Archivo | junio, 2013

Las vacunas y las vacunaciones de nuestros hijos

4 Jun

Hace unos días vi por la tele un reportaje en el que se cuestionaban que la desaparición de los dinosaurios de la Tierra no se debió al impacto de un meteorito, sino que cuando este fenómeno sucedió la mayoría de los dinosaurios ya se habían extinguido.  Abreviando la premisa era algo así como si cuando estalló el meteorito se cargó a todos los dinosaurios en cuestión de semanas, tendríamos que tener un sustrato con mogollón de fósiles del mismo momento en todas partes del mundo mundial y eso no existe. Entre las posibles causas que se barajaban para la pre-extinción de semejantes moles prehistóricas estaba la hipótesis de que debido a una anterior bajada en el nivel del mar, se habían abierto unos caminos que conectaban zonas antes aisladas. Los dinosaurios fueron de una a otra e invadieron nuevos territorios. Los dinosaurios de Asia estaban acostumbrados a sus enfermedades, pero no a las enfermedades de los animales de América, y a esos les pasaba lo mismo. El resultado fue un contagio de enfermedades a las cuales no estaban inmunizados y que causó diversas pandemias y una pre-extinción de muchas especies o individuos.
Un caso parecido le ha pasado a la humanidad en diversas ocasiones. Sin entrar en polémicas de colonialismos en las cuales además de las masacres y los genocidios de las conquistas se tuvo que añadir la mortandad por contagios de nuevas bacterias. Las simples rutas comerciales eran cauce de entrada de enfermedades asiáticas a Europa o viceversa. La peste negra vino por la ruta de las especies y la seda, por ejemplo. Hoy en día con los medios de comunicación actuales que en un par de horas te plantas al otro lado del planeta también hay una proliferación de micro-bichitos que han dado más de un quebradero de cabeza. Es cierto que durante bastantes años, Europa era un territorio donde ciertas enfermedades se consideraban erradicadas. Sin embargo con los movimientos migratorios de hoy en día, muchas de estas desaparecidas han sido nuevamente introducidas y a veces sólo los médicos más veteranos y con más solera las han visto anteriormente y las han podido diagnosticar a tiempo. Eso por no hablar de las enfermedades tropicales o de otras latitudes que por aquí ni se conocían ni se habían prácticamente visto nunca y hoy en día ya no son tan novedosas. Tenemos que reconocerlo, cuando los humanos viajamos no sólo llevamos ropa en nuestras maletas, también portamos microorganismos.
Pero no es mi intención hacer hoy un post catastrófico ni post-apocalíptico ni pro-micro-bichitos. Hoy os voy a hablar como madre y más bien de esas enfermedades más comunes, de mi experiencia con ellas y de su posible prevención. Me estoy refiriendo a las vacunas y al hecho de hacer uso de ellas.
Hace unos años se puso de moda eso de no vacunar a los niños, se decía que si el mercurio, que si ya no había de esas enfermedades para que usarlas, que si se era más progre por ello, que todo era invención de unos laboratorios para lucrarse… vamos, que se decían muchas cosas y muchos padres hicieron lo que decidieron ellos, unos vacunaron y otros no. Fue más o menos en esta época cuando Terremoto ya estaba con nosotros y le tocaban sus tandas de vacunas. Mi ex y yo ya nos habíamos separado. Recuerdo que a él le llenaron el coco una chica del trabajo con eso de que el mercurio y las posibilidades de no sé que y que ellos no habían querido vacunar a su pequeño. El resultado fue que en un principio mi ex se negaba a vacunar a Terremoto, aunque de bebé ya se le habían administrado algunas vacunas. Así que como cuando se me plantea un problema médico, llamo a mi amiga doctora para asesorarme, esa vez no fue una excepción y también recurrí a ella. Estuvimos hablando un buen rato y me dijo que lo mejor era vacunar, así que le hice caso. Me llevé al peque y a mi ex al pediatra, hablamos con él y al final el papá de Terremoto claudicó o se convenció, no lo tengo muy claro, pero lo importante es que se le aplicaron al nene sus consiguientes vacunas.
Yo tenía muy claro que las vacunas son mucho más beneficiosas que peligrosas. Unos años antes de que yo naciera hubo en Mallorca una pasada de poliomielitis. Hacía unos años que se había sacado la vacuna contra la polio, y mis tíos por esa época tenían dos niñas. Ellos tampoco creían en las vacunas, aparte de que había que pagarlas y para que gastar el dinero en una vacuna, mejor en otras cosas. Ese año como os he dicho, hubo una pasada de polio en Mallorca y al finalizar quince niños quedaron tan afectados que tuvieron que afrontar el resto de sus días en una silla de ruedas, con problemas de movilidad tanto a nivel de extremidades inferiores como alguna disminución en las superiores. Mi prima mayor fue una de esos quince niños. Puedo asegurar que mis tíos se arrepintieron todos los días de su vida el haberse querido ahorrar una vacuna. La calidad de vida de su hija y de toda la familia se vio afectada desde ese momento y los gastos que tuvieron luego fueron muy superiores al precio de cien vacunas juntas. No voy a entrar hoy en lo que supuso eso para la familia, pero podéis dar por sentado que me quedó bien claro que pagar una vacuna puede ser mucho más beneficioso que perjudicial. Hay ciertas cosas en las que uno puede ahorrar, pero la salud no tendría que ser una de ellas.
