La segunda oportunidad

26 Jun

Cuando yo era niña, cuando aún no pensaba ni en sacarme el carnet de conducir, los coches  no llevaban cinturones de seguridad y los niños iban sueltos por detrás o sobre los mayores delante porque todo eso no estaba reglamentado. Había un programa en la tele que hacían los fines de semana y que me encantaba, no sé muy bien porque, no me lo solía perder. Lo realizaba una tele que evidentemente no era la española, se llamaba La Segunda Oportunidad.

El programa empezaba con una voz en of que si no recuerdo mal decía “El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra” Mientras decía esto se veía un coche con una familia dentro circulando por un paisaje de esos casi idílico de montaña. Entonces el conductor tenía un despiste con los peques de atrás que discutían y el coche se pegaba un choque frontal con un pedazo pedrusco que había caído en medio de la calzada y accidente a lo bestia al canto. Entonces seguía la voz “pero en ciertas ocasiones, que bueno sería contar con una segunda oportunidad” La escena volvía marcha atrás, los trozos del coche volvían a su lugar, los ocupantes también, el pedrusco que había caído volvía a la ladera de la montaña, así hasta llegar al principio. Entonces, el padre ponía rápidamente orden dentro del coche y cuando llegan a la zona de la piedra al estar más pendiente de la carretera que no del alboroto de los peques detrás, esquiva la roca y seguían tranquilamente. A continuación venía la musiquita de la sintonía, que aún me acuerdo de ella, pero lo del nanananaaaa creo que os puede decir poco.

El programa intentaba, en una época donde como os he dicho las medidas de seguridad que hay hoy, o no existían o no eran obligatorias, mentalizar a los conductores del riesgo de  una conducción sin prestar atención. Al mismo tiempo con muñecos de pruebas recreaban accidentes para concienciarte de las consecuencias y dar a conocer los avances en los cinturones de seguridad y las medidas que se estudiaban y perfeccionaban para la seguridad en el volante.

Muchas veces he pensado en ese programa y en lo cierto de las frases iniciales, “que bueno sería a veces contar con una segunda oportunidad”

Si nos paramos a pensar seguramente encontraremos en nuestra vida muchas segundas oportunidades que nos hemos dado o hemos dado a personas o a objetos. Empezaremos por un ejemplo sencillón. Hace unos cuantos años, al final del verano me encontré en la calle abandonada una maceta con una planta muy bonita. La pobre estaba casi seca, la tierra había incluso encogido. Supongo que alguien se fue de vacaciones y al volver se encontró con el panorama y lo bajó a la calle para que lo recogieran los de la basura. Yo no suelo recoger cosas de los contenedores, pero ese día hice una excepción porque la plantita me dio mucha pena y lo único que tenía era que necesitaba agua. Debían haberla comprado poco antes del verano porque en el tiesto aún había pegada la etiqueta con el nombre, el precio y todo. En casa no tenía sitio para una planta como esa, pero yo tenía acceso a una terracita y aunque parezca surrealista, a través de la ventana del baño la podía regar con el rociador de la ducha. Le puse un plato de plástico que tenía vacío, la regué bien y allí la tuve durante años. Tengo que decir que esta planta, una dracacea marginata, ha sido una superviviente. Lucho por sobrevivir, subsistió a vientos huracanados, a una lámina de uralita de la finca de enfrente que se estrelló a su lado, a los cálidos veranos y los fríos (porque estaba en un sitio superfrío) inviernos. Con el cambio de casa me la traje y en el coche se me rompieron casi todas las yemas, yo pensé que me la había cargado y dejaría de crecer, pero no fue así. Ahora la estoy mirando y no tengo muy claro si tendré que hacer un agujero en el techo para que siga creciendo. Supongo que si quienes la bajaron a la calle la vieran pensarían que no era la misma plantita seca con la que me encontré.

Pero no sólo damos una segunda oportunidad a una planta o a un mueble viejo que podamos restaurar, ahora que esto se ha puesto tanto de moda. Las personas también podemos darnos una segunda oportunidad. En mi caso cuando me separé fue una forma de darnos otra oportunidad a Terremoto y a mí, ya que el matrimonio no funcionaba hacía tiempo. Creía que mi vida se reduciría a cuidar de Terremoto y tener algo de vida social los fines de semana que no lo tuviera. Ante mi sorpresa apareció mi chico en nuestra vida y él pensó que nosotros valíamos mucho la pena. Cuando empezamos a salir lo veía muy complicado ya que yo vivía en Mallorca y él en Cataluña y alguna vez pensé si estábamos haciéndolo bien. Entonces pensé que podía seguir dando una oportunidad a él y a mí. Estoy muy contenta de haberlo hecho y que él también lo hiciera. Mi vida ha tenido una segunda oportunidad. Pero también el papá de Terremoto, mi ex, ha tenido una segunda oportunidad en nuestra peculiar familia. El que un matrimonio no funcione no quiere decir siempre que los componentes sean unos malos malosos perversos de película, simplemente, que como amigos pueden llevarse bien, pero como pareja son incompatibles. Costó su tiempo y ya os lo conté en su momento, pero también mi ex ha tenido una segunda oportunidad con nosotros.

Puede que la segunda oportunidad afrontada con más temor fuera el buscar un hermanito a Terremoto. También os lo conté, al principio la cosa no nos fue bien, en nueve meses tres abortos. Mi pareja había desistido pero le pedí un tiempo de descanso y una nueva oportunidad, la última. Ahora mismo estoy hablando con la consecuencia de esa segunda (en nuestro caso cuarta) oportunidad, Tsunami.

