Rosaris ensucrats: gastronomía infantil para la fiesta de Todos los Santos

4 Nov

Hace unos años vi por la tele un reportaje sobre Stonehenge en el cual tenían la hipótesis de que era un lugar de culto a los muertos, mientras que una serie de kilómetros de allí había restos de otros círculos pero de madera, de los que solo se conservan los huecos en la tierra, donde se especulaba que allí se realizaba un culto a la vida. Comentaban la posibilidad de finalizar esas celebraciones con una gran fiesta comunitaria donde entre otras cosas no faltaba la comida y la bebida. También referenciaban que el culto a los muertos tendría lugar en el solsticio de invierno y el de la vida en el de verano.  Es sabido que los pueblos celtas realizaban cultos a los muertos coincidiendo más o menos con estas fechas. Ese día los espíritus de los ancestros entraban al mundo de los vivos y se les honraba con comida. Los romanos también tuvieron sus ceremonias relacionadas con el mundo de Hades y a bien probable todas estas ceremonias ancestrales son las que propiciaron que con el cristianismo se disfrazaran estos ritos paganos y se adaptaran al nuevo culto. De esta forma surgió la festividad de San Juan en el solsticio de verano y el día de Todos los Santos para la celebración del culto a los muertos, aunque no coincida con el solsticio invernal.

Como en las anteriores culturas, el día de Todos los Santos o de los Fieles Difuntos, está unido a una tradición gastronómica muy rica y variada a lo largo de todos los países católicos. Aquí, en Mallorca, hay varios platos, pero si por algo se destaca culinariamente estas fechas, es sobre todo por los “rosaris ensucrats” o rosarios azucarados que los padrinos solían regalar a sus ahijados en estas fechas.

En internet he encontrado varias webs que referencian el origen medieval de esta costumbre, pero he encontrado una entrada de una biblioteca que me ha gustado y que da otra versión posiblemente más veraz, así que paso a traduciros el texto

¿Cómo surgió la tradición de hacer los “rosaris” para la fiesta de Todos los Santos?

Cuentan que cuando se acercaba la fiesta de Todos los Santos y de los difuntos, un señor de casa rica fue a Can Frasquet (una pastelería de antigua tradición y gran renombre situada en el centro de Palma) e hizo hacer un encargo muy especial: un rosario como los que se llevaban para ir a misa, pero hecho de frutas escarchadas, panellets, bombones… hilvanado en una cuerdecita y que la final tuviera una “patena” de calabaza decorada con una estampita de las que en esa época se hacían de santos o de un ángel. ¡Evidentemente la medida real fue considerable y seguramente debía de pesar bastante! Así que, el señor en cuestión debía tener el capricho de una vez pasado el rosario en casa (rezar), se debía hacer una fiesta familiar de degustación de esa deliciosa combinación de los mejores dulces que se acostumbraban a consumir en esas fechas. Seguramente llamó la atención de la selecta clientela del establecimiento y con el transcurso del tiempo, año tras año, los encargos fueron aumentando y el propietario decidió incorporar el “Rosari” a la lista de especialidades de su establecimiento. De esta forma se convirtió en una tradición y aún hoy en día se suelen regalar a los niños y niñas como obsequio de sus padrinos.

Fuente: Biblioteca CP Badies

Los padrinos, según la iglesia católica son esas figuras que eligen los padres para que apadrinen al niño en el bautizo. Es decir, su función es dar a conocer y guiar a los ahijados en los preceptos de la religión. Pero también, al menos en Mallorca,  actuarían de padres o tutores de estos en el caso del fallecimiento de uno de los progenitores. Así que es una figura muy importante, sobre todo en épocas anteriores donde la mortandad era tan elevada. Normalmente, en Mallorca, esta responsabilidad recaía en algún miembro familiar o amigo muy íntimo de los padres. Generalmente alguien joven o relativamente joven, ya que su misión era cuidar al pequeño si ocurría algo, así que no solían ser gente mayor o los abuelos. Los padrinos desde el comienzo empezaban a tener cierto tipo de relaciones con sus ahijados que correspondían a ciertos convencionalismos sociales, tales como felicitaciones o pequeños detalles, muchos de ellos del tipo gastronómico relacionados con ciertas fiestas anuales, como el que os contamos hoy.

