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Un Tió de Nadal + un Tsunami motivado = incremento desmesurado del consumo de fruta familiar.

10 Dic

Hola visitantes de la blogoesfera. Sé que últimamente tengo esto un poco abandonado, pero las circunstancias familiares no han cambiado y lo de escribir entradas es un poco chungo con todo el cachondeo doméstico que tengo cada día. Pese a todo, no quería perderme el comentar esta entradita, sobre todo en estas fechas por si a alguien le apetece ponerla en práctica.

La tradición navideña que os comentaré hoy no es mallorquina, es catalana. Se que ahora los políticos están politizando más de lo debido muchas cosas y alguien pueda “alarmarse” por la introducción de costumbres catalanas en Mallorca. Así que antes de que nadie puede sacar objeciones donde no las hay quiero reivindicar que si en nuestras casa hay un árbol de Navidad (costumbre nórdica) y viene el Papá Noël o Santa Claus (otra costumbre nórdica) y hacemos calendarios de adviento (costumbre anglosajona) y ponemos bolas de navidad, renos y coronas de navidad (más de lo mismo) y hace unos meses celebramos el Halloween (más de cultura celta en este caso) pues sinceramente, algo de cultura catalana que nos es más cercano, no lo veo mal.

La historia de “esta nueva costumbre casera”, surgió como no, el año pasado.

Un buen día nuestro Tsunami empezó a deleitarnos en fechas próximas a las Navidades con una nueva canción que decía no sé que de “pasen bous i vaques i gallines amb sabates” (pasan bueyes y vacas y gallinas con zapatos) y otras estrofas que a mí me sonaban a surrealismo daliniano puro y duro. Hablé de ello con mi pareja y se rió un rato (os recuerdo que mi pareja es medio burgalés medio catalán, criado en ambos territorios) me comentó que lo que nos cantaba el peque era una de las tantas versiones que se tienen de la canción del Tió de Nadal.

Un tió no es más que un tronco de árbol cortadito y que se echaba al fuego en invierno para calentar las casas. Es cierto que en algunas visitas a Barcelona cuando pillaba en diciembre el mercado de Santa Lucía junto a la Catedral podía encontrarme paraditas con ese simpático tronco al que habían dibujado ojitos y llevaba una barretineta (sombrero regional masculino de Cataluña) para no pasar frío. Pero aquí se acababa mis conocimientos sobre el mismo: a su forma y a su nombre. Así que papá Tsunami me contó que las familias tienen los días previos a la Navidad, un Tió en casa al que cuidan. Se le da de comer pieles de fruta y cáscaras de frutos secos. A cambio, el día de Navidad se cubre al Tió con una manta y los niños con palos apalean al pobre tronco mientras cantan la cancioncilla que nos cantaba Tsunami. Luego les enviaban al dormitorio a rezar un padrenuestro y cuando volvían y levantaban la manta se encontraban con que el tronco había cagado frutos secos y turrones. Después, lo tirabas a la chimenea y tan panchos.

… Confieso que en Mallorca no tenemos nada parecido y contado así me dejó con los ojos muy abierto y algo descolocada…

… Así que tenemos que adoptar un palo como si fuera una mascota pero sin sacarlo de paseo, ponerle vacunas, ni darle un baño.

El palo va a vivir a cuerpo de rey pero con menú cutre de sobras durante unas semanas.

Luego a ritmo de juerga Navideña de niño desgañitado a voz en grito hay que darle una somanta de palos al pobre y encima tapándole con una mantita para no verle las pupas.

Luego hay que ir a rezar, que imaginó que el que se inventó eso de “A Dios rogando y con el mazo dando” debía ser un Tió de Nadal.

Y luego el peque se atiborrará de golosinas cagadas por un tronco tras un apaleamiento. Que mira tú no me extraña que después de haber vivido tranquilo a cuerpo de rey y haberse mantenido sólo de pieles de fruta le de la cagarela cuando de golpe le martiricen a ritmo de villancico. Pero que encima cague chocolates y turrones y se los coman… y que finalmente tras la tortura acaben de martirizarlo cual víctima de la santa inquisición consumiéndose en el fuego del hogar… eso sí que noooo…

Tsunami estaba tan emocionado con el Tió de Nadal del cole que al final decidimos adoptar la costumbre pero con las condiciones maternales que para algo una lo paseó en su barriga nueve meses, lo parió y aún conservo una buena tripita herencia de la cesárea del retoño.

Así que el año pasado y este año hemos hecho lo mismo y lo cierto es que en el fondo para sorpresa mía,  me ha gustado la experiencia.

Como aquí no se venden Tiós de Nadal (tampoco los he buscado demasiado) hemos acordado en que el paso número uno iba a ser ir unas semanas antes de excursión al bosque para buscar nuestro propio Tió. Así que hace unas semanas nos fuimos un domingo por la mañana a nuestro querido bosque de Bellver y nos metimos por dentro. Descartamos muchos, ya que no quiero palos podridos o con bichos en casa. También se descartan los pequeñajos. Evidentemente, los giganto-palos también. Palo que encontrábamos, palo que Tsunami llevaba corriendo a su padre para ver si cumplía los requisitos necesarios para ser considerado un posible tió. Palo que no servia, palo que salía volando hacia el lugar donde lo habíamos localizado. El papá fue el que se quedaba con los palos más candidatos y al final se hizo una selección y nos quedamos con uno. Como el único miembro de la familia que había gozado de esta ancestral tradición en su infancia es mi pareja, pues él fue el experto consultor-seleccionador-asesor del evento.

Punto dos, llevar el tió a casa y rociarlo con spray de bichos. Que adoptaremos durante unas semanas al palo es una cosa. Pero no a los posibles visitantes inesperados que se puedan alojar posteriormente en los muebles de casa. Evidentemente, eso no está dentro de las costumbres tradicionales, pero sí en las costumbres higiénico-sanitarias de casa. Cuando hayan pasado unos días y ya no huele, se limpia el tió y se declara oficialmente miembro de la familia. Es entonces cuando se da el palo a un emocionado y entusiasmado Tsunami.

Punto tres, hacer una cuna para el tió. Eso fue lo que nos dijo el año pasado el peque… y… ¿de donde narices me saco yo una cuna para un tronco?

Pero no desesperéis, ya sabéis que una de mis premisas es aquello de “la imaginación al poder” así que me fui al cuarto del peque. Le quité la tapa al cofre del tesoro. La coloqué al revés en el suelo a modo de cuna mecedora y dentro pusimos un arrullo de cuando los nenes eran bebés a modo de colchón y luego la funda del cojín cuadrado del edredón de Tsunami (que no compramos relleno y no se usa) como si fuera el edredón para el tronco. No sea que se nos constipe y tengamos que ponerle el termómetro y darle pieles de fruta y Apiretal de postre.

Punto número cuatro, dar de comer al tió. Aquí quería llegar yo. Esto del tió es un chollo maternal. La panacea de las panaceas de las dietas. El non plus ultra de los sueños de toda madre con hijos rebeldes a la hora de comer. Gritemos todas las madres, “Bienvenido sea el Tió”.

Sé que este no es un gran problema para nosotros, pero sí puede serlo para alguna familia. Ya os he comentado algunas veces que mis niños siempre se llevan piezas de fruta para merendar en el cole, cada día. También he dicho que muchas veces toman fruta para merendar por la tarde al llegar a casa. Que en verano, el consumo de fruta o más concretamente de melones y sandias es algo digno de mención. Pero en los meses invernales, pese a que este consumo persiste, no es tan elevado como en verano que parece que una fruta apetece más. Además, dentro de nada con las fiestas el consumo de fruta se reducirá y se potenciará las comidas pesadas de fiestas (aunque en nuestro caso con los pocos que somos de familia y las goteras temo que no vamos a tener ningún empacho de nada, pero generalmente los empachos y comilonas familiares suelen ser la tónica más común del resto de la humanidad cristiana). Así que un incremento en el consumo de fruta unos días antes, no va a ser nada malo para nuestros pequeñajos.

Sí señores, esta mente maligna y maquiavélica que os está escribiendo le dijo a su inocente Tsunami que el Tió sólo come una vez al día, que no era cuestión de tener la casa como si fuera el recinto de un gorila con síndrome de Diógenes. También le contó que tenía que cuidar al Tió y que este sólo daba cositas para los que le habían cuidado (que no acabara recogiendo al Tió de los sitios más impensables del hogar). Añadió que el Tió de Nadal se parece un poco a los ornitorrincos. Vamos, que como diría Phineas “realmente un Tió hace poca cosa” y reconozcámoslo, hace menos que un ornitorrinco, aunque los dos sean marrones y alargados. Cuando todos duermen los Tions se despiertan y se comen todas las pieles de fruta y dejan el plato bien rebañadito. Por la mañana los peques han de llevar ese plato a la cocina para limpiarlo. Como el Tió sólo come de noche, cuando vienen del cole pueden ir colocando en el plato de plástico asignado al Tió las pieles de la fruta que tomen para ponérselo al lado de su cunita por la noche.

Desde que el Tió cayó en manos de Tsunami, cada tarde lo lleva a la sala y lo tiene con él. De tanto en tanto le balancea en su cuna, que un día de estos nos va a salir el Tió despedido hacia la tele con el meneo que le pega. Le canta la canción del Tió de Nadal, le acaricia y le saca fotos para ver si ha engordado. Pero lo mejor de todo es que Tsunami ha aumentado su ingesta de fruta fresca de forma exponencial. Ahora lo de dos manzanas y un plátano para merendar y luego otro plátano o manzana después de cenar es lo habitual.

El muy pillo intentó colarnos lo de tomar la fruta a nosotros, y mamá que es muy sibilina se sacó de la manga aquello de que los dulces serán para quienes le han alimentado. Además –añadió- tengo entendido que los Tions prefieren las cáscaras de fruta que han comido los niños en vez de las de los mayores, la de los mayores no se convierten en dulces y turrones, sólo lo hacen las de los niños.

Y aquí tenemos a nuestro pequeño muy aplicadito cuidando de su tronco y atiborrándose de fruta como un mico. Si lo llego a saber, le hubiera soltado que el Tió les traía un extra a los niños que se tomaran un plato colmado de brócoli para cenar por las noches. Pero el brócoli no genera pieles, así que cachins, no colaba.

Ahora hay que esperar a que llegue el día de Navidad. El año pasado, niños no leáis, padres no leáis en voz alta a los niños, (va espoiler) como decía, el año pasado el tió ya tenía las chocolatinas en forma de Papá Nöel y muñecos de nieve y unas cuantas monedas de chocolate debajo de la manta cuando le entramos en la sala (se acaba el espoiler). Le pegamos con un palito de palillos de comida japonesa para no hacerle mucho daño. Tsunami levantó allí mismo la manta y se iluminó su carita y brillaron sus ojos. Nos saltamos el paso de “a Dios rogando”… no acabo de ver muy normal eso de rezar y atizar al pobre tronquito. También teníamos preparado a mano un botecito chulo para meter las chocolatinas dentro e irlas distribuyendo los días posteriores, que no es cuestión de pillar una indigestión de golpe.

¡Ah!, si alguien creía que esto es el fin se equivoca, aún me queda un paso muy importante. Paso número cinco una vez pasadas las fiestas y como a una servidora eso de quemar un miembro momentáneo de la familia no lo tiene muy claro (aunque no tengamos chimenea) y tampoco es cuestión de tener una colección de troncos en casa, ha optado por la siguiente propuesta. Nos vamos todos de nuevo otro domingo de excursión al bosque y devolvemos al Tió de Nadal a su hábitat natural con los palitos de su especie, para que les cuente a sus compañeros la agradable experiencia que tuvo en casa de un niño llamado Tsunami y así el año que viene seguro que encontraremos algún tronquito dispuesto a ser adoptado durante estas fiestas como nuestro nuevo Tió de Nadal. Lo queremos mucho, Tsunami le cantará y le acunará, tomaremos “almendras y turrones” y nuestro peque se habrá nutrido bien de fruta en estos días tan invernales. Felices Fiestas a todos, hasta pronto.

