progresar como no lo habías hecho hasta ahora, aunque sé que no te acaba de gustar del todo, porque tú te das cuenta de las cosas y ves que algo no funciona bien y te gustaría ser un niño normal que fuera a un cole normal con gente normal.  Estáis separados por tipologías y sólo encuentras a los más graves en las entradas o salidas o en algunas actividades, pero aunque sólo sea en estas ocasiones a ti te afecta. Tu profesora es un bombón y ha conseguido muchos progresos contigo, sólo sois cinco niños en la clase y esta año has empezado a distinguir letras y a escribir palabras, las memorizas y las repites en mayúsculas, puesto que la escritura silábica te cuesta entenderla. También has empezado a desarrollar operaciones matemáticas sencillas y ya sabes sumar y restar con el ábaco. Este verano por primera vez en tu vida te han puesto deberes y te has sentido muy orgulloso de poder hacerlos por fin.

La gente normalmente siempre te dice que ellos no discriminan y que los niños especiales tienen derecho a estar integrados y a poder jugar con otros niños y llevar una vida normal. Es algo que dicen muchos pero cumplen muy pocos. Las personas suelen ser bastante crueles, o bien por desconocimiento o bien para sentirse superiores o por ser unos pasotas. Cuando tenías cinco años estabas en la playa jugando tranquilo a en la orilla haciendo montoncitos de arena. Unos niños te habían oído hablar conmigo y como te atascas y en ocasiones tartamudeas si estás nervioso, y cuando te encasquillas das un chillido, supongo que se fijaron en ti. Uno de ellos se puso de pie a tu lado y empezó a señalarte con el dedo y a gritar a pleno pulmón en la playa a sus amigos “¡eh! Con este de aquí no juguéis que es muy raro” y a volver a insistir en ello. Las madres estaban a mi lado, lo miraron y no dijeron nada y seguían hablando entre ellas. Tú te quedaste mirándome, yo me levanté, te cogí y nos fuimos de la playa. He llegado a la conclusión que discutir allí mismo te pone más nervioso. Estuviste seis años a querer bajar otra vez a esa playa, decías que allí había niños malos que se reían de ti. De hecho volviste a bajar porque nació tu hermanito y le gustaba la playa y es la que tenemos más cerca, pero lo pasaste muy mal y te ha costado mucho ir, aunque lo haces, pese a todo en ocasiones cuando bajamos me sigues preguntando que es lo que haremos si aún hay niños malos y esta vez se ríen de tu hermano.

El intentar apuntarte a alguna actividad era muy complicado. Tú no querías centros especializados porque veías que tú no tenías ese aspecto que pueda tener un Down o no haces los gestos tan extraños ni te faltan extremidades ni todo eso. Centros en los que haya niños normales y estuvieran preparados para tenerte no hay muchos. Te apuntamos a clases de cerámica, nos lo pediste muy entusiasmado. Lo que me costó que la maestra te diera una oportunidad y eso que eras bueno haciendo cositas. Papá y yo estábamos en la calle al lado de la entrada con los móviles funcionando por si teníamos que ir durante la clase.  La pobre aguantó hasta que sus nervios no la dejaron y nos pidió que te sacáramos. No llegó exactamente a un mes. Otra vez te apuntamos a karate. También tuve que sudarme mi negociación con tu sensei, por suerte yo había hecho karate de joven y supe como enfocárselo. Estuviste casi un año y te sacaste el cinturón amarillo. El profe estaba contentísimo, te había costado mucho pero te lo habías ganado por tus propios méritos. Me dio las gracias por haberle insistido tanto en que te cogiera y me confesó que ese amarillo le había sabido mucho mejor que cuando algún alumno conseguía un negro. Es una lástima que no haya más como tu sensei. Al final lo dejamos porque nos lo pediste y nunca te he obligado a hacer una actividad extraescolar si tú no querías.  En el cole donde vas ahora te han descubierto tu lado deportista. Tu profe está muy contento contigo, incluso nos han pedido para federarte y participar en competiciones. Te encanta que te den alguna medalla y las colgamos del corcho de tu habitación.

