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De mis bodas

5 Feb

Antes de empezar abriré un pequeño paréntesis, tranquila Mari, no, de momento no me he casado de extranjis con tu hijo sin decíroslos, cerramos paréntesis y seguimos.

Hace unos días Mamimellis nos contó en un post como la habían invitado a una boda de una prima a la cual prácticamente ni ha visto en su vida y lo que opinaba ella de las bodas. Me hizo gracia porque hace unas semanas que nos anunciaron que para finales de agosto tenemos boda en Burgos y lo más seguro es que estemos invitados. En nuestro caso al menos la novia es algo más conocida. También es una prima de mi pareja, aunque en este caso se han visto y hablado más que un par de veces en su vida. Pero por otro lado tengo que confesar que lo de ir de boda a finales de Agosto que es cuando peor lo tengo y que tendré que llevarme a la familia en pleno y que Terremoto odia las bodas y tendremos que pagar cuatro pasajes, más el hotel, más el coche, más los trajes (que la boda del  hermano de esta chica no fue precisamente una boda sencillita) y luego el regalo y nuevamente el traslado y el sol y el calor y que en Burgos en agosto hace más calorcillo que en Mallorca (que ya hace)… pues sinceramente, me da una pereza impresionante, aparte que no sé cómo lo voy a tener en la cuestión días libres y niños libres.  Ya veremos. Así que entiendo perfectamente a Mamimellis.

No obstante, los comentarios que hacía Mamimelli sobre las meras representaciones y teatrillos en las que se convierten a veces las bodas o como le gustaban a ella, me recordaron un poco a mis bodas. Porque señores, yo he tenido en cierta manera dos bodas, aunque sólo vale una de ellas.

La primera, la oficial, fue por la iglesia con mi ex. Entonces yo tenía veintiocho años y gozaba de una esbelta figura. El salir de casa sin pasar por la vicaría era algo impensable e innegociable para mi madre. Por mi parte no había ningún problema ético en ello. Por parte de mi pareja era otra historia,  lo de la iglesia le sobraba y a su madre también, pero su padre prefería el modo tradicional eclesiástico. Así que buscamos una iglesia que nos gustó. Era muy bonita, estaba en un lugar tranquilo, fácil de llegar y con una gran zona de parking al lado. Tenía un altar precioso que me enamoró sólo verlo,  lleno de mosaicos dorados preciosos. Tengo que confesar que los mosaicos bizantinos me chiflan, así que en ese aspecto la iglesia era magnífica.  El cura nos empezó a hablar de no sé qué de un cursillo matrimonial que se suponía tendríamos que hacer durante no sé cuántas semanas. Entonces por pura casualidad mi ex se fijó en una inscripción en latín que había en la parte alta y rodeaba toda la nave central. Aún no me explico porque le dio por traducirlo en voz alta, supongo que para no oír al cura (ya os he dicho que él era bastante anti-iglesia y anti-curas) de hecho ha sido la única vez que le he oído traducir algo del latín…, de hecho, ni sabía que supiera latín… y mucho menos traducir algo. El cura cuando oyó eso se cómo emocionó y yo me sorprendí. Así que le cura decidió por las buenas que si alguien era capaz de entender algo en latín y sobre todo si ese texto estaba en su iglesia, debíamos ser unos buenos cristianos. Por lo tanto no necesitábamos ese, hasta hace apenas unos segundos, necesario e imprescindible cursillo prematrimonial. No recuerdo que debía decir esa frase, pero estaba visto que era la sinopsis perfectamente conjuntada de la esencia de unos cursos matrimoniales comprimidos en una sentencia. Así que una vez solventado el asunto iglesia, centramos nuestros esfuerzos en encontrar un buen restaurante, organizar todos los invitados (que no es moco de pavo), buscar vestidos, fotógrafo y montar el viaje de novios.

Si creíamos que el tema iglesia estaba solventado era que en eso de las bodas éramos novatos. La organización de la iglesia tuvo anexionado unos cuantos problemillas. No fueron muy complicados, pero sí curiosos. Por ejemplo, le propuse al cura si podíamos escribir nosotros las peticiones de la boda y se mosqueó un poco y me dijo que siempre que no pusiera que eso era así hasta que nos divorciáramos… Yo no sé qué había visto ese señor para decir eso… pero bueno… Le propuse también si un amigo de mi padre que sabía tocar el órgano podía hacerlo y me dijo que él lo tenía todo controlado y nadie tocaba el órgano. La sorpresa fue el día de la boda que en el mismo altar tenía empotrado un mando con el cual controlaba el aparato de música de la sacristía que ya tenía preseleccionadas las músicas e himnos de cada momento… eso sorprendió a todos. Pero el problema más curioso y casi apocalíptico, fue debido a la “decoración” del altar.

Resulta que nosotros nos casábamos dieciocho días antes de que empezara Pascua. Unos cuantos días antes de la boda fui por la iglesia y me encontré todo el altar lleno de damascos morados. En el altar había un crucifijo exento con un Cristo precioso y detrás de él había montado todo un teatro en plan lúgubre que no era precisamente discreto. A mi madre casi le da un sincope cuando vio aquello. Eso de que su hija se casara con el altar morado le daba mal yu-yu. Además para montar el teatrillo de detrás del crucifijo había quitado las cortinas de la puerta de entrada. Nos quedamos las dos patidifusas y le pedí a a que venía eso, y lo más importante para evitar que mi madre estallara cual Vesubio, si eso lo habría quitado el día de la boda. Me dijo que todo ese escenario era porque faltaba poco para Pascua y que no pensaba quitar nada y mucho menos el crucifijo, que a ver si teníamos algo en contra del crucifijo. Le contesté que evidentemente, contra el crucifijo no teníamos nada, pero que sí lo tenía contra todo ese tinglado morado de fondo en plan pantalla de cinemascope enlutada. Mi madre llegó descolocada a casa y entre espantos y sollozos se lo contó todo a mi padre. Mi padre tenía un amigo (que era el único de sus amigos que había invitado a la boda porque nos conocíamos desde hacía mucho tiempo y le tenía a él y a su mujer un cariño muy especial), este señor era el sacristán de la iglesia de San Miguel de Palma. Nos contó que eso se ponía pero quince días antes, no veinte antes. Así que tuve que ir otra vez a la iglesia con este señor para que me ayudara a “negociara” con el cura el asunto en cuestión. El párroco ante la evidencia y los argumentos expuestos por alguien que se conocía muy bien todo el tema, aceptó quitar toda la pantalla de cine de luto y devolver las cortinas granates a su sitio para el día de la boda. Después podía volver a montar lo que quisiera.

El día antes de la boda me pasé por allí para comprobar como estaba todo y evitar que a mi madre le diera un aneurisma cuando entrara en la iglesia. Todo estaba normal, como la vimos la primera vez que la visitamos.  La florista la estaba decorando y debajo del “polémico” Crucifijo había puesto un pomo de flores blancas y amarillas, como el resto de flores que decoraron todo el altar. Al párroco o bien le debió gustar ese gesto,  o bien  no debió  haberse tomado muy mal lo de los damascos, porque, me sorprendió pidiéndome que entrara con él a la vicaría. Abrió los armarios y me dijo que podía elegir la casulla con la que oficiaría la misa, la que yo quisiera. Elegí una verde y dorada. No tengo muy claro si es que había aceptado bien las críticas o es que no deseaba ir a cambiarse de casulla a toda leche  cuando yo estuviera haciendo el paseíllo del brazo de mi padre. No me imagino a mí misma pidiéndole al cura que se pusiera firmes para pasar revista antes de que entráramos dentro, pero bueno. Lo que no tengo tan claro es si él sí se lo había imaginado.