Cuando Terremoto era pequeño no existía aún la vacuna de la varicela y cuando tuvo cuatro años la cogió. Hacía medio año que nos habíamos separado y como mi ex no la había tenido nunca, me tocó a mí apechugar sola. Le salieron ampollitas por todo y le picaban mucho. La cogió más o menos por esta época, quizás a mediados de junio, antes de acabar el cole. Por la mañana yo iba al trabajo y mis padres, que de niños la habían pasado, quedaban con él en mi casa. Cuando yo llegaba mi madre se iba enseguida a su casa a ver la telenovela y yo entraba sin tiempo de comer y con un pequeño que sólo demandaba bracitos de mamá. El pobre estuvo enfermo un poco menos de quince días si no recuerdo mal. En esos días casi no comí, porque mi madre se iba enseguida y yo no podía ni hacerme un huevo frito. Casi no dormí, porque a la que acostaba al peque en la cama, el roce de las sabanas le molestaba y se pasaba toda la noche llorando y pidiendo bracitos. Por la madrugada, a la hora en que me sonaba el despertador era cuando había conseguido que se durmiera y lo acostaba. Luego mis padres cuando venían en lugar de tenerlo despierto y que se me pudiera dormir a mí por la noche, le dejaban dormir toda la mañana para estar ellos más tranquilos y al llegar yo del trabajo me lo encontrada prácticamente recién levantado y comido con ganas de mamá. No tenía tiempo de ir a comprar nada al súper porque al menos yo soy de la idea de que no voy a causar una pandemia paseando a un peque con una enfermedad infecciosa por un supermercado. Así que un día llamé a mi ex y le pedí si me podía ir a comprar unas garrafas de agua y una barra de pan. Al cabo de un rato me llamaron al portero, era mi ex. Me dijo que saliera al rellano de la escalera y que delante de la puerta de casa me había dejado la compra y se había bajado a la calle a llamarme para no contagiarse. Cuando abrí la puerta y me encontré allí delante con la bolsita de la compra me sentía una proscrita, una abandonada que sólo tenía llorera. No recuerdo si fue ese día o al siguiente, Terremoto me vino pidiendo más bracitos. Si que recuerdo que yo estaba agotada, hambrienta, cansada, deprimida y con sueño e hice algo que nunca le había hecho. Le zarandee y le grité para que me dejara de una vez tranquila. El pequeño que venía a buscar el consuelo de su mamá se paró de golpe y me miró con unos ojitos de pánico muy abiertos. Salió hacia su cuarto y yo me sentí la peor madre de todo el mundo. No sé muy bien que impresión le debí causar a mi hijo, pero debió ser terrible. Estuvo varios meses en que no quiso saber nada de su madre y me rechazó durante bastante tiempo.
Cuando yo contraje la varicela tenía 22 años. Estaba en la facultad y una de mis compañeras, que era mamá, estaba cuidando a su hijo de unos ocho años que la tenía. Según me explicó el médico que me atendió, cuando una persona la ha tenido no vuelve a cogerla, pero sí que se convierte en portadora, es decir, actúa a modo de puente y la puede pasar a otra persona que no esté para nada en contacto con la persona enferma. También me contó y doy fe de ello, que con estas enfermedades que para los niños resultan innocuas, cuando más mayor es una persona, peor se pasa y es más peligrosa, de tal forma que a ciertas edades puede incluso producir la muerte. Lo pasé fatal, estaba histérica del dolor y el picor que tenía y eso que soy una persona que suele tener buena disposición a la hora de aguantar el dolor, vamos, que no me quejo por nada. Después de pasarla mi piel y mi cara se quedaron que parecía una pasa arrugada y escamada. Creo que muchas abueletas de esas centenarias con solera tienen mejor pinta que la que tenía yo entonces. No sé muy bien cuanto tiempo estuvo mi piel a recuperarse pero fue bastante. Empecé a pensar que me quedaría para siempre con esa pinta de dinosaurio envejecido, pero tuve suerte y poco a poco fui recuperando mi aspecto anterior, aunque desde entonces mi piel ha sido mucho más delicada y he tenido más problemas para cuidarla.
Hace unos años, cuando Tsunami estaba en plena campaña de vacunaciones, el pediatra me habló de una serie de vacunas que no eran obligatorias, pero que según él eran recomendables. Me informó de que enfermedades se  trataba, de sus síntomas, del precio de las mismas, de cómo se administraban y también me comentó que si bien una de ellas que era la de la varicela no aseguraba al 100% la inmunidad, si que paliaba en gran medida la enfermedad. Evidentemente, hablé de nuevo con mi amiga la doctora y me recomendó que se las pusiera, aunque para ello tuviera que privarme de algún caprichito. Así que vacunamos a Tsunami.
