Descubriendo Palma: Nazaret y el barrio de El Terreno

3 Abr

Algunas veces os he comentado que los fines de semana, además de pasearnos por el bosque del Castillo de Bellver, hemos hecho algunas excursiones por la isla y por Palma. Hoy voy a enseñaros una excursión que hicimos el año pasado y que no pude presentarla en su momento  por falta de tiempo. He pensado que era una verdadera pena no compartir estas salidas especiales sólo porque hubiera pasado un tiempo. También es cierto que no quería dejar pasar la oportunidad de ir enseñándoos poco a poco esta islita que tanto quiero. Así que si el tiempo me lo permite de tanto en tanto iré poniendo algunas entraditas comentando los rincones de Mallorca que tiene muy poca arena pero sí mucho encanto. Nunca me cansaré de decir que Mallorca es muchísimo más que sol y playa, aunque por desgracia, parece que lo único que preocupa a los turoperadores sea precisamente eso, sol y playa. Así que aquí esta está enamorada de su hogar para que todos aquellos que alguna vez vengáis a esta tierra podáis decir “pues yo además de ponerme moreno, voy a conocer otras cosas interesantes y también hermosas”.

Cuando yo era muy niña, mi padre conocía del trabajo a una clienta, tenía un nombre raro y un apellido endiabladamente extraño para mí. Era una señora inglesa… bueno, realmente era una señorita, aunque bastante entrada en años para lo que en esa época se consideraba en España una señorita. Era una maestra de escuela que se había jubilado. Una mujer exótica, de pelo corto, blanco plateado. Se pintaba sus finos labios con un carmín muy rojo y vestía siempre pantalones, toda una osadía para cualquier mujer decente que se apreciara en esa época. Tomaba martinis de aperitivo y otras bebidas con hielo de mayores sin que para ello se estuviera comiendo en ese momento. A mi madre no le encantaba demasiado ir a verla, porque demasiado a menudo para su gusto, esta inglesa descarriada encendía un cigarrillo tras otro que consumía en los múltiples ceniceros que tenía repartidos por todas las dependencias de la casa. Además, en ocasiones se quitaba los zapatos que eran planos sin tacón y enseñaba sus pies con sus uñas pintadas en un rojo igual de llamativo que el de sus labios. Era una solterona pero de esa que lo había sido porque le había dado la gana y se había dedicado a disfrutar de la vida y viajar. Cuando se jubiló  se había ido a vivir a Mallorca por varios motivos. Primero porque la había descubierto hacía años cuando paso por aquí durante unas vacaciones y se había enamorado de la isla. Segundo, porque en Mallorca hay evidentemente,  mejor clima que en Inglaterra, y tercero aunque no por ello menos importante, porque en aquella época el cambio de divisa le permitía llevar un tren de vida que en su país no hubiera ni soñado. Vivía en una casa, pero una casa de verdad, no en un piso. En una planta baja con habitaciones amplias y luminosas. Un jardín enorme lleno de flores y plantas por todos los rincones y unas vistas espectaculares de la bahía. Era un barrio residencial de Palma que en esa época estaba lleno sobre todo de extranjeros, la mayoría ingleses, bohemios, artistas,  jubilados, pero sobre todo pecadores libertinos que escandalizaban al resto de la ciudad. A mi madre no le gustaba demasiado visitarla, pero yo disfrutaba cada vez que íbamos. Me encantaba pasear por ese frondoso jardín, además recuerdo que en esa casa siempre tenían caramelos de tofe deliciosos, que por esa época eran tan difíciles de encontrar aquí, al menos con esa calidad y sabor. También tenían una cajita de cartón con sobres de papel metalizado. Al abrirlos te encontrabas con unas tabletas muy finas de chocolate rellenas de una crema verde que odiaba. Años después descubrí que esas chocolatinas se llamaban after eight y que la crema verde que me desagradaba era crema de menta. Un día me trajo de Inglaterra un costurero o al menos luego le dimos ese uso. Era una estatuita de porcelana que representaba una ovejita blanca con el contorno de sus ojos negro y un conejito blanco y gris junto a un tronco de árbol caído y un ligero sotobosque. El tronco estaba abierto por encima y dentro estaba lleno de los caramelitos de tofe que tanto me gustaban. Recuerdo que estaba envuelto en un papel de celofán amarillo con un gran lazo encima. Cuando se vaciaron pusimos dentro del tronco hilos de colores, agujas, tijeras y un dedal que siempre me negaba a usar porque me molestaba y eso siempre enfadaba a mi madre. Esa exótica profesora que hablaba una lengua rara que yo no entendía, pero que tenía esos caramelos tan deliciosos, vivía en el barrio conocido como El Terreno.