Que os voy a contar, que una boda puede llegar a ser  es un lio impresionante, eso no es ninguna novedad. Yo tenía clarísimo como quería el traje. Color marfil o crema,  sin lentejuelas, escote barca, manga larga, ceñido a la cintura y con forma de punta delante y una falda con mucho vuelo pero poca cola. Que queréis, eran muchos años de estar mirando los mostradores de las tiendas. También tenía claro que no iba a gastarme todos mis ahorros en un vestido que sólo llevaría unas horas. Así que me había establecido un precio máximo que no pensaba sobrepasar. Cada vez que entraba en una tienda les decía lo que quería y las pobres dependientas me sacaban lo más parecido. Si alguna no lo tenía se me quejaba en plan “hay chica es que si lo tienes tan claro no me dejas elegir lo que a mí me gusta” … pero bueno, pardiez. ¿Quién creía esta que se iba a casar, ella o yo?

Al final encontré un vestido que no era exactamente como me había imaginado pero que me gustó mucho y dicho sea de paso me quedaba como un guante. Desde pequeña me ha gustado siempre mirar los mostradores de las tiendas de novia. Aún hoy en día me gusta. No sé, tengo una debilidad por los trajes largos y glamorosos, aunque luego vaya por la vida con zapatillas de estar por casa y batín bien calentito. Una condición que había puesto es que no quería un vestido blanco, lo quería color marfil, y así fue. Pero a la larga eso fue un problema. El fotógrafo no compartía conmigo la opinión de que la novia pudiera ir de otro color que no fuera el blanco virginal, puro e inmaculado. Como a él le gustaban los trajes blancos, no sé qué demonios hizo con la regulación de la luz. Así que en nuestro reportaje de bodas, yo tengo un traje blanco nuclear; mi pelo sale prácticamente negro; el altar de la iglesia y sus mosaicos dorados casi no se ven; de mi pareja solo se ve la cabeza, las manos y la parte del cuello y puños de la camisa blanca, el resto de su traje quedaba absorbido por la luz negra que imperaba a nuestro alrededor. Era algo así como el hombre invisible pero al revés. Cuando las vi casi me tienen que sujetar porque a puntito estuve de emular al mismísimo Conde Drácula saltando sobre el mostrador cual vampira despiadada en dirección al retratista, después de estar un par de centénios sin un chupito de sangre que llevarse a los colmillos. El fotógrafo fue un fracaso y eso que había hecho a una amiga nuestra un reportaje precioso… por cierto… después de nuestra boda nos confesó de uno de sus mejores reportajes había sido el de nuestra amiga S. y que creía que nunca sería capaz de superarlo.  Grrrrrr…. ¡¡¡Con patatas!!!, me lo como con patatas. En fin que gracias a las fotos de los amigos tengo alguna fotica del altar enterito y de nosotros dos tal y como éramos y con J.A. con el vestido entero. También gracias a los amigos tengo alguna foto de grupos, porque cuando se lo pedí, se negó a hacerlas aludiendo a que eso salía en el video. Mientras, estaba a la poltrona en la mesa  apurando con deleite una copa de licor en una mano y disfrutando de un puro habano de los que le había dado mi prima en la otra, fumándoselo con un arte y una tranquilidad digna de la Sara Montiel y su fumando espero. Así que señores, si queréis tener fotos de grupo, no le deis un puro al fotógrafo hasta que haya acabado el reportaje, que luego tendréis que ir por la vida parando la imagen del video en la pantalla de la tele y flashearla con la esperanza de que no se note el pixelado ni los brillos y reflejos y salga algo decente que regalar a las tías casadas y a las tías solteras y a las tías viudas de la familia, porque luego todas las tías quieren una foto con los novios, aunque no se hayan hecho ninguna foto con los novios.

Mi boda fue relativamente hogareña, ochenta invitados incluidos los cuatro fotógrafos, porque no dieron ni golpe pero se presentaron cuatro, dos para el video y dos para las fotos  y se quedaron a comer como cualquiera. Como mi familia era muy pequeña y la de mi pareja venían todos de la península y sólo vinieron unos pocos, pues nuestros padres invitaron o mejor dicho, nos obligaron a invitar a todo quisqui que tuviera algún lazo familiar con cualquiera de los dos. Aún recuerdo el día en el que fuimos a invitar a la prima solterona de mi madre, una mujer alocada y excéntrica pero muy divertida, que se había pasado la vida rechazando pretendientes diciendo que este no me gusta y este tampoco y al final cuando todos los mozos del pueblo habían casado le empezó a dar la tabarra a mi madre para que le buscara algún amigo de mi padre que le rondara por sus amores. La prima era una mujer muy maja, pero entiendo que se quedara para vestir santos, porque es una de las personas más habladoras que he conocido en toda mi vida, y he conocido unas cuantas. Cuando teníamos que ir a verla a su casa, mi ex me preguntó que de que se podía hablar con ella y de que no. Recuerdo que le dije, “no te preocupes, basta que le digas hola, al cabo de una hora le des el sobre y una hora después le digas adiós, el resto lo pondrá ella sola”. Mi ex se burló de mí y me tachó de exagerada, pero cuando salimos de su casa tuvo que darme la razón. Como si yo fuera por la vida inventándome trolas.

Una mañana mientras estaba en el trabajo mi ex me llamó. Me preguntó que le confirmara el menú y a medida que se lo decía él lo iba repitiendo. Oí al otro lado de la línea unos cuchicheos y un poco después me comunicó que dos chicas de su trabajo le habían dicho que querían ir a la boda si el menú les gustaba. Como les había gustado se habían auto invitado así por las buenas y por su cara bonita, ellas y sus parejas. Lo alucinante del caso es que precisamente esas chicas y nosotros no teníamos ningún tipo de relación. Es más, no es que precisamente no tuviéramos ningún tipo de relación, sino que no nos tragábamos demasiado. Así que de esta forma tan poco ortodoxa y porque una tiene buen gusto a la hora de elegir menús, se nos apuntaron cuatro extras más que acabaron de redondear el cupo final. Supongo que o bien estaban muy desesperadas por estrenar algún modelito o bien les encantaba ir de bodas o bien tenían morriña de lloriqueos o posiblemente, lo más seguro, querían cotillear de primera mano para luego largarlo todo cuando estuviéramos de viaje… quien sabe.  Hay gente que elude bodas y otros que está desesperados por ir, cosas de la vida.

Así que el día de la boda estaban todos allí y como en toda boda siempre hay alguien que tiene que dar la nota. En este caso fue por ambas partes. Por la mía fue una amiga que es un encanto pero que al menos en esa época tenía un concepto del combinado de prendas algo dudoso. Hay que decir que con el tiempo ha mejorado y hoy en día combina con muy buen criterio su fondo de armario. Pero entonces, ese criterio estaba en fase embrionaria, así que se presentó con las uñas pintadas de naranja, un vestido negro de lentejuelas muy corto, medias doradas pero doradas doradas, manoletinas  también muy doradas, chaquetilla de cuero negro en plan motera con hebillas plateadas y flores de primera comunión prendidas en el pelo con horquillas negras cuando su pelo era rubio. Sabemos a ciencia cierta que eran florecitas de traje de comunión porque ella misma nos contó que había ido a comprarlas la semana anterior porque eso de que un recogido a secas no la acababa de convencer.  La otra fue una tía de mi ex que es maestra y se presentó con un sombrerito rojo muy parecido a una muñeca de porcelana vestida de colegiala inglesa que tengo en casa, y que todos los que no sabían su nombre se referían a ella como la señora del sombrerito rojo. Finalmente la guinda la puso un primo de mi ex que no sé muy bien porque iba con traje y calcetines de deporte de esos con tres rayas arriba en rojo y azul, un justo igualitos igualitos que los que lleva Bob Esponja.  Todo transcurrió sin demasiados incidentes, al menos no excesivamente destacables, lo cual fue de agradecer.

