Las vacunas y las vacunaciones de nuestros hijos

4 Jun

Hace unos días vi por la tele un reportaje en el que se cuestionaban que la desaparición de los dinosaurios de la Tierra no se debió al impacto de un meteorito, sino que cuando este fenómeno sucedió la mayoría de los dinosaurios ya se habían extinguido.  Abreviando la premisa era algo así como si cuando estalló el meteorito se cargó a todos los dinosaurios en cuestión de semanas, tendríamos que tener un sustrato con mogollón de fósiles del mismo momento en todas partes del mundo mundial y eso no existe. Entre las posibles causas que se barajaban para la pre-extinción de semejantes moles prehistóricas estaba la hipótesis de que debido a una anterior bajada en el nivel del mar, se habían abierto unos caminos que conectaban zonas antes aisladas. Los dinosaurios fueron de una a otra e invadieron nuevos territorios. Los dinosaurios de Asia estaban acostumbrados a sus enfermedades, pero no a las enfermedades de los animales de América, y a esos les pasaba lo mismo. El resultado fue un contagio de enfermedades a las cuales no estaban inmunizados y que causó diversas pandemias y una pre-extinción de muchas especies o individuos.
Un caso parecido le ha pasado a la humanidad en diversas ocasiones. Sin entrar en polémicas de colonialismos en las cuales además de las masacres y los genocidios de las conquistas se tuvo que añadir la mortandad por contagios de nuevas bacterias. Las simples rutas comerciales eran cauce de entrada de enfermedades asiáticas a Europa o viceversa. La peste negra vino por la ruta de las especies y la seda, por ejemplo. Hoy en día con los medios de comunicación actuales que en un par de horas te plantas al otro lado del planeta también hay una proliferación de micro-bichitos que han dado más de un quebradero de cabeza. Es cierto que durante bastantes años, Europa era un territorio donde ciertas enfermedades se consideraban erradicadas. Sin embargo con los movimientos migratorios de hoy en día, muchas de estas desaparecidas han sido nuevamente introducidas y a veces sólo los médicos más veteranos y con más solera las han visto anteriormente y las han podido diagnosticar a tiempo. Eso por no hablar de las enfermedades tropicales o de otras latitudes que por aquí ni se conocían ni se habían prácticamente visto nunca y hoy en día ya no son tan novedosas. Tenemos que reconocerlo, cuando los humanos viajamos no sólo llevamos ropa en nuestras maletas, también portamos microorganismos.
Pero no es mi intención hacer hoy un post catastrófico ni post-apocalíptico ni pro-micro-bichitos. Hoy os voy a hablar como madre y más bien de esas enfermedades más comunes, de mi experiencia con ellas y de su posible prevención. Me estoy refiriendo a las vacunas y al hecho de hacer uso de ellas.
Hace unos años se puso de moda eso de no vacunar a los niños, se decía que si el mercurio, que si ya no había de esas enfermedades para que usarlas, que si se era más progre por ello, que todo era invención de unos laboratorios para lucrarse… vamos, que se decían muchas cosas y muchos padres hicieron lo que decidieron ellos, unos vacunaron y otros no. Fue más o menos en esta época cuando Terremoto ya estaba con nosotros y le tocaban sus tandas de vacunas. Mi ex y yo ya nos habíamos separado. Recuerdo que a él le llenaron el coco una chica del trabajo con eso de que el mercurio y las posibilidades de no sé que y que ellos no habían querido vacunar a su pequeño. El resultado fue que en un principio mi ex se negaba a vacunar a Terremoto, aunque de bebé ya se le habían administrado algunas vacunas. Así que como cuando se me plantea un problema médico, llamo a mi amiga doctora para asesorarme, esa vez no fue una excepción y también recurrí a ella. Estuvimos hablando un buen rato y me dijo que lo mejor era vacunar, así que le hice caso. Me llevé al peque y a mi ex al pediatra, hablamos con él y al final el papá de Terremoto claudicó o se convenció, no lo tengo muy claro, pero lo importante es que se le aplicaron al nene sus consiguientes vacunas.
Yo tenía muy claro que las vacunas son mucho más beneficiosas que peligrosas. Unos años antes de que yo naciera hubo en Mallorca una pasada de poliomielitis. Hacía unos años que se había sacado la vacuna contra la polio, y mis tíos por esa época tenían dos niñas. Ellos tampoco creían en las vacunas, aparte de que había que pagarlas y para que gastar el dinero en una vacuna, mejor en otras cosas. Ese año como os he dicho, hubo una pasada de polio en Mallorca y al finalizar quince niños quedaron tan afectados que tuvieron que afrontar el resto de sus días en una silla de ruedas, con problemas de movilidad tanto a nivel de extremidades inferiores como alguna disminución en las superiores. Mi prima mayor fue una de esos quince niños. Puedo asegurar que mis tíos se arrepintieron todos los días de su vida el haberse querido ahorrar una vacuna. La calidad de vida de su hija y de toda la familia se vio afectada desde ese momento y los gastos que tuvieron luego fueron muy superiores al precio de cien vacunas juntas. No voy a entrar hoy en lo que supuso eso para la familia, pero podéis dar por sentado que me quedó bien claro que pagar una vacuna puede ser mucho más beneficioso que perjudicial. Hay ciertas cosas en las que uno puede ahorrar, pero la salud no tendría que ser una de ellas.
