La importancia de decir papá.

4 Jul

Hoy voy a ser mala. Muy mala. Casi maquiavélica. Hoy vais a conocer una faceta perversa de mi vida, algo que muy pocos conocen.

No sé si será porque mis cachorritos se llevan diez años  y medio de diferencia. No sé si será porque la experiencia es un grado y lo cierto es que con el master al que nos llevó la crianza de Terremoto acumulé una cantidad de experiencia para parar no un tren o un comboy, nooo, sino una estación interespacial internacional de esas que salen en las pelis de ciencia ficción que van a toda ostia por el espacio sideral. No sé si será porque cuando una es pardilla y primeriza, es que realmente es pardilla y primeriza. No se si será porque con la experiencia el orgullo pasa a segundo plano y hay cosas que valoras más que otras, como el ser prácticos. Vamos, que no se muy bien porque fue, pero lo cierto es que la crianza de mis dos cachorritos distó mucho una de otra.

Recuerdo que cuando Terremoto era pequeñajo me pasé mucho tiempo diciéndole “di mamá, di mamá” evidentemente, también le decía di papá, pero no nos engañemos, cuando él pater Terremoto no estaba presente eso de di mamá era más vociferado. No sólo se lo decía yo, también mi madre, que en esas cosas era muy puntillosa y muy tiquismiquis. Insistía en que el niño tenía que decir antes mamá que papá. Para ella era como si parte de su orgullo como abuela estuviera en juego y eso de que su único nieto pudiera referirse antes a la familia política que a la suya era algo así como una aberración albigense en plena sede papal.

Mi madre me contaba que yo a los cinco meses dije papá y mamá y que luego no quise volver a decir ni mu hasta que tuve ocho meses. No recuerdo muy bien si mi primera palabra fue papá o mamá, pero estaba visto que se había empeñado en que la primera palabra de Terremoto tenía que ser mamá.

Pues bien, la primera palabra de Terremoto no fue ni papá ni mamá, fue “cinta métrica” allí queda eso. Era en verano y estábamos tranquilos a la fresca. Hablábamos de colocar en el cuarto de Terremoto algún mueblecito para poder tener la ropita y cuatro cosas que se necesitaban. Entonces alguien dijo si un mueblecito que estábamos mirando en un catálogo de esos que dejan de publicidad podría ir bien No sé si fui yo o mi madre que sugerimos coger una cinta métrica para ver si entraba bien. Entonces, Terremoto, con voz bien firme y clara y ante la sorpresa de todo el mundo pronunció claramente esa palabra que seguramente era la primera vez que oía pronunciar en su corta vida “cinta métrica”. La sorpresa general fue mayúscula y creo que un poco más tarde el orgullo de abuela quedó algo tocado. Eso que de su primera palabra no fueran para la madre que lo parió ni para el padre que lo engendró fue un inesperado golpe bajo algo complicado de digerir. Sobre todo porque tampoco iban dirigidos a ningún miembro de la familia, sino que iban referidos a un objeto más relacionado con el ramo de la construcción o como mucho de la decoración. Si alguien se ha quedado con las ganas de saber si la primera palabra de Terremoto después de esta fue papá o mamá, pues sinceramente, no me acuerdo. Supongo que debió de ser mamá, porque mi madre emprendió luego una campaña de acoso y derribo cual cruzada medieval con el nene machacándolo a mamás que imagino debió dar su fruto.

Aparte el hecho de que dijera antes una u otra, lo que sí puedo asegurar es que Terremoto entendió perfectamente el significado de la palabra mamá y la ha usado, y usado, y usado hasta gastarla, erosionarla y volver a refundirla y fabricarla un montón de veces. Si alguien me tuviera que dar un céntimo por cada diez veces que se ha pronunciado esta palabra en casa, os aseguro que sería muchimillonaria y mi fortuna se elevaría hasta alcanzar niveles astronómicos en la lista esa Forbes de los millonetis. Pero por desgracia, el céntimo no ha venido, lo único que han venido detrás de los innumerables mamás que ha habido en mi vida han sido peticiones, rabietas, preguntas, dudas, más preguntas, algunas rabietas más, frustraciones, retos, más peticiones… vamos, rutinas. Que si es de noche y hay pesadillas…. Mamaaaaaaaaaaa. Que si es de noche y tengo sed…. Mamaaaaa…… Que si estoy aburrido en casa y quiero salir….. Mamaaaaaaa…….. Que si es la hora de cenar y aún no está la comida lista…. Mamaaaaaaaaa…. Vamos, lo que os decía, rutinas, simples rutinas.