La otra boda no necesitó tantos preparativos, es más ni siquiera sabíamos unos minutos antes de que tendríamos una boda. Fue algo que salió sin más. Mi pareja, el papá de Tsunami , y yo llevábamos ya bastante tiempo saliendo. Nos veíamos a ratos cuando yo podía acercarme un fin de semana rápido a Barcelona y luego estábamos no sabíamos cuánto tiempo a volver a vernos. Ya teníamos bastante claro que deseábamos vivir algún día juntos, o al menos era algo que teníamos bastante en cuenta. Mi pareja estaba acabando la carrera y haciendo el proyecto de final de carrera, por eso aún no habíamos formalizado geográficamente hablando nuestra relación. Fue un fin de semana. No recuerdo ni qué día ni qué mes. Tampoco recuerdo exactamente de qué año. Es curioso pero si alguien me pidiera una fecha no podría darla, sólo recuerdo el momento. Era uno de esos fines de semana que había ido a Barcelona. Eran nuestros momentos de festejo, simplemente nos pasábamos todo el tiempo y disfrutábamos del momento. Barcelona es una ciudad preciosa para pasear tranquilamente sin más.

Ese día habíamos ido por la zona del puerto y estábamos en el Maremagnum.  Habíamos estado mirando las olas y nos habíamos sentado hablando y haciendo planes o salvando al mundo, quien sabe de qué hablábamos en ese momento. Era un día soleado pero debía ser otoño o invierno porque llevábamos cazadora. Recuerdo que me la quité porque hacía calor. Me encantaba sentir como el sol me envolvía, y el aire del mar era salado y profundo y allí a lo lejos estaba mi isla y las gaviotas volaban y graznaban. El pantalán estaba repleto de turistas y otros menos turistas que habían salido de la zona del acuario y de los cines. Íbamos paseando tranquilos dispuestos a buscar un sitio donde comer. Entonces unos veleros grandes entraban en la zona de amarre. Delante de nosotros había un puente que se levantó para que los barcos entraran. Entonces un montón de turistas se fueron parando y acabamos formando un buen grupo mientras esperábamos que el puente se levantara y los veleros entraran. Recuerdo que nos pusimos en un rincón, un pelín apartados de todos, si es que uno se podía apartar un poco.

Entonces fue cuando ocurrió. No sé muy bien cómo fue, pero allí estábamos juntos, mirando el mar y el cielo y las aves y viendo como entraban los veleros y nos miramos a los ojos. Entonces pasamos de todos los turistas que nos rodeaban y sólo estábamos nosotros y el sol como cúpula. Entonces no sé muy bien cómo fue, allí bajo el sol, nos prometimos amor para el resto de nuestras vidas. Las gaviotas fueron nuestros testigos y el mecer del oleaje nuestra marcha nupcial. En aquel momento mi pareja fue mi hombre y yo fui su mujer y nos besamos. Sabíamos que el futuro no iba a ser fácil, sabíamos que posiblemente tendríamos muchas dificultades, pero eso no nos paraba. Finalmente, la magia del momento desapareció cuando los veleros hubieron entrado y el puente se bajó y todos los turistas se empezaban a mover en masa hacia delante. Allí acabo nuestra ceremonia. Nuestra boda particular que no fue legalizada, ni firmada, ni fotografiada, pero que para nosotros dos valía incluso más que cualquier otra, porque había sido sincera, sin prepararla ni montarla, había surgido porque sí, de la nada, de nuestro interior. Desde ese día, aunque no lo esté, me he sentido casada con R.

Resulta curioso después de haberos contado esto que cuando R. se vino al fin a vivir con Terremoto y conmigo, una de las cosas que le dije fue “puedes casarte con quien quieras, menos conmigo, eso está prohibido” ya me había bastado en su momento con la primera boda, la legal. Ahora  llevamos nueve años viviendo en perfecto concubinato y hemos tenido un hijo juntos, Tsunami. De momento ninguno de los dos se ha planteado formalizar papeles. No sé, quien sabe, igual dentro de unos cuantos años nos da una néura y sorprendemos a todos, aunque difícilmente creo que cualquier ceremonia pueda superar aquella boda improvisada que tuvimos en el puerto de Barcelona cuando unos barcos entraban en el pantalán, el sol brillaba y la brisa marina nos cantaba.

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¿Abstemio en un mundo de alcohólicos? ¿Realmente es así? (Segunda parte)

2 Dic

Hace unos meses vi en una web Directo al paladar, un artículo que se llamaba “ser abstemio en una sociedad alcoholizada”.

Una de las cosas que más me sorprendió fue que precisamente alucinaran de cómo era que una persona abstemia podía sobrevivir y ser aceptada en una “sociedad de borrachos” o propensa a la bebida. Estoy empezando a pensar que yo debo vivir posiblemente en otro planeta. Vale que se bebe, vale que hay botellones, vale que hay comas etílicos, vale que una parte de los turistas que nos llenan a zonas tipo El Arenal y Punta Ballena ya bajan del avión beodos perdidos o casi. Pero llegar a denominar nuestra sociedad como de borrachos, creo que hay un buen trecho. La crisis ha golpeado fuerte y también es cierto que hay personas que van pidiendo por la calle, para decirte que allí hay una plaza de parking, por ejemplo. Unas horas después cuando vas a buscar el coche te encuentras que aquello que habían pedido para comer se ha gastado en tintorro de brick y van trompas abrazados zigzagueando de un lado a otro de la calle. Esto es lamentable pero cierto, pude encontrarme con ello hace unos meses y no precisamente en un barrio marginal desarraigado, sino cerca del trabajo.  Es cierto que hoy se pasan malos momentos y que en la vida muchas personas pueden pasar malos momentos, pero afrontarlos bebiendo para no ser conscientes de lo que ocurre, no me parece la mejor de las soluciones para ponerle remedio. Viene a ser algo así como la criticada actitud del avestruz escondiendo la cabeza, pero en versión socialmente más aceptada.