Me volvía loca con tus reacciones, desde abrir la puerta del coche en marcha en plena autopista, hasta no querer entrar en él cuando habíamos ido de excursión y haberse hecho de noche, mientras un señor no hacía más que darme la vara porque yo era una madre violenta que quería obligar a mi hijo entrar dentro y él no quería. A mí ese entrometido me daba mala espina sobre todo como se acercaba a nosotros y lo que me soltaba, mientras el sol ya se había puesto y tú seguías sin querer sentarte en la silla. Tenías y sigues teniendo un gran defecto, no tienes nada de empatía, puedes tener a alguien completamente destrozado a tu lado y tú seguirías preguntando por algo que te interesa. Con los años hemos conseguido que no sea tan exagerado, pero aún te cuesta muchísimo ponerte en el sitio de los demás o entenderlos, aunque si te ofenden te sientes muy dañado y en ocasiones puedes llegar a ser rencoroso, cuando alguien te ha defraudado no lo olvidas.

Un niño especial (2ª parte)

11 Oct

Te mantuvimos en el cole porque la clase estaba muy mentalizada contigo,  os compenetrabais muy bien, tus compañeros te apoyaban mucho y cuidaban. Todos te conocían y sabían como tratarte y ayudarte. Las maestras hacían lo que podían. El cole casi no tenía medios, yo estuve dos cursos pagando a una terapeuta para que fuera a la clase y allí diera apoyo a la profe, aparte esa chica también venía a casa a hacer refuerzo y además ibas a un gabinete psicológico que nos recomendó la mamá de R. que también era T.G.D. Con ese gabinete hiciste muchos progresos y estuvimos yendo de los cuatro a los nueve años. Nosotros entonces estábamos solos en casa, no teníamos al hermanito y mis gastos normales eran poquitos, yo no soy presumida con la ropa y me dura mucho y casi no salía más que contigo. Entonces pude hacerlo y pude pagar todas esas facturas porque hoy me hubiera sido imposible, al menos tanto tratamiento. Había meses que se me iban tranquilamente más de ochocientos o novecientos euros en las terapias. Normalmente era menos, ya que dependía de las horas que hubieran hecho y lo que hubieran tratado.  Si un mes tenía que comer prácticamente de bocatas o yogures pues lo hacía, pero cuando estabas tú en casa se comía normal. Una vez mi jefe me dijo que ese dinero había sido el mejor invertido de toda mi vida. Pero tú casi no evolucionabas, hacías pequeños progresos y luego retrocesos. Los médicos lo llamaban dientes de sierra.

El colegio fue un caos, una desorganización y descoordinación impresionantes. Cuando tuviste que pasar a primero no me dejaron tener a la chica que te daba refuerzo en el cole. La que se encargaba de eso en el cole era nueva y empezó a decirme que primero tenía que valorarte y estuvo meses valorándote o eso decía ella. Luego empezó a soltarnos que todo lo que ya sabías y me habían entregado en los informes mensuales anteriores que eso no era cierto y que esas habilidades te las había enseñado ella en sólo quince días. Anda ya, no quieras ni querer saber la que le montó mamá en esa y en las sucesivas reuniones. Mis quejas llegaron hasta la superiora, pero esa también pasaba bastante, sólo le importaban el dinero que sacaban de los padres o de la administración.  Las profesoras iban perdidas, no se les avisaba que tú subías de nivel ni menos lo que tenías. Alguna de ellas me pidió que yo les diera directrices y les pasara material para que pudieran trabajar contigo. ¿Yo? que era la que necesitaba que me ayudaran y orientaran. En el comedor cuando tenias problemas no me decían nada, hasta que un día ocurría algo monumental, entonces me acechaban y me montaban una escandalera como sí tú fueras el peor de los gánsters de Chicago y tenía que ser yo quien al día siguiente me pusiera a llamar al cole para que me pusieran con el psicólogo y decirle que fuera a hablar con las del comedor, porque no había ninguna comunicación interna.  Si no podía hablar con él entonces por la tarde tenía que ir y esperar delante de su despacho, porque el psicólogo en vez de actuar como tal se pasaba casi todo el tiempo dando clases de no sé que a los de ESO. Era vergonzoso. Ellos se justificaban con las historias más estrambóticas e inverosímiles y nosotros seguíamos aguantando para que te favoreciera la integración con los otros niños.

