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La estación de los proyectos: cosiendo capas para príncipes y princesas

17 Ene

Recuerdo perfectamente la cara que pusieron la primera vez que me vieron. Su rostro pasó del escepticismo, del pasotismo más absoluto, de la burla total, al asombro, la incredulidad, la admiración y finalmente el esperado “¡¡¡Ohhh!!!!” luego una sonrisa no muy segura de si misma y de si lo que veían era cierto o un espejismo, el levantarse del sofá y girar a mi alrededor con cierto temor a tocarme con la temblorosa punta de sus dedos por si la aparición se desvanecía. Finalmente consiguieron articular “Mamá. Estás preciosa”.

Lo recuerdo perfectamente, las dos veces ocurrió lo mismo, aunque la que más impactó de las dos fue la vez que Terremoto descubrió que su madre era una princesa, un hada de la noche.

Cuando una es una mamá normalita esas cosas no suelen ocurrir, pero cuando una es una mamá friki cualquier cosa es posible. Posees además una magia especial y en mi caso un armario con ciertos vestidos que en ocasiones pueden resultar ser mágicos sobre todo a los ojos de un niño. La primera vez fue una tarde-noche de invierno. Terremoto estaba borde y yo bromeaba con él. Entonces se me ocurrió, no se muy bien porque, decirle que su madre era una princesa, una hada de la noche y que si no se portaba bien haría magia. Mi pareja me miró y sonrió. Él sabía a que me refería cuando decía que yo era una princesa, una hada de la noche. Durante mucho tiempo cuando cortejábamos a distancia, de noche por el chat, yo solía decir que era un hada de la noche que aparecía por arte de magia en la pantalla de su ordenador. Cosas de enamorados. Aunque realmente mi personaje era el de una princesa élfica, una princesa madre y guerrera con mucha sabiduría y personalidad. Idril, la hija de Turgon, la princesa de Gondolín.

Esa tarde sin más entré en mi dormitorio, abrí esa puerta del armario que no solía abrir habitualmente en la que una guarda los vestidos con los que normalmente no sale a la calle y me vestí con mi primer vestido de elfa que tuve. Un vestido precioso que me tunee, con el cuerpo azul celeste que bordé y mangas de gasa que colgaban haciendo pliegues, la falda azul turquesa con una tela muy brillante, unos zapatos turquesas y una capa veneciana plata brillante con un broche de pedrería reluciente. También me puse mi tiara y mis joyas de princesa noldor y así de esta guisa salí radiante al comedor. Entonces Tsunami aún no estaba entre nosotros, por eso cuando un día hice una aparición parecida con el peque Terremoto se apresuró a decirle “prepárate, que mamá es de verdad una princesa ya verás”. En ese caso la cara de admiración de mi pequeño fue más intensa y acabó tirándose a mis brazos emocionadísimo de tener una mamá princesa. Lo divertido fue al día siguiente que lo contó a todo el colegio y nadie sabía de qué hablaba.