No es que me queje de esas rutinas, forman parte de la vida. Pero de lo que sí me quejaba era de porque no llamaba también alguna vez a su padre para que fuera él que le llevara el vaso de agua, lo llevara al baño, le lavara las manos, le calentara la cena en el microondas, se lo llevara al parque o hiciera algo con el peque. El pater de Terremoto muchas veces se excusaba con la cantinela de “el niño te está llamando a ti, no a mí, así que ve a ver” y con esta cantinela se libraba. Muchas veces pensé que eso de que el niño hubiera dicho en segundo lugar la palabra mamá no era el chollo tan chollo que parecía al principio.

Antes de tener a Tsunami una amiga mía quedó embarazada de mellizas. Esta chica tenía dos niños más mayores de su primer matrimonio y me sorprendió muchísimo porque también se empeño en que las peques dijeran antes mamá que papá, le hacía mucha ilusión. Pero claro, luego se quejaba de que en casa todo quisqui lo primero que gritaba cuando había algún problema, dificultad, necesidad, obstáculo o duda era la palabra mamá y ella no daba abasto y estaba hasta el moño. Recuerdo que una vez toda contenta y emocionada comentó “¡Al fin!, las niñas han aprendido a decir papá y esta noche le han llamado a él. Así que yo le he dicho al pater: cariño tus nenas te llaman, te toca ir a ver lo que quieren. Estoy contentísima con ello, espero que sigan llamando a su papá y se olviden un poco de mí para tener algún respiro que no puedo hacer nunca nada con tanto crío solicitándome”

Así que cuando nació Tsunami, aparte de que mi madre estaba muy mal y murió cuando el peque tenía sólo dos meses, decidí que esa necesidad tan narcisista y egocéntrica de que el retoño pronunciara por primera vez el nombre de la progenitora, no era una necesidad realmente prioritaria. Es más, nunca le he dicho a Tsunami “di mamá” ¿para qué?, teniendo en cuenta que Terremoto dice mamá trecientas mil veces al día y lo repite constantemente y se refiere a mí sin ninguna duda. No creo que Tsunami tuviera la menos sospecha de que una mamá pudiera ser una coliflor, una verdura, un gel de baño o una muñeca. Estaba claro que esa persona que se movía en su mundo era mamá aunque yo no se lo indicara. Así que lo que hice fue decirle “di papá” y dejarle bien claro quien era papá.

Para sorpresa de la familia, Tsunami siguió los pasos de su hermano y su primera palabra no fue precisamente ni papá ni mamá. Era por Navidad y estábamos en casa. El peque estaba sentado en su hamaquita. En la tele habían puesto la peli de “El señor de los Anillos” la de “La Comunidad del Anillo” y al principio de esta hay un monólogo de Galadriel en la que cuenta la historia del anillo único. En un momento de ese monologo cuenta como el anillo fue forjado por Sauron y de repente, de forma clara, fuerte, firme y concisa nuestro Tsunami dijo todo decidido “Sauron”… así que no sé muy bien que pensar de ello y si eso ha tenido algo que ver en que actualmente sea un firme seguidor de El hobbit, Gandalf y todo el mundo de Tolkien. Lo único que puedo confirmar sin ninguna duda es que Sauron no es papá.

Mis maquiavélicas maquinaciones han dado sus frutos. Evidentemente, Tsunami sabe decir mamá y sabe quien es, eso se lo dejó muy claro su hermano. Pero se ha acostumbrado a decir más veces papá que mamá. En casa también tenemos un problemilla. Pese a todo Terremoto necesita de una atención que normalmente otro niño de su edad no necesita tanto. Tengo que reconocer que la persona que más le conoce, entiende y sabe sonsacarle las cosas, hacer que luego las entienda y calmarlo soy yo. En eso tengo una ventaja que por muy bien que se lleve con mi pareja él no lo posee. Es cierto que mi pareja hace cosas con Terremoto y le enseña cosas, pero cuando la cosa esta chunga o delicada soy yo la que se encarga de él. Así que por decirlo de alguna forma y sin ser nada premeditado, de una forma natural yo me he seguido encargando más de Terremoto y mi pareja se ha encargado más de Tsunami.