Cuando tenía veintiséis años trabajaba de auxiliar administrativa en un centro de acción social y de un día a otro nos montaron allí un centro de desintoxicación de alcohólicos y drogadictos.  En su día os hablé del mundo de la droga. Os puedo asegurar que todos los alcohólicos que pasaban por allí te pedían que por favor los desengancharas para que pudieran volver a llevar una vida digna y normal y no ser la vergüenza de su familia. Tal vez el llegar a esta conclusión de que tenían un problema y necesitaban una ayuda era uno de los pasos más difíciles que dieron. La recuperación no era fácil y siempre te contaban de alguien que les ofrecía invitarle a copas para luego reírse de él o ella (curiosamente había muchas más mujeres que hombres, al contrario que con los drogadictos que había más hombres que mujeres). Había bastantes amas de casa, madres de hijos ya mayores, que no acababan de encajar ni su falta de protagonismo ni el paso del tiempo, que sus maridos no prestaban tanta atención como antes, o al menos eso creían y que por aburrimiento habían empezado a ir bebiendo cuando estaban solas. Poco a poco aquello se les fue yendo de las manos hasta que realmente surgió el problema.  En general, los alcohólicos, te contaban que era difícil ir por la vida sin catar nada de alcohol. Antes de seguir quiero deciros que un abstemio no necesariamente es un enfermo alcohólico. Hay muchas personas que por su propia voluntad eligen esta forma de alimentarse, igual que uno elige ser vegetariano u otro un adorador del chuletón. Evidentemente para la recuperación de un alcohólico es aconsejable no volver a probar nunca nada más de alcohol, ya que luego es difícil de controlarse y las recaídas son siempre mucho peores.  Por eso en ocasiones y de forma errónea se ha relacionado al abstemio con un ex-alcohólico

No sé si sabéis que tengo una amiga que es médico. Hace tiempo le pregunté sobre el tema del alcoholismo. Me respondió que el alcohólico no es esa persona que se pone a beber y acaba borracho perdido, bueno, estos lo son efectivamente. Sino que hay muchos alcohólicos que muchas veces no se detectan porque no se emborrachan, llevan muy bien eso de ingerir licor y hablan y razonan bien, de hecho pueden hacerlo mejor a partir del momento en que beben algo. El alcohólico es esa persona que es incapaz de estar un día o una semana siguiera sin catar una bebida alcohólica, cada día necesitan su dosis. Son esas personas que cuando llegan a una ciudad nueva al día siguiente ya se conocen todas las tascas del barrio y a los dos días son íntimos del dueño del bar. Son esas personas que se pasan la vida alabando las virtudes del vino o de tal bebida porque eso de que haya otras personas que no apoyen su debilidad o no lo comparta les cabrea y les intranquiliza. Son esas personas que se ríen de ti y te insisten en que tienes que beber porque el agua es para las ranas y chica mira lo que te estás perdiendo, además una copa no hace daño o te pone la piel guapa o según los últimos estudios es bueno para el corazón. Son esas personas que lo hacen tan insistentemente que acabas hasta los ovarios de ellos y finalmente les dices de mala manera que te dejen tranquila y no insistan. Ellos se callan a regañadientes y no acaban de entender cómo es que tú no puedes compartir esa adoración por tal preciada bebida.

Pero si exceptuamos estos casos, que también me los he encontrado, mi vida no ha tenido ningún problema. Ni mi vida social se ha visto mermada, ni me lo he pasado peor, ni mis amigos me han discriminado. Al contrario, soy el chollazo. En las cenas siempre lo dividíamos todo por comensales, teniendo en cuenta que yo sólo bebía agua y encima era la que solía llevar el coche, así que nadie se quejaba de mi abstemia. Eso sí, una no bebe pero no es tonta, así que siempre me pedía el postre que más me gustaba de la carta y que nadie se quejara, que un postre por muy carillo que fuera siempre era más rentable que tres botellas de Mateu Rosé y los aperitivos.

Muchas veces he pensado que posiblemente mucha gente beba, primero por la presión social y cultural, pero también porque en algún momento de su vida no han tenido la personalidad suficiente de anteponer sus gustos a los del grupo. Es algo parecido con lo que ocurre con el tabaco.

Si somos sinceros, la primera vez que tomamos alcohol o damos una calada al cigarrillo de turno, no es que nos entusiasme demasiado. En mi momento, como muchos otros di un sorbo y una calada y no me gustaron. Así que para que me voy a empeñar en engancharme a algo que ni me ha gustado y encima su consumo me puede producir problemas y para más inri es caro. Sinceramente, si tengo un bajón o me da una depre le pego un mordisco a un trozo de chocolate negro, que es más barato y más sano y no fastidio a nadie tomándolo. Además, ni los bombones ni ninguna comida se han convertido en algo necesario e imprescindible para mí vivir diario. Vamos, que me puedo pasar meses o años sin catar un bombón o una tableta de chocolate y no me pasa nada. Pídele tú a un alcohólico que esté meses sin tomar una copa y verás lo que es una adicción.

Así que al menos puedo confirmaros que en mis cuarenta y siete años largos de existencia me lo he pasado muy bien tomando un refresco, un zumo o un vaso de agua. También puedo decir que para la foto de mi boda cogía una copa de cava, pero luego la dejé y brindé con una copa de zumo de naranja. Dudo que eso tuviera algo que ver con mi posterior divorcio y si algún día me volviera a casar posiblemente ya ni cogería la copa de cava para la foto. Me gusta ser yo misma y tener mi propia personalidad. Cuando he tenido algún problema, que he tenido muchos, los he afrontado buscando soluciones, muchas veces ha costado muchísimo encontrarlas y me he hundido hasta el fondo, pero nunca se me ocurrió olvidarme de ellos, al contrario, sólo llegando a ser consciente de ellos pude asumirlos y llegar a una decisión.  He conocido personas diferentes y puede que la primera vez que oyeron que no bebía se sorprendieran un poco. También es posible que alguna vez me hayan ofrecido una copa y luego se han acordado de mi decisión, pero no sé si he tenido suerte o es que he pillado a gente maja, casi nunca se han reído de mí o me han insistido. Ellos saben que es mi elección y tampoco les hago daño a ellos ni les afecta. No sé, es posible que ser mediterráneo y abstemio te convierta en una especie de bicho raro, pero yo al menos nunca me he sentido así. Me ha fastidiado por ejemplo, la costumbre que hay por la península (en Mallorca no hay tanta tradición) de ir de cervezas y que te inviten a una tapa y en cambio sí pides otra cosa no te dan nada y tienes que pedirlo. Sé que no en todos los sitios es así y es de las pocas cosas que encuentro flagrantemente  discriminatorio, pero bueno, tampoco pienso sucumbir al alcohol por una tapa, unos pinchos o un plato de patatillas, faltaría plus, que una tiene su personalidad y muy orgullosa me siento de ella.

Mis hijos saben que el alcohol es una bebida de adultos, en casa no se suele tomar y de momento no han dado signos de interesarse por ello. Mis amigas que tienen hijos más mayores tienen de todo, algunas que han tenido auténticos problemas y otras que siempre les han dicho que pueden beber pero que no quieren que lleguen beodos perdidos. También les han añadido que si alguna vez tienen algún problema o se han pasado y no se encuentran bien que las llamen, sea la hora que sea, que no se enfadaran con ellos.  No sé si es por esa confianza en los hijos o por otros factores, pero lo cierto es que estas son las que menos preocupaciones en este respecto han tenido. Los hijos saben que pueden confiar plenamente en los padres y les corresponden.

También hay algunos hijos de mis amigas que han elegido el mismo camino que en su momento elegí yo y simplemente no beben bebidas alcohólicas y se lo pasan fenomenal como hice yo en mi época.  Sinceramente, yo no me he sentido discriminada, ni me lo ha pasado peor. Recuerdo perfectamente las cosas que he hecho en mi vida y no tengo continuas, ni periódicas ni peligrosas lagunas en mi mente. Aprendía a afrontar los problemas y buscarles soluciones. Aprendí que hay momentos buenos y momentos malos pero que no era necesario emborracharse para celebrarlo o emborracharse para olvidarlo. Aprendí que yo podía ser yo misma sin tener que seguir a la masa como un borrego y que tampoco les hacía daño a los demás siendo así. Aprendí que la emoción de los deportes es la misma y que para celebrar un triunfo se podía tomar un refresco, una agua, un zumo o incluso un café. Y puestos a decir ventajas, las comidas en los restaurantes me salen más baratas, jajaja. Hay que mirar todos los aspectos positivos de la vida ¿no?