Si señores, tener ciertas aficiones y estar en una sociedad literaria con fiestas molonas y cenas de gala tiene eso, que uno acaba con útiles, complementos y vestidos que no se encuentran normalmente en la mayoría de los hogares. Al menos no en la mayoría de hogares no muggles como diría cierto mago. Con el tiempo he ido teniendo otros vestidos, tres para ser exactos, el azul turquesa, el naranja y uno negro dorado y rosado con mucha pedrería que cosí una a una. Mis vestidos han sido comprados, el azul y el naranja para unas bodas, el tercero lo vendían como disfraz de bruja pero después de que pasaran por mis manos no parecían los mismos. Los he tuneado a mi manera como buenamente he podido. Mis conocimientos de costura improvisada no llegan a tanto. Mi primera capa, la veneciana, la compré y cambié el broche. El vestido naranja venía sin mangas, así que compramos una gasa naranja y una amiga mía me ayudó (bueno, lo cierto es que lo hizo todo ella) a ponerle mangas vaporosas y con lo que sobraba le montamos (esta vez entre las dos) un cinturón. Pero el pobre no tiene capa. Una vez me prestaron una preciosa naranja y dorada, pero sólo me la prestaron. Es una pena, un día tengo que hacerle una parecida a esa, porque era una pasada. El tercer vestido tiene una capa dorada, pero es muy sencilla aunque resultona y esa sí que la hice yo solita. Lo que en su momento hice fue el vestido de mi pareja. Busqué las telas, los patrones y me puse manos a la obra. Acabé haciendo una imitación de cota de malla pero en tela, aunque debido al tipo de tejido actualmente no suele usarla porque se engancha y queda fea. Han pasado ya muchos años. También hice una sobrevesta verde oscuro y una capa preciosa con mucho vuelo color granate. Yo tome medidas, corte la tela y la embasté. Luego mi madre me pasó a máquina todas las costuras y le puso un cuello mao a la sobrevesta. Después con hilo dorado y plateado, le bordé en el cuello de la sobrevesta las iniciales en élfico de su pseudónimo. El conjunto está muy bien y la capa queda muy majestuosa cuando anda. El problema es que la capa es de una tela algo fina y cuando vamos a un evento en invierno las capas con consistencia y gruesas se agradecen.

Este año como os comenté y os contaré en un próximo post, el grupo de Mallorca y el de Zaragoza fuimos los encargados de organizar la XIX Mereth Aderthad o más conocida por todos como EstelCon. Tendría lugar en tierras mañas y sería la primera semana de diciembre. Vamos, en esos momentos en los que el cierzo y el frío suelen hacer estragos en los cuerpos mediterráneos como los nuestros. Es tradición que el penúltimo día de toda EstelCon, por la noche, se organiza lo que llamamos una cena de gala, en la que los participantes van vestidos con sus galas de honor correspondientes al personaje del que toman el nombre. Es quizás uno de los actos que más llama la atención a los “muggles” Algunas personas tienen muchos vestidos, otros unos pocos o sólo uno que es el que siempre llevan. Hay de todo. Si alguna vez alguien tiene necesidad de hacer una capa, como fue mi caso cuando hice la de mi pareja y la mía, el mejor consejo que puedo darles es que recurran a la página web de una de las chicas de Valencia, Baya de Oro. El Taller de Baya de Oro es una página muy conocida y muy completa, en la que te explica de una forma sencilla cosas muy complicadas. Siguiendo sus instrucciones uno es capaz con tiempo y paciencia (salvo que tengas algo de rodaje en el tema de la costura y entonces tardas menos) de hacerte auténticas chuladas. Es una pena que las labores maternales no le dejen tiempo para actualizar cositas en esta página, es lo que tiene ser mamá.

Ahora os tengo que hablar de dos personitas que conocí el 2013. Son dos hermanas gemelas que se vienen muy a menudo a nuestras actividades. Son dos enamoradas de las telas, los hilos, los encajes, las pasamanerías, los bordados. Estoy segura que si no tuvieran que ganarse la vida disfrutarían haciéndose vestidos. Vestidos de esos con los que normalmente una no suele ir a la calle y mucho menos al supermercado del barrio. Estas chicas se complementan a las mil maravillas, no se si el hecho de ser gemelas ayuda, pero lo cierto es que E. es una auténtica artistas con los patrones y las telas. Toma medidas y saca las piezas, las corta y mientras S. los lleva a la máquina y hace que la magia de la costura se complete. A medida que el hilo va uniendo las piezas el traje se va acabando, saliendo de allí cualquier maravilla que podáis imaginar. A la hora de buscar una tela o un hilo, S. tiene un don especial para buscar los colores adecuados, tanto si buscas que se compenetren con total armonía o bien con intencionado contraste. Se para, mira todo el surtido de colores y muy segura te dice “este hilo para esto, este para esto y esto con este otro” y señores, no falla, esto que puede parecer fácil de hacer, no lo es para nada. Ambas hermanas están en muchos grupos de recreación: recreación medieval, recreación vikinga, de recreación escocesa, de recreación Tudor, de recreación del siglo XIX, de Stars Wars, puede que alguno más y ahora del mundo Tolkien. Como podéis imaginar su rincón de los vestidos es de lo más variopinto y eso que yo sólo he tenido el honor de ver un lugar, algo caótico eso sí, donde tienen un montón de ellos. Desconozco si en su casa disponen también de algún otro armario mágico y no precisamente como el que conducía a Narnia, pero tampoco me extrañaría que el día menos pensado alguien pudiera llegar a ese mundo entrando en uno de sus armarios mágicos.