Hace unos meses, más o menos por el mes de abril, hubo una pasada de varicela en el cole de Tsunami. En esta pasada nuestro peque salió indemne. Ahora, hace unas semanas, un nuevo nene cayo de nuevo y tras él casi todos los peques que se habían librado la primera vez han ido cayendo uno tras otro. Hoy hace una semana, el martes pasado, me llamaron del cole de Tsunami diciéndome que había comido muy poco y que le habían puesto la temperatura y tenía fiebre. Papá fue a buscarlo y lo llevó a urgencias. El médico lo revisó y dijo que en este momento no tenía nada, que si tenía algo lo debía estar incubando y que hasta que no le saliera no podía hacer un diagnóstico. Cuando llegué a casa el peque estaba saltando como un acróbata y corriendo como cada día, vamos que no tenía pinta de estar mal. Como no tuvo más fiebre fue al cole al día siguiente. Lo que si notamos por la noche era que tenía unos cuantos granitos pequeños por la cara. Le dije a mi pareja que estuviera tranquilo que esos granitos no eran las ampollas de la varicela. Yo entonces no sabía aún que esos días la clase estaba medio vacía por ello. Hoy a la salida del cole me han llamado y mi pareja me ha contado que hoy habían fallado por la varicela seis niños. También me ha comentado que el martes pasado a unos cuantos peques les había pasado lo mismo que a Tsunami. Hablando los papis sobre eso resultó que estos niños eran los que se habían puesto la vacuna que no era obligatoria de la varicela. El resto de la clase se ha pasado entre una semana y quince días en casa enfermitos. Hemos deducido que el posible virus que aún no se había manifestado y que sólo les había dado un poco de fiebre durante unas horas y unos granitos fue la única consecuencia que había dado a los vacunados. Tuvimos suerte, porque este fin de semana ha sido el cumple de Tsunami y no quiero imaginarme el cumpleaños que hubiéramos tenido con el peque con varicela, ampollitas y picores.
Lo cierto es que hacía ya unos meses que pensaba hablaros sobre el tema de las vacunas. Este año Terremoto se quedó sin fiesta oficial de cumpleaños. La madrina de Tsunami tenía en casa montada una epidemia de paperas y decidimos ir posponiéndolo para que la infección no nos afectara. El caso de esta chica ha sido el siguiente. Su hija mayor tiene quince años y en su momento se vacunó de las paperas, pero ese año hubo un lote de vacunas defectuosas que no se identificaron y que se suministraron a Mallorca. Este año, empezó un alumno nuevo en el colegio que llegó incubando paperas sin saberlo. En unas semanas todas las clases de su línea y las contiguas estaban contagiadas, medio colegio estaba de baja y se expandió a otros colegios debido al contacto de estos niños con amigos o por los padres. Evidentemente, ante este panorama mi amiga me dijo que prefería evitar el contacto, gesto que agradecí, y pospusimos el cumpleaños y lo han celebrado un poco los dos juntos pero con los amigos de la familia presentes. Esta chica está divorciada y su ex está casado de nuevo y la mujer está embarazada. Ella le dijo que mientras los niños estuvieran enfermos ella quería tenerlos en casa, pero su ex que es un cabezota y tiene la custodia, quiso tenerlos él en la suya. No hace mucho me contó que su ex estaba en cama con paperas, pero que lo peor era que la mujer también las había pillado y estaban acojonados con el embarazo. No se como ha acabado la historia porque no hemos vuelto a hablar de ello, pero lo que sí sé es que muchas de estas enfermedades como las paperas o la varicela hay en ciertos trimestres del embarazo que son peligrosas para el feto y que una persona sana que actúa de portador puede transmitírtela.
Así que después de todo este rollo que os acabo de soltar, creo que podéis suponer con total seguridad de que soy una defensora de las vacunas y de la vacunación. Personalmente creo que deberían ser gratuitas y estar a disposición de todos. Es la mejor forma de ir erradicando enfermedades, porque incluso las que creíamos eliminadas están volviendo. Sólo desde la prevención y el cuidado personal se pueden evitar estas malas experiencias que nos producen estas enfermedades. Se evita el dolor y los problemas de tener un peque enfermito en casa. Por eso yo os recomendaría que ante la duda hablad con el pediatra, vacunad lo que podáis y si tenéis que pagar alguna, será una muy buena inversión para la salud de vuestra familia. Como le ocurrió a mis tíos, es mejor prevenirlo que lamentarlo toda una vida, por su bien, por el nuestro y por el de todos.
vacunas