Así que como le dije una vez a una sorprendida señora “yo ni fumo, ni bebo ni voy con mujeres, sólo con su hijo que de momento es el único vicio que tengo” 😉

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¿Abstemio en un mundo de alcohólicos? ¿Realmente es así? (Primera parte)

1 Dic

Sé que viniendo de alguien como yo que siempre digo que soy muy mediterránea, esto puede sonar digamos que curioso. Pero lo cierto es que soy abstemia.

Si algo caracteriza al Mediterráneo es la ancestral relación con la cultura del trigo, el olivo y la vid, es decir, el pan, el aceite y el vino. El vino es una bebida tan antigua como el Mediterráneo mismo. Sus habitantes han sido los adoradores de Dionisio y del dios Baco. Decir que un mediterráneo es abstemio podría resultar tan chocante como decir que existe un alemán que aborrece la cerveza o que existió un vikingo que detestaba la hidromiel. El consumo de bebidas alcohólicas se ha relacionado con los cultos a los dioses, con las celebraciones festivas, con los grandes acontecimientos familiares, con los actos ordinarios, incluso con las religiones católicas, en las cuales, la sangre de Cristo se representa en la Eucaristía con una copa de vino.

He oído contar por mi madre que de pequeña en un pueblo de Mallorca se dormía a los niños de pecho o bien dándoles un poquitín de vino o bien bebiendo la madre unas cuantas copas antes de darles pecho. Mi madre no compartía este tradicional comportamiento y yo, con vuestro permiso, diré que personalmente lo considero aberrante y espero no haberle dado a nadie la idea.

Hace tiempo conocía a una familia que en las celebraciones familiares llevaban champagne de niños. Le preguntaba porque hacían eso. La abuela me decía estuviera tranquila, que no era de verdad, pero claro, los niños estaban emocionadísimos porque bebían de una botella igual que los adultos. Alguna vez vi como los mismos niños una vez comprobada la impunidad a la hora de acceder a su champagne de niños luego se interesaban por el de los adultos. Evidentemente estos les decían que no, hasta que alguna vez furtivamente se consiguieron hacer con alguna copa y ya me tenéis a unos niños pequeños con síntomas leves de intoxicación etílica. Realmente ¿es tan difícil que los niños tengan muy claro que hay bebidas para niños y otras para mayores? ¿Es tan difícil no causarles confusión queriendo introducirles algo igual a lo que les estás prohibiendo esperando que luego no intentarán conseguir el formato original? Luego los padres nos preocupamos cuando llegan a la adolescencia, pero si lo pensamos bien, muchas veces es la misma familia la que le ha introducido en este hábito.

Cuando iba a la facultad había un chico que parecía que no se sabía divertir si no iba borracho perdido. Personalmente siempre he pensado que emborracharse no es sinónimo de divertirse. Lo cierto es que normalmente era un chico bastante majo. Pero cuando quedaba la clase para hacer alguna cena juntos, nos temíamos lo que nos caería. Cada vez que quedábamos en un sitio para una cena, él ya venía trompa perdido. Se te tiraba encima, iba caminando haciendo eses y no hacía más que decir que él estaba muy bien y que aún no había empezado a beber enserio. Para desgracia de sus amigos, que siempre eran los mismos los que les tocaba estar detrás de él y luego llevarlo a casa. Luego al día siguiente, además de un solemne dolor de cabeza, te venía preguntando como es que había llegado a su cama o como es que tenía alguna cosa en casa. Era en cierta forma “divertidas” por no decir mejor irónicas, las respuestas de sus resignados amigos en plan:

-Pues la muñeca hawaiana la mangaste del pub, con que esperabas despertarte, ¿con el travesti?

-¿Con que travesti?

-Pues el que te intentaba ligar en el pub donde había la hawaiana y las sombrillitas de papel. Por eso te sacamos a toda ostia de allí.

– ¡Cielos! Eso debió ser acojonante

– Bueno… realmente lo más acojonante de la noche fue cuando con la muñeca en la mano te empeñaste en que querías mear junto a unos coches y uno de ellos era un coche patrulla. Vamos, que porque nosotros estábamos bien y respondimos por ti y les dijimos que te llevábamos a casa. Eso sí, tuvimos que identificarnos antes de partir.

– ¿Nos identificaron?

– Sí, pero mejor que no preguntes lo que les dijiste cuando te pidieron el DNI para identificarte, realmente nos debes una chavalote.

Recuerdo que también una vez que habíamos organizado en una disco una gala de noche para recaudar fondos para el viaje de estudios, estábamos unos cuantos en la terraza hablando. Se nos acercó otro chico del grupo y nos dijo que lo más posible es que T. tuviera al día siguiente una de sus resacas más sonadas además de una sordera digna del gran Beethoven. Nos contó que estaba agarrado a uno de los bafles achuchándolo, con la oreja pegadita a él. Entonces le había preguntado que hacía y T. le había respondido “¡Shhhhuuuu!, no me molestes que me estoy ligando a una negra macizota”. Bueno, los bafles eran realmente negros y tenían un contorno que se le podría calificar de macizote, pero de allí a su posible transformación en cuerpo de mujer había todo un abismo.

Estas salidas de facu, dentro de lo que cabe eran potables, porque el único que siempre daba problemas y acababa así era este chico. El resto del grupo o sólo tomaba algo acompañando a la comida y luego alguna copa o bien no bebían. Lo que más me ha fastidiado y aún lo recuerdo perfectamente,  fue una vez que salí con la pandilla de una amiga mía, que no era del grupo de la facu. Eso fue la experiencia más parecida a lo que sería hoy en día los botellones. Sinceramente, lo de estar toda la noche rodeada de gente que potaba o estaba tirada por cualquier lugar y tener que estar aguantando el pelo de mi amiga mientras sacaba la primera papilla que se tomó, no se encuadraban dentro del concepto de diversión, juerga, salir, ir de marcha, pasarlo bien o como le queráis denominar. Después de esta experiencia le dije que con ella me llevaba muy bien, pero que no pensaba volver a salir con ese grupo.