Tú siempre fuiste muy inquieto, la hiperactividad fue otro de tus ítems. Era agotador, nunca te parabas cuando te pedían de parar. No te solté de la mano por la calle hasta que no estuve embarazada de tú hermanito, y os lleváis diez años y medio. El ir de compras contigo era una odisea. Normalmente a la hora de pagar me ponía sobre una pierna, con la otra te envolvía, te cogía con una mano y con la otra sujetaba el bolso y abría la cremallera con los dientes. Incluso así salías corriendo. Era una pesadilla. Si algo te molestaba o no te entendíamos te ponías muy nervioso y te ofuscabas. No siempre reaccionabas mal, pero cuando ocurría esto creabas unas pequeñas frustraciones internas que podían estallar en cualquier momento, por las tonterías más idiotas. Una vez montaste una fenomenal porque con el cochecito volvimos a casa por el otro lado de la calle por el que habíamos empezado el paseo. Otra vez fue porque te sacaron de clase de natación por la orilla en lugar de la escalera por la que habías bajado. Esta te duró una semana hasta que entendimos que querías volver a la piscina para salir por la escalera. Una vez te habías dejado no sé que en la clase y a la salida del cole no querías salir. Tú te querías escapar, yo acabé inmovilizándote en medio de la acera con mis piernas. La gente empezó a irse y nosotros nos quedamos solos en medio de la acera sin nadie más. Yo no podía moverme porque si no te escapabas y ese día no tenía el móvil en el bolso. Después de tres cuartos de hora de estar así pasó una señora y llamó por teléfono a papá. Papá vino pronto y entre los dos te llevamos a casa. Cuando llegué allí me quité unos vaqueros que llevaba y tenía tus dientes marcados en la pierna y un hilo de sangre que me llegaba ya casi a la rodilla. Te habías pasado todo el tiempo que te había inmovilizado mordiéndome para poder escaparte.

Un día a la salida del cole te escapaste del abuelo y un coche te atropello, por suerte era un paso de peatones y sólo te tiró al suelo, pero te pasaste toda la tarde haciéndote pruebas y tal.  También otro día fuimos a comprar con tu madrina. Estuvimos cinco horas en ir y volver porque te pasaste toda la tarde intentando escaparte, chillando, tirándote al suelo. Te teníamos que inmovilizar entre las dos.  Dos personas creyeron que te habíamos secuestrado y uno de ellos quería llamar a la policía. Años más tarde le hiciste una cosa parecida a papá, sólo que esa vez los que pasaban eran dos jóvenes que iban al gimnasio y cogieron a papá del cuello y lo levantaron, por suerte pasaba por allí la chica de la farmacia que te conoce de toda la vida y les explicó que pasaba. Cuando volví del trabajo a las ocho y media que iba a recogerte te encontré en la calle con papá ya que no habías querido subir a su casa desde la salida del cole.

Una vez querías salir de casa para ir a vivir por la calle, porque te empezaba la época rebelde y querías vivir sin nosotros y que te comprara una casa. Estábamos en la calle y a empujones te pude arrastrar hasta casa, porque cuando te daba un ataque, mamá sacaba fuerzas no sabía muy bien de donde. Cuando entraste en casa cerré, tú cogiste una silla y empezaste a aporrear la puerta, por suerte era maciza. La vecina de arriba bajó incluso a ver que pasaba. Cuando tenías una crisis podías acabar arremetiendo contra la puerta, siempre querías salir, yo procuraba vigilar que no te hirieras, por suerte no te autolesionabas, otros niños lo hacen. Lo que mejor funcionaba era no hacerte caso y poner la lavadora o sentarme a leer. Después de mucho tiempo te calmabas, pero en ocasiones no era tan fácil y tenía que intervenir, entonces acabábamos en el suelo tirados, yo intentando inmovilizarte para que no te hicieras daño con lo que aporreabas y tú me pegabas y mordías y arrancabas el cabello o arañabas, hasta que te calmabas y acabábamos abrazándonos los dos en el suelo y yo intentaba consolarte y tú llorabas, intentaba hablar contigo y averiguar que te había pasado e intentar explicártelo y buscar una solución. Más tarde cuando estabas en la cama, entraba al baño, me miraba al espejo y me desmoronaba. Cuando tenías muchas crisis seguidas por frustraciones acumuladas o por algún problema con algún niño o alguien que se hubiera reído de ti te recetaban antipsicóticos, tenías que tomarlos al menos durante medio año por eso que hay que introducirlos despacio y también quitarlos progresivamente. Si miraba la receta me hundía más pero te iban bien y te calmaban y ponían un poco de orden a tu cabecita desordenada. Tú nunca te sentiste bien con las crisis, sabías que algo te pasaba pero no podías controlarlo y muchas veces me decías que tu cabecita torpe te hacía hacer cosas y con la mano te daba golpecitos en la cabeza. Yo te decía que tú cabecita no era torpe y te explicaba que lo que le pasaba era que a veces iba a otro ritmo pero que no eras ni torpe, ni tonto, ni imbécil, ni idiota, que tuvieras eso muy claro. Lo cierto es que pese a lo que nos dolía dártelos, con los fármacos te calmabas y volvías a recuperar tú estado normal y te sentías mucho mejor y luego cuando lo habías consolidado íbamos quitándolos poco a poco.  Era duro tener que darte eso por situaciones que habían provocado mayoritariamente terceras personas.