Una salida del APA de Terremoto, si tú me dices ven y las pequeñas cosas.

2 Jun

Hace unos días tuvimos una actividad lúdica propuesta por el APA del cole de Terremoto. Por si hay alguien novel por este blog os diré que mi nene va a un colegio de niños especiales. Normalmente en nuestro mundo, estos chicos y estas personas en sí – porque tarde o temprano crecen y dejan de ser niños – están algo apartados, en ocasiones escondidos. Es como si se camuflaran o pasaran desapercibidos. Como mucho vemos alguno por la calle y pensamos “pobrecitos” o bien “pobres padres”. Terremoto no tiene ningún rasgo físico que le estigmatice, su problema es más bien de asimilación y comprensión de las normas sociales y del aprendizaje, pero en su caso no hay ningún aspecto físico que llame la atención, no tiene ningún retraso mental  y se desplaza sin necesidad de ningún aparato y puede comer perfectamente. Dentro del mundo de los ciegos, mi hijo es el tuerto, el privilegiado, es más, incluso podría ser el chico de las gafas gordas de concha negras, pero que ve perfectamente.

En este blog os he contado algunas excursiones y visitas que hemos hecho con los peques y podéis estar tranquilos que seguiremos comentándolas. Hoy os quiero comentar otro tipo de salida. Es esa actividad que difícilmente la gran mayoría de padres haremos y a la cual asistirán nuestros hijos. Es este post que algunos prefieren no leer y cerrar, no voy a ser desagradable y me encantaría que llegarais al final. No para fastidiar a nadie ni para dar pena, simplemente para que veáis una situación en la que se encuentran muchas familias y que tal vez desde la comprensión, la verdadera integración, esa que tendría que hacer la sociedad pero que pocas veces hace, sería más llevadera. Os voy a comentar unas cuantas pinceladas de una parte de nuestro mundo. Del mío como madre, del de mi pareja y mi ex y del de Tsunami como hermano que nos acompaña y que no ve nada raro cuando juega junto con estos niños. Pero sobre todo, es una parte muy importante del mundo de Terremoto, porque está en él cada día, de lunes a viernes durante ocho horas y media. No sé si será un mundo bonito, puede que para los que lo ven desde fuera no resulte bonito, pero tiene más ternura de la que muchos podrán experimentar en toda su vida. Lo que sí puedo aseguraros es que no es para nada un mundo fácil, ni para los niños ni para sus familias. Espero que si sois capaces de llegar al final nos podáis entender mejor.