Pinturas 16

Las vacunas y las vacunaciones de nuestros hijos

4 Jun

Hace unos días vi por la tele un reportaje en el que se cuestionaban que la desaparición de los dinosaurios de la Tierra no se debió al impacto de un meteorito, sino que cuando este fenómeno sucedió la mayoría de los dinosaurios ya se habían extinguido.  Abreviando la premisa era algo así como si cuando estalló el meteorito se cargó a todos los dinosaurios en cuestión de semanas, tendríamos que tener un sustrato con mogollón de fósiles del mismo momento en todas partes del mundo mundial y eso no existe. Entre las posibles causas que se barajaban para la pre-extinción de semejantes moles prehistóricas estaba la hipótesis de que debido a una anterior bajada en el nivel del mar, se habían abierto unos caminos que conectaban zonas antes aisladas. Los dinosaurios fueron de una a otra e invadieron nuevos territorios. Los dinosaurios de Asia estaban acostumbrados a sus enfermedades, pero no a las enfermedades de los animales de América, y a esos les pasaba lo mismo. El resultado fue un contagio de enfermedades a las cuales no estaban inmunizados y que causó diversas pandemias y una pre-extinción de muchas especies o individuos.
Un caso parecido le ha pasado a la humanidad en diversas ocasiones. Sin entrar en polémicas de colonialismos en las cuales además de las masacres y los genocidios de las conquistas se tuvo que añadir la mortandad por contagios de nuevas bacterias. Las simples rutas comerciales eran cauce de entrada de enfermedades asiáticas a Europa o viceversa. La peste negra vino por la ruta de las especies y la seda, por ejemplo. Hoy en día con los medios de comunicación actuales que en un par de horas te plantas al otro lado del planeta también hay una proliferación de micro-bichitos que han dado más de un quebradero de cabeza. Es cierto que durante bastantes años, Europa era un territorio donde ciertas enfermedades se consideraban erradicadas. Sin embargo con los movimientos migratorios de hoy en día, muchas de estas desaparecidas han sido nuevamente introducidas y a veces sólo los médicos más veteranos y con más solera las han visto anteriormente y las han podido diagnosticar a tiempo. Eso por no hablar de las enfermedades tropicales o de otras latitudes que por aquí ni se conocían ni se habían prácticamente visto nunca y hoy en día ya no son tan novedosas. Tenemos que reconocerlo, cuando los humanos viajamos no sólo llevamos ropa en nuestras maletas, también portamos microorganismos.
Pero no es mi intención hacer hoy un post catastrófico ni post-apocalíptico ni pro-micro-bichitos. Hoy os voy a hablar como madre y más bien de esas enfermedades más comunes, de mi experiencia con ellas y de su posible prevención. Me estoy refiriendo a las vacunas y al hecho de hacer uso de ellas.
Hace unos años se puso de moda eso de no vacunar a los niños, se decía que si el mercurio, que si ya no había de esas enfermedades para que usarlas, que si se era más progre por ello, que todo era invención de unos laboratorios para lucrarse… vamos, que se decían muchas cosas y muchos padres hicieron lo que decidieron ellos, unos vacunaron y otros no. Fue más o menos en esta época cuando Terremoto ya estaba con nosotros y le tocaban sus tandas de vacunas. Mi ex y yo ya nos habíamos separado. Recuerdo que a él le llenaron el coco una chica del trabajo con eso de que el mercurio y las posibilidades de no sé que y que ellos no habían querido vacunar a su pequeño. El resultado fue que en un principio mi ex se negaba a vacunar a Terremoto, aunque de bebé ya se le habían administrado algunas vacunas. Así que como cuando se me plantea un problema médico, llamo a mi amiga doctora para asesorarme, esa vez no fue una excepción y también recurrí a ella. Estuvimos hablando un buen rato y me dijo que lo mejor era vacunar, así que le hice caso. Me llevé al peque y a mi ex al pediatra, hablamos con él y al final el papá de Terremoto claudicó o se convenció, no lo tengo muy claro, pero lo importante es que se le aplicaron al nene sus consiguientes vacunas.
Yo tenía muy claro que las vacunas son mucho más beneficiosas que peligrosas. Unos años antes de que yo naciera hubo en Mallorca una pasada de poliomielitis. Hacía unos años que se había sacado la vacuna contra la polio, y mis tíos por esa época tenían dos niñas. Ellos tampoco creían en las vacunas, aparte de que había que pagarlas y para que gastar el dinero en una vacuna, mejor en otras cosas. Ese año como os he dicho, hubo una pasada de polio en Mallorca y al finalizar quince niños quedaron tan afectados que tuvieron que afrontar el resto de sus días en una silla de ruedas, con problemas de movilidad tanto a nivel de extremidades inferiores como alguna disminución en las superiores. Mi prima mayor fue una de esos quince niños. Puedo asegurar que mis tíos se arrepintieron todos los días de su vida el haberse querido ahorrar una vacuna. La calidad de vida de su hija y de toda la familia se vio afectada desde ese momento y los gastos que tuvieron luego fueron muy superiores al precio de cien vacunas juntas. No voy a entrar hoy en lo que supuso eso para la familia, pero podéis dar por sentado que me quedó bien claro que pagar una vacuna puede ser mucho más beneficioso que perjudicial. Hay ciertas cosas en las que uno puede ahorrar, pero la salud no tendría que ser una de ellas.
Cuando Terremoto era pequeño no existía aún la vacuna de la varicela y cuando tuvo cuatro años la cogió. Hacía medio año que nos habíamos separado y como mi ex no la había tenido nunca, me tocó a mí apechugar sola. Le salieron ampollitas por todo y le picaban mucho. La cogió más o menos por esta época, quizás a mediados de junio, antes de acabar el cole. Por la mañana yo iba al trabajo y mis padres, que de niños la habían pasado, quedaban con él en mi casa. Cuando yo llegaba mi madre se iba enseguida a su casa a ver la telenovela y yo entraba sin tiempo de comer y con un pequeño que sólo demandaba bracitos de mamá. El pobre estuvo enfermo un poco menos de quince días si no recuerdo mal. En esos días casi no comí, porque mi madre se iba enseguida y yo no podía ni hacerme un huevo frito. Casi no dormí, porque a la que acostaba al peque en la cama, el roce de las sabanas le molestaba y se pasaba toda la noche llorando y pidiendo bracitos. Por la madrugada, a la hora en que me sonaba el despertador era cuando había conseguido que se durmiera y lo acostaba. Luego mis padres cuando venían en lugar de tenerlo despierto y que se me pudiera dormir a mí por la noche, le dejaban dormir toda la mañana para estar ellos más tranquilos y al llegar yo del trabajo me lo encontrada prácticamente recién levantado y comido con ganas de mamá. No tenía tiempo de ir a comprar nada al súper porque al menos yo soy de la idea de que no voy a causar una pandemia paseando a un peque con una enfermedad infecciosa por un supermercado. Así que un día llamé a mi ex y le pedí si me podía ir a comprar unas garrafas de agua y una barra de pan. Al cabo de un rato me llamaron al portero, era mi ex. Me dijo que saliera al rellano de la escalera y que delante de la puerta de casa me había dejado la compra y se había bajado a la calle a llamarme para no contagiarse. Cuando abrí la puerta y me encontré allí delante con la bolsita de la compra me sentía una proscrita, una abandonada que sólo tenía llorera. No recuerdo si fue ese día o al siguiente, Terremoto me vino pidiendo más bracitos. Si que recuerdo que yo estaba agotada, hambrienta, cansada, deprimida y con sueño e hice algo que nunca le había hecho. Le zarandee y le grité para que me dejara de una vez tranquila. El pequeño que venía a buscar el consuelo de su mamá se paró de golpe y me miró con unos ojitos de pánico muy abiertos. Salió hacia su cuarto y yo me sentí la peor madre de todo el mundo. No sé muy bien que impresión le debí causar a mi hijo, pero debió ser terrible. Estuvo varios meses en que no quiso saber nada de su madre y me rechazó durante bastante tiempo.
Cuando yo contraje la varicela tenía 22 años. Estaba en la facultad y una de mis compañeras, que era mamá, estaba cuidando a su hijo de unos ocho años que la tenía. Según me explicó el médico que me atendió, cuando una persona la ha tenido no vuelve a cogerla, pero sí que se convierte en portadora, es decir, actúa a modo de puente y la puede pasar a otra persona que no esté para nada en contacto con la persona enferma. También me contó y doy fe de ello, que con estas enfermedades que para los niños resultan innocuas, cuando más mayor es una persona, peor se pasa y es más peligrosa, de tal forma que a ciertas edades puede incluso producir la muerte. Lo pasé fatal, estaba histérica del dolor y el picor que tenía y eso que soy una persona que suele tener buena disposición a la hora de aguantar el dolor, vamos, que no me quejo por nada. Después de pasarla mi piel y mi cara se quedaron que parecía una pasa arrugada y escamada. Creo que muchas abueletas de esas centenarias con solera tienen mejor pinta que la que tenía yo entonces. No sé muy bien cuanto tiempo estuvo mi piel a recuperarse pero fue bastante. Empecé a pensar que me quedaría para siempre con esa pinta de dinosaurio envejecido, pero tuve suerte y poco a poco fui recuperando mi aspecto anterior, aunque desde entonces mi piel ha sido mucho más delicada y he tenido más problemas para cuidarla.
Hace unos años, cuando Tsunami estaba en plena campaña de vacunaciones, el pediatra me habló de una serie de vacunas que no eran obligatorias, pero que según él eran recomendables. Me informó de que enfermedades se  trataba, de sus síntomas, del precio de las mismas, de cómo se administraban y también me comentó que si bien una de ellas que era la de la varicela no aseguraba al 100% la inmunidad, si que paliaba en gran medida la enfermedad. Evidentemente, hablé de nuevo con mi amiga la doctora y me recomendó que se las pusiera, aunque para ello tuviera que privarme de algún caprichito. Así que vacunamos a Tsunami.
Hace unos meses, más o menos por el mes de abril, hubo una pasada de varicela en el cole de Tsunami. En esta pasada nuestro peque salió indemne. Ahora, hace unas semanas, un nuevo nene cayo de nuevo y tras él casi todos los peques que se habían librado la primera vez han ido cayendo uno tras otro. Hoy hace una semana, el martes pasado, me llamaron del cole de Tsunami diciéndome que había comido muy poco y que le habían puesto la temperatura y tenía fiebre. Papá fue a buscarlo y lo llevó a urgencias. El médico lo revisó y dijo que en este momento no tenía nada, que si tenía algo lo debía estar incubando y que hasta que no le saliera no podía hacer un diagnóstico. Cuando llegué a casa el peque estaba saltando como un acróbata y corriendo como cada día, vamos que no tenía pinta de estar mal. Como no tuvo más fiebre fue al cole al día siguiente. Lo que si notamos por la noche era que tenía unos cuantos granitos pequeños por la cara. Le dije a mi pareja que estuviera tranquilo que esos granitos no eran las ampollas de la varicela. Yo entonces no sabía aún que esos días la clase estaba medio vacía por ello. Hoy a la salida del cole me han llamado y mi pareja me ha contado que hoy habían fallado por la varicela seis niños. También me ha comentado que el martes pasado a unos cuantos peques les había pasado lo mismo que a Tsunami. Hablando los papis sobre eso resultó que estos niños eran los que se habían puesto la vacuna que no era obligatoria de la varicela. El resto de la clase se ha pasado entre una semana y quince días en casa enfermitos. Hemos deducido que el posible virus que aún no se había manifestado y que sólo les había dado un poco de fiebre durante unas horas y unos granitos fue la única consecuencia que había dado a los vacunados. Tuvimos suerte, porque este fin de semana ha sido el cumple de Tsunami y no quiero imaginarme el cumpleaños que hubiéramos tenido con el peque con varicela, ampollitas y picores.
Lo cierto es que hacía ya unos meses que pensaba hablaros sobre el tema de las vacunas. Este año Terremoto se quedó sin fiesta oficial de cumpleaños. La madrina de Tsunami tenía en casa montada una epidemia de paperas y decidimos ir posponiéndolo para que la infección no nos afectara. El caso de esta chica ha sido el siguiente. Su hija mayor tiene quince años y en su momento se vacunó de las paperas, pero ese año hubo un lote de vacunas defectuosas que no se identificaron y que se suministraron a Mallorca. Este año, empezó un alumno nuevo en el colegio que llegó incubando paperas sin saberlo. En unas semanas todas las clases de su línea y las contiguas estaban contagiadas, medio colegio estaba de baja y se expandió a otros colegios debido al contacto de estos niños con amigos o por los padres. Evidentemente, ante este panorama mi amiga me dijo que prefería evitar el contacto, gesto que agradecí, y pospusimos el cumpleaños y lo han celebrado un poco los dos juntos pero con los amigos de la familia presentes. Esta chica está divorciada y su ex está casado de nuevo y la mujer está embarazada. Ella le dijo que mientras los niños estuvieran enfermos ella quería tenerlos en casa, pero su ex que es un cabezota y tiene la custodia, quiso tenerlos él en la suya. No hace mucho me contó que su ex estaba en cama con paperas, pero que lo peor era que la mujer también las había pillado y estaban acojonados con el embarazo. No se como ha acabado la historia porque no hemos vuelto a hablar de ello, pero lo que sí sé es que muchas de estas enfermedades como las paperas o la varicela hay en ciertos trimestres del embarazo que son peligrosas para el feto y que una persona sana que actúa de portador puede transmitírtela.
Así que después de todo este rollo que os acabo de soltar, creo que podéis suponer con total seguridad de que soy una defensora de las vacunas y de la vacunación. Personalmente creo que deberían ser gratuitas y estar a disposición de todos. Es la mejor forma de ir erradicando enfermedades, porque incluso las que creíamos eliminadas están volviendo. Sólo desde la prevención y el cuidado personal se pueden evitar estas malas experiencias que nos producen estas enfermedades. Se evita el dolor y los problemas de tener un peque enfermito en casa. Por eso yo os recomendaría que ante la duda hablad con el pediatra, vacunad lo que podáis y si tenéis que pagar alguna, será una muy buena inversión para la salud de vuestra familia. Como le ocurrió a mis tíos, es mejor prevenirlo que lamentarlo toda una vida, por su bien, por el nuestro y por el de todos.
vacunas