Cuando Terremoto era pequeño no existía aún la vacuna de la varicela y cuando tuvo cuatro años la cogió. Hacía medio año que nos habíamos separado y como mi ex no la había tenido nunca, me tocó a mí apechugar sola. Le salieron ampollitas por todo y le picaban mucho. La cogió más o menos por esta época, quizás a mediados de junio, antes de acabar el cole. Por la mañana yo iba al trabajo y mis padres, que de niños la habían pasado, quedaban con él en mi casa. Cuando yo llegaba mi madre se iba enseguida a su casa a ver la telenovela y yo entraba sin tiempo de comer y con un pequeño que sólo demandaba bracitos de mamá. El pobre estuvo enfermo un poco menos de quince días si no recuerdo mal. En esos días casi no comí, porque mi madre se iba enseguida y yo no podía ni hacerme un huevo frito. Casi no dormí, porque a la que acostaba al peque en la cama, el roce de las sabanas le molestaba y se pasaba toda la noche llorando y pidiendo bracitos. Por la madrugada, a la hora en que me sonaba el despertador era cuando había conseguido que se durmiera y lo acostaba. Luego mis padres cuando venían en lugar de tenerlo despierto y que se me pudiera dormir a mí por la noche, le dejaban dormir toda la mañana para estar ellos más tranquilos y al llegar yo del trabajo me lo encontrada prácticamente recién levantado y comido con ganas de mamá. No tenía tiempo de ir a comprar nada al súper porque al menos yo soy de la idea de que no voy a causar una pandemia paseando a un peque con una enfermedad infecciosa por un supermercado. Así que un día llamé a mi ex y le pedí si me podía ir a comprar unas garrafas de agua y una barra de pan. Al cabo de un rato me llamaron al portero, era mi ex. Me dijo que saliera al rellano de la escalera y que delante de la puerta de casa me había dejado la compra y se había bajado a la calle a llamarme para no contagiarse. Cuando abrí la puerta y me encontré allí delante con la bolsita de la compra me sentía una proscrita, una abandonada que sólo tenía llorera. No recuerdo si fue ese día o al siguiente, Terremoto me vino pidiendo más bracitos. Si que recuerdo que yo estaba agotada, hambrienta, cansada, deprimida y con sueño e hice algo que nunca le había hecho. Le zarandee y le grité para que me dejara de una vez tranquila. El pequeño que venía a buscar el consuelo de su mamá se paró de golpe y me miró con unos ojitos de pánico muy abiertos. Salió hacia su cuarto y yo me sentí la peor madre de todo el mundo. No sé muy bien que impresión le debí causar a mi hijo, pero debió ser terrible. Estuvo varios meses en que no quiso saber nada de su madre y me rechazó durante bastante tiempo.
Cuando yo contraje la varicela tenía 22 años. Estaba en la facultad y una de mis compañeras, que era mamá, estaba cuidando a su hijo de unos ocho años que la tenía. Según me explicó el médico que me atendió, cuando una persona la ha tenido no vuelve a cogerla, pero sí que se convierte en portadora, es decir, actúa a modo de puente y la puede pasar a otra persona que no esté para nada en contacto con la persona enferma. También me contó y doy fe de ello, que con estas enfermedades que para los niños resultan innocuas, cuando más mayor es una persona, peor se pasa y es más peligrosa, de tal forma que a ciertas edades puede incluso producir la muerte. Lo pasé fatal, estaba histérica del dolor y el picor que tenía y eso que soy una persona que suele tener buena disposición a la hora de aguantar el dolor, vamos, que no me quejo por nada. Después de pasarla mi piel y mi cara se quedaron que parecía una pasa arrugada y escamada. Creo que muchas abueletas de esas centenarias con solera tienen mejor pinta que la que tenía yo entonces. No sé muy bien cuanto tiempo estuvo mi piel a recuperarse pero fue bastante. Empecé a pensar que me quedaría para siempre con esa pinta de dinosaurio envejecido, pero tuve suerte y poco a poco fui recuperando mi aspecto anterior, aunque desde entonces mi piel ha sido mucho más delicada y he tenido más problemas para cuidarla.
Hace unos años, cuando Tsunami estaba en plena campaña de vacunaciones, el pediatra me habló de una serie de vacunas que no eran obligatorias, pero que según él eran recomendables. Me informó de que enfermedades se  trataba, de sus síntomas, del precio de las mismas, de cómo se administraban y también me comentó que si bien una de ellas que era la de la varicela no aseguraba al 100% la inmunidad, si que paliaba en gran medida la enfermedad. Evidentemente, hablé de nuevo con mi amiga la doctora y me recomendó que se las pusiera, aunque para ello tuviera que privarme de algún caprichito. Así que vacunamos a Tsunami.