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Tsunami, el pequeño frikie

13 Nov

Realmente tendríamos que habernos dado cuenta antes, porque el peque dio formas desde pequeño. Su primera frikitada fue a los dos días de existencia. Estaba dándome una ducha en la clínica cuando oigo a su padre que leía en voz alta en una lengua rara, entendí algo de valkirias y no sé qué más. Papá Tsunami le estaba leyendo la leyenda de Sigurd y Gudrún en lengua inglesa. Les hice una foto y nuestra sorpresa fue cuando observamos que el peque salió con una manita cerrada y dos deditos estirados en forma de V mientras escuchaba atentamente a papá. La siguiente pista como os conté una vez fue su primera palabra “Sauron” mientras estaba en la hamaquita y por la tele ponían la primera peli de “El Señor de los anillos”, eso fue en diciembre del 2009…

…Primavera del 2013, lo que más hemos hecho han sido sobre todo paseos. Ya sabéis la afición que tenemos por ellos en casa. Pero también hemos descubierto una cosa nueva: la faceta frikie de Tsunami. En esas fechas Tsunami ha conocido la afición por Tolkien que sienten papá y mamá. Cada noche su papá le ha estado leyendo el libro de El Hobbit, en versión cómic para niños. En verano le tocó el turno a las aventuras del perrito Roverandom. Actualmente y desde finales de verano, el libro del Hobbit versión libro normal, sin dibujitos ni nada.

Tsunami ha descubierto el mundo de los enanos, de los hobbits que viven en el suelo en agujeros limpios y que tienen pelo en los pies. Ha descubierto el peligro de un gran dragón llamado Smaug y se pasea con el ex-libro de papá, actual libros de Tsunami y le cuenta a todo el mundo de que va la historia. Se ha emocionado tanto que le pusimos la peli de dibujos animados de El Hobbit. Sí, para los que no lo sepáis existe una peli de dibujos del año catapúm-chim-pum, con una banda sonora buenísima. Pero es que el otro día papá le puso el trailer de la segunda parte de la de Peter Jackson, y Tsunami se emocionó. “¡Mamá, mamá! ¡Mira, Smaug!” me gritaba dando saltos en la silla del ordenata.

Si le preguntas aún no lo tiene muy claro, porque él no es más que un niño, pero creo que nuestro Tsunami le tiran mucho los enanos, aunque quien sabe, esperaremos a que él decida.

Cuando acabaron con el comic de El Hobbit, su padre le había cogido para leer el libro de El herrero de Wootton Mayor, pero personalmente, para un niño de cuatro años acabados de cumplir, me da que primero era más recomendable leer algo así tipo El señor Bliss o Roverandom. Papá Tsunami tuvo que reconocer que sí, que posiblemente era más recomendable seguir con las aventuras de este travieso perrito y dejaríamos temas algo más profundos para el año que viene. Ante nuestra sorpresa no desdeñó a Roverandom, pero no se emocionó tanto, será que el protagonista era sólo un simple perrito y después de dragones y trasgos no proporcionaba una emoción al nivel deseado. Cuando le presentamos nuevamente el Hobbit en versión formato para mayores ha vuelto el brillo a sus ojitos y esa carita de biennnn que se te cae la baba.

Tsunami hablaba en ocasiones de Rover, pero no tanto como nos hablaba de los hobbits, los trasgos, los trolls y las letras lunares de su mapa. Sí, de su mapa, porque el niño pedía un mapa, así que papá imprimió de internet uno como el que acompaña el libro. Lo tiene pegado en su cuarto, sobre la cabecera de la cama, of curse. En ocasiones lo descuelga y te lo lleva para discutir el plan de ataque o la ruta o simplemente charlar sobre la forma en la que se descifran y leen las runas lunares, de las cuales ya se considera un experto del mundo mundial.

Tsunami se pilló su espada de juguete y con todo el orgullo del mundo se nos presenta el otro día con ella, la desenvaina y nos suelta “esta es Glamdring, martillo de enemigooosss” y se quedó tan contento que a partir de ese momento su espada ya tiene nombre, faltaría plus.

Tsunami se ha aficionado también a otra faceta frikie, sobre todo de papá, y es la de los juegos de mesa. En un abrir y cerrar de ojos, después de haber visto a su padre con un juego de mesa llamado “La finca” relativa a la explotación agraria de las fincas de Mallorca, dejó de considerar los puzles como únicos juegos de mesa. En los días más sosos o lluviosos, se han dedicado a ir jugando a “Los colonos de Catán”; uno de conquista de romanos que fue muy complicado y no acabó de cuajar del todo; uno muy divertido con el que hacen pizzas llamado “mamma mia”; otro de pingüinos. También se ha iniciado en el juego del parchís y la oca, pero lo más alucinante del todo ha sido su interés durante una temporadita por el ajedrez. En este último caso el culpable ha sido el papá de Terremoto y Terremoto.

No sé muy bien porque cuando Terremoto y su papá llegaron del cole, le dio la vena a Terremoto de entrarme en la sala unas sillas y una mesita del balcón, puso allí unos vasos de leche fresca chocolateada y unos sándwiches y montó una especie de improvisada merendola. Cuando esta merendola finalizó, sacó un juego pequeñito de ajedrez magnético que hace años le regaló su madrina y retó a su padre a una partida. No es que precisamente Terremoto sepa jugar al ajedrez, pero bueno, su padre que al menos sabe cómo se mueven las fichas y sabe algunas jugadas, le iba enseñando como se hacía. Entonces fue cuando Tsunami quiso apuntarse al juego por tres motivos: era un juego, se hacía en una mesa y porque lo decía él.

Sí, todo esto fue lo que ocurrió entre primavera y verano. Ahora, en el cole, lo han pervertido con las cartas de Pokemon. Unos nenes de seis años le han regalado muchas y se monta sus reglas imaginarias y nos tiene en casa loquitos con los rocolas o rocanrolas o vaya usted a saber cómo se pronuncian, que aquí una servidora sólo llega a Pikachu. Así que entre los originales y los evolucionados y los que han evolucionado dos veces (de esos sólo tiene una carta y como era de esperar es una chica; o es casualidad o el resto de los pokemons no evolucionan tanto como las chicas). Pues eso que ya me tiene haciendo una partida en la que él se monta sus historias. Me da las cartas más chungas y él se queda con la más chulas, las super fuertes, las evolucionadas y las que pueden matar a todos los pokemons. A mí me deja una que tiene un rayo pero no sirve para matar pokemons y las que no están evolucionadas o viven  en una cueva que no sé qué significa eso. Y claro, así es natural que esta madre acabe siempre con todos sus pokemons en el campo santo mientras el churumbel festeja su victoria carteril y una desearía convertirse en una tercera evolución de pokemon mamá superpoderosa y superdotada de energía. Ayer traje a casa un tubo nuevo de pasta de dientes y para que le cayera en gracia le dije que el monigote dibujado era un pokemon. Tsunami me informó que eso era un monstruo y mientras se llevaba a su padre al baño y decía “hay que ver mamá que no se entera, los pokemons no son monstruos son criaturas”.

Pero volviendo al tema anterior. Tenemos que reconocer que además de la lectura de los libros de Tolkien y de haberle enseñado unas cuantas canciones de guerra enanas, nuestro pequeño frikie tuvo esta primavera su bautismo de fuego. En la ciudad de Palma se celebró un evento por parte de la delegación de la Sociedad Tolkien local, llamado Mereth. Una mereth es una reunión de un grupo de aficionados, durante tres días en los que se charla, se canta, se juega, se hacen charlas y conferencias… El sábado noche, como mandan los cánones tolkiendili de las Sociedades Tolkien, se hace una cena de gala con disfraces. Para sorpresa del vecino del primero que nos pilló bajando las escaleras con nuestras galas medievales con capas y todo cuando él volvía de tirar la basura y lo único que fue capaz de articular fue un “vais muy guapos todos”. En esa cena fue precisamente cuando nuestro pequeño guerrero decidió que eso molaba un montón y que lo de ser frikie como papá y mamá era chulo y fue allí donde aprendió la canción de Los enanos van a la guerra, que desde entonces es una de sus favoritas e igual te la canta en casa como en un cumpleaños de los niños de clase y claro allí estas tú disimulando ante la mirada atónita de los demás padres, explicando que es una canción de guerra enana y estos te confiesan que ellos creían que una canción enana era eso de I goooo, i goooo….

Y si la mereth fue su bautizo de fuego, la estelcon a la que hemos asistido este puente ha sido su definitiva consagración, pero de eso os hablaré en otro post, porque se merece uno propio.

Si a ello sumamos que hace unas semanas papá y mamá hicieron un taller de fabricación de espadas de gomaespuma y cada uno hizo una para los peques. (Nota: la de Tsunami especialmente acolchada que luego le mete una tunda a su hermano que lo deja k.o.). De momento las espadas están guardadas para usarlas el verano que viene, que no quiero justas medievales en el salón de casa. Así que en casa el pobre Terremoto es atormentado con la espada láser azul que tiene su padre (Nota 2: En casa hay cuatro espadas laser, dos del pater familias y dos heredadas de mi ex que le compró hace años a Terremoto. Imagino que se podría decir que somos una familia bien armada)

Si acabamos de rematar todo esto con que en casa tenemos cuernos tanto para tocarlos como para beber, aunque normalmente están más expuestos que usados. Pero este año para el cumpleaños de Terremoto los bajamos, intentamos tocarlos (que no es fácil) y brindamos a la salud del cumpleañeros. Tsunami lo de tomarse un zumo de melocotón en cuerno como un auténtico vikingo le gustó mucho…. pues que os queréis que os diga… que lo tenemos claro. No me extraña pues que este lunes yendo en el bus Tsunami le dice a un chico jovencito que estaba sentado: “A ver si sabes quién soy, salgo a pasear de noche y tengo un parche en el ojo” mientras con una mano se tapaba un ojo. El chico le contesta que un pirata y Tsunami le dice que no y le vuelve a repetir la adivinanza. Ante la misma respuesta del chico se lo queda mirando muy serio como decepcionado ante la evidencia de su caracterización y le dice “Pero si está muy claro, salgo de noche y tengo un parche en el ojo…soy Odín”

catan

Rosaris ensucrats: gastronomía infantil para la fiesta de Todos los Santos

4 Nov

Hace unos años vi por la tele un reportaje sobre Stonehenge en el cual tenían la hipótesis de que era un lugar de culto a los muertos, mientras que una serie de kilómetros de allí había restos de otros círculos pero de madera, de los que solo se conservan los huecos en la tierra, donde se especulaba que allí se realizaba un culto a la vida. Comentaban la posibilidad de finalizar esas celebraciones con una gran fiesta comunitaria donde entre otras cosas no faltaba la comida y la bebida. También referenciaban que el culto a los muertos tendría lugar en el solsticio de invierno y el de la vida en el de verano.  Es sabido que los pueblos celtas realizaban cultos a los muertos coincidiendo más o menos con estas fechas. Ese día los espíritus de los ancestros entraban al mundo de los vivos y se les honraba con comida. Los romanos también tuvieron sus ceremonias relacionadas con el mundo de Hades y a bien probable todas estas ceremonias ancestrales son las que propiciaron que con el cristianismo se disfrazaran estos ritos paganos y se adaptaran al nuevo culto. De esta forma surgió la festividad de San Juan en el solsticio de verano y el día de Todos los Santos para la celebración del culto a los muertos, aunque no coincida con el solsticio invernal.

Como en las anteriores culturas, el día de Todos los Santos o de los Fieles Difuntos, está unido a una tradición gastronómica muy rica y variada a lo largo de todos los países católicos. Aquí, en Mallorca, hay varios platos, pero si por algo se destaca culinariamente estas fechas, es sobre todo por los “rosaris ensucrats” o rosarios azucarados que los padrinos solían regalar a sus ahijados en estas fechas.

En internet he encontrado varias webs que referencian el origen medieval de esta costumbre, pero he encontrado una entrada de una biblioteca que me ha gustado y que da otra versión posiblemente más veraz, así que paso a traduciros el texto

¿Cómo surgió la tradición de hacer los “rosaris” para la fiesta de Todos los Santos?

