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El amor es ciego, el matrimonio te abre los ojos, y el divorcio te pone gafas. Los hijos de los matrimonios rotos no tienen por qué ser unas víctimas.

1 Ene

Yo siempre he oído como refrán aquello de que el amor es ciego. Curiosamente esta frase extendida  la decía muchas veces una amiga mía cuando éramos jóvenes. Actualmente es una de las pocas que sigue soltera porque le gusta. No se muy bien si era invención suya o la había oído o leído por algún sitio, es posible ya que es una gran lectora. Sea como sea os aseguro que tiene mucho de razón.

Podría deciros que cuando alguien te gusta hay toda una serie de cambios hormonales y tal que hace que sólo veamos las cosas positivas ¿quién no ha pasado por ello?

Normalmente uno se casa o se junta con mucha ilusión. Pero una cosa es salir juntos, estar un rato, irse de juergas, excursión, viajes…. y otra muy distinta es la convivencia. Cuando convives prolongadamente con alguien, es cuando sus defectos empiezan a aflorar. Con el paso del tiempo, ese frenesí hormonal que hacía que el amor fuera ciego, va desapareciendo y entonces es cuando se pasa por la verdadera prueba de fuego. Ver si la pareja que has elegido se corresponde exactamente con aquello que en su momento percibiste de ella. Con esta frase no me estoy refiriendo a los grandes temas, sino a las cositas pequeñas que son las que realmente importan a la hora de convivir. Os pongo varios ejemplos de casos con los que me he encontrado y conozco de primera mano:

Cuando salíamos él me llamaba siempre, me enviaba flores, me venía a buscar y me abría la puerta del coche. Íbamos al cine, a bailar, a cenar, de excursión, nunca estábamos parados. Nos casamos y de la noche a la mañana al convivir me encontré con que él no colaboraba en las tareas de casa. A él ya no le apetecía hacer excursiones, ni salir a bailar, y tampoco ir a cenar. Nos pasábamos los fines de semana en casa o en casa de sus amigos, ellos jugando con el ordenador mientras ella veía la tele en el sofá… Cuando ella le pidió al poco de casarse a que venía ese cambio, la respuesta fue clara “antes no te tenía segura y hacíamos lo que te gustaba, ahora te tengo segura y haremos lo que me gusta a mí”. Esto que os puede parecer alucinante es un hecho real. También he conocido otros hechos reales que alucinarían a los guionistas de Hollywood.

No siempre te abren los ojos desde el principio, en ocasiones también me he encontrado con que tras unos quince años de matrimonio, uno de los dos piensa que toda su vida se la ha pasado saliendo con una sola persona y luego intentando sacar económicamente una familia y trabajando como un burro para pagar la casa y el cole de los niños. Estas situaciones normalmente las he visto en el caso de hombres, dos veces. Entonces un buen día deciden que tendrían que haber hecho algo más con sus monótonas vidas. Un  buen día, por las buenas y sin avisar, lanzan a bocajarro que ya no están enamorados y que sienten que no han hecho nada y que quieren el divorcio. Así que piden que se venda el domicilio familiar que tanto ha costado montar y normalmente ellos se van de alquiler a otro sitio a vivir su vida e irse de juergas y aventuras. Esto también es real, aunque así como están las cosas hoy en día creo que no hay para muchas juergas, pero eso es otro tema.

Una vez conocí el caso contrario. Él trabajaba en la construcción de peón y ella era secretaria de una empresa. Era un matrimonio joven sin hijos y cuando él llegaba a casa estaba agotado y ella sólo quería seguir con sus salidas. Así que como se aburría mucho fue ella quien le dejo para buscarse alguien que no llegara tan cansado siempre a casa.

También me he encontrado con el caso de parejas que ya tienen los hijos mayores y tienen total libertad en sus vidas. Entonces deciden que aprovecharán las salidas de sus hijos para ir ellos de juerga y viaje y hacer lo que no han podido hacer estos últimos años. Sé que más de uno se va a molestar, pero en los casos que he conocido, ha vuelto ha ser el hombre, el que además de salir con la mujer, también iba con otros amigos que no tenían pareja y que además de beber también esnifaban y fumaban. Decidieron probar por eso de que uno siempre controla y sin darse cuenta se han convertido uno en consumidor de coca de fin de semana o el otro en drogadicto puro y duro. En estos casos las mujeres han aguantado hasta un cierto límite y al final han decidido que ellas tenían que salvar a los hijos y que el padre si no colaboraba que se buscara su vida.

No estoy diciendo que todos los matrimonios tengan que pasar por experiencias así. Sólo os he contado algunas. Puede que bastante llamativas pero reales.

El vivir en pareja es saber llevar una casa a medias. Saber compartir gastos. Saber compartir ilusiones y facilitarse mutuamente el que cada uno pueda seguir desarrollándose como persona. También es saber compartir los problemas, ya que no todo son alegrías y juergas. La convivencia es muy difícil y las cosas más tontas pueden destrozarla. Entonces es cuando se pasa a la situación en la que el matrimonio te abre los ojos.

Dejaremos aparte el intento o no por arreglar los problemas. Dejaremos aparte el duelo que tiene que pasar la parte de la pareja que se siente estafada, defraudada, menospreciada, infravalorada, explotada, silenciada… y que es el detonante de decidir acabar con una situación en la que se siente anulado y menospreciado. Porque no nos engañemos, puede que haya personas que se divorcien a la ligera, pero normalmente cuando uno lo hace es porque ha agotado todas las vías que ve posible para solucionar el problema que le está ahogando y ha pasado un periodo de duelo sin el cual no se ve posible realizar este pasó.

Tampoco me meteré ahora en exactamente porque una pareja que ha convivido largo tiempo decide separarse. He expuesto unos ejemplos, pero hay millones y cada uno tiene sus motivos y sus justificaciones. Hay muchos tipos de separación, y allí interviene el tipo de persona que eres. Hay parejas en las que uno de los dos no lo acepta y hará la vida imposible al otro. Hay parejas en las que la persona que lo ha pedido luego ve como su ex rehace su vida y no puede consentirlo y la martirizará toda la vida y perseguirá por ello, son lo que el refranero llama “la maté porque era mía”. Los casos que he conocido también han sido los hombres los que han actuado así. Como os he dicho, motivos y situaciones hay muchos.

El divorcio te pone gafas. ¿Porque digo esto? Hay varias formas de entender esta frase. Normalmente cuando uno ha pasado por un divorcio y rehace su vida tiene una experiencia previa que suele ayudar mucho si sabe aprovecharla. Lo de convivir no es algo nuevo. Por otra parte puedes conocer los defectos que tienes y puedes intentar corregirlos o al menos no repetirlos si esta nueva persona realmente te importa. También sabes como exponer y como gestionar los problemas y dificultades diarios, no sueles tener un comportamiento tan impulsivo ni pasional como antes. Si consigues esto es que has encontrado tus gafas.

Hay no obstante, una parte de divorciados que no sólo no se ponen gafas, sino que lo que hacen es echarse ácido entre ellos. Son las parejas en las que ha quedado un gran rencor entre los dos. Las parejas que no han sabido perdonarse, que no han pasado por este duelo. Las parejas que se han sentido ofendidas y humilladas y siguen sintiendose. Las que consideran que “el otro” no tiene derecho a rehacer una vida.  En resumen, las que no aceptan que una vez vieron algo en el otro que les atrajo lo suficiente como para querer convivir el resto de sus días, pero que se equivocaron. Posiblemente esa pareja como amigos se lleven muy bien y puede que no sea ninguno de los dos una mala persona, simplemente, que como pareja no congenian. Las parejas que son capaces de darse cuenta de ello son los que normalmente acaban llevándose bien y por desgracia son las que menos se dan.

Ahora os voy a hablar de mi caso. Mi ex no ha sido una mala persona ni mucho menos, pero yo me sentí muy limitada cuando nos unimos como pareja. Deje de hacer muchas cosas por él, incluso el doctorado y mi tesis. Me centré en él y en la casa y poco a poco dejé de ser persona. Dejé de leer incluso. Influyeron además otros factores familiares que no ayudaron y tras muchos años de estar concediendo una segunda oportunidad, decidí que lo mejor era dejarlo.

Antes de llegar a ello hay que pasar como os he dicho por un duelo, por un aceptar que aquello ha muerto y no hay nada que hacer. Ese periodo puede variar, para algunos es corto, para otros dura años. Un día volvía de la compra a casa y tenía que pasar una calle de varios carriles y muy transitada. Cuando llegue al semáforo iba tan deprimida que ni me di cuenta que los coches pasaban y estuve a punto de cruzar la calle. Un señor me paró y yo salí de mi ensimismamiento. Lo primero que se me pasó por la cabeza es que tampoco me hubiera importado que me atropellaran. Pero enseguida algo se encendió en mi cabeza y me recordó que Terremoto no podía estar sin su mamá y que tenía que recuperarme. Este es uno de los varios momentos que tuve en los que poco a poco vas curando las heridas de ese duelo y poco a poco vas tomando conciencia.

Nuestra separación no fue traumática. Yo se la plantee pero era la crónica de una muerte anunciada, así que no hubo ni discusiones ni dramas. Al principio fue duro, hacía unos meses que habían diagnosticado a Terremoto y el estar sola con él no fue nada fácil. Los primeros meses mi ex sintió una euforia de libertad y empezó a salir y divertirse. Al poco se dio cuenta que la nómina no daba para tanta juerga y se fue moderando. Estuvo no obstante bastante tiempo disfrutando de su libertad, me explico. Durante bastantes meses casi nunca iba a buscar a Terremoto a la salida del cole, hasta que una vez unas mamás se lo encontraron y le pidieron porque no le veían. Parece que eso hizo que se diera cuenta y desde entonces no faltó a la hora de la salida del cole. También estuvo esos meses que no solía acompañarme al médico cuando Terremoto tenía algo. Luego me llamaba para saber que tenía, eso sí, pero si no ocurría algo cuando le tocaba tenerlo a él, pues el trabajo era el mío. Recuerdo que yo le decía que muchos padres matarían por tener todas las ventajas que yo le daba y él no aprovechaba. Esta situación duró aproximadamente un año y Terremoto se distanció y enfrió mucho su relación con su padre. No se muy bien como fue, supongo que a raíz de lo del cole, poco a poco fue dándose cuenta y ya siempre éramos los dos los que lo llevábamos al médico, y a los fines de curso o a las fiestas de cumpleaños.

Poco después de eso fue cuando conocí a mi pareja y un año después nos pusimos nosotros a vivir juntos. Tengo que decir que mi ex ha estado siempre encantado con ello, con que hubiera rehecho mi vida. Normalmente siempre vamos todos juntos a todo lo relacionado con nuestro hijo. Era habitual que mi ex, mi pareja y yo fuéramos todos a los fines de curso de Terremoto, a llevarle a actividades, estar todos en sus cumpleaños, hacer alguna excursión o alguna salida juntos. Era normal verlos a los dos jugando con Terremoto y yo me sentía muy orgullosa cuando veía eso.

Cuando nació Tsunami, mi ex siempre ha estado muy atento y nos ha dado una manita cuando ha podido. Recuerdo que cuando nació Tsunami vino Terremoto con su padre a conocer a su hermano. Se acercó a la cuna y le dijo. “Mira Tsunami, quiero que tengas las cosas bien claras. Tu papá es mi tío R. y mi papá es tu tío J.A. y mamá es la mamá de los dos” Y tal y como dijo Terremoto, mi ex es el tito J.A. y Tsunami va loco detrás de él y cada tarde cuando llega Terremoto, está el peque esperando a que llegue su tito para jugar con él y llenarlo de besos. Hace poco mi ex me comentó que había papis del cole del mayor que se creían que el peque era hijo suyo y que le habían comentado lo mucho que se parecían los dos nenes a su padre. Esto ocurrió porque Terremoto ha participado en una competición de natación y todos nos fuimos a los entrenos y a la competición.

También quiero comentar que desde hace años, en las comidas de las fiestas navideñas,  somos siempre mis nenes, mi pareja, mi ex y yo. ¿No son fiestas familiares? Pues mi ex es el papá de Terremoto, ¿Cómo mejor se puede celebrar una fiesta familiar sino es con la familia al completo?  Como dicen en mi trabajo, Laura y su extraño harem.

Cuando nos separamos recuerdo que le comenté que Terremoto ya tenía muchos problemas para que nosotros le pusiéramos los nuestros encima y que teníamos que intentar llevarnos lo mejor por el bien de nuestro hijo. Ha costado un poco pero creo que lo hemos logrado. Muchas veces me veo dando explicaciones cuando vamos a algún sitio juntos de que ese niño es de ese y el otro de aquel y te miran con cara de flipando. Al cabo de un momento te cuentan un caso cercano de una hija o un sobrino y te dicen que les encantaría que estuvieran como nos ven a nosotros. Muchas veces también me ha pasado que las psicólogas de Terremoto y las profes de los dos nenes nos han felicitado por lo bien que lo llevamos y por el bien que eso les hace a los nenes.

Sé que es difícil reconocer que uno se equivocó, pero lo justo seria reconocerlo. Si ya no se puede hacer nada para salvar una convivencia lo mejor es dejarlo. Si lo dejáis, pensad que si tenéis hijos esos hijos son de los dos. No se puede privar a un niño de la presencia de su padre, ni de su madre, aunque estos no vivan bajo un mismo techo. Los niños son personas, no balas ni mísiles que se puedan lanzar contra tu ex. Los niños tienen sentimientos y personalidad y no puedes ir por allí diciéndoles que su padre es un cabrón o que su madre es una puta, pensad que estáis hablando de su padre y de su madre, los dos seres que le han dado la vida y le han amado y le han cuidado hasta ese momento. Cuando en lugar de seguir haciendo de padres, los padres sólo ven a sus hijos como unas posesiones que no se pueden compartir pero sí usar para dañar o manipular, entonces esos padres deberían ir a una buena terapia si es que aún los aman.

Sé que hay algunos casos extremos y no me meteré en ellos, para eso están los servicios sociales. Pero me gustaría que estas palabras si se tuvieran en cuenta para los casos de separación más normales. He elegido la fecha de hoy, 1 de enero para publicar este post porque es el primer día del año. Posiblemente muchas parejas hayan pasado una parte de estas fiestas solas, con un gran vacío en su casa y en su interior al no tener ese día a sus hijos con ellos. Sé que es difícil, pero si algo se desea y los dos ponen algo de su parte se puede conseguir. Muchos aprovechan esta fecha para hacer balance del año y proponerse ciertas metas. ¿Qué meta mejor puede haber en la vida que la convivencia, la felicidad y el bienestar de tus hijos? La vida, si quieres, puede ser mejor y una familia no tiene porque limitarse sólo a una pareja y a un techo, hay muchas formas de rectificar y seguir sintiéndose familia. Me gustaría no ser un caso tan raro y que hubiera más familias como la mía, por el bien de los nenes y de los mayores. Sería un bonito deseo para este 2013 que empieza. Gracias y suerte en vuestras vidas.

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Hace ocho años…

15 Dic

Hace ocho años al salir del trabajo fui a comer con mis compañeros. Era la comida de Navidad. Sólo éramos cuatro personas pero nos lo pasamos muy bien. Fuimos a un japonés que ya ha cerrado, por desgracia, y luego a tomar un café. La comida fue muy animada, nuestro jefe es un excelente anfitrión. Hemos hecho pocas comidas y la verdad es que todas han sido excelentes. El ambiente era agradable y la compañía magnífica, pero yo sólo tenía la cabeza en una cosa, que cuando saliera de allí tenía que ir a buscar a Terremoto y luego irnos pitando al aeropuerto. Ese día, hoy hace ocho años, tú viniste a vivir con nosotros. Entonces sólo éramos dos, Terremoto y yo y hacía un año y algo que nos habíamos conocido en un congreso sobre Tolkien… tú distes una conferencia…

… tú distes una conferencia en la que hablabas del paraíso, de momentos literarios en los que aparecía un jardín, una fuente y un árbol, desde los textos bíblicos hasta Tolkien. En esos tres días nos vimos, hablamos, nos conocimos. Antes habíamos hablado alguna vez por chat, pero muy poco, aunque luego supe que te gustaba leer lo que yo comentaba. Después, chateamos algo más. Unos meses después volví a ir a Barcelona para una conferencia y volvimos a vernos. Yo estaba en casa de una amiga y tenía que estar el fin de semana de turismo con ella. Mi amiga cuando fui estaba un poco depre, una compañera suya de trabajo, que por suerte lo ha superado y ahora esta muy bien, le habían acabado de diagnosticar un cáncer y mi amiga estaba muy hundida. Tú te ofreciste ha hacerme de cicerón por Barcelona. Recuerdo que quedamos cerca del museo de cera y llegaste corriendo con tú cazadora vaquera y fuimos a pasear y a tomar un chocolate caliente.

Decidimos salir y nos llamábamos y mandábamos mensajes y nos veíamos cada noche en el chat, hablando hasta que nos caíamos de sueño. Mientras tú acabaste la carrera y empezaste con el proyecto de final de carrera. Elegiste un tema de Mallorca, así tendrías la excusa perfecta para poder venir alguna vez. Mientras, yo, cuando podía cada dos meses, me hacía una escapada a Barcelona, llegaba el viernes y me iba el domingo al mediodía, ya que por la noche me traían a Terremoto y ya tenía que estar en casa.

Fue un año largo muy bonito, con momentos preciosos y otros de tristes. El llevar una relación a distancia es duro, pero los momentos en los que te ves son indescriptibles. Era como si cada vez que nos encontráramos estuviéramos en ese paraíso del que hablaste en tu conferencia, como si con la punta de mis dedos estuviera tocando el cielo. Luego, al cabo de poco tocaba decirnos de nuevo hasta pronto sin saber muy bien cuanto tiempo estaríamos a volver a vernos.

Yo siempre te había hablado de Terremoto, de hecho en el chat ya lo comentaba y ya sabias como era. Me pasé todo el tiempo en que salimos haciéndote mala publicidad de mí. Te contaba mis defectos, mis preocupaciones, mi vida tan poco tranquila, los problemas de mi hijo… me pasaba todo el tiempo pidiéndote como era que con tantas catalanas solteras que había a tú alrededor querías estar conmigo. Tu siempre me respondías que no te gustaban las demás, que quien te gustaba era yo y también solías añadir que nunca habías conocido a ninguna mujer que se hiciera tan poco publicidad de ella y se pusiera tan mal. Yo te insistía en que lo nuestro no era fácil y yo llevaba puesta una mochilita muy especial y éramos un lote inseparable.

Antes de venir a vivir con nosotros habías venido por cuestiones del proyecto dos veces, y estuviste en casa. Temíamos que es lo que diría Terremoto la primera vez que te viera y ya nos habíamos preparado para lo peor. Ese día también fuimos a buscarte los dos al aeropuerto, y al llegar a casa, lo único que te preguntó Terremoto fue “y tú, y tú, y tú que haces aquí” Tú te quedaste sorprendido y yo me agaché y le dije que era un amigo de mamá que estaba haciendo un trabajo para su cole y estaría unos días en casa con nosotros. Terremoto se lo pensó un poco y luego te dejó bien claro que las patatillas y la carne rebozada de la cena eran para él, que no tenía nada más que objetar.

Hace ocho años que fuimos al aeropuerto a buscarte. Llevabas cuatro maletas muy pesadas, tanto que dos de ellas se cargaron uno de los carritos de viaje que llevaba para traerlas a casa. Unos días después tú madre nos mandó el resto de cosas por mensajería. Habías dicho a tus padres que tenías novia y que te irías a vivir con ella unas semanas antes de hacerlo, de hecho, creo que ya tenías los pasajes y aún no se lo habías dicho. Tu padre siempre se había metido contigo porque no tenías novia y tú siempre le habías dicho que cuando la tuvieras él sería el último en enterarse, y vaya si lo cumpliste.

Antes de venir a vivir con nosotros ya habías visto a Terremoto en plena crisis y sabías lo que te encontrarías, por si te quedaba alguna duda. Cuando me dijiste que querías que viviéramos juntos estuvimos pensando donde. A mí no me hubiera importado ir a Cataluña, me gusta, podría haber intentado pedir una permuta, cosa difícil pero podía haberlo intentado. Pero le veía un problema, pese a lo que pudiera parecer, ese problema no eran mis padres. Yo soy hija única y siempre me han dicho si no lo hice para no dejarlos solos, ese no era el problema. Ellos habían vivido su vida y ahora me tocaba vivirla a mí, así que el quedarme o irme no dependía de ellos. El problema aunque le pueda sorprender a más de uno era mi ex. Siempre he creído que los hijos, aunque sus padres ya no vivan juntos, con quienes tienen que estar es con sus padres. Mi ex puede tener sus defectos, pero es el padre de Terremoto, y yo no podía irme e impedir a su padre poder ver a su hijo ni a su hijo no estar con su padre. Los hijos tienen que estar siempre con los padres, no son un paquete exprés que se pueda enviar por correo para estar una temporadita aquí y una allí. Tú entendiste muy bien este motivo, y lo aceptaste. Lo pensaste y decidiste que querías venirte a vivir con nosotros. Dejaste atrás a tus amigos, a tu familia, tu vida y te viniste a esta isla y formaste una nueva familia.

Ahora somos uno más en casa, hace tres años tuvimos a Tsunami y es lo más guapo que hay en el mundo, es la alegría de cada día, simpático, aventurero, cariñoso, dinámico, inteligente. Nos costó muchísimo que viniera, pero todos los esfuerzos se han visto más que compensados y cada día con mis hombres es una alegría. Te he pedido muchas veces si no te has arrepentido alguna vez de haber venido o de estar con nosotros y siempre me has respondido que en ningún momento.

Tuvimos un primer año muy bueno, y justo el día en que cumplíamos el primer año juntos operaron a mi madre de una caída que había tenido dos días antes y luego tuvo otras dos operaciones y luego le diagnosticaron Alzhéimer. La verdad es que estos años no han sido todos de color de rosa. Hemos tenido muchas cosas, algunas buenas, algunas buenísimas y otras muy malas incluso trágicas, pero siempre hemos estado juntos. Cuando yo me hundía tú me salvabas, y cuando te hundías tú yo te salvaba a ti. Lo cierto es que hemos pasado por muchos más momentos malos que buenos, pero incluso con todos esos problemas siempre nos hemos tenido.

Antes de que vinieras te prometí que no sabía como nos iría pero de lo que estaba segura es que nunca te aburrirías y ciertamente, con todo lo que hemos vivido estos años, nunca hemos tenido tiempo de aburrirnos.

Hoy hace ocho años que tú viniste a vivir con nosotros y le hemos pedido a mi ex que nos haga unas horitas de canguro con los dos nenes y nos iremos al cine a ver El Hobbit, de nuestro querido Tolkien. Luego volveremos a casa y cenaremos en familia. Estos años han dado para mucho y espero que sigan dando para muchos más y dentro de otros ocho años tal vez vuelva a escribir una entrada dándote las gracias por haber creído en nosotros. Por habernos preferido, siendo como era una opción poco tranquila, en vez de quedarte con alguna catalana sin hijos y sin problemas. Por haber venido a esta isla de la que te has enamorado y te gusta tanto que no la cambiarias ahora por ningún otro lugar y sobre todo gracias por seguir diciéndome que ha valido la pena y eres muy feliz a nuestro lado. Nosotros también lo somos y yo me sigo derritiendo cada vez que me miras o me abrazas. Te quiero con todo mi corazón.  Gracias por haber sido tan loco y haber venido hace ya ocho años.

Dibujo de familia con peluches, por Terremoto.

Dibujo de familia con peluches, por Terremoto.

Hay que cuidar al cuidador

30 Oct

La primera vez que oí esta frase fue cuando a mi madre le diagnosticaron Alzheimer. Entonces mi jefe me dijo “vigila a tú padre, ya sabes, hay que cuidar al cuidador, sino, este enferma o deja de tener vida”

Bien pensado en la vida uno hace muchas veces el papel de cuidador o el de cuidado. No es necesario llegar a los extremos de una enfermedad degenerativa de este tipo para poder aplicar este dicho tan sabio y tan poco aplicado, dicho sea de paso.

Pensemos bien en ello. Cuando nacemos somos los cuidados. Entonces unas personas, generalmente los padres, en ocasiones incluso hermanos, sobrinos, abuelos, a veces vecinos, son los que nos cuidan. Pero bueno, siempre es más agradable ser el cuidador de un pequeño que te hace monerías y aunque te agote te ríes con él, que no cuando debes cuidar de alguien que padece una enfermedad o una minusvalía. No voy ahora a haceros un tratado sobre todo esto, tan sólo os voy  a comentar unas cuantas pinceladas de hechos con los que me he encontrado en mi vida para que saquéis algunas conclusiones y podáis reflexionar sobre ello.

Cuando yo era jovencita, mi abuelo materno fue diagnosticado de arteriosclerosis, así estuvo siete años. Los dos primeros pasables, los cinco últimos había perdido del todo la cabeza. El médico dijo a mi madre y a mi tío que lo podían ingresar en una residencia, pero ellos no quisieron, así que nos repartíamos una semana uno, una el otro, el cuidado del abuelo. En ese caso fue relativamente fácil, mi abuelo vivía en el rellano de enfrente y mi tío en el piso de arriba, así que no se desubicaba al enfermo y éramos nosotros quienes entrabamos y le atendíamos. No os contaré todos los desastres, y doy fe que fueron muchísimos. Nadie sabe que es esto hasta que ha pasado por ello y os aseguro que nadie tiene derecho a criticar lo que haga un familiar si él no ha hecho antes de cuidador, y ni aun así. Porque en esos casos el desgaste físico y emocional es infinito. Algunos enfermos no te conocen y te dicen cosas graciosas que con el tiempo te lo tomas a buenas y sonríes, ¿que vas a hacer sino?, ¿hundirte? Pero también hay muchos casos en que estos enfermos pueden tornar agresivos o cambiar horarios de vigilia y sueño o cosas insospechadas. Mi abuelo supimos que tenía brotes violentos porque una vez cuando entramos en su casa nos montó una emboscada detrás de una puerta. Había encontrado el hacha que usaban cuando mi madre era niña, para mataban las gallinas del corral. No tenemos ni idea de donde la había sacado. Fue directo a por mi madre, quien por suerte cayó al suelo. Mi padre y yo íbamos detrás y entre los dos conseguimos inmovilizarlo cogiéndole por detrás y pasando nuestros brazos por debajo de su axila y girando hacia el hombro, con lo que le impedíamos mover los brazos. Luego con unas maniobras en la muñeca le quitamos el hacha. Mientras le aplicábamos esta maniobra, el abuelo estaba pisando y golpeando con los pies a su hija, o sea, mi madre. Estas personas no sé porque tienen una fuerza fuera de lo normal que sacan cuando menos lo esperas y no es tan fácil en ocasiones controlarlas. Mi madre por suerte solo sufrió golpes y hematomas en los pechos y en los brazos, con los que se protegía. Esos fueron sus golpes físicos, los morales tardaron muchísimo más en sanar. Desde ese día nadie entraba solo y evidentemente, se hizo un registro a conciencia por toda la casa por si había otro objeto que pudiera usar como arma. Creo que no es necesario dar muchas explicaciones de como se tiene que sentir una persona tanto física como emocionalmente, cuando su pan de cada día es ver que alguien a quien has querido y te ha criado cambia poco a poco para convertirse en un total desconocido y que pueda llegar a unos extremos como el que os he contado. Dejo que reflexionéis en lo que debe suponer esto para un cuidador.

La segunda vez que tuve que ejercer durante un largo tiempo como cuidadora, y de hecho aún lo hago, fue con el nacimiento de mis hijos. Este hecho se agravó mucho con el diagnóstico de Terremoto y todo lo que ha supuesto de esfuerzos y luchas. Ya lo leísteis en los post de un niño especial, y si alguien no los conoce le invito a que conozca una parte de mi vida. El tener bajo tú responsabilidad un hijo especial quema mucho y te hace sentir muchas veces impotente, desesperada, hundida y enferma. También os dejo que reflexionéis un poco en como sería vuestra vida si tuvierais en casa un hijo con problemas, ya no sólo psíquicos, un hijo por ejemplo que fuera en silla de ruedas o no viera o no oyera. Se tiene que adaptar toda la vivienda. Si no ve tienes que enseñarle a ver con sus manos y estar atento. Si no oye y está en peligro no puedes avisarle. Imagino que convivir con estas circunstancias tiene que ser también muy doloroso. Se pueden tomar medidas y directrices para hacer el día a día más llevadero, y también sé que las personas en esta situación pueden llegar a llevar una vida bastante normal. Pero el conseguirlo hace que sus progenitores, la familia, los amigos, los educadores, tengan que dar algo de si en mayor o menor medida se convierten también algunos en cuidadores, y otros en guías.

La llegada de un bebé te hace madre, pero también cuidadora. Normalmente el peso recae en una persona, generalmente la madre, pero hay excepciones y también en ocasiones los abuelos, se convierten en cuidadores. En este caso puedes ser cuidador a tiempo total o a tiempo parcial. Me explicaré, considero que una persona es una cuidadora de sus hijos a tiempo total cuando sólo hace de madre (aquí también incluyo lo de ama de casa porque es difícil excluir esto). Sería a tiempo parcial, cuando en su día a día esta el ir a trabajar, cuidar de los niños, llevar la casa y todo este hermoso mundo que algunas nos hemos buscado entre ellas mi menda. En este caso es imposible no compartir el papel de cuidador con otras personas o instituciones, ya sea el papá, los abuelos, la vecina, la chica que tienes de canguro, la guardería, escoleta, cole… creo que estos serían los más habituales. En ambos casos normalmente uno de los progenitores es el que asume este rol y además asume muchos otros roles. No se si por tradición, instinto o que, quien suele asumir este rol suele ser la mujer. Yo sólo he conocido en toda mi vida un hombre que hacía de amo de casa y la mujer era la que iba a trabajar, y no tenían hijos. Digo yo que alguno más habrá, pero yo sólo me he topado con uno.

Alguno puede pensar que lo de hacer de madre no es nada dramático y que te lo pasas pipa criando a los nenes y viendo como crecen. Pero seamos sinceros, hacer de padres es: velar por su salud, entender que les ocurre (cuando lloran, cuando no lloran, cuando quieren algo…) poner pautas y enseñarles a comportarse y actual. Tener muchas noches de insomnio, dar el pecho, o el biberón, paseos nocturnos por cólicos, por cambios de horarios, porque al peque le sale un diente, porque le han puesto una vacuna, porque está enfermo y tiene fiebre, porque está congestionado y no puede respirar, porque tiene un virus y se pasa toda la noche vomitando. Porque tienes que salir a las tantas a urgencias. Porque tienes que vigilar que no se meta algo en la boca o en la nariz. Que no toque nada que se pueda hacer daño, que no se suba a sitios peligrosos. Los enchufes de la electricidad, los cables de los aparatos. Que no se meta solo en la bañera, que no alcance a los cuchillos. Que al ir al parque no tenga deseos de hacer de superhéroe y acabaran con algún chichón, algún morado o algo enyesado. Que esperemos no tengan alergias a nada. Que hay que llevarlos a casa de los abuelos  o a la escoleta y no hay que llegar luego tarde a los demás sitios. Que tienes que hacerle una comida lo más sana posible, aunque gran parte de esa comida acabe debajo de la mesa o en la servilleta…. Como veis, el mundo de un cuidador de un nene no es sólo paz y relax y jugar a caballitos o a muñecas. Y este mundo aunque no lo creáis, también te consume y te cansa. Pero como son tus hijos y tú te los has buscado y como dicen sarna con gusto no pica. Pues lo vas asumiendo y poco a poco vas apartando otras cosas, te ablandas y adaptas y al final eres un débil reflejo de la persona que eras antes de ser madre y en algunos casos, tu vida social también no es lo que era. Cuando el niño entra en el colegio además pierdes tú identidad y pasas a ser la mamá de… ya nunca más te llamarán por tu nombre.

Cuando esto ocurre es normal que cuando llega el papá a casa se le caigan todas las cosas encima. La mujer tiene entonces que delegar todo a lo bestia en él para poder acabar con las actividades de la vida, es decir, la casa y la cena. Sé que muchos padres venís cansados y no habréis tenido un buen día, pero el de ellas tampoco ha sido sólo un camino de pétalos de rosa y esencia de canela y vainilla. También sé, mamás, que aunque el día haya sido agotador, antes de soltar de sopetón el paquete sobre el papí, un momento de reconocimientos mutuos, de besos y piropos, de ponerse al día los dos y de interesarse y dar las gracias por todo lo que cada uno hace, no variará mucho la hora de la cena y ayuda a afianzar el sentimiento de que seguís siendo una pareja que se ama y no sólo los meros cuidadores de los hijos y la casa.

Si son los abuelos los que hacen de cuidadores de los nietos, también son en múltiples ocasiones sobre explotados. Los hay de todo tipo, pero muchas veces son ellos que se encargan del pequeño hasta la hora de llevarlo al cole, le van a buscar para comer en su casa y luego lo llevan de nuevo o esperan a que pasen a recogerlo. Además a algunos de ellos les toca tener todos los fines de semana al nieto de “acampada” en su casa porque los padres se van de juerga por allí cada fin de semana, porque los que querían nietos eran ellos ¿no? Pues que apechuguen ahora que nosotros tenemos nuestra vida. Si el niño es un ángel se puede llevar, pero como el peque tenga problemas, se pueda escapar por la calle, tenga una rabieta sonada o pueda llegar a aprovecharse de ellos a agredirlos como en ocasiones he visto… ¿Debemos dar una responsabilidad de este nivel a quienes ya cumplieron con este trabajo con nosotros? Una cosa es disfrutar de los nietos, y otra muy distinta es hacerles a los padres de canguro gratuito y encima con obligaciones o malos rollos si ha habido problemas. Una cosa es una urgencia de que el peque hoy tiene fiebre y no puedo tener día libre y otra es cada día crearles una obligación sí o sí. ¿Alguien se ha planteado que sienten o que desean realmente los abuelos?, ¿y las madres?

Cuando mi madre tuvo Alzheimer quien llevó el plato fuerte fue mi padre, yo estaba con Terremoto, inmersa en un posible cambio de cole. Con crisis. Con estrés en el trabajo. Con un lio con una asociación en la que estaba. Yendo detrás de mi madre y de mi padre. Llevarla a rehabilitación con la silla de ruedas y buscar ayuda para ello. Buscar médicos hasta que la diagnosticaron porque como con mi hijo yo allí veía algo pero nadie se mojaba. Les llevaba casi a diario o siempre que podía la comida y yo no comía para hacerles la suya o bien comía algo por la calle mientras iba del trabajo a casa o cuando después iba a buscar a Terremoto y lo llevaba a terapia…. Un fin de semana mi cuerpo estalló. Llevaba unas semanas dando avisos, teniendo pequeñas crisis, pérdidas de nervios, llorar sin motivos y una mañana una gota colmó el vaso y tuve un shock nervioso y unas crisis de ansiedad, colapsaba por cualquier ruido o lo que fuera. Se saldó con cinco meses de baja y algo más de medio año a tratamiento con antidepresivos, somníferos, pastillas para la taquicardia y no sé que más, creo recordar que me metía siete y ocho pastillas cada mañana y cada noche. Era que viniera mi hijo a decirme algo y el tono de su voz me producía un nuevo ataque de ansiedad. Fue no poder salir a la calle más que para lo indispensable, porque a la que un coche tocara el claxon yo colapsaba. Había abierto más ventanas de las que podía tener controladas y tantas corrientes de aire juntas me habían enfermado.

No os voy a contar todas las tareas que tiene que asumir un cuidador y sobre todo cuando es un familiar. Ni os voy a contar de que va el síndrome del cansancio del rol de cuidador, internet está lleno de páginas y algunas muy buenas. Las he leído hace unas horas y doy fe de ello, os lo dirán y explicarán mejor que yo. Sólo os quiero plantear que realmente muchos somos cuidadores sin saberlo. Los cuidadores no somos superhéroes, aunque a veces lo parezca. Los cuidadores somos personas que seguimos teniendo sentimientos, una vida y unas necesidades, nos gusta que nos escuchen y reconozcan nuestro trabajo de tanto en tanto. En muchas ocasiones disminuimos el nivel de esas necesidades personales, porque no queda otro remedio o porque realmente te compensa lo que haces. Pero nunca debemos perder de vista que hay que cuidarnos, y si nosotros no lo hacemos nadie lo hará. Porque es muy fácil que otro lo haga y nadie se dará cuenta de ello hasta que el cuidador enferme o colapse. Es sinceramente deprimente y lamentable que alguien tenga que llegar a estos niveles por haber querido asumir más de lo que puede y no haber delegado o porque no ha llamado la atención y nadie se haya preocupado de que tuviera sus momentos de respiro como todo ser humano.

En mi vida de cuidadora he tenido que tomar muchas decisiones, algunas más difíciles que otras. Creo que la más difícil y curiosamente la que menos me costó tomar fue cuando el médico me llamó y me comentó que mi madre, que había tenido diversos ingresos muy seguidos, ya estaba terminal. Me dijo que la enfermedad se había complicado espectacularmente en un mes y medio, que estaba prácticamente vegetativa, que bien se le podía prolongar su vida a base de alimentarla artificialmente por sonda y luego cuando esto no fuera posible, hacer una intervención con unos tubos directamente al estómago. La otra solución era desconectar y esperar. Le pedí si había alguna posibilidad de recuperación y si la había como quedaría. Me respondió, “dicen que los milagros existen, pero yo no esperaría ninguno en su caso, si se diera quedaría vegetativa como ahora o peor, nunca recobraría el conocimiento ni se podría comunicar”. Le pregunté si era más que nada poner una fecha en el certificado de defunción en lugar de otra y me dijo que básicamente era algo así. No tuve que pensar nada más, le dije que le quitaran la sonda y yo hablaría con mi padre. Mi padre escucho lo que le conté de la charla y dijo que él también pensaba lo mismo y me dio las gracias por haber decidido así.

Cuando mi madre murió unas semanas después mi padre quedó muy desorientado. Se había dedicado en cuerpo y alma a cuidarla los últimos cinco años, su vida había sido eso. Y ahora que se ha acabado ¿qué? La suerte que tuvimos fue que Tsunami había venido a nuestra familia justo dos meses y medio antes. El peque fue nuestro desahogo, nuestro juguete, nuestra nueva meta en la vida. Y poco a poco mi padre se fue recuperando y rehaciendo su vida, independientemente de nosotros. Y nosotros hemos seguido nuestro camino haciendo de cuidadores de nuestros hijos.

Hace unos días os comenté sobre la relatividad de los problemas. No pensaba hacer esta entrada, no se porque me ha salido así, pero creo que entre las dos se podría reflexionar mucho sobre la vida y las personas que nos rodean. Os dejo que penséis en ello.

La relatividad de los problemas

19 Oct

Creo que estas pequeñas reflexiones pueden ser interesantes dado el momento que estamos pasando y que por lo visto va para rato. No me voy a meter en política, ni en economía, ni quiero ser frívola ni reírme de nada, no quiero olvidar que actualmente hay mucha gente que vive muy mal, otra sobrevive y algunos vamos capando el temporal como buenamente podemos y cada día salimos a ver que tiempo nos tocará.

Hace varios años, muchos, así como unos diecisiete o por allí, hice unos cursos de atención al público para estar mejor formada en el trabajo, porque mi menda es funcionaria y a mucha honra, que mis siete oposiciones me ha costado y empecé desde abajo, así que soy una funcionaria chusquera. Ya sé que en el párrafo anterior os he dicho que no pensaba hablar de política y no lo haré pero  aprovecho para informar de algo que se cuenta de nosotros. Ciertos personajes quieren hacernos pasar por unos malvados incompetentes que hemos vivido de lujos asiáticos y que todo lo que ocurre por el mundo es culpa del fastuososo yate que todos los funcionarios tenemos aparcado delante de nuestras vastas posesiones a orillas del mar. Mientras un Cadillac con tapacubos dorados nos lleva cada día con chofer oficial incluido  al trabajo. Antes de haber pasado previamente por el peluquero y maquilladora… perdón, quería decir estilista. No sea que atendiendo una petición del ciudadano se nos rompa una uña y tengamos la deshonra de lucir una tirita en nuestra perfectísima manicura francesa. Creo que ese no es mi caso… ni el de los funcionarios que conozco –y conozco muchos- pero si alguien tiene que sentirse identificado con eso, dudo que sea como una vez oí decir a un político hace años, uno de esos funcionaruchos de mierda a los que mandamos. Y otra cosa y ya no hablo más de política, nosotros también hacemos declaración de hacienda y nuestro sueldo es de lo más legal porque no cobramos nada en bruto, ni sin iva ni nada, así que no nos recordéis eternamente que con vuestros impuestos se paga mi sueldo, porque si tuviera que cobrar cada mes todo lo que pagan el resto de mortales en impuestos, puede que entonces mi menda lerenda sí que nadaría en la abundancia y no tendría una hipoteca a veinte años ni sacaría cuentas de que gastos son los que vamos a hacer este mes o dejaremos para el que viene y tal vez tendría ese yate en lugar de una colchoneta hinchable con algún que otro parche ya puesto.

Pues bueno, que ya me iba del tema y no pretendía hacer eso. Unos cuantos de esos cursillos fueron impartidos por una chica majísima que difícilmente olvidaré, fueron las mejores horas en formación invertidas en toda mi vida (y que conste que además de estudios básicos y superiores, en mi última oposición, hace diez años, presenté 2.800 horas de cursillos – actualmente son más). No sé si  ella de atención al público hacía mucho, pero de hacerte ver las cosas, pensar, ponerte en la piel del otro, enseñarte a expresar y comunicar contenidos y sobre todo respetar a la persona que tenemos delante que posiblemente esté perdida, asustada o cabreada (dependiendo del departamento en que uno trabaje) sabía un montón.

Nos enseñó muchas cosas y la mayoría de ellas además de en el trabajo, me resultaron muy útiles a la hora de negociar y educar a Terremoto, supongo que ya visteis que lo mio no fue fácil. Pues bien, una de esas charlas se refería a la relatividad de los problemas. Esta chica no nos ponía ejemplos de la administración, no. Me encantó porque ponía ejemplos de la vida, de la calle, de la familia y sobre todo del trato con los hijos y luego eso le extrapolaba a la perfección en lo que era el trato administrativo.

Cuando empezó a hablarnos de la relatividad de los problemas nos pidió quienes teníamos hijos y levantaron la mano. Les pidió cuales eran las edades de los niños e hicimos grupos según las edades. Los que no tenían niños también hicieron grupos según sus edades, y un grupo más reducido se les pidió que llegaran a una conclusión de todo lo que se decía allí.

La pregunta al grupo de los que tenían que ponerse en el lugar de sus hijos fue: “¿Que es lo que a tus hijos les preocupa más? y ¿Que es lo que te preocupa a ti más de ellos y porqué?”

Los que tenían niños en edad escolar de primaria daban respuestas del tipo

-me compren el juguete de la tele

-que la profe de lengua no me tenga manía

-que apruebe el examen de matemáticas y podamos estar el verano sin ir a repaso

-que fulanita me haga más amiga a mí que a menganita

-que mi mamá no me ponga otra vez brócoli para cenar

-que mi hermano pequeño no me rompa mis cosas cuando yo no estoy en casa y entra en mi cuarto….

A los padres les preocupaba:

-que sus hijos no se convirtieran en unos consumistas empedernidos

-que se les pudiera sacar a la calle sin avergonzarse de ellos

-que les comprendieran mejor

-que aprobasen todo y a ser posible sin tener que pasar por las clases de repaso

-que ya no sé como cuadrar horarios con las extraescolares.

-y hay que ver que manía tiene el niño con el brócoli que no hay forma de hacerle comer una verdura salvo que esté dentro de una hamburguesa.

El grupo de adolescentes empezaban a preocuparse por otras cosas tipo

-si fulanito o fulanita se ha fijado en mí

-en como conseguir que me compren esas zapatillas de marca que son tan molonas

-en si me van a dejar salir con los amigos el fin de semana o me humillaran ante ellos castigándome en casa tras ver las notas

-incluso algunos empezaban a plantearse en que debían estudiar y que rama de bachillerato debían seguir (eso era antes de la LOGSE).

A los padres les preocupaba:

-que mira que cada vez son más difíciles y los entiendo menos

-que vete tú a saber con que amiguitos me sale y que le pueden enseñar, que este seguro que me acaba emborrachándose, fumando y tomando porros y de allí a la droga hay un paso y luego acabará debajo de un puente y para eso nos hemos sacrificado tanto.

-que no hay forma de hacerle entender que el dinero no llueve del cielo y las malditas zapatillas molonas valen un ojo de la cara y parte del otro

-que se tome de una vez en serio los estudios que no pienso mantenerlo hasta los treinta.

Los que ya iban a la facultad  o hacían algún otro tipo de estudio medio o superior, sólo se preocupaban de su grupo de amigos y de los estudios.

-El hacer trabajos, ir a buscar información

-preparar exámenes

-y por supuesto seguir teniendo una vida más allá de las aulas

-algunos se planteaban el buscar un trabajito que les aportara unos ingresos para sus gastos, o sacarse el carnet de conducir o ayudar a sus padres a pagar sus estudios.

A los padres les preocupaba

-que no se despistaran con eso de salir que con lo que cuesta la matricula no estoy yo para tonterías

-que entre estudiar, ir a hacer trabajos en casa de fulanito y luego salir no le veo en todo el día, que un día de estos me hago una foto tamaño real para saber como es mi hijo

-que para lo único que paran por casa es para comer, dormir, dejar tirada la ropa para que aparezca por milagro en el armario y si nos da un beso antes de salir ya está con la mano preparada pidiendo dinero o la llave del coche, o las dos cosas que es peor.

-que a ver si dejamos de fijarnos tanto en las chicas/os y nos centramos más en los libros.

Los hijos que bien no habían seguido con estudios superiores o bien los habían acabado, comentaban que su mayor preocupación era:

-el paro y encontrar trabajo (lo del paro ya nos viene de largo)

-unos cuantos que ya tenían trabajo se planteaban independizarse o montar una familia con la pareja.

A los padres y por una vez coincidían en algo, les preocupaba:

-que sus hijos tuvieran un buen trabajo, o al menos un trabajo

-el paro

-que a ver si con la pareja este se nos despista y nos hace abuelos antes de tiempo

-que cuanto tiempo se piensa estar en casa, porque aquí sin pegar bola no se está.

-y por supuesto el tema de la toxicidad y las drogas seguía vigente.

Los que no tenían hijos y eran relativamente jóvenes pensaban en:

-espero que la empresa vaya bien que así como está la cosa y yo acabo de entrar…

-¿que me tengo que poner para este fin de semana? ¿y para la boda de mi hermana?

-a ver que me ha preparado mi madre en los tuppers (entonces fiambreras) este fin de semana.

Los que no tenían hijos o estos ya no vivían con ellos y estaban más que independizados, solían ser adultos de ya cierta edad, con un puesto laboral consolidado, una situación familiar sin estrés ni carreras ni problemas. Habían llegado a lo que entonces era una situación desahogada. Las preocupaciones de estos eran más triviales, como en la infancia.

-a donde iremos de vacaciones

-que podemos hacer este fin de semana

-que ropa tengo que renovar esta temporada

-tengo que llevar el coche a pasar la ITV

-dentro de nada toca hacer la declaración de hacienda

-el médico me ha dicho que tengo colesterol malo y debo cuidar mi dieta

El debate fue largo y también se fueron tratando otros temas enlazados  y comentando que se tenía en casa de cada uno y como lo afrontaban y comparando casos o aconsejando. Fue algo así como una especie de terapia de grupo.

Al final se vio que las preocupaciones que tanto los hijos como los padres habíamos tenido con la etapa de la infancia, no tenían nada que ver con la etapa por ejemplo de universidad y tampoco con la de buscar trabajo y posiblemente mucho menos que con las que se tendrían que encontrar más adelante o las que llegaba a tener alguien ya bien estable. La conclusión fue más o menos esta:

“Sí las preocupaciones de hoy no nos quitan el sueño mañana o posiblemente ni nos importen ni nos acordaremos de ellas, es que no son preocupaciones verdaderas.

Hemos de tenerlas en cuenta y hemos de atenderlas, pero no hemos de amargarnos por ellas, nuestras horas de sueño y nuestra salud no tiene que verse afectada por ello, este es el caso de querer unas zapatillas o que la pila de la ropa para lavar sea cada vez más monstruosa porque tú has estado esa tarde en el parque con tus hijos.

Las únicas preocupaciones que realmente deben preocuparnos son las que nos afectarán a la hora de seguir nuestra evolución.

El saber educar a nuestros hijos, darles unos estudios o formación, es una responsabilidad nuestra, y debemos ser capaces de afrontarla. No debe ser nunca una preocupación de nuestros hijos, ellos sólo son responsables de aprender aquello que se les enseña y ser capaces de conseguir sacar un provecho de ellos como personas y como futuros padres, para ellos tienes que saber vivir cada momento que les toca de una forma sana, sintiendo que son valorados y que se les apoya, que pese a todo se cree en ellos, sólo así irán asumiendo las responsabilidades que les son inherentes a cada edad.

La salud también es una preocupación importante porque de ella dependerá la felicidad de nuestro día a día y que podamos realizarnos como personas.

