Conservas de champiñones, según la receta de la bisabuela de Tsunami

22 Ene

Esta entrada es un poco especial. No por lo difícil o exótico que sea la receta, sino por la persona de la que procede. Cuando Tsunami nació tenía dos bisabuelas y cuatro abuelos. Ahora sólo tiene una bisabuela y tres abuelos. Dos se nos fueron relativamente poco después de nacer el peque.

La persona de la que os hablaré hoy es la madre de la abu Mari. La bisabuela Dolors era una persona de ojos cansados y cara saludable, animada y espontánea. Era una mujer grande,  muy alta para la edad que tenía, a mí me sacaba unos palmos… o eso me parece recordar. Sólo la vi una vez, en una ocasión en que fuimos a Lleida y comimos en casa de los tíos. La abuela vivía con ellos.

Desde que conocí a R. todo el mundo me decía que Lleida era una ciudad con abundante niebla y poco sol. Sin embargo, ese día Lleida estaba radiante, con un sol precioso. Mi pareja y yo visitamos la Seu Vella y paseamos por su claustro, me cautivó. También subimos al campanario. Era un día de Todos los Santos, mucho antes de que naciera Tsunami. La campana empezó a sonar cuando pasábamos por allí. Subir ese día al campanario casi a las doce no es una buena idea, es bonito verlo pero ensordecedor escucharlo sobre todo empiezan a avisar de que sonaran las campanas unos quince minutos antes.  Luego contemplamos toda la ciudad. R. me indicaba los edificios y me iba contando sus historias: “allí se casaron mis padres”, “allí vivían mis abuelos”, “allí vivíamos nosotros”, “allí estudié yo”… Después de conocer toda la ciudad (desde el aire), nos tomamos unos refrescos y unas patatillas con la hermana de R., cerca de la muralla. Se acercaba el mediodía y bajamos en coche hacia la casa de los tíos de mi pareja. Allí conocí a la abuela Dolors.

La reunión fue encantadora, la recuerdo con nostalgia. Me hizo mucha gracia que tuvieran el mismo sofá que en casa pero en otro color. La prima no estaba ese día, había ido a una Comic-con en Barcelona. Los tíos eran encantadores, me lo pasé pipa con la charla de la comida, parecía que los hubiera conocido de toda la vida, son ese tipo de personas que te hacen sentir realmente como en casa. Ese día la tía había hecho un pollo relleno buenísimo, el carnicero se lo había deshuesado y ella lo había rellenado y cocinado. Era la primera vez que rellenaba un pollo y nos contó las batallitas que tuvo con el susodicho cadáver avícola para su relleno y cocción. Cuando había recogido el pollo a la salida del trabajo el carnicero le dijo que le había puesto la cuerda por si no tenía en casa y al principio la tía no sabía para que iba a necesitar la cuerda… después de conseguir rellenarlo lo adivinó y vino la siguiente fase: como se enrolla un pollo en tres improvisados intentos. Las labores culinarias, aunque puede que no muy ortodoxas, tuvieron unos resultados de rechupete.

Ese día ha sido la única vez que he oído a la abu Mari hablar más de una frase seguida en catalán… y tengo que confesar que el lleidatà es muy, muy, muy parecido al mallorquín… sólo que no salan. Eso me sorprendió también mucho. Después de comer nos hicimos unas fotos con la abuela Dolors y ésta nos llevó luego a su cuarto y me enseñó un montón de fotos la mayoría en blanco y negro y sepia. Eran las fotos familiares de cuando ella era joven y su marido era un apuesto mozo aún más alto que ella. También tenía un montón de fotos tanto sueltas como enmarcadas de un gran surtido de nietos, eso sí, esas fotos eran mayoritariamente en colores. Nos enseñó fotos de seres queridos que aún estaban con nosotros y otras de otros que ya no nos acompañaban y se le notaba en la voz cuando esto era así. Ese día descubrí que el hermano de R. era clavadito al marido de la abuela Dolors, y que la hermana de R. era clavadita a Mari de joven. Pese a todas las fotos que me han enseñado ambas abuelas de mi pareja y su madre, sigo sin saber a quién se parece mi churri.  Ese día el tío nos enseñó en el ordenador las fotos de su Harley violeta y de los paseos que se hacía con la tía. Fue una velada muy chula y al final cuando bajamos hacia la casa de los padres de R., nos paramos en Cervera y acabamos el día paseando de noche por una población parada en el tiempo, hace muchos, muchos años, con calles medievales que recuerdan a brujería y a las andanzas juveniles del astuto rey Fernando al que Maquiavelo le dedicaría un libro años más tarde.