Pues bien. Este verano una de estas hadas de la costura nos propuso hacer un taller de capas para renovar o completar nuestro vestuario para la Estelcon que estábamos montando. Al principio el taller se fue demorando. Esta visto que la nuestra no ha sido la única casa que se vio el año pasado inmersa en una estación de proyectos. Por ese motivo el taller de capas tuvo lugar tan sólo unas pocas semanas antes que la Estelcon. No todos nos apuntamos, pero en nuestro caso decidí (porque sabía que quien se lo curraría al final sería mi menda leyenda) que los tres renovaríamos capas. Abro un pequeño paréntesis para decir que ese taller me encandilaba especialmente. No sé muy bien porque siempre he sentido una debilidad por las capas. Siempre me han gustado los personajes que llevaban capas, la de Drácula, la de Darth Vader, la de Batman, la de John Nieve y la última que acabo de fichar en mi lista de capas chulas, la plateada de Thranduil. Ver su caída, el vuelo de estas al andar. Es algo que me enamora y me sigue enamorando. Supongo que por eso encuentro tan arrebatadoramente guapo a mi pareja cuando se viste para una cena de gala. Ains…. Que pena que una no pueda ir por la calle con capas… snif, snif… sería feliz.

Así pues quedamos un sábado por la mañana en una tienda de telas y paños que también recomiendo por si alguien tiene algunas de estas sucursales cerca de su domicilio. Se trata de Ribas i Casals. Entrar allí te descoloca, uno no sabe muy bien por que tela decidirte. Salvo quizás mi pareja, otro chico que también se apuntó y Tsunami. Ellos si que fue llegar y besar el santo. Entraron fueron directamente a los rollos de lana y dijeron “yo este color”. El chico eligió un verde oscuro, mi pareja un color granate muy parecido al de su capa más fina y Tsunami, como no, un azul pitufo para su capita. Yo estaba más dispersa, pero al final me centraron tras saber exactamente lo que quería y me compré una tela que no era lana, no se deciros el nombre, pero era muy bonita y en verde pistacho. También compré unos cuantos metros de una tela granate brillante para un día de estos intentar hacer o que me ayuden ha hacer un vestido nuevo tipo túnica. Lo cierto es que nos gastamos un dineral en telas, porque la lana no era precisamente muy barata. Pero como decían las chicas “tenéis que plantearos eso como una inversión, una capa de estas va a durar años y años y posiblemente puede que algún día hasta Tsunami herede la capa de su padre”.

