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Un Tió de Nadal + un Tsunami motivado = incremento desmesurado del consumo de fruta familiar.

10 Dic

Hola visitantes de la blogoesfera. Sé que últimamente tengo esto un poco abandonado, pero las circunstancias familiares no han cambiado y lo de escribir entradas es un poco chungo con todo el cachondeo doméstico que tengo cada día. Pese a todo, no quería perderme el comentar esta entradita, sobre todo en estas fechas por si a alguien le apetece ponerla en práctica.

La tradición navideña que os comentaré hoy no es mallorquina, es catalana. Se que ahora los políticos están politizando más de lo debido muchas cosas y alguien pueda “alarmarse” por la introducción de costumbres catalanas en Mallorca. Así que antes de que nadie puede sacar objeciones donde no las hay quiero reivindicar que si en nuestras casa hay un árbol de Navidad (costumbre nórdica) y viene el Papá Noël o Santa Claus (otra costumbre nórdica) y hacemos calendarios de adviento (costumbre anglosajona) y ponemos bolas de navidad, renos y coronas de navidad (más de lo mismo) y hace unos meses celebramos el Halloween (más de cultura celta en este caso) pues sinceramente, algo de cultura catalana que nos es más cercano, no lo veo mal.

La historia de “esta nueva costumbre casera”, surgió como no, el año pasado.

Un buen día nuestro Tsunami empezó a deleitarnos en fechas próximas a las Navidades con una nueva canción que decía no sé que de “pasen bous i vaques i gallines amb sabates” (pasan bueyes y vacas y gallinas con zapatos) y otras estrofas que a mí me sonaban a surrealismo daliniano puro y duro. Hablé de ello con mi pareja y se rió un rato (os recuerdo que mi pareja es medio burgalés medio catalán, criado en ambos territorios) me comentó que lo que nos cantaba el peque era una de las tantas versiones que se tienen de la canción del Tió de Nadal.

Un tió no es más que un tronco de árbol cortadito y que se echaba al fuego en invierno para calentar las casas. Es cierto que en algunas visitas a Barcelona cuando pillaba en diciembre el mercado de Santa Lucía junto a la Catedral podía encontrarme paraditas con ese simpático tronco al que habían dibujado ojitos y llevaba una barretineta (sombrero regional masculino de Cataluña) para no pasar frío. Pero aquí se acababa mis conocimientos sobre el mismo: a su forma y a su nombre. Así que papá Tsunami me contó que las familias tienen los días previos a la Navidad, un Tió en casa al que cuidan. Se le da de comer pieles de fruta y cáscaras de frutos secos. A cambio, el día de Navidad se cubre al Tió con una manta y los niños con palos apalean al pobre tronco mientras cantan la cancioncilla que nos cantaba Tsunami. Luego les enviaban al dormitorio a rezar un padrenuestro y cuando volvían y levantaban la manta se encontraban con que el tronco había cagado frutos secos y turrones. Después, lo tirabas a la chimenea y tan panchos.

… Confieso que en Mallorca no tenemos nada parecido y contado así me dejó con los ojos muy abierto y algo descolocada…

… Así que tenemos que adoptar un palo como si fuera una mascota pero sin sacarlo de paseo, ponerle vacunas, ni darle un baño.

El palo va a vivir a cuerpo de rey pero con menú cutre de sobras durante unas semanas.

Luego a ritmo de juerga Navideña de niño desgañitado a voz en grito hay que darle una somanta de palos al pobre y encima tapándole con una mantita para no verle las pupas.

Luego hay que ir a rezar, que imaginó que el que se inventó eso de “A Dios rogando y con el mazo dando” debía ser un Tió de Nadal.

Y luego el peque se atiborrará de golosinas cagadas por un tronco tras un apaleamiento. Que mira tú no me extraña que después de haber vivido tranquilo a cuerpo de rey y haberse mantenido sólo de pieles de fruta le de la cagarela cuando de golpe le martiricen a ritmo de villancico. Pero que encima cague chocolates y turrones y se los coman… y que finalmente tras la tortura acaben de martirizarlo cual víctima de la santa inquisición consumiéndose en el fuego del hogar… eso sí que noooo…

Tsunami estaba tan emocionado con el Tió de Nadal del cole que al final decidimos adoptar la costumbre pero con las condiciones maternales que para algo una lo paseó en su barriga nueve meses, lo parió y aún conservo una buena tripita herencia de la cesárea del retoño.

Así que el año pasado y este año hemos hecho lo mismo y lo cierto es que en el fondo para sorpresa mía,  me ha gustado la experiencia.

Como aquí no se venden Tiós de Nadal (tampoco los he buscado demasiado) hemos acordado en que el paso número uno iba a ser ir unas semanas antes de excursión al bosque para buscar nuestro propio Tió. Así que hace unas semanas nos fuimos un domingo por la mañana a nuestro querido bosque de Bellver y nos metimos por dentro. Descartamos muchos, ya que no quiero palos podridos o con bichos en casa. También se descartan los pequeñajos. Evidentemente, los giganto-palos también. Palo que encontrábamos, palo que Tsunami llevaba corriendo a su padre para ver si cumplía los requisitos necesarios para ser considerado un posible tió. Palo que no servia, palo que salía volando hacia el lugar donde lo habíamos localizado. El papá fue el que se quedaba con los palos más candidatos y al final se hizo una selección y nos quedamos con uno. Como el único miembro de la familia que había gozado de esta ancestral tradición en su infancia es mi pareja, pues él fue el experto consultor-seleccionador-asesor del evento.

Punto dos, llevar el tió a casa y rociarlo con spray de bichos. Que adoptaremos durante unas semanas al palo es una cosa. Pero no a los posibles visitantes inesperados que se puedan alojar posteriormente en los muebles de casa. Evidentemente, eso no está dentro de las costumbres tradicionales, pero sí en las costumbres higiénico-sanitarias de casa. Cuando hayan pasado unos días y ya no huele, se limpia el tió y se declara oficialmente miembro de la familia. Es entonces cuando se da el palo a un emocionado y entusiasmado Tsunami.

Punto tres, hacer una cuna para el tió. Eso fue lo que nos dijo el año pasado el peque… y… ¿de donde narices me saco yo una cuna para un tronco?

Pero no desesperéis, ya sabéis que una de mis premisas es aquello de “la imaginación al poder” así que me fui al cuarto del peque. Le quité la tapa al cofre del tesoro. La coloqué al revés en el suelo a modo de cuna mecedora y dentro pusimos un arrullo de cuando los nenes eran bebés a modo de colchón y luego la funda del cojín cuadrado del edredón de Tsunami (que no compramos relleno y no se usa) como si fuera el edredón para el tronco. No sea que se nos constipe y tengamos que ponerle el termómetro y darle pieles de fruta y Apiretal de postre.

Punto número cuatro, dar de comer al tió. Aquí quería llegar yo. Esto del tió es un chollo maternal. La panacea de las panaceas de las dietas. El non plus ultra de los sueños de toda madre con hijos rebeldes a la hora de comer. Gritemos todas las madres, “Bienvenido sea el Tió”.

Sé que este no es un gran problema para nosotros, pero sí puede serlo para alguna familia. Ya os he comentado algunas veces que mis niños siempre se llevan piezas de fruta para merendar en el cole, cada día. También he dicho que muchas veces toman fruta para merendar por la tarde al llegar a casa. Que en verano, el consumo de fruta o más concretamente de melones y sandias es algo digno de mención. Pero en los meses invernales, pese a que este consumo persiste, no es tan elevado como en verano que parece que una fruta apetece más. Además, dentro de nada con las fiestas el consumo de fruta se reducirá y se potenciará las comidas pesadas de fiestas (aunque en nuestro caso con los pocos que somos de familia y las goteras temo que no vamos a tener ningún empacho de nada, pero generalmente los empachos y comilonas familiares suelen ser la tónica más común del resto de la humanidad cristiana). Así que un incremento en el consumo de fruta unos días antes, no va a ser nada malo para nuestros pequeñajos.

Sí señores, esta mente maligna y maquiavélica que os está escribiendo le dijo a su inocente Tsunami que el Tió sólo come una vez al día, que no era cuestión de tener la casa como si fuera el recinto de un gorila con síndrome de Diógenes. También le contó que tenía que cuidar al Tió y que este sólo daba cositas para los que le habían cuidado (que no acabara recogiendo al Tió de los sitios más impensables del hogar). Añadió que el Tió de Nadal se parece un poco a los ornitorrincos. Vamos, que como diría Phineas “realmente un Tió hace poca cosa” y reconozcámoslo, hace menos que un ornitorrinco, aunque los dos sean marrones y alargados. Cuando todos duermen los Tions se despiertan y se comen todas las pieles de fruta y dejan el plato bien rebañadito. Por la mañana los peques han de llevar ese plato a la cocina para limpiarlo. Como el Tió sólo come de noche, cuando vienen del cole pueden ir colocando en el plato de plástico asignado al Tió las pieles de la fruta que tomen para ponérselo al lado de su cunita por la noche.

Desde que el Tió cayó en manos de Tsunami, cada tarde lo lleva a la sala y lo tiene con él. De tanto en tanto le balancea en su cuna, que un día de estos nos va a salir el Tió despedido hacia la tele con el meneo que le pega. Le canta la canción del Tió de Nadal, le acaricia y le saca fotos para ver si ha engordado. Pero lo mejor de todo es que Tsunami ha aumentado su ingesta de fruta fresca de forma exponencial. Ahora lo de dos manzanas y un plátano para merendar y luego otro plátano o manzana después de cenar es lo habitual.

El muy pillo intentó colarnos lo de tomar la fruta a nosotros, y mamá que es muy sibilina se sacó de la manga aquello de que los dulces serán para quienes le han alimentado. Además –añadió- tengo entendido que los Tions prefieren las cáscaras de fruta que han comido los niños en vez de las de los mayores, la de los mayores no se convierten en dulces y turrones, sólo lo hacen las de los niños.

Y aquí tenemos a nuestro pequeño muy aplicadito cuidando de su tronco y atiborrándose de fruta como un mico. Si lo llego a saber, le hubiera soltado que el Tió les traía un extra a los niños que se tomaran un plato colmado de brócoli para cenar por las noches. Pero el brócoli no genera pieles, así que cachins, no colaba.

Ahora hay que esperar a que llegue el día de Navidad. El año pasado, niños no leáis, padres no leáis en voz alta a los niños, (va espoiler) como decía, el año pasado el tió ya tenía las chocolatinas en forma de Papá Nöel y muñecos de nieve y unas cuantas monedas de chocolate debajo de la manta cuando le entramos en la sala (se acaba el espoiler). Le pegamos con un palito de palillos de comida japonesa para no hacerle mucho daño. Tsunami levantó allí mismo la manta y se iluminó su carita y brillaron sus ojos. Nos saltamos el paso de “a Dios rogando”… no acabo de ver muy normal eso de rezar y atizar al pobre tronquito. También teníamos preparado a mano un botecito chulo para meter las chocolatinas dentro e irlas distribuyendo los días posteriores, que no es cuestión de pillar una indigestión de golpe.

¡Ah!, si alguien creía que esto es el fin se equivoca, aún me queda un paso muy importante. Paso número cinco una vez pasadas las fiestas y como a una servidora eso de quemar un miembro momentáneo de la familia no lo tiene muy claro (aunque no tengamos chimenea) y tampoco es cuestión de tener una colección de troncos en casa, ha optado por la siguiente propuesta. Nos vamos todos de nuevo otro domingo de excursión al bosque y devolvemos al Tió de Nadal a su hábitat natural con los palitos de su especie, para que les cuente a sus compañeros la agradable experiencia que tuvo en casa de un niño llamado Tsunami y así el año que viene seguro que encontraremos algún tronquito dispuesto a ser adoptado durante estas fiestas como nuestro nuevo Tió de Nadal. Lo queremos mucho, Tsunami le cantará y le acunará, tomaremos “almendras y turrones” y nuestro peque se habrá nutrido bien de fruta en estos días tan invernales. Felices Fiestas a todos, hasta pronto.