Cuentan que cuando se acercaba la fiesta de Todos los Santos y de los difuntos, un señor de casa rica fue a Can Frasquet (una pastelería de antigua tradición y gran renombre situada en el centro de Palma) e hizo hacer un encargo muy especial: un rosario como los que se llevaban para ir a misa, pero hecho de frutas escarchadas, panellets, bombones… hilvanado en una cuerdecita y que la final tuviera una “patena” de calabaza decorada con una estampita de las que en esa época se hacían de santos o de un ángel. ¡Evidentemente la medida real fue considerable y seguramente debía de pesar bastante! Así que, el señor en cuestión debía tener el capricho de una vez pasado el rosario en casa (rezar), se debía hacer una fiesta familiar de degustación de esa deliciosa combinación de los mejores dulces que se acostumbraban a consumir en esas fechas. Seguramente llamó la atención de la selecta clientela del establecimiento y con el transcurso del tiempo, año tras año, los encargos fueron aumentando y el propietario decidió incorporar el “Rosari” a la lista de especialidades de su establecimiento. De esta forma se convirtió en una tradición y aún hoy en día se suelen regalar a los niños y niñas como obsequio de sus padrinos.

Fuente: Biblioteca CP Badies

Los padrinos, según la iglesia católica son esas figuras que eligen los padres para que apadrinen al niño en el bautizo. Es decir, su función es dar a conocer y guiar a los ahijados en los preceptos de la religión. Pero también, al menos en Mallorca,  actuarían de padres o tutores de estos en el caso del fallecimiento de uno de los progenitores. Así que es una figura muy importante, sobre todo en épocas anteriores donde la mortandad era tan elevada. Normalmente, en Mallorca, esta responsabilidad recaía en algún miembro familiar o amigo muy íntimo de los padres. Generalmente alguien joven o relativamente joven, ya que su misión era cuidar al pequeño si ocurría algo, así que no solían ser gente mayor o los abuelos. Los padrinos desde el comienzo empezaban a tener cierto tipo de relaciones con sus ahijados que correspondían a ciertos convencionalismos sociales, tales como felicitaciones o pequeños detalles, muchos de ellos del tipo gastronómico relacionados con ciertas fiestas anuales, como el que os contamos hoy.

Cuando en Mallorca se acercaba la fecha de Todos los Santos era cuando el Teatro Principal reponía, otro año más, la obra de Don Juan Tenorio. Era el momento en que las floristas de las Ramblas y los puestos de flores de los mercados, se llenaban de crisantemos blancos. Era el momento en que todos iban a limpiar las tumbas en los cementerios, a encender cirios por los difuntos y a rezar por sus almas. Ese día el cementerio se llenaba de gente y de ramos de flores de diverso tamaño delante de cada tumba, dependiendo de las posibilidades económicas de todas las familias, pero todas tenían al menos uno.

En esas fechas los niños recibíamos de parte de nuestro padrino un presente muy esperado, los rosaris ensucrats (rosarios azucarados). Normalmente el presente lo realizaba el padrí de fonts o padrí jove (padrino de bautizo) pero algunas veces quienes lo regalaban eran los otros padrins (los abuelos, ya que los dos nombres se escriben igual, se diferencian en que unos son los padrins vells, padrinos viejos y los otros son los joves o de fonts, jóvenes o de fuentes en relación a la fuente bautismal)

En nuestra casa quien nos obsequiaba a mí y a mis primos con los rosaris era mi abuelo materno. Cada año nos traía un enfiloll (colgante) largo del que se enganchaban panellets, bombones, dulces y encarabassats envueltos en vistosos trozos de papel celofán transparente. Recuerdo los de color rojo, verde, azul y transparente. Los colores seguían la serie que hay en los rosarios de misa. Los niños los llevábamos al cuello y luego los colgábamos en casa intentando quitar todos los trozos que podíamos para comerlos mientras mi madre y mi tía se dedicaban a racionalizar las pesquisas para que no nos empacháramos de una sola toma. El rosari también tenía una enorme pieza de fruta confitada redonda que colgaba, era la llamada patena. Recuerdo que cuando era niña esas patenas tenían enganchadas unas figuritas aunque originalmente eran estampitas de santos o santas. Las figuritas eran unas impresiones en papel pequeñas que usábamos las niñas para jugar precisamente a eso, a figuritas. Las colocábamos boca abajo y dábamos un golpe sobre ellas con la mano y la levantábamos enseguida. Todas las que se giraban eran nuestras. Se vendían antiguamente en las papelerías en unas hojas que las separabas y había series, parejas o dibujos sueltos. Las figuritas de las patenas de los rosarios de mi abuelo Jaume tenían siempre dibujitos de angelitos tipo querubín y yo las guardaba y coleccionaba en una caja de puros que él me había dado. Tengo que confesar que no tengo ni idea de donde están esas figuritas ni esa caja. Quizás un día trasteando por el sótano las encuentre, me encantaría poder volver a tocarlas, extenderlas en el suelo y volver a mirarlas como cuando era niña.

Ahora las costumbres han cambiado algo. Ahora nos ha venido de otros lares las costumbres de las fiestas, de los disfraces, de decorar las casas con calabazas y de pedir chuches. Mis hijos, salvo la fiesta del cole de Terremoto, no hacen eso. Pero una cosa que desde hace dos años mi padre volvió a restaurar en casa fue la costumbre de los rosarios. Así que se puede decir que hemos mezclado un poco las antiguas costumbre con los rosaris, con las nuevas de la calabaza y el truco o trato. Salvo que en nuestro caso las golosinas vienen todas de golpe, enfiladas y en el caso de mi padre, dentro de un papel de regalo con lazo y todo.

Actualmente la confección de los rosaris también ha cambiado. Ya no son tan abundantes los panellets y sí más las chuches, sobre todo las tipos nubes o malvaviscos o las gominolas. En las escoletas es habitual que los peques confeccionen sus propios rosarios con cuerda de plástico y ensartando nubes, gominolas y trozos de regaliz ensartando la cuerda por su agujero. Las patenas se han sustituido por monedas de chocolate y las figuritas… pues supongo que deben ser dibujos de los pokemons o de bola de dragón o vaya usted a saber el que nos tocará este año. Mi padre sabe que no estoy muy a favor de las chuches, así que el rosario que recibimos en casa es de los formados por bombones, más que por chuches. Al menos en eso soy más cabezona que él y he conseguido que siga con mi política de anti-golosinas-hiper-azucaradas y se decante por el chocolate que siempre es más sano (al menos desde mi punto de vista).

Hacer un rosari no es difícil, tan sólo hay que tener un cordel de algodón de los que se usan en cocina y una aguja gruesa, además de dulces, fruta escarchada, panellets, galletas o bombones. Si te lo quieres currar un poco más hay que tener un surtido de hojas de papel celofán de colorines para ir envolviéndolos y disponer de una patena o en su defecto de una moneda de chocolate lo más gorda posible. Luego sólo es cuestión de un buen dedal y de mucha paciencia, porque para ensartar todas las cosas hay que ir con cuidado y uno acaba con el dedo hecho un churro de tanto empujar.

Sé que esta es nuestra costumbre para estas fechas y que en muchos lugares se tienen diferentes dulces y diferentes costumbres, así que espero que os haya gustado nuestra forma de dulcificar la festividad de Todos los Santos.

También se me ocurre que el hacer en cualquier época del año y sin necesidad de una patena algo parecido a los rosarios, podría ser una actividad divertida con vuestros peques a la par que un divertido recuerdo de fiesta de cumples, en lugar de salir todos con el cucurucho de chuches, saldrían con el collar de golosinas, jajaja.

Espero que os haya gustado esta curiosa tradición de esta pequeña islita perdida en un lugar llamado el mundo.

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Este fin de semana ha sido el cumple de M. y ha tenido una tarta alucinante. Receta de la tarta piñata.

22 Oct

Hola a todos. Así como el fin de semana pasado Tsunami se puso malito y tuvo su octavo ingreso en clínica por cuestión de bronquios, este fin de semana ha sido todo lo contrario, el descoque elevado al infinito.

Este sábado por la mañana no fuimos al mercado como siempre. Le pedimos al abuelo que nos comprara tres cositas que luego recogimos en su casa. Este sábado por la mañana era el cumpleaños de M. un amiguito del cole de Tsunami. R., la mamá de M., llevaba unas cuantas semanas montando el cumpleaños, y no me extraña, cualquiera no necesita unas cuantas semanas para montar esa pedazo fiesta que nos montó.

El cumple se hizo en uno de los parques que hay en el bosque de Bellver, concretamente en el parque de la tirolina, del que os he hablado en alguna otra ocasión. El día por suerte acompañaba un montón y nos había citado allí a las once. Pidió a ser posible que los nenes fueran puntuales. También nos comunicó que nos quedábamos a comer todos, peques y padres. Así que esa mañana nos levantamos algo más relajados que de costumbre al no tener que ir disparados de compras. Desayunamos, hicimos un poco el vago, que no está de mas poder hacer alguna vez un poco el vago y nos fuimos rumbo al castillo de Bellver. Allí arriba en el parking habíamos quedado unos cuantos papás para bajar en manada hacia el parque de la tirolina, ya que no todos lo conocían o sabían el camino. Al llegar, evidentemente, los peques bajaron todos por el tobogán. En este parque, además de la tirolina, hay un gran tobogán cubierto. El parque tiene un buen desnivel y este se aprovechó en su momento para poner allí un mega tobogán por el que se tiraron ininterrumpidamente un mogollón de niños (se esperaban, hacían una cola y se lanzaban todos montando unos atascos a la salida) y algunas mamás más atrevidas.

Al llegar abajo las madres nos quedamos boquiabiertas al ver todo el curro que se había pegado R. Mientras, los niños se quedaron boquiabiertos al ver lo diver que era la tirolina y los pocos niños que en ese momento la usaban. Así que ya podéis imaginar como se dividieron las fuerzas de asalto. Niños hacia la derecha y a lanzarse. Madres enfrente a ver si podían ayudar, aunque bien poco quedaba por hacer. Padres en medio empezando a charlar y vigilar a los peques.

La familia de M. es una de esas familias poco convencionales, me recuerda mucho a la mía. Sus papis están separados, pero se llevan bien y cada uno de ellos se ha juntado con otra pareja. Así que han formado una gran familia que se ayudan. No son de esas separaciones que se han declarado la guerra. Son de las que por desgracia hay pocas pero que sería estupendo que fuéramos más. Así que R. empezó a contarnos que tal plato lo había hecho su suegra, que ese lo había hecho la pareja de su ex, que ese lo había hecho tal y ese cual. Nos dijo que ella también había cocinado algo, pero poco, más bien había coordinado. También nos contó que se habían necesitado cuatro coches y una furgoneta para llevar todo eso. ¡Y no me extraña!

Tengo que decir que los peques se lo pasaron pipa, los padres disfrutamos de estar charlando unos con otros y sobre todo, que nadie se quedó con hambre, jajaja. Pero una de las cosas que más me sorprendió fue la tarta de cumpleaños. Cuando la sacaron ya me quedé algo alucinada con la forma, era algo así como la forma de una pelota pero menos redonda. Estaba cubierta con un garnaché blanco, al principio creía que era chocolate blanco y con virutas de colorines encima. Se cantaron un montón de canciones de cumpleaños, como siempre. Se soplaron un montón de veces las velas, como siempre. Se hicieron un montón de fotos del momento, como siempre. Y los niños decidieron que ya era hora de cortar la tarta después de la quinta o sexta repetición de soplar velas, como siempre. Así que cuando R. cortó la tarta había un montón de pequeñas cabecitas alrededor que esperaban su cachito. Los papis nos habíamos puesto en segunda línea para dejar algo de espacio, cuando de repente oímos un grito de admiración, seguido de un silencio y una manada de manitas rumbo a la tarta cogiendo cositas y gritando: ¡mira, está rellana de chuches!

En efecto, la tarta por dentro estaba hueca y estaba rellena de chuques, bombones y chocolatinas. Toda una fiesta de dulces y azúcar. Me quedé tan sorprendida que le pedí a mi pareja que le hiciera una foto, porque pensé que una idea así, bien se merecía un post y un comentario para compartir este tipo de ideas con las mamis de la blogoesfera. Le pedí a R. la recete de la tarta… bueno… de la tarta y de unas palmeritas que a Tsunami le encantaron. Por lo visto yo no fui la única que le acabó pidiendo recetas, porque esa misma noches, después de haber llegado a su casa y haber recolocado todo y lavado cosas, mientras M jugaba con los juguetitos que le habíamos comprado entre todos los compañeros,  R. nos pasó los enlaces de las recetas que le habíamos pedido. Así que hoy voy a compartir con vosotras una receta de tarta que yo no he hecho pero que me encantó tanto como a los pequeñajos que había el sábado en el cumple. Supongo que si alguna tiene algún tipo de tarta que se le dé bien hacer se pude hacer con otra receta. También creo que si en lugar del buttercream que pone la receta (que estaba de miedo, hmmm…) se puede unir y cubrir con otro tipo de garnache, como el de chocolate blanco que yo creía que era, o de chocolate o nutella por ejemplo, mientras sea pringosito y pegue. Para rellenarlo pues lo que siempre digo, la imaginación al poder, desde dulces a pequeños juguetitos de regalo o hasta un anillo de pedida para vuestra prometida jiji .

Así que os dejo con la foto de la tarta que le hizo R. con todo su amor para su pequeño M. y con el enlace que nos facilitó a todas las mamás esa misma noche. Espero que os guste la idea y podáis dar una sorpresa en el próximo cumple de vuestros retoños. Hasta pronto y a rechupetearse los dedos, que para algo somos las cocineras.

http://www.pequeocio.com/como-hacer-una-tarta-pinata/

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Del baúl de los disfraces a la ducha para disfraces. Terremoto y los recursos para salir de un atolladero o de un Halloween con buen pie.

18 Oct

Dentro de unas semanas se acerca Halloween y Terremoto ya me ha dado una indirecta: “Mamá, un día de estos tenemos que mirar que hay en los baúles y montar uno”. En su cole cada año el APA monta una fiestecita para los alumnos y evidentemente, esta fiestecita implica niño disfrazado. Ya os he comentado en otras ocasiones las vicisitudes a la hora de disfrazar a mis polluelos y los retos e improvisaciones con los que me tengo que cortejar cada vez que nos acercamos a carnaval. Por suerte el cole de Tsunami no hacen disfraces para esta época, así que uno menos. Además en estos casos los disfraces son más improvisables. La primera visita es al baúl y a la ducha de los disfraces…

 

… Había una vez un niño llamado Terremoto que desde pequeñajo demostró un especial interés para disfrazarse, como casi todos los niños. Terremoto era un poco especial en el aspecto del tuneo de la personalidad, jamás le vi con los zapatos de mamá puestos, ni con una corbata de papá… aunque ahora que lo pienso, no es que papá llevara muchas corbatas, pero ya me entendéis. Terremoto no se conformaba con cositas pequeñas, cuando él se disfrazaba lo hacía a lo grande. Teníamos por casa un baúl de plástico amarillo que le compramos cuando aún era más pequeño, porque un día le pidió a su madrina un cofre del tesoro y lo único que encontramos que se pareciera a eso fue este baúl. Al principio guardábamos dentro sólo juguetes, pero poco a poco el avispado de Terremoto fue introduciendo cositas para disfrazarse. Que si en el cole se habían disfrazado de no sé que, pues luego al baúl. Que se había portado mega bien y le queríamos comprar un detallito, pues para la tienda de disfraces de la que salíamos con un parche de pirata o un garfio. Luego cuando por casa se dejaba de usar algo como un cinturón viejo o unos retales grandes de tela, estos también iban al baúl.

La mamá de Terremoto, en vistas a la afición de su vástago por los cambios de personalidad y recordando lo mucho que a ella le gustaba también hacer eso de niña, decidió que el baúl amarillo pasaría a convertirse en un baúl de los disfraces. Cada año en el cole que iba antes Terremoto, organizaban un estresante y aburrido desfile de carnaval por las calles del barrio. Digo que era aburrido y estresante porque los peques se limitaban a desfilar cual parada militar algo chunga, unos tras otros. Mientras, delante de todo abría el desfile una camioneta adornada con cintas y globos y unos megáfonos a toda ostia con la música más festivo-horteril de la temporada de ópera infantil. Dentro de la furgoneta, los pobres pequeñajos de guardería, eran exhibidos en la parte trasera mientras los megáfonos resonaban a poca distancia sobre sus cabezas. Así que los pequeñajos se pasaban casi todo el trayecto berreando como posesos, porque a ver, a quien le gusta que le paseen como un animalito de feria y le frían el tímpano a golpe de los payasos de la tele.

Detrás de esta camioneta venían todas las clases. Normalmente los más mayorcitos de preescolar y los de infantil iban conjuntados en relación a un tema, sólo los más mayorcitos tenían libertad de elegir sus vestidos. Mientras este desaguisado ocurría, los padres íbamos como locos siguiendo el recorrido tras la comitiva como más buenamente podía cada uno, con la cámara de fotos en una mano y la de video en la otra. Mientras te pasabas todo el tiempo llamando al polluelo para que se girara hacia su respectiva madre gallina. Eso cuando no se habían apuntado los abuelos que también intentaban lo suyo siguiendo el cortejo y abriéndose camino a golpe de cayado en el suelo.

Así que entre disfraces impuestos y disfraces elegidos por el peque, nos encontramos en casa con un gran material para nuestro baúl amarillo. Conseguimos además del parche y el garfio, objetos tipo espadas de pirata, de mosquetero, sombrero de vaquero que luego tuneamos a mosquetero, plumas para tunear el sombrero, sobrevestas, un pañuelo rojo de cuello, guantes de algodón blancos y negros, cinturones y bandas, una pipa de Sherlock Holmes, un bastón negro con el pomo blanco de super malvado, unas orejas de conejo de Pascua, dos gorros de Papá Noel, diversas coronas de las fiestas de cumpleaños, y no sé cuántas cosas más. Bueno, las sé pero cualquiera las acaba de escribir todas.

Terremoto se lo pasaba pipa, porque en algunos momentos en el cole nuevo ha hecho actividades de teatro y también nos hemos tenido que espabilar con el disfraz para la representación, que por cierto no he podido ver ninguna porque las hacen en mi horario laboral, snif, snif. Pero lo que cuenta es que él se lo pasa fenómeno.

De tanto en tanto le da por disfrazarse y ahora en ocasiones lo que hace es disfrazar a su hermano que aún es mejor. Lo de la imaginación al poder lo ha heredado de mami, se me cae la baba cuando veo los recursos que tienen.

Con el tiempo el baúl de los disfraces se nos hizo pequeño y más que baúl de juguete empezaba a aparecer una maleta de viaje de esas que salen en las películas en las que metes de todo y para cerrarlas te tienes que sentar encima, procurar no pillarte los pantalones con la cremallera, ni que te salga una manga por algún sitio.

Cuando nació Tsunami la verdad es que tuvimos un montón de cosas y un montón de disfraces de Terremoto que ya no le venían bien, pero que pudimos aprovechar para que el peque jugara o se disfrazara. Así que cuando nos cambiamos de casa hace dos años decidimos que teníamos que hacer una reestructuración disfraceril.

No sé muy bien porque, los antiguos dueños habían hecho en el cuarto que luego le asignamos a Terremoto, un pequeño baño compuesto de lavabo y ducha. Nosotros hubiéramos preferido un wáter, pero no lo habían puesto y ahora hay muchos problemas para poner bajantes y demás. Así que allí tenemos una ducha ubicada en un mini baño. Para más inri, a la hora de cuidar la estética, que queda muy chulo pero no es práctico, este baño no tiene puerta. La puerta es un arco, así que no se puede cerrar. Al ser tan pequeñito el arco está pegadito a la ducha y para rematarlo todo el cuarto del peque tiene parquet en el suelo. Vamos que fueron unas lumbreras a la hora de reformar esa habitación, pero prácticos, lo que se dice prácticos, más bien no.

No me costó demasiado convencer a Terremoto que la ducha del baño grande era más chula que la suya, porque sinceramente lo es y el niño no es tonto y le gusta más la otra. Pero esa ducha allí ocupando sitio no me acababa de gustar y a él tampoco. Terremoto puso dentro unas cuantas cajas de disfraces, porque señores a esas alturas con sus entonces doce años de existencia disfracil, los complementos y vestidos ya se contaban por cajas. Algunos de los que no le gustaban tanto o le venían pequeños pasaron al cuarto de Tsunami, quien también heredó el baúl amarillo, ese baúl que durante años ha sido y es el sancta sanctorum de la vestimenta, la improvisación y la diversión.

Pues bien, un buen día se me ocurrió una forma de sacar algo de provecho a ese rincón tonto de su cuarto y al mismo tiempo dar algo de orden a todo aquello, así que me hice con dos barras de ducha, una cortina de ducha y un paseo hasta Ikea para comprar un accesorio de armarios. El cambio fue sencillo y lo hicimos un fin de semana que Terremoto estaba con papá, de esta forma al volver el lunes se encontraría con la sorpresa y si el cambio resultaba luego que era un desastre al menos no tendríamos un dramón montado mientras lo desmontásemos.

Instrucciones para el tuneo de plato de ducha a ducha de los disfraces:.

 

Paso 1.- Se despeja bien el baño

Paso 2.- Se coloca una barra de ducha en la parte media del espacio que se dispone.

Paso 3.- Se coloca otra barra de ducha en la parte más cercana a la salida de la ducha y se pone en esta la cortina.

Paso 4.- Se coloca el complemento de Ikea en la barra del paso 2.

Ahora sólo quedaba colgar las prendas en perchas y colgarlas de la barra del paso 2. Los complementos varios se distribuyeron en el complemento de armarios del Ikea y luego en un colgador dragón, también de IKEA que Tsunami decidió que al final se quedaría su hermano. Aún tenemos alguna caja, debajo del lavabo, pero evidentemente con una basta y sobra.

 

disfracesComo veis en la foto el espacio está más aprovechado. Terremoto tiene a la vista y a mano todos sus útiles de disfraz, además no se le arrugan y no están distribuidos por diversos lugares y sin controlar lo que tiene. Cuando no lo usa se corre la cortina del paso 3 y queda todo recogido detrás.

Sólo tiene un inconveniente, que hay que ir con cuidado a no sobrecargar la barra de ducha, por lo tanto el complemento de Ikea no puede sobrecargarse o se cae todo. Cuando esto ocurrió volvimos a colocarlo y fue cuando pillamos de ayuda el colgador dragón.

Ya sé que no todas las casa disponen de un espacio tan tonto y tan muerto como el que yo tenia, pero si alguno tiene algo por el estilo o bien sólo quiere dedicar un armario que no se use para ello, que sepa de esta posible opción (jeje, ilusa de mí, ¿a que madre le sobra un armario?… pero bueno… nunca se sabe)

Como os he dicho, este año Terremoto ya me ha dado una indirecta. Si no cambia de opinión a última hora, cosa bastante probable por la experiencia de los últimos años sobre todo con esta fiesta, posiblemente este año vaya disfrazado de científico loco. El disfraz del año pasado fue una improvisación que hicimos la tarde antes porque no llegaba a decidirse y no le pude preparar nada con tiempo. Para nuestra sorpresa la combinación resultó chula, incluso recibimos diversas felicitaciones por parte de profesores y otros alumnos del cole, pero claro, eso difícilmente se hubiera conseguido si no hubiéramos tenido a mano todo ese bagaje disfracil que nos apoyaba.

El año pasado Terremoto fue a la fiesta del cole vestido de Rey Zombie. Os dejo con la foto, a ver quien es el que se atreve a decirme que mi hijo iba guapo, porque guapo, guapo, no lo diría ni su madre aquí presente, con el asquito que me dan a mí los zombies, bruuuu….

zombi

Tsunami se engancha a los juegos del móvil

11 Oct

Sinceramente, no nos esperábamos esta reacción por parte del peque. En casa no somos mucho de los juegos de ordenador y de los videojuegos. Bueno, rectifico, mi pareja lo es algo pero son de esos juegos más largos que duran un par de día y que los peques no prestan demasiada atención. Cuando paso por allí muchas veces le pregunto que cuando conquistarán de una vez la Galia o cuando se cargará a todos los aliens porque con tantas noches dándole a las teclas a bien seguro que Julio Cesar habría llegado a China y Han Solo hubiera acabado el solito con todos los soldados del imperio sin que intervinieran en las pelis ningún jedi.