Así que con esas visiones futuristas de ir formando el legado familiar que dejar a nuestro pequeño, fuimos a un local donde montamos nuestro taller. Desplegamos telas y tomamos medidas. La primera fue la capa verde oscura. La habían elegido para hacer un tipo de capa vikinga rectangular y fue muy rápida de montar y a su dueño le quedó chulísima. Ese día llevaba un bigote y llevaba camiseta de manga corta. Cuando se sentó con la capa sobre el hombro tenía todo el aspecto de un auténtico galo. Parecía como si se hubiera pasado media vida llevándola. Las chicas le prestaron una fíbula vikinga que tienen y la estuvo llevando un buen rato para hacerse con ella, que le cogiera la forma y ver si se sentía cómodo. Ahora sólo le faltará a su dueño, buscar una fíbula para lucirla. La segunda que se montó fue la de mi pareja. Esa llevó un poco más de trabajo, sobre todo porque había elegido que fuera una capa circular. Seis metros de tela de lana se uso para hacer la capa, no veáis lo que pesa. Eso es mucha tela que manejar, pero el resultado fue espléndido. Pero cielos. ¡Que bueno que estaba mi churri! Para rematarlo, E. entró en su santa santorum de los vestidos y salió con un trozo de tela de peluche o imitación de pelo de piel. Se la regaló y la cortaron para que la pudiera llevar en el cuello sobre los hombros y no os digo ya lo chulo que quedó Cuando pueda tengo que cogerle los bordes, forrarla y cosérsela definitiva. Espero este año hacerlo pronto. Al mediodía nos fuimos a una mercería a comprar unas pasamanerías concretas para las capas de papá y el peque que también cosieron entre el sábado y el domingo. La tercera capa fue la del peque. Para Tsunami se hizo una capa de semicírculo parecida a la del padre pero con algo menos de vuelo. Una monería ya juzgarán ustedes. También habíamos comprado para Tsunami una tela aguatinada y las chicas le hicieron luego en su casa una camisa de armar que fui a recoger la semana siguiente. Nuestro Tsunami estuvo para comérselo. Todo un pequeño príncipe hobbit como decía él.

Al día siguiente, domingo, fui yo sola al local. Papá se quedó con Tsunami, así que sólo fuimos las tres. Seguimos cosiendo e intenté ayudarles con los remates y todo aquello que sí se hacer. Porque después de coser a máquina hay que coser con punto invisible el trozo de tela que hay dentro, ya que las capas se abren al caminar y se ve. Vamos que queda bastante trabajo de rematar si deseas dejarlo perfecto. Para mi sorpresa cuando llegué me encontré con que se había puesto a sacar patrones para la mía. Yo había elegido un tipo de capa bizantina y esa si que llevó algo más de trabajo de hacer piezas y coserlas. Me pasé todo el domingo con ellas cosiendo, charlando y riéndonos mucho. Fuimos a buscar unas botellas de cola y entre sorbitos, cortar telas, chafardeos, poner agujas, coser y quitar agujas, anécdotas y demás trabajitos nos pasamos gran tiempo de ese domingo como si fuéramos las tres parcas pero en versión buenas. Me diréis anticuada pero supongo que ese ambiente debía ser el que tenían nuestras abuelas cuando las mujeres eran las que cosían las ropas y no existían tiendas de modas. Ese día E. me contó que se había apuntado a corte y confección para poder hacerse esos trajes maravillosos que a ella siempre le habían gustado desde que era una niña. Tomó esa decisión al descubrir que si los quería comprar le resultaban demasiado caros. Por eso estuvo yendo a clases hasta que aprendió todo lo que realmente necesitaba, pero que nunca le interesó demasiado eso de hacerse ropa de calle más convencional. Supongo que para eso ya tiene las tiendas y los grandes almacenes. Bien mirado tiene su lógica. El domingo siguiente también nos reunimos las tres. Me había llevado “deberes” a casa y acabamos de rematar todo el trabajo, al menos que estuviera listo para poder usar. Tengo que darles las gracias a nuestras dos hadas de las costuras, primero por el buen rato que estuve con ellas. Segundo por los consejos que me dieron a la hora de coser. Y tercero por las magistrales piezas con las que salimos de allí. ¡¡¡¡¡Muchísimas gracias preciosas!!!!! ¡¡¡¡Sois geniales!!!!