Pero tal vez la segunda oportunidad más dura de todas ha sido mi faceta como madre y los problemas de Terremoto. También os he hablado muchas veces de ello, ha sido un camino muy duro, muy complicado, en ocasiones estábamos muy perdidos, incluso hundidos por no decir vencidos. Pero poco a poco fuimos dándole segundas oportunidades a Terremoto y a nosotros. El saber encauzarnos a nosotros y luego a él. Conseguir encontrar personal competente que nos ayudó mucho. Tomar la decisión de sacarlo de un cole normal normalizado por culpa de la inoperancia y falta de profesionalidad por parte de la mayor parte del centro fue una decisión peliaguda. Si metía a mi hijo en un cole especial le estigmatizaría para el resto de su vida, tanto a nivel laboral como a nivel social en el futuro. No nos engañemos cuando uno ha estudiado en según qué sitios nunca es la persona adecuada para ser amigo o algo más con tus hijos e hijas, en cambio el estar estudiando en un cole normal aunque se tenga una adaptación curricular es otra cosa. Pero Terremoto se merecía una segunda oportunidad y además una de buena, necesitaba personal formado como toca, con unas ratios que le pudieran dedicar su tiempo, donde él fuera un alumno no el rarito que retrasaba a la clase y por culpa de tu hijo al mío no le dan las cosas que toca con todo el tiempo que toca. Así que lo valoramos, hicimos de tripas corazón y nos lanzamos al cambio de cole.

Cuando ha pasado un tiempo suficientemente grande en comparación con el objetivo buscado, es cuando vemos los resultados de esa segunda oportunidad. En el primer caso, una hermosa planta. En el segundo, una nueva vida. En el tercero una relación fabulosa del padre de Terremoto  con todos nosotros. En el cuarto un pequeñajo encantador y fabuloso nene llamado Tsunami. Y finalmente pero no menos importante, este curso empezamos a ver los resultados de la segunda oportunidad de Terremoto. Está empezando a aprender palabras y operaciones aritméticas, se interesa por un montón de cosas. Este lunes fui a buscar sus notas y por primera vez en toda su vida su boletín adaptado de “notas” estaba lleno de comentarios positivos y lleno de A, sólo hay A y eso es una buena nota según me enteré. Terremoto está súper contento, no me extraña y nosotros también nos sentimos muy orgullosos del enorme esfuerzo que está haciendo. Cuando salí de la reunión con la profe fui a buscar el justificante en secretaría para presentarlo al trabajo. Me puse a llorar como una tonta. Recuerdo que la primera vez que vi un boletín de notas de Tsunami en el que todo estaba correcto y bien también me puse a llorar porque yo no estaba acostumbrada a ver esas cosas con mi hijo, los de Terremoto eran devastadores.

Pero hay una cosa. Las segundas oportunidades se consiguen cuando uno toma la decisión de hacer algo. No hemos de esperar a que todo nos sonría sin nosotros poner nada de nuestra parte, hemos de arriesgarnos. Vamos, que si uno no juega a la primitiva no te tocará, pero si en vez de jugar y que no te toque nunca se ahorra eso se puede acumular en forma de una buena hucha y después usarla. Las segundas oportunidades cuestan, hay que arriesgarse y sudarlas. Normalmente estas una temporada para poder apreciar los resultados, pasarás por muchos baches y dificultades, pero la recompensa final, si se consigue, puede ser fabulosa.

Es posible que el hombre sea el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra, pero en ocasiones, que bueno sería que nos propusiéramos más a menudo conseguir tener una segunda oportunidad.

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6 comentarios to “La segunda oportunidad”

  1. ¡Mama qué sabe! 26 de junio de 2013 a 9:22 pm #

    Joooo, amiga! Para mí fue una oportunidad a la primera bien aprovechada para conoceros!♥ Me alegro muchísimo por todo lo que cuentas, de corazón. Por cosas como éstas.. la vida es bella a la primera, a la segunda, a la tercera…
    Enhorabuena familia!♥

    • Laura 26 de junio de 2013 a 9:29 pm #

      Si lo pensamos bien Devora, nuestra vida está llena de segundas oportunidades. Decisiones que hemos tomado nosotros y que no hemos dejado al azar o el ya proveiran o ya veremos o la opción más fácil, bajar la planta a la calle. Nosotros somos los que nos labramos nuestro camino, este sólo estará condicionado por nuestras decisiones.
      Ha sido un placer conocerte a tí y a tus peques también. Un beso Devora.

  2. Unaterapeutatemprana 26 de junio de 2013 a 9:41 pm #

    Qué entrada tan preciosa Laura!!! Me quedo con esta frase para enmarcar: “Cuando ha pasado un tiempo suficientemente grande en comparación con el objetivo buscado, es cuando vemos los resultados de esa segunda oportunidad”, qué gran razón tienes y qué grande eres.
    Un abrazo tan enorme como esa preciosa planta superviviente, que es toda una metáfora de vida.

    • Laura 27 de junio de 2013 a 12:17 am #

      Tus nenes y sus papis si que saben de dar segundas oportunidades y todas las que sean necesarias. También saben de desesperación, de lucha, de cabezonería y de paciencia. Pero sobre todo saben valorar los pequeños resultados y las pequeñas cosas más que nadie en el mundo. Vosotras sois sus cinturones de seguridad, sus air bags y su gps, gracias por teneros. Un beso.

  3. batallitasdemama 27 de junio de 2013 a 2:53 pm #

    Me ha gustado muchisimo la entrada. Un beso

    • Laura 27 de junio de 2013 a 5:43 pm #

      gracias mamá batallas, es una de esas entradas de vida, de las que vivimos todos, cada uno si lo piensa bien tiene las suyas, por suerte. Encantada de tenerte y de haber dejado tu comentario. Da gusto saber que hay cositas que gustan o que puedan ayudar. Un beso.

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