Terremoto de pequeño se pidió unas maquinitas de esas de juegos y algunos juegos de ordenador, pero pocos. Tenía el problema que al haber de leer las instrucciones, se pasaba todo el tiempo pidiéndote a ti que tenías que hacer y el único que tenía paciencia para esos menesteres era mi pareja.

Cuando estaba casada con mi ex, antes de tener a Terremoto, se jugaba en ocasiones con el ordenador, él mucho más que yo. Confieso que lo único que me ha llamado la atención es el tetris que en ocasiones abro para desestresarme un rato.  Mi ex y un amigo suyo jugaban con simuladores de vuelo. En casa tenían uno del año de la Maria Castaña… bueno, un poco más reciente. Debía ser de un poco antes de la época de Lily Marlene, porque estaba ambientado en derribar los aviones de la I Guerra Mundial. No estaba mal, porque a la que despegabas, en pocos segundos ya te encontrabas con los aviones enemigos y aleee, a liarse a ostias, bueno, a tiros y derribar avionetas. En un principio usaba las teclas del teclado, pero como eso era muy incómodo, mi ex se compró un joystick. Un día me dijeron de probarlo y descubrí dos cosas. La primera era que tenía mejor puntería que ellos con los avioncillos. La segunda que fue coger el aparatejo y empezar allí a ametrallar a troche y moche a todo quisqui que se cruzara ante mi mirilla que me emocioné como una enana de una forma poco habitual en mí. En un giro de vetetuasabercuantosgrados con el aparatejo los dejé a los dos blancos y boquiabiertos. No se muy bien si era por mi pericia de piloto de caza o porque el mango del aparato debió peligrar de forma extrema. Después de esos segundos de gloria decidí dos cosas. La primera que después de esa apabullante victoria, era el mejor momento de retirarme en la cumbre de mi carrera como  piloto de guerra. La segunda, que ese maldito jueguecito me había gustado demasiado y por el bien de la casa, de mi salud mental y del escaso tiempo libre que entonces disponía (que ilusa era, escaso, ¡ja!) lo mejor era apoyar la anterior decisión.

En casa del amigo de mi marido también jugaban con otro simulador, no se muy bien ni de que avión ni de que batallita en concreto, pero ese juego era un auténtico coñazo. Era más realista, con más botones y los gráficos más chulos y reales, las sensaciones eran más creíbles. Pero era tan creíbles que si despegabas de Dover y te ibas hacia Berlín, pues chico, como que casi hacías el trayecto de verdad, porque cuando había pasado toda la tarde y era la hora de irnos coincidía con la llegada del supermegarrealista avión a su destino y no les había dado ni tiempo de abrir la compuerta y tirar una desgraciada bombita ni una maldita botella vacía de Coca-Cola para fastidiar en algo al enemigo. Como os he dicho. Era un coñazo.

Así que cuando Tsunami era pequeño no le compramos ningún jueguecito de este tipo ni lo heredó de su hermano porque no había. Se miraba a veces el juego de papá en el ordenador mientras este jugaba y una vez descubrió unos juegos para ordenador de Winnie the Poo que tenía guardados de Terremoto y que le encantaron. También sucumbió a algunas actividades de Pipo que me traía de una biblioteca y luego devolvíamos, pero nada que creara especialmente una adicción.

El peque ha crecido un poco y este invierno su papi le introdujo en los juegos de mesa ya que nos coincidieron unos cuantos fines de semana con lluvias. Así que  las excursiones y paseos de los domingos se sustituyeron por tardes de tablero y merienda sentados en el suelo de casa jugando todos.

Como veis Tsunami no daba indicios de obsesiones ni nada, así que un buen día a principios de verano, su padre se bajó al Iphone un jueguecito en el que el agente Pi (Perry el ornitorrinco) se desplazaba en su cápsula por unas tuberías con agua y tenía que llegar a un lugar. Cada vez que llegaba a una intercepción, la capsula se paraba y la nueva cañería se tenía que llenar de agua para que Perry recorriera otro tramo. El agua se introduce borrando con el dedito la tierra que bloquea el deposito hasta la entrada del agua. En las primeras fases es fácil, luego tienes que ir aplicando la lógica y el ingenio conforme avanzamos de nivel. Hay momentos en los que se juega con poder congelar el agua y luego evaporarla con fuego para crear vapor, que se condense en una zona superior y luego se licue para llegar a la zona de entrada. De esta forma se trabaja motricidad fina, lógica y estados de la materia. Nos pareció un juego bastante inocente, le introducíamos ciencias y no hay ningún tipo de violencia. Así que teníamos en el teléfono ese juego al cual recurríamos en los momentos en que uno está en la cola del pediatra, o estás en algún sitio esperando y los peques no pueden moverse de su sitio y para que no se aburran y la monten les pones un ratito a Perry.

Todo iba normal, Tsunami desarrolló una destreza manual admirable y aplicaba la lógica y la deducción bastante bien. Pero un día nos pidió el juego para hacerlo en casa. Se lo dejamos y luego no quería parar. Al cabo de un tiempo prudencial de jugar con él su padre se lo quitó y el niño pilló un cabreo. La cosa fue tomando números cuando durante unos días seguidos no hacía más que pedir a Perry y al negarle el juego pillar más cabreos a cual más monumental. Una mañana cuando salí a merendar del trabajo les llamo y mi pareja me cuenta que acaban de llegar de Palma y estaban preparando el desayuno. Me quedé un poco descolocada, porque no recordaba que tuvieran que ir para nada a Palma y menos antes de desayunar. Lo primero que pregunté es si el peque estaba mal, no fuera que acabaran de llegar de urgencias. Entonces fue cuando me relató su odisea.

Normalmente por las mañanas, Tsunami se despierta y llama a su padre, le pregunta cosas, le pide el desayuno y se baja de su cama y va a la nuestra para insistir con lo del desayuno. Esa mañana mi pareja se despertó a golpe de un solemne grito de ¡¡¡¡¡¡¡¡¡PEEEERRRYYYYYYY!!!!!!! , ni buenos días, ni hola papá, ni que hay de desayunar, ya directamente sólo le importaba el juego. Su padre le dijo que esa no era forma de levantarse y que antes de dejarle el juego tenían que desayunar. Tsunami seguía encabezonado con el juego, porque otras cosas no tendrá, pero mi pequeño a cabezón le ganan pocos, bueno, a veces su hermano mayor, pero sólo a veces.

Mi pareja intentó convencerle de que primero se tenía que desayunar y Tsunami la emprendió con su padre a golpes y patadas exigiendo su juego, cosa que nunca había hecho. Así que papá se cabreó y le amenazó con que si se portaba como un bebé se lo llevaría al cole de los bebés, y así lo hizo.

Lo vistió, esperó a que se calmara un poco y lo subió al coche. Bajaron hacia Palma y por el camino ni hablaron. Me contó que miraba por el retrovisor al nene y este empezó a poner cara de ¡uyyy me he pasado! cuando estaban a medio camino. Llegaron delante de la puerta de la escoleta donde había estado Tsunami antes de ir al cole de mayores. Justo al lado de la puerta hay un vado, así que aparcaron un momento delante del vado. Cierra el motor, se gira y le pregunta a Tsunami si tienen que entrar dentro.

Allí estaba nuestro pequeño maremoto intentando calmar sus aguas y preguntándose si verdaderamente no se había pasado un para de pueblos. El niño miró a papá, miró la puerta de la escoleta, las ventanas con pegatinas de dibujitos marinos y el letrero encima de la puerta y le pidió disculpas a su papí. Le dijo que se había pasado y que no tendría que haberse portado como un bebé pero que por favor no le llevara de nuevo con los bebés, que no volvería ha hacerlo. Así que papá aceptó las disculpas, puso el coche en marcha y volvieron para casa. Me contó que el plan B era sacarlo del coche y hacerle la misma pregunta ante el timbre. Si no accedía pues tocarían a la puerta. Sé bien cierto que las chicas de la escoleta le hubieran dejado entrar durante unos minutos mientras su padre se marcaba el farol para desrabietar y desenganchar al peque.

Ese día y los siguientes Tsunami no volvió a pedir para nada el juego. Luego lo pidió alguna vez pero siempre jugaba con papá al lado y con un tiempo determinado. Hace poco volvió a insistir mucho de nuevo con el juego y su padre lo ha borrado, así que ahora no tenemos juego de Perry, ni tenemos recurso rápido al que acudir cuando surge una circunstancia de esas en las que te has olvidado de un juguete o un libro y el peque tiene que estar allí quieto por diversos motivos.

A partir de ahora vamos con más cuidado con todo lo que son juegos de ordenador y los de Winnie the Poo se los ponemos de vez en cuanto y acordando antes el tiempo que debe cumplirse, hasta la cena o hasta que venga tu hermano. Muchos de estos juegos están muy bien ahora y para estas edades, pero cuantos más años tienen los chavales, más tienden a ir perdiendo el aporte didáctico actual y se llenan de contenidos violentos o dejémoslo en poco educativos.

Un poco antes de este verano, la sociedad mallorquina se vio sorprendida por una noticia de la prensa que duró mucho tiempo y aún coletea. Me refiero al caso conocido en prensa como el parricida de Alaró. Dos chicos, uno de aquí y un compañero suyo de Zaragoza que había venido a pasar una temporada en casa del primero, mataron al padre del mallorquín. La víctima era un rico empresario dedicado al campo de las máquinas recreativas y los billares. Tenía al hijo trabajando para él y le había comprado un deportivo hacia poco. El hijo hacía unos años que se había enganchado de forma obsesiva con los videojuegos y a través de los juegos en red era como había conocido al otro chico zaragozano. El chico desde entonces había cambiado su carácter, se había metido en la vida de su padre y había conseguido que este se separara de su actual pareja, que junto a la hija de esta, vivían los cuatro juntos. Luego había conseguido que su padre testara a su favor y desheredara a su madre y sus otros dos hermanos que no mantenían desde hacia tiempo muy buenas relaciones con el padre. Parece ser que planearon el asesinato basándose en cositas que salían por sus juegos. Construyeron una especie de bate o palo con pinchos con el cual le golpearon en la cabeza hasta matarlo. El día anterior habían intentado matarlo y para ello le habían metido somníferos en la comida, como hacían con los perros cuando tenían que medicarlos. Pero al darle un primer golpe el padre había despierto, ellos se habían acojonado y le hicieron creer que se había golpeado al caerse de la cama. La noche siguiente no fallaron, lo mataron, limpiaron la casa, metieron en el coche y lo abandonaron en un camino. Pese a todo dejaron muchos cabos sueltos y la policía los arrestó a la salida del funeral.

Con esto no estoy diciendo que todos los chicos que juegan con videojuegos son unos asesinos en potencia, ni que Tsunami acabe dándonos con su espada de goma espuma porque no le dejamos jugar. Tampoco quiero reabrir la en ocasiones eterna polémica sobre la idoneidad de videojuegos para los niños. Digo eterna no porque dure muchos años, sino porque creo que es un debate de esos en los que ni todo es blanco ni todo es negro, sino que cada caso es único.

En este caso gran parte de la responsabilidad es de los padres. Es cierto que es muy cómodo que nos dejan tranquilos con los juegos, es como con la tele. Pero, si les controlamos, al menos durante los primeros años, que ven en la tele, o que libros leen y cuanto tiempo les dedican, porque no hacemos lo mismo con este tipo de juegos.

Las cosas en su justa medida y si se les enseña a emplear y gestionar pueden ser buenas, educativas, entretenidas e incluso aconsejables para trabajar ciertas habilidades con las que puedan tener dificultades. El problema en este caso y en el de muchas otras cosas es evitar que estos entretenimientos y estas actitudes se conviertan en una adicción, que les supere, que le manipule y que lleguen a despertarte por la mañana a voz en grito exigiéndote un juego y prefiriendo este antes incluso de tomar su habitual desayuno.

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El geocaching, una alternativa para una tarde de verano: En busca del tesoro de Antonine Germaine Patapalo.