Un niño especial (1ª parte)

10 Oct

Enero de 1999, son las diez de la noche, después de dieciocho horas de parto estoy a punto de entrar en el quirófano, me acaban de poner la epidural, ya podrían haberlo hecho hace un par de horas. Diez minutos después oigo por primera vez tu llanto, pero no te traen enseguida, te llevan a una habitación adyacente y allí te tienen un buen rato. Después te entran para enseñarte, solo veo un ojo, el otro está tapado con la toalla. Les pido que me enseñen el otro ojo, te destapan apenas unos segundos y desapareces. Sólo he podido ver dos ojos grandes y oscuros abiertos como una lechuza y que lo mirabas todo con atención.

Unos meses después sigues tú evolución normal, el pediatra dice que vas según el calendario, pero a nosotros nos das bastante trabajo. Lloras mucho por la noche y te despiertas muy a menudo. Cada vez que te despiertas sé que será al menos una hora justa de estar paseándote y meciéndote en brazos hasta que te duermas. Luego ponerte en la cuna sin que te des cuenta. Si te das cuenta hay que empezar otra vez al principio de la hora y a veces ocurre. También ocurre que me oyes cuando me voy y vuelves a llorar. Normalmente duermes nervioso, te das muchas vueltas y golpes con la cuna y hemos puesto protectores por todo el contorno.

Eres muy estricto con los horarios. Estás sobre mi cama jugando conmigo y de repente dejas de jugar con los peluches que te enseño, te pones serio y lloras de golpe. Miro el reloj y es la una en punto y a esa hora suelo darte la comida. Es como si llevaras un reloj encima y cuando da la hora en punto si no ocurre lo que esperas protestas y mucho.

A los cuatro meses y medio te sale tu primer diente y a los cinco el segundo. Estás muy mono. A los once meses aprendes a caminar. Llevabas una temporada gateando y explorándolo todo, ya llevas unos días que casi lo consigues. De repente una tarde a las seis te sueltas y pones de golpe a caminar de una habitación a otra. Yo llamo corriendo a mis padres para que vengan y cojo la cámara para recordar ese momento. Mis padres llegan corriendo. Tú te pones a caminar sin parar arriba y abajo y no paras de las seis a las nueve sin parar, tres horas seguidas sin descansar nada. Esa noche dormiste rendido. Entonces yo no tenía referencias, pero supongo que debería haber pensado que eso no era muy normal.

Te llevamos al parque y juegas solo, lo haces al lado de los otros niños, pero no con los otros niños, de hecho ni les prestas atención. Tampoco hablas, dices papá, mamá, y poco más. Te haces entender perfectamente con gestos, o bien cogiéndonos de la mano y señalando con el dedo, ese dedito inquisitivo que tan bien te servía. Yo empiezo a inquietarme, algunas cosas aprendidas se te olvidan, como las partes del cuerpo.  Cuando te hablamos nunca fijas tú mirada en nuestros ojos, la rehúyes, y cuando pides algo sigues sin mirarnos.

Sigues siendo inquieto y muchas veces te da por hacer cosas o movimientos repetitivos durante un buen rato. También imitas las cosas que ves en la tele, eres capaz de tener puesta casi toda una peli sin prestarle caso pero no quieres que la quitemos, hasta  llegar a una escena en concreto y hacerla al mismo tiempo que los personajes y luego olvidarte otra vez de la pantalla.

Te operan de unos drenajes en los oídos. Tras la operación el otorrino nos comenta si no nos hemos planteado que tú fueras autista. Pensamos que el médico está majara y se nos olvida ese comentario, por desgracia muchos años después lo recordaríamos de nuevo.