Como os he dicho hace poco fuimos a una torrada en una granja que tiene el cole. Es un sitio bucólico de relax en medio del campo, con animalitos y mucho espacio para jugar y correr. Una pequeña piscina y una zona de huerta e invernadero. También tiene un horno de leña y una barbacoa de leña. Un gran edificio con zona de baños y una sala enorme a modo de comedor con una cocina. Lo cierto es que con el día tan estupendo que nos tocó no se necesitaba mucho más. En el horno, el tío de uno de los peques asó patatas y torró toda la carne en la parrilla, yo le eché una mano. Unas cuantas mamás se encargaron de ir colocando el resto. El aparcamiento de los coches estaba cerca de la entrada de la carretera y tenías que dar un pequeño paseíto hasta llegar a la casa. Tan sólo los coches que iban muy cargados podían entrar y luego salían al parking. Entre las actividades programadas hubo un taller de jardinería donde todos los nenes sin excepción se lo pasaron pipa haciéndonos macetitas de perejil que luego se regalaron. Un grupo de habaneras que nos amenizó los postres y una cuenta cuentos que nos hizo participar a todos haciendo las delicias de niños y no tan niños.

maig 229

Terremoto, como os conté hace unos días, presentó un postre en un concurso que hubo y se ganó su primera medalla culinaria. Luego cuando tocó la comparsa yo salí a bailar con el señor que había hecho la torrada y Tsunami se vino, nos pusimos a bailar los tres juntos con Tsunami en brazos. Las canciones estuvieron muy bien, algunas de esas de toda la vida que no se olvidan y otras más verbeneras. Entre las piezas interpretadas había una canción de Los Panchos muy conocida:

Si tú me dices ven

Estamos acostumbradas a nuestros hijos, ellos juegan y se divierten, ellos corren y saltan, pero hay otros niños. Niños como los que acudieron ese día que no pueden andar y van en silla de ruedas, que no pueden masticar o no saben tragar y tienen que comer siempre purés, que no pueden hablar y emiten extraños sonidos o gemidos. Son esos niños especiales que su nacimiento conlleva más lágrimas que alegrías, pero que con el tiempo son más queridos que muchos otros. Son esos niños que nos piden que nos acerquemos a ellos sin miedo. Son esos niños que nos dicen ven.

Si tu me dices ven, lo dejo todo
si tu me dices ven, será todo para ti
mis momentos más ocultos,
también te los daré,
mis secretos que son pocos,
serán tuyos también.

Cuando a uno le ha tocado tener a uno de esos niños como hijo conoce a muchas personas que nunca creería conocer, en sitios muy distintos, en las terapias, en actividades especiales, en el colegio. Una vez una mamá me contó que el ginecólogo les había ocultado lo que tenía su hijo hasta que sólo faltaba unas semanas para el parto porque él, el ginecólogo, era antiabortista y no quería que le pidieran que realizara un aborto terapéutico. El problema del niño era detectable con una simple ecografía y el médico lo ocultó. El padre casi mata al médico cuando salieron del quirófano. Su pequeño es más mayor que Terremoto y tiene la mentalidad y el comportamiento de un niño de dos años pero es más calmado, camina inestable tambaleándose y si te paras para hablar con alguien tienes que pararle porque él sigue hasta que alguien le vuelve a coger la mano y le paran. Les ha llevado tantísimo trabajo y quedaron tan traumatizados que jamás se atrevieron a tener más hijos. Otra amiga me contó que su hermana también había tenido un hijo especial y que a pesar de todo ella quería ser de nuevo madre, pero su marido se negó en redondo e incluso se operó para asegurarse de que no tendrían más descendencia. Son esas historias ocultas que muchas veces pasa por la cabeza de estos padres, ¿qué he hecho mal, en qué hemos fallado, qué ha ocurrido? En ocasiones son causas cromosomáticas, pero muchas veces no hay respuesta. No se sabe porque ocurre. Entonces vienen las sombras sobre todo a la hora de pensar en más hijos.