“Al otro extremo de la ciudad, en las afueras, por El Terreno, por Génova, se agita un mundo colonial, compuesto de pintores, turistas y señoras que fuman. Son gentes extrañas, que se bañan en invierno y viven de espaldas a la religión. Fabrican cocktails endiablados. Dan bailes y tés. El barrio antiguo finge ignorarlos. Sin valor ni deseos para declararles la batalla, opta por declararlos inexistentes. “¿Creéis, Monseñor, que el mes próximo estaremos en Francia, restablecidos en nuestros privilegios?” preguntaba, allá por el 1792, un viejo prelado a un compañero de emigración. Y replicaba el otro, tomando un polvo de rapé: “Monseñor, no se me ocurre ningún inconveniente”. Alguna señorita indígena, en los tés casi litúrgicos del Casino, pide un cocktails de ginebra y vermut. Dos de ellas, en Carnaval, osaron encender un cigarrillo. El aire está cargado de presagios… Pero el barrio antiguo no se entera. En las playas estaba prohibido que los hombres pasaran a la parte reservada a las señoras. Las americanas escamotean esta ley pasando ellas a la parte de los hombres. Tal vez alguna mallorquina exaltada las imita. El barrio antiguo no se entera.” Mort de Dama (Muerte de dama). Llorenç Villalonga

Con estas palabras el genial autor Llorenç Villalonga nos describe en dos pinceladas el cosmopolita barrio del Terreno frente al inmóvil y conservador casco antiguo. Es la convivencia o mejor dicho, la tolerancia o la ignorancia mutua entre lo tradicional, lo religioso, los casales con patios señoriales y calles estrechas, el barrio que rodeaba la majestuosa Catedral. Frente a él, lo moderno, lo extranjero, lo ateo, anglicano o luterano, las casas coloniales con amplios jardines en calles también estrechas, el barrio que rodeaba el majestuoso bosque del Castillo de Bellver y que tenía todos sus balcones y ventanas frente al mar.

La excursión que os comento hoy la empezamos en un rincón de este barrio, muy cerca del mar, se trata de un lugar llamado Nazaret. Es una residencia-colegio para niños que han pasado por algún motivo por servicios sociales. En este edificio hay además un impresionante jardín y un huerto justo encima del paseo marítimo a unos metros del mar. Las fotografías que acompañan este post son de estos jardines. Hasta hace unos días no se podían visitar, si querías ir se tenía que pedir permiso para ello. Hace poquísimo que ha aparecido en prensa que los jardines de Nazaret se abrirían al público, con un horario concreto, eso sí. Desde aquí recomiendo a todos los amantes del mundo y a los propios mallorquines que nunca los han visitado, que vayan a visitarlos, porque son una auténtica gozada.

El edificio de Nazaret, de finales del XVIII es una antigua construcción que perteneció al Cardenal Antonio Despuig i Dameto. Los jardines están en su parte frontal, en forma de bancales. Por el lado de delante dan sobre el Paseo Marítimo y por la parte de la derecha sobre una ensenada con barcas denominada Can Barbará.