Pero ese día en Lleida, además del estupendo pollo relleno que la tía consiguió “domar” la tarde anterior, hubo un plato que me gustó muchísimo. Era un plato muy sencillo, pero no por ello menos delicioso. Ese humilde y suculento plato era una conserva de champiñones. La abuela Dolors había ejercido durante muchos años como cocinera en Barcelona y estoy segura que debía ser una cocinera excelente a juzgar por lo deliciosa que estaba esa conserva.  Tsunami cuando tenía cuatro meses fue con la abu Mari a Lleida una tarde para conocer a su bisabuela, R. y yo no estábamos ese día. Hicieron unas fotos de ella con el peque en brazos, iba con una bata casera y estaba un poco más viejecita que cuando la conocí. También le hicieron una foto al peque sobre la Harley del tío, sin el casco y con la abuela Mari al lado que aunque aventurero, nuestro pequeño tan sólo tenía cuatro meses.

La primera vez que fui a Lleida la bisabuela Dolors me dio la receta de los champiñones que tanto me gustaron. Hace unos años los hice y resultaron deliciosos, pero desde entonces no los había vuelto a hacer. La semana pasada inauguraron un Lidl relativamente cerca de casa y entre otras ofertas puntuales tenían unas bandejas de champiñones con una pintaza y a un precio escandalosamente bajo. Mi pareja trajo unas bandejas y volaron literalmente. Luego fui yo y traje cuatro bandejas para hacer unas cuantas conservas de las de la bisabuela Dolors. Por eso os digo que esta entrada es algo especial, es la única receta que tengo de la bisabuela de Tsunami, una mujer muy alta, que le tocó vivir una época difícil y tuvo que dejar a sus hijos con unos tíos para ir a trabajar a la gran capital. Una mujer que años más tarde sería la que cuidaría a sus nietos cuando sus hijos en verano los enviaban a estar unos meses con los abuelos de Lleida. Una mujer muy especial además de excelente cocinera, la madre de Mari, la abuela de R. y la bisabuela de Tsunami. Va por ti abuela Dolors, con cariño de una “nieta” a la que sólo conociste un día.

Ingredientes:

Champiñones frescos y hermosos.

Perejil, también fresco y hermoso.

Ajo.

Sal.

Aceite virgen de oliva (vale la pena que sea virgen de oliva, os lo aseguro)

Vinagre.

Preparación:  

Es muy sencillo. Se limpian los champiñones y se les da un hervor para que se ablanden un poco. Se escurren bien y luego se cortan.

Se van colocando en un bote (los esterilice antes hirviéndolos) primero una capa de champiñones, un poco de sal,  luego perejil picado pequeñito y ajo también picado pequeñito. Después otra capa de champiñones, un poco de sal, más perejil y más ajo. Al final se pone una de perejil y ajo. Luego rellenaremos el bote con vinagre y aceite más o menos a partes iguales, un chorro de cada.

Después sólo tienes que tenerlas guardadas un tiempo suficiente para que maceren y estén en su punto.  Eso si no acabáis abriéndolas antes, pero os aconsejo esperar al menos unas semanas. Pero la pregunta es ¿Cómo se sirven? Pues como aperitivo, para acompañar a un pan con aceite y tomate y embutidos o bien para acompañar un plato de carne.  Espero que os guste la receta de hoy y como dirían también en Lleida, bon profit.

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2 comentarios to “Conservas de champiñones, según la receta de la bisabuela de Tsunami”

  1. Mo 23 de enero de 2014 a 10:47 am #

    Estoy salivando! Tienen que estar espectaculares!! (yo soy muy de “bolets”, jajajaja!).
    Hace unos añitos hice el mismo recorrido por Lleida, también en un día claro y luminoso…me gustó mucho.
    Y es un placer disfrutar de la compañía de nuestros mayores, de todo lo que hay por aprender y compartir…
    Un besote!

    • Laura 23 de enero de 2014 a 12:53 pm #

      Pues podemos juntarnos, porque a mi pareja y a mí nos chiflan los bolets. Espera a salivar un poco, porque en la foto estaban recien hecho, tan sólo tenían unos minutos de vida y para que estén en su punto tienen que macerar un poco. Me estoy planteando si aprovecho ahora esta oferta y puesto que tengo botes en casa me pongo a empotar unos cuantos más, porque al final tan sólo me salieron cuatro botes. El problema que tienen los champiñones es que con la hervidita menguan, snif, snif.
      Yo sólo he estado esa vez en Lleida, nunca había ido y me gustó mucho. Mi pareja me dice que cuando está toda cubierta de niebla un día si y el otro también sobre todo en invierno, deprime un poco. Pero la ciudad y sobre todo la Seu Vella debía ser algo digno de ver cuando aún estaba entera y no la habían destruido, porque así como está ahora es alucinante.
      La familia de Lleida también es la única vez que he estado con ellos, pero me trataron a cuerpo de rey y me sentí muy a gusto con ellos. Imaginaté lo bien que me sentí que aún después de todos estos años recuerdo prefectamente aquella visita.
      Un beso y a por los boletus.

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