Cuando estábamos en esa actividad oí unas madres que hablaban entre sí y una de ellas había dicho que el miedo, la ansiedad y la angustia que había sentido durante todo su segundo embarazo por si le pasaba igual que al mayor era algo que ninguna embarazada podía imaginar ni en el peor de los embarazos. Yo la entendí porque a nosotros nos asaltaron las mismas dudas, pero en mi caso, la combinación genética era otra y lo que tiene Terremoto no es nada genético. La otra madre le decía que como el mayor había ido todo bien y la sorpresa se la encontraron tras el nacimiento de la pequeña su embarazo fue muy relajado y que no se podía comparar en nada a la angustia que la primera le describía. Entonces se juntaron a la conversación algunas madres más y comentaron el riesgo de que decidas volver a experimentar la maternidad y vuelva a repetirse la historia. Cuando Terremoto iba a terapia había una madre que llevaba sus dos hijos, los dos tenían lo mismo, le habían dicho al ir a buscar el segundo que no tenía porque pasar lo mismo, pero paso, y no se habían atrevido a tener más.

No hay nada seguro, pero cuando uno lo desea de verdad y oye esa voz que te pide ven, es capaz de lanzarse a los mayores riesgos por todo.

Si tu me dices ven, todo cambiará
si tu me dices ven, habrá felicidad,
si tu me dices ven, si tu me dices ven.

Cuando el primer momento ha pasado y hemos conseguido asimilar el duelo somos capaces de abrir los ojos y ver a este nuevo ser de otra forma distinta. Es una forma muy especial en que sólo lo verán sus padres y sus seres más queridos. Es aquel momento en que todo padre cuando su hijo recién nacido le coge con su mano fuertemente el dedo se siente indefenso y ya nos tiene atrapado de por vida.

Recuerdo que en la excursión había uno de esos pequeños cuyo cuerpo está medio contorsionado tambaleándose al andar y que muchas veces babea y tienes que ir con cuidado. Hubo un momento que uno de los asistentes le pidió a un señor más mayor que quien era él. Me llamó mucho la atención como le respondió. Este señor todo orgulloso, bien contento, sacando pecho y de forma enérgica contestó con un brillo en los ojos y una sonrisa en los labios “yo soy el abuelo de P”. Entonces, P. que estaba un poco más allá al oír su nombre y la voz del abuelo se giró lentamente, le miro y realizó una especie de mueca lo más parecido a una sonrisa para su orgulloso abuelo.

Por la tarde, mientras estábamos disfrutando de la cuentacuentos, me fijé en una pareja de hermanos, eran los peques de quienes había hablado por la mañana la mamá que dijo que su segundo embarazo fue muy tranquilo porque el problema les vino con la pequeña. Yo siempre he visto a esta nena sentada en las sillas de paseo adaptadas que tienen. Va vestida muy juvenil y alegre con lacitos y orquillas con muñequitos o florecitas en el pelo, como cualquier pequeña entre los cinco o seis años. Esa tarde, mientras estábamos al sol sentados en el suelo fue la primera vez que la vi moverse sin estar en su silla. Como muchos de ellos se tambaleaba y su hermano le extendió la mano para que se la cogiera. Luego la sentó sobre sus piernas que tenía cruzadas, la abrazó por la cintura y estuvo así con ella cuidándola durante todo el tiempo. En un momento dado uno de los gestos de la cuentacuentos la asustó y lloró un poco, pero allí estaba su hermano mayor para tranquilizarla, acariciar su adornado pelo negro y hacerla participar de nuevo como los demás.

No detengas el momento por las indecisiones,
para unir alma con alma, corazón con corazón,
reír contigo ante cualquier dolor,
llorar contigo, llorar contigo,
será mi salvación.