Hace unos meses, más o menos por el mes de abril, hubo una pasada de varicela en el cole de Tsunami. En esta pasada nuestro peque salió indemne. Ahora, hace unas semanas, un nuevo nene cayo de nuevo y tras él casi todos los peques que se habían librado la primera vez han ido cayendo uno tras otro. Hoy hace una semana, el martes pasado, me llamaron del cole de Tsunami diciéndome que había comido muy poco y que le habían puesto la temperatura y tenía fiebre. Papá fue a buscarlo y lo llevó a urgencias. El médico lo revisó y dijo que en este momento no tenía nada, que si tenía algo lo debía estar incubando y que hasta que no le saliera no podía hacer un diagnóstico. Cuando llegué a casa el peque estaba saltando como un acróbata y corriendo como cada día, vamos que no tenía pinta de estar mal. Como no tuvo más fiebre fue al cole al día siguiente. Lo que si notamos por la noche era que tenía unos cuantos granitos pequeños por la cara. Le dije a mi pareja que estuviera tranquilo que esos granitos no eran las ampollas de la varicela. Yo entonces no sabía aún que esos días la clase estaba medio vacía por ello. Hoy a la salida del cole me han llamado y mi pareja me ha contado que hoy habían fallado por la varicela seis niños. También me ha comentado que el martes pasado a unos cuantos peques les había pasado lo mismo que a Tsunami. Hablando los papis sobre eso resultó que estos niños eran los que se habían puesto la vacuna que no era obligatoria de la varicela. El resto de la clase se ha pasado entre una semana y quince días en casa enfermitos. Hemos deducido que el posible virus que aún no se había manifestado y que sólo les había dado un poco de fiebre durante unas horas y unos granitos fue la única consecuencia que había dado a los vacunados. Tuvimos suerte, porque este fin de semana ha sido el cumple de Tsunami y no quiero imaginarme el cumpleaños que hubiéramos tenido con el peque con varicela, ampollitas y picores.
Lo cierto es que hacía ya unos meses que pensaba hablaros sobre el tema de las vacunas. Este año Terremoto se quedó sin fiesta oficial de cumpleaños. La madrina de Tsunami tenía en casa montada una epidemia de paperas y decidimos ir posponiéndolo para que la infección no nos afectara. El caso de esta chica ha sido el siguiente. Su hija mayor tiene quince años y en su momento se vacunó de las paperas, pero ese año hubo un lote de vacunas defectuosas que no se identificaron y que se suministraron a Mallorca. Este año, empezó un alumno nuevo en el colegio que llegó incubando paperas sin saberlo. En unas semanas todas las clases de su línea y las contiguas estaban contagiadas, medio colegio estaba de baja y se expandió a otros colegios debido al contacto de estos niños con amigos o por los padres. Evidentemente, ante este panorama mi amiga me dijo que prefería evitar el contacto, gesto que agradecí, y pospusimos el cumpleaños y lo han celebrado un poco los dos juntos pero con los amigos de la familia presentes. Esta chica está divorciada y su ex está casado de nuevo y la mujer está embarazada. Ella le dijo que mientras los niños estuvieran enfermos ella quería tenerlos en casa, pero su ex que es un cabezota y tiene la custodia, quiso tenerlos él en la suya. No hace mucho me contó que su ex estaba en cama con paperas, pero que lo peor era que la mujer también las había pillado y estaban acojonados con el embarazo. No se como ha acabado la historia porque no hemos vuelto a hablar de ello, pero lo que sí sé es que muchas de estas enfermedades como las paperas o la varicela hay en ciertos trimestres del embarazo que son peligrosas para el feto y que una persona sana que actúa de portador puede transmitírtela.
Así que después de todo este rollo que os acabo de soltar, creo que podéis suponer con total seguridad de que soy una defensora de las vacunas y de la vacunación. Personalmente creo que deberían ser gratuitas y estar a disposición de todos. Es la mejor forma de ir erradicando enfermedades, porque incluso las que creíamos eliminadas están volviendo. Sólo desde la prevención y el cuidado personal se pueden evitar estas malas experiencias que nos producen estas enfermedades. Se evita el dolor y los problemas de tener un peque enfermito en casa. Por eso yo os recomendaría que ante la duda hablad con el pediatra, vacunad lo que podáis y si tenéis que pagar alguna, será una muy buena inversión para la salud de vuestra familia. Como le ocurrió a mis tíos, es mejor prevenirlo que lamentarlo toda una vida, por su bien, por el nuestro y por el de todos.
vacunas

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10 comentarios to “Las vacunas y las vacunaciones de nuestros hijos”

  1. Maribel 5 de junio de 2013 a 12:38 am #

    Bueno Laura, hoy tocas un tema un poco polémico dependiendo de con quien hables…
    Te diré, para empezar, que mi niño tiene su calendario de vacunas al día, con todas las obligatorias puestas más la voluntaria de la varicela.

    Hace mucho tiempo, en un programa de la tele, hablaban de los padres que no vacunaban a sus hijos y los ponían como irresponsables. Yo entonces no sabía nada del tema y me pareció que esos padres habían perdido la cabeza.
    Sin embargo, años después, coincidí en un foro de crianza con una madre que había decidido no vacunar a sus hijos y la verdad es que no me parecía ninguna pirada, sino una madre muy involucrada y con mucha información en muchos temas. Me entró entonces la curiosidad y me puse a averiguar los motivos reales de esos padres que no vacunaban. Su postura me pareció coherente y me hizo plantearme muchas cosas. Aunque decidí seguir vacunando, pero lo hice con más información que antes y conociendo todas las opciones.

    Pero sí que es cierto que de vez en cuando surgen temas polémicos como la famosa vacuna del papiloma, que se supone que dejó a varias niñas muy graves y de la que he leído que no es tan útil como nos quieren hacer creer.
    O aquella epidemia mundial de la gripe A, que parecía que medio mundo se iba a morir y los países gastaron millones en una vacuna que luego se quedó ahí porque la misteriosa enfermedad desapareció de repente…
    Vamos, que el tema de las vacunas da para mucho, jeje

    Aunque ya te digo que nosotros sí vacunamos.
    Besos

    • Laura 5 de junio de 2013 a 10:54 pm #

      Hola Maribel, como contestar a todo lo que me habíais puesto me salia muy largo, he montado una precuela para hoy, así que me remito al siguiente post y acabo antes, que todo eso aquí puede quedar muy largo.

  2. Mo 5 de junio de 2013 a 12:59 pm #

    Pedazo de tema…En resumen, podría decirte que opino más o menos lo mismo que Maribel.
    Yo soy veterinaria. Estudié inmunología en la facultad y me empapé de los conceptos técnicos. Por otro lado el mejor amigo de mi madre es homeópata, y en casa siempre he tenido acceso a otra forma de ver la medicina. Durante años he buscado información en uno y otro sentido (cosa NADA fácil, porque cada “bando” barre para su casa y hay artículos muy interantes en cada unos de ellos) y al final he acabado decantándome por estar a favor de las vacunas, pero no todas. Como dice Maribel, lo que pasó con la vacuna de la gripe A fue un escándalo.
    Besos!

    • Laura 5 de junio de 2013 a 10:55 pm #

      Hola Mo, te comento lo mismo que a Maribel, me he dado más prisa que los de Disney-Pixar en hacer una segunda parte. Un beso y gracias por dejar tu comentario, nos veremos en el siguiente.