Al salir de Nazaret hicimos un breve recorrido por una parte del barrio que lo rodea, El Terreno.  En el vimos desde lejos una entrada solitaria sobre la cual hay esculpido un escudo. Se trata de la primera villa que se construyó en dicho lugar, era el año 1777 y perteneció al artista Cristòfol Vilella.  Este barrio está justo debajo del bosque de Bellver y esa  fue la causa por la cual no se urbanizó antes. El Ministerio de Guerra no permitía la edificación tan cerca de un castillo de defensa que custodiaba el puerto. Este, fue el motivo por el cual cuando se inició el proceso de edificación en 1805 y las posteriores urbanizaciones, todas sus casa fueran de poca altura y permitían una perfecta visión del puerto desde cualquier lugar.

Cuando uno tiene la oportunidad de ver alguna postal antigua de este sitio, antes de que empezara su plena urbanización, llama la atención un gran espacio vacío, pero vacío de verdad, sin casa y sin árboles. Eso es debido a una peste que asoló Palma en el 1821. Como ha ocurrido siempre durante la historia en estos casos, una gran parte de la población busca refugio fuera de sus murallas y se establecieron en campamentos construyendo barracas de madera cortando los pinos del bosque de Bellver. Fue tan extrema esa tala que causó una deforestación que estuvo presente durante largo tiempo quedando constancia de ello en las viejas albúminas de la época.  Unos años más tarde, el 1835 hubo un nuevo éxodo de palmesanos, esta vez lo provocó el terremoto que destruyó la fachada principal de la Catedral. Muchos habitantes buscaron refugio nuevamente en las antiguas  barracas que aún estaban en pie.

La Sociedad Económica Mallorquina de Amigos del País intentó urbanizar la zona en el 1835, pero el proyecto no prosperó. En el decenio de 1850 Joan Robert, propietario de la finca el Terreno, parceló la posesión. El 1859 el ministerio de Guerra dio al fin permiso para edificar y vendió parte del bosque de Bellver. Ello provocó la progresiva urbanización sobre todo como zona de veraneo y ocio atrayendo inicialmente a la acaudalada burguesía palmesana. Mucha de esa burguesía adinerada había hecho fortuna en las américas, por eso muchas de esa edificaciones tenían un estilo neocolonial muy indiano.

Al principio de este post os hablaba de la profesora jubilada inglesa, la señora bohemia que desagradaba a mi madre pero que me conquistaba a mí. Fue en el decenio de 1920 cuando se empezó a establecer allí una significativa colonia extranjera, mayoritariamente ingleses. Entre 1930 y 1936 se incrementa la presencia de residentes extranjeros. Son los que aparecen reflejados en la obra de Villalonga, los que escandalizaban a la Palma tradicional del barrio antigua, aquella que convivía con las damas, las beatas y los señores que simplemente los ignoraban. Entre los años veinte y treinta, se convirtió en zona de ocio y vida nocturna, fue la época de Tito’s y todos los antros de baile y desenfreno con mujeres de estética muy americana y hombres vestidos a lo Rock Hudson.

A mediados de esta década, el estallido de la Guerra Civil supuso el freno momentáneo de esta venida de extranjeros. También supuso que muchos burgueses que usaban las casas como lugar de veraneo, trasladaron allí su residencia habitual al huir de los bombardeos republicanos que estallaban sobre la vecina ciudad.