Fuimos los tres muy bien pertrechados a la Estelcon. Mis hombres iban bien calentitos y yo aunque aún no tengo la capa acabada del todo, falta adornar, la pude llevar perfectamente para el evento. Espero este año poder dedicarme un poco a ella y buscar la pasamanería o puede que me anime a bordar algo y me gustaría que un día pudiéramos ponerle un cuello Mao, creo que le quedaría muy bien y tengo que buscarle un broche, que una chica de Madrid me ha enviado fotos y tengo que contestarle con el que me ha gustado. Ains… que no tengo tiempo y sólo hemos empezado el año. Vaya. Me parece que acabo de darme cuenta que tengo un nuevo proyecto abierto… y yo sin enterarme. Cachins.

capa

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Como conseguir aprovechar bien la ropa de los peques sin extenuarse en el intento: el hilo transparente y las agujas de ciego.

29 Abr

Algunas veces he comentado que mi madre sabia coser pero que no quiso enseñarme salvo que para enhebrar la aguja me pusiera ya el dedal. Mi menda, aunque no tuviera, los tenía muy bien puestos. Nunca he sido amiga de los dedales, no quise pasar por el agujero y me quede sin clases prácticas ni teóricas de costura materno-filial.  Pero no desesperéis queridos blogueros, porque la solución vino de manos de Sor Tolentina (aún no sé muy bien que nombre era ese pero así se llamaba la monjita y no he conocido más Tolentinas en mi vida). Era la encargada en el cole de introducirnos en el difícil mundo de “sus labores” y digo introducir porque realmente no es que fuera mucho lo que nos enseñó. Pero en comparación con las instrucciones que recibí de mi señora madre, aquellas clases fueron algo así como un postgrado-master-administration-en-el-arte-de-coser. Lo más importante, o al menos lo que me ha servido más en la vida y aún me acuerdo de ello y pongo en práctica de tanto en tanto es hacer ojales, hacer punto de cadeneta, punto de  cruz y coger dobladillos.

Ojales… ojales… ojales… no es que haga muchos, pero el punto de los ojales se pueden aplicar en ocasiones a otros zurcidos, cosidos o disfraces. Al punto de cruz y al de cadeneta les he sacado más provecho, sobre todo para poner el nombre de la progenie en sus respectivos baberos del cole.  Hmmm… rectifico. Al punto de cruz y al de cadeneta le he sacado partido para poner el nombre en los baberos de Terremoto. Con Tsunami una ya era una madre experimentada que había pasado por la penuria de tener que bordar miles de veces un nombre no muy largo y un apellido larguíiisiiiimooo. Teniendo en cuenta que el padre de Tsunami tiene un apellido aún mucho más largoooo que el de Terremoto, pues me espabilé a buscar soluciones prácticas. Fue así como se me ocurrió reciclar un bote de pintura de tela, jejeje, que queréis, a problemas desesperados medidas desesperadas. A Tsunami le pinto el nombre, espero a que se seque y luego lo plancho y cha-chán, problema solucionado.

Pero del que más he sacado provecho ha sido sin lugar a dudas el de coger dobladillos, sobre todo de pantalones. Vamos, que ha hecho que con los años haya ahorrado una pequeña fortuna a base de no tener que pagar los seis euracos que te cobran por cada pata acortada. ¿Qué queréis?, hay que llegar a final de mes con soltura y con la de pantalones que se gastan mis engendritos, es una labor doméstica que vale la pena conocer.  No es que mi técnica sea muy ortodoxa, un poco de lo que me acuerdo, otro poco de lo que recuerdo hacía mi madre, otro poco de cosecha propia y algo de improvisación/evolución de todo el mejunje. Pero no os voy a aburrir explicando cómo se coge un dobladillo. Para eso hay un montón de sitios en internet donde lo explican mucho mejor que yo, incluso con imágenes y todo.  Lo que hoy os vengo a contar es otra cosa, un descubrimiento que hice hace poco, apenas unos meses.

No sé si sabéis que cuando se hace un dobladillo tiene que hacerse con un hilo lo más parecido a la tela en cuestión y si es posible con un tono un poco más oscuro si no lo encuentras clavado. De esta forma y teniendo en cuenta la gran variedad de pantalones que han ido gastando mis peques una acaba teniendo una colección de hilos relativamente considerable. Algunos se han aprovechado más de una, dos y tres veces. Pero otros, ufff… otros es otra historia, porque para un simple dobladillo una se ha tenido que comprar a veces algún color peculiar que rara vez ha sido otra vez aprovechado. Es un auténtico tostón, un gasto y ocupan un lugar relativamente abultado en mi costurero. Además, cuando un día tienes una urgencia y no tienes el color has de salir escopetada en busca de ese hilo en concreto.

Entenderéis ahora porque cuando hace unos meses estando en la mercería que hay cerca del trabajo me quedé flipada cuando oí a un cliente que había antes que yo pidiendo hilo transparente. Cuando me tocó a mí le pregunté a la dependienta que era eso. Ella me dijo que no era nada nuevo que hace años que lo tienen. Es muy posible y puede que muchas os estéis riendo como unas descosidas diciendo que esta que os escribe no se entera de nada y que acabo de descubrir el agua corriente. Pues señores, sí, no lo conocía y acabo de descubrir el agua corriente. Porque digo yo, que alguna vez se han de descubrir las cosas, sobre todo las transparentes que no se ven. La chica de la mercería me dijo que había dos “colores”, uno transparente para coser sobre ropa oscura y otro transparente para coser sobre ropa blanca o de color claro. Para los que como yo no lo conozcáis es una especie de hilo como el de pescar pero muy fino, como un cabello. Se trata de un hilo muy resistente y ante la curiosidad por una parte y las ganas de no tener más rodillos de hilo por el costurero, sucumbí a la tentación y adquirí un rodillo de cada “color”.

Desde entonces lo he ido probando con unos cuantos pantalones y demás rotos varios proporcionados por la activa vida de Tsunami que con lo movida que es, ha dado para varios cosidos y desgarrados en estos meses.  El resultado ha sido fabuloso. Tiene muchas ventajas. Entre los dos “colores” se han cubierto todas mis necesidades de hilos. Es resistente, así que no se rompe y también no se enreda cuando coses. No sé si os ha pasado que al coser el hilo hace un nudo que al intentar deshacerlo acabas rompiendo el hilo y volviendo a empezar. Puede que yo sea la única a quien le pasa, pero es algo que de tanto en tanto me pasa y siempre en los momentos con más prisa, ya sabéis que el tal Murphy me tiene puesto el ojo encima. Así que estoy contentísima con el descubrimiento de estos hilos. Tan sólo tienen un problema. Mi menda cuando tiene tiempo de coser o al menos la vida me lo permite es por la noche, cuando los dos nenes están en la cama y nosotros ya hemos cenado. A esas horas no es que una le apetezca precisamente ponerse con ello pero es cuando una puede ponerse en ello. Así que saco el costurero, tomo un aguja, corto el hilo y… uff….. Y entonces es cuando intento enhebrar la aguja. Con los hilos normales no hay problemas, pero… ¿alguna vez alguien ha intentado a altas horas de la noche cuando una ya tiene vista cansada intentar enhebrar por un agujero pequeño un hilo transparente? Pues sinceramente, no es fácil. Rectifico, no es nada fácil. La única forma de hacerlo era conseguir tener de fondo un color que contrastara y consiguiera ver de alguna forma el hilo y pudiera enhebrarlo. Así que tenía un material muy bueno que usar pero me costaba usarlo.  Pero mira por donde las coincidencias volvieron a mi vida y esta vez de manos de quien menos me esperaba, de la persona más poco preparada para dar consejos de costura. De la persona que cuando tiene que acortarse un pantalón bien recurre al celo, a las grapas a darles la vuelta, a poner imperdibles o a pedirles a sus compañeras de trabajo que le den una cosidita. Esta vez, la solución de mis problemas vino de manos de mi ex. ¡Sí!. Habéis leído bien, de mi ex, del padre de Terremoto.