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Tsunami, el pequeño frikie

13 Nov

Realmente tendríamos que habernos dado cuenta antes, porque el peque dio formas desde pequeño. Su primera frikitada fue a los dos días de existencia. Estaba dándome una ducha en la clínica cuando oigo a su padre que leía en voz alta en una lengua rara, entendí algo de valkirias y no sé qué más. Papá Tsunami le estaba leyendo la leyenda de Sigurd y Gudrún en lengua inglesa. Les hice una foto y nuestra sorpresa fue cuando observamos que el peque salió con una manita cerrada y dos deditos estirados en forma de V mientras escuchaba atentamente a papá. La siguiente pista como os conté una vez fue su primera palabra “Sauron” mientras estaba en la hamaquita y por la tele ponían la primera peli de “El Señor de los anillos”, eso fue en diciembre del 2009…

…Primavera del 2013, lo que más hemos hecho han sido sobre todo paseos. Ya sabéis la afición que tenemos por ellos en casa. Pero también hemos descubierto una cosa nueva: la faceta frikie de Tsunami. En esas fechas Tsunami ha conocido la afición por Tolkien que sienten papá y mamá. Cada noche su papá le ha estado leyendo el libro de El Hobbit, en versión cómic para niños. En verano le tocó el turno a las aventuras del perrito Roverandom. Actualmente y desde finales de verano, el libro del Hobbit versión libro normal, sin dibujitos ni nada.

Tsunami ha descubierto el mundo de los enanos, de los hobbits que viven en el suelo en agujeros limpios y que tienen pelo en los pies. Ha descubierto el peligro de un gran dragón llamado Smaug y se pasea con el ex-libro de papá, actual libros de Tsunami y le cuenta a todo el mundo de que va la historia. Se ha emocionado tanto que le pusimos la peli de dibujos animados de El Hobbit. Sí, para los que no lo sepáis existe una peli de dibujos del año catapúm-chim-pum, con una banda sonora buenísima. Pero es que el otro día papá le puso el trailer de la segunda parte de la de Peter Jackson, y Tsunami se emocionó. “¡Mamá, mamá! ¡Mira, Smaug!” me gritaba dando saltos en la silla del ordenata.

Si le preguntas aún no lo tiene muy claro, porque él no es más que un niño, pero creo que nuestro Tsunami le tiran mucho los enanos, aunque quien sabe, esperaremos a que él decida.

Cuando acabaron con el comic de El Hobbit, su padre le había cogido para leer el libro de El herrero de Wootton Mayor, pero personalmente, para un niño de cuatro años acabados de cumplir, me da que primero era más recomendable leer algo así tipo El señor Bliss o Roverandom. Papá Tsunami tuvo que reconocer que sí, que posiblemente era más recomendable seguir con las aventuras de este travieso perrito y dejaríamos temas algo más profundos para el año que viene. Ante nuestra sorpresa no desdeñó a Roverandom, pero no se emocionó tanto, será que el protagonista era sólo un simple perrito y después de dragones y trasgos no proporcionaba una emoción al nivel deseado. Cuando le presentamos nuevamente el Hobbit en versión formato para mayores ha vuelto el brillo a sus ojitos y esa carita de biennnn que se te cae la baba.

Tsunami hablaba en ocasiones de Rover, pero no tanto como nos hablaba de los hobbits, los trasgos, los trolls y las letras lunares de su mapa. Sí, de su mapa, porque el niño pedía un mapa, así que papá imprimió de internet uno como el que acompaña el libro. Lo tiene pegado en su cuarto, sobre la cabecera de la cama, of curse. En ocasiones lo descuelga y te lo lleva para discutir el plan de ataque o la ruta o simplemente charlar sobre la forma en la que se descifran y leen las runas lunares, de las cuales ya se considera un experto del mundo mundial.

Tsunami se pilló su espada de juguete y con todo el orgullo del mundo se nos presenta el otro día con ella, la desenvaina y nos suelta “esta es Glamdring, martillo de enemigooosss” y se quedó tan contento que a partir de ese momento su espada ya tiene nombre, faltaría plus.

Tsunami se ha aficionado también a otra faceta frikie, sobre todo de papá, y es la de los juegos de mesa. En un abrir y cerrar de ojos, después de haber visto a su padre con un juego de mesa llamado “La finca” relativa a la explotación agraria de las fincas de Mallorca, dejó de considerar los puzles como únicos juegos de mesa. En los días más sosos o lluviosos, se han dedicado a ir jugando a “Los colonos de Catán”; uno de conquista de romanos que fue muy complicado y no acabó de cuajar del todo; uno muy divertido con el que hacen pizzas llamado “mamma mia”; otro de pingüinos. También se ha iniciado en el juego del parchís y la oca, pero lo más alucinante del todo ha sido su interés durante una temporadita por el ajedrez. En este último caso el culpable ha sido el papá de Terremoto y Terremoto.

No sé muy bien porque cuando Terremoto y su papá llegaron del cole, le dio la vena a Terremoto de entrarme en la sala unas sillas y una mesita del balcón, puso allí unos vasos de leche fresca chocolateada y unos sándwiches y montó una especie de improvisada merendola. Cuando esta merendola finalizó, sacó un juego pequeñito de ajedrez magnético que hace años le regaló su madrina y retó a su padre a una partida. No es que precisamente Terremoto sepa jugar al ajedrez, pero bueno, su padre que al menos sabe cómo se mueven las fichas y sabe algunas jugadas, le iba enseñando como se hacía. Entonces fue cuando Tsunami quiso apuntarse al juego por tres motivos: era un juego, se hacía en una mesa y porque lo decía él.

Sí, todo esto fue lo que ocurrió entre primavera y verano. Ahora, en el cole, lo han pervertido con las cartas de Pokemon. Unos nenes de seis años le han regalado muchas y se monta sus reglas imaginarias y nos tiene en casa loquitos con los rocolas o rocanrolas o vaya usted a saber cómo se pronuncian, que aquí una servidora sólo llega a Pikachu. Así que entre los originales y los evolucionados y los que han evolucionado dos veces (de esos sólo tiene una carta y como era de esperar es una chica; o es casualidad o el resto de los pokemons no evolucionan tanto como las chicas). Pues eso que ya me tiene haciendo una partida en la que él se monta sus historias. Me da las cartas más chungas y él se queda con la más chulas, las super fuertes, las evolucionadas y las que pueden matar a todos los pokemons. A mí me deja una que tiene un rayo pero no sirve para matar pokemons y las que no están evolucionadas o viven  en una cueva que no sé qué significa eso. Y claro, así es natural que esta madre acabe siempre con todos sus pokemons en el campo santo mientras el churumbel festeja su victoria carteril y una desearía convertirse en una tercera evolución de pokemon mamá superpoderosa y superdotada de energía. Ayer traje a casa un tubo nuevo de pasta de dientes y para que le cayera en gracia le dije que el monigote dibujado era un pokemon. Tsunami me informó que eso era un monstruo y mientras se llevaba a su padre al baño y decía “hay que ver mamá que no se entera, los pokemons no son monstruos son criaturas”.

Pero volviendo al tema anterior. Tenemos que reconocer que además de la lectura de los libros de Tolkien y de haberle enseñado unas cuantas canciones de guerra enanas, nuestro pequeño frikie tuvo esta primavera su bautismo de fuego. En la ciudad de Palma se celebró un evento por parte de la delegación de la Sociedad Tolkien local, llamado Mereth. Una mereth es una reunión de un grupo de aficionados, durante tres días en los que se charla, se canta, se juega, se hacen charlas y conferencias… El sábado noche, como mandan los cánones tolkiendili de las Sociedades Tolkien, se hace una cena de gala con disfraces. Para sorpresa del vecino del primero que nos pilló bajando las escaleras con nuestras galas medievales con capas y todo cuando él volvía de tirar la basura y lo único que fue capaz de articular fue un “vais muy guapos todos”. En esa cena fue precisamente cuando nuestro pequeño guerrero decidió que eso molaba un montón y que lo de ser frikie como papá y mamá era chulo y fue allí donde aprendió la canción de Los enanos van a la guerra, que desde entonces es una de sus favoritas e igual te la canta en casa como en un cumpleaños de los niños de clase y claro allí estas tú disimulando ante la mirada atónita de los demás padres, explicando que es una canción de guerra enana y estos te confiesan que ellos creían que una canción enana era eso de I goooo, i goooo….

Y si la mereth fue su bautizo de fuego, la estelcon a la que hemos asistido este puente ha sido su definitiva consagración, pero de eso os hablaré en otro post, porque se merece uno propio.

Si a ello sumamos que hace unas semanas papá y mamá hicieron un taller de fabricación de espadas de gomaespuma y cada uno hizo una para los peques. (Nota: la de Tsunami especialmente acolchada que luego le mete una tunda a su hermano que lo deja k.o.). De momento las espadas están guardadas para usarlas el verano que viene, que no quiero justas medievales en el salón de casa. Así que en casa el pobre Terremoto es atormentado con la espada láser azul que tiene su padre (Nota 2: En casa hay cuatro espadas laser, dos del pater familias y dos heredadas de mi ex que le compró hace años a Terremoto. Imagino que se podría decir que somos una familia bien armada)

Si acabamos de rematar todo esto con que en casa tenemos cuernos tanto para tocarlos como para beber, aunque normalmente están más expuestos que usados. Pero este año para el cumpleaños de Terremoto los bajamos, intentamos tocarlos (que no es fácil) y brindamos a la salud del cumpleañeros. Tsunami lo de tomarse un zumo de melocotón en cuerno como un auténtico vikingo le gustó mucho…. pues que os queréis que os diga… que lo tenemos claro. No me extraña pues que este lunes yendo en el bus Tsunami le dice a un chico jovencito que estaba sentado: “A ver si sabes quién soy, salgo a pasear de noche y tengo un parche en el ojo” mientras con una mano se tapaba un ojo. El chico le contesta que un pirata y Tsunami le dice que no y le vuelve a repetir la adivinanza. Ante la misma respuesta del chico se lo queda mirando muy serio como decepcionado ante la evidencia de su caracterización y le dice “Pero si está muy claro, salgo de noche y tengo un parche en el ojo…soy Odín”

catan

Este fin de semana ha sido el cumple de M. y ha tenido una tarta alucinante. Receta de la tarta piñata.

22 Oct

Hola a todos. Así como el fin de semana pasado Tsunami se puso malito y tuvo su octavo ingreso en clínica por cuestión de bronquios, este fin de semana ha sido todo lo contrario, el descoque elevado al infinito.

Este sábado por la mañana no fuimos al mercado como siempre. Le pedimos al abuelo que nos comprara tres cositas que luego recogimos en su casa. Este sábado por la mañana era el cumpleaños de M. un amiguito del cole de Tsunami. R., la mamá de M., llevaba unas cuantas semanas montando el cumpleaños, y no me extraña, cualquiera no necesita unas cuantas semanas para montar esa pedazo fiesta que nos montó.

El cumple se hizo en uno de los parques que hay en el bosque de Bellver, concretamente en el parque de la tirolina, del que os he hablado en alguna otra ocasión. El día por suerte acompañaba un montón y nos había citado allí a las once. Pidió a ser posible que los nenes fueran puntuales. También nos comunicó que nos quedábamos a comer todos, peques y padres. Así que esa mañana nos levantamos algo más relajados que de costumbre al no tener que ir disparados de compras. Desayunamos, hicimos un poco el vago, que no está de mas poder hacer alguna vez un poco el vago y nos fuimos rumbo al castillo de Bellver. Allí arriba en el parking habíamos quedado unos cuantos papás para bajar en manada hacia el parque de la tirolina, ya que no todos lo conocían o sabían el camino. Al llegar, evidentemente, los peques bajaron todos por el tobogán. En este parque, además de la tirolina, hay un gran tobogán cubierto. El parque tiene un buen desnivel y este se aprovechó en su momento para poner allí un mega tobogán por el que se tiraron ininterrumpidamente un mogollón de niños (se esperaban, hacían una cola y se lanzaban todos montando unos atascos a la salida) y algunas mamás más atrevidas.

Al llegar abajo las madres nos quedamos boquiabiertas al ver todo el curro que se había pegado R. Mientras, los niños se quedaron boquiabiertos al ver lo diver que era la tirolina y los pocos niños que en ese momento la usaban. Así que ya podéis imaginar como se dividieron las fuerzas de asalto. Niños hacia la derecha y a lanzarse. Madres enfrente a ver si podían ayudar, aunque bien poco quedaba por hacer. Padres en medio empezando a charlar y vigilar a los peques.