Si cuando los padres con niños pequeños salimos a algún sitio llevamos el coche repleto de cosas, cochecito, peluches, ropita de recambio… con estos niños la situación es muy parecida, sólo que su cochecito, su ropa y sus baberos son de mayor tamaño. También es normal que cuando los padres con niños pequeños van a algún sitio estén pendientes de sus nenes y que no se puedan caer o hacer daño. En el caso de estos padres tienen que ir con cuidado que no se puedan dañar sin necesidad de haber caído. Son situaciones a las que cuesta adaptarse, por mucho que sean situaciones similares, emocionalmente no tiene nada que ver. Tú sabes que tus hijos van a crecer y eso no es más que una etapa a lo sumo de unos cuantos años. En nuestro caso esta situación es para siempre y con los años en lugar de mejorar puede deteriorarse aún más. Muchos padres somos los que en diferentes medidas tenemos nuestras tiritas que nos ayudan a curar nuestro corazón. También muchos nos intentamos mantener siempre firmes, pero de vez en cuando las tiritas de nuestro corazón se despegan y las lágrimas son nuestra única medicina.

Estábamos sentados junto a las flores, cerca de la casa, entonces entró un gran coche, uno de esos monovolúmenes enormes. Pensé en lo que debían llevar para entrar con un coche tan grande hasta al lado de la puerta. Entonces bajó una mamá, abrió la puerta de detrás y como en las ambulancias del centro de día para mayores que hay cerca del trabajo, pero en versión algo más reducida, bajo una rampa con un mando y luego bajó un peque que iba en una silla. Me llamó la atención porque normalmente en el cole cuando van los papas, tienen que coger a los peques en brazos y entrarlos dentro del coche y luego doblan la silla y la ponen en el maletero. Ver esa sofisticación era una novedad para mí. Entonces una chica que había cerca de mí y que era una monitora, comentó “este niño tiene mucha suerte, hay muy poco padres que se puedan permitir un coche así de preparado que los pueda llevar tan cómodamente a todos sitios”

Ese día había muchos pequeños con dificultades de psicomotricidad  aunque no todos iban en silla. Uno de esos peques iba de la mano de un papá. El nene que era más mayor que Terremoto, iba girando sobre sí mismo, en ocasiones tienden a caminar en círculo. Me fijé en que era de esos nenes que suele poner la mano girada hacia adentro, como si se quisieran tocar el interior de los brazos con los dedos. Mientras estaba girando se había acercado una mano a la boca y se estaba mordiendo. El papá no se había dado cuenta y le dije que el peque se autolesionaba, que se mordía la mano. Me contestó que era habitual que lo hiciera e intento ir quitándosela de la boca y que siguiera caminando.

Pero si tú me dices ven, lo dejo todo,
que no se te haga tarde
y te encuentres en la calle
perdida, sin rumbo y en el lodo
si tu me dices ven, lo dejo todo

Cuando llegamos nos recibió una de las mamás del APA, había preparado una sorpresa para todas las mamis. Llevaba una bolsa de papel y dentro un montón de broches en forma de tulipanes. Había tulipanes de todos los colores. Me dijo que eligiera el que más me gustara. El que me gustaba más era uno malva, pero sabía que Tsunami se interesaría por ello y su color favorito es el azul oscuro y ese fue el color que elegí.

Esta mamá es muy buena haciendo este tipo de manualidades. Mientras me ponía el broche le pregunté cómo era que tenía tiempo para tantas cosas.

Ella me contestó que no tiene demasiado tiempo libre y que algunas veces se lo tiene que quitar de cosas realmente importantes como su nene, pero que había pensado que sería un detalle y que además, todas las mamás que estaríamos ese día allí nos merecíamos una flor y mucho más.

Este post de hoy va dedicado a todos los peques y sus familiares que van a estas excursiones o finales de curso tan poco frecuentados. A todas las madres y padres coraje que cada día luchan por los derechos de sus hijos. A los hermanos que cuidan de sus hermanos. Pero sobre todo va dedicado a todos esos héroes, nuestros hijos especiales, que nos enseñan que pese a lo dura que es la vida ellos harán todo lo posible para disfrutarla y sonreírnos.

 Por eso, si tú me dices ven… lo dejo todo

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