Cuando en Mallorca se acercaba la fecha de Todos los Santos era cuando el Teatro Principal reponía, otro año más, la obra de Don Juan Tenorio. Era el momento en que las floristas de las Ramblas y los puestos de flores de los mercados, se llenaban de crisantemos blancos. Era el momento en que todos iban a limpiar las tumbas en los cementerios, a encender cirios por los difuntos y a rezar por sus almas. Ese día el cementerio se llenaba de gente y de ramos de flores de diverso tamaño delante de cada tumba, dependiendo de las posibilidades económicas de todas las familias, pero todas tenían al menos uno.

En esas fechas los niños recibíamos de parte de nuestro padrino un presente muy esperado, los rosaris ensucrats (rosarios azucarados). Normalmente el presente lo realizaba el padrí de fonts o padrí jove (padrino de bautizo) pero algunas veces quienes lo regalaban eran los otros padrins (los abuelos, ya que los dos nombres se escriben igual, se diferencian en que unos son los padrins vells, padrinos viejos y los otros son los joves o de fonts, jóvenes o de fuentes en relación a la fuente bautismal)

En nuestra casa quien nos obsequiaba a mí y a mis primos con los rosaris era mi abuelo materno. Cada año nos traía un enfiloll (colgante) largo del que se enganchaban panellets, bombones, dulces y encarabassats envueltos en vistosos trozos de papel celofán transparente. Recuerdo los de color rojo, verde, azul y transparente. Los colores seguían la serie que hay en los rosarios de misa. Los niños los llevábamos al cuello y luego los colgábamos en casa intentando quitar todos los trozos que podíamos para comerlos mientras mi madre y mi tía se dedicaban a racionalizar las pesquisas para que no nos empacháramos de una sola toma. El rosari también tenía una enorme pieza de fruta confitada redonda que colgaba, era la llamada patena. Recuerdo que cuando era niña esas patenas tenían enganchadas unas figuritas aunque originalmente eran estampitas de santos o santas. Las figuritas eran unas impresiones en papel pequeñas que usábamos las niñas para jugar precisamente a eso, a figuritas. Las colocábamos boca abajo y dábamos un golpe sobre ellas con la mano y la levantábamos enseguida. Todas las que se giraban eran nuestras. Se vendían antiguamente en las papelerías en unas hojas que las separabas y había series, parejas o dibujos sueltos. Las figuritas de las patenas de los rosarios de mi abuelo Jaume tenían siempre dibujitos de angelitos tipo querubín y yo las guardaba y coleccionaba en una caja de puros que él me había dado. Tengo que confesar que no tengo ni idea de donde están esas figuritas ni esa caja. Quizás un día trasteando por el sótano las encuentre, me encantaría poder volver a tocarlas, extenderlas en el suelo y volver a mirarlas como cuando era niña.

Ahora las costumbres han cambiado algo. Ahora nos ha venido de otros lares las costumbres de las fiestas, de los disfraces, de decorar las casas con calabazas y de pedir chuches. Mis hijos, salvo la fiesta del cole de Terremoto, no hacen eso. Pero una cosa que desde hace dos años mi padre volvió a restaurar en casa fue la costumbre de los rosarios. Así que se puede decir que hemos mezclado un poco las antiguas costumbre con los rosaris, con las nuevas de la calabaza y el truco o trato. Salvo que en nuestro caso las golosinas vienen todas de golpe, enfiladas y en el caso de mi padre, dentro de un papel de regalo con lazo y todo.

Actualmente la confección de los rosaris también ha cambiado. Ya no son tan abundantes los panellets y sí más las chuches, sobre todo las tipos nubes o malvaviscos o las gominolas. En las escoletas es habitual que los peques confeccionen sus propios rosarios con cuerda de plástico y ensartando nubes, gominolas y trozos de regaliz ensartando la cuerda por su agujero. Las patenas se han sustituido por monedas de chocolate y las figuritas… pues supongo que deben ser dibujos de los pokemons o de bola de dragón o vaya usted a saber el que nos tocará este año. Mi padre sabe que no estoy muy a favor de las chuches, así que el rosario que recibimos en casa es de los formados por bombones, más que por chuches. Al menos en eso soy más cabezona que él y he conseguido que siga con mi política de anti-golosinas-hiper-azucaradas y se decante por el chocolate que siempre es más sano (al menos desde mi punto de vista).