Cada uno tendrá otro tipo de preocupaciones que también se podrán englobar dentro del grupo de verdaderamente importantes. Es aconsejable no perder de vista estas prioridades y de ir haciendo valoraciones periódicamente, primero para no olvidarlas y segundo para ver que logros hemos conseguido y que tenemos que imponernos como trabajo interior. De esta forma no os aseguro que tengáis un futuro brillante, ni fácil, ni encantador, pero al menos no os agobiareis con más cosas de las que debéis o podéis soportar. Tendréis una mejor perspectiva del mundo que os rodea y de como encajáis en él más de lo que creéis. La felicidad dependerá un poco de cada uno, de cual sea su listón de prioridades y de como las sepa ir aceptando y centrándose tan sólo en aquellas que realmente son importantes”

¿Puede el tinte de pelo provocar un aborto?

17 Oct

Pues sinceramente, no lo se. Hace unos años me plantee esa pregunta. Así que os voy a contar un poco cual fue mi experiencia por si puede servir a alguien.

Mi madre era una persona terriblemente presumida y coqueta, y yo no. Así que se paso toda su vida criticándome e intentando condicionar mi aspecto cuando no le convencía. Mis primeras canas surgieron cuando iba a la facultad. Eran muy pocas, creo que tres para ser exactos, porque mi madre llevaba la estadística de esas tres. Ella tenía la costumbre de acecharme por la espalda cuando estaba haciendo algo o andaba distraída y zassss arrancarme una y si podía las otras dos. Obvio decir que eso me cabreaba soberanamente, porque a mí personalmente esas canas no me habían hecho nada. Además eran mías.

Poco antes de quedarme embarazada de Terremoto tuve lo que creo fue un aborto. Digo creo porque tenía un retraso de una semana, estábamos buscando bebé y empezaba a tener algún ligero síntoma. Pero no puedo confirmarlo porque antes de que me hiciera un test me vino un fin de semana una menstruación muy bestia, abundante, dolorosa y con una cantidad de coágulos de sangre muy poco usuales. Cuando hablé con la ginecóloga me comentó que posiblemente hubiera tenido un micro aborto, que normalmente pasan desapercibidos pero algunas mujeres pueden tener síntomas en esas fases y darse cuenta. Tres meses después di un positivo y tras nueve meses nació Terremoto. Yo por aquella época no me teñía ni nada, seguía teniendo mis tres canas y alguna más pero como ya no vivía con mi madre y no me tenía tan martirizada con eso pues las pobres lucían dignamente en mi testa.

Al cabo de unos años de haber tenido al mayor las canas empezaron a reproducirse de una manera más que evidente y además tuvieron la fea costumbre de ponerse todas en la capa superior del pelo, debajo ni una, todas a la vista. Por eso al principio empecé a hacerme mechas. Más adelante las mechas no me convencían y como se habían añadido algunas más pues decidí hablar con la peluquera y buscar un color lo más parecido al mio y que me hiciera tinte sin tener que pasar por todo el tinglado de unas mechas.

Cuando mi pareja y yo decidimos buscar un bebé tuvimos la suerte de quedarnos embarazados en el primer mes de prueba. Estábamos muy contentos, lo dijimos a todo el mundo, yo había visto la primera eco que mi hizo la gine cuando fui la primera vez. Pero mi ginecóloga no trataba partos, así que busque otro que me pudiera llevar durante el embarazo y el parto. Fuimos los dos a la consulta y cuando me hace la ecografía se encuentra con que el feto no tiene el tamaño que debe tener y no tiene latido. Nuestro pequeño nos había dejado, no sabíamos porque, yo estaba de dos meses y medio. Al cabo de quince días tuve un aborto natural muy bestia.

Dejamos pasar dos meses y nos pusimos de nuevo manos a la obra. Me volví a quedar embarazada ese mismo mes. Esta vez tenía el test que daba positivo, así que volví a ir al ginecólogo, esta vez sin mi pareja porque se impresionó mucho la primera vez y me dijo que no se atrevía a acompañarme. Así que allá voy sola con mi test, el ginecólogo hace una eco y no encuentra el feto por ninguna parte. Me hace hacer unos análisis con unos días de diferencia entre ellos para detectar las hormonas que tenemos en sangre. Las hormonas iban bajando. Al cabo de unas semanas empecé a sangrar poco. Fui a su consulta y me dio una baja de reposo en casa. Estuve no recuerdo bien cuantos días sin casi moverme sólo de cama a sofá y baño, seguía goteando sangre y finalmente vino la menstruación de nuevo.

Otra vez estuvimos dos meses de espera y volvimos a intentarlo. Volví a quedarme embarazada el primer mes. Estábamos bastante acojonados y casi ni se lo decimos a nadie porque era un suplicio lo de anunciarlo y al cabo de unos días tener que dar explicaciones. El pequeño se volvió a ver en las ecos y parecía que todo iba bien. Con mis antecedentes cada vez que iba a la consulta el ginecólogo lo miraba, parecía que crecía, y a los tres meses dejó de crecer y no volvió a oír su corazón aunque estuvo un buen rato intentando buscarlo. Y una vez más unas cuantas semanas después volvía a tener otro aborto complicado también con legrado como el primero.

El ginecólogo nos recomendó de esperar más tiempo antes de encargar otro, al menos seis meses como mínimo. Me dijo que yo no tenía ninguna dificultad en concebir un hijo pero si entraba en esta rueda de embarazo-aborto, tenía muchas más posibilidades de que el embarazo no agarrara y a parte mi cuerpo se estaba pegando una paliza enorme. El último aborto había sido en abril y dejamos pasar todo el verano. El médico nos dijo que si volvía a ocurrir sería conveniente hacernos pruebas cromosomáticas por si teníamos algún problema. Mi pareja estaba bastante asustado, es un chico muy sensible y la parte emocional creo que le afectó mucho más que a mí, imaginaros, así que me decía que no quería seguir buscando, que con Terremoto ya éramos una familia hacía tiempo.

Yo dejé que pasara el verano pero el pensar que había podido hacer algo o reproducido un mismo comportamiento las tres veces  sin darme cuenta no me dejaba dormir del todo. Por lo tanto además de preguntar mucho me dediqué a buscar posibles causas de aborto por internet. La más obvia era mi edad, ya había pasado los cuarenta y a esa edad es más posible tener uno. Estaba visto que el problema no era quedarme ya que eso ocurría a la primera, empecé a buscar y descartar posibilidades hasta que un día encontré un comentario que especulaba sobre la posibilidad de que el amoniaco y los componentes de los tintes del pelo pudieran tener alguna relación con los abortos. Hice memoria, con Terremoto no me teñía, eso vino después… y lo cierto es que unos cuantos días antes o una semana antes de haber ido al ginecólogo había ido a la peluquería para teñirme, las tres veces.  De hecho la última vez que fue la que duró más mi embarazo había tardado un poco más que las anteriores en ir por una serie de problemas caseros que no me dieron tiempo para escaparme cuando me tocaba.

Ocurrió una cosa curiosa, porque al final convencí a mi pareja para que me diera una última oportunidad, sino dejaríamos de buscarlo. Aún no lo estábamos buscando e incluso tomando nuestras precauciones y yo me volví a quedar embarazada. Evidentemente ante el nuevo test volvía a ir al ginecólogo, esta vez sin pasar por la peluquería y le comenté mis dudas. Me respondió lo mismo que luego me dijeron el pediatra del mayor y mi amiga doctora. Científicamente no se ha comprobado, pero se especula que pudiera haber una relación, pero no está demostrado, es posible que haya personas que sean propensas a absorber más las sustancias o tengan algo que les provoque eso, pero de hecho hay muchas mujeres que se tiñen y no les ocurre nada, así que como no es cuestión de coger a una gestante e ir haciendo experimentos de ese tipo pues de momento no hay una confirmación o estudio suficientemente fiable.

A mí esto me mosqueo, así que fui a hablar con mi peluquera. Estuvimos comentándolo un buen rato. Ella me dijo que con todos los años que llevaba nadie le había dicho que por causa del tinte hubiera perdido un bebé. Ella misma y algunas de las chicas que han trabajado con ella han sido madres y tocado muchos tintes durante el embarazo, se han teñido y han olido todos los componentes los nueve meses y no ha habido complicaciones. De todas formas decidimos a modo preventivo buscar un tipo de color que no llevara ningún tipo de química y fuera natural, no era un tinte, era un tipo de baño de color. Durante todo el embarazo y mi corto periodo de lactancia estuve con este baño de color.

Ya os podéis imaginar lo estresado que fue el embarazo de Tsunami. Hasta los cinco meses y medio no me atreví a decirlo a mis padres. Por suerte tanto en este como en los tres anteriores siempre tuve a la madre de mi pareja que estuvo en todo momento apoyándome y ayudándome aunque fuera por teléfono ya que ella no vive aquí. Reconozco que esas charlas por teléfono me ayudaron mucho y nunca podré agradecérselo lo suficiente. Finalmente después de nueve meses Tsunami vino al mundo y fue un hermoso bebito de 3’780 de peso, casi nada.

Nunca he sabido muy bien a que se debieron esos tres primeros abortos ¿Por mi edad?, ¿Problemas de incompatibilidad de cromosomas? ¿Por demasiado estrés y ansiedad? ¿Por causas fortuitas? ¿Por el tinte? No os podría dar una respuesta porque no la tengo. Tan sólo quería compartir mi experiencia por si pueden dar alguna pista a alguien y os pueda ayudar en algo. He leído que algunas de vosotras habéis pasado también por esa desgraciada experiencia y pese a todo el dolor que ello conlleva, no habéis desistido de encontrar vuestro hijito, ojalá lo consigáis pronto y si tenéis alguna manía hablad con vuestra peluquera y poneros un baño de color natural, por probarlo no se pierde nada, quien sabe. Suerte.

Un niño especial (4ª parte y última)

13 Oct

Cuando nació tu hermanito aún tenías tus momentos malos, la casa donde estábamos era muy pequeña y nadie tenía espacio para él y con un bebé recién nacido todos tuvimos nuestros momentos de nervios y estrés. Al final conseguimos mudarnos a otra casa más grandecita donde cada uno puede tener su espacio y tu hermano ya es más sociable e interactúa mucho más que cuando era un bebé. Desde entonces has mejorado mucho y la verdad es que estamos teniendo una temporada muy buena, sólo ha habido algún episodio puntual y llevadero. Esperemos que no llegue la parte baja de los picos de sierra y esto sea un cambio en tú evolución.  Con tu hermano has aprendido a controlarte bastante, aunque ahora está entrando en esa etapa conflictiva de formar su personalidad y en ocasiones te hace alguna cosa que no es justa y eso no te cae bien pero te aguantas y nos lo cuentas, bueno, mejor dicho nos lo gritas para que vengamos. Intervenimos, te explicamos que le ha pasado y te felicitamos por haber sido tan comprensivo y por ayudarnos a educarle. Hoy nos has dicho que nunca hubieras creído que ser hermano mayor llevara tanto trabajo.

Pese a todo hemos tenido nuestros momentos buenos, cuando quieres eres muy cariñoso. Has resultado ser un cocinero estupendo y hemos preparado cosas juntas e inventado muchas recetas, tus peticiones eran todo un reto. Veías unos dibujos animados en los que salía un plato con algo dentro y querías que preparara ese algo inidentificable.  Lo que aprendí de cocina gracias a ti. También tenías a tu mascota, un peluche de cocodrilo que más que mascota era como tu hermano. Ese peluche nos ha acompañado en un montón de aventuras, incluso hicimos un cómic con sus historias. Con tus obsesiones nos hemos convertido en casa en unos expertos en dinosaurios, en cocodrilos, tiburones, motos, sidecares, planetas y en plantas y medio ambiente. Gracias a ti hemos plantado un mini-huerto en el balcón. Hemos aprendido a ver la vida de una forma diferente y mamá se ha convertido en una negociadora nata para poder hacerte comprender las cosas. Cuando te explico algo esa tarde no voy a hacer nada más y espero que al menos todo ese tiempo haya servido para que lo entendieras, aunque una tarde negociando contigo me deja mentalmente agotada y el paracetamol es la siguiente visita obligatoria cuando salgo de tu habitación. Antes me quejaba de que no hablabas y ahora no paras desde que te levantas, en el fondo añoro un poco esa época de silencio.