24 Jun

Antonine Germaine Patapalo puede ser un pirata, pero también podría ser un bucanero, un corsario, un contrabandista, incluso un multimillonario excéntrico, quien sabe…

Hace unos dos años mi pareja me llamó un día al trabajo y me dijo “te he enviado un correo de una cosa que acabo de leer en el periódico, para que lo miremos entre los dos y me opinas, que luego se me olvidará comentártelo y así seguro que pensamos en ello”

El misterioso comentario se refería a un enlace del periódico local en el que se trataba un tema que a mí me sonaba a raro (recordad que yo no tengo nidi di nidi de idea de inglés, así que el nombre si dice algo, a mí no) Eso de geocaching a mí me sonaba a geo cáspitas.  Por la noche, en casa lo estuvimos mirando y buscando en google gran invento. Me explicó que con el teléfono que él tiene y habiendo mirado antes en no sé qué página de internet podríamos ir a buscar un tesoro en plan moderno. Vamos que el móvil era el plano, los niños los exploradores y, no nos engañemos, generalmente un llavero,  un muñequito del McDonald’s o un juguetito del kínder sorpresa suelen ser los objetos celosamente guardados en los cofres.

El geocaching, para decirlo muy abreviadamente es un grupo de personas que se les ocurrió que a lo largo del mundo mundial se podían poner  escondites, normalmente en sitios chulos y dejar en ellos unos cofres (normalmente fiambreras de cierre hermético) donde hay algunos tesorillos que cuando los has encontrado puedes elegir uno y llevarte a casa. También dentro del cofre-fiambrera, suele haber un librito de notas y un lápiz para que cada buscador de tesoros que lo desee pueda dejar allí constancia de su paso. Hay una condición indispensable, si te llevas un tesorillo hay que dejar otro a cambio para que los siguientes osados aventureros encuentren esos preciados objetos que han ido a buscar. También hay una notita polilingüe en la que explica de que se trata y que si alguien lo encuentra casualmente que lo deje como estaba. Por desgracia algunas veces estos tesorillos son encontrados por orcos y trasgos sin escrúpulos que los saquean. Entonces, no sé muy bien cómo, si es que hay un delegado local o es que el grupo de personas que les gusta el geocaching tienen un gran corazón, esos tesoros saqueados suelen volver a la normalidad en relativamente poco tiempo desde que se ha localizado el vil expolio.

Antes de montar nuestra primera aventurita de geocaching realizamos una labor de recolección de juguetitos relativamente pequeños que hay por casa y que los nenes no deseaban seguir guardando. De hecho tenemos un botecito con la etiqueta “objetos para el intercambio del geocaching” y así el día que decidimos ir a explorar cogemos unos cuantos y emprendemos la aventura.  El primero que hicimos fue en el bosque del castillo de Bellver, sí ese por el que solemos hacer excursiones los fines de semana en invierno. Pues en dicho bosque hay unos cuantos unos relativamente más sencillos ya que te dan las coordenadas del punto a buscar y una vez allí tienes que ir desvelando unas pistas o adivinanzas o pruebas hasta localizarlo (generalmente no está muy lejos) los difíciles son los que a través de preguntas u otras pruebas que conviene prepararse antes, consigues los datos de las coordenadas, de estos últimos no hemos hecho aún ninguno. Con el primer geocaching estuvimos un buen rato dando vueltas primero porque los niños eso de manejar la brújula no lo dominabas y se pegaban unas vueltas para pillar el camino. Pero cualquiera les quitaba el móvil. Segundo porque nos liamos buscando árboles huecos con un montón de piedras al lado de sus raíces, no había forma, hasta que nos dimos cuenta que nos habíamos equivocado con uno de los datos y buscábamos en un árbol equivocado, jajaja. También recuerdo que a Tsunami le encantó, pero Terremoto se decepcionó bastante al ver que no había ni oro ni plata ni lingotes ni doblones de oro, ni joyas, ni coronas ni dagas ni espadas. Era sólo una fiambrera con cositas de bebé decía, ohhhh, que decepción.

El pobre Terremoto ya se ha mentalizado que lo bonito es la búsqueda y que su hermano encuentre juguetitos pequeños nuevos con los que jugar una temporadita, vamos que con el geocaching no nos íbamos a volver ricos. Uno de los últimos geocachings que hicimos el año pasado fue al lado de la ladera de un acantilado junto al mar, era por la tarde y nos quedamos allí a ver la puesta de sol. Normalmente es una actividad que entusiasma más a Tsunami y su papá en ocasiones se lo ha llevado a él a buscar tesoros.

Hoy os comento las aventuras del geocaching porque posiblemente alguna tarde de verano uno puede estar muy aburrido y ya no saber qué hacer con los retoños. También sé que hay muchos extranjeros que vienen a Mallorca con pequeños y los buscan como una actividad más durante el viaje. Al estar situados en lugares bonitos ayuda a descubrir el paisaje de ese país que visitas. Os dejo el enlace de una página, al principio se sitúa en Seattle pero luego te puedes alejar y desplazar por todo el planeta, hasta en la Antartida hay geocachings ¡increible!

Es muy posible que más cerca de lo que creéis de vuestra casa pueda haber escondido un tesoro, que incluso muchas veces hayáis pasado por al lado y no os lo creáis. Así que papis de los pequeños aventureros, buscad las coordenadas, recolectad algunos juguetitos largamente arrinconados y prepararos para adentraros en el mundo de los piratas, los mapas y los cofre –fiambreras. El pirata Antonine Germaine Patapalo nos ha dejado un premio ¿Quién será el próximo en recogerlo? Y sobre todo, ¿Qué nuevo tesoro dejará a cambio?  Feliz búsqueda pequeños exploradores jou, jou, jou.

IPHONE 2012 913

IPHONE 2012 888

Galletas de patata y orégano. El reto del ingrediente secreto de Ira nº3, esta vez versión mamá de Terremoto. Y también Tsunami pochito, la varicela misteriosa nos ha acabado visitando.

20 Jun

Espero que esto no se considere trampa trampita trampota tramposeta. Supongo que os acordáis, porque hace apenas dos entradas de esto, que Terremoto se volvió a coronar como protagonista de la receta presentada en el tercer reto al que nos desafió Ira. Recordáis aquellos supuestos deberes que realmente eran para regalarle a la profe y a los compañeros de clase unas galletitas y que nos revolucionó la cocina por unas horas ¿sí? Pues bien, si es así supongo que también recordareis que yo tenía pensado hacer unas galletas diferentes a las dulces de mantequilla, pero que no sabía si tendría tiempo para ello. Al final he tenido tiempo. Aunque a mi pesar el tiempo lo he tenido porque Tsunami ha caído víctima de la epidemia de varicela que afecta a su clase. El domingo a medio día los primeros puntitos aparecieron y por la noche ya eran visiblemente ampollas. Como Terremoto estaba con mi ex y la semana que viene empiezan las vacaciones y él tenía que tener a los peques, Terremoto se ha quedado estos días en casa de su padre. Mi ex nunca ha tenido la varicela, así que no era cuestión de juntar a los hermanitos y pegársela dentro de unos días. Sé que me diréis ¿pero no estaba vacunado? Pues eso mismo me estoy preguntando yo. Juraría que le habíamos vacunado, juraría que cuando nos lo comentó el pediatra y tras la experiencia de mi menda y del mayor lo habíamos hecho. Pero luego ha resultado que debió pasar alguna cosa porque en la cartilla no aparece la etiqueta. Así que no sé qué decir, sobre todo después de como insistí en la necesidad de  vacunar. Me he quedado asombrada, aunque sigo pensando todo lo que dije y lo reafirmo.

Tsunami dentro de lo que cabe lo lleva muy bien. No se rasca, le dijimos que no lo hiciera y el angelito no lo hace, o lo hace poco ya que alguna vez no se da cuenta y allí tenemos la manita y los deditos actuando. Se queja de que al final él también tenga “la varicela misteriosa” y no ha podido celebrar su cumple junto a los demás compañeros y se ha perdido una tarde de juegos de agua y la fiesta-cena de fin de curso. Cuando le pica lo empolvamos todico con la Talquistina o polvitos maravillosos para curarle como les llama. Tsunami nos ayuda, le encanta empolvarse. Parece una peluca de esas versallescas de tiempos del rey sol.

Por su parte Terremoto lo lleva fatal. Si fuera por él estaría en casa cuidando de su hermano y no entiende que ahora es mejor estar los dos separados que esto es contagioso, sobre todo si su padre nunca lo ha tenido. Espero que en estos días que queda no acaben tirándose las sartenes por la cabeza, ya que cada día tengo protestas telefónicas sobre la dieta de papá o si papá ronca por la noche y no me deja dormir. Le doy la razón a ambas. Así que Ira, no se muy bien si el cuarto reto Terremoto tendrá un nuevo protagonismo… igual estos días esta experimentando con algún ingrediente o alguna receta en casa de su papi y vete a saber si la telepatía sigue funcionando con vosotros dos, quien sabe.

Pues a lo que iba. Ahora con un sólo peque en casa tengo algo más de tiempo, que dedicamos a mimar y sobre todo intentar entretener al aburridito y desesperado Tsunami, que un niño encerrado en casa no es un niño feliz. Por las mañanas nos dice que ha tenido un sueño maravilloso y feliz en el que salía del cole con sus amiguitos y se iban todos a jugar al parque que hay al lado. Ante esta penita y la imposibilidad de llevarlo al parque hemos ideado algunas opciones: regar las plantas del balcón, leer libros con papá, jugar a juegos de mesa que le gustan, ver un ratito la tele, hacer dibujos (pero él dice que preferiría hacerlos en el cole que no en casa), hacer algún batido de frutas y finalmente hacer alguna recetita. Su papá le hizo una tarta de queso y fruta. Ayer yo hice la masa de las galletas que tenía pensadas para el tercer reto de Ira.  Tsunami las aplanó con el rodillo, cortó y colocó en la bandeja del horno.

Esta receta, como veis en la foto está sacada de una colección de platos que sacó la Disney y que son los que normalmente aparecen en todas las recetas del blog. La hicimos hace unos pocos años, aprovechando la veta culinaria de Terremoto y que a los dos les gustan los muñecos Disney. Además de la vajilla completa, incluía con cada entrega un folletito con recetas de diversa especialización y adaptadas para poder hacer con niños, aparte de que están buenísimas. Mi pareja se saca de allí normalmente los platos el día ese en que por casualidad se acuerda que es un sábado por la noche y le toca a él hacer la cena, jeje… (Con un poco de suerte después de esta indirecta se acuerda este fin de semana, yujuuuu….). En total hay cien fascículos y cien piezas entre cubertería, vasos, cubiertos, juego café, té y desayuno, unas cuantas fuentes y ensaladeras. Si volviera a salir y os gusta os animaría con ella, las recetas son muy interesantes. La vajilla es muy buena y socorrida, sólo he tenido un problema con la pintura de un plato que se me descascarillo, pero fue debido a un mal uso del plato y el tenedor por parte de Tsunami hace unos dos añitos. Además al suscribirnos nos regalaron una mantelería que usamos en las fiestas y cumples y un recogedor de migas a pilas, que tuve que guardar y sacarlo cuando era necesario porque eso se había convertido en un recogetútodoloinimaginablequepaseporesaboquillayquelolimpieluegomamásipuede.

Así que sin más dilación os cuento estas galletas cuadrados de patatas con orégano, la aportación de mamá para el tercer reto del ingrediente secreto de Ira.

Ingredientes:

250 gr. de harina

200 gr. de patatas para hervir

3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

10 gr. de levadura de panadero fresca

½ cucharadita de orégano

sal

Preparación:

Lava las patatas y hiérvelas con la piel en agua salada durante unos 30 minutos, vamos hasta que cuando las pinchéis se hunda bien el tenedor en ellas.

Sácalas y pélalas aún caliente, pero cuidado, que queman mucho. Una vez peladas cháfalas con un tenedor y dejar que se enfríen durante unos minutos.

Agregar la harina, una pizca de sal, una cucharada de aceite, el orégano y la levadura diluida en dos cucharadas de agua caliente (yo las calenté unos 30-40 segundos al microondas y quemaban)

Trabajar la pasta hasta que este blanda pero consistente. Si fuera precisa se puede añadir un poco de agua templada o harina según se necesite.

Extiende la masa y forma un rectángulo de 1 cm. de grosor.

Cortarlo en cuadraditos de 5 cm. de lado y colocarlos en la bandeja del horno con un papel vegetal encima. Los cuadraditos tienen que estar algo separados unos 3 cm.

Cubrirlos con un trapo y dejarlos reposar dos horas.