La familia de M. es una de esas familias poco convencionales, me recuerda mucho a la mía. Sus papis están separados, pero se llevan bien y cada uno de ellos se ha juntado con otra pareja. Así que han formado una gran familia que se ayudan. No son de esas separaciones que se han declarado la guerra. Son de las que por desgracia hay pocas pero que sería estupendo que fuéramos más. Así que R. empezó a contarnos que tal plato lo había hecho su suegra, que ese lo había hecho la pareja de su ex, que ese lo había hecho tal y ese cual. Nos dijo que ella también había cocinado algo, pero poco, más bien había coordinado. También nos contó que se habían necesitado cuatro coches y una furgoneta para llevar todo eso. ¡Y no me extraña!

Tengo que decir que los peques se lo pasaron pipa, los padres disfrutamos de estar charlando unos con otros y sobre todo, que nadie se quedó con hambre, jajaja. Pero una de las cosas que más me sorprendió fue la tarta de cumpleaños. Cuando la sacaron ya me quedé algo alucinada con la forma, era algo así como la forma de una pelota pero menos redonda. Estaba cubierta con un garnaché blanco, al principio creía que era chocolate blanco y con virutas de colorines encima. Se cantaron un montón de canciones de cumpleaños, como siempre. Se soplaron un montón de veces las velas, como siempre. Se hicieron un montón de fotos del momento, como siempre. Y los niños decidieron que ya era hora de cortar la tarta después de la quinta o sexta repetición de soplar velas, como siempre. Así que cuando R. cortó la tarta había un montón de pequeñas cabecitas alrededor que esperaban su cachito. Los papis nos habíamos puesto en segunda línea para dejar algo de espacio, cuando de repente oímos un grito de admiración, seguido de un silencio y una manada de manitas rumbo a la tarta cogiendo cositas y gritando: ¡mira, está rellana de chuches!

En efecto, la tarta por dentro estaba hueca y estaba rellena de chuques, bombones y chocolatinas. Toda una fiesta de dulces y azúcar. Me quedé tan sorprendida que le pedí a mi pareja que le hiciera una foto, porque pensé que una idea así, bien se merecía un post y un comentario para compartir este tipo de ideas con las mamis de la blogoesfera. Le pedí a R. la recete de la tarta… bueno… de la tarta y de unas palmeritas que a Tsunami le encantaron. Por lo visto yo no fui la única que le acabó pidiendo recetas, porque esa misma noches, después de haber llegado a su casa y haber recolocado todo y lavado cosas, mientras M jugaba con los juguetitos que le habíamos comprado entre todos los compañeros,  R. nos pasó los enlaces de las recetas que le habíamos pedido. Así que hoy voy a compartir con vosotras una receta de tarta que yo no he hecho pero que me encantó tanto como a los pequeñajos que había el sábado en el cumple. Supongo que si alguna tiene algún tipo de tarta que se le dé bien hacer se pude hacer con otra receta. También creo que si en lugar del buttercream que pone la receta (que estaba de miedo, hmmm…) se puede unir y cubrir con otro tipo de garnache, como el de chocolate blanco que yo creía que era, o de chocolate o nutella por ejemplo, mientras sea pringosito y pegue. Para rellenarlo pues lo que siempre digo, la imaginación al poder, desde dulces a pequeños juguetitos de regalo o hasta un anillo de pedida para vuestra prometida jiji .

Así que os dejo con la foto de la tarta que le hizo R. con todo su amor para su pequeño M. y con el enlace que nos facilitó a todas las mamás esa misma noche. Espero que os guste la idea y podáis dar una sorpresa en el próximo cumple de vuestros retoños. Hasta pronto y a rechupetearse los dedos, que para algo somos las cocineras.

http://www.pequeocio.com/como-hacer-una-tarta-pinata/

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Tsunami se engancha a los juegos del móvil

11 Oct

Sinceramente, no nos esperábamos esta reacción por parte del peque. En casa no somos mucho de los juegos de ordenador y de los videojuegos. Bueno, rectifico, mi pareja lo es algo pero son de esos juegos más largos que duran un par de día y que los peques no prestan demasiada atención. Cuando paso por allí muchas veces le pregunto que cuando conquistarán de una vez la Galia o cuando se cargará a todos los aliens porque con tantas noches dándole a las teclas a bien seguro que Julio Cesar habría llegado a China y Han Solo hubiera acabado el solito con todos los soldados del imperio sin que intervinieran en las pelis ningún jedi.

Terremoto de pequeño se pidió unas maquinitas de esas de juegos y algunos juegos de ordenador, pero pocos. Tenía el problema que al haber de leer las instrucciones, se pasaba todo el tiempo pidiéndote a ti que tenías que hacer y el único que tenía paciencia para esos menesteres era mi pareja.

Cuando estaba casada con mi ex, antes de tener a Terremoto, se jugaba en ocasiones con el ordenador, él mucho más que yo. Confieso que lo único que me ha llamado la atención es el tetris que en ocasiones abro para desestresarme un rato.  Mi ex y un amigo suyo jugaban con simuladores de vuelo. En casa tenían uno del año de la Maria Castaña… bueno, un poco más reciente. Debía ser de un poco antes de la época de Lily Marlene, porque estaba ambientado en derribar los aviones de la I Guerra Mundial. No estaba mal, porque a la que despegabas, en pocos segundos ya te encontrabas con los aviones enemigos y aleee, a liarse a ostias, bueno, a tiros y derribar avionetas. En un principio usaba las teclas del teclado, pero como eso era muy incómodo, mi ex se compró un joystick. Un día me dijeron de probarlo y descubrí dos cosas. La primera era que tenía mejor puntería que ellos con los avioncillos. La segunda que fue coger el aparatejo y empezar allí a ametrallar a troche y moche a todo quisqui que se cruzara ante mi mirilla que me emocioné como una enana de una forma poco habitual en mí. En un giro de vetetuasabercuantosgrados con el aparatejo los dejé a los dos blancos y boquiabiertos. No se muy bien si era por mi pericia de piloto de caza o porque el mango del aparato debió peligrar de forma extrema. Después de esos segundos de gloria decidí dos cosas. La primera que después de esa apabullante victoria, era el mejor momento de retirarme en la cumbre de mi carrera como  piloto de guerra. La segunda, que ese maldito jueguecito me había gustado demasiado y por el bien de la casa, de mi salud mental y del escaso tiempo libre que entonces disponía (que ilusa era, escaso, ¡ja!) lo mejor era apoyar la anterior decisión.

En casa del amigo de mi marido también jugaban con otro simulador, no se muy bien ni de que avión ni de que batallita en concreto, pero ese juego era un auténtico coñazo. Era más realista, con más botones y los gráficos más chulos y reales, las sensaciones eran más creíbles. Pero era tan creíbles que si despegabas de Dover y te ibas hacia Berlín, pues chico, como que casi hacías el trayecto de verdad, porque cuando había pasado toda la tarde y era la hora de irnos coincidía con la llegada del supermegarrealista avión a su destino y no les había dado ni tiempo de abrir la compuerta y tirar una desgraciada bombita ni una maldita botella vacía de Coca-Cola para fastidiar en algo al enemigo. Como os he dicho. Era un coñazo.

Así que cuando Tsunami era pequeño no le compramos ningún jueguecito de este tipo ni lo heredó de su hermano porque no había. Se miraba a veces el juego de papá en el ordenador mientras este jugaba y una vez descubrió unos juegos para ordenador de Winnie the Poo que tenía guardados de Terremoto y que le encantaron. También sucumbió a algunas actividades de Pipo que me traía de una biblioteca y luego devolvíamos, pero nada que creara especialmente una adicción.

El peque ha crecido un poco y este invierno su papi le introdujo en los juegos de mesa ya que nos coincidieron unos cuantos fines de semana con lluvias. Así que  las excursiones y paseos de los domingos se sustituyeron por tardes de tablero y merienda sentados en el suelo de casa jugando todos.

Como veis Tsunami no daba indicios de obsesiones ni nada, así que un buen día a principios de verano, su padre se bajó al Iphone un jueguecito en el que el agente Pi (Perry el ornitorrinco) se desplazaba en su cápsula por unas tuberías con agua y tenía que llegar a un lugar. Cada vez que llegaba a una intercepción, la capsula se paraba y la nueva cañería se tenía que llenar de agua para que Perry recorriera otro tramo. El agua se introduce borrando con el dedito la tierra que bloquea el deposito hasta la entrada del agua. En las primeras fases es fácil, luego tienes que ir aplicando la lógica y el ingenio conforme avanzamos de nivel. Hay momentos en los que se juega con poder congelar el agua y luego evaporarla con fuego para crear vapor, que se condense en una zona superior y luego se licue para llegar a la zona de entrada. De esta forma se trabaja motricidad fina, lógica y estados de la materia. Nos pareció un juego bastante inocente, le introducíamos ciencias y no hay ningún tipo de violencia. Así que teníamos en el teléfono ese juego al cual recurríamos en los momentos en que uno está en la cola del pediatra, o estás en algún sitio esperando y los peques no pueden moverse de su sitio y para que no se aburran y la monten les pones un ratito a Perry.

Todo iba normal, Tsunami desarrolló una destreza manual admirable y aplicaba la lógica y la deducción bastante bien. Pero un día nos pidió el juego para hacerlo en casa. Se lo dejamos y luego no quería parar. Al cabo de un tiempo prudencial de jugar con él su padre se lo quitó y el niño pilló un cabreo. La cosa fue tomando números cuando durante unos días seguidos no hacía más que pedir a Perry y al negarle el juego pillar más cabreos a cual más monumental. Una mañana cuando salí a merendar del trabajo les llamo y mi pareja me cuenta que acaban de llegar de Palma y estaban preparando el desayuno. Me quedé un poco descolocada, porque no recordaba que tuvieran que ir para nada a Palma y menos antes de desayunar. Lo primero que pregunté es si el peque estaba mal, no fuera que acabaran de llegar de urgencias. Entonces fue cuando me relató su odisea.

Normalmente por las mañanas, Tsunami se despierta y llama a su padre, le pregunta cosas, le pide el desayuno y se baja de su cama y va a la nuestra para insistir con lo del desayuno. Esa mañana mi pareja se despertó a golpe de un solemne grito de ¡¡¡¡¡¡¡¡¡PEEEERRRYYYYYYY!!!!!!! , ni buenos días, ni hola papá, ni que hay de desayunar, ya directamente sólo le importaba el juego. Su padre le dijo que esa no era forma de levantarse y que antes de dejarle el juego tenían que desayunar. Tsunami seguía encabezonado con el juego, porque otras cosas no tendrá, pero mi pequeño a cabezón le ganan pocos, bueno, a veces su hermano mayor, pero sólo a veces.

Mi pareja intentó convencerle de que primero se tenía que desayunar y Tsunami la emprendió con su padre a golpes y patadas exigiendo su juego, cosa que nunca había hecho. Así que papá se cabreó y le amenazó con que si se portaba como un bebé se lo llevaría al cole de los bebés, y así lo hizo.

Lo vistió, esperó a que se calmara un poco y lo subió al coche. Bajaron hacia Palma y por el camino ni hablaron. Me contó que miraba por el retrovisor al nene y este empezó a poner cara de ¡uyyy me he pasado! cuando estaban a medio camino. Llegaron delante de la puerta de la escoleta donde había estado Tsunami antes de ir al cole de mayores. Justo al lado de la puerta hay un vado, así que aparcaron un momento delante del vado. Cierra el motor, se gira y le pregunta a Tsunami si tienen que entrar dentro.

Allí estaba nuestro pequeño maremoto intentando calmar sus aguas y preguntándose si verdaderamente no se había pasado un para de pueblos. El niño miró a papá, miró la puerta de la escoleta, las ventanas con pegatinas de dibujitos marinos y el letrero encima de la puerta y le pidió disculpas a su papí. Le dijo que se había pasado y que no tendría que haberse portado como un bebé pero que por favor no le llevara de nuevo con los bebés, que no volvería ha hacerlo. Así que papá aceptó las disculpas, puso el coche en marcha y volvieron para casa. Me contó que el plan B era sacarlo del coche y hacerle la misma pregunta ante el timbre. Si no accedía pues tocarían a la puerta. Sé bien cierto que las chicas de la escoleta le hubieran dejado entrar durante unos minutos mientras su padre se marcaba el farol para desrabietar y desenganchar al peque.