Mis OvoMellizos me envía un premio muy divertido: “Las milongas de mamá”

22 May

Ante todo tenemos que darle las gracias a Merengaza por haberse inventado un premio con tanta miga. Antes de empezar diré que yo eso de la milonga lo asociaba con un baile argentino en plan “barrio plateado por la luna, rumores de milonga es toda su fortuna (música chan chan chan chan y sigue) Hay un fueye que rezonga en la cortada mistonga,…..” y me paro que sino os la escribo enterita. Pues eso, una que siempre había pensado en la canción del baaarriooo, baaarrriiiooo… y que precisamente no relacionaba con una madre, y menos con la mía, va y resulta que estaba muy errada. Así que para deshacer entuertos lo primero, mejor y más necesario es acudir a las fuentes, ¿qué mejor fuente que un diccionario? Donde además de la acepción “canción y baile popular del Río de la Plata, de ritmo lento acompañado de guitarra” y de la de “Fiesta familiar con baile” que me da que tampoco va por aquí la cosa, aunque cuando veáis de que va la penitencia, tal vez no está tan desencaminado… La tercera acepción es “mentira, embuste” ¡OOOOHHHHHH! Si mi señora madre, que era muy señora, se llega a enterar de que alguien insinúa que era mentirosa o embustera, la reina de corazones de Alicia hubiera sido una dama de beneficencia en comparación a su furia.

Pero, pero, pero, todo tiene un pero. Aunque no fuera una mentirosa ni una embustera, me da que algo de milongas sí que se colaron en mi vida, o al menos algunos sinsentidos, así que abrocharos los cinturones que seguro sacamos una buena penitencia con este premio.