Calentar el horno a 200º. Pintar los cuadrados con el aceite sobrante y hornearlos unos 15 ó 20 minutos.

Servirlos tibios o a temperatura ambiente.

Comentarios:

Sobre todo mucho cuidado cuando peléis las patatas, queman mucho, en serio.

Yo tuve un problema gordo, no tenía levadura fresca. La sustituí por levadura tipo Royal de repostería. Eso hizo que casi no levaran nada, no quedaron tan esponjosas como en la foto del folleto y quedaron más crujientes, pero así y todo estaban de rechupete. Supongo que si estuvieran más blanditas serian el non plus ultra.

Finalmente confirmo lo que dice la receta, calientes no están mal, pero tibios o a temperatura ambiente, hummmm, hummmmm, deliciosos. A Tsunami le gustaron bastante, pero personalmente creo que es un tipo de galleta que puede que guste más a los papás que a los peques. Tiene un sabor muy peculiar que no sabría cómo describirlo y huelen mejor. No creía que unas galletas de patata fueran así.

Un último consejo, teniendo en cuenta que salieron las que veis en la foto y a las veinticuatro horas no quedaba ni una y eso que Terremoto no está en casa para catarlas, os aconsejo que ya que os ponéis dobléis las cantidades y hacéis dos hornadas, así con suerte os dura algo más de un día, jajaja. Bueno, espero que os gusten estas curiosas galletas de patatas y orégano, que os aproveche i bon profit.

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Galletas de chocolate, el curioso deber del cole de Terremoto y de paso reto del ingrediente secreto de Ira nº 3

13 Jun

Cuando el sábado pasado Ira nos propuso su ingrediente de esta quincena pensé, “jope chiquilla, sí que nos lo pones difícil” y el motivo es que esta vez el ingrediente volvió a ser un plato, pero así como un postre en vaso es relativamente fácil, a las malas existen los flanes y las natillas. Lo de las galletas es otra historia. Normalmente en casa hacemos más bizcochos, por eso de que son más fáciles, llevan menos trabajo y hay más cantidad, jeje, somos asquerosamente prácticos, que os voy a decir. Es cierto que en algunas ocasiones hemos hecho galletas, pero en muy pocas y pensé que tendría que sumergirme en el montón de papeles de las tres carpetas donde guardo recetas impresas, recortes de revistas, manuscritas en cualquier formato inimaginable a ver si había suerte y aún las tenía hundidas por allí cual restos del Titanic en el frio Atlántico Norte.

El problema que le veía a la receta de este reto es que todo el mundo haría algún tipo de galleta de mantequilla, son muy sufridas pero en el fondo son todas más o menos iguales. Así que me puse a buscar algo más original y lo cierto es que lo encontré, pero no tenía muy claro cuando lo podría hacer ya que este fin de semana lo tengo heavy on the rocks. Pues bien, resulta que al final me tengo que tragar todas mis palabras y planes, porque hace apenas dos horas nos ha llegado Terremoto del cole diciendo que la profe le había puesto para mañana como deberes el hacer unas galletas para la merienda y traía la receta fotocopiada en un hoja de no sé que libro. Tan sólo puedo confirmar que es la receta número cinco de algún libro de recetas para niños.

Sí. Ojiplática. Así es como me quedé y en cuestión de una hora mi casa y más concretamente la cocina, se ha revolucionado. Terremoto cocinando, mi ex haciendo sugerencias, Tsunami se ha presentado raudo y veloz con el taburete blanco del baño del que ya os hablé y yo estaba en un rinconcito intentando dirigir el cotarro de orquesta para cuchara y bol en chocolate menor. Así que esta noche, ahora que los peques se han ido a la cama, aprovecho y os presento el resultado de esta revolución culinaria-deberíl.

GALLETAS CON TROCITOS DE CHOCOLATE

Lo que necesitas:

Un bol

Una cuchara de madera

Una bandeja

Tiempo de preparación: 20 minutos

Tiempo de horno: 10 minutos

Ingredientes para 2 personas:

200 gr. de azúcar

200 gr. de azúcar moreno

200 gr. de mantequilla

2 huevos

Una pizca de sal

350 gr. de harina

½ cucharada de bicarbonato

200 gr. de virutas de chocolate

Mantequilla para untar el molde

1 cucharadita de extracto de vainilla.

Nota: Antes de empezar pide a un adulto que encienda el horno a 180º

1)      En un bol vierte el azúcar y el azúcar moreno. Luego, la mantequilla y los huevos. Lo mezclas todo ocn una cuchara de madera y, mientras, le echas una pizca de sal.

2)      Mezclando todo muy bien, le añades la harina, el bicarbonato y la vainilla.

3)      Y ahora ¿Los trocitos de chocolate! Luego, unta la bandeja con un poco de mantequilla. Cun la ayuda de una cuchara, echa en la bandeja formas de galletas.

4)      Pide a un adulto para que te ponga las galletas con trocitos de chocolate en el horno

Nota: Puedes combinar los trocitos de chocolate con nueces o avellanas.

Hasta aquí os he copiado la receta textualmente, ahora os comentaré como nos ha ido.

Primero, no tenemos extracto ni gotas ni nada de vainilla, pero sí un bote de azúcar vainillado, así que hemos puesto un poco de este en el peso del azúcar blanco. Por suerte tenía la cantidad justísima del azúcar moreno, que no siempre tengo a mano.

La bandeja del horno no la untamos de mantequilla, le pusimos un papel de horno y no hubo problemas para quitarlas luego.

Con estas medidas nos salieron dos bandejas de horno. En nuestro caso el horno tuve que ponerlo a 190 y tenerlo entre 15 y 20 minutos, pero cada uno conocéis vuestro horno. Las sacamos cuando estaban bien doradas, ya que la pasta se nos chafó y se juntaron unas con otras y estaban muy blanditas. Son este tipo de galletas blandito pero que se endurecen un poco cuando se enfrían.

Pusimos todas las cantidades según indicaba la receta, la única variación fue que pusimos menos trocitos de chocolate porque encontré que era una cantidad excesiva, así que debía haber como la mitad. No tengo muy claro si ese fue el motivo de que la pasta no quedara tan firme o es que el horno tendría que haber estado más caliente. La pasta estaba firme cuando la colocamos con la cuchara, pero luego en el horno con el calor fue como si se fundiera, quedó como si fuera una pizza de galleta o una mega galleta o una galleta única de dinosaurio.

Para solucionar este gran pegote dulce tuvimos que hacer trocitos con un cuchillo, por eso queda con esa forma tan rara, pero os aseguro que originalmente eran galletas, palabrita.

Ventajas de la receta: Es cierto que los niños pueden hacerla tranquilamente, aunque cuesta la primera mezcla.

Desventajas: Personalmente considero que es demasiado calórica. Me parece un exceso de azúcar y mantequilla para tan poca harina y no quiero pensar lo hiperdulces que hubieran quedado con los 200 gr. de chocolate íntegros.

Opinión de los peques: “Mamí estas galletas que ha hecho Terremoto están buenísimas” ; “Mamí puedo tomar otra, sólo una, una más y ya está”… “Mamí, después de cenar podré comerme más galletitas buenas”

Como veis las críticas de Tsunami son favorables, vamos, que pasaron  con sobresaliente y matrícula cum laude la prueba de la cata.

Terremoto probó una y mientras se la comía hizó el símbolo del pulgar hacia arriba mientras decía huuummm, huuuummmm, huuuummmm. Le he dicho que mañana podrán tomar alguna para desayunar. A la hora de meterse en la cama, el muy ladino me ha dicho que no son exactamente como deberes, que no son para merendar los niños, sino que se las quería hacer para su profe…

… Ya decía yo que eso de poner de deberes hacer unas galletas me sonaba a raro, sobre todo con tan poco tiempo… Bueno, visto desde el punto de vista divertido. Terremoto no sé muy bien cómo se las ha ingeniado de nuevo para ser el prota del reto del ingrediente secreto de Ira, estoy empezando a pensar que lo de la telepatía debe ser cierto.

Espero que os guste a todos i bon profit.

Nota mía para Ira y Mixka. Acabo de ver que Mixka en su web de El rincón de Mixka ha publicado una receta muy parecida para el reto. Es más personalmente me gusta más la suya y el truco de la nevera creo que nos hubiera ido bien. Es lo que me temia si hacíamos unas galletas de mantequilla. Si por casualidad tengo tiempo os presentaré otra receta, pero de momento os dejo con el complot de la profe y de Terremoto.  Así que hasta pronto i bon profit de nuevo.

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Excursiones culturales de este invierno: El Palau del Consell y el Palau de l’Almudaina.

12 Jun

Os he contado muchas veces que durante este invierno hemos hecho bastantes excursiones por el bosque. Además de estas excursiones campestres también hemos tenido otras de tipo más cultural y de las que por un motivo u otro no había podido comentaros aún. Así que como bien dice el refranero, más vale tarde que nunca, aprovecharé ahora para ir poco a poco comentando algunas de ellas y de esta forma os voy a presentar un poquito algunas historias y rincones de esta islita mediterránea que tanto quiero. Estas visitas siempre han tenido lugar bien aprovechando algunos actos de puertas abiertas por motivos de fiestas locales, o bien al apuntarnos a un grupo al que va uno de mis clientes de la biblioteca y que una vez al mes suelen salir a algún sitio de interés. Los fijos a estas salidas hemos sido nosotros dos y Tsunami. Terremoto ha venido dependiendo si ese fin de semana tenía estancia con su padre o no.

La primera salida que os voy a comentar y que iré contando cronológicamente, se hizo a principios de marzo. El 1 de marzo se inventaron que era el día de las Islas Baleares. Digo que se inventaron porque hace unos cuantos años (1997), el Consell Insular de Mallorca (Diputación en el territorio peninsular y cabildo en las Canarias) se sacó de la manga que el 12 de septiembre tenía que ser la Diada de Mallorca. El motivo de esta fecha es doble, por una parte el 12 de septiembre de 1229 Jaime I desembarcó en Santa Ponça iniciando la reconquista del que sería posterior Reino de Mallorca a la Taifa de Denia. Coincidiendo con ésta está la que el Consell considera oficial para proclamar tal día, ya que el 12 de septiembre del año 1276, Jaime II de Mallorca juró la Carta de Franquícias y Privilegios del Reino de Mallorca. Este documento es un conjunto de derechos y ventajas que configurarían la normativa legal del Reino Privativo de Mallorca. Las franquicias son excepciones en el cumplimiento de alguna norma o costumbre, normalmente de uso en el resto de la corona catalanoaragonesa. Los privilegios eran derechos que se concedían en exclusiva a un territorio. La primera carta de Franquicias de Mallorca fue justo después de su conquista. Recordemos que la conquista tuvo lugar el 31 de diciembre de 1229 (como les decía a mis alumnos en unas prácticas que hice hace años, entraron a toda leche para ir a tomar las uvas a la plaza de Cort, equivalente mallorquín de la Puerta del Sol) y la primera carta de franquicias fue firmada en 1230 para  incentivar a la población catalana a venir a repoblar los nuevos territorios conquistados. Jaime II fue el hijo y sucesor de la corona del llamado Reino Privativo de Mallorca y que comprendía los territorios insulares de Mallorca, Ibiza y Formentera, los condados de Rosellón y Cerdaña, el señorío de Montpellier, la baronía de Omeladès y el vizcondado de Carladès. Menorca, aún habitada por los musulmanes, le rendía vasallaje. Principalmente fue un gran jurista, organizó las instituciones medievales y reformó las franquicias, asegurando a los mallorquines un conjunto de derechos y libertades que les permitía vivir libres de muchas cargas que el régimen feudal tenía en esos momentos vigentes en muchos lugares de Europa.

Pues bien, después de este peñazo de historia insular (por algo he denominado al post excursiones culturales, jeje) os recuerdo que toda esta panzada de historia a venido por el comentario de que el Consell Insular había creado este día como la Diada de Mallorca. Pero esta fiesta aunque se realizaban diversos actos lúdicos para celebrarla, siempre ha sido oficialmente día laborable en Mallorca. Por su parte, un poco después (2007), el Govern Balear (gobierno autonómico de Baleares) estaba en manos de otro grupo político distinto al del Consell, así que para chincharse mutuamente y puesto que el Govern si que podía imponer su elección como día festivo en el calendario laboral de las Baleares, se sacó también de la manga que el 1 de marzo sería la Diada de las Islas Baleares. Esta nueva fiesta que tampoco ha tenido nunca una raigambre tradicional ni cultural en nuestras islitas se debe a que el 1 de marzo de 1983 se publicó en el BOE (Boletín Oficial del Estado) el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Balear y también, ¡oh casualidades de la vida!, coincide con la publicación del nuevo Estatuto de Autonomía de 2007. Al principio esta fiesta no fue oficial, pero como he dicho, desde el 2007 ha pasado a engrosar parte de nuestro calendario festivo, sustituyendo creo recordar a la fiesta de San Jaime que ha pasado a ser día laborable salvo en algunos pueblos que tienen a este santo como patrón.

Una vez puestos en antecedentes de donde sale esta fiesta, os comento que la mejor parte de este embolado político que hubo en su momento la gozan los coles. El 28 de febrero es la fiesta unificada de no sé que de los colegios (en mi época esto no existía, me es nuevo) y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, les viene de perlas que se junte con el 1 de marzo. Para acabar de rematarlo, generalmente se suelen coger uno de esos dos días de libre elección que los coles que pueden coger al año el día que se les antoje para hacerse un acueducto. Este año, nos coincidió con un fin de semana al lado. El problema nos vino en casa cuando el cole de Tsunami se pilló el miércoles como día de libre elección, el jueves era el día ese de los coles unificados, el viernes la diada, luego el sábado, el domingo y el lunes fue el día que se pidió el cole de Terremoto. Uhhhffff…. aún me marea sólo en pensar las cábalas que nos tenemos que montar los papis en ocasiones, sobre todo como nuestro caso en el que los peques no van a un mismo centro.

Pero bueno, me estoy desviando muchísimo del tema de hoy. Creo recordar que fue ese sábado que una serie de instituciones tuvieron día de puertas abiertas y en casa decidimos aprovechar la situación para culturizar un poco a nuestras fierecillas que no todo en la vida son caminos de montaña, pinos y matojos, que también existen edificios, cuadros, esculturas y rinconcitos con su legado histórico debajo del brazo que no está mal ir conociendo. Se abrieron las puertas de cuatro instituciones, una de ellas nunca he podido visitarla porque lo hace en muy contadas ocasiones en horarios no de los más asequibles a todos y es la más selectiva y controladora de todas, me refiero a la sede del Parlament Balear, antigua sede de uno de los clubes privados de la pijería mallorquina del XIX conocido con el nombre de Círculo Mallorquín. Otro de los edificios era el Consolat de la Mar, antiguo edificio que actualmente alberga las dependencias presidenciales del Govern Balear, muy pequeñito, se usa sólo para actos concretos y que en otras ocasiones hemos visitado por estas fechas. Las dos instituciones que nos quedaban fueron las que pudimos ir pues sus horarios eran los que más se adecuaban a los nuestros, pues el domingo teníamos otras cosas concertadas.

La primera parada fue el Palau del Consell (Diputación), situado en el número 1 de la calle Palau Reial, justo al lado del Ayuntamiento de Palma. Es quizás una de las zonas de la ciudad más visitada por los turistas y no tan turistas. Esta calle es la que desemboca a los pies de la Catedral y justo delante de esta se encuentra el segundo edificio que visitamos, el Palacio de la Almudaina, antigua residencia de los walies musulmanes de Mallorca y luego de los Reyes privativos de Mallorca. Actualmente forma parte de los Reales Sitios que gestiona el Patrimonio Nacional y se supone que es el alojamiento oficial de la Casa Real española en sus visitas a Mallorca, aunque allí sólo se celebran actos protocolarios ya que como residencia habitual de verano van al llamado Palacio de Marivent que el ayuntamiento les cedió para su uso en la isla.

El Palau del Consell o Palau Reial, es un edificio neogótico realizado en el siglo XIX por el arquitecto Joaquín Pavía. Se asienta sobre el solar de la que fue la antigua carcel del Ayuntamiento, conservandose sólamente de esa época un pozo que hay en el patio interior. Destaca por su fachada labrada y de apariencia defensiva con sus torreones almenados y las impresionantes gárgolas que la coronan. Una funcionaria, creo recordar que del departamento de protocolo nos fue narrando la historia del edificio y contando las diferentes anécdotas y avatares del mismo mientras nos paseaba por la escalera de honor y por las principales dependencias de la planta noble. Lo más sorprendente de toda la decoración fue sin duda toda la parte de labrado tanto en piedra como en madera. La estructura del edificio está realizada en una piedra caliza típica de la isla, el marés o  comúnmente denominada piedra de Santanyí. Destacan los relieves y esculturas de la fachada, la escalera principal y muchos detalles del edificio así como la zona de la terraza superior que remata el edificio. Los labrados no se reducen sólo a la piedra, también hay gran cantidad de trabajo de ebanistería en las sillas situadas en la planta noble y en la sala de plenos, con animales antropomorfos, escudos y personajes populares. La primera planta está además adornadas con cuadros de gran formato obra de los principales pintores mallorquines del XIX. Asimismo destacan las cristaleras emplomadas tanto de la escalera principal como del salón de plenos, ambas basadas en los bocetos del pintor mallorquín Fausto Morell. Las primeras representan una alegoría a las tres islas que conforman el archipiélago balear, situando de izquierda a derecha Menorca, Mallorca e Ibiza. Las cristaleras de la sala de plenos representan diversas escenas del desembarco de las tropas de Jaime I en Santa Ponça, la conquista de la Madina Mayurqa y finalmente la rendición y entrega de las llaves del gobernador Abú Yahya al rey aragonés. Mención aparte y que llamó mucho la atención de los pequeños son los cuatro gegants (gigantes) que custodian la escalera principal formados por tres reyes y una reina, Jaime II, el rey Sancho, Jaime III y Esclaramunda de Foix.

Artesonados de los techos del Palau del Consell

Chimenea y sillas en el despacho de la presidenta del Consell

Gargolita en el Salón de Plenos

Entrega de las Franquesas y Privilegis por Jaime II

Vidriera representando la entrada del rey Jaime I en Mallorca

Gargolas y torreones en la azotea del Palau del Consell

 

Decoración floral y dragón en la escalera principal

Vidriera alegórica de las tres islas

A los peques les gusto mucho su visita al Consell, sobre todo ver todos los dibujos escultóricos que os he comentado. En la escalera principal se entretuvieron un ratito viendo un pequeño grupo casi escondido que representaba una rata que intenta comerse un caracol, fue divertido buscarlo.

Rata y caracol en la escalera.

Gegants de Jaume II y Jaume III

Gegants de Sanç I y Esclarmunda de Foix

Salieron todos emocionados y fuimos caminando junto a un montón de turistas y calesas de caballos hasta la parte del mar. Allí hicimos una pequeña cola para entrar en la Almudaina, que pese a tener la entrada libre tenías que hacer la consiguiente cola para recoger le entrada, aunque ese día no se abonara su importe. Aquí no había ningún tipo de visita guiada, si la querías iba aparte y con los horarios e idiomas preestablecidos, así que con el folleto que nos dieron y los conocimientos que poseemos fuimos visitando las estancias y respondiendo a los comentarios de los peques, sobre todo de Tsunami que con la curiosidad que tiene a esta edad era un continuo preguntar para que era eso o para que servia. Lo entretuvimos a base de que buscara objetos o contara cuantos había de cada uno. A Terremoto también le gustó pero lo encontró algo más aburrido y cansado, así que le prometimos que cuando se acabara la visita iríamos a comer unos spaguetis al italiano que a él le gusta.

El Palau de l’Almudaina se construyó sobre los terrenos que antiguamente ocupó un  castro romano y que a su vez ocupó antes un asentamiento talayótico. En el S. X  la isla de Mallorca cae bajo la dominación musulmana iniciándose uno de los periodos mas florecientes de las Islas Baleares y también de los menos estudiados (os paso un enlace a un artículo de una web que considero muy bien explicado y documentado sobre lo que serían los años de dominio islámico en el territorio balear y su pérdida, el motivo es que normalmente no se encuentra tanta información de estos momentos como de los posteriores bajo el poder cristiano). El 1281 se inician las obras de construcción del Alcázar musulmán, “Zuda” o Almudaina, donde se establece la residencia de los walies o gobernadores de la isla. Como os he comentado anteriormente cuando os hablaba de la Diada de Mallorca y habéis podido leer en el enlace anterior,  en el 1229 Jaime I de Aragón (el rei en Jaume o en Jaume el Conqueridor) reconquista Mallorca, y a partir de este momento se inicia la dominación cristiana y la posterior y corta dinastía de los Reyes de Mallorca. La Sede de la Corona se establece en la Almudaina. Jaime II, como también os he contado, fue quien condujo el reino a la prosperidad su reinado fue el más pacífico y fructífero de todos. Fue este rey quien transformó el Alcázar almorávide en Palacio Cristiano dándole la forma actual, aunque conservando las estructuras fundamentales del alcázar musulmán. Lo amplió y lo adaptó iniciando las obras el 1309, según el estilo gótico imperante en la época y a imitación del Palacio Real de Perpiñán. Las obras prosiguieron hasta 1343 y prácticamente todos los reyes de Mallorca realizaron alguna modificación. En La Almudaina tuvieron sucesivamente su corte los monarcas del reino de Mallorca, los de Aragón a partir de 1349 con la incorporación del reino a la corona de Aragón por parte de Pedro IV y posteriormente pasaría a los de España tras la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Fue sucesivamente ocupado por Gobernadores de la Isla, Virreyes y Capitanes Generales. Felipe II destinó el “Tinell” a Real Audiencia e instaló en el resto del edificio la Capitanía General de las Islas. En la actualidad es la residencia oficial de los SSMM los Reyes durante su estancia en las Islas. Desde 1963 el Palacio de la Almudaina ha sido objeto de importantes y continuas restauraciones llevadas a cabo por el Patrimonio Nacional.

La estructura actual de La Almudaina corresponde a la construida en el siglo XIV con sus diferentes espacios. La edificación está formada por un torreón rectangular. Aparecen dos núcleos perfectamente diferenciados: El Palacio del Rey, la Capilla del Rey o Capilla de Santa Ana, el Huerto del Rey, los baños árabes, el Patio de Armas. Por otra parte está el Palacio de la Reina, la Capilla de la Reina o Capilla de San Jaime, el Huerto de la Reina, los baños árabes de la Reina, el patio de la Reina. Destaca también El Arco del Mar, actualmente forma parte del llamado Hort del Rei y bajo cuyo arco entraban los barcos en el antiguo puerto medieval y rodeando la edificación una muralla protegida por 14 torres. En la actualidad este arco forma parte de un rincón junto a un estanque donde siempre hay un grupo de patos o bien una pareja de cisnes negros o blancos.

Su decoración presenta dos ambientes, en la planta baja se recrea el estilo medieval con obras del siglo XV al XX, destaca la colección de tapices flamencos. La planta superior construida durante el siglo XVI por orden de Carlos I de España, también conocido como el emperador Carlos V de Alemania, se utilizaba para la celebración de actos oficiales de la Familia Real, está decorada con objetos y mobiliario procedentes de otros Reales Sitios de los siglos XVII, XVIII y XIX.

Artesonado de l’Almudaina

Vista del Arco del Mar

Escudo real en uno de los patios de la Almudaina

La planta superior desde el patio del Rey

La Seu vista desde el interior de la Almudaina

Entrada a la capilla de Santa Ana

Interior de la capilla de Santa Ana

Fuente en el patio del Rey

Bueno, espero que después de esta dosis de cultura balear estéis dispuestos a leer otro día otra entradita que dedicaré a las siguientes excursiones. Prometo que no serán tan mazacotes ni tan densas, pero es que esta bien merecía ir acompañada de una (aunque no lo creáis) pequeña y condensada explicación histórica. Espero que os haya gustado, seguiremos con los jardines de Natzaret y el barrio de El Terreno en la próxima excursión que ya os contaré más adelante, cuando nos hayamos desintoxicado de tanto edificio y tanta Edad Media.

Vista desde la calle de una de las gargolas del Consell

 

Vista general del Palau del Consell

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