Entras en la guardería del cole y sigues sin relacionarte con los niños. No estás quieto ni un momento, desde que te levantas hasta que te duermes. Cuesta mucho dormirte y ya ni hablemos de hacer la siesta, hay que inmovilizarte hasta que te duermas del berrinche. A mí no me gusta demasiado este método, pero papá te lo hace. Yo me siento triste y voy a otra habitación, siento que algo no va bien y no sé que es. En el cole llaman para que te fuéramos a buscar, se han dado cuenta de que tienes fiebre. Me cuentan que te habías sentado y no te habías levantado enseguida y han pensado que si hacías esto es que debías estar enfermo. Yo no hago más que pedirles si juegas con los otros niños y si te comportas normal y la única respuesta que obtengo es que ningún niño evoluciona igual y de aquí no salimos. También hablo varias veces con el psicólogo del cole pero opina lo mismo que las profesoras.

Pasas al siguiente curso, acabas de cumplir tres años y aún llevas pañal y casi no hablas. La profe es nueva para ti pero no en el cole y sólo le preocupa que te tiene que cambiar los pañales, así que reúne a los papás y al psicólogo del cole. Me montan un pollo, me dan unas extrañas directrices. No puedes traer para merendar ni tu zumo ni tu yogurt, debes tomar pan y a ser posible muy tostado. No beber casi para ir más estreñido. Tomar mucho arroz y poca fruta y verdura. Tienes que decir pipí y caca sí o sí, por lo tanto si te manchas te tenemos que poner cara a la pared con la ropa mojada sobre la cabeza hasta que digas pipí o caca. A mí me escandaliza esto, habló con tú madrina, una amiga mía que es médico y con otra amiga mía que es maestra, me dicen que eso es una aberración y que si no estás maduro para quitártelos se debería esperar más. La maestra no quiere torcer el brazo, y sigue en sus trece insistiendo y el psicólogo también. Papá le hizo caso un día, recuerdo que esa tarde os encerrasteis en la cocina y te decía “di caca” y tú no querías. Yo acabé detrás de la puerta sentada en el suelo llorando pidiendo que me dejara entrar. Te tuvo una hora así y no dijiste nada. Decidimos pasar bastante de las recomendaciones del cole, pero nos pusimos con la operación pañal aunque no estuvieras maduro.  Al final después de muchas pesadillas te quitamos los pañales, pero tú no estabas preparado y te hiciste pipí en la cama durante mucho tiempo, incluso de más mayor, sobre todo cuando te ponías nervioso. Te sabía mal y te avergonzaba pero no podías evitarlo. Para compensar lo de los pañales te ponías horas y horas en el orinal, te pasabas casi toda la tarde sentado en él en la sala. También empezaste a vomitar y provocarte el vómito cuando te ponías nervioso o te reñían.  Más adelante a eso de los seis años, tendrías episodios en los que por los nervios te provocabas vómitos de todo lo que tomaras, incluso agua, te duró mucho tiempo y estábamos desesperados. Por suerte un día se te paso. Nos dijiste que lo hacías porque un niño del cole te había llamado gordo y tú lo vomitabas para no engordar. Mamá te explicó muchas cosas sobre la alimentación y por suerte dejaste de hacerlo.

Pasamos por varios médicos, porque mamá veía que algo ocurría. Te hicimos pruebas de oído por si eras sordo y por eso no hablabas. Pasamos por varios pediatras más experimentados a los que nos derivó tú pediatra, fuimos a unas psicólogas, fuimos a un neurólogo de adultos y esté nos referenció a otras compañeras, pero estas también dijeron que ellas trataban niños más mayores y  finalmente te derivaron a una neuropediatra . Ella te observó, te hizo unas pruebas de andar y otras que no recuerdo. Iba redactando en el ordenador, nos sacó un informe y nos pidió que lo leyéramos y luego nos lo explicaría. Tú estabas en el suelo jugando con unos camiones, entonces empecé a leer palabras como autismo, ítems, T.G.D. , problemas de comunicación, lenguaje, hiperactividad… yo no entendía nada, mi pequeño sólo hablaba poco y debía ser tímido y no jugaba con niños, pero no podía ser que mi niño tuviera todo eso, la mayoría de las cosas no las entendía. Entendía las palabras pero no podía entender que se refirieran a ti, y tú estabas allí al lado de nuestros pies jugando con el camión.  La doctora entró y nos explicó un montón de cosas, fue muy difícil de asumir y yo sentí que mi corazón se iba rompiendo por en medio y los ojos se me llenaban de lágrimas. Desde entonces mi corazón ha estado herido y lo he ido curando con tiritas, con pequeñas esperanzas y pequeños pasos, pero también con muchísimos retrocesos y muchos problemas, entonces las tiritas caían y los ojos se volvían a humedecer y tenía que buscar fuerzas de cualquier parte para poner una nueva tirita e intentar no derrumbarme delante de ti. Cuando llegué a casa les leí en voz alta ese informe a mis padres. Recuerdo que los dos lloraban como si te hubieras muerto y yo no hacía más que secarme las lágrimas y seguir leyendo mientras se lo iba explicando e intentando que no pareciera muy grave.