Ese día y los siguientes Tsunami no volvió a pedir para nada el juego. Luego lo pidió alguna vez pero siempre jugaba con papá al lado y con un tiempo determinado. Hace poco volvió a insistir mucho de nuevo con el juego y su padre lo ha borrado, así que ahora no tenemos juego de Perry, ni tenemos recurso rápido al que acudir cuando surge una circunstancia de esas en las que te has olvidado de un juguete o un libro y el peque tiene que estar allí quieto por diversos motivos.

A partir de ahora vamos con más cuidado con todo lo que son juegos de ordenador y los de Winnie the Poo se los ponemos de vez en cuanto y acordando antes el tiempo que debe cumplirse, hasta la cena o hasta que venga tu hermano. Muchos de estos juegos están muy bien ahora y para estas edades, pero cuantos más años tienen los chavales, más tienden a ir perdiendo el aporte didáctico actual y se llenan de contenidos violentos o dejémoslo en poco educativos.

Un poco antes de este verano, la sociedad mallorquina se vio sorprendida por una noticia de la prensa que duró mucho tiempo y aún coletea. Me refiero al caso conocido en prensa como el parricida de Alaró. Dos chicos, uno de aquí y un compañero suyo de Zaragoza que había venido a pasar una temporada en casa del primero, mataron al padre del mallorquín. La víctima era un rico empresario dedicado al campo de las máquinas recreativas y los billares. Tenía al hijo trabajando para él y le había comprado un deportivo hacia poco. El hijo hacía unos años que se había enganchado de forma obsesiva con los videojuegos y a través de los juegos en red era como había conocido al otro chico zaragozano. El chico desde entonces había cambiado su carácter, se había metido en la vida de su padre y había conseguido que este se separara de su actual pareja, que junto a la hija de esta, vivían los cuatro juntos. Luego había conseguido que su padre testara a su favor y desheredara a su madre y sus otros dos hermanos que no mantenían desde hacia tiempo muy buenas relaciones con el padre. Parece ser que planearon el asesinato basándose en cositas que salían por sus juegos. Construyeron una especie de bate o palo con pinchos con el cual le golpearon en la cabeza hasta matarlo. El día anterior habían intentado matarlo y para ello le habían metido somníferos en la comida, como hacían con los perros cuando tenían que medicarlos. Pero al darle un primer golpe el padre había despierto, ellos se habían acojonado y le hicieron creer que se había golpeado al caerse de la cama. La noche siguiente no fallaron, lo mataron, limpiaron la casa, metieron en el coche y lo abandonaron en un camino. Pese a todo dejaron muchos cabos sueltos y la policía los arrestó a la salida del funeral.

Con esto no estoy diciendo que todos los chicos que juegan con videojuegos son unos asesinos en potencia, ni que Tsunami acabe dándonos con su espada de goma espuma porque no le dejamos jugar. Tampoco quiero reabrir la en ocasiones eterna polémica sobre la idoneidad de videojuegos para los niños. Digo eterna no porque dure muchos años, sino porque creo que es un debate de esos en los que ni todo es blanco ni todo es negro, sino que cada caso es único.

En este caso gran parte de la responsabilidad es de los padres. Es cierto que es muy cómodo que nos dejan tranquilos con los juegos, es como con la tele. Pero, si les controlamos, al menos durante los primeros años, que ven en la tele, o que libros leen y cuanto tiempo les dedican, porque no hacemos lo mismo con este tipo de juegos.

Las cosas en su justa medida y si se les enseña a emplear y gestionar pueden ser buenas, educativas, entretenidas e incluso aconsejables para trabajar ciertas habilidades con las que puedan tener dificultades. El problema en este caso y en el de muchas otras cosas es evitar que estos entretenimientos y estas actitudes se conviertan en una adicción, que les supere, que le manipule y que lleguen a despertarte por la mañana a voz en grito exigiéndote un juego y prefiriendo este antes incluso de tomar su habitual desayuno.

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Esta semana hemos pasado todos por la pelu. Sus primeros cortes de pelo

8 Jul

Este pasado jueves hemos tomado por banda la peluquería donde voy siempre desde que cumplí cuatro años.  Llamé a la peluquera el lunes y le comenté el posible plan de ataque. Mi menda necesitaba urgentemente tinte, después de dos meses sin haberme podido acercar ya era algo urgente. Mis cachorritos necesitaban un corte radical, el mayor para no parecer una mezcla de niño-lobo/perro ovejero/niña-pop y el pequeño para sanear unos ricitos que cuando se los estirabas hacían más de cinco dedos generosos de largo. Alguien más de la familia también necesitaba una buena saneada de pelo, mi pareja, que también empezaba a tener una melenita tipo Búfalo Bill, así que lo apuntamos al lote y que nos cortara a toda la familia, cual yincana peluqueril.

Cuando yo nací fui un bebé peloncete, y hasta los dos años no me cortaron el pelo e incluso entonces lo tenía cortito como si fuera un niño. De hecho muchas veces cuando encontraban mis padres a alguien por la calle decían “¡Oh! Que nene tan mono” y yo toda mosqueada contestaba “No soy un nene, llevo pendientes” Hoy en día esta respuesta no sería muy válida, ya que tanto llevan pendientes chicos como chicas, pero hace cuarenta y pico de años aún tenía toda su vigencia intacta e impoluta. Yo era una niña muy movidita y la peluquera aún recuerda como tenía que ir detrás de mí mientras yo iba de un sitio a otro mirando cosas y cortando porque no había forma humana de pegar mi culo a una silla, ni con amenazas ni con chantajes ni que el resto de las clientas bailara una tarantela delante de mí.

Mis nenes han salido en cuestión de pelo a la madre, los dos fueron bastante peloncetes cuando nacieron. Así que no fue muy necesario cortar pronto el pelo a ambos.

Terremoto tiene el pelo muy abundante, pero muchísimo, como su padre,  y también muy fino, como yo. Por lo que respecta a la forma, lo tiene más bien liso como papá. A Terremoto le cortamos por primera vez el pelo allá por los dos añitos, como a mí, y fue toda una odisea.

Eso de que le quitaran una parte de su cuerpo, aunque no doliera y luego se encontrara mejor, es algo que nunca le ha gustado demasiado. Para cortarle las uñas lo tenía que hacer de dormido, cuando llevaba unas cuantas horas y con el sueño bien cogido. Ya me tenéis a mí con las tijeras en una mano y la linterna agarrada con la boca metiéndome “discretamente como un gato de caza” entre las sábanas para conseguir cortarle las uñas de los pies y luego ya de una forma menos claustrofóbica las de las manos. Estuve así durante bastantes años hasta que un día me pilló hurgando por dentro la cama. Me pidió que hacía y ante la evidencia me dijo que vale, que me dejaba cortárselas de despierto, pero cuando él dijera.

El primer corte de pelo de Terremoto fue apoteósico. Menos mal que la peluquera como os he dicho es casi de la familia. Intentamos mentalizarlo, le habíamos hablado de ello, había unos dibujos en los que cortaban el pelo a los niños y se los habíamos puesto, yo me lo corté antes y su padre luego… vamos, que intentamos unos preparativos para no pillarle por sorpresa y que nos montara el numerito. Al principio lo sentamos e íbamos entreteniendo como pudimos. Los primeros cortes no lo veía muy claro y estaba algo inseguro, pero cuando vio que parte de sus pelillos caían al suelo, la tuvimos montada. Claro está, no podíamos dejar el niño medio cortado y os aseguro que la pobre peluquera intentó irle detrás como hacía conmigo. Pero con un niño hiperactivo lo de irle detrás con las tijeras para cortar y hacerlo bien, no es que fuera un mérito muy meritorio, es que sería un milagro digno de la virgen de la tijera. Así que acabamos su corte inmovilizarlo sobre las rodillas de su padre, mientras el peque gritaba como un descosido como si alguien lo degollara. Yo intentaba que no se les escaparan las manos, ya que en unas cuantas ocasiones casi consigue huir y con los manotazos que dio no se hirió o hirió a nadie de puro milagro. Al acabar, el pobre Terremoto se agachó al suelo y empezó a recoger, entre sollozos y lagrimones, todos sus mechones y se los intentaba poner de nuevo en la cabeza. Estaba visto que eso de cortarle el pelo no le había gustado nada. Así que durante bastantes años el peque ha tenido temporadas de pelo cortito seguidas de temporadas de extra melenita y rabietas ya fuera en mi peluquería, en el barbero o donde fuera, que por intentar fuimos a varios sitios y en todos lo mismo. Es curioso pero que él mismo era el que nos pedía que se lo cortáramos porque le molestaba, pero luego los nervios le podían y siempre teníamos algún tipo de numerito montado.

Con los años le ocurrió lo mismo que con las uñas, un día dijo que quería el pelo cortito y nos pidió comprar una máquina de esas para raparlo pero con algo de pelo, no en plan mili. Bastante escépticos nos informamos y compramos una. La máquina fue bien, pero como Terremoto tiene mucho pelo, pero mucho,  hay que ponerle siempre algo de aceite antes de empezar porque en ocasiones la vibración hace ruido y eso le asusta y más de una vez se ha rajado a medio corte de pelo y lo hemos tenido que acabar literalmente con el niño casi tirado por el suelo agachándose en plan Cuasimodo y yo convenciéndole de que no pasa nada e intentando llegar a la cabeza contorsionando mi jodida espalda en alguna postura que por espacio y pose parezco una acróbata del Circo del Sol pero con menos gracia, glamour y soltura.

Por suerte ahora, con sus catorce años Terremoto ya se deja cortar el pelo sin que nadie lo tenga que inmovilizar ni tirarse por el suelo, pero tiene que ser rápido. Estar demasiado tiempo sentado con las tijeras pasando cerca de su cráneo le pone nervioso y acaba auto aplicándose ejercicios de respiración para poder acabar con esta macabra costumbre estética de saneamiento capilar.

Ante este panorama, el año pasado, con tres añitos, le tocó a Tsunami su primer corte de pelo. Sí, con tres años cumplidos, porque el peque había nacido muy peloncete y al principio no había demasiado pelo para cortar. Luego le empezó a crecer. Le salió una melenita lisa como la que había tenido su hermano, mi pareja también tiene el pelo bastante liso. Pero un buen día, por las buenas, mientras paseábamos con el cochecito por el puerto de Andratx, cuando el peque debía tener un año y algo, vimos como por la nuca se le empezaba a enrollar. A partir de allí el pelo se le fue caracoleando más y más hasta llegar a formar sus amados ricitos de los que se siente tan orgulloso. Y claro, un pelo rizado, sobre todo muy rizado, pues no parece tan largo, así que Tsunami no pasó por la pelu hasta los tres años cumplidos.

La primera vez que le llevamos hicimos como con su hermano. Le comentamos de qué iba, le buscamos dibujos de lo mismo, le explicamos que no dolía y que estaría más mono y fresquito y que después de cortar las puntitas el pelo se le rizaría más. Fue también una tarde de verano, creo recordar que a mediados de agosto. Nos fuimos todos a la pelu y también nos cortamos todos el pelo. Cuando le tocó el turno a nuestro pequeño retoño, Tsunami se sentó todo obediente en el taburete. Le encantó eso de que le pusieran una capa, como si fuera un héroe de los dibujos. Se quedó muy quietecito y muy atento mirando en el espejo para observar todo lo que le hacían. Cuando algunos ricitos cayeron al suelo sólo preguntó si le iban a dejar algunos en la cabeza y como vio que calvo, calvo no se quedaba pues siguió observando atento. En algunos momentos el muy presumido dio su opinión de cómo lo quería y donde creía que aún hacía falta un cortecito más. Luego le acercaron el espejo de mano para que se viera la parte de atrás. Inspeccionó bien el trabajo, dio su visto bueno y le dijo a la peluquera que le había quedado muy bien y muchas gracias. Nuestro peque tan formalito y educado en ocasiones, jajaja, al menos nos hizo quedar la mar de bien.

