Cuando a Tsunami y a Terremoto se les diagnosticó una alergia a la lactosa debido a una gastroenteritis aguda

15 Nov

Hace dos años durante el verano, mis peques desarrollaron por causas diferentes, pero los dos a la vez, una intolerancia secundaria a la lactosa o como también se llama un síndrome post-gastroenteritis.

Era agosto, Tsunami tenía un año y dos meses y Terremoto tenía once años. Los hechos fueron algo extraños.  Yo por las mañana iba a trabajar, y dejaba a Tsunami con una señora que me lo cuidaba en su casa y luego lo recogía. Creo que uno de sus hijos había tenido algo de dolor de estomago hacía una semana pero había sido muy leve sin vómitos ni nada. Tsunami estaba sanote como un roble. Un sábado fui al mercado con los nenes y al peque le dieron a probar un higo, se lo comió y le encantó y el chico le dio otro, me había asegurado que eran de la higuera de su casa y que no estaban tratados con pesticidas ni nada y sinceramente nos conocemos hace años y le creo. No se si eso tuvo algo que ver, pero por la noche llevábamos al peque a urgencias por vómitos y diarreas. La doctora de guardia me dijo que no creía que fueran los higos y que ella lo atribuía a un virus intestinal que había esos días y como uno de los hijos de la chica que lo cuidaba había estado algo tocado pues supongo que pudo ser por virus. La doctora me dijo que en una semana se le pasaría y que pidiera cita con el pediatra. El pediatra estaba de vacaciones, así que tuve que esperar bastante para que este le viera. La doctora le dio dieta astringente y leche sin lactosa. Ya os conté mi imposibilidad de haber podido hacer una lactancia materna, así que el peque tomaba leche de farmacia y de la misma marca que tomaba estaba la opción sin lactosa. Así que puse al peque a dieta, pero no se le acababa de ir del todo.

A la semana siguiente, habíamos traído para cenar en casa un par de cosas de un restaurante al que en ocasiones vamos. Allí hacen un alioli que a Terremoto le gusta mucho y los del restaurante le pusieron un cacito, de esos de helado, con el alioli y rebanadas de pan tostado a la leña. Terremoto es muy impulsivo con la comida y siempre ha estado muy delicado del estomago, las gastroenteritis son su especialidad desde bebe por lo que siempre tenemos que estarle encima. Le advertimos que comiera más despacio que le caería mal y no se lo comiera todo que se suponía que era para los tres. No nos hizo caso y cuando nos dimos cuenta se lo había engullido prácticamente todo en un abrir y cerrar de ojos mientras nosotros calentábamos la comida. Le reñimos y le advertimos que cuando hacía eso se ponía malito de la barriga y por la noche tuvimos que ir otra vez ha urgencias, esta vez por el mayor. De nuevo mismo diagnóstico, aunque esta vez sí que me dijo que podría ser por lo que se había zampado y como. Así que tenía a los dos nenes a dieta astringente.

Mis menús eran a base de arroz, zanahorias hervidas, pollo y pescado hervido o tostado. Pan blanco tostado en tostadora o del super y jamón york y mucha agua o agua de arroz, que no les gustaba nada. Para colársela a Tsunami le hacía con ella los biberones. Pero pese a ello los nenes seguían igual, no tan a lo bestia, pero les seguía doliendo el estómago, teniendo retortijones, flatulencias y mucha caca mala líquida con trocitos flotantes y bastante apestosilla, sobre todo el pequeño. Vuelvo a llevarlos a urgencias y me dicen que siga con la dieta. Os ahorro una parrafada, porque a urgencias me los llevé unas cuantas veces.

A principios de septiembre, se incorpora de vacaciones su pediatra y voy a consulta. Le cuento todo eso y me dice que los niños ya están curados de la gastroenteritis, pero que han desarrollado una intolerancia transitoria a la lactosa. Yo me quedé un poco a cuadros porque no entendía eso de que se pudiera desarrollar así por las buenas una alergia. Me explicó que la lactosa es un azúcar (un disacárido) que se encuentra en la leche. Para su correcta digestión y asimilación este azúcar debe ser desdoblado en dos moléculas (glucosa + galactosa) y este desdoblamiento se consigue por medio de una enzima, la lactasa, que está en las células del intestino. En las intolerancias reversibles (o temporales) se produce un daño en la mucosa intestinal que genera un descenso de la producción de lactasa y por ello, de la capacidad para metabolizar el azúcar de la leche. Este daño puede ser debido a una gastroenteritis, a ciertos medicamentos (antibióticos o antinflamatorios especialmente) o enfermedades como la fibrosis quística.

También me comentó una cosa que yo no sabía, el jamón york puede tener lactosa, de hecho normalmente la tiene, y el pan tostado que venden en los supers pues también tiene lactosa. El médico achacó que los peques llevaban prácticamente un mes con gastroenteritis y que sin saberlo sí que les había dado lactosa, porque para merendar les daba pan tostado y york,  por eso habían desarrollado esa intolerancia.

Salí de allí con permiso para que los nenes comieran de todo, menos aquello que pudiera tener o haber estado en contacto con lactosa. Si había duda descartado. Por suerte Terremoto salió algo más mentalizado de no tomar ciertas cosas que le había permitido, ya que no era cuestión tampoco de ponernos a comer salsitas y frituras. Las primeras semanas teníamos que ir introduciendo poco a poco la nueva “dieta normal sin lactosa”. El pediatra también me comentó que cuando uno ha tenido una gastroenteritis tan aguda y prolongada la intolerancia puede durar al menos unos dos meses, si después de esos dos meses seguían, podía darse el caso de que se convirtiera crónica sobre todo en el caso del peque.

Según vi por internet y os copio de la wikipedia, si buscáis mejor seguro que encontrareis muchísima más información. Puedes encontrarte lactosa en productos no lácteos en los siguientes casos:

“La lactosa (también presente cuando en la etiqueta aparece lacto suero, suero, sólidos de leche, ingredientes modificados de la leche, etc.) es un aditivo comercial para los alimentos usado por su textura, sabor y cualidades adhesivas, y encontrada en alimentos tales como carnes procesadas (salchichas, carne rebanada, patés), sazonador en polvo, margarinas, pan rebanado, cereales para desayuno, frutos secos, alimentos procesados, medicamentos, comidas preparadas, sustitutos de la comida (polvos y barras), suplementos de proteínas (polvos y barras). Los productos kosher marcados «pareve» están libres de leche. Sin embargo si una letra «L» (por lácteos) está presente, el alimento probablemente contenga sólidos de leche (aunque también puede simplemente indicar que el producto fue producido en un equipo compartido con otros productos que contienen derivados de la leche).”

No tienen nada de lactosa las leches obtenidas de plantas y sus derivados (leche de soja, leche de almendras, leche de avena, leche de arroz, leche de cacahuete) son las únicas 100 % libres. En nuestro caso optamos por la de soja porque no es tan grasa ya que la de almendras es muy dulce y engorda mucho y había que controlar a Terremoto y las otras no son tan fáciles de localizar por donde vivo.

Ya me tenéis, inspeccionando todos los ingredientes de todos los envases de todo lo que tenía por casa para ver que podían y que no podían comer. El carnicero flipó cuando le dije que el york tenía lactosa y lo miro y en efecto. Luego localizamos uno que no lo tenía y de ese sí pudieron tomar aunque por si acaso les daba poquito. El mayor tuvo que acostumbrarse a la leche de soja que según él era repugnante, pero era eso o agua, así que se quedó con el eso. En la panadería también sometía a interrogatorio a los horneros, porque algunos panes sí que les ponen leche o suero de leche o pueden estar en contacto con otras masas y tener aquello que llaman “trazas”. Al final y como entonces aún no tenía la panificadora, pille un tipo de pan que no tenía y cuando podía hice algunos panes por casa. La repostería ya os podéis imaginar que hay muy pocas cosas aunque sean caseras que se puedan hacer sin lactosa. En este aspecto una chica de Santíveri me recomendó unas galletitas y magdalenas sin lactosa y sin gluten que les gustaron a los nenes y al menos tenían algo en plan caprichito que ofrecerles alguna vez.

Las galletitas y las magdalenas no eran precisamente baratas. Ella me explicó que los productos para gente con intolerancia a lo que sea, suelen ser muy caros porque se tienen que hacer con una maquinaria que sólo haga ese producto. Luego no se puede emplear para nada más, porque si no podría tener las famosas “trazas” y producir las alergias. Por eso son productos más caros, porque al tener un mercado más reducido cuesta más poder amortizarlas y hay que tener mucho cuidado en que no se contaminen. Me sugirió lo de hacer yo el pan con una panificadora. Me contó el caso de una amiga suya que tenían panificadora. Por lo visto cuando la compró adquirió una cubeta más, porque así con una hacía el pan para todos y la otra sólo la usaba cuando hacia el pan para el peque que era celiaco. Por lo visto lo de las trazas puede llegar a estos niveles.

Otro problema que tuve es que normalmente las papillas del peque las hacía yo caseras, pero si alguna vez teníamos que ir a algún sitio y me tenía que llevar alguna en plan urgencia, tenía que tener algo que aguantara el poder pasearlo. Yo solía tener algunas papillas de farmacia por si pasaba algo así en casa. Me las recomendó el pediatra, que me dijo que eran las más parecidas a las naturales que él supiera. Ya me tenéis también en la farmacia y al final tras revisar todo el etiquetado de todas descubrí que dos de ellas eran elaboradas sólo con agua y no tenían nada de sueros ni lácteos. Por suerte, con esas dos nos apañamos muy bien y no nos dieron problemas.

La chica que cuidaba a Tsunami también se esforzó al máximo en buscarme cosas. Me contó que una de sus mejores amigas tenía un peque ya con siete años y que había tenido intolerancia a la lactosa desde su nacimiento. Por lo visto hay casos, por suerte excepcionales, de bebes  que carecen del enzima, por lo que no pueden digerir la leche y tienen alergia desde el primer día de vida. Lo cierto es que el ponerme en contacto con esta chica fue toda una ayuda ya que ella tenía más localizados que nadie todas las cosas y donde se podían comprar. Me comentó que además del potito que yo había localizado en la farmacia, en algunos supers había otro, ahora no recuerdo la marca, pero si a alguien le interesa que me lo comenté y lo buscaré, que sí que estaba indicado para intolerancias a la lactosa. Me pasó también unas fotocopias de lo que podían y no podían tomar. Porque aunque los ingredientes no aparezca la palabra lactosa o leche o suero, hay componentes que tienen. Son las hojas que os aparecen hoy como ilustraciones.

Al cabo de dos meses de tener a los peques más controlados que un silo de mísiles, me voy de nuevo al pediatra, convencida de que les haría alguna prueba para saber si seguían con la intolerancia. El hombre que aunque lo tengo muy calado, en ocasiones me sigue sorprendiendo, me dijo que nada de pruebas. Tras explorarlos y mirarlos bien me dijo que fuera a casa y que les diera algo con leche, si lo toleraban podía olvidarme de todo, y si volvían a vomitar que los trajera de nuevo. Por suerte lo toleraron y aquí acabó nuestra rocambolesca experiencia con el mundo de las intolerancias.

Incluso antes de que nos ocurriera esto, siempre he tenido la costumbre cuando Terremoto, y ahora Tsunami, hacían los años y lo celebraban en el cole, de preguntar a las profes si algún niño de la clase tenía alguna alergia o intolerancia o diabetes o algo, para llevarle un pastelito adecuado a ese nene y no que se quedara mirando como los demás comían cositas y él no pudiera disfrutar también.

Espero que esta información os sea provechosa, y por favor, tened en cuenta a los peques que por motivos de salud sufren alguna restricción en sus dietas. El preguntar antes no nos cuesta mucho, los peques no se sentirán discriminados durante la fiesta y seguro que la familia agradecerá que también se piense en ellos.

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