Por la noche yo soy la que lleva a Terremoto a la cama. Mi pareja es el que lleva a Tsunami. Por la mañana yo soy la que levanta y prepara el desayuno de Terremoto. Mi pareja es la que levanta y prepara el desayuno de Tsunami. Yo soy la que lleva al cole a Terremoto. Mi pareja es quien por sus horarios le va mejor llevar al cole a Tsunami. No ha sido nada premeditado, simplemente nos ha venido así sin buscarlo.

Que “ventajas” me ha reportado eso, yujuuuuu…. primero y lo más importante. Que si bien durante el primer año muchas veces quien tenía que levantarse por la noche era yo. Ahora a quien llama el peque es a su padre, así que: “cariño, el nene te llama”. Evidentemente, si pasa algo me levanto, no soy tan burra, pero si es un simple vaso de agua o un pipí, normalmente le toca al pater Tsunami apechugar con su vástago. Segunda ventaja, jeje. Que cuando el vástago se levanta a las 7’30 un fin de semana y entra en nuestro cuarto, porque evidentemente, ya es de día. En lugar de venirse a mi lado de cama, se va directamente hacia el de su padre y le pide que vaya con él a la sala y le empiece a preparar el desayuno. Tampoco no es que tiremos cohetes a lo bestia, porque Terremoto como mucho está levantado a las 8 pero que narices, media hora es media hora y si hay suerte Terremoto se prepara su propio desayuno y aún puedo arañar algunos minutitos más. Tercero, Tsunami está acostumbrado a que su padre le vigila durante la cena o le lleva a la ducha y eso me permite tener más tiempo para arreglar cositas de la casa o simplemente para escribir alguna entradita del blog o ver lo que se cuece en los blogs que suelo seguir.

No es que esté diciendo que nos tenemos que desentender de nuestro rol de madres, pero posiblemente si nuestros pequeñajos aprendieran a decir papá antes de mamá, estos se verían más involucrados en las tareas de la crianza de estos que no cuando nuestros peques, por defecto, se pasan todo el día pidiendo las cosas a las mamís y lo de papaaaaa…. es algo un poco más anecdótico.

Hoy me siento como la niña mala malosa de la película, jeje. Pero que gozada poder sentirse alguna vez como la niña mala malosa de la película jajajajajaja (dígase con risa malvada pero sexy y sensual, que algo bueno hemos de conseguir con eso de compartir la maternidad) Hasta pronto y que os sea leve papis, ahora somos más las que conocemos el secreto.

maig 2013 176

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5 comentarios to “La importancia de decir papá.”

  1. Maribel 5 de julio de 2013 a 6:13 pm #

    B está viendo la foto de Tsunami y dice que ese niño es él mismo en la playa. Y el caso es que de lejos se dan un aire, jeje.

    Pues qué decirte Laura, no es que seas maquiavélica, jiji, sino que esos respiros vienen muy bien.
    Aunque creo que muchas veces somos nosotras mismas las culpables al echarnos esas cargas encima, quizá pensando que ellos (los papás) no lo van a hacer igual de bien o que los peques nos necesitan más a nosotras. Y así, casi sin darnos cuenta, nos vamos cargando cada vez más.
    Eso sin contar la capacidad que tenemos nosotras de escuchar hasta un cambio en la respiración de nuestros niños incluso desde otra habitación. Y ellos, aunque el nene berree, son capaces de seguir dormidos sin oir nada…

    Besos

    • Laura 5 de julio de 2013 a 9:19 pm #

      Lo que es la blogoesfera y nuestros peques, Tsunami algunas veces ha visto fotos de Ernesto, el mayor de Montesquiu, de mi espacio para Ernesto, y con esto de los ricitos y tal también dice que es él. jajajaja. Así que B también es un nene con ricitos, que monos que son.
      Yo también creo que muchas veces o bien por tradición cultural o por sentirnos más madres o por conciencia al tener que trabajar o por vaya usted a saber que, hay muchas mujeres que no delegan absolutamente nada y luego van de cráneo todo el día. También es cierto que entre los padres tampoco hay mucha tradición de hacer ciertas cosas, algunos sí, pero no todos. También cuando hacen cosas no siempre suelen estar al 50%. Así que visto lo visto, he llegado a la conclusión de que lo mejor es ser un poco maquiavélica e ir involucrandolos poco a poco.
      Lo bueno es que luego les gusta, pero el dar el paso les cuesta mucho. Supongo que también hay muchos tipos de papis. Yo puedo hablar de la experiencia propia y de los que he visto de gente conocida, pero en el mundo hay mucha más gente y de todo.
      Ya sabes que siempre digo que el niño es de los dos y los dos tendrían que estar involucrados. No es eso de que el niño es tuyo y hasta que no sepa jugar al futbol no tiene gracia (los he oido, que conste)
      Así pues, mujeres del mundo mundial. Enseñen a sus retoños a decir papá en lugar de mamá. Dentro de unos años las madres les agradeceran esta distribución de trabajos designadas por el churumbel.
      PD: Con este discurso parezco una sindicalista del ramo del biberón.