Un día estaba hablando con él y me comentó que estaba empezando a aprender a usar la aguja y el hilo. Me contó que nunca cosía porque no sabía enhebrar una aguja y para ello se pasaba como unos veinte minutos a media hora para lograrlo y como le costaba tanto ponía unas enhebradas larguísimas y siempre tenía problemas luego, desde tener que pegar tres estiradas antes de pasar todo el hilo, hasta que se le rompiera o enredara. Pero resulta que ahora ya no le daba pereza enhebrar las agujas con un trozo de hilo más razonable, porque una señora del cole de Terremoto le había desvelado un secreto. Usar agujas de ciego. Hmmm…. ¿y eso que es? Vale, vale, aquí es cuando nuevamente me podéis mirar con cara de tener una panoli delante. Según la de la mercería también hace años que existen y además deben ser muy solicitadas porque cuando fui a interesarme por ellas se le habían agotado y las tenía encargadas. De hecho me enseñó la libretita donde apuntaba las cosas para el pedido y allí estaban ellas apuntadas en segundo lugar “agujas de ciego”. Vale, acabad de descojonaros y luego os reincorporáis, que yo voy siguiendo con el relato.

Pues bien, las agujas de ciego, para quienes como yo las desconocíais, son agujas de coser normales vulgares y corrientes con su punta afilada en un lado y su agujerito en el otro extremo. La única diferencia estriba en que sobre el agujerito anteriormente descrito hay una pequeña o mejor dicho diminuta ranurita. Cuando colocamos sobre esta diminuta ranurita un hilo y empujamos hacia abajo el hilo hace un truco de magia magita con agujita y queda automáticamente enhebrado. Imagino que debe tener algún tipo de dispositivo tipo mosquetón tamaño bacteriano o vaya usted a saber qué. Resulta muy difícil apreciar el mecanismo con mi vista cansada de cuarentona pasada de rosca.

No me lo podía creer, sólo tengo que sujetar el hilo en mi dedo. Acerco la aguja por debajo pegadita a mi dedo. Cuando llega a la altura del hilo automáticamente este se queda colocado en la ranura, entonces presiono hacia arriba la aguja y ¡ta-ta-ta-chán! Aguja enhebrada.  Desde ese día mis costuritas han mejorado considerablemente. Me monto el mismo tinglado a la hora de coger los dobladillos, pero no tengo tantos quebraderos de cabeza a la hora de buscar los colorines del pantalón de turno. También los cosidos, que algunas rozaduras y algún pequeño roto se hace Tsunami a los pantalones recién estrenados, son más fáciles de solucionar y se notan menos. Que tampoco estamos para comprar pantalones cada quince días. Así que al menos de esta forma una consigue llegar a final de temporada con cierta soltura y afrontar la nueva temporada con sus consiguientes dobladillos de turno, con otra soltura que es de agradecer.

No sé si el hombre invisible a la hora de adecentar su vestuario usa estos hilos. Tampoco sé si el coche invisible de la Mujer Maravilla tiene los asientos de cuero traslúcido rematados de no “color” negro. De la misma forma, tampoco tengo muy claro si realmente los ciegos cosen, pero supongo que si lo hacen con estas agujas les deben ir de perlas. No me extrañaría que así fuera, porque muchas veces una queda asombrada al ver la de cosas que se pueden hacer cuando alguno de tus sentidos falla y potencias los demás. Sólo es cuestión de adaptarse, espabilarse, querer aprender, tener los medios necesarios y posiblemente algo más. Así que esta cuarentona con vista cansada os deja este pequeño truquito de costura para todas aquellas madres que como yo tengan un/una Tsunami en casa que les proporciona periódicamente material con el que rememorar aquellas lejanas clases de sus labores que Sor Tolentina nos daba cuando tan sólo éramos una niñas. Y colorín colorado, esta costura se ha rematado.

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