Hacer un rosari no es difícil, tan sólo hay que tener un cordel de algodón de los que se usan en cocina y una aguja gruesa, además de dulces, fruta escarchada, panellets, galletas o bombones. Si te lo quieres currar un poco más hay que tener un surtido de hojas de papel celofán de colorines para ir envolviéndolos y disponer de una patena o en su defecto de una moneda de chocolate lo más gorda posible. Luego sólo es cuestión de un buen dedal y de mucha paciencia, porque para ensartar todas las cosas hay que ir con cuidado y uno acaba con el dedo hecho un churro de tanto empujar.

Sé que esta es nuestra costumbre para estas fechas y que en muchos lugares se tienen diferentes dulces y diferentes costumbres, así que espero que os haya gustado nuestra forma de dulcificar la festividad de Todos los Santos.

También se me ocurre que el hacer en cualquier época del año y sin necesidad de una patena algo parecido a los rosarios, podría ser una actividad divertida con vuestros peques a la par que un divertido recuerdo de fiesta de cumples, en lugar de salir todos con el cucurucho de chuches, saldrían con el collar de golosinas, jajaja.

Espero que os haya gustado esta curiosa tradición de esta pequeña islita perdida en un lugar llamado el mundo.

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7 comentarios to “Rosaris ensucrats: gastronomía infantil para la fiesta de Todos los Santos”

  1. Andreu Castanyer 5 de noviembre de 2013 a 8:46 am #

    El meu germà, com a padri jove de na Margalida, cada any duu el rosari corresponent i dels clàsics!!!! amb fruita confitada 😉

    • Laura 5 de noviembre de 2013 a 10:02 am #

      I també duu la figurita? Segur que als pobles ho mentenen millor que a Ciutat. Una besada Andreu i esper veure aviat a la familia.

  2. Aran 5 de noviembre de 2013 a 10:09 am #

    pues sí que tiene trabajazo ensartar todas las chuches pero seguro los peques se vuelven locos al verlo! exitazo! 😉

    • Laura 5 de noviembre de 2013 a 11:10 am #

      Jajaja, si se pudieran hacer con la máquina de coser se sacarían como churros. Pues no, ni con la tricotosa ni con la máquina de coser ni con la remachadora. Estos dulces requieren triple técnica artesana, hacer los dulces, cortar el papel para envolverlos y luego aleeee, dale que te pego cruzandolos con el hilo y emparejandolos. Si tienes una buena aguja de esas de coser tapices y un buen dedal y un hilo en condiciones no es tan agotador si sólo tienes que hacer unos pocos. Lo bueno que tiene es que no es imprescindible comerlo enseguida y así en unos días puedes tener un lote entero. Si para ello se emplean las chuches al ser más blanditas es más fácil atravesarlas, pero yo prefiero algo con menos azucar inservible. El año pasado mi padre consiguió que le hicieran dos exclusivamente de bombones. En estos casos hay que vigilar que ninguno esté relleno de licor, que siempre puedes encontrarte algún gazapo y maldita la gracia que les hace a los crios si pillan un bombon con licor de cereza por ejemplo.
      No se si para terapia puede ser interesante, pero el hecho de coger estas agujas que no tienen punta que pincha e ir ensartandolos es una buena forma de trabajar la psicomotricidad fina y un buen incentivo para concentrarse, jajaja.
      Gracias por pasarte Aran, hasta otra y ya nos contarás si alguna vez usas algo por el estilo con los peques. Un beso.

  3. Mo 6 de noviembre de 2013 a 1:01 pm #

    Estoy contigo, mejor un buen cacho de chocolate (cuanto más negro, más sano) que unas chuches!! Me parece una costumbre estupenda, sólo hay que ver la cara de felicidad de tu niño, jajajaja!
    Petons!

    • Laura 6 de noviembre de 2013 a 3:34 pm #

      La primera que cayo fue la de plátano, porque según él es su favorita y no se las suelo dar. Seguidamente cambió de opinión, se había equivocado. Su favorita era otra. Jajajaja, menudo pilluelo. Le dije que podía tomarse otra pero tenía que dejar las demás para los siguientes dias.
      Nota: A Mallorca donam besades. 🙂

      • Mo 12 de noviembre de 2013 a 12:32 pm #

        Doncs besades! 😀

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