Ha pasado un año desde esto y el jueves pasado volvimos a ir todos a la pelu. Al final los cuatro hemos salido todos con algo menos de pelo sobre nuestros hombros, cada uno a su gusto y según su petición. Terremoto un pelín más largo encima para poder dejárselo de punta. Tsunami manteniendo sus ricitos y saneándolos que últimamente se le enredaban mucho y costaba desenredarlos. Yo con un corte de puntitas para dar más volumen y mi pareja con un corte recto a la altura de la nuca. Este año tampoco se ha tenido que atar, ni sujetar, ni pegar a ningún niño al asiento. Hemos montado un revuelo como cada vez que vamos en tropel todos a que nos arreglen en familia en unas horitas. La peluquera flipa con lo bien que nos va ahora y sobre todo con lo bien que lo lleva el peque en comparación con su madre y con el hermano. La madre de la peluquera se sorprende con el cambio tan grande que han hecho los dos y Tsunami se lo pasó pipa cotorreando con todas las clientas de que había tenido la varicela misteriosa y de que había acabado el cole pero ahora iban a inglés y de que esperaba ir pronto a la playa para nadar y hacer un cocodrilo de arena. Es un cotorro incorregible.

Está visto que en muchos aspectos los hermanos difieren mucho de uno a otro. También es muy posible que Terremoto por las características de los T.G.D. que son mucho más sensibles a ciertas experiencias, le resultara mucho más traumático y realmente sintiera como si se le amputara una parte de su ser. Es posible. Lo cierto es que al menos, si era por ello, ya ha conseguido aprender controlar bastante bien la situación y dejar que trabajen. Pese a este autocontrol, siempre está un pelín nervioso y no demasiado convencido del todo. Él desea cortarse el pelo pero le da un poco de yu-yu. Está visto que el tiempo y el trabajo van dando poco a poco sus frutos y que nuestros niños maduran, cada uno a su forma y a su ritmo. Pero lo mejor de todo es que ir a la pelu ya no es una guerra ni un sufrimiento. Incluso los peques opinaron que eso de que les lavaran el pelo con el reposa cabezas y el agua fresquita era algo interesante, recomendable y altamente gratificante. No son tontos, no.IMG_3726

La segunda oportunidad

26 Jun

Cuando yo era niña, cuando aún no pensaba ni en sacarme el carnet de conducir, los coches  no llevaban cinturones de seguridad y los niños iban sueltos por detrás o sobre los mayores delante porque todo eso no estaba reglamentado. Había un programa en la tele que hacían los fines de semana y que me encantaba, no sé muy bien porque, no me lo solía perder. Lo realizaba una tele que evidentemente no era la española, se llamaba La Segunda Oportunidad.

El programa empezaba con una voz en of que si no recuerdo mal decía “El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra” Mientras decía esto se veía un coche con una familia dentro circulando por un paisaje de esos casi idílico de montaña. Entonces el conductor tenía un despiste con los peques de atrás que discutían y el coche se pegaba un choque frontal con un pedazo pedrusco que había caído en medio de la calzada y accidente a lo bestia al canto. Entonces seguía la voz “pero en ciertas ocasiones, que bueno sería contar con una segunda oportunidad” La escena volvía marcha atrás, los trozos del coche volvían a su lugar, los ocupantes también, el pedrusco que había caído volvía a la ladera de la montaña, así hasta llegar al principio. Entonces, el padre ponía rápidamente orden dentro del coche y cuando llegan a la zona de la piedra al estar más pendiente de la carretera que no del alboroto de los peques detrás, esquiva la roca y seguían tranquilamente. A continuación venía la musiquita de la sintonía, que aún me acuerdo de ella, pero lo del nanananaaaa creo que os puede decir poco.

El programa intentaba, en una época donde como os he dicho las medidas de seguridad que hay hoy, o no existían o no eran obligatorias, mentalizar a los conductores del riesgo de  una conducción sin prestar atención. Al mismo tiempo con muñecos de pruebas recreaban accidentes para concienciarte de las consecuencias y dar a conocer los avances en los cinturones de seguridad y las medidas que se estudiaban y perfeccionaban para la seguridad en el volante.

Muchas veces he pensado en ese programa y en lo cierto de las frases iniciales, “que bueno sería a veces contar con una segunda oportunidad”

Si nos paramos a pensar seguramente encontraremos en nuestra vida muchas segundas oportunidades que nos hemos dado o hemos dado a personas o a objetos. Empezaremos por un ejemplo sencillón. Hace unos cuantos años, al final del verano me encontré en la calle abandonada una maceta con una planta muy bonita. La pobre estaba casi seca, la tierra había incluso encogido. Supongo que alguien se fue de vacaciones y al volver se encontró con el panorama y lo bajó a la calle para que lo recogieran los de la basura. Yo no suelo recoger cosas de los contenedores, pero ese día hice una excepción porque la plantita me dio mucha pena y lo único que tenía era que necesitaba agua. Debían haberla comprado poco antes del verano porque en el tiesto aún había pegada la etiqueta con el nombre, el precio y todo. En casa no tenía sitio para una planta como esa, pero yo tenía acceso a una terracita y aunque parezca surrealista, a través de la ventana del baño la podía regar con el rociador de la ducha. Le puse un plato de plástico que tenía vacío, la regué bien y allí la tuve durante años. Tengo que decir que esta planta, una dracacea marginata, ha sido una superviviente. Lucho por sobrevivir, subsistió a vientos huracanados, a una lámina de uralita de la finca de enfrente que se estrelló a su lado, a los cálidos veranos y los fríos (porque estaba en un sitio superfrío) inviernos. Con el cambio de casa me la traje y en el coche se me rompieron casi todas las yemas, yo pensé que me la había cargado y dejaría de crecer, pero no fue así. Ahora la estoy mirando y no tengo muy claro si tendré que hacer un agujero en el techo para que siga creciendo. Supongo que si quienes la bajaron a la calle la vieran pensarían que no era la misma plantita seca con la que me encontré.

Pero no sólo damos una segunda oportunidad a una planta o a un mueble viejo que podamos restaurar, ahora que esto se ha puesto tanto de moda. Las personas también podemos darnos una segunda oportunidad. En mi caso cuando me separé fue una forma de darnos otra oportunidad a Terremoto y a mí, ya que el matrimonio no funcionaba hacía tiempo. Creía que mi vida se reduciría a cuidar de Terremoto y tener algo de vida social los fines de semana que no lo tuviera. Ante mi sorpresa apareció mi chico en nuestra vida y él pensó que nosotros valíamos mucho la pena. Cuando empezamos a salir lo veía muy complicado ya que yo vivía en Mallorca y él en Cataluña y alguna vez pensé si estábamos haciéndolo bien. Entonces pensé que podía seguir dando una oportunidad a él y a mí. Estoy muy contenta de haberlo hecho y que él también lo hiciera. Mi vida ha tenido una segunda oportunidad. Pero también el papá de Terremoto, mi ex, ha tenido una segunda oportunidad en nuestra peculiar familia. El que un matrimonio no funcione no quiere decir siempre que los componentes sean unos malos malosos perversos de película, simplemente, que como amigos pueden llevarse bien, pero como pareja son incompatibles. Costó su tiempo y ya os lo conté en su momento, pero también mi ex ha tenido una segunda oportunidad con nosotros.

Puede que la segunda oportunidad afrontada con más temor fuera el buscar un hermanito a Terremoto. También os lo conté, al principio la cosa no nos fue bien, en nueve meses tres abortos. Mi pareja había desistido pero le pedí un tiempo de descanso y una nueva oportunidad, la última. Ahora mismo estoy hablando con la consecuencia de esa segunda (en nuestro caso cuarta) oportunidad, Tsunami.

Pero tal vez la segunda oportunidad más dura de todas ha sido mi faceta como madre y los problemas de Terremoto. También os he hablado muchas veces de ello, ha sido un camino muy duro, muy complicado, en ocasiones estábamos muy perdidos, incluso hundidos por no decir vencidos. Pero poco a poco fuimos dándole segundas oportunidades a Terremoto y a nosotros. El saber encauzarnos a nosotros y luego a él. Conseguir encontrar personal competente que nos ayudó mucho. Tomar la decisión de sacarlo de un cole normal normalizado por culpa de la inoperancia y falta de profesionalidad por parte de la mayor parte del centro fue una decisión peliaguda. Si metía a mi hijo en un cole especial le estigmatizaría para el resto de su vida, tanto a nivel laboral como a nivel social en el futuro. No nos engañemos cuando uno ha estudiado en según qué sitios nunca es la persona adecuada para ser amigo o algo más con tus hijos e hijas, en cambio el estar estudiando en un cole normal aunque se tenga una adaptación curricular es otra cosa. Pero Terremoto se merecía una segunda oportunidad y además una de buena, necesitaba personal formado como toca, con unas ratios que le pudieran dedicar su tiempo, donde él fuera un alumno no el rarito que retrasaba a la clase y por culpa de tu hijo al mío no le dan las cosas que toca con todo el tiempo que toca. Así que lo valoramos, hicimos de tripas corazón y nos lanzamos al cambio de cole.

Cuando ha pasado un tiempo suficientemente grande en comparación con el objetivo buscado, es cuando vemos los resultados de esa segunda oportunidad. En el primer caso, una hermosa planta. En el segundo, una nueva vida. En el tercero una relación fabulosa del padre de Terremoto  con todos nosotros. En el cuarto un pequeñajo encantador y fabuloso nene llamado Tsunami. Y finalmente pero no menos importante, este curso empezamos a ver los resultados de la segunda oportunidad de Terremoto. Está empezando a aprender palabras y operaciones aritméticas, se interesa por un montón de cosas. Este lunes fui a buscar sus notas y por primera vez en toda su vida su boletín adaptado de “notas” estaba lleno de comentarios positivos y lleno de A, sólo hay A y eso es una buena nota según me enteré. Terremoto está súper contento, no me extraña y nosotros también nos sentimos muy orgullosos del enorme esfuerzo que está haciendo. Cuando salí de la reunión con la profe fui a buscar el justificante en secretaría para presentarlo al trabajo. Me puse a llorar como una tonta. Recuerdo que la primera vez que vi un boletín de notas de Tsunami en el que todo estaba correcto y bien también me puse a llorar porque yo no estaba acostumbrada a ver esas cosas con mi hijo, los de Terremoto eran devastadores.

Pero hay una cosa. Las segundas oportunidades se consiguen cuando uno toma la decisión de hacer algo. No hemos de esperar a que todo nos sonría sin nosotros poner nada de nuestra parte, hemos de arriesgarnos. Vamos, que si uno no juega a la primitiva no te tocará, pero si en vez de jugar y que no te toque nunca se ahorra eso se puede acumular en forma de una buena hucha y después usarla. Las segundas oportunidades cuestan, hay que arriesgarse y sudarlas. Normalmente estas una temporada para poder apreciar los resultados, pasarás por muchos baches y dificultades, pero la recompensa final, si se consigue, puede ser fabulosa.

Es posible que el hombre sea el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra, pero en ocasiones, que bueno sería que nos propusiéramos más a menudo conseguir tener una segunda oportunidad.

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Galletas de patata y orégano. El reto del ingrediente secreto de Ira nº3, esta vez versión mamá de Terremoto. Y también Tsunami pochito, la varicela misteriosa nos ha acabado visitando.

20 Jun

Espero que esto no se considere trampa trampita trampota tramposeta. Supongo que os acordáis, porque hace apenas dos entradas de esto, que Terremoto se volvió a coronar como protagonista de la receta presentada en el tercer reto al que nos desafió Ira. Recordáis aquellos supuestos deberes que realmente eran para regalarle a la profe y a los compañeros de clase unas galletitas y que nos revolucionó la cocina por unas horas ¿sí? Pues bien, si es así supongo que también recordareis que yo tenía pensado hacer unas galletas diferentes a las dulces de mantequilla, pero que no sabía si tendría tiempo para ello. Al final he tenido tiempo. Aunque a mi pesar el tiempo lo he tenido porque Tsunami ha caído víctima de la epidemia de varicela que afecta a su clase. El domingo a medio día los primeros puntitos aparecieron y por la noche ya eran visiblemente ampollas. Como Terremoto estaba con mi ex y la semana que viene empiezan las vacaciones y él tenía que tener a los peques, Terremoto se ha quedado estos días en casa de su padre. Mi ex nunca ha tenido la varicela, así que no era cuestión de juntar a los hermanitos y pegársela dentro de unos días. Sé que me diréis ¿pero no estaba vacunado? Pues eso mismo me estoy preguntando yo. Juraría que le habíamos vacunado, juraría que cuando nos lo comentó el pediatra y tras la experiencia de mi menda y del mayor lo habíamos hecho. Pero luego ha resultado que debió pasar alguna cosa porque en la cartilla no aparece la etiqueta. Así que no sé qué decir, sobre todo después de como insistí en la necesidad de  vacunar. Me he quedado asombrada, aunque sigo pensando todo lo que dije y lo reafirmo.