Esos primeros días fueron muy duros. Era verano. La de conferencias que puse con mi amiga de Barcelona, la doctora, y con mi amiga la maestra. Papá no se lo quería creer, decía que la doctora no sabía de que hablaba y que tú eras un superdotado y como todo te aburría pasabas. Yo le decía que me parecía que de superdotado nada. Antes de empezar el siguiente curso me fui al cole a ver al psicólogo y le tiré el informe sobre su mesa y le dije “llevo dos años diciéndoos que el niño no juega con los otros y no habla y lo único que os ha preocupado es que le quitáramos los pañales, pues mira lo que tiene”  Lo miró y me dijo que él no era quien para hacer un diagnostico. Le respondía que podía ser que no lo fuera, pero que si yo sin ser psicóloga veía algo raro era una vergüenza que a ellos se les hubiera pasado esto.

A los pocos meses de tú diagnostico, mamá le dijo a papá que quería separarse. El matrimonio hacía años que no iba muy bien y ya no había forma de solucionarlo ni tenía remedio. Tú nunca tuviste nada que ver en ello. Nos quedamos los dos en casa. Fue una etapa muy dura. Estaba sola contigo y fue casi de dos años.

Seguías sin dormir por las noches y cuando me metía en la cama sólo pedía  y rezaba para que esa noche fuera diferente a las demás, rezaba con toda mis fuerzas, pero ninguna noche era diferente. Al poco de haberme acostado parecía que tuvieras un radar y empezabas otra vez  y otro día más volvería a ir a trabajar sin casi haber dormido. Era incapaz de dejarte ni un momento solo. Para poder ducharme, cosa que hacía cuando podía, tenía que pedir a mis padres que vinieran media horita porque no me atrevía a perderte de vista, me sentía como si tuviera que mendigar el derecho a poder estar limpia. Para bajar la basura lo hacía cuando dormías y lo hacía casi corriendo ya que no era capaz de dejarte unos minutos solo aunque estuvieras en la cama. Un día oí un ruido de silla en el recibidor y fui corriendo a ver que pasaba, te encontré subido sobre la repisa de la ventana apoyado en la persiana, habías abierto el cerrojo pero tuve la suerte que esa ventana tenía un gancho para cuando aireaba y el gancho estaba puesto y eso impedía que la persiana se abriera del todo y no te caíste de milagro. Al día siguiente esa ventana ya tenía puesto un cerrojo de maleta y las demás puertas y ventanas de casa todas con cerrojos y pestillos. En esa época desarrollé un sentido del oído para los ruidos o los silencios insospechado.

Sobre la escolarización de nuestros hijos (2ª parte)

9 Oct

Yo os confieso que en el caso del mayor tanto cuando elegí escoleta como con el cole, lo que priorizamos fue que estaba al lado de casa, que había una tradición familiar (Terremoto era la cuarta generación de la familia) que tenía todas las ramas habidas y por haber en el centro, que tenía comedor, guardería por la mañana y extraescolares si se necesitaban, que se supone sabía como funcionaba (luego me llevé un buen chasco de así como funcionaba en mi época a como lo hacía ahora) y que además el cole tiene muy buena fama y lo cierto es que es uno de esos que se meten de ostias para entrar allí a los nenes.