Primero y ante todo, un breve resumen de en qué consiste el premio. (Que nadie se entere, pero ahora copio a Merengaza, pego, plagio el trozo de las reglas y quedo como una profesional como la copa de un pino) “Os presento el premio Milongas de mamá. Son esas trolas que te contaba a ti (y a mí) de pequeña tu madre (y la mía) y que nos creíamos a pies juntillas, sin rechistar y ahora nos parece increíble que nuestra madre tuviera tanta imaginación. Ahí van las reglas.

1. Contar 3 milongas (mínimo) que te contara tu madre, que tú te creyeras y que hicieras sin rechistar.

2. Pasarlo a 5 blogs. Tampoco es tanto ¿no?

3. Saltar a la pata coja un minuto. ¡¡¡¡A bajar calorías!!!!

4. Mándame el video por favor, quiero verte saltar.”

Habéis visto el punto tres. ¿Lo veis? Pues salvo que me monten una fiesta familiar con música dudo que me encuentren en esa actitud tan poco cabal, ahora si me hubiera pedido un video de mi menda haciendo de personajes de los cuentos que le contaba a Terremoto, no hubiera habido problema ninguno. Lo siento Meren, pero si saltando a la pata coja un minuto consiguiera bajar calorías sería una experta en ello y estaría hecha un figurín.

MIS TRES MILONGAS:

1.- Cuando era jovencita me empezaron a salir unas cuantas canas. Unas cuantas canas significa literalmente, tres pelos blancos en la parte de la coronilla, ni más ni menos. Mi madre siempre me decía que no había que tocarlos porque si te los quitabas te salían siete en el lugar de cada uno. Mi madre era también muy presumida y lo cierto es que a mí, mis tres canas no me molestaban para nada, allí estaban ellas tranquilitas dándole un aire interesante a mi cabellera. Normalmente cuando estaba leyendo (cosa habitual) o estudiando (cosa también habitual entonces, que queréis que os diga era una puñetera aprendiz de empollona o lo intentaba) mi madre se acercaba sigilosamente cual gata sobre un tejado de zinc caliente y más rápida que el rayo, zaaaasssss¡¡¡¡ zaaaaaassssss¡¡¡ zaaaaasssss¡¡¡¡ y yo ¡AAAYYYYYYYYYYY!

Enseguida mi queja “pero no decías que me saldrían siete? ¿Por qué me las quitas si no te molestan? Ella se defendía argumentando que una madre era una madre y tenía que hacer lo que tenía que hacer para que yo estuviera guapa y no pareciera una vieja.

Nunca llegue a tener muy claro eso de las canas. Las pobres siempre volvían a salir y no se reprodujeron, al menos durante mucho tiempo. Cuando decidieron que se reproducirían más fue cuando opté por las mechas y cuando estas no funcionaron del todo pasé al tinte. Cualquier cosa antes de que a mi madre le diera un telele y cual macaco psicópata se tirara sobre mi cabellera y me dejara cual bola de billar pulida y brillante por el bien de mis canas.

2.- Mi madre era una mezcla de puritana/afrodita extraña. Me animaba a llevar ropa chachi. A ella le gustaba mucho la ropa, cosa que no heredé de ella por cierto. Los tops de ganchillo o las transparencias son guays pero sin que se vean los pezones. En ocasiones llevaba ropa que muchas de mis amigas suspiraban por un top así ya que sus madres mucho más jóvenes no les dejaban llevar. Nunca llegue a entender pero la deria que me tenía con que tenía que ir pese a todo recatada… eso no casaba con las transparencias y mucho menos a que ella fue quien me animó a hacer top less en la playa. Ya lo sabéis, soy una pecadora/puritana que no usa sujetador y sólo sabe tomar el sol y nadar en monokini gracias a esa doble personalidad materna.

3.- En ocasiones pienso que algunas madres no escuchan a sus hijos. Bueno, oyen cosas como que gritan mucho o no paran de hablar, pero no escuchan que es lo que dicen. Desde que más o menos tengo uso de razón recuerdo que me pasé la vida diciendo que quería estudiar historia y ser maestra. Mi madre no entendía muy bien eso de que yo quisiera estudiar. Total –decía- para acabar de cajera de supermercado y casarte para que quieres estudiar tanto. No es que yo tenga nada en contra de las cajeras de supermercado, conozco algunas y son majísimas, pero sinceramente, en esa época de mi vida no era una de las profesiones que más me llamara la atención. Algo más tarde, cuando vio que mi interés en el estudio era más persistente mi madre cambió de táctica. Total –decía- para lo que es el matrimonio, ahora que estás estudiando algo ¿no te meterías a monja? En el convento si se tienen estudios se vive bien ya que te podrías dedicar a la enseñanza y no tendrías que aguantar a un esposo ni casarte.

Yo flipaba un poco en colorines, porque no acababa de entender mucho que relación neuronal era la que hacía que una hija sin estudios fuera para cajera y una con estudios tuviera que ir para monja. Lo de meterme en un convento fue un suplicio porque le dio fuerte con ello y no había forma de hacerla bajar del burro y cuando a mi madre se le metía una idea era poderosamente persistente. Un día me cansé de tanta publicidad conventual, porque yo de devoción o pinta de monja no tengo. Así que le pedí porque no se había metido ella a monja si tanto le gustaba.

Yoooo –me respondió- pero que dices, si yo no tengo vocación, además para que me pusieran en la cocina pelando patatas para hacerle la comida a todas para que me fuera a meter en el convento, ya me basta con hacer la comida para tres.
No tengo muy claro si esto se podría considerar exactamente una milonga, pero como muy normal no es. Evidentemente mi madre también me dijo que fuera cuidado con que no me pusieran nada en la bebida (yo no salía, pero por si acaso) y con muchas otra. Seguramente muchas lo conocéis, pero por si las moscas, pasaros por la web de cómo no ser una drama mamá y os encontrareis con muchas milongas de esas que son inherentes al gen madre.

Y ahora me toca nominar a cinco, uffff…. Esto es lo más difícil de la penitencia.

Cómo no ser una drama mamá Ella, la nena no me conoce. Así que no se si lo recogerá o no, pero realmente de todos los blogs que conozco es a quien le pega más, así que por intentarlo no quede, veremos que nos contesta la nena.

Una mamá española en Alemania Con este blog me ocurre lo mismo que con el anterior, no me conoce. En este caso las milongas las podría pasar a sus tres polluelen, son la leche. Pero seguro que mamá española en Alemania nos podría contar algo, así que también lo intentare (hoy estoy optimista, yujuuuu)

Una terapeuta temprana Nadie se ha preguntado ¿que milongas usaron con ella? ¿tuvo que usar alguna terapia para superarlo? ¿tiene ella milongas con sus nenes? ¿piensa tenerlas con sus futuros nenes?¿qué opina medio limón de las milongas terapéuticas?

Hija no hay más que una… (Gracias a Dios) vuelvo a estar con lo mismo, es un blog que suelo seguir pero no me conocen. Veremos si hay suerte y la madre de la pelirroja más famosa de la blogoesfera y de cigoto (ya veremos de qué color tiene el pelo dentro de poco) atiende a mi nominación y se anima a contarnos aún más

¡Mamá qué sabe! Porque todos conocemos muchas cosas de Devora y su familia, de como piensa y evalúa que cosas considera mejor para los suyos, pero… y su orígenes, jejejeje…. Vamos a ponerla en un brete y pedirle que nos cuente lo inconfesable de sus orígenes. Ya sabes querida, yo no soy mala, es que me pintaron así y entre Meren y Mamimellis me han obligado, yo no quería pero me encanta cotorrear, jejejejeje.

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