Tsunami dentro de lo que cabe lo lleva muy bien. No se rasca, le dijimos que no lo hiciera y el angelito no lo hace, o lo hace poco ya que alguna vez no se da cuenta y allí tenemos la manita y los deditos actuando. Se queja de que al final él también tenga “la varicela misteriosa” y no ha podido celebrar su cumple junto a los demás compañeros y se ha perdido una tarde de juegos de agua y la fiesta-cena de fin de curso. Cuando le pica lo empolvamos todico con la Talquistina o polvitos maravillosos para curarle como les llama. Tsunami nos ayuda, le encanta empolvarse. Parece una peluca de esas versallescas de tiempos del rey sol.

Por su parte Terremoto lo lleva fatal. Si fuera por él estaría en casa cuidando de su hermano y no entiende que ahora es mejor estar los dos separados que esto es contagioso, sobre todo si su padre nunca lo ha tenido. Espero que en estos días que queda no acaben tirándose las sartenes por la cabeza, ya que cada día tengo protestas telefónicas sobre la dieta de papá o si papá ronca por la noche y no me deja dormir. Le doy la razón a ambas. Así que Ira, no se muy bien si el cuarto reto Terremoto tendrá un nuevo protagonismo… igual estos días esta experimentando con algún ingrediente o alguna receta en casa de su papi y vete a saber si la telepatía sigue funcionando con vosotros dos, quien sabe.

Pues a lo que iba. Ahora con un sólo peque en casa tengo algo más de tiempo, que dedicamos a mimar y sobre todo intentar entretener al aburridito y desesperado Tsunami, que un niño encerrado en casa no es un niño feliz. Por las mañanas nos dice que ha tenido un sueño maravilloso y feliz en el que salía del cole con sus amiguitos y se iban todos a jugar al parque que hay al lado. Ante esta penita y la imposibilidad de llevarlo al parque hemos ideado algunas opciones: regar las plantas del balcón, leer libros con papá, jugar a juegos de mesa que le gustan, ver un ratito la tele, hacer dibujos (pero él dice que preferiría hacerlos en el cole que no en casa), hacer algún batido de frutas y finalmente hacer alguna recetita. Su papá le hizo una tarta de queso y fruta. Ayer yo hice la masa de las galletas que tenía pensadas para el tercer reto de Ira.  Tsunami las aplanó con el rodillo, cortó y colocó en la bandeja del horno.

Esta receta, como veis en la foto está sacada de una colección de platos que sacó la Disney y que son los que normalmente aparecen en todas las recetas del blog. La hicimos hace unos pocos años, aprovechando la veta culinaria de Terremoto y que a los dos les gustan los muñecos Disney. Además de la vajilla completa, incluía con cada entrega un folletito con recetas de diversa especialización y adaptadas para poder hacer con niños, aparte de que están buenísimas. Mi pareja se saca de allí normalmente los platos el día ese en que por casualidad se acuerda que es un sábado por la noche y le toca a él hacer la cena, jeje… (Con un poco de suerte después de esta indirecta se acuerda este fin de semana, yujuuuu….). En total hay cien fascículos y cien piezas entre cubertería, vasos, cubiertos, juego café, té y desayuno, unas cuantas fuentes y ensaladeras. Si volviera a salir y os gusta os animaría con ella, las recetas son muy interesantes. La vajilla es muy buena y socorrida, sólo he tenido un problema con la pintura de un plato que se me descascarillo, pero fue debido a un mal uso del plato y el tenedor por parte de Tsunami hace unos dos añitos. Además al suscribirnos nos regalaron una mantelería que usamos en las fiestas y cumples y un recogedor de migas a pilas, que tuve que guardar y sacarlo cuando era necesario porque eso se había convertido en un recogetútodoloinimaginablequepaseporesaboquillayquelolimpieluegomamásipuede.

Así que sin más dilación os cuento estas galletas cuadrados de patatas con orégano, la aportación de mamá para el tercer reto del ingrediente secreto de Ira.

Ingredientes:

250 gr. de harina

200 gr. de patatas para hervir

3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

10 gr. de levadura de panadero fresca

½ cucharadita de orégano

sal

Preparación:

Lava las patatas y hiérvelas con la piel en agua salada durante unos 30 minutos, vamos hasta que cuando las pinchéis se hunda bien el tenedor en ellas.

Sácalas y pélalas aún caliente, pero cuidado, que queman mucho. Una vez peladas cháfalas con un tenedor y dejar que se enfríen durante unos minutos.

Agregar la harina, una pizca de sal, una cucharada de aceite, el orégano y la levadura diluida en dos cucharadas de agua caliente (yo las calenté unos 30-40 segundos al microondas y quemaban)

Trabajar la pasta hasta que este blanda pero consistente. Si fuera precisa se puede añadir un poco de agua templada o harina según se necesite.

Extiende la masa y forma un rectángulo de 1 cm. de grosor.

Cortarlo en cuadraditos de 5 cm. de lado y colocarlos en la bandeja del horno con un papel vegetal encima. Los cuadraditos tienen que estar algo separados unos 3 cm.

Cubrirlos con un trapo y dejarlos reposar dos horas.

Calentar el horno a 200º. Pintar los cuadrados con el aceite sobrante y hornearlos unos 15 ó 20 minutos.

Servirlos tibios o a temperatura ambiente.

Comentarios:

Sobre todo mucho cuidado cuando peléis las patatas, queman mucho, en serio.

Yo tuve un problema gordo, no tenía levadura fresca. La sustituí por levadura tipo Royal de repostería. Eso hizo que casi no levaran nada, no quedaron tan esponjosas como en la foto del folleto y quedaron más crujientes, pero así y todo estaban de rechupete. Supongo que si estuvieran más blanditas serian el non plus ultra.

Finalmente confirmo lo que dice la receta, calientes no están mal, pero tibios o a temperatura ambiente, hummmm, hummmmm, deliciosos. A Tsunami le gustaron bastante, pero personalmente creo que es un tipo de galleta que puede que guste más a los papás que a los peques. Tiene un sabor muy peculiar que no sabría cómo describirlo y huelen mejor. No creía que unas galletas de patata fueran así.

Un último consejo, teniendo en cuenta que salieron las que veis en la foto y a las veinticuatro horas no quedaba ni una y eso que Terremoto no está en casa para catarlas, os aconsejo que ya que os ponéis dobléis las cantidades y hacéis dos hornadas, así con suerte os dura algo más de un día, jajaja. Bueno, espero que os gusten estas curiosas galletas de patatas y orégano, que os aproveche i bon profit.

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Excursiones culturales de este invierno: El Palau del Consell y el Palau de l’Almudaina.

12 Jun

Os he contado muchas veces que durante este invierno hemos hecho bastantes excursiones por el bosque. Además de estas excursiones campestres también hemos tenido otras de tipo más cultural y de las que por un motivo u otro no había podido comentaros aún. Así que como bien dice el refranero, más vale tarde que nunca, aprovecharé ahora para ir poco a poco comentando algunas de ellas y de esta forma os voy a presentar un poquito algunas historias y rincones de esta islita mediterránea que tanto quiero. Estas visitas siempre han tenido lugar bien aprovechando algunos actos de puertas abiertas por motivos de fiestas locales, o bien al apuntarnos a un grupo al que va uno de mis clientes de la biblioteca y que una vez al mes suelen salir a algún sitio de interés. Los fijos a estas salidas hemos sido nosotros dos y Tsunami. Terremoto ha venido dependiendo si ese fin de semana tenía estancia con su padre o no.

La primera salida que os voy a comentar y que iré contando cronológicamente, se hizo a principios de marzo. El 1 de marzo se inventaron que era el día de las Islas Baleares. Digo que se inventaron porque hace unos cuantos años (1997), el Consell Insular de Mallorca (Diputación en el territorio peninsular y cabildo en las Canarias) se sacó de la manga que el 12 de septiembre tenía que ser la Diada de Mallorca. El motivo de esta fecha es doble, por una parte el 12 de septiembre de 1229 Jaime I desembarcó en Santa Ponça iniciando la reconquista del que sería posterior Reino de Mallorca a la Taifa de Denia. Coincidiendo con ésta está la que el Consell considera oficial para proclamar tal día, ya que el 12 de septiembre del año 1276, Jaime II de Mallorca juró la Carta de Franquícias y Privilegios del Reino de Mallorca. Este documento es un conjunto de derechos y ventajas que configurarían la normativa legal del Reino Privativo de Mallorca. Las franquicias son excepciones en el cumplimiento de alguna norma o costumbre, normalmente de uso en el resto de la corona catalanoaragonesa. Los privilegios eran derechos que se concedían en exclusiva a un territorio. La primera carta de Franquicias de Mallorca fue justo después de su conquista. Recordemos que la conquista tuvo lugar el 31 de diciembre de 1229 (como les decía a mis alumnos en unas prácticas que hice hace años, entraron a toda leche para ir a tomar las uvas a la plaza de Cort, equivalente mallorquín de la Puerta del Sol) y la primera carta de franquicias fue firmada en 1230 para  incentivar a la población catalana a venir a repoblar los nuevos territorios conquistados. Jaime II fue el hijo y sucesor de la corona del llamado Reino Privativo de Mallorca y que comprendía los territorios insulares de Mallorca, Ibiza y Formentera, los condados de Rosellón y Cerdaña, el señorío de Montpellier, la baronía de Omeladès y el vizcondado de Carladès. Menorca, aún habitada por los musulmanes, le rendía vasallaje. Principalmente fue un gran jurista, organizó las instituciones medievales y reformó las franquicias, asegurando a los mallorquines un conjunto de derechos y libertades que les permitía vivir libres de muchas cargas que el régimen feudal tenía en esos momentos vigentes en muchos lugares de Europa.

Pues bien, después de este peñazo de historia insular (por algo he denominado al post excursiones culturales, jeje) os recuerdo que toda esta panzada de historia a venido por el comentario de que el Consell Insular había creado este día como la Diada de Mallorca. Pero esta fiesta aunque se realizaban diversos actos lúdicos para celebrarla, siempre ha sido oficialmente día laborable en Mallorca. Por su parte, un poco después (2007), el Govern Balear (gobierno autonómico de Baleares) estaba en manos de otro grupo político distinto al del Consell, así que para chincharse mutuamente y puesto que el Govern si que podía imponer su elección como día festivo en el calendario laboral de las Baleares, se sacó también de la manga que el 1 de marzo sería la Diada de las Islas Baleares. Esta nueva fiesta que tampoco ha tenido nunca una raigambre tradicional ni cultural en nuestras islitas se debe a que el 1 de marzo de 1983 se publicó en el BOE (Boletín Oficial del Estado) el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Balear y también, ¡oh casualidades de la vida!, coincide con la publicación del nuevo Estatuto de Autonomía de 2007. Al principio esta fiesta no fue oficial, pero como he dicho, desde el 2007 ha pasado a engrosar parte de nuestro calendario festivo, sustituyendo creo recordar a la fiesta de San Jaime que ha pasado a ser día laborable salvo en algunos pueblos que tienen a este santo como patrón.

Una vez puestos en antecedentes de donde sale esta fiesta, os comento que la mejor parte de este embolado político que hubo en su momento la gozan los coles. El 28 de febrero es la fiesta unificada de no sé que de los colegios (en mi época esto no existía, me es nuevo) y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, les viene de perlas que se junte con el 1 de marzo. Para acabar de rematarlo, generalmente se suelen coger uno de esos dos días de libre elección que los coles que pueden coger al año el día que se les antoje para hacerse un acueducto. Este año, nos coincidió con un fin de semana al lado. El problema nos vino en casa cuando el cole de Tsunami se pilló el miércoles como día de libre elección, el jueves era el día ese de los coles unificados, el viernes la diada, luego el sábado, el domingo y el lunes fue el día que se pidió el cole de Terremoto. Uhhhffff…. aún me marea sólo en pensar las cábalas que nos tenemos que montar los papis en ocasiones, sobre todo como nuestro caso en el que los peques no van a un mismo centro.

Pero bueno, me estoy desviando muchísimo del tema de hoy. Creo recordar que fue ese sábado que una serie de instituciones tuvieron día de puertas abiertas y en casa decidimos aprovechar la situación para culturizar un poco a nuestras fierecillas que no todo en la vida son caminos de montaña, pinos y matojos, que también existen edificios, cuadros, esculturas y rinconcitos con su legado histórico debajo del brazo que no está mal ir conociendo. Se abrieron las puertas de cuatro instituciones, una de ellas nunca he podido visitarla porque lo hace en muy contadas ocasiones en horarios no de los más asequibles a todos y es la más selectiva y controladora de todas, me refiero a la sede del Parlament Balear, antigua sede de uno de los clubes privados de la pijería mallorquina del XIX conocido con el nombre de Círculo Mallorquín. Otro de los edificios era el Consolat de la Mar, antiguo edificio que actualmente alberga las dependencias presidenciales del Govern Balear, muy pequeñito, se usa sólo para actos concretos y que en otras ocasiones hemos visitado por estas fechas. Las dos instituciones que nos quedaban fueron las que pudimos ir pues sus horarios eran los que más se adecuaban a los nuestros, pues el domingo teníamos otras cosas concertadas.

La primera parada fue el Palau del Consell (Diputación), situado en el número 1 de la calle Palau Reial, justo al lado del Ayuntamiento de Palma. Es quizás una de las zonas de la ciudad más visitada por los turistas y no tan turistas. Esta calle es la que desemboca a los pies de la Catedral y justo delante de esta se encuentra el segundo edificio que visitamos, el Palacio de la Almudaina, antigua residencia de los walies musulmanes de Mallorca y luego de los Reyes privativos de Mallorca. Actualmente forma parte de los Reales Sitios que gestiona el Patrimonio Nacional y se supone que es el alojamiento oficial de la Casa Real española en sus visitas a Mallorca, aunque allí sólo se celebran actos protocolarios ya que como residencia habitual de verano van al llamado Palacio de Marivent que el ayuntamiento les cedió para su uso en la isla.

El Palau del Consell o Palau Reial, es un edificio neogótico realizado en el siglo XIX por el arquitecto Joaquín Pavía. Se asienta sobre el solar de la que fue la antigua carcel del Ayuntamiento, conservandose sólamente de esa época un pozo que hay en el patio interior. Destaca por su fachada labrada y de apariencia defensiva con sus torreones almenados y las impresionantes gárgolas que la coronan. Una funcionaria, creo recordar que del departamento de protocolo nos fue narrando la historia del edificio y contando las diferentes anécdotas y avatares del mismo mientras nos paseaba por la escalera de honor y por las principales dependencias de la planta noble. Lo más sorprendente de toda la decoración fue sin duda toda la parte de labrado tanto en piedra como en madera. La estructura del edificio está realizada en una piedra caliza típica de la isla, el marés o  comúnmente denominada piedra de Santanyí. Destacan los relieves y esculturas de la fachada, la escalera principal y muchos detalles del edificio así como la zona de la terraza superior que remata el edificio. Los labrados no se reducen sólo a la piedra, también hay gran cantidad de trabajo de ebanistería en las sillas situadas en la planta noble y en la sala de plenos, con animales antropomorfos, escudos y personajes populares. La primera planta está además adornadas con cuadros de gran formato obra de los principales pintores mallorquines del XIX. Asimismo destacan las cristaleras emplomadas tanto de la escalera principal como del salón de plenos, ambas basadas en los bocetos del pintor mallorquín Fausto Morell. Las primeras representan una alegoría a las tres islas que conforman el archipiélago balear, situando de izquierda a derecha Menorca, Mallorca e Ibiza. Las cristaleras de la sala de plenos representan diversas escenas del desembarco de las tropas de Jaime I en Santa Ponça, la conquista de la Madina Mayurqa y finalmente la rendición y entrega de las llaves del gobernador Abú Yahya al rey aragonés. Mención aparte y que llamó mucho la atención de los pequeños son los cuatro gegants (gigantes) que custodian la escalera principal formados por tres reyes y una reina, Jaime II, el rey Sancho, Jaime III y Esclaramunda de Foix.

Artesonados de los techos del Palau del Consell

Chimenea y sillas en el despacho de la presidenta del Consell

Gargolita en el Salón de Plenos

Entrega de las Franquesas y Privilegis por Jaime II

Vidriera representando la entrada del rey Jaime I en Mallorca

Gargolas y torreones en la azotea del Palau del Consell

 

Decoración floral y dragón en la escalera principal

Vidriera alegórica de las tres islas

A los peques les gusto mucho su visita al Consell, sobre todo ver todos los dibujos escultóricos que os he comentado. En la escalera principal se entretuvieron un ratito viendo un pequeño grupo casi escondido que representaba una rata que intenta comerse un caracol, fue divertido buscarlo.

Rata y caracol en la escalera.

Gegants de Jaume II y Jaume III

Gegants de Sanç I y Esclarmunda de Foix

Salieron todos emocionados y fuimos caminando junto a un montón de turistas y calesas de caballos hasta la parte del mar. Allí hicimos una pequeña cola para entrar en la Almudaina, que pese a tener la entrada libre tenías que hacer la consiguiente cola para recoger le entrada, aunque ese día no se abonara su importe. Aquí no había ningún tipo de visita guiada, si la querías iba aparte y con los horarios e idiomas preestablecidos, así que con el folleto que nos dieron y los conocimientos que poseemos fuimos visitando las estancias y respondiendo a los comentarios de los peques, sobre todo de Tsunami que con la curiosidad que tiene a esta edad era un continuo preguntar para que era eso o para que servia. Lo entretuvimos a base de que buscara objetos o contara cuantos había de cada uno. A Terremoto también le gustó pero lo encontró algo más aburrido y cansado, así que le prometimos que cuando se acabara la visita iríamos a comer unos spaguetis al italiano que a él le gusta.

El Palau de l’Almudaina se construyó sobre los terrenos que antiguamente ocupó un  castro romano y que a su vez ocupó antes un asentamiento talayótico. En el S. X  la isla de Mallorca cae bajo la dominación musulmana iniciándose uno de los periodos mas florecientes de las Islas Baleares y también de los menos estudiados (os paso un enlace a un artículo de una web que considero muy bien explicado y documentado sobre lo que serían los años de dominio islámico en el territorio balear y su pérdida, el motivo es que normalmente no se encuentra tanta información de estos momentos como de los posteriores bajo el poder cristiano). El 1281 se inician las obras de construcción del Alcázar musulmán, “Zuda” o Almudaina, donde se establece la residencia de los walies o gobernadores de la isla. Como os he comentado anteriormente cuando os hablaba de la Diada de Mallorca y habéis podido leer en el enlace anterior,  en el 1229 Jaime I de Aragón (el rei en Jaume o en Jaume el Conqueridor) reconquista Mallorca, y a partir de este momento se inicia la dominación cristiana y la posterior y corta dinastía de los Reyes de Mallorca. La Sede de la Corona se establece en la Almudaina. Jaime II, como también os he contado, fue quien condujo el reino a la prosperidad su reinado fue el más pacífico y fructífero de todos. Fue este rey quien transformó el Alcázar almorávide en Palacio Cristiano dándole la forma actual, aunque conservando las estructuras fundamentales del alcázar musulmán. Lo amplió y lo adaptó iniciando las obras el 1309, según el estilo gótico imperante en la época y a imitación del Palacio Real de Perpiñán. Las obras prosiguieron hasta 1343 y prácticamente todos los reyes de Mallorca realizaron alguna modificación. En La Almudaina tuvieron sucesivamente su corte los monarcas del reino de Mallorca, los de Aragón a partir de 1349 con la incorporación del reino a la corona de Aragón por parte de Pedro IV y posteriormente pasaría a los de España tras la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Fue sucesivamente ocupado por Gobernadores de la Isla, Virreyes y Capitanes Generales. Felipe II destinó el “Tinell” a Real Audiencia e instaló en el resto del edificio la Capitanía General de las Islas. En la actualidad es la residencia oficial de los SSMM los Reyes durante su estancia en las Islas. Desde 1963 el Palacio de la Almudaina ha sido objeto de importantes y continuas restauraciones llevadas a cabo por el Patrimonio Nacional.

La estructura actual de La Almudaina corresponde a la construida en el siglo XIV con sus diferentes espacios. La edificación está formada por un torreón rectangular. Aparecen dos núcleos perfectamente diferenciados: El Palacio del Rey, la Capilla del Rey o Capilla de Santa Ana, el Huerto del Rey, los baños árabes, el Patio de Armas. Por otra parte está el Palacio de la Reina, la Capilla de la Reina o Capilla de San Jaime, el Huerto de la Reina, los baños árabes de la Reina, el patio de la Reina. Destaca también El Arco del Mar, actualmente forma parte del llamado Hort del Rei y bajo cuyo arco entraban los barcos en el antiguo puerto medieval y rodeando la edificación una muralla protegida por 14 torres. En la actualidad este arco forma parte de un rincón junto a un estanque donde siempre hay un grupo de patos o bien una pareja de cisnes negros o blancos.

Su decoración presenta dos ambientes, en la planta baja se recrea el estilo medieval con obras del siglo XV al XX, destaca la colección de tapices flamencos. La planta superior construida durante el siglo XVI por orden de Carlos I de España, también conocido como el emperador Carlos V de Alemania, se utilizaba para la celebración de actos oficiales de la Familia Real, está decorada con objetos y mobiliario procedentes de otros Reales Sitios de los siglos XVII, XVIII y XIX.

Artesonado de l’Almudaina

Vista del Arco del Mar

Escudo real en uno de los patios de la Almudaina

La planta superior desde el patio del Rey

La Seu vista desde el interior de la Almudaina

Entrada a la capilla de Santa Ana

Interior de la capilla de Santa Ana

Fuente en el patio del Rey

Bueno, espero que después de esta dosis de cultura balear estéis dispuestos a leer otro día otra entradita que dedicaré a las siguientes excursiones. Prometo que no serán tan mazacotes ni tan densas, pero es que esta bien merecía ir acompañada de una (aunque no lo creáis) pequeña y condensada explicación histórica. Espero que os haya gustado, seguiremos con los jardines de Natzaret y el barrio de El Terreno en la próxima excursión que ya os contaré más adelante, cuando nos hayamos desintoxicado de tanto edificio y tanta Edad Media.

Vista desde la calle de una de las gargolas del Consell

 

Vista general del Palau del Consell

En abril, excursiones mil

8 May

Vale, me he pasado. No hemos hecho mil excursiones, pero si que hemos hecho un montón de excursiones. Cuando yo era joven me gustaba salir de tanto en tanto ha hacer mis excursioncillas. Me pateé mucho Mallorca y tengo que reconocer que esta roqueta es una maravilla. Mi pareja también era muy dado a hacer estas salidas. Por lo que me cuenta era mucho más aficionado que yo, incluso ha pasado algunas noches bajo las estrellas, cosa que yo nunca he hecho. Desde que empezó la crisis hemos introducido más excursiones en nuestras actividades de fin de semana. Como el horno no está para muchos bollos, pues hemos buscado una actividad para todos, que sea a la vez bonita, entretenida, que los niños se lo pasen bien haciendo deporte y descubriendo cosas y a ser posible encima barata. Así que casi todos los domingos por la mañana si no llueve, cogemos la mochila con unas galletas, zumitos y agua, los palos para caminar, y nos metemos en el coche para acercarnos a algún bosquecillo donde darnos un buen paseo. Luego volvemos a casa para comer y pasamos una tarde tranquila en casa.

Uno de nuestros sitios favoritos es el bosque de Bellver, porque está muy cerca y tiene diversos circuitos. También vamos mucho por los bosquecillos que hay al lado de Palma. Este otoño cogimos muchos madroños por allí incluso hicimos mermelada de madroños. Ahora no hay madroños para ir picoteando por el camino, pero las vistas siguen siendo magníficas y siempre vamos a buscar algún animalito que se pasee o vuele por allí para seguirlo. En ocasiones hay hitos por el camino. Piedras que llevan una señal pintada para orientar a los caminantes, y les hemos contado a los peques que eso eran señales de los romanos o de los viquingos y te vienen a la siguiente excursión todo contentos comentándote que hemos llegado al campamento de Julius Bocatus donde descansaban de su marcha las legiones Balearicas. Pues bueno, además de todo ello ahora resulta que se nos ha unido otro extra en el tema de las excursiones.

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Os he hablado alguna vez de lo dinámicos que son en el cole de Tsunami. Pues bien, a principio del curso se pasaron entre los papis todas las direcciones de correo electrónico por si alguien tenía que consultar algo en conjunto o presentar algo. En unas cuantas ocasiones algunos papás habían comentado de alguna actividad realizada el fin se semana e informaban de ella por si más familias se querían apuntar. Pues bien, como todo este invierno ha hecho un clima muy bueno en general, el mes de marzo un papá comentó que estaría bien hacer un sábado una excursión con los peques. Así como corre la pólvora en las pelis del oeste, todos los papás nos fuimos apuntando a la propuesta hasta formar un buen grupo. La excursión fue de Raixa, una de las posesiones de Mallorca de gran abolengo, hasta Raixeta, una pequeñita posesión que dependía de la primera y que hace años está abandonada y en ruina. El camino no fue nada cansado, una horita y algo de andar, salvo por unas cuantas gotas que cayeron al principio, el resto del día estupendo, tan bueno que incluso yo me puse en manga corta. En Raixeta teníamos un gran lledoner (almez) que daba sombra para que los peques jugaran, mientras los padres planeaban la nueva salida. También había junto a las casas una explanada donde comimos todos. Toda la tarde los peques estuvieron jugando y saltando y a media tarde volvimos a los coches para regresar a nuestras casas. La experiencia ha gustado tanto que el lunes siguiente ya proponían hacer otra excursión para mayo y este domingo tenemos la siguiente, esta vez por la zona de la costa este. Por cierto, se ha dicho que para el mes que viene antes de que acaben las clases tenemos que hacer una con parada en una playa apartada con chapuzón incluido.

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Pero las excursiones mil no son solo las de los domingos y la de los nenes del cole de Tsunami. También el cole de Tsunami organiza las suyas. Muchas veces os he contado que hacen actividades conjuntas de diversas clases. Pues bien, los peques de cuatro y cinco años se fueron a una granja escuela que hay en Palma. Sí, sí, en Palma, pegadita a la ciudad, al lado de un polígono industrial, hay una granja escuela con sembrado, animales, honro de leña para pan y muchas actividades. Un verano Terremoto fue allí de escuela de verano y se lo pasó pipa. Lo único que no le gustó es que los animales y sobre todo la caca de las vacas, huelen mucho. Pues en esta granja hay unas habitaciones preparadas para “acampar” de noche. Más que acampar son habitaciones con camas, sábanas y mantas como toca. Así que los pequeñajos de cuatro y cinco años se fueron un jueves a pasar allí el día y dormir. Nadie podrá decir que no empiezan pronto a irse de acampada estos pequeños intrépidos aventureros. El viernes por la mañana, la clase de tres años a la que va Tsunami, se iba también a la granja para estar con sus compañeros y pasar el día con los animalitos y las tareas del campo. Por la tarde se nos presentó con un pequeño pan hecho por ellos mismos. No tengo que decir que el pan estaba delicioso y con la excusa de que lo había hecho el mismo empezó a tomar un trozo para esto, uno para aquello, y haciendo el tonto, haciendo el tonto, casi no nos deja nada para catarlo al resto de la familia.

No podéis imaginar como se nos puso en forma Tsunami, porque el viernes que fueron a la granja escuela era el día antes de la excursión que os he contado con los papis del cole. Así que al día siguiente despertador prontito y los cuatro nos embarcamos a la expedición de Raixa a Raixeta. Sí, los cuatro, porque los hermanos de los nenes, evidentemente, podían venirse y ese fin de semana nosotros teníamos a Terremoto y se apuntó a la salida. El pobre lo pasó un poco mal porque le cuesta un poco relacionarse con tanta gente de golpe, pero al final se puso a jugar con los pequeñajos. Porque si bien vinieron más hermanitos, algunos de meses se hicieron el paseo con las bandas de porteo, los más mayorcitos eran de cinco o seis años. Terremoto es el hermano más mayor de todos los hermanos mayores de la clase de Tsunami, y lo que presumió el pequeñajo de ello.

Al volver a casa nos paramos en el Monasterio de la Real, donde había un pequeño mercadillo para recaudar fondos y luego volvimos a casa. Como Terremoto se quejaba de que lo había pasado un poco mal con tanta gente, le dejamos que decidiera que actividad haría al día siguiente y nos dijo de ir al Zoo. Es cierto que en Mallorca no tenemos zoológico, pero tenemos algo muy parecido y para mi gusto un poco mejor que se llama Natura Parc. Se trata de un recinto donde hay un montón de animales en pequeños hábitats, no están cerrados con rejas, salvo las aves que puedan salir volando o las fieras. En algunos de ellos puedes entrar y paseas por al lado de los animalitos.

Terremoto tenía mucho interés en ver el canguro, que estaba algo vagoncio tomando el sol, así que no lo vimos dar muchos saltos. Terremoto nos sorprendió informándonos de que el ejemplar del Natura Parc debía ser un macho porque no tenía marsupio. Nunca me había planteado si los canguros machos tenían o no marsupio, y tampoco es que se viera mucho así como estaba. Así que lo buscamos en el móvil de R. y resultó que Terremoto tenía razón, los canguros machos no tienen marsupio, una cosa que aprendimos nueva.

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Tsunami se lo pasó pipa sobre todo con los armadillos, fueron todo un descubrimiento para él. Aún esta semana me decía en plan adivinanza que quien era que salía, escarbaba y se escondía muy muy muy deprisa. Yo no sabía de que me hablaba hasta que me dijo todo risueño “mamá, que es el armadillo, ¿o no te acuerdas de cómo corrían?”. Además del armadillo, al que tuvimos que ir a ver varias veces, también repetimos con la zona de los lémures. Les encantó ver a los protas saltarines de cola anillada de los Pingüinos de Madagascar. Por si no fueran ya de por si bastante sorprendentes, algunos de ellos tenían crías y eso les encanto.

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También entramos en la zona de granja para niños con animalitos y las cabritas fueron acosadas y perseguidas debidamente por parte de nuestro intrépido aventurero, que además como acababa de ir hacía dos días a la granja escuela, no les tenía ningún tipo de miedo. Pero si algún animal fue acosado hasta la saciedad, fue la pobre gallina con sus dos pollitos que se paseaba por el recinto. Tsunami se pasó más de media hora detrás de ella y cantándole todas las canciones en las que salía alguna gallina de protagonista y que le habían enseñado en el cole (doy fe de que hay muchas canciones de gallinas), y no era el único niño que hacía eso. No entiendo como es que los pollitos no tenían tatuados alguna nota o clave musical porque con tanta cancioncilla de gallinas, ufff… pobrecita.

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La sorpresa de la excursión fue que por la mañana cuando Terremoto me dijo de ir allí, no tenía nada descongelado para preparar rápidamente y llevarlo de comida, así que habíamos pensado de comer en el bar de pa amb olis (pan payes con sal, aceite de oliva, ajo restregado, tomate de ramillete restregado y acompañado de quesos, embutidos varios y aceitunas trencades (aceitunas verdes rotas) o negras pansidas…. un día os enseñaré a hacer un pa amb oli como mandan los buenos cánones del yantar balear)  Cuando fuimos a comprar el ticket quise asegurarme que en el bar había aún los pa amb olis y fue cuando nos enteramos que ese día inauguraban una zona de torradas / barbacoas y que con el precio de la entrada nos regalaban la carne para torrar. Hamburguesas y salchichas para los niños y lomo, botifarra, panceta y más salchichas para los mayores. Así que además de día redondo encima tuvimos torrada incluida.

No tengo que decir que ese domingo los peques durmieron como marmotas y que al día siguiente no había quien los levantara después de tanto día seguido de excursiones, salidas y animalitos. Desconozco que soñó Terremoto, posiblemente con los dos tigres de bengala que había y que le impresionaron tanto. Pero estoy segura que Tsunami en sus sueños debió perseguir a los armadillos y se debió subir y descolgarse por los árboles con los lémures, porque al día siguiente cuando fue al cole lo primero que le dijo a su profe es que el sábado había visto a los compañeros del cole y todos se habían ido de excursión sin la profe pero con los papis y hermanos y luego el domingo había visto muchos muchos animales con dos armadillos revoltosos y un montón de lémures ruidosos.

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Un arenero improvisado

18 Abr

Cuando estaba embarazada de Terremoto allá por el 1989 e iba a las clases de preparación de parto, las matronas tenían diversas charlas con nosotros además de darnos la preparación para el gran momento. Recuerdo que una vez preguntaron cuál era el mejor cochecillo de todos. Una mamá dijo que el mejor era el de la vecina. Las comadronas además de reírse dijeron que esa era una de las mejores respuestas. El cochecito de la vecina es el que no tienes que comprar, puedes usar y luego se lo devuelves y así no tienes que preocuparte luego donde se guarda o a quien se lo dejamos para que no nos estorbe en casa.

Sé que el tema que os voy a comentar hoy no tiene mucho que ver con el cochecito que pudiera tener la vecina, ni tampoco con el mío. Lo cierto es que después de tener a Terremoto guardé mucha ropa y juguetes y algunas cosas, no me pidáis porque. Tenía claro que después del diagnóstico del nene y de haberme divorciado, lo de tener más hijos era algo completamente descartado. Una vez llevé a un local algo de ropa, zapatos y otras cosas. Las chicas estaban contentísimas, eran emigrantes y me dijeron que en la casa donde estaban había unos cuantos matrimonios con los hijos y que en total había trece niños.  Me quedé flipada, así que fui a casa y cogí unas cuantas cosas más que no tenía muy claro si guardar o no y las llevé. Se pusieron muy contentas, una casi llora. Me dijo que cuando llegaran a casa sería como si los Reyes Magos hubieran llegado antes. Una de las cosas que llevé fue la bañera, así que cuando nació Tsunami tuve que volver a comprar una.

Como no tenía tanto espacio como antes, mis suegros me compraron una de esas solita, sin patitas ni repisas, esas que se ponen en la ducha como las tinas pero en lugar de redonda ovalada. Cuando Tsunami ya no se bañaba en esa bañera no sabía muy bien qué hacer con ella. Nadie la quería, incluso se la ofrecí a una compañera del trabajo que tiene una perrita para que se refrescara en verano, pero nada.

El verano pasado pensé que de allí no pasaba y tras una inspiración después de ver unas cuantas webs tomé la decisión. Llevé la bañerita a la casa de mi padre donde vamos de okupas. En el porche de atrás pusimos un hule que hace siglos que no se emplea, encima la bañerita y la llenamos con un saco de veinte kilos de arena. Y… Chachaaannn. Bañerita reciclada en improvisado arenero. Ya sé que es muy pequeñito, pero a Tsunami eso no le importó. De hecho le encantó. Allí trasladó sus dinosaurios, pececitos de Buscando a Nemo y la no menos valiosa colección de cocodrilos de plástico heredada (o chorizada, según se pregunte a quien) de su hermano.

Por la noche para evitar que el gato del vecino lo usara de baño particular, no teníamos más que plegar el hule encima, doblar los laterales y cerrar con las pinza de tender ropa.

Su uso fue continuo. Las palas y cubo de la playa no pararon. Un día mientras Tsunami hacía la siesta, Terremoto le montó un mapa del tesoro con instrucciones y pruebas. Pasar por el canal del tiburón, sortear los cocos… para llegar al lugar marcado con una X formada por cuatro piedras. Esta señal estaba evidentemente encima del arenero y allí, debajo la X estaba el tesoro: Un frasco cerrado con los pececitos de Nemo, unas canicas y otras cositas que añadió Terremoto.

Se acabó el verano, cambiamos de año y ya estamos en primavera. Allí está el arenero/bañerita guardado esperando a que lleguen mejores temperaturas, que así como vamos no le quedará mucho. Os comento hoy este reciclaje por si alguno de vosotros os ocurre lo mismo y tenéis una pequeña bañerita y un balconcito, una terracita o un jardincito donde poder darle una segunda oportunidad. Dentro de unos meses nosotros lo volveremos a sacar y se convierta de nuevo en un desierto de dinosaurios, una selva con cocos, o el escondite de un mapa pirata. Quien sabe, eso, solo los peques lo decidirán.

2012 Estiu 491

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