Pero hicimos un gran fallo, lo confieso, el peor de todos, no tuvimos en cuenta la prioridad más importante de todas, mea culpa. Y esa prioridad era ver si el cole le podía ir bien al niño y si mi niño era el adecuado para ese tipo de cole. Se me parte ahora el alma cuando pienso que si a la hora de equilibrar la balanza, ese peso debía haber sido mucho más gordo y pesado que los demás, la evolución y los problemas que luego tuvo mi peque podrían haber sido diferentes o al menos mucho más llevaderos y saludables. Estoy preparando una entrada sobre mi mayor, posiblemente la publique mañana, os advierto ya que va ha ser muy dura, no creo que esta vez os haga reír, me ha costado mucho escribirla y si fuera posible me gustaría que al menos intentarais leerla para que remotamente os pudierais hacer una idea de lo que les ocurre a los nenes que son como el mio y lo que viven sus familias con ellos. Dicho esto dejo de hacer spoiler y volvemos al tema de hoy.

Cuando rellenas esos papeles en los que eliges no recuerdo ahora si son cuatro o cinco centros, hemos de ser realistas. También tenemos que tener en cuenta los puntos que dispondremos a la hora de poder optar a una plaza. No pretendamos entrar en algo super-mega solicitado con los tres desgraciados puntos de residencia, salvo que tengamos la potra de que nuestro nene sea el primero con la letra del apellido en el sorteo. Lo más probable es que tengan más posibilidad en entrar los nenes con hermanos mayores, exalumnos (si se valora), hijos de profesores o todo aquello que se pide. Hemos de valorar las posibilidades y seremos realistas no pensemos en un si pudiera ser, porque que esto ocurra es extremadamente escasa.

Si la primera opción no sale, es posible que la que hemos puesto en segundo (y ya no hablemos del tercero, cuarto lugar) estén también copadas y nos encontremos que el niño no tiene plaza en ningún cole y se nos asigna lo que quede. Más vale buscar otra opción o valorar posibilidades que no quedarnos colgados porque hemos sido muy selectos. Por eso no está de más hablar con el cole, ir pidiendo si lo tenéis tan justo y saber cuantos nenes lo han solicitado. No os dirán los nombres evidentemente pero no es extraño que al menos te digan el número de solicitudes que tienen hasta el momento y las plazas de que disponen. Si tenéis más puntos de los tres de residencia, os podéis arriesgar a tirar instancia para un cole que sabes supera sus plazas, si sólo tenéis lo mínimo, al menos pensadlo un poco antes de tomar vuestra decisión.

Los milagros existen, pero dejémoslos para los que los necesitan muchísimo más que nosotros. Así primero ser realistas y luego pensar en el niño, sobre todo eso.

Podemos encontrarnos dos tipos de cole (y no me estoy refiriendo a público/concertado, laico/religioso ni nada de eso) me estoy refiriendo a los mega centros y a los centros más digamos familiares.

Los megacentros como les digo yo son generalmente esos con mucho espacio, con una diversidad de servicios y que tienen todas las ramas deseadas para que el niño entre y no salga de allí hasta que entre en estudios superiores o se busque un trabajo. Son centros que suelen tener un gran número de solicitudes porque precisamente tienen varias líneas por etapa con muchas plazas, eso hace que entren muchos, pero también que muchos se queden sin plaza y con el consiguiente problema de que nos dan lo que queda. Suelen tener un cierto prestigio social (no necesariamente) que las aulas suelen ser grandes con mucho niño (no nos engañemos, eso puede ser algo bastante general en todos los sitios), con unos servicios de comedor, en la mayoría de los casos tipo cáterin bandejas calientes, y en más ocasiones de las que uno piensa con espartanos turnos de comedor donde el niño tiene tantos minutos para comer , algo normalmente frio y en bandeja metálica sin plato siquiera y luego arreando que es gerundio hacia el patio que toca el segundo turno de engorde y cebo de los niños. En esos centros los niños sólo conocen a los de su clase, como mucho a alguien de los cursos superiores, por eso de que los peques siempre se fijan en los mayores, pero es muy difícil que todos los niños del centro se conozcan entre sí por sus nombres y apellidos y sepan donde está cada uno. Suelen ser centros donde la entrada y salida de los centros es una operación retorno de agosto en miniatura cada día. Donde los padres aparcan como pueden y dejan allí los niños y salen corriendo que no les pongan una multa. La posibilidad de hablar con la profe en esos momentos es muy difícil y siempre teniendo que esperar y que sea un comentario corto. Son centros donde las actividades y servicios se suelen cobrar a precio de oro, porque señores, si no se cobraran a precio de oro el cole no tendría el prestigio que tiene. Son centros en los que el profesorado no siempre se puede centrar en un sólo niño si este tiene problemas, porque si no deja a los otros 29 tirados y si se centra en esos 29, el niño que tiene dificultad y los padres no pueden costearse alguien que se lo explique a su nivel a la salida de clase, normalmente lo que se dice en el aula les suena como si las clases se estuvieran dando en chino mandarín y como no entienden nada desconectan y acaban abocados a un lamentable fracaso escolar. Luego también están los niños que no llegan a tanto pero sí que están desmotivados y se aburren, son esos que lo suspenden todo para setiembre y que con el repaso del verano las sacan todas o al menos una buena parte.