  3. ¡Mama qué sabe! 5 de junio de 2013 a 10:53 pm #

    Yo defiendo las vacunas. No diré más que rubrico lo que dices en este y en tu siguiente post. Y abogo por una gratuidad de todas y cada una. Qué es eso de que en una Comunidad sea obligatoria y en otra gratuita? Perdón? Y luego si hay crisis, voluntarias? Perdón?
    Y desde el momento en que una decisión personal influye en los demás… perdón?
    Y otra cosa… si te dieran un programa de radio… sería tu fan number one! Porque darte la oportunidad de un libro sería dejarte corta con todo lo que tienes que decir!♥

    • Laura 5 de junio de 2013 a 11:02 pm #

      Devora, que ya no estoy tan joven y me cuesta llevar este ritmo, no me lies con un libro y la radio, jajaja.
      Te diré una cosa, yo he pagado todas las vacunas de mis nenes, incluso las gratuitas, menos la primera. Resulta que por una de esas circunstancias raras soy una funcionaria que no tiene seguridad social a nivel sanitario, la corporación me cubre con un seguro. Por el seguro me entran las vacunas de los peques de forma gratuita se me las ponen en un sitio. Fui allí a poner las primeras y la verdad es que hicieron una carnicería al pobrecito. Para las siguientes hablé con el pediatra y me dijo que él podía ponerlas pero que tenía que pagarlas si las ponía él, si queria que fueran gratuitas tenía que ir al otro sitio. Le pedí que las pusiera él y no han tenido ningún problemas ni nada desde que se las pone el pediatra, además de esta forma puedo preguntarle dudas y aclara cosas. Así que ya ves, en mi caso todas han sido de pago pero por mi propia decisión.
      Pese ha haberlas pagado comparto tu opinión de que las vacunas tendrían que ser gratuitas, todas, pero claro, eso supone tener un estado del bienestar que ahora no tenemos. Es triste.

  4. BEATRIZ 5 de junio de 2013 a 11:05 pm #

    Laura te cuento que a Luis Fernando el pasado 22/05 le brotaron unas ampollitas que también fueron diagnosticadas como varicela, pero en verdad que ni fiebre y no llegó a tener más de 10 ampollitas en total y también está vacunado y también salió airoso, si se puede decir, del brote de varicela de su colegio!! Menos mal que fue asi porque en verdad el umbral del dolor de Luifer es bien bajo, y no quisiera imaginarme si le hubiera dado con picor.. Ayer cumplió 6 añitos y gracias a la vacuna pudo disfrutarlo sin una marca de varicela en su cuerpo!!

    • Laura 5 de junio de 2013 a 11:19 pm #

      Para separarnos tanta agua las historias de estas útlimas semanas de nuestros nenes ha sido muy parecida. Feliz cumpleaños al pequeñin y que pueda disfrutar muchos más sanito y contento.

  5. MisMellis 6 de junio de 2013 a 10:17 am #

    Bueno como estamos diciendo en esto de las vacunas podríamos hablar largo y tendido… desde luego el caso de la Gripe A fué un escándalo por ejemplo.
    Yo estoy de acuerdo en vacunar, y les he ido poniendo aquellas vacunas que su pediatra me ha indicado, lo que si me parece totalmente vergonzoso es su coste.
    La primera vacuna que tuvimos que ponerles nadie nos avisó de que era de pago, nos presentamos en el ambulatorio con dos bebitos minúsculos y la enfermera nos dijo que era de pago, Papimelli se lanzó a la farmacia a por ellas y vino con la cara pálida del susto jejeje…
    Se había dejado 150 eurazos en la farmacia, y yo me pregunto ¿cuanta gente habrá que si paga la vacuna de sus hijos ese mes no come? si realmente son necesarias y tan importantes deberían ser gratuitas porque tal y como están las cosas muchas personas no pueden permitírselo…. un besote

    • Laura 6 de junio de 2013 a 4:54 pm #

      Tienes toda la razón, son muy caros y posiblemente al paso que vamos lo de comer o vacunas puede ser muy cierto para muchas familias. Yo mientras pueda he aplicado la política de quitarme cosas e invertirlo en salud. Con Terremoto y sus facturas cuando iba a terapia que tampoco me entraban ya tuve mucho entreno.
      Pero sí, completamente de acuerdo, tendría que ser gratuito y la sanidad que tenemos nos la estamos cargando a pasos agigantados.
      Un beso y cuida a papimelli de los sofocos farmaceuticos.

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