Me he dejado muchas cosas, algunas por cansancio y otras porque el cuerpo humano es sabio y sólo recordamos aquello que nuestros sentimientos son capaces de soportar. Hemos hecho un gran camino juntos, es cierto que hemos tenido posiblemente más momentos malos que buenos, más luchas que victorias y más lágrimas que sonrisas. Pero no todo ha sido negativo, gracias a todo este trabajo a todos estos años, tú eres ahora un muchacho encantador, curioso, mucho más calmado que antes, con ilusiones, pequeñas pero ilusiones, con muchas ganas de hacer cosas.  La doctora que el primer día dijo que tenías un mal pronostico, ahora está asombrada con tus progresos y nos dice que tienes un pronóstico muy bueno. Este fin de semana me has dado una alegría cuando por primera vez te he oído como leías sólo el mi mamá me mima y amo a mi mamá, estabas con mi pareja que te ayudaba a hacer los deberes del cole. Yo no he dicho nada, pero he pensado que tal vez después de tantos años,  ese sea un buen principio y pueda haber aún una oportunidad.  Lo que nos deparará el futuro no sé que será. Es algo que muchas veces me quita el sueño, no puedes imaginarte la de veces que me he despertado por la noche pensando en ello, sobre todo cuando ha habido algún problema o estabas de malas. La adolescencia me da pánico y ya veremos que pasará el día que nos digas que te gusta una chica, o peor, que ella se haya reído de ti, no quiero pensarlo.

Pero tengo una esperanza de que el futuro será bueno, de que sepas estar contento contigo mismo y valores lo que eres, que llegues a ser feliz. Y si la vida nos regala algo más, pues bienvenido sea. Me lo has hecho currar mucho, pero estoy orgullosísima de ser tu madre y de que tú seas mi hijo. Este escrito es para ti, mi niño, mi amor.

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A los padres de niños que tenéis sospechas de que algo les pasa o acabáis de ser diagnosticados. Os pido que no desfallezcáis, que busquéis y pidáis hasta que vuestro pequeño haya sido diagnosticado y se pueda empezar a trabajar pronto con él. Los que habéis tenido hace poco un diagnóstico, no os quedéis sólo con las tres primeras entradas, evidentemente tendréis que pasar por ellas, por la aceptación primero y luego dependerá del caso de cada uno.

Es muy posible que el camino no sea fácil todo depende del respaldo que tengáis y de lo que os vayáis encontrando. Tenéis derecho a equivocaros y a rectificar, pero no perdáis demasiado el tiempo pensando en que hubiera ocurrido si lo hubierais hecho de otra forma, porque ya está hecho y es mejor centrarse en el ahora y no en el ayer. Tampoco penséis demasiado en el mañana, porque eso dependerá de lo que vayáis haciendo y de como vaya respondiendo y evolucionando el pequeño. Así que no empecéis a plantearos hipotéticos problemas antes de que se den, porque posiblemente no ocurran y habréis perdido muchas fuerzas y energías martirizándoos con cosas que ni tan siquiera ya han llegado, nuevamente os digo, pensad en el ahora, no en el futuro.

Os pediría que os quedarais sobre todo con la entrada de hoy. Es cierto que no todos tenéis los mismos medios, pero por suerte hasta en internet se pueden encontrar páginas hechas por gente preparada y explicada de forma muy accesible para poder darnos una orientación y algún consejo muy interesante como es el caso de nuestra Terapeuta Temprana.

El primer día os puse una foto de la luna durante el día, porque cuando nos diagnostican nos surgen muchas dudas y tememos que la noche se cierna de golpe sobre nosotros aunque aún sea de día. La segunda, la hice unas horas antes de publicar y es la puesta de sol que hubo ese mismo día,  porque las complicaciones y los problemas hacen que muchas veces creamos que esa oscuridad ya está sobre nosotros, pero el sol aún no se ha acabado de poner y pese a la venida de la penumbra,  todo el cielo es aun muy bello y nos regala una la esperanza de ver la de mañana.  La tercera foto también la  hice el mismo día que publiqué y es un camino, el camino que recorreréis, no será un camino liso, será más bien de esos de tierra con piedras, que no sabremos que hay detrás de la próxima curva y con un cielo algo amenazante de lluvia. La foto que os dedico hoy es la salida de sol que fotografié el día que decidí contaros mi historia, porque creo que es la mejor forma de simbolizar ese futuro, ese día que acaba de comenzar y que lo que ocurra en él aún es un misterio pero que depende de como queramos afrontar el día. Porque aún tenemos todo un día delante, no hemos hecho más que empezar.

PD: Hace unos días me enteré de una noticia, me puse en contacto con la Terapeuta temprana y me dijo que algunos de sus niños lo habían tenido que dejar por eso. Dije que quería escribir un post. He necesitado un poco de tiempo para hacerlo, no sólo por su extensión, sino también por su contenido. Me gustaría que nuestros políticos supieran exactamente que es un niño con Trastornos Generalizados del Desarrollo, al menos cuando deciden quitarles las ayudas que tienen,  porque creo que no tienen ni idea de los que es tener un hijo T.G.D. . También desearía que la gente de la calle también sea consciente de ello. La gente en ocasiones se pelea por niñerías con sus hijos y se quejan por  una simple pataleta. Nosotros hemos tenido que pasar por cosas que ningún padre tendría que pasar y mi hijo ha pasado por cosas que ningún niño tendría que experimentar. Si al menos hemos conseguido que cada uno sepa valorar mejor lo que tiene en casa y al ver cualquier niño especial le sonría y hable y deje que sus hijos jueguen con él estaría contenta. Mi hijo no tiene amigos, cuando lo ha intentado los papás tenían muchos compromisos con parientes y amigos así que…  Si de pequeños enseñamos a nuestros hijos a compartir los juguetes con los otros niños ¿porqué no les enseñamos luego a compartir lo más maravilloso que hay en el mundo? La vida.

Mi hijo es una persona, tiene sentimientos y se da cuenta de todo, no es tonto ni tiene ningún tipo de retraso mental así que comprende lo que pasa a su alrededor pero a su manera y sufre. Él te dice que su cabecita funciona de otra forma y no puede controlar que pasen ciertas cosas. En los últimos años los casos de niños con T.G.D han aumentado espectacularmente, no se sabe muy bien porque.  Es un problema que no se puede detectar con ninguna prueba durante el embarazo y que no empieza a verse normalmente hasta el año y medio a los tres años. Muchos de ellos ni siquiera serán diagnosticados y pasarán a ser aquellos alumnos torpes o aquellos adultos que no daban para más. Hoy te estás riendo de uno, pero mañana puede que tú hijo o tú nieto se encuentre en el mismo caso. Por todos estos niños que algún día serán adultos y por sus padres sonriámosles y no nos de miedo darles la mano y hablarles, sólo este pequeño  gesto será una gran recompensa y ayuda para su desarrollo y autoestima.

Gracias por haber llegado hasta aquí.

Laura

Un niño especial (3ª parte)

12 Oct

Una de tus peores crisis fue cuando te sacamos del cole. Ese año había empezado un niño nuevo y a la lumbrera de la profe no se le ocurrió otra cosa que ponerlo a tu lado. Cuando me vio ese niño vino a mí y lo primero que me preguntó era si “tu hijo es tonto o es que se lo hace” y su madre delante sin decir nada. Otra mamá que estaba conmigo, se agachó y le explicó que eras un poco especial pero que no eras tonto. La profe se pasó todo el curso diciéndome que le tenías manía y que le querías pegar o clavar el lápiz y alguna vez llegasteis a las manos. Ese curso especialmente fue un infierno. En el verano cuando ya no estabas en el cole nos encontramos con algunos compañeros y me contaron que ese niño te agredía cuando la profe no miraba, pero que tú no tenías perspicacia y le contestabas cuando te pillaba la profe, por eso todas esas quejas y tú estabas tan ofuscado y te sentías fatal.

Dos meses antes de acabar ese curso tuviste una crisis una mañana y sólo porque te estaba poniendo los calcetines del uniforme. No querías ir al cole. Ese día acabé tirada sobre ti en la cama, recibiendo mordiscos y tirones de pelo, me quitaste mechones. Mi pareja y yo no podíamos contigo y tuvimos que llamar a papá para que viniera corriendo. Entre los tres conseguimos apaciguarte. Estuviste más de una hora defendiéndote hasta que finalmente te calmaste. Ese día te quedaste con los abuelos, y nosotros tuvimos que ir a trabajar y aguantarlo y poner buena cara, pero por dentro sólo tenía ganas de encerrarme en el baño y  ponerme a llorar.  Esos dos meses que quedaron de clase,  estuviste con los abuelos y yo gestionando con la consellería un cambio de cole, no fue fácil. El inspector me dijo que si no estabas escolarizado me denunciarían y yo le dije que lo hiciera.  Hacía dos años que habíamos comentado a la inspectora que queríamos un cambio de cole, pero ella se había olvidado de tramitarlo. El inspector de ese año decía al principio que no podía hacer nada y tuve muchas charlas por teléfono con él. Al final conseguimos entendernos y pude conseguir un cambio de cole para ti, pero te llevaba a un cole especializado, donde según nos contarías más tarde, todos tus compañeros o no saben hablar, o emiten rugidos o les falta algo o van en silla de ruedas.

El primer día que fuimos a verlo nadie nos acompañó, estábamos tu papá y yo. En recepción acababan de sacar a todos los chicos con parálisis cerebral, todos en sus sillas de ruedas, con sus cuerpos entorsillados y sus baberos puestos para no mancharse. Algunos de ellos, los más privilegiados salían caminando, si se le puede decir así,  acompañados de las monitoras. De repente uno de ellos se tiró al suelo enfrente de nosotros y se puso a gemir y a hacer algo parecido a espasmos. La chica lo levantó tranquilamente y siguió su camino. Pensé que donde te estaba metiendo. Al final hablamos con el director y otro personal, fuimos otros días, te hicieron valoraciones.

Vimos otro cole que llevaba poco abierto funcionando,  en el cual acababan de abrir una aula ASCE (aula sustitutoria centro específico), pero lo primero que nos pidieron era que firmáramos un papel para solicitar personal y lo que se suponía sería vuestra aula dentro de unos meses era una aula de música sin nada preparado  y tenían un comedor pero la cocina seguía sin estar acabada ni montada después de dos años  y por eso tenían servicio de cáterin.

Así que  acabamos quedándonos con el cole especializado, y no me he arrepentido. Papá está ahora tan involucrado que ha acabado comiéndose la presidencia del APA para intentar ayudar algo. Tú te quejas de que en tu cole no hay niños normales, pero en el cole de niños normales la integración es una falacia y aquí has empezado a progresar como no lo habías hecho hasta ahora, aunque sé que no te acaba de gustar del todo, porque tú te das cuenta de las cosas y ves que algo no funciona bien y te gustaría ser un niño normal que fuera a un cole normal con gente normal.  Estáis separados por tipologías y sólo encuentras a los más graves en las entradas o salidas o en algunas actividades, pero aunque sólo sea en estas ocasiones a ti te afecta. Tu profesora es un bombón y ha conseguido muchos progresos contigo, sólo sois cinco niños en la clase y esta año has empezado a distinguir letras y a escribir palabras, las memorizas y las repites en mayúsculas, puesto que la escritura silábica te cuesta entenderla. También has empezado a desarrollar operaciones matemáticas sencillas y ya sabes sumar y restar con el ábaco. Este verano por primera vez en tu vida te han puesto deberes y te has sentido muy orgulloso de poder hacerlos por fin.

La gente normalmente siempre te dice que ellos no discriminan y que los niños especiales tienen derecho a estar integrados y a poder jugar con otros niños y llevar una vida normal. Es algo que dicen muchos pero cumplen muy pocos. Las personas suelen ser bastante crueles, o bien por desconocimiento o bien para sentirse superiores o por ser unos pasotas. Cuando tenías cinco años estabas en la playa jugando tranquilo a en la orilla haciendo montoncitos de arena. Unos niños te habían oído hablar conmigo y como te atascas y en ocasiones tartamudeas si estás nervioso, y cuando te encasquillas das un chillido, supongo que se fijaron en ti. Uno de ellos se puso de pie a tu lado y empezó a señalarte con el dedo y a gritar a pleno pulmón en la playa a sus amigos “¡eh! Con este de aquí no juguéis que es muy raro” y a volver a insistir en ello. Las madres estaban a mi lado, lo miraron y no dijeron nada y seguían hablando entre ellas. Tú te quedaste mirándome, yo me levanté, te cogí y nos fuimos de la playa. He llegado a la conclusión que discutir allí mismo te pone más nervioso. Estuviste seis años a querer bajar otra vez a esa playa, decías que allí había niños malos que se reían de ti. De hecho volviste a bajar porque nació tu hermanito y le gustaba la playa y es la que tenemos más cerca, pero lo pasaste muy mal y te ha costado mucho ir, aunque lo haces, pese a todo en ocasiones cuando bajamos me sigues preguntando que es lo que haremos si aún hay niños malos y esta vez se ríen de tu hermano.

El intentar apuntarte a alguna actividad era muy complicado. Tú no querías centros especializados porque veías que tú no tenías ese aspecto que pueda tener un Down o no haces los gestos tan extraños ni te faltan extremidades ni todo eso. Centros en los que haya niños normales y estuvieran preparados para tenerte no hay muchos. Te apuntamos a clases de cerámica, nos lo pediste muy entusiasmado. Lo que me costó que la maestra te diera una oportunidad y eso que eras bueno haciendo cositas. Papá y yo estábamos en la calle al lado de la entrada con los móviles funcionando por si teníamos que ir durante la clase.  La pobre aguantó hasta que sus nervios no la dejaron y nos pidió que te sacáramos. No llegó exactamente a un mes. Otra vez te apuntamos a karate. También tuve que sudarme mi negociación con tu sensei, por suerte yo había hecho karate de joven y supe como enfocárselo. Estuviste casi un año y te sacaste el cinturón amarillo. El profe estaba contentísimo, te había costado mucho pero te lo habías ganado por tus propios méritos. Me dio las gracias por haberle insistido tanto en que te cogiera y me confesó que ese amarillo le había sabido mucho mejor que cuando algún alumno conseguía un negro. Es una lástima que no haya más como tu sensei. Al final lo dejamos porque nos lo pediste y nunca te he obligado a hacer una actividad extraescolar si tú no querías.  En el cole donde vas ahora te han descubierto tu lado deportista. Tu profe está muy contento contigo, incluso nos han pedido para federarte y participar en competiciones. Te encanta que te den alguna medalla y las colgamos del corcho de tu habitación.

Me volvía loca con tus reacciones, desde abrir la puerta del coche en marcha en plena autopista, hasta no querer entrar en él cuando habíamos ido de excursión y haberse hecho de noche, mientras un señor no hacía más que darme la vara porque yo era una madre violenta que quería obligar a mi hijo entrar dentro y él no quería. A mí ese entrometido me daba mala espina sobre todo como se acercaba a nosotros y lo que me soltaba, mientras el sol ya se había puesto y tú seguías sin querer sentarte en la silla. Tenías y sigues teniendo un gran defecto, no tienes nada de empatía, puedes tener a alguien completamente destrozado a tu lado y tú seguirías preguntando por algo que te interesa. Con los años hemos conseguido que no sea tan exagerado, pero aún te cuesta muchísimo ponerte en el sitio de los demás o entenderlos, aunque si te ofenden te sientes muy dañado y en ocasiones puedes llegar a ser rencoroso, cuando alguien te ha defraudado no lo olvidas.

Un niño especial (2ª parte)

11 Oct

Te mantuvimos en el cole porque la clase estaba muy mentalizada contigo,  os compenetrabais muy bien, tus compañeros te apoyaban mucho y cuidaban. Todos te conocían y sabían como tratarte y ayudarte. Las maestras hacían lo que podían. El cole casi no tenía medios, yo estuve dos cursos pagando a una terapeuta para que fuera a la clase y allí diera apoyo a la profe, aparte esa chica también venía a casa a hacer refuerzo y además ibas a un gabinete psicológico que nos recomendó la mamá de R. que también era T.G.D. Con ese gabinete hiciste muchos progresos y estuvimos yendo de los cuatro a los nueve años. Nosotros entonces estábamos solos en casa, no teníamos al hermanito y mis gastos normales eran poquitos, yo no soy presumida con la ropa y me dura mucho y casi no salía más que contigo. Entonces pude hacerlo y pude pagar todas esas facturas porque hoy me hubiera sido imposible, al menos tanto tratamiento. Había meses que se me iban tranquilamente más de ochocientos o novecientos euros en las terapias. Normalmente era menos, ya que dependía de las horas que hubieran hecho y lo que hubieran tratado.  Si un mes tenía que comer prácticamente de bocatas o yogures pues lo hacía, pero cuando estabas tú en casa se comía normal. Una vez mi jefe me dijo que ese dinero había sido el mejor invertido de toda mi vida. Pero tú casi no evolucionabas, hacías pequeños progresos y luego retrocesos. Los médicos lo llamaban dientes de sierra.

El colegio fue un caos, una desorganización y descoordinación impresionantes. Cuando tuviste que pasar a primero no me dejaron tener a la chica que te daba refuerzo en el cole. La que se encargaba de eso en el cole era nueva y empezó a decirme que primero tenía que valorarte y estuvo meses valorándote o eso decía ella. Luego empezó a soltarnos que todo lo que ya sabías y me habían entregado en los informes mensuales anteriores que eso no era cierto y que esas habilidades te las había enseñado ella en sólo quince días. Anda ya, no quieras ni querer saber la que le montó mamá en esa y en las sucesivas reuniones. Mis quejas llegaron hasta la superiora, pero esa también pasaba bastante, sólo le importaban el dinero que sacaban de los padres o de la administración.  Las profesoras iban perdidas, no se les avisaba que tú subías de nivel ni menos lo que tenías. Alguna de ellas me pidió que yo les diera directrices y les pasara material para que pudieran trabajar contigo. ¿Yo? que era la que necesitaba que me ayudaran y orientaran. En el comedor cuando tenias problemas no me decían nada, hasta que un día ocurría algo monumental, entonces me acechaban y me montaban una escandalera como sí tú fueras el peor de los gánsters de Chicago y tenía que ser yo quien al día siguiente me pusiera a llamar al cole para que me pusieran con el psicólogo y decirle que fuera a hablar con las del comedor, porque no había ninguna comunicación interna.  Si no podía hablar con él entonces por la tarde tenía que ir y esperar delante de su despacho, porque el psicólogo en vez de actuar como tal se pasaba casi todo el tiempo dando clases de no sé que a los de ESO. Era vergonzoso. Ellos se justificaban con las historias más estrambóticas e inverosímiles y nosotros seguíamos aguantando para que te favoreciera la integración con los otros niños.

Tú siempre fuiste muy inquieto, la hiperactividad fue otro de tus ítems. Era agotador, nunca te parabas cuando te pedían de parar. No te solté de la mano por la calle hasta que no estuve embarazada de tú hermanito, y os lleváis diez años y medio. El ir de compras contigo era una odisea. Normalmente a la hora de pagar me ponía sobre una pierna, con la otra te envolvía, te cogía con una mano y con la otra sujetaba el bolso y abría la cremallera con los dientes. Incluso así salías corriendo. Era una pesadilla. Si algo te molestaba o no te entendíamos te ponías muy nervioso y te ofuscabas. No siempre reaccionabas mal, pero cuando ocurría esto creabas unas pequeñas frustraciones internas que podían estallar en cualquier momento, por las tonterías más idiotas. Una vez montaste una fenomenal porque con el cochecito volvimos a casa por el otro lado de la calle por el que habíamos empezado el paseo. Otra vez fue porque te sacaron de clase de natación por la orilla en lugar de la escalera por la que habías bajado. Esta te duró una semana hasta que entendimos que querías volver a la piscina para salir por la escalera. Una vez te habías dejado no sé que en la clase y a la salida del cole no querías salir. Tú te querías escapar, yo acabé inmovilizándote en medio de la acera con mis piernas. La gente empezó a irse y nosotros nos quedamos solos en medio de la acera sin nadie más. Yo no podía moverme porque si no te escapabas y ese día no tenía el móvil en el bolso. Después de tres cuartos de hora de estar así pasó una señora y llamó por teléfono a papá. Papá vino pronto y entre los dos te llevamos a casa. Cuando llegué allí me quité unos vaqueros que llevaba y tenía tus dientes marcados en la pierna y un hilo de sangre que me llegaba ya casi a la rodilla. Te habías pasado todo el tiempo que te había inmovilizado mordiéndome para poder escaparte.

Un día a la salida del cole te escapaste del abuelo y un coche te atropello, por suerte era un paso de peatones y sólo te tiró al suelo, pero te pasaste toda la tarde haciéndote pruebas y tal.  También otro día fuimos a comprar con tu madrina. Estuvimos cinco horas en ir y volver porque te pasaste toda la tarde intentando escaparte, chillando, tirándote al suelo. Te teníamos que inmovilizar entre las dos.  Dos personas creyeron que te habíamos secuestrado y uno de ellos quería llamar a la policía. Años más tarde le hiciste una cosa parecida a papá, sólo que esa vez los que pasaban eran dos jóvenes que iban al gimnasio y cogieron a papá del cuello y lo levantaron, por suerte pasaba por allí la chica de la farmacia que te conoce de toda la vida y les explicó que pasaba. Cuando volví del trabajo a las ocho y media que iba a recogerte te encontré en la calle con papá ya que no habías querido subir a su casa desde la salida del cole.

Una vez querías salir de casa para ir a vivir por la calle, porque te empezaba la época rebelde y querías vivir sin nosotros y que te comprara una casa. Estábamos en la calle y a empujones te pude arrastrar hasta casa, porque cuando te daba un ataque, mamá sacaba fuerzas no sabía muy bien de donde. Cuando entraste en casa cerré, tú cogiste una silla y empezaste a aporrear la puerta, por suerte era maciza. La vecina de arriba bajó incluso a ver que pasaba. Cuando tenías una crisis podías acabar arremetiendo contra la puerta, siempre querías salir, yo procuraba vigilar que no te hirieras, por suerte no te autolesionabas, otros niños lo hacen. Lo que mejor funcionaba era no hacerte caso y poner la lavadora o sentarme a leer. Después de mucho tiempo te calmabas, pero en ocasiones no era tan fácil y tenía que intervenir, entonces acabábamos en el suelo tirados, yo intentando inmovilizarte para que no te hicieras daño con lo que aporreabas y tú me pegabas y mordías y arrancabas el cabello o arañabas, hasta que te calmabas y acabábamos abrazándonos los dos en el suelo y yo intentaba consolarte y tú llorabas, intentaba hablar contigo y averiguar que te había pasado e intentar explicártelo y buscar una solución. Más tarde cuando estabas en la cama, entraba al baño, me miraba al espejo y me desmoronaba. Cuando tenías muchas crisis seguidas por frustraciones acumuladas o por algún problema con algún niño o alguien que se hubiera reído de ti te recetaban antipsicóticos, tenías que tomarlos al menos durante medio año por eso que hay que introducirlos despacio y también quitarlos progresivamente. Si miraba la receta me hundía más pero te iban bien y te calmaban y ponían un poco de orden a tu cabecita desordenada. Tú nunca te sentiste bien con las crisis, sabías que algo te pasaba pero no podías controlarlo y muchas veces me decías que tu cabecita torpe te hacía hacer cosas y con la mano te daba golpecitos en la cabeza. Yo te decía que tú cabecita no era torpe y te explicaba que lo que le pasaba era que a veces iba a otro ritmo pero que no eras ni torpe, ni tonto, ni imbécil, ni idiota, que tuvieras eso muy claro. Lo cierto es que pese a lo que nos dolía dártelos, con los fármacos te calmabas y volvías a recuperar tú estado normal y te sentías mucho mejor y luego cuando lo habías consolidado íbamos quitándolos poco a poco.  Era duro tener que darte eso por situaciones que habían provocado mayoritariamente terceras personas.

Un niño especial (1ª parte)

10 Oct

Enero de 1999, son las diez de la noche, después de dieciocho horas de parto estoy a punto de entrar en el quirófano, me acaban de poner la epidural, ya podrían haberlo hecho hace un par de horas. Diez minutos después oigo por primera vez tu llanto, pero no te traen enseguida, te llevan a una habitación adyacente y allí te tienen un buen rato. Después te entran para enseñarte, solo veo un ojo, el otro está tapado con la toalla. Les pido que me enseñen el otro ojo, te destapan apenas unos segundos y desapareces. Sólo he podido ver dos ojos grandes y oscuros abiertos como una lechuza y que lo mirabas todo con atención.

Unos meses después sigues tú evolución normal, el pediatra dice que vas según el calendario, pero a nosotros nos das bastante trabajo. Lloras mucho por la noche y te despiertas muy a menudo. Cada vez que te despiertas sé que será al menos una hora justa de estar paseándote y meciéndote en brazos hasta que te duermas. Luego ponerte en la cuna sin que te des cuenta. Si te das cuenta hay que empezar otra vez al principio de la hora y a veces ocurre. También ocurre que me oyes cuando me voy y vuelves a llorar. Normalmente duermes nervioso, te das muchas vueltas y golpes con la cuna y hemos puesto protectores por todo el contorno.

Eres muy estricto con los horarios. Estás sobre mi cama jugando conmigo y de repente dejas de jugar con los peluches que te enseño, te pones serio y lloras de golpe. Miro el reloj y es la una en punto y a esa hora suelo darte la comida. Es como si llevaras un reloj encima y cuando da la hora en punto si no ocurre lo que esperas protestas y mucho.

A los cuatro meses y medio te sale tu primer diente y a los cinco el segundo. Estás muy mono. A los once meses aprendes a caminar. Llevabas una temporada gateando y explorándolo todo, ya llevas unos días que casi lo consigues. De repente una tarde a las seis te sueltas y pones de golpe a caminar de una habitación a otra. Yo llamo corriendo a mis padres para que vengan y cojo la cámara para recordar ese momento. Mis padres llegan corriendo. Tú te pones a caminar sin parar arriba y abajo y no paras de las seis a las nueve sin parar, tres horas seguidas sin descansar nada. Esa noche dormiste rendido. Entonces yo no tenía referencias, pero supongo que debería haber pensado que eso no era muy normal.

Te llevamos al parque y juegas solo, lo haces al lado de los otros niños, pero no con los otros niños, de hecho ni les prestas atención. Tampoco hablas, dices papá, mamá, y poco más. Te haces entender perfectamente con gestos, o bien cogiéndonos de la mano y señalando con el dedo, ese dedito inquisitivo que tan bien te servía. Yo empiezo a inquietarme, algunas cosas aprendidas se te olvidan, como las partes del cuerpo.  Cuando te hablamos nunca fijas tú mirada en nuestros ojos, la rehúyes, y cuando pides algo sigues sin mirarnos.

Sigues siendo inquieto y muchas veces te da por hacer cosas o movimientos repetitivos durante un buen rato. También imitas las cosas que ves en la tele, eres capaz de tener puesta casi toda una peli sin prestarle caso pero no quieres que la quitemos, hasta  llegar a una escena en concreto y hacerla al mismo tiempo que los personajes y luego olvidarte otra vez de la pantalla.

Te operan de unos drenajes en los oídos. Tras la operación el otorrino nos comenta si no nos hemos planteado que tú fueras autista. Pensamos que el médico está majara y se nos olvida ese comentario, por desgracia muchos años después lo recordaríamos de nuevo.

Entras en la guardería del cole y sigues sin relacionarte con los niños. No estás quieto ni un momento, desde que te levantas hasta que te duermes. Cuesta mucho dormirte y ya ni hablemos de hacer la siesta, hay que inmovilizarte hasta que te duermas del berrinche. A mí no me gusta demasiado este método, pero papá te lo hace. Yo me siento triste y voy a otra habitación, siento que algo no va bien y no sé que es. En el cole llaman para que te fuéramos a buscar, se han dado cuenta de que tienes fiebre. Me cuentan que te habías sentado y no te habías levantado enseguida y han pensado que si hacías esto es que debías estar enfermo. Yo no hago más que pedirles si juegas con los otros niños y si te comportas normal y la única respuesta que obtengo es que ningún niño evoluciona igual y de aquí no salimos. También hablo varias veces con el psicólogo del cole pero opina lo mismo que las profesoras.

Pasas al siguiente curso, acabas de cumplir tres años y aún llevas pañal y casi no hablas. La profe es nueva para ti pero no en el cole y sólo le preocupa que te tiene que cambiar los pañales, así que reúne a los papás y al psicólogo del cole. Me montan un pollo, me dan unas extrañas directrices. No puedes traer para merendar ni tu zumo ni tu yogurt, debes tomar pan y a ser posible muy tostado. No beber casi para ir más estreñido. Tomar mucho arroz y poca fruta y verdura. Tienes que decir pipí y caca sí o sí, por lo tanto si te manchas te tenemos que poner cara a la pared con la ropa mojada sobre la cabeza hasta que digas pipí o caca. A mí me escandaliza esto, habló con tú madrina, una amiga mía que es médico y con otra amiga mía que es maestra, me dicen que eso es una aberración y que si no estás maduro para quitártelos se debería esperar más. La maestra no quiere torcer el brazo, y sigue en sus trece insistiendo y el psicólogo también. Papá le hizo caso un día, recuerdo que esa tarde os encerrasteis en la cocina y te decía “di caca” y tú no querías. Yo acabé detrás de la puerta sentada en el suelo llorando pidiendo que me dejara entrar. Te tuvo una hora así y no dijiste nada. Decidimos pasar bastante de las recomendaciones del cole, pero nos pusimos con la operación pañal aunque no estuvieras maduro.  Al final después de muchas pesadillas te quitamos los pañales, pero tú no estabas preparado y te hiciste pipí en la cama durante mucho tiempo, incluso de más mayor, sobre todo cuando te ponías nervioso. Te sabía mal y te avergonzaba pero no podías evitarlo. Para compensar lo de los pañales te ponías horas y horas en el orinal, te pasabas casi toda la tarde sentado en él en la sala. También empezaste a vomitar y provocarte el vómito cuando te ponías nervioso o te reñían.  Más adelante a eso de los seis años, tendrías episodios en los que por los nervios te provocabas vómitos de todo lo que tomaras, incluso agua, te duró mucho tiempo y estábamos desesperados. Por suerte un día se te paso. Nos dijiste que lo hacías porque un niño del cole te había llamado gordo y tú lo vomitabas para no engordar. Mamá te explicó muchas cosas sobre la alimentación y por suerte dejaste de hacerlo.

Pasamos por varios médicos, porque mamá veía que algo ocurría. Te hicimos pruebas de oído por si eras sordo y por eso no hablabas. Pasamos por varios pediatras más experimentados a los que nos derivó tú pediatra, fuimos a unas psicólogas, fuimos a un neurólogo de adultos y esté nos referenció a otras compañeras, pero estas también dijeron que ellas trataban niños más mayores y  finalmente te derivaron a una neuropediatra . Ella te observó, te hizo unas pruebas de andar y otras que no recuerdo. Iba redactando en el ordenador, nos sacó un informe y nos pidió que lo leyéramos y luego nos lo explicaría. Tú estabas en el suelo jugando con unos camiones, entonces empecé a leer palabras como autismo, ítems, T.G.D. , problemas de comunicación, lenguaje, hiperactividad… yo no entendía nada, mi pequeño sólo hablaba poco y debía ser tímido y no jugaba con niños, pero no podía ser que mi niño tuviera todo eso, la mayoría de las cosas no las entendía. Entendía las palabras pero no podía entender que se refirieran a ti, y tú estabas allí al lado de nuestros pies jugando con el camión.  La doctora entró y nos explicó un montón de cosas, fue muy difícil de asumir y yo sentí que mi corazón se iba rompiendo por en medio y los ojos se me llenaban de lágrimas. Desde entonces mi corazón ha estado herido y lo he ido curando con tiritas, con pequeñas esperanzas y pequeños pasos, pero también con muchísimos retrocesos y muchos problemas, entonces las tiritas caían y los ojos se volvían a humedecer y tenía que buscar fuerzas de cualquier parte para poner una nueva tirita e intentar no derrumbarme delante de ti. Cuando llegué a casa les leí en voz alta ese informe a mis padres. Recuerdo que los dos lloraban como si te hubieras muerto y yo no hacía más que secarme las lágrimas y seguir leyendo mientras se lo iba explicando e intentando que no pareciera muy grave.

Esos primeros días fueron muy duros. Era verano. La de conferencias que puse con mi amiga de Barcelona, la doctora, y con mi amiga la maestra. Papá no se lo quería creer, decía que la doctora no sabía de que hablaba y que tú eras un superdotado y como todo te aburría pasabas. Yo le decía que me parecía que de superdotado nada. Antes de empezar el siguiente curso me fui al cole a ver al psicólogo y le tiré el informe sobre su mesa y le dije “llevo dos años diciéndoos que el niño no juega con los otros y no habla y lo único que os ha preocupado es que le quitáramos los pañales, pues mira lo que tiene”  Lo miró y me dijo que él no era quien para hacer un diagnostico. Le respondía que podía ser que no lo fuera, pero que si yo sin ser psicóloga veía algo raro era una vergüenza que a ellos se les hubiera pasado esto.

A los pocos meses de tú diagnostico, mamá le dijo a papá que quería separarse. El matrimonio hacía años que no iba muy bien y ya no había forma de solucionarlo ni tenía remedio. Tú nunca tuviste nada que ver en ello. Nos quedamos los dos en casa. Fue una etapa muy dura. Estaba sola contigo y fue casi de dos años.

Seguías sin dormir por las noches y cuando me metía en la cama sólo pedía  y rezaba para que esa noche fuera diferente a las demás, rezaba con toda mis fuerzas, pero ninguna noche era diferente. Al poco de haberme acostado parecía que tuvieras un radar y empezabas otra vez  y otro día más volvería a ir a trabajar sin casi haber dormido. Era incapaz de dejarte ni un momento solo. Para poder ducharme, cosa que hacía cuando podía, tenía que pedir a mis padres que vinieran media horita porque no me atrevía a perderte de vista, me sentía como si tuviera que mendigar el derecho a poder estar limpia. Para bajar la basura lo hacía cuando dormías y lo hacía casi corriendo ya que no era capaz de dejarte unos minutos solo aunque estuvieras en la cama. Un día oí un ruido de silla en el recibidor y fui corriendo a ver que pasaba, te encontré subido sobre la repisa de la ventana apoyado en la persiana, habías abierto el cerrojo pero tuve la suerte que esa ventana tenía un gancho para cuando aireaba y el gancho estaba puesto y eso impedía que la persiana se abriera del todo y no te caíste de milagro. Al día siguiente esa ventana ya tenía puesto un cerrojo de maleta y las demás puertas y ventanas de casa todas con cerrojos y pestillos. En esa época desarrollé un sentido del oído para los ruidos o los silencios insospechado.

La crisis de los cuarenta

2 Oct

Esta tarde la familia en pleno hemos tenido sesión de peluquería, todos nos hemos cortado el pelo y yo me he puesto tinte que ya me hacía falta. La peluquera es una mujer majísima. Empecé a ir a esta peluquería con mi madre cuando yo tenía cuatro años y la peluquera acababa de abrirla con diecinueve añitos. A mí me ponían debajo del secador y como no me oía, creía que los demás tampoco, así que me ponía cual soprano de ópera a cantar y dar gorgoritos hasta que se acababa el secador y yo callaba de golpe. Como podéis pensar después de tantos años de conocernos hemos tenido algunas anécdotas curiosas, tal vez la más sonada fue mi “crisis de los cuarenta”.

Hace doce años que estoy en el sitio y puesto donde trabajo ahora. Cuando entré yo tenía treinta y cuatro. Una de mis compañeras me lleva cinco años y al año de estar ambas allí le pegó a ella la crisis de los cuarenta. En pocas semanas todos fuimos unos expertos en cremas antiedad, rejuvenecedoras, nutritivas, filtros uva, antidescolgamiento… como si de golpe de un día a otro la cara y medio cuerpo se cayeran por la fuerza de la señora gravedad cual zombie cruel. Tengo que decir que esta compañera no sólo entonces estaba buenísima, sino que ahora que ya ha pasado recientemente los cincuenta sigue aún mucho más estupenda que antes, así que os avanzo que lo de la crisis es una mariconada.

Pero a lo que íbamos, resulta que me llegué yo a obsesionar tanto con las arrugas, el antidescolgamiento, los filtros uva y las nutritivas, que con treinta y cinco me pegó también a mí la crisis de los cuarenta. Recuerdo que en una tarde de arrebato me presenté en la peluquería y le digo:

– Ana, a partir de cierta edad todas las mujeres se convierten en rubias y se cortan el pelo. Hace años que soy rubia, así que córtame el pelo.

 Los que no me conocen pueden no ver la aberración que le estaba pidiendo. A mí siempre me ha gustado mucho el pelo largo, es algo que me arroba, una melena de esas bien cuidadas hasta media cintura es que se me van los ojos detrás. Pero tengo un problema gordo: tengo el pelo muy fino y me crece muy despacio, así que para tener algo medio aceptable y decente tienen que pasar varios años, no uno o dos sino que muchos. Yo en esa época y después de muchos esfuerzos había conseguido una melena a nivel de los omóplatos. Ya os podéis luego imaginar la cara de Ana ante mi petición. Intentó convencerme de que no cortara tanto que me arrepentiría. Tengo que confesar que una melenita sobre los hombros que fue lo que me hizo no estaba mal, pero como ella predijo no tardé mucho en arrepentirme. Hoy en día ya tengo el pelo algo más largo, pero nada que ver con mi adorable melena de la crisis de los cuarenta que tuve con treinta y cinco.

Os aclaro que la ventaja es que a los cuarenta no tuve ninguna, ya la había pasado. Y viendo que mi compañera no ha tenido ninguna con los cincuenta y está estupenda, he decidido que también me voy a saltar esa y esperaré a que me llegue la edad en que todas las mujeres se convierten en rubias y se cortan el pelo.

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