No necesariamente se de todo esto que acabo de exponer en los megacentros, pero sí hay muchas posibilidades de que ocurra. Por lo tanto, esos centros son los más indicados para niños bastante espabilados, que no tengan grandes dificultades a la hora de relacionarse, de adquirir conocimientos. Para los que con más brillantez o menos vayan pasando las etapas, sin plantear grandes problemas al centro y que luego desarrollen sus otras habilidades creativas en otro momento que no sea el del aula.

En segundo lugar están los que denomino centros familiares. Normalmente tienen una línea o dos de enseñanza. Son centros donde posiblemente todos los alumnos puedan llegar a conocerse. Donde muchos padres viven en la zona y vayan a buscar los nenes a pie y hagan una charla a las salidas sin estar pendientes de que me van a multar el coche. Son coles donde lo del cáterin no les compensa y suelen tener una cocina con cocinero que prepara el menú, suelen comer todos en un mismo turno y en platos de loza, no con la comida en plan rancho dentro de las bandejas de metal. Son centros donde no suele haber unas ratio por clase tan elevadas. Donde el personal docente puede tener la oportunidad de comunicarse mejor con los padres si se detecta un problema e intentar darle una solución. En pocas palabras, suelen ser centros donde un niño es una persona, no el nº 28 de 4º-D de primaria. Evidentemente, en esos centros también puede darse el fracaso escolar, el que sea pequeño no les da más ventajas a la hora de los milagros, pero si los padres se interesan y son de los que realmente se preocupan por sus hijos y no pasan, tienen más oportunidades de que esa comunicación para buscar soluciones sea más fluida y menos dolorosa para el niño.

Mañana conoceréis una gran parte de la escolarización de mi hijo mayor en un megacole. Ahora os diré como ha ido con el peque.

Primero, pasé de quedarme con el más cercano. Sí que tuve en cuenta horarios y servicios tipo guardería por la mañana y comedor que fuera casero. Empecé a situar todos los colegios en un radio aceptable desde nuestra vivienda y fue entrando en sus webs viendo que tipo de enseñanza daban, como la planteaban y que ofrecían no a la familia, sino al niño. Estuvimos buscando unos días, hasta que una mañana le digo a mi pareja. “He encontrado uno que nos recomendó la psicóloga del mayor una vez y que resulta que además de darles un temario les enseñan a pensar y a valerse por ellos mismos” Juntos miramos la web, en efecto, los niños no sólo se desarrollan como estudiantes, también lo hacen como personas. Los más mayores apadrinan uno de los pequeños y durante dos años son sus ahijados para las actividades comunes. Hacen muchas salidas, tienen un pequeño huerto y lo que cultiva se va a la cocina, taller de carpintería y herramientas, básico pero sabrá que es un martillo y como se usa. Tienen actividades para saber leer, saber escribir, y lo que es mejor, entender y comprender todo aquello que lees y escribes. Se comunican por agenda y la comunicación correo electrónico con los padres es abrumadora. Así que pedimos una cita y al cabo de tres días la directora nos reunía a un grupo de padres para enseñarnos el cole y explicarnos su plan de formación y las prioridades del centro. También nos dio información y una tarjeta suya con el correo electrónico del cole y el suyo propio para respondernos a las preguntas y dudas que nos surgiera mientras pensábamos a que centro apuntar al peque. Es una cooperativa y no se si será por eso pero lo cierto es que estamos encantados, a la vista está cuando vamos a buscar al Tsunami que en ocasiones llora porque se quiere seguir quedando de lo bien que está.

La mejor respuesta de todas la tuve en mi hijo cuando un día le pregunté que hacían en el cole. El pequeñajo muy orgulloso y sin pensárselo dos veces me dijo “En el cole disfrutamos“.

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