  2. MisMellis 6 de julio de 2013 a 11:14 am #

    Ahora yo voy a quedar también de mala malísima…. yo no fuí una madre primeriza pava porque con dos bebés no podía permitírmelo y tampoco me empeñé en exceso en meterles en la cabeza decir mamá porque la mayoría del tiempo iba cargada con dos bebés jejeje… asique Repollete su primera palabra fué “pan” porque evidentemente es un niño listo y sabe que con pan todo está bueno jajajaj y la primera palabra de princesita fué “agua” mis niños son listos y saben que diciendo esas dos palabras cubren necesidades y da igual quien de sus progenitores se las cubra jajaja…
    Ahora en serio creo que las madres muchas veces creemos que somos nosotras las que mejor lo hacemos todo y tendemos a desconfiar y eso hace que los padres se “despisten”. Como nosotros teníamos dos bebés y estábamos solos delegué todo lo que se podía delegar en el padre, de hecho se ha levantados y se levanta más noches a atenderles que yo misma y por ejemplo es él quien se ocupa de llevarlos al baño.
    Al final los niños suelen elegir a uno u otro padre para determinadas cosas, por ejemplo mis hijos siempre dicen “con papá” cuando se trata de ir al water y me buscan a mi más para el tema consuelo cuando andan llorando o para que les de una galleta.
    Saben que con su papi se puede jugar más a juegos movidos como la pelota o hacer carreras y que en cambio su madre es más intelectual y cuenta cuentos chulos. Asique nos van buscando para cada cosa según su propio interés.

    • MisMellis 6 de julio de 2013 a 11:17 am #

      Me olvidaba…. creo que todo depende también del tipo de hombre que tenemos a nuestro lado y de la educación que ha recibido, mi marido desde que nacieron los niños ha desempeñado un rol de segunda madre, vamos que si hubiera podido les hubiera dado hasta la teta y eso los niños también lo perciben.
      Además dado su trabajo y su horario puede pasar muchas horas con ellos y de esta forma los peques nos ven por igual, me refiero a que si un niño está totalmente pegado a su madre a la que ve más horas es normal que para satisfacer sus necesidades la busque a ella.
      Además no es lo mismo tal y como dices lo mojigatas que somos con un primer hijo que cuando ya estamos escarmentadas con el segundo y ni decir queda que si son mellizos la mayoría de las chorradas que hace una primeriza tú no las haces.
      Yo nunca insistí en que dijeran una cosa u otra, les hablaba un montón eso si y les cantaba, me han salidos dos cotorras y muy cantarines…

      • Laura 6 de julio de 2013 a 3:33 pm #

        Jajajajaja. Esta visto que a vosotros también os toco un master, diferente al mio pero master también.
        Es curioso lo que dices de las horas, porque cuando Tsunami era pequeñajo mi pareja tenía un horario de trabajo de los chungos chungos. A eso de las siete desaparecia de casa y no volvía hasta las siete y media o las ocho y muchas veces más tarde y todo. Eso sí cuando entraba, si aún estaba despierto Tsunami era todo suyo.
        Creo que además de “incentivar” a los padres en esto de hacer cosas de padres también interviene las ganas que tengan ellos, aunque sea poco tiempo. En ocasiones no es cuestión de cantidad, sino de calidad.
        Los mios también son unos cotorros, aunque el único que canta es Tsunami, eso no casa mucho con Terremoto que normalmente te hace callar. Bueno, Tsunami también me hace callar para cantar él. Así que a mí que me encanta cantar sólo puedo hacerlo cuando voy sola en el coche, me monto unos gorgoritos que parezco una cantante de ópera desquiciada. Así que ya sabes, si un día pasas por Mallorca y ves a alguien así en un coche blanco, probablemente sea yo. Un beso guapa y otro para tus cantarines.

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