Más tarde, el periodo comprendido entre 1950 y 1962 supuso el boom turístico y todo boom turístico implica hoteles, tiendas y bares. Desde 1960 se concentraron un gran número de salas de fiesta, aunque a partir de 1980 empezó a entrar en decadencia. Hoy en día ha perdido gran parte de ese encanto inicial, muchas de esas impresionantes villas han sido sustituidas por bloques de pisos, no demasiado altos eso sí, o bien están engullidas entre ellos y quedan escondidas tras la grandes construcciones de la primera línea del Paseo Marítimo. Pese a todo pasear por sus calles y descubrir los edificios coloniales es una auténtica gozada. Si alguna vez paseáis por allí os recomiendo que veáis el exterior de la Villa Shembri, una casa señorial de principios del siglo XX, atribuida al arquitecto Gaspar Bennàssar. Destaca su torreta de planta octogonal ubicada en un lateral del edificio y que actualmente ha perdido parte de su espectacularidad inicial al haber construido al lado de esta una finca de pisos. En su época esta torreta destacaba sobre toda la línea de edificios de El Terreno y era uno de los edificios más destacados del skyline de la antigua Palma.  También no os podéis perder el hostal Corona de 1908, también llamado Can Quetglas. Era una vivienda unifamiliar realizada por Francesc Roca, ahora se dedica como su nombre indica, a la hostelería. Nosotros llegamos cuando estaba cerrado al público y pedimos si podíamos entrar para fotografiarlo. Como en la época de los extranjeros artistas y bohemios, sus puertas se nos abrieron “podéis subir y hacer las fotos que queráis” y vaya sí que hicimos fotos, creo que no dejé ni un ladrillo que inmortalizar, ni un centímetro de su hierro forjado con motivos geométricos y vegetales, ni tampoco de su pinturas y lámparas modernistas que aún conserva, una auténtica gozada.  Os dejo pues con algunas de las fotos de este pintoresco paseo, de esta ruta escondida que está a disposición de todos aquellos que deseen pasear tranquilamente, disfrutar y trasladarse por unas horas a otra época, cuando el tiempo no contaba y la vida se disfrutaba sin más.

 

Anuncios

4 comentarios to “Descubriendo Palma: Nazaret y el barrio de El Terreno”

  1. Ernest 3 de abril de 2014 a 4:43 pm #

    Precioso el barrio, sin duda una visita muy recomendable. No me interesan mucho las vacaciones de sol y playa, me gustan las excursiones, caminar mucho, ver y aprender (y comer). Muy buena la lección de historia.
    Saludos.

    • Laura 3 de abril de 2014 a 9:11 pm #

      Gracias Ernest, me alegra que te haya gustado. Si un día te pasas por Mallorca dímelo y te informeré de un par de sitios para comer, jajajaja, que eso siempre es más agradable que quemarse en la playa.
      Si todo va bien os iré poniendo de tanto en tanto algunos rinconcitos más, eso que no salen en los folletos de viajes pero que deberían.
      Hasta pronto.

  2. Mo 8 de abril de 2014 a 6:29 pm #

    He visitado Mallorca varias veces y desde luego hay muchísimos rincones por descubrir. Tendré en cuenta tus recomendaciones 🙂
    Y aparte de eso también soy de sol y playa, jejejeje…
    Muas!

    • Laura 8 de abril de 2014 a 10:28 pm #

      Bueno… el mar estaba cerca, pero el puerto es más recomendable para amarrar barcos que no para nadar personas. Hace cincuenta años aún, pero hoy en día no lo recomiendo, aunque tengo que reconocer que al lado de otros puertos que he visto el de aquí tiene las aguas bastante limpias en comparación. Un día de estos comentaré alguna playa y otros rinconcitos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Cocina sana con Ernest Subirana

Blog de cocina donde encontraréis recetas y recomendaciones para una vida saludable

Circus day

De azul a verde

El rincón de Mixka

Bimadre, pero eterna primeriza, trabajadora, estudiante de educación infantil. Formándome como asesora de lactancia. ¿Me acompañas?

Diario de Algo Especial

Día a día de las Genovevas

CUESTIÓN DE MADRES

El blog de las madres, para las madres. ¡La maternidad compartida!

Mi vida desde hoy

De azul a verde

Chetelocucinoafare!

Pappa per tutti

A sangre y hierro

"Hasta en una declaración de guerra deben observarse las reglas de urbanidad." Otto von Bismarck

Mi cocina para ti

De azul a verde

Decoesfera

De azul a verde

DecoraDecora

De azul a verde

x4duros.com

De azul a verde

webos fritos

Las recetas que siempre salen. Con las mejores fotografías.

Mis OvoMellizos

De azul a verde

Maternidad halal

De azul a verde

Mi mamá me mima

De azul a verde

Educando a cuatro

De azul a verde

Una terapeuta temprana

De azul a verde

B aprende en casa

De azul a verde

trestrillistigres +2

De azul a verde

Para mi peque con amor

De azul a verde

A %d blogueros les gusta esto: